jorge luis borges y adolfo bioy -Seis problemas para don isidro

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"Amantes del género policial, Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares canalizaron las inquietudes de su común afición en los singulares relatos que toman como eje a un «detective» no menos singular: Isidro Parodi, «el recluso de la celda 273» de la Penitenciaría Nacional, que resuelve los casos que le plantean sin moverse de ella."

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  • 1. Amantes del gnero policial, Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares canalizaron las inquietudes de su comn aficin en los singulares relatos que toman como eje a un detective no menos singular: Isidro Parodi, el recluso de la celda 273 de la Penitenciara Nacional, que resuelve los casos que le plantean sin moverse de ella. Publicado en 1942 bajo el seudnimo comn de H. Bustos Domecq, Seis problemas para don Isidro Parodi est integrado por piezas que, pese a ser completamente independientes, van desplegando ante el lector todo un elenco de personajes que, sometidos a un bao de humor corrosivo que les imprime rasgos y aires propios de grand guignol, sirven de articuladores de una trama que hunde su raz en la mejor tradicin del cuento detectivesco.

2. Jorge Luis Borges - Adolfo Bioy Casares Seis problemas para don Isidro Parodi H. Bustos Domecq - 1 ePub r1.0 jugaor 17.05.13 3. Ttulo original: Seis problemas para don Isidro Parodi, publicado inicialmente bajo el seudnimo comn de H. Bustos Domecq Jorge Luis Borges - Adolfo Bioy Casares, 1942 Ilustracin: Sir John Tenniel (1820-1914), para Alicia en el pas de las maravillas Diseo de portada: Viruscat Editor digital: jugaor ePub base r1.0 4. Prlogo: Ni Borges ni Bioy son Bustos Domecq Dos grandes escritores en espaol de este siglo, Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, crearon en connivencia, creo que siguiendo un juego entre ingls y pirandelliano, a un autor que fue capaz de escribir novelas de corte policiaco y cuyo inters lexicogrfico reside en la reconstruccin pardica de un idioma argentino que se quiere as reconstruido. Fue en 1942, en plena Guerra Mundial, cuando la civilizacin en que haban sido educados estos dos escritores pareca seriamente amenazada, en que aparece en las libreras argentinas un libro de extrao ttulo, Seis problemas para don Isidro Parodi, firmado por un tal H. Bustos Domecq (al que le siguieron, en 1946, Dos fantasas memorables; en 1967, Crnicas de Bustos Domecq; y, ya en el cercano 1977, Nuevos cuentos de Bustos Domecq), que tena la particularidad de acercar al lector en espaol un modo de abordar la novela de misterio hasta entonces exclusivo de la cultura britnica. Eran los aos en que la novela negra norteamericana todava no se haba revelado como un gnero mayor para la intelectualidad de la posguerra europea y an andaba impresa en el execrable papel de los pulp fiction, idnea como lastre para los buques mercantes que cubran el trayecto atlntico entre los Estados Unidos e Inglaterra. Pronto se supo (o acaso se supo siempre) que Bustos Domecq era una recreacin, seramos capaces de poner seudnimo?, de Jorge Luis Borges y de Adolfo Bioy Casares. Que Borges no ha dejado discipulaje literario pocas dudas existen hoy da, pero lo cierto es que su magisterio influy, cuando an era joven, en muchos miembros de su generacin. Bioy Casares, quince aos menor que Borges, escritor de una pluma tendente a lo fantstico, se uni al grupo que giraba en torno a la figura de Virginia Ocampo, Sur, hasta el extremo de emparentar (se convirti en su cuado) con esa extraa y desptica figura de la cultura argentina. Sur fue, tanto por los contenidos de la revista como por los ttulos publicados por la editorial, un punto de referencia obligado de la intelectualidad argentina, que reciba con los brazos abiertos lo mejor de la cultura europea y norteamericana. Borges y Bioy fueron parte importante de aquel proyecto cultural, que miraba con mayor preocupacin cualquier avatar acaecido en Europa que alguna catstrofe ms cercana en lo geogrfico, pero a aos luz de sus preocupaciones mentales. Esa extraa disociacin entre identidad cultural y patria llev, curiosamente, a una lcida visin de la realidad poltica de Argentina y, de ah, el rechazo, pienso que mutuo, que tuvo Borges con Pern desde el instante mismo de la llegada al poder del general. Borges y Bioy realizaron, asimismo, una labor editorial importante durante decenios y no slo en Sur. Cuatro aos despus de que saliera a la luz este libro que nos ocupa, Borges firm un manifiesto contra Pern y ste intent humillarle nombrndole Inspector de alimentos en los mercados de Buenos Aires, cargo que Borges rechaz. Fue entonces cuando el autor de Ficciones se tuvo que ganar la vida con actividades docentes y editoriales. Sur estaba ah, pero, asimismo, la editorial Emec en la que ste, junto a Bioy Casares, dirigieron la coleccin El Sptimo Crculo, donde se dio a conocer en espaol lo mejor de la literatura policiaca del momento. En realidad, creo que, visto con los aos, fue la mejor coleccin de novela policiaca que ha existido en los pases de habla hispana. Seis problemas para don Isidro Parodi surge, pues, de la necesidad que tenan