Revista Equitierra Nº12

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Políticas para el desarrollo territorial: ¿Cómo seguir avanzando? Políticas para el desarrollo territorial: ¿Cómo seguir avanzando? Las dimensiones claves para comprender las dinámicas territoriales Las dimensiones claves para comprender las dinámicas territoriales
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Les invitamos a leer un nuevo número de revista Equitierra (Nº 12, agosto 2012), que en esta oportunidad es dedicado principalmente a los resultados del programa Dinámicas Territoriales Rurales de Rimisp y al debate que motivó en el Encuentro 2012 Territorios en Movimiento.

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  • Polticas para el desarrollo territorial: Cmo seguir avanzando?

    Polticas para el desarrollo territorial: Cmo seguir avanzando?

    Las dimensiones claves para comprender las dinmicas territoriales

    Las dimensiones claves para comprender las dinmicas territoriales

  • No. 1ccontenidoontenido

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    TEMAPAG.

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    2840

    Tras el trmino del programa Dinmicas Territoriales Rurales, su coordinador Julio Berdegu analiza los principales aportes al conocimiento e impactos en poltica pblica logrados por esta iniciativa.

    Sus capacidades de gestin en diversos mbitos, pero tambin la disposicin de espacios de participacin social, explicaran el xito de territorios modelo en Ecuador.

    Investigaciones dan cuenta de una nueva mirada sobre los sistemas donde, ms all de enfoques reivindicativos y sectoriales, las mujeres son vistas como vector de desarrollo de las sociedades rurales.

    Los temas vinculados a las identidades culturales no solo han conquistado un espacio en los debates sobre el desarrollo, sino tambin se han renovado, constata en su columna Claudia Ranaboldo.

    4

    3 Editorial

    4 Entrevista a Julio Berdegu, coordinador del programa DTR: Es indispensable contar con estrategias de desarrollo territorial y con polticas pblicas que las instrumenten. Por Sofa Trey

    9 Claves para comprender la dinmicas territoriales rurales

    22 Participacin social y consensos: condicin para un desarrollo exitoso en Ecuador. Por Paulina Escobar

    28 Mujeres rurales: potencial de innovacin en el territorio. Por Ana Victoria Ochagava

    34 Polticas para el desarrollo territorial: cmo seguir avanzando? Por Diana Proao

    40 Diversidades bioculturales: un debate que se actualiza. Por Claudia Ranaboldo

    42 Publicaciones

    45 Crditos

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  • eeditorialditorial

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    No. 1

    Los contenidos de esta edicin se dedican principalmente a los resultados del programa Dinmicas Territoriales Rurales y los debates que motivaron estos temas en el Encuentro 2012 Territorios en Movimiento, evento con el que este programa concluye tras cinco aos de trabajo.

    El primer mensaje que se desprende de los estudios releva la necesidad de incorporar un enfoque territorial para mejorar la efectividad de las polticas pblicas orientadas al mundo rural. Constatamos que las estructuras, las instituciones y las formas de accin colectiva se diferencian territorialmente. Por tanto, las entradas sectoriales que no toman en cuenta las particularidades de los territorios, involuntaria pero inescapablemente llegarn a resultados muy dismiles cuando aterricen en territorios con diferentes capacidades, instituciones y estructuras previas.

    La poltica territorial no reemplaza ni es mejor que las polticas sectoriales o que las polticas macro, pero sin una estrategia de desarrollo territorial hay al menos dos objetivos en los que dichas polticas no pueden avanzar: el desarrollo de la capacidad de cada territorio para expresar todo su potencial, y la reduccin de las brechas territoriales en aquellas dimensiones del bienestar que una sociedad nacional valore como importantes. Ambos objetivos convergen en la idea de la cohesin territorial.

    La cohesin territorial debe ser asumida como una dimensin poltica normativa importante del desarrollo. No da lo mismo que la economa de un pas crezca vigorosamente si dicho resultado es el promedio de unos pocos territorios que crecen fuertemente y de una mayora que permanece estancada. No es igual que la pobreza nacional se reduzca si ese resultado es producto de unos pocos lugares donde las personas tienen cada vez ms y mejores empleos, y de otros muchos donde la mayora de las personas cada da dependen ms de los subsidios sociales para no ser contados como pobres. No es posible hablar de un pas que progresa cuando esa imagen esconde una sociedad espacialmente ms polarizada, cada vez ms escindida en dos o ms realidades cada vez ms distantes entre s.

    Si no se gana cohesin territorial, quienes primero pagan las consecuencias son los propios habitantes, los grupos sociales, las organizaciones pblicas y privadas y las empresas de los territorios afectados, pero tambin pierde el conjunto del pas, y no solo en un sentido tico de justicia, sino tambin en dimensiones ms especfi cas como el crecimiento econmico agregado, la sustentabilidad de dicho crecimiento, o la paz social.

    Cohesin territorial: objetivo fundamental del desarrollo

    Comit Editorial

  • eentrevistantrevista

    4

    No. 1

    Es indispensable contar con estrategias de desarrollo territorial y con polticas

    pblicas que las instrumenten

    Julio Berdegu, coordinador del programa DTR:

    Cuando se inici cinco aos atrs, el programa Dinmicas Territoriales Rurales (DTR) se plante tres preguntas centrales, relativas a si existen en Amrica Latina territorios rurales que estn creciendo econmicamente con inclusin social y con sustentabilidad ambiental; qu factores determinan las dinmicas territoriales exitosas; y qu se puede hacer desde la poltica y la accin pblica para estimular y promover este tipo de dinmicas. Con el apoyo del Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo (IDRC, Canad) y aportes del Fondo Internacional de Desarrollo Agrario (FIDA) y de la Agencia Neozelandesa de Cooperacin al Desarrollo (NZAP), ms de 50 socios y un amplio nmero de colaboradores dieron respuesta a estas interrogantes, culminando con cerca de 120 documentos de trabajo, 10 libros y un revelador documento de sntesis de los hallazgos. Julio Berdegu, coordinador del programa, se refi ere a los principales aportes y sus proyecciones.

    Por Sofa Trey,Periodista

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  • 5eentrevistantrevista No. 1

    -El documento de sntesis del programa DTR comienza con la cita no hay globalidad que valga si no hay localidad que sirva, del recientemente falle-cido escritor mexicano Carlos Fuentes. Cmo representa esta frase la investiga-cin realizada?-Esta cita ya estaba en la propuesta inicial del programa en los aos 2006-2007. Nuestra interpetacin es que Amrica Latina est inmersa en la globalizacin, pero tiene que construir la capacidad de ser parte de la globalizacin de una manera que le resulte ventajosa. Esto implica, entre otras cosas, afi rmar las identidades de las personas, hogares, comunidades, empresas, organi-zaciones y actores sociales, en contraposi-cin con otras visiones de la globalizacin donde todos nos uniformamos y somos simplemente demandantes y oferentes en el mercado. La frase de Carlos Fuentes nos dice que la localidad es el elemento clave para vivir en un mundo globalizado con algn control sobre tu propio destino; la globalizacin sin localidades fuertes es un proceso que a todos nos empobrece, incluso a los que ganan en trminos puramente econmicos. Esto tiene que ver con un desarrollo donde los grandes promedios de pas como los de crecimiento o de reduccin de la pobreza no sean lo

    nico importante, sino cmo esos promedios se distribuyen en las distintas comunidades.

    -Con la mirada retrospectiva desde las preguntas iniciales hasta las respuestas fi nales, dnde est el mayor valor de los aportes del programa?-Antes de este programa, exista entre los investigadores que trabajan estos temas en Amrica Latina la impresin de que haba grandes desigualdades territoriales y regionales. Esa es una realidad que perci-bimos con solo recorrer y mirar. Pero faltaba precisar cmo son y dnde estn esas desigualdades. Hoy tenemos una idea mucho ms exacta al respecto. Una segunda contribucin es que contamos

    ahora con informacin con fundamento emprico y analtico sobre los factores que determinan por qu algunos territorios de la regin han sido capaces de crecer con inclusin social y con algn nivel de sustentabilidad. Hemos construido lo que llamamos una teora operacional que, a nuestro juicio, permite explicar sistemti-camente las dinmicas territoriales rurales, contribuyendo as a informar a la accin pblica sobre dnde se requiere actuar, qu conviene priorizar, cules son las restric-ciones y cules son las potencialidades.

    -La red de socios del programa ha sido, segn las evaluaciones del programa, un resultado muy destacado tambin-Efectivamente, aunque este no era un obje-tivo del programa, ha sido un producto tan importante como los otros. Se form a escala continental un colectivo de trabajo sobre desarrollo territorial. Est integrado por ms de 50 organizaciones de distintos tipos organizaciones sociales de base, ONGs, universidades, agencias de gobierno, personas de organismos internacionales, etc. todos trabajando y pensando juntos, sea en mapeo de dinmicas territoriales, investigaciones en territorios, iniciativas de desarrollo de capacidades, esfuerzos de

    Julio Berdegu, coordinador del programa DTR Por Sofa Trey

    A lo largo del programa, hemos visto que los terri-torios exitosos son aque-llos donde sus actores gradualmente adquieren la capacidad de actuar sobre pequeas grietas de oportunidad para ampliarlas en una direccin que para ellos hace sentido.

  • 6eentrevistantrevista No. 1

    Sobre Julio Berdegu

    Julio Berdegu es Ph. D. en Ciencias Sociales, Universidad de Wageningen, Holanda, Maestro en Ciencias (Agronoma) por la Universidad de California, Davis, Estados Unidos e Ingeniero Agrnomo de la Universidad de Arizona, Estados Unidos. Fue el Coordinador del programa Dinmicas Territoriales Rurales de Rimisp. Ha participado en proyectos relacionados con los temas de acceso de pequeos productores rurales a mercados dinmicos, tendencias estructurales en los mercados de alimentos, organi-zaciones econmicas rurales y empleo rural no agrcola. Form parte del equipo que prepar el Informe de Desarrollo Mundial 2008 del Banco Mundial sobre Agricultura para el Desarrollo y ha sido consultor de organismos internacio-nales como Banco Mundial, Fondo Inter-nacional de Desarrollo Agrcola, Banco Interamericano de Desarrollo, FAO; de centros de investigacin y educacin superior en Estados Unidos y Europa; de gobiernos latinoamericanos y de organi-zaciones econmicas campesinas.

    incidencia en polticas pblicas, estudios de los sistemas de gnero en los territorios, o fortalecimiento de programas de maes-tra para formar a nuevas generaciones. Entre todos construimos capital social, intelectual y poltico, a partir del cual ya han surgido varias nuevas iniciativas que trascienden el programa.

