PuntoEdu 202

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Semanario de la Pontificia Universidad Católica del Perú. En esta edición: Gadaffi, TUC, Instituto Riva-Agüero

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  • .eduwww.pucp.edu.pe

    Cincuenta del TUCLa Escuela de Teatro de la Universidad cumple cinco dcadas y tiene programadas distintas actividades para celebrar a lo largo del ao. Que empiece la funcin! [Pgs. 8-9]

    Tendencias: una adiccin psi-colgica conocida como tecnofi lia. Ubcate cachimbo: los mejores momentos de la bien-

    venida al cachimbo fueron inmortalizados. Convocatoria: inscrbete para ser un Gua PUCP. En el campus: vuelve Vamos a Leer con novela de MVLL. Agenda: La doble inconstancia en el CCPUCP.

    +Q

    Ao 7 N 202 Del 14 al 20 de marzo del 2011

    [email protected] gratuita

    Publicacin de laPontifi cia Universidad Catlica del Per .edu Ao 7 N 202 Del 14 al 20 de marzo del [email protected] gratuitaPublicacin de laPontifi cia Universidad Catlica del Per

    La crisis en los gobiernos de los pases rabes es un suceso poltico que marcar nuestra poca. Esta es una aproximacin a los hechos ms recientes. [Pgs. 2-4]

    Bienvenidos, cachimbos!

    Oriente explosivo

    ILUSTRACIN: MILENA GOLTE

  • informe

    Jaque al jeque

    2 | .edu | liMa, del 14 al 20 de marzo del 2011

    Ha sido comparada con la cada del Muro de Berln en 1989 y con la corriente independentista americana del siglo XIX. Lo que est sucediendo en el mundo rabe es el suceso poltico que marcar el devenir de nuestra poca. Estamos siendo testigos de una revolucin que podra significar un cambio radical en la composicin del mundo y del rol de las grandes potencias, el Medio Oriente e internet.

    CrIsIs En Los pAsEs rAbEs

    Por rICArDo rETEGUI

    Podemos comparar estas revoluciones a lo que se produjo en Europa y en el mundo tras la cada del muro de Berln.

    Egipto y Libia han tenido gobiernos laicos en los ltimos 50 aos. En algunos pases se consideraba a la religin como una traba para el desarrollo.

    Mohamed Bouaziz tena un diploma universitario en informtica pero venda fruta pa-

    ra sobrevivir. Era parte de ese 14% de tunecinos desemplea-dos que hasta hoy desesperan buscando ingresos a pesar de vivir en uno de los pases ms acomodados del mundo rabe. Un da los agentes municipa-les le quitaron su puesto ambu-lante y lo golpearon en la calle por no tener al da algunos do-cumentos. Humillado y cons-ternado, Bouzaziz se dirigi al ayuntamiento de su pueblo y frente a l se prendi fuego en seal de protesta. A las dos se-manas, este joven de 26 aos, muri. Desde ese momento en adelante, el fuego encendido en ese pequeo y olvidado pue-blo de Tnez no se apaga y ms bien viene alcanzando a varios pases rabes con situaciones similares, con jvenes que ven con desconfianza a sus gobier-nos atornillados por dcadas en el poder.

    Panorama. En esos das, finales del 2010 e inicios del 2011, el hasta entonces presi-dente de Tnez, Zine El Abi-dine Ben Al, entraba a su ao 24 en el gobierno en medio de

    amenazas y ataques de su go-bierno, celebraron con euforia la salida del presidente. Al fin se sentan libres.

    Ben Al haba instaurado un gobierno que mantena enor-mes y poderosas redes de co-rrupcin centralizada en la fa-milia de su esposa, los Trabelsi, quienes controlaban casi todas las industrias y grandes nego-cios del pas. Ellos se estaban haciendo ricos mientras el tu-necino de a pie estaba obliga-do a la subsistencia. No obstan-te, si bien las protestas se ini-ciaron por la falta de empleo y el alza de los precios, cada vez ms personas hacan pedidos ms complejos y manifestaban su rechazo a su sistema de go-bierno, a la censura y a la vio-lenta represin policial. Se exi-ga respeto a los derechos y a la dignidad de las personas, ma-yores libertades e incluso posi-bilidad de participar en polti-ca eligiendo y siendo elegidos, algo totalmente prohibido en Tnez. Democracia? Algo as.

    Es difcil saber qu se est entendiendo por democracia en estos pases, pues no han tenido nunca una cultura de democracia, comenta el doc-tor Fabin Novak, director del Instituto de Estudios Interna-cionales de la PUCP. Sin em-

    lia, Libia, Egipto, Sudn, Lba-no, Jordania, Arabia Saud, Ye-mn, Yibuti, Siria y Bahrin. Adems de Somalia, Comoras, varios de los Emiratos rabes y Catar. Todos. Desde el Magreb hasta el Mshreq. En muchos casos, los gobiernos han logra-do negociar con su poblacin y dar concesiones frente a los pedidos. Por ejemplo, en Jor-dania, el rey Abdal II logr pa-liar la crisis apoyado en su ca-risma, la buena relacin con su pueblo y en la rpida deci-sin de destituir a su primer ministro y convocar a eleccio-nes para elegir al sucesor. En otros casos, como en Egipto y Libia, la situacin no fue tan sencilla (ver recuadro).

