Participación ciudadana udg

of 169 /169
Eduardo HErnándEz GonzálEz Paulina MartínEz GonzálEz [coordinadores] Participación ciudadana y desarrollo democrático Universidad de GUadalajara CEntro univErsitario dE la CiénEGa Av. Universidad 1115, Colonia Lindavista, Ocotlán, Jalisco, México. Código Postal 47820 Teléfono (392) 925 9400 http://cuci.udg.mx www.amayaediciones.mx Universidad de GUadalajara CEntro univErsitario dE la CiénEGa Foto de portada Francisco Castellón Amaya E ste libro es el resultado de un esfuerzo de la Maestría en Ciencia Política del Centro Universitario de la Ciénega por aportar reflexiones acerca de la pertinencia de la participación ciudadana para el mejoramiento de la calidad democrática en México. Frente a los acontecimientos sociopolíticos recientes, como la creciente conflictividad social, el endurecimiento de las políticas de control de las protestas populares, las exigencias de la población para descentralizar la toma de decisiones en los diferentes niveles de gobierno, así como la desconfianza en algunas de las instituciones clave para la democracia a raíz de los dos últimos procesos electorales para la presidencia de la República; consideramos que es necesario proponer líneas para la comprensión y acción a partir de nuestra labor y experiencia. El propósito central es que esta obra sea de utilidad no sólo para estudiantes y científicos, sino también para organizaciones sociales y gubernamentales interesadas en fomentar la cultura participativa en el país, pues estamos convencidos de que el conocimiento científico que se genera en las universidades públicas puede y debe contribuir a solucionar los problemas más acuciantes del país. En esta tónica, presentamos textos que contienen discusiones teóricas e investigaciones de caso, producidos por profesores y egresados del Posgrado.

Embed Size (px)

Transcript of Participación ciudadana udg

  • Eduardo HErnndEz GonzlEzPaulina MartnEz GonzlEz

    [coordinadores]

    Participacin ciudadana y desarrollo democrtico

    Universidad de GUadalajaraCEntro univErsitario dE la CinEGa

    Av. Universidad 1115, Colonia Lindavista, Ocotln, Jalisco,

    Mxico.Cdigo Postal 47820

    Telfono (392) 925 9400

    http://cuci.udg.mx

    www.amayaediciones.mx

    Universidad de GUadalajaraCEntro univErsitario dE la CinEGa

    Foto de portadaFrancisco Castelln Amaya

    Este libro es el resultado de un esfuerzo de la Maestra en Ciencia Poltica del Centro Universitario de la Cinega por aportar reflexiones acerca de la pertinencia de la participacin ciudadana para el mejoramiento de la calidad democrtica en Mxico. Frente a los acontecimientos sociopolticos recientes, como la creciente conflictividad social, el endurecimiento de las polticas de control de las protestas populares, las exigencias de la poblacin para descentralizar la toma de decisiones en los diferentes niveles de gobierno, as como la desconfianza en algunas de las instituciones clave para la democracia a raz de los dos ltimos procesos electorales para la presidencia de la Repblica; consideramos que es necesario proponer lneas para la comprensin y accin a partir de nuestra labor y experiencia. El propsito central es que esta obra sea de utilidad no slo para estudiantes y cientficos, sino tambin para organizaciones sociales y gubernamentales interesadas en fomentar la cultura participativa en el pas, pues estamos convencidos de que el conocimiento cientfico que se genera en las universidades pblicas puede y debe contribuir a solucionar los problemas ms acuciantes del pas. En esta tnica, presentamos textos que contienen discusiones tericas e investigaciones de caso, producidos por profesores y egresados del Posgrado.

  • Participacin ciudadana y desarrollo democrtico

  • Eduardo HErnndEz GonzlEzPaulina MartnEz GonzlEz

    [coordinadores]

    Universidad de GUadalajaraCEntro univErsitario dE la CinEGa

    Participacin ciudadana y desarrollo democrtico

  • La presentacin y disposicin en conjunto de:

    PartiCiPaCin Ciudadana y dEsarrollo dEMoCrtiCo

    Es propiedad de los autores.Ninguna parte de esta obra puede ser reproducida o transmitida, mediante ningn sistema o mtodo, electrnico o mecnico (incluyendo el fotocopiado, la grabacin o cualquier sistema de recuperacin y almacenamiento de informacin), sin con-sentimiento por escrito de los autores.

    Derechos reservados conforme a la ley:

    Los autores Universidad de Guadalajara

    ISBN 978-607-8072-38-5

    Amaya ediciones S de R L de C VEnrique Daz de Len 514-2 Colonia Moderna C P 44170Guadalajara, Jalisco, [email protected]

  • Contenido

    PartE iPerspectivas y trayectoria de la demoracia y la participacin ciudadana

    Lmites y posibilidades de la participacin poltica en las democracias contemporneas. Reflexiones sobre el caso mexicano

    Paulina Martnez GonzlezEduardo Hernndez Gonzlez

    Mxico, democracia o posdemocraciaSilvia Elizabeth Gutirrez Arvalo

    Legitimidad de la participacin ciudadana en la democracia. Cooptacin vs Anclaje democrtico

    Hugo Rangel Torrijo

    PartE iiParticipacin poltica e iniciativas de la sociedad civil

    La participacin cvica en organizaciones voluntarias de tipo asistencial. Pluralidad de motivaciones y de mecanismos

    Jorge Ramrez Plascencia

    Participacin poltica. Jvenes universitarios en la vida pblicaLorenzo Rafael Vizcarra Guerrero.

    Crisis ecolgica y participacin social. Santiago Totolimixpan, entre la naturaleza y la contaminacin del Ro Grande

    Diego Npoles FrancoPaulina Martnez Gonzlez

    18

    43

    59

    75

    89

    105

  • PartE iiiParticipacin en el marco de las polticas pblicas

    El servicio civil de carrera como forma de participacin ciudadanaRoberto Carlos Navarro VacaLiliana Ibeth Castaeda Rentera

    El fomento a la lectura en Mxico desde una perspectiva ciudadanaHctor Antonio Emiliano Magallanes

    Participacin ciudadana y rendicin de cuentas: caso Jalisco 2007-2008

    Mara de Lourdes Manzanero TrejoDarcy Vctor Tetreault

    121

    135

    149

  • 7ParticiPacin ciudadana y desarrollo democrtico

    Este libro es el resultado de un esfuerzo de la Maestra en Ciencia Poltica del Centro Universitario de la Cinega por aportar reflexiones acerca de la pertinen-cia de la participacin ciudadana para el mejoramiento de la calidad democrtica en Mxico. Frente a los acontecimientos sociopolticos recientes, como la creciente conflictividad social, el endurecimiento de las polticas de control de las protestas populares, las exigencias de la poblacin para descentralizar la toma de decisiones en los diferentes niveles de gobierno, as como la desconfianza en algunas de las insti-tuciones clave para la democracia a raz de los dos ltimos procesos electorales para la presidencia de la Repblica; consideramos que es necesario proponer lneas para la comprensin y accin a partir de nuestra labor y experiencia. El propsito central es que esta obra sea de utilidad no slo para estudiantes y cientficos, sino tambin para organizaciones sociales y gubernamentales interesadas en fomentar la cultura participativa en el pas, pues estamos convencidos de que el conocimiento cientfico que se genera en las universidades pblicas puede y debe contribuir a solucionar los problemas ms acuciantes del pas. En esta tnica, presentamos textos que contienen discusiones tericas e investigaciones de caso, producidos por profesores y egresados del Posgrado.

    La primera parte rene artculos de corte terico que tienen el objetivo de situar al lector en el debate contemporneo sobre la democracia y el papel de la ciudadana. Cabe mencionar que a pesar de que en esta seccin predomina la argumentacin te-rica, en todos los casos se hace referencia a datos empricos que sustentan la posicin de los autores.

    Presentacin

  • ParticiPacin ciudadana y desarrollo democrtico8

    El trabajo de Martnez y Hernndez aborda la crisis de representacin de las de-mocracias y la incompatibilidad del modelo liberal con la expansin del capitalismo en el marco del debilitamiento de los Estados nacionales. Los autores muestran la diversidad de nociones sobre la democracia y el papel que los sujetos juegan desde la perspectiva de las distintas corrientes de pensamiento. Presentan una discusin sobre los cuestionamientos ms destacados al modelo liberal y profundizan en el caso mexicano, haciendo hincapi en la persistencia de la cultura patrimonial y autoritaria no slo entre la clase poltica, sino tambin entre la ciudadana. Asimismo alertan sobre la tendencia al endurecimiento de las medidas estatales para la contencin de las manifestaciones populares en distintas regiones del mundo.

    Por su parte, Arvalo analiza la evolucin del desempeo democrtico en Mxico desde la perspectiva de la posdemocracia, concepto que alude a una de las etapas de la trayectoria histrica del autogobierno del pueblo. La posdemocracia se distingue por el hecho de que los partidos polticos funcionan como una especie de negocio, abandonando su rol como medios de representacin de los intereses ciudadanos. Cabe mencionar que esta fase est vinculada a la profundizacin de las polticas de corte neoliberal y se acompaa por la subordinacin de los derechos sociales e incluso polticos a las exigencias del capital. La autora advierte que, de la misma manera que en la etapa predemocrtica, en la posdemocracia existe una apata generalizada frente a la poltica, pues los ciudadanos perciben la brecha que los separa de los partidos y las autoridades en el gobierno. Finalmente, demuestra que en la actualidad, incluso en su dimensin electoral, la democracia ha cado en un descrdito notable, entre otros factores, debido a la parcialidad de los organismos electorales durante los co-micios de 2006 y 20012.

    En el captulo tercero Rangel argumenta, a diferencia de la concepcin hegem-nica, que la participacin no es slo un complemento, sino uno de los elementos constitutivos de la democracia. El autor describe y critica los intentos por coop-tar la participacin, as como las lecturas errneas sobre el republicanismo. Desde su perspectiva, ms que un modelo poltico-administrativo, esta forma de gobierno debe expresar la convergencia entre ideales y realidades. Rangel hace nfasis en la necesidad de equilibrar valores como la justicia, la igualdad sociopoltica y las liber-tades; y afirma que la participacin es fundamental para la democracia asociativa, el fortalecimiento de la cohesin y el capital social, entre otros. As mismo, destaca su papel como un vnculo en las relaciones entre ciudadanos y Estado, y como un medio indispensable para nutrir las polticas pblicas.

    En la segunda parte del libro se exponen artculos en los que se explora la parti-cipacin en organizaciones o iniciativas de la sociedad civil. En esa lnea, Ramrez muestra los resultados de su investigacin sobre las organizaciones de voluntarios.

