UNA HISTORIA JAMÁS CONTADA

Click here to load reader

  • date post

    26-Mar-2016
  • Category

    Documents

  • view

    244
  • download

    2

Embed Size (px)

description

RELATO COLECTIVO LIPE

Transcript of UNA HISTORIA JAMÁS CONTADA

  • UNA HISTORIA JAMS CONTADA

  • 2

    Ilustracin de portada Bsqueda Encustica / Carmen Navajas

  • 3

    UNA HISTORIA JAMS CONTADA

    (Relato colectivo)

  • 1

    El calor invada las calles de Buenos Aires. Las tardes pertenecan a los nios inquietos de rodillas raspadas que de noche desaparecan dentro de sus casas para dar paso a una juventud ansiosa de sabores, pieles y perfumes, desesperada por ver el arte en el cuerpo de sus compaeros al bailar. Era enero de 1995. La esperanza flotaba por los aires. El olor a muerte haba quedado atrs y la libertad volva a imponerse. En los patios de las casas, en los parques y hasta en los balcones ms chiquitos, el aroma a jazmines en flor indicaba un optimismo que se dibujaba en el cambio de actitud de la gente. Por tercera vez en dos horas, Mario levant el tubo del telfono para ver si funcionaba. S, tena tono. Por fin, la campanilla del telfono lo sac de su aburrimiento. Escuch la voz de una mujer que hubiera querido no volver a or nunca. Mario Lizrraga, de l estamos hablando, era detective y en veinte aos se haba convertido en un experto cazador de informacin oculta en la oscuridad. Si bien el pas pagaba muy bien por ese tipo de servicios, Mario no tena vida, ni casa, ni familia. Era Carla que lo llamaba, esta vez por sus cualidades detectivescas. Necesitaba a Mario para que descubriera quin haba sido su asesino. O mejor dicho, el asesino de su identidad. Haca slo horas, por un comentario fortuito en el gimnasio, Carla haba descubierto que antes haba sido otra. Una compaera de Aerobics, una doctora, le vio cara conocida y en medio de las charlas superficiales de vestuario, le coment que haba tenido una paciente muy parecida a ella.

  • 2

    - Era igual a vos, pero por supuesto, no pods ser vos porque esa mujer estuvo en coma, dijo la mdica. Mario escuch la historia en el telfono mientras tomaba notas, pero una parte de su atencin iba directo a la entrepierna. No la haba olvidado. Conservara, a pesar de los aos, su talle esbelto y elegante, la mirada viva, los ojos oscuros? Por telfono, la voz segua sonando clida y amable y su conversacin segura y atenta. Media hora ms tarde, cuando se encontraron, Carla comprob, una vez ms, que aquellos rasgos que la impresionaron cuando lo conoci, aos atrs en una oficina de la Municipalidad, mantenan su fuerza. Mario acept el caso. Por atraccin o por el dinero que le pagara, se hara cargo de la investigacin. Cuando se despidieron, la mir alejarse con paso seguro y decidido. Senta an su beso en la mejilla; sus labios suaves le dejaron una huella. Ahora, tena que pensar, definir un plan de accin.

  • 3

    El calor invada las calles de Buenos Aires Acuarela / Nuria Navajas

  • 4

    Se dirigi hacia el Caf Fnix, su centro de operaciones, el tpico bar, sobreviviente de tiempos mejores. Detrs de la barra de roble y estao estaba el encargado del local, el Gordo Adrin, secundado por sus lugartenientes, los mozos Pedro y Vicente. Mesas y sillas de estilo indefinido, pisos gastados, fotos de viejas glorias del deporte nacional por aqu y por all. Desde su mesa de la esquina, Mario observ a los clientes: una pareja en la mesa junto a la ventana, el estudiante de siempre, el pelado de la verdulera, una rubia... la haba visto antes? Carla camin a su casa, se abroch el saco mirando para ambos lados como para disimular. Se saba observada, mirada, casi deseada. Lleg a su casa y sus pensamientos se entremezclaban. Mario le resultaba atractivo an pero realmente le servira para la investigacin? Intent despejarse de los temas personales e ir directa a buscar las pruebas que le haba indicado. Se sirvi un trago de vodka, su compaero para cualquier tarea que requiriera de valor. El trago la inund con una sensacin de seguridad y recin entonces se dign a mirar agendas y libretas del pasado. Todos eran jvenes, adultos jvenes. Nada era anterior a los veinticinco o treinta aos

