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10-11 de 2019: Psicología Política en Latinoamérica Nelson Molina Valencia Compilador

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  • 10-11 de 2019: Psicología Política en Latinoamérica

    Nelson Molina ValenciaCompilador

  • 10-11 de 2019: Psicología Política en Latinoamérica

  • 10-11 de 2019: Psicología Política en Latinoamérica

    Nelson Molina ValenciaCompilador

  • A Maritza Montero, Maestra, Orientadora y Amiga quien ha inspirado para nosotros muchas de estas reflexiones.

  • Asociación Colombiana de Facultades de Psicología. A SCOFA PSI

    Junta DirectivaDiego Restrepo Ochoa - Presidente, Universidad CESDiana Agudelo Vélez Vicepresidenta, Universidad de los AndesLina Hernández Cortés, Universidad de IbaguéPablo Giovanni Guerrero - Tesorero, Universidad Santo TomásOlga Hoyos de los Ríos - Vocal, Universidad del NorteDiego Sánchez - Presidente Saliente, Fundación Universitaria Konrad Lorenz

    Asociación Ibero-Latinoamericana de Psicología Política. AILPP

    Junta DirectivaSecretario general. Nelson Molina ValenciaSecretaria adjunta. Elena ZubietaSecretario de investigaciones. Domenico HurSecretaria de educación. Rosa María CuetoSecretaria de relaciones internacionales. Hugo RabbiaSecretaria relaciones con la sociedad civil. Cristian AcuñaEditor científico. Marina Cuello

    Prohibida la reproducción total o parcial, por cualquier medio o método sin autorización escrita de A SCOFA PSI.

    ISBN: 978-958-52808-4-7

    Bogotá D. C., 2020

    Coordinación Editorial: ASCOFAPSI. Astrid Triana CifuentesCorrección de Estilo: Zabdy Sanz GutiérrezDiseño Gráfico: Precolombi EU, David Reyes

  • 9

    BITÁCORA PARA LA LECTURA

    Los capítulos del libro están organizados por la forma en que nos lla-mamos, por la forma en que nos nombramos. El orden del índice no se refiere a la mayor o menor importancia de los autores y autoras, a la prioridad política o económica de sus países, ni mucho menos al año de nacimiento. El orden de los capítulos sigue nuestros nombres, así el azar de una nominación temprana e indeterminada para nuestra voluntad fue el criterio seguido para enumerar los textos. Gracias a nuestros nombres nos conocemos y nos relacionamos, nos llamamos y nos referenciamos. Tomando provecho de este modo de amistad y reconocimiento, han sido ordenados los capítulos de quienes hemos escrito este libro. Si no es desde nuevas prácticas políticas que ejercemos cuando podemos, ¿entonces desde dónde podríamos lograrlo?

  • 11

    CONTENIDO

    Bitácora Para la Lectura ................................................................. 9

    A modo de presentación. Democracia, entre violencia

    estructural y nuevos movimientos ciudadanos ......................... 15

    Nelson Molina Valencia

    Referencias ....................................................................................................... 24

    Uruguay, territorio de nuestro sur ¿hacia dónde iremos? .......... 27

    Eduardo Viera

    Referencias ....................................................................................................... 37

    Argentina y su 27 de Octubre ..................................................... 39

    Elio Rodolfo Parisí

    Mercedes Parisí

    Referencias ....................................................................................................... 43

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    Ingenuidades, arrogancias y desconfianza:

    el trasfondo psicosocial de la coyuntura

    en américa latina ....................................................................... 45

    Esteban Laso Ortiz

    Introducción: “Cuidado con los Idus de octubre (y noviembre)” ................... 45

    Dos ingenuidades y la búsqueda

    de explicaciones sistémicas ...................................................................... 49

    La “Pauta que Conecta”: emociones, contagio y deslegitimación ................. 52

    Dos Arrogancias Deslegitimadoras ................................................................. 55

    Las particularidades de la región: desconfianza, corrupción,

    populismo autoritario ............................................................................... 59

    Referencias ....................................................................................................... 62

    Octubre 2019. Ecuador en la encrucijada

    del posdesarrollo: luchas político-epistémicas

    contra el neoliberalismo ............................................................ 69

    Gino Grondona-Opazo

    Resumen ........................................................................................................... 69

    Crisis civilizatoria, posdesarrollo y psicología política ................................. 70

    Levantamiento indígena en Ecuador (octubre 2019) ..................................... 75

    A Modo de Cierre…........................................................................................... 81

    Referencias ....................................................................................................... 82

    Mutua desconfianza. Las elecciones de 2019

    en el Estado Plurinacional de Bolivia ........................................ 85

    María Lily Maric

    Resumen ........................................................................................................... 85

    Referencias ....................................................................................................... 96

  • Contenido

    13

    Colombia, noviembre 2019. Análisis y propuestas

    de un momento de movilizaciones públicas y sociales .............. 97

    Nelson Molina Valencia

    Referencias ....................................................................................................... 109

    Chile y los gritos de la calle contra la precarización

    de la vida .................................................................................... 111

    Vicente Sisto

    La precarización de la vida como la normalidad

    en el Chile contemporáneo ....................................................................... 113

    Te burlas ........................................................................................................... 120

    ¡¡¡Basta!!! ........................................................................................................... 125

    Rabia, sordera y esperanza .............................................................................. 128

    Referencias ....................................................................................................... 133

    Venezuela. Normalidad en un país anormal .............................. 141

    Yorelis Acosta

    Resumen ........................................................................................................... 141

    Introducción ..................................................................................................... 142

    Parte I. La crisis ................................................................................................ 143

    Parte II. Las respuestas .................................................................................... 149

    Del gobierno .............................................................................................. 149

    De los ciudadanos ...................................................................................... 150

    Parte III. 2019: Las lecciones de la confrontación prolongada ...................... 155

    Referencias ....................................................................................................... 157

    Autores ....................................................................................... 159

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    A modo de presentación. Democracia, entre violencia estructural y nuevos

    movimientos ciudadanos

    Nelson Molina Valencia1

    La Asociación Iberolatinoamericana de Psicología Política (AILPP) es una organización académica que desde 2011 cuando se celebraron dos reu-niones, una en Medellín y la otra Córdoba, ha procurado la integración de académicos y líderes interesados en este campo del conocimiento. Este libro es uno de los resultados de procesos integrativos y dialógi-cos entre colegas que nos hemos conocido a lo largo de la década en el marco de la AILPP. Es nuestro deseo que a través de sus líneas aportemos a las reflexiones que tejemos conjuntamente en diferentes coordena-das de latitud y longitud, y así transformar gradual y procesualmente nuestras realidades, muchas veces dolorosas, extrañas, esperanzadas y posibles.

    1 Universidad del Valle, Colombia. Profesor Asociado Instituto de Psicología. Secretario General de la Asociación Iberolatinoamericana de Psicología Política (2018-2020).

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    Octubre y noviembre del año 2019 fueron dos meses en los que coinci-dieron acontecimientos políticos de alto impacto y visibilidad en América Latina, al punto que la mayoría de ellos fueron conocidos por muchos habitantes del continente. No hizo falta participar en alguno de los sucesos para estar al tanto de su desarrollo desde cualquiera de las tendencias informativas, siempre elegidas de acuerdo con los intereses personales o extra teóricos como prefiriera llamarlas Habermas en 1974. La psicología, y la psicología política, suele dar cuenta de tales acontecimientos de dos modos generales. El primero mediante el diseño de estudios posteriores a los acontecimientos a través de hipótesis, márgenes de error calculado, inferencias categoriales o preguntas acotadas de aquello que resulta de interés; pero que ya ha pasado. El segundo modo es hacer uso de las categorías disponibles para dar cuenta de los acontecimientos casi en el momento que ocurren poniendo a prueba los efectos prácticos de la validez y la confiabilidad de las teorías, incluso con independencia de los propósitos universalistas. Este libro se centra en el segundo modo: un grupo de profesionales e investigadores de la psicología política en Latinoamérica escribimos un conjunto de ensayos sincrónicamente con el desarrollo de los acontecimientos desde Chile hasta México.

    Este ejercicio responde a propósitos que se han consolidado por lo menos desde 1985. Los primeros pasos de la Psicología Política en Amé-rica Latina fueron destacados por Montero (1987-1991) al dar cuenta del compromiso de la disciplina psicológica con asuntos del orden político de nuestros países. Al tiempo, la agenda de Martín-Baró (1992) tomó fuerza por pertinente y como herencia luego de su asesinato. Tres déca-das después la Psicología Política en Latinoamérica es un campo activo, diverso, plural que ha sido capaz de responder cada vez con mayor fuerza a la agenda postulada en los años 80 del siglo anterior, siempre con el reto de ser pertinente y contribuir en lo que esté a su alcance con la transformación de situaciones de dominación y exclusión. Se trata de una Psicología Política orientada a teorizar e investigar asuntos cotidianos referidos a ejercicios de poder psicológicos y sociales, que la ponen en diálogo con proyectos académicos de otras latitudes; es una Psicología

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    Política localizada en su contenido y dialogante en su propósito. Al interior de la Psicología Política en Latinoamérica sería un error suponer unidad paradigmática porque instituiría la mayor de las contradicciones: una disciplina que define para sí misma una característica de inclusión que instituye exclusiones, incluso en contra de sus propios principios. Si algo le otorga fuerza a la Psicología Política en Latinoamérica es su diversidad paradigmática, lo cual es contundente en cada uno de los aportes de este libro.

