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    Maria Zambrano,filsofa de la Aurora*

    En La Pice Maria Zambrano vivIa unavida solitaria, en estrecha relacin con la n atu-raleza; y escribia. Escribla incesantemente,como siempre habIa hecho en el trayecto detoda su vida, en el transcurso de aconteci-mientos a menudo dramticos y tumultuosos,como si la vida misma solicitase Ia escritura:"la vida -declaraba- necesita la palabra, la pala-bra que sea su espejo, la palabra que la aclare,Ia palabra que la po tencie, que la eleve y que

    1aeciare ai par su racasoSolo tras su regreso a Espafla los escritosde esos aflos fueron recog idos y publicados -

    casi a su pesar- en form a de libro, gracias entreotras cosas a Ia ayuda de un grup o de amigos yjOvenes colaboradores que Maria Zambrano,ya casi ciega, atrajo a su lado en u n incansable

    trabajo de revision y de com posiciOn. Asi apa-recieron Los bienaventurados, Notas de un m to-do y D e Ia A urora2.

    De Ia Aurora es un texto extraordinario,desorbitado para la logica y los esquemas de ldiscurso filosOfico, y que, sin embargo, recorrelos temas del trabajo filosfico de Maria Zam -brano: se presenta en una trama potica en laque se anudan, reconocibles aunque transfigu-radas, las preguntas, las reflexiones, las investi-gaciones que habian ocupado la escritura detoda una vida. Casi podriamos considerarlo uncomp endio, si fuese posible concebir el com-pendio de una p roducciOn filosOfica que esca-pa totalmen te a las caracterIsticas de la "obra"y que se compone de una constelacin deescritos heterogneos, a menudo consideradosmenores u ocasionales: ensayos, memorias,piezas teatrales, prOlogos, articulos, notas.

    La bsqueda de un a modalidad diferen-te de razn, constantemente perseguida desdesus escritos de juventud, alcanza en este textouna expresiOn madura, conseguida, como si lafilosofIa potica encontrase aqui su plena reali-zacin. De aquI que se disuelvan tambin losltimos esquem as de Ia estructura argumenta-tiva, presentes en otros textos formando elesqueleto, si bien fragil, de la escritura.

    * Este texto es el epilogo a Ia traduccin italiana de Dr Ia A urora realizada tambin por Elena Laurenzi en ed. Ma rietti, 2000.M aria Z ambrano, "A modo de autobiografia" (1 98 7) en A nthropos. R evista a!r documentacin cientijica de Ia cultura, n 70-71,1987, P. 69 .2Maria Zambrano, Los bienaventurados, Madrid, Siruela, 1990; Notas de un mtodo, Madrid, Mondadori, 1989; De Ia A urora,Madrid, Turner, 1986.

    "Ce rca de mi casa, en M adrid, se oia ilamarse y responde rse a ios centinelas: 'Centinela alerta', Alerta est'. Y asi yo no queriadormir, porque queria ser un centinela de la noche, y creo sea ci origen de m l insomnio perpetuo ser centinela", Maria Zam brano,"A m odo de autobiografia", ed. cit., p. 126.

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    Pap eles del Se m inario M aria Z am brano'

    No se trata, sin embargo, de un volu-men de fragmentos. Cada una de las partesque lo componen es completa, como el trozode una partitura musical. Y cada una d e ellasparece ocupar exactamente el lugar de unanota a Ia que sigue el alba. De hecho, son porJo general escritos nocturnos, redactados en lasnoches que Maria Zambrano -desde nina-pasaba insomne y dedicaba a la ,escritura, a laespera del alba 3 Los ma nuscritos dan testimo-nio de esta circunstancia de su composicin:anotan Ia hora, el lugar, con frecuencia Ia luzque los ha visto nacer4.

    Gran parte d e estos textos, antes de serpublicados en forma de libro, aparecieron en laprensa y, en particular, en algunas revistas ydiarios espafloles que, a finales de los aflos 70,tImidamente empezaban a acoger la voz de losintelectuales exiliados. Este libro lleva, pues,en si mismo, en una tension auroral vivisi-ma, la experiencia de la contemplacin y delrecogimiento nocturno y esa vocacin a la pre-sencia en el mundo, a una escritura compro-metida con "las circunstancias", que MariaZambrano habIa acogido del "periodismo fib-sfico" de su m aestro, Ortega y Gasset5

    La Aurora, experiencia de vida

    Desde su inicio, este libro "sin argumen-to" se presenta como el fruto de una revela-cin: expresin de una experiencia vivida -una"vivencia" 6 - porque "toda la experiencia tiene

    algo de revelacin por muy en Ia relatividad delo humano que se d"7.

