A‘(i IV. DE NM. ESPIRITISMO, - .—Si; en tus dudas, en tus deseos y temores...

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  • A(i IV. 1." D E M.\nzo D E 1872. NM. 5 . '

    ESPIRITISMO, R E V I S T A Q U I N C E N A L .

    Se p u b l i c a e n S e v i l l a el 1 y 1 5 d e c a d a m e s .

    SECCIN DOCTRINAL.

    DILOGOS.

    II. Oh amigo mi!... Cuntos sucesos ocurridos desde nuest ra

    ltima entrevista!... Cuantas tristezas y dudas!. . . Cuanta deses-peracin, y cuantas esperanzas al mismo tiempo! Mi cabeza es un caos; necesito fijar mis ideas; necesito creer en el Espiritismo, y me lo impiden las mil objeciones que en tropel se agolpan la imaginacin. Dios existe,"es cierto, me lo has demostrado; pero qu es la creacin? Qu es el mundo, el hombre y el alma? Yo vivo, siento y tengo voluntad; yo amo. Acabar mi vida? Se anu-lar mi sensacin? Se anonadar mi voluntad y perder eterna-mente los seres amados?.... Ah! querido amigo! esto seria ho r -rible, y sin embargo tal vez sea lo positivo... . Qu me respon-des?... Te sonres...?

    Si; en tus dudas, en tus deseos y temores veo fotografiada tu predisposicin aceptar lo que la razn y la lgica depositen en tu entendimiedto. Esto me satisface, y aunque perentoriamente, me obliga responderte: Dios existe; Dios es el bien; tu espiritu es creacin suya, y vivir, sentir, ser libre y amar e ternamen-te, porque vivir, sentir, querer y amar son sus propios atributos, los elementos que constituyen su ser, las leyes que realizan su naturaleza, el bien, en una palabra.

    Qu son la creacin, el mundo, el hombre y el alma, te pre-guntas? y como lo indispensable para conocer una cosa es que sea^ y todas esas cosas son porque existen, en su estudio obtendrs la

  • 130 EL ESPIRITISMO.

    respuesta. El primer deber del hombre se encuentra encerrado en esta sapientsima mxima: Nosce te ipsum. El hombre por s\i orga-nismo y funciones representa el mundo fsico; por su espiritu y facultades abraza el mundo moral; por la unin de ambos elemen-tos con sus relaciones mutuas, sintetiza el mundo mixto. El mine-ral, el vegetal y el animal; la inteligencia, la sensacin y la vo-luntad, son los estudios que el hombre est llamado indispensa-blemente realizar si quiere ser filsofo y conocerse s mismo. La vida se encuentra en todo; nada est paralizado; hasta la traspa-rente gota de roco que posa en la corola de la flor, es un mundo habitado por infinidad de seres microscpicos; y como dice el sa-bio naturalista Lavater; Cada grano de arena es una inmensidad, cada hoja un mundo, cada insecto una reunin de afectos incom-prensibles... y en el hombre se hallan reunidas todas las fuerzas de la naturaleza.

    Pero dejando un lado, momentneamente, esta cuestion-puedo conocer esos sucesos de que me has hablado, y que tantas impresiones han producido en tu corazn?

    Si amigo.mo; voy aunque grandes rasgos referrtelo to -do. Recordars que cuando nos separamos ya se borraban los l-timos reflejos de la luz del dia, y algunas estrellas empezaban sembrar el oscuro crespn de los espacios.

    Si. Pues bien; pensando en el resultado de nuestra amistosa

    conferencia y embebido en las ideas de que, no hay efecto sin causa; que la primera causa tuvo que serlo de si misma; que la naturaleza es efecto; la casualidad no existe; el mal es negacin, etc. , recorr automticamente algunas calles y entr por fin en un caf donde me sacaron de mi distraccin, el murmullo de mil con-versaciones, el ruido de las copas, la detonacin de las botellas de cerveza y los acordes del piano. A los pocos momentos llegndose m un amigo, me particip la muerte rapentina de Adolfo, noti-cia que me dej aterrado por lo inesperada, y entregndome una carta suya me dijo sospechaba seria alguna disposicin de mi que -rido amigo. Pocos renglones son; pero sentidos y por dems enig-mticos. Escchalos:

    Querido B. siento que mi fin se acerca, y no te veo mi lado; m e resigno este dolor porque asi lo dispone la Providencia. Aprovecho un instante de calma para trazar estos renglones y de -

  • EL ESPIRITISMO. j31

    cirte desde el dintel de la eternidad; Adis amigo mi; t e n valor y esperanza; nuestra separacin es momentnea y ms aparente que real; no me vers ni me escuchars con los ojos y los oidos materiales; pero me sentirs tu lado y mi voz penetrar en tu alma. Soy espiritista desde hace algunas horas; una ligera con-versacin con un amigo, ha bastado para rasgar la tupida gasa que aun cubra mis ojos. Estudia esa doctrina si quieres vivir feliz y morir tranquilo. No puedo ms; adis, y hasta la vista.

    Esta carta abri en mi corazn una profunda huella de tristeza, y arranc mis ojos algunas lgrimas, j u s to t r ibuto rendido la amistad y al i-ecuerdo de tan buen amigo, con el que recorr la escala de las proezas y sensaciones de la juven tud .

