Polemica Teologica Sayes-Pagola

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Jos Antonio Pagola: nota de Doctrina de la Fe de la CEEviernes, 27 de junio de 2008 Nota de clarificacin sobre el libro de Jos Antonio Pagola, Jess. Aproximacin histrica (PPC, Madrid 2007, 544 pp.) PRESENTACIN 1. En octubre de 2007 se public la primera edicin de la obra del Rvdo. Sr. D. Jos Antonio Pagola, Jess. Aproximacin histrica, PPC, Madrid 2007, 544pp. En apenas seis meses conoci ocho ediciones, con decenas de miles de ejemplares vendidos. A su creciente difusin ha acompaado una reaccin de preocupacin entre muchos lectores, confundidos ante planteamientos y conclusiones no siempre compatibles con la imagen de Jess que presentan los evangelios, y que ha sido custodiada y transmitida con fidelidad por la Iglesia desde la poca apostlica hasta nuestros das. La confusin provocada por tales planteamientos hace necesaria la presente Nota de clarificacin. 2. Con esta Nota no se pretende juzgar las intenciones subjetivas del Autor y menos an su trayectoria sacerdotal. La revisin del libro que el Autor ha aceptado emprender no excluye la clarificacin sobre las razones que la han hecho necesaria. De este modo respondemos a nuestra obligacin de ayudar a los miles de lectores de la primera versin a hacerse un juicio de la misma conforme con la doctrina catlica. Esta clarificacin se centrar en algunas cuestiones de tipo metodolgico y doctrinal[01]. 3. Desde el punto de vista metodolgico, tres son las deficiencias principales de la obra Jess. Aproximacin histrica: a) la ruptura que, de hecho, se establece entre la fe y la historia; b) la desconfianza respecto a la historicidad de los evangelios; y, c) la lectura de la historia de Jess desde unos presupuestos que acaban tergiversndola. Las deficiencias doctrinales pueden resumirse en seis: a) presentacin reduccionista de Jess como un mero profeta; b) negacin de su conciencia filial divina; c) negacin del sentido redentor dado por Jess a su muerte; d) oscurecimiento de la realidad del pecado y del sentido del perdn; e) negacin de la intencin de Jess de fundar la Iglesia como comunidad jerrquica; y, f) confusin sobre el carcter histrico, real y trascendente de la resurreccin de Jess. 1. CUESTIONES METODOLGICAS a) Ruptura entre fe e investigacin histrica 4. Los escritos del Nuevo Testamento son, ciertamente, documentos de fe, pero no [por ello] son menos atendibles, en el conjunto de sus relatos, como testimonios histricos[02]. Los autores sagrados no se han limitado a poner por escrito sus experiencias subjetivas en torno a Jess, ni tampoco han recreado a la luz de la Pascua una figura diferente de la que aconteci en la historia. La verdad del relato evanglico se fundamenta tanto en la asistencia del Espritu Santo (inspiracin) como en el testimonio histrico directo: Lo que hemos visto y odo, os lo anunciamos (1 Jn 1, 3). Por eso la Iglesia no ha dejado nunca de confiar en la historicidad de los relatos evanglicos: La Santa Madre Iglesia firme y constantemente ha credo y cree que los cuatro referidos Evangelios, cuya historicidad afirma sin vacilar, comunican fielmente lo que Jess Hijo de Dios, viviendo entre los hombres, hizo y ense realmente para la salvacin de ellos, hasta el da que fue levantado al cielo[03]. La historicidad del testimonio evanglico no queda alterada porque se haya realizado con aquella crecida inteligencia[04] nacida de la Pascua, pues los autores sagrados, an dejando su propia impronta, siempre nos comunicaban la verdad sincera acerca de Jess[05]. 5. En la obra que nos ocupa: se asume acrticamente una ruptura entre la investigacin histrica sobre Jess y la fe en l, entre el llamado "Jess histrico" y el "Cristo de la fe", dando la impresin de que la fe carece de un fundamento histrico slido. Ahora bien, si la fe de la Iglesia no tiene su fundamento en la historia, entonces el cristianismo deriva en ideologa[06];

parece sugerirse que para reconstruir la figura histrica de Jess haya que prescindir de la fe, bien porque la lectura creyente de la historia sea simplemente una ms entre otras posibles, bien porque se piense que la fe conduce a una deformacin de la historia[07]. 6. Sorprende tambin comprobar cmo en esta obra se citan con igual autoridad escritos cannicos y apcrifos (cf. p. ej. pp. 92-95). La consecuencia inevitable es la confusin sobre el valor histrico de las fuentes empleadas, as como la asuncin acrtica del prejuicio liberal que considera la fe y su formulacin (el dogma) como una adulteracin del autntico dato histrico. No podemos olvidar que la fijacin del Canon tuvo como objetivo custodiar el testimonio autntico sobre Jess preservndolo de posteriores interpretaciones adulteradas. La fe apostlica no invent la historia de Jess, sino que la custodi, convirtindose en la garanta de su autenticidad. El criterio para discernir, custodiar y transmitir la autenticidad de lo atestiguado fue su conformidad con la predicacin de los apstoles. Por eso, quien prescinde de la fe apostlica se cierra a una autntica aproximacin histrica a Jess. b) Desconfianza en la historicidad de los Evangelios 7. Tambin son frecuentes en el libro las referencias al carcter no histrico de muchas de las escenas evanglicas (cf. p.ej. pp. 39, n.2; 206; 215, n. 12; 336-337; 349, n. 42; 363-364; 368; 377; 379; 429; 432) o a la dificultad para determinar si describen acontecimientos reales o invenciones de los evangelistas (cf. pp. 372373). Se podra decir que, para el Autor, la desconfianza frente al dato de los evangelios es una condicin para proceder con rigor en la investigacin histrica. Esta desconfianza es consecuencia de la ruptura que se establece entre Jess mismo (su vida y enseanza) y el testimonio que sus seguidores dieron de l (cf. p. 118, n.9). c) Aproximacin a la historia desde presupuestos ideolgicos 8. La reconstruccin histrica realizada por el Autor alterna datos supuestamente histricos con recreaciones literarias inspiradas en la mentalidad actual[08], adoptando, adems, el anlisis propio de la lucha de clases para describir el entorno familiar, social, econmico, poltico y religioso. El objetivo de esta descripcin es situar la actividad de Jess y su predicacin del Reino en un horizonte preferentemente terreno[09]. As, al uso selectivo de los estudios utilizados en la redaccin del libro le corresponde una utilizacin igualmente selectiva de las fuentes. Los relatos evanglicos son adaptaciones posteriores cuando desmienten la propia tesis; son histricos cuando concuerdan con ella. 2. CUESTIONES DOCTRINALES 9. El objetivo del libro Jess. Aproximacin histrica es aproximarse a la figura de Jess desde el punto de vista histrico. El Autor desea responder a la pregunta Quin fue Jess? (p. 5), para saber quin est en el origen de mi fe cristiana (p. 5). a) Quin es Jess de Nazaret? 10. Para el Autor, el Jess que realmente aconteci en la historia, es, ante todo, un profeta. Los captulos 3 ("Buscador de Dios") y 11 ("Creyente fiel") son muy esclarecedores. Ciertamente, la obra comienza afirmando que Jess es la encarnacin de Dios, el hombre en el que Dios se ha encarnado (p. 7). Esas afirmaciones aparecen tambin al exponer lo que los seguidores de Jess, una vez resucitado, predican sobre Jess. Pero conviene advertir que para el Autor todos estos modos de hablar de Jess pertenecen a los discpulos, quienes, despus de la Pascua, han buscado el nombre para Jess acudiendo, unas veces, a la tradicin juda, y, otras, a la terminologa presente en el mundo pagano[10]. b) La conciencia filial de Jess de Nazaret 11. Tan importante como determinar la autenticidad histrica del testimonio es determinar si el Jesucristo de la profesin de fe, realizada bajo la accin del Espritu Santo, es conforme a la pretensin del Jess que vivi en un determinado momento histrico. Si Jess no se present a s mismo como Dios y como Hijo de Dios, ni reclam para s la fe que reclam para el Padre, la posterior confesin de fe de los apstoles no fue ms que una interpretacin exagerada y, en cuanto tal, deformadora de su maestro, formulada a partir de una Pascua que ya no se sabe lo que es. La conciencia que Jess tena de s y de su misin es inseparable de la verdad histrica contenida en la profesin de fe. Sin la verdad histrica, la profesin de fe se convierte en mito. Pues bien, el

