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LOS RETORES LOS RETORES 2015 COMUNICACION

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los retores un método de enseñansa

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LOS RETORES

Universidad Nacional Jos Faustino Snchez CarrinFacultad de Educacin E.A.P. Educacin Inicial y Arte

UNIVERSIDAD NACIONALJOS FAUSTINO SNCHEZ CARRIN

FACULTAD: EDUCACION

E. A. P: EDUCACION INICIAL Y ARTE

CURSO: COMUNICACION

TEMA: LOS RETORES

DOCENTE: DANTE DE LA CRUZ PARDO

CICLO: II

INTEGRANTES: PALACIOS MAGUIA, Rosa Anglica HUALLPARIMACHI SANCHEZ, Sara RAMIREZ CUEVA, Isabel

HUACHO-PER2015

LOS RTORES

1. RECTORES ORGENES HASTA LA ACTUALIDAD

En este trabajo voy a hablar, como indica el ttulo, de los gneros retricos desde sus orgenes hasta la actualidad. Ante un contenido tan amplio, slo me detendr en algunos puntos que considero esenciales, y el recorrido histrico del comportamiento de los gneros, lo realizar a pinceladas que permitan entender su evolucin, pero sin profundizar. Para poder entender adecuadamente el origen y la formacin de los gneros retricos, es imprescindible empezar explicando qu significa exactamente el trmino retrica, en qu consiste, dnde y por qu se inici.al servicio de la obtencin de un fin determinado, con independencia de la verdad. Por eso Platn ataca a la retrica en algunos de sus dilogos (Platn, 1981, 1983). No hay que olvidar que Platn encontr su verdadera vocacin en la filosofa, asumiendo la moral socrtica y basando la enseanza de los jvenes en el ideal clsico de la aret, un ideal humano en el que se integran cuatro virtudes soberanas: la sabidura, la fortaleza, la justicia y la templanza (Bobes, comp., 1995: 67). Su finalidad siempre debe estar ligada a la verdad porque su filosofa, de vocacin metafsica, se encuentra comprometida con la educacin del hombre para favorecer su acceso al mundo inteligible. Gorgias, en el dilogo platnico que lleva su nombre, define la retrica como la capacidad de persuadir con los discursos tanto a los jueces en el tribunal de justicia, como a los consejeros en el consejo, como a los asamblestas en la Asamblea, as como en cualquier otra reunin de ciudadanos. Platn teme que, ante la seduccin de la brillantez retrica, los jvenes se aparten de la autntica bsqueda de la verdad mediante la filosofa.2. DFINICION DE ISCRATES RESPECTO A RETORES

Iscrates (nacido en el 436 a. de C.) tuvo una influencia decisiva en estos momentos de configuracin inicial de la retrica por su planteamiento de la prosa artstica vinculada a la prosa retrica, contra las limitaciones de la sofstica, y por su programa de educacin racional (Albaladejo, 1991: 24). Se puede observar ya la relacin de la retrica con la literatura desde muy temprana edad. Se trata de entender la retrica como un arte de pensar, un arte de vivir y un arte de hablar que pueda partir de una base cientfica y combinar, sin violencia alguna, verdad, belleza, persuasin, tcnica y seduccin. En un interesante artculo de Juan Carlos Iglesias Zoido, se plantea el problema de la falta de testimonios en cuanto al estudio y conocimiento del origen de la retrica griega, lo cual nos conduce, segn l, a una serie de afirmaciones que la fuerza de la costumbre ha convertido en categoras. Y sigue diciendo: As, por ejemplo, la continua repeticin de las mismas ideas nos hace centrar la mirada en Sicilia a la hora de sealar el origen de la retrica, o en la llegada de Gorgias a Atenas en el 427 a. de C., como hito fundamental para su desarrollo posterior (1992: 399). Considera que sera necesario un estudio ms riguroso que pudiera confirmar algunas de las afirmaciones que se aceptan como ciertas sin su exacta comprobacin. Por esta razn afirma que, en la Historia de la Guerra del Peloponeso, hay que buscar el origen de la retrica de gnero deliberativo, gnero al que pertenecen la mayor parte de los discursos escritos por el historiador aportando un medio que permite vislumbrar las reglas retricas de unos aos que conocemos ms por referencias que por pruebas palpables (Iglesias Zoido, 1992: 403). Evidentemente, los lmites entre un tipo de discurso u otro no estaban clarificados y no existan normas sistematizadas ni establecidas. Simplemente, la experiencia de las posibilidades del uso del lenguaje, da a da, y su repercusin en los diferentes mbitos de la convivencia, permiti ir desarrollando una disciplina y creando lugares y mtodos comunes que iran siendo aceptados por la fuerza de la costumbre y que, a lo largo del tiempo, se han ido consolidando y convirtiendo en una ciencia y en un arte (Albaladejo, 1991: 11) esenciales en la comunicacin, desde la Antigedad griega hasta nuestros das, atravesando diferentes vicisitudes a lo largo de los siglos y partiendo de diversos orgenes (como podemos observar en los discursos de Tucdides cuyo testimonio se conserva), sin limitarse a los primitivos discursos de la ciudad de Siracusa y a la llegada de Gorgias a Atenas en el 427 a. de C. y comprobando, adems, ya desde estos orgenes, la relacin del texto retrico con el literario. Lo cierto es que la elocuencia fue una virtud cuidada en Grecia que incluso se destaca en los hroes de sus epopeyas y que, con la democracia, adquiere una dimensin fundamental para los polticos y para los ciudadanos en la demanda de sus derechos. No es por ello de extraar que fuera en Grecia donde los discursos ya polticos o jurdicos- recibieran su forma concreta y se desarrollaran en sus reglas y modelos propios: los sofistas, con su enseanza enraizada en la facultad de la elocuencia y en el debate, propugnaron la oratoria como un arte consciente que alcanzar categora y forma literaria (Iez, 1989: 116-117). El primer testimonio que tenemos documentado de la clasificacin de los gneros retricos est en La Retrica a Alejandro de Anaxmenes de Lmpsaco (debi vivir entre los aos 380 y 320). Se puede fechar sobre el ao 340 a. de C., siendo as algo anterior a la Retrica de Aristteles y, por tanto, el tratado de retrica ms antiguo que conservamos completo.

