RIMAS Y LEYENDAS

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  • )1 ( Pehun Editores, 2001

    GUSTAVO ADOLFO BECQUER RIMAS Y LEYENDAS

    Rimas y LeyendasGustavo Adolfo Becquer

  • )2 ( Pehun Editores, 2001

    GUSTAVO ADOLFO BECQUER RIMAS Y LEYENDAS

    IINTRODUCCIN SINFNICA

    OR LOS TEMEROSOS RINCONES DE MI CEREBRO acurrucados ydesnudos, duermen los extravagantes hijos de mi fanta-sa, esperando en silencio que el Arte los vista de la

    palabra, para poderse presentar decentes en la escena del mun-do.

    Fecunda, como el lecho de amor de la Miseria, y parecida aesos padres que engendran ms hijos de los que pueden alimen-tar, m Musa concibe y pare en el misterioso santuario de la ca-beza, poblndola de creaciones sin nmero, a las cuales ni miactividad ni todos los aos que me restan de vida seran sufi-cientes a dar forma.

    Y aqu dentro, desnudos y deformes revueltos y barajadosen indescriptible confusin, los siento a veces agitarse y vivircon una vida oscura y extraa, semejante a las de esas miradasde grmenes que hierven y se estremecen en una eternaincubacin, dentro de las entraas de la tierra, sin encontrar fuer-zas bastantes para salir a la superficie y convertirse, al beso delsol, en flores y frutos.

    Conmigo van, destinados a morir conmigo, deja un sueo de

    PPPPP

  • )3 ( Pehun Editores, 2001

    GUSTAVO ADOLFO BECQUER RIMAS Y LEYENDAS

    la medianoche, que a la maana no puede recordarse. En algunasocasiones y ante esta idea, terrible, se subleva en ellos el instintode vida, y agitndose en terrible, aunque silencioso tumulto, bus-can un tropel por dnde salir a la luz de las tinieblas en que viven.Pero ay!, que entre el mundo de la idea y el de la forma existe unabismo, que slo puede salvar la palabra, y la palabra, tmida yperezosa, se niega a secundar sus esfuerzos. Mudos, sombros eimpotentes, despus de la intil lucha, vuelven a caer en su anti-guo marasmo. Tal caen inertes en los surcos de las sendas, si cae elviento, las hojas amarillas que levant el remolino.

    Estas sediciones de los rebeldes hijos de la imaginacin ex-plican algunas de mis fiebres ellas son la causa, desconocida parala ciencia, de mis exaltaciones y mis abatimientos. Y as, aunquemal, vengo viviendo hasta aqu, paseando por entre la indiferen-te multitud esta silenciosa tempestad de mi cabeza. As vengoviviendo; pero todas las cosas tienen un trmino, y a stas hayque ponerles punto.

    El insomnio y la Fantasa siguen y siguen procreando enmonstruoso maridaje. Sus creaciones, apretadas ya como las ra-quticas plantas de un vivero, pugnan por dilatar su fantsticaexistencia, disputndose los tomos de la memoria como el es-caso jugo de una tierra estril. Necesario es abrir paso a las aguasprofundas, que acabarn por romper el dique, diariamente au-mentadas por un manantial vivo.

    Andad, pues; andad y vivid con la nica vida que puedodaros! Mi inteligencia os nutrir lo suficiente para que seis pal-pables. Os vestir aunque sea de harapos, lo bastante para queno se avergence vuestra desnudez. Yo quisiera forjar para cadauno de vosotros una maravillosa estrofa tejida de frases exquisi-tas, en la que os pudirais envolver con orgullo, como en unmanto de prpura. Yo quisiera poder cincelar la forma que ha deconteneros, como se cincela el vaso de oro que ha de guardar unpreciado perfume. Mas es imposible!

    No obstante, necesito descansar, necesito, del mismo modoque se sangra el cuerpo por cuyas hinchadas venas se precipitala sangre con pletrico empuje, desahogar el cerebro, insuficien-te a contener tantos absurdos.

    Quedad, pues, consignados aqu, como la estela nebulosaque seala el paso de un desconocido cometa; como los tomosdispersos de un mundo en embrin que aventa por el aire lamuerte antes que su Creador haya podido pronunciar el Fiat Luxque separa la claridad de las sombras.

    No quiero que en mis noches sin sueo volvis a pasar pordelante de mis ojos, en extravagante procesin, pidindome congestos y contorsiones que os saque a la vida de la realidad dellimbo en que vivs semejantes a fantasmas sin consistencia. Noquiero que al romperse esta arpa vieja y cascada ya se pierdan, ala vez que el instrumento, las ignoradas notas que contena. Deseoocuparme un poco del mundo que me rodea, pudiendo, una vezvaco, apartar los ojos de este otro mundo que llevo dentro de lacabeza. El sentido comn, que es la barrera de los sueos, co-mienza a flaquear, y las gentes de diversos campos se mezclan yse confunden. Me cuesta trabajo saber qu cosas he soado ycules me han sucedido: mis afectos se reparten entre fantasmasde la imaginacin y personajes reales; mi memoria clasifica re-vueltos nombres y fechas de mujeres y das que han muerto ohan pasado con los de das y mujeres que no han existido sino enmi mente. Preciso es acabar arrojndolos de la cabeza de unavez para siempre.

    Si morir es dormir, quiero dormir en paz en la noche de laMuerte, sin que vengis a ser mi pesadilla, maldicindome porhaberos condenado a la nada antes de haber nacido. Id, pues, almundo, a cuyo contacto fuisteis engendrados, y quedad en lcomo el eco que encontraron en un alma que por la tierra susalegras y sus dolores, sus esperanzas y sus luchas.

    Tal vez muy pronto tendr que hacer la maleta para el gran

  • )4 ( Pehun Editores, 2001

    GUSTAVO ADOLFO BECQUER RIMAS Y LEYENDAS

    viaje: de una hora a otra puede desligarse el espritu de la mate-ria para remontarse a regiones ms puras. No quiero, cuandoesto suceda, llevar conmigo, como el abigarrado equipaje de unsaltimbanqui, el tesoro de oropeles y guiapos que ha ido acu-mulando la fantasa en los desvanes del cerebro.

    Gustavo Adolfo Becquer

    RIMAS

    I

    Yo s un himno gigante y extraoque anuncia en la noche del alma una aurora,y estas pginas son de ese himnocadencias que el aire dilata en las sombras.

    Yo quisiera escribirlo, del hombredemando el rebelde, mezquino idioma,con palabras, que fuesen a un tiemposuspiros y risas, colores y notas.

    Pero en vano es luchar; que no hay cifracapaz de encerrarlo, y apenas, oh, hermosa!si, teniendo en mis manos las tuyas,pudiera al odo, cantrtelo a solas.

    II

    Saeta que voladoracruza, arrojada al azarsin adivinarse dndetemblando se clavar;

  • )5 ( Pehun Editores, 2001

    GUSTAVO ADOLFO BECQUER RIMAS Y LEYENDAS

    hoja que del rbol secaarrebata el vendaval,sin que nadie acierte el surcodonde a caer volver;

    gigante ola que el vientoriza y empuja en el mary rueda y pasa, y no sabequ playa buscando va;

    luz que en cercos temblorososbrilla, prxima a expirar,ignorndose cul de ellosel ltimo brillar;

    ese soy yo, que al ocasocruzo el mundo, sin pensarde dnde vengo, ni adndemis pasos me llevarn.

    III

    Sacudimiento extraoque agita las ideas,como huracn que empujalas olas en tropel;

    murmullo que en el almase eleva y va creciendo,como volcn que sordoanuncia que va a arder,

    deformes siluetasde seres imposibles;paisajes que aparecencomo a travs de un tul;

    colores que fundindoseremedan en el airelos tomos del Iris,que nadan en la luz;

    ideas sin palabras,palabras sin sentido;cadencias que no tienenni ritmo ni comps;

    memorias y deseosde cosas que no existen;accesos de alegra,impulsos de llorar;

    actividad nerviosaque no halla en qu emplearse;sin rienda que lo guecaballo volador;

    locura que el esprituexalta y enardece;embriaguez divinadel genio creador...Tal es la inspiracin!

    Gigante voz que el caosordena en el cerebro,

  • )6 ( Pehun Editores, 2001

    GUSTAVO ADOLFO BECQUER RIMAS Y LEYENDAS

    y entre las sombras hacela luz aparecer;

    brillante rienda de oroque poderosa enfrenade la exaltada menteel volador corcel;

    hilo de luz que en haceslos pensamientos ata;sol que las nubes rompey toca en el cenit;

    inteligente manoque en un collar de perlasconsigue las indcilespalabras reunir;

    armonioso ritmoque con cadencia y nmerolas fugitivas notasencierra en el comps;

    cincel que el bloque muerdela estatua modelandoy la belleza plsticaaade a la ideal;

    atmsfera en que girancon orden las ideas,cual tomos que agruparecndita atraccin;

    raudal en cuyas ondassu sed de fiebre apaga;oasis que al espritudevuelve su vigor...Tal es nuestra razn!

    Con ambas siempre hay luchay de ambas vencedor,tan slo el genio puedea un yugo atar las dos.

    IV

    No digis que agotado su tesoro,de asuntos falta, enmudeci la lira;podr no haber poetas; pero siemprehabr poesa

    Mientras las ondas de la luz al besopalpiten encendidas;mientras el sol las desgarradas nubesde fuego y oro vista;mientras el aire en su regazo lleveperfumes y armonas;mientras haya en el mundo primavera,habr poesa!

    Mientras la ciencia a escribir no alcancelas fuentes de la vida,y en el mar o en el cielo haya un abismoque el clculo resista;mientras la humanidad siempre avanzandono sepa a do camina,

  • )7 ( Pehun Editores, 2001

    GUSTAVO ADOLFO BECQUER RIMAS Y LEYENDAS

    mientras haya un misterio para el hombre,habr poesa!

    Mientras sintamos que se alegra el alma,sin que los labios ran;

    mientras se llore que el llanto acudaa nublar la pupila;mientras el corazn y la cabezabatallando prosigan;mientras haya esperanza y recuerdos;habr poesa!

    Mientras haya unos ojos que reflejenlos ojos que lo miran;mientras responda el labio suspirandoal labio que suspira;mientras sentirse puedan en un besodos almas confundidas;mientras exista una mujer hermosa,habr poesa!

    V

    Espritu sin nombre,indefinible esencia,yo vivo con la vidasin formas de la idea.

    Yo nado en el vaco,del sol tiemblo en la hoguera,palpito entre las sombrasy flto con las nieblas.

    Yo soy el fleco de orode la lejana estrella,yo soy de la alta lunala luz tibia y serena.

    Yo soy la ardiente nubeque en el ocaso ondea;yo soy del astro errantela luminosa estela.

    Yo soy nieve en las cumbres,soy fuego en las arenas,azul onda en los maresy espuma en las riberas.

    En el lad soy nota,perfume en la violeta,fugaz llama en las tumbasy en las ruinas hiedra.

    Yo atrueno en el torrentey silbo en la centella,y ciego en el relmpagoy rujo en la tormenta.

    Yo fo en los alcores,susurro en la alta hierba,suspiro en la onda puray lloro en la hoja seca.

    Yo ondulo con los tomosdel humo que se elevay al cielo lento subeen espiral inmensa.

  • )8 ( Pehun Editores, 2001

    GUSTAVO ADOLFO BECQUER RIMAS Y LEYENDAS

    Yo en los dorados hilosque los insectos cuelgan,me mezo entre los rbolesera la ardorosa siesta

    Yo corro tras las ninfasque en la corriente frescadel cristalino arroyodesnudas juguetean.

    Yo en bosques de corales,que alfombran blancas perlas,persigo en el ocanolas nyades ligeras.

    Yo, en las cavernas cncavas,do el sol nunca penetramezclndome a los nomoscontemplo sus riquezas.

    Yo busco de los sigloslas ya borradas huellas,y s de esos imperiosde que ni el nombre queda.

    Yo sigo en raudo vrtigolos mundos que volteany mi pupila abarca la creacin entera.

    Yo s de esas regionesa do un rumor no llega,y donde informes astrosde vida un soplo esperan.