Autor escribe a este respecto: En ningn momento [Jess] manifiesta pretensin alguna de ser Dios... Tampoco se le condena por su pretensin de ser el "Mesas" esperado... al parecer, Jess nunca se pronunci abiertamente sobre su persona (p. 379). Esta afirmacin contradice el dato histrico recogido en el testimonio evanglico, custodiado y transmitido por la Iglesia apostlica. Jess, en efecto, es Dios, sabe que es Dios y habla continuamente de ello[11]. 12. Para el Autor, que Jess sea Hijo de Dios es una afirmacin de carcter confesional (p. 303) que no tiene su origen en el Jess de la historia. La respuesta a la pregunta "Quin es Jess?" solo puede ser personal (p. 463). Presentado Jess principalmente como un profeta, no extraa el silencio sobre su concepcin virginal, la afirmacin sobre los "hermanos" de Jess en sentido propio y real (cf. p. 43, n.11), la negacin de su conciencia filial y mesinica, la explicacin meramente natural de los milagros (curaciones y exorcismos), o el vaciamiento de contenido salvfico del lenguaje sobre la muerte y la resurreccin. c) El valor redentor de la muerte de Jess 13. El Autor afirma que el empeo fundamental de Jess habra sido despertar la fe en la cercana de Dios luchando contra el sufrimiento (p. 175). El rasgo principal de Dios mostrado por Jess ha sido la compasin. Aunque se habla extensamente de este rasgo, en el libro la compasin no pasa de ser un sentimiento noble hacia los ms desfavorecidos, pero no es, en sentido estricto, un padecer con ellos y por ellos, en favor y en lugar de ellos. Y es que, para el Autor, Jess no di ni a su vida ni a su muerte un sentido sacrificial y redentor (cf. pp. 350351). Si Jess no ha dado a su vida y a su muerte un sentido redentor, entonces tambin la compasin se vaca de su contenido originario[12]. 14. En esta misma lnea, la ltima cena se presenta como una solemne cena de despedida, con gestos simblicos, cuya finalidad es que sus seguidores le recuerden en el futuro. Con el pan y con el vino realiz unos gestos profticos, compartidos por todos, convirtiendo aquella cena de despedida en una gran accin sacramental, la ms importante de su vida, la que mejor resume su servicio al reino de Dios... Quiere que sigan vinculados a l y que alimenten en l su esperanza. Que lo recuerden siempre entregado a su servicio (p. 367). Las palabras Haced esto en memoria ma (1 Cor 11, 24; Lc 22, 21) no pertenecen a la tradicin ms antigua. Probablemente provienen de la liturgia cristiana posterior, pero sin duda ese fue el deseo de Jess (p. 367, n. 85)[13]. La cena es para que sus seguidores recuerden siempre a Jess. Repitiendo aquella cena podrn alimentarse de su recuerdo y su presencia (p. 367). d) La redencin como liberacin del pecado 15. La concepcin reduccionista de la obra redentora de Jesucristo se descubre tambin en el silencio sobre la realidad del pecado. La razn de este silencio est en la contraposicin establecida entre Juan el Bautista y Jess: la misin del primero est pensada y organizada en funcin del pecado... Por el contrario, la preocupacin primera de Jess es el sufrimiento de los ms desgraciados (p. 174). Eso explica que para el Autor, Satn sea un smbolo del mal (p. 98), la personificacin de ese mundo hostil que trabaja contra Dios y contra el ser humano (p. 98). Para el Autor, hablar de "Satn" es una forma mtica de simbolizar toda forma de mal[14]. 16. De ello se deduce tambin el modo en que el Autor entiende el perdn. A estos pecadores que se sientan a su mesa, Jess les ofrece el perdn envuelto en acogida amistosa. No hay ninguna declaracin; no les absuelve de sus pecados; sencillamente los acoge como amigos (p. 205). La conversin es irrelevante (porque "el perdn es gratuito") y las "declaraciones" de perdn de los pecados por parte de Jess, no se consideran autnticas, porque en esas frmulas Dios aparece como un "juez" (p. 206), y no es eso lo que Jess revela con su "perdnacogida". Jess habra practicado un "perdn-acogida", pero no un "perdn-absolucin". Por ms que se hable de acogida, al final el Autor se aproxima ms a una "acogida impuesta", que hace irrelevante la respuesta libre del hombre[15]. e) Jess y la Iglesia 17. Segn el Autor, Jess no tuvo intencin de crear un grupo organizado y jerrquico, sino que quiso poner en marcha un movimiento de hombres y mujeres, salidos del pueblo y unidos a l, para que ayuden a los dems a tomar conciencia de la cercana salvadora de Dios (p. 269). Jess ve a todos sus seguidores como una familia (cf. p. 290). Nadie ejercer en su grupo un poder dominante. Tampoco hay diferencias jerrquicas entre varones y mujeres (cf. pp. 291-292)[16].

f) La resurreccin de Jess 18. Al presentar la resurreccin de Jess, el Autor, aunque afirma que es un hecho histrico y real, interpreta esta historicidad en un sentido que no es conforme con la enseanza de la Iglesia, pues la entiende como algo que acontece en el corazn de los discpulos[17]. Tampoco es conforme con la fe de la Iglesia su modo de entender la resurreccin del cuerpo de Jess y su explicacin de la continuidad entre el cuerpo crucificado y muerto, y el resucitado (cf. p. 433). Aunque afirma que la resurreccin es algo que le pasa a Jess, se niega la referencia a su cuerpo real y se explica como la conviccin de los discpulos de que "Dios le ha llenado de vida", sin que se explique qu quiere decir con eso[18]. 3. CONCLUSIN 19. Teniendo en cuenta cuanto se lleva dicho, se puede afirmar que el Autor parece sugerir indirectamente que algunas propuestas fundamentales de la doctrina catlica carecen de fundamento histrico en Jess. Este modo de proceder es daino, pues acaba deslegitimando la enseanza de la Iglesia al carecer segn el Autor- de enraizamiento real en Jess y en la historia. En el libro no se quiere negar esa enseanza pero, de hecho, se muestra infundada. 20. En el origen de las cuestiones sealadas se encuentran dos presupuestos que condicionan negativamente la obra: la ruptura entre la investigacin histrica de Jess y la fe en l, y la interpretacin de la Sagrada Escritura al margen de la Tradicin viva de la Iglesia. El Autor parece dar a entender que, para mostrar la historia se debe dejar de lado la fe, logrando como resultado una historia que es incompatible con la fe. El problema no est slo en pensar que se debe prescindir de la fe para saber histricamente quin fue Jess (ste es un prejuicio errneo mantenido tambin por numerosos exegetas que se dicen catlicos)[19], sino sobre todo dado que el libro quiere ser una "aproximacin histrica"- en reconstruir una historia, a partir de un uso arbitrario de los evangelios, que resulta incompatible con la fe. Si el "Jess histrico" que muestra el Autor es incompatible con el Jess de la Iglesia, no es porque sta haya inventado, con el pasar del tiempo, a un Jess diferente del que aconteci, sino porque la "historia" que se propone es una historia falseada, aunque sa, ciertamente, no sea su intencin. El Autor se sirve en esta obra de investigaciones que mayoritariamente se encuentran fuera de la Tradicin, tanto por sus presupuestos metodolgicos (asumidos acrticamente), como por sus conclusiones. Los resultados a los que llega son la derivacin lgica de su punto de partida[20]. 21. La rpida difusin de la obra Jess. Aproximacin histrica demuestra que, junto a los aspectos deficientes sealados, posee otros positivos que hacen agradable su lectura. En una presentacin histrica sobre la figura de Jess es deseable que se armonice el rigor cientfico con el lenguaje sencillo y divulgativo. Sin embargo, cuando la apariencia de rigor oculta deficiencias metodolgicas y doctrinales, la fluidez literaria causa confusin y siembra dudas. El fin de esta Nota no es otro que despejar la confusin y las dudas, y reiterar con el autor de la Carta a los Hebreos: Ayer como hoy, Jesucristo es el mismo y lo ser siempre. No os dejis seducir por doctrinas varias y extraas. Mejor es fortalecer el corazn con la gracia que con alimentos que nada aprovecharon a los que siguieron ese camino (Hb 13, 8-9). Nota de la Comisin Episcopal para la Doctrina de la Fe publicada con la autorizacin de la Comisin Permanente de la Conferencia Episcopal Espaola en su CCIX reunin (Madrid, 18 de junio de 2008) [01] En el documento Cristo presente en la Iglesia, de la Comisin Episcopal para la Doctrina de la Fe [= CEDF] (20.2.1992), ya se sealaron muchas de las deficiencias que se encuentran en el libro del Rvdo. J.A. Pagola, Jess. Aproximacin histrica. El efecto secularizador de estas deficiencias ha sido recodado por los obispos espaoles en la Instruccin Pastoral Teologa y secularizacin en Espaa. A los cuarenta aos de la clausura del Concilio Vaticano II (30.3.2006), 22-35. [02] CEDF, Cristo presente en la Iglesia (20.2.1992), 5. [03] Concilio Vaticano II, Constitucin dogmtica Dei Verbum [= DV], 19. [04] DV 19.

