C URZÚA ABURTO HISTORIA 396 LA IMAGEN TURÍSTICA DE LA …

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Untitled/ 563 LA IMAGEN TURÍSTICA DE LA PROVINCIA DE ACONCAGUA.
UNA MIRADA HISTÓRICA DESDE LA REVISTA “EN VIAJE”, 1933-1973 CRISTIAN URZÚA ABURTO
Historia 396, Valparaíso v. 7, n. 2, p. 563-595, jul-dic. 2017
LA IMAGEN TURÍSTICA DE LA PROVINCIA DE ACONCAGUA. UNA MIRADA HISTÓRICA DESDE LA REVISTA “EN VIAJE”, 1933-1973 THE TOURIST IMAGE OF THE ACONCAGUA PROVINCE. AN
HISTORICAL ANALYSIS FROM THE “EN VIAJE” MAGAZINE,
1933-1973
[email protected]
Resumen
Esta investigación tiene como objetivo analizar la imagen tu- rística de la Provincia de Aconcagua a través de la informa- ción textual y visual publicada en la Revista “En Viaje” entre 1933 y 1973. Con la emergencia de la industria del turismo en Chile, dirigida por el Estado y los empresarios, se creará una representación particular del territorio para cautivar al turista nacional y extranjero. Editores, periodistas, escritores y fotó- grafos, construirán una imagen atractiva de las provincias, promoviendo sus atributos naturales, históricos y culturales. Del análisis de los reportajes e ilustraciones, se evidencia un conjunto de atractivos turísticos vinculados a balnearios cos- teros, aguas termales, canchas de esquí y pueblos coloniales de la Provincia de Aconcagua, que convergen hacía una re- presentación turística global. Se propone que esta imagen es construída en base a contextos históricos y socioculturales, estrategias de desarrollo económico y una concepción políti- ca que fomenta la identidad nacional.
Palabras clave: Imagen Turística, revista En Viaje, Provincia de Aconcagua, Historia del turismo.
HISTORIA 396 ISSN 0719-0719
E- ISSN 0719-7969 Nº 2 - 2017 [563-595]
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Historia 396, Valparaíso v. 7, n. 2, p. 563-595, jul-dic. 2017
Abstract
This research aims to analyse the tourist image of the Acon- cagua Province through the textual and visual information pu- blished in “En Viaje” magazine between 1933 and 1973. With the emergence of the industry of tourism in Chile, directed by the State and entrepreneurs, a particular representation of the territory will be created to captivate local and foreign tourists. Editors, journalists, writers and photographers, will build an attractive image of the provinces, promoting its natural, histo- rical and cultural attributes. From this analysis of the reports and illustrations, there is evidence of a set of tourist attractions linked to coastal resorts, hot springs, ski slopes and colonial towns of the Aconcagua Province, which converge toward a global tourist representation. It is proposed that this image is built on the basis of historical and sociocultural contexts, economic development strategies and a political conception which promotes national identity.
Keywords: Tourist Image, En Viaje Magazine, Aconcagua Pro- vince, History of Tourism.
INTRODUCCIÓN
“La nieve cubre las crestas de la montaña y refleja los rayos
del sol naciente. La colosal y ciclópea estructura de granito
presenta extrañas coloraciones: ya es una masa rojiza, ya un
conjunto de formas calcaréas, ora un macizo de piedra vio-
lácea, ora un grupo de rocas negras. Arriba, muy arriba, los
“penitentes de la nieve” semejan una extraña procesión de
fantasmas, amplificada por su propia sombra. Y dominándolo
todo se alza el Aconcagua, torreón de la eternidad, campanilo
titánico desde el cual el hombre, inquieto microcosmos, pre-
tende sorprender los secretos de Dios (...)”1.
El fomento del turismo en Chile se enmarca en lo que desde la década de 1930
se llamó el “Estado empresario”, constituido por efecto de la gran crisis bur-
sátil que reemplazó al antiguo liberalismo económico. Esta política “incluyó
restricciones a la importación y a la libre adquisición de divisas, facilidades
crediticias para los productores orientados hacia el mercado nacional, un reno-
vado estímulo a las obras públicas y la construcción, y el aumento de la tributa-
1 Cáceres, Alfredo, “De Santiago a Mendoza en Automóvil”. En Viaje. No 186. Abril de 1949. p. 48.
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ción impuesta a la gran minería del cobre”2. Con la creación de la Corporación
de Fomento de la Producción (CORFO), el nuevo paradigma económico tuvo
un fuerte impacto en la promoción del turismo, que se comenzaba a constituir
en una emergente rama productiva impulsada por el Estado. La CORFO creó
un Fondo de Turismo que tenía por objeto poner en valor las condiciones na-
turales del país promoviendo la visita de turistas extranjeros para el ingreso
de divisas. Incluía la creación de un Comité de Turismo, encargado de llevar a
cabo el programa, con actividades de propaganda, créditos para la construc-
ción de hoteles, mejoramiento de caminos, capacitación de personal de hote-
les y guías, y conservación de parques naturales, entre otros temas de interés3.
La institucionalización del turismo fue un factor relevante para la creación de
estrategias de fomento para los distintos agentes que lo integraban, tanto a ni-
vel privado como público. Uno de los primeros hitos fue la fundación de la So-
ciedad Nacional de Turismo en 1917, cuyo objetivo principal fue el desarrollo
de la hotelería. En 1930 se crea la Asociación Chilena de Hoteles, Restaurantes
y Similares, con sede en Santiago. El primer paso del Estado fue la creación
de la Sección de Turismo en el Ministerio de Fomento en 1929 con la Ley No
4585, cuyo objetivo principal fue dar a conocer en el extranjero los atractivos
nacionales. Todos estos esfuerzos se consolidan en 1934 cuando se realiza el
Primer Congreso Nacional de Turismo en Chile4.
En este contexto, la difusión del turismo fue implementada por la sección de
“Propaganda y Turismo” de Ferrocarriles del Estado en la década de 1930. La
vocación turística de ferrocarriles se manifestó en la creación de empresas
hoteleras y “paquetes turísticos” de transporte y alojamiento por medio de
los “boletos combinados”. Para promocionar los destinos turísticos, la propia
empresa editó anualmente una Guía del Veraneante, Guía de Pesca, Guía de
Esquí, Guía de Termas y la revista mensual En Viaje.
La revista En Viaje, publicada entre 1933 y 1973, fue una edición miscelánea
que buscaba informar y entretener al viajero mientras realizaba viajes en tren,
constituyéndose en el principal órgano de difusión del turismo nacional. La
2 Salazar, Gabriel y Pinto, Julio, Historia contemporánea de Chile. Tomo III. La economía:
mercado, empresarios y trabajadores. Santiago de Chile, LOM Ediciones, 2003, pp. 80-81. 3 Ortega, Luis (coord.), Corporación de Fomento de la Producción: 50 años de realizaciones,
1939-1989. Santiago, USACH-Facultad de Humanidades, Depto. de Historia, 1989, pp. 103-104.
4 Barros, Álvaro, “Historia del Turismo en Chile”. Cuadernos Turísticos. Serie Boletín Técnico No 6. Servicio Nacional de Turismo. Chile.1987. Para consultar una historia del turismo en Chile: Canihuante, Gabriel, Turismo en Chile: Paisajes y culturas del pasado,
presente y futuro. La Serena, Editorial del Norte-Ilustre Municipalidad de La Serena, 2006.
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revista es una fuente privilegiada para estudiar la historia del turismo en Chile,
tanto por la regularidad de su edición como por la calidad de la información
que contiene. En Viaje se empapa del espíritu de una época, es testigo y prota-
gonista del periodo del Estado de Bienestar, del corporativismo, desarrollismo
y populismo, registrando en sus páginas los sucesos nacionales e internacio-
nales, para finalmente terminar con este periodo de la historia en 1973.
El propósito de esta investigación es analizar en perspectiva histórica la imagen
turística de la Provincia de Aconcagua5 a través de la imagen textual (reportajes,
editoriales, relatos) e iconográfica (fotografías, publicidad, cartografía) apareci-
da en la revista En Viaje entre 1933 y 1973. De los 470 números de la revista se
analizaron 58 referencias vinculadas a los atractivos turísticos de la provincia.
Aquellos reportajes exclusivamente dedicados a un espacio turístico se siste-
matizaron en un cuadro con el fin de agrupar y jerarquizar los elementos refe-
renciados. Asimismo, se seleccionaron algunas fuentes iconográficas represen-
tativas que acompañan los reportajes y que enfatizan las ideas expuestas por
los escritores. De este modo, se puede apreciar que de la interacción entre texto
e imagen se construye una unidad discursiva que buscaba reforzar los atributos
de un destino para impactar en el lector y persuadirlo a viajar.
