Truman Capote, al salón de los clásicos · guerra mundial Los desnudos y los muertos. El debate...

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  • Truman Capote, al saln de los

    clsicos

    y de Seguridad Nacional S.C.Centro de Estudios Polticos

    Carlos Ramrez

    ArchivoCarlos Ramrez /

    P r o y e c t o M x i c o C o n t e m p o r n e o 1 9 7 0 - 2 0 2 0

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  • Archivo Carlos Ramrez / Indicador Poltico Grupo de Editores del Estado de Mxico Centro de Estudios Polticos y de Seguridad Nacional, S.C. Indicador Poltico.Una edicin del Centro de Estudios Polticos y de Seguridad

    Nacional, S.C., presidente y director general: Mtro. Carlos Ramrez, derechos reservados. Web:indicadorpolitico.mx

    Carlos Ramrez (Oaxaca, 1951), periodista y escritor, licenciado en periodismo, maestro en ciencia poltica, director del Diario Indicador Poltico y El Mollete Li-terario. Autor de la columna Indicador Poltico desde 1990, investigador universitario. Sus ltimos libros son Obama, La Comuna de Oaxaca y El regreso del PRI (y de Carlos Salinas de Gortari).

  • Carlos Ramrez

    Truman Capote, al saln de los

    clsicos

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    E n algn lado Borges escribi que los libros que superan el medio siglo podran considerarse clsicos, es decir, ya con un lugar en la historia de la literatura. Este ao de 2016 la novela A sangre fra cumple medio siglo, lo cual dejara entrar a esa obra y a su autor Truman Capote en la selecta lista de clsicos. Paradojas de la vida: los 50 aos de la novela de Capote tambin registraron la muerte de Harper Lee el 18 de febrero de 2016, la escritora amiga que lo acompa a la recopilacin de informacin del cri-men en Halcomb, Kansas, en 1959 y autora del clsico Matar a un ruiseor, publicada en 1959 mientras los dos andaban buscando datos de los incidentes crimi-nales en Halcomb.

    El problema con los libros ya clsicos radica en que su condicin debe asumir no slo la temporalidad sino la propuesta narrativa. Capote era, en 1966, un escritor en toda forma, con varios cuentos, dos nove-las Otras voces, otros mbitos en 1948 y su tambin clsico Desayuno en Tiffanys en 1958 y varios re-portajes que se localizaron en el escenario del llamado nuevo periodismo o, ms bien, periodismo narrativo o uso de las tcnicas de la literatura en la descripcin de hechos reales. Ms agobiado por su personalidad sobresaliente y su papel central en la cultura estaduni-dense neoyorkina de los cincuenta y sesenta, Capote en realidad termin su ciclo creativo con A sangre fra y su recopilacin de cuentos en Desayuno para cama-leones. Eso s, hasta su muerte en 1984 vivi de su cen-tralidad en la vida cultural.

    Como distintivo de su novela A sangre fra, Capote incluy el concepto literario inexistente, hasta oximo-rnico de novela de no ficcin, a partir del contra-sentido entre novela como ejercicio de la imaginacin y el ajuste a los trminos estrictos de la realidad.La novela abri un debate fuerte con su archienemigo

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    literario Norman Mailer, novelista con una gran pre-sencia en el periodismo cultural. Mailer dijo que con Capote se haba muerto la novela y caracteriz A san-gre fra como un reportaje. Hacia 1966 Mailer haba publicado, entre otras, su gran novela sobre la segunda guerra mundial Los desnudos y los muertos.

    El debate sobre A sangre fra sigue abierto: no-vela de no ficcin o reportaje novelado? A lo largo del tiempo, Capote defendi su propuesta de novela ajustada 100% a los hechos, sin agregar al narrador como ajustador de hechos o temperamentos. De ser as, entonces la novela es un gran reportaje, con enor-me calidad literaria: todos los personajes y hechos son verdad; una novela, en cambio, tiene licencia para ajustar contenido con aportacin a la imaginacin.