[05] DV 19. [06] Es contrario a la fe cristiana introducir cualquier separacin entre el Verbo y Jesucristo. San Juan afirma claramente que el Verbo, que estaba en el principio con Dios, es el mismo que se hizo carne (Jn 1, 2.14). Jess es el Verbo encarnado, una sola persona e inseparable: no se puede separar a Jess de Cristo, ni hablar de un Jess de la historia, que sera distinto del Cristo de la fe. La Iglesia conoce y confiesa a Jess como el Cristo, el Hijo de Dios vivo (Mt 16, 16). Cristo no es sino Jess de Nazaret, y ste es el Verbo de Dios hecho hombre para la salvacin de todos: Juan Pablo II, Carta Encclica Redemptoris missio (7.12.1990), 6. [07] Importa recordar lo afirmado por la Congregacin para la Doctrina de la Fe a propsito de algunos escritos de E. Schillebeeckx: el telogo, cuando se dedica a una investigacin exegtica o histrica, no puede pretender sinceramente que haya que abandonar las afirmaciones de fe de la Iglesia Catlica: Carta al P. E. Schillebeeckx (20.11.1980), Nota Anexa I, A, 1 (ed. E. Vadillo, 43, 24 [= Congregacin para la Doctrina de la Fe, Documentos 1966-2007, ed. E.Vadillo Romero, BAC, Madrid 2008, 227]). [08] As, por ejemplo, al describir el entorno familiar en el que Jess nio creci, el Autor habla de la consideracin que merecan los nios en la poca y de la educacin comn que reciban: A los ocho aos, los nios varones eran introducidos sin apenas preparacin en el mundo autoritario de los hombres, donde se les enseaba a afirmar su masculinidad cultivando el valor, la agresin sexual y la sagacidad (p. 45). El Autor viene a decir que en tiempos de Jess a los nios se les educaba para ejercer "la agresin sexual", pero no indica las fuentes que le llevan a tal consideracin. [09] La sociedad de la poca de Jess es descrita con expresiones como las siguientes: desigualdad entre la gran mayora de poblacin campesina y la pequea lite que viva en las ciudades (p. 23), fuerte presin de los impuestos, la obligacin de los campesinos hacia la lite (cf. p. 24), tributos para costear los elevados gastos del funcionamiento del templo y para mantener la aristocracia sacerdotal de Jerusaln (p. 25), tribunales que pocas veces apoyaban a los campesinos (p. 29), etc. Sobre ese panorama la predicacin del Reino aparece, desde una perspectiva horizontal, como liberacin de la opresin social: la actividad de Jess en medio de las aldeas de Galilea y su mensaje del "reino de Dios" representaban una fuerte crtica a aquel estado de cosas (p. 30); el comienzo de la actividad pblica de Jess se justifica por el deseo que tiene de anunciar a las pobres gentes que Dios viene ya a liberar a su pueblo de tanto sufrimiento y opresin (p. 83); aldeas enteras que viven bajo la opresin de las lites urbanas, sufriendo el desprecio y la humillacin (p. 103); el reino de Dios consiste en la instauracin de una sociedad liberada de toda afliccin (p. 175); lujosos edificios en las ciudades, miseria en las aldeas; riqueza y ostentacin en las lites urbanas, deudas y hambre entre las gentes del campo; enriquecimiento progresivo de los grandes terratenientes, prdida de tierras de los campesinos pobres (p. 181). Importa advertir que el Autor, al hablar de sufrimiento y opresin, no se refiere al pecado ni al dominio del Maligno (se indicar despus qu entiende el Autor por Satn [smbolo del mal: cf. p. 98], o qu son los exorcismos y el perdn de los pecados), sino a la injusticia y al poder opresor de los poderosos de este mundo, como por ejemplo, el rey Herodes, cuyo reino est construido sobre la fuerza y la opresin de los ms dbiles (p. 179). Todo el captulo sptimo ("Defensor de los ltimos") recoge claramente esta tendencia. [10] Pronto circularn por las comunidades cristianas diversos ttulos y nombres tomados del mundo cultural judo o de mbitos ms helenizados: p. 450. [11] Aun sin ser magisterial, el documento de la Comisin Teolgica Internacional, La conciencia que Jess tena de s mismo y de su misin (1985), formula de manera precisa la enseanza de la Iglesia, tal como aparece en los Evangelios: La vida de Jess testifica la conciencia de su relacin filial al Padre. Su comportamiento y sus palabras, que son las del "servidor" perfecto, implican una autoridad que supera la de los antiguos profetas y que corresponde slo a Dios. Jess tomaba esta autoridad incomparable de su relacin singular a Dios, a quien l llama "mi Padre". Tena conciencia de ser el Hijo nico de Dios y, en este sentido, de ser, l mismo, Dios: Comisin Teolgica Internacional, La conciencia que Jess tena de s mismo y de su misin (1985), Proposicin 1 (ed. C. Pozo, BAC, 587, 382). [12] Tambin sobre este punto, el documento de la Comisin Teolgica Internacional, La conciencia que Jess tena de s mismo y de su misin (1985), formula bien la enseanza de la Iglesia: Jess conoca el fin de su misin: anunciar el Reino de Dios y hacerlo presente en su persona, sus actos y sus palabras, para que el mundo sea reconciliado con Dios y renovado. Ha aceptado libremente la voluntad del Padre: dar su vida para la salvacin de todos los hombres; se saba enviado por el Padre para servir y para dar su vida "por la muchedumbre" (Mc 14, 24): Comisin Teolgica Internacional, La conciencia que Jess tena de s mismo y de su misin (1985), Proposicin 2 (ed. C. Pozo, BAC, 587, 384).

[13] La conocida tesis de H. Lietzmann (Messe und Herrenmahl, 1926), segn la cual la institucin de la Eucarista no puede atribuirse histricamente a Jess, ha conocido posteriores formulaciones dentro de los seguidores de una reduccionista exgesis histrico crtica. Sobre estos planteamientos equivocados, cf. Congregacin para la Doctrina de la Fe, Notificacin sobre algunas publicaciones del Prof. Dr. Reinhard Messner (30.11.2000), Intr. (ed. E. Vadillo, 92, 5-7). [14] Contrariamente a lo que afirma el Autor, la Iglesia ensea que Satn es un ser real de naturaleza anglica y no una mitificacin del mal: Satn o el diablo y los otros demonios son ngeles cados por haber rechazado libremente servir a Dios y a su designio. Su opcin contra Dios es definitiva. Intentan asociar al hombre en su rebelin contra Dios (CCE 414). [15] Tal presentacin, adems de no encontrar justificacin en los textos evanglicos, se opone a la enseanza de la Iglesia sobre la justificacin del hombre y el perdn de los pecados, que requiere la respuesta personal: cf. CCE 1489-1490. [16] Contrariamente a lo expuesto por el Autor, la Iglesia ensea que el Seor Jess dot a su comunidad de una estructura que permanecer hasta la plena consumacin del Reino (CCE 765) y que en la vocacin y en la misin de los doce Apstoles, segn la fe de la Iglesia, Cristo fund al mismo tiempo el ministerio de la sucesin apostlica: Congregacin para la Doctrina de la Fe, Notificacin sobre algunas publicaciones del Prof. Dr. Reinhard Messner (30.11.2000), 13 [ed. E. Vadillo, 92, 22]. [17] La Iglesia, sin embargo, ensea que la resurreccin de Jesucristo es un acontecimiento histrico y trascendente: La fe en la Resurreccin tiene por objeto un acontecimiento a la vez histricamente atestiguado por los discpulos que se encontraron realmente con el Resucitado, y misteriosamente trascendente en cuanto entrada de la humanidad de Cristo en la gloria de Dios (CCE 656). [18] El juicio de la Congregacin para la Doctrina de la Fe sobre el modo de explicar el P. Roger Haight la resurreccin de Jesucristo bien puede aplicarse a la exposicin de J.A. Pagola: La interpretacin del Autor lleva a una posicin incompatible con la doctrina de la Iglesia. Est elaborada sobre presupuestos equivocados y no sobre los testimonios del Nuevo Testamento, segn el cual las apariciones del Resucitado y el sepulcro vaco son el fundamento de la fe de los discpulos en la resurreccin de Cristo y no viceversa: cf. Notificacin sobre la obra Jesus symbol of God del P. Roger Haight, s.j. (13.12.2004), V [ed. Vadillo, 104, 24]. [19] Cf. Carta al P. E. Schillebeeckx (20.11.1980), Nota Anexa I, A, 1 (ed. E. Vadillo, 43, 24). [20] A la obra de J.A. Pagola cuadran bien las palabras de la Congregacin para la Doctrina de la Fe sobre algunas publicaciones del Prof. Dr. Reinhard Messner: Las hiptesis sobre el origen de los textos paralizan la palabra bblica como tal. Viceversa, resulta evidente que la Tradicin, en su sentido definido por la Iglesia, no significa manipulacin de la Escritura por medio de enseanzas y de costumbres sucesivas; al contrario, representa la garanta para que la palabra de la Escritura pueda conservar su pretensin: Congregacin para la Doctrina de la Fe, Notificacin sobre algunas publicaciones del Prof. Dr. Reinhard Messner (30.11.2000), 13 [ed. E. Vadillo, 92, 6].

Jess. aproximacin histrica (PPC)Jos Antonio Pagola Deca J. A. Pagola en una entrevista concedida al Diario Vasco (16-10-07) que a l le interesa Jess porque es el hombre compasivo, que se acerca a los ltimos, que busca la dignidad de la mujer. Los rasgos ms importantes de su perfil retratan a un hombre compasivo, un defensor de los ltimos, que se interes sobre todo por la salud de la gente (algunos dicen que fue un terapeuta religioso), y que frente a una visin legalista introduce la compasin como criterio de actuacin. Esta es la bsqueda que hace Pagola de Jess. A la verdad, que se trata de una obra ambiciosa, que conoce a la perfeccin el ambiente cultural, econmico y religioso de la poca de Jess. No se puede negar que el autor en este sentido posee una enrome erudicin. Su lenguaje es directo y sugerente. Su mtodo le lleva a rehacer la experiencia de aquel mundo en el que viva Jess y a comunicarnos la experiencia misma que Jess vivi. Jess era un profeta itinerante que atrae por la fuerza de su persona y la originalidad de su mensaje. Y as trata de recuperar a Jess en su atractivo personal. Dice en la misma entrevista mencionada que una predicacin que subraye lo doctrinal de una manera fra y encierre a Jess en una doctrina muy sublime pero muy abstracta, impide llegar hasta el Jess concreto. Jess puede ser muy divinizado, pero entonces se nos queda muy lejos. Y esta bsqueda del Jess real, el nico que a l le interesa, le llevar a confesar que en ningn momento manifiesta Jess pretensin alguna de ser Dios: ni Jess ni sus seguidores en vida de l utilizaron el ttulo de "Hijo de Dios" para confesar su condicin divina (379). As pues, seguiremos la bsqueda de Pagola preguntndonos qu piensa de Jess: es un profeta itinerante que nos habla de Dios como Padre o el Hijo de Dios en persona? Y lo haremos entrando en los temas decisivos de su teologa y dialogando con l. 1.- El bautismo de Jess Cuando Jess sale de su entorno de Nazaret va a al encuentro de Juan Bautista que haba comenzado un movimiento de conversin y penitencia en el desierto. Todo el pueblo ha de convertirse a Dios. El Bautista, dada la imagen de Dios como juez que posee, intenta convertir a su pueblo del pecado y de la rebelda contra Dios, llamndole al volver a la Alianza. Y en ese ambiente espera un personaje que ha de venir y que bautizar con fuego (Mc 1, 7). Jess acudi all y se hizo bautizar por el Bautista. Pero fue en ese momento cuando experiment un giro total en su vida, all fue donde tuvo la experiencia de Dios que marcara su predicacin. Experiment la irrupcin definitiva de Dios en la historia; no es el Dios del juicio, sino el Dios de la salvacin. Dios viene como Padre a dar una vida digna a todos los hombres. Ese es el Reino de Dios que ha llegado. El texto de Marcos habla de esa experiencia extraa que tuvo Jess: los cielos se abrieron y vio que el Espritu de Dios descenda sobre l como una paloma y escuch una voz que deca desde el cielo: t eres mi Hijo amado (Mc 1, 9-10). Dice Pagola que indudablemente en este texto encontramos elementos literarios en la narracin de esta escena (305). Efectivamente leyendo el texto encontramos ciertos elementos literarios. El abrirse de los cielos parece inspirarse en Is 64, 1: se pide al Dios del cielo que se rasguen los cielos y baje. La paloma por su parte nos recuerda al Espritu que aleteaba sobre las aguas de la primera creacin (Gn 1, 2) apareciendo aqu en el preludio de la nueva creacin. Estos elementos indudablemente pueden ser literarios. Pero Pagola lo reduce todo a una "experiencia", olvidando que aqu tiene lugar una Teofana que proclama la identidad de Jess y su misin. El ncleo histrico es la voz del Padre (bat quol: el eco de la voz) que, en la literatura rabnica, se consideraba como la frmula de manifestacin de la voluntad divina en tiempos en los que Dios ya no enviaba profetas. Quiz sea esta voz el elemento nuclearmente histrico de la Teofana si tenemos en cuenta, por analoga, que en otra Teofana (la de la Transfiguracin) hay testigos de la misma voz del Padre. Pedro recuerda que nosotros mismos escuchamos la voz venida del cielo, estando con l (con Jess) en el monte santo (2 Pe 1, 16 18). La condicin de Jess como siervo que carga con los pecados de los hombres es algo que tambin aparece en la Teofana: t eres mi Hijo amado, en ti me complazco (Mt 1, 11) que es eco fiel de aquella frase sobre el sie rvo de Yahv: He aqu mi Siervo mi elegido, en quien me he complacido, en l he puesto mi Espritu. Ahora desciende, por consiguiente, sobre Cristo el Espritu que va a enviarlo a su misin de redencin. La escena de Cristo solidario con los pecadores que van a bautizarse evoca la imagen del Siervo de Yahv, que, inocente, ha cargado en sus espaldas nuestros crmenes y que por su sufrimiento obtendr el perdn para los muchos (todos) (Is 53, 4-11). Esta interpretacin la desarrolla todava ms Juan al presentar a Cristo como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Jn 1, 29.36). Es una escena que en su conjunto presenta la identidad de Jess como Hijo y su misin de redencin. Las palabras de la Teofana presentan a Jess como el verdadero Siervo enviado por Dios. Comienza aqu el misterio proftico de Jess en la lnea del Siervo de