    La atencin de quien lee se ye por estoinevitablemente dirigida del texto a la vida,porque ms que como un tema, como un"argumento", la Aurora se presenta como unaexperiencia viva, a ctiva, operante, que sostienee informa la escritura. Una experiencia palpi-tante que, antes de dar origen a este libro,recorre -como secreta inspiracin, o comoanhelo, o, en fin, como vision- toda la vasta yvariada producciOn de escritos de M aria Zam-brano.

    Despus tengo -declaraba en una entrevistade 1987-, entre tantos inditos, La aurora, dedicado ami rnadre, y cuando a veces tengo que releer algncapItulo, algn escrito, aparece la aurora a! final y esque, es verdad, a! final, en todo lo que he vivido apa-rece la aurora. Se dirIa que me gusta Ia noche porquees ci prlogo de Ia aurora8.

    En los textos de Maria Zambrano, don-de pensamiento y vida se trenzan inseparable-mente, la Aurora representa el hilo de una"ineludible vocaciOn", el signo de Ia coherenciade un trayecto filosOfico y b iografico que seimpone ms all de toda decision: "aquello queaun queriendo no he podido dejar de ser".

    Es la presencia recurrente de Ia A urora laque ilumina este trayecto, que Maria Zam bra-no definIa como "un sendero orfico-pitagOri-co": "nadie -escribIa- entra en la vida sin pasar

    Los manuscritos y los inditos de Maria Zambrano se conservan en Ia F undacin Maria Zambrano, en Vlez M laga (Espafla)Sobre la relacin de M aria Zambrano con su "maestro" vanse los ensayos que Ia autora dedic a Ortega: "Don Jos" en Insula,n 119, 15 de noviembre de 1955; "La filosofla de de Ortega y Gasset" en Cicln, vol. 2, n 1, La Habana, 1956; "Un frustradopliego de cordel" en Pap eles de Son A rmadans, t. XXX , n 89, 1963; "O rtega y Gasset, filsofo espanol" en Espana, sueoy verdad,Barcelona, Edhasa, 1956; "Ortega y Gasset e Ia ragione vitale" en Settanta, anno II, Roma, 1971.' La palabra vivencia expresa en espafiol la experiencia de Ia vida, o con ms precision la vida como experiencia de si misma. Enalemn ci mismo concepto se expresa con la palabra Eriebnis. El italiano, sin embargo, carece de una traducciOn adecuada: hemosde recurrir a circunlocuciones o usar Ia palabra vissuto que, como ha escrito Jorge SemprOn, es "una palabra plida y dbil", por-que es pasiva y se dirige a! pasado, "mientras Ia experiencia de Ia vida, Ia que Ia v ida hace de si misma, en el momento en que lavive, Cs activa. Y est por naturaleza en ci presente; es decir, se nutre del pasado para proy ectarse a! futuro", J. Sem pnin, L'ecritureon Ia vie, Paris, Gallimard, 1994.Maria Zam brano, "La experiencia de Ia historia (despus de entonces)" (1977 ) en Sendero s , Barcelona, Anthropos, 1986, P. 23 yen Los intelectuales en el drama de Espana y escritos de La guerra civil, Ma drid, Trotta, 1998, p. 86.Maria Z ambrano, "A modo de autobiografia', ed. cit., p. 71 .

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    una no che oscura (. ..) sin haber h abitado algu-na sepultura"9.

