TRADICIN PRECOLOMBINA-1

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LOS SIMBOLOS PRECOLOMBINOS Cosmogona, Teogona, Cultura FEDERICO GONZALEZ El verdadero Padre amandu, el Primero, de una pequea porcin de su propia divinidad, de la sabidura contenida en su propia divinidad, y en virtud de su sabidura creadora hizo que se engendrasen llamas y tenue neblina. Habindose erguido de la sabidura contenida en su propia divinidad, y en virtud de su sabidura creadora, concibi el origen del lenguaje humano. De la sabidura contenida en su propia divinidad, y en virtud de su sabidura creadora cre nuestro Padre el fundamento del lenguaje humano e hizo que formara parte de su propia divinidad. Antes de existir la tierra, en medio de las tinieblas primigenias, antes de tenerse conocimiento de las cosas, cre aquello que sera el fundamento del lenguaje humano e hizo el verdadero Primer Padre amandu que formara parte de su propia divinidad. Habiendo concebido el origen del futuro lenguaje humano, de la sabidura contenida en su propia divinidad, y en virtud de su sabidura creadora, concibi el fundamento del amor. Antes de existir la tierra, en medio de las tinieblas primigenias, antes de tenerse conocimiento de las cosas, y en virtud de su sabidura creadora, concibi el origen del amor. Habiendo creado el fundamento del lenguaje humano, habiendo creado una pequea porcin de amor, de la sabidura contenida en su propia divinidad, y en virtud de su sabidura creadora el origen de un solo himno sagrado lo cre en su soledad Antes de existir la tierra, en medio de las tinieblas originarias, antes de conocerse las cosas, cre en su soledad el origen de un himno sagrado. La literatura de los guaranes.- Recopilado y traducido por el antroplogo Len Cadogan. Joaqun Mortiz, Mxico, 1965.

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PREFACIO Apenas comenz el autor a concebir la idea de un trabajo sobre la simblica precolombina advirti que su perspectiva no podra ser comprendida sin antes exponer ciertas ideas (smbolo, mito, rito, sociedad tradicional, etc.), es decir, el marco terico donde se inscribe su trabajo. En definitiva, que su libro iba a tratar tanto de lo precolombino, su cosmogona y teogona, como constituir una introduccin a la Simblica. Una obra de este tipo ha de ser necesariamente sinttica (casi un esquema de trabajo) y no se podr entonces considerar aqu con la riqueza y amplitud que se merecen cada uno de los temas que se tocan, reservndonos esta labor para nuevas oportunidades. Pensamos sin embargo que este trabajo brinda la posibilidad de comprender en esencia a las antiguas culturas americanas, -y a las 'primitivas', arcaicas y tradicionales en generaly ser un punto de nucleamiento de nuevas investigaciones y labores para los que se interesan en el smbolo y las culturas precolombinas. Esto es as para el autor, por qu no decirlo, puesto que el estudio de los smbolos tradicionales americanos coadyuv en l a su conocimiento de smbolos universales y porque el conocimiento de estos universales le hizo comprender ciertas ideas acerca del pensamiento y la cosmogona de los precolombinos. Este estudio est dirigido al lector no especializado -aunque tal vez pudieran sacar de l algn provecho los expertos- y como ya dijimos es tanto para el que desea interiorizarse en la Va Simblica y su funcionamiento como para el que posee aficin e intriga por las culturas precolombinas o arcaicas. Quiere dejarse aqu sentado el profundo agradecimiento a los esforzados cronistas, comentaristas e investigadores de todos los tiempos, extranjeros y americanos, gracias a los cuales se ha podido escribir este libro -que pretende ser en su medida un homenaje al pensamiento indgena- y cuya obra se cita en el texto y la bibliografa. Por ltimo quiere indicarse que el autor cree en la capacidad actuante del smbolo, en su virtud transformadora, a la par que sostiene que los smbolos estn hoy presentes, tan slo esperando ser vivificados.

INTRODUCCION A LA SIMBOLOGIA PRECOLOMBINA FEDERICO GONZALEZ La sociedad a la que pertenecemos, es decir la contempornea, ha concebido la idea de que Dios -la unidad original- es un invento del hombre, aunque algunos de sus miembros piensan ms bien que la deidad es un descubrimiento humano producido en cierta etapa de la historia. En ambos casos es el hombre el que crea a Dios en absoluta contradiccin con lo aseverado unnimente por todas las tradiciones y civilizaciones de que se tenga memoria, las cuales afirman y establecen la correcta relacin jerrquica entre el creador y su criatura. Esta flagrante inversin nace lgicamente del desconocimiento actual que poseemos acerca de lo sagrado, razn que nos obliga inconscientemente a 'humanizar' el concepto de Dios, hacerlo antropomorfo -lo que equivale a reducir a la deidad a las categoras del pensamiento y la concepcin humana- y minimizarlo a la escala del hombre de hoy da y a la estrechez de su visin. El cual no encuentra nada mejor entonces que hacer morir a los dioses, no 'creer' ya en ellos sino ms bien en lo 'humano' -lo cual ay! es tomado como un progreso- como si fuera posible que las energas csmicas y armnicas cuyos principios expresan las deidades dejaran de ser, o existir, por el simple expediente de negarlas.

