Antolog­a Literaria 1° a±o -Narrativa- .La hija del cacique de los Huasanes, ... fue...

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    Departamento de Lenguas Seccin Lengua y Literatura

    Antologa Literaria 1 ao -Narrativa-

    NDICE LEYENDAS El cacto enamorado

    (Leyenda diaguita) 2 La leyenda del uruta

    (Leyenda guaran). 2 Huampi

    (Leyenda calchaqu) .. 3 MITOS Dafne y Apolo 5

    Demter.. 6

    Orfeo y Eurdice 7

    CUENTOS La hormiga

    (Marco Denevi argentino 1922-1998). 9 La muerte

    (Eduardo Galeano uruguayo 1940) 9 Algo muy grave va a suceder en este pueblo

    (Gabriel Garca Mrquez colombiano 1928).. 10 EL HOMBRE ILUSTRADO (Ray Bradbury norteamericano 1920) Prlogo.. 11

    La pradera. 13

    El cohete 22

    El otro pie.. 28

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    LEYENDAS El cacto enamorado (Leyenda diaguita)

    Hace cientos de aos, en tierras de lo que es hoy la provincia argentina de Catamarca, vivan en guerra permanente las tribus de los Huasanes y los Mallis. La hija del cacique de los Huasanes, llamada Munaylla, que en lengua quechua significa hermosa, haba conocido al hijo del gran jefe de los Mallis, Pumahina, nombre que quiere decir valiente.

    Munaylla y Pumahina se amaban pero no se atrevan a confesrselo a sus mayores, quienes pretendan que los jvenes se odiaran tanto como los viejos. En uno de sus muchos encuentros a escondidas, l le propuso a su novia: - Escapa conmigo! Vaymonos a donde no puedan encontrarnos, ser sa la nica forma de estar juntos y de ser felices. As lo hicieron. De da se ocultaron en las cuevas protectoras de los cerros, de noche caminaron incansablemente, al amparo de los frondosos rboles. Hasta Quilla Hatum, la Luna Grande, trat de ocultar su resplandor para que no los descubrieran. Huyeron durante cuatro das. Al caer la quinta noche, oyeron voces a la distancia; sin duda, eran las de sus perseguidores. Suceda que ambas tribus se haban puesto en marcha para detenerlos y castigarlos. Ya haban descubierto sus rastros y se acercaban peligrosamente. Munaylla desesperada, pidi la proteccin de Pachacmac, el dios cuyo nombre deba pronunciarse con la cabeza inclinada y los brazos elevados al cielo. Pachacmac escuch el ruego y encontr la forma de salvarlos: convirti a Pumahina en una planta nunca vista hasta entonces, recta y alta como una torre y cubierta de espinas. Era el cacto. En su interior se refugi Munaylla. Poco despus llegaron los perseguidores pero pasaron de largo junto al cacto sin sospechar que cobijaba a los dos jvenes. Jams los hallaron. Se sucedieron los das y las noches y Pumahina y Munaylla siempre all, juntos y felices. Ni siquiera cuando Pachacmac los visit desearon ellos recobrar la forma humana. Pas el tiempo y lleg la primavera. Entonces Munaylla ansi ver el cielo y respirar el aire de los cerros, pero cmo hacerlo? Da tras da fue empujando con su cabeza la verde envoltura que los cubra. Hasta que por fin asom en forma de esplndida flor de ptalos sedosos y colores brillantes. As naci la flor del cacto. Desde aquellos lejanos tiempos, Pumayna defiende a su amor con las agudas espinas de su cuerpo vegetal. Y todas las primaveras ella reaparece y saluda al mundo convertida en flor. Esta antigua historia la contaban los diaguitas que, aunque aqu aparecen guerreando entre ellos, tambin supieron luchar con bravura contra los conquistadores espaoles en defensa de sus tierras, y de la cultura de su gente. La leyenda del uruta (Leyenda guaran) Kiy y Ur eran los hijos de dos caciques guaranes cuyas tribus se odiaban desde haca largo tiempo. Los jvenes haban crecido sin conocerse pero, cierta vez, Kiy se cruz con la muchacha que sola salir con sus amigas a ver y escuchar los pjaros a la orilla del ro. Kiy qued deslumbrado por la belleza de Ur. Y ella pregunt quin era el apuesto joven. - Debes saber - le dijo una de sus compaeras- que se trata de Kiy, el hijo del cacique enemigo. Cudate, porque nuestros hechiceros predijeron que acarrear la desgracia de la mujer que lo ame. Aprtalo de tus pensamientos, Ur! Era tarde para tal advertencia: ella estaba perdidamente enamorada del joven. A partir de entonces, frecuentaron la orilla del ro inventando encuentros casuales que, ya que no podan hablarse, al menos les dejaban el consuelo de una sonrisa, una mirada. El padre de Ur lo supo. Ante los ruegos del cacique la hermosa joven accedi a olvidar a

