Annual - Eduardo Ortega Y Gasset

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    Annotation

    Cuando en julio de 1921 llegan Madrid las primeras noticias de losucesos de Annual, el diputado periodista Eduardo Ortega y Gasse

    viaja rpidamente a Melilla para cubria guerra. All conoce al soldadomadrileo Bernab Nieto, que hsobrevivido a la masacre (en la qu

    moriran ms de diez mil espaoles) relata al reportero su horriblexperiencia, lo que se refleja en l

    primera mitad de esta obra.En la segunda el autor, polticopero tambin autntico corresponsal dguerra, nos narra las operaciones par

    recuperar el territorio perdido en una

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    crnicas en las que aparecen personajecomo Franco, Sanjurjo, Abd-el-KrimMilln Astray, Indalecio Prieto

    Cabanilles. Esta obra del mayor de loOrtega se encontraba indita desde spublicacin en 1922.

    ABRAZO FILIALPRLOGO [1]PRIMERA PARTE

    I EL PRLOGO DELANNUALII ABARRN E IGUERIBEN

    III LA TORTURA DEIGUERIBENIV EL CONVOY TRGICOV IGUERIBEN PERECE

    NOCHE DE ANGUSTIA

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    VI AMANECE EL D ATRGICOVII LA PERSECUCIN. EL

    INCENDIO DE ANNUALVIII EN LA AVANZADILLAIX UN NUEVO ENEMIGOX OTRA VEZ SOLOXI EL SEUELO DEL AGUAXII PRISIONEROXIII LA EVASIN

    XIV CAMBIO DE BENTIELSEGUNDA PARTEEL INORGANISMOOFICIAL

    CON LA VERDADREMEDIO NICOEL EJRCITO Y SUEFICACIA

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    LA DEFENSA DE NADORPGINAS DOLOROSASTRISTE MISIN

    ABD-EL-KRIMEL ALMA DE LA RAZALOS DEFENSORES DEMELILLAEL ARMAMENTOENEMIGOEN LA ZONA DE MELILLA

    CARNERO Y CUZ-CUZLA SANGRIENTA LECCINACTIVIDAD DEL ENEMIGOLAS SUSPICACIAS DE LA

    JARKAEL PUNTO DE PARTIDAARTILLERA MORALA BUROCRACIA MILITAR

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    EL GURUG SILENCIOSOEL COMIENZO DELAVANCE

    TRES NOTAS DIVERSASLA TOMA DE NADORSOBRE LA TOMA DENADOREL CAMBIO DE SISTEMA

    notes

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    Eduardo Ortega yGasset

    ANNUAL

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    Publicado por primera vez po

    Rivadeneyra, Madrid, 1922 Ediciones del Viento, 2008EDICIONES DEL VIENTO S.L.Avda. Fernndez Latorre, 5 9

    2 E / 15006 La CoruaTel: 981 244 468 /Diseo grfico: David Carballal

    ISBN: 978-84-96964-31-0Depsito legal: C4153-200mpresin: Valladares, s.l.

    Impreso en Espaa / Printed iSpain

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    ABRAZO FILIAL

    Mi padre, en los largos aos de

    segundo exilio (1939-1965) recordabcon nostalgia suAnnual crnicas comCorresponsal de Guerra de La Libertad

    os contaba recuerdos de aquel horriblverano de 1921 en el que el ejrcitespaol sufri el mayor descalabro dsu historia a manos de Abd-el-Krim, un

    moro temible que logr aglutinar loodios de las kabilas contra EspaaCunto me gustara nos decaconseguir un ejemplar de ese libro

    releer mis visiones y experiencias e

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    aquel Rif turbulento en el que nuestronobles soldados sufran espantososufrimientos. La administraci

    espaola, corrupta y desvergonzada, nprovea al ejrcito de los materiales quexiga la guerra, permitiendo que unorifeos valerosos, sin organizacimilitar, derrotaran a tropas regulareque se suponan superiores.Annual euna historia-requisitoria en la que, co

    pasin, se sealan las inmoralidades dos burcratas que pagaban con sangros mozos espaoles. Las crnicas qu

    venan de Marruecos eran rigurosament

    censuradas para ocultar a la opinipblica, la dolorosa realidad. E

    nnualmi padre reuni sus crnicas sias mutilaciones del censor. En s

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    primer exilio, despus del golpnducido del jerezano Primo de Rivera

    escribi, desde Pars, esta irnic

    cuarteta:

    Mi querido CoronelLejos de su lpiz rojoEscribir aqu a mi antojoBajo la gran Torre Eiffel

    En la segunda parte deAnnual shace un certero diagnstico de loestertores de la Restauracin. Lmonarqua borbnica estaba podrida

    slo un sacudn salvara a Espaa dconvertirse en el cadver de un "elefantmuerto". Desde Francia, con lcolaboracin de Don Miguel d

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    Unamuno, tambin emigrado en ese pasdespus de su pasanta canaria, publicHojas Libres, que se introduca

    clandestinamente en Espaa, a travs das veredas contrabandistas de lo

    Pases Vascos. Vino luego el Pacto deSan Sebastin, suscrito por mi padre, lI Repblica, la Guerra Civil y los ao

    miserables de una dictadura cureracruel y agarbanzada. Unamuno, antes d

    morir en su Salamanca de piedradoradas, recordando a su homnimocalific al rgimen de "dictablanda", acompararlo con lo que vea.

    Ahora, gracias a Eduardo Riestraeditor de Ediciones el Viento, he podidoeerAnnualcon un retraso de 88 aos

    dialogar con mi padre. A l, padr

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    nuestro, un abrazo de hijos, nietos bisnietos, sembrados en tierraamericanas. Espaa se acerca hoy a lo

    deales e ilusiones por los que tantuchaste.

    Juan M. Ortega Caracas, 25 dseptiembre de 2008

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    PRLOGO [1]

    Transcurra la ltima decena demes de julio del pasado ao. Ningndicio exterior revelaba inquietudes n

    preocupaciones en la opinin pblicaEl asunto de Marruecos era para latencin general como una viej

    ncomodidad en la que nadie pensabaDominaba slo en Madrid por aquellodas el trajn de los viajes veraniegosen que el hombre laborioso busca u

    necesario descanso, o en que unmultitud frivola hace cambiar de postura su ociosidad en las playaconcurridas.

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    Esta tranquilidad, estnconsciencia, se vio sbitamenturbada por noticias gravsimas, qu

    anunciaban un fuerte descalabro sufridpor nuestras tropas de la zona dMelilla. El rumor era inicialmentmpreciso, vago, pero portador de un

    densa obscuridad, como esas nubeplomizas que amenazan con el pedriscoPoco a poco aquella impresin se fu

    poblando de detalles trgicos, y econtorno de la desdicha fu apareciendante el pblico con terrible diafanidad.

    Uno de los fenmenos colectivo

    ms digno de ser examinado, y que tienen este prlogo su oportunidad, es el da total sorpresa a que antes aluda, co

    que la catstrofe lleg a sacudi

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    fuertemente los adormecidos nervios da opinin. Esta inveterada inclinaci

    al sueo, tan daoso porque n

    previene, y al no constituirse en acicatde lo Gobiernos invtales tambin a lnegligencia y al abandono, es natural eella o provocada por el rgimen en quvivimos? Sin negar una parte de culpen ese abandono a nuestra idiosincrasimeridional, ella no sera bastante

    producir tan lamentables efectos sin eerror arcaico en nuestros gobernantes dconsiderar como principal remedio euso y el abuso de la morfina. Podramo

    decir que los Gabinetes que se sucedeen la direccin de la poltica y dnuestra vida nacional son empecatadomorfinmanos. Consideran de buena fe

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    como excelente norma de disciplinsocial, el aislar al pblico de la exactvisin de sus problemas y de l

    completa gravedad de los sucesodesgraciados. Y como el primer factopara que exista una opinin espaola eque se encuentre asistida dnformaciones verdicas, no es d

    extraar la provocada inconsciencia eque los ms fuertes y terrible

    acaecimientos sorprenden a aquella.Si la Prensa, acaso cumpliendaltos deberes, previene los peligros, nfaltan agrios patrioteros que l

    califiquen de alarmista. Yo escribo eviernes 5 de noviembre de 1920 eartculo inicial de La Libertad, nfirmado en que se denunciaba la escase

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    deficiencia del material de guerra dnuestro ejercito marroqu y se hacaprevenciones sobre su posibl

    neficacia. De ese trabajo periodsticcopio el siguiente prrafo:

    En el presupuesto de Guerra hacel contribuyente sobrados sacrificiopara exigir que nuestra accin eMarruecos est acompaada de cuanto

    medios sean convenientes. Por esvemos con dolor y consignamos coristeza, interpretando el sentir generaas manifestaciones que autorizado

    cnicos, juntamente con lonformadores periodsticos que ha

    asistido a las ltimas operacioneformulan sobre la evidente carencia de

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    material de guerra adecuado. Ni tanquede ataque, ni artillera moderna abundante, ni aeroplanos, arma de u

    valor estratgico en esta clase dcombates, tienen nuestros soldados dAfrica con la profusin necesaria parmultiplicar su accin y ahorrar esacrificio de su sangre. Este gnero dnegligencia, en el que se cuenta slo coel herosmo de los oficiales y soldados

    ser muy de la vieja sentimentalidabrbara, que igualaba a los combatienteen un juicio de Dios o en una luchcaballeresca por la dama o el honor

    pero nuestros soldados tienen derecho no estar expuestos a un cuerpo a cuerpcon un montas de Xauen. Lsuperioridad de pertenecer a una naci

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    civilizada, que tiene a su servicio a lciencia y a la tcnica modernas, se ha dpercibir en el conjunto como en lo

    detalles, y ser enorme lresponsabilidad de nuestros generales del Gobierno, llamados a ponderar sufuerzas, si se sacan las tropadesguarnecidas de cuantos medios seaprecisos para el triunfo, sin quebrantoni mortales angustias, como tien

    derecho y posibilidad de obtenerloEspaa frente a unas tribus belicosas.

    Pocos das antes del desastre, e

    da 15 de julio, el competente escritoMaximiliano Min, en artculdedicado a las Juntas militares, escribeste prrafo, que era la profeca de

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    derrumbamiento, en que anticipadamentse empleaba esta palabra, que ha siduego la ms sinttica expresin de

    desastre:

    Que desdicha y que peligrossituacin!... Un Estado sostenido por uEjrcito as, es, valga lo manoseado da comparacin en gracia a la exactitud

    como una pirmide sostenida por e

    vrtice. As vivimos como de milagroen continuo sobresalto, esperando emiendo a cada hora el tremend

    derrumbamiento.

