Retrato del anciano

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    03-Mar-2016
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Un cuento inspirado en los últimos años de la vida de Vincent Van Gogh. Escrito por Mildzy Mujica, ingeniera industrial, escritora y patinadora.

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  • La famlica luz amarilla de una modesta lmpara de techo es lo nico que me permite trabajar en la estrechez de mi estudio. Las paredes teidas de azul cobalto se ciernen sobre m como las fauces de una ballena, minutos antes de engullir a su presa. En el exterior, resguardada por la oscuridad de la noche, respira agitadamente la vida bohemia con sus perversiones, alcohol y promesas de amor. Mi ser entero se entrega a lo nico que conoce como verdadero y lo nico que puede corresponderme: mi arte.

    El lienzo blanco se presenta vulnerable ante m. Mis manos sostie-nen con fuerza una paleta salpicada con pinturas de colores vibran-tes, las cuales se me hacen ms difciles de conseguir por lo crtico que se torna mi condicin econmica. Tomo un poco de rojo y con pincelada firme, escribo Vincent. No creo en las convenciones. La mayora de mis compaeros tiene la poca virtud de anteponer lo acadmico a sus impulsos de expresin y critican mis obras, acusn-dolas de faltas de proporcin, faltas de orden y rebeldes por esa mana de firmar al inicio y no al final. No se sorprenden de que hasta ahora no haya conseguido vender un solo cuadro de mi pro-duccin que alcanza las sesenta y siete obras.

    Contino pintando absorto en mi trabajo y con el transcurrir de los minutos siento como va tomando posesin de m una fuerza creado-ra que inunda de colores y amalgamas armnicas de formas el lienzo desnudo hasta transformarlo en un retrato. Me devuelve la mirada un rostro amable, pequeo y enjuto, casi senil, de un enfermizo tono de piel amarillo que sostiene entre sus manos vacilantes un pequeo mirlo violeta. En el horizonte se aprecia unas montaas terrosas y una bandada de mirlos, emprendiendo el vuelo. Tomo un poco de

    pintura verde para darle una mirada de esperanza a los ojos del anciano y luego tomo el azul para desplegar con trazos circulantes mi furia contenida en un cielo oscuro plagado de centellantes conste-laciones enfrentadas entre s.

    Me acomodo en mi silla de mimbre color ocre para darle una mirada ms distante al cuadro. Al lado de donde estoy sentado, se yergue solitaria otra silla de mimbre, ms elegante y refinada, esperando el regreso imposible de mi ex mejor amigo Paul. Dirijo la mirada a su asiento vaco como en tantas otras ocasiones que me senta melanc-lico y agito la cabeza. Jams volver y con su partida muri en m la esperanza de encontrar la felicidad en otro ser humano. Doy por finalizado el cuadro con pinceladas de color rojo sangre, aplicadas a manera de rfagas que se extienden sobre el anciano y el mirlo como una lluvia bblica.

    Por: Mildzy Mujica H.