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    travs de la investigacin y del desarrollo, debe ir a la bsqueda de una mayor productividad. La

    innovacin puede permitir mejoras en la capacidad productiva de un pas a travs de varios cami-

    nos: el ahorro en materiales, la utilizacin de recursos energticos sostenibles, el uso de un buen

    equipo tecnolgico y la eficiente organizacin y gestin de las actividades productivas (atencin

    especial al Lean Management).

    Alfons Sauquet sostiene que la gran variedad de discursos que se han articulado en torno al concep-

    to de la innovacin ha acabado generando una cierta confusin, que no hace sino reflejar que se

    trata de un fenmeno extremadamente complejo que no es posible abarcar de una sola mirada. El

    tema puede abordarse desde perspectivas diferentes (la economa, la sociologa, el management y la

    teora de la organizacin o la psicologa, por ejemplo) que tratan de dar solucin a problemas dife-

    rentes, razn por la cual parece que uno este hablando de otra cosa. Adems de la multidisciplina-

    riedad, el fenmeno abarca desde lo ms micro cuando se analiza la creatividad hasta los niveles

    macro de las polticas de investigacin e innovacin de la Unin Europea.

    Raimon Casanellas, finalmente, valora positivamente aspectos de la nueva normativa tales como la

    posibilidad de propuesta de convenio al inicio del procedimiento, la sancin a los administradores

    que actan con falta de diligencia y la ampliacin de las competencias de los nuevos juzgados de lo

    mercantil. Aspectos tales como la excesiva dilacin del procedimiento y la escasa tasa de recupera-

    cin del crdito hacen pero que el autor considere la nueva normativa poco eficiente y que el rece-

    lo al procedimiento concursal siga mantenindose.

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    vestido menos intensidad que en otros pases denuestro entorno, la duracin de la fase contrac-tiva est siendo superior. Ello se debe, en gran

    medida, a perturbaciones idiosincrsicas talescomo el colapso del sector inmobiliario y suefecto sobre la destruccin de empleo. Perotambin, a rigideces o imperfecciones en elfuncionamiento de nuestra economa y, en par-ticular, en el mercado de trabajo y en el sistemade proteccin social.

    Podra quizs argumentarse que las crisis noson necesariamente el mejor momento para

    acometer reformas ambiciosas. As, en el mbi-to financiero, la cercana temporal de los turbu-lentos acontecimientos tras la crisis de las hipo-tecas subprime en Estados Unidos en el veranode 2007 podra llegar a perturbar, segn esteargumento, el anlisis coste-beneficio de cual-quier iniciativa de cambio regulatorio. Si estofuera as, se correra el riesgo de que el debateregulatorio termine generando un exceso deintervencionismo por parte del regulador que

    inhiba los incentivos para la toma adecuada dedecisiones por parte de los agentes privados,introduzca rigideces en el funcionamiento delos mercados y produzca, de este modo, inefi-ciencias que generen prdidas excesivas de

    bienestar.

    En el mbito de las reformas en el sector real,es indudable que gran parte de las reformas

    propuestas como las que pretenden una mayor

    flexibilidad en el mercado de trabajo o el forta-lecimiento de las finanzas pblicas podranconllevar algn efecto adverso transitorio sobreel crecimiento o el empleo en el corto plazo,aunque sus beneficios a medio y largo plazosean de una magnitud muy superior. Por ello,

    podra sostenerse que las reformas tendran unefecto procclico agudizando en alguna medidala intensidad de la contraccin si se producenen medio de una crisis.

    Estos argumentos no hacen ms que subrayaruna obviedad. Si pudiramos elegir, preferira-mos adoptar reformas en fro, despus de cui-

    dadosos estudios de impacto y en situacionesde holgura econmica, de modo que los costestransitorios de las reformas pudieran resultarms llevaderos. Sin embargo, la realidad esque, a menudo, solo en momentos de crisis es

    posible aglutinar el apoyo necesario para laadopcin de reformas ambiciosas. Solo laobservacin directa de las consecuencias de lasimperfecciones que las reformas pretendencorregir proporciona la motivacin suficiente y

    el respaldo necesario para que los cambiosresulten viables polticamente.

    De hecho, la historia demuestra que las grandesreformas suelen hacerse en momentos de crisis.Este el caso de la creacin del Sistema deBretton Woods tras la segunda guerra mundialo la firma del primer acuerdo de capital deBasilea en 1988, tras la crisis bancaria sufrida

    por diversos pases industrializados en esadcada.

    Y esa es tambin la experiencia de nuestro pas:desde el Plan de Estabilizacin de 1959, cuan-do Espaa se encontraba al borde de la suspen-sin de pagos por el agotamiento del rgimenautrquico franquista; pasando por los planesde ajuste marcados por las crisis energticas, ola reforma del mercado de trabajo de 1984,cuando la tasa de paro alcanzaba el 20%.

    Por lo tanto, las situaciones de crisis deben seraprovechadas para adoptar los cambios que

    precisa el sistema econmico y financiero utili-zando el impulso que proporciona la percep-cin general de la necesidad de acometerlas.Ahora bien, aunque la existencia de un ciertogrado de apoyo de la ciudadana a la estrategiareformadora resulta un requisito imprescindi-

    ble para hacerlas viables, no estoy seguro deque sea aconsejable supeditarlas al logro del

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    consenso absoluto entre todas las fuerzas pol-ticas y sociales.

    Las principales dificultades para implementarreformas no derivan tanto de la dificultad de

    percibir sus beneficios como de que, en ocasio-nes, los efectos que implican son desigualesentre las distintas partes afectadas. En este sen-tido, el principal reto de las reformas es hacerfrente a los posibles efectos redistributivos,especialmente relevantes en el caso de refor-mas microeconmicas, si bien su importanciase diluye ante situaciones agregadas negativas

    que afectan al conjunto de la poblacin y quepermiten, por tanto, una mayor percepcin delos beneficios globales.

    La existencia de estas asimetras es la queimpulsa, en ocasiones, la bsqueda de un con-senso amplio, si bien, de hecho, es en estassituaciones en las que menos debera perseguir-se dicha opcin por el cortoplacismo o las asi-metras que en ocasiones generan. No obstante,no conviene minusvalorar algunos posiblesriesgos del consenso: la escasa ambicin y granambigedad de las reformas y su posible cohe-rencia interna. El caso ms claro en Espaa esla reforma laboral, nonata desde hace ms deuna dcada. Personalmente preferira que lasreformas necesarias se enfrentaran con un es-quema consistente en, primero, hacer los nme-ros, luego explicar el proyecto elegido de refor-ma y, paralelamente, buscar los apoyos polti-cos. Una pieza importante del esquema apunta-

    do es la didctica de la reforma, que exige tenerque explicar en ocasiones cosas impopulares,aunque no por ello menos ciertas. Por ejemplo,que una reforma laboral no tendr efectos posi-tivos inmediatos sobre el empleo; que un siste-ma de pensiones de reparto no puede tener unatasa de rendimiento interno superior al creci-miento de la poblacin ms el del salariomedio; que transferencias intergeneracionalesexcesivas son injustificables desde el punto de

    vista de la equidad; que la reforma de un sectorque presenta exceso de capacidad tendr unefecto inevitable a corto plazo sobre el empleo

    del sector.

    Un ltimo comentario sobre las reformas esque en un sistema en el que la opinin pblica

    juega un papel muy importante en la toma dedecisiones polticas, las preguntas de lasencuestas de opinin deberan formularse in-cluyendo la restriccin, porque todo problemaeconmico conlleva, al menos, una restriccin.De lo contrario se trata de otra cosa: propagan-

    da, agitacin, demagogia.

    Por ejemplo, la pregunta Est de acuerdo contrabajar X aos ms en su vida? no es de extra-ar que sea contestada negativamente por el87% de los encuestados. Pero lo relevante es lacontestacin a la pregunta completada con ocobrar una pensin X% menor o que sushijos perciban una pensin 2X menor. Si se

    pregunta Le gustara acabar con las colas enla sanidad pblica? el xito del s est garanti-zado, por lo que habra que completarla alcoste de aumentar la presin fiscal un X%.

    Parece haber una amplia coincidencia de opi-niones en que las reformas ms necesarias sonlas del mercado de trabajo, las pensiones msampliamente, los compromisos a largo plazodel Estado y la reforma financiera. Ms laeducativa y la de investigacin. Por qu?

    Porque son imprescindibles para que la econo-ma espaola pueda retomar una senda de cre-cimiento sostenido apreciable que nos permitaavanzar de nuevo en la convergencia real conlos socios avanzados de la UE. Dicho en trmi-nos ms sintticos, en ausencia de estas refor-mas es muy probable que la economa espao-la experimente, una vez superada la crisisactual, una larga etapa de crecimiento modestoque no genere empleo neto.

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    Por todo lo dicho, parece claro que la difcilsituacin econmica actual y la compleja situa-cin del sistema financiero proporcionan la

    motivacin adecuada para discutir posibles re-formas. Quisiera referirme en el resto de estaintervencin a algunas de ellas.

    Como pueden entender, evitar la tentacin dealudir a las reformas relativas al sector realcomo son las del mercado de trabajo o del sis-tema pblico de pensiones, de enorme relevan-cia y actualidad en nuestro pas, tal y comomuestran algunos de los artculos recogidos en

    el nmero de Economistas que hoy se presenta.Cranme que esta omisin de temas no resultafcil para alguien que ya en 1976 public unartculo sobre la reforma de las pensiones enque se propona el aumento de la edad de jubi-lacin y la consideracin de la historia comple-ta de cotizacin o que en 1991 dirigi el equi-

    po que redact el llamado informe Segurasobre el mercado de trabajo y que ha vistocomo, desde entonces, se ha acumulado cre-

    ciente evidencia favorable a las propuestas queall se hacan y que, en lo esencial, coincidencon el texto llamado de los 100.

    Me centrar, en todo caso, en las reformas delsistema financiero que no solo estn en el cen-tro del debate econmico actual a nivel nacio-nal e internacional sino que, adems, son lasque se encuentran ms prximas a mis actualesresponsabilidades.

    La crisis y la supervisin financiera

    La crisis financiera iniciada en el otoo de2007 puso de manifiesto que los agentes hab-an asumido unos riesgos excesivos, que nohaban evaluado correctamente y para los quetenan garantas muy insuficientes. La crisiscurs, adems, con dos caractersticas que nohaban estado presentes en otras crisis financie-

    ras previas en las ltimas dcadas: la intensidaddel efecto domin y el fallo en los mecanismosde determinacin de precios.