    Pero estos aldabonazos con qualgunas personas enteradas deproblema pueden haber tratado d

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    prevenir a la opinin, tenaforzosamente que ser ineficaces. EGobierno se encargaba de mantene

    aislada la zona de nuestro protectoraddel ambiente nacional, conservando allesa morbosa indolencia que con tantsangre hemos pagado. Un hecho tagrave como el de la prdida del montAbarn, resultado de una violentefervescencia en la hostilidad de lo

    beniurriaguel vemos como se disfrazabde suceso mnimo e intrascendente en eparte oficial que a continuacicopiamos:

    El general segundo jefe de lComandancia general del Melillcomunica a este ministerio, a las doc

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    del da 5, que el general Silvestre hmarchado en el caonero Laya, conferenciar con el alto comisario frent

    a Sidi-Dris; aquel se encuentra a borddel Princesa de Asturias.

    En la madrugada de da 1, y mbien como cooperacin de polica, socup por el comandante Villar el montAbarn, fuerte estribacin de lcordillera de Miletes, de unos 50

    metros de cota, y alejado de Buymiliunos seis kilmetros en lnea recta y 1de malsimo camino de montaa.

    Guarnecida la posicin

    emprendida por la columna la retiradael comandante general regres a la plazdesde Annual. A su llegada, recibinoticias de que la nueva posicin hab

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    sido atacada, y volvi a salir aquellmisma noche para Annual.

    No se pueden precisar an la

    causas de la defeccin de la jarkamiga, motivando este hecho tanesperado la muerte de los capitane

    Huelva y Salafranca, de Polica Regulares, respectivamente; tenienteCamino y Reyes, de Regulares, y ealfrez Fernndez, de la Polic

    ndgena, y Flomesta, de Artillera. Eresto de la tropa europea, en muy escasnmero, se incorpor a la posiciprxima, sin ms que nueve soldado

    heridos leves y tres graves peninsularesA continuacin, el enemigo atac

    Sidi-Dris, en el que fue duramentcastigado, retirndose despus d

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    veintisis horas de fuego, sufriendo mde un centenar de bajas.

    Por nuestra parte slo tuvimos

    heridos leves, el comandante D. JuliBentez, de Ceriola, y teniente dArtillera Galn, encontrndose amboen buen estado; y de tropa, un soldadde Intendencia grave y siete de Infanter

    Artillera leves.Despus de la retirada del enemig

    no ha ocurrido novedad.

    El da 9 de junio se publicabambin la noticia de haberse tomado l

    posicin de Igueriben de la siguientmanera que reproducimos, por secaracterstica del procedimiento qulamamos morfinmano.

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    Melilla, 8. En la madrugada dayer, una columna, compuesta po

    fuerzas europeas e indgenas, mandadapor el general barn de CasaDavalillos, avanza por el territorio de lkabila Beni-Uliches, siendo hostilizadpor pequeos grupos de rebeldediseminados, resultando herido usoldado indgena.

    La nueva posicin, llamada dKudia Sucriben, qued fortificada medioda y guarnecida por docompaas de Ceriola, una compa

    de ametralladoras, una batera y algunafuerzas indgenas.

    El general Silvestre la visit dmadrugada, regresando al obscurecer

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    Melilla.Procedente de la playa de Sidi Dri

    ha llegado el caonero Laura, quedand

    all el Bonifaz y el Laya.Algunos prestigiosos jefe

    ndgenas, entre ellos Abd-el-Kader, hanreiterado su adhesin a Espaaofrecindose a pelear a su lado.

    El general Silvestre se proponcastigar severamente a los atacantes d

    a posicin Abarn.Se sabe que algunos jefes de lkabila Tensamn fueron heridos por lorebeldes por negarse a combatir contr

    os espaoles.Los aviadores militare

    bombardearon ayer los poblados frenta Alhucemas, incendiando las miese

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    depositadas en las eras y destruyendalgunas viviendas.

    A travs, pues, de esanformaciones, en que todo e

    desorientador para el pblico, arrojadaen el conjunto de las noticiaperiodsticas sin relieve alguno, no eposible pedir a las grandes masanacionales perspicacia bastante par

    desentraar la disimulada verdadAhora, al travs del tiempo, al releeesos telegramas, comprendemos ququienes los dictaban desde la zon

    marroqu o el ministro que los adobabpara darlos a la publicidad, conocaexactamente la situacin, y es evidentepara el menos experto en el ejercito d

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    escribir, dnde est el golpe de escoploque va desposeyendo a la noticia dodas sus aristas agudas y alarmantes.

    Contribuyamos, pues, todos a qua verdad llegue a todo el pblic

    espaol. Tengo gran fe en que el nicomedio de que los problemas espaoles

    el de Marruecos principalmenteconsigan una solucin y dejen de seobstculos atravesados en la vid

    nacional, es el de que la opinin tengplena conciencia de ellos. Con este librrato de cooperar modestamente en es

    sentido.

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    PRIMERA PARTE

    RELATO DE UN

    SOLDADO

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    I EL PRLOGO DELANNUAL

    Bernab Nieto es alto, delgado y esu rostro, de expresin franca y noble

    se exteriorizan sus cualidades de energserena y sin afectacin. Es el soldadpico de Espaa y ms genuinament

    del madrileo, que sabe soportar alegrsin preocupaciones los mayore

    sufrimientos. Bajo su afable sonrisa soculta un alma bien templada, qu

    difcilmente se sobrecoge o abruma anta adversidad.Los lectores van a asistir a esta

    recias pruebas y trgicas aventuras d

    nuestro soldado. Durante largas horas d

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    cruel fatiga ha convivido con la Muerteen su retina han quedado grabada

    escenas de horror. El va a transmitirno

    sus impresiones con esa fuertpalpitacin que tienen los hechos y larealidades que han pasado por ucerebro y por un corazn, las cualesuperan siempre con intensidad a todmagen o disfraz de la fantasa. Yo me

    acerco a este relato con el respet

    admirativo que un naturalista al disecaentre dos hojas de papel una flor rara perfumada. No me perdonara a mmismo el delito de alterar la verdad

    descomponer las puras y espontneaneas del relato, directamente recogid

    de labios del valiente militar en parte, en parte tambin de notas en que l h

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    fijado el orden de los sucesos de que hsido actor.

    Mi trabajo ha de ser el de escribi

    completamente la relacin de Nieto coaquellos pormenores, recogidos tambidirectamente durante mi permanencia eMelilla en los trgicos das de julio, qucoloquen la escena dentro del ambientgeneral y del cuadro del cual es upersonal episodio.

    Tres meses haca el hroe de estapginas se encontraba en el campamentde Annual, como artillero, al servicio duna batera de montaa. En este perod

    de tiempo que precedi al inesperaddesastre, la tranquilidad de la vida en lposicin slo se vio interrumpida podos sobresaltos. Haban pasado ya eso

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    das de apacible temperaturprimaveral, tan precoces en aquellcomarca. El sol de frica, duro

    castigador, caa a plomo dentro de loparapetos, haciendo fatigosa la vida. Siembargo, las necesidades militareenan recluidas las fuerzas en la

    expectativas de nuevos avances.Durante el transcurso del mes d

    mayo s se realizaron expediciones. S

    haban tomado los puestos militares dTalili, Buy Meyan, Igueriben y MontAbarrn. Este ltimo nombre, en el qua se comienza a ventear la catstrofe

    fue el primer aldabonazo, bastante fuertclaro para prevenir sus tremenda

    consecuencias, si hubiera sabido seodo.

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    Antes de ese acaecimiento, el d16 de junio, tuvo lugar tambin unagresin por parte de los moros, d

    bastante importancia. Este hecho apenafue sabido en Espaa. El disimuloficial, la censura telegrfica no dejconocer sus verdaderas proporcionesPracticaron ese da una descubiertdesde Annual dos tabores de Regularede Melilla y dos mas de la Polica

    Pretendan desalojar a lobeniurriagueles de una posicin quenan en el sitio llamado El Arbolillo

    Cuando se haban separado unos tre

    kilmetros, se vieron diestramentagredidas esas fuerzas por lretaguardia, siguiendo la perenne tcticmoruna de pretender cortar la retirada

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    Se empezaron a or fuertes descargas dfusilera, y Bernab Nieto, como todosus compaeros, se aproxim a lo

    parapetos para enterarse de lo quocurra. La tranquilidad y el relativsilencio que reinaron hasta entonces, svieron interrumpidos por fuertconmocin. Iban y venan jefes oficiales transmitiendo disposicionesPronto la corneta reson, dando rdene

    para congregar las fuerzas de auxilique las combatientes demandaban y sias cuales se habran visto envueltas.

    Se form rpidamente una column

    con dos compaas de Infantera dCeriola, una batera de montaa y tremas de Polica indgena. Nieto salicon la columna al servicio de las pieza

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    de montaa. Poco despus de realizar edescenso de la posicin, empezaron silbar las balas. El choque fue muy duro

    Se perciba que los moros batallabacon un fuerte aliento, que les hacresistir vigorosamente y que contrastabcon la indiferencia aparente con quhaban presenciado la toma de laprimeras posiciones antes enumeradasa cual se haba realizado sin dispara

    un tiro.Los moros, cuando recibieron lmetralla y se percataron de lmportancia de las tropas qu

    amenazaban con cogerlos entre dofuegos, efectuaron una retirada dflanco, en la que, con gran sorpresa dos jefes, se les vio evolucionar po

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    Echados en el suelo, los soldadocontestaban a los asaltantes, los que, siesta precaucin, habran llegado hast

    as mismas alambradas.Como indicio de la moral qu

    haban adquirido, Nieto relata que dode ellos lograron introducirse dentro das alambradas, favorecidos por la

    sombras de la noche. En el espacio qusepara los acerados y espinosos hilo

    del parapeto haba unas zanjas a modde trincheras. All se resguardaron loosados pacos y empezaron a disparar mansalva contra las tiendas. Colocado

    en sitio opuesto, mantenan, por lproximidad de los disparos y lo audade la provocacin, una gran alarma. Ucocinero que estaba pacficament

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    pelando patatas para el rancho, recibiuna herida mortal en la cabeza. Aspermanecieron tres horas, al cabo de la

    cuales un grupo de la Polica se deslizsin que los pacos pudieran verlo, podetrs.

    Era emocionante la escena dice Nieto. Pareca la caza de unalimaa por otras de su misma especieLos moros amigos andaba

    arrastrndose, sin hacer ruido, y poco poco iban cercando al que estabemboscado del lado de Sidi-Dris. En enstante en que ya muy prximos l

    enan rodeado, obedeciendo a una sease pusieron de pie, dado un gran alarid

    se arrojaron sobre l. No tuvo tiempde disparar. Los policas le quitaron e

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    arma, y con unos cuantos golpes de safilada guma, le cortaron la cabeza. Eotro haba dejado de disparar hac

    poco tiempo. Por la maana se lencontr muerto, vctima de los tiros das guerrillas.

