Borges, Bioy Casares y Otra Versión de Rosas

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  • 8/18/2019 Borges, Bioy Casares y Otra Versión de Rosas

    1/11

    Borges, Bioy Casares y otra versión de RosasAuthor(s): Zulma SaccaSource: Hispamérica, Año 36, No. 108 (Dec., 2007), pp. 109-118Published by: Saul SosnowskiStable URL: http://www.jstor.org/stable/20540818 .

    Accessed: 03/12/2014 18:28

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  • 8/18/2019 Borges, Bioy Casares y Otra Versión de Rosas

    2/11

    Borges,

    Bioy

    Casares

    y

    otra versi?n de Rosas

    I

    ZULMASACCA

    La

    d?cada de

    1940 enfrent?

    a

    la

    Argentina

    con

    el

    advenimiento hist?rico

    del movimiento

    peronista,

    el cual

    plante? problemas

    in?ditos de

    interpretaci?n

    sociol?gica

    y

    econ?mica.

    Los

    cambios

    en

    el escenario

    pol?tico

    y

    la

    nueva

    configuraci?n

    de

    los

    tipos

    sociales

    y

    raciales

    que

    habitaban Buenos Aires

    pusieron

    al

    descubierto

    la

    mirada

    de

    desconocimiento

    hacia

    las diferencias

    hasta

    entonces

    latentes.

    Adem?s,

    exterioriz?

    la

    finalizaci?n

    de las

    estructuras

    simb?licas

    que

    manten?an al

    conjunto

    del

    sistema

    olig?rquico.

    El

    movimiento

    se

    manifest?

    como

    la articulaci?n

    de lo

    negado,

    de lo

    que

    est? detr?s

    y

    prefigur?

    la ritualizaci?n

    de lo diferente.

    La

    imagen

    de

    Juan

    Domingo

    Per?n

    se

    organiz?

    en

    t?rminos de

    una

    ruptura

    que

    jug?

    con una

    novedosa

    mitolog?a

    colectiva.

    Contrariamente

    a

    lo

    que

    podr?a

    esperarse

    de lo

    novedoso,

    el

    nuevo

    movimiento social

    desencaden?

    el

    juego

    de la

    repetici?n. Lejos

    de

    suponer

    una

    reversibilidad,

    la

    repetici?n

    confirm?

    la

    existencia

    de

    un

    contenido

    que

    nunca hab?a cambiado.

    La

    asonada

    militar de 1943

    estuvo

    instrumentada

    por

    el nacionalismo

    surgido

    en

    los

    a?os '20

    y

    redefinido

    en

    lo

    ideol?gico

    por

    la revoluci?n del

    '30.

    En

    1945

    la revoluci?n

    adopt?

    el car?cter de

    una

    reivindicaci?n del

    proletariado

    cuya

    lucha

    culmin?

    con

    la

    elecci?n de Per?n

    como

    presidente.

    Los

    argentinos

    se

    vieron

    devorados

    por

    el contenido

    ideal

    de las

    matanzas

    sucesivas

    que

    encarnaron

    la resurrecci?n

    del

    fantasma

    de los dualismos

    excluyentes.

    De

    un

    lado,

    se

    agruparon

    los

    peronistas

    que

    inclu?an

    al

    pueblo

    trabajador

    y

    de

    otro,

    la

    burgues?a

    criolla.

    El

    r?gimen

    peronista

    perdi?

    coherencia

    con

    lo real

    porque

    estuvo

    integrado

    por

    nociones

    y

    representaciones

    fantasmales

    que

    actualizaban el

    recuerdo

    de

    pasadas

    revoluciones

    y

    tomas

    del

    poder.

    La asimilaci?n de las

    dos

    primeras presidencias

    de Per?n

    con

    la dictadura de

    Rosas

    y

    la

    designaci?n

    del movimiento

    como

    la

    segunda

    tiran?a simboliz?

    una

    estrategia

    de

    simulaci?n

    que

    priv?

    al relato

    historiogr?fico

    de

    su

    garant?a

    referencial.

    En

    un

    gesto

    que

    puede

    reconocerse

    desde los

    tiempos

    de

    la

    independencia

    de

    la

    corona

    espa?ola,

    el ideario del

    progreso

    econ?mico

    y

    de mentalidades

    Argentina.

    Es Profesora

    en

    Letras

    por

    la Universidad Nacional

    de

    Salta

    y

    Magister

    en

    Letras por laUniversidad Andina, Sede Ecuador. Fue becaria de laAgencia Espa?ola

    de

    Cooperaci?n

    Internacional

    y

    del Fondo

    Nacional de

    las Artes. Ha

    presentado

    los

    resultados

    de

    su

    trabajo

    en

    congresos y

    publicaciones.

    En

    2003

    public?

    Eva

    Per?n,

    de

    figura

    pol?tica

    a

    hero?na

    de novelas.

    Este

    ensayo

    es

    parte

    de

    una

    historia tem?tica

    de la literatura

    argentina

    del

    siglo

    XX.

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    3/11

    110

    BORGES,

    BIOY

    CASARES

    Y

    OTRA

    VERSI?N

    DE

    ROSAS

    se

    redobl?

    en

    la

    prolongaci?n

    de

    un

    sistema

    s?gnico

    que

    jugaba,

    no

    con

    la

    fuerza

    (de trabajo,

    de

    empresa

    o

    de

    gratificaci?n),

    sino

    con

    la

    diferencia;

    para

    entonces:

    expulsar,

    desmantelar

    y

    matar.

    En

    la d?cada

    de

    1940 la

    masa

    organizada provoc?

    la

    ef?mera

    presencia

    de

    una

    conciencia

    pol?tica

    clara

    cuyo

    efecto

    m?s

    visible

    tuvo

    que

    ver

    con

    la

    codificaci?n de

    las

    diferencias

    y

    con

    la

    conquista

    de

    la

    ciudad

    de

    Buenos

    Aires

    en un

    desv?o

    de

    sus

    soportes

    de

    se?alizaci?n:

    la

    masa

    posey?

    ofensivamente las

    calles,

    las

    estaciones,

    el

    subterr?neo,

    los

    slogans

    pol?ticos.

