Supremacia Material y Formal de La Constitucion

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SUPREMACÍA MATERIAL Y FORMAL DE LA CONSTITUCIÓN

La Constitución contiene como una de sus características más distintivas el ser suprema.

Esta supremacía radica en dos vertientes esenciales: la formal, y la material.

La Constitución es formal al ser una ley que, a diferencia de otras, fundamenta y ordena la

validez de todo un sistema jurídico, estableciendo un procedimiento dificultoso para su

reforma, así como los criterios para la creación de otras normas. Y en otro sentido es

material, ya que en la Constitución se concentran los valores y principios fundamentales

que rigen a una organización político-social, los cuales solventan las necesidades vitales

de justicia de sus integrantes.

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Estos valores y principios dan sustento y razón de ser al sistema constitucional, pues

expresan no solo los anhelos sociales más arraigados o trascendentales para una

comunidad política determinada, sino también aquellos que son universales e inherentes a

la persona.

La supremacía material significa que el orden jurídico del Estado depende por entero de la

Constitución. Siendo ella el origen de toda la actividad jurídica que se desarrolla dentro del

Estado, necesariamente será superior a todas las formas de esta actividad, puesto que es

de ella, y tan solo de ella, que esas formas derivan validez. En este sentido decimos que la

Constitución es la norma o la ley fundamental.

De una manera más precisa, como explica Burdeau, la supremacía material de la

Constitución resulta del hecho de que ella organiza las competencias. En efecto, al crear

las competencias, ella es necesariamente superior a los individuos —los gobernantes—

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que están investidos de esas competencias. Por consiguiente, los gobernantes no pueden

ir en sus actos contra la Constitución, sin despojarse, al mismo tiempo, de su investidura

jurídica3. Tratándose de saber si el príncipe o una asamblea podrían modificar las leyes

fundamentales del Estado, Vattel respondía: "Es de la Constitución que los legisladores

tienen sus poderes ¿Cómo podrían ellos cambiarla sin destruir el fundamento de su

autoridad?”.

Del hecho de la supremacía material de la Constitución se derivan importantes

consecuencias:

En primer lugar, ella asegura para los participantes —para toda la comunidad— un

refuerzo de la legalidad, ya que si todo acto contrario a la ley debe ser considerado

desprovisto de valor jurídico, necesariamente lo será también todo acto contrario a la

Constitución, inclusive en el caso de que el acto emane de los gobernantes; la supremacía

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material de la Constitución se opone también a que el órgano investido de una

competencia determinada delegue su ejercicio en otro.

En efecto, no es posible delegar un poder del cual no puede disponerse por si mismo, y los

gobernantes no tienen un derecho propio sóbrela función que ejercen. Esta les es

conferida en consideración a las garantías particulares que ofrecen su modo de

nominación y su status. Si ellos pudieran delegarla a otros, dice Burdeau, es toda la

organización del poder en el Estado la que sería puesta en tela de juicio. Es por esta razón

por la cual debe condenarse la práctica abusiva de los decretos-leyes tan corriente en

Colombia bajo el imperio del estado de sitio, que ha regido por tanto tiempo entre nosotros

durante las últimas décadas.

La supremacía formal de la Constitución surge, fundamentalmente, del hecho de que sus

normas han sido consagradas mediante procedimientos especiales, diferentes a los de la

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ley ordinaria, y de que para modificar esas normas se requiere igualmente de

procedimientos especiales. De ahí que cuando se trata de disposiciones cuyo contenido no

sea propiamente de naturaleza constitucional, pero que por su particular importancia el

constituyente ha considerado oportuno elevar a esa categoría, introduciéndolas en el texto

de una Constitución, esas disposiciones, al igual que las demás, tendrán supremacía sobre

cualquier otra norma no constitucional.

Es por esto que el establecimiento y reforma de los textos constitucionales, se subordina

generalmente al respeto de ciertas formalidades especiales. De ahí resulta, en primer

término, la distinción que se hace entre Constitución rígida y flexible, que ya examinamos

en capítulo anterior. Como se explicó, se trata de una distinción puramente formal, que se

refiere a los procedimientos para su elaboración y no a su contenido. De tal manera que se

habla de supremacía formal en los casos de Constitución rígida, ya que esta es la que

prevé esos procedimientos.