Aubrey y Maturin 20 - Azul en La Mesana - Ptrick O'Brien

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Aubrey y Maturin 20 Azul en la mesanaSobrecubiertaNone

Tags: General Interest

Azul en la mesana Patrick O'Brian

A Richard Ollard

NOTA A LA EDICIN ESPAOLADedico este libro, domun indignum, al preboste y a todas las personas que tan bien se portaron conmigo mientras estuve escribindolo en el Trinity College de Dubln.ste es el vigsimo relato de la ms apasionante serie de novelas histricas martimas jams publicada; por considerarlo de indudable inters, aunque los lectores que deseen prescindir de ello pueden perfectamente hacerlo, se incluye un archivo adicional con un amplio y detallado Glosario de trminos marinos Se ha mantenido el sistema de medidas de la Armada real inglesa, como forma habitual de expresin de terminologa nutica. 1 yarda = 0,9144 metros 1 pie = 0,3048 metros 1 m = 3,28084 pies 1 cable =120 brazas = 185,19 metros 1 pulgada = 2,54 centmetros 1 cm = 0,3937 pulg. 1 libra = 0,45359 kilogramos 1 kg = 2,20462 lib.

1 quintal = 112 libras = 50,802 kg.

CAPTULO 1En mitad del canal se encontraba la Surprise, con Gibraltar a media milla de distancia por la aleta de estribor, fondeada con una sola ancla y vuelta la proa hacia un viento del noroeste que refrescaba cada vez ms. Se pit a la dotacin al dar las cuatro campanadas de la guardia de doce a cuatro de la tarde y, al orse desde la Ringle, su buque de pertrechos, destacada de nuevo en misin particular por lord Keith, vitorearon a bordo sus hombres mientras los de la Surprise se volvan con prontitud, riendo, radiantes sus rostros, dndose palmaditas en la espalda unos a otros pese a la certeza de la lluvia y la dureza del mar. Muchos se haban puesto sus mejores galas, abrigos con bordados y pauelos de Barcelona alrededor del cuello, puesto que los marineros de la Surprise y su capitn Jack Aubrey haban hecho una elegante presa, nada ms y nada menos que una galera mora cargada de oro. Haba sido la primera en abrir fuego sobre la Surprise, lo que la converta en embarcacin pirata, de tal modo que el

tribunal de presas reunido a instancias del almirante lord Keith, amigo del capitn Aubrey, la haba condenado de inmediato. Era una presa de ley, y su cargamento se repartira segn los usos del mar o, para ser exactos, segn las leyes de presa de 1808. Estaban todos en cubierta, radiantes de alegra y formaban mirando a popa en el costado de babor del alczar, reunidos con las prisas habituales en la Armada, observando a su capitn, a los oficiales, al contador y al escribiente; ah estaban, en popa y colocados a lo largo de ambos costados, entre los magnficos toneles. Un destacamento de infantes de Marina los haba subido a bordo cerrados a conciencia; a esas alturas, carecan ya de sus correspondientes tapas (numeradas y conservadas por el tonelero), y era obvio que estaban llenos de monedas. Aquel oro era poco convencional, pues haban descubierto tras capturarlo que se trataba de pequeos lingotes de forma irregular que los orfebres gibraltareos haban fundido en lisos y relucientes discos, en cuya superficie haban grabado el peso, ciento

treinta granos Troy: ciento treinta granos de peso Troy; sin embargo, la plata y el cobre conservaban su forma original. Cesaron la algaraba y el eco de la cuarta campanada. El escribiente, tras asentir el capitn, llam a John Anderson. A bordo no haba nadie ms cuyo apellido lo precediera en el alfabeto, de modo que el hecho de or su nombre no sorprendi a John Anderson o a sus compaeros. Aunque por lo general era tmido y torpe, abandon la formacin con paso firme hasta llegar al cabrestante. Se descubri, hizo el saludo militar colocando su mano encima del mechn que caa sobre su frente y exclam: John Anderson, seor, con su permiso. Marinero ordinario, guardia de babor, popa. El escribiente comprob concienzudo los datos en su libro, pese a sabrselos de memoria. Muy bien -dijo-. Una centsima quincuagsima sptima parte de la mitad. Extienda el sombrero. Hundi la diestra en el tonel de oro y sac un puado de discos que cont a medida que los introduca en el

sombrero-. Uno, dos Diez. Volvi a hundir la mano, cont siete ms y dijo a Anderson-: Aguarde un instante. Y le orden a su enjuto asistente, situado junto a los otros dos toneles-: Diecisiete con cuatro peniques. Despus, se dirigi de nuevo a Anderson-: Lo cual suma un total de diecisiete libras, diecisiete chelines y cuatro peniques. Aqu est el pagar en virtud del cual solicita usted que se entreguen trescientas sesenta y cinco libras a la seora Anderson. Satisfecho? Oh, Dios bendito, s -respondi Anderson riendo-. Oh, s, seor, muy, muy contento. En tal caso firme usted aqu -dijo el escribiente. Al ver que Anderson le miraba inseguro, murmur-: Bueno, ponga usted una cruz en la esquina inferior. Y as continu el negocio, hombre a hombre por orden alfabtico. Pocos eran los que no contaban con algn familiar, y stos se retiraron con toda la parte que les corresponda: una centsima quincuagsima sptima parte de la mitad de tan esplndido botn. La mayora de los marineros haban cedido a las presiones del

capitn y los oficiales de divisin, quienes haban insistido en que al menos deban enviar una parte del dinero a casa. Todos estuvieron de acuerdo con el recuento del escribiente. Stephen Maturin, cirujano de la fragata, haba pasado un rato calculando el grado de alfabetizacin a bordo; no obstante, la melancola, espoleada sin duda por el viento y el roco del mar, se haba hecho un hueco en su corazn, y perdi la cuenta entre los apellidos que empezaban por la letra N. Dara lo que fuera por tener aqu a William y a los marineros de la Ringle -dijo a Jack cuando se produjo una pausa en el recuento. Yo tambin. Pero ya sabes que en calidad de buque de pertrechos privado de lo que en realidad es una embarcacin hidrogrfica, no creo que recibieran ms de cuatro peniques. De cualquier modo, no pude negrselo a lord Keith (que no tena ninguna otra embarcacin a mano) cuando me lo pidi como favor personal. Le debo mucho, a ambos les debo mucho. Por supuesto, por supuesto. Es slo que me hubiera gustado que los jvenes aceptaran una moneda de oro, para no dejarlos al margen -dijo

Stephen-. Aumenta el oleaje! La oscuridad se hace ms espesa. Se reunirn con nosotros en Madeira -dijo Jack-. Entonces podrs darles sus monedas de oro. Conversaron en voz baja hasta que Jack repar en que Willis y Younghusband haban recibido su parte, y en que Moses Zachary, uno de los marineros ms veteranos de la congregacin de Seth, haba dejado de rer entre dientes despus de meter o de intentar meter todas las monedas en un surtido tan amplio como inadecuado de bolsillos pequeos y triangulares. Haba llegado el momento de poner manos a la obra. Pero no hubo forma. A pesar de la oscuridad que iba en aumento y del violento chaparrn, uno de los marineros, probablemente Giles, capitn de gavieros del trinquete, exclam: Todo gracias al cuerno de unicornio, todo gracias a la Mano de Gloria. Hurra, tres hurras por el doctor! Dios santo, de qu modo vitorearon al doctor! l haba sido el responsable de subir a bordo el cuerno de narval, y tambin era de su

propiedad la mano cortada, la Mano de Gloria. Ambos objetos simbolizaban (y prcticamente garantizaban) una inmensa buena suerte, virilidad, salvaguarda contra el veneno o cualquier enfermedad que pudiera nombrarse. Ambos objetos haban demostrado con creces su vala. Jack Aubrey era un capitn severo. Haba aprendido el oficio sirviendo a las rdenes de comandantes para quienes la disciplina y la puntera con los caones tenan la misma importancia en un barco de guerra, aunque en aquella ocasin supo que era mejor no intervenir. Seor Harding -dijo al odo de su primer teniente-, cuando las aguas vuelvan a su cauce, levemos anclas y pongamos rumbo oestesudoeste con toda la lona posible. Si nos saluda o nos hace seales un barco del rey, responda que llevamos despachos de guerra, y mantenga el rumbo sin tocar braza o escota. Oestesudoeste, seor; y llevamos despachos -dijo Harding; Jack, cogiendo a Stephen del hombro (pues a esas alturas la fragata cabeceaba con fuerza), lo condujo a la

cmara, y se sentaron cmodamente en los bales acolchados situados bajo los ventanales, a la luz de los elegantes fanales que daban al mar. Me temo que tendremos una noche fea -dijo Jack. Se levant y con el pie firme del marino acostumbrado a la mar se acerc al barmetro-: S -dijo-. Ms fea de lo que pensaba. Volvi a su sitio y observ la oscuridad llena de lluvia y la espuma que la proa levantaba a su paso, provocando ms y ms roco a medida que aumentaba su andadura-. No obstante -continu-, no sabes cunto me alegro de volver a navegar. Hubo un momento en que no pens que fuera posible Claro que sin Queenie y lord Keith jams lo habra logrado. Los fanales de popa iluminaban la estela de la fragata, excepcionalmente amplia, blanca y agitada para tratarse de un barco de tan elegantes lneas. La luz que brillaba a popa no le impidi distinguir con claridad el lejano fulgor rojizo que coronaba Gibraltar, cuyas hogueras ardan an a pesar del viento y la lluvia. Personalmente estaba cansado de tanta

algaraba, sobre todo de las canciones patriticas, de las alabanzas propias y de las burlas al Francs, que despus de todo haba cado luchando, superado en nmero y con una valenta sin par; pullas que a menudo partan de quienes nada haban tenido que ver con esa guerra. Ni siquiera Maturin, que senta un profundo desprecio por todo lo que representaba el sistema napolenico, era capaz de soportar las obscenas y jactanciosas caricaturas de Bonaparte que corran por doquier, a un penique en una tinta, y hasta a cuatro peniques en color. Te acuerdas de Malta, cuando los marineros recibieron seis dlares por cabeza? pregunt Jack-. No, por supuesto que no. Estabas en el hospital, cuidando la pierna del pobre Hopkins. Bueno, pens que no habra problemas con una dotacin asentada y firme. Y ellos lo esperaban, pues se haba halado la bolsa de plata de la cabina del trabacolo apresado y esparcido en cubierta su contenido. Pero me equivoqu; en cuanto estuvieron en tierra no dejaron piedra sobre piedra, y despus la emprendieron con los soldados.

