Borges Jorge Luis Y Bioy Casares Adolfo - Los Orilleros

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  • 7/27/2019 Borges Jorge Luis Y Bioy Casares Adolfo - Los Orilleros

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    orge Luis Borges (1899 - 1986) y Adolfo Bioy Casares

    Los Orilleros (1967)

    PRLOGO

    Los dos films que integran este volumen [ el otro es El Paraso de los Creyentes ] aceptan oquisieron aceptar las diversas convenciones del cinematgrafo. No nos atrajo al escribirlos unpropsito de innovacin: abordar un gnero e innovar en l nos pareci excesiva temeridad.El lector de estas pginas hallar, previsiblemente, el boy meets girl y el happy ending o,como ya se dijo en la epstola al "magnfico y victorioso seor Cangrande della Scala " eltragicum principium et comicum finem, las peripecias arriesgadas y el feliz desenlace. Esmuy posible que tales convenciones sean deleznables; en cuanto a nosotros, hemosobservado que los films que recordamos con ms emocin los de Sternberg, los de Lubitsch las respetan sin mayor desventaja.

    Tambin son convencionales estas comedias en lo que se refiere al carcter del hroe y de laherona. Julio Morales y Elena Rojas, Ral Anselmi e Irene Cruz, son meros sujetos de laaccin, formas huecas y plsticas en las que puede penetrar el espectador, para participaras en la aventura. Ninguna marcada singularidad impide que uno se identifique con ellos. Sesabe que son jvenes, se entiende que son hermosos, decencia y valenta no les falta. Paraotros queda la complejidad psicolgica. En Los orilleros tendramos al infortunado FermnSoriano; en El paraso de los creyentes, a Kubin.

    El primer film corresponde a las postrimeras del siglo xrx; el segundo, ms o menos anuestra poca. Ya que el color local y temporal slo existe en funcin de diferencias es

    nfinitamente probable que el del primero sea ms perceptible y ms eficaz. En 1951sabemos cules son los rasgos diferenciales de 1890; no cules sern, para el porvenir, losde 1951. Por otra parte, el presente nunca parecer tan pintoresco y tan conmovedor comoel pasado.

    En El paraso de los creyentes el mvil esencial es el lucro; en Los orilleros, la emulacin.Esta ltima circunstancia sugiere personajes moralmente mejores; sin embargo, nos hemosdefendido de la tentacin de idealizarlos y, en el encuentro del forastero con los muchachosde Viborita, no faltan, creemos, ni crueldad ni bajeza. Por cierto que ambos films sonromnticos, en el sentdo en que lo son los relatos de Stevenson. Los informa la pasin de laaventura y, aCaso, un lejano eco de epopeya. En El paraso de los creyentes, a medida que

    progresa la accin, el tono romntico se acenta; hemos juzgado que el arrebato propio delfin puede paliar ciertas inverosimilitudes que al principio no seran aceptadas.

    El tema de la busca se repite en las dos pelculas. Quiz no huelgue sealar que en los librosantiguos, las buscas eran siempre afortunadas; los argonautas conquistaban el Vellocino yGalahad, el Santo Grial. Ahora, en cambio, agrada misteriosamente el concepto de una buscanfinita o de la busca de una cosa que, hallada, tiene consecuencias funestas. K..., elagrimensor, no entrar en el castillo y, la ballena blanca es la perdicin de quien la encuentraal fin. En tal sentido, Los orilleros y El paraso de los creyentes no se apartan de lasmodalidades de la poca.

    En contra de la opinin de Shaw, que sostena que los escritores deben huir de losargumentos como de la peste, nosotros durante mucho tiempo cremos que un buenargumento era de importancia fundamental. Lo malo es que en todo argumento complejohay algo de mecnico; los episodios que permiten y que explican la accin son inevitables ypueden no ser encantadores. El seguro y la estancia de nuestros films corresponden, ay, a

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    esas tristes obligaciones.

    En cuanto al lenguaje, hemos procurado sugerir lo popular, menos por el vocabulario que porel tono y la sintaxis.

    Para facilitar la lectura hemos atenuado o borrado ciertos trminos tcnicos del "encuadre" yno mantuvimos la redaccin a dos columnas.

    Hasta aqu, lector, las justificaciones lgicas de nuestra obra. Otras hay, sin embargo, de

    ndole emocional; sospechamos que fueron ms eficaces que las primeras. Sospechamos quea ltima razn que nos movi a imaginar Los orilleros fue el anhelo de cumplir de algnmodo, con ciertos arrabales, con ciertas noches y crepsculos, con la mitologa oral delcoraje y con la humilde msica valerosa que rememoran las guitarras.

    .L.B.-A.B.C.

    Buenos Aires, 11 de diciembre de 1951o quizs 20 de agosto de 1975.

    LOS ORILLEROS

    La cmara enfoca una cara que abarca toda la pantalla. Es la de un malevito actual,igeramente obeso, peinado para atrs, con gomina, y con el cuello volcado sobre la solapa yuna insignia en el ojal. Despus, girando, enfoca otra cara: de rasgos agudos, de tipontelectual, mezquina, de pelo ensortijado, con lentes. Luego la cmara vuelve a girar yenfoca el rostro de Julio Morales. Este rostro, que debe contrastar con los anteriores, tieneuna dignidad de otra poca. Es el de un hombre viejo, decente, de cabeza gris.