    El

    gobierno

    de Per?n

    signific?

    para

    la

    Argentina

    la

    conversi?n

    de

    los

    axiomas

    que

    defin?an el

    trabajo.

    Con ?l

    se

    produjo,

    junto

    con

    un

    proceso

    mundial de

    transformaci?n,

    una

    mitolog?a

    del

    trabajador

    como

    raz?n hist?rica

    y

    como

    modelo de realizaci?n.

    Las

    migraciones

    internas

    hacia la

    ciudad

    de

    Buenos

    Aires

    se

    tipificaron

    como

    lo distinto

    y,

    a?n

    con

    m?s

    fuerza,

    como

    lo

    temido

    en

    los enunciados de

    aluvi?n

    zool?gico ,

    de cabecita

    negra

    y

    en

    las

    interjecciones

    y

    acentos

    dialectales

    que

    se?alaban,

    todav?a

    en

    1940,

    la existencia de comunidades

    con

    un

    arraigo ind?gena

    dif?cil

    de

    disimular.

    En este

    escenario

    se

    establecieron relaciones sociales

    donde los

    signos

    como

    operadores

    directos desbordaron la

    energ?a

    civilizatoria.

    La redistribuci?n social de la d?cada del '40 se articul? en un arco

    tensivo

    cuyos

    extremos

    eran,

    de

    un

    lado,

    la

    simulaci?n de

    homogeneidad

    en

    las

    relaciones sociales

    y,

    de

    otro,

    la

    ampliaci?n

    de

    las

    formas de

    trabajo.

    Esta

    aparente

    organizaci?n

    de

    los

    trabajadores,

    la

    reivindicaci?n de

    los

    derechos civiles de

    la

    mujer

    o

    la

    integraci?n

    de

    los

    j?venes

    trasladados

    directamente

    del

    campo

    a

    las

    f?bricas,

    se

    tradujo

    en

    la

    reversibilidad de

    una

    l?gica

    de

    barbarie

    y

    destrucci?n.

    Por

    este

    motivo,

    el

    peronismo

    se

    manifest?

    como

    la

    duplicaci?n

    infinita de lo

    que

    ya

    hab?a

    sucedido.

    Se

    trataba de

    un

    acontecimiento

    que

    termin?

    afectando

    a

    todos los

    sectores

    de

    la

    sociedad

    y

    que

    se

    propag?

    m?s

    all? de

    lo

    superficial

    o

    arbitrario

    de la

    colectivizaci?n de

    los

    trabajadores

    para

    integrarse

    circularmente con las relaciones de fuerza

    y

    el

    juego

    del

    poder propios

    de

    la

    historia nacional.

    La

    Historia,

    a

    la

    vez

    que

    perdi?

    la

    referencialidad,

    perdi?

    su

    determinaci?n

    lineal

    en

    un

    impulso

    circular de

    muerte

    y

    exterminio

    simb?lico

    de

    las

    diferencias. El

    peronismo

    fue

    en

    esencia

    un

    conjunto

    de

    circunstancias

    que

    operaron

    profundamente

    sobre el

    campo

    de

    las

    producciones

    simb?licas

    y

    sobre

    el

    significado

    que

    la

    cultura

    pol?tica

    habr?a de

    adquirir

    para

    la

    Argentina

    a

    partir

    de

    ese

    momento.

    Durante

    este

    periodo,

    una

    amplia franja

    de la clase media

    y

    de

    los

    sectores

    intelectuales

    vivi?

    un

    sojuzgamiento

    de

    sus

    libertades b?sicas.

    En

    estos

    ?mbitos

    se

    suscitaron dis?miles

    interpretaciones

    de la situaci?n social

    y

    pol?tica

    en

    un

    gran

    espectro

    que

    incluy?

    tanto

    a

    nacionalistas

    como a

    marxistas cl?sicos

    y

    a

    burgueses

    liberales.

    No

    hubo

    un

    modo

    de

    homogeneizar

    las

    interpretaciones

    que

    buscaron

    en

    la

    complejidad

    de

    la

    sociedad

    argentina

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    4/11

    ZULMA

    SACCA

    111

    una

    clave

    que

    explicara

    el

    proceso

    nacional

    y

    la redefinici?n de los

    sujetos

    sociales.

    Es

    dif?cil concebir

    un

    antiperonismo

    lineal

    y

    unilateral

    porque, por

    debajo

    de la

    representaci?n

    de

    un

    contenido

    repetido,

    el

    peronismo

    puso

    en

    evidencia

    una

    crisis

    profunda

    de la intelectualidad

    argentina.

    La

    revoluci?n

    de

    Uriburu,

    adem?s

    de

    impactar

    como

    el

    momento

    inaugural

    de

    un

    porvenir

    de

    amargas

    incertidumbres,

    hizo

    posible

    el reconocimiento

    de la

    p?rdida

    de

    sentido

    de

    los

    proyectos

    de

    progreso.

    La

    escisi?n

    tr?gica

    que

    hac?a

    corresponder

    a

    Per?n

    con

    Rosas

    y

    reforzaba

    la

    circularidad

    absurda

    de

    la historia

    argentina

    escenific? la

    ampliaci?n

    de

    una crisis de identidad

    que

    afect? tanto a los sectores

    supraestructurales

    ?la

    cultura,

    la familia

    y

    la

    justicia?

    como a

    las

    franjas

    de

    marginales

    y

    explotados.

    Nutrida de

    la

    heterogeneidad

    que

    representa

    la

    crisis,

    la literatura

    intent?

    ser

    la manifestaci?n

    de

    la

    estructura

    profunda

    de

    un

    haz

    de sentidos

    que

    pudieran

    captar

    la

    dimensi?n

    simb?lica

    del movimiento

    y

    sus

    l?deres.

