EL CULTURAL...El Festival de los dioses, POR MIKE GOODRIDGE. 51. Cahiers du cinéma España....

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EL CULTURAL 10-16 de mayo de 2007 www.elcultural.es Swab Barcelona estrena feria de arte El mejor Chaplin Recorremos las entrañas del prestigioso festival de cine y hablamos con Gilles Jacob, su presidente ¡Cómo vienen los clásicos! ...en la Filmoteca de El Cultural 60 años de Cannes

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  • EL CULTURAL10-16 de mayo de 2007 www.elcultural.es

    SwabBarcelona estrena

    feria de arte

    El mejor

    Chaplin

    Recorremos las entrañas del prestigiosofestival de cine y hablamoscon Gilles Jacob, su presidente

    ¡Cómo vienen los

    clásicos!

    ...en laFilmoteca de

    El Cultural

    60 años deCannes

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  • El fundador de Planeta,José Manuel Lara, me es-cribió en 1996 una cartaque conservo, proponiéndomeque aceptara ser presidente del ju-rado del premio Fernando Larade novela. Con este galardón que-ría el editor rendir homenaje a suhijo queridísimo, Fernando,muerto prematuramente en agos-to de 1995 en un absurdo acci-dente de tráfico. Además, preten-día dar protagonismo a su Sevilladel alma al lado de Barcelona,donde se celebraba y celebra lacena de elección y entrega delPremio Planeta.

    La verdad es que lo pensé mu-cho. Al fin decidí aceptar el ofre-cimiento no solo por mi amistadcon Fernando, sino porque estabay estoy a favor de los premio li-terarios, sonajeros que el escritoragita durante unas semanas y quepromocionan a los autores y esti-mulan a los lectores.

    Sabía de sobra, al aceptar el en-cargo, que el premio Lara seríauna farsa, igual que el Planeta.Cuando un editor se juega dece-nas de millones de pesetas en unanovela quiere, como es natural,que ésta sea, antes que nada, co-mercial. Así es que los comités delectura de la editorial criban losoriginales, a veces varios cente-nares, para seleccionar a los “fi-nalistas”. Además, después de re-lecturas y análisis, proponen lanovela (encargada en ocasiones

    a un autor de éxito) que, por suscaracterísticas, puede encaramar-se sobre una venta masiva. El ju-rado, o al menos sus principalesmiembros, son informados dis-cretamente de lo que convienea la editorial y actúan en conse-cuencia. Comprendo muy bienque Juan Marsé, que escribe hoyel mejor castellano de nuestra li-teratura y al que he propuesto va-rias veces para el Príncipe de As-turias de las Letras, decidieraretirarse del jurado del Planeta,cuando se enteró de cómo se co-cinaban las cosas.

    Yo conocía bien en qué fogonesme metía. Sabía, pues, lo que es-taba haciendo cuando acepté lapresidencia del jurado del premioLara. Decidí participar en la far-

    sa porque, a mi manera de ver, porencima del paripé y el engaño, re-sulta positivo el premio como es-tímulo y propaganda de los auto-res y de sus obras. No me hearrepentido nunca de esa deci-sión. Las novelas premiadas conel Lara, por otra parte, han sidosiempre dignas, algunas excelen-tes y una excepcional: Clara y lapenumbra, de José Carlos Somoza.El balance de la farsa ha resultado,en mi opinión, positivo y si las cir-cunstancias empresariales de laeditorial fueran distintas volveríaa participar en el jurado.

    Me retiré de su presidencia,cuando la compra del diario“Avui” por parte del hijo del fun-dador de la editorial me creó ungrave problema de coherencia

    ideológica. Yo presidía el Conse-jo Editorial del Grupo y empecé adesayunarme, mañana tras maña-na, con un diario serio y excelen-te como “Avui” que, en el ejer-cicio de su libertad de expresión,proponía la independencia de Ca-taluña, y otro, “La Razón”, por mífundado, que defendía la unidadde España. Así es que en su día,como saben los lectores de El Cul-tural, dirigí una carta al hijo delfundador de Planeta dimitiendode todos los cargos que tenía en elGrupo, entre ellos la presidenciade “La Razón” y la del premio.

    Y vamos a la jornada de hoy. Sino se producen circunstancias im-previsibles, en la gran cena sevi-llana del premio Fernando Lara,entre el fulgor de los alcázares y elesplendor de las piedras viejas, es-tará sentado el novelista premia-do. Él sabe que le van a premiar.El jurado sabe que va ser premia-do. Una buena parte de los asis-tentes saben, según se producenlas votaciones eliminatorias, quehay un tapado. Y todos partici-pan en la gran farsa como hice yodurante diez años. Con beneficio,insisto, para la literatura española,para los novelistas que escriben ennuestro idioma y para el estímu-lo de la lectura. Todo ello al mar-gen de la tristeza por las obras nocomerciales pero de calidad quese quedan en las cunetas, de mu-chas ilusiones deshabitadas, detantas esperanzas muertas. �

    La farsa del premio Lara de novela

    LL UU II SS MM AA RR ÍÍ AA AA NN SS OO NNde la Real Academia Española

    SSiiggoo aa SSooffííaa GGaannddaarriiaass ddeessddee qquuee ddiioo ssuuss pprriimmeerraass ppiinn--cceellaaddaass.. SSiieemmpprree ffuuee uunnaa llllaaggaa eenn ccaarrnnee vviivvaa.. SSiieennttee aann--

    tteess qquuee nnaaddaa eell ddoolloorr ddee llooss ddeessffaavvoorreecciiddooss.. SSuu ppiinnttuurraa eess uunn eessppee--jjoo oossccuurroo ccoollooccaaddoo ddeellaannttee ddeell mmuunnddoo ssoommbbrrííoo ddeell llllaannttoo yy llaa mmiisseerriiaa..MMee aassoommbbrraa qquuee ssuu úúllttiimmaa eexxppoossiicciióónn eenn RRoommaa,, NNeeww YYoorrkk 99//1111,,hhaayyaa ppaassaaddoo ddeessaappeerrcciibbiiddaa eenn EEssppaaññaa.. YY mmee aassoommbbrraa ppoorrqquuee aa llaammuueessttrraa,, aayy eessee ccuuaaddrroo eessttrreemmeecciiddoo ““EEll ggrriittoo ddee AAmméérriiccaa””,, llee hhaannddeeddiiccaaddoo eellooggiiooss eexxtteennssooss JJoosséé SSaarraammaaggoo,, RRooaa BBaassttooss,, CCaarrllooss FFuueenn--tteess,, YYeehhuuddii MMeennuuhhiinn,, SSiimmoonnee VVeeiill,, MMaarrcc AAggii,, KKoossmmee ddee BBaarraaññaa--nnoo,, EEddwwaarrdd MMaalleeffaakkiiss yy SSaammii NNaaïïrr,, eennttrree oottrrooss mmuucchhooss.. SSooffííaa GGaann--ddaarriiaass ppiinnttaa llaa ccaarrnnee hhuummaannaa aa jjiirroonneess,, llaa mmuueerrttee ddeesshhaabbiittaaddaa,, llaammeellaannccoollííaa ddee llaa vviiddaa,, llaa ffrraatteerrnniiddaadd aaccttiivvaa,, eell hhoorrrroorr ddee llaa ddeessmmee--mmoorriiaa yy ddeell ddeessaammoorr,, llaa ““ppaalliiddeezz yy llooss hhuummaannooss ffuullggoorreess”” ddee llooss qquueehhaabbllaa SSaarraammaaggoo.. RRooaa BBaassttooss ddeessttaaccóó eenn ssuu ppaalleettaa llaa iinnddaaggaacciióónn oonn--ttoollóóggiiccaa yy eexxiisstteenncciiaall.. SSooffííaa GGaannddaarriiaass,, eenn ffiinn,, lleevvaannttóó uunnddííaa ssuuss ppiinncceelleess aall cciieelloo,, ““yy ddeell cciieelloo lllloovvííaa ssaannggrree””..

    P R I M E R A P A L A B R A

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    ZZ II GG ZZ AA GG

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    3. PRIMERA PALABRA. La farsa del premio Lara de Novela, POR LUIS MARÍA ANSON.

    8. LA PAPELERA DE JUAN PALOMO

    LETRAS

    10. Mío Cid, Lazarillo de Tormes, las Leyendas de Bécquer... ¡Cómo vie-nen los clásicos reinventados! POR N. AZANCOT12. Ríos Carratalá: “Una arrolladora simpatía”. POR J. M. BENÍTEZ ARIZA.14. Nativel Preciado: Camino de hierro. POR SANTOS SANZ VILLANUEVA.15. Raúl Guerra Garrido. La soledad del ángel de la guarda. POR RICARDO SENABRE.16. Care Santos. La muerte de Venus. POR PILAR CASTRO.17. Roberto Bolaño. La universidad desconocida. POR JOAQUÍN MARCO.18. Francisco J. Irazoki. Los hombres intermitentes. POR A. SÁENZ DE ZAITEGUI.18. José Luis Jiménez Frontín. La ruta de occitania. POR TÚA BLESA.19. Francis Ponge. La soñadora materia. POR CLARA JANÉS.20. Sandor Marai. La hermana. POR DARÍO VILLANUEVA.21. Eugene Ionesco. Diarios. POR RAFAEL ESTEBAN.22. Así comienza El castillo blanco, la primera novela de Pamuk.24. C. Martínez Shaw y C. Parcero Torre (dirs.). Cristóbal Colón. POR L. RIBOT.25. Luis P. Marín. Los arquitectos de la República. POR R. NÚÑEZ FLORENCIO.26. George Santayana. La filosofía en América. POR JACOBO MUÑOZ.27. J. A. Duran i Lleida. Entre una España y otra. POR JUSTINO SINOVA.28. Los libros más vendidos.29. En primera instancia: Jon Juaristi. POR RAFAEL REIG.

    ARTE30. Todo el color de Stephen Dean, POR JOSÉ MARÍN-MEDINA32. Celos y Celosías de Simón Zabell, POR ELENA VOZMEDIANO33. Sobre la materia de Carlos Balbás, POR ABEL H. POZUELO34. Ciudades y letras de Carlos Garaicoa, POR MARIANO NAVARRO.36. De cómo el Video secuestró a la Pintura, POR JAVIER HERNANDO.

    37. Grabados de André Masson en Santiago, POR DAVID BARRO.38. Arranca en Barcelona la primera edición de la feria Swab, POR JAVIER HONTORIA40. Arquitectura. El futuro de las viviendas protegidas. POR ANTÓN GARCÍA-ABRIL

    TEATRO

    42. Thomas Ostermeier y Stefan Kaegi, cara a cara en Barcelona y Ma-drid, POR MARÍA JOSÉ RAGUÉ Y RAFAEL ESTEBAN.45. El Lago de los cisnes llega por partida doble, POR LAURA KUMIN.

    CINE

    46. 60 años del Festival de Cannes. Entrevista con Gilles Jacob, POR J. SARDÁ. 48. La Palma no pierde el olfato, POR SERGI SÁNCHEZ50. El Festival de los dioses, POR MIKE GOODRIDGE. 51. Cahiers du cinéma España. Entrevista con Carlos F. Heredero.52. Lo mejor de Chaplin, POR MANUEL HIDALGO. Comienza la nueva colección dela Filmoteca de El Cultural con Charlie, vida y obra de Charles Chaplin.

    MÚSICA

    58. Festival Mozart, POR A. REVERTER. Entrevista a Pinamonti, POR L. G. IBERNI. 62.Juana Molina pone a punto su próxima gira europea, POR J. M. MARCOS.63.Discos.