3. DEFINICION DE ALEJANDRO RESPECTO A RETORES

La Retrica a Alejandro supera a los anteriores manuales en amplitud de miras y desarrollo tcnico; abarca, adems del judicial, los otros dos campos que ya Platn echaba en falta, el deliberativo y el epidctico, y que a partir de Aristteles (si no de la propia Retrica a Alejandro) se establecen definitivamente como gneros oratorios. Adems, en la Retrica a Alejandro se da un tratamiento ms amplio de la argumentacin, que por primera vez ofrece la divisin entre argumentos tcnicos y no tcnicos. Por ltimo, se interesa por cuestiones estilsticas, lo que con el tiempo se llamara elocutio (Snchez Sanz, 1989: 19).El captulo 1 se inicia clasificando los gneros de discurso en tres: el deliberativo, el epidctico y el judicial. Sin ms explicacin sobre los gneros dice que sus especies son siete: suasoria, disuasoria, encomistica, reprobatoria, acusatoria, defensiva e indagatoria. Y aade que se utilizarn para intervenir en las deliberaciones pblicas, en los juicios a propsito de contratos o en las relaciones particulares, tanto cada una por separado o en combinacin de unas y otras (Anaxmenes: 47-48).Si bien es cierto que ya no vuelve a hablar de gneros, parece evidente que las especies suasoria y disuasoria podran referirse al gnero deliberativo (persuadir o no), las especies encomistica y reprobatoria seran las propias del gnero epidctico o demostrativo (alabar o vituperar) y las especies acusatoria y defensiva se usaran en el gnero judicial (acusar o defender). Todo el libro trata de definir cada una de las especies y de explicar cmo y cundo deben usarse segn el tipo de discurso que se realice y teniendo en cuenta las partes que deben componerlo. La ltima especie, la indagatoria, no es propia de ninguno de los gneros mencionados al principio. De ella dice:No suele constituirse por s sola, sino que se combina con las dems especies, resultando sobre todo til en las rplicas. Sin embargo, para que no ignoremos tampoco su disposicin, por si alguna vez tuviramos que indagar un discurso, una vida, una accin humana o una cuestin administrativa de la ciudad, la voy a explicar brevemente [...] Iremos exponiendo e indagando una tras otra cada cosa dicha, realizada o pensada, e iremos demostrando que son contrarias a lo justo, a lo legal y a lo conveniente, tanto particular como pblicamente; observaremos cada cosa, a ver si son contradictorias entre s, o lo son con el carcter de los hombres honrados o con lo probable [...] La indagacin no ha de hacerse con carcter agrio, sino suave; de esa manera el discurso les resultar ms convincente a los oyentes, al tiempo que el orador no dejar una mala impresin de s mismo. Una vez que hayas indagado cada cosa con claridad, lo amplificars; y, al final, haz una concisa recapitulacin y recurdales a los oyentes lo tratado. Usaremos todas las especies tcnicamente disponindolas de esta manera (Anaxmenes: 89-90). Me ha parecido interesante detenerme en la Retrica a Alejandro por tratarse del testimonio ms antiguo de que disponemos en cuanto a la clasificacin de los gneros retricos se refiere, pero la establecida por Aristteles es la que se ha consolidado como punto de referencia clsico a travs de la rhetorica recepta o retrica recibida. Fue Aristteles el que la sistematiz y el que estableci una tipologa correspondiente que constituira el modelo de la preceptiva posterior (Mortara, 1991: 28).

