La Crisis de Identidad y Carismatización Del Adventismo de Douglas Reis

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La crisis de identidad y carismatización del adventismo

Douglas ReisInstituto Adventista Paranaense

Brasil

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LA CRISIS DE IDENTIDAD Y CARISMATIZACIÓN DEL ADVENTISMO

Introducción

Desde comienzos de la década de 1960, existe una intensificación en las discusiones sobre la liturgia ad-ventista.1 En detrimento de otros factores considerados, la atención se centra principalmente en el género musi-cal empleado y en el estilo de adoración en sí. En gran parte, la influencia de otras denominaciones cristianas, especialmente las carismáticas, ha demostrado ser crucial para el surgimiento de nuevas propuestas de adoración en el adventismo.

La discusión afecta la columna vertebral del men-saje profético adventista: que invita al universo a adorar frente al inminente juicio escatológico (Apo 14: 7), lo que implica que la adoración es central en el gran conflicto desarrollado entre las fuerzas de Cristo y de su enemigo (cf. Isa 14:13-14, Apo 13:4,8). Por lo tanto, desde una pers-pectiva teológica de la identidad, el adventismo entien-de que su existencia obedece a un llamado divino, que advierte y extiende la invitación a la adoración genuina. Por lo tanto, para cumplir su propósito misionero, es ne-

1C. Raymond Holmes, Sing a New Song: Worship Renewal for Adventist Today (Berrien Springs, MI: Andrews University Press, 1984), 3.

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cesario que el movimiento adventista evalúe la influencia de las denominaciones cristianas carismáticas en su ado-ración.

Este artículo tiene como objetivo analizar la relación entre dos objetos: la identidad adventista y el proceso de carismatización. Para ello, se dividió el tema en dos sec-ciones principales: la primera busca definir brevemente la identidad adventista, lista las evidencias de la presente crisis de identidad que vive, y presenta el análisis del teó-logo adventista Fernando Canale, quien ha escrito sobre la problemática abordada. La segunda, se centra en el proceso de carismatización, con el objetivo de definirlo, delinear su modus operandi y exponer sus efectos sobre la liturgia y el pensamiento adventista. Finalmente se pre-senta el resumen y las conclusiones.

La identidad adventista

El espacio no permite presentar en detalle el sur-gimiento, desarrollo y consolidación del pensamiento adventista. Por lo tanto, aquí se presenta una breve des-cripción de las influencias que originaron el pensamiento adventista, para luego centrarse en las partes esenciales.

Aspectos generales de la identidad adventista

En su origen, el movimiento adventista representó una “compleja influencia de restauracionismo, revivalis-mo, milenarismo, carismatismo y otros impulsos”.2 Pau-

2Arthur Patrick, “Contextualising Recent Tensions in Seventh-Day Adventism: ‘A Constant Process of Struggle and Rebirth’?”, Journal of Religious History 34:3 (Setiembre, 2010) 276.

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lien señala que los “pioneros adventistas eran individuos rigurosos que buscaban las Escrituras con intensidad y meticulosidad”. Sin embargo, a pesar de la intensidad con que se discutía el movimiento no se fragmentó, en parte debido al papel profético de Elena G. de White.3

El adventismo es un movimiento cristiano de sin-gularidad profética, no solo porque históricamente se ha interesado en el estudio de los libros de Daniel y Apoca-lipsis, sino debido a la convicción que tiene sobre su vo-cación divina, conferida mediante un llamado profético. El movimiento surgió como producto del cumplimiento de las profecías y con el propósito de ser usado por Dios para dar testimonio al mundo sobre el plan de salvación presente en la Biblia y detallado en las profecías.4 Así el adventismo encontraría la justificación de su existencia en “vivir y presentar su proyecto teológico alternativo, basado en la Biblia a todo el mundo”.5 Hay una clara identificación del movimiento adventista con el rema-nente de Apocalipsis 12, una entidad visible formada por personas con un mensaje mundial.6

3Jon Paulien, El evangelio eterno en un mundo cambiante: cómo presentar a Cristo a una generación escéptica (Doral, Florida: Asociación Publicadora Interamericana, 2011), 46.

4Richard P. Lehmann, “O remanescente no apocalipse,” en Teologia do remanescente: uma perspectiva eclesiológica adventista, ed. Ángel Manuel Rodriguez (Tatuí, SP: Casa Publicadora Brasileira, 2012), 109.

5Fernando Canale, “Completando la teología adventista: el proyecto teológico adventista y su impacto en la iglesia – Parte II”, DavarLogos 6:2 (2007) 135.

6Ronald D. Bisell, “Reflections on the SDA Church as the Eschatological Remnant Church”, Asia Adventist Seminary Studies 4 (2001) 74.

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Es crucial para el corazón del adventismo la doctri-na del gran conflicto cósmico, que abarca la lucha entre Cristo y Satanás. Este “conflicto cósmico es el trasfondo sobre el cual se desarrolla el plan para salvar al hombre”,7 ya que la salvación “es más que salvación personal”, pues implica la restauración del hombre y de la misma creación.8 Desde una perspectiva profética, es interesante observar que la estructura quiástica de Apocalipsis 14-15 determina la centralidad del versículo 14:12, que se cen-tra en el tema del gran conflicto.9 Al sustituir la doctrina protestante de la justificación por la fe con la del gran conflicto como centro teológico, el movimiento adven-tista quita la atención en la experiencia personal, para buscar un entendimiento más amplio, sobre un Dios que actúa en la historia humana.

Estrechamente vinculada a la comprensión del gran conflicto está la doctrina del santuario, lugar de culto de los seres celestiales, en el cual comenzó la rebelión (Isa 14:12-14; Eze 28:12-15). El santuario terrenal era solo un modelo del verdadero santuario (Heb 8: 1-2, 5-6; 9:11, 23-25 ), que exponía una tipología respecto a la realidad del pecado, la necesidad de un salvador-sustituto, tam-bién las complejidades del juicio y la redención final. Es

7Norman R. Gulley, Systematic Theology (Berrien Springs, MI: Andrews University Press, 2003), 433.

8Norman R. Gulley, “The Cosmic Controversy: World View for Theology and Life”, Journal of Adventista Theological Society 7:2 (1996) 90.

9George. E. Rice, “Thematic Struture of the Book of Revelation”, en “For You Have Strengthened Me”: Biblical and Theological Studies in Honor of Gerhard Pfandl in Celebration of His Sixty-Fifth Birthday, eds. Martin Pröbstle, Gerald A. Klingbeil y Martin G. Klingbeil (St. Peter am Hart, Austria: Seminar Schloss Bogenhofen, 2007), 210.

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a través del juicio, que tiene lugar en el santuario, que Jesús completa su trabajo y toma el reino, que dará a los santos (Dan 7:9-10, 26-27, Heb 9:27-28, Apo 20:4). En el corazón del adventismo, todavía está Apocalipsis 14:1-7, pasaje que invita a adorar al único Dios verdadero, en un contexto de juicio escatológico.10

Sin lugar a dudas, el triple mensaje angélico de Apo-calipsis 14 sirvió como estímulo al adventismo, dándole un sentido de urgencia, además de ayudar en la integra-ción de las doctrinas del movimiento naciente.11 El propio contexto de Apocalipsis 12-14 caracteriza al remanente como una entidad fiel a las Escrituras, capaz de experi-mentar la victoria “a través de la presencia de Jesús en cada fibra de su ser”.12 Apocalipsis 14:6 dice que el men-saje debe ser predicado “a los moradores de la tierra”, término técnico en el libro para designar a los “infieles y enemigos de Dios”.13 El texto que mejor define la iden-tidad del remanente de los últimos días es Apocalipsis 14:12 “guardan los mandamientos de Dios”, se refiere a la observancia de un contenido normativo cuyo origen

10Daniel Plenc, “Cultos evangelizadores y contextualización cultural”, en Misión y contextualización: llevar el mensaje bíblico a un mundo multicultural, ed. Gerald A. Klingbeil (San Martín: Editorial Universidad Adventista del Plata, 2004), 340.

11Para una exposición más completa, véase: Alberto R. Timm, O Santuário e as três mensagens angélicas: fatores integrativos no desenvolvimento das doutrinas adventistas, 5ta ed. (Engenheiro Coelho, São Paulo: Unaspress, 2009).

12Lehmann, “O remanescente no apocalipse”, 90–91.

