Gloria Comesana Santalices Arendt

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Resumen El presente trabajo muestra que la aproximación arendtiana a la política nos proporciona nuevas perspectivas de análisis para la Teoría feminista. Estudiaremos la interpretación arendtiana del poder como potencialidad, des- tacando los conceptos de pluralidad, acción y palabra. También oposiciones como: privado/público, necesidad/libertad, labor-trabajo/acción. Indagaremos además si la noción arendtiana de paria es aplicable a las muje- res, reflexionando igualmente sobre el valor de su análisis de los Derechos Humanos para la Teoría feminista. Arendt no se interesó particularmente por la problemática de la condición femenina. Pero su obra contiene suficientes ideas liberadoras que merecen ser consideradas. Palabras Clave: Teoría feminista, Poder, Paria, Derechos Humanos. Abstract This paper shows how a Arendt’s approach to politics provides us with new perspectives for the analysis of feminist theory. We study Arendt’s inter- pretation of power as potentiality, pointing out the concepts of plurality, action and word. We also study opposites such as: private/public, needs/liberty, and labor-work/ action. We also question whether Arendt’s notion of pariah is applicable to women, and also about the value of her analysis of human rights to feminist theory. Arendt was not particularly inte- rested in the problem of the femenist condition, but her work contains suffi - cient liberating ideas which make it worth consideration. Key words: Feminist theory, power, pariah, human rights. Anales del Seminario de Historia de la Filosofía 2001, 18: 125-142 ISSN: 0211-2337 Lectura feminista de algunos textos de Hannah Arendt Gloria M. COMESAÑA SANTALICES Universidad del Zulia. Maracaibo, Venezuela 125

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  • Resumen

    El presente trabajo muestra que la aproximacin arendtiana a la polticanos proporciona nuevas perspectivas de anlisis para la Teora feminista.Estudiaremos la interpretacin arendtiana del poder como potencialidad, des-tacando los conceptos de pluralidad, accin y palabra. Tambin oposicionescomo: privado/pblico, necesidad/libertad, labor-trabajo/accin.Indagaremos adems si la nocin arendtiana de paria es aplicable a las muje-res, reflexionando igualmente sobre el valor de su anlisis de los DerechosHumanos para la Teora feminista. Arendt no se interes particularmente porla problemtica de la condicin femenina. Pero su obra contiene suficientesideas liberadoras que merecen ser consideradas.

    Palabras Clave: Teora feminista, Poder, Paria, Derechos Humanos.

    Abstract

    This paper shows how a Arendts approach to politics provides us withnew perspectives for the analysis of feminist theory. We study Arendts inter-pretation of power as potentiality, pointing out the concepts of plurality,action and word. We also study opposites such as: private/public,needs/liberty, and labor-work/ action. We also question whether Arendtsnotion of pariah is applicable to women, and also about the value of heranalysis of human rights to feminist theory. Arendt was not particularly inte-rested in the problem of the femenist condition, but her work contains suffi -cient liberating ideas which make it worth consideration.

    Key words: Feminist theory, power, pariah, human rights.

    Anales del Seminario de Historia de la Filosofa2001, 18: 125-142

    ISSN: 0211-2337

    Lectura feminista de algunos textos deHannah Arendt

    Gloria M. COMESAA SANTALICESUniversidad del Zulia. Maracaibo, Venezuela

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  • Introduccin

    No pretendemos aqu hacer una presentacin exhaustiva de todas lasideas de Arendt que pueden abrir nuevos caminos a la reflexin terica y a laestrategia feminista. Debido a los lmites impuestos a la extensin de esteartculo, slo esbozaremos ciertos ejes temticos, abriendo apenas el caminoa un estudio de mayor envergadura.

    Desarrollo

    Es evidente que no puede decirse de Hannah Arendt que fuese feminista,ni tampoco que le preocupase particularmente la problemtica de la condi-cin femenina1 en un mundo eminentemente patriarcal. Aunque en muchoscasos pareci estar cerca de abordarla, pas siempre slo tangencialmente allado de esta temtica. As ocurre con su libro sobre Rahel Varnhagen, o consu recensin del libro de Alice Ruhle-Gerstel El problema de la mujer en elmundo contemporneo.2

    Por otra parte, cuando fue interrogada expresamente sobre el problema dela emancipacin femenina, respondi:

    Si, el problema en cuanto tal se plantea naturalmente siempre. En realidad, y ariesgo de parecerle anticuada, siempre he pensado que existan actividades deter-minadas que no convenan a las mujeres, que no les iban bien, si puedo expre-sarme as. Dar rdenes no conviene a una mujer y es por ello que debe esforzar-se por evitar tales situaciones si quiere conservar sus cualidades femeninas. Yono s si tengo razn o no. Sea lo que sea, por mi parte, ms o menos incons-cientemente o, ms bien, ms o menos conscientemente me he adecuado a estaopinin. El problema en s no ha jugado personalmente ningn rol para m. Enrealidad simplemente he hecho lo que deseaba hacer.3

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    1 Con la expresin condicin femenina no apuntamos a ninguna esencia femenina odestino natural, sino por el contrario, a la condicin de opresin y alienacin que de mane-ra injusta y arbitraria han sido el lote de las mujeres a lo largo de los tiempos. Esta condicines histrica, y por ello puede y debe cambiar.

    2 Ruhle-Gerstel, Alice. El problema de la mujer en el mundo contempornea. Un balan-ce psicolgico. Eds. Hiezel. Leipzip, 1932.

    3 Revue Esprit. N 42, Juin, 1980. p. 20. Seule demeure la langue maternelle, trans-cripcin de la entrevista televisada de H. Arendt por Gnter Gaus difundida por la 2 cadenade la televisin alemana el 28 de Octubre de 1964, en el marco de la serie Zur Person. Fueluego retomada en el libro de Gunter Gaus: Zur Person. Portrts in Frage und Antwort. FederVerlag, Munich, 1964. Publicada de nuevo en la compilacin Gesprche mit Hannah Arendt,editado por Adelbert Reif. Piper and Co. Munich, 1976. Traducimos nosotros.