    Durante

    los diez

    a?os

    que

    van

    de 1946

    hasta la Revoluci?n Libertadora

    de

    1955,

    la

    agitaci?n

    pol?tica

    y

    los cambios

    definitivos

    en

    todas

    las

    estructuras

    del

    pa?s

    fomentaron

    la

    producci?n

    de

    una

    discursividad

    distinta.

    Esta

    se

    sustent?

    en

    la incertidumbre sobre la realidad y

    se

    revel?

    imaginariamente

    en

    la

    presencia

    de

    un

    sujeto

    de

    la crisis

    determinado

    por

    un

    acontecimiento

    socio-pol?tico

    real .

    La

    ficci?n

    literaria

    socav? el

    mito ?tico de

    la

    fundaci?n

    de la naci?n

    y propuso

    otro sentido de

    la verdad hist?rica

    cuyo

    principio

    era

    el

    desmontaje

    del

    mito de

    la abundancia

    y

    la

    asunci?n

    del

    funcionamiento

    sistem?tico

    de

    un

    simulacro

    de alternancia

    estructural.

    La

    obra narrativa

    de

    Jorge

    Luis

    Borges

    dedic? m?s

    de

    una

    indagaci?n

    a

    este

    sombr?o

    panorama

    pol?tico.

    Su

    escritura

    oper?

    sobre

    la necesidad

    de

    racionalizar el

    car?cter

    inagotable

    de

    la

    mitolog?a pol?tica

    y

    de

    la

    operaci?n

    anal?tica

    que

    explicara

    la ca?da de

    los modelos de

    identificaci?n. Desde

    las primeras d?cadas del siglo XX las ideas y las imaginaciones sobre lo

    argentino

    o

    sobre

    la

    argentinidad

    se

    ampliaron

    considerablemente;

    la eficacia

    simb?lica de

    los

    momentos fundacionales

    del

    siglo

    XIX,

    que

    depend?an

    de

    las

    soluciones

    program?ticas,

    se

    fue disolviendo

    en

    la sucesi?n

    de

    acontecimientos

    que

    terminaron

    en

    el

    golpe

    de

    estado de 1930.

    Sin

    embargo,

    para

    algunos

    sectores

    intelectuales,

    la f?rmula

    disyuntiva

    de

    civilizaci?n

    y

    barbarie

    se

    rehizo

    con

    el

    peronismo.

    En

    el universo

    discursivo

    que

    interpretaba

    a

    Per?n

    como

    la reencarnaci?n

    de

    Rosas,

    se

    imagin?

    la

    distribuci?n

    del

    poder

    como

    una

    cadena

    de

    venganzas

    y, por

    lo

    tanto,

    de

    injusticias.

    La

    literatura de

    estos a?os

    cr?ticos resemantiz?

    los

    resortes

    de

    la

    mitificaci?n

    de

    los

    personajes

    de

    ese

    momento

    hist?rico

    y

    a su

    vez

    elabor?

    otros

    procesos

    de

    mitificaci?n

    sobre

    los

    textos

    y

    sobre

    la realidad.

    La

    escritura

    de

    episodios

    de

    la vida durante

    la

    d?cada

    peronista

    ?un

    acto

    en

    Plaza de

    Mayo

    o

    los funerales

    de

    Eva

    Per?n?

    integr?

    un

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  • 8/18/2019 Borges, Bioy Casares y Otra Versión de Rosas

    5/11

    112

    BORGES,

    BIOY

    CASARES

    Y

    OTRA

    VERSI?N

    DE

    ROSAS

    proceso

    especular

    con

    la

    historia

    argentina

    y

    crey?

    poner

    al descubierto

    una

    homogeneidad

    que

    nunca

    existi?.

    El

    postulado

    de

    una

    historia

    que

    deviene

    en

    mito

    pretend?a

    encontrar

    su

    raz?n

    en

    la

    movilizaci?n de

    un

    lenguaje

    ancestral

    ligado

    a

    las

    utop?as

    fundacionales.

    En

    la

    narrativa

    borgeana,

    el

    peronismo

    fue textualizado

    como una

    manera

    de

    asumir las contradicciones de

    una

    versi?n

    no

    un?voca de los

    acontecimientos

    y

    de

    sus

    protagonistas.

    La

    fiesta

    del

    Monstruo ,

    escrito

    en

    1947, recupera,

    desde la

    ficci?n,

    la

    materialidad

    de

    una

    historia nacional

    dram?tica.

    En este

    relato,

    Borges

    y

    Bioy

    Casares

    procuraron

    indagar

    los

    espacios

    donde

    converg?an

    la

    ilusi?n

    civilizatoria

    y

    la

    manifestaci?n de lo

    salvaje.

    La

    fiesta

    del

    Monstruo

    y

    otros

    relatos

    (por ejemplo,

    El

    simulacro )

    esbozaron

    un

    esquema

    anal?tico de

    la

    operaci?n

    simb?lica realizada

    por

    el

    peronismo

    para

    proyectarlo

    como un

    movimiento de

    masas.

    La

    fiesta

    del Monstruo articula

    socialmente

    un

    intercambio

    rec?proco

    entre

    vivos

    y

    muertos

    en una

    intensa circulaci?n de dones

    y

    contradones.

    La racionalidad tecnocr?tica

    en

    crisis

    y

    la

    burgues?a

    nacional

    en

    decadencia

    ve?an el

    siglo

    y

    medio de

    historia

    argentina

    err?tica

    como

    una

    conspiraci?n

    peligrosa,

    irreconciliable

    y

    rebelde.

    La

    d?cada

    peronista

    fue

    percibida

    por

    estos grupos como el retorno de la vida salvaje y en la imagen especular de

    sus

    l?deres

    reapareci?

    el fantasma de

    la

    muerte

    continua.

    La

    fiesta del Monstruo

    produce

    un

    vuelco

    aleg?rico

    que supera

    tanto

    la

    degradaci?n

    de la vida de

    los

    despose?dos

    como

    la

    aguda interpretaci?n

    de los

    que

    ejerc?an

    el

    discurso de

    la

    oposici?n.