    En efecto, un problema generado en un peque-o segmento del mercado hipotecario estadou-nidense plante rpidamente problemas de sol-vencia a instituciones financieras alrededor detodo el mundo y redujo a la nada el ahorro demuchos inversores de las antpodas. Por su

    parte, el mercado interbancario se sec abrup-tamente y, lo que es ms importante, dichasequa se contagi enseguida a los mercados de

    deuda privada corporativa, generando una cri-sis de confianza en el sistema financiero mun-dial.

    Qu problemas apuntan estas dos singularida-des de la crisis financiera? El efecto domin ainsuficiencias de la supervisin prudencial y ala necesidad de disear incentivos que dificul-ten la adopcin de riesgos excesivos. La crisisde confianza a insuficiencias en la transparen-cia de los mercados financieros y a la consi-guiente necesidad de regulacin, porque losagentes no han tenido incentivos para mejorarsu transparencia. En resumen, las dos reas enque han de mejorarse los mecanismos regula-dores y, por tanto, supervisores son las de lasupervisin prudencial y estabilidad y la trans-

    parencia.

    Respecto al tndem supervisin prudencial-estabilidad, el primer elemento fundamental es

    el mejor diseo regulatorio y reforzamiento delos recursos propios de las entidades, comogaranta para hacer frente a problemas poten-ciales de solvencia, dotndoles de mayor esta-

    bilidad a lo largo del ciclo. Existen varias mejo-ras posibles.

    En primer lugar, van en la buena direccin lasmedidas tendentes a aumentar el consumo derecursos propios asociados a la inversin en

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    productos complejos, derivados no liquidados atravs de cmaras de contrapartida central(CCP) o a la cartera de negociacin de las enti-

    dades. Asimismo, resulta importante reducir laprociclicidad de la regulacin de capital, esta-bleciendo un sistema de reservas no provisio-nes anticclicas que restrinjan la distribucinde beneficios en la fase alcista del ciclo.

    En segundo lugar, se ha discutido recientemen-te la posibilidad de que las exigencias de capi-tal regulatorio sean crecientes con el tamao dela entidad, basndose en el argumento de que

    aquellas entidades que son too big to fail pue-den instrumentar polticas ms agresivas y asu-mir mayores riesgos en la medida en que sabenque, en el peor de los casos, las autoridadesacudirn en su ayuda. Sera recomendable tra-tar de evitar este problema de riesgo moral sincrear condiciones competitivas distintas aempresas en razn exclusiva de su tamao, por-que ste puede ser resultado, por ejemplo, deuna mejor gestin del riesgo y, por tanto, deuna mayor eficiencia. Parece una va ms razo-nable tratar de estimar los requerimientos derecursos propios en funcin de los activos pon-derados por riesgo complementados con lmitescuantitativos estrictos al recurso al apalanca-miento.

    El problema del tamao y de la especializacinrelativa de las entidades, revierte en ltima ins-tancia al tema del grado de estabilidad del sis-tema financiero. La llamada globalizacin del

    sistema financiero ha aumentado las intercone-xiones entre los agentes y es bien sabido porresultados obtenidos en otras reas del conoci-miento que los sistemas con mayor intercone-xin son menos estables: los sistemas ecolgi-cos complejos son ms estables si son descom-

    ponibles en subsistemas bsicos; las redes sonms estables cuando el nmero de nodos y ladensidad de relaciones entre los mismos esmenor; la biologa ha demostrado la inestabili-

    dad derivada del comportamiento gregario delas especies.

    En todo caso, la mejora de la estabilidad finan-ciera es algo ms que el simple reforzamientode la solvencia de las entidades individuales,

    por mucho que ste sea fundamental, y exigeuna mejora en la gestin del riesgo, porque noexiste cuanta alguna de recursos propios capazde resistir una crisis con valores suficientemen-te elevados en su duracin y tasa de morosidad.

    Un primer aspecto que ha puesto de manifiesto

    la crisis es la importancia del riesgo de liqui-dez. Esto apunta a la conveniencia de que lasentidades hagan una evaluacin en tiempo realde los compromisos de liquidez asumidos y a lanecesidad de exigir va regulacin algn mni-mo de liquidez en trminos de requerimientos

    para poder hacer frente a una situacin en quelas entidades no pudieran durante un cierto

    periodo un mes, un trimestre tener acceso ala financiacin va mercado.

    Un segundo aspecto es la mejora de la estima-cin de los riesgos. sta es difcil en tiempos decrisis como la actual, pero el problema princi-

    pal ha sido que los modelos empleados a lolargo del largo periodo expansivo utilizaronuna informacin que corresponda a un inusual-mente dilatado periodo de baja volatilidad delos mercados y reducida morosidad crediticia.Pero el uso acrtico de estos modelos ha condu-

    cido a infravalorar los riesgos y relajar, porejemplo, los estndares de concesin de crdi-to. Existe abundante evidencia de que la relaja-cin de los criterios para la concesin de crdi-tos no afecta con carcter inmediato a las cuen-tas de resultados de las entidades, pero que a

    partir de los cuatro-cinco ejercicios empieza atrasladarse a beneficios, lo que puede terminaraflorando problemas de solvencia, tal y comoha ocurrido.

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    En tercer lugar, la gestin de riesgos tambinmejorara si existieran incentivos adecuadosque no primaran las decisiones cortoplacistas,

    un tema que entra de lleno en el terreno de lagobernanza empresarial. Aqu se ha avanzadoalgo en el tema de las retribuciones de los rga-nos de gobierno de las sociedades y en el de lasresponsabilidades de los administradores, peroqueda camino por recorrer y quiz tuviera sen-tido plantearse la posibilidad de que existierauna dualidad de rganos de gobierno, comosucede en Alemania, con un rgano ejecutivo yotro de control independiente.

    Por ltimo, sealar que la crisis ha puesto demanifiesto que si bien el riesgo sistmico cris-taliza siempre a travs de problemas de solven-cia, sus orgenes se encuentran en problemas decomportamiento inadecuado (de asuncin deriesgos, de gobernanza, etc.), la vigilancia dealgunos de los cuales pertenece al campo de lossupervisores de mercados y conductas. Desdeel punto de vista curativo, slo los gobiernos ylos bancos centrales disponen de instrumentos

    para hacer frente a problemas de inestabilidadfinanciera, pero desde la perspectiva de su pre-vencin, la implicacin de todos los superviso-res financieros debera ser mayor.

    Detectar tendencias potencialmente generado-ras de problemas de inestabilidad, monitorizarel desarrollo de las mismas, mejorar los mapasde riesgo del supervisor, identificar operativasque responden a incentivos inadecuados tales

    como el arbitraje regulatorio o supervisor, sontodas ellas tareas en que los supervisores demercados pueden constituir una ayuda aprecia-

    ble. Y no convendra olvidar un tema esencialpara la estabilidad financiera como es la mejo-ra de las infraestructuras de los mercados y,ms concretamente, de los sistemas de registro,compensacin y liquidacin que aseguren unsistema de garantas suficiente para el buen finde las operaciones. Un tema en el que, como

    saben, la CNMV acaba de lanzar una ambicio-sa iniciativa de reforma cuya pieza esencial esla creacin de una o varias CCP.

    En otras palabras, el riesgo sistmico ha tendi-do a verse como una variable exgena a cadaentidad individual, por lo que su supervisintenda a situarse tan slo en el campo de la for-taleza financiera suficiente para poder hacerfrente a algo que se consideraba como un shockexterno. La crisis ha hecho patente la existenciade un significativo componente endgeno delriesgo sistmico, que tiene que ver con el fun-

    cionamiento de los mercados al que los super-visores prudenciales no han dedicado con fre-cuencia la atencin debida.

    La segunda gran enseanza de la crisis es quees preciso mejorar la transparencia del sistemafinanciero. Desde el punto de vista analticoesto no puede sorprender en la medida que elfallo de mercado principal en el caso financie-ro es la informacin asimtrica y los problemasde seleccin adversa que lleva aparejados.

    Pero, adems, la literatura ha sealado otrasventajas adicionales de la transparencia: dismi-nuye los costes de bsqueda de los inversoresen la medida en que la informacin disponiblees ms prxima a la necesaria para tomar deci-siones ptimas y reduce los spreads bid-ask. Lacrisis ha demostrado que los mercados quemejor han funcionado y no han presentado pro-

    blemas de liquidez han sido los ms transparen-tes los de acciones y deuda pblica- por con-traposicin a los menos transparentes los derenta fija privada y, ms an, los mercados noregulados. Y tambin que la proteccin de losinversores depende crucialmente de la transpa-rencia.

    Mejorar la transparencia

    Dnde cabe mejorar la transparencia? Tele-grficamente sealara que en cuatro reas.

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    la actuacin de las agencias de rating en la cri-sis por lo que debemos dar la bienvenida a lainiciativa de la UE de registrarlas y regularlas

    en lo que se refiere a la homologacin de susmtodos y la evitacin de conflictos de inters,tarea que, afortunadamente, se encargar derealizar de forma centralizada la nueva autori-dad europea de mercados de valores (ESMA).

    Por ltimo, debo mencionar tambin la mejorade la transparencia de los mercados y la reduc-cin del riesgo de contrapartida. La transparen-cia pre y post-contratacin de renta fija tambin

    es manifiestamente mejorable, un tema en elque los avances han sido muy modestos, aun-que recientemente ha sido objeto de atencin

    por CESR y la SEC. Una parte significativa delos instrumentos de renta fija privada y deriva-dos internacionales se negocian en mercadosorganizados con altos grados de opacidad, don-de no existen requisitos de informacin pblicasobre los trminos de las transacciones.

    Este problema no ha sido reconocido hastafechas recientes, ya que los reguladores, influi-dos por la industria, han sobrevalorado losefectos adversos sobre la liquidez de una mayortransparencia, argumento que se ha demostradoerrneo dado que dicho efecto no se ha produ-cido en los EEUU con la introduccin delTRACE. Como es bien sabido, la MiFID notrat el tema de la transparencia en otros mer-cados que los de acciones, considerando por

    tanto que la transparencia de los mercados derenta fija era suficiente. Pero en la mayora delos mercados distintos de las bolsas, la infor-macin precontratacin se encuentra disponi-

    ble slo para sus miembros y la postcontrata-cin se ofrece de forma agregada y con consi-derables desfases temporales. Sera por tantorecomendable que las exigencias de transparen-cia que la MiFID requiere para la renta variablese extendieran a todos los mercados, al menos

    en lo relativo a la informacin post-contrata-cin.