    CIENCIA

    64.La mente subliminal y las rutas del inconsciente, POR P. MARTÍN Y A. LOECHES

    66. ÚLTIMA PALABRA. Pedro Zarraluki. Recopila sus mejores relatosen Humor pródigo (Destino), POR NURIA AZANCOT.

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    S U M A R I O

    PORTADAGilles Jacob, Wong Kar-wai, Joel yEthan Coen, Kusturica, MichaelMoore, Quentin Tarantino y Char-lot, vistos por Jorge Arévalo.

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    En Portadan número de cine y no exageramos. Los sesenta años del Festival de Cannes yla nueva colección Chaplin de la Filmoteca de El Cultural asaltan nuestra porta-da a través del vigor de las caricaturas de Jorge Arévalo. Ponemos contra las cuer-das a Gilles Jacob, director del mítico Festival, quien nos da su particular versiónde por qué hay tan poco cine español, año tras año, en el certamen galo. Con eldetallado recorrido por las secciones más importantes (preñadas de lo mejor delcine mundial) y la opinión, desde Hollywood, del crítico Mike Goodridge cele-bramos un cumpleaños muy especial para el mundo del séptimo arte. Tambiénirrumpe en la sección de Cine el genial Charles Chaplin, del que iniciamos colec-ción el próximo jueves con un documental gratuito sobre su vida y obra. Leseguirán, durante 17 entregas, sus mejores títulos, clásicos indiscutibles del sigloXX. Tampoco podríamos olvidarnos de la aparición en español de Cahiers du ciné-ma entrevistando a su director, el crítico de El Cultural Carlos F. Heredero.

    Letras presenta El castillo blanco, la novela inédita en castellano del Nobelturco Orhan Pamuk, y también descubre los secretos de una nueva colección derelatos, 451:Re, en la que algunos de los mejores narradores españoles (deMercedes Abad a Rafael Reig) reinventan los clásicos. En Música abordamos laIX edición del Festival Mozart, que comienza el miércoles en La Coruña y conel que dice adiós su director Alberto Zedda. De cine.

    elcultural.es� PPrriimmeerrooss ccaappííttuullooss:: David Solar recuerda Un mundo en ruinas; la biografía de Ed-gar Neville, y Justo Navarro con Finalmusik.

    � JJuuzzggaaddoo ddiiggiittaall ddee sseegguunnddaa iinnssttaanncciiaa:: Presenta tus alegaciones al artículo deRafael Reig sobre Jon Juaristi.

    � DDooccee aarrttiissttaass eenn eell PPrraaddoo:: Doce artistas de primera línea han dado rienda suelta a sucreatividad utilizando la pinacoteca madrileña como fuente de inspiración.

    �AAllmmeerrííaa eenn ccoorrttoo:: Recorrido audiovisual por la muestra internacional de cortos dela ciudad andaluza en la que se homenajeará a Faye Dunawey.

    �FFeessttiivvaall ddee CCaannnneess:: Especial sobre el gran festival de cine que se celebrará en Fran-cia con especial atención al filme My blueberry nights, de Wong Kar-wai.

    En la Web

    Edita Prensa Europea S.A. Pradillo, 42. Madrid - 28002

    Tel.: 91-413 27 06 Fax: 91-4132708 www.elcultural.es

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    PPrreessiiddeenncciiaa ddee EEll CCuullttuurraallcalle Recoletos, 21. Tel.: 91 435 2610.

    DDiirreeccttoorr ddee ppuubblliicciiddaadd::Carlos Piccioni (tel. 915856005)

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    Críticos: Gonzalo Alonso, Juan Avilés, RafaelBanús David Barro, Ángel Basanta, K. deBarañano, J.M. Benítez Ariza, Túa Blesa, PilarCastro, J. L. Clemente, Antonio Colinas, JacintaCremades, F. Díaz de Castro, Diego Doncel,Ramón Esparza, José Javier Etayo, MiguelFernández-Cid, Carlos F. Heredero, J.-AndrésGallego, A.García-Abril, P. García Mouton, F.García Olmedo, C. García Osuna, D. Giralt-Miracle, Álvaro Guibert, Germán Gullón, José A.Gurpegui, Abel H. Pozuelo, Javier Hernando,Beatriz Hernanz, Javier Hontoria, Luis G.Iberni, José Jiménez, Patxi Lanceros, R. LópezBlanco, Joaquín Marco, J. Marín-Medina, JacoboMuñoz, Rafael Narbona, Mariano Navarro,Rafael Núñez Florencio, Bernando Palomo, JoséLuis Pérez de Arteaga, Román Piña, DomingoPlácido, Arturo Reverter, Pilar Ribal, Luis Ribot,Octavio Ruiz-Manjón, Sergi Sánchez, CareSantos, Bernabé Sarabia, Santos Sanz Villanueva,Ricardo Senabre, Eugenio Trías, J.M. Velázquez-Gaztelu, J. Vidal Oliveras, Rocío de la Villa, JavierVillán, Darío Villanueva y Elena Vozmediano.

    EL CULTURAL

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  • L A P A P E L E R A

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    El título, finalmente, será Las Cle-mentes pero su publicación, concarácter de acontecimiento y en todaEuropa al mismo tiempo, no llega-rá hasta noviembre. La editará RBAen castellano y Acantilado en catalándespués de duras negociaciones acara de perro. Hay que ver, la lite-ratura esgrimiendo armas casi eléc-tricas. Lo nunca visto. Les cuento.Les bienveillantes, la novela de Jona-than Littell, tuvo el año pasado enFrancia un éxito inesperado. “Esbuenísima”, me confirman todos losque la han leído. Varios editores es-pañoles, como otros alemanes o ita-lianos, contactaron con el agente lon-dinense del escritor, el duro AndrewNuremberg, para su publicación enEspaña. Ofertaron. En todos los ca-sos, el agente subió (e incluso cua-druplicó) la puja. “¿Sí? Pues ya sonustedes cuatro”, replicó Nuremberg.Anagrama, Acantilado, Salamandray RBA entraron en liza. Sobre el ta-pete se dobló la oferta. Se retiraronentonces Anagrama y Salamandra.Gran tensión, y otro doblete. No vamás. Al final fue RBA quien se vinoa casa con Las clementes. ¿De qué ci-fra estamos hablando? Minucias: en-tre los 300.000 y los 400.000 euros.

    Me cuentan que los esfuerzos deun escritor no muy conocidopor mantenerse en el anonimato (fir-ma F. M. ) resultan rentables paralos programas culturales que lo in-vitan, ya que como permanece a os-curas en el programa, la productora se

    ahorra hasta el maquillaje. Eso sí,como está en tinieblas, la entrevis-ta se la hacen a él solo y acaba chu-pando más plano que ninguno, in-cluso a su pesar. Aunque quizá ni poresas llame la atención del lector.

    Ha costado, pero al fin llegará.El Ayuntamiento de Madridtiene a punto de caramelo el nuevoespacio del Teatro Español en el Ma-tadero de Madrid, una antigua naveacondicionada para acoger espectá-culos de todo tipo y con la configu-ración escénica que precise cadamontaje. El encargado de estrenar elespacio será, claro, Mario Gas, que loconvertirá en el Mahagonny brech-tiano.Ya hay tortas para el estreno.

    Quizá porque estas cosas convie-ne dejarlas atadas y bien atadasen vida, que luego vienen los pa-rientes con las subastas, el drama-turgo David Mamet ha vendido suarchivo al Harry Ransom Center dela Universidad de Texas. Al pare-cer son más de cien cajas con diarios,cuadernos de trabajo, cartas, susguiones y los manuscritos origina-les de sus cincuenta obras de teatro .Además, Mamet se ha comprometi-do a pasar breves periodos de tiem-po en la Universidad y a participar enalgunas actividades.

    Mañana se estrena en Gran Bre-taña 28 semanas después, se-cuela del éxito de hace un par de año28 días después, del hoy en boga

    Danny Boyle. La película no tendríanada extraordinario sino fuera por-que la ha dirigido un español, JuanCarlos Fresnadillo, del que no sa-bíamos nada desde su debut tras lacámara, la excelente Intacto (2002).Es la primera vez que un director es-pañol se pone al frente de una su-perproducción de Hollywood, y sólopor eso cabría felicitar al tinerfeño.Además, The Guardian pone las es-padas en alto con una entrevista enla que saluda al joven español comoun talento de gran fuerza emergen-te. En esa entrevista, Juan Carlosdice que su película está inspirada enuna frase de Aristóteles: “La rabiaocurre cuando una persona devuel-ve su propio sufrimiento”. Un buencomienzo. Ojo a su estreno.

    Por cierto, ¿está de moda Nietzs-che en estos tiempos tan nihilis-tas, ahora que están en las libreríassus escritos póstumos? Eso parece, ajuzgar por el éxito de la obra que haestado representando la compañíaTraspasos. Cierto que las funcioneseran en la sala pequeña del recintomadrileño y que el texto de JaimeRomo había sido premiado con elLope de Vega en 2005, pero ¿expli-ca todo eso que se llenara todos losdías el teatro?

    Leonardo DiCaprio quiere cam-biar el mundo. Después de AlGore, pronto se convertirá en el nue-vo rostro de la lucha contra el cambioclimático. Será en el próximo Fes-tival de Cannes, en el que presen-tará su documental 11th Hour, en elque ya ha avanzado que aporta solu-ciones nuevas e imaginativas paracombatir esa plaga. De momento,quienes se han tomado muy en serioel compromiso del actor son los de larevista TIME, que lo han incluidoen su último número en la lista de100 personas que llevan el peso (dela púrpura) del mundo junto a Ge-orge Clooney o Hillary Clinton, en-tre otros noventa y tantos

    JUAN PALOMO

    1.- JUAN CARLOS FRESNADILLO2.- DAV I D M A M E T

    3.- MARIO GAS4.- LEONARD O DI CAPRIO

    5 .-JONATHAN LI T TELL

    La puja por lo último de Jonathan Littell la gana

    RBA. FM, una sintonía muy rentable. Los pape-

    les de David Mamet, en la Ransom con docu-

    mentos de Beckett. Mario Gas, el suma y sigue

    escénico en el Matadero. Por cierto, que la obra sobre

    Nietzsche ha dado al Español una de sus mejores alegrías.

    Di Caprio o el documental. Y Fresnadillo en The Guardian.

    Un poco de Littell

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    El culpable de esta idea, Ja-vier Azpeitia (responsablede la recién nacida editorial451), confiesa ahora que el germende la colección es “tan viejo como eloficio de escribir. Porque aunquehaya quien se escandalice con nues-tros libros, todo está inventado des-de los griegos, y a lo largo de la his-toria todos han versionado a todos...Don Juan Manuel no creó un solocuento original, Garcilaso reinven-taba los poemas de Petrarca... Loque pretendemos con 451: Re esofrecer los clásicos de una maneradistinta, actualizando textos que hoymucha gente no puede leer sin no-tas a pie de página. No se trata deprofanarlos, sino de hacerlos acce-sibles”.

    Negociaciones con ShakespeareUna vez clara la idea de la colec-

    ción, lo siguiente era elegir títulos yautores, y casar a los primeros con lossegundos tras una negociación queno siempre resultaba fácil. “Porejemplo –recuerda Azpeitia–, para elvolumen de las Comediasde Shakes-peare le propusimos a Irene GraciaLa fierecilla domaday a Jesús Ferrero,El sueño de una noche de verano, y pre-firieron intercambiarlos. Otras veceshubo quien no se sentía cómodo conel Cid, y, en cambio, sí le apetecíaotro título...” La tercera parte del pro-ceso, apasionante según editor y au-tores, es cómo acercarse al clásico.Según Azpeitia, “a los narradoresles pedimos dos cosas, que haganuna obra suya y que sea una versióndel clásico original. Y a partir de ahí,

    tienen libertad absoluta para ser fie-les o no a la trama original. Han po-dido reinventarla, situarla en nues-tros días, adaptarla, ceñirse a ella o no,desde una visión de nuestros días,con un lenguaje moderno o no, ha-ciendola crecer con su homenaje,su parodia o su remake”.

