Psicología de las masas y el análisis del yo

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X. LA MASA Y LA HORDA PRIMORDIAL - En 1912 recogió la conjetura de Darwin, para quien la forma primordial de la sociedad fue la de una horda gobernada despóticamente por un macho fuerte. Los destinos de esta horda dejo huellas indestructibles en el linaje de sus herederos, y sobre todo, que la evolución del totemismo, que engloba los comienzos de la religión, la moral y la diferenciación social, se halla relacionada con la muerte violenta del jefe y con la transformación de la horda paterna en una comunidad hermanos. Esto no es sino una nueva hipótesis que intentar esclarecer la oscuridad del tiempo primordial- una «just so story», como la denominó jocosamente un crítico inglés. Pero opino que es valedera como hipótesis si es apta para crear coherencia en nuevos ámbitos. - las masas humanas nos muestran nuevamente el imagen familiarizada del individuo hiperfuerte entre una multitud de individuos iguales, imagen contenida en nuestra representación de la horda primitiva. La psicología de estas masas, responde a un estado de regresión a una actividad anímica primitiva, tal y como la atribuiríamos a la horda prehistórica. De este modo, La masa se nos aparece como un renacimiento de la horda primitiva. La psicología de la masa es la psicología más antigua del ser humano. Lo que se ha aislado como psicología individual se perfilo más tarde a partir de la antigua psicología de la masa. La psicología individual es tan antigua como la de masa, desde el comienzo hubo dos psicologías: la de los individuo de la masa y la del padre, jefe, conductor. Los individuos estaban ligados en la misma forma que hoy, pero el padre de la horda permanecía libre, y aun hallándose aislado, eran fuertes e independientes sus actos intelectuales. Su voluntad no precisaba ser reforzada por la de otros. en consecuencia, su Yo no se encontraba muy ligado libidinosamente y amándose sobre todo a sí mismo, sólo amaba a los demás en tanto en cuanto le servían para la satisfacción de sus necesidades. Su Yo no daba a los objetos más que lo preciso. Fue el padre de la horda primitiva el superhombre cuya aparición esperaba Nietzsche en un lejano futuro. Los individuos de una masa precisan todavía actualmente de la ilusión de que el jefe les ama a todos con un amor justo y equitativo, mientras que el jefe mismo no necesita amar a nadie, puede erigirse en dueño y señor, y aunque absolutamente narcisista, se halla seguro de sí mismo y goza de completa independencia. Sabemos ya, que el narcisismo limita el amor, y podríamos demostrar, que actuando así ha pasado a ser un factor de cultura.

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cap X y XI

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X. LA MASA Y LA HORDA PRIMORDIAL - En 1912 recogi la conjetura de Darwin, para quien la forma primordial de la sociedad fue la de una horda gobernada despticamente por un macho fuerte. Los destinos de esta horda dejo huellas indestructibles en el linaje de sus herederos, y sobre todo, que la evolucin del totemismo, que engloba los comienzos de la religin, la moral y la diferenciacin social, se halla relacionada con la muerte violenta del jefe y con la transformacin de la horda paterna en una comunidad hermanos. Esto no es sino una nueva hiptesis que intentar esclarecer la oscuridad del tiempo primordial- una just so story, como la denomin jocosamente un crtico ingls. Pero opino que es valedera como hiptesis si es apta para crear coherencia en nuevos mbitos. - las masas humanas nos muestran nuevamente el imagen familiarizada del individuo hiperfuerte entre una multitud de individuos iguales, imagen contenida en nuestra representacin de la horda primitiva.La psicologa de estas masas, responde a un estado de regresin a una actividad anmica primitiva, tal y como la atribuiramos a la horda prehistrica. De este modo, La masa se nos aparece como un renacimiento de la horda primitiva. La psicologa de la masa es la psicologa ms antigua del ser humano. Lo que se ha aislado como psicologa individual se perfilo ms tarde a partir de la antigua psicologa de la masa. La psicologa individual es tan antigua como la de masa, desde el comienzo hubo