A. Schopenhauer, La Vocación Metafísica

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INTRODUCCIÓN: ACERCA DE LA NECESIDAD METAFÍSICA EN EL HOMBRE ExCEPTO el hombre ningún ser se sorpl'Ulde de su propia existen· cia; para todos los demás animales Esta es una cosa que se comprll::n· de por misma y que no les asombra. En el reposo de la mirada de los animales se refleja la sabiduña de la naturaleza, pues en ellos la hmIad y el jms:lec'Q no están todavía lo suficie ntemente separados para que al verse juntos se extrañen mutuamente. Todo el fen6meno pende aún demasiado del tronco primitivo de donde nace, y participa de la omnisciencia i nsciente de nu estra madre común, la naturale· Z3. o cuando la esenCIa interior de la naturaleza (la voluntad de vivir en su objetivación) se ba intripida y animosa, a través de los dos reinos de los seres inconscientes y luego a lo largo de la dilatada serie de Jos animales, para llegar, en fin. a la manifestaci6n de la razón, es decir, al hombre, en el cual se refleja sobre sí- misma, es cuando se asombra de su propia obra y st pregunta lo que es. Su asombro es tanto mayorcuamo que por primera vez st enfrenta conscientemente ante la 1TJ1.JeTU. y al lado de la r mitud de toda existen· da se le impone con mayor o menor fuerza la vanidad de todos nues- tros esfuerzos. Con esta conciencia y esle asombro nace la JU!JIZJiJtJd metlijiSUd. propia só)o del a quien podemos considerar, por oonsiguiente, un animal TTIIIopIIyricum: Sin duda al principio su con- ciencia lo toma todo como algo que . se·eotiende por sí solo. Pero esto no perdura; pronto, en el momen to de la primera reflexión se mani- "fiesta en él ese asombro dd cual debe nacer la metaf'.tSica. Confonne a esto dice: Aristóteles al comienzo de su MetajísiUJ: .6.m ,.al? TO 80"· OL n-y8l?c.n-Ot XOt JIU" Xot ro 'l"QWTOI' Jfl?€a"Y"TO wlÁoaowH" (hoplh mim d """" d ¡mm" inapmml LDmiNs (1, 982 bJ 2.J it.a disposición propiamente filosófica nos lleva también a admiramos de cosas habituales y coti dianas. lo cual nos induce a tratar el problema de lo en los fenómenos; mientras que l os que practican sus investigaaones en el campo de las ciencias positivas no se admiran más que de ciertos fen6menos escogidos y raros, y su proble- ma es 5610 el reducirlos a otros fenómenos más conocido(ICuanto más vulgar e ignorante es el hombre, menos enigmática le parece la existencia; todo lo que existe y tal como...exis te le parece que se ex· • Pues k:. hornbai comienzan oxnr:nZ3l'Oll sicrI'lPft' a fibo(aT movidas por

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INTRODUCCIÓN: ACERCA DE LA NECESIDAD METAFÍSICA

EN EL HOMBRE

ExCEPTO el hombre ningún ser se sorpl'Ulde de su propia existen· cia; para todos los demás animales Esta es una cosa que se comprll::n· de por sí misma y que no les asombra. En el reposo de la mirada de los animales se refleja la sabiduña de la naturaleza, pues en ellos la ~ hmIad y el jms:lec'Q no están todavía lo suficientemente separados para que al verse juntos se extrañen mutuamente. Todo el fen6meno pende aún demasiado del tronco primitivo de donde nace, y participa de la omnisciencia i nsciente de nuestra madre común, la naturale· Z3. o cuando la esenCIa interior de la naturaleza (la voluntad de vivir en su objetivación) se ba eI~vado. intripida y animosa, a través de los dos reinos de los seres inconscientes y luego a lo largo de la dilatada serie de Jos animales, para llegar, en fin. a la manifestaci6n de la razón, es decir, al hombre, en el cual se refleja sobre sí-misma, es cuando se asombra de su propia obra y st pregunta lo que es.

Su asombro es tanto mayorcuamo que por primera vez st enfrenta conscientemente ante la 1TJ1.JeTU. y al lado de la r mitud de toda existen· da se le impone con mayor o menor fuerza la vanidad de todos nues­tros esfuerzos. Con esta conciencia y esle asombro nace la JU!JIZJiJtJd metlijiSUd. propia só)o del hombn::~ a quien podemos considerar, por oonsiguiente, un animal TTIIIopIIyricum: Sin duda al principio su con­ciencia lo toma todo como algo que .se·eotiende por sí solo. Pero esto no perdura; pronto, en el momento de la primera reflexión se mani­"fiesta en él ese asombro dd cual debe nacer la metaf'.tSica. Confonne a esto dice: Aristóteles al comienzo de su MetajísiUJ: .6.m ,.al? TO 80"· p.a~t'Y OL n-y8l?c.n-Ot XOt JIU" Xot ro 'l"QWTOI' Jfl?€a"Y"TO wlÁoaowH"

(hoplh odmú~ mim d """" d ¡mm" inapmml LDmiNs ~-> (1, 982 bJ 2.J it.a disposición propiamente filosófica nos lleva también a admiramos de cosas habituales y cotidianas. lo cual nos induce a tratar el problema de lo ~aI en los fenómenos; mientras que los que practican sus investigaaones en el campo de las ciencias positivas no se admiran más que de ciertos fen6menos escogidos y raros, y su proble­ma es 5610 el reducirlos a otros fenómenos más conocido(ICuanto más vulgar e ignorante es el hombre, menos enigmática le parece la existencia; todo lo que existe y tal como...existe le parece que se ex·

• Pues k:. hornbai comienzan oxnr:nZ3l'Oll sicrI'lPft' a fibo(aT movidas por d~,,",-

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26 1!\'TRODUCCIÓN: A9E.RCA DE LA NFr.F.sm~ METAFfSICA

plica por sí solo, porque su intelecto no ha rebasado aún la misión primitiva de servir a la voluntad en calidad de mediadora de mo­tivos; está aún estrechamente unido, como pane integrante, al mun· do y a la naturaleza, y no pu4!de, por lo tanto, despr'Ulderse del conjunto de las cosas, afrontar el mundo romo algo distinto de él, a fm de contemplarle desde un punto de vista puramente objetivo. Por el contrario, el asombro ruosóí tOO está rondicionado por un desarrollo considerable de la inteligencia; pero esta condición no es la única.