    A los tres dias de ocurrido tan desagradable suceso , y necesi-tando respirar el aire puro del campo, me lanc la calle sin sa-ber hacia que punto dirigir mis pasos; mas pronto me encontr en una de las puertas que dan salida la ciudad y precisamente en el camino que conduce al cementerio donde yacen sepultados los restos de mi infortunado amigo. Una fuerza poderosa me impul-saba avanzar por aquella larga y estrecha calzada, y despus de reflexionar algunos instantes.roe decid visitar la silenciosa mo-rada de la muerte.

    Yo no s qu singular influencia ejerce en el sentimiento la vista de un campo sembrado de huesos, cruces y flores, y cercado por una espesa val lado nichos. All, donde se contempla el deS" pojo de las generaciones que pasaron y se confunden las lgrimas de la generacin presente, el corazn palpita de miedo y de t r is-teza viendo aquellos blancos y amarillos crneos que con las r-bitas vacias parecen querer devorar los vivos con su fra mira-da; pero es un miedo sin sobresalto y una tristez a llena de dulzu-ra y de encanto.

    Esta es la vida, reflexionaba yo leyendo la inscripcin de la lpida de mrmol sobre la que estaba grabado el nombre de Adol-fo; este esf el resumen de los sentimientos y las sensaciones; aqui todo se acaba; aqu se encierra todo; amor, placeres y esperanza. Aqu los ms ilustres genios se convierten en oxgeno, hidrge-no, carbono y zoe; aqu se descompone el cuerpo y se gasica el alma.

    Una voz tenue, pero lleno su timbre de dulzura me distrajo de mis meditaciones. Quin me llamaba? Quin podia conocerme

  • 132 EL ESrmiTISMO.

    por aquellos contornos? Seria algn amigo que hubiese penetra-do tras de mi para observarme? iMirp hacia todos lados, cruc por todas partes; estaba solo, y sin embargo yo no podia dudar de que mi nombre habia sido pronunciado. Qued suspenso por algunos minutos esperando que de nuevo se anunciara quien tan miste-riosamente se ocultaba de mi; pero nada, soledad y silencio volvi reinar de nuevo. Habia sido una ilusin; tal vez el eco perdido del canto de un pastor cuyas ltimas vibraciones fueron estin-guirse en mi oido.

    Reanud mis rellexiones. El hombre slo es un conjunto de molculas reunidas por la fuerza cohercitiva; cuandp esta fuerza se debilita, vienen las enfermedades; cuando cesa se efecta la descomposicin, viene la muer te . E l alma, qu es el alma? La fuerza, la trabazn, el resultado de la vida que con ella termina, no para desaparecer, no para anonadarse sino para cont inuar obrando en la misma materia de que emana; pero modificada se-gn las distintas combinaciones en que nuevamente le coloque la transformacin del elemento que active. El cuerpo de Adolfo h a -br disminuido ya algn tanto de volumen causa de las evapora-ciones acuosas verificadas por el calrico, y con ellas vagar en la atmsfera una parte de lo que fu su alma, de lo que constituy su inteligencia. Dentro de algunos meses las plantas d este r e -cinto tendrn parte de su sr, y las llores que broten de su t umba exalarh perfumes de su alma: |S posible me fuera recogerlos. . . . !

    Una nueva voz, pero intensa y aguda penetr en mi oido: No blasfemes, no dudes, tu amigo existe, dijo, y me dej a te r rado . Volv repentinamente la cabeza, mas nadie vi ; el silencio de la mue r t e rein^ba en torno mi, y solo se in terrumpa de vez en cuando por el suave murmura r de algunos sauces movidos len ta-mente por el viento.

    De quien era aquella voz? De mi conciencia?... . Imposible amigo mo; yo senta la ms profunda conviccin de mis ideas, y mi conciencia de nada me acusaba al refrescarla con el recuerdo: adems, la voz del alma no puede tener tono, debe carecer de t imbre; ser solamente el pensamiento que se ejercita subjetiva-mente , y aquellas palabras fueron tan sonoras, que penetrando por el pabelln de mi rgano auditivo, recorrieron todas las cavi-dades del laberinto, reaccionaron sobre el t mpano, y el nervio acstico llev la sensacin hasta mi alma. Pero aquel tono agudo

  • EL ESPIRITISMO. 133

    parecido una vibracin metlica no podia proceder de un ser humano , y aunque as no fuera, yo me encontraba enteramente solo. Seria una broma para divertirse costa ma? Reconoc e s -crupulosamente todo el panten dispuesto hacer pagar bien cara la burla su autor; mir las cavidades de los nichos vacos, y me, convenc por ltima vez de que yo era el nico ser humano que vagaba por aquellos sitios. Instintivamente me situ de nuevo enfrente de la tumba de Adolfo, y mil ideas cruzaron vagamente ^ por mi pensamiento. Aquella voz real que mi odo habia escu-chado por dos veces; aquella ltima frase anuncindome la exis-tencia del amigo difunto, la seguridad de encontrarme solo, y to -das las estraas coincidencias del hecho, se agolparon en confuso tropel mi cerebro y por la escitacion que senta y que gradual -mente se aumentaba, conoc estaba acometido de una fuerte ca-lentura. Quise marcharme, y ni tuve valor ni fuerza para ello; me sent maquinalmente , y recostando la cabeza sobre la cornisa de piedra qued sumido en una especie de sopor y sin conciencia . de que existia.

    Mas de dos horas deb permanecer en aquel estado, dei que me sac una voz ronca y vinosa y un brusco