  • 5

    Mario encendi un cigarrillo y volvi a mirar las pocas fotos y los nmeros de telfonos que le haba dado la mujer. Con decisin, pero sin plan alguno, marc el primero. Era el del prroco de la iglesia en la que Carla se haba casado cinco aos antes de su muerte, o mejor dicho de la muerte de quien ella haba sido, antes de ser la Carla que hoy reconoce. Quedaron en encontrarse al da siguiente. Tuvo con el cura un extrao dilogo, casi onrico. - Padre, goza usted de buena memoria visual? El clrigo asinti levemente. - No en todos los casos, pero una novia sin ramo ni rosario es difcil de olvidar. - Al novio lo recuerda? - Vagamente, traje oscuro, con chaleco. Pareca chapado a la antigua, quiz era ropa prestada, pero buen muchacho, algo mayor que la novia. -Se los vea felices? A los novios, digo. - Nerviosos como ladrones en interrogatorio. El novio tosa y sudaba; y a la novia, incmoda, con ese vestido de mueca. Me llam la atencin la falta de pblico. Una boda sin padrinos. Dos o tres familiares. -Y a la mejor amiga de la novia? La recuerda, padre? Ella sola acompaarla como si fuese su sombra. Los amigos ms cercanos sospechaban de ese vnculo. Padre, es importante todo lo que pueda decirme.

  • 6

    - No recuerdo ms de lo que le cont. Debo seguir con la preparacin de la prxima boda. Diciendo esto, el padre se retir tras sus espaldas. Cuando estaba yndose pis un objeto que lo hizo patinar. Era una peineta. La tom y la guard en su bolsillo mientras, pasmado, se preguntaba por qu lo interrogaron. Tuvo ansiedad por participar de la investigacin, ayudando al detective. Quiz lo sacara de la rutina, de tanto sermn aburrido. Mir de nuevo la peineta. Era de ncar y le record a unos ojos negros. Mario volvi a la calle. El sol lo encegueci un momento. Se puso los anteojos negros y camin hacia la avenida. A mitad de cuadra par a comprar cigarrillos. Abri el paquete con parsimonia. Le indic al conductor secamente la direccin del Fnix. El cura no haba aportado demasiado, aunque al despedirse le dio a entender que lo llamara si recordaba algo ms. La prxima llamada que hara, segn la lista, sera a los Arias, la familia poltica de Carla. Cuando los mencion, Carla se haba mostrado seca y asegur que haba interrumpido toda relacin con ellos luego de separarse de su marido. Respondi una voz de mujer. - Diga. - Buenas tardes. Quisiera hablar con Luis Arias, por favor. - Luis no se encuentra. Tendra que llamarlo despus de las ocho. A no ser que vaya a verlo al trabajo.

