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  • TIPOLOGÍA DE LAS IGLESIAS Y ESTANCIAS CLAUSTRALES EN LOS MONASTERIOS

    FEMENINOS CISTERCIENSES DE CASTILLA Y LEÓN. ESTADO DE LA CUESTIÓN1

    ELENA CASAS CASTELLS

    Universidad Autónoma de Madrid

    El estudio que aquí presentamos quiere dar a conocer las fábricas me- dievales de nueve monasterios cistercienses femeninos, que se encuentran e m - plazados en la actual c o m u n i d a d de Castilla y León, en varias localidades de las provincias de Ávila, Burgos, León, Palencia y Segovia.

    Hasta el estado actual de nuestras investigaciones, los trabajos realizados de la rama femenina de la orden se han centrado fundamentalmente en la espiritualidad así como e n aspectos histórico-artísticos que, en ocasiones, poco tenían que ver con la realidad de sus comunidades. A ello se u n e n algunas confusiones cometidas no sólo en las fechas de fundación de sus monasterios sino también en la descripción y en las soluciones adoptadas por algunas de sus dependencias, dejándose guiar por lo que creían que era veraz, correcta- mente analizado, h u y e n d o — p o r así d e c i r l o — de una investigación que merecía ser sistemática y rigurosa. Sin embargo, contamos con estudios ejemplares de investigadores pioneros que han sabido explicar y situar el edif ic io como u n ente independiente , sin dejar de lado su relación con otros del entorno geográ- fico. Este sería el caso de Leopoldo Torres Balbás, Vicente Lampérez y Romea o Manue l Gómez Moreno, por mencionar a los más destacados dentro de la arquitectura medieval hispana, 2 sin olvidar algunos más recientes como Isidro Bango Torviso y Carlos Valle Pérez. A pesar de todo, aún existen monasterios de gran importancia que adolecen de u n estudio p r o f u n d o y actualizado. Tal es el caso de las Huelgas Reales (Burgos) o San Andrés de A r r o y o (Palencia),

    1. Esta ponencia recoge de una forma resumida pero pormenorizada, el trabajo de mi tesis doctoral que con el título Arquitectura ele los monasterios cistercienses femeninos en Castilla y León. Siglos xii y xm, fue defendida el 10 de septiembre de 2004 en el Departamento de Historia y Teoría del Arte de la UAM, bajo la dirección del Prof. D. Isidro G . BANGO TORVISO. Esperamos, en breve, publicarla durante este año.

    2. Todos ellos contaron con una ventaja irrepetible como fue conocet y estudiar, por primera vez, muchos de estos monasterios los cuales se encontraban abandonados, en ruina, necesitados de una profunda restauración, hasta incluso —en algunos casos— desaparecidos, sin dejar ningún testimonio material ni documental y sólo gráfico (planos, dibujos, ilustraciones). De ahí el valor de sus trabajos.

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  • ELENA CASAS CASTELLS

    con personalidad propia , que han jugado u n papel destacado dentro de la ar- quitectura monástica medieval española. D a d o que la mayoría de los edificios — q u e aquí v a n a ser objeto de e s t u d i o — conservan parte o gran parte de sus fábricas románica y gótica, daremos pr ior idad a los periodos alto y bajo medievales.

    LAS MUJERES EN EL CRISTIANISMO MEDIEVAL. ORÍGENES, FUNDACIÓN Y EXPANSIÓN DE LAS

    MONJAS CISTERCIENSES

    Es u n hecho indiscutible que en la vida y en la obra de la inmensa ma- yoría de los fundadores monásticos encontramos, antes o después, el elemento femenino. Este es el caso de las monjas cistercienses. Los siglos XII y xin marcan su nacimiento. El deseo de emular desde sus inicios el e jemplo de austeridad de los monjes, los cuales promovían la vuelta a u n monacato rigorista —alejado del lu jo y de las riquezas de las que habían sido protagonistas numerosas aba- días cluniacenses—, fue lo que animó a u n gran número de mujeres piadosas, deseosas de integrarse y formar parte de esta nueva espiritualidad monástica. Pero el hecho de tener que tomar responsabilidades y cuidados sobre su suerte, p o r parte de la rama masculina, fue interpretado c o m o u n obstáculo que hacía peligrar la estabilidad de la propia institución religiosa. Si, en u n p r i n c i p i o , la respuesta será negativa, poco a poco irá creciendo el número de fundaciones, gracias al apoyo de abades c o m o Esteban H a r d i n g . 3 A él se debe el nacimiento del pr imer monasterio femenino, Tart —a unos 10 k m al norte de Císter, cerca de D i j o n — donde en 1120, decidió fundar una casa de religiosas, aceptándola c o m o filial. Hasta el m o m e n t o no está m u y claro cuáles fueron las circunstan- cias que l levaron a fundar lo , 4 ya que aunque contaba con el apoyo del citado abad, no hay evidencia de que el Capítulo General cisterciense decidiera tomar responsabilidad alguna, o que los monjes se hicieran cargo del cuidado material y espiritual de esta nueva comunidad . Es más, parece que su respuesta fue adoptar una postura de no intervención, evitando de esta forma inmiscuirse en todo lo relativo a las monjas. 5

    Aún manteniéndose en los firmes pr inc ipios de n o interferencia, el ingreso de congregaciones como Savigny y Obazine, en 1147, desencadenó u n nuevo

    3. VAN DAMME 1962, 111-137; ÁLVAREZ PALENZUELA 1978, 19-22; BOUTON el alii 1982, 19-61; HERRERA 1984, 81 y 212-213; GARCÍA M . COLOMBAS 1993-1994, I , 78-79; BERMAN 1999, 827.