4. DEFINICION DE ARISTOTELES RESPECTO A RETORES

Para Aristteles es el pblico quien determina la estructura del discurso y, partiendo de dos grupos de receptores, los que tienen que tomar una decisin sobre el tema planteado en el discurso (gnero deliberativo y gnero judicial) y los que no tienen que actuar ni decidir sobre la cuestin tratada (gnero demostrativo), realiza una clasificacin tripartita de los gneros. Adems, la decisin de los oyentes puede referirse a hechos pasados (gnero judicial), a hecho futuros (gnero deliberativo), o a valoraciones sobre personas o hechos pasados o presentes (gnero demostrativo). Por tanto, el momento temporal tambin es decisivo para la clasificacin de los gneros.Dice Aristteles en su Retrica (1358a37-1358b8):Tres son en nmero las especies de la retrica, dado que otras tantas son las clases de oyentes de discursos que existen. Porque el discurso consta de tres componentes: el que habla, aquello de lo que habla y aqul a quien habla: pero el fin se refiere a esto ltimo, quiero decir al oyente. Ahora bien, el oyente es, por fuerza, o un espectador o uno que juzga; y, en este ltimo caso, o uno que juzga sobre cosas pasadas o sobre cosas futuras. Hay en efecto, quien juzga sobre lo futuro, como, por ejemplo, un miembro de una asamblea, y quien juzga sobre sucesos pasados, como hace el juez; el espectador, por su parte, juzga sobre la capacidad del orador. De modo que es preciso que existan tres clases de discursos retricos: el deliberativo, el judicial y el epidctico.Lo propio de la deliberacin es el consejo y la disuasin; pues una de estas dos cosas es lo que hacen siempre, tanto los que aconsejan en asuntos privados, como los que hablan ante el pueblo a propsito del inters comn. Lo propio del proceso judicial es la acusacin o defensa, dado que los que pleitean forzosamente deben hacer una de estas cosas. Y lo propio, en fin, del discurso epidctico es el elogio y la censura... Cada uno de estos gneros tiene adems un fin, que son tres como los gneros que existen: para el que delibera, el fin es lo conveniente o lo perjudicial. Para los que litigan en un juicio, el fin es lo justo y lo injusto. Para los que elogian o censuran, el fin es lo bello y lo vergonzoso... As pues, al gnero deliberativo (genus deliberativum) pertenecen los discursos que se pronuncian ante una asamblea para decidir sobre la conveniencia o no de realizar lo que se propone. El orador pretende aconsejar o disuadir en trminos de utilidad frente al rechazo, si considera perjudicial la realizacin de la cuestin planteada sobre un hecho futuro. Son los discursos tpicos de las relaciones sociales y polticas, elecciones de jefes, votaciones de una ley o cualquier otra decisin que sea necesario tomar con la intervencin de los oyentes. En estos discursos puede haber discusin dialctica mediante la exposicin a favor o en contra de lo que se propone decidir o votar (Albaladejo, 1991: 55) y su argumentacin suele ser inductiva, es decir, de lo particular a lo general. En ocasiones, el auditorio del discurso ya est decidido en un determinado sentido y la dialctica disminuye considerablemente en intensidad, bien porque los receptores ya tengan conocimiento previo sobre lo que se les va a proponer y acudan a dar su voto favorable, o bien porque los que no estn de acuerdo no lo manifiesten si no lo consideran oportuno. En estos casos, el orador no hace ms que afianzar la opinin compartida con el pblico, de tal manera que, en tal situacin retrica, el discurso de gnero deliberativo se parece bastante al de gnero demostrativo al disminuir la dialctica, aunque no deben confundirse por tratarse de gneros diferentes, como veremos ms adelante (Lausberg, 1966-68: 63). Su finalidad es determinar lo til y provechoso o lo perjudicial y daino de la decisin que se propone aceptar o rechazar. El gnero judicial (genus iudiciale) es el que corresponde a las exposiciones realizadas ante un juez con el objetivo de acusar o defender algo o a alguien respecto de un asunto del pasado. Se plantea una causa para demostrar su justicia o su injusticia. Es el primer gnero retrico que ocupa un lugar preponderante en la oratoria griega, pues, desde sus orgenes, los juicios democrticos exigieron la exposicin de discursos orales con un fin persuasivo, trayendo consigo la aparicin de los primeros manuales con un tratamiento sistemtico y tcnico de las pautas del discurso judicial e, incluso, con una terminologa muy especfica, como sigue ocurriendo en la actualidad. En Roma los procedimientos primitivos tenan un fuerte componente formulario; desde mediados del siglo III a. de C., aproximadamente, se instaura un gran tribunal civil (centurini), y desde mediados del siglo II se conforman comisiones judiciales especiales (quaestiones) que terminaron entendiendo de procesos criminales, sirviendo de lugar de expansin de las tensiones sociales y polticas y generando el hbito de hablar en pblico, si bien, en la mayor parte de los casos, la exposicin corra a cargo de oradores profesionales, llamados patrones (en su origen un patricio que tena ciertas responsabilidades sobre sus clientes) (AA. VV., 1998-1999: 18). En este gnero la disputa es esencial, hay una acusacin y una defensa ante un juez o tribunal que debe decidir, segn las argumentaciones expuestas en cada caso, sobre unos mismos hechos y llegar a una conclusin o dictar una sentencia. ste es el gnero ms caracterizado dialcticamente, puesto que se enfrentan dos partes que proponen decisiones opuestas y que intentan influir en el destinatario a favor de sus respectivas posiciones (Albaladejo, 1991: 56). Adems, no basta con que el orador defienda su tesis, sino que debe ocuparse de destruir la postura defendida por el contrario, con lo cual, tiene que sumar, a la justificacin de los argumentos vlidos en su defensa, otros que demuestren la invalidez de los usados por el orador contrario. El juicio resultante de dichas exposiciones dialcticas est sometido a la aplicacin de una ley o unas leyes y estn sujetos a la interpretacin y a la aplicacin de esas leyes. En este sentido se pueden considerar dos variantes dentro del gnero judicial el genus rationale y el genus legale (Lausberg, 1966-68: 141-142). En el gnero racional se enjuicia un acto de acuerdo con las leyes y en el gnero legal el objeto es la ley, entendida en sentido amplio, es decir, las normas legales que se aplican a los hechos, producindose en este subgnero la interpretacin y el enjuiciamiento de la ley a propsito de unos hechos determinados (Albaladejo, 1991: 55-56). La finalidad del gnero judicial es determinar lo justo o lo injusto y los razonamientos de la argumentacin deben ser ms rigurosos, no solamente porque hay leyes establecidas que deben conocer, sino porque el auditorio es ms culto y suelen aplicar el mtodo deductivo, es decir, de lo general a cada caso particular. El gnero demostrativo o epidctico (genus demonstrativum) es el que se usa para elogiar o denigrar algo o a alguien. Consiste en alabar o vituperar a una persona, pero tambin admite contemplar actuaciones de los hombres o hechos concretos dignos de alabanza o de rechazo. Normalmente se tratan asuntos pasados, aunque igualmente se puede referir a sucesos del presente, y se dirige a un pblico que no tiene capacidad para influir en los acontecimientos ni debe tomar ningn tipo de decisin sobre ellos. El auditorio estar o no de acuerdo con la alabanza o vituperio que realiza el orador y con la forma de hacerlo. Se valora lo bello o lo feo, lo digno de admiracin o lo despreciable y vergonzoso de una persona o de unos hechos, tanto en el aspecto interno de las cosas referidas al alma, al cuerpo o a aspectos externos de cualquier clase (Beuchot, 1998: 75). Este tipo de discursos es el que tiene menos marcado el carcter dialctico, pues solamente habla un orador y no existe rplica discursiva de la parte que defienda lo contrario; sin embargo, el orador en estos discursos acta implcitamente de modo dialctico al tener en cuenta al construirlos cules pueden ser los puntos objetables de su planteamiento (Albaladejo, 1991: 55). Aristteles considera que la dialctica se ejercita en todos los gneros en mayor o menor medida. Dice al principio de su libro: La retrica es anloga a la dialctica. Ambas se ocupan de objetos cuyo conocimiento es, en cierto modo, propio de todos los hombres, y no de una ciencia especfica (Retrica, I, 1, 1354a). Es tambin el gnero en donde el orador puede embellecer ms el discurso, sobre todo si es de tipo laudatorio, y poner de manifiesto sus aptitudes como orador tratando de convencer al pblico de las cualidades o de los defectos de la persona o de la cosa que constituyen el objeto de su discurso (Spang, 1984: 61). El oyente no es ms que un espectador que goza pasivamente con el resultado del inters esttico de oyente en el asunto (res) y la formulacin literaria (verba) del discurso (Lausberg, 1966-68: I, 106). Al tratar hechos ya sucedidos y acabados, pasados o presentes, se valora exclusivamente el talento del orador con independencia de que se comparta o no lo que comunica en su discurso. Y, en ocasiones, puede resultar ambiguo si la alabanza o reprobacin est vinculada en alguna medida a acontecimientos sociales, polticos o judiciales. Es esencial que el orador determine de qu clase de gnero va a realizar su exposicin, porque de ello dependen los diferentes recursos textuales que necesite elegir para su eficacia comunicativa y la consecucin de su finalidad persuasiva. La retrica puede ser definida desde dos puntos de vista, el prctico (como praxis) y el terico. Desde el primer punto de vista, la retrica es el empleo del lenguaje, auxiliado por la voz y el gesto, con el fin de persuadir de algo a un auditorio. Desde el segundo, la retrica es el estudio y clasificacin de los medios de la persuasin que existen para cada caso particular (sta es la definicin aristotlica). El modo de persuadir, no obstante, vara a tenor de lo que el orador persiga, y ello da lugar a los gneros del discurso (Asensi Prez, 1998: 151) que acabamos de exponer. La evolucin de la retrica en Roma, partiendo de la herencia griega, se puede explicar a travs de tres fuentes esenciales: La Rhetorica ad Herennium, las obras de Cicern y las de Quintiliano. La Rhetorica ad Herennium, de autor desconocido, es el tratado ms antiguo escrito en latn y realiza una adaptacin de la retrica griega a las necesidades romanas. Es Cicern quien suscita la vieja controversia entre filosofa y retrica abogando por una prudente conciliacin de las dos (Spang, 1984: 26). Considera que la retrica no es slo un arte de hablar sino, sobre todo, de pensar. En sus obras Orator y De oratote nos muestra su concepcin filosfica de la retrica en la que destaca su definicin del orador como hombre de amplia sabidura que le permita comunicar un discurso moralmente bueno. Hay que destacar la vinculacin que realiza Cicern de la retrica con la literatura, especialmente con la poesa por la valoracin de las capacidades innatas de los oradores y la necesidad de unir delectare, docere y