  • Su bigrafa Elisabeth Young-Bruehl confirma esto, sealando ademsque Arendt se opona a las consecuencias del Movimiento de Liberacin delas Mujeres. Y aade:

    Ella podr mostrarse, con respecto a las mujeres jvenes, tan burguesa y con-vencional en los detalles como amplia de espritu y determinada en las cosasimportantes. Empujaba a los otros a la independencia pero aada siempre conrespecto a las mujeres: Vive la petite difference! .4 5

    Todo esto puede resultar desconcertante para una feminista de nuestrotiempo, sobre todo si sabemos que, en funcin de las reflexiones que la lle-varon a formular el concepto de paria, o judo de excepcin,6 ella era muysensible al hecho de ser considerada como una mujer de excepcin. Enefecto, cuando en 1953 fue invitada a la Universidad de Princenton a dictarlos seminarios Christian Gauss, y en vista de que era la primera mujer a lacual se le confera ese honor, cosa que muchos colegas le hicieron notar consatisfaccin, ella, lejos de sentirse halagada, respondi muy crticamente,incomodada de jugar el rol de femme alibi.7 En una carta a un amigo ledeca al respecto: ilustr a esos dignos caballeros sobre lo que era un judode excepcin y trat de hacerles comprender que me haba necesariamentesentido yo misma aqu como una mujer de excepcin.8

    Por esa misma razn, casi rechaza la invitacin de esa mismaUniversidad para ser profesora con rango magistral, cuando, supo que en elcomunicado dirigido al New York Times, se destacaba precisamente el hecho

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    4 En francs en el texto original en ingls, indicando con ello Young-Bruehl, que Arendtdeca esto en francs.

    5 Young-Bruehl, Elisabeth. Hannah Arendt. Eds. Anthropos. Paris, 1986. p. 311.Traducimos nosotros.

    6 Concepto que formul al estudiar la personalidad de Rahel Varnhagen, y escribir su librosobre ella.

    7 Mujer coartada. El trmino se acu primero en francs, y parece que as lo usabaArendt segn su bigrafa Young-Bruehl. Segn el diccionario Ideolgico Feminista (Sau,Victoria. Ed. Icaria. Barcelona, 1981): ... es el tipo de mujer que, por circunstancias diversas,se abre camino en reas profesionales o polticas tradicionalmente reservadas a los hombres,y que al hacer el anlisis de una inslita situacin atribuye su xito a la ayuda y cooperacinrecibida de aquellos, pasando por tanto a defender (o facilitar que otros defiendan), la tesis deque las mujeres que no llegan a sus mismas cotas de xito (...) es por culpa de ellas mismas[son cmodas, incapaces, no tienen voluntad, etc] pero no porque los hombres les pongan tra-bas. Para el hombre la mujer-alibi es la coartada por medio de la cual se disimula el sexismomasculino en la sociedad. pp. 183-184. El primer parntesis es nuestro.

    8 Young-Bruehl, Elisabeth. Op. cit., p. 354. Traducimos nosotros.

  • de que era la primera mujer que reciba esa invitacin. Para los seores dePrinceton, universidad snob por excelencia, segn las propias palabras deArendt,9 no iba de suyo que ella fuese, tal como ella misma lo seala, femi-nini generis.

    Arendt estaba pues consciente de ser, tambin en cuanto mujer y no sloen cuanto juda, una paria, una excepcin, y no estaba dispuesta a jugar eserol con agrado. No poda evitar ser la primera mujer que..., pero a su mane-ra luchaba por evitar que se destacase ese aspecto, y por exigir que se la con-siderase en pie de igualdad, como una simple persona que realizaba tal o cualfuncin u ocupaba tal o cual cargo. Para ella, el hecho de que tuviese un nivelde cultura superior al del comn de las mujeres, no era nada extraordinario nimucho menos anormal: ser mujer y profesora o mujer y filsofa, entraba paraella perfectamente dentro del orden normal de las cosas.

    As nos deja suponer su bigrafa cuando seala:

    En su calidad de mujer, Arendt quera evitar una situacin en la cual ella se dis-tinguira de las mujeres ordinarias por su cultura, un pensamiento extrao yestimulante, interesante por su diferencia, una personalidad nica. Lo que ellaquera para las mujeres, y lo que esperaba de ellas, era que se prestase atencina los problemas delas discriminaciones polticas y jurdicas, una atencin lo bas-tante extensa como para relacionar estos problemas de mujeres a los de todos losgrupos cuya igualdad era negada. Por eso le incomod ver el problema de lasmujeres engendrar sea un movimiento poltico separado, sea una reduccin aproblemas psicolgicos.10

    Todo lo que hemos sealado hasta ahora, incluidos el libro sobre RahelVarnhagen y la recensin del libro de Alice Ruhle-Gerstel nos permiten afir-mar que Arendt estaba consciente de que exista una problemtica de la con-dicin femenina, y matizar un poco ms nuestras afirmaciones iniciales.Como ya dijimos, ni fue feminista ni le interes dedicarle siquiera unmomento o etapa de su reflexin a la lucha por la liberacin femenina, de laque al menos como espectadora fue testigo.11 Sin embargo, no pudo dejar de

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    9 Idem.10 Ibid., p. 355.11 Y no nos referimos nicamente al inicio del movimiento feminista contemporneo en

    los Estados Unidos u otros pases industrializados de los aos 60 y 70. Arendt tuvo la ocasinde conocer, al menos superficialmente a S. de Beauvoir, pero no simpatizaron en absoluto launa con la otra (y mucho menos Beauvoir y Mac Carthy, una de las mejores amigas de Arendt,entre s), y es ms que probable que ninguna ley siquiera una obra de la otra. Arendt tuvo queestar al tanto de la publicacin de El Segundo Sexo, pero no creemos que lo haya ledo.Pensamos que quizs, dada su gran y amplia cultura, haba ledo comentarios o recensiones

  • darse cuenta de la manera diferente en que, en ciertos casos, era tratada porser mujer, y tampoco dej de emitir opiniones con respecto al sesgo quetomaba el movimiento de liberacin femenina, al cual le criticaba comovimos, el caer en el psicologismo o pretender convertirse en un movimientopoltico separado.

    Como vimos segn su bigrafa, lo que ella deseaba era que las mujeresprestasen atencin a la discriminacin poltica y jurdica de la que eran obje-to, siendo lo bastante amplia esa atencin como para relacionar sus proble-mas con los de otros grupos tambin discriminados. Aunque no conozcamosestas ideas de Arendt por escritos suyos, sino a travs de la biografa que lededica Young-Bruehl, no podemos dejar de reconocer que ste su plantea-miento sobre la importancia del aspecto jurdico y poltico de la discrimina-cin, y la recomendacin de sensibilizarse a problemas similares de otrosgrupos humanos y de relacionarse con ellos, coincide sorprendentemente conlo que una buena parte del movimiento feminista y la teora feminista vienenhaciendo en las ltimas dcadas.