    4. Los primeros documentos escritos mencionan como padrinos principales al obispo de la diócesis de Langres, su capítulo catedralicio, la familia ducal de Borgoña y Esteban Harding (LEKAI 1987, 449; MASOLIVER 1994, I I I , 167; BERMAN 1999, 828-829 y nota 19; id. 2002, 89; ALONSO ÁLVAREZ 2004, 20). Sobre los inicios de Tart, vid. GUIGNARD 1878, 643-649; BOUTON 1953a, 90-92; id. 1953b, 238-247; id. 1959-1968, I , 119-120; id . 1986-1989, I , 43-49 y 53-57; id. 1995, I , 15-16; BOUTON et alii 1982, 19-39; TYBURG 1965, 36-48; CONNOR 1970, 132-133; id. 1995, I , 38-43; id. 1998, 211-218; COCHERIL 1979-1980, I , 447; GANCK 1984, 239; HERRERA 1984, 213-228; RISSEL 1988, 43-64, donde se incluye una relación de sus filiales, así como GARCÍA M. COLOMBAS 1993-1994, I I , 882¬ 884; MASOLIVER 1994, I I I , 166-168; DEGLER-SPENGLER 1995, I , 87-94; FRAXCE 1998, 141; CHAUVLN 2001, 195 y 202; VEYSSIERE 2001, 183-185; Roux 2003, 82-83.

    5. Vid. THOMPSON 1978, 227-240; CAVERO DOMÍNGUEZ 1999a, I , 75; Roux 2003, 83.

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  • TIPOLOGÍA DE LAS IGLESIAS Y ESTANCIAS CLAUSTRALES.

    confl icto para la o r d e n , 6 no p u d i e n d o precisar el lugar de las monjas dentro

    de esta nueva organización. Ante la falta de unas directivas precisas, la relación

    entre las abadías, que día a día iban siendo admitidas, y las monjas bajo su

    atención y cuidado, continuó. Será poco después de la citada fecha, cuando Tart

    fue reconocida como fundación de Císter,7 tomando m u y pronto la iniciativa,

    organizando Capítulos Generales anuales para sus casas afiliadas. 8

    Mientras tanto, la multiplicación descontrolada de establecimientos feme-

    ninos, que sin consentimiento formal de la orden seguían las reglas y hasta se

    autotitulaban cistercienses, prosiguió. 9 Ello creó tal carga de obligaciones para

    los monjes, que m u y p r o n t o se sintieron abrumados. Pero para las comunida-

    des femeninas supuso u n beneficio, ya que se les hizo partícipes de todos los

    derechos y privi legios, teniendo el Capítulo General de Císter que intervenir y

    legislar para ellas, darles a cada una u n abad inmediato así c o m o proveerles

    de capellanes y confesores, 1 0 lo que equivalía a asumir la existencia oficial de

    esta rama femenina.

    Ante esta situación, la primera intervención documentada del Capítulo

    General sobre una abadía de monjas tendrá lugar en las Huelgas de Burgos, a

    6. Debemos distinguir entre todos los monasterios de monjas cistercienses, aquellos cuyas monjas procedían directamente de su casa madre, de Tart; los que eran originariamente independientes, pero se unieron a Tart por afiliación, como es el caso de los monasterios indicados y, por último, las abadías independientes del control de un abad de la orden, pero sometidos a la jurisdicción del ordinario del lugar. Los monasterios salidos de Tart, adoptaron las observancias cistercienses en su integridad, mientras que los otros tan sólo en parte (vid. BOUTON 1953b, 238-240; CONNOH 1970, 148; HERRERA 1984, 214; id. 1985, 297; FRANCE 1998, 143; LECLERCQ 1990, 139-156; BERMAN 1999, 829-831; LWVRENCE 1999, 273; Roux 2003, 83).

    7. Vid. THOMPSON 1978, 227-250; LEKAI 1987, 450; DEGI.ER-SPENGIER 1991, I , 53-60; MASOLIVER 1994, I I I , 168.

    8. Según BoutON (1986-1989, I , 47-49), LEKAI (1987, 450) y ALONSO ÁLVAREZ (2004, 20), hacia fines del siglo xn, la abadesa de Tart convocará capítulos anuales para sus dieciocho casas afiliadas, en la festividad de San Miguel (29 de septiembre), en presencia del abad de Císter, o de un representante nombrado al efecto. La organización de estos capítulos era muy semejante al General de Císter, donde la abadesa de Tart se arrogaba el derecho de visita y corregir a todas sus casas filiales, para mantener una disciplina común. Vid. sobre los capítulos organizados para monjas cistercienses tanto en Francia como en España, los estudios de MULLER 1912, 65-72, 114-119 y 152; KRENIG 1954, 81-89; DIMIER 1960, 268-275; BOUTON 1986-1989, I , 50-51 y CONNOR 1995, I , 42-45.

    9. No hay datos fidedignos sobre el número de conventos que se titulaban cistercienses, sin estar incorporados. En su máximo auge, es probable que el número total de monasterios femeninos fuera mayor incluso que el de los masculinos. Así sabemos que en Inglat