Yahv pero Dios no llama a ningn profeta Hijo querido. En toda misin puramente proftica aparece Dios enviando: Yo te envo, pero no proclamando la identidad del enviado en estos trminos: T eres mi Hijo amado. Aqu se habla del Hijo y del Hijo amado, lo cual tiene un sentido trascendente como Hijo nico, si tenemos en cuenta que el mismo Marcos habla del Hijo amado que el Padre enva a su via (Mc 12, 6), Hijo nico ya que es el nico heredero. Por otro lado, el trmino de amado (agpetos) en la traduccin de los LXX aparece siete veces con el sentido de Hijo nico (Gn 22, 2.12.16; Jr 6, 26; Am 5, 10; Za 12,10). La escena proclama por tanto la identidad de Jess y manifiesta su consagracin por el Espritu y su misin redentora en la lnea del Siervo. Comienza as el ministerio proftico de Jess. Sin embargo, en esta primera escena que comenta Pagola todo queda reducido a una "experiencia". Se trata de su mtodo que ir reduciendo siempre todo lo trascendente a una pura experiencia interior desde una interpretacin de la Escritura que no deja de ser sesgada y tendenciosa. 2.- La llegada del Reino Nadie discute hoy en da que Jesucristo predic como argumento central la llegada del Reino de Dios. Lo haca en el campo y en las sinagogas. El Reino de Dios ha llegado, convertos (Mc 1, 15). En el mundo judo se esperaba un Reino que tendra como fin el sometimiento de todos los pueblos a la voluntad de Yahv (el reinado de Dios), y al mismo tiempo el triunfo de Israel. Pero aqu el Reino no aparece de forma espectacular. Jess tiene conciencia de que ha llegado el acontecimiento preparado por Dios en la historia de Israel: el tiempo se ha cumplido. Lo dijo en su pueblo comentando a Is 61, 1-2; un texto que hablaba de la llegada del Reino. Y anot: esta Escritura que acabis de or se ha cumplido hoy (Lc 4, 21). Pero Jess tiene conciencia de que con l ha llegado el Reino. El Reino de Dios se identifica personalmente con el mismo Jess. Hay una equivalencia constante entre entregarlo todo por Cristo o por causa del Reino, entre seguir a Cristo o aceptar el Reino (Lc 18, 29; Mt 19, 29; Mc 10, 29). Con su llegada, predicacin y milagros ha llegado definitivamente el Reino: decid a Juan: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son curados, los muertos resucitan, los pobres son evangelizados (Lc 7, 22-23; Mt 11, 5). Hay una idea en Orgenes que expresa esto con exactitud: Cristo es la autobasileia es decir, l mismo es el Reino en persona. Quien le acoge a l, quien se convierte a l, ha recibido el Reino. Cristo en persona es la salvacin. El Reino se manifiesta en su predicacin y en sus milagros. E implica una nueva nocin de Dios: Dios es Padre. Y esto entra en contraposicin con la idea que tienen los fariseos que pensaban que la justicia (salvacin-santidad) la lograban ellos con el cumplimiento exacto de la ley y excluan de la salvacin a los que no la cumplan como ellos, a los pecadores, recaudadores de impuestos y prostitutas. Viene Cristo y en la parbola del hijo prdigo nos habla del Padre que goza perdonando y que escandaliza al hermano mayor que representa al fariseo. Dios ama a las personas independientemente de sus mritos, porque es un Dios que goza perdonando: hay ms alegra en el cielo por un pecador arrepentido que por noventa y nueve que no necesitan de arrepentimiento (Lc 15, 7). ste es el Padre de Cristo. Ahora bien, el castigo del infierno es para aquellos que desprecian el amor del Padre renunciando a la conversin y a la gracia que se les da (Mt 11, 20-29) porque los que se obstinan en no creer, los que se burlan de ese amor misericordioso de Dios, morirn en su pecado (Jn 8, 12.21-24). Se condenan aquellos que se cierran obstinadamente a la invitacin misericordiosa de Dios (Jn 3, 16-21; 5, 24) y no quieren cambiar de vida. Pero ha quedado rota la lgica del fariseo. El Padre ama independientemente de los mritos que uno tenga. Tambin se salvan los recaudadores de impuestos (decan los fariseos que ni Dios mismo los podra salvar). Dios goza perdonando. En la parbola del fariseo y del publicano, el publicano no poda presentar mritos como el fariseo, pero pide perdn (Lc 18, 9-14) y por ello sali justificado del templo. Creo que habra que decir en consecuencia que el primer mandamiento es dejarse amar por Dios. Al Reino se entra por tanto por la conversin y la fe. Y el Reino tiene dos dimensiones (como la gracia): por un lado nos hace hijos en Cristo y, por otro, nos libera del pecado, del sufrimiento y de la muerte. Y lgicamente, el Reino no puede limitarse a la dimensin interior de la gracia, sino que por su lgica interna ha de suprimir la injusticia y ha de preocuparse por la salud social de los hombres. Pues bien, para Pagola, el Reino se reduce exclusivamente a ltima dimensin. Pagola se rebela contra los que hacen del Reino de Dios algo privado y espiritual que se produce en lo ntimo de la persona cuando se abre al amor de Dios (95). No, el Reino es una fuerza liberadora que trata de curar el sufrimiento, la enfermedad y la pobreza. El enemigo a combatir es el mal que reina en el mundo. Jess proclama la salvacin de Dios curando. Dios es amigo de la vida y quiere generar una sociedad ms saludable: curar, liberar del mal, sacar del abatimiento, sanar la religin. Eso es el Reino (101). Dios viene para suprimir la miseria, para que los hombres recuperen su dignidad. Dios no tolera el sufrimiento de los pobres. Y las cosas tienen que cambiar.

Como vemos, Pagola reduce el Reino a su dimensin social (que la tiene) pero olvida que cuando San Pablo dice que, aunque entregue todos mis bienes a los dems, si no tengo caridad de nada me sirve (1 Cor 13, 3). Si uno se preocupa por curar el mal de la sociedad y vive en pecado no pertenece al Reino. Olvida Pagola que el Reino se identifica con la persona de Cristo, porque de admitirlo sera confesar la divinidad de Cristo. Y olvida tambin que el Reino nace en nosotros por la conversin a la persona de Cristo. l dice que no se produce el Reino por una adhesin explcita a Jess sino por ayudar a los necesitados (193), de modo que no habla de la filiacin adoptiva que produce el Espritu en nosotros que nos hace exclamar: Abba, Padre! (Rom 8, 15). Cristo ha dado su vida para que recibamos la filiacin adoptiva (Gal 4, 5). Pero cmo Cristo puede divinizarnos si no es Dios? Pagola olvida en consecuencia la dimensin sobrenatural del Reino. Hablando del Reino, nunca habla de la gracia. Que el Reino tiene que cambiar la sociedad es algo de lo que nadie puede dudar, pero que el Reino se pueda reducir a eso es algo que nadie puede aceptar. Sera traicionar la esencia del cristianismo. Para hacer una revolucin que busque la dignidad del hombre no es preciso ser cristiano, basta con los principios de la Ilustracin.