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    II ABARRN EIGUERIBEN

    El segundo sobresalto que alter lndiferencia en que viva fue l

    ocupacin e inmediata prdida demonte Abarrn. A las nueve de lamaana del da i de junio entrabanuestras tropas en esa posicin. A lados de la tarde estaba prdida. Las docompaas de Regulares que, al manddel capitn Salafranca, componan l

    fuerza con la barca amiga de Texamanestaban de acuerdo con los enemigosPor lo menos se aseguraba que la barcena convenida la traicin. Lo

    Regulares acaso no hicieron ms qu

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    dejarse llevar, al comprender questaban perdidos, si se resistan. Ecapitn Salafranca muri escribiend

    una carta en que serenamente sdespeda de los suyos. Una batera dmontaa que mandaba el tenientFlomesta, cay en poder de los moros.

    Este triunfo produjo un efectenorme en el campo enemigo. Era lprimera vez que consegua un resultad

    completamente victorioso. El botn leenloqueci de entusiasmo. Sobre todoa posesin de los caones.

    No obstante, permanecieron en un

    relativa tranquilidad hasta que comenzel ataque moro a Igueriben. Slo ssufran algunos paqueos nocturnosTambin se divisaban en las montaa

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    que cierran el paso de Alhucemanumerosas hogueras.

    Sin embargo, a nada de esto s

    concedi importancia. Circulabarumores entre los soldados en que sanunciaban los ataques que proyectabAbd-el-Krim. Pero se burlaban de ellocomo de bravatas y fanfarronadas. A lode Abarrn no se le otorg en ecampamento mayor trascendencia

    porque, en realidad, fue un xito de lraicin y no de la lucha. Despus dretirarse la columna que conquistara lposicin, los harqueos traidores s

    imitaron a matar a los escasos soldadooficiales europeos que all quedabanlos urriaguel entraron sin disparar u

    iro.

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    En medio de esta calma de la viden Annual, se empezaron a sentir loprimeros relmpagos de la tormenta.

    El da 17 de julio se sabe que lorifeos haban atacado Igueriben la tardanterior, a las cuatro. Del campo morolegan noticias de que han conminado a guarnicin de Igueriben, dndole och

    das de plazo para entregarse. De lcontrario, la expugnaran por la fuerza

    aduendose de ella, como habaogrado con la de Abarrn. Lguarnicin segua rindose de los qusuponan gallardas morunas, mientra

    contemplaba los preparativos de uconvoy de vveres y municiones que salpara Igueriben.

    Parte el convoy y, al salir de la

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    alambradas los soldados, despiden sucompaeros con alguna emocindesendoles buena suerte. Pero no les h

    acompaado el fraternal deseo. Lmitad, por lo menos, del convoy se hquedado en el camino, cayendo en podede los moros, que lo acechaban mubien parapetados, cortando el acceso gueriben. Los que lograron atravesar lrocha y entrar en la posicin, tuviero

    que quedarse en ella, porque el regreso haca imposible el enemigo. Slo ssalvaron cuatro cubas de agua, cantidahomeoptica para los tresciento

    hombres que guarnecan Igueriben, y dpertrechos de guerra no llegaron mque unas cuantas cajas de cartuchos granadas para la artillera; pero si

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    espoletas, y sabido es que sin ellas no sproduce la explosin y sus efectos somuy escasos. Doce hombres y los mulo

    de que eran conductores fueroapresados por los moros.

    Desde Annual se oa el intensocaoneo y fuego de fusilera, reveladode la tenaz defensa de los soldados dgueriben, rodeados por completo d

    gran nmero de asaltantes.

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    III LA TORTURA DEIGUERIBEN

    Hasta aquel da, Bernab Nietoque tan acabado relato nos va haciend

    de sus impresiones, no haba tenidclara sensacin de la nube que se cernsobre Annual. Por la noche, despus deoque de retreta y mientras preparabaas mantas extendindolas en el suel

    para acostarse, un compaero al quapenas conoca le dijo:

    Me parece, artillero, que lacosas se ponen mal. No s que receloengo. El aire que viene de ah

    sealaba hacia Alhucemas est

    cargado de mala electricidad. M

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    parece que no voy a volver a ver a lviejecita ni a la Patro. Mira, no se poqu, tengo la corazonada de que t

    podrs escapar de sta y unas cartas quengo escritas te las voy a dar para quas lleves t.

    Bernab crey exagerados esopresentimientos y en el fondo form maconcepto del valor de su compaero. Sguard, sin embargo, las cartas, que era

    dos: una para la madre y otra para lnovia de aquel muchacho, y pocdespus dorma, bajo un cielo estrellad

    limpio, sin or las balas que los paco

    enviaban al campamento.Al toque de diana los soldados s

    evantaban rpidamente de suncomodas yacijas. Ni ellas ni l

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    nquietud que flota en el ambientconsienten la suave y reparadora perezmatinal.

    Continan oyndose las descargapor el lado de Igueriben y el irregularpero nutrido, fuego de la harca enemigaEl heligrafo, con sus relampagueantes nerviosos guios, habla repetidamentePor l se sabe que los sitiados carecea de municiones de can y de agua. L

    cartuchera de fusil escasea tambin. Siduda en aquella guarnicin se comienza experimentar, adems de losufrimientos terribles de la sed, la duda

    a ansiedad, an ms deprimente, dpoder ser auxiliados. El capitn dArtillera D. Federico de la Paz hofrecido por la noche a una mora mi

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    pesetas por llevar un cntaro de agua gueriben y no ha aceptado el trato. H

    contestado que bebieran orines. En s

    pecho ha prevalecido, sobre la codiciael odio.

    Se organiza en las primeras horade la maana otro convoy paraprovisionar a los ocupantes dgueriben. El fracaso fue an m

    absoluto y sangriento que el da anterior

    Los beniurriaguel haban cavado unzanja o trinchera muy honda, que cortaben una extensin de ms de trekilmetros el acceso desde Annual. All

    con tan firme resguardo, esperabanuestros enemigos, bien municionadoscon sus fusiles Lebel y Mauser, y antede que el convoy, con la lenta marcha d

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    su impedimenta, lograse aproximarse, unutrido fuego mataba a los soldados y as acmilas. Las tropas de protecci

    se vieron precisadas a retirarse edesorden a la carrera, y los moros quas perseguan llegaron hasta muy cerc

    de las alambradas de Annual.Ocurran estos lamentable

    ncidentes prxima la hora deanochecer, un anochecer triste por ta

    amentables sucesos, envuelto en brumacaliginosas. La guarnicin de Igueribenmandada por el comandante Bentez, quera un bravo, incapaz de arredrarse n

    ante la angustiosa situacin que ya shaca patente, pide auxilio. Prev, con ealiento que a los moros ha de causar lsegunda derrota del convoy y e

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    obligado enmudecimiento de sucaones, un violento ataque nocturno. Eefecto, apenas ha cerrado la noche, s

    oyen los disparos de la fusilera moraa cual envuelve ya totalmente gueriben. Una de nuestras bateraigeras empieza desde Annual a lanza

    granadas contra los asaltantes, y producuna impresin lgubre, siniestra, el oren medio de las sombras, tronar lo

    caones y contemplar la roja llamaradque de sus bocas surge a cada explosinPocos lograron aquella noch

    conciliar el sueo. A los que no

    desvelase el ruido del combate, y pesar de l pudiera su joven naturaleza a fatiga rendirles, les impeda e

    sosiego la inquietud del alma

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    emocionada por el peligro que corrasus hermanos en Igueriben y por algrgico que se aspiraba en el aire.

    Al amanecer del da 19, que fuanubarrado y macilento, sexperimentaba ese vago sentidesazonado que pone trmino a unorga o a una pesadilla, tan distante desano y alegre despertar de la Naturalez

    de la vida despus de una noche d

    reposo.En Igueriben la situacin sencuentra estacionada, lo que quierdecir que a cada minuto se empeora. E

    enemigo sigue atacando con vigor, mseguro por momentos de su presa. Lfalta de agua hace insoportable orturador el suplicio de aquello

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    bravos. Por el heligrafo nos dicen qubeben el zumo de patatas, que mascacrudas para conseguir un ligero fresco

    de humedad, y otras cosas horriblescomo orines. Los oficiales llegaron ngerir el lquido que contenan lo

    frascos de limpiar las botas y locueros.

    Del campo vienen amenazaprogresivamente audaces. Dicen qu

    Abd-el-Krim quiere conquistar Annualaunque siguen los soldadoomndolas a chacota, no dejan d

    experimentar algn temor. De qu no

    sern capaces estos brbarosenardecidos por dos victorias y la presde un fuerte botn? Se esperan refuerzode Polica, Regulares e Infantera.

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    En el da siguiente lleg, en efectoa columna de San Fernando, compuest

    de un batalln, 800 hombres de la harc

    amiga mandados por Burrajay, y dPolica, Ingenieros y Sanidad.

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    peligro de atravesar la trocha fatal, aun pasada sta con favorable resultadoel de quedarse en la posicin envuelt

    por los moros.Despus de una pausa an m

    arga, durante la cual nadie se movi dsu sitio, como no se ofreci ningn otrvoluntario, fueron los otros tres quhaban de acompaar a Bernabdesignados por sorteo.

    El capitn, con visible emocin, leranquiliza no obstante, diciendo que ndebe tener cuidado, porque al dsiguiente se meter el convoy e

    gueriben, y nada habra que temer unvez all, donde, con municiones, agua alimentos en abundancia, era cosa dpoco esfuerzo resistir el ataque de

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    enemigo.En realidad, bien comprenda

    odos que consiguiendo entrar en l

    posicin con provisiones para loestmagos y para las armas, la partidestaba ganada; los moros sdesalentaran, y como directamente casnunca atacan, limitndose a hostilizaos convoyes y a bloquear, se llevara l

    victoria a nuestros afligidos hermanos

    Qu honda alegra llegar a la irritada mortal sed de los compaeros con erefrigerio de las cubas de agua! Quemocin tan indeleble la de pensar qu

    se haba arriesgado la vida parhumedecer las bocas sedientas! Y luegode experimentar esas generosampresiones, entre gritos de triunfo

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    acudir a los parapetos y presenciacomo los enemigos huan, oyendo ecrepitar acelerado de las ametralladora

    la explosin mortfera de las granadasEn todo esto pensaba Nieto, sintindosposeer por el generoso ardor de tanoble cometido: llevar agua para labocas humanas y fuego para las bocas dacero! Para eso bastaba con sufrir unomomentos de peligro, y si en ellos l

    enacidad y la energa lograban el xitoquedara el campo tranquilo y loespaoles vencedores.