  • Presentacin 9

    Destaca su relevancia no slo como proveedoras de bienes o servicios, sino como parte de la densidad asociativa y como canal de la comunicacin entre la sociedad y el Estado. Especficamente el autor analiza las motivaciones de los sujetos involucrados en este tipo de asociaciones. Da cuenta de la variedad de factores, tanto sociales como psicolgicos, que intervienen en la decisin de los individuos a participar; y va ms all de las repuestas simples que la reducen a una vocacin altruista. Por el contrario, Ramrez encuentra factores como la reciprocidad, la imitacin, los bienes relacio-nales, los compromisos afectivos, entre otros. Sin duda, en su artculo demuestra la importancia de adoptar una posicin que tome en cuenta la convergencia de proce-sos psicosociales y en general la complejidad en el estudio de la cultura participativa.

    Por su parte, Vizcarra investiga la participacin poltica de jvenes universitarios. El autor da cuenta de la importancia que este grupo de la poblacin est cobrando en el escenario poltico contemporneo, especialmente en lo que se refiere a la con-formacin de movimientos de protesta y exigencia de derechos. Su estudio, de corte cuantitativo, consiste en el anlisis de variables como el inters por la poltica, la participacin electoral y en organizaciones polticas, el grado de asociacionismo, la satisfaccin con la democracia, la tendencia ideolgica en el especto izquierda- cen-tro-derecha, entre otras. El autor encuentra diferencias significativas entre los univer-sitarios de la educacin pblica y privada. Su trabajo aporta elementos para conocer la forma en que los jvenes se posicionan frente a la poltica y las posibilidades de que aporten insumos a la ampliacin de la ciudadana.

    El trabajo de Npoles y Martnez gira en torno a la participacin en el marco de un problema ecolgico que pone en riesgo la salud y el bienestar de los habitantes de una comunidad asentada en uno de los afluentes ms contaminados del pas. Los autores explican de qu manera los pobladores construyen el problema, con la fina-lidad de identificar tanto los obstculos como las potencialidades con las que cuenta la comunidad para dar el paso de la inconformidad a la exigencia de derechos. Para ello, profundizaron en la forma en que los propios afectados definen el problema, asignan responsables y plantean soluciones. Asimismo, describen la existencia de re-des de confianza y espacios pblicos que, adems de contribuir a la cohesin social y al fortalecimiento de la identidad comunitaria, pueden coadyuvar de detonar la organizacin de la accin colectiva sostenida.

    La tercera parte de libro rene investigaciones que analizan la participacin en el marco de las polticas pblicas existentes. Navarro y Castaeda estudian la vigencia del servicio civil de carrera a nivel municipal. Los autores argumentan que la falta de apego a las normas relativas a este mecanismo provoca serias deficiencias en la administracin pblica. Sealan que estas omisiones son la consecuencia de la forma de operar de los partidos polticos una vez que llegan a ocupar los espacios de toma

  • ParticiPacin ciudadana y desarrollo democrtico10

    de decisiones. Especficamente se refieren al reparto de cargos como una forma de pago por la lealtad de los militantes o simpatizantes. En su trabajo corroboran que estas asignaciones, ms que responder a las necesidades de la administracin, obede-cen a compromisos polticos. Proponen como retos la transparencia en el proceso de seleccin y nombramiento de los responsables de la funcin pblica; la aplicacin de los lineamientos del servicio civil de carrera y la posibilidad de abrir estos espacios a ciudadanos que cumplan con el perfil y la experiencia necesaria en cada caso. Con estas medidas se mejorara la calidad de los servicios que prestan los gobiernos mu-nicipales a la par de la democratizacin de los partidos y la administracin pblica.

    Por su parte, la investigacin de Magallanes se enfoca la Ley el Programa de Fo-mento a la Lectura en Mxico. Especficamente muestra los logros y las tareas pen-dientes con respecto al objetivo de consolidar el hbito de la lectura. El autor consi-dera que la actividad lectora es un medio privilegiado, y al mismo tiempo necesario, para la construccin de una ciudadana participativa, por estas razones la poltica cultural y en particular la formacin de lectores crticos y propositivos es un tema de primer orden. Desde su punto de vista, es indispensable democratizar tanto la produccin como el consumo de bienes culturales, como es el libro en sus distintos formatos. Para ello, propone mantener una visin incluyente de las experiencias y potencialidades que pueden aportar los distintos sectores de la sociedad, como el gu-bernamental, las universidades, organizaciones sociales, editoriales locales y el sector librero en general. Finalmente propone una serie de pautas que podran contribuir a subsanar las carencias de las iniciativas y normatividad existentes.

    Por ltimo Manzanero y Tetreault abundan acerca de la importancia de la parti-cipacin ciudadana para la rendicin de cuentas. En particular analizan el papel que jugaron las protestas ciudadanas frente a las tentativas del gobierno de Jalisco para destinar recursos pblicos a proyectos que no contaban con el consentimiento de to-dos los sectores de la poblacin. En el trabajo se describen las llamadas donaciones otorgadas por el Ejecutivo bajo los argumentos de promover el turismo religioso y colocar al estado en el plano nacional e internacional. No obstante, ante el rechazo y protestas de la poblacin laica, partidos de oposicin y organizaciones sociales, se logr detener una las transferencias y se sent un precedente muy importante en trminos del poder ciudadano para impulsar o frenar las decisiones de gobierno. El artculo invita a incluir a la ciudadana en la planeacin del gasto del presupuesto y la transparencia en el uso de los recursos, mecanismos de los que se ha carecido histricamente en el pas.

    En suma, los textos aqu reunidos difunden los resultados de investigacin de profesores y egresados del posgrado en Ciencia Poltica, quienes reflexionan en torno a la dimensin participativa de la ciudadana en distintos mbitos de la sociedad y la

  • Presentacin 11

    poltica institucional. Consideramos que los trabajos arrojan insumos que pueden ser tiles para comparar e investigar problemticas similares. Es importante destacar que este proyecto se realiz desde una perspectiva multidisciplinaria debido a la diversi-dad de trayectorias profesionales e intereses acadmicos de los colaboradores. De la misma manera, aunque se comparten nociones acerca de la democracia y la cultura participativa, no hay una concepcin homognea, es decir, los estudios expresan la pluralidad de posiciones frente a la democracia pero con base en algunos principios compartidos. Finalmente, esperamos que el lector encuentre pistas, lneas de indaga-cin e incluso cuestionamientos; tenemos la esperanza de que nuestro esfuerzo repre-sente una aportacin en trminos cientficos, de poltica pblica, pero sobre todo, de comprensin e inventiva sobre el rumbo del destino colectivo.

    Los coordinadoresOcotln, Jalisco

  • Parte IPerspectivas y trayectoria de la demoracia y la participacin ciudadana

  • 13

    ParticiPacin ciudadana y desarrollo democrtico

    introduCCin

    Sin lugar a dudas, una de las crticas ms recurrentes a las democracias contemporneas es la falta de representacin de los ciudadanos en los diferentes niveles de gobierno. Diversos estudios de opinin confirman la paradoja y demuestran que sta es una de las grandes debilidades del modelo representativo1. Asimismo, desde mbitos como la academia, los movimientos sociales y organismos de la sociedad civil, se cuestiona el distanciamiento de los agentes gubernamentales hacia los intereses de sus representados. En este contexto, se ha generado una discusin sobre la manera de corregir los errores o vacos de esta forma de gobierno, o en su caso, poner en marcha modelos alternativos. Entre las diferentes propuestas encontramos dos coincidencias contundentes: en primer lugar destaca el reconocimiento y la exigencia de promover la participacin de la sociedad en la toma de decisiones. Una participacin nutrida y

    1 Por ejemplo el Informe del Latinobarmetro 2011 informa que en Amrica Latina, en 14 de los 18 pases ha dis-minuido la percepcin de que los gobiernos democrticos gobiernan para el bien de todo el pueblo, en contraste, la mayora opina que se gobierna para los grupos poderosos. En el caso mexicano, slo el 22% consider que se gobierna para todos. En pgina electrnica www.latinobarometro.org

    Lmites y posibilidades de la participacin poltica en las democracias contemporneas

    reflexIones sobre el caso mexIcano

    Paulina Martnez Gonzlez*Eduardo Hernndez Gonzlez**

    * Licenciada en Sociloga con orientacin en So-ciologa Poltica; Maestra en Ciencias Sociales con especialidad en Estudios Polticos; actualmente cursa el ltimo semestre del Doctorado en Cien-cias Sociales de la Universidad de Guadalajara. Profesora e investigadora en el Departamento de Poltica y Sociedad del Centro Universitario de la Cinega desde 2007. Docente en la Maestra en Ciencia Poltica. Correo electrnico: [email protected]* Profesor e investigador en el Departamento de Poltica y Sociedad del Centro Universitario de la Cinega. Es doctorante del Programa de Doc-torado en Cooperacin y Bienestar Social por la Universidad de Oviedo, Espaa. Docente de la Maestra en Ciencia poltica de 2007 a la fecha. Correo electrnico: [email protected]

  • ParticiPacin ciudadana y desarrollo democrtico14

    ampliada -ms all del acto de votar- podra subsanar las deficiencias e incluso dar lugar a nuevas formas de hacer poltica. La segunda es la aceptacin implcita o explcita de que en la actualidad no se participa suficientemente.

    La democracia mexicana no escapa de la situacin antes descrita. Si bien la alter-nancia de partidos en los diferentes niveles de gobierno abon a la democratizacin2, tambin demostr que no es suficiente para garantizar el cumplimiento de derechos, especialmente los derechos sociales, la igualdad de oportunidades y la representacin de la pluralidad social. Incluso, algunos miembros de la clase poltica reconocen la necesidad de incorporar en la legislacin mecanismos de democracia directa. Por ejemplo, el gobernador de Jalisco, Emilio Gonzlez Mrquez, propuso la postulacin de candidatos independientes3, con el objetivo de complementar los medios de par-ticipacin ciudadana directa que ya se encuentran consignados en la Constitucin Poltica de la entidad -referndum, consultas e iniciativa populares-. Por su parte el diputado federal, Mart Batres, declar que presentar una iniciativa para la aproba-cin de la revocacin del mandato4 a nivel federal. Este hecho no es de menor impor-tancia pues tradicionalmente la participacin se ha considerado como una amenaza para los intereses de los privilegiados, es decir, para las minoras que concentran el poder poltico y econmico. Es importante mencionar que la paulatina apertura del sistema no surgi de manera espontnea, por el contrario, la conquista de derechos se puede interpretar como la historia de las concesiones que han permitido los grupos dominantes a fin de contener las demandas populares y dar salida a las tensiones y conflictos que se generan en el mbito sociopoltico.