13Larry L. Lichtenwalter, “Worldview Transformation and Mission: Narrative, Theology, and Ritual in John’s Apocalypse”, Journal of Adventista Theological Society 21:1 (2010) 215–16.

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se remonta al mismo Señor Jesús.14 De hecho, se puede decir que la visión que el remanente tiene del mundo se reconstruye desde una perspectiva opuesta a la de “los moradores de la tierra”:

Por lo tanto, el “testimonio de Jesús” reinven-ta el mundo actual, manteniendo la soberanía del propósito, acción e invitación de Dios, a través de la revelación del Cordero victorioso (5:1-10). Al hacerlo, construye una visión del mundo - una cosmovisión. Ella presenta la vi-sión de un mundo nuevo.15

Analizada desde una perspectiva bíblica-profética, el adventismo es un movimiento victorioso, una cosmo-visión completa y llena de significado. Al explorar sus implicancias, el estudiante de la Biblia encontrará satis-facción intelectual y motivación para servir a Dios con todo su corazón.

Crisis de identidad en el Movimiento Adventista

La pérdida del sentido religioso, conocido común-mente como secularización, se expande rápidamente por occidente,16 paradójicamente coexiste con la revita-

14Lehmann, “O remanescente no apocalipse”, 100.

15Lichtenwalter, “Worldview Transformation and Mission”, 219.

16Paulien habla del fenómeno asociado con los medios de comunicación como “la televisión, las películas, la música y la internet”, que fomentan “ideas y prácticas occidentales” en prácticamente todo el mundo. Véase, Paulien, El evangelio eterno en un mundo cambiante, 7. Para Blamires, la iglesia Cristiana es responsable en parte, por el estado de secularización

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lización de los movimientos religiosos tradicionales.17 Timm hace notar que las denominaciones cristianas “de tiempo en tiempo se inclinan a sustituir las enseñanzas de la Biblia por los componentes no bíblicos de la cultura contemporánea”.18 Los partidarios del adventismo no son una excepción: “El adventismo se seculariza al adaptar su forma de pensar y conducta a las normas del mundo, un mundo que está más lejos del Dios de la Biblia, que el mundo del siglo XIX de los pioneros adventistas”.19 Cuando la experiencia personal es “elevada al mismo nivel de las Escrituras”, respecto a su validez como cri-terio para nuestro actuar en el mundo, se crea “un cierto tipo de lealtad dividida”.20 Estudios recientes, indican que entre los adventistas, es exactamente eso lo que está

verificable en la sociedad: “Pues una característica de la condición corrompida de la sociedad moderna, es la segmentación de las facultades humanas —las físicas, emocionales, intelectuales y espirituales— en categorías distintas, exploradas separadamente. El ser humano se encuentra desmembrado. […] Como la iglesia nutre al cristiano esquizofrénico, la propia iglesia contribuye al proceso de desmembramiento, aun cuando es su jurisdicción confrontar ese desmembramiento y actuar contra él”. Harris Blamires, A mente cristã: Como um cristão deve pensar? (São Paulo, SP: Shedd Publicações, 2006), 82–83.

17“Yo diría que esa interacción de fuerzas secularizantes y contra-secularizantes, es uno de los temas más importantes para una sociología de la religión contemporánea […]”. Peter Berger, “A dessecularização do mundo: uma visão global”, Religião e Sociedade 21:1 (2000) 14.

18Alberto R. Timm, “Scripture and Experience”, Adventist Biblical Research, Abril del 2009, bajo “Scripture and Experience”, https://adventistbiblicalresearch.org/sites/default/files/pdf/Scripture%20and%20Experience.pdf (consultado: 23 de agosto, 2014).

19Fernando Canale, ¿Adventismo secular? cómo entender la relación entre estilo de vida y salvación (Lima: Editorial Universidad Peruana Unión, 2012), 25.

20Timm, “Scripture and Experience”, 2.

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ocurriendo, especialmente entre los adultos jóvenes que son parte del movimiento.

El estudio titulado Value Genesis encontró una mayor divergencia entre los miembros del movimiento adventis-ta, en relación al entendimiento oficial de la denominación sobre cuestiones relacionadas con la cultura popular.21 Un segundo estudio para destacar, es el denominado Twenty-first century seventh-day adventista connection study,22 el cual partiendo de cinco proyectos integrados, presenta los re-sultados de entrevistas y cuestionarios a 1153 adventistas en todo el mundo. Debido a ello se puede considerar a este estudio como el más completo de su tipo, promovido entre los adventistas del séptimo día. Entre las áreas que presen-tan un mayor rechazo están precisamente, las que figuran como las más distintivas entre los adventistas, algunas de ellas: el estilo de vida, el matrimonio entre hombre y mu-jer, el santuario del Antiguo Testamento como sombra del santuario celestial, la creación en seis días en un pasado re-ciente, el don de profecía en Ellen G. White, el juicio previo al advenimiento, la creencia de que somos el remanente de la profecía, etc.23

Como bien dice un historiador, la vida y el ministe-rio de Ellen G. White asociado con la doctrina de la obra

21“Value Genesis: A Study of the Influence of Family, Church and School on the Faith, Values and Commitment of Adventist Youth” (S/L: North American Division, 1990).

22Douglas Jacobs et al., “Twenty-First Century Seventh-Day Adventist Connection Study Research Report” (Robert H. Pierson Institute of Evangelism and World Missions, 2013), bajo “Century Seventh-Day Adventist Connection”, http://www.cye.org/assets/resources/icm/Research%20Data/Adventist%20Connection%20Survey%20Research%20Report.pdf (consultado: 23 de agosto, 2014).

23Ibíd., 30.

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de Cristo en el santuario celestial han constituido las ca-racterísticas más disputadas en la historia del movimien-to adventista. A ambas se pueden añadir otras creencias como “el historicismo como método de interpretación de la literatura bíblica apocalíptica, el papel profético del Antiguo Testamento, la enseñanza del Nuevo Testamen-to sobre dones espirituales, la doctrina de revelación/ins-piración, la primacía de la autoridad bíblica en el protes-tantismo, la identidad y misión adventista, entre otras”.24

Por lo tanto, parece claro que ambas encuestas, con más de una década de distancia entre ellas, evidencian una pérdida gradual y profunda de valores propios de la identidad adventista, especialmente en aquellos indivi-duos que inician la edad adulta.

Análisis de Fernando Canale de la crisis de identidad adventista

El teólogo adventista Fernando Canale ha escrito sobre aspectos de la crisis de identidad adventista. Se-gún el autor, a pesar de que los pioneros adventistas han creado un proyecto teológico fundado en una com-prensión bíblica, esta se encuentra “casi olvidada” por el adventista actual, que se encuentra influenciado por las presuposiciones de la teología evangélica contemporá-nea.25 Por principios o presuposiciones, debe entenderse, los elementos que integran la hermenéutica teológica. “Los principios o presuposiciones macro-hermenéuticas

24Patrick, “Contextualising Recent Tensions”, 279.

25Fernando Canale, “Completando la teología adventista I: la tarea teológica en la vida de la iglesia – Parte I”, DavarLogos 6:1 (2007) 56.

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se distinguen del resto de nuestras presuposiciones por su generalidad y universalidad”.26 Según Canale,27 cua-tro escuelas “dividen la teología adventista: evangélica, liberal-modernista, histórica y bíblica”. Por supuesto, el problema no se restringe a los adventistas, ya que toda la cristiandad, también “se encuentra en un proceso de secularización”.28 El autor sostiene que lo “que Pablo te-

26Fernando Canale, “Deconstrucción y teología: una propuesta metodológica”, DavarLogos 1:1 (2002) 10.

27Canale, “Completando la teología adventista I”, 50.