    Es lo que han intentado los na-rradores implicados en los tres pri-meros títulos: Mío Cid (Antonio Ore-judo, Luisgé Martín y Rafael Reig);Lazarillo de Tormes (Martín Casa-riego, Nicolás Casariego, Marta Ri-vera de la Cruz, Marcos Giralt To-rrente y Francisco Casavella), yLeyendas de Bécquer (Lorenzo Silva,Elia Barceló, Juan Bonilla, Carlos

    Castán, Fernando Marías, MartaSanz, Juan Bas y Mercedes Abad).

    La colección nace con una tira-da inicial de 5000 ejemplares, y yaestán en marcha los títulos siguien-tes: Tragedias griegas, Artículos de La-rra, Las mil y una noches,Tragedias yComedias de Shakespeare, Comediasde Lope de Vega... Y un dato curio-so: de manera casi inconsciente casitodos los narradores “cómplices” dela colección pertenecen a una mis-ma generación, ya que casi todos hannacido en la década de los 60, qui-zá porque comparten una mismalectura y una formación y sensibili-dad similares.

    Antonio Orejudo, que inaugura451:Re con “El Cantar Primero. Eldestierro” de Mío Cid, ejemplificabien la osadía de este empeño. Paraempezar, a Rodrigo Díaz de Vivar leha cambiado la armadura por una es-cafandra: “Pese a las aparencias, hesido escrupulosamente fiel al Can-tar, que es mal leído porque está con-taminado por una épica casposa. Loscompañeros del Cid en el destierro

    no son héroes sino mercenarios, quese mueven sólo por dinero y no porpatriotismo. Y los moros de entoncesahora serían marcianos... Me gusta-ría que llegara a esos lectores quele tienen miedo a los clásicos, por-que, aunque mi texto parezca des-quiciado, es muy fiel” Eso sí, no leimporta nada que haya quien sesienta ofendido por esta nueva lec-tura. Todo lo contrario: “¡Ojalá, por-que eso significaría que tratamos unterreno que no está del todo muer-to, y que todavía es capaz de irritar!”,remata Orejudo.

    El making off del LazarilloEn la misma línea, Martín Ca-

    sariego, que abre Lazarillo de Tormes,comparte entusiasmo, porque “esun reto necesario que nos permitereinterpretar algo casi sagrado perocon respeto. En mi caso no es unaadaptación a nuestros días, sino unareescritura en la que hemos com-pletado algunas cosas que quedabanpendientes, como, por ejemplo,cómo aprendió Lázaro a leer o porqué alguien tan humilde escribe tanbien. En realidad, el libro es un ho-menaje, y, aunque soy consciente demi atrevimiento, porque los clási-cos parecen intocables, creo que hemejorado algunas lagunas de la obraoriginal, y que hemos suprimido re-peticiones, arcaísmos, hemos enri-quecido el vocabulario... ¿Una lo-cura? Tal vez, pero creo que todoes mejorable. Yo, por ejemplo, ad-miro profundamente Moby Dick,pero creo que incluso ese libro ex-traordinario es perfeccionable. Y a lo

    El Café Gijón acoge hoy la presentación de una de las apues-tas editoriales más osadas de los últimos tiempos, la colec-ción 451: Re, en la que un puñado de narradores, de Anto-nio Orejudo a Lorenzo Silva, pasando por Mercedes Abado Martín Casariego, revisita a los clásicos, actualizándo-los. Los primeros títulos son Mio Cid, Lazarillo de Tormesy Leyendas de Bécquer, a los que seguirán Las mil y unanoches, las Tragediasde Shakespeare o los artículos de Larra.

    L E T R A S

    ¡Cómo vuelven los clásicos!Escritores de hoy reinventan Mio Cid, el Lazarillo, las Leyendas de Bécquer

    Para las Comedias de Sha-

    kespeare, Azpeitia le propu-

    so a Irene Gracia La fierecilla

    domada y a Jesús Ferrero El

    sueño de una noche de ve-

    rano, y se lo intercambiaron

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    mejor nuestro libro sirve para que losque tienen olvidado el original, vuel-van a él y comprueben qué hemoshecho”.

    Quien se acerque a este título sequedará asombrado también con lacolaboración de Francisco Casavella.Le habían encargado el episodio deLázaro y el escudero, pero al narradorcatalán le parecía inmejorable así quedecidió hacer el making off del libroen “De esta guisa hízose”. “En rea-lidad me sumé al proyecto por la gen-te que participaba en él –recuerdaCasavella–. Me parecía que Lazari-llo de Tormesno se podía mejorar, peroque sí era posible jugar conlas dudas sobre el autor, quesiguen aún vigentes y quedurante siglos han sido mo-tivo de debate constante. Yeso es lo que he hecho,porque creo que a los clá-sicos se les tiene excesivorespeto o lejanía, y quecuando se leen sin aparatoacadémico, como si fuesen contem-poráneos, mondos y lirondos, se dis-frutan mucho, porque siguen vigen-tes y plantean cuestiones en el fondotan vivas y esenciales como en elmomento en que se escribieron.”

    Quizá por eso, para Lorenzo Sil-va, que colabora en Leyendas de Béc-quer, “la prueba de fuego” de un clá-sico podría ser este experimento“apasionante como escritor y comolector, de tomar un relato clásico ycontarlo desde la sensibilidad actualy ver cómo funciona. Por eso no he-mos pretendido suplantarlos sino re-cuperarlos y homenajearlos”. Y por

    eso eligió la leyenda de “Los ojosverdes” de Bécquer. Por eso y porque “quería romper el escepticismohacia los clásicos con un relato conun potencial enorme, que tiene ele-mentos como el misterio, el lengua-je, la emoción, que funcionan muybien entre los jóvenes”.

    Pero si la versión de Silva se atie-ne al original, Mercedes Abad ha he-cho una reinterpretación “bastantelibre” de “La corza blanca” de Béc-quer: “abordé esta nueva versión

    para llevar el relato a la actualidady acercarlo al lector contemporáneo,porque además ‘La corza blanca’aborda temas tabúes de su época yyo he llevado la trama a los de lanuestra. El relato original me pare-ció un buen punto de partida, por-que aunque el lenguaje puede pa-recer a veces arcaico, las ideas estánabsolutamente vigentes y creo quesería una injusticia que no las cono-cieran, o que, mientras las rimas si-guen siendo leídas, las leyendas

    becquerianas acabaran perdiéndo-se en la desmemoria”.

    Por esas mismas razones, LolaBeccaria y David Torres han acaba-

    do enredados en el si-guiente volumen, aún iné-dito, dedicado a lasTragedias griegas. Beccariaversiona Medea, “ciñéndo-me a la historia porque sino, no tenía sentido. Meinteresaba mucho resaltarla vigencia de esta tragediaen la actualidad, si podía

    decirnos algo desde parámetros ac-tuales. Y no temo las críticas, estoy se-gura de que los especialistas queamen estos textos celebrarán quese desempolven y vuelvan al can-delero, y que disfrutarán además conla actulización de mi Medea, un per-sonaje tradicionalmente maltratadoal que he convertido en feminista”.

    Delirios psicóticos de PrometeoPor su parte, Torres versiona

    nada menos que Prometeo encadena-do, de Esquilo, porque “además deentusiasmarme la obra, su autor esuno de los grandes. Parece mentiraque un escritor primitivo logre emo-cionar de tal manera al hombre delsiglo XXI. Esta obra, en concreto,me permite profundizar en el sen-tido de la catástrofe, por no men-cionar las posibilidades de los bui-tres... Bromas aparte, los mitossiempre funcionan. Yo sitúo la obraen un hospital; mi Prometeo es untipo con un delirio psicótico, y por lospasillos te encuentras a Zeus, Io....La gente no se da cuenta de quetodo lo que lee nace de Grecia. Bor-ges decía que en realidad cuatro sonlas historias y siempre las repetimos.Tal vez sean más, pero quizá esta co-lección sirva para que los lectores in-expertos descubran que una nove-la sobre la recaída en las drogas es undescenso a los infiernos. Hay muchoen juego. Porque si olvidamos a losclásicos, perdemos las claves de la ci-vilización”. N. AZANCOT

    DDEE IIZZDDAA AA DDCCHHAA,, YY DDEE AARRRRIIBBAA AA AABBAAJJOO,, MMAARRTTÍÍNN CCAASSAARRIIEEGGOO YY DDAAVVIIDD

    TT OO RR RR EE SS ;; LL OO LL AA BB EE CC CC AA RR II AA YY FF RR AA NN CC II SS CC OO CC AA SS AA VV EE LL LL AA ;; LL OO RR EE NN ZZ OO

    SS II LL VV AA YY JJ AA VV II EE RR AA ZZ PP EE II TT II AA ,, YY MM EE RR CC EE DD EE SS AA BB AA DD YY AA NN TT OO NN II OO OO RR EE JJ UU DD OO

    “La gente no se da cuenta de

    que todo lo que lee nace de

    Grecia, y de que hay mucho

    en juego. Porque si olvida-

    mos a los clásicos, perde-

    mos las claves de la civili-

    zación” explica David Torres

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  • E L C U L T U R A L 1 0 - 5 - 2 0 0 7 P Á G I N A 1 2

    L E T R A S

    JUAN ANTONIO RÍOS

    CARRATALÁ

    A r i e l . B a r c e l o n a , 2 0 0 73 3 5 p á g i n a s . 24 e u r o s

    ¿Hubo un batallón depeluqueros?” se pre-gunta Ríos Carrataláal final de esta monografía, reme-dando el tono despectivo con el quealgunos escritores “nacionales” serefirieron a los variopintos defen-sores con que contó la República du-rante la Guerra Civil. Y concluyeque, si hubo algo parecido a ese hi-potético batallón de profesionales dela tijera, fue el formado por todosaquellos escritores que, sin comer-lo ni beberlo, terminaron velando ar-mas (dialécticas y propagandísticas,se entiende) en el bando franquista,en el que veían una cierta garantía demantenimiento de su estatus socialy de sus medios de vida, además dela mera posibilidad de continuar re-sidiendo en su país. Numerosos fue-ron, efectivamente, los escritoresque, a pesar de sus antecedentes máso menos liberales e incluso de ha-ber manifestado en su día una abier-ta simpatía hacia la República, abra-zaron luego la causa opuesta. Aalgunos les iba la vida en ello. Otros,simplemente, se dejaron llevar porsentimientos tan humanos como elegoísmo o la comodidad. Con eseprecario bagaje ideológico ganaronla guerra. Y, como se ha dicho infi-nidad de veces, no siempre con acier-to, perdieron las páginas de la His-toria de la Literatura.