dos psicologas: la de los individuo de la masa y la del padre, jefe, conductor. Los individuos estaban ligados en la misma forma que hoy, pero el padre de la horda permaneca libre, y aun hallndose aislado, eran fuertes e independientes sus actos intelectuales. Su voluntad no precisaba ser reforzada por la de otros. en consecuencia, su Yo no se encontraba muy ligado libidinosamente y amndose sobre todo a s mismo, slo amaba a los dems en tanto en cuanto le servan para la satisfaccin de sus necesidades. Su Yo no daba a los objetos ms que lo preciso. Fue el padre de la horda primitiva el superhombre cuya aparicin esperaba Nietzsche en un lejano futuro. Los individuos de una masa precisan todava actualmente de la ilusin de que el jefe les ama a todos con un amor justo y equitativo, mientras que el jefe mismo no necesita amar a nadie, puede erigirse en dueo y seor, y aunque absolutamente narcisista, se halla seguro de s mismo y goza de completa independencia. Sabemos ya, que el narcisismo limita el amor, y podramos demostrar, que actuando as ha pasado a ser un factor de cultura. El padre de la horda primitiva no era an inmortal como luego ha llegado a serlo por divinizacin. Cuando muri tuvo que ser reemplazado y lo fue probablemente por el menor de sus hijos, que hasta entonces haba sido un individuo de la masa, como los dems. Debe, pues, de existir una posibilidad de transformar la psicologa de masa en psicologa individual y de encontrar las condiciones en las cuales puede efectuarse tal transformacin. (Ejemplo en 118 segundo prrafo, desde la 4 oracin hasta inclusive el prrafo siguiente).Ya la forma siguiente de la sociedad humana, el clan totmico, reposa en esta transformacin, que a su vez constituye la base de todos los deberes sociales. La inquebrantable fortaleza de la familia, como formacin de masa natural, resulta que en ella es una realidad efectiva el amor igual del padre hacia todos los hijos. Ha de explicarnos lo que de incomprendido y misterioso queda an en la formacin colectiva, aquello que se oculta detrs de los enigmticos conceptos de hipnosis y sugestin. Recordemos, que la hipnosis lleva en s algo inquietante y que este carcter indica siempre la existencia de una represin de algo antiguo y familiar. Recordemos igualmente, que la hipnosis es un estado inducido. El hipnotizador pretende poseer un poder misterioso que despoja de su voluntad al sujeto. O lo que es lo mismo: el sujeto atribuye al hipnotizador un tal poder. El hipnotizador, que afirma poseer esta fuerza, la emplea ordenando al sujeto que le mire a los ojos. Hipnotiza, de una manera tpica, por medio de la mirada. Ferenczi ha deducido acertadamente, que con la orden de dormir intimada al sujeto al iniciar la hipnosis, se coloca el hipnotizador en el lugar de los padres de aqul. Cree, adems, distinguir dos clases de hipnosis: una, zalamera y apaciguante, y otra, amenazadora. La primera sera la hipnosis maternal; la segunda, la hipnosis paternal. Ahora bien: la orden de dormir no significa, en la hipnosis, sino la invitacin a retraer todo inters del mundo exterior y concentrarlo en la persona del hipnotizador. As la entiende, en efecto, el sujeto, pues esta desviacin de la atencin del mundo exterior constituye la caracterstica psicolgica del sueo, y en ella reposa el parentesco del sueo con el estado hipntico. Por medio de estos procedimientos, despierta, pues, el hipnotizador, una parte de la herencia arcaica del sujeto, herencia que se manifest ya en su actitud con respecto a sus progenitores y especialmente en su idea del padre, al que hubo de representar como una personalidad muy poderosa y peligrosa, con relacin a la cual no caba observar sino una actitud pasiva masoquista, renunciando a toda voluntad propia y considerando como una arriesgada audacia el hecho de arrostrar su presencia. Tal hubo de ser, indudablemente, la actitud del individuo de la horda primitiva con respecto al padre. Como ya nos lo han mostrado otra reacciones, la aptitud personal para la resurreccin de tales situaciones arcaicas vara mucho de unos individuos a otros. De todos modos, el individuo puede conservar un conocimiento de que en el fondo, la hipnosis no es sino un juego, una reviviscencia ilusoria de aquellas impresiones