[ Está fuera de duda que el saber de lall!luert~junto a la rontemplaci6n de los dolores y mi!erlas de la vida es lo que da mayor pábulo a las consideraciones ftlosóflCaS y a las explicaciones metaf"lSicas del mun­do. Si nuestra vida estuviera exenta de dolores y no tuviera lúnite, es probable que a nadie se le ocurriera preguntarse poI" qué existe el

, mundo, y poi" qué es tal como es; todo esto se expl.ica.ria por sr salo.) Conforme a esto, vemos que el intel'és que despiertan los siStemaS fi· losóflCOS y aun los religiosos tiene su más s6lido fundamento en el dogma de la persistencia de la vida después de la muerte, y si bien en lo que hacen hincapié las diversas religiones es en la existencia de los dioses, ~ únicamente a que oon dicha existencia está rcl.aci&­nado su dogma de la inmortalidad, considerándolo inseparable de d1a; mas en el fondo )0 que les interesa es este dogma. Pues, si por otro medio se les pudiese asegura.- a los hombres dicha lnmonalidad se enfriaría mucho el ardor con que defienden a sus dioses, y si , por el contrario, se llegase a demostrar que la inmonaJidad es imposi­ble , aquel celo quc:daria sustituido por una absoluta indiferencia. El interés que les inspira la existencia de los dioses desapareceria al f al· tar la esperanza de alternar con ellos, a no ser por el interés que acaso pudieran inspirar las influencias de esos dio~ sobre los aconteci­mientos de la vida terrenal. Pero si ruese: posible llegar a demostrar la incompatibilidad de la existencia de: los dioses con la persistencia de: la vida después de la muerte, probando, por ejempJo, que esa per_ sistencia supone necesariamente la espontaneidad de la existenci~ pronto los sistemas relig-iooos sacrificarían sus dioses a la inrnonali­dad de los hombres y confesarían c:1 ateísmo. Ésta es la raz.6n por la. que las doctrinas materialistas y el escepticismo absoluto no han po­dido ejercer jamás una infl~ia general Y persistente.

Templos e igiesias, pagOOas Y mezquitas dan testimonio en todos los pa.íses~y en tocios los tiempos, con su esplendor y su granckza, de la necesidad metafbica del bombre, tan fuene e i.ndestructible como la física. Si quisibamos satirizarla, diñamos que dicha necesidad es hano modesta y fácil de remediar. Las fábulas más groseras y los cuentos más insípidos bastan muchas veces para satisfacerla, y si han sido inculcados a los hombres en ~ad muy temprana, los aceptan de

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buen grado como explica9one:s de: su existencia y romo fundamento de su moralidad.

Estudiemos ahora las diferentes maneras de satisfacer esa tan fuer­te necesidad metafísica. t Por metafísica ent5endo todo supuesto conocimiento que va más allá de las posibilidad~ de la c:xperiencia, es decir, de la naturaleza o de los fenómenos de las cosas, para dar una solución, cualquiera que sea su sentido, a los problemas de esa naturaleza; o en ténninos más populares, trata de descubrir qué es lo que hay detrás de la naturale­za y qué es lo que la hace ?JSible) Ahora bien, la gran diferencia de capacidad comprensiva, así como el desarrollo más o menos compl~ to que por la inSllucción alcanza y que exigr: tantos desvelos, crea tal diferencia entre: los hombres que desde: el momento en que un puebto sale del estado de barbarie, ww misma metailSica DO pU.«Ie servir para todos, por lo que en los pueblos civilizados vemos constante­mente dos clases de metailSica, que se distinguen en que una toma su autoridad dé si mtSt7ttJ Y la otta de foca. Los sistemas de la primera clase exigen para su crédito reflexión, ilustración, esfueno y juicio, por lo que s61G están al alcance de muy pocos hombres y únicamente pueden surgir y rultivarse en civilizaciones eminentes. Por el contra­rio, para la mayor parte de los hombres, para los que sólo son capaces de creel" y no de pensar , y que no aceptan razones, sino· sólo autori· dad, están reservados los sistemas de la segunda especie, a los que podriamos consideral" apropiadamente como la mewlSica del pueblo, al m<XIo como se habla de una poesía y de una sabiduría popular, compuesta esta última por los refranes. Dichos sistemas son , sin em­~, conocidos con el nombre de religiones y los hallamos en todos los países, con excepci6n de algunos completamente salvajes. Su ere­dulidad, como he dicho, se funda en motivos externos y se llama re­,,,elación, la cual está acreditada por signos y milagros. Sus argu­mentos son, poI" lo general. amenazas de penas eternas y rempor.des, dirigidas contra los incrédulos y aun contra los meros escépticos. Como última raJw thtQÚJgtmnn, hallamos en muchos. pueblos la hogue­ra, o cosas parecidas . Cuando buscan otra legitimación o emplean otn:)S argumentoS, operan ya una transición hacia los sistemas prime­ramente aludidos y pueden degenerar en una clase intermedia entre ambos, la que trae oonsigo más peligros que ventajas. Pues la prenda más segura que poseen de imperar de un mOOo perdurable en los ce­rebros es el privilegio de ser ensei5.adas a los niños, lo cual conviene a estos dogmas en una especie de segunda inteligencia innata que pren· de como c:1 injerto en el árbol, mientras que los sistemas de la primera especie no se dirigen nunca más que a hombres maduros, en los cua­les ha tomado la delantera un sistema de la se~nda especie, arrai-gado ya en el cerebro. -

