BéCquer Seleccion

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    03-Jul-2015
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  • 1. APLOGO Brahma se meca satisfecho sobre el cliz de una gigantesca flor de loto que flotaba sobre el haz de las aguas sin nombre. La Maija fecunda y luminosa envolva sus cuatro cabezas como con un velo dorado. El ter encendido palpitaba en torno a las magnficas creaciones, misterioso producto del consorcio de las dos potencias msticas. Brahma haba deseado el cielo, y el cielo sali del abismo del caos con sus siete crculos y semejante a una espiral inmensa. Haba deseado mundos que girasen en torno a su frente, y los mundos comenzaron a voltear en el vaco como una ronda de llamas. Haba deseado espritus que le glorificasen, y los espritus, como una savia divina y vivificadora, comenzaron a circular en el seno de los principios elementales. Unos chispearon con el fuego, otros giraron con el aire, exhalaron suspiros en el agua o estremecieron la tierra, internndose en sus profundas simas. Visn, la potencia conservadora dilatndose alrededor de todo lo creado, lo envolvi en su ser como si lo cubriese con un inmenso fanal. Siva, el genio destructor, se morda los codos de rabia. El lance no era para menos. Haba visto los elefantes que sostienen los ocho crculos del cielo, y al intentar meterles el diente, se encontr con que eran de diamante; lo que dice sobrado cun duros estaban de roer. Prob descomponer el principio de los elementos y los hall con una fuerza reproductora tan activa y espontnea que juzg ms fcil encontrar el ltimo punto de la lnea de circunferencia. De los espritus no hay para qu decir que, en su calidad de esencia pura, burlaron completamente sus esfuerzos destructores. En tal punto la creacin y en esta actitud los genios que la presiden, Brahma, satisfecho de su obra, pidi de beber a grandes voces. Dironle lo que haba pedido, bebi, y no debi de ser agua, porque los vapores, subindosele a la cabeza, le trastornaron por completo. En este estado de embriaguez dese alguna cosa muy extravagante, muy ridcula, muy pequea; algo que formara contraste con todo lo magnfico y lo grandioso que haba creado: y fue la humanidad. Siva se restreg las manos de gusto al contemplarla. Visn frunci el ceo al ver encomendada a su custodia una cosa tan frgil. Los hombres, en tanto, andaban mustios y sombros por el mundo, ocultndose avergonzados los unos de los otros, cerrando los ojos para no ver a su alrededor tanto grande y eterno, y no compararlo involuntariamente con su pequeez y su miseria.

2. Porque los hombres tenan la conciencia exacta de s mismos. Queris acabar de una vez con vuestros males? -les dijo Siva-. Queris morir? -S, s! -exclamaron en tumulto-. Para qu queremos este soplo de existencia? -Yo soy un estpido, lo s, y me avergenzo de mi barbarie -deca uno. -Yo soy deforme -aada el otro-, y me entristece el espectculo de mi ridiculez. -Y tenemos estas y estas fallas y aquellas y las otras miserias -proseguan diciendo los dems, enumerando el cmulo de males y defectos de que entonces, como ahora, se hallaban plagados los hombres. -Es cosa hecha -dijo Siva, viendo la decisin de la humanidad entera. Y levant la mano para destruirla; pero en aquel instante se interpuso Visn. -Esperad un da -exclam, dirigindose a los hombres-, un da no ms. Voy a daros de beber un elixir misterioso. Si maana despus de haberlo bebido queris morir, que vuestra voluntad se cumpla. Los hombres aceptaron, y Siva dej su presa refunfuando entre dientes, porque conoca el ingenio y la travesura de su competidor. Visn que efectivamente era hombre, digo mal, era dios de grandes recursos en las ocasiones crticas, se las compuso de manera que a las pocas horas tena ya hecho y embotellado su elixir en tal cantidad que toc a frasco por barba. Pas la noche, durante la cual los hombres no hicieron otra cosa que sorber por la nariz aquella especie de ter mgico; y cuando torn a brillar la luz, vino Siva de nuevo a renovar sus proposiciones de muerte. Los hombres, al orle, comenzaron por maravillarse y acabaron por rersele en las barbas. -Morir nosotros -exclamaron-, cuando un porvenir inmenso se abre ante nuestra vista! Yo -deca el uno- voy a conmover el mundo con la fuerza de mi brazo. -Yo voy a hacer mi nombre inmortal en la tierra. -Yo, a avasallar los corazones con el encanto de mi hermosura. -Y as, todos iban repitiendo; -Morir yo, que siento arder en mi frente la llama del genio; yo, que soy fuerte; yo, que soy hermoso, yo, que ser inmortal! Siva no daba crdito a sus ojos, y unas veces le daban ganas de rabiar y otras de rer a carcajada tendida ante el espectculo de tan ridcula transformacin. En aquel momento pasaba Visn a su lado, y el genio destructor no pudo menos de dirigirle estas palabras: -Qu diantre les has dado a estos imbciles, que ayer estaban todos mustios, cabizbajos y llenos de la conciencia de su pequeez, y hoy andan con la frente erguida, burlndose los unos de los otros, creyndose cada uno cual un dios? Visn, con mucha sorna, y dndole un