La Jornada Zacatecas, Lunes 28 de marzo de 2011

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Lunes 28 de marzo de 2011

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  • 10 PESOS

    n DIRECTORA GENERAL: CARMEN LIRA SAADE n DIRECTOR: JAIME ENRIQUEZ FELIX

    n ZACATECAS, ZACATECAS l AO 5 l NUMERO 1767 l LUNES 28 DE MARZO DE 2011

    Podium5columna

    n Argumenta Gonzlez Mora que no tienen su domicilio y podra evadirse del estadon Reanudar juicio oral el prximo 31; le aplican rigor sin determinar su situacinn Se caen las versiones de presunto hurto de obras de arte, autos y equipo de sonido

    n Dos particulares la acusaron de robar sillones y taburetes con valor de $71 mil

    Niega jueza la libertad a Villarreal

    Sonia Villarreal Silguero, ex funcionaria en el sexenio pasado, durante la audiencia pblica inicial en el primer juzgado de lo penal, contiguo al Cereso femenil de Cieneguillas. No se le concedi libertad condicional. Los seis das que faltan para el siguiente juicio permanecer recluida, aunque no se le ha declarado culpable n FOTO: Oscar baez

    BET-BIRAI NIETO MORALES n 9

    Edgar Rivera Cornejo, lder de la Confederacin Nacional Campesina, confirm una ruptura al interior del Partido Revolucionario Institucional y la integracin de nueva corriente crtica, tras la vio-lacin a los estatutos, sobre la que surgi la actual dirigencia n FOTO: la jOrnada zacaTecas

    FRACTURA EN EL PRI

    ALONSO CHAVEZ LANDEROS n 9

    MARTIN CATALAN LERMA n 3

    ALONSO CHAVEZ LANDEROS n 3

    S le ampliarn a ASE el presupuesto, pero le exigen diputados austeridad y eficiencia

    Armas, slo a agentes de Trnsito certificados por la Sedena, aunque ya hay permiso: Arrieta

    Vacilada de Ricardo Monreal decir que est distanciado de Alonso: Ramrez

    ALONSO CHAVEZ LANDEROS n 4

  • OPINION LUNES 28 DE MARZO DE 20112

    Opinin

    Nos salva siempre la campana. Los cien-tficos empiezan a cuestionarse sobre la validez de la teora del cam-bio climtico que han esgri-mido, incluso personalidades como Al Gore, cuando nos visit en Zacatecas durante el rgimen anterior, para dictar su conferencia magistral so-bre la idea del calentamiento global que muchos han ve-nido sosteniendo desde hace dcadas, inclusive.

    Esta vez el responsable de nuestra futura tranquilidad y de un mayor horizonte temporal para planear las ca-tstrofes por venir, es el Sol, quien podra estar prximo a entrar en una etapa de baja actividad. Ese hecho es tan poderoso por s mismo, que desacelerar la inercia de calentamiento que padece el planeta, segn nuestros ex-

    pertos del Instituto de Geof-sica de la Universidad Nacio-nal Autnoma de Mxico.

    Se calcula que, por lo menos hasta el ao 2020, la actividad solar ser inusual-mente baja: en los ltimos 10 aos ha habido eviden-cias de que el Sol podra jugar un papel en el clima terrestre, particularmente si tiene sus pocas de alta o baja actividad, aunque habla-mos de periodos seculares, es decir, de decenas de aos, y predecir cundo va a pasar es muy complicado y an no hay consenso de cmo hacerlo, explic.

    De seguir las cosas como

    estn, para el ao 2030 el in-cremento global de la tempera-tura ser de aproximadamente 1.2 grados centgrados, segn los pesimistas en la materia.

    Los investigadores mexica-nos estiman que, debido a la baja actividad solar, esta cifra podra ser hasta 40 por ciento menor de lo esperado. Pare-ciera ser como si el Sol que todo lo ve, estuviera vigilante de nuestro devenir humano y hubiera decidido intervenir magistralmente para brindar-nos algn periodo de respiro y reflexin para atemperar los efectos que los humanos causamos sobre el clima de nuestro planeta.

    La tecnologa nos ha co-locado en posicin de re-valorar nuestros actos indi-viduales en el conjunto de la aldea global en que nos encontramos cada vez ms pequea, mejor comunicada, ms estrechamente ligada-. Es cierto que resultar cos-toso para las empresas de alto calibre y los grandes go-biernos que mantienen sus esquemas operativos a travs de emitir grandes cantidades de gases de efecto invernadero a la atmsfera; pero tambin es verdad que existe la tec-nologa para atenuar esas nocivas emisiones y la cre-ciente conciencia social de cuidar nuestro planeta.

