Bricolage revista de antropologia social

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Revista de Estudiantes de Antropologa Social

desarmando la guerra

Casa abierta al tiempo

DC nie EdItOrIaL desarmando la guerra ArTCuLoS adriana zentella chvez rfeins sbe l ger elxoe or a ura y l dsrcin dl ptioi e ia a etuc e armno n rk scott s. robinson ls atooo fet a ls o nrplgs rne a ds crs d l ivs d ia o aa e a nain e rk mario gonzlez aguilera l ger: ua d ss nea fra a ura n e u uvs oms oscar lvarez caldern de la barca ae ua vz. u ipro rs n e.. n mei gloria elena bernal dl fsim qe vev e acso u ule antonio rodrguez snchez l gooia cm etaei a epltc oo srtga expansionista angela giglia qu podemos hacer? xochitl rmirez eeio lgtms y ciiae nmgs eio rmnls AnTrOpOlOga VisUal guillermo andrade rtopcia d ia ersetvs e rk TrAdUcCiOnEs thom hartmann cad l dmcai faa uno a eorca rcs ReSeaS diana mueller andrade e pait l insa patricia legarreta haynes faao cluae y e fn d ls lcs rcss utrls l i e a ue

UNIVERSIDAD

AUTNOMA

METROPOLITANA

Rector general Dr. Luis Mier y Tern Casanueva Secretario general Dr. Ricardo Sols Rosales APALAP UNIDAD IZTAPALAPA UNID AD IZTAPALAPA Rector Dr. Jos Lema Labadie Secretario Mtro. Javier Rodrguez Laguna Director de la Divisin de CSH Dr. Rodrigo Daz CruzCoordinador de Extensin Universitaria

Mtro. Jos Daniel Toledo Beltrn efe Depar Antropolo opologa J ef e del De par tamento de Antr opolo ga Dra. Ana Paula de Teresa Ochoa Coordinador de Licenciatura Dr. Leonardo Tyrtania Geidt

ANTROPOLOGIA SOCIAL ESTUDIANTES UAM-I

bRiCoLaGe COORDINACIN Patricia Legarreta Haynes Manuel F. Lora Caballero Daniel Ortiz Avila CONSEJO EDITORIAL DE ESTE NMERO Leonardo Tyrtania G. Manuel Loria C. Diana Mueller A. Eduardo Nivn B. Patricia Legarreta H. Daniel Ortiz A. Hctor Tejera G.

EdItOrIaLPresentamos el primer nmero especial de bRiCoLaGe, que en su versin web viene corregido y aumentado, en l encontrn la versin completa de la traduccin de Thom Hartmann Cuando la democracia fracas, y un artculoindito de Xochitl Ramrez Enemigos y legtimos criminales, esperamos que la disfruten.

desar mando la guer r aUna reflexin para crear, inventar, descubrir, imaginar posibilidades alternativas a la violencia absoluta es la intencin de esta revista. Por qu tiene Estados Unidos que invadir Irak para advertir el peligro que corremos? Desde el Departamento de Antropologa tomamos la iniciativa de abrir un espacio para llamar al inters. Luchando contra el posmodernismo indiferente que suele caracterizarnos, elegimos el camino de la crtica y la opinin. Varias actividades se realizaron: la exposicin de fotos de las marchas contra la guerra en la ciudad de Mxico, fue un primer paso. Luego, se organiz una mesa de debate y se realiz el mural nosotros tambin estamos de luto, actividades que estn documentadas en esta revista. Surgi, entonces, la necesidad de abrir una nueva ventana que en este caso lleva por ttulo desarmando la guerra.

Para quienes nos dedicamos a estudiar al ser humano, resulta una tarea obligatoria al menos comprender la complejidad o simplicidad- que nos invade. desarmando la guerra es una revista que rene varias disciplinas: Historia, Geografa, Periodismo, Antropologa, Economa. Est de ms decir que la lnea de la revista es la defensa de la paz, por lo que exhortamos a todo aqul que defienda este valor tan primario a promover la difusin de esta ventana, para abrir nuevas.

Foto: Daniel Ortz

Pati Daniel ManuelFoto: Guillermo Andrade

Mxico DF, a 8 de mayo de 2003

efle lexiones sobre patrimonio irak r ef le xiones sobr e la guer r a y la destr uccin del pa trimonio en ir akAdriana Zentella Chvez Universidad Autnoma Metropolitana Antropologa El pas de la democracia y de la libertad, como se ha nombrado errneamente a Estados Unidos, decidi atacar a Irak, territorio que hace miles de aos alberg a la primera civilizacin del mundo: en Mesopotamia se desarroll el primer alfabeto y las primeras escrituras, se elaboraron los primeros indicios de un cdigo de leyes, se estableci un calendario, etc. El presidente de la que se hace llamar una civilizacin (de Occidente), en trminos democrticos, apunt hacia la nacin que es cuna de la primera civilizacin. Una nacin rica en petrleo. Desde que hubo sospechas de guerra, estudiosos del patrimonio alertaron sobre el peligro que podan correr ruinas, archivos, museos y bibliotecas de Irak. Arquelogos e historiadores de diversos pases se preocuparon por los miles de sitios arqueolgicos de Irak, pues algunos de ellos ya haban sido afectados en la guerra del Golfo hace doce aos. A pesar de esto, la mayor potencia del mundo comenz la guerra, o ms bien, invasin al pueblo iraqu. Las bombas (verdaderas armas de destruccin masiva) estuvieron presentes en Irak durante muchos das afectando sitios, edificios y monumentos histricos, templos e iglesias, casas y escuelas, y pasando por alto cualquier cdigo formal de toda guerra que exige proteccin a los civiles y al patrimonio histrico. Tras 21 das de fuego en Irak, el mundo entero presenci a travs de los medios de comunicacin, el suceso que marcara el supuesto fin de la guerra: el derrocamiento por parte de militares angloestadounidenses de una de las estatuas de Sadam Hussein en una plaza al centro de Bagdad. As, se complet la cada simblica del rgimen de Hussein y la toma de Bagdad por parte de las tropas invasoras. Pero la guerra no termin ah, sin un gobierno estable en Irak el desorden se hizo presente: reinaba la inseguridad, el caos, la violencia. Comenzaron las turbas y los saqueos por todas partes; las tropas invasoras no hicieron nada por detener el incendio de la Biblioteca Nacional, el saqueo de los museos, la destruccin de edificios para el culto, en fin, el patrimonio cultural iraqu en desastre. En poco tiempo, fueron robados o destruidos muchos de los restos de la cultura mesopotmica que floreci en estos territorios por el ao de 4000 ac, as como archivos y documentos de la historia contempornea de Irak. Tal pareciera que el nico tesoro de Irak que George Bush consider apropiado resguardar fue su petrleo. En esta injusta guerra, para empezar, tendramos que hacer un recuento sobre la gran destruccin de casas, escuelas y hospitales, que constituyen el primer patrimonio de todo ser humano. Ms all de esto, Bush y sus secuaces nos han demostrado lo que es hacer la guerra en todos los sentidos: a la invasin violenta de las ciudades y pueblos, a la destruccin de la sociedad y economa iraqu, a los miles de muertos y heridos, habra que sumarle la prdida del legado artstico y cultural de gran parte de las antiguas culturas de Irak: sumeria, babilnica y asiria. Es decir, aunado a la destruccin material de Irak, se encuentra el desgaste de la historia de este pueblo: la destruccin de su identidad histrica y cultural sustentada en los muchos objetos, documentos y

vestigios arqueolgicos robados y/o quemados, cuyo futuro ahora es incierto. Muchos de ellos, suponen los expertos, irn a parar a los mercados negros de arte de las grandes ciudades de Occidente. Al parecer, los implicados en estos actos delictuosos saban lo que queran; se trataba de expertos ladrones de reliquias histricas pues tenan conocimiento de lo que vala cada uno de los objetos. Seguramente los saqueadores eran externos ya que los propios iraques no podran cruzar las fronteras de su pas con tan valiosos objetos. Miremos los acontecimientos desde esta perspectiva: lo que estas acciones conllevan es, entre otras cosas, la destruccin de la memoria histrica de esta nacin del Medio Oriente. La intencin oculta es la de borrar todo rastro de pasado. Lo que permanecer, por siempre, en Irak es el sentimiento de invasin de un pueblo, el robo de su identidad, la devastacinla destruccin.... La estela de la guerra, la huella de una invasin. Pongmoslo as: desde antes del cese del fuego, el botn y las ganancias de la restauracin de Irak ya estaban repartidos entre los amigos poderosos de Bush. Lo ms triste de todo, y lo que creo pocos han entendido, es que el ahora fragmentado patrimonio histrico y cultural de Irak, es tambin un legado valioso para toda la humanidad; entonces se trata de una prdida para el mundo entero. Algunos ya han tomado conciencia respecto a este grave acontecimiento, tal como sucedi con las protestas que repudiaban la guerra an antes de que sta empezara. El propsito de la operacin libertad iraqu, en palabras del mismo Bush, consista en desarmar a Irak y defender a su pueblo. Muchos todava nos preguntamos: Desarmar a Irak implicaba saquear su patrimonio, destruir sus sitios arqueolgicos, acabar con parte de su historia? Acaso defender a un pueblo es matar, mutilar y herir a inocentes? Y al final seguimos cuestionndonos Donde estn las armas de destruccin masiva de Irak? Comentarios al autor: [email protected]

