La Arqueolog­a del saber , Foucault

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Michel Foucault, La arqueologa del saber, Siglo XXI editores, Buenos Aires, 2002.

Introduccin Desde hace dcadas, la atencin de los historiadores se ha fijado preferentemente en los largos perodos, como si, por debajo de las peripecias polticas y de sus episodios, se propusieran sacar a la luz los equilibrios estables y difciles de alterar, los procesos irreversibles, las regulaciones constantes, los fenmenos tendenciales que culminan y se invierten tras de las continuidades seculares, los movimientos de acumulacin y las saturaciones lentas, los grandes zcalos inmviles y mudos que el entrecruzamiento de los relatos tradicionales haba cubierto de una espesa capa de acontecimientos. Para llevar a cabo este anlisis, los historiadores disponen de instrumentos de una parte elaborados por ellos, y de otra parte recibidos: modelos del crecimiento econmico, anlisis cuantitativo de los flujos de los cambios, perfiles de los desarrollos y de las regresiones demogrficas, estudio del clima y de sus oscilaciones, fijacin de las constantes sociolgicas, descripcin de los ajustes tcnicos, de su difusin y de su persistencia. Estos instrumentos les han permitido distinguir, en el campo de la historia, capas sedimentarias diversas; las sucesiones lineales, que hasta entonces haban constituido el objeto de la investigacin, fueron sustituidas por un juego de desgajamientos en profundidad. De la movilidad poltica con lentitudes propias de la

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"civilizacin material", se han multiplicado los niveles de anlisis: cada uno tiene sus rupturas especificas, cada uno comporta un despiezo que slo a l pertenece; y a medida que se desciende hacia los zcalos ms profundos, las escansiones se hacen cada vez ms amplias. Por detrs de la historia atropellada de los gobiernos, de las guerras y de las hambres, se dibujan unas historias, casi inmviles a la mirada, historias de dbil declive: historia de las vas martimas, historia del trigo o de las minas de oro, historia de la sequa y de la irrigacin, historia de la rotacin de cultivos, historia del equilibrio obtenido por la especie humana, entre el hambre y la proliferacin. Las viejas preguntas del anlisis tradicional (qu vnculo establecer entre acontecimientos dispares?, cmo establecer entre ellos un nexo necesario?, cul es la continuidad que los atraviesa o la significacin de conjunto que acaban por for mar?, se puede definir una totalidad, o hay que limitarse a reconstituir los encadenamientos?) se remplazan en adelante por interrogaciones de otro tipo: qu estratos hay que aislar unos de otros?, qu tipos de series instaurar?, qu criterios de periodizacin adoptar

para cada una de ellas?, qu sistema de relaciones (jerarqua, predominio, escalonamiento, determinacin unvoca, causali dad circular) se puede describir de una a otra?, qu series de series se pueden establecer?, y en qu cuadro, de amplia cronologa, se pueden determinar continuidades distintas de acontecimientos? Ahora bien, casi por la misma poca, en esas

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disciplinas que se llaman historia de las ideas, de las ciencias, de la filosofa, del pensamiento, tambin de la literatura (su carcter especfico puede pasarse por alto momentneamente), en esas disciplinas que, a pesar de su ttulo, escapan en gran parte al trabapo del historiador y a sus mtodos, la atencin se ha desplazado, por el contrario, de las vastas unidades que se describan como "pocas" o "siglos", hacia fenmenos de ruptura. Por debajo de las grandes continuidades del pensa miento, por debajo de las manifestaciones masivas y homogneas de un espritu o de una mentalidad colectivas, por debajo del terco devenir de una ciencia que se encarniza en existir y en rematarse desde su comienzo, por debajo de la persistencia de un gnero, de una forma, de una disciplina, de una actividad terica, se trata ahora de detectar la incidencia de las interrupciones. Interrupciones cuyo estatuto y naturaleza son muy diversos. Actos y umbrales epistemolgicos, descritos por G. Bachelard: suspenden el cmulo indefinido de los conocimientos, quiebran su lenta maduracin y los hacen entrar en un tiempo nuevo, los escinden de su origen emprico y de sus motivaciones iniciales: los purifican de sus complicidades imaginarias; prescriben as al anlisis histrico, no ya la investigacin de los

comienzos silenciosos, no ya el remontarse sin trmino hacia los primeros precursores, sino el sealamiento de un tipo nuevo de racionalidad y de sus efectos mltiples. Desplazamientos y transformaciones de los conceptos: los anlisis de G. Canguilhem pueden servir de modelos. Muestran que la historia de un con-