    Que esta llamada de atencin del Sol, contribuya a que todos trabajemos por un futuro ms sano y menos peligroso para la humani-dad.

    n Editorial

    Que siempre no!Directora General

    Carmen Lira Saade

    DirectorJaime Enrquez Flix

    coorDinaDor eDitorialAngel Amador Snchez

    JeFatUra inFormacionTeresa Morales Duke

    eDicionEnrique Israel Martnez Becerra

    Jorge Vzquez Valdez

    correccionMara Refugio Grey MartnezElizabeth Amador Mrquez

    coorDinacioneS

    mercaDotecniaJavier A. Valadez

    creativiDaD y DiSeoMartha Gabriela Alvarado Sandoval

    Telfono y Fax:01 492 92 32215

    Correos electrnicos:angelamador9@hotmail.com

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    Publicacin diaria de Ciudadana Democrtica,

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    contenido de esta publicacin, por cualquier medio,

    sin permiso expreso de los editores.

    Cunto cuesta la cul-tura? se supondra que no tiene precio, sin em-bargo, en este mundo

    fullero en que todo se re-mata, ms vale un Judas de Plata que un crucifijo de acero escribi el olvidado poeta decimonnico Anto-nio Plaza. Tampoco erraba el materialismo histrico al indicar la relacin directa-mente proporcional entre los excedentes de produccin y la educacin, el arte, el ocio y la cultura de los pueblos. Efectivamente, y si alguien conoce tal vnculo inmediato y demoledor es nuestra so-ciedad actual.

    La moneda est erigida como divinidad en el altar de las pretensiones sociales, representa al fetiche con-tante y sonante que justifica incluso el lirismo cultural. Llega tambin a predetermi-nar los criterios en la incenti-vacin de los acontecimien-tos que generan cultura; mal necesario por un lado, rela-cin natural, por otro.

    As que hemos de acos-tumbrarnos a planear, ad-ministrar y contabilizar el dinero en todo proceso cul-tural, no porque stos se construyan con base a la suma disponible sino por-que asumimos que la gratui-dad en una repblica capita-lista es un mito encubierto. Todo cuesta en la fenotipia cultural: los espacios, la mo-vilidad, la logstica, el p-blico, los ejecutantes, los objetos, todo. Hasta hacer parecer que existe una real concomitancia entre ambos factores.

    Qu contrarresta la de-pendencia? apenas un esco-zor del conocimiento, cierta conmocin del nimo, los suspiros catrticos, algn co-mentario suelto de aprecia-cin; los cules, en el mejor

    de los casos y a la larga pueden conformar cambios identificables dentro de la conducta individual y colec-tiva, en cuyo caso el origen resultar incierto porque es propio del hecho cultural que su aprendizaje, si lo hay, se desligue de su emi-sin original y se construya mediante la reflexin del propio sujeto, as ste ya no reconoce la expresin o sus cualidades e incorpora el valor cultural como un esfuerzo personal. Por lo tanto, los resultados de esta convivencia no son cuantifi-cables y los presupuestos de los gastos culturales, desde la percepcin contable, no se justifican.

    Las afirmaciones anterior tiene sentido para la socie-dad contempornea. A la muerte de las utopas pol-ticas casi nada se mantiene alejado del esquema feti-chista representado por el dinero, el dlar y sus smbo-los, particularmente. Somos hijos de la marca registrada, de las subastas de arte para la especulacin y no para su rescate, la compaa de so-ciedad annima que compra un Murillo le importa poco su iconologa, acta sobre el precio del producto, no so-bre la identidad cultural del pensamiento novohispano que la dota de contexto y referente.

    Prevalece la masificacin consumista, si una tradicin vende puede comerciali-zarse, si la imagen religiosa de un pueblo tiene precio hay beneficios econmicos. Nada que no haya ocurrido

    ya antes, poder, dinero y cultura son la historia de la humanidad, pero uno de-bera ser cauto al instalar al dinero en el lugar de la cultura.

    La inmediatez y la venta daan las percepciones so-ciales respecto a la calidad de la cultura y su trascenden-cia. La obra literaria ms ven-dida cuyo impacto publici-tario se percibe de inmediato al entrar a cualquier feria del libro o tienda no necesa-riamente representa el pen-samiento de nuestra poca, las visitas guiadas a ciudades de gran riqueza cultural asemejan los paseos de an-tiguos emperadores y pre-sidentes engaados por sus consejeros, los turistas ven una cara lavada, una fachada pintada y no los hondos mis-terios, a veces miserables, de una realidad injusta y ofensiva, pero siempre dis-tinta al juego perverso de las apariencias.

    En este teatro de engaos el papel moneda aparece como director artstico, coor-dina las presentaciones entre el hecho y el interesado, explica, seduce, esconde y devela de acuerdo al poder adquisitivo. Hoy se vende desde un palco para ver de cerca manifestaciones cul-turales que resultan ajenas por analfabetismo funcional usando el mismo procedi-miento con el cual se com-pra una especie animal en peligro de extincin o una bolsa de comida chatarra.

    An as la verdadera cul-tura op