Cassirer Ernst Individuo Cosmos Renacimiento@0

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  • ERNST CASSIRER

    Individuo y cosmos en la filosofa

    del Renacimiento

    EMEC EDITORES, S. A. / BUENOS AIRES

  • Ttulo del original alemn: INDIVIDUUM UND KOSMOS IN DER PHILOSOPHIE DER RENAISSANCE

    Traduccin de ALBERTO BIXIO

    [Nota a la edicin digital: los nmeros entre corchetes remiten a la paginacin de la edicin impresa. No se ha mantenido la numeracin original de las notas a pie de pgina. Se ha actualizado la ortografa de ciertas palabras (fu > fue; descripto/a > descrito/a; transcripto > transcrito; Leibnitz > Leibniz) y se han corregido algunas erratas. Para los caracteres griegos se ha utilizado la fuente Grammata]

    Queda hecho el depsito que previene la ley nm. 11.723. Copyright by EMEC EDITORES, S. A. Buenos Aires, 1951.

  • [9] A

    A. WARBURG, En su sexagsimo cumpleaos

    [11]

    Querido y venerado amigo:

    La obra que le ofrezco en el da de su sexagsimo cumpleaos deba ser originariamente slo una expresin personal de mi efusiva amistad y del respeto que usted me inspira. Nunca habra podido llevar a feliz trmino el presente trabajo si no hubiera gozado constantemente del estmulo y aliciente de la comunidad de estudiosos cuyo centro espiritual es la Biblioteca Warburg. Por eso hoy ya no puedo hablar nicamente en mi nombre; debo hacerlo en el de todos los colaboradores de esa comunidad, en el de todos aquellos que desde hace tiempo ven en usted un gua en la investigacin de la historia del espritu. Desde hace tres decenios la Biblioteca Warburg, cumpliendo una obra silenciosa y perseverante, ha procurado recoger y preparar el material para la investigacin de la historia del espritu y las ciencias de la cultura. Pero por cierto ha hecho algo ms que eso; con ahnco verdaderamente singular nos ha brindado las normas a que debamos ajustar nuestra investigacin. En su estructura espiritual la Biblioteca Warburg ha encarnado el pensamiento de que todas las esferas y tendencias de la historia del espritu confluyen en una unidad metdica. Ahora que la Biblioteca entra en una nueva, fase de su desarrollo, ahora que, con la inauguracin de su nuevo edificio, ha de ampliar tambin la esfera de su influencia, sus colaboradores queremos manifestar pblicamente todo lo que significa para nosotros, todo cuanto le debemos. Esperamos, es ms, tenemos la certeza de que en las nuevas empresas que la Biblioteca haya de acometer no se olvidar la ya antigua tradicin de nuestro cordial trabajo comn, antes bien, de que el vnculo espiritual y personal que hasta ahora nos ha unido se habr de ceir an ms estrechamente. Ojal el instrumento cientfico de investigacin de la historia del espritu que usted ha creado con su Biblioteca contine an por mucho tiempo proponindonos nuevos problemas, y usted mismo, como lo ha hecho hasta ahora, nos seale nuevos caminos para resolverlos.

    ERNST CASSIRER. Hamburgo, 13 de junio de 1926.

  • [13] INTRODUCCIN

    LA HIPTESIS de Hegel de que la filosofa de una poca encierra la conciencia y la esencia espiritual de la totalidad de su modo de ser de que en la filosofa se refleja el todo multiforme como en su foco natural, como en la idea que se conoce a s misma parece no verificarse en la filosofa del Protorrenacimiento.