golpecito en un hombro, se inclin al odo de Siva y le 3. dijo en voz muy baja: -Les he dado el amor propio. La Gaceta Literaria 28 de febrero, 1863 4. EL ADEREZO DE ESMERALDAS Estbamos parados en la carrera de San Jernimo frente a la casa de Durn y leamos el ttulo de un libro de Mry. Como me llamase la atencin aquel ttulo extrao y se lo dijese as al amigo que me acompaaba, ste, apoyndose ligeramente en mi brazo, exclam: -El da est hermoso a ms no poder; vamos a dar una vuelta por la Fuente Castellana; mientras dura el paseo, te contar una historia en la que yo soy el hroe principal. Vers cmo, despus de orla, no slo lo comprendes sino que te lo explicas de la manera ms fcil del mundo. Yo tena bastante que hacer; pero como siempre estoy deseando un pretexto para no hacer nada, acept la proposicin, y mi amigo comenz de esta manera su historia: -Hace algn tiempo, una noche en que sal a dar vueltas por las calles sin ms objeto que el de dar vueltas, despus de haber examinado todas la colecciones de estampas y fotografas de los establecimientos, de haber escogido con la imaginacin delante de la tienda de los Saboyanos los bronces con que yo adornara mi casa, si la tuviese, de haber pasado, en fin, una revista minuciosa a todos los objetos de artes y de lujo expuestos al pblico detrs de los iluminados cristales de las anaqueleras, me detuve un momento en la de Samper. No s cunto tiempo hara que estaba all regalndole con la imaginacin a todas las mujeres guapas que conozco; a sta, un collar de perlas; a aqulla, una cruz de brillantes; a la otra, unos pendientes de amatistas y oro. Dudaba en aquel punto a quin ofrecera, que lo mereciese, un magnfico aderezo de esmeraldas, tan rico como elegante, que entre todas las otras joyas llamaba la atencin por la hermosura y claridad de sus piedras, cuando o a mi lado una voz suave y dulcsima exclamar con un acento que no pudo menos de arrancarme de mis imaginaciones -Qu hermosas esmeraldas! Volv la cabeza en la direccin en que haba odo resonar aquella voz de mujer, porque slo as poda tener un eco semejante, y encontr en efecto que lo era, y de una mujer hermossima. No pude contemplarla ms que un momento y, sin embargo, su belleza me hizo una impresin profunda. A la puerta de la joyera de donde haba salido estaba un carruaje. La acompaaba una seora de cierta edad, muy joven para ser madre, demasiado vieja para ser su amiga. Cuando ambas hubieron subido a la carretela, que por lo visto era suya, partieron los caballos, y yo me qued hecho un tonto, mirndola ir hasta perderla de vista. quot;Qu hermosas esmeraldas!quot;, haba dicho. En efecto, las esmeraldas eran bellsimas; aquel collar rodeado a su garganta de nieve hubiera parecido una 5. guirnalda de tempranas hojas de almendro salpicadas de roco; aquel alfiler sobre su seno, una flor de loto cuando se mece sobre su movible onda coronada de espuma. Qu hermosas esmeraldas! Las desear acaso? Y si las desea, por qu no las posee? Ella debe ser rica y pertenecer a una clase elevada; tiene un carruaje elegante y en la portezuela de ese carruaje he credo ver un noble blasn. Indudablemente hay en la existencia de esa mujer algn misterio. stos fueron los pensamientos que me agitaron despus que la perd de vista, cuando ya ni el rumor de su carruaje llegaba a mis odos. Y en efecto, en su vida, al parecer tan apacible y envidiable, haba un misterio horrible. No te dir cmo; pero yo llegu a penetrarlo. Casada desde muy nia con un libertino que, despus de disipar una fortuna propia, haba buscado en un ventajoso enlace el mejor expediente para gastar otra ajena, modelo de esposas y de madres, aquella mujer haba renunciado a satisfacer el menor de sus caprichos para conservar a su hija alguna parte de su patrimonio, para mantener en el exterior el nombre de su casa a la altura que en la sociedad haba tenido siempre. Se habla de los grandes sacrificios de algunas mujeres. Yo creo que no hay ninguno comparable, dada su organizacin especial, con el sacrificio de un deseo ardiente, en el que se interesan la vanidad y la coquetera. Desde el punto en que penetr el misterio de su existencia, por una de esas extravagancias de mi carcter, todas mis aspiraciones se redujeron a una sola: poseer aquel aderezo maravilloso y regalrselo de una manera que no lo pudiese rechazar, de un modo que no supiese ni aun de qu mano podra venir. Entre otras muchas dificultades que desde luego encontr a la realizacin de mi idea, no era seguramente la menor el que, ni poco ni mucho, tena dinero para comprar la joya. No desesper, sin embargo, de mi propsito. quot;Cmo buscar dinero?quot;, deca yo para m, y me acordaba de los prodigios de Las mil y una noches, de aquellas palabras cabalsticas a cuyo eco se abra la tierra y se mostraban los tesoros escondidos, de aquellas varas de virtud tan grande que tocando con ellas en una roca, brotaba de sus hendiduras un manantial, no de agua, que era pequea maravilla, sino de rubes, topacios, perlas y diamantes. Ignorando las unas y no sabiendo dnde encontrar la otra, decid por ltimo escribir un