3.- El perdn de Dios Pagola sigue explicando que Dios es bueno, que su bondad lo llena todo, que su misericordia ha irrumpido ya en la vida. Pero al meditar sobre la parbola del hijo prdigo (127 y ss.), la tergiversa al olvidar que el hijo vuelve arrepentido: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo. Trtame como a uno de tus jornaleros (Lc 15, 21). Y dice Pagola que el padre interrumpi la confesin de su hijo (130) cuando en realidad esa confesin de arrepentimiento el hijo la haba dicho cuando estaba todava lejos de casa. En la parbola hay conversin. Dios perdona s, pero a un hijo que ha vuelto arrepentido. Se tergiversa el Evangelio cuando se dice que Dios perdona sin conversin; otra cosa es decir que el Padre goza perdonando: hay ms alegra en el cielo por un pecador arrepentido que por noventa y nueve que no necesitan de arrepentimiento (Lc 15,7). Ah est tambi n la parbola del fariseo y el publicano. El publicano sali justificado porque pidi perdn. Recuerda Pagola que Dios acoge a publicanos y pecadores sin condicin ninguna (199). Jess comparte mesa con ellos y se sienten acogidos por Dios y as se va despertando en ellos el sentido de su propia dignidad. Dios es un amigo que ofrece su amistad, y as poco a poco se despierta en el pecador el sentido de su dignidad. Los pecadores pueden abrirse al perdn de Dios y cambiar, pero no se da ninguna declaracin, no les absuelve de sus pecados, sencillamente los acoge como amigo. Jess ensea que Dios sale hacia el pecador no como juez que dicta sentencia, sino como un padre que busca recuperar a sus hijos perdidos. En el Antiguo Testamento se perdona a los que previamente se han arrepentido; Jess no exige un arrepentimiento previo. Jess acoge a los pecadores tal como son, pecadores. Se trata de un perdn no condicionado al arrepentimiento: Este perdn que ofrece Jess no tiene condiciones. Su actuacin teraputica no sigue los caminos de la ley: definir la culpa, llamar al arrepentimiento, lograr el cambio y ofrecer un perdn condicionado a una respuesta posterior positiva. Jess sigue los caminos del Reino: ofrece acogida y amistad, regala el perdn de Dios y confa en su misericordia, que sabr recuperar a sus hijos e hijas perdidos. Se acerca, les acoge e inicia con ellos un camino hacia Dios que solo se sostiene en su compasin infinita. Nadie ha realizado en esta tierra un signo ms cargado de esperanza, un signo ms gratuito y ms absoluto del perdn de Dios. Jess sita a todos, pecadores y justos, ante el abismo insondable del perdn de Dios. Ya no hay justos con derechos frente a pecadores sin derechos. Desde la compasin de Dios, Jess plantea todo de manera diferente: a todos se les ofrece el Reino de Dios; slo quedan excluidos quienes no se acogen a su misericordia (208). Si no entiendo mal, Pagola quiere decir que Dios perdona sin condiciones, sin el compromiso de una respuesta posterior positiva. A todos se les ofrece el Reino. Slo se condena el que no se acoge a su misericordia. Por lo tanto cabe acogerse a su misericordia sin un compromiso de cambio. Pero qu arrepentimiento es ese? Cmo se puede acoger la misericordia de Dios sin arrepentirse y hacer el propsito de cambiar de vida? Hay aqu un cierto sabor luterano? El hijo prdigo no volver a hacer lo que hizo. Solo as el padre puede hacer fiesta. Si no, sera un autoengao. Es cierto que Jess come con los pecadores y que les lleva el anuncio de que Dios Padre les sana. Pero es tambin cierto que a la adltera le perdona Jess y le dice: vete y no peques ms (Jn 8, 11). Al buen ladrn le perdona porque ha pedido perdn y le dice: hoy estars conmigo en el paraso (Lc 23, 19). Pero eso no se lo dice al otro ladrn que no le pide perdn. Pagola escatima siempre la existencia del infierno y as olvida la parbola en la que uno de los ltimos invitados fue echado fuera a las tinieblas porque no llevaba el traje de boda (la gracia) (Mt 23, 13). Y no podemos olvidar que Jess aparece en los Evangelios como juez. Hablando de la ltima hora dice Jess: ha llegado la hora en que todos los que estn en los sepulcros oirn su voz y los que hayan hecho el bien resucitarn para la vida, y los que hayan hecho el mal, para la condenacin (Jn 5, 28-29). Entonces, Cristo vendr en su gloria acompaado de todos sus ngeles Sern congregadas delante de l todas las naciones, y l separar a los unos de lo s otros, como el pastor separa a las ovejas de las cabras. Pondr a las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda E irn estos al castigo eterno y los justos a una vida eterna (Mt 25, 31.32.46).

Por fin hay un comentario de Pagola a un texto importante en el que Jess perdona los pecados de un paraltico (Mc 2, 5) y dice que Jess aqu otorga en nombre de Dios el perdn-absolucin, apareciendo as como juez; pero apostilla Pagola que no es esta la actitud de acogida que Jess tuvo con los pecadores (206) para terminar diciendo que no se puede asegurar la historicidad de este relato. La verdad es que el texto todava dice ms; algo que calla Pagola. Jess perdona al paraltico en su nombre, no en nombre de Dios, lo cual implica su divinidad, ya que solo Dios puede perdonar los pecados. Ah est la divinidad de Cristo. Cuando un texto habla claramente de su divinidad, Pagola responde diciendo que probablemente no es autntico. Pero el hecho es que este relato, en el que se acusa a Jess de blasfemo, no lo podra inventar la comunidad primitiva (criterio de discontinuidad). 4.- Los milagros de Cristo Pagola no utiliza nunca el trmino de milagros al hablar de las curaciones de Jess. Ya en su primera obra de cristologa (Jess de Nazaret, San Sebastin 1981), mantena que los milagros de la naturaleza (multiplicacin de los panes, caminar sobre las aguas, etc.) tenan pocas garantas de historicidad (274-275). Y es que vuelve a cercenar todo aquello que no encaja en su visin apririca de Cristo. En esta obra silencia totalmente dichos milagros. l no habla de milagros, prefiere hablar de curaciones. Lo que a Dios le preocupa es el sufrimiento de la gente y as Jess proclama el Reino de Dios curando. Adems, la enfermedad supona una exclusin de la sociedad, como en el caso de los leprosos. Se la supona como un castigo de Dios por pecado o infidelidad. Cristo destroza (y en esto tiene razn Pagola) todos los tabes. Ahora bien, en qu consisten sus curaciones? Cristo, con ellas, quiere mostrar el amor compasivo del Padre. Tambin otros profetas como Eliseo y Elas las haban hecho, y Jess las hace como signo de la llegada del Reino de Dios. En realidad lo que Cristo hace es curar por la fuerza de su palabra y los gestos de sus manos: toca y transmite confianza (166) y as Cristo suscita la confianza en Dios, arranca a los enfermos del aislamiento y de la desesperanza y es esa confianza en Dios que Jess transmite la que cura (167). Su poder para despertar energas desconocidas en el ser humano creaba las condiciones que hacan posible la recuperacin de la salud (165). La fe pertenece, por tanto, al mismo proceso de curacin. Cuando en un enfermo se despierta la confianza, se realiza la conversin. Es la fe la que despierta las posibilidades desconocidas. Jess trabajaba en el corazn de los enfermos para que confiaran en Dios (167). Jess realiza tambin exorcismos. Aquellas gentes crean en la posesin diablica, pero la posesin era una compleja estrategia utilizada de manera enfermiza por personas oprimidas para defenderse de una situacin insoportable (170). Era una forma enfermiza de rebelarse contra el sometimiento romano y el dominio de los poderosos (170). Y lgicamente el Reino de Dios tiene que curar el mal que se manifiesta de este mundo. Los milagros, en todo caso, no son pruebas del poder de Dios. Pues bien, si me permite Pagola, recurrir a mi Biblia (hace tiempo que pienso que poseo una Biblia diferente) y en la cual Jess dice: si no me creis a m por lo que yo os digo, creedme al menos por las obras que yo hago y sabris que yo estoy en el Padre y el Padre en m (Jn 10, 37-38). Si yo no hubiera hecho obras que no ha hecho ningn otro, no tendran pecado; pero ahora las han visto y nos odian a m y a mi Padre (Jn 15, 24). Y Nicodemo dice a Jess: Maestro, sabemos que vienes de Dios porque nadie puede hacer las obras que t haces (Jn 3, 2). Ah est por tanto el sentido apologtico de los milagros, como lo est en el sentido comn del ciego de nacimiento: jams se ha odo decir que nadie le haya dado la vista a un ciego de nacimiento; por lo tanto, el que me ha curado viene de Dios (Jn 9, 32-33).

Personalmente nunca he encontrado una razn para dudar de la historicidad y del valor apologtico de los milagros; lo que he encontrado han sido prejuicios que en ltimo trmino vienen del protestantismo, el cual no sabe integrar la razn en el marco de la fe. Por lo dems, la explicacin de Pagola resulta ridcula. Cmo pudo infundir confianza a la hija de la cananea a la que no vio y que se encontraba a muchos kilmetros? O, cmo resucitar a la hija de Jairo o a Lzaro, que llevaba cuatro das muerto y ola, infundindoles confianza? Pero, en todo caso, lo que no se puede afirmar es lo que dice Pagola al afirmar que Jess no iba por los caminos de Galilea para convertir a los pecadores, sino para curar a los hombres librndolos de su sufrimiento (174-175). Jess busca con sus milagros justamente la conversin: ay de ti Corazoan, ay de ti Betsaida, si en Sodoma y en Gomorra se hubieran hecho los milagros que yo he realizado ante vosotras, hace tiempo que se habran convertido (Mt 11, 23). La dimensin salvfica y la apologtica van siempre unidas en los milagros de Cristo.