movere, es decir, ensear deleitando. Resulta interesante la distincin que realiza Cicern -ya expuesta en la Rhetorica ad Herennium (4.11)- atendiendo al asunto tratado y al receptor a quien va dirigido, entre tres estilos diferentes: el humilis o modesto (caracterizado por recurrir a un lenguaje sencillo y puramente latino, imitando a la lengua ordinaria, claro y correcto, pero sin excesivo ornamento), el grandis o sublime (caracterizado por poner en juego todos los recursos ornamentales de la elocuencia, elegante y abundante en figuras y en el lxico, capaz de persuadir a cualquier auditorio) y el medius o mediocre (caracterizado por su intento de provocar una sensacin de agrado en el auditorio, con un discurso fluido y equilibrado sin sobresaltos), intermedio entre los otros dos. Son distinciones que van a tener una larga vida y que reaparecern en cientos de tratados posteriores, as como el postulado del aptum, las reglas del ornatus y la exigencia de la adecuacin del estilo al asunto tratado y al efecto deseado (Spang, 1984: 27; Asensi Prez, 1998: 217). Pero la culminacin de la retrica clsica la encontramos en Quintiliano (Spang, 1984: 28). Su obra Institutio Oratoria es el tratado de retrica ms ordenado y extenso de los conocidos y resume la tradicin y los textos griegos y los latinos que la consolidaron en Roma (la Rhetorica ad Herennium y los dilogos de Cicern) (Bobes, 1995: 161). Es la referencia obligada de la rhetorica recepta, ms amplia y completa que la aristotlica. Concibe la retrica como el arte de hablar bien y de escribir bien y no se limita al ejercicio de los discursos especficos de cada gnero, deliberativo, judicial o demostrativo (Albaladejo 2003a: 51-58), sino que se considera fundamental en la educacin de los jvenes desde nios y se orienta hacia la formacin integral de la persona. La reflexin sobre la retrica est unida histricamente a la atencin a la comunicacin lingstica entre los seres humanos (Albaladejo, 2003: 27). Por eso Quintiliano investiga los orgenes de la retrica y su relacin con el inicio del lenguaje en las sociedades humanas (Albaladejo, 2003: 27). La misin del rhetor consista en formar personas cultas, sabias y educadas en su comportamiento cvico social y moral, con conocimiento adecuado de su forma de expresin y del control de su espritu. A lo largo de los doce libros de la Institutio Oratoria, Quintiliano realiza un tratado completo sobre la retrica considerada como arte o tcnica y con categora de ciencia del bien decir. Analiza para ello todas las operaciones que el orador debe realizar para que su discurso resulte eficaz,pues aunque hablar bien es tarea del orador, la ciencia del hablar bien es la retrica [...], propio del orador es hallar argumentos y disponerlos, propias de la retrica son la invencin y la disposicin [...] Para hallar los argumentos es necesaria la invencin, para las palabras la elocucin; en ambos hay que considerar la colocacin; a ambos los abarca y retiene la memoria, y los realza la pronunciacin (Instituciones Oratorias, III, 3, 12 y VIII).Como cita el Profesor Albaladejo (1991: 121) a propsito de la operacin de la elocutio, Quintiliano ofrece una bellsima formulacin de esta operacin: En efecto, hacer elocucin es expresar todas las cosas que hayas concebido en la mente y hacerlas llegar a los oyentes, sin lo cual las cosas anteriores son intiles y semejantes a una espada guardada e inmvil dentro de su vaina. La importancia que tiene la elocucin y su expresividad para comunicar el discurso con elegancia, relacionan estrechamente el texto retrico con literario. El hecho de que el ornatus tambin se d en el texto literario es motivo del acercamiento entre elocutio retrica y elocutio literaria y es un elemento favorecedor de la caracterizacin de esta clase de textos artsticos por medio de esta cualidad elocutiva (Albaladejo, 1991: 128). Durante la Edad Media, a los genera clsicos se aadirn las artes que fueron apareciendo sucesivamente en el tiempo a partir del siglo XI en que la retrica cambia sustancialmente y adquiere una orientacin eminentemente prctica: ars dictandi o dictaminis (siglo XI) sobre el arte de escribir cartas; ars poetriae o poeticae (siglo XII) sobre preceptos gramaticales, mtricos y retricos para escribir poesa y ars praedicandi (siglo XIII) sobre la tcnica de elaborar sermones (Murphy, 1986) y una coexistencia de todas ellas alrededor del siglo XIV.Hasta ese momento los tratados retricos medievales estaban incluidos en obras enciclopdicas y se estudiaban como habilidad de la expresin sabia y efectiva de los hechos, junto a la Gramtica como posibilidad de comprenderlos y a la Lgica o capacidad de razonar la relacin entre los mismos; o bien, aunque era menos frecuente, adoptaban la forma de un tratado monogrfico sobre la retrica en general o sobre alguna de sus partes. La novedad principal de estas incorporaciones radica en que, salvo en el ltimo caso, estas nuevas modalidades no son orales, sino que implican la escritura. Adems, el ars poetriae supone la entrada explcita de la literatura en el terreno de la reflexin terica retrica. Existen numerosas coincidencias entre los distintos tipos de ars, pues, con frecuencia, proponen principios idnticos para las diversas especies de discurso. Sin embargo, es lgico estudiarlas por separado, dado que cada una de ellas tiene una finalidad especfica (la composicin de una variedad de discurso) y unos receptores concretos (Bobes, 1998: 155-161). El ars dictandi o dictaminis es el arte de escribir cartas. Esta modalidad est integrada por repertorios de frmulas fijas, que, dependiendo de su seleccin de la materia tratada y del destinatario, permiten configurar mecnicamente los escritos. Tienen de original que el emisor y el receptor no estn presentes en el momento de la comunicacin. Se produce un espacio temporal entre la recepcin del mensaje y la respuesta y, por tanto, no cabe ms canal de comunicacin que el escrito. Las artes poetriae son tratados tericos que conjugan preceptos gramaticales, mtricos y retricos, cuya aplicacin permitir al lector sutil convertirse en un buen poeta. Retrica y potica confluyen explcitamente en este gnero. El ars praedicandi es la tcnica de elaborar sermones. Los tratados sobre esta disciplina estn constituidos por consejos de tipo prctico dirigidos al orador cristiano, que, como adoctrinador, debe construir sermones elocuentes y atractivos para los fieles. La retrica sacra utiliza los gneros retricos ya existentes para llenarlos de contenidos nuevos de tipo espiritual. La situacin de la retrica posterior inicia un declive en todo lo que se refiere a su planteamiento dialctico originario. Los tres gneros oratorios, el judicial, el deliberativo y el demostrativo, entraron en decadencia, especialmente estos dos ltimos porque la militarizacin del imperio, en los siglos anteriores, haba hecho intil los conocimientos de la oratoria. Acaba por reducirse a la prctica de la elocucin producindose un fenmeno denominado retorizacin de la potica (Albaladejo, 1991: 33), es decir, sus conocimientos se transvasaron a la literatura general. La creacin esttica careca de la sistematizacin y organizacin de la retrica clsica y se sirve de la ellas para adornar su texto y enriquecerlo artsticamente. De este modo la retrica queda reducida al uso del lenguaje figurado y se estudia junto a la potica. Las figuras usadas en la creacin literaria, se llaman figuras retricas y no figuras literarias. De modo parecido ocurre un proceso paralelo de poetizacin de la retrica (Albaladejo, 1991: 33). As, el ornatus, es la base de ambas disciplinas que se estudian conjuntamente, aunque ni el hecho del ornatus textual garantizase el valor de arte verbal o poeticidad de la creacin literaria, ni el ornatus textual garantizase ningn tipo de finalidad persuasiva del discurso retrico. Incluso se llega a minusvalorar las tareas de la retrica a favor de una potica cuya funcin sera exclusivamente instrumental. En el renacimiento, los estudios humansticos se centran en la retrica, la potica, la historia y la filosofa, manteniendo un equilibrio inestable que permita la prevalencia de una u otra disciplina atendiendo a criterios ticos, pragmticos o estticos. La retrica llega a ocupar el lugar preminente en una larga etapa (1350-1550), en la que evoluciona segn factores polticos, religiosos y culturales, y luego inicia su decadencia y es desplazada por la potica en el inters de los humanistas (Bobes, 1998: 227). Se producen discursos del gnero deliberativo y judicial, pero razones de tipo social inclinan el discurso retrico, especialmente el de gnero demostrativo, hacia su conexin con el literario, de tal forma que convergen retrica y potica en el renacimiento, destacando la segunda sobre la primera en el balance final. El antirretoricismo romntico y sus efectos negativos, haba contribuido al descrdito total de la retrica como disciplina del discurso, en todas partes. Se simplifica la cuestin, aunque sin falsearla, cuando se afirma que al igual que fue la preeminencia conferida a la elocutio (a la teora del ornatus) la que determin la obsolescencia del antiguo arte del hablar, fue la vuelta a la concepcin de la retrica como teora del discurso persuasivo que tiene en la argumentacin su eje y razn de ser la que determin el gran renacimiento de la disciplina a mediados de este siglo (Mortara, 1991: 57). En efecto, a mediados del siglo XX, la retrica resurge con una fuerza inusitada y en gran medida con la implantacin bastante generalizada de los sistemas polticos democrticos, la libertad de expresin y la pluralidad de la sociedad actual, desde muy diferentes puntos de vista, que conviven gracias a las mltiples relaciones que permiten los modernos medios de comunicacin. Los gneros retricos clsicos, que nunca se dejaron de usar absolutamente, se recuperan y se actualizan de acuerdo a las circunstancias de las nuevas tecnologas, pero, se puede afirmar, que siguen siendo vlidos y mantienen su concepcin primitiva en lo esencial. El trmino retrica que designaba una tcnica comunicativa y el modo de ponerla en prctica de forma persuasiva, apropiada, elegante y adornada, degener en algo falso, redundante, hueco, pomposo, como sugestin engaosa o artificio literario. No es raro or con sentido despectivo expresiones como es un retrico o no me vengas con retricas, referidas a la falta de sinceridad, a lo insustancial, a lo vaco o a lo rebuscado y artificial. Pero, es la primera acepcin del trmino la que se recupera como conjunto de tcnicas y normas para pensar bien, hablar bien y expresarse correctamente con una clara intencin de influir en los receptores de acuerdo a los diferentes gneros del discurso. Sus definiciones no han cambiado, s su forma de manifestarse y comunicarse, especialmente a travs de las posibilidades que ofrece el mundo de Internet, revolucin actual comparable a la que supuso la aparicin de la imprenta por la permanencia del texto escrito y su amplitud divulgativa. La nueva retrica se rehabilita como retrica de la argumentacin y como retrica de la ornamentacin. Es