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    La verdad es amarga; la opulencia de los pocos es pagada

    por la miseria de los muchos

    Morris Berman

    Para todos todo, nada para nosotros

    CCRI-CG EZLN Subcomandante Insurgente Marcos

    EN 1987 SE PUBLIC en la Revista Mexicana de Sociologa un exten-so ensayo de Steve J. Stern1 (1987) en el cual se arma que la catego-ra planteada por Immanuel Wallerstein en su obra en tres tomos The Modern World System no es sino una entre las varias versiones de la idea de sistema mundial. All Stern sugiere que los latinoamericanos pensaron muy detenidamente en esta idea antes de que Wallerstein pu-

    Jos Guadalupe Gandarilla Salgado*

    Amrica Latina en la conformacin de la economa-mundo capitalista

    Las transferencias de excedente en el tiempo largo de la historia y en la poca actual

    A mi madreIn memoriam

    * Investigador del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanida-des y profesor de la Facultad de Economa de la UNAM. Autor de Globalizacin, totali-dad e historia. Ensayos de interpretacin crtica (Buenos Aires: CEIICH-UNAM/Ediciones Herramienta), 2003.

    1 Texto que dio lugar a una polmica desarrollada en esas mismas pginas en 1989. Ver Wallerstein (1989) y Stern (1989). En lengua inglesa dicho debate ocup las pginas de la American Historical Review (1988).

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    blicara dicha obra. Lo cierto es que el historiador norteamericano iden-tica una respuesta sorprendentemente dbil desde Amrica Latina, al nal de la dcada del setenta y principios de la dcada del ochenta, a la obra antes referida2. Stern explica esta escasa resonancia por la cristalizacin de posiciones tericas relativamente complicadas hacia la primera mitad de la dcada de los aos 70 (Stern, 1987: 23).

    No obstante coincidir con Stern, lo cual exige profundizar en los elementos que propiciaron tal cristalizacin de posiciones, creemos que es posible sustentar un matiz distinto con respecto a la relacin entre la historiografa, o el pensamiento social latinoamericano en su conjun-to, y la obra del principal exponente de la escuela del sistema-mundo. En las pginas que siguen trataremos de mostrar que, si bien es cierto que no hay una lnea de continuidad entre ambos, s hay por parte de Wallerstein una recuperacin y desarrollo de temticas (una de ellas, la correspondiente a la transferencia de excedentes) ya abordadas por al-gunos de los ms importantes creadores de la ciencia social latinoame-ricana. Como bien arma Stern, estos ltimos pensaron mucho en su participacin desigual en el sistema mundial aun antes de que la obra de Wallerstein alcanzara proyecciones mundiales. Creemos que a los ojos de una propuesta de interpretacin como la de los analistas del sis-tema-mundo, podremos reconocer los alcances de los legados tericos del pensamiento social latinoamericano, especialmente al desbrozar la articulacin dialctica entre el capitalismo mundial y Amrica Latina. Tomando en cuenta lo anterior, haremos referencia a los problemas de la extraccin y transferencia de excedentes como un factor explicativo fundamental en el anlisis de los mecanismos y el funcionamiento de la economa mundial contempornea y de la situacin econmica por la que atraviesa la regin latinoamericana. Creemos que la capacidad explicativa de las transferencias de excedentes y la destruccin del ex-cedente potencial constituyen una aportacin digna de ser tomada en cuenta en la caracterizacin de los procesos actuales. En adicin a lo anterior, consideramos que dichos conceptos, sobre todo el primero, nuclean, o alrededor de ellos gira, parte del avance de la ciencia social latinoamericana.

    Si pudiramos sintetizar en trminos muy abstractos la propues-ta que intentamos desarrollar en este ensayo, debiramos decir que tratamos de analizar nuestro objeto de estudio en el marco del deve-nir-capital del mundo y del devenir-mundo del capital. Este marco nos sita en el plano de articulacin dialctica entre: a) la apropiacin

    2 El nivel de la respuesta puede verse incluso en el curso seguido por las traducciones de los tres Tomos de The Modern World System. Si el Tomo I demora cinco aos en ser tradu-cido al espaol y el Tomo II cuatro, el Tomo III tarda nueve aos en ser llevado a nuestro idioma, y no es sino hasta 1998 que se dispone de la obra completa.

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    por el capital del conjunto de las condiciones de la praxis social, cuyo signicado es la sumisin del proceso de reproduccin social-natural a las exigencias de la reproduccin del capital, a los requerimientos del valor que se valoriza, y b) la extensin y expansin de las relaciones capitalistas de produccin y reproduccin sobre el conjunto del plane-ta, proceso mediante el cual la humanidad entera es dominada por las exigencias de la acumulacin de capital. Esto nos coloca de suyo en el campo de anlisis de la reproduccin del capital (mbito en el que, sin embargo, no se han explorado sucientemente las posibilidades heurs-ticas, ni se ha llevado el anlisis hasta sus ltimas consecuencias3), y en el conjunto de problemticas que se encuentran determinadas por, y que determinan, la dialctica del capitalismo como sistema mundial.

