Volpi La Voz de Orson Welles y El Silencio de Don Quijote

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  • Estudios Pblicos, 100 (primavera 2005).

    ENSAYO

    LA VOZ DE ORSON WELLESY EL SILENCIO DE DON QUIJOTE*

    Jorge Volpi

    Jorge Volpi recrea en estas pginas la historia del proyecto de OrsonWelles de filmar una adaptacin del Quijote de Cervantes. Casi tresdcadas estuvo Welles empeado en esta empresa, dejndola final-mente inconclusa. A juicio del escritor mexicano, as como Cervanteshizo que en la Segunda Parte de su libro don Quijote leyese a donQuijote, y Borges hizo a Pierre Menard autor de Don Quijote ycon l a cada uno de nosotros, para cerrar el ciclo, a Welles lecorresponda mostrarnos el diablico poder ilusionista de ese granespejo de nuestro tiempo que es el cine.

    JORGE VOLPI. Naci en Ciudad de Mxico, DF, en 1968. Estudi derecho y letrasen la Universidad Nacional Autnoma de Mxico y filologa hispnica en la Universidadde Salamanca. Es autor de las novelas A pesar del oscuro silencio (1993), La paz de lossepulcros (1995), El temperamento melanclico (1996), En busca de Klingsor (1999) yLa guerra y las palabras, una historia intelectual de 1994 (2004); de las novelas cortasDas de ira (en el volumen Tres bosquejos del mal, 1994), Sanar tu piel amarga (1997)y El juego del apocalipsis (2000); del ensayo La imaginacin y el poder: Una historiaintelectual de 1968 (1998) y de la antologa de jvenes cuentistas mexicanos Da demuertos (2001). Su novela En busca de Klingsor (Seix Barral, 1999) obtuvo los premiosBiblioteca Breve, Deux Ocans y Grinzane Cavour, y el de mejor traduccin del InstitutoCervantes de Roma en 2002. El fin de la locura (Seix Barral, 2003) es su ltima novela.Actualmente es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Mxico y becario de laFundacin J. S. Guggenheim.

    * Publicado originalmente en Letras Libres, Espaa. Reproducido con la debidaautorizacin.

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    n un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme,no ha mucho tiempo que viva un hidalgo de los de lanza en astillero, adargaantigua, rocn flaco y galgo corredor. Una olla de algo ms vaca que carne-ro, salpicn las ms noches, duelos y quebrantos los sbados, lentejas losviernes, algn palomino de aadidura los domingos, consuman las trespartes de su hacienda. El resto della concluan sayo de velarte, calzas develludo para las fiestas, con sus pantuflos de lo mesmo, y los das deentresemana se honraba con su vellor de lo ms fino. Tena en su casa unaama que pasaba de los cuarenta y una sobrina que no llegaba a los veinte, yun mozo de campo y plaza, que as ensillaba al rocn como tomaba a laposadera. Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta aos. Era decomplexin recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y ami-go de la caza. Quieren decir que tena el sobrenombre de Quijada o Que-sada, que en esto hay alguna diferencia en los autores que deste casoescriben, aunque por conjeturas verismiles se deja entender que se llamabaQuijana. Pero esto importa poco a nuestro cuento: basta que en la narra-cin dl no se salga un punto de la verdad

    Si bien resulta poco original iniciar un relato con estas fatdicas l-neas, advierto en mi descargo que en esta ocasin no hay que fijarse dema-siado en las palabras, invocadas hasta la saciedad por Cervantes, Borges,Pierre Menard y una larga cohorte de glosadores, sino en la voz que ahoralas pronuncia: esa voz pastosa y adhesiva, enrgica como un vino aejo,categrica y rotunda; esa voz que, de tener color, se acercara al violceodel crepsculo; esa voz palpitante y bulliciosa que recuerda a un nio enve-jecido o a un viejo incapaz de madurar; esa voz honda e insolente, delicadacon los matices y los medios tonos, implacable con la sintaxis, vibrantecomo un rgano o un coral de Bach; esa voz antigua, eterna, prehistrica.Esa voz, en fin, que no lee por encima ni recuerda de memoria, que nobalbucea ni se diluye en un eco, esa voz que pronuncia cada sonido, cadaletra y cada slaba como si las extrajera de la nada.

    Convengamos en la imposibilidad de apreciar la voz de Cervantes: laausencia de magnetfonos en el Siglo de Oro nos priva de su acento deesclavo, fallido dramaturgo o recaudador de impuestos, y acaso sea mejoras: a fin de cuentas poseemos esta otra voz, entronizada entonces como lanica posible. Los invito a escuchar atentamente: perciban sus modulacio-nes, gocen de su ritmo y su fraseo, maravllense con su armadura polifnicay su equipaje armnico, asmbrense con las disonancias en sordina, disfru-ten la riqueza de sus articulaciones y la pasmosa variedad de sus silencios.Bastan unos instantes para constatar que se trata de la voz ideal para este

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    libro, de la voz creada para narrar las andanzas del ingenioso hidalgo donQuijote de la Mancha.