el Tratado de la Argumentacin de Perelman y Olbrechts-Tyteca (1994) el libro ms importante en esta recuperacin como nueva retrica o teora de la argumentacin. La base de esta actualizacin est en la relacin de la retrica con la filosofa. Para ello retoma la distincin aristotlica entre lgica como ciencia de la demostracin y dialctica y retrica como ciencias de lo probable, es decir, de la argumentacin. La retrica forma parte, por tanto, de la filosofa, ya que sta no contiene demostraciones sino argumentaciones; la diferencia entre filosofa y retrica es slo de grado: mientras que la argumentacin retrica va siempre dirigida a un auditorio concreto y particular, al que pretende persuadir, la argumentacin filosfica se dirige a un auditorio ideal y universal, al que intenta convencer. Persuadir y convencer son, pues, las dos finalidades de la argumentacin en general que corresponden, respectivamente, a la retrica y a la filosofa. Mientras la persuasin connota la consecucin de un resultado prctico, la adopcin de una actitud determinada o su puesta en prctica en la accin, el convencimiento no trasciende la esfera mental (Perelman y Olbrechts-Tyteca, 1994: 15-16). En cuanto a la rehabilitacin como teora de la ornamentacin es fundamental el libro del Grupo Rhtorique gnrale, del ao 1982, porque la retrica, definida como una actualizacin de los medios de expresin, tena que sacar provecho del estudio de los procedimientos lingsticos destinados a embellecer dichos medios de expresin (1987: 18-21). Otros manuales de retrica, como el realizado por Lausberg en la dcada de los 60, se limitan a investigar la tradicin clsica y a recuperarla, realizando un trabajo muy valioso. Pero, tanto el rescate de la retrica argumentativa, como el de la retrica ornamental de base estructuralista, como la actualizacin de la retrica clsica, siendo muy vlidos, resultan incompletos a la luz de las disciplinas dedicadas al estudio del texto en el siglo XX, en opinin de Garca Berrio (1989: 140 ss.). Por eso la propuesta ms completa de la rehabilitacin de la retrica en el siglo XX es, precisamente, la planteada por Garca Berrio como Retrica general situada en el centro de las disciplinas del discurso, en la que se recupere adecuadamente todo el pensamiento histrico (Garca Berrio, 1989: 141) y se desarrolle dentro de la expresividad textual del lenguaje, integrando en ella todas las posibilidades del discurso moderno y las actuales ciencias que se ocupan de su produccin y comunicacin. Quiz el grado de mayor atractivo en las expectativas de actualizacin cientfica de la Retrica lo ofrece la posible reinstauracin de esta disciplina como tcnica de la expresividad persuasiva (Garca Berrio, 1989: 158). Sobre esta propuesta opina el Profesor Albaladejo lo siguiente: La Retrica general textual es la ms slida y coherente va de utilizacin del sistema retrico, puesto que permite la activacin de ste en todas sus secciones, incluidas las que, como casillas vacas, haban quedado desconectadas en algn momento de la evolucin de la Retrica. Considero necesario expresar que esta Retrica general de carcter textual no consiste solamente en la reactivacin e interpretacin de la Rhetorica recepta, sino que tambin supone una ampliacin del instrumental terico con las contribuciones retricas producidas desde los actuales planteamientos textuales, con la consiguiente extensin del instrumental terico. La Retrica general contribuye, pues, decisivamente a la formacin del sistema retrico (1991:39-40). Desde una perspectiva pragmtica, Garca Berrio aboga por un acuerdo de intereses interdisciplinares, por un compromiso en el que confluyan especialmente la Dialctica, la Lgica, la Teora de la comunicacin, la Lingstica y la Teora de la Literatura (Hernndez Guerrero, 1991: 22). De los gneros retricos actuales, el llamado gnero argumentativo de modo general, incluye lo que se entiende hoy da como ensayo y prosa doctrinal, donde se encuentran tipos de textos en los que hay especies literarias y no literarias. La funcin de estos textos consiste en informar al receptor de algo, intentar que modifique su forma de pensar o que acte de una manera determinada. Este gnero argumentativo incluye muy variados gneros subordinados, como el ensayo propiamente considerado, la oratoria, la historia, el dilogo, la epstola, las memorias o la biografa. En todo caso no resulta fundamental resolver el problema de los lmites entre lo literario y lo no literario. La solucin a estas vacilaciones viene expresada por una gradatoria de literaridad, que si de una parte aproxima este gnero de escritos a la depuracin estilstica de la prosa de arte, resiente en ellos la ausencia de los complementos imaginarios de construccin ficcional y de representacin lrica del mundo (Garca Berrio y Hernndez, 1994: 158). Con independencia de su nivel de conexin con el texto literario, no siempre, por el hecho de ser discursos argumentativos, se pueden considerar retricos si les falta la intencin de persuadir o de convencer, es decir, de influir, en mayor o menor medida, en la opinin o actitud de los receptores. El ensayo, por ejemplo, es bsicamente una comunicacin reflexiva que no suele concluir, no necesariamente vinculada a la persuasin, pero tampoco ajena a ella por definicin. Depende de lo que el ensayista pretenda. El ensayo moderno es en realidad la forma terminal de una serie de manifestaciones que vienen desde los dilogos clsicos y que se han denominado habitualmente en su conjunto prosa doctrinal. La caracterstica de ser manifestacin de una verdad no absoluta y objetiva, sino slo relativa a la opinin del autor, que define el gnero del ensayo moderno desde Montaigne y F. Bacon, le comunica una cierta proximidad al modo peculiar de las verdades en literatura, que son tambin en buena medida generalizaciones del punto de vista individual de un autor. Frente a la historia o al tratado cientfico, que aspiran a comunicar la certeza de verdades objetivas, el inters del ensayo es que no oculta la parcialidad del punto de vista, manifestado en trminos de opinin. El ensayo comunica, por tanto, la visin parcial de un solo individuo sobre alguna verdad de debate general, con lo cual, lo que nos interesa en realidad es el perfil de esa personalidad individual definindose en el contraste de la cuestin debatida (Garca Berrio y Hernndez, 1994: 159). Resulta, pues, fundamental, el punto de vista del que formula la argumentacin. En realidad, el dilogo y la prosa doctrinal son los antecedentes clsicos del ensayo moderno. La estructura dialogada del ensayo es una convencin para representar la voluntad literaria de ese gnero de discurso. Es como una obra dramtica sin accin. El gran descubrimiento de Montaigne es la relatividad inevitable de la opinin individual producida en el seno de una sociedad plural, culta y numerosa. Bajo esas condiciones, el dilogo como forma literaria de opinin relativista frente a la movilidad del absoluto cientfico, cede definitivamente su lugar al ensayo. Como explica el Profesor Garca Berrio, la conceptuosidad barroca en la oratoria y en la prosa didctica y doctrinal, productora de una inmensa proliferacin de glosas y de antologas, de dichos y refranes, es otra de las grandes palancas que hacen bascular la forma autoritaria del tratado escrito u oratorio, hacia la forma relativista del ensayo moderno (1994: 161). Tambin se consideran escritos de tipo argumentativo o gnero argumentativo, las memorias, confidencias ntimas o a la exposicin autobiogrfica de los autores. La epstola era el gnero literario clsico que deja muestras tan famosas como las de Horacio y Ovidio en la clasicidad, o las de Garcilaso y Boscn en el renacimiento (Garca Berrio y Hernndez, 1994: 161). Los autores de epstolas literarias son conscientes siempre de la perpetuacin y de la condicin diferidamente pblica de sus escritos. Esto se traduce automticamente en una serie de cautelas formales y de contenido, que permiten diferenciar estos epistolarios ejemplares, de condicin e intenciones marcadamente literarias, de la carta perecedera con fines exclusivamente prcticos y concretos. Las epstolas modernas ofrecen diversas manifestaciones subjetivas y sugerentes. Subjetivismo que conecta con los gneros de las memorias y de la autobiografa. Participan estas obras literarias de esa misma modulacin personal y relativista, opuesta a la objetividad de la historia cientfica. La autobiografa y las memorias son narraciones no ficcionales; pero con mucha frecuencia utilizan todos los dems recursos propios de la narracin novelesca o se aproximan al tono sentimental de la novela lrica y sicolgica (Garca Berrio y Hernndez, 1994: 163). Todos estos textos pueden o no tener matices retricos, segn la intencin del emisor. Las variedades argumentativas tpicas de la persuasin son las propias de la oratoria eclesistica y civil como modalidad tradicional, y el periodismo literario como prolongacin moderna de la persuasin retrica. Pocas dudas hay sobre la condicin literaria de la oratoria, cuando la misma literatura clsica, encontr en la teora retrica el cuerpo doctrinal sobre el estilo y la constitucin expresiva del discurso. La retrica clsica, arte de la expresividad, canoniz y estructur los principios del arte literario, el cual, conscientemente al menos, no entendi nunca diferenciarse de la argumentacin retrica, ms que por la modalidad ficcional y verosmil de la mmesis. [...] En la actualidad la permeabilidad literaria a los fenmenos de propagacin de la oratoria poltica y, sobre todo, de los mass media es bien conocida y estudiada. Se habla de la retrica fascista como estilo perfectamente identificable; pero no lo es en mayor grado que la comunista o la liberal. No hay retrica conservadora y antirretrica progresista como comnmente se piensa, sino retrica de derechas y retrica de izquierdas, ambas igualmente tpicas y dominadas por exigencias de persuasin muy semejantes (Garca Berrio y Hernndez, 1994: 164-165). El periodismo es, en consecuencia, el mbito de comunicacin verbal que ha heredado en la sociedad moderna el papel fronterizo de la oratoria entre la lengua artstica y el uso prctico del lenguaje (Lzaro Carreter, 1977: 7-32). Con el poderoso predominio actual de la prensa entre los medios de comunicacin escrita, resulta artificial e insostenible en el caso de la mayora de los escritores, incluso de los ms grandes, separar la escritura periodstica de la propia y tradicionalmente literaria (Garca Berrio y Hernndez, 1994: 165). Por otra parte, si se difuminan las posibles fronteras entre la antigua retrica y la actual Teora de la Comunicacin (Lpez Eire, 2001: 3) hasta su desaparicin, es posible hablar hoy da de una nica disciplina que abarca tanto el estudio del lenguaje desde un punto de vista humanstico como el orientado hacia las ciencias sicosociales, de tal manera que se podra incluir, dentro del trmino retrica, todo el conocimiento y toda la investigacin en torno al proceso de la comunicacin humana. Y lo que tiene que ver con la comunicacin humana es mucho, o tal vez mejor dicho, es todo (Lpez Eire, 2001:3)