Pues claro que me acuerdo. Mis colegas y yo tuvimos que atender a muchos de ellos. La mayora con contusiones, aunque tambin hubo algunas fracturas de gravedad. De modo que -dijo Jack, sacudiendo la cabeza. Se interrumpi entonces para aguzar el odo, y subi a toda prisa a cubierta. Al regresar, se sec la espuma y la lluvia del rostro con el gesto de costumbre y dijo-: Hemos perdido el contrafoque por culpa de este condenado viento que no para de girar, y reina una oscuridad que ni en el trasero del diablo. Ah estaba el joven Wilcox antes de acercarme al castillo de proa; arranchaban las escotas a popa como si fuera de da y el mar estuviera calmo cual las aguas de un estanque. Ah los tienes, as son los marineros, capaces de aguantar un temporal de apa, el trabajo duro y situaciones poco comunes; son criaturas buenas, estables, corajudas y sumisas bajo el mando de un oficial al que puedan respetar. Son capaces de soportar todo eso, y tambin a veces los castigos ms duros, los naufragios y el escorbuto. Sin embargo, cmo cambian las

cosas cuando cuentan con un dineral en el bolsillo. Se les sube a la cabeza, y se emborrachan a la menor oportunidad, arman jaleo y desertan a patadas. En Malta no nos fue tan mal. Con la ayuda de las prostitutas sus seis dlares no tardaron en esfumarse, y en la isla no haba posibilidad de desertar. Ahora las cosas son distintas, y todos esos condenados estpidos con cincuenta guineas en el bolsillo habran estado borrachos como cubas, tumbados por la sfilis y desnudos antes del domingo, de no habernos marchado a toda prisa. Eso por no mencionar Qu pasa, Killick? Que tendremos que poner batideros a travs de la puerta de la sobrecmara, porque el mar verde viene de popa hasta el cabrestante y empeora cada minuto. Dudo que pueda servirle seco el queso fundido, a menos que traiga el hornillo y lo prepare aqu. Quin est de guardia? Pues el piloto, seor, y en rumbo. Acaba de enviar arriba al seor Daniel y a un par de marineros fornidos con una linterna de respeto. Por lo visto, la luz del tope ha vuelto a irse al

fondo. Ah, y seor -dijo dirigindose a Stephen-, su compaero Perdneme, el doctor Jacob, tal como debera llamarlo, ha sufrido una fea cada. Hay sangre por toda la cmara de oficiales. Stephen intent ponerse en pie, pero el balanceo del barco lo empuj hacia atrs. Cuando hizo un nuevo intento fue el balanceo de babor el que le empuj con fuerza hacia delante. Tanto el capitn como el despensero tenan la misma opinin de la capacidad del doctor para vivir en el mar, de modo que ambos le ayudaron a tenerse en pie, y Jack, asiendo el hombro de barlovento, le gui hasta la sobrecmara (antesala de la cmara) y, de ah, a cubierta, donde el vendaval, la total oscuridad cargada de fuerte lluvia e incluso los slidos rociones de agua marina le dejaron sin aliento, pese a estar acostumbrado a los rigores atmosfricos. Seor Woodbine -llam Jack. Seor -respondi el piloto, que estaba junto a la rueda, donde Jack pudo distinguir el leve fulgor de la bitcora en cuanto sus ojos se acostumbraron a la oscuridad. Cmo va con la luz del tope?

Me temo que tendremos que despertar al armero, seor. Dudo que el seor Daniel pueda asegurarla sin contar con las herramientas adecuadas. Levant la voz y llam al cabo situado a barlovento, todo ello sin quitar ojo a las relingas-. Higgs, llame al tope y pregunte al seor Daniel si necesita al armero. Higgs posea un imponente vozarrn, as como un odo muy fino. A travs del gemido del viento en la jarcia y sus cambiantes rugidos transmiti el mensaje y oy la respuesta. A esas alturas, Stephen distingui la linterna de mano en lo alto, entre las velas, todas tan de bolina como pudieran estarlo, pues la fragata se abra paso rumbo oeste en un mar tumultuoso. Tambin pudo ver la dbil luz procedente de la escala de toldilla, y hacia ella camin poco a poco, aferrndose a todos los salientes que poda en tanto se inclinaba contra el viento y la cegadora lluvia. No obstante, a cada temeroso paso que daba ceda el desigual balanceo, lo cual responda, o eso le haba contado Jack en ms de una ocasin, al centro de gravedad. Y al abrir la puerta de babor de la iluminada cmara de

oficiales se dibuj ante su mirada una escena de lo ms deshonrosa, pues vio a un montn de hombres, acostumbrados a ver sangre desde la infancia correr de un lado a otro como un atajo de gallinas, secar el brazo de Jacob con la servilleta, darle consejos, ofrecerle copas de vino, brandy o vasos de agua, deshacer el nudo de su corbatn, e incluso desabrocharle los calzones por la cadera y la rodilla. El contador literalmente le retorca las manos. Avisen a Poll Skeeping -exclam Stephen en un tono de voz imperioso, seco. Los apart sin tener en cuenta rango o empleo, esgrimi una lanceta que siempre llevaba consigo, cort la manga de Jacob hasta el hombro, cort la camisa, y descubri la borboteante arteria branquial y otras dos generosas fuentes de sangre en el mismo miembro. Por lo visto, tras efectuar un salto mortal en toda regla y caer sobre una silla y un taburete con un vaso en la mano en el momento en que la fragata efectuaba un doble cabeceo, seguido por el hundimiento de rigor, Jacob no slo haba logrado perder la conciencia, sino tambin romper el cristal, cuyos

amplios bordes afilados le haban cortado la arteria y otros muchos vasos sanguneos que constituan heridas pequeas pero considerables. Poll lleg a la carrera, cargada con toda clase de vendas, agujas con tripa enhebrada y tablillas. Stephen, con el pulgar en el punto ms importante donde haba que presionar, pidi a los miembros de la cmara que hicieran sitio, que se apartaran al fondo, muy al fondo. Seguidamente Poll se puso a limpiar, vendar e incluso asear al paciente, antes de que lo llevaran a un coy de la enfermera. Todo esto dio pie a una serie de explicaciones y comentarios. Cuando baj Jack, despus de comentar con el seor Harding que hacan buen avante y que apenas navegaban a seis cuartas del ojo del viento, se repitieron los tediosos pormenores, y los presentes le ensearon exactamente qu y cmo haba sucedido. Fue en ese momento cuando un tremendo estampido puso en jaque el progreso de la fragata, la desvi del rumbo e hizo zarandearse las linternas con tal violencia contra

los baos de cubierta que dos cayeron al suelo. El estampido bast para hacer olvidar a los all presentes las heridas sufridas por Jacob, y Jack sali disparado a cubierta seguido por todos los oficiales. Al principio, fue incapaz de distinguir nada en la oscuridad. Sin embargo, Whewell, el oficial de guardia, le explic que el viga de proa haba avistado una luz por la amura de estribor segundos antes del impacto, y que l en persona haba visto cmo un barco enorme, oscuro y carente de luces de posicin, se acercaba a unos diez o ms nudos de velocidad y golpeaba la proa de la fragata, atravesaba la maltrecha roda y pasaba a lo largo del costado de babor, rozando las vergas y los obenques de la Surprise y librndose por los pelos de quedar trabado en ellos. Imaginaba que poda tratarse de un maderero pesado escandinavo, aunque no pudo ver ningn nombre, puerto o bandera, y tampoco se cruzaron voces de un barco a otro. Haba levantado al carpintero y al contramaestre (no tardara en recibir sus informes), y el barco tena a la va el timn y permaneca inmvil, aunque

tumbaba a sotavento. Jack ech a correr a proa para hablar con ambos. Hemos perdido el bauprs y la mayor parte de la proa, seor -inform el carpintero. Y yo no respondera del palo de trinquete dijo el contramaestre. Embarcamos agua. Cinco toneladas por minuto -dijo un segundo del carpintero a su jefe en un tono de voz tan rebosante de inquietud que logr afectar a todos los que le oyeron. Harding haba llamado a toda la dotacin del barco, y al salir a cubierta trastabillando Jack orden poner proa al viento, aferrar toda la lona a excepcin de la mayor y el trinquete, y ponerse a las bombas. La fragata respondi lentamente al timn y naveg con igual lentitud. Sin embargo, en cuanto Jack la situ con el fuerte viento y el mar por la inclume aleta de babor, dej de tener la sensacin de que iba a irse al fondo en cualquier momento. El carpintero, Harding y l mismo, armados, todos ellos con una linterna, llevaron a cabo la inspeccin. No encontraron nada, nada bueno: haban desaparecido por completo el bauprs, la proa y todo el equipaje

relacionado, as como foques y dems, por supuesto. Haba algunas cabezas de tabln combadas ah abajo. No obstante, al terminar la guardia de media, mientras el carpintero y sus hombres trabajaban como slo pueden hacerlo quienes saben que el barco embarca agua por momentos, las bombas se defendan con soltura, incluso ganaban la contienda. Oh, es un apao provisional, seor, como usted comprender -dijo el carpintero-. Si logra usted llevar la fragata al muelle y de all al astillero, renunciar a la vida de pecador que llevo y entregar todo el dinero del botn a los pobres. Slo en el astillero harn de ella una embarcacin capaz de navegar de nuevo. Quiera Dios que volvamos a entrar en ese adorable muelle. Entraron en ese adorable muelle, y all pasaron las restantes horas de la noche en relativa calma, mientras el viento aullaba en lo alto sin apenas fuerza para salpicarlos de espuma aunque, en ocasiones, empujaba algas a la zona del muelle donde haban fondeado. Al amanecer, temprano, se dirigieron al

muelle nuevo y al astillero naval. Y aunque hicieron lo posible por dar al barco un aspecto presentable, ste no haba dejado de parecerse a una mujer atractiva a la que hubieran maltratado y cortado la nariz. Despus de preguntar Jack por el estado de Jacob (Tolerable, de momento, aunque an es pronto para pronunciarse Ah, y el doctor Maturin le ruega que le disculpe porque no podr acompaarle en el desayuno), se sent a disfrutar de un buen filete. Aprovech mientras coma para tomar algunas notas en un papel doblado. Despus, volc su atencin en las tostadas que le correspondan y tambin en alguna que otra de las que correspondan a Stephen, tostadas que acompa de una cantidad ingente de caf. Ya se senta ms humano, despus de una noche dura como pocas en toda su vida (noche que, por suerte, haba sido corta), y decidi llamar al escribiente. Seor Adams -dijo-, le apetecera tomar una taza de caf antes de que empecemos a redactar el informe y la carta a lord Barmouth? Oh, s, seor, si es tan amable. Han servido

t en la cmara, lo cual no constituye precisamente una compensacin por la noche que hemos tenido. La carta era la quintaesencia de la simplicidad: El capitn Aubrey presentaba sus respetos y adjuntaba el informe de lo sucedido la pasada noche y de los daos sufridos por el barco. Terminaba diciendo que el capitn Aubrey se sentira muy honrado si su seora tuviera la amabilidad de recibirlo en cuanto fuera posible. Por favor, procure usted que nuestro guardiamarina ms presentable lo entregue de inmediato. Adams lo medit, sacudi la cabeza y observ: He odo describir al seor Wells como un muchacho guapo. Pobre diablo. En fin, cuando haya pasado usted a limpio el informe, hgaselo saber al seor Harding; dgale que es mi deseo que el seor Wells se lave dos veces; despus, se pondr su mejor uniforme, sombrero y espadn. Quizs el seor Harding desee despachar a a un marinero que lo acompae a la ida y a la

vuelta. Haba estado a punto de pronunciar el nombre de Bonden, y al contenerse sinti un dolor lacerante en el pecho. Haba perdido a muchos compaeros, pero jams haba sentido tanto una prdida como la de Bonden. El elegido por Harding, un cabo muy serio, llev de vuelta al seor Wells, y ste inform al capitn Aubrey que el comandante en jefe le recibira a las cinco y media. Jack acudi a la cita con la puntualidad propia de la Armada, y con la puntualidad de la Armada pidi lord Barmouth a su secretario que fuera a buscarlo a la antesala. Apenas haba entrado Jack, cuando se abri una de las puertas situadas a espaldas del almirante y entr su esposa. Querido primo Jack! exclam-. Cunto me alegra verte de vuelta tan pronto! Tema que lo hubieras pasado muy mal, despus de que ese bellaco mercanton Barmouth -dijo en un aparte, colocando la mano en el brazo de su esposo-, los Keith estarn encantados, y Queenie me ha preguntado si puede acompaarles el seor Wright. Primo Jack,