5.- La identidad de Cristo Ya al principio hemos trado las palabras de Pagola en las que dice que Jess nunca tuvo la pretensin de ser Dios. En efecto, para l, Jess es un hombre que ha tenido una experiencia singular de Dios como Padre. Dios est en el centro de su vida (303) y as Pagola pone como ttulo del captulo once Creyente fiel. El Dios de Jesucristo es el Dios de Israel que ahora ha descubierto como Padre compasivo a partir de la experiencia del bautismo. Le llama Abba (Pap). Reza la Shem dos veces al da como haca todo judo. Pero la denominacin como Padre que exista en el Antiguo Testamento respecto de Israel y del rey, no era algo central. Ahora Cristo ha descubierto al Padre en su bondad. l es bueno con todos y perdona a todos. Esto es el Reino de Dios. Cuanto mejor vive la gente, mejor se realiza el Reino de Dios (324). Y nadie queda excluido del Reino. Hoy en da se suele hablar mucho de la fe de Cristo. El caso es que, cuando uno busca en la Biblia, no encontrar ni un solo texto en el que se diga que Cristo crea en Dios. La perspectiva del Evangelio de Juan es esta: solo Cristo ve al Padre y da testimonio de lo que ve (Jn 1, 18; 6, 46). Son numerosos los textos en los que Cristo dice, como en Jn 3, 11: nosotros hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero vosotros no aceptis nuestro testimonio. Pero es el caso que, al mismo tiempo, son incontables los textos en los que Cristo pide para su persona la misma fe que para el Padre: creis en Dios, creed tambin en m (Jn 14, 1). Cmo puede tener fe alguien que pide una fe divina hacia su propia persona? He aqu de nuevo la divinidad de Jesucristo. En vano se acudir a Heb 12, 2 que dice que Cristo inicia y consuma la fe. El P. Iglesias en su Nuevo Testamento, recuerda que Cristo es el iniciador y perfeccionador de nuestra fe porque de principio a fin nuestra fe depende de l; idea repetida en toda la carta. La prueba de que en esta carta Cristo no tiene fe es que su autor, al buscar ejemplos de fe en Abrahn, Moiss, etc. no pone a Cristo como modelo de fe. En el Nuevo Testamento el modelo de fe es Mara, no Cristo. Pagola no utiliza un mtodo que hoy en da se ha mostrado muy eficaz a la hora de estudiar la divinidad de Cristo: la cristologa implcita. Cristo, de forma implcita, se presenta como Dios constantemente. Cuando se pone como centro de la fe y la salvacin en logia como: el que busque su vida la perder, el que la pierda por m la encontrar (Mt 10, 39). Y seris aborrecidos todos por causa de mi nombre; el que persevere hasta el final, se salvar (Mt 10, 18-22). Guardini, en La esencia del cristianismo (Madrid 1984) ha hecho una reflexin profunda sobre todos estos logia destacando que Jesucristo hace lo que ningn otro fundador de religin se atrevi a hacer: ponerse como centro de la vida religiosa y pedir para s mismo la misma fe que solo Dios puede pedir. J. Ratzinger en su reciente libro Jess de Nazaret, recuerda la historia del rabino J. Neusner que cuenta a otro rabino que Jess mantiene la ley, que no ha quitado de ella ningn precepto, pero que se ha colocado como centro, por encima de la ley. Jess, dice, tiene exigencias para m que solo Dios las puede tener. Esto es lo que me impide ser cristiano. Jess se identifica con el Reino como ya hemos visto: la salvacin est en su persona. Y si se coloca sistemticamente por encima de la ley, del sbado y del templo, es porque tiene conciencia de ser Dios. Tiene incluso la pretensin de perdonar los pecados en su propio nombre. Nada de esto ha sido analizado a fondo por Pagola que incluso olvida textos en los que Cristo es acusado como blasfemo por pretender el nombre de Dios: Yo soy (Jn 8, 24.28.58). Si no creis que yo soy, moriris en vuestros pecados (Jn 8, 24). Y fue acusado de blasfemo. Hay un texto en el evangelio de S. Juan en que los judos le dicen: no queremos apedrearte por ninguna obra humana sino por una blasfemia y porque t, siendo hombre, te haces a ti mismo Dios (Jn 10, 33). Jesucristo se muestra como Dios cuando afirma de s mismo que es el Hijo del Hombre que viene sobre las nubes del cielo (Mt 26, 64) asumiendo la visin de Daniel (7, 9-14) que presenta al Hijo del Hombre como Mesas (tiene la misin de reunir a los hijos del Altsimo) pero como un Mesas trascendente que no viene del mar como los Reinos humanos sino del cielo; es preexistente y comparte el poder del Anciano de das (Dios). Este ttulo que Jess usa unas ochenta veces y que aparece en todas las fuentes que componen los Evangelios, fue utilizado por Cristo de forma exclusiva. Por ello resulta cmico que Pagola, que no dedica un captulo a estudiar este ttulo y al que dedica un pequeo prrafo, pretenda que lo que ha ocurrido es que Jess entendi Hijo del Hombre en un sentido vulgar (un hombre) y que la Iglesia lo transform en ttulo divino a la luz de Dn 7, 9-14 (452-453). Cmo pudo hacer eso la Iglesia cuando nunca utiliz ni entendi este ttulo? Nunca la Iglesia primitiva le llam a Jess Hijo del Hombre. Aun hoy en da no tenemos en la liturgia ni una sola oracin que se dirija a Cristo como Hijo del Hombre. Jesucristo se present tambin como Hijo de Dios en un sentido divino. Son muchos los textos que podramos presentar aqu y que hemos estudiado en nuestra obra Seor y Cristo (Palabra, Madrid 2005). Me limito a citar uno. En Mc 12, 1-9 tenemos la parbola de los viadores. En ella Jess se presenta como el Hijo nico en Jerusaln y pocos das antes de su muerte. Esta parbola la proclam Jesucristo para hacer comprender la magnitud del crimen que iban a cometer matndole a l: matndole a l no matan a un profeta ms (los siervos) sino al Hijo nico. Lo vemos tambin en Mt 23, 30 donde Jess dice a los fariseos: vosotros decs que, si hubierais vivido en el tiempo de vuestros padres no habrais matado a los profetas, con lo cual estis atestiguando que sois hijos de los que mataron a los profetas. Colmad tambin vosotros la medida de vuestros padres.

En el Evangelio de Juan el ttulo de Hijo de Dios en un sentido divino aparece tambin constantemente. Pues bien, Pagola dir que la denominacin de Dios como Padre en el Antiguo Testamento se daba en un sentido adoptivo. Y efectivamente Jess es el Hijo, lo ms querido de Dios. Y afirma que Jess es verdadero hombre y verdadero Dios, porque en l est presente el verdadero Dios (460). Si nos damos cuenta, dice Pagola que Dios est presente en Jess, pero tambin estaba presente en el profeta por medio de su accin y su palabra. Lo que no dice Pagola es que Jess sea Dios, el Hijo de Dios en un sentido nico. 6.- La Pasin Antes de hablar de la Pasin, Pagola explica el episodio de la purificacin del templo; episodio de una significacin primordial para la clase sacerdotal, acomodada y privilegiada que viva del templo y lo haca en connivencia con Roma. Me parece todo ello muy acertado. Era un desafo para la aristocracia del templo. La actuacin de Jess fue, adems, un desafo al templo. Y en este sentido Pagola olvida algo de suma trascendencia en el Evangelio de Juan: que Cristo predijo la destruccin del templo y dijo que lo levantara en tres das. Y aade Juan: se refera a su cuerpo resucitado (Jn 2, 21) que, como sabemos, est presente en la Eucarista. La Shekinah Yahv ya no est en Jerusaln, est en cualquier sagrario de nuestras iglesias. Y en la explanada ya no se puede levantar el templo porque est ocupada por dos mezquitas. Pagola olvida tambin que Jesucristo, que dijo ser mayor que el templo, es el verdadero Templo presente ahora en la Eucarista. Pero no convence la explicacin de la condena de Jess simplemente por la purificacin del templo. Y menos la condena por parte de Pilato. A Pilato en la Pasin se le ve dubitativo: pero t eres rey?, le pregunta a Jess que no tena apariencia alguna de serlo. Y responde Jess: s, pero mi Reino no es de este mundo (Jn 18, 36). No le quera condenar y busc la baza de Barrabs que no le sali bien; pero los fariseos que conocan bien a Pilato le dijeron: si sueltas a ese, eres enemigo del Csar (Jn 19, 12). Ah le tocaron la fibra: se jugaba su carrera. Y Pilato conden a Cristo por cobarda. Pero los judos le llevan a Jess a Pilato porque se tiene por Hijo de Dios (Jn 19, 7). Esa es la razn de la condena de los judos: la blasfemia. Y por eso la condena de Caifs: ha blasfemado, cuando Jess le dijo que es el Hijo del Hombre que viene sobre la nube. Ahora todo est claro para Caifs, tiene una razn de peso para quitarse a Jess de encima, que haba subvertido el orden social y religioso. Y as Pagola que busca olvidar la condena de Jess como blasfemo, porque supondra que habra afirmado su divinidad, nos viene a explicar que la reunin del Sanedrn no tuvo lugar (377). La Misn prohiba en efecto las reuniones del Sanedrn por la noche. Lo que s ocurri fue una reunin informal y privada en la casa de Ans. Ahora bien, como bien nota el P. Iglesias (Nuevo Testamento, 160) Mateo unifica dos reuniones: la nocturna ante Ans (Jn 18, 13) y la que tuvo lugar de madrugada en el Sanedrn (Lc 22, 66). Lucas especifica que se reunieron en el Sanedrn en cuanto se hizo de da. Y anota la Biblia de Jerusaln que, sin duda, tuvo lugar en el edificio del tribunal, cerca del Templo. No le queda otro argumento a Pagola que decir que la combinacin en el juicio de Jess de estos tres ttulos: Mesas, Hijo de Dios e Hijo del Hombre no es histrica, sino una expresin de la fe de la Iglesia (376). Pues bien, habra que responder que la combinacin de Mesas e Hijo de Dios en la boca de Caifs es lgica, dado que un judo puede entender que el Mesas sea Hijo de Dios en un sentido adoptivo. Mesas e Hijo de Dios, en este caso, son sinnimos. Pero el ttulo de Hijo del Hombre en boca de Jess no puede provenir de la comunidad primitiva porque nunca designaba as a Jess. Jess, por tanto, fue condenado por blasfemo. En todo caso, Pagola contina diciendo que Jess termina en la cruz no por voluntad del Padre ni por realizar un sacrificio de expiacin. l no vino a reparar a un Dios ofendido por el pecado, sino a entregarse totalmente por el Reino de Dios (350). Jess muri como vivi. El Padre no exige una reparacin. El Padre no quiere que maten a su Hijo querido y lo que hace es acompaarlo hasta la cruz. El Padre no busca la muerte ignominiosa de su Hijo, ni Jess ofrece su sangre al Padre sabiendo que le ser agradable (440-441). El Padre y el Hijo en la crucifixin estn unidos enfrentndose juntos al mal hasta las ltimas consecuencias, de modo que, en la Resurreccin, Dios ha mostrado que estaba con el Crucificado. No se trata, pues, de un Dios justiciero que no perdona si no se le devuelve el honor ofendido. Nada de sacrificio de expiacin. No podemos ver el pecado como una ofensa a Dios sino en la gente que est muriendo de hambre, como deca Pagola en la entrevista que ya hemos citado. Como vemos, de esta forma desaparece todo el misterio de la redencin de Cristo. Todo se explica de forma natural. Pero el caso es que la Escritura nos dice constantemente que fue voluntad del Padre que Cristo fuera a la cruz. Slo citar tres textos de los muchos que aparecen. Cristo pide al Padre en el huerto que le aparte el cliz de la Pasin y aade: pero no se haga mi voluntad sino la tuya (Mt 26, 39). En Jn 12, 27 leemos: Padre, lbrame de esta hora, pero para esto he llegado. Leemos tambin en Flp 2, 6-8 que Cristo, an siendo de condicin divina, se rebaj obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz. Son muchos ms los textos que podramos haber citado.