    La nueva vida que surge durante el curso de los siglos XIII y XIV en todos los dominios del espritu no encuentra casi expresin ni resonancia en el pensamiento de la poca; ello no obstante, la vida espiritual de estos siglos tanto en la poesa como en las artes plsticas, y en lo poltico como en lo histrico se desarrolla con creciente impulso, al paso que paralelamente va cobrando conciencia cada vez ms aguda de que constituye una renovacin espiritual. La nueva vida no poda expresarse conceptualmente porque el pensamiento de la poca, aunque comenzaba ya a libertarse, en algunos aspectos, de las conclusiones de la filosofa escolstica, permaneca an rgidamente encadenado a las formas generales de dicha filosofa. El mismo hecho de que Petrarca haya tenido la osada de atacar la filosofa escolstica en su tratado De sui ipsius et multorum ignorantia slo constituye un testimonio ms del an no quebrantado poder con que esa filosofa dominaba la poca, pues el principio que Petrarca opone a las enseanzas escolsticas y aristotlicas no tiene contenido filosfico ni reconoce tampoco origen filosfico alguno. Lo que Petrarca opone al Escolasticismo no es ciertamente una nueva concepcin filosfica, sino el nuevo ideal cultural de la elocuencia. En adelante ya no podr considerarse sin ms a Aristteles como maestro de la sabidura, como representante de la cultura, pues sus tratados, tal como han llegado a nosotros, no muestran el menor vestigio de elocuencia. La crtica humanista se vuelve, pues, no contra el contenido de los tratados de Aristteles, sino contra su estilo literario. Pero paulatinamente esta crtica revoca, una tras otra, sus propias hiptesis, pues cuanto ms se ensancha el mbito [14] de los conocimientos humansticos, tanto ms sutiles y agudos se tornan sus instrumentos cientficos, tanto ms debe retroceder la imagen que de Aristteles se haban forjado los escolsticos ante la del verdadero Aristteles, obtenida esta vez de las fuentes mismas. El mismo Aristteles y as opina Leonardo Bruni, el primero que tradujo la Poltica de Aristteles y su tica a Nicmaco no reconocera sus propias obras a travs de las transformaciones que sufrieron en manos de los escolsticos, as como no fue reconocido Acten por sus propios perros cuando Venus lo metamorfose en ciervo1. En este juicio de Leonardo Bruni puede verse cmo el nuevo movimiento espiritual del Humanismo ajusta ya la paz con Aristteles. En lugar de combatirlo, los humanistas pretenden ahora apropiarse de su espritu y de su lenguaje. Pero los problemas que de esta nueva actitud se originan son de carcter ms bien filolgico que filosfico. As, por ejemplo, se discuti con ardor si el concepto aristotlico de t gaqn como ocurri con motivo de la traduccin de Leonardo Bruni deba verterse summun bonum o bien bonum ipsum. Los humanistas ms clebres, como Filelfo, ngel Policiano y muchos otros, tomaron parte en la polmica que se origin a propsito de la grafa del concepto aristotlico de entelequia (se vacilaba entre las formas entelechia y endelechia), como asimismo intervinieron en la discusin de las varias posibilidades de interpretacin que el asunto plantea2. Pero con todo, fuera del estrecho crculo del Humanismo, la filosofa misma

    1 Leonardo Aretino: Libellus de disputationum usu (1401), pg. 25; vase Georg Voigt: Die Wiederbele-

    bung des klass. Altertums, II, 169, y Fiorentino: Il risorgimento filosofico nel Quattrocento, Npoles 1885, pg. 183. 2 Vase el captulo L'umanismo nella filosofia, de la ya citada obra de Fiorentino, pg. 184.

  • no logra una verdadera renovacin de sus mtodos, ni siquiera en aquellos sectores del pensamiento coetneo que, ante el parentesco que entonces contraen filosofa y filologa, reconocen la primaca de la primera. La contienda por la prioridad de la doctrina platnica o de la aristotlica, tal como se plante en la segunda mitad del siglo XV, no lleg en ningn momento a lo medular y profundo de los supuestos ltimos, pues la unidad de medida que coinciden en emplear los dos bandos adversarios (premisas religiosas y definiciones dogmticas) est ms all del campo de lo estricta y sistemticamente filosfico. Por lo tanto, esta pugna no entraa, en ltima instancia, una contribucin verdadera al progreso de la historia espiritual; en lugar de separar neta [15] y objetivamente la doctrina platnica de la aristotlica, como lo exigen el distinto contenido esencial de cada una, por una parte, y los principios bsicos sobre los que descansan, por otra, ambos partidos caen muy pronto en la pretensin y en el intento de lograr su fusin sincrtica. Es singular que precisamente la Academia de Florencia, que se senta custodia de la autntica y genuina herencia platnica, haya sido el crculo que ms audaz se mostr en este empeo. En tal esfuerzo, junto a Marsilio Ficino se sita Pico de la Mirndola, llamado por sus amigos Princeps Concordiae, quien consider finalidad capital del pensamiento el conciliar y unir la filosofa escolstica con la de Platn. Pico entra en la Academia de Florencia no como desertor del aristotelismo as se expresa l mismo en una carta dirigida a Hermolao Brbaro, sino como espa o ex-plorador. El resultado de tal inquisicin es el siguiente: Pico se persuade de que la discrepancia entre Aristteles y Platn estriba ms en las palabras que en la substancia3. Con semejantes aspiraciones de conciliacin los grandes sistemas filosficos van perdiendo a la postre su peculiar fisonoma y paulatinamente van anegndose, nebulosos, en el caudal de una nica revelacin primordial cristiano-filosfica, en apoyo de la cual Marsilio Ficino aduce el testimonio de Moiss y de Platn, de Zoroastro y de Hermes Trismegisto, de Orfeo y de Pitgoras, de Virgilio y de Plotino4. Segn esto parecera o que aquello que precisamente constituy la fuerza espiritual primitiva de la poca esto es, el impulso dirigido a lograr delimitaciones vigorosas, contornos agudos, y a lograr la distincin y la individuacin no lleg a producir en la filosofa el menor efecto, o que dicho impulso decay en sus primeros intentos.

    Esta circunstancia quiz explique por qu el historiador de la cultura, que debe partir de casos particulares vigorosamente delineados y precisamente demarcados para obtener una visin panormica de los hechos histricos, pueda verse forzado a desechar los documentos filosficos de la poca que no presenten esta condicin. A lo menos [16] Jacob Burckhardt en el grandioso cuadro de conjunto que traz de la cultura del Renacimiento no concede el menor lugar a la filosofa renacentista. En su obra no la considera ni una sola vez, no ya en el sentido hegeliano de que la filosofa constituya el foco natural, el