vendrs, verdad? S de qu modo detesta un marino las comidas tardas, pero te prometo que te darn de comer a una hora razonablemente cristiana. Tienes que contarnos hasta el ltimo detalle. Queenie se preocup mucho al enterarse de lo sufrido por la Surprise. Isobel Barmouth siempre haba sido igual de enrgica, y no era fcil hacerla callar o abandonar la estancia. Pero tampoco era tonta y se percat de que su insistencia al respecto poda perjudicar ms a Jack que cualquier cosa que Barmouth pudiera idear. El almirante era un hombre valiente, un marino capacitado; la suya era una carrera sobresaliente, y, tal como sus tutores le haban sealado, era un partido excelente. Sin embargo, pese a todo su coraje y sus evidentes virtudes, Isobel saba que era perfectamente capaz de mostrarse injusto. Cuando se hubo cerrado la puerta a su espalda, Barmouth tom asiento, dispuesto a repasar el informe de Jack. He dado rdenes a las pocas embarcaciones que tengo navegando de crucero para que permanezcan ojo avizor por si avistan

un barco que se parezca al que abord su proa. A juzgar por los terribles daos que ha sufrido usted -dijo dando palmaditas en el informe, el detallado informe de Jack-, no nos costar reconocerlo. Incluso en un navo de lnea seran visibles los daos derivados del abordaje, y por lo que tengo entendido no era ms que un mercante del Bltico sin un gran arqueo. No obstante, eso es otro asunto, porque lo que realmente me preocupa es la situacin actual de la Surprise. Me pregunto si puede usted mantenerla a flote. Navegamos rpidamente al muelle, milord, y no abandonamos ni un instante las bombas. S, s, estoy seguro. Lo que me preocupa es lo siguiente: Despus de cumplir de cumplir con creces las rdenes de lord Keith, ha recuperado usted su situacin anterior, la de un barco hidrogrfico, un barco alquilado cuya misin consiste en explorar el Estrecho de Magallanes y la costa sur de Chile. No est usted supeditado a mi mando en el Mediterrneo y, aunque me gustara cmo decirlo?, reconstruir de proa a popa su barco, aunque slo

fuera como reconocimiento a la enrgica captura que hizo usted de la condenada galera, no puedo hacer un feo a mis barcos de guerra que se encuentran a la espera de recibir urgentes reparaciones, dando preferencia a un barco hidrogrfico. Un barco de guerra siempre es lo primero. Muy bien, milord-dijo Jack-. Pero, me permitira rogarle al menos que nos asignara un fondeadero ms abrigado? Es factible -dijo el almirante-. Hablar con Hancock al respecto. Ahora -dijo al levantarse-, debo despedirme de usted hasta la hora de comer.

***Lleg Jack, acicalado para la ocasin. Con puntualidad, por supuesto, aunque no tanta como los Keith. Tanto Queenie como Isobel Barmouth le recibieron con suma amabilidad y, con la confianza de la relacin que los una desde la niez, se separ de ellas para acercarse a lord Keith, a quien agradeci su intervencin con los funcionarios del tribunal de presas. Nada, nada, no hace falta ni que lo

mencione, mi querido Aubrey. No, no, esos caballeros son conocidos mos, y son muy conscientes de cmo deben comportarse conmigo y con mis amigos. Aunque Aubrey, debo pedirle disculpas por arrebatarle la Ringle, que le hubiera ido de perlas para perseguir a ese condenado mercantn que con tanta saa abord su proa. Estuve observando esta maana la Surprise, y me preguntaba cmo logr usted llevarla a puerto. Tuvimos suerte de disfrutar de un mar y un viento de aleta, milord. Hubiera bastado un pauelo largado en el trinquete para hacer avante; pero no crea, lo nuestro nos ha costado. Seguro que s -dijo Keith, sacudiendo la cabeza-. Seguro que s. Consider unos instantes el asunto, sorbiendo la copa de ginebra de Plymouth, y dijo-: Debo alabar la conducta de ese excelente joven, William Reade. Gobern la goleta de forma admirable, e hizo todo cuanto le ped. Pero me temo que le habr echado usted de menos cuando tuvo que acercarse al muelle, y tambin cuando quiso identificar al bellaco. As es, seor. Pero lo que ms rabia me da

es saber que, en calidad de comandante de un buque de pertrechos de propiedad privada, y por estar ausente, el seor Reade no toma parte en el reparto del botn. Puesto que la Armada sufrir recortes ahora que Boney ha cado prisionero, con los barcos desarmados o abandonados, es muy probable que el pobre no reciba otro mando en un futuro cercano, si es que lo logra algn da, y la parte correspondiente a un teniente le resultara muy til. Sin duda la paz es una gran cosa, pero En ese momento, lady Barmouth salud a los recin llegados, el coronel y seora Roche. Apenas haba hecho las presentaciones, cuando le informaron de que la comida estaba servida. No era una reunin formal, pues se haba preparado sin demasiada antelacin, y no haba mujeres suficientes para ponerse al corriente de los rumores. Jack se sent a la izquierda de Isobel, frente a lord Keith, con el coronel Roche a la derecha, quien obviamente haca poco que haba llegado. Tengo entendido, seor -dijo Jack tras cruzar con l unas palabras insustanciales-, que

estuvo usted en Waterloo. As es, seor -respondi el soldado-, fue una experiencia muy emocionante. Vio usted mucho de la batalla? En las escasas batallas de lnea en que he participado, aparte de la del Nilo, fui incapaz de distinguir lo que suceda por culpa del humo. Despus, la mayora de mis compaeros me hicieron relatos muy diversos. Tuve el honor de ser uno de los edecanes del duque, que casi siempre se situ en posiciones desde las que tanto l como sus ayudantes podan ver un buen trecho del terreno. Como usted sabr, los combates duraron varios das, algo que, segn tengo entendido, no suele suceder con las batallas navales; la jornada que mejor recuerdo fue la del decimoctavo da, el 18 de junio, la culminacin. Le agradecera mucho que tuviera la amabilidad de familiarizarme con lo sucedido, sin obviar un solo detalle. Roche le mir atentamente, comprendi que lo deca en serio, que estaba muy interesado, y prosigui.

Haba llovido a mares durante toda la noche, y las comunicaciones haban sido muy difciles para ambos bandos, pues se disparaba a los mensajeros cuando estos no caan prisioneros o se perdan. Sabamos que los prusianos haban encajado un buen golpe en Ligny, que haban perdido a doce mil hombres y la mayora de los caones, y que Blcher en persona haba quedado atrapado bajo su propio caballo, y enterrado despus por una carga de caballera. Muchos de nosotros pensamos que los prusianos no podran recuperarse lo suficientemente pronto despus de tan fatdica derrota, y que si lo hacan no podramos contar con Gneisenau, que sustituira al malherido Blcher y que no era muy amigo nuestro. Durante la noche, lleg un mensaje diciendo que Blcher se acercaba con dos o, posiblemente, con cuatro cuerpos de ejrcito. Hubo quien se sinti complacido al orlo, pero la mayora de nosotros no lo cremos posible. Creo que el duque s; de cualquier modo, decidi presentar batalla, ocupamos Mont Saint-Jean, Hougoumont y La Haye Sainte con unos sesenta y ocho mil

hombres y ciento cincuenta piezas de artillera, para enfrentarnos a los setenta y cuatro mil de Napolen, amn de sus doscientos cuarenta caones. Los regimientos de caballera francesa se vieron obstaculizados por el terreno embarrado por las lluvias, la artillera an ms, y no fue hasta pasadas las once de la maana que el enemigo, desplegado en tres lneas en la ladera de la colina opuesta, a unos tres cuartos de milla de distancia, despach a una divisin para atacar Hougoumont. Los rechazaron, momento en que empez de verdad el combate, con ochenta caones franceses posicionados para castigar La Haye Sainte, el centro, y debilitar a las fuerzas situadas all antes de emprender los combates ms serios Le apetece un poco ms de sopa, seor? pregunt el sirviente. Vyase, Wallop, por el amor de Dios protest lord Barmouth. De hecho, toda la mesa prestaba atencin al relato de Roche, que con mucho era la fuente ms informada y fiable que haban tenido oportunidad de conocer-. Seor aadi lord Barmouth tras desaparecer Wallop-,

le ruego que coloque una o dos botellas, o algunas migajas de pan, en los lugares ms vitales, de tal modo que nosotros, simples marinos, podamos seguir las evoluciones. Cmo no? dijo Roche, estirando el brazo para hacerse con la cesta del pan-. A grandes trazos, pero servir para que se hagan ustedes una idea aproximada: Hougoumont, La Haye Sainte, el centro del emperador en ese lado de la mesa, los bosques de Pars y dems bosques ms all, en el extremo que ocupa lord Barmouth. Este trozo de pan representa Hougoumont, y en la cima de la colina se encontraban los restos de un antiguo molino. Ah estaba yo, observando la disposicin de las tropas, encarado el catalejo al terreno, cuando vi un curioso movimiento en el borde del bosque junto a Chapelle SaintLambert. Una masa oscura, una masa azul oscuro, azul de Prusia. Cont las formaciones con tanta serenidad como pude y corr abajo. Dije: Con su permiso, seor. Al menos un cuerpo de ejrcito prusiano avanza procedente de Saint-Lambert, a unas cinco millas de distancia. Seran ms o menos las cuatro y

media. El duque asinti, tom mi catalejo y lo encar hacia el emperador. En cuestin de unos minutos, los oficiales de Estado Mayor del Francs galopaban en diversas direcciones. Los escuadrones de caballera y alguna infantera abandonaron sus posiciones, movindose en direccin a los prusianos. Poco despus, el mariscal Ney atac el centro aliado. Sin embargo, sus hombres no lograron tomar La Haye Sainte y dos de las brigadas de caballera de lord Uxbridge los persiguieron al retirarse, capturando dos guilas en el proceso, aunque sufrieron graves prdidas cuando las escuadras del enemigo, tropas frescas, los atacaron por el flanco. Por favor -dijo el seor Wright, un hombre de ciencia-, a qu obedecen las guilas en este contexto? Bueno, seor, son ms o menos el equivalente a nuestras banderas: supone una desgracia perderlas, y un triunfo capturarlas. Gracias, seor, gracias. Espero no haberle hecho perder el hilo. Sera una catstrofe. Roche se inclin levemente y reanud su

relato. Entonces, Ney recibi rdenes de atacar de nuevo La Haye Sainte. Despus del estruendo de los caones, los aliados se refugiaron, gesto que el Francs interpret como una retirada en toda regla, y que le empuj a lanzar cuarenta y tres escuadrones de caballera a la carga. Por estar colina arriba, terreno difcil, los caballos no pudieron ms que avanzar al trote, y sus jinetes descubrieron que la infantera aliada haba formado en impenetrables cuadros. Los barrieron a fuerza de mosquete, y la caballera aliada los empuj despus colina abajo. A esas alturas, se despach a los coraceros franceses y a la caballera de la guardia imperial para proteger la retirada de sus compaeros: ochenta escuadrones en total. Ochenta escuadrones, seor! Fue el combate ms furioso que quepa imaginar, en mi vida haba visto algo igual. Pero no pudieron romper los cuadros aliados, y finalmente tambin ellos terminaron colina abajo. Blow trab combate con las fuerzas que Napolen haba despachado para detenerlo (ms o menos a las cinco menos cuarto), y al

