¿Quien me metió al manicomio? - María Cristina Sacristán

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  • QUIN ME METI
  • ^ ' escje ej s|gj0 XIX ja disputa por obtener la legitimidad

    | para ordenar la reclusin involuntaria de un enfermoI f; mental se ha dirimido entre la familia, la medicina y elt Estado. Las consecuencias difieren si esta autoridad se

    , le otorga a la propia familia del enfermo (por peticin expresa), a la medicina (a travs del peritaje psiquitrico) o al Estado (mediante el aparato judicial o policiaco), y son expresin del grado de peligrosidad social que se le atribuye a la enfermedad mental en un momento determinado, y de cmo atajarla, si se cree preciso. La manera en que se resolvi en Mxico el problema del internamiento involuntario de los enfermos mentales durante los siglos xix y xx es el objeto de este trabajo. La legislacin, la voz de la medicina y, en menor medida, la prctica hospitalaria sern las veredas que transitaremos, pero antes habremos de considerar las condiciones histricas que hicieron de la reclusin involuntaria un problema mdico y jurdico.

    La r e c l u s i n d e l o s e n f e r m o s m e n t a l e s : s u n e c e s id a d h is t r ic a

    La necesidad de reglamentar el ingreso de los enfermos mentales en "establecimientos psiquitricos"1 es un fenmeno relativamente reciente en el mundo occidental. Si bien la legislacin relativa al enfermo mental en el terreno civil y penal se remonta al derecho romano (siglo v a.C.),2 fue precisa la conjuncin de una serie de factores tanto de ndole mdica como jurdica, e incluso de orden familiar y poltico, para que el internamiento de enfermos mentales requiriera de una norma explcita.

    Mientras el Estado no reconoci la hegemona del pensamiento mdico en la definicin de la locura, la enfermedad mental fue percibida tanto desde posiciones institucionales como desde una perspectiva so

    1 Se utiliza este trmino con el fin de abarcar los distintos tipos de instituciones destinadas al tratamiento de los enfermos mentales ya que trminos como hospital o manicomio no responden cabalmente a la diversidad de alternativas en materia de salud mental existentes hoy en da.

    2 La legislacin relativa a los enfermos mentales en el derecho romano se halla en numerosos libros. Son accesibles y claros Iglesias, 1990, D'Ors, 1983 y Garca Garrido, 1993.

  • cial de manera muy eclctica. Tanto vala acusar la locura a una transgresin religiosa, como al efecto de desarreglos fsico biolgicos o simplemente ser aprehendida bajo la denominacin genrica de "prdida del juicio". De esta manera el loco, pese a su singularidad, no era percibido como un personaje sujeto a exclusin, susceptible de ser "tratado" o sometido a algn tipo de reclusin con fines teraputicos. En las sociedades del Antiguo Rgimen los locos, al igual que otros tipos sociales (pobres, mendigos, enfermos), formaban parte de la masa comn de seres disminuidos o desvalidos cuya responsabilidad, cuidado, vigilancia y asistencia no eran achacables a un grupo social especfico o a profesionales expertos en el tratamiento de determinados padecimientos. La familia, los parientes y la red social de los locos se encargaban de su custodia, lo cual no significaba que estuvieran bien atendidos o que no los sometieran con violencia si su "furia" se desencadenaba.3

    La existencia de hospitales para enfermos mentales, documentada desde fechas muy tempranas, no se contradice con el panorama descrito. En el mundo hispnico la construccin de hospitales -ya sea por iniciativa de religiosos, de particulares, con apoyo municipal o de la Corona- formaba parte de la ereccin de instituciones de asistencia y caridad protectoras de pobres y enfermos, cuyos lmites no siempre estaban claramente definidos. En particular, los hospitales para locos no perseguan ms que formalmente la curacin de los dementes. De hecho estas instituciones no se encontraron bajo la direccin de un mdico sino hasta bien entrado el siglo xix. Tocaba al administrador la facultad de dirigir el hospital, entre cuyos cometidos se encontraba obtener donativos, rentas y demas fondos para lograr los mnimos de subsistencia. No obstante lo cual y como muestra del reconocimiento de la locura como enfermedad, se sola exigir un certificado mdico para el ingreso. Estos hospitales recogan a enfermos abandonados en las calles, aceptaban locos remitidos por las autoridades, pero tambin reciban peticiones de las familias para recluir a sus insensatos. Operaban entonces

    3 Este fenmeno se puede extender a numerosos pases al menos hasta finales del siglo xviii e incluso posteriormente. Vase Rothman, 1971:1-2,7-9; Rosen, 1974:156-157; Castel, 1980:32-34; MacDonald, 1981 :xil-xiv,1-11; Postel y C. Qutel, 1987:100-101, y Sacristn, en prensa:13-15.