    anteCeDentes. Gran par-te de lo que hoy conocemos co-mo el mundo rabe fue en al-gn momento el Imperio Oto-mano que se desintegr como producto de la Primera Guerra Mundial y la derrota de la Tri-ple Alianza. De las ruinas de este imperio surgi un estado independiente, Turqua, pe-ro las provincias rabes que-daron bajo el control britni-co y francs, aunque Libia fue colonia italiana hasta antes de la Segunda Guerra Mundial. Despus de esta guerra, se rees-

    diversas protestas que fueron reprimidas como era usual en los ltimos tiempos. Sin em-bargo, despus de la muerte del joven Bouzaziz, la violen-cia de las manifestaciones cre-ci exponencialmente al pun-to que Ben Al se vio obligado a renunciar y huir del pas. Los cientos de miles de tunecinos que durante casi un mes to-maron las calles a pesar de las

    bargo, nos queda claro que las manifestaciones buscaban un cambio poltico de fondo. Es una revolucin civil que est al-canzando a todo el mundo ra-be, agrega.

    Decir que los sucesos abar-can a todo el mundo rabe no es una exageracin ni mucho menos. Las protestas van des-de Mauritania hasta Omn, pasando por Marruecos, Arge-

    FAbIn noVAkDirector del instituto de estudios internacionales de la PucP

    MArTn porTILLoProfesor del centro de estudios orientales de la universidad.

  • informe

    Pontificia Universidad Catlica del Per | .edu | 3

    ilustraciones: M

    ilena golte

    Muammar Al Gadafi y El Da de la Ira

    Mubarak y la revuelta de los jvenes

    Por esas pocas, el vecino occidental de egipto, libia, viva tambin momentos difciles al reavi-varse las protestas que exigan la salida del pre-sidente Muammar al gadafi. con 40 aos en el poder, al gadafi es quiz el gobernante con ms tiempo al frente de un pas rabe, incluso estaba preparando a uno de sus hijos para que sea su sucesor. Hasta este momento, los enfrentamien-tos entre las fuerzas de gadafi y la poblacin civil estn en una escalada aterradora de violencia, al punto que se ha ordenado a las fuerzas armadas libias bombardear a los manifestantes, lo que ha dejado un saldo de varios centenares de muertos. esto no haba sucedido ni en el peor momento de Mubarak o Ben al. gadafi ha cruzado todo lmite y la otan se prepara para intervenir militarmente.

    en egipto, despus de 30 aos, el gobierno de Mohamed Hosni Mubarak cay a los 18 das de ini-ciadas las protestas que movilizaron a cerca de un milln de manifestantes. el cairo, suez y ale-jandra, las principales ciudades egipcias, fueron testigos de sangrientos enfrentamientos entre las fuerzas de Mubarak y verdaderas mareas huma-nas que exigan la salida del presidente y sus ministros. acostumbrado a un poder absoluto e incuestionable, el gobernante egipcio se neg a renunciar y ms bien lanz un discurso televisa-do que tuvo el efecto de ms aire para un globo a punto de estallar. Finalmente, rechazado por su pueblo, por la opinin pblica internacional, por sus pases vecinos e incluso por su propia fuerza armada, Mubarak se vio obligado a dimitir.

    Los lderestructura la predominancia eu-ropea en el norte de frica. Es en estos aos que varios de es-tos pases entran en luchas in-ternas por su independencia de las potencias europeas, co-mo es el caso de Egipto (contra los britnicos) y Argelia (con-tra los franceses), por ejemplo. No obstante, muchos pases de Medio Oriente alcanzaron su libertad mediante la negocia-cin poltica.

    La actual configuracin de estos pases es herencia de lo que sucedi entre 1950 y 1960, en plena Guerra Fra, donde los rabes sellaron alianzas con las potencias del Atlntico o los socialistas soviticos. Es en esta poca que se construye una idea de nacionalismo, de pueblo rabe, que ser fun-damental para las relaciones entre vecinos.

    La reLigin. Ser rabe no significa ser musulmn. Si bien es la religin predomi-nante con un 90% de rabes musulmanes, tambin hay ra-bes cristianos de distintos tipos e incluso rabes judos. Ser rabe es compartir una misma lengua y algunos rasgos cultu-rales. Aunque antes se le consi-deraba una etnia, esto ya no es as, explica el profesor Martn

    Portillo del Centro de Estudios Orientales de la PUCP. Los mu-sulmanes creen en el islam, su libro sagrado es el Corn y Ma-homa es el ltimo profeta de Al, su dios. No hay equivalen-cia entre ser musulmn y ser fundamentalista pues hay pa-ses donde se vive la fe islmica de manera moderada como T-nez, Marruecos o Argelia. Tam-poco es correcto equiparar el islamismo con el terrorismo extremista pues son solo una minora entre los ms de 340 millones de rabes y los 1,200 millones de musulmanes del mundo.

    Se tiene la idea de que es-tos pases estn gobernados por una teocracia, es decir, que sus lderes son a la vez re-ligiosos y polticos; sin embar-go, eso no es del todo cierto. El profesor Portillo, un reconoci-do especialista en cultura ra-be y persa, nos dice que tanto Tnez como Egipto e incluso Libia, al igual que la mayora de los pases del Magreb, han tenido gobiernos laicos en los ltimos cincuenta aos. En al-gunos pases se consideraba a la religin como una traba pa-ra el desarrollo. Eso no signi-fica que no cumplan con las costumbres del islam pues re-zan mirando hacia La Meca

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