    El

    cuento

    desarrolla

    una

    interpretaci?n

    cuyo

    presupuesto

    es

    la

    presencia

    de

    una

    identidad colectiva

    dispersa

    en

    el

    lenguaje

    de la narraci?n.

    La

    an?cdota de

    un

    viaje

    desde la

    periferia

    hacia el

    centro

    de

    Buenos

    Aires simula el

    gran

    rodeo

    que

    permitir?

    reconocer

    a

    la

    palabra

    como

    la

    clave de las

    problem?ticas

    identificatorias.

    El

    an?lisis

    propuesto

    por

    Borges

    y

    Bioy

    apunta

    a

    la

    intensidad de lo

    literario,

    a sus

    propios

    axiomas de

    repetici?n,

    equivalencia

    e imitaci?n. La

    irradiaci?n simb?lica

    del

    cuento

    posee

    la

    clave

    que

    hace

    comprensible

    el

    caos

    inabordable detr?s

    de la

    escritura literaria.

    La

    potencia

    que

    desencadena

    este

    relato

    se

    explica

    a

    trav?s de

    un

    ciclo de

    significados

    ya

    formulado

    en

    la

    literatura nacional.

    La

    fiesta

    del Monstruo

    remite,

    desde

    su

    primer

    enunciado,

    a

    La

    refalosa

    de

    Hilario

    Ascasubi

    y

    al

    discurso letrado

    que

    reescribi? el murmullo

    popular

    de cien a?os

    antes.

    Igualmente,

    un

    deletreo

    riguroso

    se

    dispersar?

    hasta los l?mites

    de la

    configuraci?n

    urbana

    para

    dar

    sentido al murmullo de la historia

    argentina

    de 1945.

    El

    relato

    se

    organiza

    en

    torno

    de

    un

    narrador

    risue?o

    y gozoso. ?ste

    guarda

    para

    s? el final

    gracioso

    de

    la

    aventura

    ?como

    el

    cantor

    de

    La

    refalosa?

    al

    tiempo

    que

    afirma

    su

    circulaci?n

    como

    sujeto

    social

    mediante

    las revelaciones

    que operan

    desde el

    lenguaje.

    Cada

    signo

    constitutivo de

    esta

    identidad

    se

    manifiesta

    en

    las relaciones de fuerza

    e,

    ir?nicamente,

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  • 8/18/2019 Borges, Bioy Casares y Otra Versión de Rosas

    6/11

    ZULMA

    SACCA

    113

    radicaliza

    la

    diferencia al

    apropiarse

    de

    una

    conciencia

    pol?tica ajena.

    La

    narraci?n

    se

    refiere

    a

    la

    presencia

    simult?nea de

    una

    escena

    peque?a

    y

    rutinaria

    que

    evoca,

    a

    su

    vez,

    la

    gran

    escena

    nacional

    y

    su

    peligrosa potencia.

    Por

    otra

    parte,

    la

    dislocaci?n

    del

    lenguaje

    habitual

    en

    la

    met?fora del

    trabalenguas

    hace

    posible

    combinaciones destinadas

    a

    descifrar el sentido

    de las

    identificaciones.

    El

    punto

    inicial

    se

    manifiesta

    a

    trav?s

    de

    una

    combinaci?n laboriosa

    que

    anticipa

    el

    contenido

    repetido

    del

    peronismo

    (el

    peligro)

    y

    la

    redundancia

    especular

    del discurso literario

    que

    lo

    expres?.

    La

    organizaci?n

    del

    viaje

    hacia

    el

    acto

    en

    la

    Plaza

    de

    Mayo

    sirve

    para

    sostener

    el

    registro

    del

    peronismo

    como

    aquello

    que

    est?

    detr?s.

    El

    efecto mal?fico del relato

    consiste

    en

    mostrar

    lo

    escondido

    en

    una

    sucesi?n

    de

    enunciados

    que

    descifran

    toda

    la

    ambivalencia

    de

    una

    conmoci?n social

    incognoscible:

    1)

    La narraci?n

    en

    primera

    persona

    construye

    el discurso

    para

    nombrar el

    cuerpo

    del

    protagonista

    y

    su

    cualidad de

    ser

    viviente

    capaz

    de

    dar

    respuesta

    e

    intercambio.

    La

    comicidad,

    la

    purreteada

    y

    la

    amabilidad,

    son

    la

    esencia idealizada

    de

    su

    doble

    equivalente.

    Tu Pato Donald

    se

    invierte

    en

    el camionero

    que

    participar?

    de

    la

    ejecuci?n

    del

    jud?o

    y

    el m?s

    sano

    patriotismo se invierte en la intervenci?n violenta del centro de la ciudad.

    2)

    La

    idealizaci?n

    del l?der

    se

    especifica

    en

    el

    lenguaje

    que

    atraviesa

    la

    an?cdota

    para

    darle

    origen

    y finalidad,

    pero

    tambi?n

    para

    instalarse

    m?s

    all? de

    la

    purreteada

    en

    la

    operaci?n

    inconsciente

    del sue?o. El

    viaje

    para

    participar

    en

    la

    fiesta

    del

    Monstruo

    enmascara

    una

    celebraci?n

    positiva

    que

    devuelve,

    a

    cambio,

    la

    muerte

    y

    el sacrificio.

    El

    doble

    sue?o

    ?el

    primero

    de

    exaltaci?n de

    la

    ni?ez

    feliz

    y

    el

    segundo

    de reconocimiento de los materiales

    significantes

    de la dominaci?n?

    juega

    con

    la asunci?n

    de

    la

    carencia del

    personaje

    que

    sue?a

    y

    con

    el

    regreso

    de la fascinaci?n colectiva

    con

    que

    se

    recubre al h?roe.