Fotografa: Diana Mueller

los antroplogos frente a las dos caras de la invasin de irakun futuro de prolong olongada guer r a per manente pr olong adaScott S. Robinson Universidad Autnoma Metropolitana Antropologa La reciente invasin de Irak nos ofrece dos escenarios ante nuestra curiosidad intelectual innata, no necesariamente excluyentes entre s. Uno tiene que ver con el diseo de esta invasin y el otro con la reorganizacin poltica de la formacin social nacional de Irak. Ambos son hechos que nos pueden horrorizar y que rechazamos de manera tajante en el plano tico e ideolgico, pero apuesto que son acontecimientos que han provocado que nos preguntemos entre colegas y amigos de confianza, en privado, cmo lo piensan hacer? Es un reto para militares el hecho que un pas de este tamao, que comparte semejante mosaico religioso y tnico, longevidad histrica, nivel de urbanizacin, sistema hidrulico complejo, historia de un terror administrado por el Estado, etc., sea invadido con un mnimo de bajas civiles (siempre un factor deseable pero incontrolable) y polarizaciones sociales, con el fin de crear un gobierno democrtico con una economa petrolera libre (si creemos a las declaraciones de las buenas intenciones de la Coalicin). En algn sentido, para los antroplogos esto puede representar un escenario de ciencia aplicada en el sentido ms amplio, y, me temo, representa una estrategia intelectual probablemente ms frecuente en el futuro prximo, cuando las guerras preventivas sern ms comunes, un hito histrico que el nuevo imperio de los Estados Unidos ha provocado. He aqu los dos escenarios para nuestra reflexin analtica, la invasin que ya sucedi, y la reconstruccin que ya habr comenzado cuando ustedes lean estas lneas. Fjense en la estrategia militar de los EE.UU., independiente de su casustica, justificaciones piadosas, soberbias y ex post facto, las implicaciones de haber ignorado la ONU y los obligados reajustes en las alianzas internacionales, el nivel de violencia contra civiles, la acrobacia tecnolgica, el costo, las pretensiones petroleras, las protestas inducidas, y la manipulacin de la supuesta prensa libre interna, etc., de por s un ejercicio intelectual difcil e inslito. Enfoquen su mirada analtica en el modo de invadir. Mi argumento es sencillo: el diseo de la invasin representa otro proyecto de la antropologa aplicada, para bien o para mal. El hecho de haber evitado, dentro de lo posible, el bombardeo de las mezquitas y sitios sagrados, el saludo respetuoso del comandante responsable de fuerza invasora en Karbala al respectivo Ayatol que viva en condiciones de encarcelamiento domstico desde aos atrs, el intento de evitar los centros urbanos entre la frontera con Kuwait y la capital de Bagdad, la paciencia de la fuerza britnica ante la resistencia dentro del casco urbano de Basra mientras se recopilaba inteligencia (los antroplogos lo llaman trabajo de campo...) sobre quien es quien en los pueblos, barrios y centros urbanos, y sobre todo, los acuerdos tcticos con la pesh merga (los dispuestos a morir...), una suerte de guerrilla de las dos facciones Kurdas, todo esto y ms no sugieren que hay indicaciones de un plan elaborado por personas que comprenden con alguna sensibilidad la realidad social de Irak. Si tomamos en cuenta tambin los acontecimientos en Bagdad, despus de la disolucin de las fuerzas militares y paramilitares de Saddam, el saqueo del Museo Nacional, ms la quema de la Biblioteca Nacional y la Biblioteca de los Coranes, frente a la tropa de ocupacin, estamos ante un verdadero juego de serpientes y escaleras para antroplogos sociales.

Si comparamos el diseo de esta invasin y ocupacin con la anterior en Japn, dista mucho una de la otra. En el caso de la Segunda Guerra Mundial, el Departamento de Guerra, como se llamaba al Pentgono en aquella poca, comision con mucha antelacin a varios antroplogos para realizar trabajos analticos sobre las culturas de las islas y atolones del Ocano Pacfico, y de mayor importancia, sobre Japn, su estructura social, ritual, y religiosa. El libro de Ruth Benedict, El Crisantemo y la Espada, es el mejor ejemplo de esta aplicacin de la imaginacin analtica a la tarea encomendada. Veinte aos despus, en el caso de la proteccin del Sur de Vietnam, no estamos ante una invasin como tal, pero si un intento de reconstruir la estructura de una amplia regin de comunidades en la delta del Ro Mekong, donde el Viet Cong se mova como peces en el agua (para citar un manual guerrillero de la poca). Este proyecto, a cargo del General Garner, del ejercito de los EE.UU., y actualmente encargado de la reconstruccin de Irak, s emple antroplogos con experiencias previas en este sistema hidrulico ejemplar de Vietnam. El proyecto se llam caseros estratgicos, strategic hamlets, y no es descabellado esperar hoy alguna figura parecida en la conflictiva regin limtrofe entre los Kurdos y los rabes Sunnitas. La bibliografa de referencia hoy da es amplia, a favor y en contra de semejante figura estereotipada de la antropologa aplicada a los fines de contrainsurgencia. Pero en el caso de la actual invasin de Irak, y lo anunciado pblicamente referente a la reconstruccin hasta el momento de escribir este ensayo, no hay seales de un esfuerzo sistemtico de aprovechar a la sabidura de antroplogos, sean estadounidenses o no, para disear una estrategia de invasin y reconstruccin (que incluye la contrainsurgencia dirigida a los fedayn de Saddam), ms all del sentido comn. Adems, el aparente y discutible buen criterio (menos uno que otro bombardeo de mercados y zonas habitacionales civiles) se quebr, por lo menos en nuestra percepcin del proceso que observamos va los noticieros televisivos y mucho ms informacin disponible en la Internet, durante el saqueo del Museo Nacional y la quema de la Biblioteca Nacional. Las fuerzas invasoras ignoraron estos acontecimientos a propsito? Surge la duda, porque la destruccin de toda una memoria histrica, en la ciudad de mayor antigedad, quizs, en el mundo, es un mecanismo casi garantizado para enajenar a la cpula culta de la sociedad iraqu, justamente un grupo social estratgico cuyo apoyo se requiere para legitimar la poltica de reconstruccin y democratizacin proyectada. El hecho me indica que aqu no hubo una estrategia, segn los criterios histricos mostrados durante guerras anteriores. Sin embargo, cuidado!, hoy no estamos en condiciones semejantes a los conflictos blicos de antao. Precisamente, enfrentamos un nuevo panorama de guerras preventivas y una condicin de guerra permanente, una decisin aparente de la cpula dominante en el poder de los EE.UU. Es un hecho inslito, y debemos buscar y enjuiciar a los antroplogos que estn aconsejando tal estrategia, si es que existen. Me temo que no, y lo que sucede es que algunos legos que han ledo etnografas de sociedades tradicionales en alto amazonas, las cordilleras de Papua Nueva Guinea y Filipinas, y las mismas pampas de Norteamrica, despus de la llegada del caballo, ahora proyectan al escenario mundial una condicin blica sostenida. Aquellos conflictos acontecieron en tiempos tradicionales de manera ritualizada, con tcnicas rsticas y por tiempos cortos. Hoy, la ilusin de la dominacin tecnolgica en materia blica puede engaar a unos pocos, pero no al genio colectivo del ser humano que busca la paz y la tranquilidad para los suyos. No debemos perder la fe en nosotros mismos mientras combatimos este sndrome de la guerra permanente. Comentarios al autor: [email protected]

la guer r a : una de sus n ue v as ffor mas. guerr nue uev or mas. ormasMario Gonzlez Aguilera Escuela de Periodismo Carlos Septin Garca Tal como las palabras de un profeta, el discurso del secretario de Defensa de los Estados Unidos, Donald Rumsfeld, se hizo realidad, el mundo ser testigo de algo nunca antes visto.Al pronunciar lo anterior, el mismo funcionario no estaba conciente de la magnitud de sus aseveraciones. Si bien es cierto que esta no fue la primera guerra de la cual se han grabado escenas para la televisin, cabe remarcar que la transmisin del bombardeo inicial a Bagdad como el de la totalidad de la guerra fueron algo sin precedentes, un atroz suceso slo comparado con la barbarie del circo romano Sin embargo, el resultado fue algo completamente distinto, pues la cobertura y crtica de los medios mundiales logr mucho ms all de lo esperado, captando los testimonios y situaciones que la Casa Blanca no deseaba que fuesen llevadas al conocimiento pblico. Hoy en da, la rapidez y la capacidad de cobertura son infinitamente superiores a las de hace 10 aos, ya que medios como la internet y el perfeccionamiento de la comunicacin satelital son elementos que han facilitado notablemente el trabajo periodstico. Lo anterior se ve directamente reflejado en el alcance y poder que actualmente ha cobrado la televisin, pues 1 con el simple hecho de cambiar de canal podamos estar observando escenas y noticias nuevas tal y como si estuvisemos presenciando un reality show y con la visin de numerosos enviados cubriendo la guerra desde distintos enfoques. Fueron estos elementos los que le quitaron fuerza a la veracidad de las palabras del gobierno de los Estados Unidos, quien hizo un intil esfuerzo por establecer una lnea informativa frente a su pas y el mundo. Para lo que adopt medidas de veto a cierto tipo de informacin que pudiese resultar nociva o perturbable para el pblico estadounidense2 .A diferencia de la Guerra del Golfo que slo fue cubierta desde adentro por Peter Fotografia: Daniel Ortiz Arnett3 . De igual manera, varias fueron las cadenas que hicieron un esfuerzo propio para cubrir el suceso, caso especfico en Mxico: Televisa. Razn por lo que los medios norteamericanos CNN en especial- perdieron el control de la informacin a nivel mundial y que otras tantas como la qatar ,Al Jazeera, ganaran espacios y reputacin con todo y la campaa de desacreditacin y los bombardeos sufridos en su contra.4 A su vez, el trabajo de las agencias de informacin como Reuters, DPA y AFP permiti dar un seguimiento mucho ms detallado al conflicto, aunque sus corresponsales tambin fueron presa de la intimidacin al haber sido alcanzado el hotel Palestina sede no oficial de la prensa en el conflicto-. Ya que fue el trabajo de stas cadenas del que la mayora de los medios tomaban sus fuentes para poder

crear o ensamblar sus notas duras 5 . La importancia de todos estos medios fue y ser invaluable, pues gracias a ellos (como otros tantos no mencionados) el mundo se pudo dar cuenta de una cnica manipulacin de informacin y del engao al que el apstol de la libertad quera someternos al igual que a su pueblo . Hoy en da ya no podemos decir que la historia la escriben los vencedores , al menos no completamente. Hoy podemos hablar de una nueva funcin de los medios como testigos y legtimos relatores de la historia. Estados Unidos gan una guerra, pero perdi otra muy importante que nunca pens enfrentar: la guerra meditica. Estados Unidos y sus afamados medios de comunicacin ya no son los mismos ante la opinin pblica mundial, no podemos considerarlos ms como un modelo de la prensa en el mundo, ni mucho menos como un ejemplo de la libertad de expresin. Si bien se impuso la ley de la selva, cabe remarcar que la verdad sali a relucir y que por ende los beneficiados de sta victoria seremos nosotros, quienes buscamos entender qu es lo que est pasando. Al menos , ya podremos estar seguros de que E.U.A. ya no tiene el poder de controlar la noticia- como sola hacerlo en el mundo occidental- y an si lo lograse se encontrara con un mundo menos ingenuo y renuente a aceptar la pax americana.1 Que hoy en da ya entrara en la clasificacin de medios calientes de Mcluhan, la cual es una clasificacin que marca a los medios segn su funcionalidad e interactividad. 2 Canciones como Imagine, grupos enteros como los B 52, as como ciertas pelculas fueron eliminados de las listas de programacin por parte del pentgono 3 Periodista americano de origen neozelands, recientemente despedido de NBC por dar una entrevista a la televisin iraqui. 4 Las oficinas fueron alcanzadas por segunda vez en un conflicto blico por las tropas americanas(antes en Afganistn) a pesar de haber dado a la coalicin las coordenadas exactas de su posicin en Bagdad con fin de evitar una catstrofe. 5 Noticias o sucesos tal y como se presentan, sin calificativo alguno.