La hipótesis a desarrollar señala que la imagen turística proyectada por En
Viaje sobre la Provincia de Aconcagua expresa la idea de un país moderno y
progresista, cuyos atractivos turísticos eran representados bajo paradigmas
europeos. Pero al mismo tiempo, valiéndose de los recursos y narrativas pro-
vinciales, los proyectaba como parte de una identidad nacional que buscaba
consolidar una imagen-país. La imagen construye, jerarquiza y ordena espa-
cios turísticos, instaurando lógicas simbólicas en torno a los atractivos cultu-
rales y naturales de la provincia. Este constructo es parte de una estrategia
5 La histórica Provincia de Aconcagua fue creada por Ley el 30 de agosto de 1826 con Capital en San Felipe, limitando al Norte con el Río Choapa, al sur por la Provincia de Santiago, al este por la cordillera de los Andes y al oeste del Océano Pacífico. Con la creación del Departamento de Valparaíso el 27 de octubre de 1842, les fueron cercenados los departamentos de Quillota, Valparaíso y Casablanca. En 1929 se volvió a la antigua división territorial, pero con capital en Valparaíso, corriéndose su límite un poco más al sur del río Choapa. El 18 de noviembre de 1936 se separó de nuevo la provincia de Valparaíso de la de Aconcagua (esta última integrada por los Departamentos de San Felipe, Petorca y Los Andes), que volvió a mantener la capital en San Felipe. Bañados, Guillermo, La
antigua y la nueva Provincia de Aconcagua (Apuntes geográficos). Santiago, Editorial Agrícola, 1938. En 1975 se inicia el proceso de regionalización constituyéndose la Región de Valparaíso, de modo que los tres departamentos de la Provincia de Aconcagua se unen al Departamento de San Antonio y la Provincia de Valparaíso, con capital asentada en la ciudad de Valparaíso.
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productiva dirigida por el Estado con el fin de hacer competitivo al país en la
joven industria turística latinoamericana.
La investigación sistematiza cuatro imágenes arquetípicas de la Provincia de
Aconcagua, distribuida en los balnearios costeros de Papudo, Zapallar y Quin-
tero, las Termas de Jahuel, el centro de esquí de Portillo y los pueblos aconca-
güinos, atractivos que dan forma a una imagen turística global de Aconcagua.
HISTORIOGRAFÍA, TURISMO E IMAGEN TURÍSTICA
Con la aparición y expansión del turismo como una actividad económica con-
creta y luego como disciplina académica, se va estableciendo una necesidad
de estudios históricos que ayuden a comprender la conformación y desarrollo
de este fenómeno. Boyer ha puesto énfasis en que el estudio del turismo “tie-
ne sentido”, pues es un fenómeno independiente y distintivo a otros tipos de
viaje; además, indica que el turismo aunque tiene sus antecedentes en el siglo
XVI, es una invención de la “civilización industrial”6. La historia del turismo
inicialmente no concitó un interés entre los historiadores; sin embargo, por su
importancia a principios del siglo XXI, una trayectoria de más de tres siglos
y una diversidad temática con problemáticas propias, “se presenta como un
campo lleno de oportunidades para el análisis histórico, aunque también es-
trechamente vinculado a los grandes temas relacionados con la disciplina”7.
Desde esta incitación a historiar la trayectoria del turismo y sus diversas acti-
vidades, como los balnearios, aguas termales o el “Grand Tour”, surgen en-
foques y problemáticas específicas a este tipo de estudios8. Towner y Wall,
revisando la abundante contribución de la historiografía norteamericana y eu-
ropea, indican que la investigación europea, especialmente británica, se ha
ocupado del estudio de los complejos turísticos, mientras que los investigado-
res norteamericanos han puesto su atención en los parques y zonas silvestres9.
6 Boyer, Marc, “El turismo en Europa, de la edad moderna al siglo XX”. Historia
Contemporánea. No 25. 2002. 7 Walton, John K., “Aproximación a la historia del turismo en el Reino Unido, Siglos XVIII-
XX”. Historia Contemporánea. No 25. 2002. p. 67-68. 8 De la abundante bibliografía en esta temática consultar entre otros: Towner, John, “The
Grand Tour. A key phase in the History of Tourism”. Annals of Tourism Research. Vol. 12. 1985; Jarrassé, Dominique, “La importancia del termalismo en el nacimiento y desarrollo del turismo en Europa en el siglo XIX”. Historia Contemporánea. No 25. 2002; Larrinaga, Carlos, “De las playas frías a las playas templadas: la popularización del turismo de ola en España en el siglo XX”. Cuadernos de Historia Contemporánea. Vol. 37. 2015.
9 Towner, John y Wall, Geoffrey, “History and tourism”. Annals of Tourism Research. Vol. 18. 1991.
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A nivel latinoamericano se han realizado investigaciones diversas con enfoque
en los procesos de democratización del turismo, la construcción de una mirada
turística y las diversas concepciones acerca de este fenómeno10. En el Caribe
han predominado los estudios sobre sus implicaciones económicas, políticas y
sociales, desde la perspectiva de género y la sexualidad, las relaciones sociales
derivadas del encuentro turístico, su dimensión simbólica y/o imaginaria, y la
relación histórica entre el turismo y el poder imperial11.
Con respecto al estudio de la imagen turística, se han realizado diversas in-
vestigaciones a través del análisis de soportes de difusión de la información
turística como revistas, postales o guías de viaje. Shaffer, en el contexto de la
emergencia del turismo estadounidense entre 1880 y 1940, analiza como la
interacción con el paisaje fue definiendo un carácter nacional, entre otros fac-
tores, a través de guías de viaje, publicidad y recuerdos12. En España, se han
examinado los temas y factores existentes en la construcción de una imagen
turística de Andalucía y Valencia a partir de la imagen textual y/o gráfica de las
guías de viaje13. Troncoso y Louis han estudiado cómo se configura la Argen-
tina turística a través de sus paisajes naturales y culturales con la lectura de la
revista Visión de Argentina en el contexto del primer gobierno peronista14. Sil-
vestri ha hecho lo propio, indagado en la construcción de la imagen nacional
del país trasandino a través del análisis de postales15. Hernández por su lado,
ha realizado un estudio teórico y metodológico de la mirada turística a través
de la imagen paisajística de la postal como soporte visual16.
En Chile, en la primera mitad del siglo XX, Booth ha observado como el turis-
mo fue construyendo una nueva mirada sobre el Sur de Chile, realzando los
10 Pastoriza, Elisa y Piglia, Melina (coord.), “Dossier: El Turismo como campo de reflexión (indagación) histórica: políticas públicas, prácticas y representaciones”. Registros. Mar del Plata. No 9. 2012.
11 Deavila Pertuz, Orlando. “Las otras caras del paraíso: veinte años en la historiografía del turismo en el Caribe, 1993-2013”. Memorias. No 23. 2014.
12 Shaffer, Marguerite S., See America First: Tourism and National identity, 1880-1940. Washington D.C., Smithsonian Institution Press, 2001.
13 Hijano del Río, Manuel et al., “La imagen de Andalucía en las guías turísticas”. Dos siglos
de imagen de Andalucía. Centro de Estudios Andaluces. Sevilla. 2006. Obiol, Emilio, “Las Guías de Valencia (1840-1930). Notas para un análisis turístico”. Cuadernos de Geografía. Valencia. 65-66. 1999.
14 Troncoso, Claudia y Louis, Carla, ““Conocer la patria es un deber”: Promoción Turística en las páginas de visión de Argentina (1950)”. Revista GEOUSP - Espaço e Tempo. Nº 17. 2005.
15 Silvestri, Graciela, “Postales argentinas”. Altamirano, Carlos (ed.). La Argentina en el
siglo XX. Buenos Aires. Ariel. 1999. 16 Hernández, Facundo Martín, “El estudio social del paisaje a través de la “postal turística””.
Rev. Univ. Geogr. Bahia Blanca. V. 25. No 2. 2016.
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valores estéticos de la naturaleza y representando este paisaje como la “Suiza
chilena”17. Por su parte, González analiza el cambio de la imagen del Norte
Grande a mediados del siglo XX, inicialmente concebida como un despoblado
infértil que posteriormente se transforma en un atractivo turístico que realza
el paisaje precordillerano y costero junto al valor de sus yacimientos arqueo-
lógicos18. Errázuriz ha estudiado la imagen turística de la ciudad de Santiago
considerando el material gráfico producido con fines turísticos como folletos,
planos, mapas y guías entregados por el Servicio Nacional de Turismo, las
municipalidades y los principales hoteles de la capital19. Desde otro foco, un
equipo de arquitectos ha analizado la difusión turística a partir de la infraes-
tructura visualizada en las guías y revistas de viaje20.
Pese a este acervo bibliográfico, abordar el estudio de la imagen turística en un
marco temporal amplio, de larga duración, permite observar su construcción
vinculada a contextos económicos –fomento del turismo como estrategia de
desarrollo– y políticos –fomento de la identidad nacional para la consolidación
del Estado–; aspectos que se relacionan a su vez con un contexto geográfico y
sociocultural provincial, que dan finalmente forma a una imagen turística global.
PERSPECTIVAS TEÓRICAS: IMÁGENES Y REPRESENTACIONES TURÍSTICAS
PARA LA CONSTRUCCIÓN DE UNA IDENTIDAD NACIONAL
El estudio de la imagen turística, tanto emitida como percibida, ha sido un im-
portante foco de discusión teórica en la disciplina turística, ya que la imagen o
“marca” de un destino es un factor elemental para promover un lugar. Se han
sugerido variadas metodologías y estudios para el conocimiento de la imagen
de los destinos turísticos a partir de enfoques cuantitativos, cualitativos y mix-
tos21. Para este estudio se realizará un enfoque cualitativo a partir de lo que se
17 Booth, Rodrigo, “El paisaje aquí tiene un encanto fresco y poético”. Las bellezas del sur de Chile y la construcción de la nación turística”. Revista de Historia Iberoamericana. Vol. 3. No 1. 2010. Del mismo autor: Booth, Rodrigo, “Turismo y representación del paisaje: una mirada a la ‘invención’ del sur de Chile en la Guía del Veraneante (1932-1962)”. Nuevo Mundo Mundos Nuevos. 2008.