    La

    degradaci?n

    representa

    el recorrido

    biogr?fico

    del

    protagonista

    en una

    regresi?n

    incestuosa;

    la finada mi madre es el

    primer

    t?rmino donde

    qued?

    fijada

    la tarde

    m?s

    feliz de

    mi

    vida ,

    mientras

    que

    el

    ?ltimo t?rmino

    es

    el sustituto

    materno

    que

    reinterpreta

    el

    ciclo

    regresi?n/

    manipulaci?n

    fundado

    virtualmente

    en

    la enunciaci?n de

    el

    Monstruo

    me

    hab?a

    nombrado

    su

    mascota

    y,

    algo

    despu?s,

    su

    Gran Perro Bonzo .

    3)

    El

    avatar

    del

    corpus

    fundacional

    de

    la

    literatura

    argentina

    repiti?

    y

    dispers?

    un

    significado,

    una manera

    de

    ser

    y

    una

    palabra leg?tima

    en

    la ficci?n

    y

    en

    la

    ensay?stica

    del

    siglo

    XX. La fiesta

    del

    Monstruo

    se

    encuentra

    en

    esta

    acumulaci?n

    porque

    restituye

    el

    nombre de

    la

    naci?n

    y

    su

    ser desagregado. Esta continuidad hace posible la invenci?n interpretativa

    de

    un

    significante

    recuperado

    a

    trav?s de

    su

    doble

    negado

    y

    expulsado

    del artificio

    de

    progreso.

    La

    cita de Ascasubi

    hace del discurso literario el

    dominio

    reservado

    que

    servir? de mediaci?n

    entre

    el

    secreto

    que

    est?

    en

    el

    pasado

    y

    su

    desciframiento

    obligado

    en

    el

    presente.

    A

    medida

    que

    la fiesta

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    7/11

    114

    BORGES,

    BIOY CASARES

    Y

    OTRA

    VERSI?N

    DE

    ROSAS

    se

    organiza,

    la

    oposici?n

    distintiva

    se

    corresponde

    con

    el

    recuerdo de

    El

    matadero de

    Esteban

    Echeverr?a.

    Cien

    a?os

    atr?s,

    las

    facultades

    extraordinarias

    dejaron fijado

    a

    Juan

    Manuel de

    Rosas

    en

    una

    instancia

    de

    poder

    que

    desmantel?

    el

    cuerpo

    social.

    La

    generaci?n

    del

    '37

    intercambi?

    ese

    cuerpo

    social

    inhibido de

    la

    revuelta

    por

    la

    palabra

    literaria.

    En

    el mismo

    acto,

    dispers?,

    en

    met?fora,

    en

    alegor?a

    y

    en

    historia ,

    el

    impulso

    de

    muerte

    que

    hab?a disuelto

    la

    fuerza

    social

    y

    la

    ley

    en

    que

    se

    apoyaba

    la fuerza.

    En

    el

    texto

    de

    Echeverr?a,

    las

    aguas

    de

    la inundaci?n

    circunvalaron

    la

    ciudad de

    Buenos

    Aires.

    Aquella

    historia

    permite

    instalar

    un

    discurso

    que

    amuralla

    las

    pr?cticas

    sociales

    derivadas de

    la faena

    ganadera

    en

    tanto

    superestructura

    de

    la tiran?a

    rosista.

    Echeverr?a

    ofrece

    el

    juego

    de

    las

    figuras

    dentro

    del orden ir?nico

    del

    lenguaje

    para que

    cada

    una

    de ellas

    ?desde el Restaurador

    hasta las

    negras

    achureras?

    funcionen

    seg?n

    un

    modo simb?lico de

    distribuci?n del

    poder

    y

    de

    la

    muerte.

    En

    un

    movimiento

    paralelo,

    las

    palabras,

    como

    los

    personajes,

    expresan

    una

    identidad

    contradictoria

    e

    inasible,

    y

    se

    consagran

    a

    la risa

    y

    al

    gozo.

    De

    ah? el

    valor

    y

    la

    resonancia

    de

    El matadero

    en

    la

    literatura del

    siglo

    XX,

    dado

    que

    act?a

    como

    la

    continuidad

    s?gnica

    capaz

    de referir lo escandaloso.

    La

    descripci?n

    del matadero

    de la Convalecencia

    y

    su

    ubicaci?n

    al

    sur

    de

    las

    quintas

    de

    la

    ciudad

    lo se?alan

    como

    la

    irrupci?n

    que

    sirve

    para

    demarcar,

    pero

    tambi?n

    significar,

    el

    juego

    de la diferencia.

    El

    matadero

    es

    se?alado

    como

    el

    lugar

    rechazado

    y

    enlodado

    que

    alimenta

    la

    gran

    fiesta mesi?nica.

    All?

    toma

    forma

    la historia

    de

    un

    dualismo,

    de

    una

    versi?n

    manique?sta

    del mundo

    donde

    la

    especificidad

    del

    mal

    y

    de

    la muerte

    se

    subordinan

    a

    lo

    diab?lico

    y,

    en

    continuidad,

    a

    lo

    pol?tico:

    no comer

    carne o

    comerla; y

    de

    comerla,

    hacerlo

    como

    el

    medio

    para que

    el diablo

    entre

    en

    el

    cuerpo,

    siempre

    que

    el Restaurador

    lo autorice.

    En la

    rep?blica

    del

    matadero,

    la

    comparsa

    que

    juega

    con

    palabras,

    con

    facones,

    con

    visceras

    y

    con

    barro

    es

    la

    condici?n

    para

    la

    existencia

    del

    estado,

    es

    la condici?n de

    la

    exigencia

    simb?lica

    depositada

    en

    la

    energ?a

    del animado

    grupo .

    Su funci?n

    es

    la

    falsificaci?n

    risue?a de la

    vida miserable.

    La

    parodia

    como

    sistema de relaciones

    e

    informaciones

    constituye

    el

    principio

    organizativo

    del relato

    porque

    en

    ella

    se

    halla

    la

    posibilidad

    de definir

    el circuito de

    la

    ridiculizaci?n.