28Canale, ¿Adventismo Secular?, 32. Algunos incluso defienden la coexistencia de grupos con diferentes puntos de vista dentro del Adventismo. Este es el caso del teólogo Alden Thompson. Conocido por su controvertida posición sobre el fenómeno de la revelación-inspiración, Thompson sostiene que el movimiento Adventista requiere la contribución de liberales y conservadores. Véase, Alden Thompson, Beyond Common Ground: Why Liberals and Conservatives Need Each Other (Nampa, Idaho: Pacific Press, 2009). No se necesita una lectura atenta, para detectar fallas en el argumento presente en la obra de Thompson. Él supone que mientras los conservadores buscan tener la seguridad de que Dios está al control de la historia, los liberales están más preocupados por las evidencias (Ibíd, 10). La declaración parece ignorar que muchos de los más grandes teólogos adventistas, como Gerhard Hasel, Roy Gane, William Shea, Richard M. Davidson, por ejemplo, quienes tienen reconocimiento aun fuera del movimiento adventista, son sin lugar a dudas conservadores —y no por eso menos “preocupados en seguir las evidencias”. Además, Thompson sugiere que la lucha entre los extremos, fue experimentada por la iglesia apostólica, lo que sugiere que la mejor solución sería buscar una plataforma común (ibíd, 18). Sin embargo, esto no corresponde con la forma en que los apóstoles interactuaron con muchos de los falsos líderes que se oponían a ellos —las tensiones exigieron posturas firmes (cf. 1 Cor 5, 4-5, Gál 1: 6-7, 2: 3. 5, Tito 2:15), y aunque no se puede negar que había un estímulo para la reconciliación fraterna (cf. 2 Cor 2:5-11; Flp 4:2; 1 Tim 3:14, 15), el compromiso con la verdad, hizo que los apóstoles actuaran valientemente contra los que negaban o distorsionaban la verdad (cf. Hch 20:28-30; 2 Cor 10:1-2,10-13; 11:13-15, 2 Ped 2:1-3, 12-20; Juan 2:4, 18-19). Además de olvidar el espíritu combativo de los discípulos cuando se trataba de defender principios, Thompson busca refrendar su visión, sobre la necesidad de mantener pensamientos divididos con argumentos poco creíbles y verdaderos, como cuando intenta representar la tensión entre liberales y conservadores,

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mía y Cristo condenó, vino a dar forma a los principios hermenéuticos utilizados para construir el diseño clásico de la teología cristiana”.29

Tales “divisiones teológicas que actualmente ope-ran en la iglesia adventista y que no desaparecerán por inercia o pronunciamiento administrativo…, su existen-cia secularizará las mentes de las generaciones más jóve-nes, transformando al adventismo en una denominación evangélica posmoderna”.30

Canale describe la forma en la cual el proceso está conectado a la metodología de evangelismo actual. Con el fin de atraer a los jóvenes, “el ministerio evangélico y de alabanza se ha tornado posmoderno, ecuménico, cada vez más independiente de las Escrituras y más cercano a la Iglesia Católica Romana”.31 El proceso de seculariza-ción incluso sería deseable, ya que “algunos dirigentes

insinuando que se trata de una disputa similar a la de los apóstoles Pedro y Pablo (Ibíd, 19). El autor además busca reducir algunas cuestiones fundamentales de la fe adventista en nombre de la tolerancia: “Por ejemplo, nuestra declaración trinitaria actual contrasta con la posición no trinitaria asumida en la declaración de 1872 [presentación extraoficial escrita por Urías Smith]. ¿Deberíamos excluir a alguien de la iglesia que prefiere la posición no-trinitaria de Jaime White a nuestra posición trinitaria actual? Personalmente, yo no me opondría a ella si el creyente la mantuviese como una visión reservada. Pero si él o ella se convirtiera en beligerante y comenzase a atacar la actual posición de la iglesia sobre la Trinidad, esto sería inaceptable” (ibíd, 20). Declaraciones como esta, parecen sugerir que en busca de la armonía, tendríamos que renunciar a los logros teológicos del movimiento adventista, lo que constituye la base de su unidad en torno a la verdad.

29Canale, “Deconstrucción y teología”, 12.

30Fernando Canale, “The Emerging Church Part 2: Epistemology, Theology, and Ministry”, Journal of Adventista Theological Society 22:2 (2011) 99.

31Ibíd.

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[adventistas] argumentan que para cumplir la misión, la iglesia debe aceptar las enseñanzas de la evolución [materialismo ontológico] y abrazar el estilo de vida se-cular de la cultura contemporánea”.32 No sería extraño añadir que el compromiso con el secularismo alcanza al quehacer teológico, sirviendo como plataforma útil para promover el “pensamiento abierto” en lugar de un dog-matismo exclusivista.33

Por desgracia, un énfasis excesivo en actividades de naturaleza misional impidió el desarrollo del pensamien-to distintivamente adventista, creando un vacío teológico que rápidamente fue llenado por enseñanzas y prácticas de la tradición evangélica,34 lo que ciertamente inclu-ye “ideas y formas” litúrgicas, ya que “nadie ha hecho un examen profundo del tema” desde una perspectiva adventista.35 Actualmente, nos encontramos con “gene-raciones adventistas de adultos jóvenes, doctrinal y bí-blicamente analfabetos, que no advierten al adventismo

32Canale, ¿Adventismo Secular?, 57.

33Un trabajo que parece alinearse a esta tendencia es la siguiente: Fritz Guy, Thinking Theologically: Adventist Christianity and the Interpretation of Faith (Berrien Springs, MI: Andrews University Press, 1999). “La espiritualidad, creencia y práctica adventista no son el epítome de la perfección o el cristianismo, sino una actualización particular de ella —una que para mí, junto con muchas otras, son lo mejor de lo disponible, y que sigue siendo estimulante, desafiante y gratificante”. (Ibíd, 10, la cursiva es nuestra). Puede inferirse correctamente, que Guy no concibe a la teología adventista, como siendo el mensaje de Dios para este tiempo, sino como una construcción tan válida como las otras teologías pertenecientes a diferentes tradiciones cristianas.

34Canale, ¿Adventismo Secular?, 32.

35Daniel Plenc, “Hacia un criterio teológico para la adoración adventista: elementos para su evaluación litúrgica” (Tesis Doctoral, Universidad Adventista del Plata, 2002), 3.

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como movimiento, y mucho menos como el remanente del tiempo del fin.36 Contrariamente a esto, hoy tenemos lo que Canale llama de “nuevo legalismo” o “legalismo de la fe”,37 apoyado en una comprensión evangélica de la justificación por la fe, que entiende que se puede desco-nectar el estilo de vida de la experiencia de la salvación. Eso explicaría muchas de las divisiones, no solo teológi-cos, sino de nivel práctico, que implican el estilo de vida cristiano.38 ¿Cuáles serán las consecuencias?

Las “consecuencias no intencionales” de este cur-so de acción, están transformando el adventismo en una denominación genérica, secular y no bíblica. La aparición de una nueva generación adventista carismá-tica ecuménica está en curso. Aunque funcionalmente utilice las Escrituras, como un medio para recibir el Espíritu, esta generación no pensará ni actuará bíbli-camente.39

36Fernando Canale, “Think Biblically and Pastoral Ministry,” Adventist Biblical Research, Octubre de 2005, bajo “Canale Think Biblically”, https://adventistbiblicalresearch.org/sites/default/files/pdf/ThinkingBiblicallypastoralministry.pdf (consultado: 31 de agosto, 2014)

37Canale, ¿Adventismo Secular?, 14–15.

38“Como no hay manera absoluta para vivir, la diferencia de opiniones y estilos de vida entre las personas seculares es bastante grande”. Paulien, El evangelio eterno en un mundo cambiante, 34. Aunque Paulien se enfoca en características de la mente secular en general, también se esfuerza por hablar de cómo esto afecta a los adventistas: un adventista secular, por ejemplo, hace algunas cosas diferentes durante los sábados, pero no se preocupa mucho acerca de su forma de hablar y pocas veces busca conscientemente a Dios”. Ibíd, 31.

39Canale, “The Emerging Church Part 2”, 99.

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El proceso de carismatización del cristianismo

En la primera parte de este artículo, se analiza la auto-comprensión del adventismo, que se percibe como un movimiento profético con un mensaje peculiar, cen-trado en el gran conflicto y relacionado con el santuario celestial. Sin embargo, algunos datos muestran una crisis de valores en el movimiento, quedando relegadas para algunos, algunas creencias distintivas que hacen parte del adventismo. En el análisis del teólogo Fernando Canale, se evidencia que la asimilación de prácticas ministeria-les, elementos de culto y aún enseñanzas de la tradición evangélica, favorecen el debilitamiento de la identidad adventista. Para él, existe un riesgo potencial de que el adventismo se convierta en una denominación carismáti-ca, como las ya existentes.

Ya que la mente adventista está experimentando un proceso simultáneo de secularización y carismatización,40 se hace imperativo investigar, el cómo ocurre este pro-ceso. La segunda sección de nuestro artículo dedicará espacio para exponer aquello que implica el proceso de carismatización, esbozar su modo de operar y evaluar sus efectos presentes, en el movimiento adventista.