    No podemos, adems de todo lo dicho, dejar de prestar atencin a lainsistencia de Arendt en que se le reconociese ante todo como mujer,12 comopersona femenina (feminini generis segn su propia expresin).

    Como muchas otras mujeres de su generacin, e incluso de nuestro tiem-po, Arendt deseaba conservar los privilegios13 inherentes al ser mujer, y

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    sobre el libro de Beauvoir. Sobre las opiniones respectivas de Arendt o Mac Carthy sobreBeauvoir y viceversa, pueden consultarse: De Beauvoir, Simone: Lettres Sartre. Tomo II(1940-1963). Gallimard, Paris. 1990. P. 301. Ibid. Lettres Nelson Algren. Gallimard, Paris.1997, p. 594. Bair, Deirdre Simone de Beauvoir. Fayard, Paris. 1990. Pp.383-443. En dondese seala no slo la opinin de Beauvoir, como en los dos anteriores, sino la opinin de Arendty Mac Carthy. Por ltimo, Young-Bruehl, Elizabeth: Hannah Arendt. Anthropos, Paris. 1986.P.366. De lo que se seala all acerca de la opinin de Arendt sobre Sartre, y su posicin res-pecto a su obra, podemos deducir en parte su opinin acerca de Beauvoir y su obra.

    12 A este respecto puede consultarse el libro de Sylvie Courtine-Denamy: Hannah Arendt.Belfond, Paris. 1994 que analiza en detalle este aspecto de la personalidad de Arendt, basn-dose en numerosos testimonios, entre otros los de su amigo de infancia, filsofo e historiadorHans Jonas, los de Elizabeth Young-Bruehl, bigrafa y alumna de Arendt, y textos de obras ycartas de la autora, en particular los artculos dedicados a Rosa Luxemburgo y a Isak Dinesen,recogidos en el libro: Hombres en tiempos de oscuridad. Gedisa, Barcelona. 1990.

    13 Estos privilegios (las comillas son nuestras) eran por ejemplo, segn su amigo HansJonas: recibir flores, ser acompaada, disfrutar de las atenciones que los hombres reservabana las mujeres Vid. Courtine-Denamy. Op. cit., p.19. Evidentemente, Arendt no poda imagi-nar un planteamiento como el del feminismo actual en el cual la igualdad reclamada no impli-ca la negacin de las diferencias, sino la asuncin de stas en funcin de una autntica igual-dad, que podramos expresar hablando de igualdad con y a pesar de las diferencias, negndo-nos a valorar como normativa ninguna diferencia.(Vid. nuestro artculo: La igualdad en el

  • por eso se negaba a asumir la igualdad entre hombres y mujeres abiertamen-te, en un plano que ella perciba como eliminador de diferencias. Quizs porello insista en repetir, cuando tena ocasin, el vive la petite difference!,que expresaba siempre en francs.

    No puede dejar de mencionarse, por otra parte, la contradiccin queencierra el hecho de que Arendt, si bien rechazaba (quizs por excesiva timi-dez)14 el hecho de ser considerada una mujer clebre, es decir de aparecer ala luz pblica,15 ser conocida por una gran cantidad de personas, al mismotiempo criticaba al movimiento feminista de su poca por limitarse a hacerplanteamientos sociales y psicologistas en lugar de plantear cuestiones pol-ticas y asumirse como un movimiento poltico, en alianza adems con otrosgrupos oprimidos. Analizando mejor esta contradiccin, pensamos que esslo aparente, pues su rechazo de los inconvenientes de la celebridad, impli-caba en nuestra opinin, ms que el rechazo de lo pblico/poltico, el recha-zo de lo pblico/social, de la sociedad como un dominio pblico aplastante yuniformizador para los individuos.16

    Por todo lo que hemos dicho hasta aqu y por nuestra decisin estratgi-ca de trabajar bsicamente sobre obras de mujeres,17 es por lo que conside-

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    Derecho no discriminatorio en, Filosofa, Feminismo y Cambio Social . EdiLUZ, Maracaibo.1995. p. 131 ss . Por otra parte creemos que el tratamiento privilegiado no debe ser privati-vo de un solo sexo. Cualquiera, hombre o mujer puede tratar con privilegios al otro serhumano, sea o no de diferente sexo.

    14 Efectivamente ella afirmaba que su timidez la incitaba a huir del dominio pblico. Vid.Courtine-Denamy, S. Op. cit., p. 22

    15 En este sentido, al comenzar el artculo dedicado a Isak Dinesen (Karen Blixen), ensu obra Vies Politiques (Gallimard, Paris. 1974. P. 122), seala que esta autora tena la firmeconviccin de que casi no era conveniente para una mujer ser autora, es decir personaje pbli-co; la luz que ilumina el dominio pblico es demasiado cruda para ser halagadora.Traducimos nosotros. Arendt pareciera compartir esta idea, hacindonos pensar, por lo quedice a continuacin sobre la madre de Dinesen, que esa luz pblica de la celebridad es parti-cularmente poco favorecedora para las mujeres.

    16 Al respecto nos apoyamos en los pargrafos: 6. El auge de lo social y 8. La esferapblica, de La Condicin Humana. Paids. Barcelona, 1993.

    17 Vase nuestro trabajo: Aproximacin a las caractersticas metodolgicas de losEstudios de la Mujer, Revista de Filosofa. N 26-27 (Mayo-Diciembre: 2-3).Centro deEstudios Filosficos, LUZ. Maracaibo,1997. P. 152. All decimos: ... numerosas son lasinvestigadoras feministas que retoman las obras de mujeres del pasado, filsofas o literatas porejemplo, para, a travs de una nueva hermenutica, y sin importar que la autora se haya reco-nocido o no como feminista, o favorable a la causa de las mujeres, encontrar all las huellas deuna opresin (no slo individual sino colectiva), pero tambin y muy especialmente los cami-nos de una liberacin, en este caso personal y no necesariamente percibida como tal, y sobretodo las categoras diversas, que aplicadas a la causa de las mujeres pueden ser muy fecundaspor su valor analtico y su fuerza liberadora.

  • ramos ms que justificado sealar la importancia que el pensamiento polti-co de Hannah Arendt tiene para la teora feminista.

    En efecto, la importancia otorgada por Arendt al hecho poltico y a laaccin como actividades fundamentales de nuestra realidad humana, son deespecial inters para la lucha y la reflexin feministas.