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Estas dos clases de metafísica, cuya diferencia puede enunciarse más resumidamente lla.mándolas doctrinas de persuasi6n y doctrinas de fe, tienen de común que cada sistema especial se encuefiua en re­laciones hOstiles con todos los demás de la misma especie. Los prime­ros hacen su campaña por medio de la palabra y de la pluma; los se­gundos emplean además el hierro y el fuego, habiéndose difundido muchos de ellos graci.u a esta última manera de polemizar; pero todos se han difundido por la Tierra y sus títulos son tan poderosos que los pueblos se distinguen y dividen más por la fe que por su nacionalidad o por su gobierno. Sólo imu dtmtUan en su circunscripción; los prime· ros no son más que toIeroóDs, y esto porque, sin duda, no se les juzga dignos de ser combatidos a sangre y fuego, en vista de! cono número de sus partidarios. Se han empleado, sin embargo, esos medios ron buen éxito cuantas veces se creyó preciso. Pero además hay ~ ra· zón para tolerarlos y es que casi siempn: aparecen esporádicamente. Por lo común sólo se les tolera domesti= en servidumbre, es de­cir. pagando tributo al sistema de ta especie y acomodando más o menos estrictamente sus enseñanzas a las: de éste. Estos segun­dos sistemas no solamente han vencido a los primeros. sino que se ban servido de ellos frecuentemente' como de un esruerzo previo. Pero esta estratagema es peligrosa, pues los primeros suplen la fuerza con la astucia y conservan siempre una especie de perfidia oculta, que cuando Uega la ocasión se: manifiesta inopinadamente y causa da­ños difíciles de remediar. Y son tanto más temibles cu:tnto que todas las ciencias positivas, sin exceptuar las: más inocuas, -son su.s aliadas secretas contra los segundos (las religiones) y sin estar en guerra abiena ron éstas les causan estragos hano sensibles. Además, ya de por sí es enojoso para un 'sistema que se basa en una autoridad.exte­rior querer que se añada a ésta un fundamento intrinseco, apCO\re­chando para dIo Jos otros sistemas, pues si fuera susceptible de una legitimación semejante, no necesitaña demostración alguna de fuera. Por otra pane,Lqué necesidad tiene una religión dé! apoyo de la ftlo- . SOlta? ¿ o lo tiene todo: revelación, milagros, profetas, protección del gobierno, je:rruquía suprema tal como a la verdad corresponde, respeto del pueblo, miles de templos para enseñarla y practicarla, legiones de sacerdOles juramen~, y lo que es más que tcx:lo eSto, el privilegio de poder poner el selIo.de sus doctrinas a la infancia, que

'de este modo llegan a echar tan profundas raíces como si rueran inna­tas? D3da esta riqueza de medios, al ver solicitar a la religión el auxi­lio de los pobres filóSofos, ¿no se muestra avara o si se quiere más recelosa de lo que es compatible con una conciencia tranquila?g;

A estas diferencias hay que añadir la siguiente: todos los sistemas ítlosóficos pretenden y. por tanto, tienen el deber de:: ser ~rdaderos

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sm.nr strictD d propritJ en cuanto enseñan, pues se diri~ al pensam~-to y a la persuasión. En cámbio, las religiones, ~ .. a la mulu-tud innúmera de los que incapaces de examen y de reflexxm no .roro­prenderán jamás .lmSK propric las más profundas .verdades, no uenen nettSidad de:: ser verdaderas más que .sauu II.kgotit». Al pueblo no se ~ puede presentar la verdad desnuda. Un síntoma de ~ n~za ~ de las religiones son los misterios: dogmas que ro sKlutera pue-den pen.sarse con claridad y menos ser literalmente ven:iaderos~ Has-ta puede afirmarse que al~OS absurdos son in.gmlientes ese~_ de toda ~n ~~ y ihiki manera aattuada de haCer stJIbt a kls espmtus .. gafes y a las intd.igencias inaJItas 10 que de. ~ro modo resultaría incomprensible: para ellos, a saber: que la rdig¡6n trata de un orden de COJQS tn n. ante el cual desaparecen las leyes de los fenómenos del mundo, conrorme a las cuales tiene que expresane, y que en consecuencia, no sólo los dogmas contrarios al sentido ~ mÚD, smo los mteligibles, no son en realidad otra rosa ~ue alegonas y adaptaciones para ponerse al alcance de la comprensi6~ humana. De este espíritu creo yo que estaban penetrados San Agusun y ~tero cuando defendían los misterios cid cristianismo contra los pe1agianos. que querían rebajarlo todo a una rastrera comprmsibílidad. Desde este punto de vista pudo decir Tertuliano sin intención de burla: Pros-sus tTtdi.bik est, quiD. iuptum aL .• urlum m, quin impossibik . • (LM c~ CIuisJi. cap. 5). Ésta su naturaleza c.úgórUa exime también a las reli­giones de la obligación que tiene la fiIosof'ta de p~ntar pruebas .y, en general, de toda demostración en vez de lo cual piden fe, es decir, un asentimiento voluntario a todo lo que dicen. Y como la fe se con­vierte en guía de la conducta y la alegoría religio5a está siempre: he­cha de manera que pueda conducir en la práctica al resuh~ a que conduciría tambiln la v~ad st'IUlt pmprio, de ahí que la rehglón pro­meta con derecho a los creyentes la salvaci6n eterna. Vemos", pues;;:....: que las religiones satisfacen perfectamente esa necesidad general de una metaHsica que tan irresistiblemente experimenta el hombre y que reemplaza muy bien a la mewtsica en lo que ésta tiene de ~ás importante para la multitud que no w:ne tie~~ de pensa;, sUStitu­ción que se veriÍlca ya en los USOS prácricos, SU'Vlendo de gula de ~n· ducta y de bandera' pública de justicia Y de virtud, ~o ~uy bien dia: Kant, o ya para d efecto de procurar d consuelo inc:bspensa.ble en medio de los rudos golpes de la vida, pues ~ hombre: por encima de sí mismo y de su existencia temporal como podría ~ una filosofía. En esto se demuesua cuán indispensables y preoosas

• Es dd todo crdbk porque n abmrdo ... , al cierto porque es impo5ible (Ru pdIi. t.II, 6 (4-9bl).