    Asimismo, la importancia adquirida por pro-ductos que se negocian OTC apunta la conve-niencia de plantearse reformas de mayor cala-do. El ejemplo ms claro y reciente es el de losCDS, cuya desordenada expansin ha generadoefectos adversos sobre la estabilidad financiera.Resulta conveniente, como mnimo, promoverla creacin de un registro central de las opera-ciones sobre este tipo de instrumentos, ascomo incentivar la compensacin de las posi-

    ciones derivadas de esos instrumentos en CCP.El registro central aumentara la transparenciay la eficiencia del mercado y la CCP reducirael riesgo que para el tomador de proteccinsupone la insolvencia de quien la ofrece.

    No querra acabar esta parte relativa a las refor-mas del sistema financiero internacional sin undato que invite al optimismo y sin sealar, a suvez, una preocupacin. El optimismo provienede que 2009 ha sido un ao en el que las auto-ridades nacionales y los organismos internacio-nales se han planteado, con inusitada intensi-dad, la necesidad de emprender reformas regu-latorias de calado en el mundo financiero. En

    particular, el G20 ha sido muy activo en eltema, as como el Financial Stability Board,fomentando el aumento de la coordinacinentre reguladores, supervisores y definidoresde estndares. Por su parte el BIS ha avanzadoen temas de solvencia y riesgo sistmico. Asi-

    mismo, la Comisin Europea ha hecho suyas lamayor parte de las propuestas del InformeLarosire, poniendo en marcha una revisin en

    profundidad del esquema institucional desupervisin financiera europea que ha dadolugar a la propuesta de creacin de nuevasautoridades supervisoras para la UE que esta-rn dotadas de medios humanos y tcnicos y deuna estabilidad aceptables. De ello, de msEuropa, slo podremos ganar todos. Quienes

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    lidados de las entidades espaolas han sufridorecortes importantes en los dos ltimos ejerci-cios, de forma mucho ms acusada en el sector

    de cajas que en el de bancos, y cabe esperar queesta tendencia contine en 2010. En conse-cuencia, la crisis financiera ha impactado enmenor medida al sistema bancario espaol,

    pero lo ha hecho con un desfase temporal queintroduce una dificultad adicional a la reforma.

    La creacin del FROB persigue hacer frenteanticipadamente a problemas de solvencia que,en otro caso, pudieran darse en el futuro. El

    diseo es el adecuado, pero su implementacinno est exenta de problemas. El primero, que eldesfase temporal sealado hace que su aplica-cin se produce cuando los bancos europeoscon problemas ya han cerrado sus operacionesde salvamento, entrada de capital pblico, sub-venciones, etc. lo que pone dificultades aadi-das a su aprobacin en Bruselas. El segundo,que la propia naturaleza de las cajas hace com-

    pleja su aplicacin. Por una parte, la oposicingeneralizada a las fusiones de cajas de distintasCCAA dificulta el necesario ajuste de capaci-dad que la reforma ha de traer consigo. Porotra, el xito de la operacin depende de lareduccin de costes, lo que slo puede lograrseen fusiones que reduzcan el peso de los servi-cios centrales y de la red de sucursales, excesi-va en trminos comparativos europeos y, encaso de fusiones dentro de la misma Comu-nidad Autnoma, redundantes en gran medida.

    En ltimo extremo, el sistema bancario espaolpresenta un exceso de capacidad, tanto por elnmero de entidades como por el de sucursales,

    problema ms acusado en las cajas que en losbancos que son ms vulnerables a la crisis porel peso en su activo de las actividades inmobi-liarias. No obstante las dificultades, estoy con-vencido de que la competencia tcnica delBanco de Espaa y su independencia de crite-rio lograrn resolver estos problemas.

    Y termino.

    Confo en que la progresiva mejora de las pers-

    pectivas econmico financieras no reduzca elimpulso regulador de la crisis. El sistema finan-ciero precisa de importantes reformas destina-das a reforzar los aspectos prudenciales y degestin del riesgo, pero tambin de mejoras enel funcionamiento de los mercados, donde lafalta de transparencia se ha evidenciado comouno de los principales fallos que subyace detrsde los problemas de informacin asimtrica yseleccin adversa vividos durante la crisis.

    El impulso reformador debe extenderse tam-bin a otras reas de la economa, aprovechan-do las ventajas que las crisis ofrecen comocatalizador de las reformas. Por suerte, el diag-nstico de los fallos y, por tanto, las reformasnecesarias, no es nuevo para los conocedoresde la materia. Como espero haber trasmitido,los principales aspectos de las reformas hansido analizados en mltiples ocasiones y la lite-

    ratura al respecto es amplia y se encuentra sli-damente fundamentada. Gran parte del trabajoest, por tanto, hecho y lo que resta es aprove-char el momento para llevar las reformas acabo, no como medidas que vayan a solucionarla situacin de la economa en el corto plazo,sino como forma de garantizar una slida recu-

    peracin que establezca las bases necesariaspara una nueva fase de crecimiento de la eco-noma espaola. Todos debemos hacer un

    esfuerzo en la comprensin y explicacin dedichas reformas.

    Nada ms y muchas gracias por su atencin.

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    La industria en la crisis

    Rafael Myro

    Grfico 2 - Indices de produccin industrial(tasas porcentuales sobre el mismo trimestre del ao anterior)

    Grfico 3 - La actividad industrial segn la CNTE y el IPI

    (Indices trimestrales)

    Fuente: INE

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    biliarios en las entidades financieras, su eleva-do endeudamiento exterior y tal vez un ciertoretraso en el reconocimiento de las dificultades

    por las que atraviesan algunas de ellas.

    En efecto, mientras que el ndice de ProduccinIndustrial del rea Euro en noviembre se en-contraba en 93, y en Alemania en 96, en Espaase situaba en 82, a poca distancia de los deFrancia e Italia, pero por debajo.

    Ante esta trayectoria, resulta lgico preguntar-se si, ms all del notable efecto de la cada

    diferencial en la demanda agregada, la indus-tria espaola no revela una especial debilidadcompetitiva. Pues bien, la respuesta es que no,

    primero por la evolucin ligeramente ms posi-tiva de nuestras exportaciones, en un escenariode deterioro comparativo de los costes, puesaunque a nadie parezca sorprender mucho, nisiquiera al gobierno, los salarios espaoles hancrecido un 4,5% en 2009, en un contexto deintensa disminucin del empleo y de muy lento

    aumento de los precios.A pesar de ello, y como en crisis anteriores, lasexportaciones de la industria espaola desem-

    pearn un papel activo en el inicio de la recu-peracin, pero no de forma tan intensa, puesesta vez no contarn con la ayuda de una depre-ciacin de la moneda. Al ascenso de salariossealado, se une ahora un euro fuerte.

    La crisis en la perspectiva de los aos ante-riores

    Una segunda razn para responder negativa-mente a la pregunta formulada acerca de si latrayectoria reciente de la industria espaola esal menos parcialmente la expresin de su espe-cial debilidad competitiva es su positiva evolu-cin en trminos comparados durante los aos

    precedentes. Afortunadamente, disponemos pa-

    ra juzgarla de un reciente documento de la Co-misin Europea (European Communities,2009) que ofrece una comparacin entre los

    diferentes estados miembros para el perodo1995-2007.

    Pues bien, la participacin de la produccinindustrial en el PIB en la EU de los 27 era en2007 de un 17%, habiendo registrado un des-censo del 3,4% desde 1995. El retroceso enEspaa fue slo del 2,6%, que tambin contras-ta con los de Francia e Italia, del 3,9%, y anms con el del Reino Unido, del 8,1%, que

    llev el peso de su industria en el valor aadi-do agregado a una cifra tan reducida como el13,6%. Alemania, Austria y la Repblica Checafueron los nicos pases que mostraron aumen-tos.

    El buen comportamiento comparativo deEspaa destaca an ms si se tiene en cuentaque el PIB espaol creci a ritmos superioresal del conjunto del rea, as como por el hecho

    de que la industria espaola est especializadaen sectores de menor intensidad en el creci-miento. Detrs pues de las cifras sealadas seencuentra un mayor ascenso del valor aadidoindustrial y un aumento del empleo.

    El superior crecimiento de la industria espao-la fue acompaado de un incremento en el peso

    porcentual en el producto manufacturero de lasramas de alta y media-alta intensidad en capitalhumano, pero este ascenso tuvo un menor relie-ve que en el conjunto de los pases integrantesde la UE-27, de forma que se acentu la espe-cializacin de la industria espaola en activida-des de media-baja y baja intensidad cualifica-cin laboral. Esta pauta, que responde al shockinmigratorio y a las favorables condiciones deevolucin de los salarios derivadas de l, ascomo a los reducidos costes de despido queconlleva la contratacin temporal, debe alterar-se en el futuro para construir una industria de

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    La industria en la crisis

    Rafael Myro

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    mayor intensidad en tecnologa y en trabajocualificado. La pervivencia de amplios incenti-vos a la contratacin temporal no contribuir a

    que crezca la cualificacin de los trabajadores.Con contratos temporales, ni empleadores niempleados tienen incentivos para formarse.

    El largo perodo estudiado por la ComisinEuropea en el informe citado no es uniforme, yla dcada que comienza en 2001 ofrece peoresregistros industriales en todos los pases, debi-do a la mayor competencia en los mercadosinternacionales como consecuencia de laexpansin China. Pero la industria espaola,que al igual que las restantes vi empeoradassus cifras, a pesar del mayor crecimiento delmercado interior, mostr tambin un comporta-miento ms positivo en este perodo, generandoempleo industrial mientras Francia, el ReinoUnido e Italia lo perdan.

    La poltica industrial olvidada

    En definitiva, la industria espaola parece

    haber tocado al final de 2009 un suelo situadoa una gran profundidad, tras una cada en suactividad que se inici en 2007 y que ha des-truido el tejido creado en la primera parte de ladcada actual. Aunque resulta necesario inda-gar en sus posibles debilidades competitivas,los datos comparados no revelan que sean alar-mantes ni destacadas, pudiendo atribuirse lacausa de su trayectoria descendente al hundi-miento de la demanda espaola, que ha alcan-zado una inusitada intensidad en trminos com-

    parados. Podra decirse as que la industria hasido el principal pagano de la crisis espaola,que tiene sus orgenes en la hecatombe finan-ciera internacional y en el colapso de la activi-dad inmobiliaria. Para ser un gran damnificado,no ha recibido mucha atencin de las autorida-des econmicas, que podran haber extendido aotros sectores los planes renove bien y justa-mente aplicados al sector del automvil, incre-mentado en una mayor medida la financiacin

    a las empresas medianas y pequeas e intensi-ficado sus ayudas a la exportacin.