    La

    parodia descompone

    la combinatoria del

    sue?o,

    la

    trasgresi?n

    del orden

    urbano

    y

    la

    obsesi?n

    por

    la fiesta de la

    agon?a.

    Por su parte, La fiesta del Monstruo integra el discurso irreversible

    resultante

    de

    la

    develaci?n

    del conflicto

    moral

    que

    abarca

    a

    la

    naci?n

    y

    con

    ella

    a

    los v?nculos

    jer?rquicos

    de

    comportamiento

    y

    diferenciaci?n

    social.

    Esta

    l?gica

    de

    la

    diferenciaci?n

    se

    basa

    en

    el

    lenguaje

    del

    protagonista

    como

    estructura

    de

    intercambio:

    en

    ?l,

    justamente,

    se

    articula,

    entre

    otros,

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  • 8/18/2019 Borges, Bioy Casares y Otra Versión de Rosas

    8/11

    ZULMA

    SACCA

    115

    el

    material de las diferencias enunciadas

    en

    el almuerzo

    de los

    que

    viajan

    en

    el cami?n.

    El

    mecanismo estructural

    de

    El

    matadero

    se

    proyecta

    en

    el

    cuento

    de

    Borges

    y

    Bioy

    como

    sost?n de las relaciones

    econ?micas

    que

    definen

    la

    apropiaci?n

    de

    espacios

    y

    subordinan

    a

    todas las dem?s

    l?gicas

    (conscientes,

    ideol?gicas,

    morales).

    Estas,

    adem?s,

    traducen la

    dimensi?n

    hist?rica del

    grupo

    fascinado

    por

    el l?der

    y

    su

    especificidad

    social. El

    lugar

    al

    que

    pertenecen

    los

    que

    viajan

    en

    el cami?n

    est? constituido

    por

    la

    conciencia

    de

    ser

    cada foco

    muerto

    de hambre

    y

    se

    significa

    como un

    espacio

    homog?neo

    con

    rasgos

    raciales

    y

    ling??sticos propios.

    La

    misma

    l?gica

    organiza

    la

    pulsi?n

    del

    poseer

    la

    ciudad:

    en

    el

    caso

    de

    Rosas

    se

    trata

    del

    monopolio

    de

    la

    carne

    vacuna

    como

    correlato de

    laMazorca

    y,

    en

    este otro

    caso,

    del

    desplazamiento

    delictivo del

    margen

    hacia el

    centro

    de

    Buenos

    Aires.

    En

    la d?cada

    peronista

    el

    deseo de

    poder generaliza

    la

    actuaci?n de

    una

    ?nica fuerza

    que

    aglutina

    a

    la

    merza

    hilarante

    que

    marcha

    a

    la

    fiesta.

    La identidad

    procede

    de

    una

    ret?rica

    de

    la

    duplicaci?n,

    los hermanos

    gemelos

    datan

    de

    un

    sistema de

    equivalencias

    impuesto

    desde

    la

    configuraci?n de los or?genes de la comunidad que demand? su exterminio

    por

    su

    condici?n

    dual.

    El

    modelo fundacional

    requiere

    de

    oposiciones

    distintivas

    simuladas

    en

    civilizaci?n

    y barbarie,

    y

    actualizadas

    en

    la

    necesidad

    recursiva

    de

    demarcar

    y

    eliminar. Los camiones id?nticos

    irradian

    en

    la conciencia l?dica

    del

    protagonista

    que

    acumula

    est?mulos

    alegres

    y

    trabalenguas

    incesantes

    destinados

    a

    concretar

    la fiesta.

    Un

    escenario

    pol?tico complejo puede

    interpretarse

    como un

    sistema de

    oposiciones

    m?s

    o

    menos

    estables

    que

    se

    resuelven

    en

    la

    lucha

    o,

    parad?jicamente,

    en

    el

    juego

    infantil.

    La

    fiesta del

    Monstruo

    es

    la

    escritura

    de la sustancia hist?rica

    que

    neutraliza los beneficios de un

    poder

    un?voco

    cuyo

    control sobrevive

    por

    el

    terror

    establecido

    en

    las

    estrategias

    de

    duplicaci?n.

    Los

    camiones

    gemelos

    generan

    la

    repetici?n

    de

    lamirada de

    uno

    y

    de

    otro,

    es

    decir,

    de

    id?nticos escondidos

    en

    la iron?a

    que

    incluye

    lo diferente: los

    patriotas

    buscan emboscar

    a

    un

    quintacolumnista .

    La falsificaci?n del c?rculo

    cerrado

    del

    m?s

    sano

    idealismo

    responde

    a un

    sistema de alternancia

    organizado

    sobre

    la

    sospecha

    de

    la

    conspiraci?n

    y

    la

    traici?n

    inherentes

    a

    cada

    peque?a

    unidad.

    El

    viaje

    en

    cami?n

    representa

    el des-orden

    que

    se

    marca

    con

    respuestas

    aterradas y obediencia ciega. M?s que por

    su

    presencia

    como

    uno

    de los

    t?rminos de

    la lucha

    o

    su

    proyecci?n

    en una

    ret?rica

    especular

    e

    imaginaria,

    el

    maleficio

    de la horda

    reside

    en

    que

    su

    valor est? alterado

    por

    la

    fascinaci?n

    de

    convertirse

    en

    mascota

    y

    por

    la

    apropiaci?n

    de

    una

    mirada

    (la

    del

    Monstruo)

    que

    destruye

    la

    propia

    mirada.

    Sin

    mirada

    que

    libere

    la

    objetividad

    no

    existe

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  • 8/18/2019 Borges, Bioy Casares y Otra Versión de Rosas

    9/11

    116

    BORGES,

    BIOY

    CASARES

    Y

    OTRA

    VERSI?N

    DE

    ROSAS

    instancia

    legal

    ni

    conciencia

    moral.

    El

    p?nico

    se

    halla

    en

    la

    representaci?n

    de

    una escena

    pol?tica

    deformante

    y

    se

    explicita

    en

    la

    arbitrariedad absoluta

    de

    imponer

    unas

    reglas

    de

    juego

    para

    unos

    y

    otras

    para

    todos.