    Desde mediados de los cincuentas haba comen-zado en debate sobre el periodismo narrativo. Como referencia icnica se tiene el texto publicado en 1966 por el periodista Gay Talese en la revista Esquire: Ta-lese iba a entrevistar a Frank Sinatra pero el cantan-te estaba enfermo de gripe y tena muy mal humor como para una entrevista; Talese, entonces, hizo una narracin descriptiva propia de la literatura y la titu-lo: Frank Sinatra est resfriado. Ah se formaliz el periodismo narrativo como nuevo periodismo. Sin embargo, la experiencia vena de muy atrs, quiz des-de algunos de los artculos de Ernst Hemingway en los veinte cuando eras enviado en Europa del peri-dico The Toronto Star. Tambin haba que agregar las notas escritas como reportaje de impresin que hizo el escritor John Steinbeck en 1936 sobre los campos de uva en California y que le sirvieron para su gran novela Las uvas de la ira.

    Formalmente, el periodismo narrativo como gne-ro comenz en 1950 con dos trabajos que luego fue-ron publicados como libro: Retrato de Hemingway de

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    Lillian Ross y las crnicas europeas de Capote publi-cadas como Local color. En 1965, ya en la coyuntura de A sangre fra la escritora Joan Didion public un perfil narrativo de John Wayne. En realidad en 1964 an no se abra el debate sobre el periodismo narrativo o nue-vo periodismo. Mailer, por ejemplo, comenz su vena de cronista poltico en los sesenta pero formaliz sus textos en 1968 con la cobertura de las convenciones demcrata (El sitio de Chicago) y republicana (Nixon en Miami) y con su crnica Los ejrcitos de la noche so-bre las protestas juveniles contra el reclutamiento de estudiantes para enviarlos a combatir a la guerra per-dida de Vietnam.

    Escritor metido a periodista, Mailer era ms bien cronista de la realidad, con textos plagados de refe-rentes culturales y reflexiones que representaban ms bien ensayos narrativos. Pero la mayor parte de sus textos caan en el modelo del periodismo gonzo, una caracterizacin no traducible; el periodismo gonzo, desarrollado por el escritor y periodista Dr. Hunter S. Thompson (doctorado desconocido), era la des-cripcin catica de una realidad plagada de drogas y alcohol, en la que el protagonista era el propio narra-dor; en Los ejrcitos de la noche Mailer aparece como el protagonista, con varias cuartillas contando cmo en la protesta en el Departamento de Defensa lo que ms le importaba era encontrar un bao para orinar porque haba bebido mucho alcohol.

    En 1979 se dio el ajuste de cuentas de Capote con Mailer, luego de las crticas de ste contra la forma narrativa de Capote. Mailer public la novela La can-cin del verdugo sobre el asesino Gary Gilmore, diga-mos que en un escenario muy similar al de A sangre fra: la historia asesinos. Slo que Mailer se sali del debate con Capote al redactar una novela, es decir, tomar en cuenta y como punto central los hechos rea-

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    PRIMER PRRAFO de A sangre fra:El pueblo de Halcomb est en las ele-

    vadas llanuras trigueas del oeste de Kan-sas, una zona solitaria que otros habitantes de Kansas llaman all. A ms de cien kil-metros al este de la frontera de Colorado, el campo, con sus ntidos cielos azules y su aire puro como el del desierto, tiene una atms-fera que se parece ms al lejano Oeste que al Medio Oeste. El acento local tiene un aromad e praderas, un dejo nasal, de pen, y los hombres, muchos de ellos, llevan panta-lones ajustados, sobreros de ala ancha y bo-tas de tacones altos y punta afilada. La tierra es llana y las vistas enormemente grandes; caballos, rebaos de ganado, racimos de blancos silos que se alza con tanta gracia como templos griegos son visibles mucho antes de que el viajero llegue a ellos.

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    les y las cartas de Gilmore pero recrendolas con el instrumental de la ficcin. Mailer haba dicho que la novela de Capote era un fracaso de la imaginacin; por eso cuando apareci La cancin del verdugo, Capo-te ajust cuentas con era irona sarcstica y venenosa que se le daba muy bien: si bien Mailer no calific sus novelas Los ejrcitos de la noche, De un fuego a la luna y La cancin del verdugo como novelas reales, al final lo eran. Por eso Capote escribi: no importa (que no las caracterice como novelas reales), Mailer es un buen escritor y un tipo estupendo; y me resulta grato ha-berle prestado algn pequeo servicio; el dardo enve-nenado de Capote dejaba entrever bueno: lo deca con claridad que l le haba enseado el estilo de la literatura de no ficcin a Mailer.