    Tal fue el caso del escritor, ci-neasta y humorista Edgar Neville.Aunque no cabe rastrear en él la me-nor inquietud política, mucho me-nos de signo izquierdista o revolu-cionario, su talante vitalista y liberalle llevó a simpatizar con el marco

    de libertades públicas que parecióafianzarse en España con la procla-mación de la República. Con ese es-píritu, mantuvo contactos con laAgrupación al Servicio de la Repú-blica de Ortega y Marañón, y llegóa militar en Izquierda Republica-na, el partido de Azaña. No cabe

    descartar, como insinúa Ríos Carra-talá, que tomara estas iniciativas porpura inercia acomodaticia, como ungesto más de esa “arrolladora sim-patía” que le garantizaba amigos entodas partes. En cualquier caso, suestilo de vida, sus intereses artísticosy su rechazo de la vieja España ran-

    cia y clerical, tan contraria a su ta-lante e inclinaciones, encajaban me-jor en la modernidad republicanaque en cualquier otro diseño polí-tico o social imaginable en la Es-paña del momento. La Guerra Civilliquidó de un plumazo esa “terceraEspaña”, liberal y desentendida. En

    Una arrolladora simpatíaEdgar Neville: de Hollywood al Madrid de la posguerra

    CC HH AA PP LL II NN YY NN EE VV II LL LL EE ,, EE NN EE LL DD EE SS CC AA NN SS OO DD EE UU NN RR OO DD AA JJ EE ,, EE NN HH OO LL LL YY WW OO OO DD EE NN 11 99 22 88

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    E L L I B R O D E L A S E M A N A

    uno y otro bando se exigieron las co-rrespondientes credenciales de a-dhesión, y quienes no podían ex-hibirlas pasaron inmediatamente aingresar la nómina de los tibios o sos-pechosos.

    A Neville el estallido de la con-tienda le sorprendió en Madrid.Como diplomático de carrera, semantuvo inicialmente fiel al gobier-no legalmente constituido; peropronto empezó a sondear sus posi-bilidades de integración en el otrobando, adonde lo empujaban sus an-tecedentes familiares y su instinti-va percepción de que, en un barcoque se hunde, como era el caso de laRepública, no había sitio para él.Una vez logrado su objetivo, quisohacer valer los “servicios” que pre-suntamente había prestado al bando“nacional” desde los puestos diplo-máticos que ocupó en estos días cru-ciales. Pero lo que aun hoy día re-sulta difícil de explicar, y lo quedebió de resultar inexplicable a loscelosos guardianes de la pureza ideo-lógica franquista, es cómo logró esospuestos (algunos, tan importantescomo el de secretario de embajadaen Londres) sin acreditar una con-vincente adhesión a la República.En esa delicada posición se mantu-vo Neville hasta el 31 de diciembrede 1936, cuando el ministro repu-blicano Julio Álvarez del Vayo firmósu definitiva separación del cuerpodiplomático.

    En el bando “nacional” no le per-donaron esos titubeos: tras su incor-poración a los sublevados, Nevilleconoció un largo proceso de depura-ción y constató peligrosas descon-fianzas. Pagó el peaje, no sin ma-lentendidos (su película propagan-dística Frente de Madrid, por ejemplo,no fue todo lo bien acogida que es-peraba), y aguardó mejores tiempos,en los que llegó a realizar una nota-ble obra cinematográfica personal yenterró u olvidó convenientemen-

    te los excesos propagandísticos (nomuchos, ni demasiado estridentes,en comparación con otros) del pe-riodo bélico.

    Ríos Carratalá documenta, en lamedida de lo posible, las vacilacio-nes y los cautelosos pasos de Nevi-lle. Parte de la constatación de cier-tos silencios y termina allá dondeestos silencios se revelan resistentesal paso del tiempo y se alían a ciertos

    recelos familiares, que todavía nopermiten el acceso a determinadosdocumentos que el biógrafo juzgacruciales, pero que quizá, a la luzde lo convincentemente argumen-tado en este libro, no hagan sino co-rroborar lo que ya sabemos o intui-mos. No nos ahorra el autor suspropias perplejidades, ni la posiciónpersonal desde la que aborda los he-chos; pero en ningún momento asu-me el ingrato papel de erigirse enjuez de su biografiado. Este librono es ni una apología ni un proce-so, sino un documentado recorrido

    por las circunstancias históricas ylos vericuetos de la voluntad que ex-plican ciertos comportamientos in-dividuales. Quizá aquí también hayajugado sus bazas la “arrolladora sim-patía” de Neville: a pesar del tonodistanciado que adopta este ensa-yo, acabamos teniendo la sensaciónde que su autor comprende la deli-cada tesitura en que se vio su per-sonaje y, sin eximirlo de las respon-

    sabilidades morales pertinentes, leotorga el beneficio de la compren-sión humana. Y quizá sea este deli-cado contrapunto, que exige con-frontar datos distantes y dar porsupuesto un conocimiento global dela situación, lo que hace que a ve-ces la narración se vuelva un tantoconfusa; sobre todo, en los prime-ros capítulos, en los que el biógrafomezcla los hechos de los que partecon conclusiones todavía prematu-ras a esas alturas del relato.

    Por eso la narración gana en tra-bazón e intensidad en los capítulos

    finales, en los que el autor conjuga labiografía con el análisis de la rena-cida producción artística de un Ne-ville ya definitivamente adscrito albando “nacional”. Con generosidady amplitud de miras, logra Ríos Ca-rratalá apreciar aciertos y originalidaden unas obras inevitablemente mar-cadas por la coyuntura bélica, y queno figuran entre las más conocidasdel autor de Don Clorato de Potasa.La “arrolladora simpatía” del bio-grafiado se alía, esta vez, con la bi-bliofilia que cabe suponer en el eru-dito que maneja viejas ediciones, ycon el goce del degustador de esti-mables rarezas literarias.

    Sería de desear que otros autoresde la época corrieran la misma suer-te; que se apreciara la dificultad desobrevivir en un periodo donde to-mar una u otra decisión suponíaarriesgar la vida o reinventarse a unomismo. Algunos lo hicieron en el exi-lio, otros siguieron ejerciendo su ta-lento bajo los tremendos condicio-nantes de la España franquista. Losmás valientes, como Juan Ramón Ji-ménez, mantuvieron hasta el final desus días el compromiso con la legali-dad conculcada, a la vez que nega-ban el saludo a otros exiliados a quie-nes, por su actuación durante laguerra, consideraban indignos derepresentarla. Como se ve, la varie-dad de comportamientos se resiste ala simplificación. También ha sidofrecuente que estas circunstanciasextraliterarias hayan determinado elveredicto, no siempre justo, de laposteridad. Y sólo estudios comoéste, en los que el rigor se alía al re-conocimiento de la valía del biogra-fiado, contribuirán a poner las cosasen su sitio. Falta nos hace, en estostiempos en los que hasta el más in-documentado vuelve a alzar la vozpara reclamarnos imposibles purezasy onerosas adhesiones.

    JOSÉ MANUEL BENÍTEZ ARIZA

    � Ríos documenta las vacilaciones y los cautelosos pasos de Neville.El libro no es ni una apología ni un proceso, sino un

    documentado recorrido por las circunstancias y los vericuetos de la voluntad que explican ciertos comportamientos

    Su encuentro con Chaplin La primera noche de su llegada a Holly-wood, Edgar Neville cenó con CharlesChaplin, Douglas Fairbanks y Mary Pickford,en el Ambassador. Grupo que al día siguientese fue a vivir a casa de los Fairbanks, a Pick-fair. A los dos días rodaban una película en bro-ma, con un guión improvisado por Neville, y cu-yos protagonistas eran los Yebes y AngelitoBerlan, Douglas –padre e hijo–, Mary Pickford,Chaplin y otros amigos de allí. Años después, elpropio Neville lo recordaba así: “En pocos díasconocimos a toda la colonia cinematográfica.Desde el primer día simpatizamos de una ma-nera enorme Chaplin y yo: durante los años quepasé allí fuimos los amigos más íntimos, cená-bamos casi todas las noches mano a mano, desenvolviéndome comopodía en mi inglés macarrónico, que le mataba de risa, hasta quecon él y sus lecciones acabé de hablarlo tan incorrectamente comolo hacía el resto del país”.

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  • L E T R A S / N O V E L A

    E L C U L T U R A L 1 0 - 5 - 2 0 0 7 P Á G I N A 1 4

    Camino de hierroNATIVEL PRECIADO

    P r e m i o P r i m a v e r a , 2 0 0 7E s p a s a . M a d r i d , 2 0 0 724 0 p á g i n a s , 1 9 ’ 9 0 e u r o s

    La periodista Nativel Precia-do dio el salto a la novela nohace mucho. En principio,pareció ser un caso, como tantosotros habituales hoy, de buscar elprestigio añadido de la literatura,pero su trayectoria está mostrando laseriedad con que acometió este tra-bajo. Desde una simple crónica deactualidad (El egoísta) pasó a una con-vincente exploración en los deter-minantes de la vida (Bodas de plata)y ahora se arriesga a afrontar un temamuy espinoso, la recuperación dela memoria de la guerra civil.

    La nueva novela de Preciado, Ca-mino de hierro, trata en su mayor par-te de este asunto aunque en realidadpresenta dos tramas casi indepen-dientes. La primera es una historiade amor absoluto protagonizada porPaula, una mujer en la madurez, cul-ta y libre, que aguarda a saber el por-qué de la misteriosa desaparición desu marido. No es, a mi parecer, unaanécdota imprescindible aunque lajustifique el que aporta un sentidoafirmativo de la vida y de las rela-ciones humanas que supone un con-trapeso de la otra anécdota. Esta se-gunda peripecia, inserta en laanterior, es la importante: la mismamujer indaga en León el asesinatopor los fascistas de su abuelo Románal comienzo de la guerra. Paula cuen-ta las averiguaciones acerca de aque-llos sucesos en primera persona yello intensifica los efectos trauma-tizantes de tales vivencias.

    Al situar este viaje al pasado fa-miliar de Paula en el contexto muyconcreto del debate que vive nues-tra sociedad por estas mismas fechas,nos da la autora una clave básica desu escrito: no le interesa una trivialnovela de pasatiempo y consumo. Se

    plantea un libro comprometido y esoes Camino de hierro. La novela se di-rige a espolear la conciencia del lec-tor, y lanza una invitación, quizás unreto, a que cada quien asuma ese pa-sado y adopte su propia postura. Laautora tiene la suya, pero no la pre-

    senta de manera impositivasino como base para la refle-xión del destinatario.

    El abuelo Román fue víc-tima de una canallada, lo dela-taron unas monjas y fue eje-cutado en un juicio inicuo sinmás culpa que simples sim-patías izquierdistas. Esto que-da en la novela rotundamen-te claro. Al igual que se dejaconstancia de la terrible repre-sión franquista de posguerra, ydel dolor y daños causados atantos inocentes. También se

    defiende sin la menor ambigüedadel derecho a saber todas las vilezascometidas y los nombres de sus res-ponsables.

    Nativel Preciado hace, pues, unauténtico alegato a favor del resca-te sin restricciones de la memoria

    histórica y además plantea la pre-gunta crucial: ¿para qué tal rescate?Tampoco adopta posiciones inde-cisas ni complacientes en este con-flictivo terreno. Ha de recuperarse lamemoria para hacer justicia pero evi-tando la venganza. Preciado se plan-ta con coraje ante dos posturas en-frentadas. No está ni con quienesquisieran utilizar viejas tropelíascomo arma arrojadiza ni con quienespretextan que hurgar en el pasadoremueve odios cainitas para no asu-mir culpas. En suma, la autora poruna parte exige la revisión históricay reclama justicia, y por otra abogapor el perdón y la piedad.

    Conviene subrayar que esta ma-teria figura en una novela y que no esensayo, reportaje o alegato político.Debemos considerarla, por tanto,desde los requisitos de la literatura.Preciado tiene la habilidad de pre-sentar esas opciones no como una te-sis, aunque la haya, sino como sus-tancia encarnada en personas decarne y hueso. En un hombre mayor,víctima a la vez que culpable del pa-sado, y sobre todo en la menciona-da Paula, un ser profundo y conflic-tivo, fuerte y desolado que vive estadura experiencia entre arranques deenajenación y serenidad ejemplar.De todo ello da cuenta en un relatopsicologista tradicional, con una pro-sa clara y elaborada, quizás en algúnmomento un poco retórica, y mez-clando vivencia intensa, reflexión ycomentarios culturales. En fin, Pre-ciado ha conseguido con Paula unpersonaje lo bastante sólido y com-plejo como para encarnar con auten-ticidad y valor universal situacionesconcretas de una historia terrible.