    La

    fiesta

    del Monstruo

    denuncia la

    poderosa

    rivalidad

    entre

    los sistemas

    racionales de

    la

    moral

    y

    el

    grotesco

    libertinaje

    instalado

    en

    el interior de

    la

    propia ley.

    La

    ilusi?n

    hist?rica

    que

    hac?a coincidir

    a

    lo real

    con

    lo

    racional

    se

    ha

    transformado

    con

    el

    peronismo

    en una

    farsa

    de

    la

    perfecci?n

    social

    como

    potencia

    del

    predominio

    del

    mal

    y

    de

    su

    tensi?n latente.

    La

    concepci?n

    dram?tica

    de

    la historia

    nacional,

    textualizada

    en

    alternativas

    polares

    y

    literaturizada

    en un

    matadero,

    se

    manifiesta

    con

    la

    insistencia

    de la burla

    en

    el

    cuento

    de

    Borges

    y

    Bioy.

    El

    matadero

    propon?a

    el desaf?o de asumir la recurrencia de

    una

    realidad aborrecida

    a

    trav?s

    del

    significante

    escueto

    del chiste

    o

    del

    latiguillo.

    Asociado

    a

    todos

    los

    significados

    de

    la

    narraci?n,

    la

    funcionalidad del

    asesinato del

    unitario tambi?n

    era una

    broma

    para

    los

    sayones

    del matadero.

    Ese m?nimo

    significante,

    liberador

    de

    tensiones,

    se

    regula

    en

    la

    conexi?n

    del contenido

    formalizado

    en un

    repertorio

    secuencial.

    El

    gesto

    gozoso,

    enmascarado

    en

    el

    lugar

    de la

    p?rdida,

    figura

    en una

    trama

    discursiva de

    tres instancias destinadas a equilibrar la representaci?n de lo reprimido por

    medio

    de la eliminaci?n de tensiones:

    juego/trasgresi?n/risa.

    Esta

    secuencia

    es

    la

    estructura

    b?sica del

    cuento

    y

    su

    repetici?n justifica

    la

    producci?n

    de

    un

    discurso

    cuyo

    significado

    absorbe

    la

    frustraci?n

    de

    la historia

    y

    de

    la naci?n

    que

    jam?s

    se

    realizar?.

    La

    clave

    para

    entender

    el

    episodio

    de

    la

    historia

    argentina

    que

    se

    refiere

    en

    el relato de

    Borges

    y

    Bioy

    tiene

    que

    ver

    con

    las

    interpretaciones

    que

    los

    discursos fundacionales

    proporcionan

    sobre lo real.

    Aqu?

    El

    matadero

    opera

    como

    el

    significado

    del valor oculto

    y

    alucinado de

    una

    realidad

    perdida

    y

    como

    el

    significante

    de la risa

    que

    legitima

    el

    juego prohibido

    con las excrecencias

    y

    la

    sangre.

    El relato de los

    juegos

    se

    completa

    con

    la

    enunciaci?n de

    la

    met?fora de

    lo

    reprobado

    cuya

    satisfacci?n

    es

    la risa

    desopilante:

    Ponibus ard?a

    en

    el horizonte

    (...)

    la

    barra,

    siendo m?s

    se

    re?a

    pronta... .

    Simult?neamente,

    y

    mediante

    otro

    juego

    infantil,

    el

    cuento

    asegura

    la

    distorsi?n del

    tumultuoso delito dentro de

    un

    contenido

    capaz

    de

    sustituir

    cualquier p?rdida

    y

    cualquier

    ausencia, y

    de

    conectar

    las

    energ?as

    del

    protagonista

    con

    su

    Ley.

    Es

    probable

    que

    la

    muerte

    del

    joven

    unitario de

    El

    matadero

    sea

    arbitrariamente asimilada

    al

    asesinato del

    joven jud?o

    en

    La

    fiesta del

    Monstruo .

    Tambi?n

    podr?a pensarse que,

    en

    general,

    la

    lectura de

    una

    l?nea

    discursiva

    com?n

    entre

    los dos relatos

    carece

    de

    originalidad

    y

    encierra

    a

    la

    historiograf?a

    dentro

    de

    una

    perspectiva

    ficcional

    y

    a

    la literatura

    como

    significante

    vac?o.

    Pero

    as?

    como

    act?an

    las

    resistencias sobre las

    pr?cticas

    sociales,

    act?an

    las

    inercias

    y

    El

    matadero

    es

    el

    discurso

    que

    act?a

    a

    lo

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  • 8/18/2019 Borges, Bioy Casares y Otra Versión de Rosas

    10/11

    ZULMA

    SACCA

    117

    largo

    de la historia de la literatura

    argentina

    como

    la forma

    que

    tom?

    la

    contemplaci?n

    de la

    realidad

    social

    y

    sus

    representaciones.

    El

    sacrificio del

    joven

    unitario

    y

    el del

    joven jud?o

    sit?an al relato del

    acontecimiento hist?rico

    en

    el

    orden de las solidaridades

    que

    aglutinan

    a

    la

    horda

    primitiva.

    En

    efecto,

    el

    castigo

    al criminal

    (aquel que

    no

    lleva divisa

    en

    el

    fraque

    o

    desacata

    la foto del

    Monstruo )

    pertenece

    al

    ?mbito

    de la

    infamia.

    Por

    eso

    la crueldad debe

    caer

    sobre

    ?l

    para que,

    en su

    diferencia,

    se

    materialicen los v?nculos sociales intercambiables s?lo

    en

    el ?mbito del

    ritual

    y

    de lo colectivo. Es ?ste el sentido de

    la

    fiesta,

    de

    las bufonadas de

    la chusma del matadero

    y

    de las

    purreteadas

    de la merza hilarante . El

    perro

    unitario

    o

    el

    sinagoga

    no son seres

    inferiores

    como

    los delincuentes

    modernos;

    estos

    individuos

    articulan

    un

    gran

    n?mero de

    resortes

    simb?licos

    para

    la

    comunidad

    primitiva.