    Yo soy sobre el abismoel puente que atraviesa;yo soy la ignota escalaque el cielo une a la tierra.

    Yo soy el invisibleanillo que sujetael mundo de la formaal mundo de la idea.

    Yo, en fin, soy ese espritu,desconocida esencia,perfume misterioso,de que es vaso el poeta.

    VI

    Como la brisa que la sangre oreasobre el oscuro campo de batalla,cargada de perfumes y armonasen el silencio de la noche vaga;

    smbolo del dolor y la ternura,del bardo ingls en el horrible drama,la dulce Ofelia, la razn perdida,cogiendo flores y cantando pasa.

    VII

    Del saln en el ngulo obscuro,de su dueo tal vez olvidada,silenciosa y cubierta de polvovease el arpa.

  • )9 ( Pehun Editores, 2001

    GUSTAVO ADOLFO BECQUER RIMAS Y LEYENDAS

    Cunta nota dorma en sus cuerdascomo el pjaro duerme en las ramas,esperando la mano de nieveque sabe arrancarlas!Ay!, pens cuntas veces el genioas duerme en el fondo del alma!y una voz, como Lzaro, esperaque le diga: Levntate y anda!

    VIII

    Cuando miro el azul horizonteperderse a lo lejosa travs de una gasa de polvodorado e inquieto,me parece posible arrancarmedel msero suelo,y flotar con la niebla doradaen tomos levescual ella deshecho.Cuando miro de noche en el fondooscuro del cielolas estrellas temblar, como ardientespupilas de fuego,me parece posible a do brillansubir en un vuelo,y anegarme en su luz, y con ellasen lumbre encendidofundirme en un beso.En el mar de la duda en que bogoni aun s lo que creo:sin embargo, estas ansias me dicenque yo llevo algodivino aqu dentro...!

    IX

    Besa el aura que gime blandamentelas leves ondas que jugando riza;el sol besa a la nube en occidentey de prpura y oro la matiza;la llama en derredor del tronco ardientepor besar a otra llama ser desliza,y hasta el sauce, inclinndose a su peso,al ro que le besa, vuelve un beso.

    X

    Los invisibles tomos del aireen derredor palpitan y se inflaman;

    el cielo se deshace en rayos de oro;la tierra se estremece alborozada;oigo flotando en olas de armonarumor de besos y batir de alas:mis prpados se cierran ...Qu sucede?Es el amor que pasa!

    XI

    Yo soy ardiente, yo soy morena,yo soy el smbolo de la pasinde ansia de goces mi alma est llena.A m me buscas? No es a ti, no.

    Mi frente es plida; mis trenzas de oro;puedo brindarte dichas sin fin;yo de ternura guardo un tesoro.A m me llamas? No, no es a ti.

  • )10 ( Pehun Editores, 2001

    GUSTAVO ADOLFO BECQUER RIMAS Y LEYENDAS

    Yo soy un sueo, un imposible,vano fantasma de niebla y luz;soy incorprea, soy intangible;no puedo amarte. Oh, ven; ven t!

    XII

    Porque son, nia, tus ojosverdes como el mar, te quejas;verdes los tienen las nyades,verdes los tuvo Minerva,y verdes son las pupilasde las hurs del profeta.

    El verde es gala y ornatodel bosque en la primavera;entre sus siete coloresbrillante el Iris lo ostenta.

    Las esmeraldas son verdes,verde el color del que esperay las ondas del ocano;y el laurel de los poetas.

    Es tu mejilla tempranarosa de escarcha cubiertaen que el carmn de los ptalosse ve al travs de las perlas.

    Y, sin embargo,s que te quejas,porque tus ojoscrees que la afean;

    pues, no lo creas;que parecen tus pupilas,hmedas, verdes e inquietas,tempranas hojas de almendro,que al soplo del aire tiemblan.

    Es tu boca de rubespurprea granada abierta,que en el esto convidaa apagar la sed en ella.

    Y, sin embargo,s que te quejas,porque tus ojoscrees que la afean;Pues, no lo creas;que parecen, si enojadastus pupilas centellean,las olas del mar que rompenen las cantbricas peas.

    Es tu frente que coronacrespo el oro en ancha trenza,nevada cumbre en que el dasu postrera luz refleja.

    Y, sin embargo,s que te quejas,porque tus ojoscrees que la afean;pues, no lo creas;que, entre las rubias pestaas,junto a las sienes, semejan

  • )11 ( Pehun Editores, 2001

    GUSTAVO ADOLFO BECQUER RIMAS Y LEYENDAS

    broches de esmeralda y oro,que un blanco armio sujetan.

    XIII

    Tu pupila es azul, y cuando res,su claridad suave me recuerdael trmulo fulgor de la maanaque en el mar se refleja.

    Tu pupila es azul, y cuando lloras,las transparentes lgrimas en ellasse me figuran gotas de rocosobre una violeta.

    Tu pupila es azul, y cuando lloras,como un punto de luz radia una idea,me parece en el cielo de la tardeuna perdida estrella!

    XIV

    Te vi un punto, y, flotando ante mis ojos,la imagen de tus ojos se qued,como la mancha oscura, orlada en fuego,que flota y ciega si se mira al sol.

    Adondequiera que la vista fijo,torno a ver sus pupilas llamear;mas no te encuentro a ti, que es tu mirada:unos ojos, los tuyos, nada ms.

    De mi alcoba en el ngulo los mirodesasidos fantsticos lucir;cuando duermo los siento que se ciernende par en par abiertos sobre m.

    Yo s que hay fuegos fatuos que en la nochellevan al caminante a perecer:yo me siento arrastrado por tus ojospero a donde me arrastran, no lo s.

    XV

    Senda flotante de leve bruma,rizada cinta de blanca espuma,rumor sonorode arpa de oro,beso del aura, onda de luz,eso eres t.

    T, sombra area, que cuantas vecesvoy a tocarte, te desvanecescomo la llama, como el sonido,como la niebla, como el gemidodel lago azul.

    En mar sin playas onda sonante,en el vaco cometa errante,largo lamento.

    Del ronco viento,ansia perpetua de algo mejor,eso soy yo.

  • )12 ( Pehun Editores, 2001

    GUSTAVO ADOLFO BECQUER RIMAS Y LEYENDAS

    Yo, que a tus ojos, en mi agonalos ojos vuelvo de noche y da;yo, que incansable corro dementetras una sombra, tras la hija ardientede una visin!

    XVI

    Si al mecer las azules campanillasde tu balcn,crees que suspirando pasa el vientomurmurador,sabe que, oculto entre las verdes hojas,suspiro yo.

    Si al resonar confuso a tus espaldasvago rumor,crees que por tu nombre te ha llamadolejana voz,sabe que, entre las sombras que te cercan,te llamo yo.Si se turba medroso en la alta nochetu corazn,al sentir en tus labios un alientoabrasador,sabe que, aunque invisible, al lado tuyorespiro yo

    XVII

    Hoy la tierra y los cielos me sonren;hoy llega al fondo de mi alma el sol;hoy la he visto..., la he visto y me ha mirado.Hoy creo en Dios!

    XVIII

    Fatigada del baile,encendido el color, breve el aliento,apoyada en mi brazo,del saln se detuvo en un extremo.

    Entre la leve gasaque levantaba el palpitante seno,una flor se mecaen compasado y dulce movimiento.Como en cuna de ncarque empuja el mar y que acaricia el cfiro,tal vez all dormaal soplo de sus labios entreabiertos.

    Oh! Quin as, pensaba,dejar pudiera deslizarse el tiempo!Oh, si las flores duermen,que dulcsimo sueo!

    XIX

    Cuando sobre el pecho inclinasla melanclica frente,una azucena tronchadame pareces.

    Porque al darte la pureza,de que es smbolo celeste,como a ella te hizo Diosde oro y nieve.

  • )13 ( Pehun Editores, 2001

    GUSTAVO ADOLFO BECQUER RIMAS Y LEYENDAS

    XX

    Sabe, si alguna vez tus labios rojosquema invisible atmsfera abrasada,que el alma que hablar puede con los ojostambin puede besar con la mirada.

    XXI

    Qu es poesa? dices mientras clavasen mi pupila tu pupila azul;Qu es poesa? Y t me lo preguntas?Poesa... eres t

    XXII

    Cmo vive esa rosa que has prendidojunto a tu corazn?Nunca hasta ahora contempl en la tierrasobre el volcn la flor.

    XXIII

    Por una mirada, un mundo;por una sonrisa, un cielo,por un beso,.. yo no squ te diera por un beso!

    XXIV

    Dos rojas lenguas de fuegoque a un mismo tronco entrelazadasse aproximan, y al besarseforman una sola llama;

    dos notas que del lada un tiempo la mano arrancay en el espacio se encuentran yarmoniosas se abrazan;

    dos olas que vienen juntasa morir sobre una playa,y que al romper se coronancon un penacho de plata;

    dos jirones de vaporque del lago se levantany al juntarse all en el cieloforman una nube blanca;

    dos ideas que al par brotan,dos besos que a un tiempo estallan,dos ecos que se confunden...eso son nuestras dos almas.

    XXV

    Cuando en la noche te envuelvenlas alas de tul del sueo,y tus tendidas pestaassemejan arcos de bano;por escuchar los latidosde tu corazn inquieto,y reclinar tu dormidacabeza sobre mi pechodiera, alma ma,cuanto poseo:la luz, el airey el pensamiento!

  • )14 ( Pehun Editores, 2001

    GUSTAVO ADOLFO BECQUER RIMAS Y LEYENDAS

    Cuando se clavan tus ojosen un invisible objeto,y tus labios iluminade una sonrisa el reflejo;por leer sobre tu frenteel callado pensamientoque pasa como la nubedel mar sobre el ancho espejo,diera, alma ma,cuanto deseo:la fama, el oro,la gloria, el genio!

    Cuando enmudece tu lenguay se apresura tu aliento,y tus mejillas se encienden,y entornas tus ojos negros;por ver entre sus pestaasbrillar con hmedo fuegola ardiente chispa que brotadel volcn de los deseos,diera, alma ma,por cuanto espero,la fe, el espritu,la tierra, el cielo!

    XXVI

    Voy contra mi inters al confesarlo;pero yo, amada ma,pienso, cual t, que una oda slo es buenade un billete de banco al dorso escrita.No faltar algn necio que al orlose haga cruces y diga:

    Mujer, al fin, del siglo diecinueve,material y prosaica... Bobera!Voces que hacen correr cuatro poetasque en invierno se embozan con la lira!Ladridos de los perros a la luna!T sabes y yo s que en esta vida,con genio, es muy contado quien la escribe,y con oro, cualquiera hace poesa.

    XXVII

    Despierta, tiemblo al mirarte;dormida, me atrevo a verte;por eso, alma de mi almayo velo mientras tu duermes.Despierta res y al rer, tus labiosinquietos me parecenrelmpagos de grana que serpeansobre un cielo de nieve.

    Dormida, los de tu bocapliegan sonrisa leve,suave corra el rastro luminosoque deja un sol que muereDuerme!

    Despierta miras, y al mirar, tus ojoshmedos resplandecencomo la onda azul, en cuya crestachispeando el sol hiere.Al travs de tus prpados, dormida,tranquilo fulgor viertes,cual derrama de luz templado rayolmpara transparente...Duerme!

  • )15 ( Pehun Editores, 2001

    GUSTAVO ADOLFO BECQUER RIMAS Y LEYENDAS

    Despierta hablas, y al hablar, vibrantes,tus palabras parecenlluvia de perlas que en dorada copase derrama a torrentes.

    Dormida, en el murmullo de tu alientoacompasado y tenue,escucho yo un poema que mi almaenamorada entiende...Duerme!

    Sobre el corazn la manome he puesto porque no suenesu latido, y de la nocheturbe la calma solemne.

    De tu balcn las persianascerr ya, porque no entreel resplandor enojosode la aurora, y te despierte...Duerme!

    XXVIII

    Cuando entre la sombra oscuraperdida una voz murmuraturbando su triste calmasi en el fondo de mi alma,la oigo dulce resonar;dime: es que el viento en sus girosse queja, o que tus suspirosme hablan de amor al pasar?