    Ustedes tienen razn: nada hay de novedoso en iniciar otra aventurallena de falsos caballeros andantes y doncellas simuladas, ideales trunca-dos, engaos, monstruos y esperpentos con las mismas frases de Cervan-tes pero, por increble que parezca, esta historia tambin comienza as, conla impertinente voz de Orson Welles:

    En un lugar de la Mancha

    2Encomio de la gordura

    Era Cervantes delgado u obeso? Los retratos existentes no permitendeducirlo con certeza: la idea de dibujar a un prisionero manco limitabademasiado la imaginacin de los artistas. Aceptemos entonces que, debidoal insidioso poder de los libros, tendemos a confundir a la criatura con sucreador y a forjar as un don Miguel tan recio y enjuto como el Caballero dela Triste Figura. Pero, y si en realidad Cervantes esconda bajo su jubnuna barriga pantagrulica o, seamos precisos, sanchopancesca? Y si elautor del Quijote nunca se identific con el volumen corporal de su prota-gonista y s con el de su caprichoso escudero? De verdad resulta tanabsurdo u ofensivo adosarle a Cervantes un vientre monumental, unculo adiposo o una esplndida papada, el perfil opuesto al de su idlicohroe?

    Como un aejo prejuicio nos lleva a pensar que todos los creadoresson melanclicos, solemos revestirlos con la flacura, la levedad y el tediopropios de este soso temperamento. Un Cervantes gordinfln? Horror!Suena tan blasfemo como un Cristo rechoncho y mofletudo! En nuestrasestrechas mentes, perspicaz y rollizo conforman un perverso oximoron. Nodeberamos olvidar, sin embargo, que la historia de la literatura est plagadade gordos; no de simples orondos o robustos, sino de gordos de verasmastodnticos: nada impide aventurar que un troglodita haya sido el autordel ms esmirriado de los caballeros.

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    Tal vez la relacin entre el peso y el talento sea una de las causas dela fascinacin que siempre padeci Orson Welles, el ms gordo de los direc-tores de cine y acaso tambin el de mayor genio, hacia el enteco ydemacrado don Quijote. En una empresa que se ha calificado con excesivaobviedad de quijotesca, durante casi tres dcadas Welles se empe en

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    filmar una adaptacin de la obra de Cervantes. Invirtiendo sus propios re-cursos siempre escasos a causa de sus eternos combates con los produc-tores, acompaado por un reducido nmero de ayudantes seis perso-nas en el mejor de los casos, incluyendo a Pola Negri, su tercera esposa yun excntrico tro de actores, el director nacido en Kenosha, Wisconsin, en1915, no se cans de filmar cientos de rollos de pelcula muda, viajando deun pas a otro, obsesionado con culminar su absurda y redundante gesta.

    El rodaje se inici en Mxico, en el verano de 1957, y veinticincoaos despus, en 1982, en una de tantas entrevistas, Welles an se daba ellujo de declarar:

    OW: Es muy interesante que Cervantes haya planeado escri-bir un cuento. Por casualidad, yo tena la idea de escribir yhacer un corto. Pero la figura de don Quijote te atrapa, igualque la de Sancho Panza, y cargas con ellos para siempre. Notienen final. Pero se han convertido en fantasmas, comienzana desvanecerse, como una vieja pelcula, como fragmentos deuna vieja pelcula. Eso es lo que debo hacer. Hemos estadohablando de pelculas de ensayo, pero no le he dicho que megustara hacer otras tomas para sta, ahora con el tema deEspaa. Espaa y las virtudes espaolas, y sus vicios, peroespecialmente sus virtudes. Porque Cervantes escribi unafigura cmica. Un hombre que se vuelve loco leyendo viejasnovelas. Y que termin escribiendo la historia de un caballerode verdad. Cuando terminas con el Quijote sabes que se tratadel caballero ms perfecto que alguna vez haya peleado conun dragn. Y se ha necesitado el turismo, usted sabe, y lasmodernas comunicaciones, e incluso quizs la democracia,para destruirlo, y si no para destruirlo al menos para diluiresta extraordinaria caracterstica espaola. Este ser el temade mi ensayo sobre don Quijote y Espaa cuando lo termine.Y lo voy a lograr porque no costar mucho dinero y ser ungran placer hacerlo. Sabe cul ser el ttulo? Cundo es queusted va a terminar Don Quijote? As se llamar.LM: Porque usted ha escuchado esta frase muchas veces?OW: S, muchas veces. S. Y ya que se trata de mi pequeapelcula que pago con mi dinero, no entiendo por qu nomolestan a otros autores y les dicen: Cundo va a terminarNellie, la novela que comenz hace diez aos? Usted sabe,es mi trabajo.LM: Suena as desde que lo empez, hace alrededor de vein-ticinco aos, no es verdad?OW: Oh, Dios! S.LM: Pero sus dos actores han muerto ya, no es cierto?OW: S, los dos han muerto. Pero no los necesito. Los necesi-to porque los amo, pero no los necesito para la pelcula1.

    1 The Orson Welles Story, entrevista realizada por Leslie Megahey para la BBCen Las Vegas, en 1982. Reproducida en Mark W. Estrin (ed.), Orson Welles Interviews(University Press of Mississippi, 2002), pp. 207-208.

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    Welles muri en su mansin de Hollywood el 10 de octubre de 1985,tres aos despus de pronunc