    Por otra parte, en los ltimos aos, la insatisfaccin de amplios sectores de la poblacin con respecto a la democracia existente se debe tambin a los retrocesos que se han experimentado en torno a la equidad y legalidad de los procedimientos ms bsicos de esta forma de gobierno: la eleccin de los representantes populares. En efecto, los dos ltimos comicios para la presidencia de la Repblica se caracteri-zaron por el descontento de la ciudadana frente a la opacidad de los procesos y sus resultados. Tanto en el ao 2006, como en el 2012, abundaron los sealamientos y

    2 En el ao 2000, por primera vez se logr la alternancia de partidos en Mxico. El Partido Revolucionario Insti-tucional (PRI), se mantuvo en el poder por poco ms de 70 aos, recurriendo constantemente al fraude electoral. Uno de los partidos opositores con mayor simpata ciudadana en aquella eleccin, el Partido Accin Nacional (PAN), obtuvo por primera vez la presidencia de la Repblica tras un complejo proceso de democratizacin y luchas populares. Para ms detalles ver Durand Ponte (2001).

    3 Gonzlez Mrquez present al Poder Legislativo una iniciativa de decreto constitucional. El mandatario argu-ment que: las candidaturas independientes son una frmula de acceso a ciudadanos sin partido para competir en procesos comiciales, es decir, se encuentra en ellos un cauce democrtico para dar lugar a la pluralidad de op-ciones que compiten por el voto ciudadano y hacen posible el acceso de los ciudadanos al ejercicio de los cargos pblicos de eleccin popular. En Peridico La Jornada Jalisco. Nota de la redaccin. 7 de noviembre de 2012.

    4 En Revista Proceso. Reportera: Jesusa Cervantes. 3 de octubre de 2012.

  • 15PartE i. Perspectivas y trayectoria de la demoracia y la participacin ciudadana

    denuncias de fraude, compra de votos y parcialidad de las autoridades encargadas de organizar, vigilar y validar dichos procesos5.

    Sin embargo, a pesar de que la inconformidad an se expresa en medios de co-municacin y redes sociales, salvo algunas excepciones, los mexicanos no han dado el paso del cuestionamiento a la accin colectiva al margen de los partidos. Es necesario aclarar que la participacin puede tomar distintas formas, pero a grades rasgos se distinguen dos tipos: aquella que se realiza a travs de los cauces institucionales; y la participacin o accin disruptiva fuera de los mecanismos instituidos, por ejemplo las acciones de desobediencia civil. Hoy por hoy, ninguna de stas se ha llevado a cabo de manera abundante y continuada. Otro aspecto que llama la atencin es que la propia legislacin faculta a los ciudadanos para exigir que los procesos electorales se realicen en el marco de la legalidad. Por ejemplo, se permite la libre manifestacin de las ideas, la asociacin para fines polticos, la formulacin de iniciativas, entre otras. Por estas razones, creemos que la parlisis es un hecho social digno de ser indagado.

    En este artculo proponemos una interpretacin que puede ser til tanto para investigaciones a profundidad como para formular iniciativas orientadas a fomen-tar la cultura participativa. En la primera parte del trabajo describimos de manera breve los modelos o concepciones de la democracia que predominan en los debates actuales con la finalidad de situar tericamente nuestro anlisis. En la segunda parte, exponemos una discusin sobre los factores que provocan la prdida de legitimidad y que desincentivan la participacin. En la ltima seccin nos centramos en el caso mexicano desde una perspectiva histrica a fin de explicar las continuidades que obstaculizan la extensin de la cultura democrtica, as como las rupturas que han permitido la ampliacin de la ciudadana.

    la dEMoCraCia a dEbatEEs comn que en el campo de las ciencias sociales se utilicen conceptos que se han adoptado en el lenguaje coloquial. Adems, algunas nociones como ciudadana, poder e incluso democracia forman parte del acervo empleado en los discursos que se producen en los medios de comunicacin, la clase poltica, los movimientos y las organizaciones sociales. Esto suele provocar confusiones que propician la ela-boracin de explicaciones poco acertadas sobre los hechos sociopolticos; es decir, argumentaciones que carecen de una conexin entre la teora y la realidad. Asimis-mo, es de gran importancia tener presente que las maneras de concebir la democracia

    5 En efecto, se puso en duda el carcter neutral del Instituto Federal Electoral y del Tribunal Federal Electoral. Para ms detalle ver el texto de Arvalo,

  • ParticiPacin ciudadana y desarrollo democrtico16

    conllevan supuestos epistemolgicos y ontolgicos propios de cada corriente de pen-samiento. Por estas razones, es preciso tener claridad sobre el uso de teoras y con-ceptos. Para evitar caer en estos errores, en el Cuadro 1 describimos sucintamente los modelos de mayor peso en el campo de la sociologa y terica poltica. Seleccionamos los aspectos ms representativos de cada modelo y ubicamos en el esquema algunos autores, pero queremos advertir que entre ellos existen matices y propuestas particu-lares. Nuestra intencin es mostrar una especie de mapa que oriente tericamente los argumentos que presentamos en este trabajo.

    Cuadro 1. Modelos de democracia

    Modelo Valores centrales Mecanismos para la

    consecucin de los valores democrticos

    Participacin de los sujetos Autores

    Democracia Liberal

    Derecho a la propiedad

    Libertad como no interferencia*

    Derechos sociales, econmicos y culturales pasan a segundo trmino

    Capitalismo como el nico modelo econmico capaz de proporcionar bienestar a la sociedad.

    Representacin de los intereses de las clases sociales a travs de partidos polticos

    Asociaciones no gubernamentales y el tercer sector vigilan transparencia de los procedimientos elec-torales y de la accin gubernamental.

    Estado regula modera-damente las relaciones entre las clases socia-les. Privilegia el derecho a la propiedad y leyes del mercado.

    Agente egosta que elabora sus prefe-rencias polticas con base en clculos racionales.

    Agente con derechos a votar y ser votado

    Participa a travs de partidos polticos y organizaciones sociales

    Derecho de peti-cin a los agentes gubernamentales

    Derecho de asocia-cin y libre expresin

    Robert Dahl,Guillermo ODonnell

    Democracia libe-ral con nfasis en el republicanismo

    Libertad de partici-par en la poltica

    Derecho a la propiedad

    Compromiso y responsabilidad cvica

    Derechos sociales, econmicos y cul-turales en segundo trmino

    Capitalismo como modelo econmico ideal.

    Representacin a travs de partidos

    Comunicacin perma-nente con los repre-sentantes populares a travs de partidos polticos o asociaciones

    Educacin y promocin de virtudes cvicas y tica poltica.

    Estado regula las rela-ciones entre clases e intereses. Privilegia el derecho a la propiedad y leyes del mercado, pero se deben reducir las desigualdades.

    Agente activo, con las caractersticas de la democracia liberal pero con mayor res-ponsabilidad cvica. Preferencias polticas con base en valores como la confianza, la solidaridad.

    Participacin en la solucin de proble-mas comunitarios

    Conformacin de redes de ciudadanos

    Putnam, Tilly

    *La libertad como no interferencia o libertad negativa es aquella que se refiere a la proteccin de los intereses individuales frente a la intervencin tanto del Estado como de los conciudadanos. Este tipo de libertad es de ca-rcter defensivo. Para ver una discusin sobre los tipos de libertad vase Berlin (2005).

  • 17PartE i. Perspectivas y trayectoria de la demoracia y la participacin ciudadana

    Democracia libe-ral con nfasis en el constituciona-lismo

    Derecho a la propiedad

    Libertad como no interferencia

    Estado de derecho democrtico

    Derechos sociales, econmicos y cul-turales en segundo trmino

    Capitalismo como modelo econmico ideal.

    Legisladores determinan cules son los intereses de la poblacin.

    Jueces y tribunales deben ser los intrpre-tes de la justicia.

    Estado fuerte como me-diador en los intereses de las clases sociales. Se privilegia el derecho de propiedad y leyes del mercado.

    Agencia limitada Agente egosta. Derechos

    consignados constitucionalmente.

    Acatar el Estado de derecho.

    Kelsen

    Democracia libe-ral con nfasis en las elites

    Derecho a la propiedad

    Libertad como no interferencia

    Poca importancia a los derechos socia-les, econmicos y culturales.

    Capitalismo como modelo econmico ideal.

    Legisladores y represen-tantes populares toman decisiones.

    Tercer sector y movi-mientos sociales entor-pecen la gobernabilidad democrtica, se evita su interferencia en proce-sos polticos

    Estado regula de forma muy moderada la relacin entre clases, protege el derecho a la propiedad, se privilegian las leyes del mercado.

    Agencia limitada Derechos de corte

    liberal consigna-dos en las cartas constitucionales.

    Participacin restrin-gida al acto de votar

    Shumpeter

    Democracia libe-ral deliberativa

    Libertad como no interferencia

    Derechos universa-les, pero con aper-tura a la pluralidad

    Recuperacin de virtudes cvicas

    Dilogo y consenso poltico

    Derechos sociales, econmicos y cul-turales en segundo trmino

    Democracia como un proceso en construccin

    Capitalismo como modelo econmico.

    *Representacin y mecanismos de la democracia liberal

    Formacin de un espa-cio pblico slido que permita la deliberacin y el consenso, no slo entre las elites, se debe incluir a los diferentes grupos sociales.

    Algunos mecanismos de democracia directa

    Estado regulador de relaciones entre las clases, privilegia de-recho a la propiedad pero permite apertura de espacios pblicos y participacin ciuda-dana. Posibilidad de cuestionar las leyes del mercado.

    Agente activo capaz de participar en la deliberacin.

    Agente que cuenta con informacin y valores que le permi-ten dialogar y llegar a consensos

    Agente con cierto grado de conoci-miento experto en poltica.

    Derechos propios del modelo liberal

    Preferencias polticas con base en el res-peto a la pluralidad y respeto a las diferencias.

    Habermas

  • ParticiPacin ciudadana y desarrollo democrtico18

    Democracia radi-cal / participativa

    Libertad de partici-par en la toma de decisiones

    Libertad incluye la no dominacin

    Derechos sociales, econmicos y culturales de gran importancia

    Pluralidad social Democracia como

    proceso, apertura, reformulacin constante

    Rechazo del capi-talismo como nico modelo econmi-co, exigencia de una economa que privilegie el bienes-tar de las personas por encima de la acumulacin capitalista.

    Aceptacin del conflicto como parte constitutiva de la poltica

    Existencia de un piso bsico de igualdad econmica y de oportunidades.

    Acuerdos sobre princi-pios bsicos que per-mitiran la discusin de alternativas de sociedad y la inclusin de nuevos derechos

    Mecanismos de demo-cracia directa pero se conserva la representa-cin y los partidos

    Movimientos sociales, tercer sector, grupos mi-noritarios con igual peso en la toma de decisio-nes sobre el rumbo de la poltica, la economa y la constitucin de la sociedad

    Ciudadanos participan en la elaboracin y reformulacin de las leyes.

    Estado no concentra el poder pero regula los principios o reglas del juego democrtico. Se privilegia el bienestar y calidad de vida sobre el derecho de propiedad y leyes del mercado.

    Se promueve la au-togestin alimentaria y relaciones y redes sociales solidarias.