5. Desde el punto de vista retrico

Desde el punto de vista retrico, la publicidad ha sido entendida como un nuevo gnero retrico dentro del campo periodstico, un campo amplio de posible conviccin y persuasin. Gnero que plantea muchas dificultades a la vez que promete mayores adelantos, radicales incluso. Segn esta lnea de opinin, la publicidad se transforma en la novedad ms impactante a la que debe atender la retrica en todos sus siglos de existencia (Spang, 1984: 106-1189). Ahora bien, decimos que se trata de una lnea de opinin, pero no hasta la fecha, de una lnea de investigacin que plantee principios originales a la medida de la misma proposicin inicial que defiende: el carcter completamente nuevo del gnero. De hecho, los mismos investigadores que plantean la novedad buscan de inmediato un asidero en la propia retrica. La publicidad se considera, entonces, como un gnero retrico que queda adscrito a uno de los gneros tradicionales, el demostrativo, en la media en que desempea la funcin de elogiar el producto para venderlo (Gonzlez Bedoya, 1990: 54), con independencia de la decisin que tomen los receptores. Retrica de la publicidad significa por tanto para nosotros retrica del lenguaje publicitario, en cuanto es doctrina y enseanza de la persuasin a travs de la palabra (Spang, 1984: 107). Su diferencia esencial respecto a los gneros clsicos, incluso como considerada dentro del gnero demostrativo, es su respeto incondicional a la ley de economa lingstica. Las tcnicas retricas deben reducirse para producir un impacto inmediato y no prolongar con su lectura una posible distraccin sobre el objeto de atencin propuesto. Y, por supuesto, debe funcionar dentro de una tica que permita una publicidad honesta, respetuosa de la dignidad humana, sin trampas ni engaos que desfiguren el anuncio propuesto y conduzcan al receptor a una decisin errnea creyendo las falsas expectativas que le ofrece el producto que le venden. Adems, la publicidad es un fenmeno interdisciplinario en el que intervienen otros factores no retricos, aunque su finalidad persuasiva es esencial y en ese aspecto coincide plenamente con la finalidad retrica. No es igual la publicidad impresa, la radiofnica, la televisada o la cinematogrfica, pero, en todas ellas, hay un hueco esencial para el mecanismo de comunicacin retrica (Spang, 1984: 85 ss.) y las diferentes tcnicas retricas deben adecuarse a las distintas caractersticas de cada gnero pues, en cada uno de ellos, el marco concreto del discurso determina unas fases de elaboracin que afectan en variada forma a la materia retrica.El discurso retrico est, pues, estrechamente vinculado al periodstico en la medida en que comparten una organizacin anloga (Albaladejo Mayordomo, 1999, 2000; Ayala, 1985; Villanueva, 1995). Algunos crticos consideran que los gneros periodsticos en sus mltiples manifestaciones, junto con la publicidad, son los discursos retricos modernos que sobrepasan la antigua retrica, sin excluirla, ante las posibilidades de los actuales medios de comunicacin. Se trata siempre de llamar la atencin y de conseguir la adhesin. Y los procedimientos usados para llamar la atencin que pone en prctica el discurso retrico con una finalidad de persuadir o convencer, debern ser, al menos en parte, los mismos que articula la literatura con una finalidad esttica. He ah el territorio comn (Garrido Gallardo, 2004: 163-165) entre retrica, estrechamente vinculada al periodismo en nuestro siglo y literatura. En todos los casos se producen actos de poiesis textual, es decir, creaciones realizadas con el lenguaje (Ruiz de la Cierva, 2007). Es un hecho unnimemente admitido hoy da que los medios de comunicacin desarrollan un papel fundamental en la accin cultural porque no slo son canales de expresin de los escritores y de los artistas, y reflejo de las identidades colectivas, sino que, adems, sirven de puentes entre los agentes culturales, entre sus obras y entre los pblicos a las que se destinan. Pero, junto a esa labor de mediadores culturales, son en s mismos productos culturales acabados que ejercen un papel social imprescindible. En definitiva, la eficacia de la comunicacin del discurso periodstico respecto de su deseo de persuadir o convencer, depender de la capacidad del creador para establecer modelos de buena retrica dentro de la finalidad pragmtica perseguida por el periodismo y la publicidad en su intencin de influir sobre la opinin pblica y de su adecuacin a las posibilidades de la tcnica actual en la emisin de su mensaje, porque, si es importante tener algo que decir, es fundamental y definitivo saber decirlo adecuadamente, segn el gnero al que pertenezca el discurso (Ruiz de la Cierva, 2006: 90). As, los gneros periodsticos en general y, especialmente, los relacionados con el artculo de opinin, la crnica o la columna, en donde cabe una intervencin personal del escritor (excluyendo la simple informacin que debe estar despojada de cualquier tipo de connotacin ideolgica), y la publicidad, como comentaba anteriormente, son los textos retricos de hoy da no limitados a la exposicin exclusiva, inmediata y directa, dirigida a un pblico en una asamblea, en un parlamento o en un tribunal, sin trascendencia ms all del lugar de su pronunciacin presencial. En la oratoria tradicional, los oyentes o espectadores acuden para escuchar al orador, en la actualidad, es el orador el que, a travs de la electrnica se reparte e invade los espacios de los oyentes: le puede hablar en el saln de su casa, en el comedor, en el dormitorio e, incluso, en la cama (Hernndez Guerrero, 2006: 21). Tambin resulta imprescindible no olvidar el mundo digital como un nuevo modo de comunicacin que la retrica no puede dejar de tener en cuenta. La retrica como arte de hablar y de escribir con eficacia, atiende a todas las formas de exposicin discursiva, incluida la digital, a las que aplica su sistema histricamente configurado. No cambian los gneros, cambia la forma de comunicacin de los mismos y la extensin del auditorio, que ya no queda reducido al discurso odo por los presentes o recibido por los antiguos medios de comunicacin escritos, muy limitados respecto a los actuales. En el discurso digital el propio sistema retrico se transforma al desarrollar componentes y nociones, a partir del consolidado en la Rhetorica recepta, que son necesarios para el tratamiento de un tipo de discurso que es nuevo para la retrica [...] La retrica de la comunicacin digital tienen las partes artis u operaciones retricas de intellectio, inventio, dispositio, elocutio, memoria y actio o pronuntiatio, un potente y exhaustivo instrumental para el estudio y para la praxis de la comunicacin digital, tanto en la produccin como en la recepcin; pero tambin son desarrolladas nuevas nociones necesarias para explicar el discurso digital, como la de la multimedialidad retrica y la de la hipertextualidad retrica (Albaladejo Mayordomo, 2006: 26; 1994: 57; 2006a; 2006b). Especialmente es necesario destacar que la clasificacin de los gneros en cuanto a que el auditorio tuviera que tomar o no una decisin, como vimos al principio, queda totalmente alterada, sin cambiar por ello la clasificacin genrica inicial, por el hecho de que los discursos, a travs de los medios de comunicacin actuales, llegan a unos receptores muy variados y muy numerosos. La recepcin se ampla en el espacio y en el tiempo y un determinado discurso, por ejemplo, deliberativo, que se pronuncia para que se tome una decisin sobre una hecho presentado, no slo lo reciben aquellos que van a tomar la decisin que se les pide, sino que tambin va a llegar a un auditorio que lo recibe mediante la radio, la prensa, la televisin o Internet y al que no se le exige ninguna decisin. Es fundamental que el orador tenga esto muy presente en nuestra sociedad actual, en la que las comunicaciones permiten que cualquier discurso, del gnero que sea, llegue al conocimiento de los miembros de una sociedad plural, tanto desde el punto de vista cultural como ideolgico, social, econmico, moral, religioso o poltico]. De tal manera, un discurso deliberativo o judicial que solicita la intervencin del auditorio que lo percibe como tal, es recibido por otro auditorio no presente que lo recibe como demostrativo o con un matiz demostrativo, porque no tiene que intervenir en la decisin propuesta por el discurso. Esta mezcla genrica de matices entre la clasificacin tradicional de los gneros basados en la intervencin o no del auditorio, debe acomodarse a las transformaciones producidas en la recepcin plural producto de los actuales medios tecnolgicos ya aludidos (televisin, radio, prensa e Internet) en la comunicacin extendida ampliamente en el espacio y en el tiempo de la recepcin (Albaladejo, 1997: 13-14). En este sentido es fundamental la distincin que realiza el Profesor Albaladejo entre gnero oratorio o retrico y componente genrico, explicacin que ya observa insinuada en sus mltiples y profundos estudios sobre Quintiliano en cuanto a su concepcin del discurso retrico como una idea global en la que los elementos