  • 7

    Mario encendi un cigarrillo Dibujo / Horacio Petre

  • 8

    Se tom el 15, siempre lleno, siempre lento, y se baj en el Hospital Fernndez. Luis Arias, era enfermero o ese era su rol. Su lenguaje no daba cuenta de su paso por la universidad ni por la escuela de enfermera. Intent, sin xito, sacarle algo de informacin. - Carla Pelez? S, fue mi esposa, pero yo no s nada de su pasado. Yo me cas con ella cuando era Carla y luego nos separamos. Yo di todo por ella, pero la cosa no funcion. De su vida anterior no s nada. Por qu tendra que saber algo de su vida pasada? Para m es Carla y siempre lo fue. Djeme trabajar. No ve que estoy en mi trabajo? Adems, a usted quin lo manda? Por qu me vino a buscar? Mario sali aturdido del hospital. El ruido, el olor, la mugre, el calor sofocante, la confusin de pensamientos todo contribua a que su mente anduviera errtica y confusa. Sus pasos se dirigieron, casi sin pretenderlo, al Fnix, su lugar de orden mental. Pidi un caf y le tir un buen chorro de coac, para aclarar mejor la mente. El cura menta, estaba seguro. Titube, se confundi con las fechas e incluso le pareci ver un brillo en su mirada al darse la vuelta, como de ganas de decir ms, de participar en esta bsqueda. Arias tambin ocultaba algo. No neg su relacin con Carla Pelez, pero el miedo le impidi hablar con claridad. Algo estaba pasando pero qu? Finalmente se fue a la pensin. Tomo un lbum viejo una de las pocas reliquias que viajaban con l. Y all, en sepia, vio una foto, aqulla que le haba robado a Carla en una de las pocas noches que compartieron en su departamento.

  • 9

    Junto a ella, estaba su amiga, Conchita, siempre sonriente (todava recordaba alguna que otra salida al cine los tres), pero con esa cosa imperativa y dominante en la mirada. Se derrumb sobre la cama sumido por el cansancio.

  • 10

    Saba que siempre amaneca mal cuando a los sucesivos cafs con coac que tomaba en el Fnix, les sumaba los vasos de whisky barato que ingera antes de acostarse. Haba soado con alcohol; l tena alrededor de diez aos y era monaguillo cosa que nunca haba sido en la vida real y aprovechaba esa funcin para beber vino de misa a escondidas, a pesar de que el sabor del vino le provocaba, en el sueo, nuseas. Mientras se afeitaba, se dio cuenta de que el olor a alcohol que haba en el hospital cuando se entrevist con Luis Arias lo persegua y as, mitad oficio, mitad olfato, asoci libremente alcohol, enfermero, enfermedad, ocultamiento. Algo haba entre el enfermero, la identidad nueva de Carla y su amiga, la de la mirada extraa de la foto. Mientras desayunaba, el caf por las maanas, siempre con leche y nada ms se le ocurri que era una paradoja que ninguna de las personas con las que haba hablado tuviera la lengua un poco ms floja. O quizs, al contrario: esa reticencia a hablar poda ser algo elocuente. Mario lleg una vez ms a la iglesia y golpe la puerta de la sacrista con la esperanza de hallar al cura. Mientras esperaba en la puerta sinti una gran soledad; el silencio, la frialdad del mrmol y la hermeticidad de aquella puerta avivaron su sentimiento de soltera. Por fin, la puerta se abri; el prroco al verlo apenas se sorprendi de su visita y lo invit a entrar. Tras varios minutos de charla, le inform que la mejor amiga de Carla, Conchita Crisol, era maestra en el Colegio de las Carmelitas y que seguramente algo le dira.