Comentarios al autor: [email protected]

Fotografia: Daniel Ortiz

rase una vez un imperioOscar lvarez Caldern de la Barca Universidad Autnoma Metropolitana Historia En el prlogo a la publicacin de Mxico Brbaro: Kenneth Turner hace una breve advertencia sobre la posible invasin estadounidense (a Mxico) y denuncia el proceder de su presidente: Taft, acusando la gravedad poltica en que se ha cado, a saber: *por capricho del Ejecutivo se han subvertido la ley y la autoridad civil derivando su poder en una dictadura militar. En el intrincado mapa de las intervenciones -perpetradas por el vecino del norte- por la democracia se ha incurrido ms de una vez en la violacin de los derechos internacionales, merced a la tan cacareada seguridad nacional que ellos defienden por encima de cualquier razonamiento legal. Es de suma importancia sealar que la seguridad nacional se extiende ms all de sus propias fronteras, el campo de accin para defender sus intereses se coloca sobre la base de una categora colonial, recurdese la toma de posesin de la isla de Cuba en 1898, inserta dentro de la fase imperialista del capitalismo (ltima fase del colonialismo europeo), en la cual la reparticin del mundo se hace por medio de la explotacin de las materias primas, el recaudo de los artculos bsicos. La estela de la guerra ha devorado pases so pretexto de un mundo mejor; su movimiento ininterrumpido se hace cada vez ms dilatado en aras de un nuevo orden mundial. Los personajes que persiguen la tan manoseada idea del cambio mundial se transmutan unos a otros, cada idea enunciada se cierne sobre ellos cual palabra divina. No es de extraar que nuestro protagonista del siglo pasado haya elevado a la categora de divinidad su poltica exterior, junto con todo sus conjuros contra las dictaduras en oposicin a su dorada democracia, la cual es la madre de todas las guerras libradas para y por su seguridad nacional. Nada ms con echar un vistazo a Latinoamrica y el Destino Manifiesto para ver de que manera se han derrocado, invadido, aplastado..., los gobiernos que no le son adecuados a su poltica. Pinochet en sus aos de dictador barri con toda oposicin que atentara contra los deseos del To Sam. Aos atrs un gobernante (Salvador Allende) haba sido depuesto por los sectores de la derecha chilena y con la ayuda fundamental de la CIA, esto es, el departamento de inteligencia de los Estados Unidos, tambin en un fatdico 11 de septiembre. Desde la Doctrina Monroe (Amrica para los americanos) hasta el Destino Manifiesto el podero militar de los Estados Unidos aparece ungido por una corona de espinas templada en el fuego de las batallas imperiales. Las luchas generadas por el empleo de tales polticas han servido como pretexto para la invasin en materia de intereses nacionales. La Guerra que ahora ocupa a los nuevos profetas de la paz (Bush alter ego de Hitler, y Blair) es la mejor expresin del cinismo poltico. Hussein el dictador iraqu ahora es el enemigo en turno, despus de una fallida bsqueda de Bin Laden y el grupo Al Quaeda, aparece como el villano de un cuento vaquero, en el que el presidente-cowboy Bush enfurecido por el trato a los habitantes de Irak saca el revolver y lo reta a un duelo. Todos los argumentos vertidos a favor de la paz han resultado intiles frente al maquiavelismo del profeta de la Casa Blanca; por todos lados se lee paz, pero nuestro cowboy solo escucha el sonido metlico de sus pistolas y de sus pistoleros (Colin Powell, Cheneey, Rumsfeld y la Srta. Condoleeza Rice) partidarios de la guerra preventiva. En uno ms de los captulos de la Guerra contra el diablo-dictador el fundamentalismo cristiano se funde en el discurso libertario anglo-estadounidense versus el fundamentalismo islmico.

A todas luces la guerra llevada a cabo por la potencia militar ms fuerte del planeta es condenable desde el ngulo en que se le mire. No hay razn admisible para defender la poltica de la guerra preventiva ya que como se observa esta es inmoral en si misma. Si nos asiste la prudencia objetamos con encono al enemigo de la autodeterminacin de los pueblos: Sr. Bush usted se ha servido del dolor y el pnico del pueblo norteamericano para venderles la idea de que la nacin ms democrtica tiene un enemigo en Irak y con ello soslayar el hecho de que su pretendida investidura ha sido el producto de unas elecciones espurias. Comentarios al autor: [email protected]* Kenneth Turner, John, Mxico Brbaro, Mxico, Editores mexicanos unidos, 2000.

Fotografia: Daniel Ortiz

del fascismo que vuelveGloria Elena Bernal Antroploga Social y TraductoraClaro que la gente no quiere la guerra eso se entiende. Pero son los lderes del pas quienes a fin de cuentas definen la poltica. La cuestin estriba simplemente en saber arrastrar a la gente, ya se trate de una democracia, una dictadura fascista, un rgimen parlamentario o una dictadura comunista. Tenga o no voz la gente, siempre se la puede forzar a acatar la voluntad de las autoridades. Es fcil. Todo lo que se necesita es decirle que estn siendo atacados, denunciar a los pacifistas por su falta de patriotismo, y exponer el pas al peligro. Esta estrategia funciona igual en cualquier pas. Declaracin de Hermann Goering, Mariscal del Reich, segundo de Adolfo Hitler y Comandante de la Luftwaffe, en los Juicios de Nuremberg de 1946. G.M. Gilbert, Nuremberg Diary, Signet, New York, 1947

Hemos asistido durante ms de un mes, en calidad de testigos, a la invasin ilegal e ilegtima de un pas. En muchos sentidos, lo hemos tenido que hacer a la manera de los espectadores del Circo Romano, como si se tratara de un espectculo: encendemos la televisin o abrimos las pginas de los diarios para toparnos con escenas de dolor y sufrimiento incalificables. Para muchas personas esas imgenes han servido, por s solas, como incitacin a rechazar la invasin de Irak. Otras muchas, millones de personas, ya rechazaban esta infamia, y se manifestaron masivamente como nunca antes en la historia. Qu tantas imgenes como esas han llegado a la poblacin de Estados Unidos? Cuntos estadounidenses saben de la existencia de Doha Suheil, la pequea de cinco aos a quien alcanz una bomba de fragmentacin y que qued paraltica de por vida? Cuntos vieron la fotografa de Al Ismail Abbas, ese nio moreno que perdi brazos y familia en los bombardeos estadounidenses? Cuntos recibieron las imgenes de cientos de cadveres dispersos en la capital iraqu una vez finalizada la primera etapa de la ocupacin? Podemos suponer que no muchos. De lo contrario, sera difcil explicar el apoyo de la poblacin del vecino pas a la invasin -apoyo mayoritario, si nos atenemos a los sondeos de opinin Podemos suponer que no muchos. De lo contrario, sera difcil explicar el apoyo de la poblacin del vecino pas a la invasin -apoyo mayoritario, si nos atenemos a los sondeos de opinin-. Cuesta trabajo creer que la mayor parte de los estadounidenses considera como seres infrahumanos a los habitantes de Irak. Resulta imposible que la mayor parte de los estadounidenses considera como seres infrahumanos a los habitantes de Irak. Resulta imposible, acaso injusto, imaginar a la madre de un marine alegrndose de la masacre. Porque una cosa es que las tropas y el gobierno de Estados Unidos sean incapaces de reconocer en la poblacin iraqu ni, para el caso, en ninguna otra- a personas con derechos inalienables, y otra, diferente, es que ocurra lo mismo con el pueblo estadounidense. Pero aun si as fuera, convendra ensayar otras explicaciones. Sabamos que antes de que se iniciara la ocupacin, el gobierno de Bush acord con las grandes cadenas de televisin los trminos de la informacin y el tipo de imgenes que podran transmitir. Tenamos noticia de que los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 haban ejercido una profunda influencia en la percepcin que de los migrantes se tena en Estados Unidos. Sabamos tambin que las leyes aprobadas contra el terrorismo ampliaban el poder del gobierno para arrestar, detener y deportar a personas no ciudadanas de las cuales se sospecharan vnculos con el terrorismo. No era

secreto alguno que el gobierno estadounidense diseaba propuestas para asegurar las fronteras y restringir la inmigracin.1 Hoy sabemos que, a partir de los ataques del 11 de septiembre, el gobierno de Estados Unidos tambin supervisa las lecturas de sus ciudadanos. La prctica, autorizada por la Patriot Act (Ley Patritica) de 2001 y realizada en secreto por el FBI y el hoy desaparecido Servicio de Inmigracin y Naturalizacin, ha sido denunciada por autoridades de bibliotecas universitarias y por la Asociacin Estadounidense de Libreros. La Ley Patritica da acceso a las agencias de seguridad a los registros de las bibliotecas pblicas y a las listas de suscripcin a diarios y peridicos, as como a las de las compras de libros. A los libreros se les obliga a hacer listas de los compradores de libros y se les impide informar sobre ello a sus clientes. Cuando se compra un libro muy crtico del gobierno, el hecho queda registrado, sobre todo si el cliente paga con tarjeta... ste es el primer caso en la historia en el que nos enfrentamos no slo a la conculcacin del derecho a la libre expresin de los escritores, sino tambin de los lectores.2 Las agencias de seguridad de Estados Unidos tienen los nombres de trece millones de personas consideradas como terroristas en potencia. Se dice que en los ltimos meses las autoridades estadounidenses han detenido a alrededor de cinco mil personas de apariencia rabe, cuyo paradero se desconoce. La Asociacin Nacional de Pediatras recomienda que todo hogar y escuela cercano a plantas nucleares almacene pldoras de yoduro de potasio con el fin de que los menores las ingieran en caso de atentado contra esas instalaciones.3 Amigos mos me cuentan que hay estudiantes alemanes en Estados Unidos que reciben tratamiento de nazis indeseables en sus escuelas, debido al rechazo del gobierno alemn a la invasin de Irak. Informacin que circula por Internet da cuenta de que muchos ciudadanos que se han atrevido a manifestarse contra la invasin han sido hostigados y castigados severamente. Recientemente lleg a mi correo electrnico una carta de Kathleen McTigue, ministra de la Iglesia Unitaria de New Haven. La Ministra McTigue fue una de las personas arrestadas en una manifestacin de desobediencia civil contra la invasin, a poco de que sta comenzara. En su carta, McTigue relata su arresto con otras cincuenta y cinco personas, las horas que pas esposada antes de ser depositada en una estacin de polica, el hecho de que se les pidiera una fianza de 5,000 dlares a cada una de las personas detenidas, su transferencia a una prisin y el sometimiento de las prisioneras, desde las 6:30 de la maana, al intenso volumen de altavoces que transmitan melodas patriticas del tipo de God Bless America. La ministra cuenta tambin que fue conducida a juicio con otras seis manifestantes, todas ellas esposadas, llevando grilletes en los tobillos y encadenadas entre s. Finalmente, fueron liberadas gracias a un acuerdo entre sus abogados de oficio y el juez, quien les impuso como pena un da de servicio a la comunidad. Parece increble que ese relato provenga de Estados Unidos... De modo que no slo asistimos hoy a una invasin sino tambin, al parecer, a la instauracin de un rgimen policial en el propio territorio de Estados Unidos. Lo sabe la poblacin estadounidense? Aprueba estas medidas? Y, ante todo, cmo lleg a ocurrir todo esto? La respuesta podra hallarse, precisamente, en la cita de Goering que encabeza este texto. El secreto consiste en amedrentar a la poblacin por todos los medios: estamos siendo atacados; es preciso adoptar medidas especiales. Las estrategias para atemorizar a la gente podran formar parte de todo un programa de agresin cuidadosamente preparado que incluira no solamente planes de control de extensas regiones asiticas, sino tambin la manipulacin deliberada de la poblacin... por lo pronto, de la estadounidense.sigue en la pgina 16