    Cuando el sol en mi ventanarojo brilla a la maanay mi amor tu sombra evoca,si en mi boca de otra bocasentir creo la impresin;dime: es que ciego deliro,o que un beso en un suspirome enva tu corazn?

    Si en el luminoso day en la alta noche sombra:si en todo cuanto rodeaal alma que te deseate creo sentir y ver;dime: es que toco y respirosoando, o que en un suspirome das tu aliento a beber?

    XXIX

    Sobre la falda tenael libro abierto;en mi mejilla tocabansus rizos negros;no veamos las letrasninguno, creo;mas guardbamos entramboshondo silencio.Cunto dur? Ni aun entoncespude saberlo;slo s que no se oams que el aliento,que apresurado escapabadel labio seco.

  • )16 ( Pehun Editores, 2001

    GUSTAVO ADOLFO BECQUER RIMAS Y LEYENDAS

    Slo s que nos volvimoslos dos a un tiempoy nuestros ojos se hallaron,y son un beso.

    Creacin de Dante era el libro,era su Infierno.Cuando a l bajamos los ojos,yo dije trmulo:Comprendes ya que un poemacabe en un verso?Y ella respondi encendida:Ya lo comprendo!

    XXX

    Asomaba a sus ojos una lgrimaa mi labio una frase de perdn;habl el orgullo y se enjug su llanto,y la frase en mis labios expir.Yo voy por un camino, ella por otro;pero al pensar en nuestro mutuo amoryo digo an: Por qu call aquel da?y ella dir: Por qu no llor yo?

    XXXI

    Nuestra pasin fue un trgico sainete,en cuya absurda fbulalo cmico y lo grave confundidosrisas y llanto arrancan.Pero fue lo peor de aquella historiaque al fin de la jornada,a ella tocaron lgrimas y risas,y a m slo las lgrimas!

    XXXII

    Pasaba arrolladora en su hermosura,y el paso le dej:ni aun a mirarla me volv, y no obstantealgo a mi odo murmur: Esa es.

    Quin reuni la tarde a la maana?Lo ignoro: slo sque en una breve noche de veranose unieron los crepsculos, y... fue.

    XXXIII

    Es cuestin de palabras, y no obstanteni t ni yo jams,despus de lo pasado, convendremosen quien la culpa est.Lstima que el amor un diccionariono tenga donde hallarcundo el orgullo es simplemente orgullo,y cundo es dignidad!

    XXXIV

    Cruza callada y son sus movimientossilenciosa armona;suenan sus pasos, y al sonar, recuerdandel himno alado la cadencia rtmica.

    Los ojos entreabre, aquellos ojostan claros corno el da,y la tierra y el cielo, cuanto abarcan,

  • )17 ( Pehun Editores, 2001

    GUSTAVO ADOLFO BECQUER RIMAS Y LEYENDAS

    arden con nueva luz en sus pupilas.Re, y su carcajada tiene notasdel agua fugitiva;llora, y es cada, lgrima un poemade ternura infinita.

    Ella tiene la luz, tiene el perfume,el calor y la lnea,la forma, engendradora de deseos,la expresin, fuente eterna de poesa.

    Que es estpida...? Bah!, mientras, callandoguarde oscuro el enigma,siempre valdr, a mi ver, lo que ella callams que lo que cualquiera otra me diga.

    XXXV

    No me admir tu olvido! Aunque un dame admir tu cario mucho ms;porque lo que hay en m, que vale algo,eso... ni lo pudiste sospechar!

    XXXVI

    Si de nuestros agravios en un librose escribiese la historia,y se borrase en nuestras almas cuantose borrase en sus hojas,te quiero tanto an, dej en pechotu amor huellas tan hondas,que slo con que t borrases una,las borraba yo todas!

    XXXVII

    Antes que t me morir: escondidoen las entraas yael hierro llevo con que abri tu manola ancha herida mortal.Antes que t me morir: y mi espritu,en su empeo tenaz, sentndose a las puertas de lamuerte,all te esperar.Con las horas los das, con los das los aos volarn,y a aquella puerta llamars al cabo...Quin deja de llamar?Entonces, que tu culpa y tus despojosla tierra guardar,lavndote en las ondas de la muertecomo en otro Jordn;All donde el murmullo de la vidatemblando a morir va,como la ola a la playa vienesilenciosa a expirar;all, donde el sepulcro que se cierraabre una eternidad...Todo cuanto los dos hemos callado lo tenemos quehablar!

    XXXVIII

    Los suspiros son aire, y van al aire.Las lgrimas son agua, y van al mar.Dime, mujer: cuando el amor se olvida,sabes t a dnde va?

  • )18 ( Pehun Editores, 2001

    GUSTAVO ADOLFO BECQUER RIMAS Y LEYENDAS

    XXXIX

    Lo que el salvaje que con torpe manohace de un tronco a su capricho un dios,y luego ante su obra se arrodilla,eso hicimos t y yo.

    Dimos formas reales a un fantasma,de la mente, ridcula invencin,y hecho el dolo ya,sacrificamos en su altar nuestro amor.

    XL

    Su mano entre mis manos,sus ojos en mis ojos,la amorosa cabezaapoyada en mi hombro,Dios sabe cuantas veces,con paso perezoso,hemos vagado juntosbajo los altos olmosque de su casa prestanmisterio y sombra al prtico!Y ayer... un aoapenas, pasado como un soplo,con qu exquisita gracia,con qu admirable aplomo,me dijo al presentarnosun amigo oficioso:Creo que en alguna partehe visto a usted Ah, bobos,que sois de los salonescomadres de buen tono,

    y andis por all a cazade galantes embrollos!Qu historia habis perdido!Qu manjar tan sabroso!para ser devorado sotto voce en un corro,detrs del abanicode plumas y de oro.

    Discreta y casta luna,copudos y altos olmos,paredes de su casa,umbrales de su prtico,callad, y que el secretono salga de vosotros!Callad; que por mi partelo he olvidado todo:y ella..., ella..., no hay mscarasemejante a su rostro!

    XLI

    T eras el huracn, y yo la altatorre que desafa su poder:tenas, que estrellarte o abatirme!No pudo ser!T eras el oceano, y yo la enhiestaroca que firme aguarda a su vaivn:tenas que romperte o que arrancarme...!No pudo ser!Hermosa t, yo altivo; acostumbradosuno a arrollar, el otro a no ceder;la senda estrecha, inevitable el choque...No pudo ser!

  • )19 ( Pehun Editores, 2001

    GUSTAVO ADOLFO BECQUER RIMAS Y LEYENDAS

    XLII

    Cuando me lo contaron sent el frode una hoja de acero en las entraas;me apoy contra el muro, y un instantela conciencia perd de dnde estaba.Cay sobre mi espritu la noche;en ira y en piedad se aneg el alma...Y entonces comprend por qu se llora,y entonces comprend por qu se mata!Pas la nube de dolor..., con penalogr balbucear breves palabras...Quin me dio la noticia ... ? Un fiel amigo.Me haca un gran favor...! Le di las gracias.

    XLIII

    Dej la luz a un lado, y en el bordede la revuelta cama me sent.Mudo, sombro, la pupila inmvilclavada en la pared.Qu tiempo estuve as? No s: al dejarmela embriaguez horrible del dolor,expiraba la luz, y en mis balconesrea el sol;Ni s tampoco en tan horribles horasen qu pensaba o qu pas por m;slo recuerdo que llor y maldije,y que en aquella noche envejec.

    XLIV

    Como en un libro abiertoleo de tus pupilas en el fondo;a qu fingir el labiorisas que se desmienten con los ojos?Llora! No te avergencesde confesar que me quisiste un poco.Llora; nadie nos mira!Ya ves: soy un hombre... y tambin lloro!

    XLV

    En la clave del arco mal seguro,cuyas piedras el tiempo enrojeciobra de cincel rudo, campeabael gtico blasn.

    Penacho de su yelmo de granito,la hiedra que colgaba en derredordaba sombra al escudo, en que una manotena un corazn.

    A contemplarlo en la desierta plaza,nos paramos los dos:Y se, me dijo, es el cabal emblemade mi constante amor.

    Ay!, es verdad lo que me dijo entonces:verdad que el coraznlo llevar en la mano... en cualquier parte...pero en el pecho, no.

  • )20 ( Pehun Editores, 2001

    GUSTAVO ADOLFO BECQUER RIMAS Y LEYENDAS

    XLVI

    T aliento es el aliento de las flores,tu voz es de los cisnes la armona;es tu mirada el esplendor del da,y el color de la rosa es tu color.T prestas nueva vida y esperanzaa un corazn para el amor ya muerto:t creces de mi vida en el desiertocomo crece en un pramo la flor.

    XLVII

    Yo me he asomado a las profundas simasde la tierra y del cielo,y les he visto el fin o con los ojoso con el pensamiento.

    Mas, ay! de un corazn llegu al abismo,y me inclin por verlo,y mi alma y mis ojos se turbaron:tan hondo era y tan negro!

    XLVIII

    Alguna vez la encuentro por el mundoy pasa junto a m;y pasa sonrindose, y yo digo:Cmo puede rer?Luego asoma a mi labio otra sonrisa,mscara del dolor,y entonces pienso: Acaso ella se recomo me ro yo!

    XLIX

    A qu me lo decs? Lo s: es mudable,es altanera y vana y caprichosa;antes que el sentimiento de su almabrotara el agua de la estril roca.

    S que en su corazn, nido de sierpes,no hay una fibra que al amor responda;que es una estatua inanimada...; pero...es tan hermosa!

    L

    De lo poco de vida que me restadiera con gusto los mejores aos,por saber lo que a otros de m has hablado.Y esta vida mortal... y de la eternalo que me toque, si me toca algo,por saber lo que a solasde m has pensado.

    LI

    Olas gigantes, que os rompis bramandoen las playas desiertas y remotas,envuelto entre las sbanas de espuma,llevadme con vosotras!,Rfagas de huracn que arrebatisdel alto bosque las marchitas hojas,arrastrando en el ciego torbellino,llevadme con vosotras!Nubes de tempestad, que rompe el rayo

  • )21 ( Pehun Editores, 2001

    GUSTAVO ADOLFO BECQUER RIMAS Y LEYENDAS

    Y en fuego ornis las desprendidas orlasarrebatado entre la niebla oscura,llevadme con vosotras!Llevadme, por piedad, a donde el vrtigocon la razn me arranque la memoria...Por piedad! Tengo miedo de quedarmecon mi dolor a solas!

    LII

    Volvern las oscuras golondrina,en tu balcn sus nidos a colgar,y otra vez con el ala a sus cristalesjugando llamarn;pero aquellas que el vuelo refrenabantu hermosura y mi dicha al contemplar,aquellas que aprendieron nuestros nombres,esas... no volvern!

    Volvern las tupidas madreselvasde tu jardn las tapias a escalar,y otra vez a la tarde, an ms hermosas,sus flores se abrirn;pero aquellas cuajadas de roco,cuyas gotas mirbamos temblary caer, como lgrimas del da...esas... no volvern!

    Volvern del amor en tus odoslas palabras ardientes a sonar;tu corazn de su profundo sueotal vez despertar;pero mudo y absorto y de rodillas,

    como se adora a Dios ante su altar,como yo te he querido... desengate,as no te querrn!

    LIII

    Cuando volvemos las fugaces horasdel pasado a evocar,temblando brilla en sus pestaas negrasuna lgrima pronta a resbalar.Y al fin resbala, y cae como una gotade roco, al pensarque, cual hoy por ayer, por hoy maana,volveremos los dos a suspirar.

    LIV

    Entre el discorde estruendo de la orgaacarici mi odo,como nota de msica lejanael eco de su suspiro.El eco de un suspiro que conozco,formado de un aliento que ha bebidoperfume de una flor que oculta creceen su claustro sombro.Mi adorada de un da, cariosa,en qu piensas?, me dijo.En nada... En nada, y lloras? Es que tienesalegre la tristeza y triste el vino.

  • )22 ( Pehun Editores, 2001

    GUSTAVO ADOLFO BECQUER RIMAS Y LEYENDAS

    LV

    Hoy, como ayer, maana como hoy,y siempre igual!