    La Republica espaola, cuya suerte corn-parti hasta sus ltimos y dramticos desarro-lios, represe nt para ella, y para Ia genera cinde espafloles que particip en ella, "una Auro-ra nueva, como el resurgir de una Espaflanina" 0 . Una Aurora que "fue ahogada en san-gre, en su prop ia sangre destinada a la vida. Ysepultada ms viva todavIa, corno un germen.Una razn germinativa, germinante en loescondido de la historia, en su centro vivo".Despus vino el exilio, "Aurora interrumpi-da", viaje inicitico a los infiernos, a las "vIs-ceras (en trafias) de la historia". Un exilio al queMaria Zambrano permaneci f iel, rechazandola "seduccin de una nue va patria" y adhirin-dose a su condicin de total desnudez, deexpropiacin, porque advertia en ello unacapacidad de transfiguracion, "el incipit deuna vida nueva" 2 . El exilio represent para ellauna "hora trgica y auroral" en la que "lassombras de Ia noc he dejan entrever su sentidoy las figuras inciertas emp iezan a desvelarse"3.Por esto, en Ia dcada qu e sigu a Ia exp atr ia-ciOn rechaz rns de u na vez las invitaciones aestablecerse en Mjico o en Argentina, paisesen los que la vida intelectual era ms viva, parapermane cer en Cu ba, en aquella "islita" en laque sentia viva la "vocacin de las catacu rn-bas" 4 y que repre sent para ella "una suerte depatria prenatal"15:

    Como todas las revelaciones, la Aurora se m eha aparecido de muchos modos. En la Espafla de

    1937, cuando volvi a la guerra ahora ya perdida, fueuna Aurora de sangre. En L a Habana, para sorprenderci alba, me tumba ba a Ia orilla del mar. Siempre hecaminado hacia ci alba, no hacia ci ocaso; y siemp rehe sufrido por tantas albas precipitadas en el ocaso'6.

    Hay en M aria Zambrano la conscienciade una mirada que recorre la historia paradevolverle su dimension auroral, casi extrayn-dola de la mem oria en una suer te de catars istrgica o de aiquimia. En el prologo que escri-bi en 1977 para la recopilaciOn de Senderos -un escri to contemporneo a la redacciOn a DeIa Aurora- esta bi:Isqueda de la trascendencia enIa historia es explicita. La recop ilaciOn era larespuesta "conmovida" a la peticin que ledirigieron algunos jvenes de volver a pu blicarlos ensayos de juventud, escritos durante laguerra civil, y de volver a sacar a la luz "las tra-zas de algunos pasos del "entonces" de a quellami juventud"; un entonces, subrayaba, que,

    II"7para ella, sigue siencio toaavlaLa peticin La conmoviO p orque venIade los jOvenes. Y e n la inquietud del adoles-cente "que rompe su angust ia con la accin"Maria Zambrano reconocIa un ansia de auten-ticidad, el "atolondramiento" de quien, crc-

    yendo "em erger" como "un sol naciente" en elcentro de los tiempos, se ye agredido por elpasado, por los amorfos materlales que arrojasobre l la historia infernal"8.

    Por esto, en el prOlogo a esta recopila-ciOn se interroga sobre la exp eriencia de la his-toria y sobre la necesidad de rescatar el pasado

    Maria Zambrano, "Las catacumbas" en Revista de La Habana, n o 6, febrero 1943, en La Cuba secretay otros ensayos, cc. de JorgeLuis Arcos, Madrid, Endymion, 1996, P. 91 .Maria Zambrano, "L a experiencia de Ia historia (despus de entonces), ed. cit. , p. 14.Maria Zambrano, "E l exilio, alba interrumpida" en Thria, p09, 1988.12 Maria Zambrano , Los bienaventurados, ed. cit., p. 32 .

    Maria Zambrano, Conferencia inaugural del curso "La otra cara del exilio, la diaspora del 39", Madrid, 28-31 agosto 1989,publicado en parte en ABC , 28 agosto 1989.14 Maria Zambrano, "Las catacum bas", ed. ci t.15 Maria Zambrano, "La Cub a secrets" en OrIgenes, n"20, 19 48, en ib id .Entrevista con Pilar Trena, TVE, "M uy personal", 1988.17 Maria Zambrano, "L a experiencia de la historia (despus de entonces)", ed. cit . , p. 13 .18Ibid., p. 12 .

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    Pap eles del ( (S em inario M aria Zam brano'

    "de la deformacin que ilega tan fcilmentehasta lo grotesco", para restituirlo a su ve rdad:C Ca io que era y mas aun a io que ma a serComo si Ia verdad de la historia, la "historiaautntica" que subyace a la "aparente", consis-tiese precisamente en ese "estar por ser", en esatension del presente hacia lo indito, en unapromesa:

    Experiencia solo se puede tener de una histo-na que desde su origen ha tenido sentido, Ia verdade-ra histonia -interrumpida siempre hasta ahora, cierto

    en que se de ja ver el rostro y Ia figura (...) incom-pleta y temblorosa, como un alba, del hombre verda-dero. Ese set que despierta en la inocencia en mediode Ia historia, que sin l no ser(a nunca un iversal, nitan siquiera visible20.