  • 11

    Se tom el 15, siempre lleno, siempre lento, y se baj en el Hospital Fernndez

    Dibujo digital sobre fotografa / Carmen Navajas

  • 12

    Volvi a la pensin y se tumb en la cama para ver si vea algo de luz en todo el asunto. Se dispona a buscar la gua telefnica, cuando son el telfono. - Diga. - Hola, Mario. Soy Conchita Crisol. - Vaya, qu casualidad. Precisamente estaba buscando cmo localizarte. - No te llamo para hablar de m. He odo que andas preguntando por ah sobre el pasado de Carla. Te pido por favor que no sigas. Hazlo por ella, si an te importa algo. - Debes saber que ha sido ella quien me ha pedido que investigue. Ella asegura que antes de ser Carla, haba sido otra; que alguien le rob la identidad, que su vida es una ficcin. - Pues djalo. Busca una excusa o dale un resultado falso que le quite de la cabeza esa idea. Pero, por favor, no remuevas el pasado. - Ella descubri un registro donde su nombre, Carla Pelez, pertenece a una mujer asesinada en 1954. -En el registro se cometen muchos errores. Adems, hay muchas personas con el mismo nombre. -Y qu me dices de su ex marido? No sabe nada? Ella no puede haber inventado todo esto para hacerme perder el tiempo. - Mario, no insistas. Djalo todo como est. l la cuid cuando ella estuvo en coma y luego se casaron. Cuando ella se repuso, vio que ya no funcionaba la relacin y lo dej. No intentes volver a ponerte en contacto conmigo, ni con Luis. Carla no se port bien con ninguno de los dos.

  • 13

    Caminando hacia el Fnix para pensar todo el asunto, decidi pasar en limpio lo que saba o crea saber. Se sent en su mesa de siempre y luego de pedir un cortado y una media luna, sac su libreta y escribi:

    Carla o una mujer con su cuerpo, est grave. Se casa con Luis, enfermero del hospital Fernndez, pero cuando ella

    est mejor, lo deja. Su mejor amiga es testigo en el casamiento, pero ahora no la ve ms y

    me llama luego de que yo hablo con Luis y el cura. Quin era Carla? Con quin la confundi la doctora?

    Mario se dirigi al hospital donde al parecer Carla haba entrado en coma. Curiosamente era el mismo donde trabajaba Luis como enfermero. Eso facilitaba mucho las cosas, porque seguramente l habra podido manipular los papeles para que ella apareciera muerta. Claro; l podra haber hecho fallecer la verdadera identidad de Carla y revivirla -burocrticamente hablando- con otra identidad. Al haber perdido la memoria, nadie sospechara. Pero por qu lo hara? Su poder podra llegar a tal punto de cambiar el nombre de una paciente? Tal era el desquicio reinante en los archivos del nosocomio? Mario cita a Carla en el Fnix para contarle sus tribulaciones. Intent decirle, pero ella se niega a escuchar. -No tengo capacidad para entender lo que me ests diciendo. No s, no s. Por favor, olvdate de todo. Hac como que nunca te ped nada.

  • 14

    Sola en la mesa, se queda en silencio. No sabe qu pensar, no entiende que su viejo amigo, su eterno admirador, haya tomado tan a la ligera su solicitud. l no entenda lo que para ella significaba encontrar esa verdad. Ella esperaba una minuciosa y profunda investigacin, alguna certeza que la condujera a la verdad, pero lo que estaba haciendo Mario tena slo una especulacin. No poda sacar conclusiones de meras conjeturas, no haba obtenido ni una sola prueba, no haba buscado en el pasado como ella lo esperaba. Esos testimonios no eran suficientes, ella tambin los habra podido buscar. Qu haca que Mario se mostrara tan superficial en su investigacin? Se debata entre el coraje y la desolacin. Se preguntaba cul sera el camino que deba seguir. Porque slo una cosa tena clara en este momento de su vida. Necesitaba su verdad!

  • 15

    Recostado, Mario mira la televisin. El timbre suena. Abre sin ganas la puerta. Si no esperaba a nadie quin podra ser a esta hora? Conchita, en un escotado vestido rojo, se le tira encima apenas lo ve y lo aprieta felinamente contra la pared. Intenta besarlo. Instintivamente, sin siquiera saber quin es, la empuja y la mujer cae contra un mueble. -Perdon. Es defecto profesional, se disculp. Pens que era algn delincuente. -No te gusto, dice mientras se acomoda la ropa. Nunca te gust, dice mientras se recompone y acomoda el vestido. Pens que me recibiras de otro modo. No soy Carla, lo s, pero imagin que me daras alguna oportunidad. Es verdad. A Mario nunca le gustaron las comehombres como Conchita y si bien estaba ms viejo, sus gustos no se haban modificado. - Quers un vaso de agua, algo?, le dijo por compromiso.