    Este es un libro de análisis de coyunturas dirigido a personal acadé-mico, grupos ciudadanos y también a dirigentes políticos de los países en los que se escribe. Es probable que los dos primeros públicos accedan por interés o casualidad a los textos y los dirigentes, en particular Presi-dentes a quienes se orientan algunos contenidos quizá nunca se enteren de las misivas que les han sido escritas. Antes que preocupante, quiero destacar el valor de este contenido, porque en mi memoria es la primera vez que la psicología le dirige sus reflexiones a lectores tan minoritarios y específicos. No es un propósito vano ni vago sino muy relevante en el caso que aún tengan la capacidad de agenciar desde su posición acciones tendientes a la transformación. Se trata de un deseo ¡Pero insisto!, es la primera vez que en medio de textos académicos que desarrollan análisis de coyuntura se dirigen contenidos tan específicos que amplían el público al cual se orienta. No somos sólo los estudiantes, los investigadores, los profesores o los curiosos que leen el texto por interés o de forma incauta porque algún título nos ha cautivado. Nuestra escritura trasciende el sentido crítico, de denuncia, de análisis, reflexivo, e incursiona al ámbito de la agencia estatal, como otro espacio de la dimensión política de la que recurrente hablamos pero que pocas veces tenemos en cuenta para dirigir palabras específicas.

    La ampliación de públicos a los que se orienta el libro denota una transformación hacia la ampliación en las formas y contenidos de la Psicología Política en Latinoamérica. Interpelar en primera persona a los presidentes de algunos países amplía las formas habituales (teóricas, reflexivas y de denuncia —que también están presentes en estas páginas—)

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    de algunas perspectivas del saber académico, sin desconocer con ello el valor que tienen en la explicación de asuntos de interés. Se trata de un paso a las argumentaciones narrativas en primera persona que dan cuenta de la voz de quien escribe, de su contexto y de las condiciones situadas del texto producido. Tener entre las manos, o en la pantalla delante de los ojos, un libro diverso en las formas narrativas, en los usos teóricos, en las perspectivas ideológicas, en las comprensiones de los asuntos, es la mayor riqueza que puede tener la Psicología Política.

    Quien lee este libro se encuentra con un conjunto de análisis de coyuntura de ocho países con perspectivas epistemológicas diferentes. Textos en los que se cruzan los acontecimientos que son analizados, los escenarios de ocurrencia, los repertorios académicos de quienes escri-bimos, la historia de los lugares, la geopolítica desde la que leemos, así como los estilos elegidos para dar cuenta de lo narrado. Podría decirse que se trata de una colección de textos de denuncia en clave etnográfica al tiempo que dan cuenta de el lugar de quienes hemos escrito. Damos cuenta de una Psicología Política que trasciende el aislamiento de variables por el formato elegido, que tiene en cuenta saberes de otras disciplinas, haciendo imposible distinguir si hay alguna forma pura, objeto especí-fico o método que le sea propio. Se trata de una Psicología Política que en sí misma es interdisciplinar (Soares, 2015) y que considera la acción colectiva, la subjetivación, la sujeción del poder y los mecanismos de resistencia. Aunque sea un conjunto de temas gruesos, son vectores comunes que entrecruzan el libro en su conjunto.

    Gracias a la pluralidad epistemológica y la ampliación del público, este libro es un indicador de la superación del complejo edípico de un campo de la psicología. Esta afirmación que puede acelerar la respiración de algún lector/a se deriva de la segunda conferencia de Michel Foucault en 1973 en Río de Janeiro (Foucault, 1978). En ella, Foucault indicó que Edipo por haber ignorado ser el asesino de su padre y el esposo de su madre fue separado del poder, instituyendo desde entonces el “complejo” que saber y poder político no pueden estar juntos; de esta forma quien detenta el poder político no sabe y quien sabe no detenta o accede el

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    poder político. Lo extremo de la propuesta denota la distancia que la academia ha mantenido del poder político y que le ha permitido acerta-damente la denuncia. Sin embargo, esta acción no es suficiente y quizá sea necesario un performance ampliado que contribuya más allá de la transformación simbólica propia de la denuncia. El análisis de coyun-tura, “en caliente”, soportado por los repertorios teóricos es una práctica política desde el saber académico. Se trata de una manera de romper el círculo edípico poder político-ignorancia, para instituir una relación basada en el conocimiento como forma de poder y ejercicio político en contexto. A esto ha ido llegando la Psicología Política en Latinoamérica.

    En estas páginas se encuentran etnografías (si se me permite un uso genérico de la categoría) que informan, forman, denuncian y proponen análisis de acontecimientos en Chile, Argentina, Uruguay, Bolivia, Ecuador, Venezuela, México y Colombia. La diversidad de temas en cada capítulo cartografía los intereses actuales, los acontecimientos y los conceptos empleados y necesarios, ¡el listado es amplio! Algunos de los temas que cada lector/a encontrará son los siguientes: participación política, memo-ria, legalidad-legitimidad, prácticas e ideologías de izquierda-derecha, seguridad, nacionalismos, autoritarismos, medios-media, desarrollo, sur-norte, democracia, crisis civilizatoria, liderazgo, identidad colec-tiva, elecciones, paz, resistencia, movilizaciones, diálogo, gestión de conflictos, estética, privatizaciones, neoliberalismo, Derechos Humanos y movimientos ciudadanos. Cada una de estas categorías es un universo amplio de significados y estudios que se pueden rastrear en textos y autores de diferentes latitudes y que en nuestro libro adquieren sentido en el contexto de cada documento. Por el estilo en que son empleados hacen parte de un sistema argumentativo cuya definición pertenece al contexto de los textos en la mayoría de los casos. De esta forma 10-11 de 2019: Psicología Política en Latinoamérica es una evidencia de categorías en desarrollo, propuestas metodológicas y temas contemporáneos que deben ser precisados desde el punto de vista conceptual en otros espacios. Al identificar un conjunto de temas visibles en los análisis psicopolíti-cos se da cuenta de algunas tendencias analíticas que están en curso,

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    que se pueden fortalecer, que se desarrollan y que a la vez pueden ser controvertidas. Lo importante es tener una fotografía, un balance, un inventario de una de las formas de este campo de saber en Latinoamérica cuando se precisa el análisis “en caliente” de las coyunturas por las que pasan nuestros países.

    El ejercicio conceptual de la Psicología Política latinoamericana se teje entre la referencia y reflexión con fuentes primarias de las categorías, la contextualización de dichas categorías en los escenarios y aconteci-mientos que nos interesan, y las especificidades teóricas derivadas de la investigación. Queda claro que nuestros análisis no son teórico-depen-dientes de fuentes primarias porque comenzamos a ser fuente primaria con ejercicios serios de mutua referenciación y reconocimiento. La Psi-cología Política latinoamericana se está desarrollando en un espacio de propuestas integradas con diálogos más amplios capaces de dar cuenta de acontecimientos locales, a través de categorías conceptuales com-partidas y en comprensiones que transcienden los escenarios en donde actúa (Brussino, 2018; Hur & Lacerda, 2016; Lira, 2017; Zubieta, Valencia & Delfino, 2018)2. En otras palabras, damos cuenta de acontecimientos específicos con saberes en movimiento y que integran el saber con explicaciones de asuntos semejantes en escenarios diferentes. Si bien cada capítulo habla de un país y sus acontecimientos desde categorías e interpretaciones específicas es posible trazar reflexiones y agencia-mientos a otros escenarios gracias al sentido dialógico y primario de los documentos compilados.

    ¿El libro tiene algún tema central? Más que un tema, el libro se concentra en los acontecimientos políticos sucedidos entre los meses de octubre y noviembre de 2019. Sin embargo, se distinguen categorías centrales derivadas de la lectura de todos los capítulos del libro. Este libro se trata ante todo de propuestas para el fortalecimiento de la

    2 Estos cuatro textos son ejemplos de la afirmación que los antecede. Las acti-vidades y conexiones derivadas de la Asociación Iberolatinoamericana de Psicología Política (AILPP), son otras evidencias de unas conceptualizaciones propias.

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    democracia y situaciones que la ponen en riesgo. La democracia como proyecto político es un tema al cual la Psicología Política latinoame-ricana presta atención. Las categorías descritas arriba se concentran en torno al fortalecimiento y riesgos que este sistema relacional en el ámbito político enfrenta en este momento. Es un asunto tan relevante que admite diversidad de aproximaciones y lecturas para conjurar los riesgos totalitarios o autoritarios de las exposiciones dogmáticas. Si en la Psicología Política no proveemos espacios para este despliegue diverso será contradictorio reivindicar valores democráticos en nuestros textos y prácticas. Uno de los aportes más relevantes que podemos hacer a la Psicología Política es promover y salvaguardar los matices claroscuros, suave-intensos, éticos-estéticos de nuestras posturas. La prácticas dog-máticas, violentas, excluyentes quedan excluidas de nuestros propósitos, en pro de ejercicios dialógicos, heterogéneos, intensos y siempre respe-tuosos. Si no son estas nuestras prácticas como comunidad, ¿será posible performar una práctica inicial diferente, fundante, permanente, capaz de romper el círculo autocomplaciente que sólo conduce a la negación de lo extraño y exclusión del diferente? Así, cada encuentro académico es un avance en este propósito en el marco general, que como lugar común encuentra en la democracia un espectro amplio con espacio para quienes nos adscribimos a este campo.