    Digamos aqu que fue digna d

    alabanza la conducta del capitn dArtillera que se llamaba don Miguel da Paz, el cual voluntariamente s

    ofreca para auxiliar a los atacados.

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    Durante el da, el heligrafo habrado noticias de desesperacin

    angustia. El tormento de la sed es y

    nsoportable, y an ms bajo aquel sonflamado. Se les reconfortrasmitindoles con los rayos del mism

    astro que les quema la inmediatesperanza del agua y del auxilio. Se leordena que resistan durante la nocheayudados por las bateras de Annual, la

    que velarn con su estruendo hasta enuevo da.La diana tampoco despert a nadi

    en aquel amanecer del 21 de julio. N

    fue como el agudo son que hiere esilencio del campamento en el serensurgir de las primeras claras matinalesEra un ruido ms de los que formaban l

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    activa agitacin de los soldados. A laseis de la maana comienzan lopreparativos de organizacin de

    convoy. Durante la noche ha llegado egeneral Silvestre para dirigipersonalmente la batalla que haba dibrarse intentando romper, con l

    enrgica violencia que el apurado casexiga, el cerco y la incomunicacinFlotaba, sin embargo, en el aire aquell

    electricidad contraria de que a Nieto lhablara su compaero, y al recordar lcual se apretaba en el bolsillo las docartas impregnadas de esos dos grande

    amores, el de la madre y de la noviacomo si fueran un amuleto salvador. Uvaho de tragedia, presentimientos dsangre y de dolor opriman los pechos

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    Lentamente van formando las tropasCada soldado ocupa su sitio, despus darreglar el macuto y el morral d

    costado, aprovisionndose de pan y unata de sardinas.

    Nuestro hroe va animoso, casalegre, a relevar a sus compaeros, lode la primera batera ligera, que sencuentran en Igueriben. Mientras loexpedicionarios hacen todas su

    provenciones, entre las voces de mandde los oficiales, que montan ya caballo, circulan entre ellos las nuevapoco gratas que de Igueriben envan. Lo

    moros han intentado durante la nochasaltar la posicin. Los trescientohombres, con las fauces pegadas apaladar por los cinco das en que dur

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    su tormento, sin reposo, insomneshaciendo supremos esfuerzos, de quslo es capaz la humana naturalez

    sostenida por las energas del alma, coas manos crispadas, han cogido su

    fusiles, y sacando las cabezas fuera dos parapetos han mantenido un dur

    fuego, con el que han rechazado a loenemigos. Algunos oficiales mandabapuestos de pie sobre los sacos de arena

    acaso deseosos ya de una muerte que eranestesia de irresistibles sufrimientosOtra cosa hace insoportable lpermanencia en Igueriben. La parte de

    convoy que logr pasar el da 17, coma posicin era muy pequea y no caba

    en ella los cincuenta mulos quconducan los pertrechos, se quedaro

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    fuera de los parapetos. Los morosdurante la noche y la maana siguienteos haban matado a todos, y formaban a

    descomponerse bajo la accin de lclida temperatura, un crculo pestilenteque aumentaba el cuadro de horror quafliga a aquellos infelices soldados.

    Los preparativos se hacaentamente. Eran las ocho y an no s

    haba dado la orden de marcha, y com

    estas operaciones para cogedesprevenido al enemigo, pocmadrugador, porque tarda econcentrarse, deben hacerse con lo

    primeros albores del da, la gentempezaba a murmurar y a decir que sban a encontrar a la harca hecha un

    pia y que el combate iba a se

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    dursimo.El general Silvestre pas varia

    veces por entre las filas de soldados qu

    esperaban el instante de avanzar. Cobruscos ademanes y aceleradomovimientos, caminaba seguido de sEstado Mayor, y desde los parapetoestuvo examinando con los gemelos dcampo. Cuando se hallaba con las manoen alto sosteniendo sus prismtico

    frente a los ojos, le llevaron un parte deheligrafo con noticias de Igueriben.Lo ley el general, mientra

    nerviosamente se atusaba lo

    formidables mostachos, que eran srasgo caracterstico, en el que vean losoldados las cualidades de audacibronca e impulsiva del desagraciad

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    militar, hasta el punto de que sus actosolan llamarlos bigotadas.

    El contenido del telegrama deb

    ser duro y terrible. Lanz una rudexclamacin y tir el papel. Luego ssupo que el heliograma del comandantBentez, desde Igueriben, era insultantpara los jefes de Annual, a los qulamaba cobardes por dejar a su

    hermanos en el desamparo.

    Por fin, a las nueve de la maana sponen en movimiento las fuerzasBernab Nieto va acompaando econvoy, y al llegar a la distancia de do

    kilmetros prximamente de Igueribense estaciona ste y permanece as muchiempo sin avanzar ni retroceder. Pasa

    muchos heridos hacia Annual. Nieto v

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    al teniente coronel de Ceriola retiramuchos de ellos de las lneas de fuegpor s mismo, con una gran abnegacin

    ceguera de todo peligro.Las fuerzas que van en la avanzad

    estn sosteniendo un choque muy duroLas descargas del enemigo son cerrada

    como obedeciendo, cual las de nuestrgente, a la voz de mando.

    De Annual, a eso de medio da, s

    ven salir varios escuadrones dAlcntara, que se dirigen hacia el campenemigo descendiendo por la cuestvelozmente. Sin duda tratan de dar un

    carga para deshacer la resistencia moralos que miran con gemelos hace

    correr la noticia de que a la cabeza vnada menos que el general Silvestre, qu

  • 7/30/2019 Annual - Eduardo Ortega Y Gasset

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    en persona quiere destrozar al enemigoTodos siguen, por lo tanto, con ansiedadel avance de los escuadrones d

    Alcntara; pero, con desconsuelocomprueban que apercibida la harca da avalancha que se dirige a atacarla co

    el irresistible impulso de los caballosconcentra sus fuegos sobre ellos. Desdel barranco en que est guarnecido econvoy esperando la posibilidad d

    marchar hacia adelante, se ven caer eracimos los jinetes, con escaracterstico desorden que causan labajas en este gnero de arma. Uno

    caballos heridos que se desbocanarrojando sus monturas; el pelotn quse forma en derredor de un potro qurueda muerto o de unos soldados herido

  • 7/30/2019 Annual - Eduardo Ortega Y Gasset

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    que caen a tierra. Pronto el mpetnicial se amortigua, ante el mortfer

    fuego que reciben las filas de caballos.

    Intentan rehacerse y continuaavanzando, pero el camino que han dseguir hasta llegar al punto en que sencuentran los moros est perfectamentbatido. Una cortina de plomo lo cierrpor completo, y como estn an muejos del sitio en que habran de ataca

    con el galope de la caballera y sveran expuestos a ese fuego muchiempo, el sacrificio hubiera sido estril

    Los escuadrones no habran llegado co

    elementos bastantes para que su accisirviera de nada.

    Por eso, con desaliento, los veretroceder hacia la posicin de dond

  • 7/30/2019 Annual - Eduardo Ortega Y Gasset

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    salieron. Nieto y sus compaeroexperimentan angustia creciente. Sniciaban ya los momentos agudos de

    drama. Y eso que ellos, emboscados enel punto ms seguro, an no tenanocin de los mortales incidentes que sdesarrollaban, de una parte, en la lnede fuego, donde nuestras tropas dchoque estaban destrozadas, y de otra eAnnual, en que el nimo esforzado

    urbulento del general Silvestre, hechpara las audacias vehementes, pero nemplado en la fra serenidad de lonstantes difciles, vacilaba sin sabe

    qu resolucin tomar.En aquella inquietud de agon

    ranscurre el tiempo para loacompaantes del convoy, hasta la

  • 7/30/2019 Annual - Eduardo Ortega Y Gasset

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    cuatro de la tarde. El cielo se haba idencapotando desde las primeras horade la maana y soplaba con lamentable

    gemidos fuerte vendaval. Los moros, siduda, haban roto ya nuestras primeraneas de proteccin del convoy, porqu

    a la hora expresada comienzan tambin atacarlo, y desde aquel refugio que sconservara indemne ve Nieto algo quse le antoja sorprendente e inaudito. La

    mas de Polica indgena y el tabor dRegulares montan a caballo, y volviendgrupas al enemigo, se dirigen a galopendido hacia Annual. La Infanter

    ambin va a paso ligero en iguadireccin.

    El convoy se ve perdido. Todocomprenden que est abandonado, y qu

  • 7/30/2019 Annual - Eduardo Ortega Y Gasset

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    ser difcil librarlo de ser presa morunaLlega entonces el teniente coronel dCeriola, el cual da la orden de retirars

    hacia Annual tambin. El semblante deefe revela agitada preocupacin.

    Empiezan a marchar a paso ligeropero el enemigo les va a los alcances, secha materialmente encimapersiguindoles con un fuego certerocomo lanzado desde cerca y a mansalva

    o eran descargas, sino paqueo, en qucada tiro iba dirigido a una vctimsegura.

    Los rifeos, con un movimiento d

    flanco realizado por fuerzas colocadas nuestra retaguardia, cortaron el paso aconvoy. El desorden, el desconcierto shizo absoluto. Cada cual corra ya po

  • 7/30/2019 Annual - Eduardo Ortega Y Gasset

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    su cuenta, sin enlace con los dems. Lretirada qued convertida en una cacerpara los moros. Se oan sus chillidos d

    fieras enardecidas. Se avisaban unos otros, como en ojeo de cazadores, parsealarse las reses que huan y atajarlasLos mulos con el material que gueriben se intentaba conducir, fuero

    cayendo en sus manos. Este ataquenvolvente tena lugar en el ro donde s

    practicaba el servicio de aguada, a unoquinientos metros de Annual. En nadatemoriza ni contiene la furiaenvalentonada por el triunfo, de aquello

    erribles enemigos, la artillera dnuestra posicin, que est tirando con lespoleta a cero. Cinco bateras, unigera y las dems de montaa, dispara

  • 7/30/2019 Annual - Eduardo Ortega Y Gasset

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    sin descanso; pero aquel retumbancesante ms bien parece animar a lo

    perseguidores, mostrndoles el bot

    para ellos ms codiciado, lamuniciones y los caones, sin contar coque obligadamente disparaban staneficazmente, dada la confusin de l

    retirada, y ms de un grupo de fugitivoreciba la explosin de las bombas quse lanzaban para ampararles.

  • 7/30/2019 Annual - Eduardo Ortega Y Gasset

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    V IGUERIBEN PERECE.NOCHE DE ANGUSTIA

    Nieto lleg providencialmente Annual, pisndole los talones, como

    sus compaeros, los moros, y apenetrar, sin tiempo para el reposo dunos minutos despus de tan durornada, ni aun para calmar la jadeant

    asfixia de la loca carrera por lpendiente, oye tocar a generala.