    -No, ya me voy, deja. Hac como que nunca vine. Qu coincidencia, pens Mario, Carla y Conchita se fueron ofendidas diciendo lo mismo. Y si fuera Conchita quien haba tomado la identidad de Carla? Eso lo investigara el da siguiente cuando estuviera ms relajado. A Conchita le irritaba que todos los hombres se fijaran en su amiga. Qu tena Carla que ella no?

  • 16

    Tal vez le envidiaba el nombre. Carla era un nombre seductor. Pero ella no tena de qu quejarse, aunque tuvo que usar el apellido de su madre, Crisol, porque el de su padre era Riva. De modo que Conchita Riva tena cierta cacofona. De nia tena que soportar las burlas de sus compaeros en la escuela. De adolescentes era el blanco seguro de bromas. Entonces decidi ocultar el Riva y usar Crisol que era el apellido de su madre. Desde haca cinco aos vena tramando el modo de arrebatarle la identidad a Carla. Ella quera llamarse Carla Pelez. Fue por eso que busc un cmplice, para que se casara con ella, el enfermero del Fernndez.

  • 17

    Carla leo / Sandra De Raedemaeker

  • 18

    Conchita llega a su casa. Abre la puerta de vidrios biselados que da al amplio living-comedor. Slo huellas de cuadros en las paredes blancas. Techos altos con molduras y araas de bronce. En el living, una mesa ratona con tapa de mrmol sobre la que descansan seis portarretratos con dos fotos cada uno. La que ms se destacaba era la de Carla, tan hermosa, pens Conchita y qu hermoso nombre. Quiero ese nombre para m, pens, y lo voy a conseguir pese a las investigaciones de Mario. Todo est cubierto de polvo. Haca un tiempo que le haba dicho a la mucama que dejara de ir. A un costado se encuentra su escritorio, la sorpresa fue ver los cajones dados vuelta, todos desordenados. Evidentemente, estaban buscando las pruebas para acusarla de robo de identidad. Inmediatamente, verific si haban logrado abrir el cajn secreto donde ella, fiel a su nombre y apellido, guardaba sus ms modernos sex-toys. Para su alivio no lo haban conseguido. Se dirigi a su habitacin, se recost en su cama y fue cayendo en un profundo sueo. Antes de dormirse, repas una y otra vez su dolorosa conversacin con Mario. Respir profundamente buscando relajarse. Estaba molesta y despechada y, al contrario de lo que esperaba al recordarse rechazada por l, una catarata de lgrimas comenz a caer por sus mejillas convirtiendo su rostro en una paleta de colores. Su maquillaje se arruinaba y tambin su sueo de amor. Ya conoca esta sensacin, la haba vivido muchas veces. Tras un da agotador, su mente sigue buscando una respuesta a la pregunta ms recurrente de su vida: Por qu no me eligi?

  • 19

    Despert sobresaltada como por una pesadilla. El sol entraba por las ventanas de cortinas descorridas y l la mira fijamente. Como de costumbre, parece no verla, se siente transparente, fantasmal. Alonso levanta con su fina mano de uas pulidas la foto de Carla y sonre apenas, cmo es posible que su marido siga pareciendo tan joven si tienen la misma edad? Apenas unas leves seales en los fros ojos azules, apenas una leve sombra en los hermosos labios tan bien delineados que parecen femeninos - Querida, tenemos la cena con los consejeros, no lo habrs olvidado? Ponte tan atractiva como t sabes hacerlo, te recoger a las cinco. Su caracterstica frivolidad la converta en reina en el mundo de las apariencias, as que se dispuso a acicalarse para la ocasin. No escatim esfuerzos para quedar reluciente, impactante y deseable. Alonso jams apreciaba verdaderamente la belleza de su mujer pero saba que llevarla del brazo le sumaba puntos ante la sociedad, especialmente celando a los ms poderosos que l. Ella vena a ser apenas un trofeo. De todas maneras, cuando Conchita la record que deban regresar temprano porque al da siguiente ella deba ir al Fernndez a retirar unas muestras, l sospech inmediatamente. - Justo maana? No es el da que hace guardia tu amiguito el enfermero?