    Formalmente el debate sobre el nuevo periodismo o periodismo narrativo se dio en 1965 con las crni-cas festivas de Tom Wolfe el tercero en el tringulo del periodismo y literatura con estilo desenfadado y aportando elementos estilsticos: los sonidos onoma-topyicos trasladados al papel, aunque tambin con un muy slido manejo del lenguaje y de las estructuras narrativas de la literatura.

    Lo que aport el nuevo periodismo fue el trata-miento informal de la realidad, el ejercicio de la crtica sin limitaciones. El periodismo en la prensa diaria en los cincuenta y sesenta era muy exigencia en cuanto a estilo; por eso el periodismo narrativo estall en revis-tas que abrieron nuevas formas de describir la realidad: Esquire, Rolling Stone y el suplemento New York del Herald Tribune donde Wolfe abri fuego en 1965 con un texto satrico crnica con mala leche sobre el santn del periodismo cultural de entonces, William Shawn, director de The New Yorker.El texto sacudi el medio cultural y periodstico y formalmente conso-lid el espacio para el periodismo narrativo o con es-

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    tructuras de la literatura. En las revistas y suplementos se permitan todas las licencias literarias. Y como los autores eran escritores reconocidos, las posibilidades del gnero fueron infinitas. Ms tarde, ese estilo per-miti airear un poco los reportajes enviados por los corresponsales en Vietnam.

    A medio siglo de la primera edicin de A sangre fra el debate sobre su estilo ya no es tan intenso; algunos errores de precisin han sido encontrados en la novela pero sin cambiar el sentido, quiz deta-lles sin importancia. El caso fue el esfuerzo de cinco aos de Capote para recopilar informacin sobre el asesinato en Kansas de la familia Clutter, su esposa Bonnie y sus hijos Kenyon de 15 y Nancy de 16. Los asesinos Richard Eugene Hickock y Perry Edward Smith haban robado apenas unos cincuenta dlares. En varios libros biogrficos se revel que Capote, homosexual declarado, haba mantenido un enamo-ramiento con Smith.

    El problema con la novela fue que Capote tuvo largos debate en torno a si A sangre fra era nove-la o periodismo, cuando al obra en s haba sido un ejemplo superior del manejo del lenguaje, de la uti-lizacin de las estructuras narrativas a un incidente policiaco y al auxilio del pensamiento literario para interpretar a los protagonistas sin sumarle ni restar-les nada. Ah se localiza la maestra de Capote: la descripcin de protagonistas como eran, sin magni-ficarlos ni subestimarlos.Ello lo oblig a multitud de entrevistas con amigos. La idea fue no pintar ni vctimas ni victimarios, sino un suceso criminal don-de los personajes mostraban sus contradicciones. La labor no fue fcil porque la condena social a los ase-sinos estaba condicionado la percepcin popular: los asesinos deban presentarse con su carga emocional de distorsiones de la realidad; sin embargo, los asesi-

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    nos eran tambin personas, con sus contradicciones y sus frustraciones.

    Reportaje o novela, mezcla de ficcin con la rea-lidad, esfuerzo del autor por presentar a los protago-nistas como personas de carne y hueso, el caso es que A sangre fra sigue siendo una novela sobre un suceso real y el estilo de Capote fue, eso s, ms literario que descriptivo; quiz como ejercicio valga la pena una re-lectura de A sangre fra con el libro Honrars a tu padre de Gay Talese, una historia del capo mafioso Joseph Bonano pero a partir de la descripcin fra de los per-sonajes: la pasin en Capote y la serenidad en Talese, pero las nos obras con suficiente aportacin literaria a sucesos periodsticos.

    Lo que queda por debatir es el concepto de nove-la de no-ficcin. En trminos estrictos, la no-ficcin sera en enlistamiento de informaciones tal y como se obtuvieron, quiz como acta de delegacin de polica y ministerio pblico. La estructura literaria de ficcin implica un reacomodo de tiempos, hechos y contextos, lo que sacara al contenido de cualquier consideracin de objetividad. La construccin de la familia Clutter en cuanto a personalidades se hizo en funcin del au-tor. Y ah se dara la diferencia en la caracterizacin de la no-ficcin: la forma de ver a los personajes es dife-rente si lo hace un periodista formado en la realidad escrupulosa hasta donde se pueda y el escritor que se ve como narrador y por tanto como reconstructor de realidades y personajes.