    En todo caso, es tiempo para hacerlo si quierefavorecerse la recuperacin de la economa,que la industria est en condiciones de afrontarcon solvencia. Ms importante que ampliar lasayudas monetarias procedentes de laAdministracin, es poner en marcha una refor-ma de los mecanismos de apoyo que ofrecesta, de forma que se aumente la eficacia delgasto pblico. Se acumulan parcelas en las quela superposicin de organismos, la descoordi-

    nacin y la indefinicin de objetivos proliferany perviven durante largos aos, desanimando aquienes se acercan a ellas con afanes de reno-vacin. La poltica de I+D es una de las msclaras, de la mano de la educacin superior. Sinembargo, otra no menos importante en materiade industria es el apoyo a la exportacin y a laimplantacin exterior de las empresas, clave

    para elevar ligeramente nuestra cuota exporta-dora y equipararnos a Francia o al Reino Unido

    en trminos de propensin a la exportacin debienes, as como para superar la paralizacin delas inversiones exteriores industriales queobservamos desde 2003. En este mbito, la redde oficinas exteriores no se coordina adecuada-mente con el ICEX, y la oficina de atraccin deinversiones exteriores Invest in Spain avanza

    por su cuenta, aunque con creciente eficiencia,mientras permanece en la oscuridad el apoyode la Administracin Central a la implantacin

    productiva en el exterior (parcialmente enco-mendado a una agencia por definir bien, y des-arrollar en cometidos, COFIDES)

    Bibliografa

    European Communities (2009): EU industrial structure 2009,performance and competitiveness, European Commission,Enterprise and Industry.

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    La industria en la crisis

    Rafael Myro

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    empresariales venan fijando las lneas genera-les para el desarrollo de la negociacin colecti-va. Los rasgos generales de estos acuerdos esta-

    blecan una referencia nominal para la negocia-cin colectiva en el entorno del 2% a cambio dela presencia de clusulas de salvaguarda frentea la inflacin en la mayor parte de los conve-nios colectivos. Sin embargo, en 2009, el punto

    principal de desacuerdo entre los agentes socia-les fue esta referencia nominal, despus delacusado descenso de la inflacin que comenza mediados de 2008, reduciendo la inflacin afinales de ao hasta el 1,4%, y que se intensifi-

    c a lo largo de 2009.

    En este contexto, la negociacin colectiva en2009 dio lugar a un aumento salarial, segn lainformacin publicada por el Ministerio deTrabajo e Inmigracin sobre los convenioscolectivos registrados hasta el mes de diciem-

    bre, del 2,6%, afectando a ms de 8,7 millonesde trabajadores. Este incremento supone unacierta moderacin frente a lo acordado para el

    ao 2008 (3,6%), antes de incluir el efecto delas clusulas de salvaguarda frente a la infla-cin, fruto, principalmente, del acusado des-censo de la inflacin comentado previamente.Sin embargo, la negociacin colectiva dio

    muestras de una escasa sensibilidad al acusadodeterioro del mercado laboral dando lugar a unmarcado incremento de los salarios acordados

    en trminos reales. Esta reducida sensibilidadse observ en los convenios revisados, con unincremento salarial medio del 2,6% pero tam-

    bin en los de nueva firma (2,35%) entre losque slo se observ una leve moderacin entrelos registrados en la parte final del ao.Finalmente, el impacto de las clusulas de sal-vaguarda fue nulo en 2008 pues, como se hacomentado, la inflacin finaliz 2008 en el1,4%, por debajo de la referencia del 2% utili-

    zada en la mayor parte de los convenios.

    Un indicador adicional de la evolucin de loscostes laborales es la Encuesta Trimestral deCoste Laboral (ETCL) que incluye otros facto-res como la deriva salarial (complementos deantigedad y productividad, promociones,etc.), el impacto de las clusulas de salvaguar-da y los costes no salariales (cotizacionesempresariales a la Seguridad Social y pagos por

    despido entre otras). Como se puede apreciaren el Cuadro 2, en los tres primeros trimestresde 2009, el crecimiento medio del coste laboraltotal fue moderndose hasta un aumento del3,3% en el tercer trimestre, tras el incremento

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    Empleo y mercado de trabajo: balance global

    Virginia Hernanz Mario Izquierdo

    Cuadro2

    Fuente: Instituto Nacional de Estadstica.ltimo dato de ETCL publicado: septiembre de 2009

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    del 4,8% mostrado en 2008. Esta moderacinreflej el menor crecimiento de los costes sala-riales que, aunque aumentaron un 3,4% en el

    promedio de los tres primeros trimestres mos-traron un menor crecimiento que en 2008(5,1%), reflejando la moderacin de los incre-mentos salariales acordados en la negociacincolectiva. Dentro de los costes no salariales, sinembargo, se observ un repunte en 2009, hastael 5,1% en el promedio de los nueve primerosmeses del ao, 1 pp. por encima del aumento en2008, como consecuencia de los fuertesaumentos en las percepciones no salariales, en

    las que incluyen los costes de despido.

    Finalmente, la estimacin de la remuneracinpor asalariado de la CNTR registr en 2009, enla economa de mercado, un crecimiento del4,1% (4,3% en el total de la economa) en el

    promedio de los tres primeros trimestres, msde 1 pp por debajo del crecimiento registrado

    en 2008. Esta moderacin fue, sin embargo,notablemente inferior a la observada en lainflacin, lo que dio lugar a un acusado repun-

    te de los salarios en trminos reales a pesar delnotable deterioro de las condiciones en el mer-cado laboral. Esta evolucin est asociada a laescasa sensibilidad de la negociacin colectiva,anteriormente comentada, pero tambin se vereforzada por una deriva salarial claramente

    positiva (superior a 1 pp. calculada como ladiferencia entre el crecimiento de la remunera-cin por asalariado y el incremento de las tari-fas en convenios, vase el Grfico 2), que

    muestra un comportamiento claramente contra-cclico de esta variable en la economa espao-la. En 2009, esta deriva salarial est relaciona-da con el fuerte ajuste del empleo en este aoque, adems, se ha concentrado en actividades,como la construccin, y colectivos de trabaja-dores, como los temporales, con salarios infe-riores a la media.

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    Empleo y mercado de trabajo: balance global

    Virginia Hernanz Mario Izquierdo

    Grfico 2

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    La poblacin activa y el desempleo

    El incremento de la poblacin dispuesta a par-

    ticipar en el mercado de trabajo comenz amostrar en 2009 una ralentizacin, tras los fuer-tes crecimientos de los aos anteriores, quecabe asociar al fuerte deterioro observado en lacreacin de empleo. De acuerdo con la EPA, enel promedio de los tres primeros trimestres de2009, el crecimiento de la poblacin activa fuedel 1,2%, tras el aumento del 3% en 2008 ymostrando un perfil trimestral de clara desace-leracin, con un aumento prcticamente nulo

    en el tercer trimestre del ao (0,2%). Esterepunte fue resultado, en primer lugar, delmenor incremento de la poblacin, que creciun 0,5% en los 9 primeros meses del ao, 0,9

    pp menos que en 2008 como resultado de laacusada desaceleracin de las entradas de inmi-grantes. En segundo lugar, la tasa de participa-cin fren drsticamente su ritmo de avancesinteranuales, hasta situarse en el 59,8% en el

    tercer trimestre del ao, su nivel en el promediode 2008, tras registrar un primer descenso tri-mestral durante los meses de verano (vaseCuadro 3). Si se considera a la poblacin com-

    prendida entre los 16 y los 64 aos, la tasa deactividad habra aumentado levemente, en 0,2

    pp. hasta el 73,9%.

    Atendiendo a la distincin por sexos, el colec-tivo femenino mantuvo un mayor dinamismoaunque comenz a mostrar una ralentizacin enel patrn de incorporacin al mercado laboral.As, la tasa de actividad femenina se situ en el51,5% en el tercer trimestre de 2009, solo 0,1

    pp. por encima de su nivel a finales de 2008.No obstante, este aumento contrasta con el des-censo observado entre los hombres, para losque la tasa de actividad se situ en el 68,4% enel tercer trimestre de 2009, ms de 1 pp. pordebajo de su nivel hace un ao. Por grupos deedades, se observa como la ralentizacin de la

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    Empleo y mercado de trabajo: balance global

    Virginia Hernanz Mario Izquierdo

    Cuadro 3. Evolucin de la tasa de participacin segn la EPA

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    tasa de actividad en 2009 estuvo asociada, prin-cipalmente, con el comportamiento de los gru-

    pos de edad ms jvenes. As, con informacin

    hasta el tercer trimestre del ao, el colectivo demenores de 29 aos redujo su tasa de participa-cin hasta el 66,3% en el tercer trimestre delao, ms de 2 pp. por debajo de su nivel en elmismo trimestre de 2008, probablemente refle-

    jando un aumento del perodo de formacinante las peores perspectivas para la incorpora-cin al mercado laboral. Entre los grupos deedades intermedias y de ms edad, la tasa de

    participacin sigui aumentando en 2009, aun-

    que a menor ritmo que en aos anteriores.Atendiendo al nivel de estudios, la evolucinde la participacin fue relativamente homog-nea en 2009, si bien se observ un peor com-

    portamiento entre los colectivos con menornivel de formacin. Finalmente, por nacionali-dad, el colectivo inmigrante mostr una levemoderacin en su tasa de participacin en2009, relacionado, sobre todo, con los descen-

    sos observados para los grupos de edad msjvenes. Esta evolucin, en cualquier caso, vol-vi a elevar el peso de la poblacin extranjera

    en el total de la poblacin activa, hasta el15,9%, aunque a menor ritmo que en aos pre-cedentes.

    Pasando a analizar la evolucin del desempleo,el nmero de desempleados aument con granintensidad en 2009, en promedio, un 72,3% enlos nueve primeros meses del ao, si bien seobserv un perfil trimestral de cierta ralentiza-cin tras los fortsimos incrementos a finales de

    2008 y en el primer trimestre de 2009. La tasade paro se elev hasta el 17,9% en el tercer tri-mestre del ao, superando en ms de 6 pp. sunivel en mismo perodo del ao anterior (vaseCuadro 4). La informacin disponible para elcuarto trimestre del ao, procedente de la esta-dstica de paro registrado, avanza una suavemoderacin en el ritmo de aumento del desem-

    pleo a finales de 2009.