    Dos temas interpelan la democracia y constituyen ejes prospectivos propuestos en este libro. En primer lugar, las condiciones de violencia estructural (Galtung, 2003). Es un tema recurrente que sin ser llamado de esta manera está presente en todos los capítulos porque de la violencia estructural se derivan los acontecimientos que son analizados. Se trata de una categoría muy amplia que en sí misma puede producir frustra-ción y fatalismo (Martín-Baró, 1987); al final de cuentas pareciera que la violencia estructural no se puede superar y que sólo es posible matizar sus efectos para una mejor convivencia.

    La movilización ciudadana es el segundo tema transversal en la mayo-ría de los capítulos. Se trata de movilizaciones que responden a análisis amplios y no se agotan en movimientos sociales (Berger & Holger, 2017;

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    Hur & Lacerda, 2016; Rabbia & Dreizik, 2018), procesos de resistencia (Molina, 2006) o acciones colectivas (Rabbia & Dreizik, 2018; Vázquez, 2009). Las movilizaciones comprendidas con alguna de las categorías anteriores también son una forma y estética de comunicación que no espera únicamente transformar relaciones de poder y dominación, sino que son una práctica de poder que tiene sentido en sí misma, por diferente, propia y de auto-afirmación, capaz de configurar nuevos colectivos por medios diversos. Se trata de formas fundantes de colectividad, y es ahí en donde trascienden conceptualizaciones previas. Si no lo pensamos de esta manera es difícil proponer un recurso alternativo para dar conti-nuidad práctico, ético, estético y político a nuevas formas democráticas.

    Democracia entre violencia estructural y nuevos movimientos ciu-dadanos es una forma para leer la transversalidad de un libro que nació en la emergencia de dar cuenta de una serie de acontecimientos en el continente, en un periodo específico. A este llamado acudieron colegas con ánimo de proponer lecturas, hipótesis y también, porqué no, para hacer catarsis a través de la escritura como una forma de dar trámite a lo complejo e incierto de los contextos más inmediatos. Agradezco a quienes acudieron a este llamado y reconozco a quienes, en un gesto de sinceridad, expresaron sus limitaciones de tiempo para participar de un proyecto como este.

    El libro que se proyectó para ser publicado entre enero y marzo de 2020, como fechas máximas, tuvo que enfrentar demoras propias de las agendas de trabajo, en este caso mías y posteriormente las contingen-cias para atender la presencia del COVID-19. Por estos motivos el libro tardó más de lo deseado, de lo esperado e incluso de lo razonable. No obstante, al preparar estas páginas en cuarentena y releer cada uno de los capítulos, encuentro un proyecto vigente derivado de los temas, los análisis y los retos que en el plano relacional, político y democrático introdujera el coronavirus a la época. Sería un error suponer que la aten-ción a la pandemia acabó con las causas de los acontecimientos tratados en el libro o que las situaciones expuestas ya han sido atendidas. Nada

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    de eso ha pasado, y es posible señalar que han aparecido nuevas formas de violencia estructural y directa, al tiempo que los sucesos objeto de análisis en estas páginas han seguido con diferentes fuerzas de inercia, intensidad y expresión. Por tanto, la pandemia solamente ha sumado una variable muy intensa que complejiza aún más nuestra realidad, ya no en América Latina, sino en todo el mundo, lo cual exige de nosotros más y agudos lentes.

    Quiero agradecer a cada uno los amigos/as colegas que han apor-tado a este proyecto con confianza y generosidad. Mediante esfuerzos conjuntos fortalecemos interpretaciones, hipótesis y hacemos virtuales las transformaciones anheladas. Nuestro libro es un aporte a la mate-rialización del cambio gracias a quienes nos leen, gracias a los vínculos que se fortalecen y gracias a las acciones y reflexiones que se inspiran. Agradezco también a Zabdy Sanz de la Universidad del Valle en Cali, quien rigurosamente ha hecho las revisiones de estilo y formato para dar unidad a este libro en una disposición permanente por aportar y apren-der. Las líneas del libro te deben la forma en que están siendo leídas. En nombre de la AILPP agradezco a la Asociación Colombiana de Facultades de Psicología (ASCOFAPSI) que, en la Dirección Ejecutiva de Astrid Triana, acogió con entusiasmo y compromiso la propuesta de publicar este libro digitalmente, desde noviembre de 2019, para hacerlo de amplia y fácil divulgación. Este tipo de esfuerzos conjuntos y de voluntades demuestra una vez más que el conocimiento trasciende procesos de verificación y se integra a principios relacionales, éticos y políticos que dinamizan los proyectos. Finalmente agradezco al Instituto de Psicología de la Univer-sidad del Valle, que siempre permite la disposición de tiempos para los proyectos académicos de sus profesores, los míos en este caso.

    Comencemos. Esta es una compilación escrita por ciudadanos de países latinoamericanos que hemos estudiado Psicología, Psicología Política, Psicología Social y otros conocimientos. Como profesionales proponemos interpretaciones para hacer más inteligible y menos inquietante lo que desprevenidamente parece no tener comprensión.

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    Referencias

    Berger, S. & Holger, N. (Comps) (2017). The History of Social Movements in

    Global Perspective: A Survey. Londres: Palgrave Macmillan.

    Brussino, S. (Coord) (2018). Políticamente. Contribuciones desde la Psicolo-

    gía Política en Argentina. Córdoba: CONICET & Universidad Nacional

    de Córdoba.

    Foucault, M. (1978). A verdade e as Formas Jurídicas. Rio de Janeiro: Pontificia

    Universidade Católica de Rio de Janeiro.

    Galtung, J. (2003). Tras la violencia, 3R: reconstrucción, reconciliación,

    resolución. Afrontando los efectos visibles e invisibles de la guerra y la

    violencia. Gernika: Bakeaz/Gernika Gogoratuz.

    Hur, D. & Lacerda, F. (Organizadores) (2016). Psicología, políticas e movi-

    mentos sociais. Petrópolis: Vozes.

    Hur, D. & Lacerda, F. (Organizadores) (2016). Psicología Política Critica.

    Insurgencias na América Latina. Campinas: Alínea.

    Lira, E. (Ed). (2017). Lecturas de Psicología y Política. Crisis Política y Daño

    Psicológico. Santiago de Chile: Ediciones Universidad Alberto Hurtado.

    Martín-Baró, I. (1987). El latino indolente. Carácter ideológico del Fatalismo

    Latinoamericano. En: Montero, M. (Coord). Psicología Política Latinoa-

    mericana. Caracas: PANAPO, pp. 135-161.

    Martín-Baró, I. (1992). Retos y Perspectivas de la Psicología en América

    Latina. Santafé de Bogotá: Pontificia Universidad Javeriana. Facultad

    de Psicología.

    Molina, N. (2006). Psicología Política, Resistencia y Democracia. Buenos

    Aires: Proa XXI.

    Montero, M. (Coord) (1987). Psicología Política Latinoamericana. Caracas:

    PANAPO.

    Montero, M. (Coord) (1991). Acción y Discurso. Problemas de Psicología Polí-

    tica en América Latina. Caracas: Eduven.

    Rabbia, H & Dreizik, M. (2018). Movimientos Sociales y Acciones Colectivas

    de protesta: desafíos y contribuciones para su estudio desde la Psicología

    Política. En: Brussino, S. (Coord). Políticamente. Contribuciones desde

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    la Psicología Política en Argentina. Córdoba: CONICET & Universidad

    Nacional de Córdoba.

    Soares, A. (2015). A psicología política: ser/estar nos intersticios das discipli-

    nariedades. En Soares, A. & Correa, F. (Organizadores). No Interstício

    das disciplinariedades: A Psicologia Política. Curitiva: Editora Prismas.

    Vázquez, F. (Coord.) (2009). Acción Colectiva. Barcelona: UOC.

    Zubieta, E; Valencia, J & Delfino G. (2018). Psicología Social y Política. Pro-

    cesos teóricos y estudios aplicados. Bogotá: ECOE Ediciones & EUDEBA.

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    Uruguay, territorio de nuestro sur ¿hacia dónde iremos?

    Eduardo Viera1

    Libre es el que es capaz todavía de elegir la defensa de su dignidad en un mundo donde, quieras o no, en algún

    momento tendrás que tomar partido entre los indignos y los indignados.

    Eduardo Galeano

    El 27 de octubre, en nuestro país había 2.699.978 ciudadanos/as habili-tados/as para elegir hacia donde se quería andar. Teóricamente votaron hacia esos objetivos pero, como dice Galeano, a veces habría que definir si elegimos entre indignidades diversas o buscamos los caminos para indignarnos digna y colectivamente por el logro de vidas dignas para todos/as. Sin juego de palabras, referimos a los lugares donde se deposita la expectativa y la acción en la concreción de otra vida necesaria y posible.

    1 Universidad de la República, Uruguay.

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    Se emitieron 2.399.169. Eso significa que un 88.9% de la población votó, de los cuales, 2.311.131 votos fueron válidos (85.6%),42.267 en blanco (1.6%), 45.771 anulados (1.7%) y 33.372 observados (1.2%). Cabe aclarar que en Uruguay el voto es obligatorio y que, entonces, más allá de la cultura cívica y la fuerte impronta democrática del país, se debe considerar este aspecto en los resultados finales.