  • 20

    Conchita espera en vano que Alonso vuelva a buscarla, como le prometi, para ir a la reunin con los consejeros. Su hermosura natural y producida- va decayendo a medida que pasan las horas y l no aparece ni responde sus llamadas. A las diez suena el telfono. Llaman del hospital Fernndez. Le avisan que Luis fue atacado a balazos por dos hombres en la calle. Agoniza en el mismo hospital. Conchita cuelga confundida y horrorizada. Se pregunta si su esposo acaba de mandar a matar a su otro esposo? En ese momento y, como si fuera poco, un hombre toca la puerta. Conchita pens que debera medir alrededor de uno noventa y que su pelo hasta la cintura y sus ojos punzantes la estremecan. - Hola Conchita, soy Christian el mejor amigo de Luis. Como te habrs enterado, Luis tuvo un accidente y creo saber quin tiene parte de la culpa. Bsicamente, poco antes de que me entere del accidente, vi a Mario caminando por la calle con una escopeta. Lo not muy iracundo y lo segu. Pude confirmarlo con mis propios ojos. Conchita quera creerlo pero cmo Mario iba a ser capaz de asesinar a Luis? Con qu motivo? Poda confiar en ste extrao? Y adems, dnde estaba Alonso entonces? - Seora, quiero que sepa que voy a encontrar a Mario y voy a hacerlo sufrir hasta que muera. Pero para eso necesito que usted me ayude.

  • 21

    Sentado en su lugar acostumbrado del Fnix

    Fotografa tratada digitalmente / Luis Alfonso Martn

  • 22

    Sentado en su lugar acostumbrado del Fnix, Mario recapacit sobre lo acontecido esa tarde. Todo le resultaba extrao; la nota que le dio el Gordo Adrin, en la que alguien le avisaba de que fuera urgentemente al hospital Fernndez para hablar con Luis Arias; la recomendacin de que fuese armado; el ataque al enfermero; la extraa figura de un hombre alto y de pelo largo que corra calle abajo escapando de algo o de alguien... Todo lo iba anotando en su cuaderno de notas. Tambin las preguntas que le surgan:

    Quin escribi la nota? Por qu le haban pedido ir al hospital armado? Quin haba atacado a Luis Arias y por qu? Querran implicarlo a l?

    Empezaba a sospechar que se encontraba metido en una trama peligrosa y que estaba siendo objeto de una manipulacin. Pero quin mova los hilos? Conchita siempre haba envidiado a Carla. Codiciaba su poder de seduccin, su clase, su entorno, su apellido, su marido, hasta su guardarropa y pertenencias, incluso los mnimos accesorios, como la simple peineta de ncar. En la boda se la vea dbil, fantasmagrica, erguida frente al cura. El pronstico del mdico deca que la amnesia iba a ser progresiva. Necesitaba ver a Carla. Senta que haba cometido un error al tomar el caso. Lo que no imagin Mario fue que al aceptarlo, su nombre quedara para siempre unido a la historia poltica ms oscura y pattica del pas.

  • 23

    - No se asuste Lizrraga, llegamos y le sacamos esa venda, espero que no le incomode, fue todo lo que escuch por excusa en el largo viaje en auto desde que lo sacaron a tirones y a medio vestir de su departamento. Cuando el auto se detuvo y por fin pudo ver, estaba parado frente a una tumba, en el cementerio de Timote, provincia de Buenos Aires. Sobre el mrmol, un nombre y unas fechas:

    CARLA PELEZ 1925 1995.