18 González, José Antonio, “Geografía del desierto y turismo de la naturaleza. La Revista En Viaje y la mirada sobre el paisaje nortino: 1945-1966”. Revista de Geografía Norte
Grande. Santiago. No 54. 2013. 19 Errázuriz, Tomás, “Tras la Imagen del Santiago turístico”. Revista Eure. Vol. XXXIV. No
102. 2008. 20 Cortés, Macarena et al., Turismo y arquitectura moderna en Chile. Guías y revistas en la
construcción de destinos turísticos – (1933-1962). Santiago, ARQ Ediciones Escuela de Arquitectura, Pontifica Universidad Católica de Chile, 2014. stica que se planea estudiar. anamagen es posible desarrollar una de informaci
21 Rial, Antonio et al., “Una aplicación metodológica para el estudio de la imagen de marca
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conoce como una “imagen inducida”, de acuerdo a los modelos de Gartner
y Miossec, que identifica a los agentes inductivos (organizaciones turísticas,
empresas turísticas locales, tour operadores, agentes de viaje) y los agentes
inductivos encubiertos (líderes de opinión, periodistas, cronistas, etc.), que en
conjunto a la mirada del turista, van modelando la imagen de un destino tu-
rístico22.
La construcción de una imagen turística tiene directa relación con las distintas
miradas que se entrecruzan para dar forma a los atractivos. El concepto de la
“mirada del turista”, desarrollado por John Urry, se refiere a “la naturaleza
sistemática y regularizada de diversas contemplaciones, una de las cuales de-
pende de una variedad de discursos y prácticas sociales, así como de aspectos
de la construcción, el diseño y la restauración, que fomentan el “aspecto” ne-
cesario de un lugar o entorno”. Estas miradas –indica Urry– “implican tanto al
que contempla como lo contemplado, es un juego continuo y sistemático de
relaciones sociales y físicas”, organizadas discursivamente por muchos profe-
sionales (fotógrafos, autores de guías de viaje, dueños de hotel, entre otros)
que se combinan para “construir” atracciones turísticas23.
Se podrá ver como la Revista En Viaje entrega un conjunto de representaciones
del turismo que inciden en la sociedad y sus acciones. Quienes colaboraron en
la revista no fueron ajenos de los condicionantes culturales de su entorno, ya
que a partir de aquellas percepciones previas van a construir las representa-
ciones turísticas para la revista, que alimentarán a su vez el imaginario de los
lectores/viajeros. En este sentido, las imágenes –señala Baczko– son “repre-
sentaciones de la realidad social (y no simples reflejos de ésta), inventadas y
elaboradas con materiales tomados del caudal simbólico, tienen una realidad
específica que reside en su misma existencia, en su impacto variable sobre
las mentalidades y los comportamientos colectivos, en las múltiples funciones
que ejercen en la vida social”24.
Junto con el texto, la representación visual constituye un elemento impres-
cindible al momento de transmitir un mensaje. Burke ha puesto en relieve el
de un destino turístico”. Pasos. Revista de Turismo y Patrimonio Cultural. Volumen 6. No 1. 2008. Beerli, Asunción y Martín, Josefa, “El Proceso de formación de la imagen de los destinos turísticos: una revisión teórica”. Estudios Turísticos. No 154. 2002.
22 Camprubí, Raquel et al., “La formación de la imagen turística inducida: un modelo conceptual”. Pasos. Revista de Turismo y Patrimonio Cultural. Vol. 7. No 2. 2009.
23 Urry, John, La mirada del turista. Lima, Universidad de San Martín de Porres, 2004, p. 157.
24 Baczko, Bronislaw, Los imaginarios sociales. Memorias y esperanzas colectivas. Buenos Aires, Ediciones Nueva Visión, 1999, p. 8.
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uso de la imagen gráfica como un documento histórico, el que puede repre-
sentar ideas, actitudes y mentalidades de una época, permitiendo reconstruir
la vida cotidiana de las personas. Indica el autor que “al igual que los textos o
los testimonios orales, las imágenes son una forma importante de documento
histórico”25. Las imágenes, lejos de acompañar pasivamente a los textos, ac-
túan como una unidad discursiva construida a través de un juego dialógico,
erigiendo así una representación unívoca en torno a los atractivos turísticos.
Entre el mundo del texto y el del lector, es que se va a configurar un sentido
como indica Chartier, lo que implica trabajar en torno al estudio crítico de los
textos, pero también en su historia, las formas de comunicación de lo escrito y
el “análisis de las prácticas que, diversamente, se apoderan de los bienes sim-
bólicos, produciendo así usos y significaciones diferenciadas”26. Aunque no
abordaremos la materialidad y praxis social en torno al texto, es necesario de-
jar constancia de En Viaje como instrumento emisor de un mensaje. La revista
fue uno de los más importantes medios gráficos del país, distribuida a todo
Chile en kioscos, estaciones y en los vagones mismos del tren. Los lectores
amenizaban sus largos viajes leyendo sus reportajes e historias, profusamente
ilustradas, entre las que había numerosos pasajes dedicados a la promoción
del turismo.
Pero este imaginario sobre el turismo nos indica algo más que su simple pro-
moción de venta de los servicios turísticos. En el siglo XIX las naciones lati-
noamericanas comenzaron a forjar su identidad nacional con la construcción
de un imaginario del territorio, el paisaje y su gente. En esta época, de acuer-
do a Florescano, las emergentes naciones imaginaron ancestros inexistentes,
inventaron lazos de identidad, forjaron símbolos nacionales e “inauguraron
monumentos, museos, ceremonias y panteones heroicos que definieron los
ideales y emblemas que le dieron identidad a la nación multicultural y hege-
monía al Estado nacional”27.
Países como Chile, Argentina y Brasil, buscaron mostrar una imagen moderna
y atractiva de su país frente a Europa. En el contexto de la Exposición Univer-
25 Burke, Peter, Visto y no visto. El uso de la imagen como documento histórico. Barcelona, A&M Gràfic, 2005, p. 17.
26 A pesar de que sólo trabajaremos en el primer nivel: el análisis crítico de los textos, se deja constancia de la importancia del soporte material que lo rodea, así como el acto de la lectura en la producción de las representaciones. Chartier, Roger, El mundo como
representación. Estudios sobre historia cultural. Barcelona, Editorial Gedisa, 1992, p. 50. 27 Florescano, Enrique, La función social de la Historia. México, Fondo de Cultura Económica,
2012, p. 88.
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sal de París de 1889, por ejemplo, estos países buscaron “instalar en el Viejo
Mundo una imagen de progreso y modernidad que resultara atrayente para
los inmigrantes y los capitales que se requerían para impulsar el crecimiento
económico e insertar sus economías en la economía mundial. Se trataba de
trasmitir confianza y seguridad mostrando, en general, países que tenían mu-
cho de Europa y poco de América Latina”28.
La construcción de una imagen turística en el siglo XX contribuirá a una nueva
representación de la identidad nacional. Pero será un camino complejo, que
denota los conflictos subyacentes en la configuración de una identidad na-
cional: de un país que desea parecerse a Europa y lograr el “progreso”, pero
que busca al mismo tiempo una identidad propia29. En esta introspección se
encuentra con las raíces negadas de su historia como el pasado prehispánico
y la cultura popular. Sin embargo, todavía manifiesta una preferencia hacia lo
hispano colonial y la admiración de lo extranjero.
LA “COSTA AZUL DEL PACÍFICO”
El litoral central posee una extensa franja costera habilitada para baños de sol
y mar, con balnearios de gran valor arquitectónico y una excelsa belleza na-
tural. Desde fines del siglo XIX, el Estado, el gobierno local y los particulares,
han ido construyendo estos espacios vacacionales, configurando una imagen
28 Norambuena, Carmen, “Imagen de América Latina en la Exposición Universal de París de 1889”. Dimensión histórica de Chile. No 17-18. 2002-2003. p. 91. Durante el siglo XIX, la pintura y la fotografía representan el paisaje de Chile, generando arquetipos que dieron contenido narrativo a la identidad nacional. Cid y Vergara analizan como en la primera mitad del siglo XIX la obra paisajística del pintor Rugendas otorgó “al paisaje chileno una identidad particular en contraposición a lo que los europeos pensaban de las características de la naturaleza americana –inhóspita, exótica, exuberante– dotándola ante los ojos de las elites nacionales de rasgos que explicaban las características que deseaban proyectar en su modelo de nación: moderación, orden y aislamiento”. Cid, Gabriel y Vergara, Jacinta, “Representando la “copia feliz del edén”. Rugendas: Paisaje e identidad nacional en Chile. Siglo XIX. Revista de Historia Social y de las Mentalidades. Vol. 15. No 2. 2011. p. 129. Purcell, por su lado, en la segunda mitad de dicho siglo, indica cómo la fotografía contribuyó a “reforzar los elementos centrales de un imaginario que se comenzó a forjar desde inicios de la época republicana” y que expresa, entre otras cosas, la afirmación de la soberanía del Estado sobre el territorio. Purcell, Fernando, “Fotografía y territorio en el imaginario nacional: 1850-1900”. Stuven, Ana María y Pamplona, Marco A. Estado y nación en Chile y Brasil en el siglo XIX. Santiago. Ediciones UC. 2009. p. 205.