    -Qu recomendaciones de polticas surgen del trabajo realizado? -Hay numerosas recomendaciones bastante detalladas sobre aspectos particulares, pero el mensaje general es que para mejorar la efectividad de la accin pblica orientada al mundo rural, es indispensable contar con estrategias de desarrollo territorial y con polticas pblicas que las instrumenten. El programa demostr con bastante evidencia que si seguimos teniendo desigualdades terri-toriales, no solo los territorios rezagados, sino tambin los pases en su conjunto, perdern muchas oportunidades que se traducen en crecimiento desaprovechado, impactos ambientales, persistencia de hogares en la pobreza, desigualdad y confl icto social. Por esto, creemos que un primer objetivo central de la accin pblica tiene que ver con que todos los territorios del pas puedan expresar al mximo posible su potencial de desarrollo.

    Hoy la mayora de los territorios no logran hacerlo, no consiguen correr a la velocidad que son capaces, porque hay fuerzas que los entrampan. Un segundo objetivo debe ser la reduccin de las brechas territoriales en aquellas dimensiones que la sociedad valore como importantes: educacin de calidad, equidad de gnero, acceso a empleos de calidad, en fi n, lo que hoy es indispensable para que cualquiera persona viva en forma plenamente humana. Y ambos objetivos convergen en la idea central de la cohesin territorial, que implica dejar de pensar en los grandes promedios y ver cmo se distri-buyen estos asuntos entre todos los rincones que dan forma a un pas.

    -Qu proponen para instrumentar estos objetivos?-Se necesitan distintos tipos de polticas. Primero, las que ayuden al cambio insti-tucional en los territorios en cinco domi-nios que hemos identifi cado como crticos: estructuras agrarias y gobernanza de los recursos naturales, vnculos de los territorios con mercados dinmicos, estructura produc-tiva, inversin pblica, ciudades intermedias. Segundo, polticas que generen oportuni-dades y creen incentivos para el surgimiento de coaliciones sociales transformadoras en

    Julio Berdegu, coordinador del programa DTR Por Sofa Trey

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    los territorios, que conduzcan el cambio. A lo largo del programa, hemos visto que los territorios exitosos son aquellos donde sus actores gradualmente adquieren la capa-cidad de actuar sobre pequeas grietas de oportunidad para ampliarlas en una direccin que para ellos hace sentido. Estas coaliciones son escasas, es difcil que surjan. La poltica pblica no las crea, pero s puede generar condiciones para que ellas se desarrollen o se fortalezcan o, por el contrario, la pol-tica pblica puede frustrarlas o impedir que existan. Las estrategias de desarrollo territo-rial deben tener como caracterstica central el dar espacio, tiempo y oportunidad e incen-tivos a los actores para que ellos hagan su tarea. Y tercero, se necesitan polticas secto-riales de inversin geogrfi camente focali-zada, para cerrar brechas territoriales como las que existen en educacin, salud, infraes-tructura, productividad, deterioro ambiental, capacidad de los gobiernos locales, o equidad de gnero, entre otros mbitos.

    -Ms all de las propuestas, un obje-tivo del programa fue que sus hallazgos incidan efectivamente en las polticas pblicas. Cmo evala este aspecto?-Nosotros tenemos claro que no somos responsables directos de la transformacin

    de las sociedades rurales de Amrica Latina. Sin embargo, si no logramos demostrar en algunos casos signifi cativos que los cono-cimientos, redes y relaciones generados por el programa son usados para nutrir nuevas estrategias y para mejorar polticas, debemos cuestionarnos seriamente sobre la calidad de lo que estamos proponiendo. Tenemos una lista importante de cambios concretos a los que los socios del programa han contribuido, desde procesos en territo-rios en varios pases, polticas y estrategias de gobiernos provinciales, programas de inversin en desarrollo rural y territorial, y polticas y estrategias nacionales. Hemos tenido alguna infl uencia importante en ms de 20 procesos concretos, los que involucran cientos de miles de ciudadanos y ciudadanas de Amrica Latina rural. Muchos de estos procesos continan su desarrollo.

    -Qu casos concretos hay de esto?-Por ejemplo, la Ministra de Desarrollo e Inclusin Social de Per, Carolina Trivelli, quien hasta que asumi su cargo fue una distinguida socia del programa, present recientemente el programa Piloto de Arti-culacin Territorial en 20 Provincias, P20, alimentado en parte por ideas a las que ella misma contribuy a generar en el marco del

    DTR. Otros ejemplos provienen de la accin de los Grupos de Dilogo Rural creados en el marco del programa. En Colombia el grupo ha hecho contribuciones signifi ca-tivas al proyecto de Ley General de Tierras y Desarrollo Rural, incidiendo en la adopcin de un enfoque territorial y una mirada ms integral de la ruralidad. En Mxico el grupo dio origen a un pronunciamiento sobre polticas pblicas para acelerar el combate a la pobreza rural que se divulg y discuti durante el proceso electoral que ha termi-nado hace pocas semanas. Y en El Salvador el grupo encabezado por nuestros socios de Prisma est apoyando a los actores locales en la formulacin de una estrategia de desarrollo de las zonas costeras, que deber ser presen-tada en los prximos meses para acceder a un importante fondo de inversin por cientos de millones de dlares. En Ecuador se ha hecho un aporte importante a la estra-tegia de competitividad de la provincia de Tungurahua y tambin a la estrategia nacional llamada del Buen Vivir Rural. Hemos colabo-rado tambin con nuestros socios del Fondo Internacional de Desarrollo Agrcola (FIDA) para hacer posible proyectos de inversin en algunos pases, que van a benefi ciar a decenas de territorios rurales pobres. Es decir, ya hay muchas ideas plasmadas en actores de

    Julio Berdegu, coordinador del programa DTR Por Sofa Trey

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    gobiernos y en inversiones. Por ello creo que, razonablemente, podemos decir que en este plano el programa ha sido exitoso y que hemos mostrado que las evidencias e ideas generadas por la investigacin son tiles para quienes toman decisiones sobre polticas y programas pblicos. Hay adems una evaluacin externa independiente que ratifi ca esa visin.

    -Cmo se proyecta hacia adelante la red y el trabajo realizado, ahora que concluye el programa DTR?-Hace apenas un par de das nuestros socios de IDRC nos han confi rmado que conti-nuarn apoyando un nuevo programa que dar continuidad a este trabajo, claro que con cambios importantes porque se trata de avanzar hacia temas y desafos nuevos. Estamos adems conversando con distintas agencias amigas para que tambin participen desde sus propios intereses y objetivos. El nuevo programa seguir siendo de carcter regional, con muchos pases involucrados y, por supuesto, ser un trabajo en red con socios de toda la regin, que es como siempre trabaja Rimisp. Este programa continuara teniendo como eje fundamental el problema de la desigualdad territorial o, puesto en positivo, cmo en Amrica Latina logramos

    mayores niveles de cohesin territorial.

    -Cules seran las novedades en este programa?-En primer lugar, queremos proponer un cambio desde el concepto de desarrollo rural territorial para empezar a hablar de espa-cios no metropolitanos. Es decir, no solo pensar en lo que comnmente se entiende como rural, sino incorporar las pequeas y medianas ciudades que hoy son parte funda-mental de la ruralidad de Amrica Latina. Segundo, a diferencia del DTR que se meti al interior de los territorios para entender lo que pasaba en las sociedades rurales, el nuevo programa que estamos pensando toma una perspectiva nacional. Una pregunta funda-mental que queremos responder es cul es el costo pas de la desigualdad territorial. No slo qu pierden y qu falta de oportuni-dades tienen los habitantes de los territorios pobres y marginados, sino entenderlo como un problema de todos. Eso nos obliga a mirar desde el pas. Y, tercero, tiene un fuerte foco en las polticas pblicas. Si bien es claro que sin polticas pblicas no habr solu-cin a las desigualdades, tambin tenemos evidencia de que a veces estas polticas refl ejan el status quo, de modo que terminan

    agravando o reproduciendo los problemas de desigualdad territorial. Cuando a ciertos territorios les llega educacin de mala calidad y a otros de buena calidad, cuando en unos se invierte ms en infraestructura que en otros, cuando en unos se hacen polticas de fomento productivo y a otros se les condena a la caridad social, asistimos a medidas que profundizan la desigualdad territorial.

    -Qu quisieran analizar al respecto?-Queremos examinar el papel de las polticas pblicas supuestamente neutras espacial-mente, como factores que a veces causan o reproducen la desigualdad territorial. Y tambin queremos mirar con el mismo prisma las estrategias de las grandes inversiones privadas. Hay mucha discusin sobre los efectos, positivos y adversos, de las grandes inversiones privadas en muchas dimensiones, por ejemplo en el empleo, en las pequeas empresas locales, o en el medio ambiente. Nosotros queremos ver cmo todo esto impacta sobre la cohesin territorial y qu cambios se podran pensar desde las grandes corporaciones, y desde las polticas pblicas, para que las acciones del sector privado no agraven los problemas de desigualdad terri-torial, sino que contribuyan a superarlos.

    Julio Berdegu, coordinador del programa DTR Por Sofa Trey

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    Claves para comprender las dinmicas territoriales rurales

    Los estudios del programa DTR demostraron que hay evidencias de que los territorios pueden alterar el curso de su desarrollo, tanto a partir de fuerzas exgenas como de su potencial de cambio endgeno.

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    Cmo se explica que algunos territorios hayan hecho la transicin a formas de desarrollo caracterizadas por sinergias entre el crecimiento y la reduccin de la desigualdad y de la pobreza, en un marco de sostenibilidad ambiental, mientras que la gran mayora no lo ha logrado? El programa Dinmicas Territoriales Rurales (DTR) de Rimisp explor la evidencia generada por veinte estudios territoriales en 11 pases, identifi cando cinco factores crticos para entender estas diferencias: las estructuras agrarias y la gobernanza de los recursos naturales, las caractersticas de la estructura productiva de los territorios; los vnculos con mercados dinmicos; la presencia de ciudades intermedias, la accin de las inversiones pblicas. El elemento decisivo para que los cambios sean en la direccin de crecimiento econmico con inclusin social y sustentabilidad ambiental, lo aportan las coaliciones sociales que actan en el territorio.

    Artculo elaborado por Equitierra principalmente en base al documento Territorios en Movimiento. Dinmicas Territoriales Rurales (Rimisp, 2012).