    Cuantos haban entrado hac

    escasos instantes salen a los parapetosLos moros se venan encima, llegaban as alambradas, y se escucha un sordo nmediato tiroteo, que crece e

    ntensidad sin duda, conforme e

  • 7/30/2019 Annual - Eduardo Ortega Y Gasset

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    enemigo perseguidor va concentrndosen las proximidades de Annual haciendo ms acabado el cerco.

    Bernab se entera all, y en medide aquel fragor, de que se les ha dado as fuerzas de Igueriben la orden d

    evacuarlo, ante la posibilidad de llevaningn auxilio. En efecto, del montculen que se hallaban los trescientosoldados a las rdenes del valient

    comandante Bentez, se ve elevarse acielo una densa humareda.Entonces, apoyndose en e

    parapeto, mira con los gemelos de

    capitn y contempla escenas crueles quecomo l nos dice, le hielan la sangre eas venas y hacen palpitar su coraz

    con celeridad. Tres oficiales, de pie

  • 7/30/2019 Annual - Eduardo Ortega Y Gasset

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    erguidos sobre los muros de sacoerreros, con los brazos cruzados

    miraban hacia el campo hostil co

    serena y sublime majestad, comdesafilndole y llamando a una muertiberadora de sus torturas y tambin d

    su honra. Mientras contemplaba estescena, vio a uno de ellos, el que estaben el centro, contraerse en un tremendsalto, y abriendo los brazos caer d

    espaldas dentro de la posicin.Los moros, situados en los doextremos de la barrancada, esperaban epaso de los fugitivos.

    Los infelices de tantas fatigas, erampamente fusilados con sa

    destructora. Los brbaros enemigopodran haber hecho prisioneros

  • 7/30/2019 Annual - Eduardo Ortega Y Gasset

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    aquellos hombres que, sin armas ni auel vigor necesario para correr, salan a desesperada; pero el odio de lo

    rifeos no perdonaba, y le eranecesarios el olor de la sangre y lamuecas terribles del martirio.

    Se salvaron o, mejor dichoconsiguieron llegar a Annual solamentdiecisis de esos desgraciados. Algunomurieron de fatiga al llegar; otros, a

    beber con un ansia de enajenados lcodiciada agua. nicamente cuatrresistieron la tremenda prueba Quhabr sido de ellos? En la confusin, e

    a terrible suerte que durante el dnmediato iban todos a correr, an no

    hemos averiguado si alguno lleg sano Melilla.

  • 7/30/2019 Annual - Eduardo Ortega Y Gasset

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    La noche estuvo llena dsobresaltos. Cercaban los moros lposicin y disparaban continuamente

    Los jefes se deca que estaban reunidosaunque los soldados ignoraban lrascendencia de sus deliberaciones. Fuentonces cuando se celebr el Consejde guerra, en el que, despus dcontinuas vacilaciones del generaSilvestre, se acord el abandono d

    Annual y la retirada. En este relato ncaben los pormenores de esa asambleque, en realidad, pas inadvertida paros soldados, y de la cual Bernab n

    nos hace referencia alguna.As termin el da 21 de julio, qu

    merece la triste celebridad de semarcado con piedra negra, como una d

  • 7/30/2019 Annual - Eduardo Ortega Y Gasset

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    as ms infaustas fechas de la historia dEspaa. En ese da trgico, ms que poo sucedido en el espacio lamentable d

    sus horas, por las consecuenciasangrientas, plenas de horror que en se engendraron, caa sobre nuestrPatria el dolor y la vergenza. Lopecados de varios aos de incuria, dnmoralidades, de abandonos punibles

    de injusticias, iban a ser purgados acas

    por los ms inocentes, por los pobremuchachos que fueron sacados de laldea y del hogar para servir a su Patriapero no para ser inmolados a la

    falacias de una organizacin militar eque todo era de percalina y de simulacr

    que no pudo resistir al primer ataquserio que desde la ocupacin del ao

  • 7/30/2019 Annual - Eduardo Ortega Y Gasset

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    1909 haba experimentado.En aquella noche fatdica del 21 d

    ulio, la angustia deprimi los pechos d

    nuestros jefes, Pero ningn, y menoacaso que los dems el generaSilvestre, lograron la serenidad fra calculadora que salva los instantes dagudo peligro. Durante toda la noche lrresolucin vacilante combati a

    general, y despus de acordarse l

    retirada, que acaso dispuesta con ordeenrgico y emprendida al amanecehubiese salvado al Ejrcito y evitado edesplome del inconsistente mecanismo

    decidi resistirse cuando al alboreacrey que haba desaparecido eenemigo.

    Hasta ahora, el protagonista de est

  • 7/30/2019 Annual - Eduardo Ortega Y Gasset

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    relato, Bernab Nieto, ha sido slo usoldado, un nmero que, con los demsactuaba. Desde aqu, ser el singula

    motivo de estas pginas. Le oiremocontar sus angustias y mortales peligro

    las dramticas incidencias que en smemoria se incrustaron mientrapresenciaba el sangriento drama que iba costar la vida a muchos millares despaoles.

  • 7/30/2019 Annual - Eduardo Ortega Y Gasset

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    VI AMANECE EL DATRGICO

    Nace el da 22 de julio difano con un sol ardiente desde los primero

    rayos. El enemigo ha cesado en sudisparos desde las tres de la madrugada

    en derredor del campamento reina esilencio. Dirase que los moros haabandonado el campo. Acaso sureyertas por el reparto del botn ledetengan. Tal fue, sin duda, la impresi

    de algunos jefes.Entre los soldados reina una vagncertidumbre.

    Qu haremos hoy? s

    preguntan unos a otros.

  • 7/30/2019 Annual - Eduardo Ortega Y Gasset

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    Poco despus de las siete sdivisan ya nutridos grupos de moroque, ostensiblemente y sin la

    precauciones con que generalmente socultan en el terreno, se aproximan, coa fusila cruzada a la espalda

    profiriendo grandes gritos de insultpara los nuestros.

    La Polica, al practicar ldescubierta, ha regresado con la notici

    de que la aguada de Annual seencuentra ocupada por fuertes grupos dBeniurriaguel, los que han improvisadrincheras, esperando el convoy d

    mulos. Se inician las descargas dfusilera, y los artilleros abren el fuegde todas las piezas.

    Tambin est cortada por lo

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    moros la retirada por la carretera dzumar, y los camiones de Sanidad, qu

    el da anterior fueron a la plaza repleto

    de heridos, haban sido tiroteados. Unde ellos cay en poder de los brutaleenemigos, los cuales degollaron a todos

    Se encuentran, por lo tantonuestras fuerzas completamente sitiadascortada toda comunicacin paraprovisionarse con Melilla, y sin agua

    Ya la masa de soldados, que en sumayora permaneciera confiada, ssiente invadir por lo desesperado de lsituacin.

    LA RETIRADA

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    A las ocho omos el toque generallos soldados acuden al parapeto. L

    batera en que presta servicio Bernaboca: Artillero, corre a embastar, y e

    medio de un nutrido paqueo, salen todocorriendo de la posicin en espantosdesorden, viendo las balas levantar epolvo a su alrededor. Al conductor deuno de los mulos le dan un tiro en l

    frente, y con un enorme brinco caymuerto. El capitn, en medio del tumultdel fuego que les acribillaba, orden

    otro artillero y a Bernab que s

    hicieran cargo del mulo, mand cargaa batera, y luego se march.

    Entre tanto, Bernab y scompaero vuelven a subir a la posici

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    para cargar en el mulo dos cajas con lodocumentos de la batera, y cuandvuelven se encuentran la salid

    nterceptada por muchos mulos, sobros cuales estaban colocados, en artolasos heridos que en Annual haba.

    Este alarmante sntoma, por el qucomprenden que Annual se abandoncompletamente al enemigo, les notificde una manera evidente la tragedia qu

    va a desarrollarse y en la queprobablemente, sern vctimas. Ssorpresa sube de punto al ver al generaSilvestre, andando muy de prisa

    posedo de la mayor agitacin, entrar eas tiendas donde permanecan lo

    heridos y enfermos, invitando a cuantoestuvieran en estado de valerse a sali

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    de la posicin lo ms rpidamente qupudieran.

    En la imaginacin de Bernab

    qued impresa de manera imborrable lfigura y las actitudes del infortunadefe, por cuyo arrojo tena una sencill

    admiracin de soldado bisoo que ano sabe criticar. Segn sus informes, sin duda sus ojos acaso sean los ltimoque le contemplaron de cuantos ven a

    a luz, Silvestre conservaba toda lenerga de su aire marcial. Se atusabacon su gesto tradicional y de tinervioso, el bigote, y hablab

    animadamente con los coroneleMorales y Manella, con el comandantHernndez y algunos otros que lseguan, y que Bernab desconoci o n

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    recuerda.Qued, por fin, desembarazada l

    salida de Annual, y Bernab, seguido d

    sus acompaante, con el que vivi upar de horas angustiosas, en las que lsalv la vida, y que fundieron sus almaen cario fraterno, y del cual, siembargo cosas de la guerrasinceridades de la emocin realgnora hasta el nombre, empezaron

    descender la cuesta. An quedaban en lposicin algunos rezagados.El cuadro que se ofreci entonces

    sus atnitas miradas fue desolador. S

    encontraba la pendiente que conduca dAnnual a la carretera cubiertmaterialmente de despojos abandonadopor los fugitivos. Cartucheras

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    correajes, guerreras, fusiles, morralesodo gnero de objetos cubra el campo

    en el ms horrible desorden, ofreciend

    con ms crudeza an que los heridosque al fin un soldado tiene hbito de vera imagen del desastre. Un ejrcito qu

    en los primeros pasos fuera de loparapetos de Annual arroja, paraligerar pasos, hasta las armas y locartuchos con que pudiera defenderse

    a no es ejrcito, y se convierte en unnerme masa de inconscientemovimientos, regidos por el pnicoHaba all tambin muchos soldado

    heridos o imposibilitados de caminarExclamaban en ayes de angustia, con esvibracin sorda del moribundo o del quse contempla en el ltimo peligro:

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    Salvadme, hermano; que ncaiga en poder de esta canalla!

    Madre ma, ya no te volver

    ver ms!Otros centenares de gritos anlogo

    poblaban ttricamente el aire yhaciendo olvidar el propio peligroprovocaban la ms intensa compasin.

    Porque, en efecto, ninguno daquellos infelices poda volver a ver

    sus seres amados. Cuando los morocogan un herido, con brutal sarcasmdecan:

    Llevar, paisa, a curar a hospita

    moruno.Los llevan a su kabila, y all

    despus de gozarse en martirizarloshacan una hoguera y quemaban, a vece

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    conservando alguna vida, sus torturadocuerpos.