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30 INTRODUCCIÓN: ACERCA DE 1...-'1. NF.C:F..SlDAD MITAFfSICA

son las rdigiones. Ya dijo Platón esta verdad: \ÓlAÓOO¡POP -r),jj60t

a.50i-,aT0. "",,, (..Jgw pIoil=p/wm as< imp=ibik "'_) ' La dll>eultad está en que las religiones no pueden confesar nunca su naturaleza ale­górica y,se.ven obligadas a presentarse como ,,-erdaderas SDt.l'U propriD. Al hacerlo lDvaden el terreno de la verdadera metafísica y provocan su antagonismo, que Se manifiesta tan pronto como la metafísica deja d~ estar encadenada.(Además de esto, el empeño de fundar una reli­gión en la razón es transponarla al terreno de esa otra especie de metafísica que saca sus pruebas de su mismo seno, colocándola así en terreno que no es el suyo, en el de los sistemas filosóficos; al campo de batalla, en que riñen estos sistemas, exponiéndola al mismo tiempo al fuego de fusilería del escepticismo y a la artillería de gran calibre de la Crítico. de ltJ ruó" pll.ra. Es a todas luces temeraOO el querer colocar­~ en tan expuesta posición)

Lo mejor, para ambas, seria que permanecieran aisladas la una de la otra, ocupando cada cual su terreno propio, a fm de poder desa:rro­Darse: sin estorbos, según su naturaleza. Pero en vez de hacer esto desde que el cristianismo se inició no se ha cesado de pretender ~u fu: sión, trasponando de la una a la otra dogmas y conccplO$ en dajio de las dos. En nuestros días se ha dado esto de la manera más franca. Se ha creado un extraño híbrido o centauro, que bajo el nombre de filosofía de la religión se ha empeñado en interpretar, a manera de gnosis , la religió~ estabJecida y explicar la verdad alegórica por la verdad U7ISU propnll. Mas para esto se necesitaría conocer la '\"er­dad sm.ru J1roPn'o y entonces toda Otra interpretación resultaría ociosa , pues querer encontrar una metafTsica con el simple esfuerzo de la religión, es decir, tratar de descubrir la verdad muu propio por medio de la verdad alegórica es tan difícil que sólo seria lícüo en caso de demostrarse que la verdad, como algunos metales, no se halla en es. tado nativ,P, sino en bruto y mezclada con otros materiales' de los cuales hubiese que extraerla. '

Las reli~o~s ,?n necesarias para el ~blo y constituyen para éste un benefi~ mesumable. Pero, si pretenden oponerse al progreso de la humarudad respecto al conocimiento de la verdad. tienen que ser desplazadas con el mayor cuidado posibk.( Y pretender que genios co~ Shakespeare y Goethe acepten n"m.p/.UiJh, bono.foJa d st'J'U1l pm. prw, los dogmas de una religión cualquiera es pedir a un gigante que se ponga.los zapatos de un enano) . Las religiones, comQ calculadas con arreglo al grado de compren­

sión de la masa, no pueden suministramos la ~rdad sino de una ma­nera mediata. Pretender que nos den una ~rdad inmediata equival-

• El impo.ib~ qued vulgo ~ filótofo(u . A. C6mer. Robledo).

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dña a querer leer en los JDOldes de imprenta y no en la hoja impresa. FJ valor de una religión depende de la mayor o menor verdad que contenga la alegoría , y luego del grado de claridad con que pueda percibine ese contenido a uavés del velo, o sea de la transparencia de éste. Parece que de igual manera que las lenguas, las religiones más antiguas son las más perfectas. Si tomamos como medida de la ver­dad los resultados de mi mooofia, le corresponde al budismo la supe­rioridad sobre las demás religiones. Y me comp1acc ver la conformi­dad que existe entre mi doctrina y una religión que tiene de su pane la mayoría. puesto que es la que cuenta con mayor número de ere­yemes en el mundo.

Pasemos ahora a consKkrar en general la otra especie de metaf'LSi­ca, es decir, aquella que saca sus pruebas de sí misma y se..llama./iltt­sofía.. Ya dije que la mosofía nace del tllombro que en nosotros pro­ducen el mundo y nuestra propia existencia,- que se presentan al intelecto como un enigma cuya solución preocupa continuamente a la humanidad. Ante todo, hemos de observar que esto no podría su­ceder si, como pensó Spinoza y como se ha repetido frecuentemente en nuestro días en las diversas manera.5 de exponer el panleW,no, el mundo fuese una sustrmaa ahsoIuJa y, por consiguiente, un MT ahsohdo.­mmJe IVJU$lJno. Esto quiere decir que existe con ral necesidad que cual­quier otra necesidad que concibt6amos tendria que parecemos un accidente ; el mundo .seña, pues, algo que comprendeña en sí no sola· mente todo lo real, sino tamóién todo lo posible, a tal grado, como dice el propio Spinoza, que su posibilidad )' su realidad se conf undi­rían y serian una misma cosa; su no existencia seña la imposibilidad misma; no podriamos 'OOncebir que no existiese o que fuera de otro modo y, por consiguiente, nos sería tan imposible eliminarte de nues­tro pensamiento como eliminar, por ejemplo, el tiempo y el espacio. Teniendo que ser lUJSobw mUmo.r panes, modos, atributos o acciden· tes de esa sustancia absoluta y única, nuestra existencia y la suya así como su naturaleza íntima, lejos de parecernos cosa extraña y proble­mática o enigma insoluble que nos sume en constante perplejidad, deberían, por el contrario, presentársenos como algo más evidente de suyo que la proposición 2 x 2 - 4. Pues nada nos parecería más fá­cil que pensar que el mundo existe y que es como es. Tan escasa con· ciencia tendriamos de su existencia como tal, es decir. como problema de la reflexión, como del movimiento de la Tie¡;ra, increíble por su rapidez.'

