1918. La Esfera. 24 de agosto de 1918. Págs. n.º 21 y 22

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De arte español: ante San Isidoro, de León.

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  • LA ESPESA .

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    AMT] D E A R T E E S R A N O L .

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    Puerta llamada del Perdn, en la iglesia de San Isidoro, de Len

    HAv un moimniento, ilnico en Espaila, que me iace revivir toda una poca de nuestra lus-toria: es San Isidoro de Len. Atite el re-siicia, bajo mis ojos', toda la. poesa brbara de aquella monarqua rstica y heroica del siglo xi (adustos guerreros que eran, al par, piadosos monjes). Es este monumento uno de los que ms de interesante encierran para el que estu-dia nuestro arte espaol, no slo por los temas de comparacin y estudio que subiere, sino por las dolorosas reflexiones que invita. Evoque-mos el instante en que surge.

    Estaba punto de formarse un arte esparlo! caracterstico, un arte que hubiera dejado en lo sucesivo su huella sobre todas las obras de ar-quitectura. Diversas y encontradas influencias haban venido converger en nuestro suelo, tan hollado por invasores de diversos climas, de di-versas razas. La dominacin visigtica trae ele-mentos nuevos nuestro arte, aportados desde remotas tierras de Bizancio por los ocupantes de nuestro suelo, que haban recibido su influjo en las comarcas que el Don y el Vstula riegan...

    Estas aportaciones exticas crean entre nos-otros el tipo de arquitectura basilicalSan Mi-

    Iln de la Cogulla (siglo vi) y San Juan de Ba-os (si^l vil), Valladolidy el tipo de arquitec-tura griega, del cual queda, como nico modelo digno de niencin, San Miguel de Tarrasa. Apa-rece entonces el arco de herradura, tema de controversias tan empeadas para arquelogos y amateurs.

    La conquista arbiga y la fusin de nuestro pueblo con el musulmn, engendran en Espaa un gnero nuevo de arquitectura, un gnero ca-racterstico y nico en Europa, un gnero divi-dido en dos subgneros: la arquitectura mozra-be y la arquitectura nnidjar, productos ambos de aquel pueblo fino y culto que tanto se inf i l tr en nuestra alma nacional y tanto la molde, dn-doles nosotros, en cambio, tanta sabidura gre-co-latina y tanta espiritualidad hispano-visgti-ca, El tipo especial de arquitectura mozrabe propgase por toda Espaa, y bendito sea aquel uiflujo que nos lia dejado monumentos tan be-llos!... Nunca sabremos bastante cunto tene-mos que agradecerle al pueblo musulmn y cun-to beneficio nos hizo con su influencia en nues-tra arquitectura mudejar, que nos ha dejado tan bellas iglesias; en nuestra literatura, dando

    nuestros poetas riqueza de imgenes y pompa de estilo, y aun en nuestras costumbres inmn--miendo a nuestras mujeres ese encanto sii "ular de muieres de harn, que las individualiza v dis-tingue con rasgos peculiares entre todas ?as mu-jeres de Europa... "

    Hasta en los ltimos rincones de la Pennsula alh donde se detuvo la planta invasora d d a' be, casi al pie de las estribaciones de las non a-as de Covadonga, aunque del lado castellano surgen tipos de arquitectura mozrabe, no?qu la llevan momes expulsados por la oleada inva^ sora de Crdoba; y asi brota en. la misma pro-

    de Escafada"" " " * ' ' " ' ' ' ' " " " ^ '^'^'^ San MigTel Y entonces, cuando parece que se va crear

    un arte t.pico espaol, se rompe bruscamente la luiea creadora y viene A desviarla la invasin monstica del siglo xi , trayendo influencias aje-nas, y muy especialmente francesas, que estor-baron, en un momento dado, la concrecin de un alma arquitectnica espaola bajo el influjo -ira be y la consiguiente purificacin do este influjo

    A este movimiento pertenece San Isidoro de Len, que representa el influjo del arte borgo-

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  • L ESFERA

    fin. Siendo edificacin de 1145 1150 prxima-mente, le da personalidad propia y como un alma el clebre abad Santo Martino, que vive en el convento de 1181 1203, cuya liistoria lia es-tudiado con todo aniore el actual abad Muy Ilus-tre Sr. D.Julio Llamazares, erudito de gran pres-tigio. Refgianse en aquel rincn los monjes, all, lejos de las risueas tierras andaluzas, al abrigo del, para ellos, pernicioso influjo rabe...

