Rimas y leyendas - Biblioteca Virtual · PDF fileGustavo Adolfo Bécquer Rimas y...

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  • Gustavo Adolfo Bcquer

    Rimas y leyendas

    ndice Introduccin Rimas Leyendas Maese Prez el Organista Los ojos verdes El rayo de luna Tres fechas La rosa de pasin La promesa El Monte de las nimas El Miserere La Venta de los Gatos ndice alfabtico A qu me lo dices? Lo s: es mudable, Al brillar un relmpago nacemos Al ver mis horas de fiebre

  • Alguna vez la encuentro por el mundo Antes que t me morir escondido; As los barqueros pasaban cantando Asomaba a sus ojos una lgrima Besa el aura que gime blandamente Cendal flotante de leve bruma, Cerraron sus ojos, Como en un libro abierto Como enjambre de abejas irritadas, Como guarda el avaro su tesoro, Como la brisa que la sangre orea Como se arranca el hierro de una herida Cmo vive esa rosa que has prendido Cruza callada, y son sus movimientos Cuando en la noche te envuelven Cuando entre la sombra oscura Cuando me lo contaron sent el fro Cuando miro el azul horizonte Cuando sobre el pecho inclinas Cuando volvemos las fugaces horas Cuntas veces al pie de las musgosas De dnde vengo?... El ms horrible y spero De lo poco de vida que me resta Dej la luz a un lado, y en el borde Del saln en el ngulo oscuro, Despierta, tiemblo al mirarte; Dos rojas lenguas de fuego En la clave del arco mal seguro, En la imponente nave Entre el discorde estruendo de la orga Es cuestin de palabras, y, no obstante, Espritu sin nombre, Este armazn de huesos y pellejo, Fatigada del baile, Hoy como ayer, maana como hoy, Hoy la tierra y los cielos me sonren; Las ropas desceidas, Lleg la noche y no encontr un asilo; Lo que el salvaje que con torpe mano Los invisibles tomos del aire Los suspiros son aire y van al aire. Me han herido recatndose en las sombras, Mi vida es un erial: No digis que agotado su tesoro, No dorma; vagaba en ese limbo No me admir tu olvido! Aunque de un da No s lo que he soado Nuestra pasin fue un trgico sainete Olas gigantes que os rompis bramando Pasaba arrolladora en su hermosura

  • Por una mirada, un mundo; Porque son, nia, tus ojos Primero es un albor trmulo y vago, Qu hermoso es ver el da Quieres que de ese nctar delicioso Sabe, si alguna vez tus labios rojos Sacudimiento extrao Saeta que voladora Ser verdad que cuando toca el sueo Si al mecer las azules campanillas Si de nuestros agravios en un libro Sobre la falda tena Su mano entre mis manos, Te vi un punto, y, flotando ante mis ojos, T eras el huracn y yo la alta Tu pupila es azul, y cuando res Volvern las oscuras golondrinas Voy contra mi inters al confesarlo; Yo me he asomado a las profundas simas Yo s cul el objeto Yo s un himno gigante y extrao -Yo soy ardiente, yo soy morena, -Qu es poesa? -dices mientras clavas Introduccin Por los tenebrosos rincones de mi cerebro, acurrucados y desnudos, duermen los extravagantes hijos de mi fantasa, esperando en silencio que el arte los vista de la palabra para poderse presentar decentes en la escena del mundo. Fecunda, como el lecho de amor de la miseria, y parecida a esos padres que engendran ms hijos de los que pueden alimentar, mi musa concibe y pare en el misterioso santuario de la cabeza, poblndola de creaciones sin nmero, a las cuales ni mi actividad ni todos los aos que me restan de vida seran suficientes a dar forma. Y aqu dentro, desnudos y deformes, revueltos y barajados en indescriptible confusin, los siento a veces agitarse y vivir con una vida oscura y extraa, semejante a la de esas miradas de grmenes que hierven y se estremecen en una eterna incubacin dentro de las entraas de la tierra, sin encontrar fuerzas bastantes para salir a la superficie y convertirse, al beso del sol, en flores y frutos. Conmigo van, destinados a morir conmigo, sin que de ellos quede otro rastro que el que deja un sueo de la media noche, que a la maana no puede recordarse. En algunas ocasiones, y ante esta idea terrible, se subleva en ellos el instinto de la vida, y agitndose en formidable aunque