principio no le fue del todo mal pues tom Placenoit, justo junto a esa miga que hay en el centro, seora. Sin embargo, los refuerzos le obligaron a ceder terreno, y Napolen orden una vez ms a Ney tomar La Haye Sainte, lo cual logr, aunque las tropas que la ocuparon carecan prcticamente de municiones. El duque, imperturbable tras la prdida de esta posicin clave, envi todo cuanto pudo a reforzar el centro. Para entonces, otros dos cuerpos de ejrcito prusianos se haban unido a la batalla. No entrar en detalles, pues estoy ronco de tanto hablar y temo que mi charla les har morir de hambre Me limitar a decir que, con la llegada del cuerpo de ejrcito prusiano de Zeiten, el duque pudo movilizar a otras dos brigadas de caballera, que no haban entrado en combate, situadas en el ala derecha, para reforzar el centro, un punto de la mayor importancia. Napolen atac con toda su fuerza a lo largo de la lnea, y comprometi a la guardia imperial, que luch con gran coraje, aunque careca ya de efectivos suficientes. Al retroceder la guardia, los prusianos de Zeiten rompieron parte del frente francs, y eso marc

el principio del fin. Algunos batallones de la guardia aguantaron, al menos hasta que tuvieron tambin que unirse a los compaeros en la retirada generalizada. Le ruego que me perdone, seora -dijo a Isobel Barmouth. En absoluto, coronel, no hace falta que se disculpe usted. Su relato me ha parecido fascinante, tanto ms cuanto he entendido lo que suceda en diversos puntos de la batalla. Muchas, muchsimas gracias. Inclin con discrecin la cabeza hacia el atento Wallop, y se reanud la comida. Cuando sta hubo terminado y los hombres se sentaron a disfrutar del oporto, ambos almirantes y el seor Wright ocuparon la cabecera de la mesa y discutieron los problemas de limpieza relacionados con el nuevo muelle. No tengo el placer de conocer al duque de Wellington -dijo Jack a Roche-. Debe de ser un gran hombre. S, lo es, y adems siempre tiene las palabras ms adecuadas, que pronuncia as, sin ms, como si las improvisara. Podra usted ponerme uno o dos

ejemplos? Ay, lamento admitir que tengo una memoria desastrosa, sobre todo en lo que a las citas concierne. Las evoco en plena noche, lo cual no depende de mi voluntad. No obstante, recuerdo que mientras cabalgbamos por el campo de batalla, despus de ver el desastre en que haba terminado el cuadro formado por los Inniskillings, y el elevado nmero de bajas mortales, me dijo el duque: No hay nada peor que una batalla ganada, excepto una batalla perdida. Despus, mucho despus, cuando nos desplazbamos por Francia, coment: Reido, muy reido el asunto, pues Blcher y yo hemos perdido treinta mil hombres. Reido como pocos, lo ms reido que he visto en la vida Por Dios! Dudo que hubiera podido hacerse de no haber estado yo presente. Se produjo una larga pausa que los marinos y el experto aprovecharon para hablar apasionadamente de las diversas corrientes que mediaban entre Europa y las costas africanas. Jack y Roche pasearon por la terraza, disfrutando de sendos cigarros puros. Tras dar

media docena de vueltas, dijo Roche: Recuerdo haberle odo decir en una ocasin que su ejrcito estaba formado por la escoria del mundo, o, quizs, por lo ms bajo del mundo. Eso fue mucho antes de Waterloo, y lo mencionaba a menudo, creo; al principio lo escuch en labios de otros. Lament orlo, pues yo me haba formado una idea de los hombres a los que haba mandado, pero le aseguro que tuve ocasin de recordarlas en ms de una ocasin durante la marcha a Pars, escoltando heridos y enfermos para quienes no haba espacio en Bruselas. La embriaguez, los alborotos, la insubordinacin, el robo, el pillaje e, incluso, las violaciones (teniendo en cuenta que ramos un pas amigo) me provocaron nuseas. Los hombres del preboste de polica se mostraron muy activos, y se vieron obligados a colocar los potros a diario (los usamos para dar los azotes, como usted bien sabe), aunque de nada sirvi, y lo cierto es que no pude alegrarme ms al embutirlos en los cuarteles de Boligny, y librarme de todos ellos. Finalmente, llegu a la conclusin de que cualquier hombre sometido a una frrea

disciplina es capaz de comportarse como un animal en cuanto se libra de ella. Sea como sea, eso dicta mi experiencia. S, s. Estoy seguro -dijo Jack, asintiendo al or aquellas palabras. Sin embargo, su tono de voz pareca decir que, si bien podan ser ciertas en lo concerniente al ejrcito, los marineros posean, en general, una naturaleza totalmente distinta. Aprisa, querido primo -llam Isobel desde la puerta-, o ni siquiera encontrars tibio el caf.

***En el trayecto de ida del muelle a casa de lord Barmouth, Jack haba cobrado conciencia del lbrego, nebuloso y tenaz nubarrn que cubra su mente. Pese a su ms que tangible presencia, haba logrado disfrutar de la velada. Apreciaba mucho a Queenie y, aunque de otro modo, tambin a Isobel. Haba saboreado el relato de Roche, e incluso la ltima y microscpica decepcin que haba supuesto el caf templado haba quedado olvidada al aparecer una cafetera bien caliente (demasiado incluso para ingerir el negro nctar), por no mencionar la presencia de

un excelente brandy. Sin embargo, al dirigirse a las bateras exteriores, el muelle y, cmo no, hacia la poblacin, volvi a ser consciente del nubarrn, y su nimo se hundi al igual que la pendiente del camino. En segn qu partes lo haban ensanchado a fuerza de explosivos para facilitar el paso de las piezas de artillera, y en las depresiones ms hondas se sinti al abrigo del viento y del difuso murmullo de la ciudad, aunque no de su fulgor, reflejado en las nubes altas e uniformes. Justo al sentarse en la piedra de uno de esos abrigados recodos del camino, descubri que haba dado a Roche el ltimo de sus cigarros. Era un fastidio, aunque no tena mucha importancia, y volvi a pensar en los comentarios del soldado acerca de los hombres liberados de una fuerte disciplina y de los excesos que cometen. No -se dijo-. El marinero pertenece a una especie diferente. Se levant y sigui caminando; super el nuevo recodo y all, en la ladera de la colina, el

viento arrastr el familiar vozarrn de Higgs. No hay ley marcial que valga -voce el marinero, que al parecer se diriga a un grupo numeroso, situado en el extremo oriental de los an inacabados jardines de Alameda-. No hay ley marcial. La guerra ha terminado. En cualquier caso, la Surprise ya no es un barco de guerra, sino un navo pertrechado para el levantamiento de planos. No pueden hacernos nada. Tenemos nuestro dinero y podemos hacer lo que nos venga en gana. No hay ley marcial, somos libres. Por Wilkes y la libertad! exclam alguien, probablemente el ms borracho de todos. Los mercantes piden marineros a lgrima viva, nos imploran disponer de ms manos. Ocho libras al mes de las de verdad, tabaco gratis y comida de primera. Yo me voy a casa. A estas palabras sigui un rugido que, sin embargo, qued de nuevo ahogado por el vozarrn de Higgs-: No hay ley marcial. No somos esclavos. No somos esclavos -gritaron los dems, pateando el suelo con cierto ritmo. Esa cada de la dotacin de la fragata, esa desintegracin de la comunidad, era el motivo

del nubarrn que Jack haba conseguido apartar de su mente durante la velada y la encantadora tarde que haba pasado en compaa de Isobel y Queenie. Era una consecuencia lgica, y Jack lo saba, pues el mar corra por sus venas, conoca sus corrientes y las corrientes que movan a quienes lo navegaban. Se haba percatado del descontento que se extenda entre los miembros de la tripulacin, antes incluso de que se manifestara. Obviamente, terminada la guerra, ansiaban regresar al hogar y disfrutar de la vida. Sin embargo, Jack estaba dispuesto a hacer lo imposible para evitar perder el barco y el viaje que se haba propuesto emprender. Menuda mezcla la que constituan los marineros de la Surprise. El almirante haba tenido que pertrecharla para la guerra sin disponer del tiempo necesario cuando dio a Jack el mando de la escuadra, y ningn capitn en su sano juicio hubiera cedido a nadie sus mejores marineros. Por tanto, algunos de los sujetos reclutados forzosamente que aparecieron en cubierta eran ms aptos para disfrutar de la ayuda de una institucin dedicada a la caridad

que para pertenecer a la dotacin de un barco de guerra. La mayora de ellos eran los ms zafios, estpidos y torpes marineros que se haba echado a la cara, aptos para halar de los cabos, pero poco ms. Miembros de pro de la guardia de popa. En aquel momento, sin embargo, con el estmago lleno de ginebra y con la admiracin que sentan por Higgs en la mirada, formaron detrs de l, y al poco marcharon hacia la ciudad, aullando: No hay ley marcial. Es cierto, capitn Aubrey? pregunt una voz a su espalda-. Acaso es cierto que no hay ley marcial? Seor Wright? Cunto me complace verle. Respecto a su pregunta de naturaleza legal, tanto en este caso como en otros, no podra ser yo ms ignorante. Sin embargo, si estuviera en Inglaterra, me inclinara como magistrado a leer en voz alta el Acta de Motines. Caminaron siguiendo los pasos de los marineros. Hasta que los gritos referentes a la esclavitud cesaron de pronto al toparse los marineros con una inmensa hoguera en la encrucijada (dos carros e innumerables toneles

vacos) y con una multitud que danzaba alrededor de la hoguera en sentido contrario al de las agujas del reloj. Entonces Jack aadi: S que Maturin lamentar mucho no verle a usted. No puedo invitarle a subir al barco, pues ha sufrido terribles daos como consecuencia de un abordaje en la mar. No obstante, cenaremos en el Crown, y nos encantara disfrutar de su compaa. El Crown? Ser un placer. Resulta que me alojo en el George, y tendr que pasar antes por all Si me disculpa, seor, esta calle me lleva al patio posterior, de modo que podr evitar a la muchedumbre. As es -dijo Jack-. As es. Qu le parece a las diez y media? Puesto que no hay quien camine por estas calles, Maturin y yo pasaremos a recogerle. Jack Aubrey, alto como era, recio, con su enorme corpachn embutido en el uniforme de capitn de navo (las charreteras doradas ensanchan la envergadura de cualquiera, sobre todo a la luz de una chimenea), se abri paso sin dificultad entre la turba, en direccin a la oficina

del inspector de la Armada, donde pretenda dejar una nota si no encontraba presente a ninguno de los oficiales. Sin embargo, al doblar Irish Town, encontr el paso bloqueado por una compacta e imponente masa y por un estruendo tan disonante que incluso su corpachn fue incapaz de abrirse paso, y al cabo tambin fue incapaz de retroceder. Por lo visto se libraba una pelea entre marineros del Canopus y de la Malta, o al menos eso pudo distinguir, mientras que a mano derecha un decidido grupo de marineros irrumpa en una bodega defendida por guardias armados e igualmente decididos. Entretanto, observ que a lo lejos los marineros haban tomado al asalto un burdel, y que quienes lo habitaban hacan lo posible por abandonarlo desnudas, huyendo por el tejado, perseguidas por marineros tanto o ms decididos que quienes se enfrentaban a los guardias de la bodega. All de pie, acorralado, incapaz de avanzar o retroceder, tosiendo a causa del humo que desprendan las diversas hogueras, reflexion en su conviccin de que marineros y soldados