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cepto no es, en todo y por todo, la de su acendramiento progresivo, de su racionalidad sin cesar creciente, de su gradiente de abstraccin, sino la de sus diversos campos de constitucin y de validez, la de sus reglas sucesivas de uso, de los medios tericos mltiples donde su elaboracin se ha realizado y acabado. Distincin, hecha iguale mente por G. Canguilhem, entre las escalas micro y macroscpicas de la historia de las ciencias en las que los acontecimientos y sus consecuencias no se distribuyen de la misma manera: al punto de que un descubrimiento, el establecimiento de un mtodo, la obra de un sabio, y tambin sus fracasos, no tienen la misma incidencia, ni pueden ser descritos de la misma manera en uno y en otro niveles; no es la misma historia la que se hallar contada, ac y all. R e di st ri b u c i o n e s re c u rre nt es que hacen aparecer varios pasados, varias formas de encadenamiento, varias jerarquas de importancias, varias redes de determinaciones, varias teleologas, para una sola y misma ciencia, a medida que su presente se modifica; de suerte que las descripciones histricas se ordenan necesariamente a la actualidad del saber, se multiplican con sus transformaciones y no cesan a su vez de romper con ellas mismas (de este

fenmeno, en el dominio de las matemticas, acaba de dar la teora M. Serres) . U n i d ad e s arqu i t e c t ni c a s de los sistemas, tales como han sido analizadas por M. Guroult, y para las cuales la descripcin de las influencias, de las tradiciones, de las continuidades culturales, no es pertinente, sino ms bien la de las coherencias internas, de los axiomas, de

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las cadenas deductivas, de las compatibilidades. En fin, sin duda las escansiones ms radicales son los cortes efectuados por un trabajo de transformacin terica cuando "funda una ciencia desprendindola de la ideologa de su pasado y revelando ese pasado como ideolgico".' A lo cual habra que aadir, se entiende, el anlisis literario que se da en adelante como unidad: no el alma o la sensibilidad de una poca, ni tampoco los "grupos", las "escuelas", las "generaciones" o los "movimientos", ni aun siquiera el personaje del autor en el juego de trueques que ha anudado su vida y su "creacin", sino la estructura propia de una obra, de un libro, de un texto. Y el gran problema que va a plantearse -que se plantea- en tales anlisis histricos no es ya el de saber por qu vas han podido establecerse las continuidades, de qu manera un solo y mismo designio ha podido mantenerse y constituir, para tantos espritus diferentes y sucesivos, un horizonte nico, qu modo de accin y qu sostn implica el juego de las trasmisiones, de las reanudaciones, de los olvidos y de las repeticiones, cmo el origen puede extender su mbito mucho ms all de s mismo y hasta ese acabamiento que jams se da; el problema no es ya de la tradicin y del rastro, sino del recorte y

del lmite; no es ya el del fundamento que se perpeta, sino el de las transformaciones que valen como fundacin y renovacin de las fundaciones. Vemos entonces des ' L. Althusser, La revolucin terica de Marx, Siglo XXI, Mxico, 1969, p. 137.

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plegarse todo un campo de preguntas algunas de las cuales son ya familiares, y por las que esta nueva forma de historia trata de elaborar su propia teora: cmo especificar los diferentes conceptos que permiten pensar la discontinuidad (umbral, ruptura, corte, mutacin, trasformacin) ? Por medio de qu criterios aislar las unidades con las que operamos: Qu es una ciencia? Qu es una obra? Qu es una teora? Qu es un concepto? Qu es un texto? Cmo diversificar los niveles en que podemos colocarnos y cada uno de los cuales comporta sus escansiones y su forma de anlisis: Cul es el nivel legtimo de la formalizacin? Cul es el de la interpretacin? Cul es el del anlisis estructural? Cul el de las asignaciones de causalidad? En suma, la historia del pensamiento, de los conocimientos, de la filosofa, de la literatura parece multiplicar las rupturas y buscar todos los erizamientos de la discontinuidad; mientras que la historia propiamente dicha, la historia a secas, parece borrar, en provecho de las estructuras ms firmes, la irrupcin de los acontecimientos.

fiando en la apariencia, que algunas de las disciplinas histricas han pasado de lo continuo a lo discontinuo, mientras que las otras pasaban de la multiplicidad de las discontinuidades a las grandes unidades ininterrumpidas. Tampoco pensemos que en el anlisis de la pol

Pero no debe ilusionarnos este entrecruzamiento, ni hemos de imaginar,

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tica de las instituciones o de la economa se ha sido cada vez ms sensible a las determinaciones globales, sino que, en el anlisis de las ideas y del saber, se ha prestado una atencin cada vez mayor a los juegos de la diferencia, ni creamos que una vez ms esas dos grandes formas de descripcin se han cruzado sin reconocerse. De hecho, son los mismos problemas los que se han planteado ac y all, pero que han provocado en la superficie efectos inversos. Estos problemas se pueden resumir con una palabra: la revisin del valor del documento. No hay equvoco: es de todo punto evidente que desde que existe una disciplina como la historia se han u