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    Alrededor de un 13% de los territorios de 11 pases de Amrica Latina mostraron entre mediados de la dcada de 1990 y mediados de la del 2000 dinmicas de desarro-llo que resultaron, simultneamente, en crecimiento econmico, reduccin de la pobreza y mejor distribucin del ingreso. Algunos de esos territorios adems lo lograron en forma ambientalmente sustentable. Sin embargo, ms de la mitad de la poblacin vive en territorios que no han registrado cambios positivos en ninguna de estas dimensiones (ver recuadro 1). As lo constat el programa Dinmicas Territoriales Rurales (DTR) que lider Rimisp, inves-tigacin que involucr a ms de 50 organizaciones de 11 pases.

    Buscando una explicacin de por qu unos territorios logran di-nmicas positivas y otros no, la investigacin, hoy sintetizada en el documento Territorios en Movimiento. Dinmicas Territo-riales Rurales, da cuenta de la existencia de trampas de pobreza y de trampas de desigualdad ampliamente extendidas en los terri-torios rurales. Dichas trampas estn asociadas a estructuras socia-les fuertemente arraigadas en la historia de los territorios, como, por ejemplo, la desigual tenencia de la tierra, los dbiles vnculos de muchos territorios con mercados dinmicos; las estructuras productivas de enclave donde unas pocas empresas, muchas veces de origen extraterritorial, generan poco empleo y/o mal empleo, con pocos encadenamientos locales, y extraen del territorio una enorme proporcin de los excedentes; o sistemas de gnero que condenan a las mujeres a una situacin de subordinacin en todos los planos de la vida econmica, social y poltica.

    Estas estructuras, las instituciones que las norman y los agentes que las sostienen, son muy poderosos y difciles de cambiar. No

    obstante, los estudios de caso del programa DTR demostraron que hay evidencias de que los territorios pueden alterar el curso de su desarrollo. Una fuente de cambio son las fuerzas y shocks extraterritoriales. Por ejemplo, cuando poderosos actores eco-nmicos extraterritoriales invierten en el territorio para explotar ciertos recursos naturales.

    Pero tambin hay potencial de cambio endgeno. En cada te-rritorio coexisten diferentes estructuras e instituciones (reglas formales e informales) que regulan el comportamiento de los actores. Entre esas estructuras e instituciones hay fricciones, tensiones y hasta contradicciones. Por ejemplo, las normas de gnero pueden privilegiar el papel de la mujer en la reproduc-cin del hogar y en el trabajo domstico, pero la estructura pro-ductiva puede demandar en el mismo momento una incorpora-cin de la mujer al mundo laboral. Esas tensiones, as como las interacciones entre fenmenos exgenos y endgenos, abren un potencial de cambio sobre el cual actan los distintos acto-res sociales, incluyendo los organismos del Estado.

    La accin colectiva de los actores sociales puede ser de diferen-tes tipos, incluyendo grupos de presin, movimientos sociales, y coaliciones sociales. Si se trata de un conjunto de actores muy parecidos entre s, es muy probable que su programa tienda a favorecer un conjunto estrecho de objetivos de desarrollo: ser un grupo pro-crecimiento, o pro-distribucin o inclusin social, o pro-ambiente, y tendr menos inters y menos espacio para buscar equilibrar las tres dimensiones del desarrollo territorial. En cambio, si la accin colectiva involucra a actores ms diversos y cada uno aporta algn grado de poder, habr ms potencial de

    Claves para comprender las dinmicas territoriales rurales Rimisp

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    que los objetivos comunes de la accin colectiva refl ejen algn tipo de equilibrio entre distintos objetivos de desarrollo.

    Los socios del programa DTR analizaron en 20 territorios las ma-neras en que las estructuras, las instituciones y las formas de agen-cia interactan para provocar estas dinmicas territoriales ms fa-vorables, identifi cando la relevancia que adquieren cinco dominios

    crticos que se analizan a continuacin: las estructuras agrarias y la gobernanza de los recursos naturales, las caractersticas de la estructura productiva de los territorios; los vnculos del territorio con mercados dinmicos; la presencia de ciudades intermedias; y la relacin del territorio con las inversiones pblicas. En los estudios de caso tambin se analiz la accin colectiva de los actores locales, incluyendo, cuando existan, bajo la forma de coaliciones sociales.

    Claves para comprender las dinmicas territoriales rurales Rimisp

    Recuadro 1

    En su primera etapa, el programa DTR indag sobre los cambios en el ingreso o el consumo per cpita, la incidencia de pobreza, y la distribu-cin del ingreso o del consumo per cpita, en el perodo entre los dos ltimos censos de poblacin. La tabla sintetiza los resultados a partir de los datos en nueve pases, de acuerdo al anlisis hecho para cada uno de los 9 mil municipios de este conjunto de pases, usando microdatos de ms de 385 millones de personas.

    Resumen de los efectos de la distribu-cin territorial en base a las diferen-cias de resultados en nueve pases*

    Crecimiento, reduccin de la pobreza y disminucin de la desigualdad a nivel municipal

    Tipo

    12345678

    Total

    Nmero

    1.1482.134

    35500960504

    1.1342.6499.064

    %

    12.7%23.5%0.4%5.5%

    10.6%5.6%

    12.5%29.2%

    100.0%Fuente: Modrego y Berdegu (2012) con datos de estudios nacionales ah referenciados. * Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Mxico, Nicaragua, Per.** Provincias en Per y Colombia, y parroquias (una subdivisin de las municipalidades) en Ecuador; en otros pases, municipalidades y sus equivalentes.

    Ingresos o gastos per

    cpita

    SSSSNoNoNoNo

    Tasa de pobreza

    SSNoNoSSNoNo

    Distribucin (Gini) de los ingresos o gastos per cpita

    SNoSNoSNoSNo

    En el periodo entre los ltimos dos censos depoblacin, hubieron cambios favorables (en el sen-tido normativo) y estadsticamente importantes en:

    Municipalidades**

    Nmero

    37.693.40762.227.9014.252.474

    34.457.41228.879.47611.569.84077.345.572

    130.335.494386.761.5

    %

    9.7%16.1%1.1%8.9%7.5%3.0%

    20.0%33.7%

    100.0%

    Poblacin

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    Estructuras agrarias y gobernanza de los recursos naturales

    No hay una relacin unidireccional entre la calidad y la dotacin de re-cursos naturales, y las dinmicas territoriales, sostienen los investigadores del programa DTR en su documento de sntesis Territorios en Movi-miento, explicando que esto se debe a que la infl uencia de la dotacin y calidad de los recursos naturales en las dinmicas territoriales no es inde-pendiente de las instituciones histricas y contemporneas a travs de las cuales se organiza el control y el uso de estos recursos.

    Y para ello dan dos ejemplos opuestos. Uno es el de Tungurahua, donde no existe una dotacin de capital natural que la distinga de otras provincias veci-nas de la sierra ecuatoriana, pero la accin colectiva de pequeos y medianos productores y comerciantes desde al menos el siglo XIX permiti construir una extensa red de irrigacin y caminos interiores que compensaron las des-ventajas naturales, y hoy se ha logrado positivas dinmicas territoriales.

    En contraste, se menciona al territorio de Santo Toms en Nicaragua, que tiene una dotacin de recursos naturales relativamente favorable pero, tras la reforma agraria de los aos 80, la accin de los grupos sociales ms po-derosos les permiti reconcentrar la propiedad de la tierra y capturar en su benefi cio las signifi cativas inversiones en caminos y desarrollo de coopera-tivas ganaderas, tanto del gobierno como de la cooperacin internacional. El resultado ha sido una dinmica de bajo o nulo crecimiento econmico, sin disminucin de la pobreza ni de la concentracin del ingreso y con una creciente escasez de agua producto de una fuerte deforestacin.

    Por ello, la investigacin del programa DTR sostiene que compren-der los arreglos institucionales que gobiernan el acceso a los recursos

    Las posibilidades de que el acceso a los recursos naturales se vuelva ms equitativo varan segn los actores que ejercen mayor poder en el territorio.

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    Claves para comprender las dinmicas territoriales rurales Rimisp

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    No. 1

    naturales y su uso, es una parte esencial de la explicacin de la re-lacin entre crecimiento, pobreza, desigualdad y calidad ambiental a nivel de cualquier territorio.

    Un aspecto central de estas rela-ciones es la estructura agraria. Se observa que la presencia de es-tructuras agrarias latifundistas aparece en muchos de los terri-torios estudiados como generadora de dinmicas poco in-clusivas y polarizadoras. El binomio latifundio-minifundio tuvo profundos efectos no solo en la estructura del poder, sino tambin en los patrones de acumulacin, en la distri-bucin del ingreso y las pautas de consumo, en la escasez o el carcter distorsionado de los estmulos a la incorporacin de progreso tcnico, y en la reducida gestacin de una masa de empresarios, indica el documento. En cambio, los casos comparados sugieren que donde tempranamente hubo es-tructuras agrarias ms equitativas, hoy existen dinmicas te-rritoriales ms incluyentes, como ocurre en Tungurahua, en el territorio peruano de Jauja, o en Santa Catarina (Brasil).

    Segn la investigacin, las posibilidades de que la estruc-tura agraria o, ms generalmente, el acceso a los recursos naturales de un territorio se vuelva ms equitativa en el tiempo, y las dinmicas del territorio se vuelvan ms inclu-yentes, varan segn los actores que ejercen mayor poder

    en el territorio. En este sentido, se identifi ca dos situaciones. Por una parte, territorios en los que el uso de los recursos naturales involucra la partici-pacin de grandes inversiones y empresas externas, como ocurre por ejemplo en Chilo (Chile) con la industria salmonera o en Tarija, Bolivia, con la extraccin de hidrocarburos. El problema central en este caso consiste en cmo un cambio en la

    relacin entre el territorio y un nuevo mercado (de energa, minerales, nuevos productos agrcolas, etc.) induce la llegada de esos poderosos agentes extraterritoriales, y cmo su pre-sencia se articula con la estructura agraria y formas de go-bernanza existentes, indican los investigadores, que plan-tean que en estos casos los procesos de cambio institucional tienden a girar alrededor de estos factores extraterritoriales.

    Por otra parte, estn los territorios en los que las actividades econmicas y sociales se basan en recursos naturales a los que, en principio, podran acceder y ser usados por muchos actores locales. De los casos estudiados, esta es la situacin del territorio ganadero-cafetalero en Nicaragua, de Tejutla en El Salva-dor y de Valle Sur Ocongate en Per. Qu lo logren hacer o no, o bajo qu condiciones y con qu resultados, depender de los sistemas de gobernanza de los recursos naturales, concluye el estudio.

    Comprender los arreglos insti-tucionales que gobiernan el acceso a los recursos naturales y su uso, es una parte esencial de la explicacin de la relacin entre crecimiento, pobreza, desigualdad y calidad ambiental a nivel de cualquier territorio.