    SANTOS SANZ VILLANUEVA

    � Nativel Preciado hace un auténtico alegato a favor

    del rescate sin restricciones de la memoria histórica

    y plantea la pregunta crucial: ¿para qué tal rescate?

    JAIME VILLANUEVA

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  • E L C U L T U R A L 1 0 - 5 - 2 0 0 7 P Á G I N A 1 5

    L E T R A S / N O V E L A

    La soledad del ángel de la guarda

    Raúl Guerra Garrido es unode esos novelistas que nun-ca escriben a humo de pa-jas ni para exhibir un ingenio refi-nado. Cuenta historias que le soncercanas, que tienen que ver connuestro mundo, con nuestras preo-cupaciones o nuestra historia inme-diata. Y lo hace tratando siemprede crear un artefacto artístico, de na-rrar eludiendo los cauces tentadoresy fáciles del reportaje en que tan-tos escritores de buena voluntadnaufragan y poniendo en juego paraello artificios constructivos, comoel monólogo interior, los juegos ver-bales o la ruptura temporal, ajenos alinerte costumbrismo superficial deque adolece con frecuencia la litera-tura más combativa.

    La soledad del ángel de la guarda res-ponde a estos principios, presentesya en una novela corta de la prehis-toria del escritor –publicada, sin em-bargo, muchos años más tarde– titu-lada La sueca desnuda, que nada teníaque ver con el erotismo sino con loque indican las iniciales de las trespalabras del título. Por otra parte,motivos temáticos como el terroris-mo y la violencia se encuentranigualmente en la obra del autor, connovelas como Lectura insólita de Elcapital (1977) o La costumbre de morir(1981), y reaparecen, con otra pers-pectiva, en La soledad del ángel de laguarda, donde incluso hay alguna re-ferencia palmaria a la obra de 1981:“Cuando la encontré [la pistola] mehice mayor de edad por lo que poníaen la costumbre de morir. Señalo conel índice, a ti, a ti te ha tocado” (p.41); “Palpita Betty en la palma de mimano, como en la costumbre de mo-rir [...] Apunto con el dedo índice,a ti, aprieto el gatillo...”(p. 172). (EnLa costumbre... se leía: “Gonzalo gira

    sobre sí mismo, señala con el índi-ce y aprieta el gatillo”).

    En esta ocasión, el personaje delrelato homodiegético, que narra y,sobre todo, monologa es un escoltaencargado de proteger a un profe-sor jubilado y amenazado. No semenciona el lugar de las acciones–pero nadie tendrá la menor dudaacerca de ello– ni se identifican lospotenciales agresores. No importa.

    Escenas como las de la conferenciadel profesor, el desfile de madres“exhibiendo la foto de uno de sus hi-jos, al parecer prisioneros políticospor haber asesinado al menos unapersona” (p. 89), o bien la manifes-tación pacifista disuelta por la policía,de extraordinaria intensidad, son, sinperder un ápice de su carga crítica,páginas de excelente literatura. Lasescuetas observaciones sobre indus-triales forzados a “pagar el iva al otro

    lado de la raya”, o acerca de personasque eluden saludar al profesor enpúblico para no verse comprometi-das, esbozan con agudeza el am-biente de una sociedad amedrenta-da y sin capacidad de reacción, comoya había hecho, con distintos pro-cedimientos, Fernando Aramburuen Los peces de la amargura. Fuerade estos hechos externos que regis-tra la mirada atenta del narrador, es

    precisamente la personalidad de esteescolta lo que se pone de relieve: susidas y venidas con el profesor –men-cionado cada vez con un nombre dis-tinto para no reducir la historia a unsolo caso y sugerir así la multiplicidadde otros semejantes–, sus recuerdosde una novia lejana y acaso perdi-da, su soledad, su aislamiento, su vidaconvertida en un continuo sobre-salto. Los pasajes de lo que podríaconsiderarse monólogo interior –que

    en algún punto concreto recuerdanel Oficio de tinieblas 5de Cela– no pre-sentan más excesos que los de al-gunas frases truncadas o algunas aso-ciaciones verbales, a menudocompuestas con referencias literarias.Se juega con un título de Nabokov(“cuentos de Adas ardientes”, p.205), con los nombres de un actrizy un escritor (“Gilda Hayworth Can-sionos o algo assens”, p. 60), se re-

    tuercen o descomponen pa-labras (“dispuesta a pecaren río revuelto o en Mar-bella”, p. 154; “me encon-tré siguiéndola de tiendaentienda lo que quiero de-cir”, p. 72). En el mismoplano de la experimenta-ción verbal hay que anotarel uso de vocablos ajenosal diccionario a los que ellector deberá dar un sentidocontextual, como pulonio,zofilecho, sisalma; o de crea-ciones como “lotecientasveces”, “estrofas matusas”

    (“viejas”) y otras. La unidad compo-sitiva se apoya en la reiteración y elparalelismo, incluso con aperturas ycierres análogos en diversas secuen-cias , que ayudan eficazmente a launidad del conjunto. El esfuerzopuesto en la composición ha dado eneste caso buenos frutos. En cuanto alinterés de la historia, no es precisoencarecerlo.

    RICARDO SENABRE

    RAÚL GUERRA GARRIDO

    A l i a n z a . M a d r i d , 2 0 0 7.2 2 1 p á g i n a s . 1 8 e u r o s

    � Guerra Garrido

    cuenta historias que

    tienen que ver con

    nuestras preocupa-

    ciones, tratando de

    crear siempre un

    artefacto artístico

    ÍÑIGO IBÁÑEZ

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  • CARE SANTOS

    F i n a l i s t a d e l p r e m i o P r i m a v e r a . E s p a s aM a d r i d , 2 0 0 7. 4 1 5 p á g i n a s , 1 9 ’ 9 0 e u r o s

    Con una treintena de títulos narrati-vos a cuestas y un montón de reco-nocimientos al que viene a sumar elde Finalista del Premio Primavera de Espasa,a Care Santos hay que reconocerle una pre-sencia cada vez más destacada en la actual na-rrativa. Como hay que destacar su incesantebúsqueda de motivos para perderse en el sub-suelo de todo lo que se leofrezca como potencialcreativo. Desde sus co-mienzos, su personalidadofreció una prosa cuidada,intimista, densa y suge-rente por la cantidad dematices con los que ata-viaba un relato. Después,como la contumaz narra-dora que es, probó el difí-cil terreno de la aventuraesencial a la novela querecupera la trama argu-mental, la ambientación realista, la intriga ma-nejada desde diferentes modos de referir unsuceso, lo que le ha valido ganarse a lectoresde muy distinta condición y crecer como cre-adora de ficciones fabricadas al calor de un es-tilo siempre literario.

    Lean, si no, La muerte de Venus, un premiodigno y merecido, una novela imaginativa, en-tretenida, y, en cierto modo, poliédrica. Por-que está imaginada desde dos lados (o dosrealidades), recrea dos escenarios (Barcelonay Roma), se ambienta en dos épocas (actua-lidad y antigüedad clásica) tan distintas y dis-tantes que sellar el encuentro de ambas sin re-tar en algún momento el principio deverosimilitud, o lograr la cohesión definitivasin que adelgace la trama en alguna de sus par-tes, o fundir ritmos y materiales tan disparesen un tono que no contenga alguna disonan-cia… es realmente complejo, y es el aviso dela grieta que puede surgir ante un arquitec-tura novelesca tan ambiciosa y arriesgadacomo la que ensaya la autora en estas páginas.Por lo demás es una historia deudora de fuen-tes y materiales gobernados con desenvoltura

    y habilidad, enriquecedores de una aventuradonde la intriga viene cargada de sobresaltosy el ritmo se tensa y destensa para mantenerexpectantes a los lectores.

    Uno de los lados sirve de arranque a lo quepuede parecer un enredo ligero con cierto ses-go melodramático: una pareja –Mónica y Ja-vier– que reside en Mataró (Barcelona) es-pera el primer hijo (de ambos, pues él tieneotros dos de una relación anterior que atraviesapor su momento más crítico). A ese proyectovital viene a sumarse la herencia de un case-

    rón que se deciden a rehabilitar para instalaren él su nueva vida. Con las obras de remo-delación llega el aviso de los primeros pro-blemas: olores pestilentes, extrañas inscrip-ciones latinas en las paredes, el aviso, en fin,de una “presencia” que, al parecer lleva enla casa muchas generaciones. Rastrear los pa-sos de ese “fantasma” que logra cargar de ten-sión y dramatismo “el embarazo” de la pare-ja es una peripecia que podría ser calificada detruculenta de no ser por el suceso que tuvo lu-gar, del otro lado, dos mil años atrás: la “indignamuerte” de una joven romana y la inevita-ble condena a vagar por la eternidad hastalograr atravesar “dignamente” la “laguna Es-tigia” y alcanzar, así, el merecido “descan-so”. Este otro lado, donde la reconstruccióny ambientación del escenario va mucho másallá de lo que supone un simple merodeo no-velesco, despertará la perplejidad de más deuno. Los demás esperamos encontrar a suautora en nuevos empeños. Éste, ya lo ve-rán, no defraudará.

    PILAR CASTRO

    L E T R A S / R E L A T O S / N O V E L A

    E L C U L T U R A L 1 0 - 5 - 2 0 0 7 P Á G I N A 1 6

    La muerte de VenusTernera macho yotros absurdosÁNGEL PÉREZ CUZA

    E s p u e l a d e P l a t a . R e n a c i m i e n t o , S e v i l l a , 2 0 0 72 1 8 p á g i n a s , 1 2 e u r o s

    Treinta relatos componen esta colección queel cubano Ángel Pérez Cuza (Guantána-mo, 1955) presenta bajo el chocante títu-lo de Ternera macho y otros absurdos. Este autor se dioa conocer en nuestro país con la novela Delito mayor,que –lamenta Juan Bonilla en el prólogo al libro quenos ocupa– pasó entre nosotros injustamente des-apercibida. Ternera macho es uno de esos libros delos que no se sabe si el mayor mérito es literario osociológico: nos interesa la prosa tanto como el fielretrato que, juntando las piezas sale de la socie-dad cubana vista desde adentro, el detalle del díaa día por encima de panfletos políticos de afectosy desafectos. Pues éste es un libro político sólo en lamedida en que retrata a sus conciudadanos. Comola muchacha del primer relato, Pérez Cuza nosasoma a una mirilla para observar este alegre yduro mundo de intercambios y supervivencia: ve-remos enfermeras desdobladas en jineteras por ho-ras, trapicheos y astucias que cuestan la vida, caídasen desgracia de antiguos camaradas vueltos ricos ge-rentes, felicidades ajenas inalcanzables, arbitrariosexpolios, trabas de una burocracia estatal tan caó-tica como implacable, madres que imploran por sushijos, turistas españoles que estafan las esperan-zas de pobres muchachas, naúfragos ciegos queviven el infierno, cincuentones que vuelven tras-quilados, familias que sueñan nuevos comienzos,visiones y “milagros”, censores y escritores vigila-dos, lúcidos repasos vitales desde una mesa dequirófano, tragedias por una bicicleta confiscada,oníricas navegaciones de regreso a Cuba...