    La comparacin de dos obras podra ayudar a fijar los espacios interpretativitos de la no-ficcin: justa-mente A sangre fra de Truman Capote y Honrars a tu padre de Gay Talese, el primero escritor y periodista y el segundo periodista y escritor. Aqu el orden de los factores s altera el producto. Y la diferencia estriba en la reconstruccin de la realidad: el escritor lo hace

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    PRIMER PARRAFO DE La cancin del verdugo, de Norman Mailer.

    Brenda tena siete aos cuando estu-vo a punto de caerse del manzano. Haba trepado a lo ms alto, donde estaba la fru-ta buena y la rama se quebr. Gary pudo asirla conforme la rama se vena abajo0 con un rechino. Estaba asustados. Los manza-nos eran lo mejor que la abuela tena en el huerto y les haba prohibido trepar a ellos. Pero ella le ayud a esconder la rama rota y confiaron en que nadie loa advirtiese. se era el ms temprano recuerdo que Brenda guardaba de Gary.

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    desde su tribuna de creador de ficcin y el periodista tratando de reproducir con sentido estricto la esce-na. El escritor se permite ciertas licencias literarias en la descripcin de la realidad, buscando siempre un punto detonador del inters; el periodista se concre-ta a describir la realidad sin buscar ningn sentido efectista. Al final de cuentas, Capote busc impactar con su reconstruccin del crimen de los Clutter en un escenario social, en tanto que Talese slo quiso hacer un retrato realista de la familia Bonano. En su inves-tigacin El reino y el poder como la historia del The New York Times, Talase se dedic a reconstruir la vida de los propietarios y del diario, sin buscar efectos en la lectura: los personajes viven por s mismos, en tan-to que Capote reconstruy las personalidades de sus protagonistas pero los redact buscando reconstruir-los aunque al final sean los mismos. Podra ensayarse un ejercicio: redactar la personalidad del padre de los Clutter o de uno de los asesinos como periodista y como novelista.

    La diferencia se puede expresar en dos conceptos: contar y narrar; el periodista cuenta lo que vio, lo descri-be, y en el nuevo periodismo se apoya en el instrumen-tal tcnico de la literatura; el escritor, en cambio, narra, es decir: re-crea, y entonces personajes y escenarios ad-quieren una autonoma relativa. Se puede comparar el texto Frank Sinatra est resfriado de Talese con la en-trevista de Capote a Marlon Brando y publicada como El duque en sus dominios. Talese describe en las pri-meras escenas a Sinatra jugando billar, de mal humor porque tiene gripe y el personaje central de su texto es Sinatra sin dar declaraciones. En cambio, Capote hace un cuento, con escenas de la realidad potencias en su reconstruccin, con el dato que no debe dejar de regis-trarse: Capote tambin era periodista, pero potenciado desde su lnea creativa como escritor de ficcin.

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    El periodista usa el instrumental tcnico de la li-teratura: percepcin de personajes, sicologa del esce-nario a narrar, habilidad para el manejo literario del efecto, tcnica de los dilogos. El escritor, al contrario, viene de la literatura y usa el instrumental tcnico del periodismo: el conocimiento del personaje o situacin a narrar, la bsqueda de una declaracin contundente y la utilizacin de circunstancias alrededor del hecho a contar. El periodista parte de la realidad, en tanto que el escritor usa la realidad para narrar o recrear una situacin de conflicto que merece la atencin pe-riodstica.

    El bloqueo entre periodismo y ficcin lo rompi Norman Mailer en su novela La cancin del verdugo en 1979, cuando ya el nuevo periodismo o periodis-mo narrativo estaba en pleno auge con aportaciones de otros escritores, sobre todo de Tom Wolfe y sus textos periodsticos irritables, llenos de ironas mal-vadas y onomatopeyas. Mailer tom el caso real de Gary Gilmore, un joven asesino despiadado, pero lo recre o reconstruy con la fuerza de la ficcin: es el mismo personaje pero ya rehecho como fic-cin, pero sin dejar de ser realista. La propuesta de Mailer inclusive rebas los pruritos de Capote: no respetar hasta el detalle la realidad, sino usar la rea-lidad para reconstruirla con un poco de ficcin. Al final, las lectura es la misma, aunque Mailer mucho ms atractivo por los recursos de la ficcin y Capote ms anticlimtico por ajustarse cien por ciento a la realidad.