    Continu Bernab con s

    compaero bajando la cuesta seguidode un formidable tiroteo, y cuando ibalegando a la llanura, vieron que uno

    grandes almiares de paja que all tena Administracin militar ardan con l

    violenta y rpida llamarada de esmateria tan combustible. Los moro

    haban propagado el incendio con levidente finalidad de cortar la retirada os fugitivos, de obligarles a retrocede

    sobre la posicin de Annual y hacer d

    esa suerte en ellos horrible carnicerauestros dos soldados se encaminaro

    hacia la derecha, para tomar la carreterque conduce a Izumar, y a la que sol

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    drsele vulgarmente el nombre de Lntermedia.

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    VII LA PERSECUCIN.EL INCENDIO DE

    ANNUAL

    Cuando as caminaban, con toda lvelocidad que les permita la fatiga y esofocante calor, pasaron muy cerca duna kabila, en la cual un grupo de moro

    acechaba a cuantos soldados huan parfusilarlos. Nieto no los vio ni pudo, poo tanto, prevenirse del movimiento qu

    hacan preparando sus fusiles par

    disparar sobre ellos; pero scompaero, que se haba percatado depeligro que corran, le avis con uagudo grito, al mismo tiempo que s

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    echaba al suelo. Nieto le imit con taigereza y oportunidad, que en aquenstante parta una descarga cerrada. Y

    an bien iba dirigida contra ellos, que emulo que aun llevaban cargado con lacajas de la documentacin cay muertcon varios balazos. Ellos huyerovelozmente, y, encontrndose en laproximidades de un barranco, secharon a l de cabeza; pero con l

    rapidez de la huida y tan inmediatpeligro, perdi de vista a su compaeroSe vio completamente slo, sin podeesperar auxilio de nada ni de nadie

    envuelto en la hostilidad de un campo eel cual detrs de cada matorral o dcada piedra poda surgir en el momentmenos esperado la muerte o, lo qu

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    acaso es peor que ella misma, la torturcruel de que aquellos brbaros la hacapreceder.

    En ese abandono, sin ver en aquenstante en la extensin que su vist

    dominaba ningn grupo de compaerossigui su marcha hacia la carreterntermedia, suponiendo que all lograr

    concentrarse toda la fuerza desperdigaden impetuosa y desordenada huda, qu

    de tal merece el nombre, y no dretirada, con que saliera de Annual.Pero al comenzar a subir la cuest

    que conduca a la carretera desde e

    barranco en que cay huyendo de ladescargas de los cabileos, vio questaba cercado de moros por todapartes, y, aunque se encontraban

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    alguna distancia, fuese cualquiera erumbo que eligiese, tena que tropezacon alguno de aquellos grupos. Com

    nico remedio de su angustiossituacin, se ocult en un espeso macizde chumberas que all haba. Desde esescondrijo presenci escenaemocionantes. El automvil del EstadMayor y la motocicleta estaban en efondo del barranco volcados, y lo

    conductores yacan muertos al lado das mquinas. El chauffeuran agarrabcon sus manos crispadas el volante, y scabeza descansaba sobre ste. A poco

    pasos de Bernab pasaba corriendo ueniente del regimiento de frica. D

    pronto se detuvo, dirigi una miradcircular al campo, y al ver l

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    mposibilidad de salvarse, o acaso pono querer sobrevivir a aquel desastreagobiado por la sed y por la fatiga, s

    dispar un tiro en la cabeza.Por fin arrastrndose unas vece

    para no ser descubierto, avanzando otracon la rapidez que le permita scansancio, logr Nieto llegar a lcarretera, y al trasponer uno de surecodos, desde el que se distingu

    Annual, volvi la cabeza contemplandun espectculo que, segn su expresine "dej galvanizado". La posici

    estaba ardiendo por todos sus costados

    Sin duda, los que all quedaron, y entrellos Silvestre, probablemente poorden del intrpido general, antes dabandonarla al saqueo de los enemigos

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    e haban prendido fuego. Un resplandoparticularmente vivo rodeaba edepsito de municiones. Si los moros n

    legaban a tiempo y lograban extinguiaquel fuego, la explosin hara morir muchos. Su imaginacin, con ese fervoque el soldado suele sentir por sus jefesse fijaba en el general Silvestre. Alldebi morir, y aun algo msdesaparecer en el aire, deshecho e

    pequeas partculas, al explotar labombas y cartuchera acumuladas.La carretera toda continuab

    sembrada de despojos. No haba troz

    alguno exento de ellos. Los arreos, laprendas, las armas, aparecan en unositios en profuso y heterclito montnen otros, esparcidos. El ejercito entero

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    en su parte material, estaba allabandonado. En un sitio haba un grupde caones; ms all, ametralladora

    con sus cajas de municiones rotas volcadas; botiquines, cajas de caudalede los regimientos, y hasta billetes dBanco tirados por el suelo. Quin haccaso de nada? Qu valor poda tener edinero ni aun las armas ante un ejercitque por haber perdido su condicin d

    al al faltarle el mando que congregase diese unin a la retirada, haba quedadconvertido en una manada inermedesasistida de todo medio de accin

    entregada a un enemigo astuto diligente?

  • 7/30/2019 Annual - Eduardo Ortega Y Gasset

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    VIII EN LAAVANZADILLA

    Lo nico que en aquel momentansiaba Bernab con toda la necesida

    de su cuerpo fatigado y en el ltimgrado de la resistencia, como todos lodems que all huan, era un poco dagua, aunque slo fuese una gota, qurefrigerase y calmara su tormento. Haba perdido hasta el instinto d

    conservacin. No deseaba vivir, y ant

    el mayor peligro permaneca indiferenteacaso deseoso de que la muerte pusiesrmino a tanto sufrimiento.

    Sigui, sin embargo, caminando

    sin tener ya plena nocin del rumbo qu

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    omaba, cuando lleg a una de laavanzadillas instaladas en laproximidades de Izumar, e inspirado

    slo por el cansancio y no por esperanzalguna de liberacin, entr en ella, pesar de que un soldado que haba en lpuerta del parapeto le aconsej qucontinuase hacia Melilla, pues en aquesitio, lejos de hallar seguridad, era demer alguna asechanza. No obstante, s

    fatiga le imposibilitaba de seguir y latraa la esperanza del descanso que eaquel cobijo, aislado de los rayosolares y de su fuego abrasador, pudier

    encontrar. Entr en una tienda dcampaa. Estaba vaca, y se arrojcomo si fuese un cuerpo muerto sobruna colchoneta que all encontr

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    reposando un largo rato.De esa manera pudo dar a s

    cuerpo algn alivio para continuar l

    azarosa marcha. Eran las dos de larde. Caa sobre aquellos campos seco

    el duro sol africano. La vegetacin erescassima y por completo agostada, grandes extensiones totalmente ridamostraban la acritud de las piedras y lierra desnuda. En la tranquilidad que e

    aquel momento disfrutaba, slo ernterrumpido el silencio por lmonotona de las chicharras, ese cantfamiliar del verano, el cual, con l

    misteriosa sugestin de los sonidos, hizrenacer en el alma de Nieto unsensacin de bienestar y de confianzaLa angustiosa realidad en que se hallab

  • 7/30/2019 Annual - Eduardo Ortega Y Gasset

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    volvi pronto a hablarle con su vohostil. Sinti prximos pasos, que creyseran de enemigos. Se mantuvo inmvi

    conteniendo la respiracin, con lesperanza de no ser descubierto.

    Cuando se acerc el grupo dhombres, les oy hablar.

    Adelante, muchachos decuna voz recia que revelaba decisinaqu nos guareceremos defendindono

    como valientes, y, si es precisomoriremos matando.Gran regocijo produjo a Bernab

    o que consider, en los rpido

    movimientos de su nimo de desalientesperanza, un auxilio inesperado

    salvador. Sali de su escondrijo, y vioque los recin llegados constituan un

  • 7/30/2019 Annual - Eduardo Ortega Y Gasset

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    guerrilla de voluntarios del regimientde frica, mandado por un capitnOrden ste que se inspeccionasen la

    iendas para ver a los soldados que eellas pudiera haber, haciendo salir a loque estuviesen tiles para defenderlasBernab fue el nico y pequeo refuerzque tuvo el pelotn de soldadofugitivos. Le dieron un fusil, y como dmuniciones disponan en abundanci

    porque en la posicin haba umportante depsito de cartuchera granadas, se resolvieron con nimevantado a sostenerse all. Lograra

    acaso de esa manera ganar la noche, yauxiliados por la obscuridad, buscar comenos riesgo el ncleo de fuerzas quconfluyese en Bentiel.

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    El capitn era alto, de ojos muazules, y se mostraba sereno y solicitcon los que le acompaaban. Organiz

    su pequeo destacamento, llevando mismo a cada soldado al sitio en qudesde mejor resguardo pudiera sosteneel fuego y dar la sensacin a los morode que haba ms soldados dentro de loque realmente ocupaban el recinto.

    A Bernab le coloc detrs de un

    ronera formada en el parapeto de sacoerreros frente a unas piedras, no muelevadas sobre el suelo, que estaracomo a trescientos metros.

    Desde all le dijo sealando esas piedras nos estn disparandoCalcula bien el alza de tu fusil, y cuandse descubra algn moro le tira

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    apuntando.Descuide usted, mi capitn

    contest Bernab.

    Sinti ste renacer sus bromilitares al verse, despus de saislamiento en unas horas de horriblfatiga, con un jefe que le diriga y unocompaeros que se le antojabahermanos. Sin darse de ellos cuentavolva a sentirse soldado,

    experimentar la ventaja de mutuo apoyode caminar de concierto y en suma dvoluntades.

    Si hubiera habido muchos jefes

    oficiales en los que, por encima de todmal entendido egosmo individuaactuase la responsabilidad de dirigir defender a los muchachos que la patri

  • 7/30/2019 Annual - Eduardo Ortega Y Gasset

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    en nombre de sus madres les entregabanel ejercito habra desde luego sufridmucho en el aciago desastre, pero su

    efectos nunca llegaran a ser tasangrientos.

    Cada oficial es como el aro de uncuba, como el nudo con que el segadoune el dorado haz de trigo. Si aqul ste se rompen y abandonan su miside sostener el ncleo, ni el odre pued

    contener el vino, ni las espigas llegar agranero, desperdigadas por el solano.A la voz de mando del capit

    empezaron a hacer descargas cerradas

    Los moros respondan desde todapartes. La pequea fuerza estabrodeada de enemigos, y el caractersticmaullido de las balas Lebel, que crisp

  • 7/30/2019 Annual - Eduardo Ortega Y Gasset

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    os nervios, pasaba en bandadas dplomo sobre sus cabezas.