    Éste es el mundo de una colección de cuentostragicómicos en los que el erotismo se erige en notadominante, especialmente en espléndidas piezascomo “Al acecho de la nínfula” o “El cuentero deCharco Sucio” (un relato impresionante), aunquetambién algún otro texto bordea el mal gusto y has-ta la broma pesada (así ocurre en “Las violacionesde Eva” o en “Viernes” –cuento que nos hace pre-guntarnos qué le habrá hecho a Cuza el pobre De-foe–). Pero éste es, en suma, un libro valiente acer-ca de la lucha por la vida que, con un lenguaje directoy sin disimulos, se atreve a plantearse quién es quiény, sobre todo, permite ver y da que pensar.

    ERNESTO CALABUIG

    J.M. LOSTAU

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    L E T R A S / R E L A T O S / P O E S Í A

    La Universidad desconocidaROBERTO BOLAÑO

    A n a g r a m a . B a r c e l o n a , 2 0 0 74 5 9 p á g i n a s , 2 0 e u r o s

    EL SECRETO DEL MALROBERTO BOLAÑO

    Ed . I . E c h e v a r r í a . A n a g r a m a .1 8 2 p á g i n a s , 1 9 ’ 9 0 e u r o s

    La obra y la figura literaria delescritor chileno, tras su fa-llecimiento en Barcelona alos 50 años, en 2003, se ha conver-tido en referencia de algunos cami-nos por los que discurre la narrativahispanoamericana de las últimaspromociones. Es, claro está, objetode controversia; pero el paso deltiempo no hace sino acrecentar el va-lor de su radicalidad y sus excesos.Escritor torrencial, su obra se incre-menta con nuevas aportaciones gra-cias al cuidado de su editor, de Ca-rolina López –en representación delos herederos–, que se ha ocupadode reunir y precisar el origen de estegrueso volumen poemático (o casi)y de Ignacio Echevarría, editor deuna colección de sus cuentos inédi-tos o casi. Carolina López en unabreve nota precisa: “La decisión depublicar La Universidad desconocidaresponde al profundo respeto quenos produce el amor que Robertosentía por su poesía...”. Parece quesu obra poética procede de una or-denación propia, extraída de su or-denador, y en una nota fechada enBlanes en mayo y enero de 1993aclara las fechas de composición delos textos reordenados (páginas 443-444). A continuación, se ofrece la bi-bliografía de las primeras edicio-nes, si aparecieron con anterioridad.

    La idea que Bolaño tenía de lapoesía en general y de su propia la-bor como poeta procede de sus anár-quicas lecturas de la generación beatestadounidense, de Bukowski y elrealismo “sucio”, de las lecturas desurrealistas (citados ampliamente),

    de la poesía provenzal, Rimbaud, dela literatura de la crueldad, del irra-cionalismo e incluso de algún bre-ve experimento visual (incluyendouna considerable influencia genéri-ca del marqués de Sade) y de unaconcepción narrativa que le permi-te intercambiar prosa y poesía. Cuan-do publicó Amberesen 2002 (Anagra-ma) incluyó un breve prólogo, queahora no figura. El breve texto resultamuy estimulante. Indica que escri-bió este libro “para los fantasmas,que son los únicos que tienen tiem-po porque están fuera del tiempo”.Se publicó en la colección de “Na-rrativas Hispánicas”, en cuya contra-portada se calificaba como novela.Lógicamente el lector no esperabarecobrarla entre textos poéticos. Peroel “Manifiesto mexicano” es un re-lato que bien podría figurar en Elsecreto del mal y algo parecido podría

    asegurarse tam-bién de textosprosaísticos inclui-dos en “Prosa delotoño en Gerona”,situadas antes delos “Poemas per-didos”, alguno deellos de gran fuer-za expresiva.

    Ignacio Eche-varría, en una bre-ve nota introduc-toria a El secreto delmal, alude a unapor él calificada

    “poética de la inconclusión”, que di-ficulta precisar si los diecinueve re-latos que se incluyen los dio el autorpor finalizados. Proceden tambiénde archivos de ordenador y algunohabía sido ya publicado en alguno desus libros. Hay casos claros de en-sayos e, incluso, textos de confe-rencias: “Derivas de la pesada” o“Sevilla me mata”. Pero, como ad-vertíamos al comentar su obra poé-tica, el autor no respetaba la tradi-cional fórmula de los géneros. Enesta conferencia se pregunta de dón-de viene la nueva literatura latinoa-mericana y concluye: “La respuestaes sencillísima. Viene del miedo”.Del mismo modo arremete con vio-lencia contra la herencia literaria: “eltesoro que nos dejaron nuestros pa-dres o aquellos que creímos nuestrospadres putativos es lamentable”.El relato que da título a la colección

    se inicia con una frase que da razónde la técnica compositiva del autor:“Este cuento es muy simple aunquehubiera podido ser muy complicado.También es un cuento inconcluso,porque este tipo de historias no tie-nen un final”.

    Algunos de los personajes (Be-lano, Lima) reaparecen en uno uotro relato. Los hay extensos, como“El hijo del coronel” y otros tan bre-ves como “La jornada del caos”. En“Sabios de Sodoma” advertimos dosredacciones, cuyo protagonista es unNaipaul, el premio Nobel, en Bue-nos Aires, escribiendo una crónicasobre la ciudad. Bolaño lo emparen-ta conAbbadon el exterminador, de Er-nesto Sábato. Ambos formarían par-te de “la familia de las obras nihilis-tas e inmovilizadas por el horror”, te-sis que muy bien podría resumir elconjunto de la obra de Bolaño. “La-berinto” debe entenderse, a mi jui-cio, como una parodia de la narrativafrancesa estructuralista y “telquelis-ta”. No evita, cuando conviene, uncierto sentido del humor, una lite-ratura lúdica. La literatura, la narra-ción de Bolaño está también ínti-mamente ligada al cine. Algunosde sus personajes, ambientes o es-cenas se ubican en la cómplice os-curidad del cinematógrafo. Inclusosus poemas están veteados por som-bras del celuloide. “Daniela” ¿re-cuerda Santuario de W. Faulkner?Tal vez, pero se reduce a apenas dospáginas. Unos paisajes urbanos sonbarceloneses, donde vivió un tiem-po; otros recuerdan Castelldefels,donde trabajó, escribió y se inspirópara las prosas o poemas que titulóAmberes. Pero también hay muchode México y aún más del Chile queabandonó y sufrió. Ya sea en sus re-latos o en la poesía transmite una he-terodoxa visión de la realidad, ex-presionista, desgarrada.

    JOAQUÍN MARCO

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    L E T R A S / P O E S Í A

    FRANCISCO J . IRAZOKI

    H i p e r i ó n . M a d r i d , 2 0 0 61 2 3 p á g i n a s , 1 0 e u r o s

    Cuenta la leyenda que, entre1978 y 1981, un colectivo desoñadores –Grupo CLOCde Arte y Desarte, se hacían llamar–defendió con valentía la plaza fuer-te del surrealismo vasconavarro, so-metida a asedio por unas circuns-tancias poco favorables a lasrevoluciones de la imaginación.CLOC resistió, cayó, se convirtió enmito. De aquellos troyanos, sobre-vive Fernando Aramburu y, con él,la esperanza de un futuro digno parala narrativa española. Y es que, en2007, la mejor novela de este paísse escribe en Lippstadt.

    Tras inmortalizar sus gestas enFuegos con limón, Aramburu resuci-ta la memoria de CLOC en el pró-logo a Los hombres intermitentes, deFrancisco Javier Irazoki, otro de loshéroes de aquella epopeya. Prosa encuerpo y poesía en alma, esta auto-biografía heterodoxa esboza en 46trazos el retrato de un poeta aún afe-rrado a sus armas de los tiempos glo-

    riosos: el lirismo, la ironía, un senti-do del humor que distancia al hom-bre de las cosas, preservando así suespíritu crítico. La obra es, ante todo,una introspección: “Busco a alguienque se llama como yo, que ha tenidouna vida idéntica a la mía” (“Bio-grafía”). Y no sólo lo encuentra, sinoque descubre que ese Doppelgängerno es uno, sino legión. Cada relatobrevísimo –“Muerte transitable”apenas llega a siete líneas– ofrece undato, una vivencia, un punto de vis-ta, configurando un yo poético mul-tiforme que se contempla en el es-pejo de una comunidad real oficticia, local o universal: “Todos des-conocidos, en sus rostros se repite unrasgo común: mi mirada” (“Biogra-fía”). La historia del animal humanose escribe, pues, a partir de recuer-dos personales, pero extrapolables auna masa que, a su vez, por identi-ficación o contraste, conforma al in-dividuo. Irazoki recurre a los moti-vos más visitados del género: lasordidez de la educación religiosa(“Menú del cielo”, “Álbum”), “Lacognizione del dolore” (“Trueques”),el primer contacto con la muerte

    (“Ejecución de la infancia”, “Decuervos y truchas”), el compromisopolítico (“Si sonreías en el Sur, te ca-cheaban”, “¡A por ellos!”), el en-cuentro con el Otro (“Antes de losclaveles”, “I-nauguración del ex-tranjero”). No-sotros somos muchos;las experiencias, pocas. La estrate-gia narrativa debería generar, pues,una lectura de reconocimiento, decomunión. Pero no. Es déjà vu lo quesentimos. Este libro ya lo he leído,pensamos. Irazoki domina como po-cos los mecanismos del artefactosurrealista (“Autorretrato”, “Circui-to”, “Riada”, “Fiestas nacionales”),en particular esas imágenes oníri-cas en que el cuerpo se metamor-fosea en paisaje natural (“Las pala-bras reductoras”), urbano (“Primerametrópoli”) o doméstico (“La nocheen que me dolieron las ventanas”).En mundos más reales, las metáfo-ras sostenidas amenazan derrumbe(“Mercado”, “La luna no es una me-dicina para nadie”, “Las ventadas”),mientras el detalle significativo seprecipita hacia el cliché anecdótico(“Tonta mortífera”, “El perro delventrílocuo”, “Sombra comercial”).

    Sólo en su aproximación a la génesisde la violencia en el País Vasco lo-gra el poeta una secuencia de planossin fallas abruptas: entre “Hijos ahu-mados” –el poeta, un bando– y “De-finición de la patria” –el poeta, elotro bando–, habla la bomba(“Muerte roñosa”). La visión sere-na, profundamente humana, de Ira-zoki evoca –¿a quién, si no?– al me-jor Aramburu. Concebido comoBildungsroman lírico, Los hombres in-termitentes es la prosa de un escritorirremediablemente poeta. Navarrode cuna y parisino de adopción, Ira-zoki sigue siendo un maestro del su-rrealismo español Y es que se puedesacar a Irazoki de CLOC, pero¿cómo sacar CLOC de Irazoki? Lasraíces –vitales o estéticas– no son ne-gociables.

    A. SÁENZ DE ZAITEGUI

    La ruta de Occitania. Poesía reunidaJOSÉ LUIS GIMÉNEZ FRONTÍN

    I g i t u r. Ta r r a g o n a , 2 0 0 62 0 8 p á g i n a s . 1 5 e u r o s

    En la poética de Giménez Frontín (Bar-celona, 1943), publicada en la antologíaNueve poetas del resurgimiento (1976), de-cía que “el poema, como en los cantos populares,será meditación o no será. Y además, conjuro”,y no parece que esos juicios sean inoportunosal leer ahora esta amplia selección de sus librospublicados más unos pocos inéditos. Esta escri-tura, entonces, trataría de ser meditación y con-juro del instante –Que no muera ese instante es el tí-tulo de uno de sus libros–, esa fracción del tiempoen que se vive y en la que se tiene conciencia ple-

    na de ello. Pero, si es fracción, el instante es –ysin paradoja ninguna– también la totalidad, puesallí tiene lugar también el recuerdo y la proyec-ción a lo por venir. Así, la colección se abre con“Aquella hora”, donde se advierte de los peligrosdel olvido, pues “sólo aquella hora puede darun sentido / al gasto de su vida, y ofrecerle, [...]/ lo más parecido a una segunda oportunidad”,versos que dejan dicho el nudo que liga a pasadoy futuro en lo que es el momento presente.