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    Empleo y mercado de trabajo: balance global

    Virginia Hernanz Mario Izquierdo

    Cuadro 4. Evolucin del desempleo segn la EPA

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    Por sexos, el aumento de la tasa de desempleofue especialmente intenso entre los hombres,reducindose de manera muy significativa el

    diferencial entre ambos colectivos. En particu-lar, la tasa de paro femenina aument en 5,5 pp,hasta situarse en el 18,2% en el tercer trimestrede 2009 mientras que entre los hombres, la tasade desempleo repunt en 7,4 pp., hasta el17,8%. Por edades, la tasa de paro de los ms

    jvenes se elev con especial intensidad, hastael 29,4%, ms de 10 pp. por encima de la regis-trada un ao antes y elevando el diferencial res-

    pecto a los restantes grupos de edad, entre los

    que, no obstante, el aumento del desempleotambin fue elevado. Atendiendo al nivel deformacin de los parados, el aumento de la tasade desempleo se concentr en los colectivoscon menor nivel de estudios, elevando, tam-

    bin, de manera considerable el diferencial conlos colectivos con mayor nivel de formacin.Finalmente, por nacionalidad, el desempleocreci en ambos colectivos pero de manera msintensa entre los trabajadores extranjeros, entre

    los que la tasa de paro alcanz el 27,5%, en eltercer trimestre del ao, por encima del 16,1%observado para los trabajadores de nacionali-dad espaola.

    En suma, por tanto, en 2009 se observa un ajus-te muy acusado del nivel de empleo en la eco-noma espaola, con especial intensidad en laconstruccin pero generalizado entre las distin-tas ramas productivas y protagonizado, en su

    mayor parte, por los trabajadores con contratotemporal. A pesar de la ralentizacin de lapoblacin activa, esta evolucin del empleoelev la tasa de paro hasta niveles cercanos alos observados en la recesin de principios delos aos 90. De cara al futuro, por tanto, resul-ta prioritario concentrar los esfuerzos de polti-ca econmica en asegurar una vuelta al merca-do laboral lo ms rpida y eficiente posible delabultado colectivo de trabajadores que han per-

    dido su empleo. En esta tarea, una mejoraurgente del funcionamiento de los ServiciosPblicos de Empleo parece crucial a la hora de

    limitar el incremento del componente estructu-ral del desempleo.

    Notas

    1 Las opiniones expresadas en este artculo pertenecen exclu-sivamente a los autores y no necesariamente representan lasdel Banco de Espaa.

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    Empleo y mercado de trabajo: balance global

    Virginia Hernanz Mario Izquierdo

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    ma espaola se agigantaba, hasta alcanzartasas que, con igual propiedad, cabra denomi-nar histricas. Situar a la economa espaola en

    un dficit corriente cercano al 10% del PIB eraalgo que no se conoca en la historia msreciente de la economa espaola, ni siquiera enlas etapas de ms severa inestabilidad asocia-das a las dos crisis energticas de los aossetenta.

    Las tornas parecen haberse cambiado tras elinicio de la crisis. Acompaando a la cada deldinamismo econmico se produjo una abrupta

    y masiva destruccin de empleo. Como conse-cuencia, la tasa de desempleo se duplic res-

    pecto a la existente en 2007, situndose enratios cercanos al 18%, muy alejados de loshabituales en nuestro entorno comunitario. Conigual celeridad, pero en sentido inverso, el dfi-cit externo parece haberse corregido, descen-diendo a un ritmo muy notable a lo largo de losltimos doce meses. De tal forma que la tasatiende a aproximarse aunque a distancia toda-

    va- a niveles los que la economa espaolaestaba ms habituada.

    La rpida reversin de ambas variables revelaque los valores previos alcanzados por lascorrespondientes tasas de desempleo y dficitexterno resultaban no slo anmalos, sinotambin insostenibles. En buena medida, am-

    bos fueron consecuencia de un estilo de creci-miento no slo poco deseable, sino tambin

    imposible de prolongar. La crisis internacionalno hizo sino enfrentar a los operadores econ-micos y a los responsables pblicos espaolesante esa evidencia, que parecan poco propiciosa afrontar. Desde esta perspectiva, tienen raznquienes dicen que Espaa entr en la crisis eco-nmica con desequilibrios propios, que lastranel ritmo y vigor de su potencial recuperacin.Reparar en la naturaleza de esos desequilibrios,y en las medidas que se requieren para superar-

    los, constituye una tarea obligada si se quiereevitar una crisis de similar magnitud en el futu-ro. En el presente artculo centraremos nuestra

    atencin en uno de los problemas sealados, eldel desequilibrio externo, aun cuando las solu-ciones ofrecidas demanden tambin solucionesen el otro de los problemas sealados, el delmercado laboral.

    2. La excepcionalidad del dficit

    Como se ha sealado, la ltima fase expansivade la economa espaola vino acompaada deuna progresiva acentuacin del dficit externo,hasta lmites desconocidos en nuestra historiareciente. Se proceda bueno es recordarlo- deun punto de partida relativamente cmodo, conun aceptable supervit corriente. Tras las deva-luaciones acometidas en la primera mitad delos noventa, en el contexto del realineamientode paridades que vivi el Sistema MonetarioEuropeo, la economa espaola haba logradorecuperar buena parte de la competitividad-pre-

    cios perdida en el perodo expansivo preceden-te (segunda mitad de los ochenta). Al tiempo,la recesin de 1992-93 haba contribuido areducir el efecto de arrastre de la demandaimportadora, facilitando una minoracin deldesequilibrio comercial. Como consecuenciade ambos factores renta y precios- en el trie-nio 1995-97, la economa espaola mantuvo unsupervit corriente, que lleg al 1% del PIB enel ltimo de esos aos.

    Con ese confortable punto de partida se iniciael ciclo expansivo de la economa espaola.Diez aos despus, en 2007, lo que era un supe-rvit del 1% del PIB se transforma en un dfi-cit exterior (suma de la cuenta corriente y decapital) del 9,7%. Nunca, desde el Plan deEstabilizacin de 1959, la economa espaolahaba superado la barrera del 4% del dficitcorriente en trminos del PIB. Llegados a ese

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    Sector exterior: del dficit al ajuste. Algunas enseanzas para tiempos de tribulacin

    Jos Antonio Alonso

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    entorno, la economa se vea obligada al ajuste,ya fuese a travs de una devaluacin, ya de unasevera contencin del gasto domstico (y delcrecimiento), ya de una combinacin de ambasrespuestas.

    De hecho, el desequilibrio mximo alcanzadoen el pasado corresponde a 1976, ao en el queel dficit corriente escal hasta una tasa del 4%del PIB. Se estaba, bien es sabido, en uno de los

    perodos ms crticos de la economa espaola,tras el demoledor efecto que haba tenido la pri-

    mera subida de los precios de petrleo y lasconsecuencias del desgobierno econmicogenerado por el trnsito del rgimen de Francoa los inicios de la transicin democrtica.Como en ocasiones anteriores, la magnitud deldficit oblig a una severa accin correctora,que en este caso se produjo en dos tiempos. Enconcreto, se procedi a una primera devalua-cin en 1976; y a un nuevo ajuste, con unanueva devaluacin y un programa ms ambi-cioso de reformas, acordado en los Pactos de laMoncloa un ao despus.

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    Sector exterior: del dficit al ajuste. Algunas enseanzas para tiempos de tribulacin

    Jos Antonio Alonso

    Grfico 1 - Evolucin del dficit exterior(capacidad/necesidad de financiacin sobre PIB %)

    En este ltimo ciclo, sin embargo, la tasa deldesequilibrio duplica holgadamente la ms ele-vada de las conseguidas en la historia prece-dente Qu factores explican semejante com-

    portamiento? Y, sobre todo, Cmo es posibleque se haya alcanzado semejante ratio sin afec-tar a la sostenibilidad del crecimiento y obligara un ajuste previo a la crisis?

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    3. Factores explicativos del dficit

    El primero de los interrogantes admite una in-

    mediata respuesta. Son varios los factores que,de manera complementaria, contribuyeron aimpulsar el dficit externo hasta dimensioneshistricamente desconocidas. En esencia esosfactores se pueden agrupar en torno a tres gran-des agregados.

    En primer lugar, el deterioro en la competitivi-dad precios de la economa espaola, que sederiva de un diferencial de inflacin, contenido

    pero no anulado, respecto a nuestros competi-dores. El diferencial de inflacin, en un entor-no en el que no cabe operar sobre la paridad dela moneda, se traduce directamente en prdidasde competitividad. Tal es lo que sucedi en laeconoma espaola en el perodo: de hecho, a lolargo de la dcada expansiva, Espaa acumulun diferencial de inflacin cercano a los 10

    puntos respecto a la media de los pases de laOCDE (que es el entorno de nuestros mercados

    de exportacin). Una prdida de competitivi-dad como la descrita oblig a muchos exporta-dores a presionar a la baja a sus mrgenes paramantener las ventas o a renunciar a la exporta-cin. A juzgar por los datos, la primera parecehaber sido la respuesta ms frecuente en estosltimos aos. Al tiempo, las importaciones sehicieron ms competitivas en un entorno de

    precios domsticos ms elevados.

    En segundo lugar, se produjo en el perodo undeterioro de aquellas partidas que tradicional-mente desempeaban una funcin compensato-ria del dficit comercial. Son varios los compo-nentes que experimentan ese deterioro. Porejemplo, se disminuye en el perodo el super-vit de la balanza de servicios, muy influida porlas dificultades que arrastra el turismo. En con-creto, esta ltima partida aporta un supervitcercano al 4% del PIB en el ao 1997, pero en

    2008 su saldo cae al 2,6%. Adems de otrosfactores especficos, el deterioro de la competi-tividad precios antes aludido afect tambin al

    comportamiento de este sector. Otra partidaque vio disminuida su funcin compensatoriaen el perodo son las transferencias con el exte-rior, tanto corrientes como de capital. En estecaso, adems, el saldo cambia de signo, demodo que si supona un supervit del 1,6% delPIB, en 1997, se transforma en un dficit, del0,3%, diez aos despus. En el cambio de signode la balanza influye tanto el abultamiento delos pagos a que dan lugar las remesas de aho-

    rros de los emigrantes enviados a sus familiarescomo la minoracin de los recursos proceden-tes de la UE. Por ltimo, tambin se acentu elsigno deficitario de la balanza de rentas, que sedobla en el perodo, pasando del 1,4% al 3,1%del PIB. La evolucin de este ltimo compo-nente estuvo muy influida por el coste que parala economa espaola ha supuesto el recursointensivo a la financiacin internacional, que esla otra cara de los dficit externos acumulados

    en el perodo.

    Por ltimo, influy en la acentuacin del dfi-cit corriente la expansin del desequilibriocomercial que acompa al proceso de creci-miento de la economa espaola. Al iniciarse lafase expansiva, en torno a 1997, el dficitcomercial apenas supona el 2,5% del PIB: diezaos despus, antes de iniciarse la crisis, en2007, el dficit se haba multiplicado por tres,

    rondando el 9% del PIB. De nuevo, se trata deuna tasa histrica, que nunca antes haba alcan-zado la economa espaola, ni siquiera en losmomentos de ms acentuados desequilibrios(como al doblar la primera mitad de los sesen-ta, tras las crisis energticas de los setenta o enel comienzo de la dcada de los noventa). Dehecho, es la impresionante dimensin que ad-quiere el desequilibrio comercial lo que en

    buena medida explica el nivel que, a su vez,

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    Sector exterior: del dficit al ajuste. Algunas enseanzas para tiempos de tribulacin

    Jos Antonio Alonso

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    alcanza el dficit corriente en este ltimo tramohistrico.