Definiendo el proceso de carismatización

Según lo afirma el teólogo luterano Stålsett Sturla, “El mundo está en busca de su ‘alma’. Necesita de la religión”.41 La candidata debe cumplir tres papeles: el pa-

40Canale, “Think Biblicaly,” 1.

41Sturla J. Stålsett, “Um Globo em busca da sua alma: um ensaio

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pel profético, proporcionando conciencia crítica; el papel carismático y misional, capacidad para crear emociones positivas; y el papel sacerdotal, relacionado con la forma de conectarse con lo absoluto.42 Entre los cuatro candi-datos que analiza, el autor elige a la religiosidad pen-tecostal, llamada también “espiritualidad carismática-experiencial”.43 Después de reconocer que el mundo vive una “fuerte pentecostalización de la religión”, Stålsett señala que justamente el aspecto experiencial de la espi-ritualidad experiencial-carismática, la hace flexible, con un enorme potencial para la obra de conversión e incluso más, ya que su inmediatismo, se alínea con la “creciente ideología de la era del internet, o de la entrega inmediata, donde la vida siempre es ‘al vivo’”.44

Aunque el carismatismo está proyectado a nivel mundial, es muy difícil definirlo, debido a su diversidad en teología, eclesiología45 y a sus cambios potenciales.46

sobre a religião numa era de globalização”, Protestantismo em Revista 9:1 (2006) 11.

42Ibíd., 11-12.

43Ibíd., 26.

44Richard Warren, Uma igreja com propósitos (São Paulo: Editora Vida, 1997), 26-7.

45Allan H. Anderson, “Diversity in the Definition of ‘Pentecostal/Charismatic’ and Its Ecumenical Implications”, Mission Studies 19:2 (2002) 40; Martyn Percy, “Sweet Rapture: Subliminal Eroticism in Contemporary Charismatic Worship”, Theology & Sexuality: The Journal of the Institute for the Study of Christianity & Sexuality 3:6 (1997) 71.

46Berger observa, desde una perspectiva sociológica, que una mejoría del nivel social de muchos adeptos norteamericanos del pentecostalismo, probablemente alteraría sus características religiosas. Véase, Berger, “A Dessecularização do mundo”, 18.

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No es el objeto de este estudio trazar una visión lineal de la historia del pentecostalismo y la renovación carismática, fundamentándola sobre los movimientos de renovación en el contexto de las principales denominaciones protestantes. Aquí se desea, ampliar el concepto del carismatismo.

Para nuestro propósito, vamos a definir la espiritua-lidad carismática como una experiencia basada en las im-presiones subjetivas del Espíritu Santo sobre la conciencia del creyente;47 por lo tanto, algo “experiencial y dirigido por aquello que el Espíritu dice en el momento”.48 En tér-minos generales, el principio básico de los movimientos carismáticos y pentecostales es la manifestación del Espíri-tu Santo a través de los dones espirituales otorgados a los creyentes.49

Hay otras características destacables. Según Per-cy, existe un erotismo exagerado en el reavivamiento contemporáneo, a lo que el autor define como “deseos inarticulados”.50 Plenc habla de una de las posibles rutas hacia el proceso de carismatización en denominaciones sin vínculos con movimientos carismáticos propiamente dichos: “Ciertas comunidades cristianas, por ejemplo, tienden a adoptar métodos y formas del culto carismá-tico, desconociendo sus presupuestos teológicos, conse-cuentemente entran en conflicto con su propia teología y comprensión de las Escrituras”.51

47Timm, “Scripture and Experience”, 3.

48Stålsett, “Um globo em busca da sua alma”, 26.

49Randall Herbert Balmer, Encyclopedia of Evangelicalism (Waco, TX: Baylor University Press, 2004), s.v. “Charismatic Movement”.

50Percy, “Sweet Rapture”, 71, 74.

51Plenc, “Hacia un criterio teológico”, 10.

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Todos estos conceptos básicos nos conducen a seña-lar, cómo la espiritualidad carismática viene afectando al adventismo contemporáneo. Sin embargo, primero se irá a considerar el fenómeno en su desarrollo actual.

El comportamiento viral del proceso de carismatización

Es notorio que el pentecostalismo histórico trató de rebelarse contra el racionalismo de la modernidad, tam-bién es notorio que el reavivamiento contemporáneo bus-ca desafiar la posmodernidad. De ese movimiento surge la alabanza emocional, cuyo perfil podría ser descrito aún como romántico.52 En las últimas décadas, se enfatizó entre los evangélicos el evangelismo de las generaciones emergentes. A principios de la década de los años 1990, cobró impulso el movimiento de la iglesia emergente, que ha sustituido la “fiebre” de las mega-iglesias.53

En parte, el movimiento anterior —las megaiglesias—, liderado por pastores como Bill Hybels (Willow Creek), ya había allanado el camino para un cristianismo alternati-vo: sus ministros descubrieron que el crecimiento de la iglesia no era tan afectada por la predicación, como por el tipo de servicio musical con orientación carismática. Así se intentaba llegar a las personas seculares.54 Después de todo, en “un mundo de múltiples verdades y pocas certe-

52Percy, “Sweet Rapture”, 79.

53Daniel Plenc, “Las iglesias emergentes: manifestaciones y desafíos”, DavarLogos 10:2 (2011) 274–75.

54Fernando Canale, “The Emerging Church Part 1: Historical Background”, Journal of Adventista Theological Society 22:1 (2011) 99.

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zas, se considera que una espiritualidad generalizada es superior a la religión, con denominaciones y estructuras verticales de autoridad”,55 por lo tanto el cristianismo tendría que ser modificado para tener éxito.

Más tarde, el estilo de adoración musical se con-virtió en un sello distintivo de la iglesia emergente.56 Pero esa no es la única razón para su expansión: el mo-vimiento ha crecido gracias a su conocimiento de las transformaciones culturales que el occidente atraviesa.57 Precisamente este aspecto, nos permite ver otro factor que allanó el camino para la iglesia emergente —la falta de respuestas cristianas a los desafíos intelectuales que surgieron a lo largo del siglo XX:

Ante la falta de respuestas intelectuales a la ciencia moderna y a los desafíos filosóficos, por parte de las Escrituras, los líderes neo-evangélicos creyentes en la Biblia, gradual-mente acomodaron las interpretaciones y ense-ñanzas de la Biblia a los dictados de la ciencia y la cultura popular, en áreas como: teología, doctrina, ministerio y servicio de adoración. Poco a poco, los neo-evangélicos integraron la secularización al adoptar, la visión modernista neo-ortodoxa de la Escritura y al hacer secular la adoración congregacional y la liturgia.58

55Paulien, El evangelio eterno en un mundo cambiante, 58.

56Canale, “The Emerging Church Part 2”, 67.

57D. A Carson, Becoming Conversant with Emergent: Understanding a Movement and Its Implications (Grand Rapids, Mich.: Zondervan, 2005), 13

58Canale, “The Emerging Church Part 1”, 101. Aún según Canale,

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Actualmente, el movimiento emergente representa “una voz indiscutible dentro del cristianismo”,59 a pesar de su falta de homogeneidad. Bajo su “paraguas”, la de-nominación ‘iglesia emergente’ incluye movimientos y líderes cuyas teologías, y prácticas ministeriales difieren unas de las otras.60 Básicamente, lo que une al movimien-to es una preocupación por llegar a los jóvenes, sin cono-cimiento de la Biblia o pertenencia a una iglesia. Es decir, “al menos en principio, es una iglesia dirigida a jóvenes estadounidenses menores de 30 años que no estaban vin-culados a ninguna iglesia”.61 Estos cristianos, conocidos como post-evangélicos, no temen romper paradigmas —después de todo, sus referentes son los nuevos tiem-pos: “Los evangélicos piensan acerca de la integridad y la credibilidad de su fe en la cultura de la modernidad; los post-evangélicos piensan acerca de la integridad y la cre-dibilidad de su fe en la cultura de la postmodernidad”.62

Los esfuerzos del movimiento emergente, intentan atraer un público tan involucrado con las nuevas tecnolo-gías, ¡que dormirían en un culto cristiano tradicional! El teólogo adventista Daniel Oscar Plenc describe la meto-dología emergente de la siguiente manera:

la “inconclusa, pragmática, fragmentada e incompleta naturaleza del evangelicalismo” es un factor más que importante para el tipo de respuesta a la posmodernidad que encontramos en la iglesia emergente, que la propia posmodernidad, en sí misma”. Canale, “The Emerging Church Part 2”, 69.