  • de muy diversas formas: como sustitutos de quienes tenan la responsabilidad del cuidado de los enfermos, como instituciones de caridad recogiendo a los locos que tras abandonar el seno familiar haban escapado a su intervencin, o como baluartes de la seguridad en los casos de insensatos "furiosos" cuya violencia desbordaba cualquier posibilidad de control que no fuera la sujecin fsica.4

    Desde fines del siglo xvm, pero sobre todo durante la primera mitad del siglo xix, algunos pases de Europa y los Estados Unidos conocieron una gran transformacin tanto en la conceptualizacin de la locura como en los mecanismos de control de los enajenados. El loco fue percibido por la medicina bajo la categora de alienado que lo distingua claramente de otros grupos de desviados con los que se haba confundido bajo el Antiguo Rgimen; el Estado reconoci en el mdico alienista una competencia especializada para el tratamiento de la enajenacin mental, y se instituy el asilo como un espacio cuya mayor propiedad teraputica resida precisamente en el aislamiento del enfermo. La sola creencia de que la locura podra ser curada y que los mtodos violentos contra los enfermos habran de pertenecer al pasado supona una autntica revolucin.5 Este proceso de medicalizacin de la locura, sintetizado aqu de manera un poco simplificadora, permite que nazca, a instancias de los mdicos, la necesidad social del ingreso de los enfermos mentales en los manicomios.

    Sin embargo, como estos cambios tuvieron lugar precisamente en el marco de la gran transformacin poltica y jurdica que heredamos de la Revolucin francesa, entre cuyos logros se encuentra el establecimiento de las garantas individuales, tanto los mdicos como el Estado hubieron de buscar un mecanismo legal para el ingreso involuntario de los alienados en los asilos que no violara la libertad individual, es decir, que no pudiera tomar la forma de secuestro o privacin de libertad, pero que permitiera el internamiento por causa de seguridad pblica o simplemente como proteccin de la sociedad.

    4 Alvarez-Ura, 1983:98-99; Lpez Alonso, 1988:50-98; Comelles, 1991:103, y Gonzlez Duro, 1994:21-22,47-52.

    5 Rothman, 1971 :xiii-xiv,130-133; Castel, 1980:13-15,63-67; Gauchet y G. Swain,

    1980:41-51,68-100, y Alvarez-Ura, 1983:110-116.

  • En el campo del derecho civil se haba incorporado, desde el Cdigo de Napolen (1804), una figura conocida con el nombre de interdiccin, destinada a representar legalmente a los mayores de edad con alguna incapacidad que impidiera el pleno ejercicio de los derechos civiles -la enfermedad mental por ejemplo-. Al incapacitado se le nombraba un tutor para asistirlo o sustituirlo en determinados actos jurdicos y para administrar sus bienes, cuyo principal destino habra de ser su curacin.6

    Si bien el juicio de interdiccin no fue pensado para resolver el problema de la privacin de libertad de los enfermos mentales hospitalizados, una vez que se hubiera declarado judicialmente la incapacidad, el sujeto podra ser internado sin temer por sus derechos ya que el tutor designado por el juez se encargara de protegerlos. Sin embargo, en los hechos la gran mayora de los enfermos hospitalizados no haban sido previamente incapacitados,7 porque el juicio de interdiccin estaba dirigido primordialmente a la proteccin del patrimonio de los incapaces.8

    Si bien el procedimiento de incapacitacin podra pasar por un mecanismo legal para obtener la reclusin ya que contaba con la garanta judicial, resultaba lento, costoso y poco eficaz -se deca- tratndose de enajenados peligrosos ante quienes haba que actuar de manera inmediata si se buscaba la proteccin de la sociedad.9

    Bercovitz, 1976:32-33.7 "En Pars, sobre 613 enajenados recibidos en 1837 en el manicomio de Bictre, ni

    camente 9 estaban incapacitados; luego cerca de 600 enajenados haban sido secuestrados sin ninguna garanta en un solo establecimiento", Laurent, 1894, V:565. Vase tambin Castel, 1980:176. Actualmente sucede lo mismo. Se ver ms adelante.

    K Hace ms de un siglo, el jurisconsulto belga Franois Laurent, autor de una obra que comenta la codificacin civil francesa en 33 volmenes, dijo refirindose al juicio de incapacitacin: "En el estado actual de nuestra legislacin, la interdiccin no tiene ms objeto que amparar los intereses pecuniarios del enagenado y de sus herederos. Si el ena- genado no tiene bienes, la interdiccin carece de razn de ser", de manera tal que "el sistema del cdigo civil no resguarda plenamente sino los intereses pecuniarios del enagenado incapacitado; y ste es el objeto que siempre han tenido en mientes los autores del cdigo", Laurent, 1894, V:348,565. Hoy en da apunta Bercovitz: "El Cdigo Napolen presenta, al igual que nuestro Cdigo civil [el espaol], e incluso con mayor claridad, un sistema de tutela de los incapacitados mayores de edad por enfermedad mental en el que la preocupacin principal es velar por la suerte de su patrimonio", Bercovitz, 1976:121.

    Laurent, 1894, v:565-567 y Castel, 1980:206-212.

  • La primera respuesta a esta carencia legislativa tuvo lugar en Francia a instancias de mdicos alienistas y tras una intensa discusin parlamentaria, con la ley del 30 de junio d