    La obra de fbrica del monasterio tiene pri-mitivamente la adustez de la poca. Pero segn los aos van pasando se aaden elementos de

    los pies en el muro... Una torre cuadrada y bi-zantina aparece encastillada entre los cubos de la muralla. Los rojizos tonos de los sillares ates-tiguan los ocho siglos de persistencia. Aparte de las cabezas de len que afean el dintel de la portada y de las estatuas de San Pedro y San Pablo cada parte del arco, dentro de otro con-cntrico, puede decirse que dentro de la iglesia domina sin mezcla la primitiva adustez del arte bizantino... Qu bella, pesar de su desfigura-do aspecto, la portada actual con el triple arco en degradacin!.,, Qu belleza y gallarda en los

    Sandia cede sus amados monjes el palacio que le sirve de residencia, sus camarines de reineci-ta moza, sus habitculos secretos, olorosos, sa-humados de feminidad y de incienso...

    Hoy el templo est silencioso y mudo casi siempre; los claustros apenas son pisados por las huellas de los cannigos regulares de San Agustn, que all se aposentan... En 1811 incen-dise el retablo principal con su preciosa talla y njaderamen barroco, y desaparecieron las vidrie-ras'de colores, que haban de ser, sin duda, tan ricas como las de la catedral. Ello dio ocasin

    R

    Puerta de la iglesia de San Isidoro, de Len, descubierta por el arquitecto Sr. Torbado IOTS. DEWINOCIO

    artes ms amplias y alegres. El conjunto tiene una tonalidad adusta, y, sin embargo, cmo sur-ge sbitamente sin una diferencia en el color de la piedra que atestige una huella ms tenaz de siglos!; cmo brota de pronto una cornisa del Renacimiento, con antepecho calado de pe-queos rosetones, tico decorado de pilastras platerescas con el escudo (nperial de Carlos-V, y por encima, la alada estatua ecuestre de San Isidoro con la desnuda espada flameando al sol, daando el edificio con la luz del sexcentismo!...

    Este es el encanto de San Isidoro: la fusin de estilos que en l se realiza tan armnica. As, una monstruosa cabecera gtica, sobre un elegante cuerpo bizantino, destaca, apoyando

    arcos de comunicacin semiarbigos, por la cur-va y en las bvedas de las tres naves! Qu gra-cia en la fuerza!...

    Entre los detalles de la historia interna de San Isidoro, ctase que, instancias de Doa Sancha, los cannigos regulares, bajo los auspicios del prior Pedro Arias, vinieron aposentarse all desde la frtil vega de Carvajal de la Legua... La munfica infanta, no contenta con llamar los monjes, cede su palacio y costea la fbrica del monasterio. Luego, pasados cinco siglos, el ejemplo de Doa Sancha ha de ser seguido por Felipe V, que coste la renovacin del monaste-rio. Pero Felipe V ya lo hace sin fervor y sin entusiasmo religioso... Lo admirable es que Doa

    (y esto es lo grave del caso) pintarrajear el templo y blanquearlo groseramente...

    Hoy la labor de un arquitecto meritsimo, el Sr. Torbado, est restaurando toda la decora-cin. El templo, que fu cobijo de tantos prela-dos y magnates, est hoy solitario, apenas visi-tado por algn turista. La presencia perpetua de Jess Sacramentado trae al templo algunas de-votas... A la hora del Rosario vespertino, la obs-curidad es imponente y el silencio solemne y so-brecogedor... Unas cuantas voces femeninas si-labean,pausada uente las oraciones, y las llamas de los cjindelabros tiemblan ante el altar mayor.

    ANDRS GONZLEZ-BLANCO

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    La Esfera. 24 de agosto de 1918. Pg. n. 21La Esfera. 24 de agosto de 1918. Pg. n. 22