    Un cielo gris un horizonte eterno,y andar..., andar!

    Movindose a comps, como una estpidamquina, el corazn;la torpe inteligencia, del cerebrodormida en un rincn.

    El alma, que ambiciona un paraso,buscndolo sin fe;fatiga sin objeto, ola que ruedaignorando por qu.

    Voz que incesante con el mismo tonocanta el mismo cantar;gota de agua montona que cae,y cae sin cesar.

    As van deslizndose los dasunos de otros en pos,hoy lo mismo que ayer..., y todos ellossin goce ni dolor.

    Ay!, a veces me acuerdo suspirandodel antiguo sufrir...Amargo es el dolor, pero siquierapadecer es vivir.

    LVI

    Quieres que de ese nctar deliciosono te amargue la hez?pues asprale, acrcale a tus labios,y djale despus.Quieres que conservemos una dulcememoria de este amor?Pues ammonos hoy mucho, y maanadigmonos adis!

    LVII

    Yo s cul el objetode tus suspiros es;yo conozco la causa de tu dulcesecreta languidez.

    Te res...? Algn dasabrs, nia, por qu;acaso lo sospechas,y yo lo s,

    yo s lo que t sueasy lo que en sueo ves;como en un libro puedo lo que callasen tu frente leer.Te res...? Algn dasabrs, nia, por qu;t acaso lo sospechas,y yo lo s.

  • )23 ( Pehun Editores, 2001

    GUSTAVO ADOLFO BECQUER RIMAS Y LEYENDAS

    Yo s por qu sonresy lloras a la vez;yo penetro en los senos misteriososde tu alma de mujer.Te res...? Algn dasabrs, nia, por qu,mientras t sientes mucho y nada sabesyo, que no siento ya, todo lo s.

    LVIII

    Al ver mis horas de fiebree insomnio lentas pasar,a la orilla de mi lecho,quin se sentar?

    Cuando la trmula manotienda, prxima a expirar,buscando una mano amiga,quin la estrechar?Cuando la muerte vidrede mis ojos el cristal,mis prpados, an abiertos,quin los cerrar?

    Cuando la campana suene(si suena en mi funeral)una oracin, al orla,quin murmurar?

    Cuando mis plidos restosoprima la tierra ya,sobre la olvidada fosa,quin vendr a llorar?

    Quin, en fin al otro da,cuando el sol vuelva a brillar,de que pas por el mundo,quin se acordar?

    LIX

    Me ha herido recatndose en las sombras,sellando con un beso su traicin.Los brazos me ech al cuello y por la espaldapartime a sangre fra el corazn.

    Y ella prosigue alegre su camino,feliz, risuea, impvida; y por qu?Porque no brota sangre de la herida...porque el muerto est en pie!

    LX

    Como se arranca el hierro de una herida,su amor de las entraas me arranqu,aunque sent al hacerlo que la vidame arrancaba con l.

    Del altar que le alc en el alma mala voluntad su imagen arroj,y la luz de la fe que en ella ardaante el ara desierta se apag.

    An para combatir mi firme empeoviene a mi frente su visin tenaz...Cundo podr dormir con ese sueoen que acaba el soar!

  • )24 ( Pehun Editores, 2001

    GUSTAVO ADOLFO BECQUER RIMAS Y LEYENDAS

    LXI

    Este armazn de huesos y pellejo,de pasear una cabeza locacansado se halla al fin, y no lo extrao;pues, aunque es la verdad que no soy viejo,de la parte, de vida que me tocaen la vida del mundo, por mi daohe hecho un uso tal, que juraraque he condensado un siglo en cada da.As, aunque ahora muriera,no podra decir que no he vivido;que el sayo, al parecer nuevo por fuera,conozco que por dentro ha envejecido.Ha envejecido, s, pese a mi estrella!Harto lo dice ya mi afn doliente;que hay dolor que, al pasar, su horrible huellagraba en el corazn, si no en la frente.

    LXII

    Primero es un albor trmulo y vago,raya de inquieta luz que corta el mar;luego chispea y crece y se dilataen ardiente explosin de claridad.La brilladora luz es la alegra;la temorosa sombra es el pesar:ay!, en la oscura noche de mi alma,cundo amanecer?

    LXIII

    Como enjambre de abejas irritadas,de un obscuro rincn de la memoriasalen a perseguirnos los recuerdosde las pasadas horas.Yo los quiero ahuyentar. Esfuerzo intil!Me rodean, me acosan,y unos tras otros a clavarme vienenel agudo aguijn que el alma encona.

    LXIV

    Como guarda el avaro su tesoro,yo quera probar que hay algo eternoa la que eterno me jur su amor.Mas hoy le llamo en vano, y oigo al tiempoque le agot, decir:

    Ah, barro miserable, eternamenteno podrs ni aun sufrir!

    LXV

    Lleg la noche y no encontr asilo;y tuve sed!... Mis lgrimas beb;y tuve hambre! Los hinchados ojoscerr para morir!Estaba en un desierto! Aunque a mi odode las turbas llegaba el ronco hervir,yo era hurfano y pobre... El mundo estabadesierto... para m!

  • )25 ( Pehun Editores, 2001

    GUSTAVO ADOLFO BECQUER RIMAS Y LEYENDAS

    LXVI

    De dnde vengo?... El ms horrible y sperode los senderos busca.Las huellas de unos pies ensangrentadossobre la roca dura;los despojos de un alma hecha jironesen las zarzas agudas,te dirn el caminoque conduce a mi cuna.

    Adnde voy? El ms sombro y tristede los pramos cruza;valle de eternas nieves y de eternasmelanclicas brumas.

    En donde est una piedra solitariasin inscripcin alguna,donde habite el olvido, all estar mi tumba.

    LXVII

    Qu hermoso es ver el dacoronado de fuego levantarse,y a su beso de lumbrebrillar las olas y encenderse el aire!Qu hermoso es, tras la lluviadel triste otoo en la azulada tardede las hmedas floresel perfume aspirar lista saciarse!Qu hermoso es, cuando en coposla blanca nieve silenciosa cae,

    de las inquietas llamasver las rojizas lenguas agitarse!Qu hermoso es, cuando hay sueo,dormir bien... y roncar como un sochantre...y comer... y engordar!... y qu desgraciaque esto slo no baste!

    LXVIII

    No s lo que he soadoen la noche pasada;triste, muy triste debi ser el sueo,pues, despierto, la angustia me duraba.

    Not al incorporarmehmeda la almohada,y por primera vez sent, al notarlo,de un amargo placer henchirse el alma.

    Triste cosa es el sueoque llanto nos arranca;mas tengo en mi tristeza una alegra...S que an me quedan lgrimas!

    LXIX

    Al brillar un relmpago nacemosy an dura su fulgor cuando morimos:Tan corto es el vivir!La gloria y el amor tras que corremossombras de un sueo son que perseguimosDespertar es morir!

  • )26 ( Pehun Editores, 2001

    GUSTAVO ADOLFO BECQUER RIMAS Y LEYENDAS

    LXX

    Cuntas veces, al pie de las musgosasparedes que la guardan,o la esquila que al mediar la nochea los maitines llama!

    Cuntas veces traz mi triste sombrala luna plateada,junto a la del ciprs que de su huertose asoma por las tapias!

    Cuando en sombras la iglesia se envolvade su ojiva calada,cuntas veces temblar sobre los vidriosvi el fulgor de la lmpara!

    Aunque el viento en los ngulos oscurosde la torre silbara,del coro entre las voces percibasu voz vibrante y clara.

    En las noches de invierno, si un medrosopor la desierta plazase atreva a cruzar, al divisarmeel paso aceleraba.

    Y no falt una vieja que en el tornodijese, a la maana,que de algn sacristn muerto en pecadoacaso era yo el alma.

    A oscuras conoca los rinconesdel atrio y la portada;de mis pies las ortigas que all crecenlas huellas tal vez guardan.

    Los bhos que espantados me seguancon sus ojos de llamas,llegaron a mirarme con el tiempocomo a un buen camarada.

    A mi lado sin miedo los reptilesse movan a rastras:hasta los muros santos de granitovi que me saludaban!

    LXXI

    No dorma, vagaba en ese limboen que cambian de forma los objetos,misteriosos espacios que separanla vigilia del sueo.Las ideas, que en ronda silenciosadaban vueltas en torno a mi cerebro,poco a poco en su danza se movancon un comps ms lento.De la luz que entra al alma por los ojoslos prpados velaban el reflejo;mas otra luz el mundo de visiones alumbraba pordentro.En este punto reson en mi odoun rumor semejante al que en el templo,vago, confuso, al terminar los fieles,con un amn sus rezos.

  • )27 ( Pehun Editores, 2001

    GUSTAVO ADOLFO BECQUER RIMAS Y LEYENDAS

    Y o como una voz delgada y tristeque por mi nombre me llam a lo lejos,y sent olor de cirios apagados,de humedad y de incienso.

    Entr la noche, y del olvido en brazosca, cual piedra, en su profundo seno.Dorm, y al despertar exclam: Algunoque yo quera ha muerto!

    LXXII

    PRIMERA VOZLas ondas tienen vaga armona;las violetas, suave olor;brumas de plata la noche fra,luz y oro el da;yo, algo mejor:yo tengo Amor!

    SEGUNDA VOZAura de aplausos, nube rabiosa,ola de envidia que besa el pie,isla de sueos donde reposael alma ansiosa,dulce embriaguezla Gloria es!

    TERCERA VOZAscua encendida es el tesoro,sombra que huye la vanidad,todo es mentira: la gloria, el oro.Lo que yo adoro

    slo es verdad.la Libertad!

    As los barqueros pasaban cantandola eterna cancin,y al golpe del remo saltaba la espumay herala el sol.

    Te embarcas? gritaban; y yo, sonriendoles dije al pasar:Ha tiempo lo hice; por cierto que an tengola ropa en la playa tendida a secar.

    LXXIII

    Cerraron sus ojosque an tena abiertos;taparon su caracon un blanco lienzo;y unos sollozando,otros en silencio,de la triste alcobatodos se salieron.

    La luz, que en un vasoarda en el suelo,al muro arrojabala sombra del lecho,y entre aquella sombravease, a intervalos,dibujarse rgidala forma del cuerpo.Despertaba el da,

  • )28 ( Pehun Editores, 2001

    GUSTAVO ADOLFO BECQUER RIMAS Y LEYENDAS

    y a su albor primero,con sus mil ruidosdespertaba el pueblo.Ante aquel contrastede vida y misterios,de luz y tinieblas,medit un momento:Dios mo, qu solosse quedan los muertos!

    De la casa en hombrosllevronla al templo,y en una capilladejaron el fretro.All rodearonsus plidos restosde amarillas velasy de paos negros.

    Al dar de las nimasel toque postrero,acab una viejasus ltimos rezos;cruz la ancha nave,las puertas gimieron,y el santo recintoquedse desierto.

    De un reloj se oacompasado el pnduloy de algunos ciriosel chisporroteo.Tan medroso y triste

    tan oscuro y yertotodo se encontraba...que pens un momento:Dios mo, qu solosse quedan los muertos!

    De la alta campanala lengua de hierrole dio volteandosu adis lastimero.El luto en las ropas,amigos y deudoscruzaron en fila,formando el cortejo.

    Del ltimo asilo,oscuro y estrecho,abri la piquetael nicho a un extremo.All la acostaron,tapindola luego,y con un saludo,despidise el duelo.

    La piqueta al hombro,el sepulturerocantando entre dientesse perdi a lo lejos.La noche se entraba,reinaba el silencioperdido en la sombra,medit un momento:Dios mo, qu solosse quedan los muertos!

  • )29 ( Pehun Editores, 2001

    GUSTAVO ADOLFO BECQUER RIMAS Y LEYENDAS

    En las largas nochesdel helado inviernocuando las maderascrujir hace el vientoy azota los vidriosel fuerte aguacero,de la pobre niaa solas me acuerdo.

    All cae la lluviacon un son eterno;all la combateel soplo del cierzo;del hmedo murotendida en el hueco,acaso de frose hielan sus huesos!

    Vuelve el polvo al polvo?Vuela el alma al cielo? Todo es vil materia,podredumbre y cieno?