    En La Condicin Humana libro que para muchos es la principal obra te-rica de Arendt, la accin, la actividad poltica, aparece descrita, por encimade la labor y el trabajo, como aquella actividad a travs de la cual el indivi-duo se realiza como propiamente humano: Mediante la accin y el discurso,los hombres muestran quines son, revelan activamente su nica y personalidentidad y hacen su aparicin en el mundo humano...18

    Arendt distingue claramente la accin (que incluye la palabra) de lo queella llama comportamiento, y en general de las otras actividades (labor, tra-bajo), en las cuales el individuo tiene determinadas conductas y funcionescon respecto al mundo, a los dems o a la naturaleza, pero no se revela comotal. Esto slo sucede como hemos dicho en la accin, que es por esencia pol-tica, o sea, fundada en la pluralidad y garantizada en su permanencia por laorganizacin de la polis, es decir, la organizacin de la gente tal como surgede actuar y hablar juntos.19 Expresndose en una forma que valoriza expl-citamente el carcter agonista de la accin, Arendt dice que: la cualidadreveladora del discurso y de la accin pasa a primer plano cuando las perso-nas estn con otras; (...) la accin poltica necesita para su plena aparicin labrillantez de la gloria, slo posible en la esfera pblica.20 El tema de laaccin y de lo poltico, nos introduce necesariamente en la consideracin delproblema del poder, que, como lo anterior, nos parece clave no slo para laTeora feminista sino para el funcionamiento y la definicin de estrategias delMovimiento de Mujeres.21

    Arendt distingue claramente entre el poder y la fuerza:

    El poder es lo que mantiene la existencia de la esfera pblica, el potencial espa-cio de aparicin entre los hombres que actan y hablan. (...) surge entre los hom-bres cuando actan juntos y desaparece cuando se dispersan. (...) es siempre unpoder potencial y no una intercambiable, mensurable y confiable entidad comola fuerza.22

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    18 Arendt, Hannah. La Condicin Humana. Ed. cit., p. 203.19 Ibid., p. 221.20 Ibid., p. 20421 Esto ha estado muy claro para nosotros desde que en 1984 redactamos nuestro libro

    Mujer, Poder y Violencia. EdiLUZ, Maracaibo. 1991.22 Arendt, Hannah. La Condicin Humana. Ed. cit., p.223.

  • Compartimos plenamente esta nocin de poder, considerando a Arendtcomo una de las autoras(es) que mejor lo han analizado distinguindolo de lafuerza (o violencia), dndonos de l una definicin que ejemplariza su esta-tus ontolgico como resultante concreta de la organizacin voluntaria deindividualidades, y fundndolo en la condicin humana bsica de la plurali-dad.

    Arendt entiende claramente que al poder slo puede oponrsele la fuerzao violencia, pero sta no puede realmente reemplazarlo: la violencia no espara ella poder, sino destructora de poder: Pero si bien la violencia es capazde destruir al poder, nunca puede convertirse en su sustituto. De ah resulta lafrecuente combinacin poltica de fuerza y carencia de poder.23

    Mientras que la mayora de los autores que estudian o han estudiado elconcepto de poder poltico24 lo caracterizan fundamentalmente, a partir deuna mezcla de pesimismo y desilusin, de una manera negativa como domi-nio, opresin, represin, subordinacin, etc, Arendt atribuye ms bien estascaractersticas a la fuerza fsica o violencia, que muchas veces, como elladice, destruye al poder y se coloca en su lugar, pero no puede sustituirlo. Ladominacin y el control de la situacin y sus medios por vas represivas, noes poder, sino violencia, fuerza

    El poder para Arendt, cuyo estatuto es siempre potencial e inestable,puesto que depende de la voluntad de los individuos de actualizar o no la plu-ralidad original a la que pertenecen, mediante la organizacin de una comu-nidad de intereses, es siempre algo positivo, enriquecedor, constructivo.

    Slamente formando comunidades polticas/pblicas, a partir de las cua-les pueden manifestarse como personas a los dems, y desenvolverse solida-riamente en un mundo comn, donde la forma elemental de relacin entre losindividuos es la persuasin, pueden los seres humanos alcanzar no slo lo queArendt llama poder, sino precisamente lo que para ella es, como ya hemosdicho, una de las ms altas formas de realizacin: la actividad poltica, a par-tir de la cual se alcanza el poder.

    Arendt propone, as mismo en La Condicin Humana, dos aspectos, ennuestra opinin complementarios, dentro del modelo de actividad poltica (lapolis griega) que all destaca y describe. Por una parte est lo que podramosllamar el aspecto agonista de la accin, de la poltica, el cual implica queciertas individualidades (en el caso de la polis, los hroes), se destacan porsus grandes hazaas entre la multitud. Estas individualidades seran los lde-

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    23 Ibid., p.225.24 Entre ellos particularmente el resto de la Escuela de Frankfurt, a la que Arendt tambin

    perteneci, y ms cerca an de nosotros Foucault, entre otros.

  • res que en forma espontnea surgen en las comunidades y agrupaciones detodo tipo. Sin embargo, este primer aspecto competitivo y agonista del mode-lo poltico, queda matizado y completado por el aspecto que podemos llamarasociativo,25 pues para Arendt, las grandes hazaas de los hroes o indivi-dualidades destacadas, se perderan en el olvido si no se diesen en el seno dela polis, que es la organizacin de los ciudadanos basada en la igualdad entrelos pares y en la equivalencia de sus opiniones. Para que una opinin seimponga a las otras y sea acatada, los ciudadanos deben deliberar unos conotros, utilizando como nico medio para imponerse, la persuasin. Slo enuna organizacin as puede conservarse la memoria de los grandes hechos yde las grandes acciones.

    Aunque creemos que la importancia de estos conceptos para la teorafeminista es evidente, deseamos explicitarla ms adelante, una vez que haya-mos hecho referencia al anlisis arendtianos de los Derechos Humanos, quenos parece relacionarse estrechamente con lo anterior an habiendo sidoexpuesto en Los Orgenes del Totalitarismo, libro previo a La CondicinHumana.