AnTrOpOlOga ViSuAl retrospectivas de irakguillermo andrade

viene de la pgina 13En un artculo reciente, cuya traduccin aparece en este mismo nmero, el historiador Thom Hartmann establece un estremecedor paralelismo entre Adolfo Hitler y George W. Bush. Las similitudes van desde los acontecimientos que permitieron legitimarse a los dos lderes -en ambos casos, un acto terrorista-, pasan por las caractersticas que las elites alemana y estadounidense atribuan a ambos personajes -hombres de corta inteligencia y moralidad maniquea-, se evidencian en su ascenso como oradores capaces de lograr el apoyo manifiesto de la poblacin, y culminan, entre otros rasgos, en la suspensin de libertades constitucionales bsicas de los ciudadanos.4 Para calificar a los gobiernos encabezados por Hitler y Bush, Hartmann recurre a una definicin del fascismo segn la cual ese tipo de regmenes corresponde a una dictadura de extrema derecha que opera mediante la fusin del Estado y las grandes empresas, y cuya ideologa es un nacionalismo beligerante. La conclusin a la que se nos invita es evidente: nos hallamos ante la resurreccin del fascismo nazi. A diferencia de Hartmann, Umberto Eco distingue claramente el nazismo del fascismo.5 Al contrario del nazismo, dice, el fascismo italiano original no tena una filosofa propia; era, ms bien, un collage de diferentes ideas polticas y filosficas; una colmena de contradicciones. Por ello, y aunque los movimientos de derecha encontraran ms tarde una especie de arquetipo en el fascismo italiano, esa forma de dictadura no era cabalmente totalitaria. El fascismo no impuso un solo tipo de arte ni un solo estilo arquitectnico o literario, por ejemplo como s lo hizo el nazismo-. Pero eso no se deba a que el rgimen de Mussolini fuera tolerante; en realidad, encarcel y asesin a disidentes, suprimi la prensa libre, desmantel sindicatos, convirti el poder legislativo en mera ficcin y control el poder judicial y los medios de comunicacin. El fascismo italiano fue un rgimen descoyuntado poltica e ideolgicamente, pero desde el punto de vista emotivo estaba ensamblado firmemente con algunos arquetipos. Hay muchos casos de fascismo, porque al fascismo se puede jugar... de muchas maneras: El trmino fascismo se adapta a todo porque es posible eliminar de un rgimen fascista uno o ms aspectos, y siempre podremos reconocerlo como fascista. Sin embargo, segn Eco es posible identificar algunas caractersticas tpicas de lo que l denomina Ur-Fascismo o fascismo eterno. La presencia de cualquiera de ellas nos autorizara a afirmar que un rgimen es fascista. Permtanme citar, apretadamente, slo ocho de las catorce caractersticas que Eco enumera. Estos rasgos pueden servirnos como esquema bsico para organizar la informacin que tenemos y seguiremos recibiendo sobre el desempeo del actual gobierno estadounidense. 1) La cultura es sospechosa. El fascismo eterno puede definirse como irracionalismo. Para el fascismo, pensar es una forma de castracin. La cultura es sospechosa en la medida en que se la identifica con actitudes crticas. ...la sospecha hacia el mundo intelectual ha sido siempre un sntoma de Ur-Fascismo. 2) El desacuerdo es traicin. Mientras que en la cultura moderna la comunidad cientfica entiende el desacuerdo como instrumento de progreso de los conocimientos... para el Ur-Fascismo, el desacuerdo es traicin. 3) Miedo a la diferencia. El desacuerdo es, adems, un signo de diversidad. ...El primer llamamiento de un movimiento fascista... es contra los intrusos. El Ur-Fascismo es, pues, racista por definicin. 4) Llamamiento a las clases medias frustradas. El Ur-Fascismo surge de la frustracin individual o social. Lo cual explica por qu una de las caractersticas tpicas de los fascismos histricos ha sido el

llamamiento a las clases medias frustradas, desazonadas por alguna crisis econmica o humillacin poltica, asustadas por la presin de los grupos sociales subalternos. 5) Obsesin por el complot. A los que carecen de una identidad social cualquiera, el Ur-Fascismo les dice que su nico privilegio es el ms vulgar de todos: haber nacido en el mismo pas. Es ste el origen del . Adems, los nicos que pueden ofrecer una identidad a la nacin son los enemigos. De esta forma, en la raz de la psicologa Ur-Fascista est la obsesin por el complot, posiblemente internacional. Los secuaces deben sentirse asediados. La manera ms fcil para hacer que asome un complot es apelar a la xenofobia... 6) Los enemigos son simultneamente demasiado fuertes y demasiado dbiles. Los secuaces deben sentirse humillados por la riqueza ostentada y por la fuerza de los enemigos... Los secuaces, con todo, deben estar convencidos de que pueden derrotar a los enemigos. De este modo, gracias a un continuo salto de registro retrico, los enemigos son simultneamente demasiado fuertes y demasiado dbiles. Los fascismos estn condenados a perder sus guerras, porque son incapaces constitucionalmente de valorar con objetividad la fuerza del enemigo. 7) El pacifismo es colusin con el enemigo. Para el Ur-Fascismo... el pacifismo es malo porque la vida es una guerra permanente. 8) Cada persona debe ser un hroe. En el Ur-Fascismo, cada uno est educado para convertirse en un hroe. ...En la ideologa Ur-Fascista el herosmo es la norma... El hroe Ur-Fascista est impaciente por morir, y en su impaciencia, todo hay que decirlo, ms a menudo consigue hacer que mueran los dems.6 Una descripcin no es, desde luego, una explicacin. Sin embargo, una descripcin puede contribuir a entender el problema. Hay muchas semejanzas preocupantes entre el nazismo, el fascismo y el gobierno de Bush. Pero tambin hay diferencias. El rgimen de Bush formula ideales diferentes a los de Hitler o Mussolini como motor de la conquista del mundo. Para Bush, se trata de asegurar la expansin del mercado libre bajo el cobijo de la democracia, y el elemento aglutinador real ya no es el Estado, sino las transnacionales. A pesar de ello, nos dice el listado de caractersticas del fascismo algo sobre el actual rgimen estadounidense? Si es as, conviene atender la advertencia de Eco: El Ur-Fascismo puede volver todava con las apariencias ms inocentes. Nuestro deber es desenmascararlo y apuntar con el ndice sobre cada una de sus formas nuevas, cada da, en cada parte del mundo. Libertad y liberacin son una tarea que no acaba nunca. Que ste sea nuestro lema: . Comentarios al autor: [email protected] ____________________________________________________________________1 Immigration and Refugee Services of America, Arrest, Detention, and Deportation of Migrants: United States Report, IRSA, 2002 (Mimeo) 2 Declaraciones de Freimut Duve, de la Organizacin para la Seguridad y la Cooperacin en Europa, en: Steps towards unfreedom. OSCE slams post-September 11 surveillance measures in US. http://sg.news.yahoo.com/030123/1/ 36s4p.html 3 David Brooks y Jim Cason, Tienen agencias de seguridad nombres de 13 millones de potenciales terroristas, La Jornada, 9 de abril de 2003. 4 Thom Hartmann, When Democracy Failed: The warnings of history, 17 de marzo 2003 http://www.thomhartmann.com 5 Umberto Eco, El fascismo eterno, en: Cinco escritos morales, Editorial Lumen, Barcelona, 1998, pp. 33-59. 6 Ibid., pp. 50-54.

la geopoltica como estrategiaexpansionistaAntonio Rodrguez Snchez Universidad Nacional Autnoma de Mxico Geografa La guerra que acaba de finalizar no es mas que un ejemplo expansionista de la poltica estadounidense -dicho sea el nombre de poltica que es como se le conoce actualmente debido a que el discurso cambia, en otro contexto histrico hablaramos de geopoltica, nombre satanizado despus de la Segunda Guerra Mundial, sin embargo sigue utilizndose al pie de la letra, solo que con nombres y discursos diferentes-. As como la Alemania nazi tuvo su Instituto de Geopoltica de Munich, en la actualidad hablamos de la Seguridad Nacional de Estados Unidos (el pentgono) que ya paso por otros nombres pero hoy se considera que es el adecuado. La elaboracin de la geopoltica de Munich se apoy en los escritos de Mackinder, Ratzel y de Mahan y sus contenidos deterministas fsicos, dando como resultado una amalgama de ideas en que convergen el socialdarwinismo, el chovinismo xenofbico, el racismo, el militarismo y la legitimacin blica como elementos centrales de una estrategia de poder mundial que le permitieron un vuelco total al resultado de la primera conflagracin mundial. La geopoltica fue un incentivo para desper tar un nacionalismo irracional en el pueblo germano. En esta forma, se vislumbraba al enemigo como aquel que no permita la recuperacin o ampliacin del espacio vital de que hablaba Ratzel, espacio que estaba muy relacionado a los territorios perdidos a travs del Tratado de Versalles. Estados Unidos se encarg de desacreditar pblicamente todas estas estrategias alemanas, sin embargo recuper las que le sirvieron, incluso es un trabajo a largo plazo que esta llevando a cabo desde que termino la Segunda Guerra Mundial, nicamente cambiando el nombre al enemigo pero con la misma finalidad, como podemos ver ya enfrento al mundo totalitario del socialismo encabezado por la Ex -Unin Sovitica, al narcotrfico justificando intervenciones en pases de Centroamrica y Sudamrica entre otros, ahora utiliza el pretexto de acabar con el terrorismo y la produccin de armamento biolgico para justificar la invasin unilateral a Irak y a cualquier otro lugar pues, ningn pas esta exento de ser invadido bajo cualquier excusa. Todo esto obedeciendo a un planteamiento geopoltico que inici desde 1945 cuando un miembro de las fuerzas armadas estadounidenses Nicols Spykman public su libro Americas Strategy in World Politics, cuyo contenido fue utilizado ms tarde como base ideolgica de la Doctrina de la Seguridad Nacional, teniendo sus origenes en 1947 mediante la Doctrina Truman. Truman formulaba la estrategia que deba desplegar el departamento de Estado como potencia hegemnica mundial. Para l, la guerra era una situacin natural en las relaciones internacionales y como tal deba ser considerada total y permanente. La paz era solamente un parntesis entre episodios blicos; apoyndose en Hitler y con frecuencia de Von Claustewitz, deca que la paz era el preludio para la guerra por otros procedimientos. Por ello, la gran potencia estadounidense deba estar siempre preparada para enfrentar al enemigo o enemigos con todo su potencial ideolgico, psicolgico, econmico, militar, cultural, tecnolgico y poltico. La Doctrina de Seguridad Nacional reemplazara la poltica del aislacionismo ante los nuevos roles que asuma la nacin estadounidense como potencia hegemnica del sistema capitalista y, por tanto, autoproclamado principal defensor del mundo libre.