    Claves para comprender las dinmicas territoriales rurales Rimisp

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    Vnculos con mercados dinmicos y estructuras productivasLos vnculos con mercados dinmicos y las caractersticas de la estructura productiva del territorio son tambin factores infl uyentes en las dinmicas territoriales rurales. Por vnculos con mercados dinmicos el programa DTR se refi ere a que el grado de acceso de un determinado territorio rural a mercados de distinto tipo de productos, de servicios, de crdito, de tra-bajo y de otros factores de produccin sea lo sufi cientemente importante como para estimular tasas de crecimiento altas y sostenidas por periodos de tiempo prolongados. Nuestra hiptesis es que este crecimiento est acompaado de reduccin de pobreza y mayores grados de inclusin so-cial all donde las estructuras de la propiedad de la tierra, a lo largo de la historia, hayan favorecido una mayor igualdad de oportunidades de parti-cipacin de los distintos actores en la dinmica econmica que es impul-sada por estos mercados, sostienen los investigadores Arilson Favareto, Javier Escobal y Francisco Aguirre que indagaron esta dimensin.

    Al mismo tiempo, analizaron la infl uencia de las estructuras productivas, es de-cir, el grado de diversifi cacin de la economa del territorio, los eventuales encadenamientos intersectoriales dentro del mismo y la variedad de tipos de empresas por tamao y peso de los capitales que poseen. Territorios con economas ms diversifi cadas, con mayor densidad de encadenamientos localizados en el territorio, con una slida presencia de pequeas y media-nas empresas y con peso signifi cativo en su economa de capitales locales, tienen mayores opciones para construir dinmicas de crecimiento con in-clusin social, indican los autores.

    Habiendo reconocido el rol central de los mercados para dinamizar un te-rritorio, la evidencia de los estudios mostr que por s solos los mercados

    Claves para comprender las dinmicas territoriales rurales Rimisp

    Territorios con economas ms diversifi cadas, con mayor densidad de encadenamientos localizados en el territorio, con una slida presencia de pequeas y medianas empresas y con peso signifi cativo en su economa de capitales locales, tienen mayores opciones para construir dinmicas de crecimiento con inclusin social.

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    dinmicos no generan inclusin social y, menos an, sostenibi-lidad. Hay muchas situaciones bajo las cuales el dinamismo de los mercados se traduce en una fuerte presin selectiva. Como consecuencia, es ms comn que los mercados dinmicos ge-neren crecimiento econmico con exclusin. Evidentemente hay mercados dinmicos que se construyen sobre economas frgiles y, en estos casos, en un primer momento los efectos sobre la pobreza son fuertes. Esto, bsicamente, porque antes de dichos mercados no haba otras oportunidades para la gente

    en el territorio. Pero con el pasar del tiempo, la modernizacin ejerce presin selectiva y se genera desigualdad y exclusin de todos modos, plantea Favareto.

    Segn el estudio, cuando los mercados dinmicos se vinculan con estructuras productivas ms diversifi cadas, se abren opcio-nes para un mayor rango de encadenamientos en los territorios, lo que a su vez abre ms opciones para participar y benefi ciarse en las dinmicas de crecimiento. Lo mismo ocurre cuando los

    Claves para comprender las dinmicas territoriales rurales Rimisp

    En todos los territorios estudiados, la posibilidad de acceder a mercados dinmicos se favorece fundamentalmente por el acceso a varios servicios de infraestructura. En Santo Toms (Nicaragua), el aumento de la produccin lechera se dio despus de la construccin de la carretera hacia Managua, pero el mejoramiento de la competitividad del territorio se vincula con la llegada de la energa elctrica. En Chilo, la disponibilidad de una completa infraestructura (incluida la conectividad vial y la electrifi cacin rural) posibilit la instalacin de la industria salmonera.

    Un segundo nivel de participacin del Estado apunta a las polticas pblicas relacionadas con el desarrollo de capacidades individuales e institucionales que permitan avanzar en igualdad de oportunidades. Sin un capital social en el territorio sufi cientemente fortalecido que haga posible utilizar la infraestructura fsica de una forma productiva inclusiva, los benefi cios derivarn a actores ms poderosos. La

    inversin en riego en OHiggins (Chile) y en caminos en Santo Toms, ha favorecido proporcionalmente mucho ms a los emprendimientos ms grandes. Esto ocurre, en parte, por la debilidad institucional.

    Las polticas pblicas son centrales tambin para implementar polticas de igualdad de oportunidades en los territorios. La escala de la inversin pblica y la manera cmo se despliega dicha inversin en el territorio es determinante para incrementar las oportunidades de un crecimiento ms inclusivo. En Tungurahua (Ecuador), la combinacin de ciudad dinmica y una red vial interna que le da soporte a una red de ferias y mercados rurales no es casual. Es el resultado de la accin colectiva sostenida en el tiempo en el territorio que ha permitido invertir en bienes pblicos de una manera tal que maximiza los efectos distributivos positivos de la red.

    Polticas pblicas y mercados dinmicos

    Recuadro 2

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    vnculos con mercados dinmicos vienen reforzados con una estructura agraria ms equitativa.

    Otro de los aspectos abordados de esta dimensin fueron los efectos de distintos tipos de accin pblica sobre los mercados y las estructuras productivas y el desarrollo territorial. Y es que en OHiggins, Chilo, Jiquiri y Valle Sur-Ocongate, la inversin en infraestructura ha sido determinante para abrir el territorio a nuevas oportunidades productivas que han gatillado el desarrollo econmico, as como tambin el rol que ha cumplido el Estado en garantizar los derechos de propiedad como una forma de acceder a los recursos. Por otra parte, en muchos casos se demuestra que las polticas pblicas tienen poco o nulo efecto si no existe una institucionalidad que las haga cumplir, como ocurre con la explotacin de los acuferos en OHiggins o el uso de las reservas naturales en Peas Blancas, advierten los investigadores.

    Ciudades y territoriosPese a su importancia para las zonas rurales, las ciudades in-termedias no suelen ser objeto de anlisis ni de polticas de desarrollo rural en Latinoamrica. En este sentido, los enfoques terri-toriales pueden ofrecer interesantes y renovadas perspectivas para abor-dar de manera integral el desarrollo de los sistemas urbano-rurales, y ge-nerar propuestas que potencien las articulaciones virtuosas y mitiguen

    las negativas, que se establecen entre el campo y la ciudad, sostiene Flix Modrego, investigador de Rimisp.

    De hecho, los territorios rurales estudiados por el programa DTR en los 11 pases mantienen relaciones signifi cativas con ciudades, y nueve de ellos contienen una ciudad, es decir, son te-rritorios rural-urbanos. Es ms, el programa desafa el concepto de rural concebido como un espacio en el que poblaciones dispersas, con pocos servicios, con una cultura diferente y relativamente aisladas y lejanas, viven en el campo practican-do la agricultura y otras actividades primarias. Esa ruralidad profunda cada da tiene menos peso y signifi cado econmico, demogrfi co y poltico. En pases como Chile, Mxico y Colom-bia, el porcentaje de la poblacin que vive en territorios rurales profundos es de apenas 6%, 7% y 17%, respectivamente, plan-tea. Al mismo tiempo, desafa el mito de una Amrica Latina superurbanizada, considerando que el 62% de la poblacin vive fuera de las 79 grandes aglomeraciones urbanas latinoamerica-nas de ms de 750 mil habitantes.

    El espacio intermedio entre el mundo rural profundo y las ciu-dades grandes y metropolitanas, contiene la parte fundamental

    de la ruralidad contempornea de Amrica Latina. Es un espacio he-terogneo, compuesto de territorios predominantemente rurales, pero con un ncleo urbano signifi cativo en su interior, y tambin de territo-rios donde predominan una o ms ciudades de mediano tamao que

    Hay indicios de que el costo de asegurar ciertos estndares mnimos de bienestar a los pobres es menor en los territorios rural-urbanos que en los territorios rurales profundos.

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    tienen una relacin funcional estrecha con un entorno rural importante, indica el estudio sobre este tema.

    Hoy en da debemos ver la ruralidad como un mbito plenamente integrado a las dinmicas territoriales, con vastos intercambios y complementarieda-des rural-urbanas, donde lo que acontece en muchas ciudades, especialmen-te en las ciudades intermedias y en los interlands rurales, est ntimamente vinculado. Creo que esto nos ayuda a romper esa suerte de dicotoma que ha primado no solo en el mundo acadmico, sino tambin en las propuestas de desarrollo para los territorios rurales y en las estrategias de integracin con lo urbano, plantea Manuel Chiriboga, investigador de Rimisp.

    La infl uencia de los centros urbanos sobre la dinmica de los territorios rural-urbanos se da a travs de distintos tipos de mecanismos. Hay cuatro mecanismos de naturaleza econmica que resaltan en los estudios de caso. Primero, las ciudades en los territorios constituyen mercados fi nales para muchos productores y empresarios locales, especialmente para los de menor escala. Segundo, en las ciudades se desarrollan y ofrecen servicios especia-lizados a las empresas del territorio. Tercero, las ciudades no solo ofrecen ms empleos que los que se podran tener en un territorio rural profundo, sino tambin empleos diferenciados, lo cual es clave para muchos hogares rurales pobres que no tienen acceso a sufi ciente tierra para basar su sustento en estrategias de agricultura por cuenta propia. Tambin la participacin de la mujer en el mercado laboral formal es signifi cativamente mayor en los territorios rurales-urbanos que en los rurales sin ciudad. Cuarto, las ciudades permiten atraer al territorio organizaciones (empresas, agencias guberna-mentales, centros de investigacin y de educacin, etc.) y personas (tcnicos y trabajadores califi cados, intelectuales, artistas, etc.) que incrementan la ca-pacidad de innovacin. Tambin ponen en contacto redes sociales rurales y urbanas del territorio, y extraterritoriales.

    Los territorios rurales estudiados por el programa DTR en los 11 pases mantienen relaciones signifi cativas con ciudades.

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    Desde la perspectiva social y demogrfi ca, se constata que las ciu-dades pequeas y medianas son importantes espacios de concen-tracin de pobres rurales, si bien la extrema pobreza se concentra en forma muy desproporcionada en los territorios rurales. Pero al mismo tiempo, estas ciudades en los territorios rurales han resulta-do decisivas para reducir las necesidades bsicas insatisfechas entre los pobres rurales, y hay indicios de que el costo de asegurar ciertos estndares mnimos de bienestar a los pobres es menor en estos territorios rural-urbanos que en los territorios rurales profundos.