    Pero resulta que lo señalado está latente nosólo tras los textos donde quien toma la palabra esun yo actual, innominado, sino también en los ca-sos en los que el poema pone en escena a figu-ras y páginas de la historia, lo que da su signifi-cación particular al culturalismo, por otro lado, tan

    de época. Y, por cierto, esta selección ha dejadofuera poemas como “Los amantes de Wendy”o “A Pepperland”, como si se quisiera marcaralguna distancia con lo que en su momento se de-nominó “novísimo”. No era necesario: más alláde las clasificaciones escolares, la poesía de Gi-ménez Frontín tiene su identidad y su valor.

    La lectura de este libro permite ver la variedadtemática y formal de esta obra, que tendría qui-zá como centro el retener la fugacidad, el hacer-la canto. Canto de un yo que se despliega en múl-tiples tonos, desdoblamientos que dan lugar a unapregunta eternamente abierta sobre la identidad.En fin, es indudable que “Son suyas las palabras”.

    TÚA BLESA

    Los hombres intermitentes

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    “Confundamos, confun-damos sin vergüenzael Sena y el libro enque debe convertirse”, escribióFrancis Ponge. Y al subrayar ese con-fundir tema y escritura, dejaba verque no aspiraba a una representa-ción, sino a la expresión . Y aún más,el objetivo que proponía era el co-nocimiento transmitido por lo mis-mo que se desea expresar. Ese con-fundir o, como dice en otro texto,sustituir la página por el objeto, algotan imposible como paradójico, vamucho más lejos que el traslado, porejemplo, de dos dimensiones a tres.Lo que el poeta francés intenta escambiar lo real por lo escrito, es de-cir, el mapa por el territorio. Y en eseejercicio no sólo mapa y territorioquedan implicados, sino también au-tor y lector. La escritura de Pongegenera por tanto un movimientomúltiple y complejo que consiste enhacer vivir algo, hacerlo latir, y paraello incorpora el tiempo.

    Por paradójico e imposible queresulte este proyecto no se puedeconsiderar como un mero desarro-llo retórico. Ponge al aplicar sus prin-cipios sigue la línea de la autosimi-laridad, tendiendo a una escrituraperformativa, es decir, aquélla querealiza lo mismo que está descri-biendo. Al hacer vivir el objeto enla página, a través del lenguaje, esla palabra con su reiteración, la queva dibujando los trazos de su elec-trocardiograma y lo que va permi-tiendo que aflore esa escritura en de-venir. Esto convierte lo escrito, laobra, en una creación creadora y re-veladora, y en ello reside su gran ori-ginalidad y su vigencia. Ahora bien,¿es reveladora del objeto?

    Valorado desde sus comienzos,entre otros, por Sartre, Camus, Blan-chot y Borges, Francis Ponge (Mont-pellier, 1899- Bar-sur-Loup, 1988),realizó estudios medios en París,pero no siguió cursos universitariosdebido a la afasia que experimenta-ba en los exámenes orales. Acaso estaafasia sea el germen de su escrituratan personal, llena de cortes abrup-tos, repeticiones, silencios e ironías,camuflaje de dudas. En 1922, Pongecreó la revista Le Mouton blanc, queabogaba por un “clasicismo moder-

    no” –en contraposición a Dadá–, sibien firmó el Segundo Manifiestosurrealista. En 1937 se afilió al Par-tido Comunista y, en 1939, se incor-poró al ejército. En 1944 trabajó parael diario Action. Mientras había pu-blicado Tomar partido por las cosas(1942) y empezado a escribir La ra-bia de la expresión (1952). Estos doslibros, unidos a La fábrica del prado(1971), constituyen el volumen re-cientemente aparecido en Españacon excelentes traducción y prólo-go de Miguel Casado.

    Tomar partido por las cosas es untrampolín inicial. En apariencia elobjeto, que es lo que está retandola aproximación, a pesar de su in-movilidad se ve involucrado siempreen un movimiento que puede sermuy bien el del lenguaje. Como consecuencia, en el intento de éste pordescribirlo, se produce una inversiónde papeles: es el objeto el que va po-niendo en evidencia al lenguaje y aquien lo emite. De hecho cualquierobjeto, al ser expresado, queda so-metido a la cárcel de las palabras. Larabia de la expresión se manifiesta,pues, en exclamaciones como ésta:“No parará hasta no haber reunidounas palabras ante cuya lectura o au-dición se deba necesariamente ex-clamar: se trata de algo como un cla-vel”. Y es que en el texto, el hombreestá siempre más presente que el ob-jeto, así cuando leemos que la con-cha es “tiara bastarda”, los vegetales“parecen siempre paralizados”, elguijarro “fuera del limbo nunca se hatenido en pie”, un pájaro es “pin-güino cheposo subido en cerillas”o la mimosa “accesorio de cotillón”.

    La pugna entre sujeto y objetoparece desvanecerse en La fábrica delprado, sin duda el más interesante deestos tres libros, donde la incorpo-ración del empleo del diccionario ylas etimologías adquiere un sentidovertebral, y donde se alcanza ple-namente esa confusión preconizada,en este caso convirtiendo en un ca-mino, con sus cruces y bifurcaciones,la parte “Los senderos de la crea-ción”. Emmanuel Lévinas escribió:“para que la alteridad se produzca enel ser hace falta un [pensamiento]y un yo”. Precisamente se da la pa-radoja: el pensamiento y el lengua-je a la vez nos acercan y nos impidenllegar al objeto. En el intento pue-den surgir importantes textos, comolos de Ponge.

    CLARA JANÉS

    L E T R A S / P O E S Í A

    La soñadora materiaFRANCIS PONGE

    Ed . b i l i n g ü e d e M . C a s a d oG a l a x i a G u t e n b e r g / C í r c u l oB a r c e l o n a , 2 0 0 7.6 1 1 p á g i n a s . 2 9 e u r o s

    DEL AGUAMás abajo que yo, siempre más abajo que yo se encuen-

    tra el agua. Siempre la miro bajando los ojos. Como el sue-lo, como una parte del suelo, como una modificación del sue-lo.Es blanca y brillante, informe y fresca, pasiva y obstinadaen su único vicio: el peso, y dispone d emedios excepciona-les para satisfacer este vicio: rodea, cala, erosiona, se filtra.

    En su propio interior este vicio también actúa: se derrumbasin cesar, renuncia a cada instante a toda forma, sólo tien-de a humillarse, se tumba boca abajo en el suelo, casi ca-dáver, como los monjes de algunas órdenes. Siempre más aba-jo: tal parece ser su divisa: lo contrario de excelsior.

    AA SS ÍÍ VV II OO DD UU BB UU FF FF EE TT AA PP OO NN GG EE EE NN 11 99 44 77

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  • L E T R A S / N O V E L A

    E L C U L T U R A L 1 0 - 5 - 2 0 0 7 P Á G I N A 2 0

    La hermanaSANDOR MARAI

    Tr a d . M . S z i j j y J . G l e z Tr e b e j oS a l a m a n d r a . B a r c e l o n a , 2 0 0 725 6 p á g i n a s , 14 , 8 0 e u r o s

    Sesenta años separan esta tra-ducción de La hermana de suprimera salida cuando SándorMárai dominaba ya el panorama li-terario de Hungría, en el interregnoabierto entre su exilio antifascista delos años veinte y el que muy pron-to precipitaría la llegada de los co-munistas al poder. Más de mediosiglo que, sin embargo, en nada em-paña la pertinencia de una novelaaún viva gracias a la maestría narra-tiva de su autor y la fuerza de la te-mática abordada. Ante el panoramadesolador que nos muestran tantas ytantas novelas fingidas, ligeras has-ta la vacuidad y clónicas las unas delas otras, siempre nos quedará la sal-vación de la verdadera literatura. Delprotagonista de La hermana se nosdice que “hablaba sin rodeos, comosi diese por sentado que dos perso-nas tienen que hablar sólo de loesencial” (pág. 50), y este designioes escrupulosamente cumplido aquí.

    Acompaña a La hermanadesde suaparición la sombra de La montañamágica de Thomas Mann. Tal vín-culo nace de que su comienzo trans-curra en un perdido hotel de lasmontañas rumanas y la acción setraslade luego a un hospital de Flo-rencia donde el protagonista viveuna experiencia terrible. Pero se mefigura que la novela de Márai tienemucho más que ver con Muerte en Ve-necia, e incluso también con su re-creación fílmica por Visconti, que esmuy posterior. Como se recordará,Visconti transforma al literato Gus-tav von Aschenbach en un músicoen el que funde la figura de Mah-ler. La hermana se fundamenta pre-cisamente en la narración que un es-critor hace de cómo coincidió a lolargo de unas vacaciones navideñas

    con un famoso concertista del quenada se sabía en los últimos tiempos.En el angosto refugio que compar-ten, el pianista le confiesa que la en-fermedad le ha incapacitado para to-car, pero le hace partícipe tambiéndel sentido profundo que aquella

    crisis tuvo para él, de lo que ha que-dado un manuscrito que sólo llega-rá a las manos de su destinatario me-ses después, tras la muerte de suautor. Y a través de este segundo tex-to se plantea el gran drama de la crea-ción que obsesionaba tanto al per-sonaje de Mann como al de Visconti:el arte como disciplina exigente, elarduo camino hacia la perfección,el artista como émulo de Dios.

    La narración primera –el aisla-miento navideño– nos ofrece unaspáginas extraordinarias por la des-cripción de un ambiente y de unospersonajes entre los cuales se tren-za también un lance patético: el sui-cido de una pareja de amantes. Porel contrario, la transcripción del es-crito del músico, sólo interrumpidouna vez por una breve nota de sueditor, aporta en forma introspectivala vivencia de una enfermedad te-rrible, la esclerosis amiotrófica, queestá a punto de acabar con su vida. Elrelato de este proceso resulta taninsólito como sobrecogedor: el sufri-miento físico tiene como único pa-liativo la droga, descrita como unaamante “que no pedía nada y lo dabatodo”. Ello introduce como contra-

    punto, frente a lo apolíneo de plan-teamientos anteriores, el erotismodionisiaco que envuelve al enfer-mo por esas “citas químicas” (p. 160)pero también por la relación físicaentre su cuerpo y la sensualidadoculta de una de las monjas que locuida. Dos de los doctores, que pa-recen salidos de La montaña mági-ca, aportan nuevos sentidos a las pa-tologías más allá de los que nosexplicaría la medicina experimental.Uno de ellos apunta hacia Dioscomo el único que puede sanar, elotro a la fuerza de Eros como pode-roso paliativo. De hecho, la dolenciadel pianista húngaro tiene, final-mente, un origen erótico, el triangu-lo amoroso en el que participaba,cuyo vértice es una mujer enfermade frigidez. Todo ello provoca unapirueta final tan arriesgada como ve-rosímil, mediante una reacción in-sólita por parte de la hermana enfer-mera en clave de arrebato pasional.El ataque que el protagonista sufreen Florencia se produce el día enque los alemanes ocupan Varsoviay su encuentro con el escritor trans-curre en plena guerra. Así, la nove-la está transida de una angustia exis-tencial muy de la época, cuando elcaos de la Humanidad toma cuerpoen los dramas singulares de cada unode los personajes. Pero el significadoúltimo de La hermana apunta, entodo caso, a que “el ser humano esmás infinito que su destino” (p. 149).