    En contraste con Ia tendencia a presen-tar el desengano com o el fruto inevitable de laexperiencia, Maria Zambrano afirmaba queuna experiencia de Ia trascendencia es, por elcontrario, posible mediante una concienciarescatada en la inocencia: "Ia inocencia es esen-cial para que Ia historia se viva en m odo trans-parente, para que un soplo inextinguible deverdad Ia sostenga".

    Desde los primeros m eses del exilio, laurgencia de consumar la tragedia en una ca-tharsis renovadora de la conciencia se habIaencarnado en su reflexiOn sobre la f igura deAntIgona. SOlo a travs del ejemplo de un sermntegro que, exponindose completamente,sostiene la verdad, y esta dispuesto a que-inarse con ella", Maria Zambrano sentia quepodIa hacer emerger de la experiencia de laguerra civil la "verdad v iviente" de la historia.Antigona, la virgen griega que ve la la historiade la ciudad y la rescata con su sacrif icio

    nombre de Ia ciudad que trasciende", repre-sentaba para e lla una "figura de la A urora de laconciencia" 2 1 , un arquetipo dela conciencia enla condicin de la inocencia. CondiciOn origi-naria, pero no arcaica , en la que la inocencia estodavia "virtud y poder" 2 2 y la conciencia viveen la piedad, en intima relaciOn con el alm a y,a travs de ella, gracias a su misin mediadora,con las cosas: no erigida ai'in en la afirma cindel sujeto, y no restringida an al andamiajede un "yo puro", "cada vez ms yo y menospuro

    Mas lo que ci sacnificio de AnrIgona ofrece esla conciencia, s i . Una conciencia en estado na cienteque se desprende del sacnificio de un alma, de un senms bien, en su integnidad (...) Ia conciencia, en estas"almas vIrgenes" no depende de ningiin yo. El sujetoes todo el set que se ha ofrecido ms all de Ia vida yde Ia mu erte, que ha dado su nespuesta Onica, en unfiat (...) La conc iencia nacida asI es clanidad pnofticaque Ia aurora inexorablem ente nos tiende, un hurna-no s p eculum justi tiae en que Ia histonia se mira23.

    La claridad evocada en este prrafo distade Ia lum inosidad solar del racionalismo queaplana los acontecimientos y "oculta tantasluminososa realidades Es una luz auroral,que en su "oscuro palpitar" se parece al "centrooscuro de la llama", porque, iluminando , dejaentrever Ia pasion propia de la luz : una luzde la que el sujetoparticipa hacindola, no reci-bindola en m odo inerte ( . ..) un simbolo, o almenos una imagen de la experiencia que sOloreencendin dose en una fe inicial llega a dar-s e " 2 4 :

    Muchas veces he pensado que vivir en Espafiaen los pnimeros mom entos de nuestra guenra hubierasido necesario paras las almas mejones, para los enten-

    " Ibid., p. 11 .2) Ibid. , p. 24-25.21MarIa Zambrano, "La tumba de AntIgona" (1967) en Senderos, ed. cit., p. 218 .2!MarIa Zam brano, "Delinio de Antigona" en Origenes , 31 , 1948, en M aria Z ambrano. Nacerpor s i mism a, ed. de Elena Lauren-zi, Madrid, horas y HORAS, 1995.2)Mania Zam brano, "La tumba de A ntigona", ed. cit ., 218-21 9.24Mania Z ambrano, "La expeniencia de Ia histonia (despus de e ntonces)", ed. cit. , p. 15.

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    dimientos ms sedientos de verdad. A una experienciaasi es difIcil sustituirla pue s echa po r tierra muchosconceptos, los rebasa como sucede con toda experien-cia creadora, revolucionaria; lo que habiam os pensadoapenas nos sirve si flOes por contraste. Por eso hay quedecir acto deft, m ilagro con plena responsabilidad25.