    Desde la perspectiva poltica y cultural, se observa que la pre-sencia de actores no agrarios en territorios donde existe una ciudad permite el surgimiento de nuevas lites y de distintos tipos de acuerdos entre grupos sociales. Estas nuevas lites son portadoras de nuevos discursos y programas o agendas de desarrollo. Por ejemplo, parecen ser claves en introducir con-ciencia ambiental y en liderar o potenciar movimientos con ob-jetivos ambientales y procesos a favor de la participacin ciuda-dana. Tambin cuentan con redes y relaciones que en muchos casos son marcadamente diferentes a las de los actores agrarios ms caractersticos de los territorios rurales profundos.

    Las ciudades en los territorios rural-urbanos tambin aumen-tan el contacto del territorio con los representantes polticos: senadores, diputados, alcaldes y concejales, jefes de partido. A los territorios rurales profundos, por lo general les tocan pro-gramas generales diseados desde el centro, en tanto que en los territorios urbano-rurales habra una mayor frecuencia de inversiones, proyectos o programas ad hoc, los que se hacen factibles por su mayor contacto con el poder poltico.

    Inversin pblica

    La inversin pblica tiene el potencial de ser una fuerza trans-formadora de los territorios rurales, aunque no existe una rela-cin siempre directa y positiva entre las inversiones pblicas y cambios que conduzcan a crecimiento econmico con inclusin social y sustentabilidad ambiental. As lo plantea el documen-to Territorios en Movimiento, destacando que los efectos de estas inversiones estn mediados por los marcos institucionales que operan en el territorio y por el papel que jueguen diferentes coaliciones en atraer, regular y/o controlar el tipo, localizacin y fl ujo de dichas inversiones.

    En este marco, se sostiene que no es correcta la idea tan recurri-da de que los problemas de los territorios rezagados se deben, simplemente, a que han carecido de inversin pblica. Por s misma, la inversin pblica puede tener efectos muy distintos en un territorio (ver recuadro 3), incluyendo el de mitigar o eliminar trampas de pobreza o el de reforzar trampas de des-igualdad. Tambin puede suceder que ciertos tipos de inversin pblica resuelvan carencias signifi cativas del territorio y dismi-nuyan la brecha contra los promedios nacionales en determina-dos indicadores, como los de cobertura escolar o de servicios de salud, sin que ello se exprese en un mayor crecimiento.

    Un factor que hace una enorme diferencia entre los impactos localizados de la inversin pblica, es el papel que juegan los actores sociales del territorio en las decisiones sobre en qu invertir, cundo invertir y cmo invertir. Este no es solo un problema de que los decisores nacionales o en las capitales

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    regionales no consideren mecanismos de participacin ciudadana, sino tambin tiene que ver con la capacidad relativa de distintos actores so-ciales para tener una visin de las inversiones necesarias e infl uir en los procesos de decisin. Por ejemplo, en Tarija, Bolivia, la inversin pblica ms relevante en el perodo estudiado por el programa DTR es aquella fi nanciada por las rentas del gas, que se orientaron a infraestructura vial e hdrica, habilitacin urbana, electrifi cacin rural, educacin y salud. El destino de estas inversiones fue infl uido por el juego de las coaliciones sociales pre-existentes en estos territorios, cuya capacidad de participar de la negociacin del uso de la renta gasfera ha hecho la diferencia con respecto a otros casos donde los actores locales son ms pasivos o menos infl uyentes en la determinacin del destino de la inversin pblica.

    Actores, coaliciones, agenciaLas coaliciones sociales seran uno de los elementos centrales en los pro-cesos de cambio y una de las claves de los proceso de desarrollo territorial inclusivo, sostienen los investigadores Ignacia Fernndez, Ral Hernn-dez Asencio, Carolina Trivelli y Alexander Schejtman en su documento Las coaliciones transformadoras y los dilemas del desarrollo inclu-sivo en las zonas rurales de Amrica Latina.

    El programa DTR consider fundamental comprender qu coaliciones, con qu caractersticas y bajo qu condiciones, logran cambios institucionales que favorecen procesos inclusivos en contextos de crecimiento econmico.

    Entendiendo como coalicin social a un conjunto de actores diferentes que realizan acciones convergentes en torno a una dinmica territorial de desarrollo, con un enfoque de mediano y largo plazo, con recursos

    Inversiones pblicas: efectos dismiles en

    los territorios En Cariri, en Paraba, Brasil, marcado por la estructura agra-

    ria propia de la gran hacienda nordestina, con muy dbiles vnculos con mercados dinmicos y con una estructura social hasta hace poco controlada por una pequea lite latifun-dista, las dinmicas territoriales cambian a fi nes del siglo XX en buena medida por el retiro de los antiguos subsidios que sostenan el cultivo de algodn y la ganadera exten-siva, y su reemplazo por un gasto pblico orientado a las mayoras pobres de la poblacin (programas de pensiones, transferencias monetarias condicionadas, apoyo a la agri-cultura familiar, etc.). Sin embargo, las mayoras sociales hasta hoy no logran convertir estas nuevas inversiones en palancas para un desarrollo crecientemente autosostenido, y se observa una nueva dependencia, esta vez de las nuevas estructuras sociales y polticas que operan los programas pblicos.

    En Jiquiri, Brasil, los mismos programas y formas de in-versin pblica aplicados en Cariri, han dinamizado la eco-noma local y fortalecido el papel en ella de los agricultores familiares, lo que se explicara, en parte, por la historia de la estructura y productiva, la relacin con los mercados y el papel de las ciudades del territorio. Gracias a estas con-diciones estructurales ms favorables, los pequeos empre-sarios de Jiquiri, tanto agricultores como comerciantes, desarrollaron habilidades sociales y acumularon distintos tipos de capitales, lo que les permiti responder a la opor-tunidad poltica creada por los nuevos programas pblicos.

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    Recuadro 3

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    diversifi cados y capacidad de accin articulada, los investigadores clasifi -caron las coaliciones en tres grupos: las que buscan objetivos de creci-miento, las que buscan objetivos de equidad y las coaliciones que buscan compatibilizar ambos tipos de obje-tivos. El tema fue tratado en el En-cuentro 2012 Territorios en Movimiento por Ral Hernndez.

    Entre las principales conclusiones que se plantean en la snte-sis del programa, se indica que pocas coaliciones son exitosas siempre o en todos sus objetivos: hay coaliciones que, si bien no determinan todas las dinmicas del territorio, s logran cam-bios sustantivos en aspectos concretos de equidad, capacidad de agencia o sostenibilidad ambiental. Son muy pocas las coali-ciones que logran cristalizar en un proyecto territorial de largo recorrido. Estas son las que el programa ha llamado coalicio-nes sociales transformadoras.

    Tambin se destaca que el origen de las coaliciones est relacio-nado con cambios en los incentivos percibidos por los actores que las integran. Hay coaliciones prospectivas, que surgen para generar cambios en las dinmicas territoriales a partir de lo que los actores perciben como una ventana de oportunidad; y hay coaliciones reactivas, que nacen como respuestas a cambios en las dinmicas que ya se han producido. En un extremo, se men-ciona la coalicin salmonera de Chilo, que se conforma para realizar los cambios institucionales necesarios para poner en marcha la industria salmonera. En el otro estaran las coaliciones

    de Osta-Gija, Valle Sur-Ocongate y Jiquiri, que buscan aprovechar un cambio macro que genera nue-vas condiciones de posibilidad en los territorios: respectivamente, la reforma liberalizadora en Guatema-la, la reforma agraria en Per y las nuevas polticas estatales en Brasil.

    Para hacer evidente el contexto de oportunidad para impulsar el cambio, las coaliciones elaboran un discurso legitimador y redes de aliados potenciales. Objetivos como el crecimiento, la creacin de empleo, benefi cios sociales o ambientales pueden ser la base del discurso legitimador, segn sean los fi nes de la coalicin, indican los investigadores.

    Se observa tambin que las coaliciones ms exitosas en con-seguir sus objetivos son aquellas que son capaces de asumir estrategias de accin en varios niveles: territorial, nacional y eventualmente internacional.

    Un aspecto clave a la hora de defi nir el sentido de los procesos de transformacin impulsados por las coaliciones es la capaci-dad de agencia de los actores que las integran, especialmente la capacidad de agencia de los actores tradicionalmente excluidos. La agencia implica capacidad para identifi car los propios inte-reses y capacidad para defenderlos en la interaccin social. Los casos analizados por el programa muestran que las coaliciones tienden a apostar por una agenda ms inclusiva en la medida que los territorios cuentan con actores con capacidad de agen-cia consolidada.

    Las coaliciones sociales ms exi-tosas en conseguir sus objetivos son aquellas que son capaces de asumir estrategias de accin en varios niveles: territorial, nacional y eventualmente internacional.

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    Por ltimo, un tema importante para el anlisis del impacto de las coali-ciones en los procesos de desarrollo virtuosos, es la manera en que estas construyen su legitimidad. Cuando una coalicin combina varios tipos di-ferentes de capital y cuenta con un discurso o relato que da sentido a su accin, existen ms posibilidades de que sea considerada como actor vli-do en la toma de decisiones dentro del territorio.

    Son muy pocas las coaliciones que logran cristalizar en un proyecto territorial de largo recorrido. Estas son las que el programa DTR ha llamado coaliciones sociales transformadoras.

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    Programa DTR: conozca la sntesis de resultadosEl programa ha generado distintos medios para comunicar sus resultados y su teora operacional que ayuda a explicar las dinmicas territoriales rurales en Amrica Latina. Recomendamos: Documento Territorios en Movimiento. Dinmicas Territoriales

    Rurales, de Julio A. Berdegu, Anthony Bebbington, Javier Escobal, Arilson Favareto, M. Ignacia Fernndez, Pablo Ospina, Helle Munk Ravnborg, Francisco Aguirre, Manuel Chiriboga, Ileana Gmez, Ligia Gmez, Flix Modrego, Susan Paulson, Eduardo Ramrez, Alexander Schejtman, Carolina Trivelli.

    Resumen Ejecutivo de Territorios en Movimiento. Documento audiovisual Dinmicas territoriales rurales. Blog Territorios en Movimiento.

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    Participacin social y consensos: condicin para un desarrollo

    exitoso en EcuadorPor Paulina Escobar

    Periodista

    Analizando las diferencias en el desarrollo territorial de Ecuador, expertos sostienen que, aparte de las razones de las razones vinculadas a capacidades de gestin, la clave de los territorios modelo trasciende la accin pblica y parece explicarse en la participacin social.