29 Para una reflexión profunda sobre las problemáticas de la configuración de una identidad nacional y latinoamericana ver: Zea, Leopoldo, Filosofía de la historia americana. México, Fondo de Cultura Económica, 1978 y Descubrimiento de la identidad latinoamericana. México, Editorial Unam, 1990. Una mirada general sobre el análisis de las imágenes en: Rojas, Miguel, El imaginario. Civilización y cultura del siglo XXI. Buenos Aires, Prometeo Libros, 2006.
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arquetípica de las playas de la zona central de Chile. Así, se van posicionando
balnearios exclusivos de la elite como Zapallar, Cartagena y Viña del Mar, para
hacerse extensivos más tarde a las clases medias y a los sectores populares30.
En vista a su popularidad, la promoción de los balnearios fue prioritaria por
parte del Estado, de manera que la presencia de estos espacios en los medios
de divulgación masivo como revista En Viaje constituyó una parte fundamental
de su estrategia comunicacional. Los artículos dan relevancia en la Provincia
de Aconcagua a los balnearios de Papudo, Zapallar y Quintero, principalmente,
y a otros de menor envergadura como Maitencillo o Cachagua, indicándolos
como sitios de gran valor turístico, parte de la macrozona conocida como la
“Costa Azul del Pacífico”.
En las primeras décadas de edición de la revista, es notorio el carácter exclu-
sivo de los balnearios citados, donde sólo una pequeña elite tenía acceso a la
playa. En las descripciones de estos sitios figura su carácter exclusivo y hasta
“aristocrático”31. Se describe también la belleza natural y arquitectónica del
lugar, donde playa, mar y edificaciones conforman un todo32. Roberto Montan-
dón hacia 1945 escribía:
“Continuando hacia el sur, llegamos a Papudo, el balneario de las aguas man-
sas, y su vecino, el aristocrático Zapallar donde la arquitectura ha cuidado tan-
to el molde de sus casas, como el diseño de sus jardines. Afortunadas caletas,
abrigadas, rodeadas de vegetación, privilegiadas con sus arenas doradas”33.
En los reportajes sobre la costa aconcagüina y las playas de Chile central, apa-
rece la denominación de “Costa Azul del Pacífico”, concepto asignado a la
zona costera que se extiende desde Papudo hasta Santo Domingo, sitios de
aguas azuladas y agradable clima, especial para baños de sol y mar, y la tran-
quilidad del veraneante. En esta cadena de playas “La Provincia de Aconcagua
nos ofrece el encanto de dos playas magníficas: Papudo y Zapallar. Las suaves
30 Góngora, Alvaro, “De jardín privado a balneario público. Veraneando en Viña del Mar”. Sagredo, Rafael y Gazmuri, Cristian (eds.). Historia de la vida privada en Chile. Tomo II:
El Chile moderno de 1849 a 1925. Santiago. Taurus-Aguilar Chilena Ediciones. 2006. pp. 305-306. Cortez, Abel, “Disputas por la Playa. Turismo, sociedad y violencia simbólica en los inicios de la masificación social del balneario de Cartagena”, 1930-1960. Gestión
Turistíca. No 21. 2014. 31 Imagen No 1: Zapallar. En Viaje. No 108. Octubre de 1942. “Todo Chile es un inmenso
Balneario”. p. 113. 32 Imagen No 2: Papudo. En Viaje. No159. Enero de 1947. “Playas de Chile”. p. 51. El texto al
pie de foto dice: “Playa extensa y segura. Para ir, transbordar en Calera. Alrededores: Pito y Lilén, Hoteles: Gran Hotel, Ritz, Carrera, Palace, Papudo y buenas casas residenciales”.
33 Montandón, Roberto, “Playas de Chile”. En Viaje. No 135. Enero de 1945. p. 172.
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colinas floridas que mueren casi a la orilla del mar, ponen su encanto multi-
color en el paisaje”34, indicaba un cronista. Con estas poéticas descripciones
se buscaba generar una imagen atractiva de la costa central chilena, como un
lugar que reunía un conjunto de características favorables para la satisfacción
del visitante.
La referencia a la “Costa Azul del Pacífico” (en evidente comparación con la
“Costa Azul” europea) será influyente en la descripción de los balnearios acon-
cagüinos. Sin embargo, algunos cuestionarán el concepto buscando una idea
más original. David Perry en 1947 concibe la idea de la “Costa de Oro del Pa-
cífico”, como aquel litoral que une las provincias de Santiago, Valparaíso y
Aconcagua. Perry sostiene su argumento en que
“(...) lo esencial en esos paisajes marinos es la luminosidad, la
luz áurea que colma el cielo, satura el mar y dora las arenales
y las dunas. Es admirable la diafanidad del aire; el derroche
de sol que se estrella en los roquedales, ilumina el muro ver-
tical de las olas, pone un manto de oro en las arenas de las
playas”35.
Pese a la propuesta, prevalecerá el termino de “Costa Azul” para caracterizar
las playas aconcagüinas y de Chile central. En el verano de 1953, Jorge Varas,
en el artículo “Un retazo de la Costa Azul chilena” insiste en el concepto, pre-
sentando una definición más precisa
“Aquella magnífica cadena de floridos balnearios y playas
rocosas que ha sido denominada la Costa Azul chilena, se ex-
tiende a lo largo de tres de las provincias centrales de Chile
(Santiago, Valparaíso y Aconcagua), y sus villorrios costane-
ros se suceden en ella con tal profusión, que desde cada uno
de ellos se logra avistar el siguiente”36.
La Costa Azul del Pacífico se inicia al norte con el balneario de Papudo, confi-
gurando una cadena de balnearios hacia el sur, creando una unidad narrativa
y visual que caracterizan el paisaje costero, con sus playas, paseos y arquitec-
tura.
34 En Viaje. No 108. Octubre de 1942. “Todo Chile es un inmenso Balneario”. p. 112. 35 Perry, David, “La Costa de Oro”. No 163. En Viaje. Mayo de 1947. p. 35. 36 Varas, Jorge, “Un retazo de la Costa Azul chilena”. En Viaje. No 231. Enero de 1953. p. 68.
/ 575 LA IMAGEN TURÍSTICA DE LA PROVINCIA DE ACONCAGUA.
UNA MIRADA HISTÓRICA DESDE LA REVISTA “EN VIAJE”, 1933-1973 CRISTIAN URZÚA ABURTO
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En el mismo artículo Varas alude a la belleza del paisaje y el paseo costanero
que rodea a la bahía de Papudo, indicando que “Al borde de la barranca que,
cortada a pique, cae sobre la playa, se eleva una fila de preciosas villas rodea-
das de jardines que descuelgan cortinajes de vistosas enredaderas sobre la
Avenida Costanera que, rodeando la bahía, corre abajo. Es una de las avenidas
marinas más bellas de los balnearios chilenos”37.
Papudo es un balneario familiar con paseos en botes, jardines y canchas deporti-
vas. De Zapallar, por otra parte, dice que es “el más lujoso, florido y bello de Chi-
le. Ni una vivienda miserable, ni un metro cuadrado de tierra árida, ni una pers-
pectiva que no sea magnífica, ni una mansión que no esté circundada de flores”.
Zapallar es el balneario aristocrático por excelencia; que además de sus bellos
jardines y arquitectura litoral, es sede de importantes competencias de tenis38.
El balneario de Quintero tiene una importancia menor en los primeros años de
la revista En Viaje, alcanzando posteriormente un desarrollo turístico mayor,
semejante a Papudo o Quintero, aunque con un perfil de turistas de tipo más
heterogéneo. La imagen No 4 exhibe un plano de Quintero hacia 1963, donde
se indican sus playas, balnearios, áreas verdes y club de yates, así como los
sitios de acceso en automóvil y ferrocarril39.
En conjunto, Papudo, Zapallar y Quintero, son los principales balnearios de la
Provincia de Aconcagua, concebidos como parte de la llamada “Costa Azul del
Pacífico”: balnearios de excelsa belleza, donde la arena, las rocas y la vegeta-
ción, junto a una eminente arquitectura, estructuran paseos peatonales para
el goce estético de los visitantes. En la playa se podían tomar baños de sol y
mar, y disfrutar de deportes náuticos y terrestres. Estos recursos turísticos son
potenciados a través de una profusa oferta hotelera40 y una alta conectividad
derivada de la construcción de carreteras y la línea férrea.
Esta imagen tuvo un giro radical en la década del setenta, cuando el gobierno
de la Unidad Popular crea una política de acceso al turismo para los sectores
más vulnerables de la sociedad, iniciativa conocida como “turismo popular”.
En febrero de 1971 se inauguran los “balnearios populares” de Loncura, al
norte de Quintero, y luego colonias en Peñuelas, Los Vilos, Papudo, Las Cruces
37 Ibíd. 38 Ibíd. 39 Imagen 4: Plano de Quintero. Jofre, Manuel, “Quintero y el embrujo de sus playas”. En
Viaje. No 252. Febrero de 1963. p. 11. 40 Imagen No 3: Publicidad Hotel Montemar de Papudo. En Viaje. No 159, enero de 1947, p.
5.
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y Llallauquén, villas vacacionales que incluían alimentación en comedores co-
munitarios41. En el contexto de un proyecto político que democratizaba el uso
de la playa, se comienza a visualizar a la gente común disfrutando del litoral
costero. Sin embargo, el proyecto de balnearios populares fue descontinuado
tras el golpe de Estado en septiembre de 1973.