    Un muchacho pelinegro y bajito qu

    estaba al lado de Bernab sacaba scabeza por la tronera para ver y apuntamejor. No llevaba guerrera, y su camisabierta dejaba ver su pecho morenenrojecido por el sol.

    Mira dijo a aqul; detrs desa piedra, un moro de cuando e

    cuando saca la cabeza y el brazo parapuntarnos. Vamos nosotros a apuntarleambin.

    En efecto, estuvieron atentos,

    cuando el moro se preparaba a disparaambos tiraron, y sus balas fueron bieguiadas. El moro recibi la herida en lcabeza, porque le vieron dar un enorm

  • 7/30/2019 Annual - Eduardo Ortega Y Gasset

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    salto y, agitando en el aire con uespantajo las mangas de su jaiquparado, cay al suelo de espaldas.

    Pero al mismo tiempo Bernab oya su derecha un quejido ronco. Vientonces a su compaero sentado, y uborbotn de sangre sala de su cuello ntervalos que marcaban el ritmo de l

    respiracin.Palideca por instantes, y, sin da

    iempo a que Nieto le sostuviese, sdesplom en el suelo. Slo pudo or sultimas palabras.

    Juana, Juana!... dijo varia

    veces, y las postreras ms con erepetido movimiento de los labios qucon la voz.

    Quin sera Juana? Su novia

  • 7/30/2019 Annual - Eduardo Ortega Y Gasset

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    Acaso una hermana adorada? Quizlamase a su madre por el nombre. Er

    de todas suertes la revelacin de u

    amor hondo que posea el corazn daqul chico, y cuya intensidad llegabms all del dolor y de la muerte.

    El enemigo, en tanto, disparabdesde ms cerca, rodeando lavanzadilla por todas partes, menos ea direccin de la carretera de Melilla

    All no haba piedras en que ocultarse, el moro nunca combate a pechdescubierto, ni aun hallndose en tagran nmero, como all ocurra, respect

    de los ocupantes de la posicin. Ecurioso contemplar un campo cuajado drifeos. Parece completamente vacoSlo teniendo mucha costumbre s

  • 7/30/2019 Annual - Eduardo Ortega Y Gasset

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    consigue ver un momento surgir detrde un montn de piedras, o de cualquieotro accidente del terreno, una o do

    cabezas peladas, relucientes y mondacomo melones. Para avanzar eligen antede separarse de su resguardo otrnmediato, y sin levantarse del suelo

    arrastrndose, dan brincos como de ranmuy rpidos y plegndose a laondulaciones de la tierra.

    Los defensores se mantenan allcon firmeza y, a pesar del contingente dmoros, se hacan respetar. Yavislumbraban, confiados y seguros, l

    posibilidad de llegar a la noche dentrde aquel recinto. Despus dedesgraciado incidente del muchachmuerto, el capitn oblig a que s

  • 7/30/2019 Annual - Eduardo Ortega Y Gasset

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    redoblasen las precauciones. Nadiasomaba la cabeza a la tronera ms qual efectuar el rpido movimiento d

    cada disparo, y las balas morunas sembotaban ai chocar en los sacoerreros o levantaban delante de

    parapeto una nubecilla de polvo.

  • 7/30/2019 Annual - Eduardo Ortega Y Gasset

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    IX UN NUEVO ENEMIGO

    De pronto, rompiendo el silencide los soldados, atentos slo a sdefensa, vigilando a los enemigos par

    disparar certeramente, una voz, mejodicho, un grito espantado y agudoexclam:

    Fuego en la posicin!

    A los intrpidos defensores, entros que haba empezado a renacer l

    esperanza, se les paraliz la respiracinFueron unos segundos de ansiedadifciles de pintar. Ya eran bastantes lasdesgracias que les abrumaban, rodeadode crueles enemigos, sedientos

    rendidos de fatiga. Otro peligro m

  • 7/30/2019 Annual - Eduardo Ortega Y Gasset

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    prximo naca adems a sus espaldasVolvieron la vista, y, efectivamente, deuna tienda que en el cetro del recint

    haba, cerrada con fuertes tablones y ucandado, se levantaba espesa y siniestrhumareda. Se oan tambin explosioneno muy fuertes, como de cartuchera qurevienta en repetido tableteo, anlogo aque se escucha cuando termina una ruedde artificio.

    Hasta qu extremos de resistenciade energa en el peligro, puede llegar ecorazn de un hombre? Aquellomomentos de ansiedad que vivi

    Bernab Nieto con sus compaeroparecen mostrar uno de estos lmitesAlgunos soldados, en efecto, sin fuerzaa para reaccionar ante la calamidad ta

  • 7/30/2019 Annual - Eduardo Ortega Y Gasset

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    completa, viendo inevitable la muerteprefirieron a caer vivos en poder de lferocidad moruna acabar all, tumbado

    en el suelo hostil y deshechos por laexplosiones.

    El capitn y casi toda sdesventurada tropilla aun tuvieroalientos para buscar el posible remedioBernab recuerda de aquellos trgiconstantes la serena actitud, ni lenta n

    precipitada, con que el capitn sdirigi a la tienda humeante. Empuj lorecios tablones que la ocluan, perstos no cedieron.

    Todos entonces, con ese mpetgeneroso con el que el soldado espaosigue a sus jefes, se abalanzaron sobra peligrosa puerta, y con el esfuerzo d

  • 7/30/2019 Annual - Eduardo Ortega Y Gasset

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    varios hicieron saltar el candado.El humo, al encontrar aquell

    salida, emergi en densas nubes negra

    de olor acre y picante que cegaron a lomuchachos. Al disiparse un pocopudieron ver horrorizados que estabaardiendo las cajas de municin dcartucho que existan. El fuego habprendido por la parte inferior y aun nhaba ganado las cajas colocadas e

    alto, sobre las cuales estaban numerosagranadas y bombas de mano. Con lexplosin de una sola de ellas hubieraquedado todos los defensores sin vida

    o obstante, el alma fuerte del capitaun no se haba quebrantado en lserenidad de sus ojos azules. Mir ederredor a sus soldados, y, como si no

  • 7/30/2019 Annual - Eduardo Ortega Y Gasset

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    estuviese ante un peligro inmediato fulminante, dio rdenes para que sdispusiesen a sofocar el incendio. Acas

    pudiera detenerse antes de que laenguas de fuego escalasen el luga

    donde las bombas se encontrabandespertando su mortfera energa.

    Sin arredrarse, acudieron comantas y colchonetas para asfixiar lalamas y arrojando tierra.

    Por desdicha, vieron pronto lnutilidad de sus esfuerzos. Carecahasta el extremo que acusaban sus faucesecas, en que una saliva viscosa le

    pegaba la lengua al paladar y hacarder su garganta, del precioso lquidque hubiese destruido las llamas. Elloardan tambin por dentro frente

  • 7/30/2019 Annual - Eduardo Ortega Y Gasset

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    aquella trgica hoguera y bajo el soabrasador, sin contar con que al otroado de los parapetos les esperaban e

    resguardo seguro los enemigos con efuego tambin de sus fusiles.

    Al derribar los tablones, encendio se haba acrecentado con l

    entrada del aire, que estableca corrientcon el respiradero de la tienda, el quactuaba a modo de tubo de chimenea.

    All, por lo tanto, no haba yesperanza alguna de salvarse. Unominutos ms en aquel sitio, y nquedaran de ellos ms que uno

    miembros esparcidos por el camposobre el cual caeran con una lluvia dsangre.

    Agotados todos los medios par

  • 7/30/2019 Annual - Eduardo Ortega Y Gasset

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    eludir el peligro, entonces, y slentonces, el capitn dio la voz dSlvese quien pueda!.

    Bernab, con sus compaeros, sanza a los parapetos, y con el mpet

    natural que les obliga a abandonar aquesitio de muerte, aun afrontando sta dotra manera, saltan por encima del murpara huir a la desbandada.

    Los moros se haban apercibido d

    os movimientos de la posicin. Lhumareda les haba hecho comprendeque sus defensores tendran que escapar

    como muchos de ellos, agazapados e

    sitios muy prximos, observaron laactitudes de huida escalando loparapetos, estaban prevenidos. Al saltael pelotn de soldados y descubrir su

  • 7/30/2019 Annual - Eduardo Ortega Y Gasset

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    cuerpos, cuyos contornos se dibujabaprecisos para sus adversarios sobre eazul ail del cielo, una descarga cerrad

    es recibi.Fue tan certera y nutrida, que mat

    a varios Pobres madres las que npodan or el ltimo grito de angustiosdespedida de algunos de aquellonfelices! Aun resuenan en lo odos d

    Bernab el agudo ay! de una vida qu

    se siente sbitamente rota, o el tierno espantado madre ma! con que, aexpirar, un obscuro instinto lleva epensamiento del hombre a buscar e

    amparo del seno en que recibi el alma.Bernab, al arrojarse del parapeto

    experiment un fuerte choque en el brazderecho y a poco un calor quemante

  • 7/30/2019 Annual - Eduardo Ortega Y Gasset

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    Una bala Lebel, fusil al que los morolaman "arbaia", le haba atravesado e

    brazo. Como estaba en sitio elevad

    cuando recibi el balazo, el proyectipenetr de abajo a arriba y al salir cercdel sobaco le arranc u pedazo de carne

  • 7/30/2019 Annual - Eduardo Ortega Y Gasset

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    X OTRA VEZ SOLO

    Sinti el calor de la sangre quflua sobre su piel, pero no poda perdeun momento para examinar l

    mportancia de su herida. Bernabguiado por el instinto, sostenido poesas energas sbitas, que manan docultas reservas del hombre en la

    extremas dificultades, encontrresistencia para emprender carrervertiginosa, loca y salir de aquedescampado batido por las balarifeas. Mientras corra, obedeciendms que aun acto de su voluntad a esociegos imperativos del instinto d

    conservacin, se supona mortalment

  • 7/30/2019 Annual - Eduardo Ortega Y Gasset

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    herido. Sus msculos, sus nervios dacero, actuaban solos, no dirigidos poel cerebro, y ellos diran hasta dond

    legaban. Un desfallecimiento le hubiesdejado para siempre tendido en aquellocampos secos y malditos. A cada pasoen su carrera encontraba el obstculo dcadveres de compaeros. Tambihaba muchos heridos. Demandaban uauxilio que nadie les poda prestar, y

    eran en su sufrimiento, y en espera acasde los tormentos crueles de los morosan ms dignos de lstima que lomuertos.