    Los Derechos del hombre, supuestamente inalienables, demostraron ser inapli-cables -incluso en pases cuyas constituciones estaban basadas en ellos- alldonde haba personas que no parecan ser ciudadanas de un Estado sobera-no.26

    La privacin fundamental de los derechos humanos se manifiesta pri -mero y sobre todo en la privacin de un lugar en el mundo que haga signifi-cativas a las opiniones y efectivas a las acciones. Algo mucho ms funda-mental que la libertad y la justicia, que son derechos de los ciudadanos, sehalla en juego cuando la pertenencia a la comunidad en la que uno ha nacidoya no es algo corriente y la no pertenencia deja de ser una cuestin volunta-ria, o cuando uno es colocado en una situacin en la que, a menos de que

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    25 La denominacin agonista/asociativo, aunque se deduce fcilmente de la lectura de laobra de Arendt, la tomamos concretamente del artculo de Sheila Benhabid: La paria y susombra: sobre la invisibilidad de las mujeres en la filosofia poltica de Hannah Arendt,Revista Internacional de Filosofa Poltica. N 2. UAM-UNED (Noviembre), Madrid. 1993.p. 31. No compartimos sin embargo la interpretacin de Benhabib que ve en las proposicionesde Arendt dos modelos: el agonista versus el asociativo, entre los cuales sera preciso elegir.En nuestra opinin se trata de un slo modelo que presenta esos dos aspectos, los cuales, sibien pueden implicar una cierta tensin inherente al modelo, son en realidad complementarios.

    26 Arendt, Hannah. Los Orgenes del Totalitarismo. Taurus, Madrid., 1974. p. 371.Subrayamos nosotros.

  • cometa un delito, el trato que recibe de los otros no depende de lo que hagao de lo que no haga. Este estado extremo, y nada ms, es la situacin de lospersonas privadas de derechos humanos.

    Se hallan privados, no del derecho a la libertad, sino del derecho a laaccin, no del derecho a pensar lo que les plazca, sino del derecho a la opi-nin. Los privilegios en algunos casos, las injusticias en la mayora de stos,los acontecimientos favorables y desfavorables, les sobrevienen como acci-dentes y sin ninguna relacin con lo que hagan, hicieron o puedan hacer.27

    Si un hombre pierde su status poltico, segn las implicaciones de los derechosinnatos e inalienables del hombre, llegara exactamente a la situacin para la queestn concebidas las declaraciones de semejantes derechos generales. En la rea-lidad, el caso es necesariamente opuesto. Parece como si un hombre que no esnada ms que un hombre hubiera perdido las verdaderas cualidades que hacenposible a otras personas tratarle como a un semejante.28

    Pedimos excusas por estas citaciones tan extensas, pero pensamos quepocos como Arendt, en nuestro tiempo de totalitarismos, han analizado tanacuciosamente estas perplejidades o paradojas de los Derechos Humanos.Slo en base a estos anlisis puede decirse en qu condiciones son posiblesunos Derechos Humanos, y particularmente de las mujeres.

    De lo dicho por Arendt, que analiza en esa parte de Los Orgenes delTotalitarismo la situacin en la que se encontraron los refugiados y los ap-tridas de todo tipo, y particularmente el pueblo judo, en el perodo entre gue-rras y durante la segunda guerra mundial, se deduce que en el momento enque los individuos ms necesitaron ser arropados y protegidos por laDeclaracin Universal de los Derechos Humanos, se encontraron con questa era una mera declaracin abstracta, producto de muy buenas intencio-nes, pero sin ninguna consecuencia concreta para ellos/as cuando se vierondespojados de todo y privados, no slo de sus hogares y pertenencias, sinoincluso de sus nacionalidades y de su carcter de ciudadanos de algn Estado.Nadie quera saber de ellos/as. En el momento en que quedaron reducidos ano ser ms que seres humanos, en toda la desnudez de su realidad, revesti-dos solamente por la dignidad humana, nadie los defendi, ningn Estadolos reclam como suyos, ninguna de las naciones reconocidas se hizo eco desus voces. Colocados en las circunstancias en que ms les haca falta que sereconociesen sus Derechos Humanos, porque era lo nico que les quedaba,

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    27 Ibid., p. 375. Subrayamos nosotros.28 Ibid., p. 379. Subrayamos nosotros.

  • descubrieron que tambin eso les era negado, que tambin eso haban perdi-do. No eran nadie, ni haba lugar para ellos en el mundo.

    Como bien dice Arendt, al perder su status poltico, su ser ciudadanosde un Estado soberano, quedaron privados igualmente de un lugar en elmundo que haga significativas a las opiniones y efectivas a las acciones.Quedaron privados del derecho a la accin, y del derecho a la opinin.Parecieran haber perdido, al no ser ms que seres humanos, las verdaderascualidades que hacen posible a otras personas tratarle(s) como semejante(s).

    Recordemos que para Arendt la accin, unida y acompaada siempre porla palabra (opinin), es la ms alta cualidad humana. La accin es para ellala capacidad de libertad por excelencia, la capacidad de iniciar nuevos acon-tecimientos, situaciones inditas en medio de la pluralidad, condicin sinequa non de la vida poltica (y no meramente biolgica) del ser humano, y apartir de un habitat constituido, no slo por la naturaleza, sino particular-mente por el mundo del artificio humano, la mundanidad [cultura, arte, patri -monio, infraestructura, etc., que el individuo ha construido como obra de susanos].29

    Si la accin y la palabra tienen su asiento bsicamente en la pluralidad yen la mundanidad, adems del mundo natural al que pertenecemos (lo dado),es fcil entender que quien est privado de mundo (hogar, tierra natal, perte-nencias, referencias culturales, etc) y privado de formar parte de una plurali-dad que lo reconozca como uno de los suyos30 (sin patria, sin ciudadana) esdecir sin status poltico, queda tambin privado de aquello que le permite alos dems reconocerle como humano, pues slo conserva aquello que la natu-raleza le ha dado: su cuerpo desnudo y sus funciones biolgicas. Para serreconocido como ser verdaderamente humano es pues preciso, como diceArendt, tener un status poltico, ser ciudadano, tener un lugar31 en elmundo a partir del cual hablar y actuar.

    Lo ms interesante y original de este anlisis, es la relacin de depen-dencia que se establece aqu entre el hecho poltico y la posibilidad de tenerrealmente derechos, el derecho a tener derechos, como deca Arendt. LosDerechos Humanos para nuestra autora no se derivan de una supuesta natu-raleza o esencia humanas, en una palabra, no son abstractos, sino que depen-den de la cualidad de ciudadanos, de miembros de una polis o estado sobera-

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    29 Cultura, arte, patrimonio, infraestructura, etc., que el individuo ha construido comoobra de sus manos.