    No s; pero hay algoque explicar no puedo,que al par nos infunderepugnancia y duelo,al dejar tan tristes,tan solos, los muertos!

    LXXIV

    Las ropas desceidas,desnudas las espaldas,en el dintel de oro de la puertados ngeles velaban.

    Me aproxim a los hierrosque defienden la entrada,y de las dobles rejas en el fondola vi confusa y blanca.

    La vi como la imagenque en leve ensueo pasa,como rayo de luz tenue y difusoque entre tinieblas nada.

    Me sent de un ardientedeseo llena el almacomo atrae un abismo, aquel misteriohacia s me arrastraba!Mas, ay! de los ngelesparecan decirme las miradas:!El umbral de esta puertaslo Dios lo traspasa!

    LXXV

    Ser verdad que cuando toca el sueocon sus dedos de rosa nuestros ojos,de la crcel que habita huye el esprituen vuelo presuroso?Ser verdad que, husped de las nieblas,

  • )30 ( Pehun Editores, 2001

    GUSTAVO ADOLFO BECQUER RIMAS Y LEYENDAS

    de la brisa nocturna el tenue soplo,alado sube a la regin vacaa encontrarse con otros?

    Y all, desnudo de la humana forma;all, los lazos terrenales rotos,breves horas habita de la ideael mundo silencioso?

    Y re y llora, aborrece y ama,y guarda un rastro de dolor y gozo,semejante al que deja cuando cruzael cielo un meteoro?

    Yo no s si ese mundo de visionesvive fuera o va dentro de nosotros;pero s que conozco a muchas gentesa quienes no conozco!

    LXXVI

    En la imponente navedel templo bizantinovi la gtica tumba, a la indecisaluz que temblaba en los pintados vidrios.

    Las manos sobre el pechoy en las manos un libro,una mujer hermosa reposabasobre la urna, del cincel prodigio.

    Del cuerpo abandonadoal dulce peso hundido,

    cual si de blanda pluma y raso fuerase plegaba su lecho de granito.

    De la postrer sonrisa el resplandor divinoguardaba el rostro como el cielo guardadel sol que muere el rayo fugitivo.

    Del cabezal de piedrasentados en el filo,dos ngeles, el dedo sobre el labioimponan silencio en el recinto.No pareca muerta;de los arcos macizospareca dormir en la penumbra,y que en sueo vea el paraso.

    Me acerqu de la naveal ngulo sombro,como quien llega con callada plantajunto a la cuna donde duerme un nio.

    La contempl un momentoy aquel resplandor tibio, aquel lecho de piedra que ofreca,prximo al muro, otro lugar vaco.

    En el alma avivaronla sed de lo infinito,el ansia de esa vida de la muerte,para la que un instante son los siglos...

    Cansado del combateen que luchando vivo,

  • )31 ( Pehun Editores, 2001

    GUSTAVO ADOLFO BECQUER RIMAS Y LEYENDAS

    alguna vez recuerdo con envidiaaquel rincn oscuro y escondido.

    De aquella muda y plidamujer me acuerdo y digo:Oh, qu amor tan callado el de la muerte!Qu sueo el del sepulcro tan tranquilo!

    LXXVII

    Es un sueo la vida,pero un sueo febril que dura un punto.Cuando de l se despierta,se ve que todo es vanidad y humo...Ojal fuera un sueomuy largo y muy profundo;un sueo que durara hasta la muerte!Yo soara con mi amor y el tuyo.

    LXXVIII

    Podr nublarse el sol eternamente;podr secarse en un instante el mar,podr romperse el eje de la tierracomo un dbil cristal.Todo suceder! Podr la muertecubrirme con su fnebre crespn;pero jams en m podr apagarsela llama de tu amor.

    LXXIX

    Mi vida es un erial:flor que toco se deshoja;que en mi camino fatalalguien va sembrando el malpara que yo lo recoja.

    LXXX

    Patriarcas que fuisteis la semilladel rbol de la fe en siglos remotos:al vencedor divino de la muerterogadle por nosotros.

    Profetas que rasgasteis inspiradosdel porvenir el velo misterioso:al que sac la luz de las tinieblas,rogadle por nosotros.

    Almas cndidas, Santos Inocentesque aumentis de los ngeles el coro:al que llam a los nios a su lado,rogadle por nosotros.

    Apstoles que echasteis en el mundode la Iglesia el cimiento poderoso:al que es de verdad depositario,rogadle por nosotros.

    Mrtires que ganasteis vuestra palmaen la arena del circo, en sangre rojo:al que os dio fortaleza en los combates,rogadle por nosotros.

  • )32 ( Pehun Editores, 2001

    GUSTAVO ADOLFO BECQUER RIMAS Y LEYENDAS

    Vrgenes semejantes a azucenas,que el verano visti de nieve y oro:al que es fuente de vida y hermosura,rogadle por nosotros.

    Monjes que de la vida en el combatepedisteis paz al claustro silencioso:al que es iris de calma en las tormentas,rogadle por nosotros.

    Doctores cuyas plumas nos legaronde virtud y saber rico tesoro:al que es raudal de ciencia inextinguible,rogadle por nosotros.

    Soldados del ejrcito de Cristo;santas y santos todos:rogadle que perdone nuestras culpasa Aquel que vive y reina entre vosotros.

    LXXXI

    Dices que tienes corazn, y slolo dices porque sientes sus latidos,eso no es corazn... es una mquinaque al comps que se mueve hace ruido.

    LXXXII

    Fingiendo realidadescon sombra vana,delante del deseova la esperanza,

    y sus mentiras,como el Fnix, renacende sus cenizas.

    LXXXIII

    Una mujer me ha envenenado el alma,otra mujer me ha envenenado el cuerpo;ninguna de las dos vino a buscarme:yo de ninguna de las dos me quejo.

    Como el mundo es redondo, el mundo rueda;si maana, rodando, este venenoenvenena a su vez, por qu acusarme?puedo dar ms de lo que a m me dieron?

    LXXXIV

    A CASTA

    Tu voz es el aliento de las flores;tu voz es de los cisnes la armona:es tu mirada el esplendor del da,y el color de la rosa es tu color.

    T prestas nueva vida y esperanzaun corazn para el amor ya muerto;t creces de mi vida en el desiertocomo crece en un pramo la flor.

  • )33 ( Pehun Editores, 2001

    GUSTAVO ADOLFO BECQUER RIMAS Y LEYENDAS

    LXXXV

    A ELISA

    Para que los leas con tus ojos grises,para que los cantes con tu clara voz,para que llenen de emocin tu pechohice mis versos yo.

    Para que encuentren en tu pecho asiloy les des Juventud, vida, calor,tres cosas que yo ya no puedo darles,hice mis versos yo.

    Para hacerte gozar con mi alegra,para que sufras t con mi dolor,para que sientas palpitar mi vida,hice mis versos yo.Para poder poner ante tus palmasla ofrenda de mi vida y de mi amor,con alma, sueos rotos, risas, lgrimas,hice mis versos yo.

    LXXXVI

    Flores tronchadas, marchitas hojasarrastra el viento;en los espacios, tristes gemidosrepite el eco.

    Entre las nieblas de lo pasado,en las regiones del pensamiento,gemidos tristes, marchitas galasson mis recuerdos.

    LXXXVII

    Es el alba una sombrade tu sonrisay un rayo de tus ojosla luz del da;pero tu almaes la noche de invierno,negra y helada.

    LXXXVIII

    Errante por el mundo fui gritando:La gloria dnde est?Y una voz misteriosa contestme:Ms all... ms all...

    En pos de ella segu por el caminoque la voz me marc;hallla al fin, pero en aquel instanteen humo se troc.

    Mas el humo, formando denso velo,se empez a remontar.Y penetrando en la azulada esferaal cielo fue a parar.

    LXXXIX

    Negros fantasmas,nubes sombrashuyen ante el destellode luz divina.

  • )34 ( Pehun Editores, 2001

    GUSTAVO ADOLFO BECQUER RIMAS Y LEYENDAS

    Esa luz santa,nia de negros ojos,es la esperanza.

    Al calor de sus rayosmi fe gigantecontra desdenes luchasin amenguarse.

    En este empeoes, si grande el martirio,mayor el premio.

    Y si an muestras esquivaalma de nieve,si an no me quisieras,yo no he de quererte:mi amor es rocadonde se estrellan tmidasdel mar las olas.

    XC

    Yo soy el rayo, la dulce brisa,lgrima ardiente, fresca sonrisa,flor peregrina, rama tronchada;yo soy quien vibra, flecha acerada.

    Hay en mi esencia, como en las floresde mil perfumes, suaves vapores,y su fragancia fascinadora,transtorna el alma de quien adora.

    Yo mis aromas doquier prodigoy el ms horrible dolor mitigo,y en grato, dulce, tierno deliriocambio el mas duro, cruel martirio.

    Ay!, yo encadeno los corazonesmas son de flores los eslabones.Navego por los mares,voy por el viento;alejo los pesaresdel pensamiento,reparto a los mortalesun alimentopara mirar las penascon faz serena.

    Poder terrible, que en mis antojosbrota sonrisas o brota enojospoder que abrasa un alma helada,si airado vibro flecha acerada.

    Doy las dulces sonrisasa las hermosas;coloro sus mejillasde nieve y rosas;humedezco sus labios,y a sus miradashago prometer dichasno imaginadas.

    Yo hago amable el reposo,grato, halageo,o alejo de los seres

  • )35 ( Pehun Editores, 2001

    GUSTAVO ADOLFO BECQUER RIMAS Y LEYENDAS

    el dulce sueo.Todo a mi poderorinde homenaje;todos a mi coronadan vasallaje.

    Soy amor, rey del mundo,nia tirana,mame, y t la reinasers maana.

    XCI

    No has sentido en la noche,cuando reina la sombra,una voz apagada que cantay una inmensa tristeza que llora?

    No sentiste en tu odo de virgenlas silentes y trgicas notasque mis dedos de muerto arrancabana la lira rota?No sentiste una lgrima madeslizarse en tu boca,ni sentiste mi mano de nieveestrechar a la tuya de rosa?

    No viste entre sueospor el aire vagar una sombra,no sintieron tus labios un besoque estall misterioso en la alcoba?

    Pues yo juro por ti vida ma,que te vi entre mis brazos, miedosa;que sent tu aliento de jazmn y nardo,y tu boca pegada a mi boca.

    XCII

    Apoyando mi frente calurosaen el fro cristal de la ventana,en el silencio de la oscura noche,de su balcn mis ojos no apartaba,

    En medio de la sombra misteriosasu vidriera luca iluminada,dejando que mi vista penetraseen el puro santuario de su estancia.

    Plido como el mrmol el semblante;la blonda cabellera destrenzada,acariciando sus sedosas ondassus hombros de alabastro y su garganta;mis ojos la vean y mis ojos,al verla tan hermosa, se turbaban.Mirbase al espejo: dulcementesonrea a su bella imagen lnguida,y sus mudas lisonjas al espejocon un beso dulcsimo pagaba...

    Mas la luz se apag; la visin puradesvanecise como sombra vana,y dormido qued, dndome celosel cristal que su boca acariciara.

  • )36 ( Pehun Editores, 2001

    GUSTAVO ADOLFO BECQUER RIMAS Y LEYENDAS

    XCIII

    Si copia tu frentedel ro cercano la pura corrientey miras tu rostro de amor encendido,soy yo, que me escondodel agua en el fondoy loco de amores, a amar te convido,soy yo, que, en tu pecho buscando morada,envo a tus ojos mi ardiente mirada,mi blanca divina...y el fuego que siento la faz te ilumina.

    Si en medio del valleen nardo se trueca tu amor animado,vacila tu planta, se pliega tu talle...soy yo, dueo amado,que, en no vistos lazosde amor anhelante te estrecho en mis brazos;

    soy yo quien te teje la alfombra floridaque vuelve a tu cuerpo la fuerza y la vida;soy yo, que te sigoen alas del viento soando contigo.