    Lleg por fin, sin otro dao, a unbarrancada solitaria, por cuya hondurba el seco cauce de un arroyo. Un

    cinta blanca de ardiente y fina arena

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    algunos matorrales de adelfaorrenciales o de las fraguaras

    surgideros invernizos. De todas suertes

    a soledad, a resguardo de los tiros, daquel lugar y los arbustos verdesofrecan al desventurado fugitivo unsensacin de momentnea seguridad y dfrescor.

    Se dej caer del suelo pardescansar de la asfixiante fatiga de s

    rpida marcha. En su boca, abierta poel fuerte jadear, se secaban las escasapartculas de humedad que aconservaba. La sed experimentaba y

    ntolerable, aumentada con la prdida dsangre, y, al respirar, el aire haca unruido ronco en su garganta.

    Durante un largo rato permaneci

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    all, sin fuerzas para continuar decidido a morir.

    Con esa lucidez de imgenes

    recuerdos que suele despertarse en loorganismos dbiles, en los moribundosempez a recordar escenas de snfancia. Vea a su madre, la buen

    viejecita, limpia y atareada siempreandar por la modesta tienda dcristalera de la calle del Tribulete

    Pensaba en su dolor, que acaso nopudiera soportar, al tener noticias de samentable fin.

    Sin embargo, an haba reservas d

    vigor y de aliento en Bernabmpulsadas por el pequeo descanso

    empezaron a manifestarse. Cuando srespiracin se normaliz, atenundos

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    algo su mortal fatiga, el dolor de sbrazo, que hasta este instante no habenido lugar en su atencin y s

    sensibilidad nerviosa, le atrajfirmemente a la realidad.

    Al intentar apoyarse con su manderecha en el suelo, no pudo reprimir uquejido. Entonces se mir el brazo, quo tena rgido, sin poder articularlo. Po

    fortuna, comprob que los huesos n

    estaban rotos. Su sangre haba cado poa guerrera y el pantaln, congelndoseformaba una masa endurecida con l

    ela.

    Sin embargo, el optimismo sforma con estos vaivenes de lesperanza, y como se supusmortalmente herido, al ver que, po

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    fortuna, no era as, volvi a sentir naceen el fondo de su alma bien templada edeseo de seguir hacia adelante, de n

    echarse al surco y no omitir trabajalguno para ponerse a salvo.

    Sbitamente oy un ruido, y a nmucha distancia, en el fondo debarranco, vi levantarse un caballo quesin duda, estaba tumbado detrs de unomatorrales que hasta entonces le haba

    mpedido divisarlo. Se sobresalt apronto, pero en seguida comprob que shaba motivo para su compasin no lhaba para su temor. Era un caballo

    herido que resoplaba fuertemente aevantarse. Junto a l se hallaba u

    oficial muerto. Evidentemente, al recibiel tiro que mat a ste, el caballo

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    desbocado, cay por el talud, y su jinetecon las manos crispadas, se abraz ecuello de la cabalgadura par

    sostenerse.Todo estaba poblado por la muerte

    as llanuras, los barrancos, los montesDondequiera se contemplaban escenade horror.

    El caballo tena un brazuelo rotoo poda servirle de nada. Pero e

    espectculo del oficial muerto y daquel animal herido que se levantabpara volver a caer, mostrando el blancode los grandes ojos, aunque parezc

    paradjico, contribuy tambin reanimar sus energas y a impulsarle huir y salvarse de aquellos lugarefatdicos.

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    Ascendi por la cuesta debarranco y se dirigi hacia la posicide Izumar. Al aproximarse a ella vio qu

    se encontraba ocupada por los morosCambi entonces de rutaencaminndose hacia la carretera dBentiel.

    Por ella circulaban tambin otrofugitivos como Bernab, aislados, formando pequeos grupos. El camin

    se abre entre dos trincheras de unocinco metros de altura, cuyas paredeestn cortadas verticalmente, Forma, poo tanto, la carretera en aquel trozo u

    emible desfiladero o, ms bien, uestrecho callejn. Dominada en amboados por los moros, al atravesarl

    poda surgir el balazo fatal, disparand

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    sobre seguro y desde escasa distancia cada metro que por ella se anduvieseEn ese paso, terrible y peligrossimo, a

    avanzar en desordenado pelotn los quescapaban de Annual, cayeron centenares. Bernab tena que esquivael obstculo de numerosos cuerpos quacan, unos, atravesados en el centr

    con los brazos abiertos y en los ojopintado el ltimo espanto; otros

    formando un trgico montn; algunosque alentaban an, quejndossordamente. Tena que saltar y auapoyarse en algunos para poder segui

    su marcha. Casi envidiaba en algmomento el descanso definitivo ddolores y fatigas en que estaban Nsera l mismo, pasados unos minutos

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    unas horas, un cuerpo ms de aquelloque interceptaban la carretera?

    Desde aquellos elevados cortes d

    a temible ruta, la cual por esas ironaan frecuentes en nuestra burocracia

    quiz recibi en los presupuestos enombre de estratgica, los rifeofusilaban sin cesar a los que por ellransitaban. Delante de Bernab, u

    muchacho del regimiento de Ceriol

    que corra gilmente, se par de prontolevndose la mano al pecho; se ldoblaron poco a poco las rodillas, hastque cay de espaldas, muerto de u

    balazo en el corazn. Para no detenerssufrir seguramente igual suerte, tuv

    que pasar por encima. Las balas lperseguan a l tambin, y las oa a cad

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    momento silbar sobre su cabeza chocar en el suelo cerca de sus plantasdespus de lo cual zumbaban con trist

    maullido.La muerte le perdonaba una ve

    ms. Transpuso el horrible desfiladeroen el que tantos haban quedado, arrib a sitio ms despejado y en el quepor lo menos, el peligro, aun siendgrande siempre, no acechaba tan d

    cerca.

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    XI EL SEUELO DELAGUA

    Se encontraba hacia la mitad decamino, entre la posicin de Izumar, o

    sea la intermedia y Bentiel. Este ltimpunto constitua la meta de suesperanzas. Si llega all se incorporarasin duda alguna, al ncleo principal das fuerzas, aunque le sorprenda ya n

    encontrar vestigio ni ver otra cosa qufugitivos aislados como l.

    En su mente aun no haba podidformarse el concepto de hasta qudoloroso extremo era completo edesastre, y aunque su vista l

    contemplaba con sus ms terrible

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    pormenores, su nimo de soldado, lnveterada confianza en la organizaci

    militar, siempre victoriosa hast

    entonces, le haca ver en lo lejano eejercito, aminorado, es cierto, por tantavctimas, pero existente, y ese apoymoral contribua a sostenerle.

    Desde aquel sitio de la carretera eque se encontraba divis una casita baj

    cuadrada como un dado, circuida d

    algunas chumberas y cubierta por uncpula. Era un morabito, construccicaracterstica, con la cual lreligiosidad musulmana, un tant

    deformada por el fanatismo bereberhonra la memoria de alguno de susantones. Son sepulcros convertidos ecapilla por los devotos del santo. Estab

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    muy prximo a la carretera, sobre lcual y frente al moravo, se vea ucamin militar, y en el suelo numerosa

    cubas de las empleadas para transportael agua.

    La terrible sed que le angustiaba se acrecent a la vista de la posibilida

    de satisfacerla. Aceler el paso parlegar hasta aquel inesperado socorro.

    Desde lejos vi que alguno

    soldados que marchaban delante y otroque sin duda encontraban ms segurcaminar fuera del camino, acudanexperimentando la misma atracci

    rresistible hacia el agua de sus bocasedientas. Uno de ellos lleg primerante las cubas, puso en pie una, perdebi comprobar que estaba vaca, po

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    o que la dej caer y rod hasta lcuneta. De pronto oy un fuerte paqueo.

    Los moros, escondidos cerca de

    camin, disparaban sobre los infelicesque, rendidos de fatiga y atenazados poa sed, despus de andar ms d

    cuarenta kilmetros atravesandprecipicios, barrancos y vericuetosacudan all creyendo encontrar algalivio.

    Las cubas haban sido vaciadas poos moros para que los fugitivos npudieran aprovechar el preciosquido. Y como los cazadores hacen su

    puesto durante la cancula, en ubebedero, los rifeos acechaban con sufusiles a los sedientos. Este gnero dartimaas y de trampas de guerra so

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    radicionales en esta raza indmita desleal. En ellas se acusan docaractersticas: el ingenio montaraz

    primitivo y la crueldad. Tretaparecidas a las de algunas tribuguerreras americanas.

    El soldado que Bernab vedespus de sufrir la decepcin y sentias balas, escap rpidamente. Sin darliempo para avanzar ms de cincuent

    metros, un balazo le hizo caer, pero poco se levant y sigui corriendoAcaso se ech al suelo como ardid, parque dejasen de tirarle, creyndol

    muerto, o para no seguir siendo blancde sus balas. Se salvara luegoLlegara a sitio seguro? Desde estapginas lo deseamos, pero es poc

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    probable. Muy contados fueron los quograron salir de aquellos campos

    poblados por un odio brbaro que n

    perdonaba ni era asequible a lcompasin.

    Cuando se aproxim algo ms acamin pudo ver Nieto que tena lmaquina destrozada y que casi todas lacubas estaban rotas. El chauffeurestabmortalmente herido, sentado frente a

    volante y con los ltimos estertores da agona. Varios cadveres yacancerca de las cubas.

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    XII PRISIONERO

    Dio un rodeo para no pasar poaquel peligroso lugar, volviendo luego a carretera, y a poco de continuar s

    camino, empez a or unas descargacerradas de fusilera. Algunas balas lasinti chillar sobre su cabeza.

    Procurando marchar encogido, par

    ofrecer el menor blanco posible, sadelant hasta llegar a un recodo de lcarretera. Desde all pudo ver a variohombres parapetados detrs de upequeo terrapln. Y como estaba ensitio tan descubierto para los disparoenemigos y segua oyndolos, pue

    materialmente dibujaban su contorno

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    all se dirigi a buscar refugio entraquellos compaeros.

    Slo veinte minutos permaneci e

    aquel sitio; pero en ese breve espacio diempo ocurrieron escenas de tan intens

    emocin, que seguramente todas lasensaciones juntas de la vida de uhombre no llegan generalmente a sumaas de uno de aquellos terribles minutos

    En aquel impensado refugi

    estaban dos individuos del batalln dfrica, un oficial de San Fernando, ecapitn Sabater, de Estado Mayor, unsoldado de Intendencia y otro del mism

    regimiento mixto de Artillera, al quperteneca Bernab. Adems, habotros varios soldados, y formaba todaquel conjunto un grupo en qu

  • 7/30/2019 Annual - Eduardo Ortega Y Gasset

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    permanecan muy juntos para disfrutadel resguardo en que se defendan de ladescargas morunas.

    Dispona aquella t