Textos Para Lecturas Compartidas

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El miedoEduardo Galeano

Una maana, nos regalaron un conejo de indias. Lleg a casa enjaulado. Al medioda, le abr la puerta de la jaula. Volv a casa al anochecer y lo encontr tal como lo haba dejado: jaula adentro, pegado a los barrotes, temblando del susto de la libertad.

La oveja negraAugusto Monterroso

En un lejano pas existi hace muchos aos una Oveja negra. Fue fusilada. Un siglo despus, el rebao arrepentido le levant una estatua ecuestre que qued muy bien en el parque.As, en lo sucesivo, cada vez que aparecan ovejas negras eran rpidamente pasadas por las armas para que las futuras generaciones de ovejas comunes y corrientes pudieran ejercitarse tambin en la escultura.

ElegaRosario CastellanosNunca, como a tu lado, fui de piedra.Y yo que me soaba nube, agua,aire sobre la hoja,fuego de mil cambiantes llamaradas,slo supe yacer,pesar, que es lo que sabe hacer la piedraalrededor del cuello del ahogado.

Dilogo sobre un dilogoJorge Luis BorgesA Distrados en razonar la inmortalidad, habamos dejado que anocheciera sin encender la lmpara. No nos veamos las caras. Con una indiferencia y una dulzura ms convincentes que el fervor, la voz de Macedonio Fernndez repeta que el alma es inmortal. Me aseguraba que la muerte del cuerpo es del todo insignificante y que morirse tiene que ser el hecho ms nulo que puede sucederle a un hombre. Yo jugaba con la navaja de Macedonio; la abra y la cerraba. Un acorden vecino despachaba infinitamente la Cumparsita, esa pamplina consternada que les gusta a muchas personas, porque les mintieron que es vieja... Yo le propuse a Macedonio que nos suicidramos, para discutir sin estorbo. Z (burln) Pero sospecho que al final no se resolvieron A (ya en plena mstica) Francamente no recuerdo si esa noche nos suicidamos.

Varios efectos del amorLope de VegaDesmayarse, atreverse, estar furioso, spero ,tierno, liberal, esquivo, alentado, mortal, difunto, vivo, leal, traidor, cobarde, animoso,

No hallar, fuera del bien, centro y reposo; Mostrarse alegre, triste, humilde, altivo, enojado, valiente, fugitivo, satisfecho, ofendido, receloso.

Huir el rostro al claro desengao, beber veneno por licor suave, olvidar el provecho, amar el dao:

Creer que un cielo en un infierno cabe; Dar la vida y el alma a un desengao; Esto es amor. Quien lo prob lo sabe.

Paternidad responsableCarlos AlfaroEra tu padre. Estaba igual, ms joven incluso que antes de su muerte, y te miraba sonriente, parado al otro lado de la calle, con ese gesto que sola poner cuando eras nio y te iba a recoger a la salida del colegio cada tarde. Lgicamente, te quedaste perplejo, incapaz de entender qu suceda, y no reparaste ni en que el disco se pona rojo de repente ni en que derrapaba en la curva un autobs y se iba contra ti incontrolado. Fue tremendo. Ya en el suelo, inmvil y medio atragantado de sangre, volviste de nuevo tus ojos hacia l y comprendiste. Era, siempre lo haba sido, un buen padre, y te alegr ver que haba venido una vez ms a recogerte.

Piu avantiAlmagrandeNo te des por vencido, ni an vencido,no te sientas esclavo, ni an esclavo;trmulo de pavor, pinsate bravo,y acomete feroz, ya mal herido.

Ten el tesn del clavo enmohecidoque ya viejo y ruin, vuelve a ser clavo;no la cobarde estupidez del pavoque amaina su plumaje al primer ruido.

Procede como Dios que nunca llora;o como Lucifer, que nunca reza;o como el robledal, cuya grandeza

necesita del agua, y no la implora... Que muerda y vocifere vengadora,ya rodando en el polvo, tu cabeza!

El gesto de la muerteJean CocteauUn joven jardinero persa dice a su prncipe: Slvame! Encontr a la Muerte esta maana. Me hizo un gesto de amenaza. Esta noche, por milagro, quisiera estar en Ispahn.El bondadoso prncipe le presta sus caballos. Por la tarde, el prncipe encuentra a la Muerte y le pregunta:Esta maana por qu hiciste a nuestro jardinero un gesto de amenaza?No fue un gesto de amenaza le responde sino un gesto de sorpresa. Pues lo vea lejos de Ispahn esta maana y debo tomarlo esta noche en Ispahn.

A vecesNicols GuillnA veces tengo ganas de ser un cursi para decir: La amo a usted con locura. A veces tengo ganas de ser tonto para gritar: La quiero tanto! A veces tengo ganas de ser un nio para llorar acurrucado en su seno. A veces tengo ganas de estar muerto para sentir, bajo la tierra hmeda de mis jugos, que me crece una flor rompindome el pecho, una flor, y decir: Esta flor, para usted.