59John S. Bohannon, Preaching and the Emerging Church: An Examination of Four Founding Leaders, Mark Driscoll, Dan Kimball, Brian McLaren, and Doug Pagitt (Charleston, S.C.: CreateSpace, 2010), 17.

60Canale, “The Emerging Church Part 2”, 68.

61Plenc, “Las Iglesias Emergentes”, 276.

62Carson, Becoming Conversant with Emergent, 25.

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El enfoque de esas iglesias está en los rela-cionamientos y se escoge un aprendizaje basado en las “narraciones”, historias sim-ples, imaginación y la “desconstrucción” del dogma cristiano. En realidad, quieren desconstruir la fe cristiana. Lo que está claro es que la doctrina y la teología perdieron su importancia y, que todo lo que suena a insti-tucional, les “parece” mal.63

El sermón deja de ser el punto más alto del servicio de adoración. “El mensaje de las Escrituras se comunica a través de un conjunto de palabras, artes visuales, silencio, historias y testimonios y el predicador es un motivador, que anima a la gente a aprender de las Escrituras durante toda la semana”.64 Las reuniones pueden llevarse a cabo en iglesias o lugares inusuales, tales como sótanos, gara-jes o bares —Teología Pubs.65 Para la sociedad emergente, “lo que era el uso apropiado de la Escritura en la época moderna, no lo es más en el período postmoderno”.66 En parte, esto implica que temas polémicos como la homo-sexualidad, que hacen parte de la predicación cristiana tradicional, al igual que el arrepentimiento, la ira divi-na, el juicio, no sean tratados por muchos de los líderes emergentes.

Su liturgia es ecléctica, pues incluye “rock and roll pesado en lugar de himnos tradicionales, rituales anti-

63Plenc, “Las iglesias emergentes”, 277.

64Carson, Becoming Conversant with Emergent, 37–38.

65Plenc, “Las iglesias emergentes”, 276.

66Carson, Becoming Conversant with Emergent, 43–44.

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guos, ambientes espirituales, médiums cristianos y tra-diciones judías”. Existe mucho espacio para la contem-plación mística y las expresiones artísticas. La creencia de que Dios está presente en todas las manifestaciones culturales es característica de la iglesia emergente. Así, se produce una sacralización de la cultura. La relación con Dios se hace por medio de, “formas materiales, en la cultura y la naturaleza”. Ese nuevo paradigma hace de la adoración —en sus múltiples formas— algo parecido a la comprensión católica del sacramento. La predicación bíblica ya no es el elemento que conduce la relación con Dios, como en la reforma protestante.67 La propia Escri-tura pierde su naturaleza cognitiva, para adquirir “fun-ción iconográfica o meramente sacramental” como “una ventana a la vida de Dios”.68

Por cierto, D. A. Carson compara acertadamente el movimiento emergente con la reforma protestante: los reformadores clamaron por mudanzas, “no porque percibieron que nuevos adelantos ganaban terreno en la cultura, siendo que la iglesia fue llamada para adaptar-se al nuevo perfil cultural”; ellos “se dieron cuenta que una nueva teología y práctica, se desarrollaba en la igle-sia en oposición a la Escritura y, por lo tanto, tales cosas necesitaban ser reformadas por la Palabra de Dios”. Los líderes del movimiento emergente “desafían […] algunas creencias y prácticas del evangelicalismo” en nombre de los cambios culturales, dando lugar a un nuevo tipo de reforma, condicionado por la mentalidad dominante.69

67Canale, “The Emerging Church Part 2”, 71–72, 75.

68Ibíd., 92.

69Carson, Becoming Conversant with Emergent, 42.

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La revolución propuesta por los líderes del mo-vimiento emergente afecta “las creencias evangélicas (teología), la identidad eclesiológica (lo que renueva el centro de movimiento evangélico) y las prácticas minis-teriales (adoración)”,70 produciendo una culturización del cristianismo evangélico a la mentalidad dominante (posmoderna).71 En consonancia con su propuesta libe-ral, el movimiento adoptó el método histórico-crítico de interpretación bíblica.72 Incluso fuera del mundo de habla inglesa, iniciativas similares están empezando a surgir.

Con la llegada de la posmodernidad, la mayor in-quietud en el medio cristiano se refiere al uso de estrate-gias posmodernas para evangelizar a hombres y mujeres con mente posmoderna. Downing cree que es factible crear conceptos posmodernos que sirvan a la fe cristia-na.73 Siguiendo un razonamiento similar, Greer exhibe a Dios como una verdad personal, camino intermedio

70Canale, “The Emerging Church Part 2”, 70.

71“En este sentido algunos ven en las Iglesias emergentes expresiones de aculturación en el contexto posmoderno, tal como ya lo habían sugerido hace décadas teólogos europeos como Dietrich Bonhoeffer, John Robinson, Harvey Cox y teólogos latino-americanos de la liberación”, Plenc, “Las Iglesias Emergentes”, 275.

72Fernando Canale, “The Emerging Church Part 3: Evangelical Evaluations”, Journal of Adventista Theological Society 23:1 (2012) 59.

73Crystal Downing, How Postmodernism Serves (my) Faith: Questioning Truth in Language, Philosophy and Art (Downers Grove, Ill: IVP Academic, 2006). Desafortunadamente, Downing es incapaz de definir lo que es el cristianismo, ya que hay diferentes interpretaciones y doctrinas entre las denominaciones cristianas. También aboga por el abandono de respuestas preparadas, que sería una especie de autoritarismo. En lugar de esto, deberíamos ser más humildes. “Me parece, sin embargo, que un verdadero signo de humildad infantil es el reconocimiento de que nadie lo entiende todo y que por consiguiente se puede continuar haciendo preguntas”. Ibíd., 18–21, 48–49.

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entre la concepción modernista (verdad objetiva e imper-sonal) y la posmoderna (contraria a la verdad objetiva e impersonal). Para el autor, cuando “se entiende a la ver-dad como personal y animada, ella se torna viva y diná-mica”. Así, “la verdad cristiana puede ser presentada en una infinita variedad de formas”.74 Tal variedad de for-mas (pluralidad cristiana) encuentra eco en las palabras del líder evangélico Brian McLaren, una de las voces más importantes de la iglesia emergente:

El evangelio de Jesús y que fue proclamado entre los ríos del Condado de Orange, Cali-fornia, en el 2006, debe, en ese sentido, haber sido la palabra especial del Señor para esa si-tuación, así como el evangelio proclamado en Londres, París, Hong Kong, Calcuta o Bogotá, es la palabra del Señor necesaria para aquellas situaciones en el tiempo apropiado.75

McLaren incluso sugiere que la teología de la libe-ración sería la palabra especial del Señor para “los pobres de América Latina”.76

74Robert Greer, Mapping Postmodernism: A Survey of Christian Options (Downers Grove, Ill: InterVarsity Press, 2003), 77–78, 85, 160, 162–163, 165, 168.

75Brian McLaren y Leonard Sweet, “O método, a mensagem e a história em andamento”, en A igreja na cultura emergente: cinco pontos de vista (São Paulo, SP: Editora Vida, 2009), 192.

76Ibíd., 193. Dentro de esa concepción, la Biblia deja de ser por sí misma la voluntad revelada de Dios y se convierte en el punto de partida para la revelación, entendida de forma subjetiva y particular. Así, lo que Dios revela en cada situación es específico y único, sin posibilidad de tener valor, sino circunstancial.

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Se puede verificar que en el contexto actual, marca-do por la masificación de valores culturales de la posmo-dernidad, la iglesia emergente constituye una propuesta para adaptar el cristianismo a los cambios de la cultura occidental. La iglesia emergente aboga por una espiritua-lidad carismática, entendida no en el contexto de filiación con el pentecostalismo histórico, pero sí en su proximi-dad paradigmática.

A pesar de que su concepción de culto atrae la atención en un primer momento, no se puede limitar su innovación al aspecto litúrgico o sólo a establecer su homogeneidad. En todo caso, parece imperativo que la relación con Dios sea redefinida, ya que se establece un contacto mas próximo con Él, en términos místicos, como si la esencia de Dios permease el mundo de una manera tangible, sacralizando así todas las cosas. La hegemonía viral de estas concepciones es lo que se trata aquí como carismatización. Obviamente, las consecuencias de este punto de vista diferenciado deben ser cuidadosamente analizadas. Eso es lo que se propone hacer, aunque sea brevemente, en el siguiente apartado, destacando la in-fluencia de este proceso sobre la liturgia y el pensamiento adventista.