    Agente muy activo. Derechos polticos

    liberales se rescatan, pero con nfasis en la participacin directa

    Agente no experto en poltica pero capaz de participar en ella con los conocimien-tos y valores propios de su cultura y vida cotidiana.

    Preferencias polticas se elaboran con base en valores como la pluralidad, la coope-racin, solidaridad y bienestar comn.

    Mouffe,CastoriadisSantos, Boaventura , Movimientos sociales

  • 19PartE i. Perspectivas y trayectoria de la demoracia y la participacin ciudadana

    Como se puede observar en el Cuadro, existen algunas coincidencias, pero tam-bin antagonismos muy marcados. Es necesario advertir que ninguno de los modelos se presenta de forma pura, es decir, se trata de tipos ideales en el sentido de Max Weber- que posibilitan distinguir, comprender e incluso perseguir los princi-pios democrticos. Adems, en la realidad, las sociedades instituyen, reproducen y transforman el orden social de acuerdo a los ideales que consideran valiosos desde su cosmovisin. Desde el punto de vista de la pluralidad, las explicaciones sobre las trayectorias de democratizacin deben contemplar las experiencias particulares y en general los rasgos culturales y procesos histricos propios. Es por eso que los modelos no deben utilizarse como marcos interpretativos universales en el sentido ortodoxo del trmino; lo ms recomendable es tomarlos como pautas que orientan la com-prensin de los fenmenos sociopolticos.

    En Mxico, con algunos matices, el orden social y el sistema poltico se han cons-truido con base en los principios de la democracia liberal y del capitalismo; de mane-ra que ambos procesos sern nuestro punto de partida, con independencia de nuestra adhesin personal a uno u otro modelo. Asimismo, este tipo de democracia es el que predomina a nivel mundial, es por ello que la discusin que presentamos aqu gira en torno a sus retos y posibilidades.

    Autonomismo Orden social hori-zontal, rechazo a las jerarquas.

    Comunidades autnomas

    Autogobierno Relaciones sociales

    de solidaridad y apoyo en un marco de igualdad y respeto de las diferencias

    Libertad como no dominacin

    Derechos sociales, econmicos, cul-turales en primer trmino

    Formacin de espacios pblicos al margen del Estado y los partidos polticos; rechazo de la formacin poltica estatal y de sus instituciones.

    Evitar la representa-cin en la toma de decisiones

    Toma de acuerdos por medio de procesos de discusin en Asambleas en las que se privilegia el consenso.

    Constitucin de rela-ciones sociales de no dominacin.

    Autogestin alimentaria. Rechazo del capitalismo

    y socialismo. Participacin directa en

    la elaboracin y refor-mulacin de las leyes.

    Agente muy activo Agente no experto en

    poltica, participa con base en sus conoci-mientos y creencias.

    Agente libre de la dominacin, evita controlar o imponerse sobre los otros en las relaciones sociales y en el mbito de la poltica.

    Preferencias polticas se elaboran con base en valores como la pluralidad, la coope-racin, solidaridad y bienestar comn.

    Holloway, Badieu, Negri, Movimientos sociales,

    Fuente: Elaboracin propia.

  • ParticiPacin ciudadana y desarrollo democrtico20

    dEMandas dE dEMoCratizaCin En las soCiEdadEs ContEMPornEas: El PaPEl dE la PartiCiPaCin Ciudadana En la ConfiGuraCin dE un ordEn soCial justo y rEsPEtuoso dE las libErtadEsEn la segunda dcada del siglo XX, la gran filsofa de la poltica, Hanna Arendt (2008) lanz una preocupacin que hoy en da se vuelve a poner sobre la mesa a la luz de los precarios resultados de los procesos de democratizacin que se experimentaron a lo largo de ese siglo. Nos referimos a la prdida de sentido de la democracia como la mejor forma de gobierno o como un horizonte de futuro en el cual muchas gene-raciones depositaron sus esperanzas. En efecto, en el contexto de los totalitarismos y los gobiernos autoritarios, en el imaginario social la democracia representaba un medio que permitira la consecucin derechos y libertades. Actualmente, se expresan fuertes crticas pues estas expectativas an no se han cumplido para la mayora de la poblacin en Amrica Latina. Como veremos adelante, para algunos esto es preocu-pante porque puede dar pie al retorno a los gobiernos de mano dura, para otros, este fracaso era previsible.

    En esta seccin presentamos una discusin con base en textos producidos por cientficos sociales que han reflexionado sobre los desafos de la democracia. A pesar de la riqueza de sus trabajos, determinamos enfocarnos solamente en los plantea-mientos que aportan insumos para explicar los lmites y posibilidades de la partici-pacin. Los argumentos ms sobresalientes y que por tanto discutiremos son: 1) La democracia enfrenta una crisis de legitimidad debido a la escasa representacin de los intereses de los ciudadanos; 2) La incapacidad de esta forma de gobierno para generar justicia social pone en duda su compatibilidad con el capitalismo; 3) La mayora de las crticas apuntan que la descentralizacin del poder es necesaria 4) La participacin social es fundamental, pero se enfrenta obstculos que van desde la reticencia de las elites que concentran el poder poltico y econmico, el diseo institucional excluyen-te e incluso los resabios de la cultura autoritaria en los pases que han experimentado totalitarismos, dictaduras o simulaciones democrticas.

    Uno de los textos revisados es el escrito por Andrea Greppi, quien define demo-cracia como una forma de gobierno que incluye, al menos, un sistema de reglas e instituciones que hacen posible la competicin y la alternancia entre las elites po-lticas; un rgimen poltico en el que el poder no es arbitrario y en el que existen mecanismos () destinados a garantizar la participacin de todos los miembros de la comunidad poltica; y una sociedad abierta en la que existe opinin pblica libre y responsable, que los gobiernos representan y ante la cual han de rendir cuentas (Gre-ppi, 2006:12). Aunque reconocemos el esfuerzo de proponer una definicin clara,

  • 21PartE i. Perspectivas y trayectoria de la demoracia y la participacin ciudadana

    consideramos que no aporta ningn elemento novedoso6. Su posicin es claramente liberal y acota la participacin a las garantas tradicionales como el sufragio y otros derechos polticos. Nos llama la atencin que no toma en cuenta mecanismos vigen-tes que promueven la inclusin de los ciudadanos en la toma de decisiones, razn por la cual nos parece una concepcin limitada.

    Sin embargo, ofrece lneas de reflexin interesantes. Por ejemplo, afirma que el aparente consenso democrtico revela en realidad un estado de desconcierto, al cual califica como un estancamiento por dispersin que se refleja en la produccin de una considerable variedad de propuestas, tanto en trminos tericos como en el pla-no de las reformas constitucionales, pero en su opinin ninguna representa una alter-nativa efectiva. Con todo, reconoce la validez de valores propios del republicanismo y la democracia radical como son la justicia social, la cooperacin y compromiso cvi-cos; y enfatiza a lo largo de su obra el giro deliberativo que han tomado la mayora de las concepciones o modelos. En otras palabras, confirma que la participacin y la deliberacin estn cobrando gran importancia en la teora poltica. Asimismo, reitera que es urgente justificar por qu la democracia es la mejor forma de gobierno y para ello invita a la reflexin sobre sus principios fundantes, pues afirma que ese es el punto de partida desde el cual se le puede dotar de nuevos significados7.

    Por nuestra parte, concordamos en que algunas instituciones y principios liberales son valiosos, pues la experiencia ha demostrado que pueden funcionar como cata-pultas para el establecimiento de nuevos derechos que abonan a la representacin de la pluralidad social. Asimismo, coincidimos en que es importante replantear cules son los principios y los fines de las democracias contemporneas. No obstante, en oposicin a la definicin de Greppi, estamos convencidos de que es necesaria una descentralizacin del poder, lo cual implica entre otras cosas, que no slo las elites estn facultadas constitucionalmente para competir por los cargos de eleccin popu-lar. Como dijimos antes, incluso la clase poltica promueve la postulacin de can-didatos independientes de los partidos polticos, instituciones que se encuentran en un descrdito notable frente a la ciudadana8. Aclaramos que no estamos sugiriendo

    6 Vase Dalh (1998). Sin embargo, cabe sealar que Dalh va ms all que Greppi pues afirma que para que una sociedad pueda considerarse democrtica es necesario que existan condiciones para el acceso a la informacin objetiva y libertad de expresin. Incluso, afirma que la democratizacin no slo debe evaluarse en trminos del sistema poltico, sino en los diferentes mbitos de la vida pblica y privada como son las instituciones educativas, las asociaciones con fines polticos o de otros tipos, las organizaciones empresariales, entre otros.

    7 A pesar de su invitacin a replantear los principios democrticos, Greppi no abunda en ello. Por su parte Arendt (2008) plante mucho antes que esta resignificacin era necesaria y opt por proponer la recuperacin de los sentidos originales de la tradicin democrtica, especialmente hizo hincapi en la vigencia de los valores de la democracia en Grecia.

    8 Al respecto, la Encuesta Nacional sobre Cultura Poltica y Prcticas Ciudadanas (ENCUP) de la Secretara de Gobernacin, informa que en 2012, los mexicanos opinaron lo siguiente. Se les pregunt: En una escala de 0 al 10, donde 0 es nada y 10 es mucho, qu tanto confa en los partidos polticos? El 53.14% calific de 0-5 la confianza

  • ParticiPacin ciudadana y desarrollo democrtico22

    la eliminacin de los partidos, sino su recuperacin. Los partidos pueden funcionar como medios efectivos para la representacin si se complementan con mecanismos de comunicacin permanente con los ciudadanos. Asimismo, la apertura a la parti-cipacin directa de la poblacin en los procesos de seleccin de sus candidatos y el compromiso de informar sobre el manejo de los recursos pblicos que reciben, son estrategias que pueden aportarles credibilidad y legitimidad.

    Como alternativa a la partidocracia, es posible dar un giro al papel de los par-tidos de manera que dejen de ser entidades carentes de referencias de lo social y se reencuentren con la ciudadana de manera que efectivamente coadyuven a mejorar la calidad democrtica. Una lnea de accin se desprende de la propuesta de Tilly (2010), quien enfatiza la importancia de integrar a las redes de confianza9 preexis-tentes en la sociedad a la poltica pblica en un marco de compromiso (entendido como la relacin que se establece entre dos actores sociales bajo el principio de la consideracin mutua). Dicha integracin10 permitira, por una parte, que los ciu-dadanos involucrados en las redes aporten informacin sobre sus necesidades; y por la otra, propiciara el buen desempeo gubernamental, ya que en la medida en que las redes aumenten su dependencia de la actividad de gobierno para la consecucin de sus intereses, sus integrantes desarrollarn un mayor inters en la participacin poltica mediante la vigilancia de la funcin pblica, la formulacin de propuestas, la conformacin de consejos ciudadanos, entre otras. De esta manera, los partidos pue-den ser los principales intermediarios entre las redes y los agentes gubernamentales, y funcionar como punta de lanza para la reformulacin de los trminos de la frgil relacin sociedad-Estado.