EL ESPLENDOR DE LAS TERMAS DE JAHUEL
Las aguas termales tienen un desarrollo histórico temprano en el país. Termas
como Jahuel, Colina, Cauquenes, Panimávida, Catillo, Chillán, Tolhuaca, Río
Blanco o Puyehue fueron apreciadas desde el periodo colonial por sus faculta-
des curativas y desde el siglo XIX por una sensibilidad romántica hacia la natu-
raleza y la montaña, que permite el descubrimiento del territorio nacional42. El
Estado, reconociendo este potencial, comienza en el siglo XX a promover las
visitas a los balnearios termales en Chile a través de la edición de guías temáti-
cas y artículos de revista En Viaje. Una nota editorial sostenía en 1934 que “Los
nombres de las termas chilenas no son desconocidos en el extranjero. De cada
uno de ellos, se expresa una alabanza. Cada uno de esos manantiales ha devuel-
to la salud a enfermos incurables”. Se destacaba además la gran calidad de la
infraestructura: “Hoteles confortables, modernos, bien atendidos, hacen grata
la permanencia del viajero, especialmente si se trata de enfermos delicados”43.
En el valle de Aconcagua fueron relevantes las termas de Juncal, El Milagro
y El Corazón, siendo este último sitio uno de los más visitados44. Un cronista
sostenía que “Desde fecha inmemorial ha sido frecuentado en todas las épo-
cas del año por turistas chilenos y argentinos, sobre todo de las provincias de
Mendoza y San Juan, siendo muy indicado para estadías de personas afecta-
das de bronquitis asmáticas o de agotamientos nerviosos”45. Sin embargo, las
Termas de Jahuel constituyó el sitio turístico más relevante de la zona por sus
excelentes instalaciones y presencia de turistas extranjeros.
Las Termas de Jahuel se representan en En Viaje como un atractivo turístico
de alta demanda, con un bello paisaje y excelentes instalaciones. Era descrito
como un “balneario de cordillera”, cuyas aguas poseían propiedades curati-
vas y prometían aliviar enfermedades reumáticas. Jahuel fue promocionado
41 Ferrada, María, “Ser turista ya no es problema”. En Viaje. No 448. Febrero de 1971. p. 10. 42 Jarrassé, “La importancia del termalismo”, p. 37. 43 En Viaje. No 5. Marzo de 1934. “Nuestras maravillosas fuentes termales”. p. 3. 44 Imagen No 6: Baños del Corazón. Ceballos, Iris, “L’agüita del milagro”. En Viaje. No 248.
Junio de 1954. p. 51. 45 En Viaje. No 163. Mayo de 1947. “Aguas termales a un paso de Los Andes”. p. 25.
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UNA MIRADA HISTÓRICA DESDE LA REVISTA “EN VIAJE”, 1933-1973 CRISTIAN URZÚA ABURTO
Historia 396, Valparaíso v. 7, n. 2, p. 563-595, jul-dic. 2017
como un espacio de descanso para extranjeros y santiaguinos. Estos últimos
podían visitarlo durante el Weekend, pues se encontraba abierto todo el año y
era posible llegar en auto o en tren. Sin embargo, por el lujo que ostentaba, el
balneario fue exclusivo para los grupos acomodados.
Un corresponsal de En Viaje visitó las termas en 1937 apuntando las siguien-
tes impresiones: “Nos sorprende gratamente la pintoresca disposición de las
edificaciones, con ese tipo de “chalet”, moderno y acogedor. Y nos envuelve,
de pronto, un aroma raro, suave, indescifrable de los parques y jardines que
rodean el balneario”. Jahuel contaba con jardines que invitaban al reposo y
la contemplación, desde donde se podían observar los picachos blancos de
la cordillera y los valles de Aconcagua, Santa María y Putaendo. Sus visitas
correspondían principalmente a extranjeros 46.
En 1944, otro artículo indicaba que Jahuel era uno “de los más afamados bal-
nearios de cordillera de Chile” por el “magnífico clima en todo tiempo”, espe-
cialmente recomendable en invierno para afecciones al estómago, bronquitis,
asma, anemia y neurastenia:
“En Jahuel se advierte gran luminosidad, lo que permite al vi-
sitante aprovechar al máximo los rayos actínicos solares, a la
vez que saturarse del aire vivificante, tonificado por el ozono
de las montañas. El lugar es especialmente indicado para con-
valecientes de gripes, neumonías, afecciones faríngeas y en
general para mejorar los estados de las vías bronquiales”47.
Con ello, se dejaba constancia del valor medicinal no sólo de las termas, sino
del territorio en su conjunto, donde son importantes el aire y el sol.
Las referencias a Jahuel reiteran la magnificencia de su hotel. Un artículo in-
dicaba que poseía un “magnífico hotel” con capacidad para doscientas perso-
nas, construido en medio de un hermoso parque48. Poseía diversos pabellones,
todos con calefacción central. Las habitaciones eran amplias y bien amobladas
con toilette anexa. En el exterior destacan sus jardines, terrazas y una piscina.
46 En Viaje. No 86. Octubre de 1937. “Un día en Jahuel”. pp. 13-14. 47 En Viaje. No 134. Diciembre de 1944. “El Balneario de Jahuel, jardín de los convalecientes”.
p. 16. 48 Imagen No 5: Vista General del Balneario de Jahuel. En Viaje. No 48. Octubre de 1937. “Un
día en Jahuel”. p. 14.
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El conjunto hotelero contaba además con canchas de tenis y golf, además de
un conjunto de bellos parajes cercanos para caminar49.
Otro reportaje de junio de 1949 destacaba la belleza del paisaje y la calidad de
la infraestructura que podía brindar el mayor confort a los visitantes:
“En un paraje de singular hermosura, donde la cordillera de
los Andes se presenta con todo el esplendor de su grandeza,
están situadas las Termas de Jahuel, sin duda una de las de
ubicación sobresaliente entre similares chilenas (...) consti-
tuyen durante todo el año, aun en la época de invierno un
centro de atracción turística y un sitio excepcionalmente ade-
cuado para el descanso y el esparcimiento, pues el viajero en-
cuentra allí imponderables bellezas naturales y un magnífico
establecimiento hotelero, donde se puede disfrutar de toda
clase de confort”50.
Cabe señalar que los alrededores de Jahuel son un importante complemento a
la infraestructura hotelera, ya que desde las termas se podían realizar excursio-
nes a Los Quillayes, la Quebrada de los Arrayanes, el cerro Orolonco, el cerro
Guanaquero y la laguna del Copín51.
Jahuel se proyectaba como uno de los atractivos turísticos más importantes de
la Provincia de Aconcagua, tanto por la belleza de sus parajes como por la lu-
josa infraestructura de su hotel, que ofrecía una experiencia satisfactoria para
el turista extranjero y nacional. Las termas fueron relevantes para la naciente
industria turística nacional, lo cual se expresó en el reconocimiento institu-
cional del recurso turístico, la construcción de infraestructura habilitante y la
conformación de un plan de promoción exclusiva, que posicionaba a Jahuel
como una de sus joyas más preciadas.
PORTILLO, “PARAÍSO DEL DEPORTE BLANCO”
Portillo se convirtió en el icono del turismo de invierno a nivel nacional por
las inmejorables condiciones que ofrecía para la práctica del esquí: excelentes
pendientes, un lujoso hotel, conectividad a través del ferrocarril trasandino y
un hermoso paisaje, conformaban un fuerte atractivo para los amantes del de-
49 Ibíd. pp. 16-17. 50 En Viaje. No 188. Junio de 1949. “Las Termas de Jahuel”. p. 59. 51 Ibíd. p. 59.
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UNA MIRADA HISTÓRICA DESDE LA REVISTA “EN VIAJE”, 1933-1973 CRISTIAN URZÚA ABURTO
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porte blanco. En Chile, Portillo fue un espacio pionero en la práctica del esquí,
que se convertiría en un destino turístico de primer nivel y de gran popularidad
internacional
En los primeros años de la revista En Viaje, se identifica en los reportajes vin-
culados a Portillo una transición desde un pequeño centro de esquí hacia un
moderno balneario de montaña. El hotel original se consideraba entonces pe-
queño para la afluencia de los turistas. Con sólo diez piezas era considerado
“minúsculo” y “totalmente inadecuado” para dar alojamiento y generar un flu-
jo permanente de turistas52. Posteriormente, se construye una estación ferro-
viaria y un funicular para darle valor al sitio y permitir la afluencia de visitas. Se
dejaba constancia de que Argentina constituía un potencial foco de turistas, y
la necesidad de construir un nuevo hotel y agregar pistas de patinaje y trineo53.
En este contexto, la Empresa de Ferrocarriles del Estado inicia una política de
construcción de hoteles modernos en Pucón y Puerto Varas para fomentar el
turismo. Un artículo de enero de 1933 señalaba que junto a la construcción
del Hotel O’Higgins en Viña del Mar, era conveniente instalar uno similar en
Portillo. Tales serían los “primeros pasos indispensables para atraer al turista
extranjero y nacional, y no convertirlo en enemigo dándole mal alojamiento”.
Se subrayaba además la ventaja que ofrecía el ferrocarril trasandino y las con-
diciones excepcionales para el desarrollo del esquí:
“La estación de Portillo se encuentra a 2900 metros de altura
sobre el mar, a orillas de la Laguna del Inca. Entre los meses
de mayo y octubre hay gran cantidad de nieve en esa región
y se presentan condiciones inmejorables para los deportes de
invierno, pues cerca existen canchas excelentes para el ski,
tan buenas y mejores que muchas en los Alpes”54.