pertenecan a especies distintas. Quizs lo sean -pens-. Aunque el hecho de beber en grandes cantidades pueda reducir las diferencias a un estado menos evidente. En aquel momento, sonaron a su derecha los ensordecedores trompetazos que se abrieron paso hasta los aullidos y los gritos que se producan en mitad de la muchedumbre. Al cabo de unos minutos, un destacamento compuesto por disciplinados soldados que marchaban con la bayoneta calada, asom a paso ligero procedente de tres calles distintas; despejaron el lugar con una eficacia y una celeridad encomiables. La polica sigui a los soldados para arrestar a los malhechores ms destacados, a quienes arrastraron maniatados hasta un carro tirado por mulas, utilizado para transportar abono. Jack recorri la silenciosa plaza sin dejar de saludar a cuantos soldados encontr a su paso. Una bendita tranquilidad pareca haberse adueado de Gibraltar (aunque an se vea el fuego de distantes hogueras, y todava poda orse lo que probablemente obedeca al tambin

lejano estruendo de una multitud rabiosa), casi perfecta cuando los porteros y los empleados jvenes de la oficina del inspector de la Armada le informaron de que ninguno de los oficiales de mayor responsabilidad haban puesto un pie en el edificio durante las pasadas tres horas. Tambin del hospital se haba adueado la tranquilidad; all Jack pudo sentarse en un banco, y tomar una mezcla fra de vino y zumos de naranja y limn a travs de una pajita, mientras vea a Arturo brillar con mayor claridad a cada minuto que pasaba. Oh, Jack, confo que no habrs tenido que esperar mucho -dijo Stephen al aparecer de pronto-. Esas zorras ni siquiera me dijeron que estabas aqu, y yo ah dentro, charlando con todos. Querido amigo, te veo muy bajo de nimos. S, as es. Fue una comida estupenda, a la cual no falt el bueno del seor Wright. Por cierto que debemos recogerlo esta tarde para que cene con nosotros. El coronel Roche, uno de los edecanes de Wellington, nos relat la batalla. Ah, me hubiera encantado que lo escucharas. Sin

embargo, al volver caminando, me cruc con un grupo de marineros de la Surprise, y te dir algo, Stephen: La dotacin de la Surprise ya no existe como tal. Me temo que la llegada de los reemplazos y, sobre todo, el inoportuno y excesivo dinero del botn, la han arruinado. Querra que no nos hubieran privado de nuestros infantes de Marina. Guard silencio y, al cabo, dijo-: Haba pensado entrevistarme con los oficiales, y preguntarles con cuntos miembros de cada divisin podran contar. Se me haba ocurrido reunir a la gente y pedir a quienes desearan seguir a bordo que se colocaran junto al pasamanos de estribor, y los dems a babor. Vamos, que haba pensado en un sinfn de cosas, pero la posicin en las leyes civiles o navales en lo que a la Surprise concierne, as como mis poderes a bordo de dicha embarcacin, son confusos, y nada puedo hacer antes de hablar maana por la maana con lord Keith. Ser lo mejor -dijo Stephen al ver que Jack no tena intencin de seguir hablando-. No conviene jugar con las leyes. Me encantar

disfrutar de la compaa del seor Wright. Creo haberte odo decir que tenemos que recogerlo en la fonda George. As es. Ordenar a Killick y a Grimble que lo protejan de la brigada de leva forzosa. Llegados a la fonda, encontraron atnito al servicio. Es usted el doctor, verdad, seor? pregunt la seora Webber. Stephen asinti-. En tal caso, le ruego que suba a verlo. El pobre anciano caballero fue golpeado y robado por tres marineros borrachos ante la puerta de nuestra propia casa. Webber amenaz a uno con un pistoln, pero el arma no dispar. Aun as, nuestros mozos se las apaaron para salvarlo y llevarlo arriba. Por aqu, seor, si es usted tan amable.

***Cuando Stephen regres al saln, dijo en respuesta a la interrogativa mirada de Jack: Algunos rasguos y una contusin en el hombro, pero me alegra decir que no tiene nada roto. Sin embargo, para un hombre de tan avanzada edad, la perturbacin emocional,

espiritual, constituye casi el equivalente a una fractura en el caso de un joven. Supera los ochenta aos, eso seguro (lo nombraron para la Royal Society mucho antes de que t o yo llevramos calzones) y los ancianos, cuando no se ensimisman Killick se mova inquieto en el umbral, pero al comprobar que el doctor no pareca dispuesto a callar opt por interrumpirle: La seora Webber se pregunta si al viejo caballero le apetecera tomar unas gachas, o un ponche caliente -dijo lenta y difusamente, hasta comprender que su forma de hablar no era propia del despensero de un capitn de navo, momento en que no fue su voz lo nico que enderez; despus, en cuanto hubo recibido y entendido la respuesta de Stephen, aadi-: En tal caso, dir a Grimble que vaya al Crown y se encargue de que sirvan la cena de ustedes para dentro de media hora. Yo ir a prepararles los camisones limpios. Los marineros de la Surprise, a duras penas habitable su barco, se haban dispersado por toda la ciudad, la mayora de los oficiales se

alojaban en la fonda Crown, los segundos del piloto y los oficiales de cargo superiores en la Blue Boar, mientras que la mayor parte de la dotacin de la fragata se alojaba en unos cuarteles que haban cado en desuso, alojamiento pagado con el comercio que hacan con los pertrechos robados de su propia embarcacin: Nada por nada, y muy poco por cuatro peniques, era la frase acuada por la Junta de Vveres. La entrada a dichos cuarteles era vigilada con cierto boato, lo cual no suceda con la lavandera y fregaderos, que daban a una sucia callejuela. No obstante, el Crown, por ser lugar civilizado donde a menudo se haba alojado Jack cuando andaba bien de dinero, lugar que proporcionaba tanto a Stephen como a l una sala de estar y un dormitorio por cabeza, no era tan diferente de un barco como pueda pensarse, de modo que result de lo ms natural que el capitn Aubrey invitara a dos de sus oficiales a desayunar con l: a Harding, primer teniente, y a Whewell, tercer teniente. Desde las dos de la madrugada, la ciudad haba quedado sumida en un silencio

sobrenatural, y as segua. Todos los marineros haban dormido vencidos por el cansancio de un da agotador, y en aquel momento desayunaban haciendo gala de un apetito excelente. Disclpeme de nuevo si le pido que me alcance las salchichas, seor Whewell -dijo Jack, que aadi al coger el plato-: Buenos das, seor Somers. Si gusta. Buenos das, seor -dijo azorado el joven-. Lamento tener que molestarles, lamento mucho traerle tan miserables noticias, pero me temo que la mayora de los hombres ha desertado. Al apagarse las luces se haba asegurado de que todos estaban en sus coyes, exceptuando quienes tenan permiso en tierra. Haba hablado con los segundos del contramaestre y los dems cabos responsables, y haba dado las rdenes pertinentes al sargento al mando de los soldados que custodiaban la puerta exterior. An quedaban dos decenas de veteranos marineros de la Surprise en los cuarteles; estos no hacan ms que quejarse de la comida del puerto, pero nada saban de los planes de fuga de sus compaeros. Nada en absoluto.

Probablemente hayan cruzado la frontera con Espaa -dijo Jack-. La mayora de ellos se la ha jugado para lograr pasaje a Inglaterra. Sintese, seor Somers, y tome al menos una taza de caf y una tostada. Enviar un mensaje al Convento, cuyas gentes seguro tienen noticias de los desertores. Seor Harding, tenga usted la amabilidad de preparar para el medioda un pase de revista. Ahora, si me disculpan, debo ir a presentar mis respetos al almirante. El almirante en cuestin no era Barmouth, con quien no congeniaba; tampoco es que Barmouth fuera, en asuntos de este cariz, llenos de ambiguas y extraas responsabilidades, una fuente de sabidura. No, Barmouth, no, sera lord Keith, viejo amigo de Jack y persona dotada de una experiencia enorme en la Armada y en sus aspectos administrativos. Llam por tanto a la puerta de Keith, y un sirviente inquieto y cabizbajo (a quien tambin conoca desde haca tiempo) le condujo a la salita del desayuno, donde encontr a Queenie sentada. Hunda sta de forma mecnica la cuchara en un bol de gachas.

Oh, Jack -exclam-, qu malas noticias hemos recibido de Tullyallan Tullyallan era una extensa propiedad escocesa que perteneca al almirante, una propiedad que apreciaba en grado sumo, y por lo visto el encargado de gestionarla, un hombre dotado de amplios poderes y responsabilidades, haba aprovechado la ocasin y se haba fugado con una considerable suma de dinero, dejando Tullyallan a merced de las deudas. Jams haba visto a Keith tan afectado -dijo Queenie-. Es como si hubiera enfermado de pronto Ah est, sentado, escribiendo cartas tan rpido como se lo permite el pulso y la pluma, para romperlas despus en mil pedazos. Le dir ms tarde que has venido, querido Jack, no te preocupes.

***Acalorado y cansado tras tan decepcionante caminata bajo un sol abrasador muy cercano al cnit, vestido con el uniforme de pao fino que ms que una proteccin pareca una crcel, volvi Jack sumido en la misma ignorancia respecto a sus poderes y a su situacin legal. El

capitn Aubrey encontr a Stephen y al doctor Jacob sentados en la terraza del Crown, fumando de una pequea pipa de agua. Tanto Stephen como Jack estaban acostumbrados a las sbitas apariciones y desapariciones de Jacob. Jack las atribua al hecho de que se trataba de un naturalista y de un hombre de medicina, pues en una ocasin haba sorprendido a Jacob observando un esqueje de beleo, cuyas cualidades le explic con el mismo vigor y entusiasmo que a menudo haba apreciado en Stephen. En definitiva, Jacob era un naturalista que iba y vena a su antojo. Cunto me alegro de verle, doctor Jacob. Confo en que se habr recuperado usted. Totalmente, gracias. Fue una heridita de nada. Me alegra or eso -dijo al sentarse en la escalera sin disimular el cansancio que senta-. Supongo que el doctor Maturin le habr puesto al corriente de nuestras desdichas. S, seor. Y yo le he dicho a dnde han ido. Habrn cruzado la frontera, supongo. No exactamente, seor. Han cruzado toda la

Roca hasta Baha Cataln, all los pescadores los embarcaron en tres botes y los llevaron a la costa espaola cerca de San Roque, donde desembarcaron. Les ha costado dos onzas y media de plata por cabeza. Dgame, se lo ruego, cmo lo ha descubierto? Pues preguntando a los pescadores, seor. Seor -dijo Harding-, disculpe que les interrumpa, pero la revista que orden usted empezar a medioda, si le acomoda. Y me acomoda. Que as sea, seor Harding. Si pasa usted por la barra, pida si es tan amable una jarra de sangra helada con al menos cuatro vasos.

***El pase de revista no fue precisamente una fiesta. Al inevitable primer apellido respondi un denso e incmodo silencio, antes de que se anotara una D mayscula junto al nombre de Anderson; primera letra de la palabra desertor, para uno de los pocos desertores que Jack haba tenido desde que ostentaba el mando. No haba pedido las cifras exactas; a juzgar por el tono de

voz de sus oficiales, esperaba que fuera mucho peor. La mayora de los veteranos marineros de la Surprise seguan all, de toda la tripulacin los ms valiosos, y a cada uno de ellos los salud por su nombre. Bueno, Joe, y cmo te va?, Vaya, Davies, me alegro de verte, pero ser mejor que vayas a que te examine la cabeza el doctor. Respondieron estos de buena gana, con tal simpata que sus voces lograron ahogar los silencios de ms de un buen marinero, por no mencionar a los del combs y a los miembros de la guardia de popa. Este extrao y animado pase de revista tuvo lugar a bordo de un barco fondeado, cuyas amuras se encontraban situadas en una posicin imposible para permitir a los carpinteros (a unos hipotticos carpinteros) reparar algunas de las cabezas de tabln. Las agradables palabras de Harding dieron por concluida la ceremonia: Seor, el seor Daniel me dice que la Ringle acaba de izar su nmero de identificacin. Me alegra or eso -admiti Jack-. Sin duda el seor Reade trae un mensaje para lord Keith.