    Volviendo a la discusin de los planteamientos de Greppi, consideramos que se muestra desconfiado y escptico de la participacin, an a pesar de que confirma que la democracia de corte elitista que predomin tanto en la ciencia poltica como en la prctica gubernamental del siglo XX demostr tener serias limitaciones. Asimismo, evita profundizar en problemas que l mismo plantea. En concreto, afirma que hay una regresin de los logros de la democracia, especficamente en lo que toca al cum-plimiento de derechos sociales. Incluso apunta una serie de requisitos que debera cumplir para recuperar su legitimidad: 1) crecimiento econmico o el logro de ma-yores cotas de bienestar; 2) estabilidad y cohesin social en el marco de las sociedades

    a los partidos, mientras que el 45.89% otorg una puntuacin del 6 al 10. El porcentaje ms alto de la escala fue de 18.37% que ubic la confianza en el nivel 5. En los extremos; el 13.89% dijo tener nada de confianza (es decir 0), y slo el 2.39% dijo tener mucha confianza (nivel 10). En pgina electrnica www.encup.gob.mx

    9 Una red de confianza alude a la conexin entre tres o ms sitios sociales (personas, organizaciones, incluso lugares) que construyen lazos estrechos con el fin defender intereses comunes bajo condiciones de riesgo o con-flicto. Dichos intereses pueden ser de corte religioso, econmico, identitario, comunitario o poltico.

    10 La integracin de las redes no significa su anulacin, por el contrario, para Tilly en las democracias la integra-cin no debe ser total, de modo que conserven su autonoma.

  • 23PartE i. Perspectivas y trayectoria de la demoracia y la participacin ciudadana

    complejas y 3) la garanta de derechos individuales. Concluye que estas exigencias son contradictorias entre s, pero enfatiza que es insostenible eludirlas.

    A nuestro juicio, Greppi omite responder a uno de los problemas centrales de la democracia: sus precarios resultados con relacin al incremento del bienestar, la dis-tribucin de la riqueza y la vigencia de derechos. Desde nuestro punto de vista estas carencias se deben a que las democracias contemporneas se encuentran subordinadas al poder econmico. Esta situacin genera la dependencia de los partidos y gobiernos hacia los agentes que concentran el capital. Los medios de comunicacin, las grandes compaas o corporaciones, los organismos internacionales que dictan la poltica econmica correcta -como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional-, y en algunos casos el crimen organizado, actan bajo la complacencia de Estados nacionales cada vez ms limitados en su papel de mediadores entre los intereses de las clases sociales, situacin que facilita la corrupcin del sentido de la representacin y que los gobernantes opten por atender primordialmente el inters de las clases privilegiadas. Sin embargo, creemos que es posible generar condiciones favorables para la distribucin de la riqueza y la ampliacin de la ciudadana dentro del marco liberal, siempre y cuando se mantenga un Estado fuerte que efectivamente regule las relaciones sociales protegiendo los derechos especialmente de los grupos vulnerables, los sectores ms empobrecidos, las minoras y la clase trabajadora. En otras palabras, el poder poltico debe deslindarse de los poderes fcticos, incluido el capital.

    Sin duda existen vas para corregir los vacos del modelo liberal que se pueden formular a partir de los insumos aportados por experiencias innovadoras que se han llevado a cabo en distintas regiones de Amrica Latina. Por ejemplo, los presupuestos participativos de Brasil y la organizacin de la poblacin para el diseo e implemen-tacin de proyectos productivos en sociedades complejas a partir de la localidad, la colonia o el barrio en Venezuela (Lpez, 2003) y Uruguay (Falero, 2003). Estas iniciativas de implicacin de la ciudadana en los asuntos pblicos fortalecen la cohe-sin social, promueven la cultura de participacin en la toma de decisiones y facilitan la apertura de canales de comunicacin entre el Estado y los ciudadanos.

    Por otro lado, para concluir con los argumentos de Greppi, es pertinente recupe-rar su alusin al divorcio entre el discurso y la prctica en el mbito de la poltica. En su opinin, el deterioro de las democracias est relacionado con el hecho de que no existe claridad acerca de qu acciones son valiosas o apropiadas. Con ello se refiere no slo al respeto del Estado de derecho, sino tambin a la participacin con base en valores como la responsabilidad cvica y el compromiso con la comunidad. Desde nuestro punto de vista, estas observaciones son acertadas pues algunas investigacio-nes confirman que en Mxico un porcentaje considerable de la poblacin opina: 1) que los representantes populares no toman en cuenta sus intereses y 2) que los

  • ParticiPacin ciudadana y desarrollo democrtico24

    gobiernos y partidos polticos son los actores que violan la ley con ms frecuencia11. Si los gobernados desconfan de los agentes gubernamentales y perciben una falta de correspondencia entre el discurso poltico y la prctica, esto puede generar confusin y facilitar la violacin de las normas y/o el alejamiento de la vida pblica. En ese te-nor, Tilly (2010) afirma que en la medida en que los ciudadanos perciben que sus go-biernos siguen las reglas del juego democrtico, es ms factible que respeten el Estado de derecho; incluso seala que la confianza es un factor crucial para la vinculacin entre representantes y gobernados. En el caso mexicano la desconfianza explica en parte por qu la participacin no se ejerce con todo su potencial. De hecho, la falta de correspondencia entre el discurso y la prctica tiene una larga tradicin vinculada con el paternalismo y la cultura de la ilegalidad ejercidos durante la Colonia y los periodos subsecuentes. De ello hablaremos ms delante.

    En otra lnea de argumentacin, una de las crticas reiteradas a la democracia se refiere a su incapacidad para garantizar el bienestar para segmentos muy importantes de la poblacin. En efecto, la Comisin Econmica para Amrica Latina y el Caribe (CEPAL) calcul que en el ao 2010 el 31.4% de la poblacin del Continente viva en situacin de pobreza y el 12.3% en la indigencia12. En el mismo ao, las cifras oficiales mostraron que en Mxico el 46.2% viva en estado de pobreza y el 10.4% en extrema pobreza, segn datos del Consejo Nacional de Evaluacin de la Poltica de Desarrollo Social (CONEVAL)13. El Programa de las Naciones Unidas para el Desa-rrollo (PNUD) inform que en el 2010 Amrica Latina era la regin ms desigual del mundo y dentro del Continente, Mxico ocupaba el sexto lugar14. Estos resultados comprueban que efectivamente la democracia no ha logrado crear las condiciones mnimas para el bienestar de cerca de la mitad de los ciudadanos a nivel continental y nacional. En 2012, CONEVAL dio a conocer que en nuestro pas, el nmero de pobres es de 51 millones 993 mil ciudadanos, es decir, el 46.2% de la poblacin. Por su parte, CEPAL difundi que en el contexto de la regin latinoamericana, Mxico ocup el penltimo lugar en reduccin de la pobreza, slo por encima de El Salva-dor; mientras que pases como Bolivia, Argentina y Brasil lograron una disminucin

    11 En efecto, la ENCUP 2012 informa que el 73.9% de la poblacin considera que a los funcionarios pblicos no les preocupa lo que piense la gente como yo. Asimismo, ante la pregunta de: al elaborar las leyes, qu es lo que ms toman en cuenta los diputados?, el 36.36% consider que los intereses de sus partidos, el 30.69% sus propios intereses, y solamente el 14.14% considera que toman en cuenta los intereses de la poblacin. Por ltimo, el 73.02% afirm que los gobernantes cumplen poco la ley, solamente el 9.40% contest que la cum-plen mucho. En la misma lnea, a la pregunta de quin viola ms la ley?, el 36.84% respondi los polticos, 14.02% los funcionarios, 7.83% los ciudadanos, y 18% opin que todos.

    12 En pgina electrnica www.cepal.org

    13 En pgina electrnica www.coneval.gob.mx

    14 En documento Informe Regional sobre Desarrollo Humano para Amrica Latina y el Caribe. PNUD. En pgina electrnica http://www.idhalcactuarsobreelfuturo.org/site/index.php

  • 25PartE i. Perspectivas y trayectoria de la demoracia y la participacin ciudadana

    significativa del nmero de pobres15. Adems de que estos datos informan sobre la precariedad de las condiciones de vida (derechos sociales), es muy importante hacer hincapi en que el ejercicio de derechos polticos y civiles requiere acompaarse del bienestar de los ciudadanos. Dicho de manera sencilla: un individuo mal nutrido, carente de conciencia de derechos y sin acceso a los servicios mnimos de salud, vivienda y educacin, difcilmente mostrar inters por la poltica o la defensa de la ciudadana. Las consecuencias de esta situacin desgastan la legitimidad democrti-ca, pues las libertades polticas que son el valor superior para este modelo- son inalcan-zables en sociedades donde grandes sectores de la poblacin se encuentra en condiciones de pobreza o de exclusin extrema.

    Para reforzar lo anterior, citaremos brevemente los planteamientos de algunos cientficos que han analizado las consecuencias que se han presentado en los ltimos aos a partir de la implementacin de las recomendaciones emanadas del Consenso de Washington a finales de la dcada de los ochenta16. Cabe sealar que entre las medidas se encuentran: la desregulacin del trabajo, la privatizacin de las empre-sas estatales, as como la reduccin de la intervencin estatal en lo que se refiere al control del mercado y la garanta de los derechos sociales. De acuerdo a Wacquant (2007), en los casos de Europa occidental, Latinoamrica y Estados Unidos, esto ha conducido a la precarizacin y desproletarizacin de la clase obrera y de las minoras de origen etnorracial, situacin denominada por el autor como una marginacin avanzada. Por su parte, Santos (2006) afirma que con la adopcin de estas medidas, el Estado benefactor, que de alguna manera logr mediar entre los principios del mercado, los del Estado y los de la comunidad entendida como el inters general o el bien pblico-, comenz a ceder ante las presiones e intereses de la economa y el principio del mercado se impuso a los otros. Con ello, la situacin de la clase media y de los grupos ms desfavorecidos desmejor o se torn crtica. Santos considera que los nuevos y viejos excluidos entraron en una situacin similar al estado de natura-leza en el sentido de que dejaron de ser parte del contrato social (las cursivas son nues-tras). La exclusin se presenta de dos maneras: como poscontractualismo, trmino

    15 En Peridico La Jornada. Reportero: Roberto Gonzlez Amador. 28 de noviembre de 2012.

    16 El Consenso de Washington se refiere al modelo econmico formulado desde la capital de los Estados Unidos de Norteamrica en 1989 por economistas formados en la corriente neoclsica, con el objetivo impulsar el creci-miento econmico en Amrica Latina mediante la liberacin de los mercados de la intervencin estatal. El diseo del modelo neoliberal se atribuye principalmente al economista John Williamson. A partir de entonces, EU, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional comenzaron a presionar a los gobiernos latinoamericanos a implementar las polticas neoliberales. No todos los pases las aplicaron de la misma manera, pero s podemos afirmar que durante la dcada de los noventa y hasta la actualidad orientan la economa en el Continente, a pesar de que los hechos demuestran que el modelo no ha generado el crecimiento econmico esperado y que propicia la desigualdad econmica, as como la prdida de derechos sociales. Es importante mencionar que algunos pa-ses dieron marcha atrs regulando los mercados y priorizando el acceso a derechos, como es el caso de Uruguay, Ecuador, Bolivia y Venezuela. Aos ms tarde, el propio Williamson escribi un artculo donde matiza sus reco-mendaciones. Ver Williamson (2003).