ambos escritores de dar rienda suelta a sus preferencias y, con cierta perversin, ajustar las cuentas de su argentinidad 5. a travs del lenguaje. Pienso que, hoy da, lo que queda de este libro es ese esfuerzo memorable por dar entidad a ciertos argentinismos y llenarlos de significacin plstica. Sabido es que hubo en Argentina escritores llamados populares, entre ellos Roberto Arlt, a los que Borges y en general todo el grupo Sur despreciaban por su descuido idiomtico. Esta novela es una respuesta, inteligente por lo dems, para deshacer algunos malentendidos sobre la supuesta antiargentinidad de sus autores. El resultado es esplndido y digno de la inteligencia casi perversa de Jorge Luis Borges. Isidro Parodi, el personaje del ttulo, cumple una condena de cadena perpetua por un crimen del que se supone, por mor del tono de la obra, es inocente. Desde la celda 273 resuelve asesinatos y otros problemas criminales y, sin embargo, es incapaz de demostrar su inocencia, porque un funcionario de la comisara 8 le debe dinero y no le interesa que don Isidro se lo reclame. Esta endeble estructura, endeble e inverosmil, permite que don Isidro acceda a los universos ms surrealistas y a la resolucin de los problemas ms abstrusos con el solo concurso de su inteligencia. Es, por tanto, un hombre que mantiene una lnea abierta con el mundo por una nica va, la espiritual, y, a partir de ah, se expande una correlacin de corte matemtico que adquiere su justa correspondencia, o verosimilitud, con la realidad. Esa verdad es la nica prueba que tiene don Isidro para demostrarse a s mismo que no es el don Segismundo calderoniano, y, por lo tanto, se puede permitir el lujo, porque adems es un personaje moderno, de ser pardico, satrico, inteligente pero nunca trgico. Y es ese tono de parodia lo que hace nico este libro y que le distingue de la ms acerba tradicin britnica del gnero. Tanto es as que es ese espritu juguetn, pardico hasta el sarcasmo, inteligente hasta decir basta lo que distingue la obra de Bustos Domecq de la de Jorge Luis Borges o la de Bioy Casares. Porque los problemas de suspense que propone el libro no dejan de ser plidos reflejos de los de un Conan Doyle o los de una seora atroz como Agatha Christie, pero el tono de retranca argentina es nico y, dira, casi inigualable. No hay en Borges ni en Bioy una obra semejante en su lucidez satrica y sta es la ventaja de Bustos Domecq en su argentinidad con respecto a los dos autores antes citados. Se podr decir que la obra de Borges es ms lmpida, profunda, ms matizada, ms doliente se dir que la de Bioy planea en su fantstica visin hacia cielos que don Isidro Parodi ni siquiera puede vislumbrar, pero la gracia, la desenvoltura, la falta de cualquier gravedad es patrimonio de Bustos Domecq, y esa gracia se muri, o se agot, que para el caso es lo mismo, con las obras antes reseadas, y, adems, esa gracia, que poda haber cado en un costumbrismo de corte social, se expande en una obra con ribetes de juego de acertijos propios del cuarto de estar de un hogar burgus, casi inocente en su pasmo. Tamaa perversidad s puede ser digna de Borges, podra incluso ser patrimonio de Bioy, que hubiese perdido la compostura, pero esa alianza entre casticismo e intelecto es un espacio reservado a Bustos Domecq, es su descubrimiento, y por eso tiene entidad real, y por eso slo escribi cuatro obras, y por eso no aparece en las Obras completas de Jorge Luis Borges ni en el catlogo de obras escritas por Bioy Casares, y por eso no sabemos cundo muri ni maldita la falta que nos hace saberlo, slo conocemos de l algunos estudios, el de su educanda, el de don Gervasio Montenegro y poco ms. En las alturas en que se colocaba Sur, don Isidro Parodi nunca podra entrar, pero lo cierto es que Bustos Domecq dej cumplida venganza proponiendo seis acertijos que, se sepa todava hoy, no consiguieron resolver ni Borges ni Bioy. Creo que esta recreacin, por lo anteriormente sealado, es uno de los ms hermosos juegos que se ha permitido en el siglo la literatura en lengua espaola y por eso es un libro que debera ser calificado de seero, aunque la palabra sea digna de que la machaque el habla de Isidro Parodi. 6. JUAN NGEL JURISTO 7. H. Bustos Domecq Transcribimos a continuacin la silueta de la educadora, seorita Adelma Badoglio: El doctor Honorio Bustos Domecq naci en la localidad de Pujato (provincia de Santa Fe), en el ao 1893. Despus de interesantes estudios primarios, se traslad con toda su familia a la Chicago argentina. En 1907, las columnas de la prensa de Rosario acogan las primeras producciones de aquel modesto amigo de las musas, sin sospechar acaso su edad. De aquella poca son las composiciones: Vanitas, Los Adelantos del Progreso, La Patria Azul y Blanca, A Ella, Nocturnos. En 1915 ley ante una selecta concurrencia, en el Centro Balear, su Oda a la Elega a la muerte de su padre, de Jorge Manrique, proeza que le valiera una notoriedad ruidosa pero efmera. Ese mismo ao public: Ciudadano!, obra de vuelo sostenido, desgraciadamente afeada por ciertos galicismos, imputables a la juventud del autor y a las pocas luces de la poca. En 1919 lanza Fata Morgana, fina obrilla de circunstancias, cuyos cantos finales ya anuncian al vigoroso prosista de Hablemos con ms propied