    De los votos contabilizados, el Frente Amplio (coalición de partidos y sectores de izquierda o progresistas), actualmente en el gobierno y buscando su cuarto período de gestión, obtuvo 939.851 votos que, en porcentaje, representa un 39.2% de los sufragios. El partido Blanco o Nacional, uno de los principales partidos opositores, tradicionalmente ubicado a la derecha o la centro-derecha, obtuvo 685.595 votos (28.6%). El partido Colorado —otro partido tradicional, de derecha o centro-dere-cha—, fue votado por 295.609 ciudadanos/as con un 12.3%. Si sumamos los votos de ambos partidos nos da un porcentaje de 40.9% que, en un primer conteo bruto, supera los votos totales del Frente Amplio. A estos datos, debería agregarse un nuevo partido emergente en estos últimos tiempos con fuerza que preocupa y todavía requiere de más ocupación. El Partido Cabildo Abierto, que logró 260.959 votos, y un porcentaje de 10.88% de la votación total.

    De acuerdo con los resultados habrá una segunda votación, o balotaje, donde se elegirá entre los dos partidos que obtuvieron mayor cantidad de votos: Frente Amplio y Partido Nacional. Esto, indudablemente implica la generación de coaliciones que, ya están dadas y definidas desde el propio proceso electoral y ayer, 27 de octubre enunciadas por los candidatos: El Partido Nacional, comandará una unión de actores opositores al actual gobierno, en una combinación “multicolor” (según palabras del candi-dato a presidente por el Partido Nacional, Luis Lacalle Pou) que acuerda sustantivamente en sacar del gobierno al Frente Amplio. Por su parte, Daniel Martínez, candidato por el Frente Amplio, apuntó a redoblar fuerzas para seguir cambiando y profundizando logros en el gobierno.

    Varias lecturas deben y pueden hacerse de estos procesos electorales y sus resultados.

  • Uruguay, territorio de nuestro sur ¿hacia dónde iremos?

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    Algo que desde hace tiempo hemos venido percibiendo no sólo en nuestro país, sino en varios países del mundo, es un cierto vaciamiento de ideas y programas para concentrar más las propuestas en sujetos, que incluso, muchas veces, hasta pierden su apellido en una lógica casi familiar y simpática que los acercan como sujeto empático más que como sujeto de ideas y proyecto. Acá Luis (Lacalle) confrontaba con “El Pelado” (Daniel Martínez), mientras al frente del gobierno aún sigue Tabaré (Vázquez) y “El Pepe” (Mujica) sigue traduciendo el lenguaje político a los saberes y sentires del pueblo. Algo del orden de lo “familiarizante” que hasta a veces nos hace olvidar procedencias partidarias e históricas para ubicar apellidos, nombres, líderes, caudillos: Macri, Bolsonaro, Evo, Correa, Fujimori, Duque, Maduro, Petro, Chávez, Fernández, Piñera, etc. En tanto ello, la memoria se acorta a tiempos cercanos de la urgencia o la molestia por las medidas más recientes o los problemas más acuciantes del momento. No en vano, podemos ubicar en nuestro país el nacimiento y crecimiento vertiginoso de un candidato, Guido Manini Ríos, y su partido Cabildo Abierto. Manini es un exgeneral destituido del ejército y que está en discusión en cuanto a su comportamiento ético respecto a procesos que tienen que ver con el pasado doloroso de la dictadura uruguaya (1973-1985) en la que aún hoy muchas familias siguen recla-mando por sus desaparecidos/as, por sus asesinados/as, torturados/as, expulsados/as. Un partido identificado con un discurso militar que tiende a traer argumentos de aquellos tiempos que justificaron tanta masacre a la vida y los sueños. Casi un 11% de la población uruguaya, olvida aquellas inseguridades y considera que su imagen trae la Seguridad y el Orden, percibidos como perdidos en estos tiempos.

    Por otro lado, la lógica de la delegación parece no sólo atravesar el formato de las democracias representativas, sino también devenir en una delegación del pensamiento crítico. La simplificación y titulación de las problemáticas sociales, definidas y difundidas por otros actores (políticos, medios de comunicación masivos, etc.), organiza los criterios de elección de las estrategias propuestas para mejorar la vida. En Uru-guay, la Inseguridad, ha sido uno de los temas sustantivos en primera fila

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    de las preocupaciones populares. Inseguridad que termina únicamente asociada al delito, básicamente contra la propiedad privada, dejando por fuera cualquier atisbo de complejización que permita tomar en cuenta las inseguridades en el ámbito laboral, de la salud, de la vivienda, del medio ambiente e, incluso, hasta de los propios vínculos humanos. Inse-guridad como problema; represión y control como solución. La reforma a la constitución que se plebiscitó junto con las elecciones se llamó “Vivir sin Miedo” y entre sus medidas fuertes proponía sacar el ejercito a la calle constituyendo una Guardia Nacional. Más de un millón de ciuda-danos/as aprobaron esta propuesta que, si bien no alcanzó a aprobarse pues no llegó al porcentaje requerido, nos habla de una forma de asumir problemas y soluciones desde la respuesta inmediata, sin recursos de memoria o complejización de las acciones necesarias.

    Félix Guattari (1991) decía que el poder del capitalismo no está tanto en sus armas o en el dinero, sino en su capacidad de producir subjeti-vidad. Los temas que venimos tratando y otros que debemos poner en cuestión, nos hace pensar cuánto de ello se demuestra en los procesos que viven nuestros pueblos. Quizás el planteo de Boaventura de Sousa Santos (2016) nos coopera en este sentido, para problematizar textos y contextos y comprender algunos movimientos políticos, sociales y cultu-rales que a veces nos desconciertan: ¿por qué tal estallido social?; ¿cómo pudo ser que haya ganado electoralmente tal propuesta?; ¿qué factores generan tanta fragmentación y segmentación social?; ¿cómo entender algunas emergencias sociales, culturales y políticas?; ¿qué marcos nos permiten elucidar nuevos sujetos singulares y colectivos?, etc.

    De Sousa Santos (2016) dice:

    Estamos caminando hacia sociedades que son políticamente demo-

    cráticas y socialmente fascistas porque los más fuertes tienen cada

    vez más poder para dominar al más débil, pues se están sobrepasando

    las reglas que existían. Por eso es necesario reinventar el Estado, la

    democracia y la emancipación social. (párr. 5)

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    De alguna manera, asistimos a construcciones subjetivas centradas en el individualismo, en la competitividad, en la lógica del consumismo hasta del sí mismo, como sujeto consumible sin consumar. Lógica de ganadores y perdedores en un mundo único gobernado por el capital y la ganancia. En ese mundo puede explicarse algo de lo momentáneo, de lo siempre efímero, de lo centrado en el sujeto singular y poco en el colec-tivo. Estallidos e indignaciones que no tienen continuidad en el tiempo o responden más a la lógica del tener que a la del ser. Todo un aprendizaje que nos debemos, para realizar e integrar en nuestras prácticas políti-cas y profesionales, propuestas del buen vivir (sumak kawsay) y el buen convivir (suma qamaña) de las culturas andinas y, seguramente, muchos saberes y prácticas que desde un cierto desconocimiento de nuestros pasados, hemos dejado en la invisibilidad o el menosprecio desde un epistemicidio (de Sousa Santos, 2010) que lleva ya demasiados siglos y re-actualizamos en otros saberes y prácticas también invisibilizados de la actualidad.

    Indudablemente debemos pensar los cambios que se han producido en el mundo, definidos por un discurso de globalización homogeneizador, donde con violencia homicida se han reprimido las acciones disidentes y promotoras de otros mundos. Donde los espacios públicos se fueron construyendo como espacios de la desconfianza y el miedo, y lo colec-tivo pareció cada vez más restringirse a espacios virtuales de likes y fake news. Mundo donde se naturaliza que algunos muros cayeron, cuando en realidad fueron tirados, y otros muros se levantan para amurallar fronteras de gritos indignados y/o desesperados.

    En circunstancias como las que, muy a grosso modo, tratamos de sintetizar, se producen en nuestro continente elecciones y movilizacio-nes. Argentina, Colombia, Uruguay votaron el 27 de octubre con suertes diversas. Una semana antes fue en Bolivia. Chile, Honduras, Ecuador, Perú salieron a las calles a gritar los no más, los ya es demasiado; a poner cuerpos y corazones para enfrentar las armas de la injusticia. Ya tuvimos por estos lares del Sur un “Plan Cóndor” que se nos develó como existente, planificado y organizado de modo globalizante para

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    nuestros países, cuando ya las cárceles estaban atestadas de presos/as políticos/as torturados/as, cuando otros y otras desaparecían, otras y otros debían marchar al exilio. Ya supimos de cómo la protesta social se acalla a garrote y botas. Lo supimos en estos lares y lo supimos y sabe-mos en todo nuestro Sur, con exterminio de líderes sociales, de partidos políticos y organizaciones populares, con tierra arrasada y campos de concentración.

    Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas, guardé silencio, porque yo no era comunista.

    Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata.

    Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté, porque yo no era sindicalista.

    Cuando vinieron a buscar a los judíos, no pronuncié palabra, porque yo no era judío.

    Cuando finalmente vinieron a buscarme a mí, no había nadie más que pudiera protestar.