Que el pecado no es ofensa personal a Dios? Ya en el Antiguo Testamento hay un trmino para hablar del pecado como zanah (la infidelidad conyugal). Aparece en muchos textos pero sobre todo en una de las pginas ms bellas del Antiguo Testamento (Ez 16, 1 y ss.): el comportamiento de una muchacha abandonada en el campo, desnuda y repugnante, de la que se enamora un transente (Dios), que la viste de seda y de joyas y se casa con ella. Pero ella, pagada de su belleza, se entreg despus a la prostitucin. Y es que el pueblo judo no slo tiene una concepcin del pecado en un sentido tico, sino en un sentido religioso, como ofensa a Dios. Dada la concepcin que tiene de un Dios personal que ha hecho alianza con su pueblo, el pecado es ante todo una ofensa a ese Dios amigo y Padre. Otra pgina de las ms bellas del Antiguo Testamento es la figura del siervo de Yahv (Is, 53), que habla de la expiacin por los pecados realizada por un hombre inocente carente de pecado y que no abre la boca para quejarse de su situacin. Es la pgina que convirti al rabino de Roma E. Zolli a la fe cristiana. De este personaje se dice que realiz la expiacin de los pecados de los muchos (todos). Veremos ms adelante cmo Cristo hace suyo este sacrificio del Siervo de Yahv. De momento y como resumen de la fe de la Iglesia sobre este punto, citamos al Nuevo Catecismo. El Catecismo de la Iglesia presenta el sacrificio de Cristo en la cruz como el sacrificio del Siervo de Yahv que se dio a s mismo en expiacin y por el que satisface al Padre por nuestros pecados (n. 615). Tiene un valor de reparacin, expiacin y satisfaccin (n. 616). Se trata de un sacrificio por el que se repara nuestra desobediencia (n. 614). En este sentido, es significativo que el mismo Juan Pablo II haya enseado que el pecado afecta personalmente al Padre aun cuando no le destruya en su ser perfectsimo, de modo que Cristo respondi por nosotros, reparando nuestra desobediencia. La Comisin Teolgica Internacional tambin se hace eco de que la piedad popular cristiana siempre ha rechazado la idea de un Dios insensible y ha reconocido en l la compasin. Por su parte, el Nuevo Catecismo habla tambin del pecado como de una ofensa personal a Dios (nn. 1.140, 1.850, 431, 397), algo que se dirige contra el amor de Dios hacia nosotros, una rebelin contra Dios, una desobediencia a Dios y una falta de confianza en su bondad (n. 397). Una ruptura de la comunin con Dios (n. 1.440). La reparacin, por lo tanto, es corresponder al amor incorrespondido de Dios. Ahora bien, lo que tiene que hacer un telogo no es eliminar los datos de la Escritura y la Tradicin. As no se hace Teologa. Lo que tiene que hacer un telogo es comprender, en la medida de lo posible, el misterio que en ellos se revela. Y en este caso suele ocurrir que cuando se explica a nuestra gente desde la Teologa cmo el pecado ofende a Dios, termina amndole ms, maravillados por la grandeza de su amor. Un Dios insensible al pecado no es el Dios cristiano. Si Dios es sensible al pecado, es porque nos ama d e verdad, porque busca nuestra correspondencia. Nuestro Dios no es un Dios abuelo que condesciende con todos los caprichos de sus nietos. Es el Padre que precisamente sufre porque ama. Sobre esto hemos hablado en nuestra cristologa (Seor y Cristo). 7.- La Eucarista, cena de despedida El tratamiento que hace Pagola del tema de la Eucarista es verdaderamente decepcionante. Dice que se trat simplemente de una cena de despedida. Se trata de una cena que hace pensar en el banquete final del Reino. En ella quiso significar Jess que su muerte no iba a destruir la muerte de nadie, que su muerte no iba a impedir la llegada del Reino. Y en el momento de partir el pan, lo que quiere dar a entender Jess es que hay que verle en los trozos de ese pan entregado hasta el final. Ese pan y ese vino les recordar la entrega total de Jess hasta la muerte y evocar la fiesta final del Reino (367). Se trata por tanto de un recuerdo y de una evocacin. No dice nada de su sentido sacrificial. Cmo lo va a decir si no admite que la muerte de Cristo lo tuviera? Ni dice nada de lo que afirma S. Pablo a propsito de la presencia real: que la copa es comunin con la sangre de Cristo y que el pan es comunin con su cuerpo (1 Cor 10, 16) hasta el punto de afirmar que el come el pan o bebe la copa del Seor indignamente se hace reo del cuerpo y de la sangre del Seor (1 Cor 11, 27). Tambin olvida las palabras de Cristo en el evangelio de Juan, cuando afirma que si no comemos la carne del Hijo y no bebemos su sangre, no tenemos vida en nosotros (Jn 6, 53-54). Pero Pagola empieza diciendo que la cena del Seor no fue una cena pascual. No puede menos de citar en nota las indicaciones de los evangelios que identifican la cena con la pascua juda (Mc 14, 1.12.17-18; Lc 22, 15). Es verdad que hay un problema cronolgico, pues los sinpticos ponen la cena del 14 al 15 de Nisn, al ocaso del sol (Mc 14, 12); por consiguiente fue una cena pascual juda y todos los acontecimientos de la Pasin tuvieron lugar del 14 al 15. Pero segn el evangelio de Juan (Jn 13, 1.29; 18, 28; 9, 14) Jess muri el da 14 pues ese da, como anota l, era el da de la preparacin de la pascua, cuando los corderos eran inmolados en el templo. Por lo tanto muere la tarde del viernes 14. Por consiguiente Jess tuvo que adelantar la cena 24 horas. Hemos detallado en nuestra obra El misterio eucarstico (Ed. Palabra) todas las interpretaciones a las que ha dado lugar este adelantamiento de Juan. La datacin de Juan pesa lo suyo; pero en todo caso, como bien dice Jeremas, lo decisivo es que Jess realiz su cena en el marco pascual de la celebracin juda. As dice l que se menciona que la ltima cena tuvo lugar en Jerusaln, y sabemos que la fiesta de pascua desde el ao 621 a.C. haba dejado de ser una fiesta domstica para convertirse en una fiesta de peregrinacin a Jerusaln. Se utiliza un local prestado (Mc 14, 13-15) segn la costumbre juda de ceder gratuitamente a los peregrinos ciertos locales. Tiene lugar al atardecer, recostados y no sentados (as se haca en la cena pascual, como signo de liberacin. El lavatorio de los pies se