Por favor, infrmele de que en cuanto lo haya entregado me gustara mucho que comiera conmigo a bordo. Entretanto, vayamos con Astillas a echar un vistazo a la destrozada proa. Y ah estaban, de pie, o, ms bien, en cuclillas, en la zona de la proa y en un lugar que antes bien poda haberse considerado bajo cubierta. A esas alturas se haban acostumbrado a la oscuridad. Con la escasa luz que despeda la linterna observaron busardas y bulrcamas, los horribles destrozos sufridos por busardas y bulrcamas, antes de lanzar un suspiro. Escuche, Astillas -dijo Jack al carpintero-. Creo que sabe usted perfectamente que en el astillero no movern un dedo durante mucho, mucho tiempo. Tiene usted algn amigo carpintero en el negocio, que disponga de la madera y la destreza necesaria para permitirnos hacernos a la mar con destino a Funchal, a da Souza? Ver, seor -respondi el carpintero-. Conozco una modesta empresa particular, situada bajo Baha Rosia. El otro da navegu acompaado por el gavillero, que me mostr la

estupenda madera que tienen all. Sin embargo, no se entregan a cualquier tarea, y son muy caros. Y para trabajar aqu, en los astilleros del rey, tendran que venir de forma subrepticia, y satisfacer ms de un bolsillo. Podra usted hacer una estimacin de los costes? Me temo que no bajara de diez guineas diarias, madera aparte. De acuerdo, Astillas, preprelo todo, por favor -pidi Jack-, y prometa a sus amigos un estupendo regalo si logran que podamos hacernos a la mar antes de la luna nueva. Stephen y l abandonaron el barco y recorrieron el muelle, observando al este la generosa blancura del velamen de la Ringle, que orzaba al viento y haca buen avante. Puesto que se encontraban a solas, Jack dijo: Creo haber tomado una decisin. Es muy probable que los amigos de Astillas logren arreglar la embarcacin lo suficiente como para que arribemos a Madeira, a un buen astillero, y de ah a Inglaterra. A Inglaterra, hermano?

S. En primer lugar al astillero de Seppings, al mejor astillero del reino, donde prcticamente podrn reconstruirla. En segundo lugar, para reunir a la dotacin adecuada, una dotacin compuesta por autnticos marineros. Nuestra travesa suramericana exigira de una dotacin competente aunque no tuviramos que bregar con el asunto chileno. La exploracin, el levantamiento de los planos de esas costas (ya conoces el tiempo y las corrientes del Cabo de Hornos) requieren de autnticos marineros a bordo del buque que se entregue a tal cometido. Qu pena que hayan desertado esos miserables. S, una pena. Una vez doblado Cabo de Hornos, tanto el contramaestre y sus ayudantes, por no decir nada de mis oficiales y yo mismo, hubiramos logrado convertir a esos torpes halacabuyas en algo parecido a marineros de verdad. Sin embargo, no creas que los culpo. No tenamos mucho que ofrecerles, excepto mucho trabajo, escaseces y un duro lecho, sin posibilidad de botn y sin permisos. Es cierto que, en cuanto no encuentren trabajo en los

mercantes (cosa que suceder en uno o dos meses), y en cuanto se hayan gastado el dinero (lo cual suceder mucho, mucho antes) todos ellos desearn contar con un coy en la Surprise. En lo que a nosotros concierne, estoy convencido de que conseguiremos suficientes marineros de primera, despedidos de los barcos del rey tras declararse la paz, como para formar una buena tripulacin, una dotacin combativa. En este momento podemos gobernar la fragata con quienes se han quedado, aunque no seamos suficientes para entablar combate. No te veo muy feliz, amigo mo. Son los chilenos quienes me preocupan. Todo esto Las reparaciones, la demora en Madeira, todo esto nos ha costado mucho tiempo. Los chilenos sienten un gran fervor revolucionario, y ansan obtener resultados inmediatos o casi inmediatos. Me pregunto si nos esperarn. No tienen eleccin. No sucede cada da que el Gobierno pertreche un barco de guerra para cartografiar sus aguas, por no mencionar todo lo dems que se ha decidido hacer en su favor.

En fin, espero que tengas razn, amigo mo. No olvides que no son ingleses. Cierto, y eso, pobres desdichados, juega sin duda en su contra. Pero, a juzgar por lo que he odo, llevan algunos aos empeados en obtener la independencia. Lejos estn de parecerme caprichosos o excesivamente entusiastas. Cuando lleguemos a Londres, o a donde quiera que sea, me permitirs hablar con los cabecillas de la misin, con tal de exponer el caso con las sencillas palabras de un marino? Es imposible que no logre convencerlos.

CAPTULO 2Hubiera resultado difcil para cualquier persona, sino imposible, mantener una relacin amorosa en una comunidad tan cerrada y pequea como Gibraltar. Sin embargo, estaba al alcance de todo aquel a quien no importara mezclar la frivolidad con el amor, de hecho se haca a una escala bastante sorprendente. Cuando lord Barmouth, cuya amante, mujer de carcter muy violento que odiaba a Isobel, inform al almirante de que su esposa y Jack Aubrey se citaban a diario en un henal, o en la

casa de un amigo comn, no le sorprendi mucho. Cierto que no se lo crey del todo, dado que el afecto y la familiaridad en el trato no son factores que puedan sorprender si se dan entre quienes han crecido juntos. Sin embargo, no le gustaba que se dijera por ah, puesto que, en cuanto a los cuernos concerna, el almirante prefera ponerlos a lucirlos, aunque eso ltimo slo fuera en apariencia. Nadie haba puesto en entredicho su valor en combate, pero el conflicto domestico constitua un campo de batalla al que no estaba acostumbrado. No slo su propia conducta era inexcusable, sino que, adems, Isobel, enfadada, tena una sobrada capacidad para el verbo que l tema; era tambin una mujer valiente, y en cuanto su temperamento alcanzaba cierta cota no haba forma de hacerla cambiar de opinin y se mostraba imperturbable, como uno de esos perros terrier que antes se dejan matar que soltar la presa. El almirante, a su modo, se senta muy unido a ella, y deseaba ser correspondido. Por tanto reflexion sobre la cuestin. Entre otras cosas que cruzaron por su mente, estaba el

hecho de que Aubrey era uno de los pocos protegidos de Keith. ste, aun apesadumbrado por los problemas que sufra en ese momento, disfrutaba de una considerable influencia y poda muy bien recurrir a los altos cargos. Despus de caminar arriba y abajo, envi al astillero a dos hombres discretos. Confirmaron su impresin de que casi todos los marineros de la Surprise presentes participaban de forma activa en las labores de calafateado, pintado y enjarciado de las embarcaciones auxiliares; y de que la fragata en s segua sin estar en condiciones, a pesar de la dedicacin de su capitn, del carpintero, y de sus ayudantes y auxiliares. Se puso una rada capa sobre el uniforme, y se dirigi al astillero, pasando junto a todos los barcos que aguardaban reparaciones, hasta saltar del muelle a la cubierta de la Surprise. Ms de uno sigui boquiabierto los pasos que dirigieron rpidamente al almirante a proa y bajo cubierta, hasta llegar al estruendoso y atestado lugar donde la fragata haba sufrido los daos ms graves. Capitn Aubrey! llam a voz en grito,

decidido a imponerse al estruendo de los mazos; y en el aterrador silencio que sigui aadi-: Cmo les va? Muy bien, seor. Gracias. Algunos de los antiguos compaeros de rancho de mi carpintero, y tambin unos amigos, nos estn echando una mano. Si me permite hacerme con esta linterna, milord, le ruego que mire estas busardas. Creo que coincidir conmigo en que esos hombres estn haciendo un gran trabajo. Un gran trabajo, s seor -admiti lord Barmouth, que apreciaba la obra con los ojos entrecerrados y mirada experta-. Un gran, gran trabajo como slo se ve uno entre cien. Les dejaremos trabajar, mientras damos un paseo por el muelle. En el muelle, el desierto muelle, Barmouth habl sin tapujos. Me alegra ver que progresan las reparaciones, primo Jack. Existe cierta inquietud en Whitehall respecto al destino de su viaje, y creo que debera mostrarme ms flexible en cuanto a la preferencia de las reparaciones, y adelantar el turno de la Surprise ms de lo que

tena previsto en un principio. En cuanto considere usted seguro largar amarras, envergaremos el palo trinquete y la obencadura, y le pondremos en rumbo cargado de pertrechos, sin olvidar municin, plvora y bala, todo ello en abundancia. Es usted muy amable, milord -dijo Jack con la cabeza gacha y un tremendo esfuerzo por apartar el menor atisbo de suspicacia en su tono de voz y expresin, cosa que logr con cierto xito-. Anso hacerme a la mar.

***Anso hacerme a la mar, le dije, Stephen. Pero te aseguro una cosa: no sabes cunto me cost pronunciar esas palabras. Estaba confundido, mudo, sorprendido por el extrao y repentino cambio operado en sus planes. Sin embargo, de pronto, se me ocurri pensar que quizs poda ser cosa tuya, que podas haber recurrido a esos Cmo llamarlos? Contactos? De ninguna manera, querido -dijo Stephen, observndole con sincero afecto, y, en su fuero interno, pens: Acaso no se te ha ocurrido

pensar que las libertades que te has tomado con la esposa del caballero, esos paseos al atardecer, el bao que os disteis a la luz de la luna, por muy inocentes que sean, no han pasado desapercibidos para los lujuriosos habitantes de esta poblacin que disfruta de la paz? Que las buenas nuevas no habrn pasado de boca en boca? Ya en voz alta, dijo-: Aunque debo confesar que ahora que el halcn peregrino ha roto la cascara, tambin yo anso echar a volar. Pondremos rumbo directo a Sierra Leona? Oh, por Dios, no, Stephen. Estas reparaciones no nos alcanzarn ms que para arribar al astillero de Madeira, un astillero profesional donde recibiremos toda la atencin del mundo, y cuyas reparaciones permitirn a la fragata afrontar las latitudes del sur y los grandes hielos. No habrs olvidado lo cerca que estuvimos de irnos al fondo al sur del Cabo de Hornos, lo cerca que estuvimos de embarrancar, nosotros y ese condenado barco norteamericano. Vamos a Madeira a someternos a concienzudas reparaciones, y quizs all podremos hacernos con una dotacin como Dios

manda. En este momento, apenas podemos gobernar el barco, y, para gobernarlo en los ms duros parajes del lejano Atlntico sur, necesitarnos de otros cuarenta marineros de primera. No creo que tengamos problemas para encontrarlos en Funchal. Vaya -dijo Stephen. Temo haberte decepcionado. A decir verdad, esperaba que pudiramos puntear la costa de Guinea, rumbo a Sierra Leona, en cuanto restaaran esas temibles vas y remplazaran el trinquete. Vamos, que imaginaba que bordearamos directamente. Querido Stephen, ya te habl de lo necesaria que era esta escala; en ms de una ocasin te he advertido de que nada, absolutamente nada en la Armada, se hace directamente. Hizo una pausa-. Dime, por favor, dnde has aprendido la expresin puntear? Acaso no se trata de una expresin nutica? Estoy seguro de que as es, slo que no recuerdo haberla odo nunca.