    Martín Niemöller

    Consideramos que más allá de resultados electorales que nos den más o menos alegrías, de los logros que algunos movimientos populares obtengan, debemos tener mirada articulada y de horizonte. Nos nece-sitamos como Sur consciente y proyectado, alertas, como decía Martí, ante cualquier golpe dado a mejilla de otro. “Si le pegan a uno nos pegan a todos” ha sido una frase acuñada por muchos colectivos. Creemos que es imprescindible apropiárnosla para dar las batallas conjuntas e inte-gradas por esos otros mundos que sabemos, queremos y buscamos como necesarios y posibles. Para ello, seguro, nos hace falta conocernos y saber de nuestros procesos nacionales. De allí la importancia de compartir visiones sobre los procesos que estamos viviendo en estos tiempos de elecciones y movimientos, pues muy seguramente encontremos muchas coincidencias de propuestas y planes de los sectores más reaccionarios a cualquier construcción de igualdad diferenciada (igualdad que respete las diferencias). Aquí en Uruguay, para la segunda vuelta o balotaje,

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    dos modelos se confrontan. A grandes rasgos podemos ubicar algunas dimensiones.

    Respecto al Estado el Frente Amplio busca fortalecer el papel de éste, mientras que el Partido Nacional (y la “coalición multicolor”, conformada para el balotaje) busca su achicamiento, otorgando mayor espacio al mercado como gestor de lo público.

    Respecto a Economía el Frente Amplio pone el acento en la economía social y la negociación colectiva. Desde el otro modelo se propone una regulación de ella, acorde a reglas fiscales, control de inflación y cambios en los procesos de inclusión financiera.

    Respecto a Educación desde el modelo del Frente Amplio, como partido en el gobierno, se propone fortalecer el sistema existente, en tanto que desde el modelo que se postula para sustituirlo en el gobierno, se proponen cambios de gestión y estructuras.

    Finalmente, respecto a la Seguridad, tema clave en este proceso electoral, el Frente Amplio propone la realización de más operativos específicos en zonas rojas o complejas del país2. El Partido Nacional, líder de la coalición, propone un plan de emergencia en seguridad, con-siderando ineficaz lo realizado hasta el momento.

    En las elecciones que tuvimos, como decíamos antes, también se plebiscitó la reforma a la constitución para afrontar la problemática de la inseguridad. Un 46.09% de la población estaba de acuerdo con generar medidas que, finalmente, atentan contra las libertades y los derechos humanos e implican un volver a pensar en los ejércitos como garantes de la seguridad interior. De hecho, el actual candidato por la coalición “multicolor” asevera en estos días que, a pesar de no haber sido aprobada la reforma, tomará algunos de los puntos propuestos en ella para implementarlos. Tema de la seguridad-inseguridad que, con

    2 Estos operativos son llamados “Operativos Mirador” y vienen siendo imple-mentados desde diciembre del año 2017. En ellos el Ministerio del Interior, encargado de la seguridad, lidera la intervención en zonas conflictivas intentando construir paz social y desmantelar aparatos delictivos. En esas acciones cooperan otros Ministerios y organismos estatales.

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    más o menos acentos, parece ser un discurso que con fuerza se instaura en los diversos países de nuestro continente. Necesitamos con urgencia problematizar esta noción simplificada de la seguridad y trabajar con y desde las subjetividades construidas desde la paranoia (tal como decía un ciudadano en situación de calle). Que no terminemos adquiriendo como natural construir dispositivos de terror para “vivir sin miedo”3. En este, como en muchos casos, se trabaja sobre lo superficial y visible, sin atacar ni poner en tema las estructuras fundantes de los problemas. Tal vez por ello, muchas de nuestras políticas públicas siguen actuando en el nivel de la asistencia a los efectos de la des-posesión sin afrontar los procesos de des-posesión. Por ello hablamos de sujetos vulnerables sin pensar las condiciones de vulneración que generaron ese estado. La psicología, como ciencia de la subjetividad, tiene mucho para hacer desde una mirada política de la construcción de los sujetos y las diversas naturalizaciones que producen heteronomía y vaciamiento de conteni-dos, habilitantes a vida digna en todos los sentidos. Vida y no sobre-vida como la gran mayoría de nuestras poblaciones habita en el continente más desigual del mundo.

    En tanto hablamos de elecciones, nos parece importante tomar en cuenta este planteo de Chomsky (2007):

    3 El nombre, como decíamos, de la propuesta de reforma constitucional.

    La elección es, esencialmente, un método para marginar a la pobla-

    ción. Se monta una gigantesca campaña propagandística para que

    la gente ponga toda su atención en estos espectáculos cuadrienales

    y se diga: Esto es política. Pero no lo es. No es más que una pequeña

    parte de la política. (p. 75)

    Más allá de los momentos electorales, resulta fundamental el empoderamiento de los sujetos singulares y colectivos como actores con incidencia en lo político, es decir en las acciones que producen

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    transformaciones en lo social y, desde esa misma lógica, comprendiendo el papel fundamental que la vida cotidiana tiene en la producción de esos sujetos. El sentido común, profundamente ideologizado, muchas veces nos sorprende con prácticas de los vulnerados que sostienen y defienden las mismas estructuras de opresión que los mantienen en ese lugar. Por ello, para comprender y transformar hacia donde se elige ir, importa trabajar con ese sentido común que margina desde la enajena-ción de sentires, pensares y haceres. En Uruguay hoy, se plantea una importante tristeza en muchos jóvenes que no entienden cómo y por qué los discursos y propuestas de las derechas o las centro-derechas pueden convocar el voto de tanta ciudadanía. Se percibe la posibilidad muy cierta que la “coalición multicolor” de los sectores liberales pueda acceder al gobierno en la segunda vuelta. La reacción más fácil es enojarse con la inconsciencia de las mayorías, pero no nos parece sea ese el camino mejor para transformar con los otros y no para los otros. La vanguardia se construye en el encuentro, el diálogo y la articulación de saberes y experiencias, siempre conflictivos pero siempre capaces de construir caminos colectivos autónomos. En esto, también, la psicología tiene para aportar, en tanto, posicionada ética y políticamente, coopere desde articulaciones interdisciplinarias, intersectoriales e interseccionales, en la formulación y definición de los problemas que en verdad obstruyen la posibilidad de una salud efectivamente integral de nuestros pueblos.

    Uruguay - según el Índice de Progreso Social4 elaborado por la orga-nización Social Progress Imperative, con sede en EE. UU. y con el apoyo de Deloitte se sitúa en el puesto 41 del ranking mundial de ese progreso, sólo superado en América Latina y el Caribe por Costa Rica (puesto 34) y Chile (puesto 37). En el informe elaborado por esa organización se dice que los puntos fuertes de Uruguay son el acceso al agua y el saneamiento (98,88), el acceso a alojamiento (95,57), el usufructo de los derechos

    4 El Índice de Progreso Social clasifica el desempeño social de 149 países durante seis años (2014-2019), analizando 51 indicadores, incluidos Nutrición, Vivienda, Seguri-dad, Educación, Salud, así como Derechos Humanos e Inclusión.

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    individuales (95,24), la alimentación y atención médica básica (95,02) y el acceso a la información y las comunicaciones (84,76); y que los puntos débiles del país son el acceso a la educación avanzada (28,75), la calidad medioambiental (63,88) la seguridad (64,91), la inclusividad (68,78), la salud y el bienestar 72,52 ¿Cómo analizar estos índices en contraste con el resultado de las elecciones próximas pasadas?; ¿cómo vincular este índice con la sensación de inseguridad y la “paranoia subjetiva”?; en fin, ¿cómo definir el progreso y el desarrollo desde nuestras formas de entender el progreso y el desarrollo, y no desde “rankings” y “estándares” definidos en comparación con la imagen hegemónica del norte colonizador? De alguna manera, y finalizando este breve comentario para problemati-zar estos octubres, veintisiete, tan cercanos a aquel otro octubre, doce —donde empezó una colonización que no acabó en aquellos tiempos, sino que continua desde una colonización actual no sólo material sino subjetiva— ¿Cómo elegir autónomamente los caminos que necesitamos y deseamos transitar, para sentirnos y vivir como sujetos libres y dignos?

    En las calles, en los territorios, en los espacios, se están manifestando diversos gritos que debemos saber escuchar y acompasar con nuestros propios gritos. Gritos que no son sólo de dolor, sino de resistencia y rebeldía. Gritos que se mueven por el continente y entre otras cosas también se manifiestan en la cantidad de desplazados/as en territorios nacionales e internacionales. En las urnas, en votaciones, hay un espacio de expresión de esas voces. Un espacio que no puede ser el único ni con una lectura simplista o uniforme. Los pueblos no tienen los gobiernos que se merecen sino los gobiernos que han podido elegir, desde sus niveles de conciencia, a partir de formas enajenadas en que se han construido y producido sus subjetividades. Ideologizaciones y naturalizaciones que sostienen nuestra vida cotidiana y que viabilizamos desde nuestras prácticas, en forma casi inconsciente, pero que resuenan en nuestros sufrimientos psico-éticos. Otros mundos son posibles y necesarios y para cooperar hacia el reconocimiento y la construcción de ellos, otras psicologías son posibles y necesarias.

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    Referencias

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    Argentina y su 27 de Octubre

    Elio Rodolfo Parisí Mercedes Parisí 1

    Es conocido el hecho de que luego de la presencia importante de gobiernos progresistas en la región durante más de una década (Parisí & Manzi, 2016), volvió la derecha a los gobiernos de esos países (Brasil, Argentina, Ecuador). En Bolivia ha regresado la derecha, pero ha habido un Golpe de Estado a la vieja usanza de los impuestos por la agenda del Departa-mento de Estado de los EE. UU.

    En el caso argentino, luego de 12 años de gobierno peronista (2003-2015) llegó al poder la derecha a través de elecciones (2015-2019). Desde mediados del siglo pasado, la derecha sólo había llegado al poder a través de Golpes de Estado (D’Andrea Mohr, 1999).

