Tradiciones Peruanas

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Ricardo Palma

AMIGAS Y AMIGOS, ALUMNOS DEL PROGRAMA NACIONAL DE MOVILIZACIN POR LA ALFABETIZACIN: S que han terminado su curso. Los felicito y admiro por el esfuerzo que han hecho. Ahora son dueos del maravilloso instrumento que es la lectura. Si leen y aprenden ms, enseen a otros lo aprendido. Lo hermoso del conocimiento es compartirlo con los dems. Y lean todo lo posible. Siempre. Mi corazn est con ustedes. Alan Garca

ContenidoLa achirana del Inca Los Incas ajedrecistas Los mosquitos de Santa Rosa Los ratones de Fray Martn Comida acabada, amistad terminada Al pie de letra Carta canta 7 11 21 27 33 37 45

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LA ACHiRAnA deL inCA(A teodorico olaechea)

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En 1412 el Inca Pachactec, acompaado de su hijo el prncipe imperial Yupanqui y de su hermano Cpac-Yupanqui, emprendi la conquista del valle de Ica, cuyos habitantes, si bien de ndole pacfica, no carecan de esfuerzos y elementos para la guerra. Comprendilo as el sagaz monarca, y antes de recurrir a las armas, propuso a los iqueos que se sometiesen a su paternal gobierno. Avinironse stos de buen grado, y el inca y sus cuarenta mil guerreros fueron cordial y esplndidamente recibidos por los naturales. Visitando Pachactec el feraz territorio que acababa de sujetar a su domino, detvose una semana en el pago llamado Tate. Propietaria del pago era una anciana a quien acompaaba una bellsima doncella, hija suya. El conquistador de pueblos crey tambin de fcil conquista el corazn de la joven; pero ella, que amaba a un galn de la comarca, tuvo la energa, que slo el verdadero amor inspira, para resistir a los enamorados ruegos del prestigioso y omnipotente soberano. Al fin, Pachactec perdi toda esperanza de ser correspondido, y tomando entre sus manos las de la joven, la dijo, no sin ahogar antes un suspiro: Qudate en paz, paloma de este valle, y que nunca la niebla del dolor tienda su velo sobre el cielo de tu alma. Pdeme alguna

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merced que, a ti y a los tuyos, haga recordar siempre el amor que me inspiraste. Seor le contest la joven, ponindose de rodillas y besando la orla del manto real, grande eres y para ti no hay imposible. Vencirasme con tu nobleza, de no tener ya el alma esclava de otro dueo. Nada debo pedirte, que quien dones recibe obligada queda; pero si te satisface la gratitud de mi pueblo,

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rugote que des agua a esta comarca. Siembra beneficios y tendrs cosecha de bendiciones. Reina, seor, sobre corazones agradecidos ms que sobre hombres que, tmidos, se inclinan ante ti, deslumbrados por su esplendor. Discreta eres, doncella de la negra crencha, y as me cautivas con tu palabra como con el fuego de tu mirada. Adis, y no te olvides de tu rey! Y el caballeroso monarca, subiendo al anda de oro que llevaban en hombros los nobles del reino, continu su viaje triunfal. Durante diez das los cuarenta mil hombres del ejrcito se ocuparon en abrir el cauce que empieza en los terrenos del Molino y del Trapiche y termina en Tate, heredad o pago donde habitaba la hermosa joven de quien se apasionara Pachactec. El agua de la achirana del Inca suministra abundante riego a las haciendas que hoy se conocen con los nombres de Chabalina, Beln, San Jernimo, Tacama, San Martn, Mercedes, Santa Brbara, Chanchajaya, Santa Elena, Vista Alegre, Senz, Parcona, Tayamanca, Pongo, Pueblo Nuevo, Sonumpe y, por fin, Tate. Tal, segn la tradicin, es el origen de la achirana, voz que significa lo que corre limpiamente hacia lo que es hermoso.

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LoS inCAS AJedReCiStAS(Al doctor evaristo P duclos) .

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I ATAHUALPA Los moros que durante siete siglos dominaron en Espaa, introdujeron en el pas conquistado la aficin al juego de ajedrez. Terminada la expulsin de los invasores por la catlica reina doa Isabel, era de presumirse que, con ellos, desapareceran tambien todos sus hbitos y distracciones; pero lejos de eso, entre los heroicos capitanes que en Granada aniquilaron el ltimo baluarte del islamismo, haba echado hondas raices el gusto por el tablero de las sesenta y cuatro casillas o escaques, como en Herldica se llaman. Pronto dej de ser el ajedrez el juego favorito y exclusivo de los hombres de guerra, pues cundi entre la gente de Iglesia, abades, obispos, cannicos y frailes de campanillas. As, cuando el descubrimiento y la conquista de Amrica fueron realidad gloriosa para Espaa, lleg a ser como patente o pasaporte de cultura social para todo el que al nuevo mundo vena investido con cargo de importancia, el verlo mover piezas en el tablero. El primer libro que sobre el ajedrez se imprimiera en Espaa, apareci en el primer cuarto de siglo posterior a la conquista del Per, con el Ttulo: Invencin liberal y arte de axedrez, por Ruy Lpez de Segovia, clrigo de la villa de Zafra, y se imprimi en Alcal de Henares, en 1561. Ruy Lpez es considerado