La Doctrina de Einsenhower y luego la de Kennedy en que ya se plasmaron los artculos de la Doctrina de la Seguridad Nacional avanzaron para legitimar las nuevas fronteras de la potencia estadounidense. En 1960 Kennedy dijo: Nuestras fronteras estn hoy en todos los continentes. Amrica tiene obligaciones que se extienden diez millas sobre el Atlntico y miles de millas haca el Sur. Esta imagen, semejante a la teora del domin permita explicar cmo acontecimientos polticos que ocurran en los bordes euroasiticos afectaban directamente a la seguridad de Estados Unidos. Tanto la administracin Kennedy como las que siguieron utilizaron la geopoltica como ideologa y base de la ciencia poltica, cuestin que no se mantuvo encubierta. Por ejemplo Kissinger afirm: por el enfoque geopoltico entiendo el que pone atencin a los requerimientos de equilibrio, en el contexto de un sistema internacional de estados. El objetivo ltimo de Kissinger era la creacin de lo que podra describirse como un globalismo discriminado similar a los objetivos geopolticos nazis, es decir, subrayar el hecho que el predominio poltico es un problema no solamente de tener poder, sino tambin debe considerar la estructura del campo en que el poder es ejercido. En fin, todo esto nos deja un poco ms claro el panorama de porqu los constantes ataques militares estadounidenses, siempre con la habilidad de saber en que momento y lugar les conviene arremeter, con la finalidad de apoderarse del territorio geopoltico estratgico que les permita desde ah continuar con el control del mundo. Como sucede ahora con una guerra que les permitir apoderarse y tener control sobre la zona de medio oriente, que adems del petrleo que es su principal energtico-, desde ah eviten alianzas que potencialmente pueden hacerles dao en el futuro como podra ser la Unin Europea con Ucrania , pues la primera no tiene tanto poder armamentstico pero si econmico, y Ucrania que adems de material armamentstico tiene la materia prima para su elaboracin y unidos podran atacar incluso territorios estadounidenses; o la alianza entre Corea del Norte y China, ambos alcanzaran un poder tanto econmico como militar; y por ltimo recuperar lo mucho que han invertido en la economa de guerra. Comentarios al autor: [email protected]

Fotografia: Daniel Ortiz

qu podemos hacer?Angela Giglia Universidad Autnoma Metropolitana Antropologa Cuando mis hermanos y yo ramos nios, mis padres nos ensearon que haba que respetar a los ms chicos, que los ms grandes tenan que abstenerse de pelear contra los mas pequeos, porque esto no era justo. Si un amiguito ms chico haca un berrinche, haba que tratar de tolerarlo, no haba que vencerlo mediante el uso de la fuerza. En suma, haba que ser generosos y comprensivos con los ms dbiles. Y si haba que pelear, haba que hacerlo entre nios del mismo tamao. El acto de aplastar al ms dbil deshonra a quin lo comete, porque demuestra que es un cobarde: en lugar de enfrentarse a los que tienen su misma fuerza, ataca a los que puede vencer fcilmente. La agresin de EU contra Irak me horroriza sobremanera porque pasa por encima de este principio elementar de justicia: debe haber un equilibrio de fuerzas entre los contrincantes. El mismo principio que se aplica en el deporte. En los deportes de combate, como en el boxeo, slo se admiten las peleas entre sujetos del mismo tamao. Un boxeador de 110 Kilos no debe combatir contra uno de 60. En cambio la agresin de EU a Irak es un ataque sin pretextos del pas ms fuerte del mundo contra uno de los ms dbiles. Es Rambo entrenado y armado hasta la punta de los pelos que le pega a Al, el nio de 12 aos que perdi los dos brazos y buena parte de su familia en los bombardeos contra Bagdad. La agresin de EU a Irak es la afirmacin de la ley del ms fuerte, el atropello y la brutalidad que se vuelven principios de poltica exterior. Con esta guerra entramos a una etapa de la historia de la humanidad en la que el gobierno de los Estados Unidos continuar queriendo apoderarse del resto del mundo, o por lo menos de aquellas partes del mundo que considere importantes para sus intereses. Los que no son para ellos una fuente potencial de problemas - o de recursos codiciables - no tienen porque temer una intromisin. Los habitantes de frica pueden tranquilamente seguir murindose de hambre, de SIDA, o matndose en las guerras intestinas entre sus dictadores, porque frica no es una prioridad para los Estados Unidos, no amenaza sus intereses inmediatos, por lo tanto no hay porque llevarle la democracia a bombazos. Qu hacer, frente a semejante escenario? Quisiera proponer tres cosas. Primero, hay que tratar de entender: utilizar las herramientas a nuestro alcance para analizar la situacin de una manera no superficial. Por ejemplo, las lecturas que ponen el nfasis en una supuesta locura de Bush me parecen insuficientes y hasta peligrosas. La antropologa puede comprender y explicar los elementos propiamente culturales que fundamentan y justifican segn ellos - la actitud amenazante que EU ha tomado frente al resto del mundo. Los intereses econmicos vinculados con el petrleo y con la industria blica son encubiertos y acompaados por una ideologa fundamentalista que les hace creer que son el pueblo elegido por Dios y que por lo tanto es su derecho/deber imponer por doquier su modelo de gobierno y su estilo de vida (a la liberacin sigue la americanizacin). Esta mezcla de intereses materiales y discurso mesinico es de lo ms pavoroso. Porque desde los tiempos de las Cruzadas y de las guerras de religin, con quienes creen que tienen la razn por mandato de Dios no hay forma de poder discutir civilizadamente. Frente a la terquedad de la lgica del atropello, hay que mantener bien firme un punto. Que el ms fuerte atropelle el ms dbil y peor si lo hace en nombre de Dios - no es algo natural o normal. Es necesario tomar conciencia del carcter parcial y no universal de esta visin de las cosas. Es la visin que en este

momento les conviene a ellos, pero no es obvia, no es justa y no es normal. Es el resultado de un proceso de produccin histrico - cultural que debemos comprender y relativizar como tal (un proceso entre otros), porque comprenderlo y relativizarlo son los primeros pasos necesarios para reducir su capacidad de imposicin. Segundo, hay que regenerar la utopa. Buena parte de la desesperanza que prevalece en nuestros tiempos se debe a que no logramos ver ninguna alternativa convincente a este modelo de vida, donde prevalece la ley del ms fuerte, el poder casi absoluto del dinero, y la precarizacin de todas las relaciones humanas. Sin embargo, se puede todava imaginar - individual y colectivamente - otro mundo, un mundo mejor, como decamos una vez. Y como no se me ocurre otra cosa, quiero recordar la mejor versin de la utopa comunista, la de una sociedad donde se le pida a cada quien segn sus capacidades y donde se le de a cada quien segn sus necesidades (espero traducir bien una famosa formula de Marx que aprend en italiano). Seguramente habr otras formulas de sociedades utpicas, hay que buscarlas, inventarlas, hacerlas vivir. Tercero, hay que empezar a vivir de otra manera. Todos tenemos el poder de oponernos y de resistir en formas ms o menos organizadas, ms o menos abiertas. Podemos imaginar cambios sencillos pero importantes, que le devolveran un poco de sentido a nuestras vidas, en la espera no mesinica - de una nueva utopa, que como indica su etimologa es un lugar que no existe, sirve slo para desear el futuro y movilizarnos en el presente. Si logramos cambiar algo en nuestro presente en vista de un mejor mundo en el futuro, ya estamos haciendo realidad a este otro mundo, desde ahora. Pequeos o grandes cambios en nuestras vidas cotidianas pueden transformar las cosas. Nuestros hbitos de consumos por ejemplo, pueden dejar de reflejar una adhesin incondicional a la cultura dominante, y volverse ms crticos. Se puede consumir menos y ms cuidadosamente, sobretodo los que son los bienes y recursos cada vez mas escasos (gasolina, electricidad, agua, etc.). Podemos abstenernos de comprar en Wallmart o de beber Coca-Cola. Esto ltimo no es nuevo. Hace unos aos, muchas personas se rehusaban a tomar Coca-Cola y a comer hamburguesas, porque no queran volverse adictas a la cultura norteamericana dominante (en cambio s leamos a los escritores gringos de la beat generation). Tambin podemos rechazar la violencia y la lgica del atropello del ms dbil en nuestros intercambios cotidianos, buscando que prevalezca el dialogo y la civilidad en los encuentros entre amigos, en el metro, en el pesero, en los semforos, en la familia, etc. Podemos fomentar la participacin, la ayuda mutua y la solucin pacifica de los conflictos, empezando en nuestras vidas cotidianas. Pensndolo bien,es mucho lo que podemos hacer. Comentarios al autor: [email protected] nosotros tambin estamos de luto abril 2003 UAM-I

imagen tomada de la organizacin no en nuestro nombre

Enemigos legtimos y criminales.Xchitl Ramrez Escuela Nacional de Antropologa e Historia Dentro del discurso de la modernidad, la guerra, como todas las actividades humanas, fue pensada como una actividad racional. Era necesario dejar atrs el sentido que haban adquirido las guerras religiosas que supona que cada una de las partes combatientes representaba el Bien y el Mal, segn el lado desde que se mirara. Las guerras religiosas eran guerras apocalpticas en las cuales era impensable la negociacin con el enemigo y, por lo tanto, su conclusin lgica slo podra ser el aniquilamiento del contrincante. Porque el Bien y el Mal son valores absolutos entre los que no puede existir ningn acuerdo. La concepcin moderna de la guerra surgi con la consolidacin de los Estados como forma de organizacin social y se fund en el reconocimiento recproco del derecho que asista a cada uno de ellos a hacer la guerra en defensa de su soberana1 . Con esto naci la idea de enemigo legtimo, una convencin que hizo de la guerra una condicin legal que autoriza a los contendientes el uso de la fuerza armada. De esta manera la guerra qued definida como una confrontacin interestatal que se libra a travs de ejrcitos regulares y est sometida a convenciones que en el ltimo siglo se han positivizado en la tradicin del derecho occidental. La idea de enemigo legtimo se extiende a los ejrcitos y a los combatientes. La condicin legal de la guerra otorga a las partes enfrentadas el mismo derecho a matar pero, simultneamente, establece dos tipos de limitaciones relativas que se refieren a: 1) cundo y cmo pueden matar y 2) a quien pueden matar. La primera alude a las tecnologas y los escenarios de los enfrentamientos armados, la segunda a la distincin entre civiles y combatientes, es decir, separa del campo enemigo a aquellos cuyas vidas deban ser no slo respetadas, sino protegidas. Estos son algunos de los principios generales que, en teora, han permitido el reconocimiento recproco de los contendientes como enemigos legtimos y, al mismo tiempo, impiden que se caracterice como criminales a los hacedores de guerra. En otras palabras, lo que diferencia la guerra del vulgar asesinato es una condicin legal y moral que autoriza a los contendientes a combatirse hasta el extremo de acabar con sus vidas, pero siempre bajo determinadas reglas. Sin embargo, las caractersticas de la guerra moderna han entrado siempre en contradiccin con los lmites que la legislacin ha buscado imponerle. Esto ocurre porque la guerra moderna naci como una guerra total, cuyo objetivo era el aniquilamiento del enemigo. Esta caracterstica mostr su rostro ms descarnado a partir de la constitucin de los Estados nacionales y se expres en la imagen de pueblo en armas como ocurri en la Revolucin francesa (1789). El derecho de los Estados a disponer de sus ciudadanos en aras de la defensa nacional, aunada a los avances tecnolgicos en el terreno de la produccin de armas, ampli los teatros de operaciones de los conflictos as como la capacidad mortfera de los contendientes de una manera nunca antes vista. La destruccin, la muerte y la desolacin que segua a las grandes batallas, as como el sufrimiento de los heridos y los prisioneros, eran tambin desoladoramente novedosos. De esta nueva realidad surgieron tambin las primeras iniciativas de Derecho Internacional Humanitario2 . Sin embargo, y pese a todos los intentos de civilizar la guerra, la capacidad de destruccin y muerte siempre ha ido un paso adelante. La idea de sustituir al enemigo absoluto que surge de la dualidad Bien-Mal, por la de enemigo legtimo que se funda en el derecho, no ha sido suficiente para civilizar la guerra. En los hechos, la guerra civilizada siempre se ha visto rebasada ampliamente por los procesos previos y posteriores al estallamiento, en sentido estricto, del conflicto armado. Este es un tema que requiere gran atencin, pues finalmente los combatientes no llegan al encuentro armado a definir a su contendiente, sino ste ha sido determinado de antemano. Es obvio: para que la guerra estalle, es