    En la explicacin del comportamiento comer-cial, aparece de nuevo el deterioro ya aludidode la competitividad-precios de la economaespaola, pero tambin y de manera muy acu-sada, el estilo de crecimiento seguido en el

    perodo. Un crecimiento basado en la demandainterna, que estuvo acompaado por unas con-diciones notablemente generosas en los merca-dos de capital, en los que rigieron bajos tipos deinters y una muy notable facilidad para el

    acceso a la financiacin (tanto nacional comointernacional). No es extrao que en esas con-diciones se estimule el consumo domstico y sealiente la inversin inmobiliaria. sta ltimatermin por convertirse, como es bien sabido,en pieza central del dinamismo de la economaespaola. El propio proceso de inversin en elsector alent una dinmica sostenida de revalo-rarizacin de la vivienda que tuvo su impactosobre el consumo, a travs del efecto riqueza. A

    su vez, el desarrollo de la construccin impulsel rpido crecimiento del empleo y, a su travs,de la demanda domstica de un contingenteampliado de poblacin ocupada. Todo, pues,confluy en un estmulo continuado del gastointerno, que alent la dinmica econmica yarrastr a las importaciones. El tipo de creci-miento puesto en marcha tuvo, sin embargo,muy poco efecto sobre aquellos factores pro-ductividad- que estimulan la capacidad expor-tadora. No es extrao, por tanto, que la resul-

    tante fuese un maysculo crecimiento del dfi-cit exterior.

    4. El ajuste

    Tan sobresaliente ha sido el desequilibrio al-canzado antes de la crisis como la celeridad conque ese desequilibrio parece corregirse una vezque la crisis se ha desatado. Ya en 2008, tras

    iniciarse los primeros sntomas de reduccindel crecimiento, el dficit externo sufre unaligera contraccin, de casi un 10%. Pero, seren 2009 cuando el ajuste se acelere, a travs deun proceso de reduccin del dficit verdadera-mente notable. De cumplirse las predicciones,en apenas doce meses se habr reducido el dfi-cit corriente a la mitad de aqul con el que secerr 2008.

    De nuevo, son diversos los factores que contri-buyen a ese comportamiento: en buena parte de

    los casos se trata de una reversin (o, cuandomenos, atenuacin) de las tendencias que hab-an animado el dficit en el perodo previo. Enconcreto, contribuye a la reduccin del dficit,en primer lugar, la manifiesta cada de la infla-cin experimentada en el ao. De acuerdo a lasestimaciones, el crecimiento de los precios

    despus de bordear los nmeros negativosarroja una tasa interanual del 0,8%. Desde una

    perspectiva comparada, esto sita a nuestra

    economa en mejores condiciones para compe-tir en el exterior, habida cuenta de la inflacindel entorno.

    En segundo lugar, aunque muy lentamente,algunas de las partidas compensatorias parecenhaber corregido su tendencia. Por ejemplo, la

    balanza de rentas, aunque mantiene su saldonegativo, lo ve reducido en el ao en cerca deun 20% como consecuencia de los bajos tipos

    de inters vigentes en los mercados. Algo pare-cido sucede con las balanzas de transferencias,que corrigen levemente la senda creciente de sudesequilibrio, acaso como consecuencia de lacada de las remesas de emigrantes en el ao.

    No contribuye, sin embargo, a la accin com-pensadora, el saldo de la balanza de serviciosque, aunque positivo, mantiene la tendencia deaos precedentes a la reduccin del saldo.

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    Sector exterior: del dficit al ajuste. Algunas enseanzas para tiempos de tribulacin

    Jos Antonio Alonso

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    Pero el cambio ms influyente, sin duda, es lasevera contraccin que ha experimentado el d-ficit comercial en el perodo. La crisis ha hecho

    que tanto las exportaciones como las importa-ciones de mercancas experimenten una fuertecontraccin en el ao, acorde con la extraordi-naria cada que tuvo el comercio mundial. Noobstante, la cada de las compras es casi eldoble que la de las ventas, cando se miden entrminos reales. Como consecuencia, el efectoconjunto es el de una recuperacin de la tasa decobertura comercial, que hace que el dficit sehaya reducido en algo ms de un 40% en el

    ao.

    En realidad, no hay nada nuevo en el compor-tamiento descrito. Las funciones de comercioestimadas para el caso espaol revelan la eleva-da sensibilidad que tanto las ventas como,sobre todo, las compras tienen a la evolucin delas capacidades de compra respectivas (interna-cional y nacional). En particular, las importa-ciones resultan altamente sensibles no slo al

    dinamismo de la demanda interna, sino tam-bin, de forma muy particular, al dinamismo dela inversin. No es extrao, por tanto, que anteuna cada del PIB y de la inversin como laexperimentada en el ao, las importacionesretrocedan de forma muy severa.

    Es cierto que en anteriores ocasiones el ajustehaba descansado tradicionalmente en unacombinacin de ajuste cambiario y de conten-

    cin del gasto. La primera de las medidas nocabe en esta ocasin, dado que Espaa carecede moneda propia. Esta carencia poda haber

    prolongado el proceso de ajuste. No obstante,la recesin internacional y espaola ha sido tansevera que ha permitido avanzar de manerasustancial y en poco tiempo en la correccindel desequilibrio. No est todava el procesoultimado y es probable que culminar el ajusterequiera algo ms de tiempo. Los bajos ritmos

    de expansin que se prevn para Espaa en losdos prximos aos ayudarn a culminar el ajus-te, pero con costes severos en trminos de cre-

    cimiento y destruccin de empleo.

    5. Algunas enseanzas

    Visto en perspectiva, el comportamiento de laeconoma espaola no se aleja de lo que cabaesperar. Es razonable suponer que en un entor-no de fuerte expansin del gasto interno, laresultante fuese un acusado incremento deldficit exterior. Al fin, este no es sino la dife-

    rencia entre la renta disponible y el gasto inter-no. Una tendencia que se haca ms esperable sicabe, si se tiene en cuenta que la economaespaola progresaba a superiores ritmos que losdel entorno la UE-, que conforma el marco desus principales clientes. Es ese diferencial, nocorregido por los precios, lo que explica enesencia la evolucin del dficit comercial ycorriente (grfico 2).

    Ahora bien, si la tendencia al dficit no resultainesperada, lo que result novedoso fue ladimensin que alcanz el desequilibrio y ellimitado impacto que tuvo sobre el crecimientoeconmico Cmo es posible que la economaespaola alcanzase un dficit externo cercanoal 10% del PIB sin que ello provocase un obli-gado y abrupto ajuste?

    La respuesta a este interrogante la encontramosen dos factores sin los cuales es imposible

    explicar el comportamiento reciente de la eco-noma espaola. El primero alude a las extraor-dinarias condiciones de laxitud en la que fun-cionaron los mercados financieros en el pero-do, en gran medida como consecuencia delexceso de liquidez vigente en los mercadosinternacionales. El segundo remite a los efectosde la integracin de Espaa en la UninMonetaria: el hecho de no tener que defenderuna moneda propia otorg a la economa espa-

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    Sector exterior: del dficit al ajuste. Algunas enseanzas para tiempos de tribulacin

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    ola unas posibilidades de endeudamiento de laque hubiese carecido en caso contrario. Uno yotro factor permitieron que la economa espa-ola hiciese una utilizacin generosa (y excesi-va) de su capacidad de acceso a la financiacininternacional (que es la otra cara del dficit co-rriente).

    Es ese limitado impacto del desequilibrio aludi-do lo que motiv que amplios sectores de laopinin econmica espaola juzgara con des-

    preocupacin la senda de progresivo abulta-miento del dficit externo. En un caso, porquese juzgaba que no comportaba problemas seriosde financiacin, en el segundo porque se consi-deraba el saldo externo como una variable pocomenos que irrelevante en el nuevo contexto de

    la Unin Monetaria. Veamos ambos argumen-tos brevemente.

    El primero de los argumentos vincula el dficitexclusivamente con el problema de su capaci-dad de financiacin. Es claro que son las res-tricciones que impone el mercado a la financia-cin de un pas en precios o en cantidades- lo

    que obliga a ste a proceder al ajuste externo.Los tipos de inters y las primas de riesgo act-an en este caso como mecanismo de ajuste obli-gado del mercado. Desde esta perspectiva, nocabe duda que la economa espaola, a lo largodel ciclo precedente, careci de problemas definanciacin. Previo a la crisis, no haba snto-ma alguno que sugiriese que existan dificulta-des para la financiacin del desequilibrio acu-

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    Sector exterior: del dficit al ajuste. Algunas enseanzas para tiempos de tribulacin

    Jos Antonio Alonso

    Grfico 2 - Diferencia de crecimiento y saldo comercial

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    mulado. Ahora es eso equivalente a decir queel dficit no era un problema?

    Cabra decir que en este caso, como en tantosotros, existe en la conexin causal una mani-fiesta asimetra lgica entre la afirmacin y sunegacin. Los problemas de financiacin inter-nacional son un sntoma claro de que se est al

    borde de la insostenibilidad del dficit; pero, laausencia de esos problemas no quiere decir quela sostenibilidad del dficit est asegurada.Mxime si se tiene en cuenta las condicionesaltamente cambiantes de los mercados finan-

    cieros internacionales y la limitada capacidadque esos mercados tienen para valorar el riesgo.

    El segundo argumento alude a la prdida derelevancia del desequilibrio externo para unaeconoma que es parte de una Unin Monetaria.La expresin ms simple de ese argumentoadopt la forma de una analoga: Espaa en elseno de la Zona Euro como Extremadura lo esen el interior de Espaa, apenas una regin en

    el seno de una entidad econmica superior. Yde igual modo que el dficit extremeo no esconsiderado por los mercados internacionales

    para computar el riesgo soberano de Espaa, eldficit espaol no altera las condiciones definanciacin que se realizan con cargo a unamoneda que representa un agregado superior.

    La analoga puede tener algo de intuitivo, peroes fundamentalmente falsa. Cuando menos por

    dos razones: en primer lugar, porque la UEcarece de una estructura de responsabilidad fis-cal solidaria como tiene un Estado; en segundolugar, porque carece al menos por ahora delos mecanismos de ajuste interregional propiosde una economa nacional.