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como fundador de teoras, y a poco de su aparicin se tradujo el opsculo al francs y al italiano. El librito abund en Lima hasta 1845 poco ms o menos en que aparecieron ejemplares del Philidor, y era de obligada consulta all en los das lejansimos de mi pubertad, as como el cecinarica para los jugadores de damas. Hoy no se encuentra en Lima ni por un ojo de la cara, ejemplar de ninguno de los viejsimos textos. Que muchos de los capitanes que acompaaron a Pizarro en la conquista, as como los gobernantes Vaca de Castro y la Gasca, y los primeros virreyes Nez de Vela, Marqus de Caete y Conde de Nieva, distrajeran sus ocios en las peripecias de una partida no es cosa que llame la atencin desde que el primer arzobispado de Lima fue tan vicioso en el juego de ajedrez, que hasta lleg a comprometer, por no resistirse a tributarle culto, el prestigio de las armas reales: Segn Jimnez de la Espada, cuando la Audiencia encomend a uno de sus oidores y al arzobispo don fray Jernimo de Loayza la direccion de la campaa contra el caudillo revolucionario Hernndez Girn, la masa popular del campamento realista zahiri la pachorra del hombre de toga y la aficin del mitrado al ajedrez con este cantarcillo, pobre en rima, pero rico en verdades:

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El uno jugar y el otro dormir oh, qu gentil! No comer ni apercibir, oh, qu gentil! Uno ronca y otro juega y as va la brega! Los soldados, entregados a la inercia en el campamento, y desatendidos en la provisin de vveres, principiaban ya a desmoralizarse, y acaso el xito habra favorecido a los rebeldes, si la Audiencia no hubiera tomado el acuerdo de separar al oidor marmota y al arzobispo ajedrecista. (Ntese que he subrrayado la palabra ajedrecista, porque el vocablo, por mucho que sea de uso general, no se encuentra en el Diccionario de la Academia, como tampoco existe en l el de ajedrista, que he ledo en un libro del egregio don Juan Valera.) Se sabe, por tradicin, que los capitanes Hernando de Soto, Juan de Rada, Francisco de Chaves, Blas de Atienzas y el tesorero Riquelme se congregaban todas las tardes en Cajamarca, en el departamento que sirvi de prisin al Inca Atahualpa desde el da 15 de noviembre de 1532, en que se efectu la captura del monarca, hasta la antevspera de su injustificable sacrificio realizado el 29 de agosto de 1533. Alli, para los cinco nombrados y tres o cuatro ms que no se mencionan en sucintos y curiosos apuntes (que a la vista tuvimos

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consignados en rancio manuscrito que exisiti en la antigua Biblioteca Nacional), funcionaban dos tableros, toscamente pintados sobre la respectiva mesita de madera. Las piezas eran hechas del mismo barro que empleaban los indgenas para la fabricacin de idolillos y dems objetos de alfarera aborigen, que hogao se extraen de las huacas. Hasta los primeros aos de la repblica, no se conocieron en el Per otras piezas que las de marfil, que remitan, para la venta, los comerciantes filipinos. Honda preocupacin abrumara el espritu del inca en los dos o tres primeros meses de su cautiverio, pues aunque todas las tardes tomaba asiento junto a Hernando de Soto, su amigo y amparador, no daba seales de haberse dado cuenta de la manera como actuaban las piezas ni de los lances y accidentes del juego. Pero una tarde, en las jugadas finales de una partida empeada entre Soto y Riquelme, hizo ademn Hernando de movilizar el caballo, y el Inca, tocndole ligeramente el brazo le dijo en voz baja: No, capitn, no el castillo! La sorpresa fue general. Hernando, despus de breves segundos de meditacin, puso en juego la torre, como le aconsejara Atahualpa y pocas jugadas despus sufra Riquelme inevitable mate.

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Despus de aquella tarde, y cedindole siempre las piezas blancas en muestra de respetuosa cortesa, el capitn Don Hernando de Soto invitaba al inca a jugar una sola partida, y al cabo de un par de meses el discpulo era ya digno del maestro. Jugaban de igual a igual. Comentbase, en los apuntes a que me he referido, que los otros ajedrecistas espaoles, con excepcin de Riquelme, invitaron tambien al inca; pero ste se excus siempre de aceptar, dicindoles por medio del intrprete Felipillo: Yo juego muy poquito y vuesa merced juega mucho. La tradicion popular asegura que el inca no habra sido condenado a muerte si hubiera permanecido ignorante en el ajedrez. Dice el pueblo que Atahualpa pag con la vida el mate que, por su consejo sufriera Riquelme en memorable tarde. En el famoso consejo de veincuatro jueces, consejo convocado por Pizarro, se impuso a Atahualpa la pena de muerte por trece votos contra once. Riquelme fue unos de los trece que suscribieron la sentencia. Despus del injustificable sacrificio de Atahualpa se en