necesario que primero exista un enemigo. La guerra como accin es siempre el resultado final de una hostilidad que se va profundizando paulatinamente, a partir de tensiones que preceden al estallamiento del conflicto y se materializan en eventos concretos como la violacin de acuerdos o la infiltracin del otro en el territorio propio. Sin embargo, no son stos los nicos hechos que preceden a la guerra y tal vez tampoco los ms importantes. La difusin de posibles amenazas de invasin o al modo de vida, el hecho de que los otros tengan o parezca que tengan un mayor poder militar que amenaza nuestra integridad y, en fin, todos aquellos eventos que han alimentado el concepto de guerra preventiva, se construyen en la mente de los pueblos con smbolos e imgenes a veces difusas. Nada es mas cierto que esa bella declaracin de la UNESCO de que el origen de la guerra est en la mente de los seres humanos. De hecho, la mayora de las amenazas militares se sitan en el terreno de la probabilidad, ms que en el de la certeza. De cualquier manera las imgenes objetivas o ficticias donde surge el enemigo son el punto de origen de los procesos de la enemistad, de la dialctica amigo-enemigo. Indican el grado extremo de la intensidad de alianza o ruptura con un grupo y encuentran su realizacin extrema cuando arriban al punto en que la existencia de unos depende de la eliminacin de los otros. La guerra deriva de la hostilidad puesto que sta es negacin absoluta de todo otro ser. La guerra es slo la realizacin extrema de la hostilidad3 . Esta afirmacin de Carl Schmit nos sita de lleno en el terreno de los momentos previos y posteriores a la guerra como accin y en el espacio que corresponde a lo que se define como estado de guerra. Estos son momentos en que el enemigo est presente sin que las acciones militares se hayan iniciado o cuando stas han concluido y representan la probabilidad de que la guerra efectiva se desate. En el momento de la definicin del estado de guerra tienen lugar la construccin de un marco simblico que justifica la decisin de resolver por las armas conflictos que se estiman irresolubles por otras vas. Cuando nos situamos en el estado de guerra podemos apreciar la intensidad de la produccin simblica que profundiza el sentido de la diferencia y con ello a la exaltacin de lo propio frente a lo ajeno, as como la magnificacin de la amenaza que representa el enemigo para nosotros. Lo asombroso de la guerra moderna es que la polarizacin absoluta de los contendientes, propia de las guerras de religin, vuelve a hacerse presente. Entre mayores son las tensiones que preceden a la guerra, sta se manifestar, en su desarrollo, con mayor crudeza. Y es en estos momentos en donde, ms all de toda racionalizacin, reaparece con fuerza la dualidad Bien-Mal como eje del discurso de justificacin de la guerra que elaboran los contendientes. Con ello, el enemigo absoluto que el discurso de la guerra civilizada intent expulsar, se ve reanimado en la modernidad. La guerra es entonces la realizacin extrema de la negacin del otro hasta el punto en que su exterminio aparece como una necesidad de sobrevivencia propia. Es entonces cuando el enemigo legtimo deja su lugar al criminal, que como tal pierde todos sus derechos. Este es a fin de cuentas el fundamento de las declaraciones de los dirigentes norteamericanos sobre las condiciones de los presos talibanes en Guantnamo, en las que les niegan la calidad de combatientes o de prisioneros de guerra. Ni la guerra, ni la existencia del enemigo que la justifica, constituyen algo que aparezca de pronto, son el resultado de acontecimientos reales o supuestos y de representaciones previas que alimentan la hostilidad. Su efectividad simblica es ms relevante que la veracidad con que se ajustan a los modelos construidos por las teoras del derecho. Del significado, pero sobre todo de los resultados, del proceso de criminalizacin del enemigo hemos sido testigos en las dos ltimas dcadas con respecto a los pueblos rabes y musulmanes. La personalidad y la cultura islmicas se han hecho equivalentes a terrorismo, y los hechos manipulados o simplemente repetidos por los medios masivos de comunicacin lo prueban una y otra vez. Incluso la academia participa en este juego como el profesor Hungtinton4 , que explica que la existencia de lo que genricamente llama Oriente amenaza el modo de vida occidental. Con esto le es

fcil a administracin Bush imaginar la existencia de un eje del mal que hace del enemigo un delincuente. El otro es un anormal, una amenaza que justifica la violencia preventiva en su contra. Para los dirigentes norteamericanos y sus aliados no cabe en este panorama de miedo que han creado preguntarse si verdaderamente es posible que mil millones de musulmanes sean terroristas. Mucho menos es posible un anlisis sofisticado de sociedad y cultura del mundo islmico, o un reconocimiento de sus valores. Slo les es posible asumir que rabe o musulmn es sinnimo de terrorismo, que se trata de enemigos ubicuos sin rostro. Y si est en todas partes, como salvaguardas de la paz del mundo, tienen el derecho a intervenir en cualquier lugar y en cualquier momento. Dios nos libre de nuestros ngeles guardianes. Que as sea. Referencias: Smith, Anthony (2000) Nacionalismo y modernidad Espaa. Istmo. modernidad nidad. concepto Schmitt, Carl (1985) El concepto de lo poltico. Mxico. Folios. poltico Huntington, Samuel (1997) El choque de civilizaciones. Barcelona. Paids. civilizaciones

Es lugar comn el reconocer que el punto de partida del nuevo orden mundial se codifica por primera vez en la Paz de Wetsfalia (1648), donde se subray la naturalidad de la jerarqua de un mundo de Estados principescos en los que se consideraba a la guerra como una institucin legtima de Estados soberanos (Smith, 2000: 151) 2 Con la creacin de la Cruz Roja (1864) y, en ese mismo ao, la Primera Convencin de Ginebra y posteriormente la reunin de la Haya (1907) 3 Schmitt, Carl, 1985: 30. 4 Particularmente en su artculo de 1993 titulado Foreing Affairs cuyas tesis ampli en su voluminosa obra El choque de civilizaciones: 1997.1

democracia fracas: adv cuando la democr acia fr acas: ad v er tencias de la historiaThom Hartman 17 de marzo de 2003 Aquel septuagsimo aniversario pas inadvertido en Estados Unidos, y los medios de comunicacin casi no lo mencionaron. Pero la poblacin alemana s record ese aciago da de hace setenta aos: el 27 de febrero de 1933. Conmemor el aniversario sumndose a las manifestaciones en favor de la paz que movilizaron a la ciudadana del mundo entero. Y, sin embargo, ese hombre saba que el terrorista iba a atacar (aunque no supiera cundo ni dnde), y ya haba preparado su respuesta. En cuanto se le inform del incendio del edificio ms prestigioso de la nacin, el hombre se asegur de que haba sido el terrorista quien dio el golpe, corri a escena y convoc a una conferencia de prensa. Son ustedes testigos del inicio de una gran poca histrica, proclam de pie frente a las cenizas del edificio, rodeado de los medios nacionales. Este fuego dijo, con la voz temblando de emocin- es el principio. Aprovech la ocasin que calific como una seal de Dios-, para declarar una guerra total contra el terrorismo y sus patrocinadores ideolgicos: un pueblo, afirm, cuyos orgenes se remontaban al Medio Oriente, y que encontraba en su religin motivos para emprender actos perversos.

Todo comenz cuando el gobierno, en medio de una crisis econmica mundial, recibi informes sobre un inminente ataque terrorista. Un fantico extranjero haba ar remetido sin gran espectacularidad contra unos cuantos edificios famosos, pero la mayora de los medios ignoraron sus esfuerzos. Sin embargo, los servicios de inteligencia saban que el terrorista tena posibilidades de xito. (Los historiadores todava discuten si hubo o no entre el personal de inteligencia bribones que pudieran haber colaborado con l; las investigaciones ms recientes Dos semanas despus se construa en Oranianberg indican que no fue as.) el primer centro de detencin para terroristas, destinado a albergar a los primeros sospechosos Las advertencias de los investigadores fueron de estar aliados con el infame incendiario. En un ignoradas en las altas esferas del poder, en parte arrebato de patriotismo, la bandera del lder porque el gobierno estaba distrado. El hombre que comenz a ondear por doquier, e incluso se aduca ser el lder de la nacin no haba sido electo por imprima en grandes carteles apropiados para el voto mayoritario, y gran parte de la poblacin colocarse en las ventanas. sostena que no tena derecho a ejercer los poderes que ambicionaba. Algunos decan que era un simpln, un personaje de caricatura que slo vea las cosas en blanco y negro y que no tena inteligencia para entender las sutilezas que el gobierno de una nacin implica en un mundo complejo de intensas relaciones internacionales. Su burdo lenguaje que reflejaba su arraigo poltico en un estado del sur- y su retrica simplista, habitualmente incendiaria y nacionalista, ofendan a los aristcratas, a los dirigentes del extranjero y a las elites cultivadas del gobierno y los medios. De joven, ese hombre se haba afiliado a una sociedad secreta de misterioso nombre y extraos en los que se empleaban crneos y huesos humanos. Antes de cuatro semanas de ocurrido el ataque terrorista, el lder de la nacin, que gozaba ya de gran popularidad, haba pasado por encima de las leyes -en nombre del combate contra el terrorismo y la filosofa que, segn l, lo alentaba- y haba suspendido las garantas constitucionales de libre expresin, privacidad y habeas corpus. La polica poda ahora interceptar el correo e intervenir las lneas telefnicas; los sospechosos de terrorismo podan ser detenidos sin cargos especficos y sin acceso a sus abogados; la polica poda entrar en los hogares sin rdenes judiciales cuando se sospechara de terrorismo.