Creo que significa el avance hecho en zigzag, con viento no de popa, ni siquiera de travs, sino de proa o casi de proa, de tal modo que el barco avanza punteando a su objetivo. Aunque seguro que me equivoco, sin duda he empleado la expresin equivocada. No, no. Te entiendo perfectamente; es una excelente expresin. Por favor, no te desanimes, Stephen. De ninguna manera, querido amigo. Sin embargo, al regresar a su habitacin, donde le aguardaba la carta que deba terminar, escribi: sta es la tercera vez que hago un aadido tanto a esta larga carta, desde el momento en que le agradec el extraordinario detalle que tuvo al enviar el esqueleto de mi querido poto (esqueleto magnficamente preparado) a la Royal Society, como a las dems misivas, en las que celebraba la decisin que haba tomado usted de permanecer en Sierra Leona hasta que estuviera ms cerca de completar el estudio de las aves de Benin o, al menos, de esa zona estudiada por nuestro ilustre predecesor. Espero de veras que

las reciba, pues las he dirigido al actual gobernador. Sin embargo, en lo que a sta concierne, lamento tener que informarle de que an tardaremos algo ms en llegar a puerto. Quizs no haya prestado la atencin necesaria a las explicaciones del capitn Aubrey (a menudo sucede que cuando habla en jerga nutica, tiendo a pensar en otra cosa, por lo cual no retengo los detalles importantes), pero, si bien estaba convencido, o me haba convencido a m mismo, de que al abandonar este puerto pondramos rumbo a Freetown, y que all tendra el placer de verla a usted y de escuchar su relato del azor lagartijero somal recin salido del huevo, ahora descubro que andaba errado. Todo este laborioso martilleo, barullo, incluso la devastacin, constituyen un simple preliminar de algo an peor que tendr lugar en Funchal, a donde el capitn Aubrey asegura que debemos ir con tal de poner el barco en condiciones para un viaje de naturaleza hidrogrfica que emprenderemos al sur, adems de recoger a un par de veintenas de marineros que puedan domar el barco en las inclemencias australes.

Y de este modo, querida seora, concluyo este insatisfactorio y breve mensaje, escrito con la esperanza de ampliar la informacin dentro de una o dos semanas. Entretanto, me tomo la libertad de enviarle este cangrejo hermafrodita, cuyas singularidades seguro que un ojo experto como el de usted podrn apreciar. Al despedirme, le ruego que acepte el ms respetuoso de los saludos, de parte de su humilde servidor,

S. MATURINAunque S. Maturin tena una bolsa de loneta a mano, preparada para la ocasin (la correspondencia martima no poda confiarse al papel, menos an la dirigida al Golfo de Benin), no dobl las pginas directamente, sino que las ley con atencin para comprobar que no hubiera expresiones demasiado familiares, a pesar del hecho de que las primeras pginas eran segundas e incluso terceras versiones, copiadas y vueltas a copiar de pginas ya corregidas. Pero bueno, seor -protest Killick-, an no ha terminado? Dice Tom Wilden que el

mercantn ha izado la bandera azul. No tardar ni una hora en hacerse a la mar, y no crea que tendr otra oportunidad como sta en un mes o seis semanas. Oh, Dios mo, Dios mo -murmur Stephen mientras lea rpido, ms y ms rpido; tena miedo de decir algo inapropiado, de dar muestras desautorizadas de afecto, lo cual sera impropio de un hombre de su condicin. Sin embargo, antes de arriesgarse a perder la oportunidad de enviarlas, las guard todas en la bolsa de loneta. Lo hizo deprisa y sin haberlas reledo como pretenda. Despus, lacr la bolsa y procedi a rodearla de un cordel. El disimulo no era algo precisamente ajeno para Maturin, pues a ese factor deba su existencia. No obstante, lejos estaba de sentirse familiarizado con la continua suppressio veri. Christine Wood haba permanecido en su memoria, en su mente, en sus recuerdos, desde su primer encuentro en Sierra Leona, y no tanto por su increble atractivo (era delgada, de piernas largas, casi andrgina), sino por su modestia, la claridad de ideas, y el excepcional

conocimiento de que haca gala, un conocimiento que abarcaba diversas reas que a l le complacan. Stephen era una persona discreta; sin embargo, a pesar de que su discrecin pareca ms bien frialdad, posea fuertes, incluso muy fuertes impulsos masculinos, y el recuerdo de Christine nadando desnuda e inocente en un arroyo africano de aguas cristalinas para atrapar un cuervillo malherido El modo en que nadaba desnuda bajo la mirada indiferente de la doncella negra, igualmente desnuda, haba vuelto a menudo a su atormentada mente, impidindole a veces conciliar el sueo. Y ms que su desnudez griega o africana, su piel desnuda despus de nadar, piel carente de misterios para un anatomista, Stephen recordaba la leve pero perceptible presin de su mano cuando finalmente se despidieron aos atrs, y eso era lo que le reconcoma en ese momento en el lecho de la fonda Crown, cuando no ensayaba pasajes de aquella interminable carta, cuya escritura poda incluir ms de un desliz. Justo antes de irse a dormir, la misma parte de la conciencia

encargada de leer y releer prrafo a prrafo la correspondencia llam su atencin para preguntarle qu cualidad tenan en comn todas aquellas mujeres por las cuales, siendo adulto, haba sentido un intenso cario. Un intenso y amoroso cario? Por supuesto, zoquete. En todos los casos -dijo tras meditarlo-, todas ellas se han comportado bien. Todas ellas, sin pecar de afectacin alguna, han dado pasos de gigante para una mujer, han caminado paso a paso en la misma lnea que su compaero, con una elegancia no exenta de una total naturalidad. Todo este cmulo de recuerdos haba supuesto una labor de lo ms agotadora, y la contemplacin de sus apresuradas y slo en parte repasadas cartas, cuya redaccin casi seguro resultaba voluble, cartas que en aquel momento se deslizaban por la mar con viento favorable, haba exprimido su agotado espritu de tal modo que por primera vez en mucho tiempo recurri a su viejo y controvertido amigo el ludano, la tintura de opio, y se sumi en un sueo, culpable durante las primeras brazas y,

despus, puro como el blsamo. Oh, vamos, seor -dijo el pequeo Wells, cuya voz de adolescente pareci encumbrarse por la indignacin-. Se lo perder usted todo, ah roncando Stephen pestae ante el brillante sol mientras el muchacho le animaba a ponerse en pie, a acercarse a la ventana que estaba situada a la izquierda de todo, desde la cual se divisaba buena parte del astillero. Ah, seor, lo ve? S, pues claro que lo vea: La Surprise segua mecindose tras caer de popa con fuerza, pero cada vez estaba ms adrizada, a excepcin del feo agujero del cual la machina de arbolar haba arrancado el trinquete. Wells rememor lo sucedido, con toda suerte de detalles. Y si se inclina usted un poco hacia aqu, seor, podr ver recular a la machina flotante, igual que los cangrejos, hacia su Uy, qu rpido marcha Vaya. Y por la calma superficie del agua, en la distancia, lleg con claridad el vozarrn de Harding:

Silencio ah. Silencio de proa a popa! Voz de mando dicha con apremio, que, gracias al hbito establecido, impuso un instantneo y considerable silencio, en el cual pudo or los pasos de Jack. Justo a tiempo -exclam-. Ah, Stephen, lo ves? La machina eleva el palo macho, lo desplaza; lo hacen firme, lo bajan, con bro, con alma ahora. Harding, d la voz, arbolado! El resto de las operaciones sigui el curso habitual: obencadura, estayes, cofa y, despus, el propio mastelero-. Ah -seal Jack-. Qu magnfica precisin. Estoy seguro de que hubieras lamentado perderte un slo instante. Por supuesto, por supuesto -dijo Stephen. Y seguro que el seor Wells te habr explicado lo poco que ignorabas del proceso. Con perfecta claridad. Sus explicaciones han resultado muy satisfactorias. Muy bien, excelente. En fin, en marcha, seor Wells, y dgale al seor Harding que el doctor lo ha presenciado todo, y que le ha satisfecho muchsimo. Te dir de qu se trata, Stephen -continu cuando los pasos del

muchacho se perdieron escaleras abajo, como si de un centenar de ladrillos se tratara-: El almirante ha cambiado de rumbo para mi sorpresa. Ciento ochenta grados, ni ms ni menos. En este momento, nos empuja fuera de puerto como si tuviramos la plaga. Como lo oyes: En este preciso instante, trabajan a destajo en el almacn de municiones y, sin duda, en cuanto se enfren los fogones, se nos amadrinar el buque de la plvora. Ha pretextado cierta inquietud en Inglaterra por nuestra demora en llegar a Chile. Confo en que no te regaara. Despus de todo, no puede decirse que hayamos desperdiciado el tiempo en nimiedades ni juergas. No. No creo que fuera ms all de la impaciencia oficial de turno. A menudo se da por supuesto que los barcos de su majestad son capaces de encontrarse en dos lugares a la vez, por mucha que sea la diferencia de longitud. Mira, ah parte un alijador lleno de bala rasa. Qu alegra! A lo largo del da siguieron llegando los

pertrechos y las municiones, de modo que la escasa dotacin acab, si no agotada, s al menos sobria como una roca. La camareta de guardiamarinas se vio reforzada por tres jvenes caballeros: Glover, Shepherd y Store, dos de ellos hijos de antiguos compaeros de rancho de Jack, y el tercero impuesto por lord Barmouth. A pesar de sus excelentes ropas nuevas, el seor Harding les pidi al instante que echaran una mano ah, que arrimaran el hombro. Y con alma!, me ha odo usted? Pocos minutos despus, cuando prcticamente el sol acariciaba frica, echaron al mar la fala de Jack. Contaba la embarcacin con un nuevo timonel llamado Latham, excelente marinero que, no obstante, jams llegara a sustituir a Bonden, ni en el afecto del capitn, ni en el de los compaeros, ni, de hecho, en el suyo propio. Aunque no sea un buen momento, debo presentar mis respetos a lord Keith -dijo Jack en voz baja. Si me permites acompaarte, tambin tengo un mensaje que entregar en la ciudad -murmur

Stephen. El mensaje era una crptica nota dirigida al doctor Jacob, en la cual rogaba que le enviara cualquier cosa que hubiera podido averiguar acerca de la presencia o ausencia de chilenos, y en si una u otra tenan alguna importancia, adems de invitarlo a reunirse con l en Funchal. La dej en el discreto y espacioso pecho de una mujer de la casa, y ya paseaba de vuelta por la orilla cuando oy que le llamaban por su nombre. Doctor Maturin! Al volverse, vio a lady Barmouth, acompaada por el seor Wright y seguida por una doncella. Qu conveniente resulta este encuentro -dijo el seor Wright, una vez realizados los saludos de rigor-. Con su permiso, lady Barmouth, la dejo en manos del doctor Maturin, pues debo apresurarme a ver al inspector. Dicho esto se alej de forma literalmente apresurada, perdiendo el pauelo del bolsillo. Dios santo, qu fiera es para su edad coment Isobel-. Pepita! exclam en castellano-, el caballero ha perdido el pauelo.