    Si estando en tu lechoescuchas acaso celeste armonasoy yo, vida ma...;soy yo, que levantoal cielo tranquilo mi frvido canto;soy yo, que, los aires cruzando ligero,por un ignorado, movible sendero,ansioso de calma,sediento de amores, penetro en tu alma.

    XCIV

    Quin fuera luna,quin fuera brisa,quin fuera sol!

    Quin del crepsculofuera la hora,quin el instantede tu oracin!

    Quin fuera partede la plegariaque solitariamandas a Dios!

    Quin fuera luna,quin fuera brisa,quin fuera sol ...!

    XCV

    Yo me acog como perdido nauta,a una mujer, para pedirle amor,y fue su amor cansancio a mis sentidos,hielo a mi corazn.

    Y qued, de mi vida en la carrera,que un mundo de esperanza ayer pobl,como queda un viandante en el desierto:A solas con su Dios!

  • )37 ( Pehun Editores, 2001

    GUSTAVO ADOLFO BECQUER RIMAS Y LEYENDAS

    XCVI

    Para encontrar tu rostromiraba al cielo,que no es bien que tu imagense halle en el suelo;si de all vino,el buscarla en su origenno es desvaro.

    XCVII

    Esas quejas del pianoa intervalos desprendidas,sirenas adormecidasque evoca tu blanca mano,no esparcen al aire en vanoel melanclico son;pues de la oculta mansinen que mi pasin se esconde,a cada nota respondeun eco en mi corazn.

    XCVIII

    Nave que surca los mares,y que empuja el vendavaly que acaricia la espuma,de los hombres es la vidasu puerto, la eternidad.

  • )38 ( Pehun Editores, 2001

    GUSTAVO ADOLFO BECQUER RIMAS Y LEYENDAS

    LEYENDAS

  • )39 ( Pehun Editores, 2001

    GUSTAVO ADOLFO BECQUER RIMAS Y LEYENDAS

    EL MISERERE

    ACE ALGUNOS MESES QUE, visitando la clebre abadade Fitero y ocupndome en revolver algunos vol-menes en su abandonada biblioteca, descubr en uno

    de los rincones dos o tres cuadernos de msica bastante anti-guos cubiertos de polvo y hasta comenzados a roer por los rato-nes.

    Era un Miserere.Yo no s leer la msica, pero tengo tanta aficin que, an

    sin entenderla, suelo coger a veces la partitura de una pera yme paso las horas muertas hojeando sus pginas, mirando losgrupos de notas ms o menos apiadas, las rayas, los semicrcu-los, los tringulos y las especies de etcteras, que llaman llaves,y todo esto sin comprender una jota ni sacar maldito provecho.

    Consecuente con mi mana, repas los cuadernos, y lo pri-mero que me llam la atencin fue que, aunque en la ltimapgina haba esta palabra latina, tan vulgar en todas las obras,Finis, la verdad era que el Miserere no estaba terminado. Lamsica no alcanzaba sino hasta el dcimo versculo.

    Esto fue, sin duda, lo que primero me llam la atencin;

    HHHHH

  • )40 ( Pehun Editores, 2001

    GUSTAVO ADOLFO BECQUER RIMAS Y LEYENDAS

    pero luego que me fij en las hojas de msica, me choc ms anel observar que en vez de esas palabras italianas que ponen entodas partes, como maestoso, allegro, ritardando, o pi vivo, habaunos renglones escritos con letra muy menuda y en alemn, delos cuales algunos servan para advertir cosas tan difciles dehacer como esto: Crujen... crujen los huesos, y de sus mdulas ha deparecer que salen los alaridos, o esta otra: La cuerda alla sin discor-dar, el metal atruena sin ensordecer; por eso suena todo, y no se confundenada, y todo es la Humanidad que solloza y gime; o la ms original detodas, recomendaba al pie del ltimo versculo: Las notas son hue-sos cubiertos de carne, lumbre inextinguible, los cielos y su armona...Fuerza...! fuerza y dulzura.

    Sabis qu es esto? pregunt al viejecito que me acompa-aba, al acabar de medio traducir estos renglones, que parecanfrases escritas por un loco. El anciano me cont entonces la le-yenda que voy a referiros.

    I

    Hace ya muchos aos, en una noche lluviosa y oscura, lleg aesta abada un romero y pidi un poco de lumbre para secar susropas, un pedazo de pan con que satisfacer su hambre y un al-bergue cualquiera donde esparar la maana y proseguir con laluz del sol su camino.

    Su modesta colacin , su pobre lecho y su encendido hogarpuso el hermano a quien se hizo esta demanda a posicin delcaminante, al cual, despues que se hubo repuesto de su cansan-cio, interrog acerca del objetivo de su romera y del punto a quese encaminaba.

    Yo soy msico respondi el interpelado; he nacido muylejos de aqu, y, en mi patria goc un da de gran renombre. Enmi juventud hice de mi arte un arma poderosa de seduccin y

    encend pasiones que me arrastraron a un crimen. En mi vejezquiero convertir al bien las facultades que he empleado para elmal, redimindome por donde mismo pude condenarme.

    Las enigmticas palabras del desconocido no parecieron clarasal hermano lego, quien continu en sus preguntas, el romeroprosigui de este modo:

    Lloraba yo en el fondo de mi alma la culpa que haba co-metido; mas al intentar pedirle a Dios misericordia, no encon-traba palabras para expresar mi arrepentimiento, cuando un dase fijaron mis ojos por casualidad en un libro santo. Lo abr y enuna de sus pginas encontr un gigante grito de contricin ver-dadera, un salmo de David, el que comienza Miserere mei, Deus.Desde el instante en que le sus estrofas, mi nico pensamientofue hallar una forma msical tan magnfica, tan sublime, quebastase a contener el grandioso himno de dolor del Rey Profeta.An no la he encontrado, pero si logro expresar lo que siento enmi corazn, estoy seguro de hacer un Miserere tal, tan maravi-lloso, que no hayan odo otro semejante los nacidos; tan desga-rrador, que al escuchar el primer acorde los arcngeles, dirnconmigo, cubierto los ojos de lgrimas y dirigindose al Seor:Misericordia! y el Seor la tendr de su pobre criatura.

    El romero, al llegar a este punto de su narracin, call, porun instante; y despus, exhalando un suspiro, tom a coger elhilo de su discurso. El hermano lego, aunque dependientes de laabada y dos o tres pastores de la granja de los frailes, que for-maban un crculo alrededor del hogar, lo escuchaban en un pro-fundo silencio.

    Despus continu de recorrer toda Alemania, Italia, y lamayor parte de este pas, an no he odo un Miserere en quepueda inspirarme, ni uno, ni uno, y he odo tantos, que puedodecir que los he odo todos.

    Todos? dijo entonces interrumpindole uno de losrabadanes A que no habis odo an el Miserere de la Montaa!

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    GUSTAVO ADOLFO BECQUER RIMAS Y LEYENDAS

    El Miserere de la Montaa? exclam el msico con airede extraeza qu Miserere es se?

    No dije? murmur el campesino; y luego prosigui conuna entonacin misteriosa. Ese Miserere que slo oyen por ca-sualidad los que como yo andan da y noche tras el ganado porentre breas y peascos, y es toda una historia, una historia muyantigua pero tan verdadera como al parecer increble.

    Es el caso que en lo ms fragoso de esas cordilleras de mon-taas que limitan el valle, hubo ya hace muchos aos, muchossiglos, un monasterio famoso, que, a lo que parece, edific a susexpensas un seor con los bienes que haba de legar a su hijo, alcul deshered al morir, en pena de sus maldades.

    Hasta aqu todo fue bueno; pero es el caso de este hijo, que,por lo que se ver ms adelante, debi de ser de la piel del dia-blo, si no era el mismo diablo en persona, sabedor de que susbienes estaban en poder de los religiosos, y de que su castillo sehaba transformado en iglesia, reuni a unos cuantos bandole-ros, camaradas suyos, y una noche de Jueves Santo, en que losmonjes se hallaban en el coro, y en el punto y hora en que habancomenzado el Miserere, pusieron fuego al monasterio, saquea-ron la Iglesia, y a ste quiero, a aqul no, se dice que no dejaronfraile con vida.

    Despus de esta atrocidad se marcharon los bandidos, y su ins-tigador con ellos; a dnde, no se sabe; a las profundidades tal vez.

    Las llamas redujeron el monasterio a escombros, de la igle-sia an quedan en pie las ruinas. Sobre el pen donde nace lacascada, que, despus de estrellarse de pea en pea, forma elriachuelo que viene a los muros de esta abada.

    Pero interrumpi impaciente el msico y el Miserere?Aguardaos continu con gran sorna el rabadn, que todo

    ir por parte. Dicho lo cul, sigui as su historia:Las gentes de los contornos se escandalizaron del crimen:

    de padres a hijos y de hijos a nietos se refiri con horror en las

    largas noches de velada; pero lo que mantiene ms viva su me-moria es que todos los aos, tal noche como la en que se consu-m, se ven brillar luces a travs de las rotas ventanas de la igle-sia; se oye como una especie de msica extraa y unos cantoslgubres y aterradores que se perciben a intervalos en las rfagasdel aire. Son los monjes, los cuales, muertos tal vez sin hallarsepreparados para presentarse en el tribunal de Dios limpios detoda culpa, vienen an del purgatorio a impretar su misericordiacantando el Miserere.

    Los circunstantes se miraron unos a otros con muestra deincredulidad; slo el romero, que pareca vivamente preocupadocon la narracin de la historia, pregunt con ansiedad al que lahaba referido:

    Y decs que ese portento se repite an?Dentro de tres horas comenzar sin falta alguna, porque

    precisamente esta noche es la de Jueves Santo, y acaban de darlas ocho en el reloj de la abada.

    A qu distancia se encuentra el monasterio?A una legua y media...; pero qu hacis? A dnde vais?Estis dejado de la mano de Dios! exclamaron todos al

    ver que el romero, levantndose de su escao y tomando el bor-dn, se diriga hacia al puerta.

    Adnde voy? A or esa maravillosa msica, a or el gran-de, el verdadero Miserere de los que vuelven despus de los muer-tos, y saben lo que es morir en el pecado.

    Y esto diciendo, desapareci de la vista del espantado lego,y de los no menos atnitos pastores.

    El viento zumbaba y haca crujir las puertas, como si unamano poderosa pugnase por arrancarlas de sus quicios. La lluviacaa en turbiones, azotando los vidrios de las ventanas, y de cuan-do en cuando la luz de un relmpago iluminaba por un instantetodo el horizonte que desde ellas se descubra.

    Pasado el primer momento de estupor, exclam el lego:

  • )42 ( Pehun Editores, 2001

    GUSTAVO ADOLFO BECQUER RIMAS Y LEYENDAS

    Est loco!Est loco! repitieron los pastores; y atizaron de nuevo la

    lumbre y se agruparon alrededor del hogar.Despus de una o dos horas de camino, el misterioso perso-

    naje que calificaran de loco en la abada, remontando la corrien-te del riachuelo que le indic el rabadn de la historia, lleg alpunto en que se levantaban negras e imponentes las ruinas delmonasterio.

    II

    La lluvia haba cesado; las nubes flotaban en oscuras bandas,por entre cuyos jirones se deslizaba a veces un furtivo rayo deluz plida y dudosa; y el aire, al azotar los fuertes manchones yextenderse por los desiertos claustros, dirase que exhalaba ge-midos. Sin embargo nada sobrenatural, nada extrao vena a he-rir la imaginacin. Al que haba dormido ms de una noche sinotro amparo que las ruinas de una torre abandonada o de uncastillo solitario; al que haba arrostrado en su larga peregrina-cin cien y cien tormentas, todos aquellos ruidos le eran fami-liares.

    Las gotas que se filtraban por entre las grietas de los rotosarcos y caan sobre las losas con un rumor acompasado como eldel pndulo de un reloj; los gritos del bho, que graznaba refu-giado bajo el nimbo de piedra de una imagen, de pie an en elhueco de un muro; el ruido de los reptiles, que descubiertos desu letargo por la tempestad sacaban sus disformes cabezas delos agujeros donde duermen, o se arrastraban por entre losjaramagos y los zarzales que crecan al pie del altar, entre lasjunturas de las lpidas sepulcrales que formaban el pavimentode la iglesia, todos esos extraos y misteriosos murmullos delcampo, de la soledad y de la noche, llegaban perceptibles al odo

    del romero que, sentado sobre la mutilada estatua de una tum-ba, aguardaba ansioso la hora en que debiera realizarse el prodi-gio.