  • ParticiPacin ciudadana y desarrollo democrtico26

    que denota la prdida de derechos de aquellos que alguna vez estuvieron integrados en el Estado de bienestar; o como precontractualismo, que es la condicin de los sectores que han permanecido sistemticamente al margen del Estado de bienestar, como son los indgenas, las minoras tnicas y en algunos casos, las mujeres. Por su parte, Zibechi (2007) concuerda que efectivamente, la oleada neoliberal en Amrica Latina se tradujo en la aparicin de nuevas generaciones de pobres, incluso los que antes estuvieron beneficiados por la poltica social o fiscal, ahora engrosan las filas de la marginacin.

    En la misma lnea, Streeck (2011) propone una interpretacin que nos parece muy acertada a la luz de los acontecimientos recientes. Aunque en su trabajo tam-bin se refiere a la crisis del modelo de la democracia liberal, su punto de partida no es su prdida de sentido, sino la dependencia de las libertades, derechos y valores democrticos al comportamiento de la economa. El autor define al orden social contemporneo como capitalismo democrtico, que se caracteriza por el conflicto endmico entre el mercado y la poltica democrtica. Desde su punto de vista, esta es la razn que explica las constantes perturbaciones socioeconmicas, ya que la po-ltica debe mediar entre las exigencias del capital y el cumplimiento de los derechos ciudadanos; y por lo general las necesidades del mercado y las de la sociedad no son coincidentes.

    Streeck afirma que a partir de la Segunda Guerra Mundial, se pens que el capi-talismo regulado por el Estado era el modelo econmico idneo e incluso el nico compatible con el ejercicio de los derechos civiles y polticos. El Estado protector velara por los intereses de la clase trabajadora facilitando el acceso de los bienes so-ciales a travs de una serie de instituciones y normas. No obstante, las subsecuentes crisis econmicas -inherentes al capitalismo17- terminaron por imponer la idea de que los mercados autorregulados seran la solucin. En efecto, recordemos que a partir del Consenso de Washington, los pases latinoamericanos entre ellos Mxi-co- comenzaron a adoptar medidas con el fin de otorgar autonoma a los mercados y desplazar al poder poltico corrupto e ineficiente. Cabe reiterar que la puesta en marcha del neoliberalismo ha sido distinta en cada caso, pero en general este modelo orienta la poltica econmica en el Continente.

    Para Streeck, el discurso de la economa dominante propugna por la desaparicin paulatina del poder del Estado o de cualquier otro tipo de organizacin poltica; incluso afirma que su paraso imaginado es la autorregulacin del mercado, sin

    17 Otros economistas y socilogos de tradicin marxista como Samir Amin, Wallerstein y Poulantzas coinciden. Desde su perspectiva el capitalismo como orden econmico y social, lleva en su seno contradicciones insalva-bles a largo plazo, de modo que invariablemente el capitalismo ser inviable y habr que implementar modelos distintos.

  • 27PartE i. Perspectivas y trayectoria de la demoracia y la participacin ciudadana

    interferencia alguna. El problema central, de acuerdo al autor, es que el capitalismo equipara sus intereses al inters general, de manera que exige que los gobiernos y sobre todo los ciudadanos asuman los costos de lo que se considera la mala ges-tin o la interpretacin errnea de los principios econmicos. Desde su punto de vista, algunas consecuencias del predominio del poder econmico son: 1) medidas de austeridad que se traducen en recortes al gasto social y 2) en el nivel poltico, el bloqueo sistemtico de las iniciativas de partidos polticos que buscan mediar los dictados de la economa en favor de los derechos, incluso asegura que se invierten grandes cantidades de dinero en campaas de desprestigio. De esta manera los secto-res dominantes han logrado homogeneizar los programas de gobierno de los partidos polticos con planes favorables para la economa-, razn por la cual los ciudadanos han dejado de creer que las elecciones y otras vas democrticas son efectivas, pues perciben la falta alternativas. Sin embargo, apunta que la persistencia de las presiones por la democratizacin no han permitido el triunfo total de la economa y sus ideales, pues los movimientos sociales y la sociedad civil organizada siguen luchando por sus intereses.

    Por nuestra parte, queremos agregar medidas a favor del capital que Streeck no seala en su texto. En el caso mexicano, entre las acciones que se han tomado frente a las crisis econmicas, destaca el rescate a la banca18. Asimismo, con respecto a las polticas de austeridad, la reciente aprobacin de la reforma laboral19 favorece los intereses del capital y ha dejado en una situacin vulnerable a los trabajadores. Tam-bin se han recortado constantemente los gastos en educacin, ciencia y tecnologa. Otra razn por la que concordamos con Streeck es que en el momento en que escri-bimos este trabajo, las medidas tomadas en algunos pases Europeos han provocado el empobrecimiento de grandes sectores de la poblacin y un marcado retroceso en trminos de derechos sociales especialmente en Espaa, Portugal y Grecia. Adems, las huelgas generales, manifestaciones y protestas populares de los ltimos meses han mostrado el endurecimiento de las medidas de control y represin de los gobiernos y la criminalizacin de la protesta social20.

    18 En 1998, el gobierno mexicano intervino en la crisis bancaria que se gener en parte por la falta de regulacin estatal. Pese al rechazo de la poblacin y de la izquierda poltica, la estrategia se llev a cabo y consisti bsi-camente en la creacin el Fondo Bancario de Proteccin al Ahorro (FOBAPROA), y en la inyeccin de 552 000 millones de pesos para capitalizar a los bancos. Dicho monto fue asignado a la deuda pblica.

    19 El 14 noviembre de 2012 se aprob la Reforma Laboral, los senadores del Partido de la Revolucin Demo-crtica, el Partido del Trabajo, y el Partido Movimiento Ciudadano votaron en contra (partidos considerados de izquierda). En Peridico El Universal. Reportera: Elena Michel. 14 de noviembre de 2012. La reforma ha sido criti-cada por amplios sectores de la poblacin, movimientos sociales y cientficos porque se considera que daa los derechos de los trabajadores.

    20 En noviembre de 2012, se realiz una Huelga General de manera simultnea en Espaa, Italia, Grecia y Portugal como protesta a las medidas de austeridad que han consistido en recortes al presupuesto destinado a los dere-chos sociales bsicos. En Peridico La Jornada. Nota de la redaccin. 15 de noviembre de 2012. Por citar uno de los casos, en Espaa en el mes de octubre el 25% de la poblacin estaba en situacin de desempleo. Un diario

  • ParticiPacin ciudadana y desarrollo democrtico28

    Retomando la experiencia mexicana, en concordancia con las tendencias apunta-das por Streeck, los partidos y agrupaciones polticas que en su discurso se pronun-cian por la defensa de derechos frente al capital han sido objeto de campaas sucias que han provocado la confusin entre los electores. En particular, durante los dos ltimos comicios presidenciales, el ex candidato de la izquierda Andrs Manuel L-pez Obrador fue objeto de las llamadas campaas de miedo, que consistieron en la difusin de una imagen estigmatizada del candidato que lo asemejaba a un dictador. Incluso, existen amplias evidencias de la compra y cooptacin del voto operados des-de el Estado y las cpulas econmicas en favor de sus contrincantes, tanto en 2006 como en 201221.

    Por otro lado, tambin nos adherimos a la posicin de Streeck con respecto a que la frmula capitalismo/democracia no es el camino idneo para alcanzar un orden social justo en el que se exprese la diversidad social, se respeten las libertades y se fortalezca la cooperacin y cohesin social. No obstante, en esta situacin de desconcierto, nos alejamos de su pesimismo, pues estamos convencidos de que el fortalecimiento del Estado bajo la vigilancia permanente de los ciudadanos puede acotar la interferencia de los poderes fcticos, poniendo en primer plano el bienestar de las mayoras. Creemos que es posible tomar medidas como: 1) promover la auto-suficiencia alimentaria a partir de la localidad aprovechando los recursos disponibles de manera sustentable; 2) fortalecer la produccin y el mercado internos con base en los principios del comercio justo y el consumo responsable; 3) ampliar la cobertura de los servicios de salud, incorporando la medicina preventiva, as como la medicina tradicional, 3) invertir en una educacin apropiada a las necesidades del contexto, que d pie a la construccin de pensamiento crtico y creativo; 4) crear y transferir re-cursos a empresas locales bajo el modelo de cooperativas; 5) finalmente una alterna-tiva muy conveniente sera la formulacin del Plan de Desarrollo Nacional tomando en cuenta las necesidades expresadas directamente por la poblacin y que tenga como principal objetivo la reduccin la pobreza y la desigualdad que privan en el pas22. No es momento para abundar en nuestra visin sobre las formas de enfrentar las crisis del capitalismo, pero creemos que el modelo de democracia existente proporciona medios para el logro de estos y otros objetivos.

    inform que 58,241 familias se quedaron sin vivienda. En Peridico La Vanguardia. Nota de la Redaccin. 30 de marzo de 2012. Las protestas han sido continuas y se han acompaado de la represin violenta por parte de las fuerzas policiales en los pases sealados.

    21 Para ver detalles en Crespo (2006), Sheinbaum e maz (2012).

    22 El secretario ejecutivo del CONEVAL, inform en diciembre de 2011, que en Mxico hay una gran desigualdad de acuerdo a diversas mediciones. Inform que es el segundo pas ms desigual en Amrica Latina, y apunt que el ingreso en 10% de los hogares mexicanos con mayores ingresos en 2008 era de 228 mil 900 pesos al ao, 26 veces por encima del ingreso del 10% por ciento con menores entradas, que en promedio era de 8 mil 700 pesos. En Peridico Milenio. Nota de la redaccin. 15 de diciembre de 2011.

  • 29PartE i. Perspectivas y trayectoria de la demoracia y la participacin ciudadana

    Al respecto, no est por dems recordar que la Constitucin Poltica Mexicana incluye la mayora de los derechos humanos, incluso contempla la participacin de los ciudadanos no slo en la vigilancia de los agentes gubernamentales, sino tambin en la planeacin del rumbo a seguir en trminos econmicos y polticos. Reconoce-mos junto con Streeck que la desconfianza en los partidos y en la democracia misma inhibe la participacin, pero consideramos que si el Estado no la fomenta o incluso la reprime, ser la propia ciudadana y otros actores como las universidades, las agru-paciones polticas, las redes sociales, entre otros, los que decidirn tomar las riendas del futuro colectivo. Es importante recordar que la inclusin de la poblacin en el mbito poltico ha sido un proceso de largo aliento que ha implicado conflictos y concesiones, avances y retrocesos, de manera que a pesar de los problemas que hemos sealado, siempre existe la posibilidad de modificar el curso de los acontecimientos en la bsqueda de sociedades ms justas y libres.