    Adems de literarios, las objeciones de Capote te-nan un dato no muy reconocido: Mailer recibi en 1980 el Premio Pulitzer en el gnero de no ficcin, en tanto que Capote y Wolfe nunca lo obtuvieron, y eso que Capote se presentaba como la cumbre de la no ficcin con A sangre fra.

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    Hasta su muerte, Capote defendi con exageracin su propuesta de novela de no-ficcin, a veces hasta con estallidos de malos humores. Lo que en 1966 llam la atencin de la novela de Capote no fue el respecto ab-soluto a la realidad sino la construccin de una novela social, vertiente por cierto que ni Capote ni Mailer ni Wolfe se preocuparon por racionalizar. Ficcin o rea-lismo, la gran aportacin de Capote a la literatura que no al periodismo fue la de socializar un hecho policiaco de los cientos de miles que ocurren a diario en el mundo: un asalto a una casa, un botn miserable, una familia asesinada y ladrones atrapados, juzgados y sentenciados a muerte. Con su novela, Capote hizo ms humana la nota roja de sangre, convirti lo gene-ral en singular. Lo malo, en todo caso, fue que A sangre fra se ley y se sigue leyendo como novela o como reportaje y no como denuncia de la irracionalidad del crimen en los EE.UU.

    Ah se encuentra, de manera paradoja, la lectura final de una obra compleja: el lector asume A sangre fra como una novela, no como una denuncia. Y los anlisis sobre esa obra se desgastan en la dinmica de concluir si es novela o reportaje. Si Talese hubiera he-cho un trabajo periodstico sobre el mismo suceso de los Clutter, sin duda que se hubiera tratado de un re-portaje de denuncia, an inclusive usando los mismos recursos de estructuras literarias de Capote. Es decir, en la realidad, Capote y Mailer con las variantes de no ficcin y de ficcionar la realidad literaturizaron una realidad criminal, en tanto que Talese con Hon-rars a tu padre y Frank Sinatra est resfriado lleva-ron la ficcin al ms escrupuloso de los realismos. Es curioso que en Capote y Mailer se discutan todava los aspectos literarios de la realidad narrada, sin poner demasiada atencin en sus aportaciones estilsticas al periodismo con las herramientas de la ficcin.

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    PRIMER PARRAFO de La izquierdas exquisita DE TOM WOLFE.

    A las dos, o las tres, o las cuatro de la madrugada, o en algn momento entre esas horas, el 25 de agosto de 1966, da preci-samente de su cuarenta y ocho aniversario, Leonard Bernstein despert en la oscuri-dad en un estado de gran excitacin. Eso ya haba ocurrido antes. Era una de las formas que adoptaba su insomnio. As que hizo lo que sola hacer en tales casos. Se levant y pase durante un rato. Se senta atonta-do. Repentinamente tuvo una visin, una inspiracin. Poda verse a s mismo, Leonard Bernstein, el egregio maestro, en el escenario, con pajarita y frac, frente a una orquesta com-pleta. A un lado del pdium del director, est al piano. Al otro lado, una silla, y apo-yada sobre ella una guitarra. Se sienta en la silla y toma la guitarra. Una guitarra! Uno de esos instrumentos medio estpidos, como el acorden, para que los chavales de catorce aos de Levittown, de coeficiente mental 110 sigan el mtodo Aprenda-a-Tocar-en-Ocho-Das! Pero existe una ra-zn. Bernstein va a comunicar un mensa-je antiblico a este gran pblico de cuello blanco-almidonado que llena el local. Les anuncia:

    Yo amo.