    DARÍO VILLANUEVA

    � Los años trascurridos

    desde su aparición no empa-

    ñan la pertinencia de esta

    novela (inédita hasta hoy en

    castellano), y aún viva gra-

    cias a la maestría de su autor

    y la fuerza de su temática

    MM OO NN UU MM EE NN TT OO AA SS ÁÁ NN DD OO RR MM AA RR AA II EE NN SS UU HH UU NN GG RR ÍÍ AA NN AA TT AA LL

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  • E L C U L T U R A L 1 0 - 5 - 2 0 0 7 P Á G I N A 2 1

    L E T R A S / B I O G R A F Í A

    Ionesco. DiariosEUGÈNE IONESCO

    Tr a d . M . A r r o i t a - J a u r e g u iP á g i n a s d e E s p u m a , 2 0 0 74 0 6 p á g i n a s . 24 e u r o s

    Los Diarios de Ionesco no sonla crónica del siglo XX, sinoel testimonio de una con-ciencia dividida entre el impulso es-tético, la tensión moral y la inquie-tud religiosa. Lo estrictamentebiográfico apenas desborda el terri-torio de la infancia. Una escriturafluida e intensa se ocupa indistin-tamente del hassidismo, el psicoa-nálisis, la política internacional y lateología cristiana. Desde el principio,aparece la obsesión por la muerte.Los años transcurridos en Franciaparecen eternos, pero esa ilusión du-rará poco. No son los recuerdos, sinonosotros los que nos quedamos fue-ra del tiempo. Ionesco intercala de-liciosos cuentos para niños meno-res de tres años, relatos ingenuosdirigidos a la prehistoria de la con-ciencia. El recuerdo del molino don-de discurre la niñez, la evocaciónde la primera obra de teatro o de lamuerte del hermano no consiguensuperar lo meramente fragmentario,pues a los cuarenta años la memo-ria sólo rescata imágenes incomple-tas, secuencias confusas, como esaescena terrible donde la madre in-tenta envenenarse en presencia desu hijo para castigar a un marido in-fiel. La idea del suicidio se asienta enla mente de un niño que ha con-templado la posibilidad de la trage-dia y ese dolor primigenio fructifi-cará en la mente del adulto,provocando miedos neuróticos y de-presiones recurrentes. Ionesco semuestra ambivalente con el psicoa-nálisis, tal vez una teoría estética,pero de escaso valor terapéutico. Niel marxismo ni el psicoanálisis, quese basan en un antihumanismo teó-rico, consiguen explicar la libertad niel deseo. Sólo teorizan sobre la im-

    potencia de la voluntad, esclavizan-do al hombre a un fatalismo ciego.Ionesco confiesa su escepticismo re-ligioso, pero advierte que no logradesprenderse de Dios. “La no-res-puesta es la mejor respuesta”, perola interrogación prosigue y el asom-bro y la esperanza, mucho más te-naces que el nihilismo.

    Ionesco reserva pocas páginas auna posible poética que nos entre-gue las claves de su teatro.Es evidente que le preo-cupan mucho más susconflictos morales, políti-cos y teológicos. Su sim-patía hacia la cultura judíale ayuda a justificar el es-tado de Israel y a escan-dalizarse con el panara-bismo de Nasser. Losjudíos han aportado alpensamiento ético y teo-lógico la compasión haciael hombre. Ionesco nooculta su hostilidad haciaese marxismo dogmáticoque no reconoce el valordel individuo. Ningún ab-soluto puede justificar lainmolación del ser huma-no, pues cada hombre esúnico e irrepetible, perso-na y no masa, que no pue-de sacrificarse en nombrede la Naturaleza o la His-toria. Hay una enorme claridad en laescritura de Ionesco al denunciarcualquier totalitarismo. La utopíabiopolítica del nazismo no es menosinhumana que la escatología mar-xista. Sin embargo, en el marxismohay cierta raíz ética malograda porla tradición autoritaria de Rusia, queexplica la aparición del Gulag.

    Ionesco repite los argumentos deRousseau al meditar sobre el pro-greso científico. La técnica no haproducido progreso moral. Aus-chwitz e Hiroshima son objecionesdefinitivas que malogran cualquier

    optimismo histórico. Hay que bus-car la salvación en otras fuentes,como en la filosofía personalista deMartin Buber. Es posible que la fesólo responda a una necesidad psi-cológica. Sin embargo, ¿por qué ne-gar que hay más audacia en la fe queen el escepticismo? Ionesco recono-ce su desorientación. “No sé lo quequiero decir. No soy lo bastante au-daz para creer”. Tal vez el camino se

    encuentre en el budismo, en la ex-tinción del deseo, pero la liberacióndel deseo ya es un deseo y el hom-bre fracasa otra vez, asfixiado por laangustia. En un párrafo luminoso,Ionesco desprecia la líbido para elo-giar el amor espiritual. “La líbido noes un amor tranquilizador, no es unamor libre, no se puede justificar es-piritualmente. Sólo el amor paterno,el amor que origina vida, es amor di-vino. Sólo amando a los otros el mun-do no estará perdido”. Ionesco sepregunta cómo es posible denigrarlo sobrenatural para suplantarlo por

    el Estado, divinizar una abstracciónque oprime al hombre y arrojar alvertedero al Dios de la tradición ju-deocristiana. “Sólo el judaísmo y elcristianismo tienen la audacia de serpersonalistas. Han creado el amoral prójimo”.

    La experiencia del otro nos lle-va a la piedad y la piedad nos obli-ga a guardar algo de amor para noso-tros y “dar el resto a los demás”. Si la

    palabra es confesión, el senido de undiario no es su publicación. “Encuanto me digo –admite Ionesco conpesar– que quizás estas páginas seanpublicadas, su verdad queda co-rrompida”. Ionesco no es radical,sino profundo y su profundidad nonace del saber empírico, sino de laangustia de una fe titubeante. SusDiarios son esenciales para los queaún creen la literatura como una su-peración del antagonismo con elotro.

    RAFAEL NARBONA

    “UN MUÑECO DE NIEVE A PUNTO DE FUNDIRSE”

    En uno de los últimos fragmentos deestos Diarios, Ionesco retrata su es-tado de ánimo final: “No sé muy biensi sueño, si recuerdo, si viví mi vida osi la soñé. El recuerdo, igual que elsueño, me hace sentir profundamen-te la irrealidad, la evanescencia delmundo, imagen fugitiva en el aguamovediza, humo coloreado. ¿Cómotodo lo que resiste entre firmes con-tornos puede apagarse? La realidades infinitamente frágil, precaria,todo lo que viví duramente se hacetriste y suave. Quiero retener todo loque nada puede retener. Los fantas-mas. Soy un muñeco de nieve a pun-to de fundirse. Resbalo, no puedo retenerme, me separo de mí mismo. Estoy cadavez más lejos, soy una silueta y, luego, un punto negro. El mundo va a helarse. Unainsensibilidad polar ha empezado ya a extenderse sobre nosotros”

    CC AA RR II CC AA TT UU RR AA DD EE EE RR II CC OO AA YY RR EE SS

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  • L E T R A S

    E L C U L T U R A L 1 0 - 5 - 2 0 0 7 P Á G I N A 2 2

    El castillo blancoAmenazado de muerte por los integristas pero incapaz de vivir lejos de su país, Turquía, la vida deOrhan Pamuk (Estambul, 1952) dista mucho de ser tranquila a pesar de haber conquistado el úl-timo premio Nobel. Hoy, sin embargo, es noticia por un acontecimiento literario: Mondadori pu-blica al fin en España su primera novela, El castillo blanco, que le dió fama mundial. Y así comienza...

    Íbamos de Venecia a Nápoles y los barcos tur-cos nos cortaron el paso. Éramos en total tresnaves, mientras que sus galeras, surgiendode la niebla, parecían no tener fin. De repente es-tallaron en nuestro barco el miedo y la inquietud;los galeotes, en su mayoría turcos y moros, lan-zaban gritos de alegría que nos crispaban los ner-vios. La proa de nuestro barco, como las de losotros dos, estaba orientada hacia tierra, haciaponiente, pero nosotros no pudimos ser tan rá-pidos como ellos. Nuestro capitán, que temía sercastigado si caía cautivo, era incapaz de ordenarque se f lagelara con violencia a los galeotes. Mástarde medité a menudo que toda mi vida habíacambiado a causa de la cobardía de aquel capitán.

    En cambio, ahora pienso que mi vida habríacambiado en realidad de no ser por aquel breveataque de cobardía del capitán. Es algo sabidoque la vida no está predeterminada y que todaslas historias son una cadena de casualidades. Peroincluso los que son conscientes de esa realidad,cuando llega cierto momento de su existenciay miran atrás, llegan a la conclusión de que lo quevivieron como casualidades no fueron sino he-chos inevitables. Yo también pasé por una épo-ca parecida; ahora, mientras sueño con los colo-res de los barcos turcos que aparecían en la nieblacomo fantasmas e intento escribir mi libro en unavieja mesa, creo que esa época es la mejor paraempezar y acabar una historia.

    Al ver que los otros dos barcos se habían des-lizado por entre las galeras turcas desapareciendoen la niebla, nuestro capitán abrigó esperanzas deque pudiéramos imitarles y por fin, también gra-cias a nuestra insistencia, se atrevió a forzar a losgaleotes, pero ya era demasiado tarde; además,

    a esas alturas los látigos no valían con aquellos es-clavos emocionados por sus deseos de libertad. Senos echaron encima de súbito más de diez gale-ras turcas rasgando de manera multicolor el des-concertante muro de la niebla. Entonces el ca-pitán decidió combatir, supongo que más quepara derrotar al enemigo para vencer su propia co-bardía y su vergüenza; ordenó que se aprestaranlos cañones mientras se azotaba sin piedad a loscautivos, pero su ardor guerrero, que tan tarde ha-bía prendido, no tardó en apagarse. Fuimos ob-jeto de un fuerte fuego por la borda y decidi-mos izar la bandera de la rendición ya que, si nolo hacíamos de inmediato, nos hundirían.

    Mientras aguardábamos a los barcos tur-cos en medio del mar en calma, bajé ami camarote, puse en orden mis cosascomo si esperara no a los enemigos que habríande alterar mi vida entera sino a unos amigos quevinieran de visita, abrí mi pequeño baúl y ho-jeé absorto mis libros. Se me humedecieron losojos mientras pasaba las páginas de un tomopor el que había pagado un alto precio en Flo-rencia; podía oír los gritos que llegaban del ex-terior, los ruidos de pisadas inquietas, el alboro-to; tenía presente que poco después mesepararían del libro que tenía en las manos, perono quería pensar en nada de eso sino concen-trarme en lo que estaba escrito en sus páginas.Era como si entre los razonamientos, las frasesy las ecuaciones del libro se encontrara todo mipasado y yo no quisiera perderlo; mientras leía laslíneas que se me venían al azar a los ojos, susu-rrándolas, casi como si rezara, me habría gusta-do grabarme el libro entero en la mente para que

    así, cuando llegaran, pudiera recordar todos loscolores de mi pasado como si evocara las palabrasamadas de un libro memorizado con placer yno pensar en ellos y en lo que me harían sufrir.

    Por aquel entonces yo era otra persona a quiensu madre, su prometida y sus amigos llamaban porotro nombre. De vez en cuando todavía sueño conaquella persona que en tiempos era yo, o que aho-ra creo que era yo, y me despierto sudando. Aquel

    hombre, cuyos colores pálidos recordabanlos tonos oníricos de los países inexis-tentes, los animales que nunca vivieron ylas armas inverosímiles que más tarde es-tuvimos inventándonos durante tanto

    Se publica al fin en España la primera novela del Nobel turco O