    30 La masa, el montn, la simple adicin de seres humanos confundidos unos con otros,uniformes, no es pluralidad.

    31 Por supuesto, no se trata aqu de lugar en el sentido fsico o geogrfico.

  • no de los individuos(as). Slo dentro de una pluralidad organizada y recono-cida como tal se puede realmente disfrutar de derechos, y no simplemente delbeneficio poco consolador de las declaraciones, por muy universales quesean. La pertinencia de todo lo que hemos analizado hasta aqu para la teorafeminista nos parece enorme. Las mujeres deben poder acceder realmente ala ciudadana y al ejercicio del poder poltico para realizarse plenamentecomo humanas, pero adems para que sus derechos queden garantizados noslo en el sentido de que se vean beneficiadas por instrumentos jurdicos yenunciaciones de derechos sino para que devengan verdaderamente sujetasde derecho, formuladoras y creadoras de leyes y declaraciones.

    Esto significa que las mujeres deben empoderarse, adquirir capacidad denegociacin, liderazgo, apropiacin del mundo y de su ser en l en tanto quesujetas enunciadoras y agentes de palabras y actos polticos.

    Todo ello implica que las mujeres atraviesen las fronteras de la privaci-dad, y acaben con la asignacin exclusiva y excluyente del espacio privadocomo espacio propio de lo femenino en el mundo patriarcal. No se trata dehacer desaparecer el espacio privado y su distincin con respecto al espaciopblico, cara a Arendt,32 sino de eliminar el carcter de confinamiento yexclusin que hasta ahora el mundo de lo privado ha tenido para las mujeres.Este espacio privado privativo les ha sido asignado por el sistema patriarcalpara excluirlas justamente del espacio pblico/poltico en el cual se toman lasdecisiones, se ejerce el poder y se negocian los asuntos de la vida poltico-social.

    Ya no se trata entonces de pedir sino de ocupar, de tomar, de alcanzar loas

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    32 En, efecto para Arendt la distincin es muy importante ya que la vida privada es elmbito en el cual nos refugiamos con respecto al espacio pblico mundano y en el cual somosaceptados(as) tal como somos por nuestros seres queridos o amigos ms cercanos, sin que seanecesario probar ni demostrar nada. As, dice Arendt en su artculo La crisis en la educacin:La familia vive su vida privada dentro de esas cuatro paredes y en ellas se escuda del mundo,y especficamente, del aspecto pblico del mundo, pues ellas cierran ese lugar seguro sin elcual ninguna cosa viviente puede salir adelante, y esto es as no slo para la etapa de la infan-cia, sino para toda la vida humana en general, pues siempre que se vea expuesta al mundo sinla proteccin de un espacio privado y sin seguridad, su calidad vital se destruye. Vid., Arendt,Hannah. Entre el pasado y el futuro. Ocho ejercicios sobre la reflexin poltica. Pennsula.Barcelona, 1996. p. 198.

    En la esfera de lo privado pues, y esta idea la compartimos con Arendt, somos aceptadospor los dems por el mero hecho de estar all y por las diversas formas de amor y afecto conlas que en ella somos acogidos(as). Hagamos lo que hagamos, quienes integran ese cuerpocolectivo privado al que pertenecemos, la familia, en todos los sentidos que quiera darse a lapalabra, terminan siempre por aceptarnos. Esto ya lo hemos sealado en un trabajo anterior.Vid. Comesaa, S. Gloria. La libertad de expresin como Problema, Frnesis. Ed. cit., p.140.

  • piedras angulares desde las cuales se dirigen los movimientos el cambiosocial y poltico dentro de todas las nacionalidades, culturas, pueblos, etnias,religiones, comunidades, estados.

    Nos es preciso aqu hacer una disgresin para explicar mejor la defensaque hace Arendt de la separacin entre la esfera pblica y la esfera privada yde la conveniencia, incluso de la necesidad de mantener ciertos aspectos denuestra vida en el mbito de lo privado.

    Las estudiosas feministas de Arendt, la acusan muchas veces de defendero al menos de no cuestionar la reclusin de las mujeres en el mbito de lo pri -vado. Esto lo hacen sobre todo, en base a sus afirmaciones acerca de la con-veniencia de que cierto tipo de actividades (labor, trabajo especficamente)33se mantengan en la esfera de lo privado, debido a su carcter necesario, ftil,e incluso, como ella misma lo dice, vergonzoso (!).34

    A ese respecto, uno de los prrafos ms citados es el siguiente, entremuchos otros que podran mencionarse:

    El hecho de que la Edad moderna emancipara a las mujeres y a las clases tra-bajadoras casi en el mismo momento histrico, ha de contarse entre las caracte-rsticas de una poca que ya no cree que las funciones corporales y los interesesmateriales tengan que ocultarse. Lo ms sintomtico de la naturaleza de estosfenmenos estriba en que los pocos residuos de lo estrictamente privado se rela-cionan, incluso en nuestra propia civilizacin, con las necesidades, en el sen-tido original de ser necesarias por el hecho de tener un cuerpo.35

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    33 En nuestro trabajo: Consideraciones crticas en torno al concepto de Labor enHannah Arendt, Revista de Filosofa. N 21. Centro de Estudios Filosficos, LUZ. Maracaibo,1995 (pp. 119-142) analizamos crticamente la concepcin de Arendt, segn la cual la labor yel trabajo tienen menor dignidad en la escala de las actividades humanas por responder a laesfera de la necesidad, y en el caso especfico de la labor, por su carcter ftil e incluso ver-gonzoso, y por lo perecedero de los bienes de consumo que de ella se derivan. En ese mismotrabajo proponemos otra manera de interpretar estas caractersticas de la labor y de sus resul-tados, y proponemos una visin ms positiva y valorativa, destacando su importancia funda-mental en el contexto de las actividades humanas como base sobre la cual se asientan tanto eltrabajo como la accin. A lo anterior debemos aadir, que, si bien para Arendt el trabajo pare-ce en muchos textos aparentemente asignado como la labor a la esfera de lo privado, esto nosignifica que no tenga una esfera pblica propia como lo es el mercado de cambio, el cual lededica el pargrafo 22 de La Condicin Humana. Debe quedar claro sin embargo, que ese mer-cado de cambio, si bien es un espacio pblico para el trabajador, no es una esfera poltica pro-piamente hablando (Ibid., p.178).