Impacto sobre la identidad adventista, centrándose en el aspecto cúltico

Gordon sostiene que durante diecinueve siglos diversas tradiciones cristianas, de las más variadas culturas, admitieron la coexistencia de música antigua y contemporánea, que, llegado su turno, fueron selec-cionados e incorporados en el repertorio de la iglesia. Solo la generación actual parece entrar en conflicto con

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esa tradición, ya que su marcado rechazo de los viejos himnos, hace que estos sean desplazados por la pro-ducción más reciente. Allí se puede detectar, mucho más que un simple conflicto generacional, existe algo más profundo,77 como se ha sugerido a lo largo del pe-queño viaje que implicó, la exposición del proceso de carismatización.

En toda especie de arte, la forma generalmente, re-fleja la concepción artística. En el caso de la música, se tiene que prestar atención, al hecho de que como forma de arte y producto de la cultura humana, ella refleja la cosmovisión de un individuo o de un grupo de personas. Así, para los grupos religiosos, el culto en general, y el tipo de música en particular, se ejecuta de acuerdo con la visión que se tiene de la divinidad.78

En este sentido, es necesario señalar que el post-modernismo contribuye a la construcción de un nuevo paradigma religioso, o de “modernidad religiosa”, cuya marca de identificación es “una tendencia general hacia la individualización y la subjetivación de la vida religio-sa”. Y aun cuando este paradigma afecta a las “religiones tradicionales”, “no canceló las formas de creer que son cada vez más individuales, subjetivas, dispersas y he-chas de diversas combinaciones, o, en una única palabra, fluidas”.79

77T. David Gordon, Why Johnny Can’t Sing Hymns: How Pop Culture Rewrote the Hymnal (Phillipsburg, NJ: P & R Publishing, 2010), 42–43.

78Wolfgang H. M. Stefani, Música sacra, cultura e adoração (Engenheiro Coelho, São Paulo: Unaspress, 2002).

79Carlos Eduardo Sell y Franz Josef Brüseke, Mística e sociedade (Universidade do Vale do Itajaí; São Paulo: Paulinas, 2006), 189, 190.

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Uno de los más influyentes líderes evangélicos, Warren, reconoce la capacidad que tiene la música para comunicar algo de forma directa a las personas. Esto justificaría el uso oportuno de la música contemporánea, con su poder de alcance, para difundir los valores cris-tianos. Y aunque Warren reconoce que el tipo de música determina la identidad de la iglesia y su lugar entre la comunidad en la que está inserta, él advierte a los cristia-nos: de la no existencia de géneros musicales sagrados. Lo que diferencia a la canción cristiana es su letra.80 Esta opinión, casi ha llegado a ser consenso normativo entre los círculos evangélicos,81 lo que causa controversia entre los adventistas.82

80Warren, Uma igreja com propósitos, 272–273.

81Un ejemplo que puede comprobar lo que se viene diciendo, es un artículo que se publica en la misma época en la que Warren publica su libro, Véase, Jairo de Souza Santos Júnior, “A música evangélica de adoração: uma análise de sua identidade”, Revista Teologia Hoje 1:2 (2003).

82Para críticas adventistas a Warren, veáse (a) Daniel Plenc, “Leia Com Atenção,” Ministério ano 81:6 (2009) y (b) Herbert E. Douglass, Truth Matters: An Analysis of the Purpose Driven Life Movement (Nampa, Idaho: Pacific Press, 2005). Para partidarios adventistas de Warren, véase, Regina Mota, “Música cristã no século 21: um ‘cântico novo’ ou repetição do passado?”, ÉOQHá, abril, 2009, bajo“Regina Mota música cristã no século 21” http://eoqha.net/lab/reflexoes/musica-crista-no-seculo-21-um-%E2%80%9Ccantico-novo%E2%80%9D-ou-repeticao-do-passado/ (consultado: 9 de septiembre, 2014). A pesar de que este no es un artículo teológico, o que represente el liderazgo de la iglesia, la opinión de Mota debe ser considerada, ya que se trata de una música influyente que escribe en un sitio web destinado a un público joven, muchos de los cuales, probablemente ocupan posiciones de liderazgo hoy en día. Con inteligencia, Mota destacó la incoherencia desconcertante: “Según él [Warren], la mayor prueba está en el hecho de que la Biblia nos trae sólo las letras, y no las partituras de las muchas canciones cantadas en los tiempos de Israel. Así, los mensajes de las canciones religiosas, serían en muchos sentidos, mensajes eternos, que pasan siglo tras siglo. La música, sin embargo, por su factor cultural, estaría fuera de los principios inmutables de la Ley de Dios, e incluso de las tradiciones religiosas judeo-cristianas que cruzaron los siglos.

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Bruinsma asume que los cristianos posmodernos aún mantienen una creencia en las doctrinas básicas del cristianismo, pero montan “sus propias colecciones de verdades”.83 La pregunta para él no sería tanto de natu-raleza teológica, sino más relacionada con la estructura mental. Aún según el autor, los adventistas posmodernos podrían tener “una actitud diferente hacia la doctrina”.84 No estarían interesados principalmente en saber si algo es verdadero, como los pioneros adventistas se pregunta-ban; en cambio, ellos intentan descubrir cómo la creencia los afecta de una manera práctica. Ellos necesitan experi-mentar la religión y dan preferencia a la música religiosa contemporánea, comenzando a vencer lo que Bruinsma llama de “inhibición Adventista al levantar sus manos mientras cantan y alaban”.85

“Encontré esta hipótesis en un libro de Rick Warren, pastor de la famosa Iglesia de Saddleback en los Estados Unidos, cuyo plan llamado 40 madrugadas de oración, se convirtió en una especie de enfermedad viral, pues 9 de cada 10 denominaciones evangélicas la incluyeron en su planes, incluyendo entre ellas a la Iglesia Adventista del Séptimo Día. ¿Cómo? ¿La iglesia Adventista, influenciada por las ideas evangélicas actuales? ¿Venidas de otras denominaciones?

“Mi ironía se justifica por la existencia de un grupo, entre los adventistas, que ataca cualquier tipo de música adventista que denote un grado de influencia de la música evangélica de otras denominaciones”.

De hecho, tiene sentido para Mota que luego de adoptar el modelo de liderazgo y muchos de los materiales de Rick Warren, también se adopte las ideas de liturgia del mismo autor. Esto ilustra justamente el diagnóstico realizado por Canale, como vimos más arriba: copiar modelos evangélicos desestabiliza gradualmente nuestra identidad.

83Reinder Bruisma y Borge Schantz, “Is the Postmodern Adventist a Threat to Unity of His Church?”, en Exploring the Frontiers of Faith: Festschrift in Honour of Dr. Jan Paulsen (Lueneburg: Advent-Verlag, 2009), 76.

84Ibíd.

85Ibíd., 78, 81.

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Esa aproximación de la cultura secular, cristiana en general y adventista en particular, se remite a modelos claramente observados en la fenomenología de cultos paganos. “La relación directa entre el espíritu (mundo sagrado) y el hombre y la naturaleza (el mundo profano), ya sea por la génesis de los espíritus, como descendientes de los seres humanos, o por el fenómeno de posesión, influencia la aproximación, sino la integración entre lo sagrado y lo profano”.86

Pero ¿cómo el modelo pagano de adoración, que admite la “integración entre lo sagrado y lo profano” influyó en el paradigma del cristianismo contempo-ráneo? La tradición protestante gradualmente dio un giro, de la visión católica que presenta a Dios como in-accesible, dando origen a la necesidad de muchos me-diadores (sacerdotes, santos, ángeles, la Virgen María, etc.), para aquella que presenta a un Dios que está pre-sente e interactúa constantemente con el ser humano, como en el pentecostalismo moderno.87 El cristianismo pentecostal deriva su énfasis sentimentalista de la ben-dición de Dios, de la visión wesleyana que afirma una “concepción inmediata de la salvación”, en la que los sentimientos sirven como “termómetro de la experien-cia espiritual”.88 En este contexto, la música emocional y de características populares es fundamental para lle-var a cada adorador, a un estado de experiencia que

86Vanderlei Dorneles, Cristãos em busca do xtase: para compreender a nova liturgia e o papel da música na adoração contemporânea (Engenheiro Coelho, SãoPaulo: Unaspress, 2006), 9.

87Stefani, Música Sacra.