I Spinou considera. en efecto, que la natu.raleul enlendieb . como un todo es una sulU.ncia que existe ~te. Pero por " lIawrDeu." no debc::mO$ entender .sao d conjuntD de los fen6mtnOlS rwurales o el conjunto de toda aquello que D05 es dado por los sentidos, sino todo lo exi.5tente., incluso la ~nciwcÜl miuna que enfren!a

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Pero 00 es así. Sólo al animal, que careo: de la facultad de pensar, le parece comprender el mundo por sS mismo. .En cambio, para el hombre, el mundo y la vda constituyen un problema que impresiona bondame:nte aun a los espíritus más incultos y limitados en sus breves momentos de lucidez. Cuanto más clara y reOexiva es la conciencia y más numerosos lo& materiales a.port:ados por la insuucción al pensa­miento, mú se impone este problema. En los cerebros organizados púa los trabajos filosóficos, ese estado se agudiza hasta el bav,.atE(" ,.a>.a ~OOf'ixo ..... alor (nti1l,", lXlÚie pltiúnaplticus tJjfectw) (Platón. 1'1voamu, 150Sd)·. es decir, hasta ese asDmMO que abarca en toda su c:xtensi6n el problema que ocupa sin ~ a los rspíritus superiores de todos los tiempos y países. En efecto.\.1a agitación que mantiene la iDceanle march.a del <doj mctafisico pioade de la coociencia de

d lIIUPdo SClUI.'bk, las pensamien.lOS o cualquier fen6meno mental.. Esta naturaltta como lIIlotalidad de lo real es para Spinoza la única swt.uJcia; en términos canesi..­nos., }o único que para ezistir no necesita de otra cosa , o en los propios: términos de Spioou, "aqud}O cuyo roncep(O no necesita del conceptO de otra cosa para rormar­x". CuakÍoicr otro ser pertenece a ala natun1cza y por dio no puede pensal'R m.i!i que por medio cid concep!:o de eIU última: no es, por}o tanto. mis que un modo o un atributo de l. misma. E:sla sustancia. no puede tener una ClIW<I C1Iema a sí mi1.ma., pues :si así f_, pan pcnsarla babria que ruurrir .al Cl)DCCpIO de $U ca.usa. lo cual amuw:licr: $U nalunlez.a dc~. Es, por lo l&Jlto, causa de si, es decir, e.II:Ule De­

ccsui.ameote. Ahora. bien, la ncces.itbd por la cual uute de e$la manera., con I~ y cu.aJcs propiedades. Y no de otra, se dcrivade la noción de callA que mÁ$ ~ auari Hume, a saber. bo de u-na c:ona:i6n necesaria enue dos COlaS, de tal mene que dd con-

~ ccpco de la primera. podamos derivar d de la segunda y de la cx:iSlencia de la primcr.a coodui, ncocs.arUmcnte la existencia de la squoda. De acuerdo COI! esta noción y to­

mando en cuenta que todos los sera pcnenccieotcs a ep oatunkza DO ... n ~t que lOS propllCdadct, de la ~ de la única lUSl:anda [teneD que derivanc nctt:sariamcn­te todas .u, proptaladcs. o en otros ten;ninos, la manera de ser de la naturaleza..

Si bien es cieno que bajo ata «lDCCpri6n d aso,nbro Mte ,. ~ dd muodo no puttC su posible, no podemos por dio re<:~ ~ci6n cop IlllWI.u"w. del muodo. Según esta fiJo5oHa lo único que ~ur 000 independencia de cual· quier otra COY es la natUraleza COfDO totaJ"ldad ,"'Y 't't:ncD101 qt.l~ pensarla como aislicn­do~n[e. perod}ono.signiflOlqU;:!estltt0t __ ::iB¡,fIt'l.fdea~MI de su escncia. de tal. manua que podamos derinr de ella. todM y cada Ut\.l. de sus pro­picdada Y expIw así por qué es como es... Aun caando convencidos de la cx:iste:ncia rJCCCSMia de la naturaleu y de la nca:ndad con la cual fodo suc:cck:, pxk:mo:s asom­brarnos ante este suceder. simpkmcnte porque DO CODOCe~ COI! pcrfccc:ión la escncia que nos pami.iria explicar ex ~r. No rauha pues daro por qué d a5OCllbro de la conv~ mrc la necesidad «1m la cua]lodo lC- da. tenpn que e1K:lui~ FJ propio Scbopcnbaw:r acepta la coexistencia del QOIDbro y la nca:sidad en su aito al concep-10 de la 11benad CDIlJO libre albedrío. Pan él no es posible rc:acrionar de dos o mb maDer&Jdistintasante un niismomoOvo: nucslrocarácter, que es in~'ariabk, responde nccesariamcrlle: de un mododcterminado ante un molivo en espcclflOY. V nao no impi­de que nos. uombn::mos de nuestras propias ac:cioncs, en la medida en que algún as· pecto de nuestro carieter ha pcrmaooclido desconocido par:a nosotros mismos.

W FJ asombro, estado muy propio del filósofo

" Parlid4 tk HlrlúmII" Jr Sdropnrh41m ". ,1 u!ütro IHJw.SJff41 tÚ ÚI

igúnD /JDrTtNjllza! Ji & .. ", .\lada t'II /JdIf.:ig (Gtlolld:)

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INTRODUCCiÓN; ACERCA DE lA NECESlDAD METAFfSICA 33

que tan posible es la DO existencia del mundo como su emr.encia-:)De aquí la falsedad. de la oPinión de Spinoza, que considera el mundo romo cosa que debe existir de una manera ab9Oluta. Los mismos teís· tas, en su prueba oo.smológica. deducen de la existencia del mWldo su .no existencia anterior por lo que desde luego le ronsider3n como cosa contingente1rero es mú, comprendemos pronto que la no exis· tenria del mundo es, no sólo concebible, sino preferible a su existen­cia.; así, nuestro :uombro se.convierte bien pronto en sombña medi­tación sobre esa JoI4liád, que es lo .que le ba dado existencia, y en virtud de la cual la fuerza inconmenswahle que requieren la pnxIuc­ci60 y la conservaci6n de un mundo conscituido de esta manera ha podido ser dirigida de un modo tan contrario a sus propios mtaaes. FJ uxnbro fdoa6fK:O es, ~, en el fondo consternación y ~, La f'iíOSOf.a empieza, romo la obenwa de Don )~ JXlr un acorde en tOllO menor, lo cual es prenda de que no debe su espinoz:ista ni optimista."! La disposición del asombro que. nos lanza a ~ fik.a9ofia nace del eop<dáculo dd """ Y de " ~ lo. cuaJes no deberian existir a~ue fuese justa su mutua relación y la suma del bien los SUper2Se. J'e:ro como de la nada no procede nada, el mal Y la des·