    El 27 de octubre de 2019 hubo elecciones presidenciales. Ganó el peronismo en primera vuelta, por el 48 % contra el 40% de su contrin-cante, el macrismo. No deja de llamar la atención que Macri, aun cuando haya perdido la elección, haya sacado un porcentaje tan alto.

    1 Universidad Nacional de San Luis, Argentina.

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    El macrismo, cuyo partido es el PRO (Propuesta Republicana, creado el 23 de octubre de 2005), tiene sus orígenes recientes en la Ciudad de Buenos Aires (CABA), capital de Argentina, donde está la mayor concen-tración de riquezas del país. El líder, Mauricio Macri, viene del campo empresarial. Fue dirigente de Boca Juniors y luego intendente de la CABA durante dos períodos.

    La fórmula peronista estuvo conformada por Alberto Fernández y Cristina Kirchner (quien fuera dos veces presidenta, entre 2007-2011 y 2011/2015). Alberto Fernández fue ministro del interior del gobierno de Néstor Kirchner, es docente de la UBA y de la Universidad Complutense de Madrid.

    Macri iba por la reelección. Contaba con el apoyo del FMI, de las gran-des corporaciones económicas, de los conglomerados comunicacionales y de los presidentes Donald Trump, Jair Bolsonaro, Iván Duque y Sebastián Piñera. Macri se convirtió en uno de los presidentes latinoamericanos que no consiguieron la reelección (El Cronista, 2019).

    El gobierno de Macri implementó políticas que han producido una hecatombe social, económica y financiera. El gobierno de Macri llegó para implementar el neoliberalismo luego de los gobiernos peronistas del kirchnerismo que habían establecido un Estado de bienestar, basado sobre la generación de empleo, la industrialización del país, la inclusión política, social y educativa. Hubo variadas políticas públicas en las que se articularon derechos para las mayorías. Argentina llegó a tener en ese período el mayor salario mínimo de la región, logró el hambre cero (no la pobreza cero) y también hizo crecer su PBI. Se generaron 6 millones de puestos de trabajo, se hicieron 1600 escuelas y 9 universidades públicas. Se dio un fuerte impulso a las ciencias y, como ejemplo de eso, estuvo entre los 8 países de mundo que fabricó satélites y los puso en el espa-cio, como expresión de una doble política: el del desarrollo científico y la soberanía en las comunicaciones (Sólo 8 países en el mundo fabrican Satélites, 2015).

    Macri, para llegar a la presidencia, puso en marcha una agenda plagada de falsas noticias (Federación Internacional de Periodistas, s.f)

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    contra los gobiernos kirchneristas en la figura de Cristina Kirchner y sus funcionarios más cercanos, apoyado por el multimedio Clarín, la embajada de los EE. UU. y los grupos concentrados de la economía. Urdió campañas de desprestigio permanentes, incluso acusando a la expresidenta a estar involucrada en la muerte de un fiscal, al que 11 peritos de la Corte Suprema de Justicia indicaron que se suicidó. Durante 8 años se trabajó sobre la subjetividad de los argentinos con miles de tapas de diarios difamando a la presidenta, cuestión que caló hondo en el patriarcado reinante ya que uno de los focos del desprestigio era por su condición de mujer. Se la acusó hasta de bipolar.

    Por otra parte, Macri estableció una forma de hacer política en la que brillaba la ausencia de esta en el sentido de la práctica y acción de la misma: todo era manejado con estrategias de marketing, con resultados de focus groups y con arengas construidas desde un lenguaje precario, que invertía el significado de las palabras y que menospreciaba la discur-sividad racional (Domínguez, 2014). Ese lenguaje simplificaba el arte de la política y sus consecuencias. Por otra parte, y como estrategia domi-nante, se presentaba a los hombres de negocios como hacedores de una forma nueva de hacer política. Frente a la discursividad que trató al otro como un interlocutor inteligente y sensible, con derechos y con un Estado que construía sentido social propuesto y accionado por el peronismo, el macrismo presentó la reducción de los significantes. Para ellos todo era sencillo, todo era fácil y venían a hacer feliz a la gente. Sus propuestas se confundían con los discursos religiosos que piden sumisión, diezmo y ofrecen la vida eterna. El día que asumió Macri, en la histórica Plaza de Mayo, el presidente y su equipo hizo un karaoke (Macri bailó y Michetti hizo karaoke en el balcón de la Rosada, 2015).

    Macri, para ser elegido en 2015 tuvo que ir a un balotaje y sólo ganó por 1.5. Llegó porque montó una campaña política montada sobre men-tiras: mintió sobre no quitar beneficios y ofreció beneficios con los que nunca cumplió. Llegó al poder también porque la situación económica era buena y él prometió mejorarla. Qué votó la gente en la figura de Macri: podríamos pensar en la ilusión de consumo y vida que propone el

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    neoliberalismo. De hecho, Macri articuló las herramientas del mercado y vendió a la política como si fuera un electrodoméstico (Pertot, 2014).

    Macri realizó una grave persecución política (presos políticos sin debida prueba) no vista nunca en democracia. Se aplicó el lawfare (guerra judicial) al igual que en Brasil contra Lula y Dilma Rousseff y otros polí-ticos de la región, como Rafael Correa en Ecuador (Cabral, Pablo, 2019).

    Qué consecuencias tuvieron sus políticas: la pobreza llegó al 40 % de la población (lo que implica que 18 millones de personas comen una vez al día), el desempleo pasó de 5,9 % a un 12%, las tarifas de los servi-cios públicos fueron aumentadas en un 2.800 % y los recursos naturales dolarizados. La deuda pública pasó del 38% al 98% del PBI. Y la deuda no fue en moneda nacional, sino en dólares. La devaluación del peso fue de un 550 por ciento y la inflación la más alta en los últimos 27 años. La capacidad industrial bajó a un 40% y el riesgo país está en 2.200 puntos. El FMI prestó 56.000 millones de dólares de los cuales 30.000 sirvieron para la fuga de capitales. Bajaron las jubilaciones, pero no pudieron imponer la reforma laboral. No obstante, lograron una pérdida impor-tante en la capacidad salarial.

    Pero la batalla cultural nunca se detuvo en Argentina. Hubo muchos intentos de Macri de precarizar aún más el salario y el empleo. Puso en marcha un sistema represivo temerario en clara violación a la Constitu-ción Nacional y a los derechos humanos. Aplicó “mano dura” contra el delito y lo que había detrás de esa práctica era amedrentar a la población argentina para que soportara en silencio y quietud la pérdida progresiva de derechos.

    La conciencia política expresada a través del campo nacional derrotó la adversidad, la asimetría y el desbalance. El neoliberalismo tiene una vigencia plena y es preciso luchar todo el tiempo dando sentido a la polí-tica y limpiándola del daño que hizo Macri. Pero Macri, más allá del daño que ha hecho, es parte ya de una historia pasada. No pudo ser reelecto, lo que demuestra por un lado su fracaso en su construcción de sentido y, por otro lado, en qué país quieren vivir la mayoría de los argentinos.

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    Ingenuidades, arrogancias y desconfianza: el trasfondo psicosocial

    de la coyuntura en américa latina

    Esteban Laso Ortiz1

    Introducción: “Cuidado con los Idus de octubre (y noviembre)”

    En las últimas semanas hemos sido testigos de varios sucesos a lo largo y ancho de América Latina que hace pocos meses hubieran sido impen-sables o impredecibles:

    Chile. Tras la subida de los pasajes de transporte público de Santiago, anunciadas el domingo 6 de octubre, se inició una ola de protestas popu-lares, al parecer orgánicas y carentes de una cabeza visible, empezando por centenares de estudiantes que evadieron masivamente el pago del

    1 Centro Universitario de la Ciénega, Universidad de Guadalajara, México.

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    metro y continuando con disturbios y manifestaciones en varias ciuda-des que subsisten pese a la declaración de estado de emergencia (el 19 de octubre para Santiago y el 23 para quince de las dieciséis capitales regionales), dejando hasta el momento un saldo de 2.500 heridos (INDH se quedó corto: Cruz Roja cifra en 2.500 los heridos durante las protestas en Chile, 2019) y la aprobación, tan ambicionada como inusitada, de un proceso constituyente que modifique la Constitución vigente desde el retorno a la democracia (Stuardo, 2019).

    Bolivia. Tras unas elecciones generales que dieron el triunfo en primera vuelta a Evo Morales, contrariando la negativa popular a una reelección expresada en el referéndum de 2016, contrarrestada por una controversial decisión del Tribunal Constitucional en 2017 (El Tribunal Constitucional de Bolivia autoriza a Evo Morales a buscar la reelección como presidente sin límites, 2017), las movilizaciones populares —aparentemente orquestadas de forma heterárquica y descentralizada— en todo el país denunciando el fraude, fueron acompañadas de recomendaciones de la OEA y la ONU de celebrar una segunda vuelta (Elecciones en Bolivia: la Unión Europea se une al pedido de la OEA de celebrar una segunda vuelta, 2019), cosa a la que Evo Morales cedió el 10 de noviembre, para renunciar a la presidencia al día siguiente siguiendo la “sugerencia” del Jefe de las Fuerzas Armadas ante las tres semanas de enfrentamientos que dejaron graves secuelas humanas y materiales (Lo último sobre la renuncia de Evo Morales a la presidencia y la crisis en Bolivia, 2019); esta renuncia, acompañada de una denuncia de “golpe de Estado”, ha suscitado una crisis de gabinete y violentas manifestaciones de sus partidarios y enfrentamientos que, a la fecha de este escrito, no dan señales de detenerse.