88Dorneles, Cristãos em busca do êxtase, 87.

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le permite “sentir” a Dios, y recibir sus bendiciones y dones.

El proceso de carismatización asociado con nue-vos enfoques litúrgicos y ministeriales, promueve una visión alternativa para la relación entre Dios y el hombre. Los himnos tradicionales (muchos de ellos patrimonios de la reforma protestante del siglo XVI o de himnarios consagrados de los siglos XVII al XIX) dan paso a composiciones contemporáneas, conocidas como Worships. Tales Worships tienen su origen en igle-sias como Hillsong o Vineyard, las que posteriormente fueron traducidas o mejor emuladas, en recientes pro-ducciones adventistas.

Estas canciones son simples en su melodía, bastante poéticas, con una letra que se repite con variaciones en el acompañamiento musical y el volumen de la voz, que cumplen el objetivo de incrementar el grado de emoción durante el acto de adoración. Tanto en las letras, como en su forma musical, hay una fuerte sensación de un inmadu-ro “romance adolescente”, donde predominan las expre-siones de amor, el relacionamiento, la dependencia y un fuerte lamento.89

Es innegable que la nueva forma de cantar en el culto es imprimante, clavando sus melodías sencillas y de manera efectiva en la mente del adorador. En cierto modo las canciones contemporáneas, no sólo prepararon los cambios litúrgicos en general, sino también influen-

89Martyn Percy, “Sweet Rapture: Subliminal Eroticism in Contemporary Charismatic Worship,” Theology & Sexuality: The Journal of the Institute for the Study of Christianity & Sexuality, 3:6 (1997) 86. También véase, Thomas E Bergler, The Juvenilization of American Christianity (Grand Rapids, Michigan: Eerdmans Publishing, 2012), 1–2.

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31 Douglas Reis

ciaron los estilos de predicación. Sermones expositivos, doctrinales y con profundidad no “llegan” a los nuevos adoradores. Se hace necesario mensajes en los que la re-tórica sea sustituida por un tono casual. Hay un enfoque más emocional, y los temas tratan de relaciones, se usan razonamientos sencillos, dedicando mucho espacio a las historias interconectadas y minimalista. El predicador se transforma en un narrador, hablando con el público en un ambiente de intimidad, y predicando a lo sumo sermones temáticos (explorando unos pocos textos bí-blicos sin profundizar en su contexto) o, como es más común, usando un texto central leído en algún momen-to del discurso, relacionado con el tema general que se analiza, sin ninguna preocupación por la interpretación más detallada del texto en su debido contexto histórico y literario, o sobre el significado de las palabras que allí se emplean.

Retornando al tema de la adoración contemporánea, uno tiene que preguntarse si, al copiar los worships actua-les y emplearlos en la adoración pública, el adventismo no correría el riesgo de ser influenciado de tal manera que la naturaleza de su culto sea modificado, lo que inevitable-mente llegaría a interferir, a largo plazo, en su concepción del Ser adorado. Eso traería un daño inmenso a la teología adventista, ya que, para Gulley la “única base para enten-der la controversia cósmica, es comprender la naturaleza de Dios, contra quien se levantó una rebelión”.90 En última instancia, como ya se afirmó, los adventistas renunciarían a su llamado profético, condicionado a su comprensión del tema bíblico: la gran controversia.

90Gulley, Systematic Theology, 421.

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Aun cuando esta implicancia pueda sonar dema-siado radical, será útil para mostrar la relación entre las presuposiciones y la comprensión doctrinal. Las tres figuras siguientes, se centran en la necesidad de “comprender el marco que ‘cuadra’ nuestra estructura de pensamiento”,91 y ya que la figura A sirve como guía para las demás, esta ayuda a definir los tres niveles her-menéuticos que guían la interpretación de los teólogos, sean adventistas o no.

La figura B ilustra, cómo partir de una presupo-sición no bíblica (ya sea proveniente de la filosofía, la experiencia o la cultura) conduce a una comprensión doctrinal equivocada, ya que ello afecta al quehacer de la exégesis bíblica. Esto explica por qué las Escrituras pue-den ser utilizadas para justificar casi cualquier tipo de concepción. Pero también sirve como un llamado a utili-zar los criterios establecidos en las mismas Escrituras (el principio de sola, tota y prima Scriptura) al interpretar el texto bíblico.

La figura C plantea una interesante hipótesis: no to-dos los cambios macro-hermenéuticos tendrán como re-sultado cambios doctrinales, pero si afectarán de alguna manera la comprensión doctrinal. Por lo tanto, cuando se habla del riesgo de perder la identidad como resultado del proceso de carismatización, tenemos que entender que los cambios son más sutiles y matizados de lo que a veces se supone.

91Régerson Molitor da Silva, “Macropressuposição e a hermenêutica bíblica”, Kerigma 9:1 (2013) 117. Silva realiza un gran trabajo que ayuda a comprender la estructura desarrollada por Canale. La construcción de las figuras, así como los ejemplos que aparecen en las figuras B y C, son de mi entera responsabilidad.

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33 Douglas Reis

Figura A: Presupuestos hermenéuticos y su relación con los diferentes niveles de pensamiento cristiano

1. Presuposiciones

macro-hermenéuticas: nivel de creencias, que

alguien posee sobre Dios, la realidad, la

muerte, etc.

2. Presuposiciones

meso-hermenéuti-

cas: nivel de creen-cias doctrinales.

3. Presuposiciones

micro-hermenéuticas

nivel de análisis bíblico.

Figura B: Ejemplificación de cómo presuposiciones erró-neas comprometen la expresión doctrinal

1. Presuposiciones

macro-hermenéuticas: Inmortalidad del alma

2. Presuposiciones

meso-hermenéuticas: cuando morimos

vamos al cielo

3. Presuposiciones

micro-hermenéuticas

Filipenses 1:23 afir-ma la inmortalidad

del alma.

Figura C: Simulación de cómo presupuestos equivocados socavan sutilmente la expresión doctrinal ad-ventista

1. Presuposiciones

macro-hermenéu-

ticas: Dios se mani-fiesta en el mundo

material y en la cultura secular

2.Presuposiciones

meso-hermenéu-

ticas: guardar el sábado es uno de los diez manda-mientos divinos

3. Presuposiciones

micro-hermenéuticas

Isaías 58:14 afirma que el sábado es un día de alegría, por lo tanto, puedo participar de

actividades deportivas placenteras en ese día

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34La crisis de identidad y carismatización del adventismo

Ciertamente, un cambio en cualquier nivel ocurri-ría, sin duda, cuando los adventistas abandonen los prin-cipios de revelación, tal como lo comprobó cierto teólogo adventista: “Por ejemplo, el eclipse de la Escritura y su im-pacto en el pensamiento de los líderes adventistas se hace evidente en los recientes cambios litúrgicos centrados en el uso de la música popular y el rock en la adoración”. La incoherencia de esto se agrava cuando se constata de que, oficialmente, la denominación adventista continúa recha-zando el uso del “jazz, rock” y otras formas de música “híbrida” entre las formas sagrada y secular.92

El uso de la música para generar un ambiente místico-espiritual, ya es algo practicado por algunos prominentes líderes evangélicos. Zschech describe cómo utiliza el grito cuando “dirige la alabanza”, no “para tratar entusiasmar, ni ‘estimular’ a la gente”, sino para hacer “que la gente ponga su fe en acción, pues gritar es cambiar la atmósfera que rodea sus vidas”.93 Así, ella describe su grito como “un grito de fe”. Lo más curioso, son las expectativas de Darle-ne Zschech para el futuro: “Tengo una convicción personal [dice ella] respecto a la formación de la próxima generación de músicos adoradores, en las cosas de Dios [...] debemos proporcionarles una rica plataforma espiritual desde don-de puedan lanzarse, para verlos explorar lo que jamás nos atrevimos”.94 De acuerdo con el análisis de Canale:

92Fernando Canale, “The Eclipse of Scriptura and the Protestantization of the Adventist Mind: Part 1: The Assumed Compatibility with Evangelical Theology and Ministerial Practices”, Journal of Adventista Theological Society 21:2 (2010) 136–37.

93Darlene Zschech, Adoração extravagante, 2da ed. (Belo Horizonte, MG: Editora Atos, 2006), 122.

94Ibíd., 57–58, 156.

