Esteticas Nocturnas

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ENSAYO REPUBLICANO Y REPRESENTACIÓN CULTURAL EN CHILE E IBEROAMÉRICACASTILLO FADIC, GABRIEL

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    Las referencias epistemolgicas de una cienciaesttica que sera inherente al pensamiento ameri-cano, han sido histricamente confusas. Ms an,confusas y difusas. Confusas, porque la lgica desu argumentacin tiende a rechazar toda defini-cin de conocimiento estable. Difusas, porque laciencia que de ellas resulta se caracteriza menospor una diversidad de aproximaciones a un objetoinvariable, que por una voluntad de bsqueda deun objeto que estara siempre ms all de s mis-mo. Si un rasgo la singulariza, ste ha sido su insa-tisfaccin progresiva ante el objeto que garantizsu emancipacin al interior de la tradicin intelec-tual europea: el arte o, mejor dicho, la obra dearte. Pero, por este gesto, ella se ha convertido enuna ciencia en contradiccin consigo misma. Lacrtica del episteme a partir del cual la estticaamericana ha intentado definir un objeto de cono-cimiento que le sera exclusivo, se ve debilitada porla paradoja de que la esttica es indisociable de unaconcepcin intraeuropea de la modernidad, al mis-mo tiempo que se resiste a reducirse enteramentea ella. En cuanto discurso de la especificidad pro-pia a la produccin simblica del Occidente mo-derno, la esttica forma parte ineluctablemente, asu vez, de una disposicin epistemolgica moder-

    AMRICA LATINA COMO APORA:LAS ESTTICAS NOCTURNAS

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    na. sta es un correlato de la obra de arte, formamoderna mediante la cual sistemas simblicos so-ciales del pasado han adquirido progresivamentesu autonoma. Al interior del sistema de sentidoilustrado de la Europa del siglo XVIII, la estticaes la inventora de la idea de obra de arte por elmismo nexo cultural que permite a esta ltimainaugurar su derecho a la existencia. Ciertamente,la esttica no nace como discurso literal sobre laobra de arte. Kant, sin ir ms lejos, la substituyecomo problemtica por el juicio de gusto, y resaltalo bello natural en desmedro de lo bello artsti-co. Pero aun la eleccin kantiana que conduce auna teora general de la intersubjetividad no se-ra posible, probablemente, sin la existencia, al in-terior del sistema de sentido de su tiempo y de sulugar, de un principio de autonoma en la nocinde obra de arte. Salir verdaderamente de la obrade arte es, por consiguiente, salir de la esttica.Entonces, cmo salir de la esttica para hacer lacrtica de un objeto que, de una manera u otra,permanece al interior de ella? Y a la inversa, cmorenunciar a una epistemologa de la alteridadsin servirse del episteme que a su vez enuncia alenunciador como otro que s mismo y, por estegesto, lo neutraliza?

    El excedente de sentido de tal contradiccin se-ala una zona de sombra que ha llamado sobre-manera la atencin de investigadores americanosaun si, a decir verdad, ste no ha sido ajeno a laspreocupaciones de numerosos filsofos occidenta-les. Desde el humanismo del otro de lafenomenologa de Levinas hasta el momento cr-tico del sistema esttico adorniano, desde lamicrofsica del poder que desentierra la arqueo-loga foucaultiana del saber hasta el espaciorizomtico y la identidad irreductible de la

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    ritournelle en Deleuze, sobre un mismo umbral os-curo de la realidad se detienen las miradas. Y ello,an cuando los territorios de reflexin de estoscuatro pensadores sean perfectamente dismiles.Pero, al interior de la reflexin americana, el inte-rs llevado a estas zonas de sombra juega un rolesencial: su excedente de sentido expresa una vo-luntad profunda de descolonizacin como resis-tencia simblica a las proyecciones nominales delego cogito/ego conquiro1 occidental. La cienciaconstruida a partir de una reflexin sobre el exce-dente de sentido de la contradiccin ms arribamencionada, se ha vuelto una ciencia cuyo objetono puede ser deducido sino por refraccin, a con-trario, en sesgo, ex negativo. Su objeto se sita siem-pre ms ac o ms all de la evidencia. Tal objetose vuelve, en suma, un objeto nocturno, y la es-ttica que de ella se ocupa, una esttica nocturna.

    Es verdad que de cierto modo el objeto de todaesttica es igualmente un objeto nocturno. La est-tica ha sido, desde su aparicin moderna, una cien-cia de la sorpresa social y del misterio individualfrente a la situacin lmite de frontera a la queconduca la obra de arte. Aunque erigida durantelas luces, ella ha sido una ciencia nocturna del es-pacio oscuro ocupado por la obra de arte. Pero,en la esttica americana, la obra de arte misma esun objeto en suspenso, postergado, ya que sta sevuelve, por efecto de su transposicin cultural, unobjeto sospechoso, impuesto por la herencia colo-nial, cortado de sus races y transformado, por lava de la desterritorializacin, en un objeto diurno.

    1 La bibliografa al respecto es extensa. Consultar, a modo de referen-cia: Tzvetan Todorov, La conqute de lAmrique: La question de lautre,ditions du Seuil, 1982; Enrique Dussel, 1492: El encubrimiento del otro.Hacia el origen del mito de la modernidad; Miguel Rojas-Mix, Los ciennombres de Amrica, Barcelona, Lumen, 1991.