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    tein Ms que nuevos diagnsticos o nuevas frmulas para enfrentar los ndices negativos que se registran en la regin, lo que a Amrica Latina le hace falta es reforzar acciones en funcin de las particu-

    laridades especfi cas de cada territorio. La evidencia demuestra que en Ecua-dor, al igual que en otros pases latinoamericanos, existen territorios rurales que crecen de forma notable, pese a recibir similares estmulos que otros territorios donde no se registran dinmicas exitosas de desarrollo econmi-co territorial. Uno de los casos exitosos es el de la provincia de Tungurahua, referente para el pas y para la regin, cuya experiencia fue abordada como parte de la plenaria Balance del Desarrollo Territorial en Ecuador y en los Andes, en el marco del Encuentro 2012 Territorios en Movimiento de Rimisp (Quito, 5-7 de junio 2012).

    En el contexto de los retos que plantean la nueva Constitucin y el Cdigo de Ordenamiento Territorial, Autonoma y Descentralizacin, pero tambin mirando la experiencia acumulada por territorios que han avanzado hacia una gestin local ms democrtica e inclusiva, como es el caso de Tungurahua, se analizan en Ecuador los desafos de desarrollo territorial.

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    En trminos de desarrollo territorial, Tungurahua demuestra una consolidacin de espacios tanto institucionales como po-lticos y sociales que han permitido generar acuerdos sobre el desarrollo con resultados visibles. Lo relevante de este proce-so, segn destaca la ministra Coordinadora de Poltica Econ-mica, Jeannette Snchez, es que sin calzar en el patrn de una economa dinmica grande, articulada ms al comercio internacional, Tungurahua logr estructurar una economa ms democrtica e incluyente.

    Resultados positivos s, pero en pocos territoriosSi se analiza los logros que ha generado el fi nanciamiento del desarrollo rural en Ecuador, desde la perspectiva de gobier-no, las provincias que han asimilado los esfuerzos son aque-llas donde existe una buena capacidad local en trminos de institucionalidad y gestin pblica, as como capacidad para articular redes y capital social.

    La recuperacin de las condiciones de vida de la poblacin no es algo que ha ocurrido en los ltimos aos, y que solo le ha sucedido a Ecuador, reconoce Snchez, sino un proceso que se enmarca en un contexto regional favorable. Los in-dicadores en trminos de mejora de las condiciones de vida de la poblacin han acompaado a Ecuador durante la lti-ma dcada, aade. Sin embargo, destaca como mrito del actual gobierno el destino de recursos a la inversin social

    hasta casi tripicarla en determinadas reas. Por ejemplo, el gasto pblico en educacin, entre el 2006 y el 2011, pas del 2,6% al 5,2% del PIB.

    Jeannette Snchez explica que, aunque el gobierno ha intenta-do llegar a todos los territorios con inversiones en educacin, salud, nutricin y seguridad social campesina, no en todos se observan saltos cualitativos como los que se ven en las pro-vincias de la Sierra, entre ellas Tungurahua.

    Participacin socialPor qu los efectos positivos son visibles en pocos territo-rios? Adems de las razones que expone la Ministra Snchez (capacidad de gestin en varias reas), muchos sostienen que la clave de los territorios modelo trasciende la accin pbli-ca y parece explicarse en la participacin social; una participa-cin que el prefecto de la provincia de Tungurahua, Fernando Naranjo, traduce en alianzas estratgicas que han permitido un crecimiento con resultados palpables, como la reduccin de la pobreza y de las inequidades sociales, y la multiplicacin de oportunidades para la mayora de sus habitantes.

    Enrique Romn, directivo de la Red Productiva Ecuador, ve en esta participacin a los actores sociales y econmicos que integran el territorio como un ente vivo y no como el sinnimo de una determinacin geogrfi ca. Con este enfoque es posible entender el desarrollo ms all del ente estatal.

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    Es decir, si en este cambio que se busca provocar el Estado es un actor ms, los territorios no deben esperar a que la estrategia de desarrollo se defi na desde el gobierno central. As coinciden Enrique Romn y Jean-nette Snchez. Por ello, ms sensato es potenciar a los actores institucio-nales, a los ciudadanos, las organizaciones y comunidades organizadas dice Snchez superando el cortoplacismo e impulsando la capacidad de planifi car. Por su parte, Romn agrupa en tres grandes segmentos a estos actores: las universidades; las entidades de la economa popular y solidaria, la pequea y mediana empresa; y los grandes grupos econmi-cos, sin cuyo aporte se dejara cojo al proceso de desarrollo territorial.

    De la propuesta general a la accin diferenciadaLos datos ofi ciales revelan que durante los ltimos aos los ecuatorianos que viven en reas rurales han reducido sus posibilidades de seguir en la pobre-za. Segn un estudio de la Secretara Nacional de Planifi cacin y Desarrollo (Senplades), estas posibilidades se redujeron del 65% en el perodo 2005-2006, al 53% en el perodo 2009-2010. Los datos tambin dan cuenta de la oportuna intervencin de polticas pblicas, sostiene Fander Falcon, titular de Senplades, quien tambin particip en el Encuentro 2012 Territorios en Movimiento. Pese a ello reconoce si se busca un desarrollo con menos brechas territoriales, es necesario partir de la base de polticas diferenciadas, ya que no puede haber homogeneidad en la intervencin de polticas pblicas para todos los territorios.

    Y este objetivo es precisamente el que se ha propuesto cumplir la Sen-plades a travs del denominado El Estado a tu lado, que en la prctica

    Aun sin calzar en el patrn de una economa dinmica grande, articulada ms al comercio internacional, Tungurahua logr estructurar una economa ms democrtica e incluyente.

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    son los pasos de ejecucin del Plan Nacional para el Buen Vi-vir. Al explicar que una de las principales carencias del mundo rural es la falta de acceso a ser-vicios bsicos, Fander Falcon indica que cerrar las brechas de acceso a 66 servicios bsicos le costara al Estado alrededor de 40.000 millones de dlares y un costo recurrente anual cercano a los 5.000 millones de dlares, hasta el ao 2021. Sin embar-go, en esta transformacin debe haber un trabajo conjunto del gobierno central, pero sobre todo un trabajo de los gobiernos autnomos descentralizados, remarca Falcon.

    La realizacin de esfuerzos compartidos entre el gobierno central y los gobiernos provinciales en intervenciones para dotacin de agua y alcantarillado, por ejemplo, reducira la pobreza del 59%, medida por Necesidades Bsicas Insatis-fechas (NBI), a un porcentaje que variara entre 25% a 30%, segn la Senplades.

    Lo sealado lleva a visualizar tambin la participacin de otros actores como parte de este esfuerzo conjunto: los acto-res privados. Para Jeannette Snchez, es necesario reforzar las inversiones de gobiernos locales y del gobierno central, pero tambin de los actores privados para lograr un efecto mayor en el desarrollo territorial. La Ministra quien reconoce que la contraccin de la pobreza rural no ha sido tan signifi cati-va, pese a la importante reduccin de la pobreza en trminos

    nacionales considera que si una intervencin en educa-cin va atada a salud, y al mismo tiempo, a nutricin, por ejemplo, habr mejores resultados para el territorio benefi ciario. De all la nece-sidad de movilizar a todos los actores, mucho ms si

    se considera que reducir un punto ms en pobreza es cada vez ms costoso en el mundo rural, dijo.

    Ahora, para llegar a la accin, tambin es indispensable co-nocer las reglas de juego, que son las que determinan los lmites de lo posible, manifi esta Enrique Romn. Sin em-bargo, el directivo de la Red Productiva Ecuador aade que la conquista de objetivos est determinada tambin por la calidad de las organizaciones, que se refl eja en su capacidad para conseguir las metas propuestas e incluso para incidir en las reglas de juego.

    En esta lnea, la Constitucin Poltica vigente se convierte en un factor determinante para abrir un camino a la eje-cucin a polticas de desarrollo territorial, indica Romn. Podramos estar ad portas de una poltica que supere el papel y traiga resultados concretos a la vida cotidiana, seala, tras rescatar los objetivos que se plantea la Cons-titucin adems de aquellos inscritos en las normativas nacionales, como el Cdigo de Ordenamiento Territorial, Autonoma y Descentralizacin.

    Fander Falcon: Si se busca un desarrollo con menos brechas territoriales, es necesario partir de la base de polticas diferenciadas, ya que no puede haber homogeneidad en la intervencin de polticas pblicas para todos los territorios.

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    Recuadro 1

    Contina...

    Tungurahua es la provincia ms pequea del Ecuador (3.334 km2) y una de las ms densamente pobladas (157 hab/km2). Ubicada en el centro del pas, es tambin la quinta provincia menos pobre y la que menor ndice de analfabetismo reporta (5%), en comparacin con las provincias de similar extensin geogrfi ca, segn el ltimo censo de poblacin y vivienda (ao 2011). En Tungurahua, el 52% de la poblacin vive en la urbe, mientras el 48%, en zonas rurales.

    Pero, qu es lo que convierte a esta provincia en un referen-te del desarrollo territorial? La economa tungurahuense se ha fundamentado en una estructura inclusiva, porque combina economas campesinas agropecuarias con actividades de ma-nufactura y comercio. Adems, en esta estructura, ms del 50% de la poblacin es independiente econmicamente; es decir, la mayora de los habitantes son gestores de su economa, resalta el Prefecto de Tungurahua, Fernando Naranjo.

    Todas estas particularidades han permitido un desarrollo econ-mico sostenido en la provincia, con la reduccin de la pobreza del 80% al 61%, entre 1991 y 2001, hasta llegar al 56%, en el 2011.

    Pero junto a lo anterior, Tungurahua ha llamado la atencin por su implementacin desde hace 10 aos del llamado Nuevo Modelo de Gestin, basado en los principios de participacin, de construccin de consensos y de la decisin colectiva que supedite las acciones de los actores pblicos y privados, as como de las organizaciones de la sociedad civil. Todos deci-dimos, todos acatamos no es solo un lema en Tungurahua. Es la esencia de la gobernabilidad, uno de los tres pilares en que se sustenta el modelo de gestin de la provincia.

    Quiere decir -explica Fernando Naranjo- que quienes participan en este modelo de gestin local son responsables de cumplir y hacer cumplir los compromisos acordados. All radica tambin el segundo pilar, que es la corresponsabilidad. Y el tercero es la representatividad, que se plasma a travs de lderes de diferentes grupos y organizaciones.

    Qu es el nuevo modelo de gestin? Es un espacio de concertacin en el que participan autoridades locales (electas y designadas), sectores pro-ductivos, organizaciones sociales urbanas y rurales, explica el Prefecto al califi carlo como un sistema poltico de consensos nico en el pas.

    Tungurahua, el sinnimo de un modelo exitoso

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    Fue precisamente este espacio el que logr dejar atrs la falta de planifi cacin y defi nicin de prioridades para la provincia, la presencia de confl ictos internos, obras que no solucionaban las necesidades locales, o ausencia de participacin ciudadana, en-tre otros aspectos que caracterizaban el antes de Tungurahua.