    Esta fe que no se dirige at dios cannico,sino ms bien a to "divino que se m anifiesta enel hombre", resuena en las pginas de estevolumen y se expresa, en particular, en la evo-cacin del mito griego de la Aurora: figuradivina, pero no petrificada en u na efigie, divi-nidad que com parte con el ser humano el des-tino de un ineludible "estar de parto de si mis-mo , de un interminable ir naciendo

    Casi como contrapunto a su trayectobiografico, la filosofia de Maria Zam brano sedesarrolla tambin a la som bra de la A urora.Maria Zambrano proclamaba su ser ajena a!idealismo y a los grandes sistemas del espiritu,pero tam bin a! pensam iento de la crisis y deIa deconstruccin, que consideraba el produc-to de Ia deriva de la conciencia occidental, unavez ya que sta "se vuelve sobre Si"en la angus-tia de su soledad 2 6 . Su pensam iento no podiaresolverse tampoco en la filosofla critica, en elmero ejercicio de la inteligencia que "quem acuanto toca". Y determinada filosofia pura,como la tica de Spinoza -ese "diamante depura !uz", que amab a en su "claridad destruc-tora" 2 7 - se situaba para ella en una dimen sionutpica:

    Utpico para ml ci escribir este pequenolibro, pues que, siendo irrenunciable en mi vida la

    vocacin filos6fica, era perfectamente utpico ci queyo escribiera, y aim explicara, como to hice, en Ia Uni-versidad de Sa n Nicols de H idalgo, Filosofia.

    Entiendo por Utopia Ia belleza irrenuncia-ble, y aim la espada del destino de un an gel que nosconduce hacia aquello que sabemos imposibie,com o ci autor de estas tineas ha sabido siempre queFilosofia, ella, y no por ser mujer, nunca la podriahacer28.

    Sentia que nicamente podria em pren-der una reflexin filosOfica que na cieSe d e Iaexperiencia para hacerse cam ino de vida, ali-men to, "sistema circulatorio" 2 9 . Un a filosofia"mediadora", por tanto, "alquimica", que con-cebia como "transformaciOn de lo sagrado enlo divino, es decir, de lo entrafiable, oscuro,apegado, perennem ente oscuro, pero que aspi-ra a ser salvado en Ia luz" 3 0 . Pero la luz del pen-samiento, cuan do se dirige a "descifrar lo quese siente", no es la luz solar y absoluta de laluminosidad. Es m s bien esa Iuz que timida-mente em erge de Ia penumbra y que penetra,insinundose "com o una sierpe", en la oscuri-dad del sentir.

    A la metfora de la visiOn y de la luzinteligible que ha dominado el desarrollo de Iafilosofia en Occidente, definiendo la formadecisiva y fundamental del conocimiento,Maria Zam brano preferia otra m etfora, queha perm anecido viva en la tradiciOn popular:la de la luz del coraz n, la luz "sua ve" de unallama interior que ilumina el cam ino31.

    Su filosofIa se desarrolla en u na bisque-da en la que pensar y sentir conviven en una"simbiosis viviente", en una suerte de "danz a"que implica al ser humano en todas sus dim en-

    25 M aria Zambrano, "Un testimonio para Esprit" (1938) en Senderos, ed. cit., p. 56 .Maria Zambrano, FilosoflaypoesIa (1939), Madrid, FCE, 1993, p. 87 .27 Maria Zambrano, Delirioy destino (1957), Madrid, Mondadori, 1989, p. 33 .28 Maria Zambrano, FilosofiaypoesIa, ed. cit., p. 9.29 Maria Zambrano, Delirio y destino, ed. cit., p. 94 .30 Maria Zambrano, "A modo de autobiografia", ed. cit ., p. 72 .' Maria Zambrano, "La metfora del corazimn" (1948) en Hacia un saber sobre el alm a, ed. cit., p. 53 .

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    Retomando una imagen de Nietzsche,Maria Zam brano sostenia la urgencia, para lavida, de darse forma en una verdad capaz decontenerla y de orientarla, como el cauce deun rio. Y subrayaba que esta funcin de orien-tacin y de guia no puede ser asumida por latica o por la ciencia, "demasdo ocupadas enafirmarse a si misma s , sino solo por esas ver-dades que se legitiman desde la vida misma,verdades que, insinundose en la vida "laencienden y sacan de si, hacindola trascendery ponindola en tension" 3 9 : verdades irreducti-bles a un concepto o a u na norma, que en lasguias se concentran ante todo en una figura:una imagen de lo que querriamos ser, "unavisiOn que abra las puertas del alma, una visiOn

    " 4 0que enamoreA treinta aflos de distancia, esta visionque pone en movimiento Ia vida enamorndo-

    la se focaliza en la imagen de la Aurora. LaAurora se convierte en una guia, una figuraque libera un movimiento que tiende a serseguido:

    Desde el primer momento en que se la mira -escribe- nos mira ella a su vez, pidiendonos, requi-rindonos, el que Ia miremos como Ia dave de la fisis,del cosmos, pues, y de este su habitante; que aquelque Ia mira siguiendola vaya encontrando a travs deella un "puesto en el cosmos". Por tanto, exige ella unaactjtud del hombre ace rca de su propio ser, un cono -cimiento de su lugar que le conduce al encuentro desu propio ser41.