    Transcurri tiempo, y tiempo, y nada se percibi; aquellosmil confusos rumores seguan sonando y combinndose de milmaneras distintas, pero siempre los mismos.

    Si me habr engaado! pens el msico; pero en aquelinstante se oy un ruido nuevo, un ruido inexplicable en aquellugar, como el que produce un reloj algunos segundos antes desonar la hora: ruido de ruedas que giran, de cuerdas que se dila-tan, de maquinaria que se agita sordamente y se dispone a usarde su misteriosa vitalidad mecnica, y son una campanada...,dos..., tres..., hasta once.

    En el derruido templo no haba campana, ni reloj ni torre yasiquiera.

    An no haba expirado, debilitndose de eco en eco, la lti-ma campanada; todava se escuchaba su vibracin temblandoen el aire, cuando los doseles de granito que cobijaban las escul-turas, las gradas de mrmol en los altares, los sillares de las ovijas,los calados antepechos del coro, los festones de trboles de lascornisas, los negros machones de los muros, el pavimento, lasbvedas, la iglesia entera, comenz a iluminarse espontneamen-te, sin que se viese una antorcha, un cirio o una lmpara quederramase aquella inslita claridad.

    Pareca un esqueleto, de cuyos huesos amarillos se despren-de ese gas que brilla y humea en la oscuridad como una luzazulada, inquieta y medrosa.

    Todo pareci animarse, pero con ese movimiento galvnicoque imprime a la muerte contracciones que parodian la vida,movimiento instantneo, ms horrible an que la inercia del ca-dver que agita con su desconocida fuerza. Las piedras se re-unieron a las piedras; el ara, cuyos rotos fragmentos se veanantes esparcidos sin orden, se levant intacta y se levantaron las

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    GUSTAVO ADOLFO BECQUER RIMAS Y LEYENDAS

    derribadas capillas, los rotos capiteles y las destrozadas e in-mensas series de arcos que, cruzndose y enlazndose, forma-ron con sus columnas un laberinto de prfido.

    Luego, comenz a orse un acorde lejano que pudiera con-fundirse con el zumbido del aire, pero que era un conjunto devoces lejanas y graves, que pareca salir del seno de la tierra eirse elevando poco a poco hacindose cada vez ms perceptible.

    El peregrino comenzaba a tener miedo; pero con su miedoluchaba an su fanatismo por lo maravilloso, y, alentado por l,dej la tumba sobre la que reposaba, se inclin al borde del abis-mo por entre cuyas rocas saltaba el torrente, despendose conun trueno incesante y espantoso, y sus cabellos se erizaron dehorror.

    Mal envueltos en los jirones de sus hbitos, caladas las ca-puchas bajo los pliegues de las cuales constrastaban con sus des-carnadas mandbulas y los blancos dientes las oscuras cavidadesde los ojos de su calavera, vio los esqueletos de los monjes, quefueron arrojados desde el pretil de la iglesia a aquel precipicio,salir del fondo de las aguas y agarrndose con los largos dedosde sus manos de hueso a las grietas de las peas, trepar por ellashasta tocar el borde, diciendo en voz baja y sepulcral, pero conuna desgarradora expresin de dolor, el primer versculo del sal-mo de David:

    Miserere mei Deus, secundum magnam misericordiam tuam! (Api-date de m, Oh Dios, segn tu gran misericordia).

    Cuando los monjes llegaron al peristilo del templo, se orde-naron en dos hileras, y penetrando en l, fueron a arrodillarse enel coro, donde con voz ms levantada y solemne prosiguieronentonando los versculos del Salmo. La msica sonaba al com-ps de sus voces: aquella msica era el rumor distante del true-no, que, desvanecida la tempestad, se aleja murmurando; era elzumbido del aire que gema en la concavidad del monte; era elmontono ruido de la cascada que caa sobre las rocas, y la gota

    de agua que se filtraba, y el grito del bho escondido, y el roce delos reptiles inquietos. Todo esto era msica, y algo ms que nopuede explicarse ni apenas concebirse, algo ms que pareca comoel eco de un rgano que acompaaba los versculos del himnode contricin del rey, con notas y acordes tan gigantes como suspalabras terribles.

    Sigui la ceremonia; el msico que la presenciaba, absorto yaterrado, crea estar fuera del mundo real, vivir en esa reginfantstica del sueo en que todas las cosas se revisten de formasextraas y fenomenales.

    Un sacudimiento terrible vino a sacarle de aquel estupor queembargaba todas las facultades de su espritu. Sus nervios salta-ron al impulso de una emocin fortsima, sus dientes chocaron,agitndose con un temblor imposible de reprimir, y el fro pene-tr hasta la mdula de los huesos...

    Los monjes pronunciaban en aquel instante estas espanto-sas palabras del Miserere: In iniquitatibus conceptus sum; et in peccatisconceptit me mater mea (Fui concebido en la iniquidad y mi madreme concibi en pecado).

    Al resonar el versculo y dilatarse sus ecos retumbando debveda en bveda, se levant un alarido tremendo, que parecaun grito de dolor arrancado a la humanidad entera por la concien-cia de sus maldades, un grito horroroso, formado de todos loslamentos del infortunio, de todos los aullidos de la desesperacin,de todas las blasfemias de la impiedad, concierto monstruoso, delos que viven en el pecado y fueron concebidos en la iniquidad.

    Prosigui el canto, ora trisitsimo y profundo, ora semejantea un rayo de sol que rompe la nube oscura de una tempestad,haciendo suceder a un relmpago de terror otro de jbilo, hastaque, merced a una transformacin sbita, la iglesia resplandecibaada en luz celeste: las osamentas de los monjes se vistieronde sus carnes; una aureola luminosa brill en derredor de susfrentes; se rompi la cpula, y, a travs de ella, se vi el cielo

  • )44 ( Pehun Editores, 2001

    GUSTAVO ADOLFO BECQUER RIMAS Y LEYENDAS

    como un ocano de lumbre abierto a la mirada de los justos.Los serafines, los arcngeles, y los ngeles, y las jerarquas

    acompaaban con un himno de gloria este versculo, que subaentonces al trono del Seor como una tromba armnica, comouna gigantesca espiral de sonoro incienso:

    Auditui meo dabis gaudium et laetitiam, et exultabunt ossahumiliata (A mi odo dars alegra y dicha, y tendrn regocijo loshuesos humillados).

    En este punto, la claridad deslumbradora ceg los ojos delromero, sus sienes latieron con violencia, zumbaron sus odos ycay sin conocimiento por tierra, y nada ms oy.

    III

    Al da siguiente, los pacficos monjes de la abada de Fitero, aquienes el hermano lego haba dado cuenta de la extraa visitade la noche anterior, vieron entrar por sus puertas, plido y comofuera de s, al desconocido romero.

    Osteis, al cabo, el Miserere? le pregunt con cierta mez-cla de irona el lego, lanzando a hurtadillas una mirada de inteli-gencia a sus superiores.

    S respondi el msico.Y qu tal os ha parecido?Lo voy a escribir. Dadme un asilo en vuestra casa prosi-

    gui dirigindose al abad; un asilo y pan por algunos meses, yvoy a dejaros una obra inmortal del arte, un Miserere que borremis culpas a los ojos de Dios, eternice mi memoria y eternicecon ella la de esta abada.

    Los monjes, por curiosidad, aconsejaron al abad queaccediese a su demanda; el abad, por compasin, an creyndoleun loco, accedi al fin a ella, y el msico, instalado ya en el mo-nasterio comenz su obra.

    Noche y da trabajaba con un afn incesante.En mitad de su tarea se paraba, y pareca escuchar algo que

    sonaba en su imaginacin, y se dilataban sus pupilas saltaba enel asiento y exclamaba:

    Eso es as, as, no hay duda..., as! y prosegua escribien-do notas con una rapidez febril, que dio en ms de una ocasinque admirar a los que le observaban sin ser vistos.

    Escribi los primeros versculos y los siguientes, y hasta lamitad del salmo; pero al llegar al ltimo que haba odo en lamontaa le fue imposible proseguir.

    Escribi uno, dos, cien, doscientos borradores: todo intil.Su msica no se pareca a aquella msica ya anotada y el sueohuy de sus prpados, y perdi el apetito, y la fiebre se apoderde su cabeza y se volvi loco, y se muri, en fin, sin poder termi-nar el Miserere, que, como una cosa extraa, guardaron los frai-les a su muerte, y an se conserva hoy en el archivo de la abada.

    Cuando el viejecito concluy de contarme esta historia, nopude menos de volver otra vez los ojos al empolvado y antiguomanuscrito del Miserere que an estaba abierto sobre una de lasmesas.

    In peccatis conceptit me mater meaEstas eran las palabras de la pgina que tena ante mi vista,

    y que pareca mofarse de m con sus notas, sus llaves y sus gara-batos ininteligibles para los legos en la msica.

    Por haberlas podido leer, hubiera dado un mundo.Quin sabe si no sern una locura?

  • )45 ( Pehun Editores, 2001

    GUSTAVO ADOLFO BECQUER RIMAS Y LEYENDAS

    MAESE PREZ EL ORGANISTA

    N SEVILLA, EN EL MISMO ATRIO DE SANTA INS, y mientrasesperaba que comenzase la Misa del Gallo, o esta tra-dicin a una demandadera del convento.

    Como era natural, despus de orla, aguard impaciente quecomenzara la ceremonia, ansioso de asistir a un prodigio.

    Nada menos prodigioso, sin embargo, que el rgano de San-ta Ins, ni nada ms vulgar que los insulsos motetes que nosregal su organista aquella noche.

    Al salir de la misa, no pude por menos decirle a lademandadera con aire de burla:

    En qu consiste que el rgano de maese Prez suena aho-ra tan mal?

    Toma! me contest la vieja, en que ese no es el suyo.No es el suyo? Pues qu ha sido de l?Se cay a pedazos de puro viejo, hace una porcin de aos.Y el alma del organista?No ha vuelto a aparecer desde que colocaron el que ahora

    le sustituye.Si a alguno de mis lectores se le ocurriese hacerme la misma

    pregunta, despus de leer esta historia, ya sabe el por qu no seha continuado el milagroso portento hasta nuestros das.

    I

    Veis ese de la capa roja y al pluma blanca en el fieltro, queparece que trae sobre su justillo todo el oro de los galeones deIndias, aquel que baja en este momento de su litera para dar lamano a esa otra seora que, despus de dejar la suya, se adelantahaca aqu, precedida de cuatro palo con hachas? Pues ese es elmarqus de Moscoso, galn de la condesa viuda de Villapineda.Se dice que antes de poner sus ojos sobre esta dama, haba pedi-do en matrimonio a la hija de un opulento seor; mas el padre dela doncella, de quien se murmurara que es un poco avaro... Pero,calle!, en hablando del ruin de Roma ctele aqu que asoma.Veis aquel que viene por debajo del arco de San Felipe, a pie,embozado en una capa oscura, y precedido de un solo criadocon una linterna? Ahora llega frente al retablo.

    Reparasteis, al desembozarse para saludar a la imagen, laencomienda que brilla en su pecho?

    A no ser por ese noble distintivo, cualquiera le creera unlonjista de la calle de Culebras... Pues ese es el padre en cues-tin; mirad cmo la gente del pueblo le abre paso y le saluda.

    Toda Sevilla le conoce su colosal fortuna. El solo tiene msducados de oro en sus arcas que soldados mantiene nuestro se-or el rey don Felipe: y con sus galeones podra formar una es-cuadra suficiente a resistir a la del Gran Turco...

    Mirad, mirad ese grupo de seores graves: esos son los ca-balleros veinticuatro. Hola, hola! Tambin est aqu el flamen-co, a quien se dice que no han echado ya el guante los seores dela cruz verde, merced a su influjo con los magnates de Madrid...Este no viene a la iglesia ms que a or msica... No, pues simaese Prez no le arranca con su rgano lgrimas como puos,bien se puede asegurar que no tiene su alma en su armario, sinofrindose en las calderas de Pedro Botero... Ay, vecina! Malo...