    Estas tres personas estn en un bar de 1948. Se oye una marcha, llena de vana agitacin yde notas agudas. El malevito obeso mira, fascinado, hacia afuera. Se ve una calle, por la que

    pasan mnibus, automviles, camiones entre stos, uno con altavoces de donde procede lamsica.

    La voz de Morales (tranquila y firme). No crean que entonces haba toda esa bulla. Se vivacon otra tranquilidad. Cmo seran las cosas que hasta un forastero de otro barrio llamaba laatencin. Miren, me acuerdo la vez que lleg Fermn Soriano del Sur. Yo estaba haciendotiempo en el almacn, porque iba a pasear con Clemencia Jurez.

    La cmara ha ido enfocando la mano de Julio Morales, que juega con un vaso de sangra. Sedetiene en el vaso; se abre sobre un almacn de mil ochocientos noventa y tantos. Morales,que es un muchacho de unos veinte aos, trajeado de oscuro, con pauelo y chambergo,

    deja el vaso en el mostrador y sale a la calle.

    El momento en que se vuelve al pasado puede sealarse con un cambio en la msica defondo: de la marcha le pasa a unos acordes de milonga.

    Morales camina por una vereda alta, sobre un callejn de tierra, con zanjas. Hay casas bajas,tapias y algn terreno baldo. Es la hora de la siesta. En un filo de sombra duerme un perro.En la esquina estn el matn Viborita y la barra de muchachones que lo obedecen. Lavestimenta de todos ellos participa del orillero y del rstico: alguno lleva bombachas yalpargatas; alguno est descalzo. Son chinos y mulatos. (En esta primera escena del pasado,conviene presentar tipos muy criollos.) En la esquina de enfrente, sentado en una silla demimbre, de respaldo alto, toma sol, un negro, una especie de viejo criminal, lisiado yexttico. Morales quiere pasar de largo.

    Uno de los muchachos. No te olvides de los amigos, Julito.

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    Viborita. Ven a aburrirte, con nosotros, un rato.

    Morales. Un rato puedo, Viborita.

    Postemilla (muchacho de facciones rudimentarias y aspecto de opa. Lleva un chambergoredondo encasquetado. Articula con embeleso pueril). Ah veo venir a uno que puede seruna diversin.

    Seala con el ndice a Fermn Soriano, que avanza desde la otra esquina. Es un hombre

    oven, de aire avieso. Viste como orillero paquete: chambergo negro, requintado, pauelo alcuello, saco cruzado, pantaln francs, con trencilla, zapatos de taco alto.

    Morales (al opa, como desentendindose). Vos, Postemilla, que sos el diablo, anda ydivertite con l.

    Viborita (inmediatamente, apoderndose de la sugestin). Claro,

    si ah donde lo ven, Postemilla es el ms toro.

    Algn muchacho. Encrgate de l, Postemilla. Otro muchacho. Viva Postemilla!

    Otro muchacho. Dice bien Viborita. Postemilla es el ms aparente.

    Otro muchacho. nimo, Postemilla! Aqu estamos acantonados nosotros, para rejuntar tuosamenta.

    Postemilla (preocupado). Y si no se achica?

    Morales. Anda al carpintero, que te haga un sable.

    Viborita. Le haces "fu" "fu" con esa jeta, y dispara.Otro (apoyndolo). Ya hay quien a Postemilla ms bien le dice Mosca Brava.

    Postemilla (envalentonado). Yo me encargo, muchachos. No se alejen.

    Otros. branle cancha a Postemilla!

    Postemilla se acerca al forastero. Se encara con l.

    Postemilla. Yo soy el vigilante. Amuestre su permiso pa andar por la vedera.

    El forastero lo mira con curiosidad. Despus le da vuelta el chambergo.

    Fermn Soriano (autoritariamente). Ya ests al revs. Volv por donde has venido.

    Postemilla (convencido). Con eso me embrom.

    Postemilla vuelve sobre sus pasos con lentitud. Fermn Soriano llega al grupo. Los muchachoso rodean, sonriendo, como compartiendo la bronca.

    Viborita. Disculpe, maestro. El ciudadano se quiso desmandar con usted?

    Soriano (severo). Quiso, pero le baj el cogote.

    Viborita (efusivo). Muy justo. Me permite felicitarlo?

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    Le da la mano. Otro de los muchachos lo imita.

    Viborita. Tenga en cuenta que el mocito ste es un irresponsable, que le da el pasmo encuanto ve un forastero. (Rpidamente y acercando la cara.) El seor es forastero?

    Soriano (con soberbia). De San Cristbal Sur, para servirlo.

    Viborita (atnito). Del Sur! (Dirigindose a Morales.) Dijo que era del Sur! (A Soriano.) Noo tome a mal si le digo que sos son barrios. Ah se vive, ah se sabe respetar, ah prospera

    el hijo del pas.

    Morales hace ademn de irse. Viborita lo retiene. Morales mira hacia una ventana de unacasa de la vereda de enfrente. La cmara enfoca la ventana. A travs de la estera se ve elrostro de una muchacha Clemencia que sigue la accin. Despus, la cmara enfoca alnegro de la silla, que mira impasiblemente.

    El muc