    La

    muerte

    ritual,

    organizada

    en

    el semic?rculo

    de la

    ejecuci?n,

    le da

    su

    lugar

    a

    la

    v?ctima

    en

    el ciclo de

    los

    intercambios.

    El

    matadero

    y

    La

    fiesta del Monstruo

    recuperan

    desde

    el

    lenguaje

    el

    tiempo

    del sacrificio

    en

    la

    secuencia

    sonora

    de las risotadas

    y

    abucheos

    o

    de las canciones

    y

    onomatopeyas

    (Adi?s Pampa

    m?a...,

    talan,

    talan... ).

    El

    sacrificio

    queda

    enunciado

    como

    la

    muerte

    colectiva,

    por

    todos

    conocida,

    deseada y necesaria:

    La

    mazorca

    con

    ?l... ,

    La

    tijera... ,

    es

    preciso

    sobarlo ,

    participar

    del

    apedreo .

    Dentro

    de

    la

    misma

    organizaci?n

    de la

    fiesta,

    del

    canto

    y

    de

    la

    risa,

    el

    orden

    primitivo

    instrumenta

    un

    colorido de

    muerte

    que

    se?ala la caducidad

    del

    cuerpo

    inscripto

    en

    el

    sacrificio.

    El

    fuego

    y

    la

    sangre

    conforman

    un

    c?rculo

    luctuoso;

    en

    consecuencia,

    la

    gallarda

    columna ,

    enardecida,

    puede

    incendiar

    el

    ?mnibus;

    lapidar

    y quemar

    al

    jud?o,

    al

    tiempo

    que

    se

    encadena

    con

    la voluntad de

    dar

    muerte

    y

    de

    poder

    recibirla.

    La

    idea

    compartida

    en

    la escritura de ambos

    cuentos

    est?

    en

    la conciencia

    de

    separar

    el bien del

    mal;

    es

    decir,

    en

    la constituci?n

    de la conciencia moral

    que deber?a ser el soporte de una sociedad homog?nea y normalizada. En

    cambio,

    la realidad

    nacional

    se

    presenta

    regida

    por

    un

    orden

    primitivo

    que

    obedece

    al

    intercambio

    de

    muerte contra

    muerte. Esta

    reciprocidad

    simb?lica

    atraviesa los

    comportamientos

    sociales

    ?la faena del matadero

    o

    el

    acto

    en

    Plaza de

    Mayo?

    para

    conferirles

    un

    sentido

    abyecto.

    La

    interpretaci?n

    de

    estas

    pasiones

    colectivas

    se

    representa

    como

    el fruto

    de

    la

    manipulaci?n

    que

    se

    lleva

    a

    cabo

    en

    los ritos

    y

    en

    las fiestas.

    En esta

    red

    simb?lica

    se

    ubica

    la literatura

    para

    funcionar

    como

    la

    liberaci?n

    de

    la

    moral

    inversa

    que

    sustenta

    a

    las

    tiran?as:

    el

    signo

    descifrable

    se

    encuentra

    en

    la

    trama

    religiosa

    que

    desencadena

    los

    acontecimientos.

    En

    un

    nivel

    expl?cito

    los

    cuentos

    expresan

    toda

    la

    profundidad

    de

    problemas

    inconscientes

    en

    los ritos

    cuaresmales,

    el

    luto,

    los

    juramentos,

    la

    aparici?n

    del

    sinagoga ,

    la

    lapidaci?n

    y

    el

    sorteo

    de

    la

    ropa

    del

    jud?o,

    e,

    impl?citamente,

    en

    la absorci?n

    de

    otras

    alusiones

    que

    se

    integran

    al sentido

    religioso,

    tales

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  • 8/18/2019 Borges, Bioy Casares y Otra Versión de Rosas

    11/11

    118

    BORGES,

    BIOY

    CASARES

    Y

    OTRA

    VERSI?N

    DE

    ROSAS

    como

    la

    abolici?n del

    tiempo

    en

    la

    espera

    de

    la

    muerte

    de la v?ctima

    o

    la

    asimilaci?n de los

    j?venes

    distra?dos

    y

    barbados

    con

    el

    Cristo

    condenado.

    Todo

    remonta

    el material inconsciente

    del fantasma

    originario

    de

    la horda.

    La

    repetici?n

    de

    la

    reuni?n

    de

    la

    chusma,

    de

    las

    figuras

    de

    sus

    jefes

    como

    reproducciones

    peque?as

    del

    Restaurador

    o

    del Monstruo

    y

    el sacrificio

    de

    un

    joven

    se

    subordinan

    a

    la necesidad de anular simb?licamente

    la

    repetici?n

    del

    fantasma.

    El

    matadero

    y

    La fiesta del Monstruo

    se

    asemejan

    en

    el

    lenguaje

    y

    en

    la voluntad de

    interpretar

    la

    realidad

    desde

    el

    discurso

    que

    la

    representa

    con una

    resonancia

    especial.

    La

    pr?ctica

    pol?tica

    que

    no

    se

    identifique

    con

    los modelos de

    progreso

    y

    modernidad

    ingresa

    a

    la

    especificidad

    discursiva

    de lo escandaloso.

    Entonces,

    el

    discurso

    que

    funciona

    como

    respuesta

    puede

    potenciar

    a

    la narraci?n de

    la historia

    repetida

    y

    agravada.

    El

    lenguaje,

    m?s

    que

    la invenci?n

    de

    una

    realidad

    distinta,

    demanda

    una

    realidad desarticulada

    que

    se

    organice seg?n

    las

    marcas

    de

    la

    sociabilidad

    primitiva.

    O

    DE NISTK

    Revista

    de

    cultura

    Director: Beatriz Sarlo

    Punto

    de

    vista

    recibe toda

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    Beatriz

    Sarlo,

    Casilla

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