    El mayor logro de este referente de gestin articulada es, sin duda, la consecucin de objetivos comunes de largo plazo, en funcin de tres temas prioritarios: agua, gente y trabajo. Estas

    tres prioridades designan a la vez un nombre a los denomi-nados Parlamentos o espacios de participacin, que son los ejecutores de una agenda comn, reconocida como la agenda de desarrollo provincial. A travs de los Parlamentos, se han obtenido, entre otros, resultados como la defi nicin de un inventario y un plan maestro hdrico (agua), la creacin de un fondo de manejo de pramos y lucha contra la pobreza (agua y gente) y un esquema de asociatividad en cadenas producti-vas e iniciativas de produccin agroecolgica (trabajo).

    Para saber ms:Ms informacin en Rimisp: Tungurahua rural: el territorio de senderos que se bifurcan. Pablo Ospina et al. Documento de Trabajo N 70, Programa

    Dinmicas Territoriales Rurales, Rimisp. 2011. (ver AQU). Tungurahua: una va alternativa de modernizacin econmica. Pablo Ospina et al. Documento de Trabajo N 35 Programa

    Dinmicas Territoriales Rurales, Rimisp. 2009. (Ver AQU). Tungurahua: Nuevo Modelo de Gestin cumple diez aos (ver AQU) Tungurahua, participante del proyecto Gobernanza Subnacional para el Desarrollo Territorial en los Andes. (Ver AQU) Desarrollo territorial e instituciones: un marco conceptual. Enrique Romn, ponencia presentada al Encuentro 2012 Territorios

    en Movimiento (ver AQU).

    Participacin social y consensos: condicin para un desarrollo exitoso en Ecuador Paulina Escobar

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    Mujeres rurales: potencialde innovacin en el territorio

    Por Ana Victoria OchagavaPeriodista

    Se ha ido extendiendo una nueva mirada de gnero, no con un sesgo reivindicativo ni sectorial, sino ms bien rescatando un vector de desarrollo potente para las mujeres y para las sociedades rurales en general.

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    El Encuentro 2012 Territorios en Movimiento (Quito) instancia que dio cierre al programa Dinmicas Territoriales Rurales (DTR) de Rimisp fue la plataforma utilizada por diversas investigadoras para dar a conocer sus experiencias en temas de gnero y desarrollo territorial.

    Lo interesante de esta perspectiva, que vino a complementar las investigaciones del DTR, es que se convirti en un asunto transversal, capaz de abordar pro-funda o tangencialmente la mayor parte de las investigaciones del programa.

    El DTR asumi el enfoque de gnero de manera paulatina y gracias al aporte de Susan Paulson, acadmica de la Maestra en Cultura, Poder y Sostenibilidad de la Universidad de Lund (Suecia) y coordinadora del Gru-po de Trabajo sobre Gnero y Dinmicas Territoriales de Rimisp. Ella ha

    Una perspectiva nueva, sin sesgos reivindicativos ni sectoriales, pero que pone de relieve el papel de la mujer como agente de desarrollo territorial rural, fue el factor comn de diversas investigaciones presentadas en el Encuentro 2012 Territorios en Movimiento, tanto del programa DTR como de otras organizaciones.

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    consagrado los ltimos aos de su trayectoria, precisamente, a introducir este nuevo prisma en investigaciones interdisciplina-rias y a poner de relieve el papel de la mujer como agente activo y fundamental en el desarrollo territorial rural.

    Segn Claudia Serrano, Directora Ejecutiva de Rimisp, el pro-grama DTR y sus investigadores fueron contactndose, apa-sionndose y empapndose poco a poco de esta perspectiva tan relevante para el desarrollo. Lo fundamental es que esta nueva mirada de gnero no aparece con un sesgo reivindicativo ni sectorial, sino ms bien rescatando un vector de desarrollo potente. Y no solo para las mujeres, sino para las sociedades rurales en general. Esta perspectiva nos encara con las desigual-dades que actualmente tienen lugar y con los aportes que estn haciendo las mujeres al desarrollo del territorio, las ms de las veces poco valorados y reconocidos, dice.

    El esfuerzo realizado para incorporar esta dimensin se con-cret en el desarrollo de un marco conceptual para la inves-tigacin, as como en estudios de caso y apoyo en general a los equipos de investigacin sobre diversas temticas (ver re-cuadro). Prximamente saldr a circulacin tambin un libro (Dinmicas de gnero y masculinidades en los territorios lati-noamericanos) que recoge diversos hallazgos de los estudios del programa en este campo.

    Brechas que se cierranDesde el punto de vista de Rimisp, hacerse cargo de las des-igualdades entre hombres y mujeres es sinnimo de abordar un

    factor estratgico que permite alcanzar el anhelado crecimiento econmico con inclusin social. As ha quedado claro en diver-sas investigaciones realizadas por el programa DTR que han profundizado sobre este tema (ver recuadro 1). En el Encuen-tro 2012 Territorios en Movimiento se sumaron las visiones de otras investigaciones, como las realizadas por el Instituto de Estudios Peruanos y por el Instituto Universitario de Tecnolo-ga de Yaracuy (Venezuela) que se resean a continuacin.

    Brechas que se cierran, brechas que se abren: las mujeres rurales jvenes en el desarrollo territorial rural (ver AQU), estudio a cargo de Aileen Agero, Mariana Barreto y Andrea Garca, del Instituto de Estudios Peruanos, fue una de las po-nencias que acapar la atencin de los presentes. Y es que su foco se vincul al rol que juegan las mujeres rurales jvenes en las dinmicas territoriales de los espacios marginales de Am-rica Latina. Un grupo que suele quedar de lado en los diseos de polticas y estudios relativos al mundo rural, pese a que, pre-cisamente por su juventud, es clave para romper los ciclos de reproduccin intergeneracional de la pobreza.

    Ms educadas que sus madres y abuelas, y con mayor acceso a las nuevas tecnologas, as como a nuevas fuentes de ingresos, las jvenes rurales representan expectativas inditas en relacin a lo que era la vida, la capacidad de toma de decisiones y la in-sercin social de una mujer hace una o dos dcadas.

    El estudio condensa los hallazgos de diferentes equipos en el marco del programa Nuevas Trenzas: Mujeres Rurales J-venes de Amrica Latina del siglo XXI, apoyado por el

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    Fondo Internacional de Desarro-llo Agrcola (FIDA) y dirigido por el Instituto de Estudios Peruanos, que busca generar y difundir cono-cimiento sobre quines son hoy da las mujeres rurales jvenes en pases como Colombia, Ecuador, El Salva-dor, Guatemala, Nicaragua y Per. La investigacin aborda, sobre todo, la vinculacin de estas nuevas pro-tagonistas del desarrollo rural con factores como educacin, empleo y expectativas de vida, entre otros. Todo con el propsito de obtener algunos indicios sobre su participacin en las dinmicas territoriales y en los procesos de desarrollo rural.

    Considerando como jvenes a mujeres de entre 14 y 35 aos, Nuevas Trenzas da cuenta de que la juventud rural de hoy tiene nuevas y mayores posibilidades de insertarse en las dinmicas territoriales, aportando al desarrollo gracias a una mayor educa-cin, capacidad de cambio e innovacin.

    En todos los pases estudiados, las mujeres rurales jvenes representan entre 4% y 8% de la poblacin nacional, y entre 16% y 19% de la poblacin rural. Contra todo lo que pudie-ra pensarse, la brecha educacional entre este grupo y el com-puesto por jvenes urbanas, se acorta cada da ms. Prueba de ello es que las mujeres rurales de entre 14 y 17 aos es-tudian en promedio 0.9 aos por cada ao estudiado por

    las mujeres urbanas de ese mismo rango de edad.

    Esta realidad se complementa, sin duda, con el discurso de las ma-dres de estas jvenes, para quienes la educacin representa una fuente de conocimientos y de posibilida-des de progreso, sobre todo en el mbito laboral. Sostienen que si sus hijas se educan, podrn acceder a una mejor calidad de vida que la que ellas tuvieron.

    Si bien desde el punto de vista cuantitativo las mujeres jvenes tienen una participacin limitada en la PEA (Poblacin Eco-nmicamente Activa) -apenas entre un 5% y un 7% a nivel na-cional y entre un 14% y un 21% de la PEA rural-, el estudio encontr que casi todas ellas tienen, buscan o estn a la espera de trabajos estacionales. Por ejemplo, durante las vacaciones escolares muchas jvenes trabajan y con lo que ganan contri-buyen al hogar o compran sus tiles escolares y algo de vesti-menta. Esto ha generado un cambio en las pautas de consumo.

    Uno de los cambios ms evidentes es que la educacin se ha convertido en una de las principales inversiones de los hogares, gracias a lo que las investigadoras han consignado como el mito de la educacin. Este hace que las mujeres no solo pien-sen que las posibilidades laborales y econmicas se amplan gracias a las nuevas posibilidades de acceder a mayores niveles

    Ms educadas que sus madres y abuelas y con mayor acceso a las nuevas tecnologas, as como a nuevas fuentes de ingresos, las jvenes rurales representan expectativas inditas en relacin a lo que era la vida, la capacidad de toma de decisiones y la insercin social de una mujer hace una o dos dcadas.

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    de educacin, sino que sostengan que ello les otorga ms independencia y empoderamiento en la relacin de pareja.

    Entre otras cosas, se constat que este grupo tiene una fuerte capaci-dad de hacer de puente entre el mundo rural y el mundo urbano; que muchas de las experiencias micro de innovacin en el mundo rural proceden de mujeres rurales jvenes; y que por su experiencia urbana, su mayor educacin y su apertura a nuevas formas de comunicacin (uso de celulares e internet), dicha generacin de mujeres es especial-mente sensible al reconocimiento y representan una excepcional opor-tunidad para trabajar programas o iniciativas que permitan quebrar la legitimacin de las prcticas de discriminacin de gnero que existen todava en el mundo rural.

    A la luz de ello, pensamos que existen oportunidades importantes que estn siendo desaprovechadas en el diseo de los programas de desarrollo. Creemos que las mujeres rurales jvenes son importantes para los proce-sos de desarrollo territorial rural y nacional, porque suponen un capital humano subutilizado, que no est siendo puesto en valor por los progra-mas estatales, sostiene la publicacin.

    Mujeres y agroecologaUna ponencia que puso de manifi esto el papel innovador de las mujeres rurales y su promocin de prcticas agrcolas sustentables fue Rol protag-nico de la mujer rural en la promocin de la agroecologa como perspectiva sustentable y sus factores limitantes en el Ncleo de Desarrollo Endgeno Aracal (ver AQU), a cargo de Carmen Mujica, ingeniera agrnoma y do-cente del Instituto Universitario de Tecnologa de Yaracuy, en Venezuela.