Recgelo y alcnzale, por el amor de Dios. Querido doctor Maturin, cunto me alegra verle. Podra acompaarme a tomar un sorbete en la Bomba, ese local de ah? Me muero de sed. Tambin yo me alegro de verla, lady Barmouth -dijo Stephen, que le ofreci su brazo-, precisamente pensaba en usted. Qu galante. En relacin a qu asunto, si me permite la curiosidad? Me preguntaba si el hecho de que nos conozcamos desde hace poco tiempo me impedira despedirme, y si dicha despedida se considerara un acto de presuncin por mi parte. Jams le consideraramos presuntuoso, querido doctor. Pero, en el nombre del cielo, por qu est pensando en abandonarnos? Crea que disfrutaramos del placer de su compaa durante ms tiempo. Ay, por lo visto partiremos al anochecer, si el viento no decepciona las expectativas del capitn Aubrey. ste ha ido a despedirse de los Keith, y estoy seguro de que habr hecho lo propio en el cuartel general. Cuando yo no estaba en casa. Lady

Barmouth reflexion y dijo-: Lamentara mucho no poder despedirme de l. Jack Aubrey y yo somos viejos amigos. Quizs lo vea cuando vuelva. Vamos, Pepita. Querido doctor Maturin, muchsimas gracias por este delicioso sorbete. Por favor, no se levante. Pero se levant, aunque slo fuera un poco al alejarse Isobel, seguida por su doncella, con el grcil paso que la caracterizaba.

***El mismo e idntico paso que reconoci aquella noche, cuando finalmente se entabl el viento y la Surprise, mareados velacho y gavia mayor, se desliz junto al muelle mientras sus fanales iluminaron dbilmente las encapuchadas figuras que haba en l. Una de ellas se despeda de la embarcacin saludndola con la mano, escena tan corriente en el muelle de las despedidas que no despertara la atencin de ninguno de los ensimismados, dispersos e inmviles pescadores.

***A lo largo de los siguientes das pudieron disfrutar de una excelente navegacin gracias al

viento clido y moderado, cuya nica falla era que variaba del oesnoroeste al nornoroeste, de modo que a veces navegaban de bolina y otras a un descuartelar, siempre, eso s, con un esplndido surtido de lona a proa. Dulce navegacin de no haber tenido tanta prisa. No obstante, el trabajo ms o menos clandestino efectuado en la proa de la fragata no le haba devuelto las cualidades bolineadoras que la caracterizaban (reseables hasta aquel condenado abordaje), y una y otra vez suceda que la Ringle, embarcacin que en cualquier caso contaba con aparejo de goleta, tena que aventar escotas o, incluso, cargar una vela para no andar ms que la fragata con la que navegaba en conserva; maniobras discretas, pero que no pasaban desapercibidas. A los marineros de la Surprise no les hacan ninguna gracia. Pese a todos estos inconvenientes y la lentitud, fue un perodo feliz, una especie de regreso al hogar y recuperacin de lo que incluso para Maturin era una vida buena y natural, dotada de una inmutable regularidad que no se vea afectada por el tiempo, el constante aunque no muy

apetecible alimento, y la relacin con hombres que, si bien no constituan una compaa brillante, eran todos ellos buenos marinos profesionales, personas mucho ms agradables que los que uno poda encontrar en un grupo de igual tamao formado al azar. A pesar de todas las desventajas de vivir en un lugar pequeo, de la falta de intimidad, y de la desesperante ausencia de correo, por no mencionar los libros, peridicos y publicaciones, aqulla constituy una vuelta al orden, al incuestionable orden tan ausente de la vida, sobre todo de la vida en tierra. En muy poco tiempo hubieran podido regresar al orden monstico propio del mar, monstico de no ser por la alarmante insistencia de la sfilis y sus tristes variedades que mantenan tan ocupado a Stephen, y, en cierto modo, tambin a Poll, su asistenta. Qu rpido volvi a imponerse el viejo modo de vida, regido por las campanadas y los pitidos del contramaestre, el lampaceo de las cubiertas, las guardias, las luces de la costa, las voces de los centinelas y todo lo dems. Este todo lo

dems inclua un apetito excelente, sobre todo entre los jvenes, quienes, invitados a la mesa del desayuno del capitn (lo cual suceda a menudo cuando estos desempeaban la responsabilidad de la guardia de alba), engullan cuatro huevos sin pestaear, para despus apurar los restos del plato de bacn. Buen apetito, junto al ansia de un cambio de dieta y, sobre todo entre los marineros ms veteranos, el temor a quedarse sin pertrechos, de tal modo que cuando apenas se haban hundido las colinas situadas tras Rabat, vitorearon al viga cuando ste salud al alczar con la noticia de que haba avistado unos atuneros que discurran a lo largo de la costa marroqu. Cuando el capitn orden poner rumbo a los pesqueros, incluso los marineros ms canosos del castillo de proa se pusieron a hacer cabriolas, locos como cabras de alegra. Se iz a bordo de la Surprise un esplndido ejemplar que an forcejeaba. Lo cortaron en el castillo de proa, y despus transportaron en cubas los enormes trozos a la cocina; limpiaron la sangre de cubierta y, enseguida, lampacearon

su superficie con piedra arenisca hasta secarla, todo ello antes de engullir ms atn de lo necesario. Pero haba mucho, mucho atn, tanto que, tras rolar el viento al norte a la noche del da siguiente, an qued bastante para cenar, y as lo hicieron los oficiales, marineros, pajes y las pocas mujeres que se permitan a bordo, como por ejemplo Poll Skeeping y Maggie Tyler (cuada del contramaestre). Lo cenaron con autntico deleite y con la escasa cerveza gibraltarea que quedaba a bordo, y fue entonces cuando oyeron la voz del hambriento viga del tope: Cubierta, cubierta! Tierra por la amura de estribor. Se ve algo rojiza -aadi para s. Esa debe de ser nuestra recalada. Qu precisin -dijo Jack, consultando muy satisfecho la hora en su reloj. Breve satisfaccin la suya: al dejar a medias el gape y servir el caf en cubierta, encontraron all a toda la cmara de oficiales y a la mayora de los integrantes de la camareta de guardiamarinas. Al ver a su capitn, los oficiales se volvieron con mirada culpable a popa, y se

dirigieron a proa caminando junto al pasamanos de estribor. Slo Harding, por ser el oficial de guardia, se qued. Tal vez no sea tan malo como parece, seor -dijo. Lo cierto es que pareca malo, muy malo. Esa especie de fulgor rojizo se haba convertido en una extensa hoguera que devoraba la parte de la poblacin donde se construan los barcos, incluido el famoso astillero de Coelho. Un enorme incendio de gigantescas llamaradas que ascendan al cielo, y que incluso se distanciaban entre s para ascender y crepitar en solitario. La marea menguante y el viento mantuvieron a la fragata frente a la costa hasta las primeras luces del alba; para entonces, cedi el incendio. El viento refresc un poco en la orilla, y los de la Surprise dispusieron lo necesario, incluidas bombas y mangueras. Sin embargo, los lugareos tenan la situacin bajo control, y no haba nada que los extranjeros pudieran hacer por ayudar, a excepcin de quitarse de en medio hasta que el lugar recuperase la normalidad; eso,

claro est, si lo lograba. Apenas haba un slo hombre a bordo de la Surprise que no hubiera visto alguna vez un astillero o un muelle devorados por las llamas, junto a la madera, las veleras y todas las embarcaciones que haba en construccin. Aquello, no obstante, superaba con creces cualquier otro incendio acaecido durante la ltima campaa en el Adritico o el Egeo. Despus de un silencioso desayuno que todos a bordo haban pasado observando las ruinas ennegrecidas y las embarcaciones quemadas hasta la lnea de flotacin, mientras el humo negro lo cubra todo, se acercaron al buen tenedero donde por lo general solan cruzar unas palabras con la embarcacin del prctico antes de saludar de la forma apropiada al castillo, a fuerza de andanadas. Las banderas ondeaban en lo alto del castillo, y la bandera inglesa an lo haca junto a la portuguesa, como Jack pudo apreciar. Sin embargo, los artilleros del castillo, probablemente exhaustos tras las labores de extincin, no pudieron responder al saludo hasta transcurridos cinco minutos. Durante ese tiempo,

un bote pequeo, sucio y extraoficial parti del muelle rumbo a la fragata. Un joven muy delgado, vestido con lo que a duras penas poda considerarse un uniforme de Marina, subi por el costado y, descubrindose ante el capitn Aubrey, dijo con voz agitada y extraordinariamente nerviosa: Wantage, seor, regreso a bordo, con su permiso. Seor Wantage -dijo Jack, mirndole fijamente a los ojos, que en parte le parecieron los mismos, y, en parte tambin, diferentes-. Junto a su nombre figura anotada una D. El joven segundo del piloto no haba respondido a las seales de la Surprise cuando abandon Madeira tiempo atrs, de modo que haban partido de Funchal sin l a bordo. Se deca entre sus compaeros que senta mucho afecto por una pastorcilla que viva en las colinas, y su ausencia se atribuy a esta relacin. S, seor, pero no fue culpa ma. Unos hombres me llevaron a las montaas y me encerraron. Cada domingo iban a golpearme, lo hacan por turnos, hasta que un monje asegur

que eso no estaba bien. Fueron muy crueles conmigo, seor. Me la cortaron. Lo cierto es que se le vea muy desmejorado, y tambin muy, muy incmodo. La mayora de los marineros que viajaban a bordo tenan cierto conocimiento del lugar, y algunos saban de las prcticas de los pastores, de modo que eran perfectamente conscientes de a qu se refera. Avisen al seor Daniel -orden Jack, que aadi al cabo de unos instantes-: Seor Daniel, aqu tiene a un colega de usted, de nombre Algernon Wantage, segundo del piloto, retenido en las montaas cuando se requiri al barco en Gibraltar; Wantage acaba de regresar a bordo. Llvelo bajo cubierta, presntele a los nuevos miembros de la cmara de oficiales, haga hincapi en su antigedad, y procure que se sienta tan cmodo como se lo permita el poco espacio de que disponemos. A la orden, seor -dijo uno. Gracias, seor -dijo el otro. Y ahora que lo pienso, seor Wantage -dijo cuando ambos oficiales se hubieron alejado unos pasos-, creo que estibamos su bal y dems

pertenencias. Jason, procure que alguno de los cabos se encargue de buscarlo todo. Seor Harding, en cuanto presente mis respetos a su excelencia, creo que deberamos conversar con el capitn del puerto. Doctor, tendras la amabilidad de servirnos de intrprete, como has hecho ya en anteriores ocasiones? Stephen inclin la cabeza; sin embargo, cuando se hubieron vestido para la ocasin, dijo: Seguro que quieres que te sirva de intrprete? Ya te he dicho que no hablo portugus, y an lo entiendo menos cuando los dems lo hacen. No hay quien entienda el portugus hablado, a menos que uno haya nacido aqu o le hayan educado para comprender esa extraa, confusa y obscura parla mascullada desde la ms tierna infancia, desde antes de perder los primeros dientes. Cualquiera con un poco de latn, incluso un espaol o un cataln, podra leerlo sin serias dificultades, pero comprender las expresiones coloquiales, la versin rpida, bisbiseada No obstante, el capitn del puerto dominaba la lengua franca hablada en buena parte del

Mediterrneo e incluso ms all, al igual que el cataln antiguo, vigente en la parte de Cerdea donde haba nacido su madre, de modo que poco tard en acabar con todas las esperanzas que albergaba Jack Aubre