Una confusin cotidianaFranz KafkaUn incidente cotidiano, del que resulta una confusin cotidiana. A tiene que cerrar un negocio con B en H. Se traslada a H para una entrevista preliminar, pone diez minutos en ir y diez en volver, y se jacta en su casa de esa velocidad. Al otro da vuelve a H, esta vez para cerrar el negocio. Como probablemente eso le exigir muchas horas, A sale muy temprano. Aunque las circunstancias (al menos en opinin de A) son precisamente las de la vspera, tarda diez horas esta vez en llegar a H. Llega al atardecer, rendido. Le comunican que B, inquieto por su demora, ha partido hace poco para el pueblo de A y que deben haberse cruzado en el camino. Le aconsejan que espere. A, sin embargo, impaciente por el negocio, se va inmediatamente y vuelve a su casa. Esta vez, sin poner mayor atencin, hace el viaje en un momento. En su casa le dicen que B lleg muy temprano, inmediatamente despus de la salida de A, y que hasta se cruz con A en el umbral y quiso recordarle el negocio, pero que A le respondi que no tena tiempo y que deba salir en seguida. A pesar de esa incomprensible conducta, B entr en la casa a esperar su vuelta. Y ya haba preguntado muchas veces si no haba regresado an, pero segua esperndolo siempre en el cuarto de A. Feliz de hablar con B y de explicarle todo lo sucedido, A corre escaleras arriba. Casi al llegar tropieza, se tuerce un tendn y a punto de perder el sentido, incapaz de gritar, gimiendo en la oscuridad, oye a B tal vez muy lejos ya, tal vez a su lado que baja la escalera furioso y que se pierde para siempre.

Poema LVIIIDulce Mara LoynazEstoy doblada sobre tu recuerdo como la mujer que viesta tarde lavando en el ro.Horas y horas de rodillas, doblada por la cintura sobreeste ro negro de tu ausencia.

La confesinManuel PeyrouEn la primavera de 1232, cerca de Avin, el caballero Gontran D'Orville mat por la espalda al odiado conde Geoffroy, seor del lugar. Inmediatamente confes que haba vengado una ofensa, pues su mujer lo engaaba con el Conde.Lo sentenciaron a morir decapitado, y diez minutos antes de la ejecucin le permitieron recibir a su mujer, en la celda. Por qu mentiste? pregunt Giselle D'Orville. Por qu me llenas de vergenza? Porque soy dbil repuso. De este modo simplemente me cortarn la cabeza. Si hubiera confesado que lo mat porque era un tirano, primero me torturaran.

s/tAlejandro AuraAy qu buen pecho tienesbajo la blusa,ganas me dan de engaartepara que me lo ensees.

La sentenciaWu Ch'engen

Aquella noche, en la hora de la rata, el emperador so que haba salido de su palacio y que en la oscuridad caminaba por el jardn, bajo los rboles en flor. Algo se arrodill a sus pies y le pidi amparo. El emperador accedi; el suplicante dijo que era un dragn y que los astros le haban revelado que al da siguiente, antes de la cada de la noche, Wei Cheng, ministro del emperador, le cortara la cabeza. En el sueo, el emperador jur protegerlo. Al despertarse, el emperador pregunt por Wei Cheng. Le dijeron que no estaba en el palacio; el emperador lo mand buscar y lo tuvo atareado el da entero, para que no matara al dragn, y hacia el atardecer le propuso que jugaran al ajedrez. La partida era larga, el ministro estaba cansado y se qued dormido.Un estruendo conmovi la tierra. Poco despus irrumpieron dos capitanes, que traan una inmensa cabeza de dragn empapada en sangre. La arrojaron a los pies del emperador y gritaron:Cay del cielo!Wei Cheng, que haba despertado, la mir con perplejidad y observ: Qu raro, yo so que mataba a un dragn as.

Casi obsceno Ral Gmez JattinSi quisieras or lo que me digo en la almohada el rubor de tu rostro sera la recompensa Son palabras tan ntimas como mi propia carne que padece el dolor de tu implacable recuerdo Te cuento S? No te vengars un da? Me digo: Besara esa boca lentamente hasta volverla roja Y en tu sexo el milagro de una mano que baja en el momento ms inesperado y como por azar lo toca con ese fervor que inspira lo sagrado No soy malvado trato de enamorarte intento ser sincero con lo enfermo que estoy y entrar en el maleficio de tu cuerpo como un ro que teme al mar, pero siempre muere en l.

El hogarIstvan OrkenyLa nia slo tena cuatro aos, sus recuerdos, probablemente, ya se haban desvanecido y su madre, para concienciarle del cambio que les esperara, la llev a la cerca de alambre de espino; desde all, de lejos, le ense el tren.No ests contenta? Ese tren nos llevar a casa.Y entonces qu pasar?Entonces ya estaremos en casa.Qu significa estar en casa? pregunt la nia.Estar como vivamos antes.Y qu hay all?Te acuerdas todava de tu osito? Quizs encontremos tambin tus muecas.Mam, en casa hay tambin centinelas?No, all no hay.Entonces, de all se podr escapar?

Apologa de los ociososRobert L. StevensonNo dara el estudioso algunas races hebreas y el hombre de negocios algunas medias coronas por compartir extensamente el conocimiento de la vida que tiene el holgazn y su Arte de Vivir? No slo eso: el vago tiene otra cualidad, ms importante todava. Me refiero a su sentido comn. Quien ha observado mucho la infantil satisfaccin de otras personas en sus hobbies se considerar a s mismo con una indulgencia muy irnica. No se le oir entre los dogmticos. Tendr una gran tolerancia tranquila para todo tipo de gentes y de opiniones. Si no encuentra verdades extraviadas, no se identificar con ninguna flagrante falsedad. Su andar lo lleva por un atajo no muy frecuentado