    Estudio constata que las mujeres rurales jvenes tienen una fuerte capacidad de hacer de puente entre el mundo rural y el urbano, y que lideran muchas de las experiencias de innovacin en el campo.

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    Diversos documentos del programa Dinmicas Territoriales Rurales (DTR) de Rimisp recogen los aportes a la refl exin sobre los sistemas de gnero y dinmicas territoriales, destacando el marco conceptual para la investigacin y varios estudios de caso: Pautas conceptuales y metodolgicas. Gnero y dinmicas

    territoriales. Paulson, S. y Equipo Lund. Documento N 84 del programa Dinmicas Territoriales Rurales (DTR), Rimisp, 2011.

    Dinmicas de sistemas de gnero en Chilo Central, o la cuadratura de los ciclos. Julie Claire Mac y Teresa Bornschlegl con Susan Paulson. Doc N 63 Programa DTR, Rimisp, 2010.

    Gnero y dinmicas territoriales rurales en la ribera norte del humedal Cerrn Grande (El Salvador). Florian, M. con Paulson, S.; Gmez, I. y Emanuelsson, C. Doc. N 77 Programa DTR, Rimisp, 2011.

    Gnero y participacin: los consejos de desarrollo rural sustentable. CHAH Yucatn. Paredes, L.; Vaisman, R.; Mndez, J.; y Paulson, S. Doc. N 81 Programa DTR, Rimisp, 2011.

    Gnero en las dinmicas territoriales en la cuenca Osta-Gija, suroriente de Guatemala. Maritza Florian y Carina Emanuelsson con Ana Victoria Pelaez Ponce y Susan Paulson. Doc. N 77 Programa DTR, Rimisp, 2011.

    Gnero, ambiente y dinmicas territoriales rurales en Loja. Portillo, B.; Rodrguez, L.; Hollenstein, P.; Paulson, S.; Ospina, P. Doc. N 85, programa DTR, Rimisp, 2011)

    Gnero y dinmicas territoriales en Nicaragua. Rodrguez, T., Gmez, L. 2011, Doc. N 88 programa DTR, Rimisp, 2011.

    Libro prximamente disponibleBajo el ttulo Dinmicas de gnero y masculinidades en los territorios latinoamericanos, de Susan Paulson (editora), la Editorial Teseo, de Buenos Aires, publicar prximamente el libro que recoge los principales aportes de las investigaciones del programa DTR sobre sistemas de gnero y dinmicas territoriales.

    Recuadro 1

    Sistemas de gnero en el programa DTR

    En el contexto del rescate de tierras con potencialidades agr-colas y promocin de la agricultura sustentable, que promueve el artculo 305 de la nueva Constitucin venezolana, ha surgido la consideracin de nuevos modelos productivos en la agricul-tura. Mediante este marco legal se han promovido programas y proyectos orientados a la agroecologa que incluyen a las uni-versidades a travs de una Misin llamada Alma Mater, as como tambin iniciativas fi scales, todas regidas por un enfo-que sustentable. A nivel rural, asimismo, los fi nanciamientos

    agrcolas estatales estn en su mayora sujetos a prcticas agroecolgicas.

    Cambiar desde modelos convencionales de produccin no ha sido tarea fcil. Sin embargo, en los Ncleos de Desarrollo Endgenos (NUDES) y Fundos Zamoranos, organizados en todo el territorio, se vienen promocio-nando ya desde hace unos aos los principios de la vi-sin agroecolgica. Tal es el caso del NUDE Aracal,

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    asentado en el Municipio Urachiche del estado Yaracuy. All, las protagonistas de este cambio de visin agrco-la y bsqueda de nuevos modelos agroproductivos, con tecnologas limpias y de bajo impacto ambiental, han sido principalmente mujeres.

    Los campesinos y campesinas del Ncleo de Desarrollo En-dgeno Aracal, tambin conformados en cooperativa, al igual que otros agricultores de Venezuela y Amrica Latina en general, utilizaron durante aos, e indiscriminadamente, agrotxicos para el manejo de sus cultivos. Esto principalmente para el control de plagas. Uno de los socios de la organizacin, de 35 aos de edad, muri en 2002 a consecuencia del uso inadecuado de un insec-ticida altamente riesgoso llamado Karate. El deceso conllev un cambio en el estado de conciencia de los socios y socias. Fue as como cinco mujeres y un hombre, agricultores todos, se dieron a la tarea, conjuntamente con organizaciones e instituciones del Estado con conocimientos de control biolgico, de visualizar las potencialidades para emprender un manejo bajo enfoque susten-table, explica Carmen Mujica, autora del estudio.

    Las mujeres rurales no dudaron en asumir el reto que implicaba el cambio de un modelo tan arraigado en los agricultores de su pas. Siguieron al pie de la letra las sugerencias de las ins-tituciones tutoras, ya que segn ellas mismas su condicin femenina las converta en guardianas de la vida, la seguridad de la familia, los hijos y los compaeros de organizacin. Otro

    asunto que las moviliz y motiv fue reconocer que dos de ellas habran sufrido abortos espontneos a consecuencia de los plaguicidas.

    En todo momento se mostraron vigilantes del proceso agroeco-lgico y, gracias a su iniciativa, se estableci un laboratorio arte-sanal fabricado con palos, plsticos y bamb para la produc-cin de entomfagos: insectos que controlan las plagas. Al poco tiempo, este grupo propulsor de la agroecologa fue ampliando sus conocimientos y destrezas de manera sobresaliente, evolucio-nando en la produccin de entomopatgenos, microrganismos con la misma funcin, a partir de un laboratorio tecnifi cado y con asesora de profesionales cubanos y venezolanos, detalla Mujica.

    Las trabajadoras de estos laboratorios, todas mujeres de ms de 50 aos y con pocos estudios formales, realizan con rigurosidad y minuciosidad esta actividad, compleja por sus detalles tcnicos. Veo muy ntidamente que, desde ese lugar, emergi un lideraz-go motivacional que ha impulsado la agroecologa a partir de la conciencia, el amor al prjimo, la proteccin de la vida y de las futuras generaciones. El que las mujeres sean las principales im-pulsoras de este cambio no es una mera casualidad. Son ellas las que, tradicionalmente, han actuado como sostenedoras de los va-lores de mayor raigambre en el mbito rural, como son el apego a la tierra, a las costumbres y tradiciones y, por cierto, a la familia, concluye la investigadora venezolana.

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    Por Diana ProaoPeriodista

    Existen claras seales de un crecimiento rural ms acelerado desde el ao 2007, en comparacin con las reas urbanas. Sin embargo, todava se observa la falta de un enfoque ms territorial en la formulacin de las polticas dirigidas al campo, sostienen expertos.

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    El Desarrollo Territorial es un tema que se ubica en primera lnea y ya no es una discusin lejana, relegada a mbitos acadmicos. Las propias polticas pblicas lo estn considerando como un factor clave para la superacin de las desigualdades y la pobreza. Y las zonas rurales, con su realidad de inequidades y postergacin, se con-vierten en un punto de mira para mantener este debate.

    Aun cuando en la ltima dcada se observa una creciente difusin del concepto de desarrollo territorial en las polticas pblicas para el sector rural, diversos analistas coinciden en que todava falta camino por recorrer. Perspectivas que enfaticen ms lo territorial que lo sectorial, desarrollo de liderazgos regionales y participacin social, estrategias que miren a ms largo plazo, y un dilogo continuo entre los territorios y el Estado en la confi guracin de las agendas de desarrollo, son algunos de los aspectos por mejorar.

    Cmo seguir avanzando?Polticas para el desarrollo territorial:

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    Justamente un Balance de las polticas para el desarrollo terri-torial rural fue el tema de una de las plenarias del Encuentro Territorios en Movimiento 2012, realizado por Rimisp - Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural en-tre el 5 y 7 de junio en Quito-Ecuador. Para ello se cont con la participacin de Arilson Favareto, profesor de la Universidade Federal do ABC (UFABC) e investigador del Centro Brasileiro de Anlise e Planejamento (Cebrap), Enrique Garcilazo, jefe de la Unidad de Desarrollo Rural y Regional de la Organizacin para la Cooperacin y el Desarrollo Econmico (OCDE), y Claudia Serrano, directora ejecutiva de Rimisp.

    En todos los casos las presentaciones, ms que mirar hacia atrs, avanzaron sobre los aspectos donde focalizar los prximos pasos en esta materia. Pues tal como ha sealado Favareto, hoy la ret-rica del desarrollo territorial est presente en un amplio conjunto de agentes, si bien con comprensiones variadas y muchas veces incompletas, pero se ha creado un campo cognitivo a partir del cual se pueden lograr avances ms rpidos y consistentes.

    Brasil: el campo es una tarea pendienteLogros de alto calado como la superacin de la pobreza por parte de 30 millones de brasileos, que ahora son benefi cia-rios de los estndares de la clase media, fueron expuestos por

    Favareto, quien describi una serie de polticas ejecutadas por los gobiernos de esa na-cin y que se encaminaron a mejorar la calidad de vida y las oportunidades de los te-rritorios menos favorecidos. Programas destinados a con-

    ceder crditos e infraestructura en territorios rurales, mejora-miento de las condiciones de los trabajadores y la extensin de los servicios bsicos para un mayor nmero de familias, fueron algunas de las experiencias destacadas por el experto, pero fue enftico en afi rmar que en lo referente a desarrollo rural su pas an tiene un largo camino que recorrer.

    En la actualidad, las polticas de desarrollo que se ejecutan en Brasil son las mismas para todas las regiones, y un pas con la heterogeneidad de Brasil no puede crecer as. No contamos con una ley para el desarrollo territorial sustentable y los pro-gramas de desarrollo territorial son an muy dbiles. No pue-den considerarse como referentes para desarrollar polticas. Las instituciones que existen para este fi n tienen una fuerte parti-cipacin social, pero an falta trabajo, refl exion el investiga-dor. Asimismo, considera que a pesar de la retrica territorial, las polticas continan movilizando actores y realizando inver-siones de carcter eminentemente sectorial.

    Favareto defi ni al desarrollo territorial como el resultado de un conjunto de dinmicas socieconmicas y al exponer el es-tado del desarrollo territorial rural en su pas describi varios

    Polticas para el desarrollo territorial: cmo seguir avanzando? Diana Proao

    Las polticas territoriales deben ser entendidas como un complemento y un aporte a la accin del Estado central. Ellas expanden la capacidad de las regiones, ya que las entienden desde su multidim