    34 Vid. Arendt, Hannah: La Condicin Humana. Ed. cit., p.78, el pargrafo 10: El lugarde las actividades humanas.

    35 Ibidem.

  • Aqu queda claro que para nuestra autora, las mujeres, como las clasestrabajadoras, realizan actividades que por sus caractersticas, negativamentevalorizadas por la autora, y en el mejor de los casos, por su menor dignidad,deben permanecer ocultas en la esfera privada. Sin embargo, esto no impli-ca para Arendt, que las mujeres y los trabajadores no tengan derechos en elmundo poltico/pblico, tal como podemos comprobar en las siguientes afir-maciones tomadas del artculo sobre La crisis en la educacin:

    Una peculiaridad de la sociedad moderna, y nada sobreentendida, es que consi-dera la vida, es decir, la vida terrena del individuo y de la familia, como el biensupremo; por esta razn, en contraste con los siglos anteriores, emancip esavida y todas las actividades relacionadas con su preservacin y enriquecimientode la ocultacin de lo privado, a la vez que las expuso a la luz del mundo pbli-co. Ese sentido es el que tiene la emancipacin de los trabajadores y de las muje-res, no como personas, desde luego, sino en la medida en que cumplen una fun-cin necesaria en el proceso vital de la sociedad.Los ltimos afectados por este proceso de emancipacin fueron los nios, y loque haba significado una verdadera liberacin para los trabajadores y lasmujeres -porque no eran solo tales sino adems personas, que por tanto tenanderechos en el mundo pblico, es decir, podan reclamar que queran ver y servistos en l, que queran hablar y ser odos- fue una entrega y traicin en el casode los nios, insertos an en la etapa en que el simple hecho de la vida y de lacrianza supera al factor de la personalidad.36

    En estos prrafos creemos que queda bien claro que para Arendt,, los tra-bajadores (siempre mencionados primero) y las mujeres, s tienen derecho ala accin, a la aparicin en el espacio pblico, en el cual pueden intervenirpara ser vistos y odos, es decir, hacer poltica, puesto que son personas, y eneste sentido tienen derecho a expresar su ms alta cualidad humana, la liber-tad, dando origen a actos y palabras en el seno de la pluralidad.

    Lo que resulta desconcertante o en todo caso decepcionante, es queArendt no diese el salto a partir del reconocimiento de este derecho, hacia unaconsideracin ms positiva de esas funciones necesarias (labor y trabajo)37que ella parece atribuir exclusivamente a las mujeres y a los trabajadores, y

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    36 Arendt, Hannah. Entre el pasado y el futuro. Ed. cit., pp.199-200. Subrayamos noso-tros.

    37 Debido a la extraordinaria imbricacin que a partir de la Modernidad se dio entre lalabor y el trabajo, dificultando su distincin, preferimos mencionarlos juntos. Vid. nuestroartculo: Consideraciones crticas en torno al concepto de Labor en Hannah Arendt, Ed.cit.

  • concretamente, en el caso de la divisin sexual de la labor/trabajo, no cues-tionase su asignacin exclusiva a las mujeres.

    No debemos dejar de sealar que Arendt insisti siempre en que, ademsde la labor y el trabajo, hay otros aspectos de la vida que deben permaneceren la esfera privada: hay cosas que requieren ocultarse y otras que necesitanexhibirse pblicamente para que puedan existir, dice en La Condicinhumana.38 Entre las cosas que deben permanecer ocultas en este sentido esta-ran para ella el amor, la vida familiar, la educacin y la formacin de losnios, etc.39

    Dejamos aqu esta extensa pero obligada digresin, no sin antes sealarque lo anteriormente sealado sobre la tajante distincin arendtiana entre loque pertenece al mbito de lo privado y lo que pertenece al espacio pbli-co/poltico, no slo es tpica, en lo concerniente al lugar de las mujeres, de laambigedad y ambivalencia de su pensamiento, sino que plantea ciertos pro-blemas de gran importancia a la luz de la teora feminista contempornea. Encasos como el de la violencia domstica e intrafamiliar, a partir de qu con-sideraciones se establecera la necesidad y la justificacin de la irrupcin delo pblico/poltico (a travs del aparato legal, cuerpos policiales, etc) en lasagrada intimidad de lo privado? Qu criterios deben esgrimerse paramostrar la necesidad de la intervencin lo pblico/poltico en la privacidad delas personas, aun cuando se reconozca, como lo hacemos, la importancia deuna esfera privada bien delimitada, entendida no como privacin y exclusinsino como lugar de refugio y seguridad?

    Creemos que uno de esos criterios sera evidentemente la necesidad desalvaguardar la vida y la integridad fsica en peligro de alguna o algunas delas personas que comparten su vida privada.

    Este necesario engranaje entre lo pblico y lo privado, aunque ya asumi-do por las leyes y por las gobiernos en la mayora de los casos, debe ser anms trabajado por la Teora Feminista, a la luz quizs de autoras(es) comoArendt. Pero no podemos, dadas las limitaciones de este artculo extendernosaqu en este punto, que dejamos apenas sugerido en vista de futuros trabajos.

    Hemos dejado expresamente para el final la nocin arendtiana de paria,que todo nos inclina a pensar que puede jugar un rol similar, a nivel de inter-pretacin, (y a pesar de las divergencias entre sus autoras), al que tiene lanocin beauvoiriana de segundo sexo. Aunque como hemos visto, Arendt no

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    38 Ed. cit., p. 78. 39 Vase al respecto: La crisis en la educacin, Ed. cit., p. 198 ss, y La Condicin

    Humana. Ed. cit., pp. 76, 78, 261.

  • se interes nunca por plantearse la problemtica de la condicin femenina,creemos que el concepto de paria, que expresa el estatuto de los judos en uncierto momento de su historia, en relacin con el resto de la comunidadnacional en la que vivan, puede expresar, como la nocin de segundo sexocon la que Beauvoir califica la condicin femenina, la situacin de las muje-res en un mundo hecho por y para los hombres.

    No pretendemos aqu comparar de manera sistemtica ambas nociones:paria y segundo sexo. No creemos que sea realmente importante demostrarsi coinciden o no, si pueden ser intercambiables, y tampoco podemos aqu,dados los lmites de este trabajo, agotar esta cuestin y darle una respuestadefinitiva.

    Pero nos parece importante que se entienda que en la obra de Arendtencontramos una nocin, que aunque no fue elaborada a ese respecto, puedeayudarnos a entender la condicin de las mujeres como problema, tal comolo hace la nocin de segundo sexo, y de hecho, hemos visto cmo Arendt, anegarse a ser vista como una mujer fuera de las normas, especial o excepcio-nal, utilizaba esta nocin, paria, rechazando el sentirse como mujer deexcepcin o paria en tanto que mujer con tanto vigor como rechazaba elser judo de excepcin o paria propiamente hablando.