  • silencioso tumulto, buscan en tropel por dnde salir a la luz, de entre las tinieblas en que viven. Pero, ay!, que entre el mundo de la idea y el de la forma existe un abismo que slo puede salvar la palabra, y la palabra, tmida y perezosa, se niega a secundar sus esfuerzos. Mudos, sombros e impotentes, despus de la intil lucha vuelven a caer en su antiguo marasmo. Tal caen inertes en los surcos de las sendas, si cesa el viento, las hojas amarillas que levant el remolino! Estas sediciones de los rebeldes hijos de la imaginacin explican algunas de mis fiebres: ellas son la causa, desconocida para la ciencia, de mis exaltaciones y mis abatimientos. Y as, aunque mal, vengo viviendo hasta aqu paseando por entre la indiferente multitud esta silenciosa tempestad de mi cabeza. As vengo viviendo; pero todas las cosas tienen un trmino, y a stas hay que ponerles punto. El insomnio y la fantasa siguen y siguen procreando en monstruoso maridaje. Sus creaciones, apretadas ya como las raquticas plantas de un vivero, pugnan por dilatar su fantstica existencia disputndose los tomos de la memoria, como el escaso jugo de una tierra estril. Necesario es abrir paso a las aguas profundas, que acabarn por romper el dique, diariamente aumentadas por un manantial vivo. Andad, pues! Andad y vivid con la nica vida que puedo daros. Mi inteligencia os nutrir lo suficiente para que seis palpables; os vestir, aunque sea de harapos, lo bastante para que no avergence vuestra desnudez. Yo quisiera forjar para cada uno de vosotros una maravillosa estrofa tejida con frases exquisitas, en la que os pudierais envolver con orgullo como en un manto de prpura. Yo quisiera poder cincelar la forma que ha de conteneros, como se cincela el vaso de oro que ha de guardar un preciado perfume. Mas es imposible. No obstante, necesito descansar; necesito, del mismo modo que se sangra el cuerpo por cuyas henchidas venas se precipita la sangre con pletrico empuje, desahogar el cerebro, insuficiente a contener tantos absurdos. Quedad, pues, consignados aqu como la estela nebulosa que seala el paso de un desconocido cometa, como los tomos dispersos de un mundo en embrin que avienta por el aire la muerte antes que su creador haya podido pronunciar el fiat lux que separa la claridad de las sombras. No quiero que en mis noches sin sueo volvis a pasar por delante de mis ojos en extravagante procesin pidindome, con gestos y contorsiones, que os saque a la vida de la realidad, del limbo en que vivs, semejantes a fantasmas sin consistencia. No quiero que al romperse este arpa, vieja y cascada ya, se pierdan, a la vez que el instrumento, las ignoradas notas que contena. Deseo ocuparme un poco del mundo que me rodea, pudiendo, una vez vaco, apartar los ojos de este otro mundo que llevo dentro de la cabeza. El sentido comn, que es la barrera de los sueos, comienza a flaquear, y las gentes de diversos campos se mezclan y confunden. Me cuesta trabajo saber qu cosas he soado y cules me han sucedido. Mis afectos se reparten entre fantasmas de la imaginacin y personajes reales. Mi memoria clasifica, revueltos, nombres y fechas de mujeres y das que han muerto o han pasado, con los das y mujeres que no han existido sino en mi mente. Preciso es acabar arrojndoos de la cabeza de una vez para siempre. Si morir es dormir, quiero dormir en paz en la noche de la muerte, sin que

  • vengis a ser mi pesadilla maldicindome por haberos condenado a la nada antes de haber nacido. Id, pues, al mundo a cuyo contacto fuisteis engendrados, y quedad en l como el eco que encontraron en un alma que pas por la tierra sus alegras y sus dolores, sus esperanzas y sus luchas. Tal v