El potencial de Portillo para el desarrollo del esquí pronto va a ser notado y
relevado por grandes figuras de este deporte a nivel mundial. En 1837, Eugenio
Du-Bois, Manager del Equipo Norteamericano de Esquí, escribía una nota para
el Departamento de Turismo del Ministerio de Fomento del país reconociendo
52 Imagen No 8: Hotel Portillo. En Viaje. No 108. Octubre de 1942. p. 186. En el pie de la foto se lee: “Portillo se halla en la ruta del Trasandino y posee espléndidas canchas de ski frecuentadas, en invierno, por los aficionados a este deporte. Se halla ubicado en las proximidades de la Laguna del Inca. Posee un espléndido hotel que recientemente ha sido ampliado. Dispone de todas las comodidades compatibles con un hotel de turismo”.
53 En Viaje. No 15. Enero de 1935. “El turismo de invierno”. p. 31. 54 Ibíd. p. 15.
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a Portillo como una de las mejores canchas de esquí del mundo. El Gobierno de
Chile –indicaba Du-Bois–, estaba realizando inversiones a favor de los esquia-
dores con la construcción de nuevos caminos, subvencionando a los clubes que
deseaban abrir refugios y cooperando en el Primer Panamericano de Esquí55.
En 1941 el Consejo de la CORFO aprobó un Plan de Construcciones Hoteleras,
iniciando así la construcción de diversos hoteles en todo el país. En la zona
central “intervino en la construcción del hotel Portillo, para lo cual organizó la
Sociedad Hotelera Lagunas de Portillo. S.A. que más tarde se transformó en la
sociedad anónima Hoteles de Cordillera”56. Como señala un estudio, el hotel
actual es construido entre 1941 y 1949 como “parte de una estrategia para con-
solidar el turismo invernal mediante la transformación de un pequeño refugio
en un gran hotel modernamente equipado, atrayendo al público nacional e
internacional a la práctica del esquí”57. En la década de 1950 se “introdujeron
los primeros andariveles de silla en Portillo y Farellones; poco antes, en 1945,
los transportadores. Antes de 1924, cuando por primera vez el esquí comenzó
organizadamente impulsado por el Club Alemán de Valparaíso, sólo se practi-
caba por aficionados y en canchas improvisadas”58. La construcción del actual
hotel y toda la infraestructura asociada, junto a la realización del mundial de
esquí en 1966, contribuirán a generar una imagen favorable para Portillo, apor-
tando a su despegue turístico.
Con lo señalado, se va consolidando este atractivo turístico a nivel de infraes-
tructura y servicios, ofreciendo una imagen de Portillo como “el paraíso del
deporte blanco” y a Chile como un “país de deportes de invierno”59, por la
presencia dominante de la Cordillera de los Andes y la articulación de distintos
centros de esquí adosados a su latitud, donde Portillo aparece como su perla
más brillante. Este imaginario está en sintonía con una creciente demanda de
regiones cordilleranas, particularmente las zonas próximas a Santiago, que
congregan a numerosos cultores de este deporte, nacionales y extranjeros,
que se han organizado en torno a clubes y asociaciones de esquí en Las Con-
des, Maipo y Portillo.
A mediados de siglo, Portillo aparece como un lugar consolidado en Chile,
aumentando cuantitativa y cualitativamente su presencia en la revista En Via-
55 En Viaje. No 48. Octubre de 1937. “El manager del Equipo Norteamericano de Ski habla de las mejores canchas del mundo”. pp. 37-38.
56 Ortega, Corporación de Fomento de la Producción, p. 105. 57 Cortés, Turismo y arquitectura moderna en Chile, p. 98. 58 Barros, “Historia del Turismo en Chile”, p. 9. 59 En Viaje. No 45. Julio de 1937. “Chile país ideal para los deportes de invierno”. p. 43.
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je con la dedicación de reportajes, portadas y abundante publicidad. En las
imágenes el hotel es el foco central con sus montañas nevadas como telón de
fondo60. Casi sin excepción, se muestra al balneario en pleno invierno, en un
entorno blanquecino contrastado por el hotel y sus visitantes: hombres, mu-
jeres y niños de clase acomodada posando junto a su equipo de esquí61. Otras
imágenes representan a Portillo en verano, con la Laguna del Inca adornada
de botes a vela. La publicidad alude al valor de sus instalaciones, conectividad
y belleza, con un amplio abanico de actividades a realizar62.
La imagen de Portillo como un pequeño hotel va desapareciendo a favor de
una representación de un balneario invernal con infraestructura y servicios de
excelencia. En 1957 la revista describe este progreso de la siguiente forma:
“Próximas a la capital destacamos las [canchas] de Portillo,
con su magnífico hotel, donde además del esquí se practica
el patinaje en el hielo, el trineo, el deslizamiento a la vela y
otros juegos de la nieve. Un andarivel permite el movimiento
y traslado de los deportistas. Estas canchas tienen en su cer-
canía la famosa Laguna del Inca, que semeja una esmeralda
engastada entre soberbias montañas de impoluta blancura”63.
Dos años después, Reinaldo Solari, uno de los fundadores de la Federación
de Ski de Chile en 1943, aseguraba que “Chile ya es el país capital del esquí
de todo el mundo” y que “Dentro de las condiciones precarias en que se des-
envuelve materialmente el esquí, sin lugar a dudas que es muy conocido y
estimado, Portillo ha adquirido un renombre internacional tanto por sus excep-
cionales condiciones de nieve como por su hotel y por los nombres de Allais,
Eriksen, que han sido por varios años directores de la escuela”64. Portillo, por
las condiciones geográficas insuperables que presenta para el desarrollo del
esquí, la belleza del paisaje de montaña, su ubicación privilegiada, excelentes
60 Imagen No 8: Hotel Portillo. En Viaje. No 108. Octubre de 1942. p. 186; Imagen No 10: Hotel Portillo. En Viaje. No 171. Enero de 1948. p. 57. Esta última imagen está inserta en cuadro publicitario de las canchas de esquí de Chile, donde Portillo figura en la cima del escalafón: “Esquí. Goce Ud. de este bello y sano deporte invernal. Visite las canchas de Portillo, Lo Valdes, Villarrica, Farellones, Chillán, Antillanca, Lagunillas, Llaima, La Picada”.
61 Imagen No 7: Portillo, En Viaje. No 224. Junio de 1952, (Portada). 62 Imagen No 9: Propaganda de Portillo. En Viaje. No 48. Octubre de 1937. p. 36. 63 En Viaje. No 285. Julio de 1957. “El deporte de la nieve”. p. 1. 64 En Viaje. No 312. Octubre de 1959. “Chile ya es el país capital del esquí de todo el mundo.
Interesantes declaraciones del connotado deportista nacional señor Reinaldo Solari”. p. 14.
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instalaciones y tras la fama internacional recibida por el Campeonato Mundial
de Ski de 1966, lo convierten en un atractivo turístico de renombre interna-
cional y una de las cartas de presentación de la oferta turística de Chile en el
extranjero. La trayectoria histórica de Portillo indica que la implementación de
políticas públicas sobre recursos estratégicos contribuyen de un modo posi-
tivo al desarrollo de nuevos destinos. En tales contextos, la promoción de la
imagen turística juega un rol más que fundamental.
EL “ENCANTO COLONIAL” DE LOS PUEBLOS ACONCAGÜINOS
Los Andes, San Felipe, Putaendo, Curimón, Almendral o La Ligua son anti-
guos pueblos de origen colonial que progresivamente se estructuran como
sitios de interés turístico, valorados por su historia y arquitectura tradicional.
La masificación de automóviles y buses, junto a la construcción de la carretera
panamericana al norte y el camino internacional hacia Mendoza, posibilitan
viajes mucho más fluidos que los realizados en ferrocarril, permitiendo a los
viajeros internarse en pueblos donde antes no era posible detenerse. Ello abrió
una serie de oportunidades para los pueblos aconcagüinos, que apostaron por
el desarrollo turístico proyectando una imagen que exaltaba la tranquilidad de
los paisajes rurales y el valor de la historia y tradiciones locales.
Un artículo de Alfredo Cáceres de 1949, indica que la construcción de la carre-
tera Santiago a Mendoza por Los Andes influyó en esta nueva forma de turis-
mo, pues ahora era posible transitar por la Cuesta de Chacabuco o la rivera del
Río Aconcagua, haciendo visibles pueblos antes ignorados. Señala el caso del
caserío de Pocuro, pequeño poblado al sur de los Andes: “Insignificante case-
río, paredones de barro, árboles vetustos forman su fisonomía”. Destacaba la
presencia de las figuras históricas de Pedro Aguirre Cerda y Domingo Faustino
Sarmiento: “Ambos vivieron en la aldehuela humilde, y de allí emprendieron
el cambio de la consagración y de la gloria”. Indica que Los Andes es un sitio
con una extensa alameda y una pintoresca Plaza de Armas, ideal para visitar
por un momento. Lo más relevante –indica– es el paisaje de montaña por su
belleza y misticismo65.