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35 Douglas Reis

La sacralización del mundo significa que po-dríamos encontrar la presencia de Dios de forma real, en la materialidad de la vida y el mundo. Así, el patrón de culto podría y debe-ría incluir cualquier cosa de la vida, cultura o materia. [...] la convicción de los líderes dela iglesia emergente, de que Dios se hace pre-sente en la materia coincide con el paradigma central del culto católico romano. Al mismo tiempo, alguien podría argumentar de que las diferencias entre los paradigmas carismáticos y sacramentales no son cualitativos sino cuan-titativos. Por último, y más importante, no podemos dejar de notar que la convergencia ontológica entre los paradigmas de los cultos emergentes, católicos romanos y carismáti-cos, sin lugar a dudas, toman el lugar y hacen irrelevante el paradigma de culto —dónde la Palabra es central—, que viene de la Reforma Protestante.95

No es extraño que la música religiosa actual posea un fuerte llamado ecuménico, lo que tiene mucha rela-ción con la comprensión adventista de los así llamados eventos finales. Así piensa Stefani:

Parece evidente, que con el objetivo de unifi-car socialmente a todas las naciones para su engaño final, nuestro archienemigo no puede depender solo de ideologías y tratados políti-

95Canale, “The Emerging Church Part 2”, 75.

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cos, o incluso de interpretaciones teológicas. Podría ser, que él esté planeando y desarro-llando una poderosa “oleada social” en forma de música, algo que podría proporcionar los me-dio, para unificar emocionalmente y organizar a los habitantes del mundo —presionándolos en un molde— para el acto final de adoración, como ya lo hizo en microescala hace 2500 años en Babilonia [cf. Dan 3].96

Frente a los riesgos de un culto mal orientado, de-bemos abordar el tema desde un punto de vista bíblico.97 Junto al nacimiento de las iglesias emergentes, se frag-mentó dentro del adventismo un movimiento promotor de una supuesta renovación. Se hizo conocido como “ce-lebración” (celebration). Hasel al analizar el estilo de culto “celebracionista”, que alcanzó a muchas congregaciones adventistas en los Estados Unidos durante la década de 1990, constató la aparición de al menos tres cambios: (a) sobre la estructura congregacional: las congregaciones se volvieron más independientes, abandonando el uso del Himnario Adventista y actuando administrativamente como si fuesen “mini-denominaciones”; (b) en cuanto a la liturgia: se añadieron elementos como la danza, el teatro, innovaciones en la himnología, etc.; (c) respecto a las doctrinas: en lugar de las doctrinas adventistas tradi-cionales, se hizo hincapié en el amor, el perdón y la acep-

96Wolfgang H. M. Stefani, “Endnotes: Music as Ecumenical Force”, Journal of Adventista Theological Society 5:1 (1994) 221.

97Gerald A. Klingbeil, “Una teología de la música sacra”, Theologika 12:2 (1997) 191.

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tación.98 La conclusión de Hasel trae una advertencia que está en oposición tanto al extinto movimiento, como a la tendencia emergente:

En nuestra hambre espiritual, en nuestro an-helo de reavivamiento y poder de lo alto, fi-jemos nuestros ojos en la Palabra de Dios. En la Escritura encontraremos fuerza renovada y poder divino para descubrir y redescubrir la voluntad de Dios para su pueblo en el tiempo del fin. Los adventistas son el pueblo del Li-bro; y el Espíritu que habla a través del Libro nos renovará.99

Es posible hacer un paralelo del análisis de Hasel, con el tenor de algunas declaraciones de Ellen White, quien reprendió a un grupo de adventistas de su tiempo en los siguientes términos: “Su religión parece ser más bien de carácter estimulante, que de una inquebrantable fe en Cristo”.100 Para esta pionera adventista “Los verda-deros [cristianos] conocen el valor de la obra interior del Espíritu Santo en el corazón humano. Ellos se satisfacen con la simplicidad en los cultos”.101 Desde el principio, el adventismo parece haber luchado contra la excesiva

98Gerard F. Hasel y Samuel Koranteng-Pipim, “The ‘third Wave’ Roots of Celebrationism”, in Here We Stand: Evaluating New Trends in the Church (Berrien Springs, MI: Adventism Affirm, 2005), 395.

99Ibíd, 396–97.

100Ellen G. White, Evangelismo (Tatui, SP: Casa Publicadora Brasileira, 2008), 502.

101Ibíd.

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emotividad, que hoy ha vuelto al seno del movimiento con un gusto ilusorio de redescubrimiento. Pero no hay cómo olvidar la recomendación: “La verdad debe ser presentada a la mente, lo más libre posible del elemen-to emocional”.102 A quien quiera que le suene, como dar demasiado espacio para un formalismo mecánico, debe tenerse en cuenta que, como es característico en el pensa-miento de Ellen White, las ponderaciones de la autora se equilibran de manera formidable:

Su culto debe ser interesante y atractivo, no permitiendo que se degenere en formalismo insípido. Debemos día a día, hora a hora, mi-nuto a minuto, vivir para Cristo; entonces Él habitará en nuestros corazones y, cuando nos reunamos, su amor en nosotros será como un manantial en el desierto, que refresca a todos, infundiendo en las almas esmorecidas un ar-diente deseo de beber el agua de la vida.103

Por último, no podría ser más lúcida la advertencia sobre la responsabilidad que los líderes tienen, para for-mar en las congregaciones adventistas una visión correc-ta sobre adoración. Llama la atención el marcado aspecto contracultural de la advertencia, pues esta enfrenta a la tendencia carismatizadora que asalta al adventismo con-temporáneo:

102 Ibíd, 611.103Ellen G. White, Testumunhos seletos (Tatui, SP: Casa Publicadora

Brasileira, 1996), 2:252.

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Cuando se ha suscitado una iglesia y se la ha dejado sin instrucción acerca de estos puntos, el predicador ha descuidado su deber y tendrá que dar cuenta a Dios de las impresiones que dejó prevalecer. A menos que se inculquen en los miembros ideas correctas de la adoración y reverencia verdaderas, habrá una creciente tendencia a poner lo sagrado y eterno al mis-mo nivel que las cosas comunes, y los que profesan creer la verdad ofenderán a Dios y deshonrarán la religión. Nunca podrán, con sus ideas incultas, apreciar un cielo puro y santo ni estar preparados para alternar con los adoradores de los atrios celestiales, donde todo es pureza y perfección, donde todos los seres manifiestan perfecta reverencia hacia Dios y su santidad.104

Resumen y conclusiones

Como se ha destacado, el adventismo surgió como un movimiento que creía tener un rumbo proféticamente señalado. Su corazón está en la visión bíblica de un gran conflicto entre Cristo y Satanás. La doctrina del santuario es crucial para entender cómo comenzó este conflicto y cómo va a terminar. A pesar de ostentar una identidad bien definida, el adventismo ha sufrido la influencia de prácticas ministeriales y doctrinas evangélicas, que la ha llevado a vivir un doble proceso de carismatización y secu-

104Ellen G. White, Testimonios para la iglesia (Florida: Asociación Publicadora Interamericana, 1998), 5:471.

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larización. En este contexto, ella se encuentra a punto de perder su identidad de forma definitiva.

Entre los muchos factores que contribuyen decisi-vamente a ello, está la incorporación de músicas y estilos de culto con orientación carismática. Como lo sugieren estudiosos adventistas, el aparente éxito (número de adeptos) de aquello que convencionalmente se designó como iglesia emergente, hará que su modelo eclesiológi-co y litúrgico continúe teniendo impacto negativo en el movimiento adventista. La razón más evidente de esto, es la tendencia del liderazgo adventista por actuar de manera pragmática, en busca de resultados.

Sin embargo, suena contradictorio continuar man-teniendo el marco teológico del gran conflicto y asumir que la música es un mero fenómeno artístico de los seres humanos, como si toda la música fuese equivalente y que no sea otra cosa, sino simplemente “música”. Hay cos-movisiones que rigen el arte e influencian toda la liturgia: la forma en que se canta, lo que se canta, cuando se canta y en todo aquello que se lleva a cabo durante el servicio de adoración. Ésta es razón suficiente para justificar un estudio más profundo sobre el tema de la adoración.

Otro problema se avecina, relacionado con la fuen-te que determina la espiritualidad en los adventistas de las nuevas generaciones, respecto a ello cabe preguntar-se ¿Qué tan seguro sería renunciar, al hecho de confiar únicamente en la Biblia, herencia de los pioneros adven-tistas, para pasar a confiar en algo de naturaleza fatua, como son los sentimientos, impresiones y emociones?