I Por flJosofb optiJn.Uta Scbopenbauer ~ mll!'n: aqui a ... m.olía ór; Leilmiz, la cu;al est3l»ece que d mundo que existe es el mejor ck los mundos pos~es. En oposi­ción a la m~afisíca ck Spinoza, 1.3 de Leibniz postula la exislI:oca ck U03. plunalidad de W$lanchu. <:ada una de las cuaJes, al igual qtw: la Mn 5UMancia e$pinozista, JIO"tt U03. aenda de la cu.;al K d~rivan todas sus propiedades.. Eaas swuncw pucd.cn roe­xBtir sic:mpn: Y cuando sus aencias no !e excluyan !Dla a la otra, es decir, que la e!el'Icia de cada una no contenga nada que contradiga ... ocistenci.a déla oua. Cuaquie, con· junIo de sust.\Jicias. cuyaJ es.tnCias no se exdu}-an constituyen un mundo posible-. ú pues necesario pan esu. fdosofia dar razón d~ por qué oiR~ est~ mundo y no cual­quier otro posible. Y es para esto que Leibniz introduce la fórmula dd "mejor de 105 mundo$ pofibles'·. Según eue r!l6soro todo po~ib~ ptft=d~ La exiR~i.;¡ ~n la lM"dida ck su 'peñea::i6n y un mundo qu~ pueda hactr rocx:istir d mayor número posibk eX­.sustancias el- el m..b perfecto, de ahí qm- el mundo rxistfflU' sea d m~jor de los ~­

bies. Como pu«le ,·~e las razone5 d~ "t~ "optimismo" son deorckn =dusñ·amellt~ espttuIatiyo y no práclicn: nada tienen que ~'f: r con d mal qu~ cada uno de nosou·OSo pua:i.a sufrir.

) En alemán exist= das ttnninos pan designar el ID4l, al igual qu~ C"Xistcn dos pan.. de5ignaJ" el b~n. POI" un lado el ttrmioo "'8ig" significa el mal qtK ~ causa. d mal desde d punto de viRa d~ la K06n; por d OIro "ü«r signifK" el mal qu~ le 5Urre. es decir. d mal considerado deSIk la ~~~"3 d~1 qu~ lo p.aoXtt. En ~I f~,.to español se ha u·aducido " l»M " OOmo ·'maI'· y " Uód" romo '·dcs~i.;¡··. ERa dobik ptnpttti~·a cid mal ~ La lengua al~malU. consigna" lo q~ I~ P"TUiu' a Sc-hoprn­bauer hablar ck- una posibk relaciOO juMa nitre b do$ 'ipos d~ mal ~ñ el mundo: la tUltidad dd mal sufrido ~n el mundo ~ podria C"Om~nsar con la can1idad del mal c.auPdo pOI" d mismo mundo. En cuantO a los dos thmin05 qu~ dnignan el bKn ... da ea dios la misma diren:ncu... " Cid .. " signifICa ti. biorn qlK" ~ hace. La bondad: " W"' ·'. el ~n qu~ se- rttilx- ° el bimest.ar. El tttmino que uriliu Schop<"nha~r ~ babia d~ 1.3 ruma det bien en esta o"';ión" ·'Gm·: l:\c~l"('a de ~as dü~

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gracia deben t~er su origen m la esencia misma del mundo. Es muy dincil admitir esto cuando rontemplamos la majestad, el orden y la perfea:ión del mundo itsico, ~s :ruponemos que aquello que ha te­nido el poder para pnxiucirlo tan perfecto lo habría tenido para aho­narle d mal y la desgracia. Esa Kka (contraste enm[Onnuz y Ahri­mánt es la más dUlCil de aceptar para el teísmo. De ahí que para desplazar el mal se haya inventado la libenad de la voluntad, que no es sino una manera encubiena de hacer algo de la nada, pues supone un operari, que no resulta de un eH? J Luego se U'at6 de descartar la dMgratio. imputándoseJa a la materia o a una necesidad inevitable; de mala gana se ha renunciado a recurrir al diablo, que era el mejor txpetJims ad Iwc. También la RlUtrle pertenece a la desgracia. En cuanto al mal, consiste en desembaraz.arse de la desgracia echándola sobre los hombros dd prójimo. Por consiguiente, como ya hemos dicho, el mal, Ia des cia la muerte son lo ue caracteriza fortalece el aso'""iñbro ilosófico. Lo que constituye el pK1Idwn pnuietu de la metafí.sica no es

sólo el he o de que el mundo exista, sino el que sea tan lóbreg~y este problema comunica a la humanidad una inquietud que ni el escepticismo ni el criticumo pueden disipar.

También enrontrarnos a la. jisiaJ (en la aapción más amplia de la palabra) ocupada en explicar los fenómenos del mundo. Pero en la naturaJez.a misma de sus explicaciones vemos ya que esta explicación DO puede bastar. LajisiaJ no puede sostenerse sobre sus propios pies; necesita una mdtifísica en que apoyarse, por muy desdeñosa que se manifieste con ella, pues explica los fenómenos por algo más desco­nocido que ellos mismos, a saber: por las leya naturales, fundadas en fuerzas naturales como la fuena vital. Es verdad que debemos expli­car por causas puramente IlSicas todo el orden de cosas existente en el mundo o en la naturaleza. Pero esta explicación, aun admitiendo que podamos llegar a ella en toda extensión, adolecerá siempre de de­fectos esenciales que son como el talón de Aquiles o la pata dd diablo, que bacen que todo Jo que así se explica continúe siendo inexplicable en el fondo. El primero es que el com.imzo de la cadena de causas y efectos no puock ak:a~ Jlamea, y, como los límites del mundo en el espacio y en el tiempo, retrocede hasta lo lnfmito. El .segundo es

cias ~1.as Qp«:$io."'leS que se rcf~ al bien '1 al mal, v&x: Kant Criliaz lk ¡" ~ ~,librol.C.I1~) " '

t OrmU% U Ohrmnd I'q)R:sema d prinapio del bien '1 Ahrimin d dd mal efl la rclil~ cid lri.n anli(uo. Segúa Emik (sisto v d . C.) sur¡icron de Zurvan. dios pri_

mocdUi uoc¡.,oo al tiempo. D primero es fn.lto de un sacrif!cioquc lleva a cabo Zuro van para lener progcnilu~ d segundo es produao de la duda que H.WO acerca de:: la crKaciadc w.c ucrirlcio.