de los diferentes gneros se relacionan entre s, pudiendo formar parte de un mismo discurso: Em cada discurso retrico concreto podem-se encontrar componentes dos diferentes gneros, normalmente um deles ser a componente dominante e far com que o discurso pertena ao gnero a que corresponde a dita componente. Um discurso que tenha componentes de gneros prprios do gnero deliberativo, do gnero judicial e do gnero demonstrativo pertencer ao gnero cuja componente seja predominante (Albaladejo, 2002: 211). Cada discurso pertenece, pues, a uno de los tres gneros clsicos tal como ha quedado explicado y, adems, tiene un componente genrico que le es propio a cada gnero en concreto y que no le puede faltar para ser considerado del gnero elegido. Pero, adems, en funcin del orador, del auditorio destinatario del discurso, del nivel de lenguaje que se use en su expresin y del medio a travs del cual se comunique, el componente genrico especfico de un determinado gnero puede unirse al de otro gnero, que no le corresponde por necesidad. De tal manera que a cada gnero se aade uno o varios componentes genricos de otros gneros que le permiten, sin perder su definicin genrica original, una concepcin del gnero ms amplia y menos rgida, en la que tienen cabida variaciones de recepcin diferentes y ms extensas de las exclusivamente propias del gnero de que se trate. La distincin entre gnero oratorio y componente genrico supone que en los discursos polticos deliberativos, tanto parlamentarios como electorales, hay un componente central, un componente dominante, que es el componente genrico deliberativo, pero tambin puede haber un componente genrico epidctico. El componente deliberativo est relacionado con la persuasin y con la adopcin de decisiones, mientras que el componente epidctico lo est con la conviccin. Por otro lado, la susodicha distincin supone que en los discursos polticos epidcticos hay, a su vez, un componente genrico epidctico como componente central o dominante y puede haber un componente genrico deliberativo, relacionado aqul con la conviccin y ste con la persuasin ((1997: 18-19). Del mismo modo el gnero judicial debe tener su componente genrico propio y puede tener tambin, sumado a l, otro de un gnero distinto en los discursos judiciales que son recibidos por auditorios sin capacidad para decidir sobre la cuestin que se plantea emitir una sentencia. Estas interferencias de componentes genricos entre unos gneros y otros es un hecho muy comn en la sociedad actual por los diferentes y mltiples medios y modos de comunicacin de los discursos a travs de las tecnologas del siglo XXI.La retrica se presenta, pues, como una ciencia del discurso con una tradicin y una actualidad no slo perfectamente compatibles, sino totalmente integradas. El planteamiento de estos retos responde, ante todo, a la idea de que la retrica, lejos de constituir una disciplina cerrada, busca constantemente respuestas a la problemtica de un complejo objeto de estudio al que accede por medio de la reactivacin, renovacin, adaptacin y ampliacin de su sistema (Albaladejo, 1994: 60). Interesa ahora aclarar el concepto del trmino retrica y su relacin con el uso de la palabra oratoria, porque se habla indistintamente de gneros retricos o de gneros oratorios para referirse a los mismos gneros del discurso. Se podra decir que la retrica es el conjunto de reglas que el emisor pone en prctica para la creacin de su discurso oratorio. La retrica es el arte o tcnica de hablar bien y se asocia, por tanto, a la oralidad. La relacin entre retrica y oralidad se hace patente en la expresin latina y espaola oratoria. Sin embargo, las inicialmente equivalentes expresiones retrica y oratoria presentan una divergencia en la medida en que el trmino retrica se ha ido especializando para la configuracin terica de la tcnica del discurso lingstico persuasivo y oratoria se ha concretado en la prctica comunicativa oral propia de esa tcnica, si bien se trata de una divergencia que no es absoluta, pues pueden encontrarse empleos de retrica y de oratoria como sinnimos. La divergencia entre retrica y oratoria tiene sus implicaciones en la asociacin con la oralidad. Mientras que el sustantivo oratoria mantiene en exclusividad su relacin con lo oral, el sustantivo retrica, que no pierde dicha vinculacin, adquiere tambin relacin con la escritura. Puede hablarse, consiguientemente, de retrica de los textos periodsticos escritos o de retrica de los textos legales, as como de retrica parlamentaria o de retrica acadmica, por ejemplo, pero no puede hablarse de oratoria de los textos periodsticos escritos ni de oratoria de los textos legales y s, en cambio, de oratoria parlamentaria o acadmica. Retrica se presenta as como un trmino ms amplio que oratoria (Albaladejo Mayordomo 1999b: 7-8). En consecuencia, la retrica implica tambin la posibilidad de texto escrito por lo que se refiere a la estructuracin completa del discurso y de sus gneros, tanto en su comunicacin oral como en su comunicacin escrita, aunque las normas o tcnicas siempre se escriben para su utilizacin en la elaboracin del discurso que se pretenda crear. Por otra parte, hay que considerar que el uso del trmino oratoria no puede aplicarse simplemente al hecho de hablar. Todo el mundo habla, pero no es orador cualquier persona que habla por el hecho de comunicarse oralmente. Los analfabetos hablan sin saber escribir y no podran ser nunca oradores. Esto lo explica el Profesor Albaladejo con el concepto de oralidad secundaria (1999b: 8): La oralidad de la retrica no es, en general, oralidad primaria, es decir, oralidad de una cultura desconocedora de la escritura, sino oralidad secundaria, esto es, oralidad que se da en una cultura con conocimiento de la escritura[. Incluso se puede afirmar que no todo el mundo puede ser un gran orador por mucho que se esfuerce en comunicar su discurso con eficacia. Se necesitan unas cualidades comunicativas especiales para la prctica oratoria que, de algn modo, se acercan a la poesa (Del Ro Sanz y Fernndez Lpez, 2000). Es decir, que el simple uso de las tcnicas retricas o literarias no garantiza la conexin espiritual, afectiva y emotiva con el auditorio en el primer caso, ni el valor de poeticidad en el segundo. Y, adems de las palabras, en la comunicacin oral, la presencia fsica del orador y su aspecto pueden influir decisivamente en su xito receptivo. Sin embargo, cualquiera puede realizar un texto retrico de comunicacin escrita o un texto literario de creacin esttica, de ms o menos valor y con mayor o menor esfuerzo, segn sus cualidades naturales para ello. La voz y los gestos deben adecuarse perfectamente entre s y con el destinatario, siendo decisiva tal coordinacin para la consecucin de la finalidad que el orador pretende, pues as culmina la compleja estrategia retrica articulada en todo el proceso de construccin y comunicacin del discurso retrico oral y, como norma general, se puede afirmar que, tanto un tono de voz convincente como una expresin gestual agradable, pueden compensar algunas deficiencias de otro tipo e incluso realizar milagros en la comunicacin (Ruiz de la Cierva, 2004: 168), ya se trate de un discurso del gnero deliberativo, judicial o demostrativo, expuesto a travs de cualquiera de los medios disponibles en nuestra cultura actual. Para finalizar quiero recordar que la vieja virtud que nuestros clsicos llamaban aptum o decorum, sigue de plena actualidad. Era la base fundamental de la esttica y de la retrica desde sus orgenes y consiste en lo que es conveniente y adecuado, es decir, en la perfecta armona del contenido con la forma de expresarlo, hablado o escrito, atendiendo al auditorio que lo va a recibir, al fin que se pretende con la exposicin segn el gnero de que se trate, al oportuno registro de lenguaje, al canal de transmisin y al contexto de su recepcin. En definitiva, a la completa coherencia de todos los elementos textuales y extratextuales que deben tenerse en cuenta para la realizacin y eficacia comunicativa del discurso. La adecuacin es la cualidad primordial y esencial que impregna, o debe impregnar, el interior del discurso, sus entraas, y ha de proyectase igualmente en su dimensin externa. En el primer caso, se la puede considerar como la piedra de toque, mediante la cual se valoran todos los elementos que se van integrando en la construccin de un texto: cada uno de ellos ha de resultar apropiado y su posicin, justificada. En el segundo, los factores que el orador ha de considerar abarcan las grandes cuestiones sobre las que se fundamenta todo el proceso, es decir, atiende a una correcta relacin entre el discurso y su realidad extra-lingstica. Por ltimo, esta cualidad atae tambin a la dimensin tica: en ella se valora el compromiso del orador con lo expuesto y su vinculacin con la verdad. Lo apto exige, en este nivel, la coherencia del orador y su credibilidad porque la audiencia requiere una correspondencia entre expresiones y acciones (lo dicho y lo hecho), as como la mxima aproximacin entre palabras, pronunciadas o escritas, y realidad.