    Ecuador. Tras el anuncio de draconianas medidas de ajuste económico para reducir un ingente déficit de presupuesto del Estado, la más impor-tante de las cuales era la retirada de un subsidio a los combustibles fósiles instaurado en 1.974 por el régimen militar entonces imperante

    https://www.biobiochile.cl/noticias/nacional/chile/2019/11/10/gobierno-confirma-proceso-para-una-nueva-constitucion-a-traves-de-un-congreso-constituyente.shtml

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    y que le ha costado al Estado alrededor del 50% del PIB entre 2005 y 2018 (Gasto en subsidios equivale al 50 % del PIB y a toda la deuda de Ecuador, 2019), se suscitaron varias protestas, organizadas primero por sindicatos del transporte y luego por los colectivos indígenas, los cuales se movilizaron masivamente a la capital, protagonizando algunos inci-dentes violentos —como el secuestro de periodistas y policías— (Ecuador califica de “secuestro” la retención de policías por los indígenas, 2019) y siendo repudiados por la fuerza pública, manteniendo a la capital para-lizada durante más de una semana hasta que el Gobierno, claramente desbordado en su capacidad de respuesta pese a la declaración de estado de emergencia (Estado de excepción en Ecuador: Lenín Moreno emite la declaración ante las protestas por el alza en los combustibles, 2019) anunció la derogación de las medidas y la creación de mesas de diálogo para acordar otras (Ecuador: el Gobierno derogó las medidas de ajuste económico y se levantan las protestas, 2019).

    Colombia. Desde la posesión de Iván Duque como presidente, el 7 de agosto de 2018, se ha dado en promedio una protesta social cada dos días, para culminar con el ingreso del escuadrón antidisturbios al cam-pus de la Universidad del Atlántico el 25 de octubre ante los desmanes denunciados por el Rector y cometidos por manifestantes contra el Gobierno, acto que, en lugar de tranquilizar los ánimos, los ha exaltado, conduciendo a una manifestación en donde universidades públicas y privadas se unieron por primera vez rechazando el abuso de autoridad —y generando nuevos y violentos enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas especiales— (Minuto a minuto: Hechos violentos marcan el final de la protesta estudiantil en Bogotá, 2019). Las protestas se recrudecieron ante la aprobación de un artículo que permite a las Universidades usar su presupuesto asignado para pagar las sentencias en contra de la nación, lo que dejó un saldo de caos y destrucción de la sede del ICETEX, la empresa que otorga préstamos estudiantiles (Movimiento estudiantil vuelve a las calles de Bogotá: Enfrentamientos entre Esmad y estudiantes, 2019).

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    A estas protestas masivas se pueden añadir dos eventos que, aunque temática o espacialmente distantes, parecen delinear una tendencia. El primero, los resultados de las elecciones generales del 27 de octubre en Argentina, en las que se proclamó vencedor el Partido Justicialista con Alberto Fernández encabezando la lista y Cristina Fernández de Kirchner como vicepresidenta, por una abrumadora mayoría del 48,24% contra el 40,28% del oficialista y actual presidente Mauricio Macri, evento que representa el retorno de una figura emblemática de la nueva izquierda latinoamericana al poder en Argentina luego de su derrota en los pasados comicios. Estos resultados fueron prefigurados por los de las elecciones primarias del 11 de agosto, que sorprendieron a los observadores arro-jando una ventaja neta a la dupla justicialista de más del 16%, contra todo pronóstico de las encuestadoras más autorizadas (Lucotti, 2019). De esta manera, la “izquierda bolivariana”, denostada en Argentina tras los escandalosos hallazgos sobre la corrupción que permeara al kirchnerismo (New York Times analizó la corrupción durante la década kirchnerista, 2016), parece retornar triunfalmente tras el estrepitoso fracaso de la “nueva derecha” para remontar la crisis económica (Sturzenegger, 2019).

    El segundo, las prolongadas protestas en Barcelona tras el anuncio de las penas, a todas luces exacerbadas —de entre 9 y 13 años por delito de “sedición”— (Cataluña: 4 preguntas para entender qué hay detrás de las masivas protestas de los últimos días, 2019) a nueve líderes inde-pendentistas catalanes, que estallaron el 14 de octubre y, nuevamente, parecen carecer de cabeza visible y organizarse de forma heterárquica y contingente merced al uso de redes sociales y a la conformación de una red autoproclamada “Tsunami Democràtic”, apartidista y cuyo objetivo es “que el Estado español se siente a negociar políticamente una solución para la autodeterminación de Catalunya” (Pichel, 2019). Estas protestas se dan en el contexto de una prolongada crisis institucional de bajo nivel en España, asolada por escándalos de corrupción del partido antes gober-nante —Partido Popular— (Pinheiro, 2019) y por la debilidad percibida del actual PSOE y su líder Pedro Sánchez (Romero, 2019). Asimismo, e igual de impactante, las últimas elecciones generales, celebradas el domingo

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    10 de noviembre, han sorprendido a observadores y encuestadores al posicionar al recientemente fundado VOX, partido que, a la vista de las declaraciones de su presidente Santiago Abascal y de su lema “España para los españoles”, sólo cabe calificar de ultraderechista, nacionalista y filofascista, “una espesa capa de ultranacionalismo español, fundada sobre un nacional-catolicismo autoritario y que no sólo no se avergüenza de la dictadura franquista sino que la reivindica, prometiendo mano dura contra el independentismo catalán” (Forti, 2018), como la tercera fuerza, por debajo de los tradicionales PSOE y PP y por encima de un debilitado Podemos y un fagocitado y desinflado Ciudadanos (Resultados completos, Elecciones Generales España, 10N, 2019). VOX se suma, así, a una ola de (proto) fascismos nacionalistas, autoritarios y con frecuencia populistas, que parece extenderse por Europa y el mundo y que engloba a Donald Trump en USA, Jair Bolsonaro en Brazil, Recep Erdoğan en Turquía, Matteo Salvini en Italia, Narendra Modi en India, Rodrigo Duterte en Filipinas, Viktor Orban en Hungría, Aung Saan Suu Kyi en Myanmar, Nicolás Maduro en Venezuela, y varios otros (Gienger, 2019). Y no es mera apariencia: más de la mitad de las democracias evaluadas por The Economist’s Intelligence Unit en 2018 han descendido en la escala hacia el autoritarismo (Democracy continues its disturbing retreat, 2018).

    La súbita y simultánea ocurrencia de estos hechos, la emergencia repentina e inesperada de crisis institucionales, sociales y políticas en varios países al mismo tiempo, parece clamar por una explicación. Pero ¿de qué tipo de explicación se trata?

    Dos ingenuidades y la búsqueda de explicaciones sistémicas

    Es imposible, en el reducido espacio del que aquí se dispone, hacer un análisis todo lo concienzudo y profundo que se necesitaría para entender a cabalidad no sólo cada una de las crisis mencionadas sino su entrela-zamiento. Pero sí puede esbozarse una estructura explicativa que haga

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    justicia a la complejidad del fenómeno sin enturbiar la comprensión de la pauta que lo subyace.

    En primer lugar, es menester evadir dos formas falaces de explicación, dos ingenuidades de signo contrapuesto: la conspiratoria y la atomística. La primera es típica de los radicalismos de ambos signos políticos y de las personas que, por carecer de la información necesaria y rehusarse a buscarla y digerirla, atribuyen toda crisis inesperada a la nefasta influencia de los “poderes en la sombra”, que son sin falta sólo los de sus oposito-res políticos: para el derechista, el Kremlin y el “Foro de Sao Paulo”, y para el izquierdista, la Casa Blanca, el FMI y el “orden internacional”. Ya Popper (1957, 1963) advierte contra esta terrible simplificación, a la que Watzlawick llama “el síndrome de utopía” (Watzlawick, Weakland y Fisch, 1974); ahora bien, dado que la investigación en psicología social sugiere que los más propensos a las explicaciones conspiratorias son las personas que se sienten marginadas por la sociedad (Aupers, 2012), el cambio social acelerado y la amenaza de pérdida de identidad puede favorecer la proliferación de dichas mentalidades conspiranoicas entre los grupos vulnerables o que se viven como damnificados de una sociedad que los ha abandonado. Este mecanismo se aplica en cualquier extremo del espectro político: tanto a los votantes duros de Trump, en general hombres blancos de clase media que se ven amenazados por una cultura popular que celebra la diversidad sexual, cultural y étnica (Scherer, 2019), como a los del Brexit, hombres británicos blancos, de clase media y baja, de mediana edad y posición socioeconómica crecientemente marginal, que viven a la Unión Europea como un “poder en la sombra” y que recla-man separar de ella el destino de la Commonwealth (Whiteley, 2019).

    La segunda ingenuidad es la opuesta: que todos estos eventos están separados, que cada uno responde a su propia dinámica y que es com-pletamente distinta de las demás. Este particularismo, más sofisticado, también se esgrime estratégicamente por parte de ambos bandos para defender la excepcionalidad de sus actos o propuestas ante la acusación de parcialidad de los otros, en afirmaciones del estilo de “lo que ocurrió en (Venezuela, Bolivia, México…) no se parece en nada a lo que ocurre

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    en (México, Bolivia, Venezuela...)”. En concreto, es la defensa de elección ante el argumento de que gobiernos como el de Andrés Manuel López Obrador, Hugo Chávez, Álvaro Uribe, Donald Trump y Rafael Correa pueden ser parecidos en su tono populista y propensión autoritaria por opuestas que sean sus ideologías (para una definición del populismo que los engloba cómodamente, véase Müller, 2016).