Para conseguir que su patritico Decreto sobre la Proteccin del Pueblo y del Estado fuese aprobado a pesar de las objeciones de legisladores y activistas civiles, el lder acept que tuviese una vigencia de cuatro aos: si al final de ese perodo la emergencia nacional provocada por el ataque terrorista haba concluido, se restituira a los ciudadanos sus libertades y derechos, y las agencias de polica volveran a ver restringidas sus atribuciones. Tiempo despus, los legisladores argumentaran que no tuvieron tiempo de leer la iniciativa de ley antes de votar a favor. Inmediatamente despus de la aprobacin de la ley antiterrorista, las agencias federales de polica intensificaron su programa de arresto y detencin de personas sospechosas, privndolas del acceso a abogados y tribunales. Slo durante el primer ao, varios cientos de ciudadanos haban sido enterrados, y quienes se atrevan a objetar esas medidas eran ignorados por la prensa dominante, que tema ofender a un lder que gozaba de tanta popularidad y perder el acceso a l. Quienes protestaban pblicamente contra el lder y hubo muchos- se encontraban muy pronto frente a los reforzados garrotes, gases y celdas de la polica o aislados en zonas destinadas a los detractores, fuera del alcance de los discursos del lder. Mientras tanto, ste tomaba lecciones casi diarias de oratoria, y aprenda a controlar su tono de voz, sus gestos y sus expresiones faciales. Lleg a ser un orador muy competente. Durante los meses que siguieron al ataque terrorista, a sugerencia de un asesor poltico, el lder comenz a emplear un antiguo trmino oscuro. Deseaba aguijonear el orgullo racial de sus compatriotas, de modo que en lugar de referirse a la nacin por su nombre, comenz a llamarla La Patria, o La Tierra Natal. Esta expresin se difundi mediante un discurso de 1934 registrado en el famoso film propagandstico de Leni Riefenstahl, El triunfo de la voluntad. Como se esperaba, el corazn del pueblo se inflam de orgullo, y as comenz a instalarse una mentalidad basada en la nocin del nosotros-contralos otros. Nuestra tierra era la tierra natal, la Patria, pensaban los ciudadanos: todas las dems no eran

ms que tierras extrajeras. Somos el verdadero pueblo, insinuaba el lder, el nico merecedor de la atencin de nuestra nacin; si las bombas caen sobre otros pueblos o si se violan los derechos humanos en otros pases y eso permite que nuestras vidas mejoren, poco debe preocuparnos. Sobre la base de este nuevo nacionalismo y explotando un desacuerdo con los franceses respecto de su creciente militarismo, el lder argumentaba que cualquier organismo internacional que no actuara en primer lugar y por principio a favor de los intereses prioritarios de su propia nacin, no era importante ni til. Por tanto, en octubre de 1933 hizo que su pas se retirara de la Liga de las Naciones, y despus negoci un acuerdo independiente sobre armamento naval con Anthony Eden, del Reino Unido, con el propsito de crear una elite militar gobernante de alcance mundial. Su ministro de propaganda orquest una campaa para convencer a la poblacin de que l era un hombre profundamente religioso y sus motivaciones hundan sus races en el cristianismo. El lder lleg incluso a proclamar la necesidad de una renovacin de la fe cristiana en su nacin, algo que denominaba el Nuevo Cristianismo. Todos los hombres de su ejrcito, que creca rpidamente, portaban en la hebilla del cinturn una leyenda que deca Dios con nosotros (Gott Mit Uns), algo en lo que la mayora de ellos crea fervientemente. Antes de transcurrido un ao del ataque terrorista, el lder de la nacin decidi que las diversas agencias de polica del pas, tanto las locales como las federales, carecan de un sistema adecuado de comunicacin y de una administracin general suficientemente coordinada. Estos factores le parecan necesarios para enfrentar la amenaza terrorista que acechaba al pas, particularmente la que provena de los ciudadanos cuyos orgenes se remontaban al Medio Oriente -y que, por ello, eran probables terroristas y simpatizantes del comunismo-, as como de varios intelectuales y liberales problemticos. Por eso propuso la creacin de una nica agencia nacional destinada a proteger la seguridad de la Patria, la cual

coordinara las actividades de docenas de agencias policacas, fronterizas y de investigacin anteriormente independientes. El lder nombr a uno de sus hombres de confianza como jefe de esta nueva agencia, la Agencia Central de Seguridad de la Patria, y le confiri una funcin gubernamental tan relevante como las de los ministerios ms importantes.

corporaciones aliadas obtuvo un lucrativo contrato millonario para construir el primer centro de detencin de grandes dimensiones destinado a los enemigos del estado. Pronto le seguiran otras corporaciones. La industria floreci. Pero, despus de un perodo de paz posterior al ataque terrorista, volvieron a levantarse voces disidentes dentro y fuera del gobierno. Algunos estudiantes iniciaron un programa de oposicin activa al lder (el grupo sera posteriormente conocido como la Sociedad de la Rosa Blanca), y las autoridades de naciones vecinas comenzaron a manifestarse contra su retrica belicista. El lder necesitaba una distraccin, algo que desviara la atencin de la gente de la complicidad entre las corporaciones y el gobierno, de las dudas acerca de la ilegitimidad de su ascenso al poder, y de las preocupaciones frecuentemente expresadas por activistas civiles sobre las personas detenidas sin el debido proceso o sin tener acceso a abogados ni a su familia.

El colaborador responsable de la relacin con la prensa hizo notar al lder que, desde el ataque terrorista, la radio y la prensa estn a nuestro servicio. Las voces que cuestionaban la legitimidad del lder o que planteaban dudas sobre los altibajos de su carrera, se iban desvaneciendo en la memoria pblica a medida que la agencia central de seguridad promova un programa que estimulaba a la poblacin a denunciar a los vecinos sospechosos. Este programa tuvo tal xito, que los nombres de algunas de las personas denunciadas comenzaron a difundirse a travs de las estaciones de radio. Entre esas personas se encontraban polticos de la oposicin y celebridades que se haban atrevido a manifestarse pblicamente. stas eran uno de los blancos favoritos del rgimen y de los medios, que ahora estaban bajo el control Con su segundo de a bordo un maestro en la del lder merced a la intimidacin directa o a la manipulacin de los medios-, el lder comenz una compra de sus acciones por parte de aliados campaa para convencer a su pueblo de que era empresariales suyos. necesario emprender una guerra pequea, de alcances limitados. Haba un pas que estaba En su esfuerzo por consolidar su poder, el lder lleg acogiendo a mucha gente sospechosa cuyos a la conclusin de que no bastaba con detentar la orgenes se remontaban al Medio Oriente. Aunque autoridad gubernamental. Se puso en contacto con la su relacin con el terrorista que haba prendido industria y forj una alianza con ella colocando a fuego al edificio ms importante de la nacin fuera, antiguos ejecutivos de las mayores corporaciones en el mejor de los casos, vaga, ese pas contaba del pas en elevadas posiciones de gobierno. con recursos que la nacin alemana necesitaba si Verdaderos ros de recursos gubernamentales fluyeron quera tener espacio para seguir existiendo y hacia las arcas de las corporaciones con el fin de que mantener su nivel de prosperidad. El lder convoc apoyaran la guerra contra los terroristas de origen a una conferencia de prensa y envi un ultimtum medio oriental agazapados en diferentes puntos de la pblico al dirigente de ese pas, provocando una Patria, y de prepararlas para librar las guerras en el conmocin internacional. Reclam su derecho a extranjero. El lder estimul a las grandes emprender un ataque preventivo en defensa propia. corporaciones que le eran favorables a que adquirieran Al principio, las naciones de Europa protestaron, acciones en los medios y en otros negocios del pas, sealando que sa era una doctrina que slo haban particularmente en los que haban sido propiedad de sostenido en el pasado naciones con intenciones sospechosos originarios del Medio Oriente. Construy imperialistas, como la Roma de Csar o la Grecia poderosas alianzas con la industria; una de las de Alejandro.

campaa nacional acusando a los detractores de sus polticas de atacar a la nacin misma. Quienes cuestionaban a Hitler eran calificados como anti-alemanes o malos alemanes, y se insinuaba que ayudaban a los enemigos del estado al negarse a cumplir el deber patritico de apoyar a los valientes hombres uniformados de la nacin. sta fue una de las estrategias ms eficaces para sofocar el disenso y sectores asalariados (de los que provena la mayor parte del ejrcito) con los intelectuales y liberales As, Hitler se anex Austria con una invasin que criticaban las polticas del rgimen. relmpago, levantando adems una ola de apoyo popular como la que slo suelen conseguir los Sin embargo, una vez que culmin con xito la lderes en tiempos de guerra. El gobierno pequea guerra de anexin de Austria y la paz austriaco fue depuesto y remplazado por nuevas retorn, se levantaron de nuevo las voces de la autoridades afines a Alemania, y las oposicin en la Patria. La emisin casi diaria de cor por aciones alemanas comenzaron a boletines noticiosos acerca de los peligros que apropiarse los recursos de Austria. entraaban las clulas comunistas terroristas no era suficiente para enardecer al pueblo y suprimir por completo el disentimiento. Era necesario En un discurso destinado a responder a los lanzar una guerra de gran escala para distraer crticos de la invasin, Hitler dijo: Ciertos diarios la atencin pblica de los crecientes rumores extranjeros sostienen que camos sobre Austria dentro del pas sobre la desaparicin de con mtodos brutales. Slo dir que ni siquiera disidentes, la violencia contra liberales, judos y muertos dejarn de mentir. A lo largo de mi lucha lderes sindicales, y la epidemia de capitalismo poltica he ganado mucho amor de mi pueblo, amafiado que estaba produciendo imperios de pero cuando cruc la antigua frontera (para riqueza en el sector empresarial, pero pona en ingresar en Austria) fui recibido con oleadas de riesgo el estilo de vida de las clases medias. amor como jams haba experimentado. No llegamos como tiranos, sino como libertadores. Un ao despus, Hitler invadi Checoslovaquia. La nacin se haba embarcado de lleno en la Para enfrentar a quienes disentan de sus guerra, y toda oposicin interna fue suprimida polticas, y siguiendo el consejo de sus astutos en nombre de la seguridad nacional. ste fue el asesores, Hitler y sus sirvientes de la prensa fin del primer experimento democrtico de comenzaron una campaa cuyo propsito era Alemania. equiparar lo a l y a sus polticas con el patriotismo y con la nacin misma. La unidad nacional era esencial, decan, para asegurar que Al cabo de este repaso histrico, quedan algunos los terroristas o sus patrocinadores no pensaran acontecimientos que vale la pena subrayar. que haban conseguido dividir a la nacin o debilitar su voluntad. En tiempos de guerra, El 27 de febrero de 2003 se cumpli el afirmaban, no puede haber sino un solo pueblo, septuagsimo aniversario del exitoso ataque una sola nacin, y un solo comandante en jefe contra la sede del Parlamento Alemn, el (Ein Volk, ein Reich, ein Fuhrer). De esta manera, Reichstag, por parte del terrorista holands sus defensores en los medios iniciaron una

Le llev algunos meses e intensos debates y cabildeos internacionales con los pases de Eur opa pero, despus de r eunir se personalmente con el Primer Ministro del Reino Unido, el lder logr finalmente hacer un pacto. Una vez comenzada la accin militar, el Primer Ministro britnico, Neville Chamberlain, dijo a la atribulada ciudadana inglesa que haber cedido ante esa nueva doctrina del primer golpe acarreara paz a nuestros tiempos.