    Es preciso distinguir en su pensamiento entre el paria y el advenedizo.Este ltimo es el judo que ha logrado escalar cierta posicin social y apa-rentemente asimilarse, tratado de negar sus tradiciones y orgenes, e inclusoconvirtindose a otra religin, lo cual no significa que realmente esa socie-dad haga algo ms que tolerarlo en su seno. El paria es en principio aqueljudo que se niega a renunciar a su identidad y vive una doble vida: judo ensu vida privada, en su hogar, trata de ser percibido simplemente como serhumano sin marcas identitarias, en la vida pblica y social. En este sentidolos parias se caracterizan por su acosmismo, retirndose de un mundo que nolos acepta y les impide abrirse a la alteridad. Como reaccin desarrollan unaserie de caractersticas como la fraternidad, el calor y la bondad, el humor, lautopa, etc., pero tambin pagan todo esto con una invisibilidad cada vez msmarcada. Arendt habla tambin del paria consciente, que, portador de unatradicin oculta, reivindica a la vez su pertenencia a la tradicin juda y suderecho a existir en la vida europea. Lo que se sucede es que se margina mar-gina con respecto a su comunidad de origen y es aceptado con reticencia poraquellos entre los cuales trata de ser uno ms.

    Para Arendt esa situacin de paria, consciente o no, o de advenedizo, yano era aceptable: era preciso, y ella lo hizo, rebelarse y defender al pueblooprimido. Ella insiste en negarse a ser juda o mujer de excepcin, a ser con-

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  • siderada paria, como hemos visto. No es nuestro objeto aqu analizar en qumedida, en tanto que juda, se rebela. En tanto que mujer, ya sabemos que nile interes especialmente el problema, ni se comprometi con ninguna luchacolectiva. Sin embargo, est clarque para ella, ser feminini generis y filsofa,es decir, ejercer una profesin, ejercida ordinariamente por hombres, no tenanada de excepcional ni extrao. Una mujer, creemos poder sealar con segu-ridad, vala para ella tanto como un hombre. Por ello contesta a Gauss: usteddice que se trata generalmente de un oficio de hombre [la filosofa]. Cierto,pero no es por ello necesario que tal situacin de hecho subsista: podra muybien un da haber una mujer filsofa....40 Ella entre otras, decimos nosotros.

    Volviendo al concepto de paria, creemos que, si lo tomamos en un senti-do muy general, podemos usarlo de la misma manera que el concepto desegundo sexo, es decir, como indicando la condicin, que en el caso desegundo sexo es explcitamente designada, de quienes son consideradascomo de segunda o inferior categora, por el hecho de haber nacido mujeres.Si nos extendemos an ms en la aplicacin de los conceptos, la advenedizaarendtiana sera la femme alibi, la mujer coartada o de excepcin, queacepta ser recibida en el mundo masculino debido a sus cualidades excepcio-nales, que la apartan del resto de sus congneres y le permiten ser vista porlos hombres como uno de los suyos. Esta advenediza o femme alibi, cm-plice del poder masculino, le sirve a ste para demostrar, por su excepciona-lidad, que el resto de las mujeres deben permanecer all donde estn y asumirsu estatus secundario y sometido. Por otra parte tendramos la paria, cons-ciente o no, ya sea que trate de sumarse al mundo de lo pblico/poltico mas-culino, trayendo consigo su carga de valores femeninos o que oscile en unadoble vida entre su ser mujer en privado y su actuar pblico/poltico pidien-do ser percibida como un ser humano ms. Ya sabemos que ninguna de esasposibilidades era aceptable para Arendt.

    Y as como el segundo sexo de Beauvoir tiene por objetivo despertar laconciencia femenina a su derecho a la igualdad y a la plena realizacin41podemos tomar los conceptos arendtianos aqu sealados, y en particular elde paria, para analizar la situacin de las mujeres y encaminar una posibleforma de lucha que implique el demandar, como ya lo viene haciendo laTeora Feminista, el reconocimiento de la diferencia y su respeto en el senode la exigencia igualitaria.

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    40 Arendt, Hannah. Seule demeure la langue maternelle, Esprit . Ed. cit., p. 19.Corchetes y traduccin nuestra.

    41 Claro que sin cuestionar por qu en esa igualdad el modelo masculino era el que seimpona como imitable, y el hombre como sujeto de la norma que indicaba el modo nico deser humano.

  • Queremos concluir este trabajo volvindonos hacia la nocin arendtianade pluralidad, que implica a la vez igualdad y distincin42 y que signifi -ca que vivimos siempre rodeados de nuestros semejantes,43 ante los cuales,al aparecer y mostrarnos por la palabra y la accin, devenimos realmentehumanos y adquirimos nuestra identidad y unicidad. La pluralidad es ademsla fuente del poder, en la medida en que ste implica hablar y actuar juntosconcertadamente en vista de un objetivo.

    Para el movimiento de mujeres esto significa que las individualidadesslo valen por y dentro de la pluralidad concreta a la cual pertenecen, queambas, pluralidad e individualidad, persona y comunidad son imprescindi-bles para el buen funcionamiento de la actividad poltica. Por eso, las muje-res, en su accin de empoderamiento, han de tener muy claro que el xito desus luchas depende de que estn todas juntas y organizadas. Y si bien es cier-to que se necesitan lderes y personas que se destaquen dentro del todo plu-ral, ya no se trata de ser excepciones en un mundo masculino, individualida-des sorprendentes, casos nicos que surgen y luego desaparecen sin abrircaminos. Es preciso pues al movimiento de mujeres tener estrategias claras yeludir el terrible escollo de las divisiones, las fracciones intestinas, los gru-psculos personalistas. Hay que ver muy arriba y aspirar muy alto mientrasse pisa firme el fondo sobre el cual se asienta la realidad concreta. Y no ali-mentarse slo de utopas, aunque son necesarias, no luchar slo para el maa-na, para las generaciones futuras, que son tan importantes y deben ser nues-tro norte, sino para el ahora, el presente, el inmediato aqu, en este momentohistrico.

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    42 Vid. Arendt, Hannah. La Condicin Humana. Ed. cit., p. 200.43 De los cuales podemos por supuesto aislarnos, tal como lo hace el pensador o el fil-

    sofo. Pero ya sabemos que Arendt, que aceptaba el alejamiento del mundo y de los demscomo condicin del filosofar, no consideraba esto como una posicin saludable si se volvadefinitiva. Para ella el filsofo no deba desinteresarse totalmente del mundo ni de la vida pol-tica y de accin.