    La realidad es que ninguna de ambas ingenuidades explica los hechos. Es indiscutible que los estados intentan promover sus intereses allende sus fronteras mediante diversas formas de intervención estratégica; a este respecto, es posible —no necesariamente probable— que los desmanes en Ecuador, Bolivia y Chile incluyan agitadores infiltrados formados en tácticas de guerrilla urbana; como lo es que las protestas en Bolivia sean funcionales al modelo neoliberal auspiciado por el Consenso de Washington. Pero es impensable que su influencia sea tan poderosa para despertar tanta animadversión en varios países a la vez. Atribuir eventos de la envergadura de los ya mencionados a la maquiavélica operación de fuerzas tras bastidores es tan irracional como atribuirlos al azar: nos deja indefensos, tanto teórica como prácticamente, a la hora de adoptar una postura o planear una respuesta acorde.

    Una somera reflexión demuestra que es materialmente imposible llevar a cabo los planes, por bien trazados que estén, en un mundo esencialmente complejo y sometido a múltiples influencias contrarias. Y si es difícil en la vida personal, donde las variables en juego son mucho más limitadas y el número de participantes reducido, cuánto más lo será en la social, en la contienda democrática o la arena geopolítica. Pero la misma reflexión demuestra que, pese a ello, las personas vivimos haciendo planes que inten-tamos llevar a cabo, adaptándonos con mayor o menor éxito a los eventos y manteniendo una meta más o menos estable por encima de los cambios; y que dichos planes involucran prácticamente siempre a otras personas, de cuyos propios planes formamos parte y con los cuales interactuamos, generando un orden ni totalmente espontáneo ni del todo aleatorio. En suma, que la realidad, y más la realidad social, es un complejo entramado de mecanismos de influencia que se entrecruzan en diversos niveles de

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    efectividad, con diferentes horizontes temporales, fortaleciéndose o con-traponiéndose en cada momento; y que todos los eventos que podemos presenciar son el resultado visible de estos mecanismos invisibles —pero aprehensibles, en principio y progresivamente, por nuestras conjeturas—. O, dicho de otro modo, que la realidad es un sistema complejo (Bunge, 1996, 1998), constituido por mecanismos causales y disposicionales que se entrelazan en diferentes planos y que forman la “estructura subyacente” de lo que sucede, de lo cual alcanzamos a observar sólo una parte, en base a la cual hemos de reconstruir dicha estructura. La epistemología realista crítica (Bhaskar, 2008; Danermark et al., 2002) llama a estos tres niveles el ontológico, de las estructuras causales subyacentes, que genera el actual, de los eventos que van acaeciendo, de los que vemos sólo una parte, el empírico.

    La consecuencia de esto es que cualquier fenómeno social debe expli-carse mediante la conjunción de diversos mecanismos que se superponen en diferentes ámbitos espaciales y temporales (por ejemplo, Laso, 2012a); como ondas que se expanden por un lago y cuya influencia se expande no sólo en la superficie sino hacia abajo hasta toparse con las corrientes subacuáticas que lo permean y moldean a largo plazo. Es precisamente esto a lo que podemos aspirar en este texto: a cartografiar las ondas subacuáticas que favorecieron la súbita y simultánea emergencia de tantas crisis en lugares distintos.

    La “Pauta que Conecta”: emociones, contagio y deslegitimación

    Desde una perspectiva psicosocial, casi todos los eventos mencionados (excepto, acaso, las elecciones en Argentina y España) tienen algo en común: se trata de fenómenos de masas, más o menos descentralizados y autoorganizados, en los que el material inflamable del descontento social ha crecido a la sombra de la ceguera o desinterés de las autoridades hasta encenderse como la pólvora con una medida ampliamente repudiada o

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    una declaración desafortunada; de instancias de la célebre “efervescen-cia social” durkheimiana (Ramírez, 2015) que, por muy posmodernos y tecnificados que sean sus medios de coordinación, siguen las pautas descubiertas por Le Bon sobre el comportamiento de las muchedumbres (Le Bon, 2018). En cuanto a las elecciones argentinas, la efervescencia que borboteó en las múltiples protestas del final del gobierno macrista fue canalizada en las dos elecciones conduciendo a la victoria justicialista, resultado evidente del descontento masivo; mismo efecto que podemos apreciar en el repunte de VOX en España: ante la percibida debilidad del gobierno PSOE para solventar la crisis económica, y el desencanto con la promesa no cumplida de Podemos, los votantes prefirieron el abierto nacionalismo xenófobo de VOX al solapado coqueteo con la ultraderecha de Ciudadanos.

    En otras palabras, todos estos fenómenos son el resultado de emocio-nes viscerales compartidas por amplios grupos de la población y que han desbordado los mecanismos institucionales destinados a encaminarlas, contenerlas o repelerlas; emociones que se resisten a las explicaciones, típicamente anglosajonas y de corte utilitarista, del “actor racional” (Resnik, 1998) y el “votante mediano” (Caplan, 2007) y que requieren de un esquema explicativo más amplio y profundo, que haga justicia a la espontaneidad, maleabilidad, evanescencia e impredictibilidad de estos sucesos. En dicho esquema, que sirve de base para las presentes reflexiones y cuya lógica se expone en otra parte (Laso, 2012a), se distinguen niveles de influencia y entornos emocionales distales y proximales del evento que precisa explicación: aquellos generan estados de ánimo de base, por lo general no articulados pero compartidos por varios miembros de una comunidad (por ejemplo, el sordo desaliento y rabia de los jóvenes que no consiguen ingresar a un mercado laboral saturado y desregulado), que predisponen a los agentes a reaccionar con ciertas emociones y no otras ante los desafíos cotidianos y las crisis, las cuales son desencadenadas por éstos, lo que determina el repertorio de respuestas abierto al agente en esa situación (por ejemplo, la ira que impulsa a un joven a participar de una manifestación violenta).

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    El segundo hecho que llama la atención es la proximidad temporal y espacial de todos estos eventos, lo que podría conducir a una hipóte-sis del “contagio” de esta efervescencia (que se haría eco, nuevamente, de Le Bon y Durkheim; Moscovici, 2013; y apelaría en último término a Tarde, 2011). Si bien la investigación contemporánea ha demostrado la existencia de este “contagio emocional” (Barsade, 2002), también ha señalado que se produce casi únicamente en el cara a cara; no hay certeza alguna de que las redes sociales y medios de comunicación masiva sirvan de vector de transmisión. Por ende, si el contagio existe, se trata más de un catalizador que de un reactivo: el enterarse de protestas sociales masivas en otros países puede relajar las inhibiciones de los ciudadanos, animándolos a salir a las calles y dar rienda suelta a un descontento preexistente y hasta ese momento reprimido.

    Dicho de otra forma, y esto es una parte fundamental de la expli-cación, lo que se “contagia” es la deslegitimación progresiva del modelo político y social imperante: ya no sólo de los sistemas de partidos polí-ticos sino de la democracia liberal misma o, al menos, de la forma de democracia que ha regido como “ideal regulativo” la política occidental desde la desaparición de la Unión Soviética y que se puede caracterizar como procedimental, centrada ante todo en asegurar la probidad de las instituciones, la separación de poderes, el imperio de la Ley y la legiti-midad de los referendos, y que no se preocupa por perseguir la justicia social, la felicidad o bienestar de los ciudadanos u otros logros sustantivos (Quiroga, 2000). En efecto, América Latina y Europa se han encaminado al mismo tiempo a esta forma de democracia por vías distintas: esta merced al desmantelamiento del Estado de Bienestar efectuado desde los años 80, aquella por la “tercera ola de democratización” que Huntington proclamara, tan triunfal como prematuramente, como imperante en la región (García, 2003). Pues, en efecto, la definición de democracia de Huntington es meramente procedimental: “consiste básicamente en que la mayoría de quienes toman las decisiones colectivas sean seleccionados mediante elecciones limpias, honestas y periódicas, en las cuales se com-pita abiertamente y casi toda la población adulta tenga derecho al voto”

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    (García, 2003, p. 7). Los resultados de los intentos de adopción de este tipo de democracias en diversas partes del mundo han sido, en general, desalentadores: como apunta Krastev (Krastev y Holmes, 2019), es ya innegable que la mera imitación de los rituales de la democracia liberal no basta para instaurar su esencia, ya que se pueden celebrar elecciones periódicas sin que haya imperio de la Ley, competitividad real, sistema de partidos y pluralismo (como lo demuestran los autoritarismos cons-titucionales) (Chacín , 2019).

    Dos Arrogancias Deslegitimadoras

    Las raíces de esta deslegitimación son múltiples y perseguirlas se escapa del presente texto; baste señalar un par que atañen a la arrogancia triunfalista que invadió la academia en el pasado. En primer término, el desencanto con las recetas de la economía neoliberal: los ajustes estruc-turales, la reducción de impuestos y restricciones al flujo de capitales, la incorporación irrestricta al mercado global, la privatización de servicios de educación y salud, etc., que con no disimulada arrogancia prescribían los economistas entre los 80 del siglo pasado y los inicios de este, han dado paso al descrédito