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    La lectura de A sangre fra ha tenido que hacerse en escenarios diferentes de la realidad: en 1966 im-pact que se publicara en cuatro partes en la revista New Yorker, una de las catedrales del periodismo cul-tural porque el acto de lectura en una revista impu-so el condicionamiento periodstico y los personajes ya se haban insertado en la realidad del conflicto de violencia en condados estadunidenses. Y su lecturas es otra despus de haber ledo los textos de Mailer, Wolfe y Talese y muchos otros periodistas que usaron el instrumental de la literatura como complemento en la redaccin de sus textos.

    Ya como clsico al cumplir los cincuenta aos de haber sido publicada por primera ve, A sangre fra tie-ne otra lectura estilstica y podra aventurar la hip-tesis de que seguir leyndose ms como novela que como reportaje, sin importar el grado de ficcin. Y es extrao que el periodismo estadunidense no haya entrado a la investigacin del caso en s mismo, la fa-milia Clutter, los dos asesinos, el sistema judicial, las cifras criminales en la zona de Kansas y muchos otros detalles. A veces el peso totmico de un autor coloca un cinturn sanitario literario alrededor de algunas obras. No estara mal que algn periodista reconstru-yera el crimen con el instrumental de la literatura, as como Capote en 1966 lo escribi con las tcnicas del periodismo.

    Una de las aportaciones ms interesantes de Ca-pote al periodismo y a la literatura realista fue el invo-lucramiento en la investigacin de las personalidades de los involucrados; para enriquecer su novela, Capo-te convivi con los asesinos, tuvo contactos persona-les y logr acceso a algunas de sus propiedades. Con desdn, Capote desestim la novela de Mailer sobre Gilmore porque la redact recre en su oficina

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    PEIMER PARRA-FO DE Sinatra est resfriado de Gay Talese:

    Con un vaso de bourbon en una mano y un cigarrillo en la otra, Frank Si-natra estaba de pie en un rincn oscuro de la barra del bar, entre dos atractivas opero ya algo mustias rubias que esperaban a que l dijera algo. Pero l no deca nada: haba estado callado casi toda la noche, salvo que ahora, en este club privado de Beverly Hills pareca todava ms distante, extendiendo la vista entre el humo y la se-mipenumbra hacia un amplio recinto ms all de la barra donde decenas de jvenes parejas se apretujaban en torno a unas me-sitas o se retorcan en medio de la pista al metlico y estrepitoso ritmo de folk-rock que sala a todo volumen del estreo. Las dos rubias saban, como saban los cuatro amigos de Sinatra que lo acompaaban, que era mala idea forzarlo a conversar cuando l andaba en esa vena de silencio hosco, humor que no haba sido nada raro en esa primera semana de noviembre, a un apenas de cumplir cincuenta aos.

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    y en su mquina de escribir y no tuvo el contacto con el protagonista; sin embargo, en descargo, Mai-ler logr interpretar literariamente la personalidad criminal de Gilmore. En todo caso, se entienden las rencillas Capote-Mailer en el ambiente cultural pero sera un error trasladarlas al debate sobre propuestas de estilos narrativos sobre escenarios similares. La comparacin debiera hacerse como experimento de propuestas literario-narrativas: las dos son vlidas, aunque en entrevistas Mailer y Capote se hubieran bombardeado con ironas fuertes, algunas inclusive de mal gusto. Al final de cuentas, el lector comn y corriente lee un libro sin atender a sus contextos de elaboracin.

    Entre muchos otros, aqu un ejemplo comparativo:Seguro de lo que quera en la vida, el seor Clutter

    lo haba obtenido, en buena medida.La frase es concluyente, supone una calificacin de

    circunstancias. La misma frase redactada por un re-portero sera diferente:

    El seor Clutter estaba seguro de lo que quera en la vida y trabajara para obtenerlo.

    En fin, A sangre fra tiene an mucho por delante.A cincuenta aos de publicada primero en la re-

    vista New Yorker, la novela de no-ficcin A sangre fra sigue cautivando a los lectores, fue la obra cumbre de Capote, marc un hito en el ambiente cultural de los EE.UU. y seguir despertando polmicas ms esti-lsticas que literarias. A medio siglo de distancia, la novela se lee con fruicin, angustia porque se sabe su contexto real y con deleite por el estilo escrupuloso de Capote. Los pleitos con Mailer y Wolfe y el escenario del periodismo narrativo no hace ms que enriquecer la curiosidad de los lectores que quieren ir ms all de las pginas de la novela.

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