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Estamos acostumbrados a pensar acerca de los panteones griego, romano, egipcio, caldeo o maya -o aun en el de los judos, cristianos, islmicos, hindustas y budistas-, como si sus dioses fuesen la propiedad privada de esos pueblos y religiones, y que adems esos dioses fueran enteramente diferentes entre s con identidades perfectamente particularizadas en un sistema clasificatorio imaginario. La realidad de lo sagrado queda as reducida a la capacidad 'especulativa' del hombre -o a un membrete indicativo en un casillero- y no se observa sin embargo que esos mismos hombres reconocieron a la deidad a travs de los 'nmeros' o medidas armnicas como patrones o mdulos de pensamiento universal y expresin de las ideas arquetpicas siempre presentes como partes constitutivas del cosmos, que los smbolos representan y cuya energa-fuerza no ha dejado ni dejar de manifestarse mientras existan el tiempo y el espacio. Lo mismo acontece con los astros y estrellas -en particular, el Sol, la Luna, Venus y las Plyades-, smbolos de los dioses a determinado nivel, planetas y constelaciones que por cierto han sobrevivido a los caldeos, egipcios, griegos, romanos y mayas y que an podemos observar a ojo descubierto en cualquier noche clara. Estos astros y estrellas significan las energas csmicas que son la expresin de los principios divinos y es imprescindible recordar que son los mismos astros y estrellas de hoy aqullos que contemplaron en la bveda celeste antes del 'descubrimiento' de Amrica los pueblos precolombinos, los cuales los identificaron en su cosmogona con determinadas ideas-fuerza, cuya manifestacin las estrellas expresan en la inmensidad del cielo, del cual dependen la tierra y el hombre. Somos otras las personas que habitamos bajo el firmamento en la tierra que labraron las antiguas civilizaciones americanas, pero los nmeros y los astros -como encarnaciones de los principios eternos- siguen siendo los mismos y estn tan vivos como las deidades, las cuales por otra parte se siguen expresando como fenmenos naturales y atmosfricos y energas anmicas y espirituales siempre presentes en la creacin. Pues es sabido que los dioses no mueren y eso es precisamente lo que los ha hecho inmortales en todo tiempo y lugar. O mejor, lo son porque han muerto a la muerte y ya no pueden morir. El dios sacrificado resucita, se regenera, y transforma sus energas cristalizndolas en el cielo bajo la forma de un planeta, smbolo del principio que ese dios testimonia de manera activa y manifestada. Los dioses, incluso, son anteriores a esta creacin y de hecho su sacrificio es lo que la produce "cuando an era de noche", como nos lo dice el mito teotihuacano. Las cosmogonas precolombinas constituyen una modalidad de la Cosmogona arquetpica -en la que el hombre est incluido- ms all de cualquier especulacin personal y pese a las diferentes formas o modos en que ella se exprese de acuerdo a las caractersticas de espacio, tiempo o manera, que a la vez velan y revelan su contenido prototpico, su esencia. Por eso es que esas cosmogonas tambin estn vivas hoy da, en sus smbolos y mitos, que esperan ser vivificados por su conocimiento, por su invocacin, para que generen toda la magnitud de su energa potencial. Los hombres antiguos han desaparecido pero no sus dioses eternos -Quetzalcatl, Kukulkn, Viracocha-1 que an conviven con nosotros y conforman gran parte de la historia de los pases americanos y aunque no lo advirtamos, la nuestra misma. En verdad an muchos millones de personas -en el norte, centro y sur de Amrica- los invocan con los antiguos ritos tradicionales y tambin bajo distintas formas religiosas o teidas de folklore. La deidad es igual para todos los pueblos que la conocen, as la llamen de una u otra manera, o tome esta o aquella forma particular; esto es vlido para todas las tradiciones vivas o muertas puesto que la deidad "en s" es finalmente una sola aunque sus manifestaciones sean mltiples. Cuando los sabios nahuas, los tlamatinime fueron interrogados por los doce primeros religiosos catlicos arribados a Mxico acerca de sus creencias y se enteraron por boca de sus inquisidores que sus dioses ya no existan pidieron morir con ellos. Luego aceptaron hablar con calma: "Romperemos un poco, ahora un poquito abriremos el secreto, el arca del Seor nuestro". "Vosotros dijisteis que nosotros no conocemos al Seor del cerca y del junto, a aqul de quien son los cielos y la tierra. Dijisteis que no eran verdaderos nuestros dioses. Nueva palabra es sta, la que hablis, por ella estamos perturbados,

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por ella estamos molestos. Porque nuestros progenitores, los que han sido, los que han vivido sobre la tierra, no solan hablar as". Y a continuacin describen y enumeran en forma sencilla para ser entendidos una serie de imgenes de la divinidad, la tradicin y el rito, que dicho sea de