Marinus van der Lubbe... ese acto terrorista que catapult a Hitler hacia la legitimidad y que permiti reformar la constitucin alemana. En el momento de su contundente y breve accin para hacerse con el control de Austria, en la que prcticamente no se derram sangre alemana, Hitler era el lder ms amado y popular en la historia de su nacin. Aclamado en el mundo entero, sera nombrado ms tarde El hombre del ao por la revista Time.

de 1930, Hitler y Roosevelt eligieron estrategias muy diferentes para devolver a sus naciones el poder y la prosperidad. La respuesta de Alemania consisti en usar el gobierno para reforzar a las corporaciones empresariales y recompensar a los individuos ms ricos de la sociedad, privatizar buena parte de los bienes pblicos, reprimir el disenso, despojar a la poblacin de sus derechos constitucionales y crear la ilusin de prosperidad mediante una guerra continua y en constante expansin. En contraste, Estados Unidos adopt leyes sobre el salario mnimo para apoyar a la clase media, aprob leyes anti-monopolio para disminuir el poder empresarial, aument los impuestos a las empresas y a los individuos ms ricos, cre la Seguridad Social, e hizo del estado un ltimo recurso para conseguir empleo, a travs de programas de desarrollo de la infraestructura nacional, de promocin de las artes y de reforestacin.

La mayora de los estadounidenses recuerdan aquel rgimen por la agencia de seguridad de la Patria, la Reichssicherheitshauptamt, y tienen memoria de la SchutzStaffel simplemente por sus muy famosas iniciales: SS. Tambin recuerdan que los alemanes desarrollaron una nueva forma de guerra extremadamente violenta conocida como la guerra relmpago, Blitzkrieg, que, aunque produca devastadoras prdidas civiles, tambin daba lugar a un nivel altamente deseable de conmocin e intimidacin entre los lderes del pas atacado, segn los autores del libro Shock and Awe , publicado en 1996 por la En la medida en la que la Constitucin de National Defense University Press. Estados Unidos sigue intacta todava, la decisin sigue estando en manos del pueblo. Recordando esa poca, el Diccionario Americano Heritage ( The American Heritage Dictionary , Houghton Mifflin Company, 1983) nos ha dejado una definicin de la forma de gobierno que haba asumido la democracia alemana gracias a la estrecha alianza de Hitler con las corporaciones alemanas ms impor tantes, y merced a su poltica de usar la guerra como arma para mantener el poder: fascismo, m. Sistema de gobierno que ejerce una dictadura de extrema derecha, tpicamente mediante la fusin del estado y la dirigencia empresarial, acompaada por un nacionalismo beligerante.1

Hoy en da, cuando nos enfrentamos a una crisis financiera y poltica, conviene recordar que los estragos de la Gran Depresin golpearon de manera semejante tanto a Alemania como a Estados Unidos. Sin embargo, durante la dcada

Thom Hartmann vivi y trabaj en Alemania en la dcada de 1980. Es autor de ms de una docena de libros, entre los que se encuentran Unequal Protection y The Last Hours of Ancient Sunlight. Este artculo se publica con autorizacin del autor. Cfr. Thom Hartmann, When Democracy Failed: The warnings of history, http://www.thomhartmann.com Tauc: Goi Eea Bra rdcin lra ln enl

http://www.indybay.org/uploads/bush_is_hitler.jpg

el pianista, de roman polanskiLa pelcula de El pianista de Polanski, trata acerca de la vida de Wladyslaw Szpilman (caracterizado por Adrien Brody), un pianista judo que reside en la ciudad de Varsovia en la poca en la que sta es ocupada por el ejrcito alemn nazi. El personaje principal logra escapar casi milagrosamente de la muerte y vive para contar esta historia; una historia verdica en la cual Polanski refleja tambin parte de sus vivencias de guerra. En la pelcula vemos cmo, bajo las leyes de Nrenberg de 1936 dictadas por los nazis, Polonia se convierte en una ciudad que como muchas otras en Europa, es presa del odio hacia los judos a quienes se les obliga a diferenciarse del resto de la poblacin, por ejemplo, usando la estrella de David en el brazo, y se les segrega llevndolos a vivir a un ghetto aparte. Todos estos hechos son slo el principio de lo que fue el holocausto. Szpilman corre con mucha suerte ya que, a diferencia de su familia, logra escapar a los campos de concentracin y gracias a la ayuda de amigos polacos que se encuentran del otro lado de los muros del ghetto, es escondido en un departamento de donde tiene que huir por ser descubierto. El espectador vive junto con el personaje la angustia, el hambre, el miedo. Sin embargo, a pesar de todas las tragedias de las que es presa, Szpilman lucha por sobrevivir, escondindose de los militares alemanes y de la gente en general. Las batallas contra el ejrcito alemn por parte de los polacos son cada vez ms duras, y Szpilman logra escapar de las bombas que destruyen su escondite y se refugia en un hospital, del cual tiene que huir para internarse nuevamente en el ghetto, ahora destruido y gris, en donde se encuentra a un general alemn que lo proteger hasta el da en que los rusos liberen Polonia. La tensin en esta parte de la pelcula sube, pues el oficial alemn pide a Szpilman que demuestre que es pianista. ste interpreta lleno de pasin y melancola melodas en el piano que son capaces de diluir la diferencia y el rango para mostrar la parte humana de ambos personajes. Es un momento conmovedor, pues a travs de la msica se da un entendimiento ms all de los roles, y ms all del miedo. Al finalizar la pelcula, Szpilman busca al general, pues recibe noticias suyas por parte de un amigo. Sin embargo, nunca lo encuentra para rescatarlo y ste muere en la crcel aos despus. Por ltimo, me gustara mencionar que frente un contexto de guerra como el que estamos viviendo, ver la pelcula es una experiencia que invita a cuestionarse y a reflexionar acerca de porqu parte de la humanidad, ante acontecimientos tan atroces de los que se cuentan historias como sta, es capaz de optar por la guerra. Diana Mueller A. Comentarios al autor: [email protected] Universidad Autnoma Metropolitana Antropologa

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fracasos culturales y el fin de las lucesComenz la guerra, una vez ms nos encontramos frente a la desesperada situacin de no poder hacer nada en contra de la violencia en su mxima expresin. Entonces, producto de este perodo de la historia que llaman posmodernismo, comenzamos a reaccionar cuando ya era demasiado tarde. Pero, acaso existe un momento oportuno para empezar? Algunos decidieron irse a Irak como escudos humanos tan slo unas semanas antes de que empezara la guerra, y unos das antes de que comenzaran a bombardear, se fueron. No sirvi de nada. Un antroplogo brasileo deca segn Garca Canclini- que le asombraba que las manifestaciones en contra de la guerra estuvieran repletas de gente, pero individuos y grupos de amigos. No haca falta estar en Estados Unidos, en todo el mundo as sucedi, as sucede. Podemos preguntarnos muchas cosas, como estudiantes pareciera imposible contrarrestar el inmenso poder de una organizacin estatal tan centralizada: la de la derecha gringa. Entonces, en el pequeo espacio que puede resultar el Departamento de Antropologa de la UAM, un grupo de estudiantes asombrados por la falta de iniciativa, desde el Rector hasta los alumnos, por abordar el tema, siquiera como objeto de estudio- asumimos que era necesario tomar una postura moral y poltica dado que es un tema que nos compete como individuos, como especie y como que somos personas que nos dedicamos a estudiar a la sociedad. Un primer paso fue la organizacin de la Mesa de debate, Guerra: tres acercamientos, invitando a Juan Castaingts, a Nstor Garca Canclini y a Roberto Varela. Hubo al menos un punto en que los tres profesores coincidieron: no poda resultar una mesa de debate ya que los tres compartan una postura a favor de la paz, por lo que hubo un empate, as lo dijo Varela al preguntar a los dems ponentes si alguien iba a defender la postura en favor de la guerra. Los tres postularon que no es una situacin indita, sino la continuacin de algo que ya era claro: es una nueva guerra, pero que no vara la estructura profunda del sistema poltico estadounidense, ni del mundo. Asegura Castaingts que el mundo tridico (los Tigres asiticos, Europa y Estados Unidos) sigue controlando tanto el plano econmico como el poltico y militar, y excluyendo al resto; con la diferencia de que se desplaza de lo econmico como eje, a lo militar. Garca Canclini sostiene que Estados Unidos contina con su postura de vencer el mal, salvo que ahora el enemigo es el terrorismo ya no el comunismo- y que es llevado al extremo dada la situacin blica de las ms rsticas de la historia. Esto es posible, de acuerdo con Garca Canclini, debido a la imposicin del poder a travs del terror y del multiculturalismo light meditico. Para Varela, esta continuidad es producto de una cultura poltica subordinada y no participativa que caracteriza al pueblo estadounidense. Varela calific la invasin como una invasin sin pretextos, es decir que no hay justificacin para hacerlo, por lo que es una accin ticamente reprobable. Explic que no es sorprendente que se busque dar opiniones porque la pregunta que todos se hacen es Cules son los motivos, a pesar de ser ticamente reprobable, que inclinan a Estados Unidos a realizar la accin?. Esto es algo que tiene al mundo en una situacin de angustia constante (segn Castaingts, esa angustia est claramente reflejada en los mercados). Es una situacin sin precedentes dada la prdida de referentes simblicos como explic Castaingts-, por un lado nos enfrentamos a que todas las grandes iglesias han rechazado la guerra, y por otro a la derecha norteamericana encabezando un discurso mstico diferente que deja en un lugar secundario a la razn. Estamos viviendo la muerte del siglo XVIII, del siglo de las luces, yo quisiera preguntarle acaso ahora viene un perodo de oscuridad? Muere el siglo XVIII, o lo que es lo mismo, en trminos de Varela, prevalecen los deseos e intereses de una clase poltica que se convierten en un conjunto de creencias compartidas (en este caso por la sociedad estadounidense) cuya funcin social es promover el poder poltico de ese grupo. Deca Varela que la sociedad estadounidense aprueba la invasin ya que 75% de la opinin pblica est a favor y el aparato legislativo tambin lo aprob. Para Varela esto se explica porque Estados Unidos es un pueblo beligerante, que es muy diferente a la demencia de un individuo

(Bush), que es realidad capaz de ejercer la razn y, por lo tanto, punible. Sin embargo, podemos no estar del todo de acuerdo. Es cierto que las encuestas revelan apoyo al gobierno, pero es tambin cierto que nunca antes haba estado tan polarizada la opinin pblica. Creo que est claro que no es lo mismo que el 25% que no apoya la guerra se quede en su casa contemplando la masacre, a que este mismo grupo salga a las calles cada vez que es posible para decir que no. La polarizacin es un asunto importante, es decir que hace falta tomar en cuenta las variables cualitativas porque el mismo porcentaje no necesariamente explica una realidad. Explica Garca Canclini que desde las industrias culturales, tema sobre el que es especialista, se puede comprender lo que s