antiguas, conocimiento que basta para hacer surgir una resistencia contra las consecuencias demasiado graves de la supresin hipntica de la voluntad. El carcter ominoso y compulsivo de las formaciones de masa, que se manifiesta en sus fenmenos de sugestin, puede ser atribuido, por lo tanto, a la afinidad de la masa con la horda primitiva, de la cual desciende.El conductor de la masa es an el temido padre primordial. La masa quiere siempre ser dominada por un poder irrestricto, ansia extrema de autoridad, tiene, segn las palabras de Gustavo Le Bon, una inagotable sed de sometimiento. El padre primordial es el ideal de la masa, y este ideal domina al yo, sustituyndose a su ideal del Yo. Hay buenos fundamentos para llamar a la hipnosis una masa de dos, de acuerdo a la sugestin. La sugestin posea un convencimiento no basado en la percepcin ni en el razonamiento, sino en un lazo ertico.XI. UN GRADO EN EL INTERIOR DEL YOCada individuo es miembro de muchas masas, tiene mltiples ligazones de identificacin y ha edificado su ideal del yo segn los diversos modelos. Cada individuo participa del alma de la masa: su raza, estamento, etc y aun puede elevarse por encima de ellos hasta lograr una autonoma y originalidad. Estas formaciones de masas llaman menos la atencin del observador que las masas efmeras, de creacin sbita, en estas masas se superponen a otras. Se presenta el asombroso fenmeno: desaparece sin dejar huellas, si bien slo temporariamente, justo aquello que hemos reconocido como el desarrollo individual.Comprendimos ese asombroso fenmeno diciendo que el individuo resigna su ideal del yo y lo permuta por el ideal de la masa corporizado en el conductor. En muchos individuos, la separacin entre su yo y su ideal del yo no ha llegado muy lejos; ambos coinciden con facilidad, el yo ha conservado a menudo su antigedad vanidad narcisista. Y muchas veces solo le hace falta poseer las propiedades las propiedades tpicas de estos individuos con un perfil ntido y puro, y hacer la impresin de una fuerza y una libertad libidinosa mayores; entonces transige con l la necesidad de un jefe fuerte, con hiperpoder. Lo que aduce para esclarecer la estructura libidinosa de una masa se reconduce a la diferenciacin entre el yo y el ideal del yo, y el doble tipo de ligazn as posibilitado: identificacin e introduccin del objeto en reemplazo del ideal del yo. Como primer paso de un anlisis del yo. Como primer paso de un anlisis del yo, esta hiptesis (la existencia de un grado de esa clase en el interior del yo). Tiene que demostrar su justificacin poco a poco, en los ms diversos campos de la psicologa.El yo se vincula ahora como un objeto con el ideal del yo desarrollado a partir de l, y que posiblemente todas las acciones, reciprocas entre objetos exteriores y yo-total que hemos discernido en la doctrina de la neurosis vienen a repetirse en este nuevo escenario erigido en el interior del yo. Se pone a estudiar una de las posibles consecuencias de este punto de vista, prosiguiendo a la elucin de un problema que deba dejar irresuelto. Cada una de las diferencias anmicas que hemos ido conociendo supone una nueva dificultad para la funcin anmica, aumenta su labilidad y puede convertirse en el punto de partida de una falla de la funcin. En el curso del desarrollo hemos emprendido una separacin de nuestro patrimonio anmico en un yo coherente y una parte reprimida inconciente, que se dej afuera de aquel; y sabemos que la estabilidad de esta adquisicin reciente est expuesta a constantes perturbaciones.Seria concebible que la divisin del ideal del yo respecto del to no se soportase de manera permanente, y tuvieran que hacerse involuciones temporarias. A pesar de todas las renuncias y restricciones impuestas por el yo, la regla es la infraccin peridica de las prohibiciones, lo muestra ya la institucin de las fiestas. el ideal del yo abarca la suma de todas las restricciones que el yo debe obedecer y por eso la suspensin del ideal no podra menos que ser una fiesta grandiosa para el yo, que as tendra permitido volver a contestarse consigo mismo. Siempre se produce una sensacin de triunfo cuando en el yo algo coincide con el ideal del yo. Y el sentimiento de culpa puede comprenderse como la expresin de la tensin entre el yo y el ideal.