    En esta vision de la Aurora, entendidacomo "dave" de la physis, Maria Zambranorecoge la intuiciOn q ue orienta y anima todosu trayecto filosOfico. Es esta intuiciO n la que

    la habia guiado, desde sus primeros escritos, enla bsqueda del "saber del alma". Frente alhumanismo moderno, en el que la intimidad,insolidaria con ci sentir y que pierde la relacincon las cosas, se convierte en un "angustiosomundo interior", Maria Zambrano rescatabaen el alma la dimension csmica, vinculndo-se a la tradiciOn rfica y co njugandola con Ia"nueva revelaciOn" agustiniana del hombreinterior como lugar privilegiado en ci quehabita Ia verdad: el alma representa entoncesccIi,42 1iun trozo uei cosmos en ci nomre , ia esre-ra de nuestra intimidad en la que entram os encomunicacin con lo otro". En los aflossiguientes, la elaboraciOn de la filosofia poti-ca representa un desarroilo de esta intuiciO n,un intento de rescatar la filosofIa de su ascetis-mo constitutivo para volver a ace rcarla al sen-timiento "filial y fraterno" de la caridad queinspira Ia poesia, expresiOn de un amor que"no puede decidirse a romper los lazos queunen al hom bre a todo lo viviente, comp aftero, 4 3de origen y de creacion

    Al distanciamiento neutro, a la aproxi-m aciOn descualificadora y desubjetivadora44,realizado por la c iencia y confirmado por unafilosofia reducida a m etodologla de la ciencia,Maria Zambrano contraponia una forma derealismo potico que se sustenta en el enamo-ramiento, una actitud de Ia existencia antesque del conocimiento:

    Reconocer algo como objeto es detenerse anteello; quedar hechizado, prendido, dane crdito; que-dar, en cierto modo, enamorado45.

    El ensayo de 1939 dedicado a San Juande la Cruz seflaiaba en la poesia mistica del

    Ibid., p. 75.40 Ibid., p. 80.40 Maria Zambrano, D e Ia A urora, ed. cit., p. 25 .41 Maria Zambrano, H acia un saber sobre ci alma, ed. cit., p. 22.42 Maria Zambrano, F i l o s o f l a y poesIa, ed. cit., p. 63 .Maria Zamb rano, "El freudismo, testimonio del hombre actual" en H acia un saber sobre ci alma, ed. cit., p. 108.' Maria Zam brano, "La vida en crisis" en ibid., p. 97 .0Maria Zambrano, "San Juan de la Cruz (De "la noche oscura" a Ia m s clara mistica)" en Senderos, ed. cit., p. 193.

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    cantico espiri tual -"en esa m araviliosa unidadde poesla, pensam iento y religion"- el caminopara la realizaciOn de la "perfecta objetividad":

    Perfecta objetividad del amor, que to es tam-bin de Ia poesla, pues el nexo de la mIstica con Iapoesfa radica aqul precisamente; en que al ser unamistica Clara ileva aparejada Ia presencia de su objeto,que se muestra poticamente. La definicin de Ia poe-sla podrIa ser sta, pues no hay poesfa mientras algono queda en las enrraas dibujado46.

    La b squeda de una objetividad funda-cia en ci amor y no en Ia distancia comporta ungiro radical de los papeles sobre los que el pen-samiento occ idental, desde la filosofIa griega,ha estructurado el conocimiento. La miradapierde su prerrogativa de pertenencia a unsujeto que establece una distancia insuperableentre l y el objeto, para convertirse, por elcontrario, en la expresin "m s personal y msespiritual" del objeto amado, cuyos ojos, segiinla expresin del C dntico espiritual, quedan "enlas entraflas dibujados" 4 7 . Paralelamente, Iainterioridad del sujeto cogn oscente se ofrece ala visiOn del otro, se abre como un espaciolibre para acoger su mirada: "la interioridadms oscura y profunda no ex iste sino como ellugar donde queda dibujado por su mirada -per su luz- el objeto"48.