    En otro tenor, dejando de lado el mbito de la economa, discutiremos otra in-terpretacin acerca de los fracasos de la democracia. Para ello recuperamos los plan-teamientos de Przeworski (2010:53), quien apunta que la democracia no es sino un marco dentro del cual un grupo de personas ms o menos iguales, ms o menos eficientes y ms o menos libres puede luchar en forma pacfica por mejorar el mundo de acuerdo a sus diferentes visiones, valores e intereses. Esta definicin nos parece realista y al mismo tiempo esperanzadora en el sentido de que la democracia y el Estado de derecho que la acoge ofrecen vas para el cambio social, es decir, hacen posible la agencia. Tambin concordamos con la idea subyacente de que esta forma de gobierno es un proyecto en construccin, un producto humano susceptible de ser transformado, perfeccionado. No obstante, la concepcin del autor es reservada pues reconoce explcitamente sus limitaciones. El escepticismo de Przeworski acerca lo que se puede conseguir a travs de la democracia es el hilo conductor de sus re-flexiones. Al respecto, afirma que los analistas o cientficos no nos hemos dado a la tarea de averiguar la gnesis y el desarrollo de los valores democrticos y esto, aunado al hecho de que se suele comparar la democracia realmente existente con las ideas originales de los fundadores, provocan la ingenuidad como evaluaciones imprecisas sobre su desempeo.

    Para el propsito de nuestra investigacin mencionaremos algunos de los argu-mentos ms sobresalientes de su trabajo: 1) el ideal del autogobierno del pueblo surgi tras la experiencia de gobiernos totalitarios o coloniales; 2) la nocin de la participacin directa en la toma de decisiones era desde un principio impracticable e incluso improvisada; 3) la creencia de que la libertad slo se lograra a travs del auto-gobierno no contemplaba a las mayoras, por el contrario, los fundadores actuaron y legislaron a fin de proteger sus intereses, inclusive formaron instituciones exclu-

  • ParticiPacin ciudadana y desarrollo democrtico30

    yentes; 4) la nocin de igualdad se limitaba a la igualdad ante la ley, no a la igualdad econmica ni de oportunidades; 5) al paso del tiempo la utopa de participacin directa en la formulacin de las normas y en la toma de decisiones se volvi an ms improbable debido al crecimiento exponencial de la poblacin y al incremento de la pluralidad social; fue entonces cuando surgi la necesidad de la representacin a travs de los partidos polticos. A estas proposiciones nosotros queremos aadir que el tipo de libertad que se pens y que alcanz el nivel constitucional incluso en el caso mexicano es la libertad como no interferencia; es decir, la defensa del inters privado (especialmente de la propiedad) frente a la intervencin estatal y de los con-ciudadanos. En suma, la exclusin de las mayoras tanto en trminos polticos como econmicos surgi de la mano del ideal de la libertad.

    A pesar de la contundencia y solidez de sus argumentos, Przeworski no intenta defender ni justificar la forma de operar de las democracias de hoy en da, sino todo lo contrario. El siguiente prrafo sintetiza lo que hemos estado discutiendo a lo largo del texto:

    La vida cotidiana de la poltica democrtica no es un espectculo que inspire admiracin: una serie interminable de peleas por ambiciones mezquinas, una retrica pensada para ocultar y mentir, conexiones oscuras entre el poder y el dinero, leyes que ni siquiera aspiran a la justicia, polticas que refuerzan el privilegio. No es ninguna sorpresa, por lo tanto, que despus de seguir la liberalizacin, la transicin y la consolidacin, hayamos descubierto que todava hay algo que mejorar: la democracia. (op.cit. : 28).

    A esta crtica se suma la siguiente: vivimos una poca de democracias sin ciuda-danos. Sin embargo Przeworski asegura que an con todas sus deficiencias, la de-mocracia es la nica forma de gobierno que garantiza la libertad y que proporciona los medios para el que los ciudadanos ejerzan su poder. Los retos que debe enfrentar desde su punto de vista son: 1) que cada uno de los miembros de la sociedad tenga la misma influencia en la toma de decisiones colectivas, 2) que estas decisiones sean implementadas por los agentes gubernamentales asignados para ello y 3) que el orden legal permita la cooperacin pero sin interferencias que atenten contra la libertad individual.

    Finalmente, nos interesa resear dos conclusiones de este autor: por una parte afirma que la igualdad poltica siempre ha significado una amenaza para la propie-dad, razn por la cual los fundadores en realidad no pensaron en incluir a las ma-yoras; y por la otra, reconoce que la desigualdad econmica inhibe la participacin poltica. Desde nuestro punto de vista, si bien este crculo vicioso ha beneficiado histricamente a los grupos que concentran el poder econmico y poltico, han teni-do que hacer frente a las resistencias. En ese sentido, ODonnell (2004) describe la gradual conquista de los derechos civiles, polticos y sociales. La conquista de dere-

  • 31PartE i. Perspectivas y trayectoria de la demoracia y la participacin ciudadana

    chos alude a procesos de exigencia, conflictos y luchas. Es por ello que consideramos que la participacin y el acceso a derechos es la historia de las concesiones que no han podido eludir las clases dominantes. En el contexto actual, el estallido de protestas colectivas y la posibilidad siempre latente de conformacin de movimientos sociales antisistmicos sugieren que las demandas de los ciudadanos no podrn ser ignoradas por mucho ms tiempo.

    Para concluir, es importante plantear nuestro punto de vista con respecto a la idea de autogobierno. No estamos de acuerdo con el autor de que es un ideal impractica-ble; concordamos con pensadores como Arendt (op.cit.) y Castoriadis (1996), quie-nes afirman que slo se puede ser libre si se participa en la elaboracin de las leyes, en la construccin del mundo comn; en el mismo tenor, algunos movimientos sociales contemporneos propugnan por se agentes activos en la construccin de su mundo. Estamos concientes de los retos que implican estos asuntos, pues habra que pensar el diseo institucional apropiado, justificar sobre qu asuntos se debe participar y sobre cules es conveniente conservar la representacin mediante los partidos polticos u otros organismos. Pero los mecanismos de democracia directa son factibles. An en el marco liberal y en el contexto del capitalismo la participacin ciudadana no es una utopa, sino una necesidad para corregir el rumbo de la poltica y replantear las estrategias econmicas e incluso el sentido de la vida colectiva.

    Por ltimo, hablaremos sobre un obstculo distinto que sealamos al iniciar este artculo. Para ello, retomamos las aportaciones de Rouqui (2011), quien aduce que tanto la ficcin de la representacin como la brecha entre el discurso y la prctica, son los problemas ms agudos de las democracias latinoamericanas. En efecto, a pesar de que los sistemas polticos afirman tener una orientacin ideolgica representativa pluralista, en realidad: La concentracin del poder social, la apropiacin de recursos econmicos por minoras y la desposesin acumulativa del mayor nmero configu-ran un divorcio esencial entre discursos y prcticas (op.cit. : 107). El autor lanza una argumento muy interesante que consideramos de gran pertinencia para el anlisis del caso mexicano. Su explicacin de los fracasos de la democracia en AL refiere que en la mayora de los pases que experimentaron gobiernos autoritarios, persisten tanto las instituciones como algunos rasgos de la cultura antidemocrtica. Para Rouqui estos son los legados de la Colonia y las dictaduras. Incluso, le otorga ms peso a la cultura poltica que al diseo institucional, pues concuerda con Toqueville en el sentido de que son las costumbres y no las instituciones las que establecen la democracia (op.cit : 52). En su opinin, el paternalismo, las redes de corrupcin, la impunidad y falta de respeto a los principios democrticos tienen sus races en los procesos de In-dependencia de las colonias europeas. Las dinmicas de conformacin de los nuevos Estados fueron tan complejas que en algunos casos este tipo de prcticas fueron de

  • ParticiPacin ciudadana y desarrollo democrtico32

    alguna manera necesarias, pues llenaron los vacos institucionales; es decir, el poder seorial ofreca proteccin e incluso suministro de bienes a la poblacin mientras que el Estado era ms un ideal que un proyecto consolidado. Desafortunadamente, al paso del tiempo, la cultura paternalista propia del poder seorial no slo pervivi, sino que se fortaleci, especialmente en la poca de los autoritarismos. Fenmenos como el caudillismo y el coronelismo, fueron comunes a la mayora de los pases, su herencia en trminos de cultura poltica resulta muy nociva en la actualidad pues, en conjuncin la marginacin de las condiciones de vida de la mayora y la desconfianza en la democracia, pueden provocar el retorno de los gobiernos de mano dura.

    Con todo, el autor parece optimista cuando afirma que la otra cara de la moneda de la ficcin representativa conduce al rechazo de la exclusin poltica y despierta la exigencia de participacin. Sin embargo, no es ingenuo en cuanto a la actitud de las elites frente a la inclusin de los ciudadanos, pues apunta que para los poderosos la participacin es una amenaza intolerable (op.cit. :15). Por otro lado, Rouqui propone una definicin de democracia que nos parece acotada pero clara; para l esta forma de gobierno es ante todo un Estado de derecho en el cual: 1) el Ejecutivo no invade todo el espacio institucional 2) existen contrapesos o separacin de poderes y 3) se garantizan los derechos ciudadanos. A pesar de que no abunda sobre la im-portancia de la participacin y se limita a la nocin tradicional, pensamos que su trabajo es muy valioso porque ofrece una interpretacin que da pie a la bsqueda de explicaciones de corte sociohistrico. Adems, en su obra caracteriza ampliamente la figura del intermediario, sujeto que ha tenido una gran presencia en Mxico en las diferentes etapas de su trayectoria sociopoltica. Para este analista, un contexto de ineficiencia de las burocracias estatales y de inexistencia del universalismo de los derechos sociales fue el campo frtil para la proliferacin de estos actores a quienes describe de la siguiente manera:

    Alrededor de los poderosos se organiza toda una red de favores, en apariencia particularistas, para cuyo acceso cada individuo favorecido sigue siendo deudor cautivo de su benefactor () el hbitat irregular, el empleo informal, la precariedad generalizada, en efecto, incitan a buscar un protector, fuente de favores y seguridad () creando as relaciones complejas y ambiguas de compadrazgo, cuya eficiencia sociopoltica es evidente. (op.cit. : 79).