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    Las tentativas por salir de esta impasse crtica sehan concentrado globalmente en un plano noc-turno de trabajo, que ha permitido la convergen-cia del pensamiento de muy numerosos investiga-dores americanos. Filsofos, fillogos,epistemlogos, poetas, novelistas, telogos, y porsobre todo los reductoramente llamados ensayis-tas, han girado, desde hace ms de un siglo, entorno a preguntas y respuestas similares. Pregun-tas y respuestas que han terminado por infiltrar lasredes mismas del discurso de las ciencias sociales y,particularmente en los ltimos veinte aos, de laantropologa cultural y de la teora de medios.

    Jess Martn-Barbero y Nestor Garca Canclini,por ejemplo, a quienes podramos situar en las dosltimas disciplinas mencionadas, concuerdan enque la mayora de las preguntas que conciernen alos fenmenos culturales que ellos llaman demasa, deben ser, en Amrica, reformulados deacuerdo a lgicas nuevas. En el lenguaje de Mar-tn-Barbero, esta nueva lgica ser igualmente unalgica nocturna, la nica que permitira superarla lgica diurna para poder tantear algunas zo-nas, segn l inexploradas, con un mapa tericonocturno.2 En una sociedad como la americana,llena de dualidades, el relato est doblemente li-mitado en su capacidad de contar los fenmenosestticos. No obstante, el margen de fenmenos noaprehendido ni repertoriado por el relato es almenos vislumbrable cuando modalidades diver-sas de contar son confrontadas entre s. En estegesto pueden contradecirse y revelar la fragilidadsignificativa de sus propios enunciados. Michelde Certeau, que conoca bien la tradicin de pen-

    2 Cf. Jess Martn-Barbero, De los medios a las mediaciones, Barcelona,Gustavo Gili, 1987.

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    samiento americano, haba situado el objeto de susinvestigaciones en Europa en trminos semejantes.As afirmaba, desde la introduccin de Linventiondu quotidien: Arts de faire, que tal objeto sera alcan-zado slo si las prcticas o maneras de hacer coti-dianas cesaran de figurar como el fondo nocturnode la actividad social, y si un conjunto de pregun-tas tericas, de mtodos, de categoras y de mira-das (vues), atravesando esta noche, permitieranarticularla.3 Por este gesto poda, en fin, aunquede un modo ciertamente precario, franquear el pri-mer umbral epistemolgico que conduce a la des-cripcin de un objeto nocturno.

    Ms all de los mtodos y de los contenidos, msall de lo que dice, una obra se juzga respecto delo que calla. Hay pues que constatarlo, los estu-dios cientficos y sin duda tambin las obras queestos privilegian comportan extraas y vastasplayas de silencio. Estos espacios en blanco di-bujan una geografa de lo olvidado. Ellos trazanen negativo la silueta de problemticas extendi-das negro sobre blanco en los libros eruditos.4

    Hemos dicho que el espacio oscuro que rodea alnacimiento de la esttica, en la tradicin ilustrada,viene reforzado por la creencia en un conocimien-to que no lo es completamente, que est feroz-mente desfigurado por una dicotoma que niega suidentidad afirmndola: ser pensamiento en la au-sencia de pensamiento y ser un no pensamiento enel pensamiento; claridad extensiva, conocimien-to sensible, a medio camino entre el conocimiento

    3 Michel de Certeau, LInvention du Quotidien,Vol. I (Arts de Faire) Paris,Gallimard, 1990, p. XXXV.4 Michel de Certeau, La culture au pluriel, Paris, ditions du Seuil, 1993,p. 63.

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    inteligible y el mundo de los afectos. Desde su for-mulacin moderna, la esttica, siempre limitada ala idea de obra de arte, experimenta una redefinicinpermanente, reclamando aqu un acceso ms vastoal conocimiento inteligible, borrando all progresi-vamente el divorcio entre conocimiento sensible yafecto. Jerga de espejos que se desarrollar a travsde un nuevo vnculo social con la nocin de artey que el pensamiento americano se apropiar paraafirmar los valores de su identidad as como su equi-valencia con los valores de la occidentalidad. Enconsecuencia, es un argumento eminentemente es-ttico el que se privilegiar para promulgar la revi-sin de todas las categoras de pensamiento origi-nadas en una razn europea. Sin embargo, la ar-gumentacin esttica ser desarrollada mucho msen el estudio de una nocin vasta de cultura, queen el anlisis de la produccin individual de lasobras de arte. De ah la reivindicacin de una estti-ca nueva y de un nuevo objeto esttico por el cualella se transforma en una ciencia nocturna para unobjeto nocturno. De ah, igualmente, el vnculo en-tre la filosofa americana y el estudio del arte comoproduccin social global.

    El programa de la filosofa nocturna ha con-sistido precisamente en establecer una filosofalatinoamericana informal a partir de una dobleoperacin: por una parte, la problematizacin dela nocin de Amrica Latina y de su estatuto res-pecto de Occidente y la modernidad; por otra, laproblematizacin del mtodo de conocimiento queexigira la afirmacin de un estatuto ontolgico ycultural especfico para Amrica Latina. A estas dosoperaciones