, Véase 4lI rcspec:to cn cst.J. anroIogia: segunda pute. VUl; y cuan. partc 1, I c.

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que las causas accivas, pqr las cuales se explica todo, descansan sobre algo enteramente inexplicable, a saber: sob~ las cutJlitJmks primarias de las cosas y las fuerzas naturales destacadas en ellas, tales como la gravedad, la dureza, la elasticidad, el calor, la electricidad, las pro· piedades químicas, etc., que obran de una manera detennlnada, y en toda explicación permanecen en el estado de cantidades desconoci· das, y no eli.minabks, de una ecuación algebraica perfectamente cla­ra en todo lo demás, de donde resulta que no existe ni un cacharro de la más vil especie que no se componga de una muJtirud de C1.!3.lida­des completamente inexplicables. ES(os dos defectos inevitables <k toda explicación puramente f"lSica, es decir, causal, muestran que di· chas explicaciones son siempre rdativas, que su método y su género no son los únicos ni los últimos, y que, por lo latlto, son insuficientes. Esto quiere decir que por tal procedimiento no Uegariamos a la solu­ción del grave problema de las cosas ni a la comprensión verdadera del mundo y de la existencia. La explicación iLsica, pues, necesita del concuno de alguna explicación metalisica que le dé la da .. -c= de ,odos sus supuestos, y por esto mismo necesita emplear otro método. El primer paso que hay que dar es danse cuenta de la diferencia que existe entre.física y mdDfisUa. Esta diferencia se basa a su vez en la que estableció Ko.nt entre.fmónrou:J y al$Q m sí. Pero como d mismo filósofo enseña que jamás podremos conocer la cosa en sí, no existe. según él, mdo.jísiCIJ, sino sólo un conocimiento puramente inmanente, es decir, la física que sólo trata con fenómenos, y junto a éste una cñ· rica de la razón que aspira a la metafísica. Ahora bien, yo quiero, para señalar el punto concreto en que mi fIlosona se enlaza con la de Kant, hacer notar que en su hennosa explicación de la coexistencia de la libenad con la necesidad (Cn'ti&a rú In. uuón pura, 1'" ed., pp . 537-554, y Crúic4 de la razón ¡",útica, pp. 224-231, edie. Rosenkranz) cxpo ne cómc{una misma acción puede explicarse como necesaria, es decir, como delenninada por el carncter del individuo, de las influencias que ha experimentado en su vida y de los motivos actuales: y por Otro lado como obra libre de S!l voJumad.'JEn este sentido dice en el pá­rrafo 53 de sus ProúgtÍmnwJ: "Aunque haya una necesidad natural inherente a todo encadenamiento de causas y de efectos en .el mundo sensible, se debe atribuir 1ibenad a aquella de dichas causas que no es en sí misma un fenómeno (aunque sea su fundamento) . Por consiguiente, sin caer en contradicción podemos atribuir a la vez necesidad y libenad a una misma cosa considerada desde dos puntos

• Accre", de 1 ... relación quc mf'noona aqui &hopc!'wuu ~mrc" 13 dircro!'nna dc-I fen6menoy b CO$oI. en~. por'un WIo. y por d GirO. la nn:esidad y la liknad qu~ puc­dc:n.cr atribJidas a una misma cosa. ~~ d pn'Jloso cX-nla ant~ (tf'!Unr:i3I p.an~l

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de vista diferentes, una vez como fen6meno y otra como cosa en $l". y esto que Kant enseña del f en6meno del ser humano y de su conducta, lo extiendo yo a todos los fen6menos de la naturaleza, a los cuales asigno como fundamento la DOllUl1&i en tanto cosa en sí. ~­trina es bta tanto más legítima cuanto que no hay .-az6n para admlUT que el hombre sea especifica y fundamentalmente diveuo de los de­más seres y cosas de la naturaleza, sino que debemos suponer que sólo se diferencia de ellas en el grado. . :

La cuesti6n que ahora surge es la siguiente: ¿C6mo una CienCia inspirada en la experiencia puede conducirnos más allá de la expe­riencia y merea:r asI el nombre de mdtJfísiu¡? o puede consegUirlo del modo que tres ténninos de una proporci6n nos dan el cuarto, o que dos lados y un ángulo dan el triángulo, Este procedimiento era el del dogmatismo anterior a Kant, el cual, en virtud de ciertas leyes cooocida.s el primi, pretendía pasar de lo dado a lo que no está dado, de

lla co~uencia al pr~ci~io, de la experiencia. a lo q~~ ~o es ni puede r Jer objeto de expenenoa.. KJUlJ mostró la lDlpoSlbihdad de cons­truir por este método la metafísica, haciendo ver que esas leyes , aunque no se derivan de la experiencia, 5610 valen para ésta. I?ijo luego, con razón, que no podemos pasar de esa manera.por encuna de la posibilidad de la experiencia. Pero hay otros canunos para la JoelallSica. El conjunto de la experiencia es como una escritura secre­ta y la rL1osofía es su clave, cuya exactitud se confirma por una con­cordancia de todas las partes . Si comprendemos este conjunto a fono do y a la experiencia interior unimos la exterior, el conjunto. puede apl.iause por sí mismo. Desde que Kant nos demostr6 irref utable­mente que la experiencia se compone de dos elementos, a saber: de las formas del conocimiento y de la esencia en sí de las cosas, y que estos dos elementos se limitan recíprocamente , el uno como lo (3 prion. conocido, yel mm como agregado ti ponnion·, se puede, por lo me.nos, en general, señalar lo que en cada experiencia , que desde luego siem­pre u.ftn6mnw, pertenece a laJomta del fenómeno y se encuent.ra con­dicionado por el intelecto y lo que después de la eliminación de ésta queda como coJo. DI sí. 7 Y si bien nadie puede conocer la cosa en sí a