    Interioridad y exterioridad pierden eneste camino de con ocimiento Ia distancia quelas separa: en una inica trama se tejen Ia capa-cidad del ser humano de albergar dentro de sitodas las dimensiones de la propia intimidad yla de acoger lo otro.

    Esta oscilacin de Ia atencin que, "vi-da", se adentra en la realidad, apertura del

    alma a cuanto la circunda y, en la misma medi-da, a cuanto encuen tra "dentro de sI", se refle-ja en De Ia A urora: la escritura parece emergerde una interioridad que se ofrece totalmente ala revelaciO n, en un gesto que "parece podrIa

    I., 4 9anularia, pero que solo la eleva . Y, como enIa poesfa mIstica de San Juan, en estas pginasparece que se produc e el milagro por el que lascosas se dan "en su entera presencia" y "todoest presente con una fragancia como recinII,csanao ae mano s aei creaaor

    La bsqueda de un lenguaje filosfica-mente indito -Un lenguaje al que las cosasCI1cien su consenso , arnerto a ia escucna y a iarevelaciOn- tambin se profundiza hasta sudisoluciOn en la palabra pura, que pormom entos se hace sonido, respiracin, mod u-lacin, temblor, anhelo.

    Y es este m ilagro de la presencia lo quedefine Ia especificidad de este texto y lo h acediferente tambin de las gulas existentes,porque stas "predefinen el lugar hacia ci quese encam inan, mientras aquf es el lugar mis-mo, es decir Ia A urora, el que indica ci cam i-

    La A urora no es aquI solo una imagen,un sfmb oio, una metfora. Es "ella, precisa-mente ella": una presencia real que impregna Iaescritura de sus ap ariciones, de sus silencios yrumores, de sus matices.

    Por eso es difIcil hablar de este libro sinexperimentar un sentimiento ineludible deinoportunidad: como toda poesla verdadera,puede sOlo ofrecerse, reconstruyendo, comomuch o, el trayecto que ha condu cido a su apa-ricin.

    "Oh Cristalina fuentel Si en esos tus semblantes plateados / formases de repente/ los ojos deseados/ que tengo en mis entraasdibujados!", San Juan de la CruzMaria Zambrano, "San Juan de Ia Cruz... . . , ed. cit., 194.Maria Zambrano, Hacia un saber sobre el alma, ed. cit., P.55.Maria Zambrano, "San Juan de Ia Cruz.... . , ed. cit., p. 192. MarIa Zam brano, "La respuesta de Ia filosoffa", ed. Cit., p. 116.MarIa Zamb rano, "La guia, forma del pensamiento" en Hacia un saber sobre el alma, ed. Cit., p. 69 .

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    Sin embargo, de su gula queda la llama-da a un conocimiento que brota de una "mira-da sostenida" y de una "atencin ine!udible,audaz, obstinada, sin miedo Un caminu queno carece de peligros, subraya Maria Zambra-no, porque esta atencin representa una con-version total. una eleccin vital: "es un modode esperar que rapta y posee a! sujeto en e! queanida, como lo hace el amor, y, como el arnormismo, es una escala pe!igrosa, porque casisiempre es invisible; una escala que debe serrecorrida hasta e! final para Ilegar a !a razn".Una razn que no puede ser formulada, ada-rada, explicada o interpretada, sino solo busca-da y revivida, "pues Ia experiencia irrenuncia-ble se transmite nicamente al ser revivda, nosimplemente aprendida. Y Ia verdad, la que !a

    vida necesita, solo es la que en ella renace yrevive, Ia que es capaz de renacer tantas vecescomo sea necesitada"52.

    Ser Ia necesidad de cada vida que seabra a este libro Ia que decida cada vez su suer-te. Queda en suspenso la pregunta que brotaen una de sus pginas:

    Y de este pensamiento nacido del sentir y quede I no Se desprende, quedara memoria? O volveral fondo de su sentir como aquella paloma que se vol-via porque a1'in no habia ilegado elfin dcl diluvio? Elanuncio incompleto, Ia incompleta profecIa53

    T racluccin: Carm en R evi l la

    Josep C /s que/ laRusted Door, 1999

    52 MarIa Zambrano, De Ia Aurora, ed. cit., p. 92.