    En suma, la UE otorg un mecanismo protectory de garanta muy valioso a la economa espa-ola para acceder a los mercados internaciona-

    les. Desde esta perspectiva, la mera inclusinen la Unin Monetaria provoc una relajacinde la restriccin de externa de la economa

    espaola. Eso es lo que explica que el dficithaya podido llegar al 10% sin demasiados pro-

    blemas para el crecimiento econmico. Perorelajar una restriccin no es lo mismo que anu-larla. La restriccin externa sigue existiendo yel endeudamiento acumulado comporta limita-ciones sobre el crecimiento futuro.

    Tener claridad sobre este fenmeno resulta cru-cial para el futuro de la economa espaola.

    Creo que la inadecuada interpretacin del dfi-cit dificult que se le otorgase la debida aten-cin durante el perodo de expansin econmi-ca. Y, ya se sabe que la mejor forma de compli-car un problema es no advertir de su existencia.

    6. El futuro

    Antes se ha aludido a la celeridad con la que seest produciendo la senda de ajuste. Semejante

    proceso debe juzgarse con tonos positivos, peroencierra un riesgo que no cabe desconocer:suponer que el dficit previo es consecuenciaexclusiva de factores macroeconmicos, aso-ciados al modelo de crecimiento anteriormentevigente. Y si no cabe duda que esos factoresmacroeconmicos influyeron en la determina-cin del dficit, existen numerosas evidenciasque sugieren que, adems, otros componentes,ms relacionados con la competitividad estruc-

    tural de la economa espaola factores micro ymeso-econmicos, han influido tambin en elprogresivo deterioro del saldo comercial.

    En efecto, si la responsabilidad del dficit seremite exclusivamente al desequilibrio entre lacapacidad de gasto (renta disponible) y la de-manda domstica efectiva, bastara con reduciresta ltima para restaurar el equilibrio. El pro-

    pio efecto de la crisis, comprimiendo el gasto,

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    Jos Antonio Alonso

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    bastara para conducir al ajuste. La propia evo-lucin de la economa espaola en estos lti-mos doce meses constituira una confirmacin

    a quienes as piensan.

    No obstante, el anterior planteamiento no tieneen cuenta que tambin es posible restablecer elequilibrio mejorando la capacidad de genera-cin de renta de una economa. Lo que compor-ta elevar de manera sostenida la productividady mejorar la composicin y condiciones com-

    petitivas de la oferta exportadora, desplazndo-la hacia mercados y productos ms dinmicos.

    La anterior observacin es pertinente, si se tie-ne en cuenta que en el caso espaol es mucholo que cabe hacer para mejorar tanto la compo-sicin de mercados como la composicin de

    productos de la exportacin.

    Por lo que se refiere al destino de las ventas,parece necesario avanzar en la diversificacinde mercados (aspecto en el que se ha progresa-do, pero todava muy lentamente) y mejorar la

    presencia en los mercados dinmicos de Asia.Los niveles de concentracin de las ventas entorno a los mercados de la UE resultan a todasluces excesivos, especialmente si se tiene encuenta que se trata de mercados consolidados,

    pero limitadamente dinmicos. Por lo que serefiere a la composicin de los productos, tam-

    bin parece necesario alentar el cambio, enconsonancia con la nueva estructura de costesque caracteriza a la economa espaola, y res-

    paldar un desplazamiento hacia gamas de losproductos tecnolgicamente superiores y quepermitan unas prcticas ms activas de seg-mentacin de la demanda. Lo que lleva apare-

    jado empresas con mayores dotaciones tecnol-gicas y con una mayor capacidad de manejo delas herramientas del marketing.

    En suma, ms all del efecto que la recesintenga sobre el ajuste externo, es necesario me-

    jorar la competitividad de la economa, que esuna de las vas para relajar la restriccin exter-na al crecimiento. Avanzar en ese campo supo-ne estrategias de medio plazo, en las que losaspectos educativos y de formacin de losrecursos humanos, de reforma del mercadolaboral y de impulso del progreso tecnolgicodeben ocupar un papel central. Sera una lsti-ma que el ajuste obligado por la recesin oscu-reciese la necesidad de esos cambios cuyoimpacto veremos en horizontes ms dilatadosde tiempo.

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    Jos Antonio Alonso

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    Impacto de la crisis

    en los ingresostributarios,consolidacin fiscaly medidas tributariasJess Gascn CatalnDirector General de Tributos

    Resumen: La presin fiscal cay en2008 del 37,1% al 33,09% del PIB acausa de las medidas de estmulo y eldescenso de la actividad econmica. Laevolucin de la recaudacin tributaria en2009 ha vuelto a provocar la cada de la

    presin fiscal.

    En estos momentos la prioridad es laconsolidacin de las finanzas pblicas yhay que analizar qu margen existe enlos diferentes tributos para incrementarla recaudacin sin comprometer la recu-

    peracin econmica y mejorar la estruc-tura y competitividad de nuestro sistema

    tributario teniendo en cuenta las tenden-cias internacionales.

    En el IRPF hay que replantearse la exis-tencia de incentivos fiscales que se hanmostrado ineficientes.

    En el IVA y los IIEE la tributacin enEspaa es inferior a la media europea,

    cuestin a analizar en un momento comoel actual.

    En el IS es preferible un modelo deimpuesto sencillo con tipos bajos a untributo con tipos nominales altos y pla-gado de reglas especiales y excepciones

    para reducir los tipos medios efectivos.

    PALABRAS CLAVE: Presin fiscal, Ingresostributarios, Consolidacin fiscal, IRPF, IVA,Impuestos Especiales, Impuesto sobre Socie-dades

    Al inicio del ao se pudo constar que la crisisestaba produciendo una cada sin precedentesde la presin fiscal que pas del 37,1% en 2007al 33,09% en 2008, segn datos del Avance dela actuacin econmica y financiera de lasAdministraciones Pblicas en 2008 de laIntervencin General de la Administracin delEstado.

    Comparando los ingresos tributarios de 2008

    con los de 2007, en trminos de caja, la cadafue de 35.000 millones, de los cuales 27.223millones de euros correspondieron a impuestosgestionados por la Agencia Tributaria -segn elInforme mensual de recaudacin tributaria dediciembre de 2008 publicado por dichaAgencia-1. De ellos, 20.740 millones de euros

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    Impacto de la crisis en los ingresos tributarios, consolidacin fiscal y medidas tributarias

    Jess Gascn Cataln

    Revisin del artculo publicado en el n 123 (extraordinario) de la revista Economistas: Espaa 2009. Un balance. Marzo de 2010.Edita: Colegio de Economistas de Madrid.

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    se explican tanto por reducciones de impuestoscomo por diferimientos en su pago2, mientrasque los 6.473 millones restantes son conse-

    cuencia directa de la menor recaudacin oca-sionada por la crisis3. Por lo que se refiere a lostributos gestionados por las restantes Ad-ministraciones Pblicas (Haciendas Forales,Comunidades Autnomas de Rgimen Comn,Entidades Locales) la cada se estima en casi8.000 millones de euros4.

    Y en 2009 la evolucin de los ingresos ha se-guido siendo muy negativa. Segn el Informe

    mensual de recaudacin tributaria de diciem-bre, la cada ha sido del 17% por lo que serefiere a los tributos gestionados por la AgenciaTributaria. Es decir, la recaudacin tributaria,tambin en 2009, ha tenido claramente unaevolucin ms negativa que el PIB, por lo quees previsible una nueva cada de la presin fis-cal en 2009, que puede situarse cerca del 30%(30,4%, segn las primeras estimaciones).

    Al descenso en la recaudacin, como ya se haadelantado, han contribuido indudablementelas medidas anticrisis adoptadas con la finali-dad de estimular el consumo y la inversin y deesa manera tratar de frenar la cada del PIB.

    Para fomentar el consumo se intentaron frmu-las diversas en los diferentes pases: devolucio-nes de impuestos a los ciudadanos (EEUU),reducciones de la tarifa del impuesto sobre la

    renta dirigidas a los tramos ms bajos de la tari-fa y, en consecuencia, los de mayor propensinal consumo (Francia), disminucin del tipogeneral del IVA (Reino Unido). En Espaa, seopt por una deduccin general de 400 euros

    para los perceptores de rendimientos del traba-jo o de actividades econmicas con efectos enlas retenciones y los pagos fraccionados (RealDecreto-ley 2/2008). Todo ello en un momentoen el que los tipos de inters, el precio del

    petrleo y sus derivados y la inflacin en gene-ral estaban muy altos. Tambin respondi a estaestrategia de incrementar la renta disponible de

    las familias la supresin del gravamen delImpuesto sobre el Patrimonio (Ley 4/2008).

    Ms de un ao despus sabemos qu ha sucedi-do despus de adoptar estas medidas, pero noqu hubiera pasado sin ellas. Probablemente laevolucin del consumo hubiera sido peor, perolo que es evidente es que no se consigui evitarel desplome del consumo y la consiguiente ca-da del PIB. Los datos son elocuentes, en Espa-

    a la renta disponible en manos de las familiasha aumentado como consecuencia de las medi-da de estmulo, pero esa mayor renta no se hacanalizado al consumo sino al ahorro, tanto esas que la tasa de ahorro se sita en 2009 en el18,9% de la renta disponible, cuando en losaos anteriores no llegaba al 10%5.

    Desde el punto de vista sociolgico la explica-cin es obvia, ante las incertidumbres que pro-

    duce la crisis, los ciudadanos prefieren ahorrar.Este comportamiento, que ha representado un

    problema a la hora de intentar minimizar losefectos y profundidad de la crisis, puede sermuy til para la recuperacin econmica, cuan-do este ahorro superior al habitual se conviertaen mayor consumo en el momento en que las

    perspectivas econmicas sean mejores y serecupere la confianza de los ciudadanos en laeconoma.

    Tambin se adoptaron medidas en los diferen-tes pases para favorecer la inversin empresa-rial: mtodos acelerados de amortizacin,incentivos en sectores estratgicos. Espaa noha sido una excepcin y se estableci libertadde amortizacin para los activos fijos nuevosque entrasen en funcionamiento en 2009 y2010 siempre que la sociedad o el empresarioindividual mantuviesen empleo (Ley 4/2008).

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    Jess Gascn Cataln

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    Sin embargo, no por ello se pudo evitar la cadade la inversin.

    Todos estos esfuerzos que, como ya se haexpuesto, no han impedido el desplome de larecaudacin y una cada sin precedentes de la

    presin fiscal, han coincidido en el tiempo conun fuerte crecimiento del gasto pblico a causade los estabilizadores automticos6 y los planesde estmulo.

    Como consecuencia de todo ello, al inicio de2010 la prioridad es asegurar la sostenibilidad

    de las finanzas pblicas, puesto que hay queafrontar un fuerte incremento del gasto no dis-crecional y, adems, el dficit pblico debe serreconducido en cumplimiento de nuestros com-

    promisos con el Pacto de Estabilidad.