J Rf"suJta imposible dejar df" r=cmottr aquí una fala interprc1aci6n de la roo.ona de: Kant. I..a opt-neno. no es al db. un oompualo de: la ~ df" lu COAS en si" y de ID formas dd mnocimaento, como si d sujd.o k ~ a la realidad una terie de: elf"mc:nlOS qur: pou.r:rionnenle: po:Irla diminar. Si quiliér1mos ~e:riur 1 .. c:xpe­rimcif ea c:su filo,ocr. por mr:dio de 1 .. dete:rminaci6n de: SlI:I oomponr:ntes, babrb que: dr:cir en todo cuo que es un prodUt;to de las sensaciones y de: lu "formas dd <OOOCi­miento" (form.as de: 1.1 'temibilid.ad Y concepI:os puros dd entendimiento). En algún xnlido las setI!UlCÍonct pueden ser consider.das como d efecto que caU5a la cosa en si en Dur:stra facultad representativa, pero dlo dista mucho de ~r inlcn-enir a la CKnCia de la cosa en s( e:n d proceso cid conocimiento. Lo que es la cosa en sl, en otros

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uavés del velo de las formas de la intuición, cada uno la lleva en sí ·mismo, es él mismo;, por e:so le es asequible en su autoconciencia, aunque sea de un modo condicionado. Por consiguiente, el puente que la metafísica tiende sobre la experiencia nO es otra cosa que la descomposición de ésta en fenómeno y cosa en sí, que, como ya he dicho, es el gran mérito de Kant . pues demuestra la existencia de un núcleo distinto del fen6meno,{si bien no se le puede examinar por se­parado como un ms atTamundJf.W7I, y no pode~os ~~moce~e más que en sus relaciones con el fen6menoJS610 la exphcaclOD y la mterpreta­ci6n de éste puede suministramos informaci6n acerca de aquél, su propio núcleo, En este sentido, la metafís.ica va más allá del Ien6me· no, esto es, de la naturaleza, y avanza huta lo que se oculta en ella o tras ella (TO ,uTa TO 'PUCJlXOJl) ; pero siempre considerado como}o que aparece en ella, no independientemente de ésta; por lo tanto, es ~~ algo inmanente y no trascendente. Nunca .se s~suae.de la expe:-:,enc18 completamente, sino que es la mera expbcao6n e mterpre.t3C16n de ella, puesto que no nos. habla de la cosa en sí más que en re1a.ctón con el renómeno. Por lo menos éste es el sentido en que yo, temendo en cuenta los límites señalados por Kant al conocimiento, he intentado resolver el problema de la mewlSicaj.por eso he aceptado su.s Proúg6-mcMJ a llHla mdtJjísiuJ como valederos igualmeme para la mía. Por consiguiente, mi sistema 00 va nunca más allá de la experiencia; sólo indica el camino hacia la verdadera comprensi6n del mundo que se presenta en la experiencia. Ni es una ciencia de conceplo~ puros, ~­gún la definición dada por Kant, ni un sistem;a de conelu.slones dedu­cidas de proposiciones Q priori, ~ya impor.eDC13 en matena de metafi­sica demostró aquel maestro, ~s un saber inspirado en la intuici6n del mundo real externo y en la aclarac.ión que acerca de éste nos su· rnmistran los más íntimos hechos de la au.toconciencia: saber deposi­tado en conceptos claros:)será, pues, una ciencia de experiencia, cuyo objeto y fuentes no son experiencias particulares, si~o la ex~­rienda en su totalidad y generalidad. Con esto queda en pie la docm­na de Kant según la cual el mundo experiroemaJ es puro fenómeno, y los conocimientos a f!rioTi no se relacionan más que con el fenóme­no; pero hay que observar que precisamente a título de tal fenómeno

(ese mundo es la manifestación de aquello que en él se revela y que usan­do de la terminología kantiana llamo la cosa eJ;i sí) Esta cosa ~n s~ ex­expresa su ser y su carácter por medio del mundo de la expenenC18 y, por lo tanto, hay que a.préhenderla a partir ~e ~te, y p~r cie~o, eX la materia, no de las puras formas de la experlenoa_ La filosofla, por

t¿nnlnos, $U r:sc:ocia, es alJO que ~ Kant est1 irrcmcdiablcmcntC foen. del ~ de b. razón teWKa.

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consiguiente, no es otra cosa que la concepción exacta y universal de la experiencia, la interpretación fiel de su significación y contenido. Tal contenido es el elemento metafísico, es decir, aquello que se re­viste de apariencia y se oculta bajo las formas del fenómeno, y que .se relaciona con éste, como el pensamiento con las palabras . -

Tal desciframiento del mundo en lo que se refiere a lo en él mani­restado debe hallar su comprobación en sí mismo, por la armonía que introduce en estos fenómenos tan diversos y que no apareceria .sin él. Cuando hallamos una página de una escritura cuyo alfabeto nos es desconocido tratamos de interpretarla hasta que hallamos un valor de las letras por medio del cual podemos construir las palabras haciéndolas comprensibles y los periodos encadenándolos unos con otros. Entonces no nos queda duda acerca de la exactitud del desci­framiento, pues no es posible que la concordancia sea efecw de un azar hasta el punto de que se puedan igualmente componer las p;lIa­bras y los periodos atribuyendo a los signos otro valor. De un modo semejante el desciframiento del mundo debe hallal'comprobación en sí mismo; debe difundir una luz igual sobre todos los fenómenos y poner la suficiente armonía entre los más heterogéneos para que toda contradicción desaparezca.fMVR, 11, C. XVU)