    EEEEE

  • )46 ( Pehun Editores, 2001

    GUSTAVO ADOLFO BECQUER RIMAS Y LEYENDAS

    malo... presumo que vamos a tener jarana; yo me refugio en laiglesia; pues, por lo que veo, aqu van a andar ms de sobra loscintarazos que los Pternoster. Mirad, mirad, las gentes delduque de Alcal doblan la esquina de la plaza de San Pedro, ypor el callejn de las Dueas se me figura que he columbrado alas del Medinasidonia. No os lo dije?

    Ya se han visto, ya se detienen unos y otros, sin parar de suspuestos. Los grupos se disuelven... los ministriles, a quienes enestas ocasiones apalean amigos y enemigos, se retiran... hasta elseor asistente, con su vara y todo, se refugia en el atrio... yluego dicen que hay justicia.

    Para los pobres...Vamos, vamos, ya brillan los broqueles en la oscuridad...

    Nuestro Seor del Gran Poder nos asista! Ya comienzan losgolpes...; vecina!, vecina!, aqu... antes que cierren las puertas.Pero calle! Qu es eso? An no han comenzado cuando lo de-jan. Qu resplandor es aqul? Hachas encendidas! Literas! Esel seor obispo.

    La Virgen Santsima del Amparo, a quien invocaba ahoramismo con el pensamiento, lo trae en mi ayuda... Ay! Si nadiesabe lo que yo debo a esta Seora...! Con cunta usura me pagalas candelillas que le enciendo los sbados...! Vedlo, quehermosote est con sus hbitos morados y su birrete rojo... Diosle conserve en su silla tantos siglos como yo deseo de vida param. Si no fuera por l, media Sevilla hubiera ya ardido con estasdisensiones de los duques. Vedlos, vedlos, los hipocritones, cmose acercan ambos a la litera del prelado para besarle el anillo...Cmo le siguen y le acompaan, confundindose con sus fami-liares. Quin dira que estos dos que parecen tan amigos si den-tro de media hora se encuentran en una calle oscura..., es decir,ellos... ellos...! Lbreme Dios de creerlos cobardes; buena mues-tra han dado de s, peleando en algunas ocasiones contra losenemigos de Nuestro Seor... Pero es la verdad, qu si se busca-

    ran... y si se buscaran con ganas de encontrarse, se encontraran,poniendo fin de una vez a estas continuas reyertas, en las cualeslos que verdaderamente baten el cobre de firme son sus deudos,sus allegados y su servidumbre.

    Pero vamos, vecina, vamos a la iglesia, antes que se pongade bote en bote... que algunas noches como sta suele llenarsede modo que no cabe ni un grano de trigo... Buena ganga tie-nen las monjas con su organista... Cundo se ha visto el con-vento tan favorecido como ahora...? De las otras comunida-des, puedo decir que le han hecho a maese Prez proposicio-nes magnficas; verdad que nada tiene de extrao, pues hastael seor arzobispo le ha ofrecido montes de oro por llevarle ala catedral... Pero l, nada... Primero dejara la vida que aban-donar su rgano favorito... No conocis a maese Prez? Ver-dad es que sois nueva en el barrio... Pues es un santo varn;pobre, s, pero limosnero cual, no otro... Sin ms parientes quesu hija ni ms amigo que su rgano, pasa su vida entera envelar por la inocencia de la una y componer los registros delotro... Cuidado que el rgano es viejo...! Pues nada, l se da talmaa en arreglarlo y cuidarlo, que suena que es una maravi-lla... Como que le conoce de tal modo, que a tientas... porqueno s si os lo he dicho, pero el pobre seor es ciego de naci-miento... y con qu paciencia lleva su desgracia...! Cuando lepreguntaban que cuanto dara por ver, responde: Mucho, perono tanto como creis, porque tengo esperanzas.

    Esperanzas de ver?S, y muy pronto aade sonrindose como un angel; ya

    cuento setenta y seis aos; por muy larga que sea mi vida, pron-to ver a Dios...

    Pobrecito! Y s lo ver... porque es humilde como las pie-dras de la calle, que se dejan pisar de todo el mundo... Siempredice que no es ms que un pobre organista de convento, y puededar lecciones de solfa al mismo maestro de capilla de la Primada;

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    como que ech los dientes en el oficio... Su padre tena la mismaprofesin que l; yo no lo conoc, pero mi seora madre, quesanta gloria haya, dice que le llevaba siempre al rgano consigopara darle a los fuelles. Luego, el muchacho mostr tales dispo-siciones que, como era natural, a la muerte de su padre hered elcargo... Y que manos tiene! Dios las bendiga.

    Mereca que se las llevaran a la calle de Chicarreros y se lasengarzasen en oro... Siempre toca bien, siempre, pero en seme-jante noche como sta es un prodigio... El tiene una gran devo-cin por esta ceremonia de la Misa del Gallo y cuando levantanla Sagrada Forma al punto y hora de las doce, que es cuandovino al mundo Nuestro Seor Jesucristo... las voces de su rga-no son voces de ngeles...

    En fin, para que tengo de ponderarle lo que esta nocheoir? Baste ver como todo lo ms florido de Sevilla, hasta elmismo seor arzobispo, viene a un humilde convento para escu-charle; y no se crea que solo la gente sabida y a la que se lealcanza esto de la solfa conocen su mrito, sino que hasta elpopulacho. Todas esas bandadas que veis llegar con teas encen-didas entonando villancicos con gritos desaforados al compsde los panderos, las osnajas y las zambombas, contra su costum-bre, que es la de alborotar las iglesias, callan como muertos cuan-do pone maese Prez las manos en el rgano... y cuando alzan...cuando alzan... no se siente una mosca... de todos los ojos caenlagrimones tamaos, y al concluir se oye como un suspiro in-menso que no es otra cosa que la respiracin de los circunstan-tes, contenida mientras dura la msica... Pero vamos, vamos yahan dejado de tocar las campanas, y va a comenzar la Misa; va-mos adentro. Para todo el mundo es esta noche Nochebuena,pero para nadie mejor que para nosotros.

    Esto diciendo, la buena mujer que haba servido de ciceronea su vecina, atraves el atrio del convento de Santa Ins, y coda-zo en ste, empujn en aqul, se intern en el templo, perdin-dose entre la muchedumbre que se agolpaba en la puerta.

    II

    La iglesia estaba iluminada con una profusin asombrosa. Eltorrente de luz que se desprenda de los altares para llenar susmbitos, chispeaba en los ricos joyeles de las damas que, arrodi-llndose sobre los cojines de terciopelo que tendan los pajes ytomando el libro de oraciones de manos de las dueas, vinierona formar un brillante crculo alrededor de la verja del presbitero.Junto a aquella verja, de pie, envueltos en sus capas de colorgaloneadas de oro, dejando entrever con estudiado descuido lasencomiendas rojas y verdes, en la una mano el fieltro, cuyas plu-mas besaban los tapices, la otra sobre los bruidos gavilanes delestoque o acariciando el pomo del cincelado pual los caballe-ros veinticuatro con gran parte de lo mejor de la nobleza sevilla-na, parecan formar un muro, destinado a defender a sus hijas ya sus esposas del contacto de la plebe. Esta, que se agitaba en elfondo de las naves, con un rumor parecido al del mar cuando sealborota, prorrumpi en una aclamacin de jbilo, acompaadadel discordante sonido de las sonajas y los panderos, al miraraparecer al arzobispo, el cual, despus de sentarse junto al altarmayor bajo un solio de grana que rodearon sus familiares, echpor tres veces la bendicin al pueblo.

    Transcurrieron, sin embargo, algunos minutos sin que el cele-brante apareciese. La multitud comenzaba a rebullirse, demos-trando su impaciencia; los caballeros cambiaban entre s algunaspalabras a media voz, y el arzobispo mand a la sacrista a uno desus familiares a inquirir, el por qu no comenzaba la ceremonia.

    Maese Prez se ha puesto malo, muy malo, y ser imposi-ble que asista esta noche a la Misa de Medianoche.

    Esta fue la respuesta del familiar.La noticia cundi instantneamente entre la muchedumbre.

    Pintar el efecto desagradable que caus en todo el mundo seracosa imposible: basta decir que comenz a notarse tal bullicio

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    en el templo que el asistente se puso de pie y los alguaciles en-traron a imponer silencio, confundindose entre las apiadas olasde la multitud.

    En aquel momento, un hombre mal trazado, seco, huesudoy bisojo por aadidura, se adelant hasta el sitio que ocupaba elprelado,

    Maese Prez est enfermo dijo; la ceremonia no puedeempezar. Si queris, yo tocar el rgano en su ausencia; que nimaese Prez es el primer organista del mundo, ni a su muertedejar de usarse este instrumento por falta de inteligente.

    El arzobispo hizo una sea de asentimiento con la cabeza, yya algunos de los fieles que conocan aquel personaje extraopor un organista envidioso, enemigo del de Santa Ins, comen-zaban a prorrumpir en exclamaciones de disgusto, cuando deimproviso se oy en el atrio un ruido espantoso.

    Maese Prez est aqu...! Maese Prez est aqu!A estas voces de los que estaban apiados en la puerta, todo

    el mundo volvi la cara.Maese Prez, plido y desencajado, entraba en efecto en la

    iglesia, conducido en un silln, que todos se disputaban el honorde llevar en sus hombros.

    Los preceptos de los doctores, las lgrimas de su hija, nadahaba sido bastante a detenerle en el lecho.

    No haba dicho: esta es la ltima, lo conozco, lo conozco,y no quiero morir sin visitar mi rgano, y esta noche sobre todo, laNochebuena. Vamos, lo quiero, lo mando, vamos a la iglesia.

    Sus deseos se haban cumplido; los concurrentes le subieronen brazos a la tribuna y comenz la Misa.

    En aquel punto sonaban las doce en el reloj de la catedral.Pas el Itroito y el Evangelio y el Ofertorio y lleg el instan-

    te solemne en que el sacerdote, despus de haberla consagrado,toma con la extremidad de sus dedos la Sagrada Forma y co-mienza a elevarla.

    Una nube de incienso que se desenvolva en ondas azuladasllen el mbito de la iglesia; las campanillas repicaron con unsonido vibrante, y maese Prez puso sus crispadas manos sobrelas teclas del rgano.

    Las cien voces de sus tubos de metal resonaron en un acor-de majestuoso y prolongado, que se perdi poco a poco, como siuna rfaga de aire hubiese arrebatadon sus ltimos ecos.

    A este primer acorde, que pareca una voz que se elevabadesde la tierra al cielo, respondi otro lejano y suave que fuecreciendo, creciendo, hasta convertirse en un torrente deatronadora armona.

    Era la voz de los ngeles que, atravesando los espacios, lle-gaba al mundo... Despus comenzaron a orse como unos him-nos distantes que entonaban las jerarquas de serafines; mil him-nos a la vez, que al confundirse formaban uno solo, que no obs-tante, era no ms el acompaamiento de una extraa meloda,que pareca flotar sobre aquel ocano de misteriosos ecos, comoun jirn de niebla sobre las olas del mar.

    Luego fueron perdindose unos cantos, despus otros; lacombinacin se simplificaba. Ya no eran ms que dos voces,cuyos ecos se confundan entre s; luego qued una aislada, sos-teniendo una nota brillante como un hilo de luz... El sacerdoteinclin la frente, y por encima de su cabeza cana y como a travsde una gasa azul que finga el humo del incienso, apareci laHostia a los ojos de los fieles. En aquel instante la nota quemaese Prez sostena trinando se abri, se abri, y una explosinde armona gigante estremeci la iglesia, en cuyos ngulos zum-baba el aire comprimido, y cuyos vidrios de colores se estreme-can en sus angostos ajimeces.

    De cada una de las notas que formaban aquel magnficoacorde se desarroll un tema; y unos cerca, otros lejos, estosbrillantes, aquellos sordos, dirase que las aguas y los pjaros; lasbrisas y las frondas, los hombres y los ngeles, la tierra y los

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    cielos,