Para la época, los pueblos no constituían atractivos turísticos, sino lugares de
paso donde provisionarse y descansar, para dirigirse luego hacia Jahuel, Porti-
llo o Mendoza. En la década de 1950 estos pueblos acaparan la atención de la
revista con artículos que los promocionan como lugares de interés turísticos
por su valor histórico y cultural. El escritor Enrique Rodríguez destaca esa cul-
65 Cáceres, “De Santiago a Mendoza en Automóvil”, pp. 48-49.
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UNA MIRADA HISTÓRICA DESDE LA REVISTA “EN VIAJE”, 1933-1973 CRISTIAN URZÚA ABURTO
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tura tradicional característica de estos pueblos en la nota “Pueblos de Aconca-
gua” de 1955 con una romántica descripción:
“Perdidos entre los verdes arboledas o frescos cañamales se
hallan estos pueblos y ciudades de Aconcagua, tan variada y
tan única. Se recuestan lánguidamente junto a agrestes ce-
rros o se agrupan curiosos para mirarse en el espejo de un río
que pasa cantando a perderse en el mar…
Y, ¡qué decir de los nombres típicamente hispanos de estos
pueblos! Santa Rosa de Los Andes, Santo Domingo de la Li-
gua, Santa Ana de Petorca, San Felipe el Real, San Antonio de
Putaendo. ¡Qué conjunción de santos se han dado cita aquí,
en estos nombres sonoros, dignos de un romancero!
Pueblos de Aconcagua, de casonas amplias y vetustas, donde
el ruido manso del agua que destilan las fuentes nos da una
sensación de eternidad, y donde la madreselva y el jazmín del
Cabo rivalizan en perfume y hermosura. Viejas casas aconca-
güinas, de recios portones y patios dulces, ceñidos de silen-
cio, bordados de tinajas que el cardenal engalana de rojo…
Es por eso que en aquellos pueblos de Aconcagua la tradición
vive y perdura, sin cambiarse ni perderse; es por eso que hoy
poseen características propias y un sello de señorío que los
hacen destacarse de entre el concierto de pueblos de este Chi-
le nuestro, tan vasto y tan hermoso”66.
El escritor rescata la herencia hispano-colonial de estos pueblos: su tradición
arquitectónica de construcción en tierra y el pasado señorial. Esta descripción
da cuenta del valor patrimonial de estos rincones de Aconcagua para promo-
cionarlos como espacios culturales y de descanso.
Al tiempo que la pluma da forma a paisajes y poblados, la fotografía captura
el área fundacional, su centro histórico. En San Felipe, El Almendral y Curimón
destaca en la postal fotográfica la torre de sus respectivos templos, arquitectu-
ra religiosa representativa de la fe e hitos fundantes de los poblados que junto
a los edificios públicos y la plaza de armas, conforman la centralidad urbana
66 Rodríguez, Enrique, “Pueblos de Aconcagua”. No 259. En Viaje. Mayo de 1955. p. 17.
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donde converge la comunidad67. Pese a los elementos comunes que tienen es-
tos poblados, cada uno tiene sus particularidades, apuntadas diligentemente
por los escritores.
En 1955, Iris Ceballos describe el bello paisaje agrario y el pasado heroico
del pueblo de Putaendo. Según la cronista, el principal atractivo lo constituye
la plaza Prat, donde “Resplandece ante el sol quemante en medio de tilos,
aromos, corchos, palmeras y muchas flores. Dotada de excelente alumbrado
eléctrico, es el lugar de las reuniones vespertinas con música de radioparlan-
te”. Otros hitos recomendados para visitar son la alameda de la villa, el cerro
el llano con la gruta de Lourdes y el Cristo, el puente de cimbra, el Santuario
del Cristo de Rinconada, los Baños del Parrón y sus alrededores68. Pero Pu-
taendo es imaginado ante todo como una ciudad histórica, escenario donde
acontecieron las primeras batallas del Ejército de los Andes, cuyas hazañas
son recordadas por una serie de monumentos, entre ellos, el Monolito de la
Batalla de las Coimas69.
Una de las ciudades más importante de la Provincia de Aconcagua es su capi-
tal, San Felipe. Con motivo de la celebración del 219 aniversario de la ciudad
en 1959, la revista En Viaje le dedica un extenso reportaje. Carlos Ruiz Zaldívar,
célebre escritor aconcagüino, indicaba que “Pocas ciudades tienen un historial
más nutrido y señero”, glorificando su época fundacional y la independencia
nacional, distinguida en hechos heroicos70. En otro artículo, Ruiz decía que San
Felipe de Aconcagua “ha sido cuna y escenario de héroes y caudillos, aventu-
reros y conquistadores, por eso cuando la causa emancipadora echó a volar
sus gritos libertarios, encontró en lares aconcagüinos terreno propicio para su
desarrollo y su liberación”. Hechos históricos como el cruce del Ejército Liber-
tador por el Paso Los Patos, la guía del baqueano Juan Estay, el ajusticiamien-
to del Patriota José Antonio Salinas son mencionados como hechos fundantes
de la identidad local. Es una zona también rica en historia prehispánica por
67 Imagen No 13: San Felipe de Aconcagua. En Viaje. No 310. Agosto de 1959. “La histórica San Felipe de Aconcagua”. p. 1. El apartado de la foto dice: “Hoy San Felipe enmaciza cada vez más un sólido e integral progreso en la cultura, el arte, el comercio y la industria. Un acertado enfoque a la plaza, fuerte atracción de turistas y veraneantes”; Imagen No 14: El Almendral. En Viaje. No 363. Enero de 1964. “Almendral, Luz y color de Aconcagua”. p. 12; Imagen No 15: Iglesia de Curimón. Lopez, Julio. “Curimón. La historia entre dos cielos”. En Viaje. No 426. Abril de 1969. p. 21.
68 Ceballos, Iris, “Una comuna progresista: Putaendo”. No 260. En Viaje. Junio de 1955. p. 11.
69 Imagen No 12: Monolito de la Batalla de Las Coimas. En Viaje. No 324. Octubre de 1960. p. 17.
70 En Viaje. No 310. Agosto de 1959. “La histórica San Felipe”. pp. 30-31.
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UNA MIRADA HISTÓRICA DESDE LA REVISTA “EN VIAJE”, 1933-1973 CRISTIAN URZÚA ABURTO
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la presencia de los chiquillanes, Michimalongo y su levantamiento contra los
capitanes de la Conquista71.
San Felipe se imagina como una ciudad rebelde, romántica y altiva que ha
pervivido a las vicisitudes históricas. Entre los episodios históricos se destacan
aquellos relacionados con la época de la independencia, según escribe Ruiz:
“San Felipe es historia, tradición y leyenda. Las cumbres del
Colunquén, del Yevide y del Orolonco vieron pasar los carrua-
jes de antaño, por sus laderas atronaron las metrallas, en las
Coimas el río se tiño de sangre, en Rinconada de Silva espigó
su hazaña increíble de heroína la patricia ignorada de la his-
toria, María Silva, en los caseríos de Putaendo y el Almendral
se le dio posada y descanso a bestias y soldados, los mismos
bronces de sus torres de hoy saludaron el advenimiento de la
libertad y el nacimiento altivo de la República”72.
Como señala el documento, el entorno rural de San Felipe es también distin-
guido por su historia y tradición, donde destacan pueblos como Putaendo y
Almendral, cuna de héroes de la independencia. Dicho relato, sirve como una
herramienta pedagógica que promueve la peregrinación del turista nacional a
monumentos y sitios históricos, retroalimentando así una identidad nacional.
Otro de los pueblos históricos de Aconcagua es la ciudad de Los Andes, primer
puerto terrestre de Chile. En el artículo “Los Andes, ciudad de turismo”, Iris Ce-
ballos reconocía el valor del pueblo y sus alrededores, y destacaba el hecho de
que en 1957 obtuviera la distinción de “ciudad jardín y de turismo” por Decreto
Supremo del Ministerio de Tierras. Indica Ceballos que:
“Desde su estación, hermosa y moderna, se planea una ciu-
dad limpia, ornamentada, con avenidas y monumentos; con
una gran plaza central, verdadero orgullo de la zona aconca-
güina, y con un sinnúmero de alrededores fáciles de recorrer
por la eficiencia de su movilización. Calle Larga, San Vicen-
te, Rinconada, San Rafael, Coquimbito, Centenario, El To-
pón, San Esteban, La Florida, San Francisco, lugares de sana
expansión campesina con exquisita chicha y abundancia de
71 Ruíz, Carlos, “San Felipe de Aconcagua”. En Viaje. No 324. Octubre de 1960. p. 16. 72 Ibíd., p. 18.
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frutas. El turista tiene a la vez hospedaje y atractiva estada
en balnearios de importancia tales como Jahuel, Río Blanco,
Río Colorado, Baños del Corazón y otros de menor categoría
como Baños El Palqui, etc.”73.
La cronista afirmaba que el sector más visitado de Los Andes eran los Baños
del Corazón e indica que la ciudad gozaba “de clima, comodidad y belleza
insuperables; mirado desde el cerro La Virgen, antes cerro La Piedra, en un
manto natural que abriga el espíritu para alentarlo, darle regocijo y llenarlo
de intimidad”74. A diferencia de la primera descripción de Los Andes realizada
por Alfredo Cáceres en 1949, se reconocía ahora el valor turístico de la ciudad
andina y sus alrededores.
En fin, los pueblos aconcagüinos, por su ruralidad, belleza e historia, son abor-
dados por los escritores como sitios con un gran potencial y que pueden por
tanto ponerse a disposición del turismo. El peso de la modernidad no caería
con tanta fuerza sobre estos poblados, conservando aún ese “aire colonial”,
donde era posible gozar de los tranquilos paisajes campesinos y empaparse
de la riqueza de la historia y tradiciones locales, lejos del bullicio y agitación
de la vida urbana.