    En este contexto, es inevitable hablar de subi-das de impuestos. Adems, las reduccionesimpositivas que se puedan acordar, o son muyselectivas, o necesariamente, van a tener que ir

    acompaadas de incrementos en otras figurastributarias. Y los posibles incrementos habrnde realizarse de la forma menos perjudicial

    posible para no afectar a la recuperacin y lavuelta al crecimiento econmico continuado.De igual forma, las nuevas medidas fiscalesdeben favorecer la competitividad de nuestraeconoma y contribuir a mejorar la estructurade nuestro sistema tributario y su alineacincon las tendencias internacionales.

    En el corto plazo la necesidad imperiosa deconsolidacin de las finanzas pblicas est exi-giendo la adopcin de medidas de fuerteimpacto en los ingresos pblicos, lo que, nece-sariamente obliga a fijarse en las figuras tribu-tarias con mayor potencial recaudatorio, esdecir en el IRPF y en el IVA, sin renunciar aexaminar el margen existente en los otros gran-des tributos de nuestro sistema impositivo, los

    IIEE y el IS. Todo ello sin olvidar los aspectosno estrictamente recaudatorios que se acabande comentar: impacto en trminos de competi-

    tividad, racionalizacin de la estructura del sis-tema tributario y tendencias internacionales.

    Comenzando por el IRPF, no parece oportunooperar sobre la tarifa general. A estos efectoscabe recordar que los tipos marginales han idodescendiendo en Espaa con independencia delsigno poltico del partido en el Gobierno desdeel 56% de la transicin al 43% actual. Adems,el marginal actual est en lnea con el de los

    grandes pases europeos y el tramo al que seaplica comienza a aplicarse relativamente pron-to en nuestro pas (53.407,20 euros). Algunos

    pases se han optado por incrementar sus tiposmarginales con la finalidad de obtener recursosadicionales en un momento de cada de losingresos, pero no parece que esta sea la tenden-cia internacional, al menos cuando el tipo mar-ginal empieza a aplicarse a rentas de poco msde 53.000 euros como sucede en Espaa.

    Por otra parte, la estructura dual del impuestoparece difcilmente reversible (lo que no quieredecir que no se puedan plantear ajustes como lasubida de un punto en 2010 del 18 al 19%,con un tipo incrementado del 21% a partir de6.000 euros de renta para las cantidades queexcedan de dicho lmite), ya que da homoge-neidad al tratamiento de las rentas del ahorro,simplifica el impuesto y est en lnea con una

    tendencia internacional muy clara. En mi opi-nin tambin nos indica la direccin en la queva a ir el impuesto en el futuro porque no pare-ce que la renta del ahorro pueda tributar al 18%(o al 15 o al 21%, eso es lo de menos) y que eltipo marginal aplicable a la base imponiblegeneral pueda ser dos o tres veces superior.

    El margen ms importante que tenemos en elIRPF para incrementar la recaudacin est, sin

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    Impacto de la crisis en los ingresos tributarios, consolidacin fiscal y medidas tributarias

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    duda, en los beneficios fiscales, cuyo costerecaudatorio es elevadsimo (un 40% de la re-caudacin potencial del impuesto) y que, en

    ocasiones, no est nada claro que cumplan losfines para los que se crearon. La deduccin porinversin en vivienda es un buen ejemplo y lle-vaba tiempo sealada por los organismos inter-nacionales y los expertos como un incentivofiscal contraproducente que estaba contribu-yendo, con otros factores, a crear una burbujainmobiliaria y a impedir que se desarrollasencon xito otras polticas pblicas en materia devivienda. En la futura Ley de Economa

    Sostenible est prevista su reformulacin a par-tir de 2011, para dotarla de progresividad eimpulsar los incentivos al alquiler.

    Tambin es coherente la supresin en 2010,salvo para las rentas ms bajas, de la deduccinde 400 euros para los asalariados y pensionistasy para quienes realizan actividades econmi-cas, una vez que han desaparecido las causasque motivaron su establecimiento (eurbor,

    inflacin y precio del petrleo y sus derivadosmuy altos).

    No tiene ningn sentido mantener beneficiosfiscales que se han convertido en ineficientes,con un elevadsimo coste recaudatorio, dando

    por bueno lo que ya existe por el mero hecho deque sea ms cmodo no cuestionarse los incen-tivos consolidados.

    En cualquier caso, no se puede decir que todoslos incentivos sobren, ni mucho menos; algu-nos es posible que estn de ms o deban redefi-nirse, pero otros, seguramente, estn bien comoestn y es razonable pensar, incluso, que algu-nos se deban potenciar. En definitiva, se tratade ser ms crticos porque el Presupuesto deBeneficios Fiscales para 2010 es de 47.000millones de euros para el Estado (no solo es un

    problema en el IRPF) y eso representa ms de

    lo que va a recaudar el Estado por cualquiera delos grandes tributos, descontada la participa-cin de las Comunidades Autnomas.

    Al hablar del IRPF tampoco podemos olvidar-nos de que el impuesto cada vez ms se va per-filando como un tributo con un tronco comn ydos ramas paralelas: la estatal y la autonmica.Esta bifurcacin del impuesto a partir de untronco comn parece irreversible y, adems, enla reciente reforma del sistema de financiacinautonmica se amplan las competencias nor-mativas de las Comunidades Autnomas. El

    reto es conseguir que ello no implique mscomplejidad para los ciudadanos y, en especial,que los servicios de informacin y asistenciaque presta la Agencia Tributaria, y que hacenmucho ms fcil el cumplimiento voluntariodel impuesto, se puedan mantener y potenciar.

    Y hay asuntos que habr que afrontar en algnmomento, como los regmenes objetivos de tri-

    butacin, que han cumplido una misin impor-

    tante en el IRPF, pero que en los prximosaos, si existiera consenso para ello, se podranreplantear.

    Cabe destacar que la supresin parcial de ladeduccin de los 400 euros y el incremento dela tributacin de la renta del ahorro, en la medi-da en la que afectan al sistema de retenciones,

    producirn efectos recaudatorios inmediatos en2010, debiendo contribuir, junto con la poltica

    de contencin del gasto, al paulatino sanea-miento de las cuentas pblicas. Adems, elIRPF, en un contexto de crecimiento econmi-co y con una tasa de desempleo moderada,tiene un alto potencial recaudatorio como se hademostrado en los aos anteriores7, y las medi-das comentadas, en particular las consistentesen la reconsideracin de incentivos fiscales

    poco eficientes, no deberan, en absoluto, mer-mar su capacidad futura para incrementar los

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    Impacto de la crisis en los ingresos tributarios, consolidacin fiscal y medidas tributarias

    Jess Gascn Cataln

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    ingresos pblicos y de esta forma proporcionarmargen al Estado para utilizar la poltica tribu-taria como instrumento proactivo de la polticaeconmica que se considere ms convenienteen cada momento, superando con ello la situa-cin vivida en los ltimos meses en los que lasmedidas fiscales, en Espaa y en el mundo, hansido ms bien reactivas ante la gravedad de lacrisis y sus efectos.

    Pasemos ahora a analizar la situacin en losimpuestos indirectos. En primer lugar, hay que

    recordar que el IVA y los Impuestos Especialesson tributos armonizados en la Unin Europea,por lo que responden a un patrn comn en losveintisiete pases y los incentivos fiscales, eincluso los tipos impositivos, no se pueden fijarlibremente por los Estados Miembros, sin per-

    juicio de que exista cierto margen para losEstados dentro de los lmites que establece lanormativa comunitaria.

    En los Impuestos Especiales estamos en labanda baja de aplicacin de los tipos impositi-vos que permite la armonizacin europea entodos ellos. Solo los nuevos socios del este deEuropa aplican impuestos ms reducidos quenosotros8. La tendencia futura va a ser al alza

    por muy diversos factores: las necesidadesrecaudatorias, la potenciacin del papel medio-ambiental o de proteccin de la salud de estostributos y la subida de los mnimos de tributa-

    cin que previsiblemente se producir en laUnin Europea en los prximos aos. No obs-tante, hay claras diferencias entre unos impues-tos y otros y, pensando en el futuro, el Impuestosobre las Labores del Tabaco y el Impuestosobre Hidrocarburos son los principales candi-datos en Europa a eventuales subidas, como ha

    podido verse en Espaa en la primavera de2009 (Real Decreto-ley 8/2009).

    Interesa destacar la previsible presentacin en2010, durante la Presidencia Espaola de laUnin Europea, por la Comisin de un proyec-

    to de Directiva sobre la tributacin de los pro-ductos energticos que puede suponer unareformulacin de los impuestos especiales quegravan la energa para potenciar su carctermedioambiental, de tal forma que se grave nosolo el componente energtico de los diferentes

    productos sino tambin las emisiones que pro-ducen de gases con efecto invernadero. Laarmonizacin en este punto es esencial paraque una eventual mayor tributacin futura con

    el objetivo de fomentar el ahorro y la eficienciaenergtica no afecte a la competitividad de lasempresas de cada Estado.

    Por lo que se refiere al IVA, Espaa aplica untipo general del 16%, el ms bajo de la UninEuropea9, excepto Luxemburgo y Chipre queaplican el 15%. A ttulo de ejemplo, Franciaaplica el 19,6%, Alemania el 19% y el ReinoUnido el 17,5 (transitoriamente aplic el 15%

    pero en 2010 ha vuelto al tipo del 17,5%). Porotra parte, Espaa ha hecho un uso muy inten-so de las posibilidades que permiten lasDirectivas para aplicar tipos reducidos. Tantoes as que la mayor parte de la base imponibleque grava las operaciones realizadas para con-sumidores finales (destinatarios sin derecho ala deduccin) tributa a tipos reducidos en nues-tro pas, siendo Espaa el Estado con menos

    base gravada al tipo general de toda la Unin

    Europea.

    Por tanto, nuestro tipo general es bajo en trmi-nos europeos, lo que avala su subida del 16 al18% mediante la Ley de Presupuestos para2010, pero, adems, es imprescindible incre-mentar tambin el tipo reducido, en este caso,del 7 al 8%, para asegurar la capacidad recau-datoria de la medida. A este respecto, existeconsenso general sobre la escasa incidencia de

    Nmero 3 - Abril 201040

    Impacto de la crisis en los ingresos tributarios, consolidacin fiscal y medidas tributarias

    Jess Gascn Cataln

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    los incrementos impositivos en el IVA en lacompetitividad, aspecto muy a tener en cuentaen una coyuntura como la actual.

    Por otra parte, no podemos olvidarnos del efec-to que las subidas del IVA produc