6. Scrates menospreciaba a los rcores

Segn cuentan los grandes maestros de historia de la filosofa, el primer filsofo que busc la verdad a toda costa fue Scrates. l vivi en una poca llena de poltica y mentiras, de personas que convencan de una cosa, la volteaban, y te podan convencer, aun si esto contradeca lo contrario. Por si fuera poco, estas personas enseaban y, adems, cobraban por sus enseanzas; fueron los primeros en hacerlo. Dichas personas eran los rtores, los maestros del discurso, de las palabras al aire. La retrica es considerada como el arte de hablar bien, de convencer. Convencen de lo que sea, incluso si eso los contradice. Pues bien, de entre todos ellos slo Scrates crea que lo que hacan estaba mal, puesto que no haba argumentacin slida, y durante su vida tuvo la ardua tarea de ensear a los jvenes a no dejarse llevar por los discursos fantasiosos que elaboraban los oradores.Para esto, se vala de una tcnica consistente en preguntas y respuestas. Le llamaba mayutica, derivado de "partera", en griego. Deca que l era como la partera, porque daba a luz la verdad que estaba oculta en uno mismo.Su premio: una condena de suicidio con cicuta. El consejo determin que era una amenaza para la sociedad, que perverta a los jvenes y que enseaba la devocin a un solo Dios, amenazando al politesmo. Sus enseanzas fueron recogidas por Platn, uno de sus discpulos, y gracias a l las tenemos hasta el da de hoy.

7. BIBLIOGRFIA

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8. ANEXO

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