    Nos interesa destacar que la cultura paternalista, que por definicin anula los derechos polticos de las clases subordinadas al poder, fue operada en Mxico en gran medida a travs de intermediarios; por ello es un eje analtico clave para entender la falta de participacin en la actualidad. Asimismo, consideramos que si nos situamos en una perspectiva de largo plazo, podemos afirmar que a pesar de la instituciona-lizacin de esta cultura entre las diferentes capas sociales, en Mxico los impulsos democrticos tambin han persistido y se han logrado modificaciones paulatinas

  • 33PartE i. Perspectivas y trayectoria de la demoracia y la participacin ciudadana

    pero significativas con respecto las prcticas antidemocrticas. Aunque no estamos en condiciones de extendernos en estas reflexiones, destinaremos las ltimas pginas al tema, apoyndonos de algunos autores que han elaborado trabajos muy fecundos sobre la historia sociopoltica en el pas.

    dEl PatErnalisMo a la aMPliaCin dE la Ciudadana En MxiCoA partir de la lectura de algunos textos elaboramos una propuesta en trminos de recortes temporales para el anlisis de las continuidades y rupturas de la tradicin paternalista que ha funcionado como una barrera de contencin para el desarro-llo democrtico. Creemos que la dimensin temporal de los hechos sociales es fun-damental para su comprensin, en ese sentido, concordamos con Braudel (1968) quien recomienda que la investigacin generada por las ciencias sociales se enriquece cuando incorpora la historicidad de los objetos de estudio. Para ello, sugiere una perspectiva que comprende tres tipos de temporalidades de la vida social: la larga du-racin, que corresponde a las estructuras casi inamovibles que determinan la vida del hombre, entre stas se encuentran las condiciones geogrficas, la ecologa, la cultura y las mentalidades; la segunda duracin es la coyuntura, que se conoce como ciclos o periodos. Al final de la cadena, los acontecimientos. Estas duraciones estn en constante interaccin. Para Braudel, la labor del investigador consiste en identificar las rupturas o momentos de quiebre en el curso de largas duraciones. Tomando en cuenta lo anterior proponemos la siguiente hiptesis:

    La cultura paternalista prevalece en Mxico porque ha logrado adaptarse a las particularidades de los distintos periodos sociopolticos. Algunas coyunturas y acontecimientos han propiciado el surgimiento y fortalecimiento de una cultura democrtica participativa entre algunos sectores, sin embargo, sta to-dava no ha arraigado en la mayora de la poblacin.

    A continuacin describimos brevemente las temporalidades sugeridas:

    1. El periodo de la poltica del poder seorial y del caudillismo. Sus caractersticas se atri-buyen a la tradicin de las encomiendas de la Colonia y continan tras la gue-rra de Independencia. Escalante (1992) afirma que entonces, la construccin del Estado era un inters casi exclusivo de la clase poltica y de unos pocos liberales; los hacendados y militares buscaban mantener sus privilegios econmicos y po-lticos, as como el poder sobre las comunidades. Entre los estallidos de violencia y las crisis econmicas que predominaron en el pas, estos personajes ofrecieron proteccin y fuentes de trabajo a las clases empobrecidas (cabe mencionar que las labores se realizaban bajo condiciones de explotacin muy parecidas a las de la

  • ParticiPacin ciudadana y desarrollo democrtico34

    Colonia, pero la vida en las haciendas cuando menos aumentaba las posibilidades de supervivencia). Fue en ese periodo cuando se comenzaron a tejer las redes que conectaban a los nuevos ciudadanos con el poder estatal a travs de los inter-mediarios (los patrones y caudillos militares). Dichas redes eran conformadas por sujetos de distintas clases y niveles de autoridad; y fueron aprovechadas por el Estado para mantener la paz frente a la ineficacia de sus incipientes instituciones. Los intermediarios negociaban la obediencia al Estado de derecho a cambio de mantener su posicin; y por otra parte, conseguan bienes y servicios para las comunidades a fin de ganar legitimidad, as como para mantener el control y usu-fructo de la mano de obra y los bienes comunales. Ambas funciones implicaban relaciones de reciprocidad -la mayora de las veces en condiciones desiguales-. En suma, la cultura de la ilegalidad priv en el pas, pues se negociaba el respeto a las leyes, se reforzaron y crearon nuevas redes de intermediacin para el acceso a derechos y se permita la corrupcin e impunidad. Todo esto a la par de la cons-truccin de un Estado democrtico liberal.

    2. La poltica del cacicazgo y el corporativismo. Durante la guerra de Independencia, la instauracin de la Repblica y la dictadura de Porfirio Daz las relaciones pa-ternalistas permanecieron. Durante el porfirismo el poder poltico efectivamente se concentr en el Poder Ejecutivo, gracias a que Daz supo mantener el control regional a travs del nombramiento de autoridades afines a la dictadura y de sus buenas relaciones con hacendados y militares a los que otorgaba privilegios a costa de los derechos de las clases populares. Con la Revolucin Mexicana, sur-gieron nuevos caudillos, algunos de los cuales eran caciques con poder regional descontentos con el gobierno del dictador. En este periodo, la clase poltica que logr derrotar a Daz, tomar el poder estatal y poner en vigor la legislacin demo-crtica - la Constitucin de 1917- tambin se vio obligada a negociar la paz. De hecho, uno de sus principales retos consisti en agrupar a los caudillos y caciques en torno al Estado (Durand, 2001). Ese fue sin duda el gran acierto del presidente Plutarco Elas Calles, fundador del entonces Partido Nacional Revolucionario (PNR), ahora Partido Revolucionario Institucional (PRI). A partir de entonces florecieron dos tipos de relaciones de intermediacin: el cacicazgo y el corporati-vismo. La presencia del cacique sobrevivi a las dos guerras, incluso estos sujetos mantenan el poder poltico y econmico; por lo regular no pertenecan a la clase poltica pero siguieron cumpliendo el papel de mediadores entre el Estado admi-nistrado por los revolucionarios- y las regiones en las que an lograba penetrar la estructura institucional. Un ejemplo de la manera de operar de los intermediarios la muestra Lomnitz (1991) en su anlisis sobre las culturas regionales en Mxico. Por su parte, Gonzlez Casanova los describi de la siguiente manera:

  • 35PartE i. Perspectivas y trayectoria de la demoracia y la participacin ciudadana

    Los caudillos, con sus huestes armadas, ms o menos obedientes y leales al jefe revolucionario, y los caciques de los pueblos y regiones, suprstites de la colonia y la poca prehispnica, que en persona eran los mismos del porfirismo, o haban sido sustituidos en las mismas funciones por los nuevos hombres de la revolucin, dominaban todo el panorama nacional. La influencia del cacique subsiste sin embargo en los gobiernos locales y las pequeas comunidades de las zonas ms atrasadas del pas, pero antes que contar en las decisiones de la poltica estatal o nacional cuenta en las concesiones de los gobiernos estatales y federal, y sobre todo, se hace sentir direc-tamente sobre las propias comunidades. (1977: 46-47).

    Casanova fue uno de los primeros analistas que advirti que la unificacin del pas fue una labor apremiante, pues era preciso evitar el resurgimiento de revueltas. Una manera de desplazar a los hacendados y caciques locales fue mediante el cor-porativismo ejercido desde el Estado. Esta poltica fue impulsada cuando Lzaro Crdenas, sucesor de Calles, dio un giro en la conduccin del pas bajo un discurso de apoyo a las clases populares. A pesar de los xitos de Crdenas en trminos de la expropiacin de los bienes nacionales y del reparto agrario que hasta la dcada de los treinta se haba quedado en el nivel de la promesa-, su estrategia consisti en or-ganizar a la clase trabajadora y al sector rural en corporaciones que fueron claves para el control poltico y la absorcin de sus demandas. Los trabajadores rurales y urbanos -incluidos los profesores de la educacin pblica- fueron agrupados en organizacio-nes como la Confederacin de Trabajadores de Mxico (CTM) y la Confederacin Nacional Campesina (CNC), a travs de las cuales el Estado suministraba subsidios y beneficios en trminos de derechos laborales y sociales. Casanova (op.cit) y Durand Ponte (op.cit) dan cuenta de este proceso, en el que prevaleci la intermediacin. Los lderes corporativos eran fieles al partido oficial, coadyuvaron al control de la clase trabajadora, pero tambin exigieron la recompensa a su lealtad. De esta manera, se les concedi ocupar cargos gubernamentales e incluso contaron con el beneplcito de las autoridades para apropiarse de los recursos que correspondan a los agremiados. Esta forma de mantener el dominio y manipular a la numerosa clase trabajadora conti-nu por muchos ao bajo los subsecuentes gobiernos del PRI. Incluso, la poltica de pactos y compromisos fueron cruciales para la cooptacin del voto y para facilitar la impunidad en torno a los reiterados fraudes electorales que fueron la base de la per-manencia del partido oficial durante poco ms de setenta aos: una dictadura bajo la apariencia de una democracia. Una de las caractersticas de la poltica corporativa fue, en palabras de Casanova la actitud suplicante y corts con la que los mexicanos se conducan frente a los polticos e intermediarios. Esta actitud no es sino la expre-sin del arraigo de la cultura paternalista y la negacin de la agencia, del poder de hacer, participar, transformar.

    3. Por ltimo, el periodo de alternancia de las elites, que se caracteriza por el relevo de los partidos polticos en las posiciones gubernamentales a partir del ao 2000. Como hemos dicho, aunque este hecho abon a la democratizacin, no ha sido

  • ParticiPacin ciudadana y desarrollo democrtico36

    suficiente para garantizar el cumplimiento de derechos y la participacin efectiva de la ciudadana. La alternancia fue posible porque el sistema poltico corporativo no fue capaz de mantener el control absoluto de la poblacin. Casanova (op.cit.) afirma que durante la dictadura del PRI algunos grupos sociales quedaron al mar-gen de las corporaciones y da cuenta de los partidos polticos de oposicin que lucharon por la vigencia de los derechos polticos y sociales. En la misma lnea, Foweraker (1989), considera que a partir de la dcada de los sesenta y especial-mente tras la matanza de estudiantes y civiles en 1968 por parte del gobierno de Daz Ordaz, las clases populares comenzaron a cuestionar los canales institucio-nales de representacin de sus intereses y funcionaron como elementos de presin en un contexto donde ya existan conflictos al interior del PRI, as como disputas entre el partido y los caudillos locales. Las formas de mediacin tradicionales a travs del corporativismo y los cacicazgos, entraron en descomposicin gracias a la influencia de los movimientos populares. Uno de los resultados de estas luchas fue la liberalizacin del sistema.

    Por su parte, Durand Ponte (op.cit), realiza un anlisis de los acontecimientos que abonaron a la democratizacin entre los que cita: la ampliacin de la clase media urbana y el incremento del acceso a la educacin; la lucha persistente de partidos de oposicin y movimientos sociales, an a pesar de la represin poltica y el control de los medios de comunicacin que caracterizaron al rgimen; y los seala