    - Usted es bueno Lizrraga, pero hay cosas que no hay que mezclar, me extraa Una cosa es el trabajo y otra la cotorra dijo socarrn el capitn Menndez. - Mire, la cosa es as, se lo voy a decir una sola vez y se deja de joder. Margarita Amudsen era la mujer de Lonardi, si, se que le suena, el general Lonardi, el del golpe del 55. A m, Edelmiro Menndez, me llamo, capitn de fragata, me encomiendan mis superiores esconder el cuerpo para que los peronistas no lo encuentren me entiende? Cosas del pasado, viejos rencores. Y lo que pens fue hacerlo al estilo clsico, como con Ella en el cementerio de Miln, tomar un nombre prestado unos aos, de sos que nadie va a reclamar ni a notar que no estn y chau. No lo tuve en los clculos Lizrraga, me meti en un lo, sepa Un estruendo ensordecedor interrumpi el monlogo del capitn, seguido por el destello de la bomba que anunciaba el ingreso del grupo de choque de la polica capitalina. Mario cay al piso an maniatado y maltrecho. El resto de los presentes, pseudo paramilitares pasados de poca, fueron rpidamente reducidos y apresados.

  • 24

    El detective se encontraba desconcertado, imposibilitado de procesar en su mente tanta informacin contradictoria. Carla era la simptica mujer que conoci, y con quien haba compartido algunos de los mejores y ms interesantes momentos de su triste existencia. Pero algo le llamaba la atencin con un gran magnetismo Qu fue lo que motiv a la joven a contactarse con el cura antes de su encuentro? A qu respondan los conocidos de Carla actuando en forma reticente y poco colaborativa? Cmo lo haba contactado Conchita antes de que l mismo se activase en ese sentido? Los hechos se repetan en su conciencia como partes histricas de un extrao montaje. Con el correr de los das record a quin perteneca esa peineta que observ en la iglesia aquel da. Alguna vez la haba tenido en sus manos. Su encuentro con la impactante belleza del vestido rojo le ayud rememorar. El nombre en la tumba, los rastros esparcidos por Carla que distorsionaban y tean de incoherencia su pensamiento, lo atormentaban. La boda haba sido una cobertura poco convincente de lo que Carla seguramente intentaba ocultar. Evidentemente ocultaba algo, pero por qu recurrir a l? La respuesta slo la encontrara en ella misma.

  • 25

    Con ayuda del teniente de la polica cit a todos los implicados en esta historia en la sede del precinto distrital; uno por uno los interrog, intimidante, logrando quebrar a Luis, el enfermero y ex marido. As que, decidido, se propuso abordar a Carla definitivamente, acorralarla y obligarla a confesar. Recorri la sala con la vista y no la vio. Al ingresar en la sala de interrogacin, sorprendido, a primera vista no la vio; avanz unos pasos y percibi algo detrs suyo. Gir sobre s y espantado descubri el cuerpo de esa mujer que an lo conmova. Desde su cuello rasgado comenzaba a surgir con bro tenebroso un hilo de sangre. La hermosa peineta fue til para un fin para lo que no haba sido concebida. El cuerpo an convulsionaba en un estertor de muerte, el aliento an se esfumaba por sus labios. Sus ojos parecan transmitirle un inequvoco acto de amor perdido. Slo una cosa era verdad en ese momento: Carla Pelez mora por segunda y definitiva vez y con ella el secreto de una mujer intrigante y hermosa.

    Argentina / Espaa Enero de 2014

  • 26

  • 27

    Esta historia, nunca antes contada, es el resultado del desvaro mental colectivo de unos

    individuos pertenecientes al grupo facebuquiano denominado LO IMPORTANTE POR ESCRITO,

    que siguen de manera enajenada las consignas dictadas por su gur particular, la conocida periodista Silvina Scheiner,

    secundada por el no menos conocido mercadista Horacio Tort.