    RELACIN-CAPITAL Y REBELDA DEL TRABAJO: ANTAGONISMO CONFLICTIVO ENTRE CONTROL Y EMANCIPACIN DEL TRABAJO

    La mquina aparece [...] como forma del capital medio del capital poder del capital sobre el trabajo

    [...] entra en escena tambin intencionalmente como forma del capital hostil al trabajo

    Karl Marx

    Los primeros industriales, que deban conarse completamente en el trabajo manual de sus obreros, sufran peridicamente graves e inmediatas prdidas

    por obra del espritu rebelde de aqullos

    Karl Marx citando a Peter Gaskell

    El capital, entendido como relacin social y como proyeccin espacio-territorial de alcances mundiales, se despliega no slo como mando poltico sino como regulador metablico social del proceso de repro-duccin material (Mszros, 2001). Histricamente, esta proyeccin ex-pansiva del capital adquiere tintes contradictorios en la medida en que, para su establecimiento, la reproduccin capitalista requiere regular, someter y subsumir el metabolismo de reproduccin social al comando del sistema del capital. Este proceso se ejecuta cuando sobre el proceso de reproduccin social preexistente se monta el dispositivo metablico de reproduccin social del orden del capital.

    3 Entre los autores que han intentado un acercamiento a esta temtica puede mencionarse a Alain Bihr (Bihr, 2002: 119-129). En esta materia, desde la tradicin del pensamiento social latinoamericano, el acercamiento que brindan las mayores posibilidades generativas de co-nocimiento contina siendo, creemos, el conciso e insucientemente recuperado ensayo de Ruy Mauro Marini, El ciclo del capital en la economa dependiente (Marini, 1979: 37-55).

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    Con el desarrollo de la produccin capitalista, con la imposicin de las relaciones capitalistas de produccin sobre las relaciones de pro-duccin previas y en la propia articulacin de formas de produccin (hecho caracterstico del capitalismo), se desarrolla o se genera, segn Marx, una nueva relacin de hegemona y subordinacin (que a su vez produce tambin sus propias expresiones polticas) (Marx, 1984: 62). En este proceso de enajenacin capitalista y de fetichizacin de las rela-ciones sociales, en cuya base se localiza el punto de partida de toda cr-tica, las condiciones de la produccin se enfrentan al sujeto productor como poderes independientes que lo dominan. Tal y como arma Marx, a travs de este proceso histrico,

    la dominacin del capitalista sobre el obrero es por consiguiente la de la cosa sobre el hombre, la del trabajo muerto sobre el trabajo vivo, la del producto sobre el productor, ya que en realidad las mer-cancas, que se convierten en medios de dominacin sobre los obre-ros (pero slo como medios la dominacin del capital mismo) no son sino meros resultados del proceso de produccin (Marx, 1984: 19).

    El capital se apodera del proceso de trabajo y, por consiguiente, el obre-ro trabaja para el capitalista (personicacin del capital), en lugar de hacerlo para s mismo (entendemos al obrero como obrero social, como trabajador colectivo). Sin embargo, este hecho no modica, no anula, la naturaleza general del proceso de trabajo mismo (Marx, 1984: 27), el hecho de que en el obrero social, en el sujeto que trabaja, que crea, reside la produccin material [...] el verdadero proceso de la vida so-cial (Marx, 1984: 19).

    El signicado del capitalismo y de la imposicin de las relacio-nes capitalistas es esa inversin/sometimiento del proceso de produc-cin y reproduccin de la vida material. Tal y como lo resume Marx al considerarlo histricamente, este proceso de conversin fetichista del sujeto productor en objeto para la produccin capitalista aparece como el momento de transicin necesario para imponer por la violen-cia, y a expensas de la mayora, la creacin de la riqueza en cuanto tal (Marx, 1984: 19), es decir, de la riqueza en sentido abstracto (valores para el cambio), como mediacin para la obtencin de benecio para el capital, para un pseudo-sujeto, el valor valorizndose; no de la riqueza considerada en su dimensin concreta de reproduccin material de los sujetos que la producen (valores para el uso).

    El desenvolvimiento histrico del capitalismo se construye so-bre procesos histrico-concretos de clasicacin de las personas, esto es, un proceso de luchas, de conictos, de disputas por el control del trabajo, de los recursos de la produccin y de sus resultados, en el que unos buscan someter a otros. En otras palabras, son las victorias de unos y las derrotas de otros las que darn por resultado que grupos

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