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    Kiy. Sin embargo a partir de aquel da su alegra se apag por completo. Una maana, descubrieron que se haba marchado. La buscaron por todas partes, pero no haba rastros de la joven. Alguien sugiri que habra huido con Kiy. La tribu prepar sus armas para la guerra. Pero al amanecer, Kiy en persona se present y enfrent al cacique. - No es el temor el que me impulsa a venir ya que todos conocen nuestra valenta. Pero s que buscas a Ur y he venido a decirte que ella no est entre nosotros. El joven se retir y todos quedaron desconcertados. Enseguida escucharon un canto dulcsimo que provena de lo ms profundo del bosque: era la voz de Ur. Los hombres salieron a buscarla organizados en grupos. La descubri el que era guiado por el brujo ms viejo de la tribu. La joven estaba sentada sobre la rama de un rbol, junto al ro. No los reconoci. La pobre Ur haba enloquecido. Temiendo que se asustara, el anciano orden a los otros que permanecieran alejados y se acerc solo. Comenz a hablarle suavemente pero no obtena respuesta. De pronto, record que le gustaban las aves y le habl de ellas. - Mis pjaros... Mis pjaros estn en el agua Vamos a buscarlos! - dijo Ur y, bajndose de la rama, corri hacia el ro. El brujo temi que se arrojara en l. Para hacerla reaccionar, le grit: - Escucha mis palabras Ur: Kiy muri ahogado en ese mismo ro. Un grito desgarrador brot primero de la garganta de Ur. Pero inmediatamente despus, retumbaron por el todo el bosque sus enloquecidas carcajadas. Su bella figura comenz a transformarse hasta que qued convertida en un pjaro, el uruta. Emitiendo su grito lastimero, que terminaba en una sonora carcajada, el uruta vol sobre las cabezas de los atemorizados guaranes y se perdi en el bosque. Huampi (Leyenda calchaqu) Desde muy joven, Huampi haba sido un diestro cazador. Cuando la presa era la vicua, reuna a sus compaeros y todos juntos, guiados por l, se iban a los cerros. All, a una seal de Huampi, rodeaban el lugar donde se hallaban los animales con largas cuerdas de lana de las que colgaban cintas de colores. Improvisaban as un corral enorme. Las vicuas, al intentar huir, se encontraban con ese cerco de lana tan delicado y frgil que bien podran haberlo cruzado con un saltito de sus giles patas. Pero no; asustadas por las cintas de colores sacudidas por el viento, retrocedan espantadas y quedaban en poder de los cazadores. En la dura lucha por la vida, aunque no lo parezca, aquellos hombres no eran despiadados. Cazaban tan slo lo necesario y acataban las leyes de la Pacha Mama, la Gran Madre que, desde algn lugar del cielo, velaba por todas las criaturas. Los cazadores siempre le demostraban respeto. Antes de subir al cerro, hacan un hoyo en la tierra y en l depositaban sus ofrendas sencillas. Despus, el jefe de la cacera le diriga una splica: - Pacha Mama, Madre del Cerro, haz que nos vaya bien! No mezquines tus vicuas. Haz que nos vaya bien! Danos suerte, no nos hagas apunar. i Haz que nos vaya bien! Pas el tiempo y las cosas cambiaron. El joven Huampi, ya no tan joven, fue elegido cacique. Y no slo de los suyos, tambin lleg a gobernar varios pueblos de los valles calchaques. Entonces tambin cambi la mente y el corazn de Huampi. -Cayca noccapa -afirmaba, soberbio, sealando cerros y hondonadas. En su lengua quechua eso significaba: "Esto es mo". El poder se le subi a la cabeza y se crey dueo absoluto de aquellas tierras, de sus bienes naturales y sus gentes. Cuando su mujer lo vea echar mano a las boleadoras y al cuchillo o la lanza, le recordaba que haba carne de sobra y no tena sentido sacrificar ms animales. Porque Huampi segua apasionado por la caza pero, de hombre prudente, se haba convertido en cazador desaforado.

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    Su mujer no fue la nica; otros miembros de la tribu dejaron or sus voces. -No persigas a las vicuas -le suplicaron las tejedoras- La lana que tenemos es ms que suficiente. -Basta ya, no mates ms pjaros -le pidi el artesano encargado de las vinchas y los mantos recubiertos de plumas para las grandes ceremonias. Huampi ni los oy. l slo estaba atento a quienes lo festejaban y aplaudan cuando obraba a su antojo. As las cosas, Viucorco, el cerro ms poblado de animales, pareca temblar con el miedo de las vicuas y los guanacos. En Pumayaco, la aguada del puma, las madres escoltaban a sus cras hasta los sitios ms ocultos y resguardados. Todos buscaban salvarse al presentir que se acercaba Huampi, el que mataba porque s y persegua hasta a los ms indefensos. Suri, el and, escapaba a las zancadas. Y las aves, del cndor a la lechuza, volaban lejos. Un da corri peligro Ruilla, la liebre. Aunque, al ver a Huampi, huy con las orejas tiesas, l alcanz a apuntarle con su flecha. Por suerte desde all arriba, alguien apart una cortina de nubes y se asom a ver lo que ocurra; era Llastay, el dueo de los animales, ayudante de la Pacha Mama en la tarea de cuidar la tierra. Huampi estaba por disparar una flecha certera cuando, con esa costumbre de estar en todas partes al mismo tiempo tan propia de los dioses, Llastay se le plant delante y le dijo de todo.

    -Pedazo de ignorante! El poder te ha cegado a tal punto que ya no sabes lo que te conviene? Si sigues matando por gusto, la naturaleza se dar el gusto de privarte de muchas cosas que tu pueblo necesita, como la carne y la lana de los animales. Huampi se defendi: - Cayca noccapa. En su cabeza slo haba lugar para un