CONCLUSIONES
Del análisis de la imagen textual y visual de la revista En Viaje referente a la
Provincia de Aconcagua, se reconoce un conjunto de atractivos turísticos que
se van definiendo y consolidando desde la aparición de la revista en 1933 hasta
su cierre definitivo en 1973. En primer lugar, destacan los balnearios de Papudo,
Zapallar y Quintero, que formaron parte de la denominada “Costa Azul del Pací-
fico”. Las canchas de esquí de Portillo, por el entorno insuperable para la prác-
tica de este deporte, se empinó como uno de los atractivos más importantes de
Chile y el extranjero. Por su lado, el balneario de montaña Termas de Jahuel se
convirtió en un icono del turismo de salud que logró una fama internacional.
En la década de 1960 se bosqueja la idea de un turismo cultural centrado en los
pueblos de San Felipe, Los Andes, Curimón, Putaendo y La Ligua, entre otros,
donde se enfatiza la arquitectura colonial, el paisaje rural y la historia patria75.
El estudio identifica como relevante la inclusión de algunos atractivos locales
73 Ceballos, Iris, “Los Andes, ciudad de turismo”. En Viaje. No 319. Mayo de 1960. p. 49. 74 Ibíd. 75 Ver Cuadro No 1: Reportajes dedicados a sitios turísticos de la Provincia de Aconcagua.
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UNA MIRADA HISTÓRICA DESDE LA REVISTA “EN VIAJE”, 1933-1973 CRISTIAN URZÚA ABURTO
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en conglomerados turísticos de carácter nacional. Es el caso del concepto de
“Costa Azul”, territorio que trasciende a la provincia aconcagüina, para aco-
plarse a las de Santiago y Valparaíso, o del caso de los centros de esquí, donde
Portillo era parte de un conjunto de centros de deportes invernales junto a
Farellones o Lagunillas76. Algo similar sucedía con Jahuel, asociado a termas
como Cauquenes o Chillán. Estas representaciones turísticas nos hablan de
una estrategia de marketing del “Estado empresario” para promocionar los
atractivos turísticos de Chile en el extranjero. Así, se va conformando una ima-
gen atractiva del país, cuya diversidad geográfica permite disfrutar de una am-
plia gama de actividades.
Una parte importante de los artículos publicados en revista En Viaje represen-
tan enclaves turísticos que no constituyen parte de una unidad turística pro-
vincial como es el Caso de Portillo o Jahuel. Posteriormente comienza a con-
figurarse una imagen turística provincial de conjunto. En el escrito “Geografía
Turística de Chile” de Roberto Montandón de 1942, se destaca a la Provincia de
Aconcagua como una zona donde se conjuga el campo y el mar, donde yacen
las tradiciones más típicas de Chile central: “En la costa de Aconcagua, playas
doradas y en el interior, los potreros más fértiles de Chile”77, decía el autor. En
1972, otro artículo señalaba a Portillo como el principal atractivo turístico de
la zona junto al ferrocarril trasandino. Destacaba a La Ligua como centro textil
“semiartesanal”, el museo de Curimón y sus “antiguas imágenes y pinturas
coloniales”, junto a las termas de Jahuel y sus balnearios costeros78. La Provin-
cia de Aconcagua en conjunto representaría una simbiosis entre playa, campo,
montaña, historia y tradición.
La representación de conjunto alcanza su perfección en la herramienta más
tradicional de difusión turística: las guías de viaje, que sintetizan los aspectos
más relevantes del espacio provincial. La imagen No 16, que representa el de-
talle de la Provincia Aconcagua en un mapa turístico de 197279, refrenda estas
descripciones con hitos bien marcados. El borde costero posee una simbo-
logía (los quitasoles) que indican los balnearios costeros más relevantes: Pa-
pudo, Zapallar y Quintero. En puntos grandes, calificados como “atractivos”,
76 Ver Imagen No 11: “Principales Canchas de Ski en Chile”. En Viaje. No 41. Junio de 1941. p. 56.
77 Montandón, Roberto, “Chile”. En Viaje. No 100. Marzo de 1942. p. 50. 78 En Viaje. No 461. Abril de 1972. “Chile, larga geografía para 3.000 delegados. Síntesis
turística de sus 25 provincias”. p. 31. 79 Imagen No 16: Detalle de la Provincia de Aconcagua en la Guía Turística de Chile de 1972.
En Viaje. No 461. Abril de 1972. “Chile, larga geografía para 3.000 delegados. Síntesis turística de sus 25 provincias”. p. 47.
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se encuentran Jahuel y Portillo, y en letras de tamaño variable se posiciona a
ciudades y pueblos. Se aprecia además la línea férrea que se extiende de la
cordillera a la costa, y el trazado de la carretera que indica los puntos de abas-
tecimiento de combustible y la distribución de hoteles.
En relación a la infraestructura y los servicios turísticos, de acuerdo a la lec-
tura de reportajes y espacios publicitarios, se hace constante mención de los
hoteles, dejando entrever con más o menos detalle la arquitectura y servicios
que ofrece. Son los casos de Jahuel y Portillo los mejor representados, donde
se describe la calidad de la hotelería y habitaciones, los espacios para realizar
deportes (natación, tenis, esquí, etc.) y excursiones a la naturaleza. Cabe de-
cir que en la revista hay una profusa publicidad de hospedaje y en todas sus
ediciones se encuentra el itinerario de trenes. La red ferroviaria permitió un
desplazamiento fluido por el territorio y constituyó un atractivo en sí mismo,
parte de la experiencia turística provincial. Los “boletos combinados”, que
complementaban transporte y hospedaje, contribuyeron a facilitar la gestión
de las vacaciones en la Provincia de Aconcagua.
La mayor parte de los corresponsales de la revista eran sujetos más o menos co-
nocidos, con una singular calidad literaria. Escritores, poetas y periodistas fueron
los promotores encubiertos del destino, cuya pluma capturaba con sentimenta-
lismo el paisaje aconcagüino. Entre ellos tenemos a Iris Ceballos, Roberto Mon-
tandón, Jorge Varas, David Perry y Vicente Mengod, por nombrar algunos. Una
mención especial merece el sanfelipeño Carlos Ruiz Zaldívar, poeta, narrador y
profesor que escribió regularmente para En Viaje. Los escritores describen el
territorio, expresando el goce estético del paisaje con un lenguaje poético y una
iconografía representativa de este sentir, exponiendo una visión romántica de los
paisajes y su historia. En los reportajes se establece la subjetividad del escritor-
viajero que señala casi solamente aspectos positivos de los sitios, cuyas descrip-
ciones se situaban casi siempre en un rango comparativo, de lo propio confron-
tado a lo extranjero. El fotógrafo o ilustrador capturaba las postales del paisaje
turístico y que la revista reproducía en masa creando arquetipos turísticos am-
pliamente reconocidos. Se usaban estas imágenes para persuadir a los lectores a
visitar la provincia y, al mismo tiempo, generar una conciencia nacional.
Pese a que los autores exponían su particular cosmovisión de los destinos y
recursos turísticos de la Provincia de Aconcagua, la imagen proyectada por
la revista se estructuraba en función a una política turística que posibilitaba
su promoción y orientaba la edición de los textos e imágenes. Dependen por
tanto del “Estado empresario”, interventor en el desarrollo económico del país
y de las estrategias de fomento turístico que los distintos gobiernos de turno
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implementaron. En este sentido, es posible observar una inversión estatal de
habilitación y promoción turística en el caso de Portillo, Jahuel y los balnea-
rios costeros. Posteriormente, se implementa una política de acceso al turismo
para los sectores más postergados, que tiene su máximo desarrollo en el go-
bierno de la Unidad Popular con la implementación de las “colonias popula-
res”. Tras las complejidades políticas de 1973, el último número de la revista
En Viaje se edita en julio de ese año, poniendo fin así a una de las revistas más
importantes del país durante el siglo XX.
Cuadro Nº 1.
Reportajes dedicados a sitos turísticos de la Provincia de Aconcagua en
Revista En Viaje, 1933-1973.
Fuente: Elaboración propia. En Viaje: No 3. Enero de 1934; No 48. Octubre de 1937;
No 52. Febrero de 1938; No 86. Diciembre de 1937; No 93. Julio de 1941; No 111. Ene-
ro de 1943; No 112. Febrero de 1943; No 134. Junio de 1949; No 137. Marzo de 1945;
No 144. Octubre de 1945; No 148. Febrero de 1946; No 163. Mayo de 1947; No 164.
Junio de 1947; No 165. Julio de 1947; No 167. Septiembre de 1947; No 186. Abril de
1949; No 188. Junio de 1949;No 194. Diciembre de 1949; No 256. Febrero de 1955;
No 257. Marzo de 1955; No 259. Mayo 1955; No 260. Junio de 1955; No 262. Agosto
1955; No 263. Enero de 1964; No 266. Diciembre de 1955; No 269. Marzo de 1956; No
281. Marzo de 1957; No 296. Junio de 1961; No 310. Agosto 1959; No 319. Mayo de
1960; No 324. Octubre de 1960; No 334. Agosto de 1961; No 338. Diciembre de 1961;
No 346. Agosto de 1962; No 352. Febrero de 1963; No 394. Agosto de 1966; No 424.
Febrero de 1969; No 426. Abril de 1969; No 429. Jul