explica desde la prctica exigida para poder comer la cena pascual). El hecho de que Jess parta el pan en el curso de la cena (mientras coman: Mc 14, 18-22) es significativo, pues una comida ordinaria comenzaba siempre por la fraccin misma. El hecho de haber vino no era habitual y se reservaba para las ocasiones solemnes. El vino rojo era el propio de la cena pascual. El himno que se canta (Mc 14, 26; Mt 26, 30) era el himno Hallel que se recitaba en la cena pascual. Despus de cenar no vuelve Jess a Betania como en las noches anteriores sino que se encamina al huerto de los olivos (era preceptivo pasar esa noche en Jerusaln: Dt 16, 7). Jess anuncia durante la cena su pasin inminente, y sabemos que la explicacin de los elementos especiales de la comida era parte integrante del rito pascual. Habra que aadir tambin el tema del memorial (haced esto en memoria ma) que perteneca al ambiente de la celebracin pascual. La cena pascual se haca en memorial de la liberacin de Egipto. Y Jess manda hacer el memorial suyo (zikaron). La pascua juda actualizaba el rito de la liberacin realizada por Dios en el xodo (Ex 12, 1-14). Ahora Cristo nos entrega la Eucarista como memorial que hace presente la pascua realizada en l por su muerte y Resurreccin. Y no podemos admitir lo que dice Pagola de que lo del memorial no es aqu histrico porque sin el mandato de la reiteracin por parte de Jess, habra sido imposible el desarrollo ulterior de la liturgia eucarstica. Por qu en todas partes y sin excepcin alguna dejan los cristianos de origen judo de celebrar la pascua juda y se celebra la Eucarista? Negar el carcter pascual de la Eucarista porque no se habla de las yerbas amargas como hace Pagola es no tener en cuenta que este relato fundado en Jess tiene una configuracin litrgica dentro de la cual ya no caben elementos que no han adquirido una significacin sacramental. As pues, la Eucarista vuelve a ser ahora memorial de la muerte y Resurreccin de Cristo. Olvida tambin Pagola el tema de la nueva alianza que justamente hace referencia a la antigua alianza realizada por Moiss en el Antiguo Testamento (Ex 24, 1-8) que se hace justamente con la sangre de animales asperjada sobre una piedra central que es Dios y doce piedras en crculo que recuerdan a las doce tribus de Israel. Hemos hablado ya del significado que tiene el texto del Siervo de Yahv en Is 53 en el que se dice que llev el pecado de los muchos (rabim). Los muchos es el mismo trmino que usa Cristo en la institucin de la Eucarista (Mc 14, 22-25; Mt 26, 26-29). Es tambin el trmino que se usa en el famoso logion del rescate: el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar la vida en rescate de los muchos (Mt 20, 28). Con ello vemos que Cristo asume la figura y la funcin del Siervo de Yahv que se dio a si mismo en expiacin por los pecados de la humanidad (Is 53, 10). Las mismas preposiciones que se emplean en la institucin de la Eucarista per y peri (a favor de) son caractersticas de los sacrificios expiatorios, indicando a favor de quin se hace la expiacin. Se habla tambin de la sangre entregada (didomenon). Todava hay ms: la carta a los Hebreos presenta el sacrificio de Cristo como el verdadero, nico y definitivo sacrificio de expiacin que ha eliminado a los sacrificios expiatorios que se ofrecan en la fiesta del Yom kippur, el da del perdn. Por tanto, negar el sacrificio expiatorio de Cristo es negar toda la carta a los Hebreos. Lo que hizo Cristo en la Eucarista fue instituir el sacrificio de la nueva y eterna alianza que se iba a sellar con su sangre en la cruz para dejarlo a su Iglesia como memorial de su muerte y Resurreccin: hacedlo en memoria ma pues cada vez que comis este pan y bebis esta copa, anunciis la muerte del Seor hasta que venga (1 Cor 11, 26). En la institucin de la Eucarista Cristo se entrega a los suyos ya de forma real por medio de su cuerpo y su sangre. Se trata de una anticipacin sacramental de lo que va a ocurrir de forma cruenta en el misterio de su cruz y su Resurreccin. Pero se comprende que quien no cree en la divinidad de Jesucristo, no puede alcanzar la maravilla de lo que ha hecho en la Eucarista. 8.- La Resurreccin Me veo obligado a sintetizar ms de lo deseado el tema de la Resurreccin de la que he hablado con detalle en mi obra Seor y Cristo (Ed. Palabra), pero manda la extensin fijada para este trabajo. Lo primero que llama la atencin cuando se lee a Pagola, que tanto inters tiene por la fidelidad histrica, se ve que cambia totalmente el orden histrico de los acontecimientos relativos a la Resurreccin. Los evangelios presentan en primer lugar el hallazgo del sepulcro vaco que provoca perplejidad y miedo en las mujeres; y despus hablan de las apariciones, que les confirman en la Resurreccin. Pagola, por el contrario, parte de las apariciones para hablar despus del sepulcro vaco. Por qu? Porque l entiende que todo se reduce a una "experiencia" de fe (as interpreta las apariciones) y lo del sepulcro es una realidad de la que en el fondo se puede prescindir. Pagola mantiene que la Resurreccin es real pero no histrica, es decir, no ha tenido lugar en la historia, porque es una realidad que la trasciende (418). Estamos de acuerdo en que no se trata de una Resurreccin como la de Lzaro que retorna a la vida terrena y a la muerte. La Resurreccin de Cristo es trascendente porque con su cuerpo glorioso ha vencido definitivamente a la muerte. Pero ha dejado huellas en la historia: sepulcro vaco y apariciones. Eso es lo que dicen los textos. El verbo que se emplea para hablar de que Jess se apareci es ophth, aorsto pasivo que se traduce por se dej ver. Se usa este verbo porque es el que usa la traduccin Vulgata al hablar de las apariciones de Dios en el Antiguo Testamento. Pero se usan tambin otros verbos como faino y faneroo que significan aparicin visible. Y as mismo verbos como ste en meso autn: se puso en medio de ellos (Lc 24, 36; Jn 20, 19-26). Pero puesto que Pagola no quiere reconocer que la Resurreccin de Cristo es al mismo tiempo trascendente e histrica, se ve obligado a explicar que lo que ocurri fue que los apstoles tuvieron una "experiencia" de fe de que Jess viva, recurriendo a su fe

en la fidelidad de Dios (420). Y ellos atribuyeron esa "experiencia" a Dios. Slo Dios les poda haber revelado algo tan grande e inesperado. Ellos conocan la doctrina de la Resurreccin de los cuerpos que aparece en Dn 12, 1-2 y quizs haban odo hablar de los siete mrtires torturados por Antoco Epifanes (2 Mac 7, 9-23), lo cual les ayud a interpretar su "experiencia" de Jess como vivo y resucitado. Detengmonos un poco a meditar sobre todo esto. Qu "experiencia" de fe podan tener los apstoles tras la muerte de Jess, cuando muri como mueren todos los crucificados, como maldito de Dios? Pues dice la Escritura (Gal 3, 13) que el que muere en el madero es maldito de Dios. Y Jess fue juzgado legtimamente por el Sanedrn y condenado como blasfemo. Ellos estaban escondidos para volver de nuevo a la pesca del Tiberades. Cuando le dicen a Toms que lo han visto, ste responde diciendo que, si no pone sus manos en las llagas, no cree (Jn 21, 25). Por ello dice el Nuevo Catecismo que afirmar que la fe en la Resurreccin haba surgido de la fe no tiene consistencia alguna (n. 644), pues los apstoles no habran vuelto a la fe sin el encuentro sensible con Jess (n. 643). Un pequeo detalle: los discpulos de Emas, como dicen algunos telogos, reconocieron a Jess slo desde una "experiencia" de fe, pero el texto dice que, en medio de esa "experiencia", Jess se hizo invisible ante ellos (afantos egeneto), lo cual demuestra que junto a la experiencia de fe haba una manifestacin visible que ahora desaparece. Por tanto, haba una aparicin visible que no se puede confundir con la "experiencia" de fe. En todo caso, si se hubiera querido hablar de una "experiencia" de fe, los discpulos tenan un trmino en griego horama (visin interior sobre todo) que podran haber utilizado para ello. Y sin embargo no lo emplean ni una sola vez. Adems una Resurreccin, aunque fuera la del Mesas en medio de la historia, era absolutamente inimaginable para los judos. Los mrtires macabeos esperaban la Resurreccin, pero para el final de la historia. Que al principio los de Emas no le reconocieron? No olvidemos que el nico que dispone de estas apariciones es Jess, no le poda ver aqul que quera, como en el caso de Lzaro, sino aqul que Jess quera. l solo dispone de estas apariciones y se aparece a quien quiere, cuando quiere y como quiere. Si se me permite, podemos recordar las apariciones de Lourdes: solo Bernardette ve a la Virgen, mientras que los que la acompaaban no la vean. No somos los hombres los que disponemos de las apariciones de Cristo. Es ridculo, por otro lado, acudir al argumento de que Pablo no habla del sepulcro vaco. Si no habla de l es porque no tuvo la experiencia de su hallazgo; pero lo menciona de forma implcita cuando recuerda que fue el sepultado el que resucit (1 Cor 15, 35). Y tampoco se puede decir que lo de Pablo fuera una "experiencia". l oy una voz en la que Cristo se identificaba y le deca lo que tena que hacer. Por cierto, dice que le habl en hebreo (Hech 26, 14). S. Pablo se excusa siempre cuando habla de sus "visiones" y no lo hace nunca cuando habla del encuentro con Cristo que le hizo apstol. Cuando Juan y Pedro se sienten conminados a no hablar de Jess, responden diciendo que no pueden dejar de hablar de lo que han visto y credo (Hech 4, 20), refirindose ante todo a la Resurreccin (Hech 4, 10). Hablando Pagola sobre el sepulcro vaco dice: no sabemos si (Jess) termin en una fosa comn como tantos de los ajusticiados o si Jos de Arimatea pudo hacer algo para enterrarlo en un sepulcro de los alrededores (431). Pero el hallazgo del sepulcro vaco no es lo decisivo. Lo decisivo no es su hallazgo sino la revelacin que se hace sobre l: Jess de Nazaret, el crucificado, ha sido resucitado por Dios (432). Lo que importa fue que los discpulos de Jess lo experimentaron como vivo desde la fe. Un pequeo detalle: si nos vamos al hallazgo del sepulcro vaco por parte de Pedro y Juan, que acuden corriendo al sepulcro tras el aviso de Magdalena que lo ha encontrado vaco, leeremos que lleg primero Juan y vio las vendas en el suelo y lo mismo le ocurri a Pedro. Pero el texto en griego no habla de las vendas en el suelo, sino de las vendas que estaban keimena, es decir, echadas, yacentes, sin el relieve del cadver, como explica el P. Iglesias en su Nuevo Testamento. Por eso dice Juan de si mismo que vio y crey (Jn 20, 8), porque comprendi que, puesto que seguan atadas pero vacas, el cadver no haba sido robado. Para los discpulos, lo que les dio la fe fueron las apariciones; para Juan, la fe ya empez con el sepulcro vaco, aunque confirm despus su fe por las apariciones. Nadie niega por tanto que la Resurreccin de Cristo sea trascendente (no fue como la de Lzaro); pero se falsifica la Resurreccin cuando se la quiere desligar de la historia. Es que acaso Cristo resucitado, que es Dios, no tiene poder para manifestarse de forma visible? Quines somos nosotros para decirle a Dios lo que puede hacer o no? No se puede desligar la Resurreccin de la dimensin histrica. El cristianismo no es una ideologa ni una "experiencia" interior. El cristianismo se basa en la historia: en el ver y en el tocar al Verbo de la vida, como dice S. Juan (1 Jn 1, 1), el telogo ms trascendente y el ms realista de los cuatro. Pero, ser que la teologa moderna vuelve de nuevo al gnosticismo? Conclusin Trataremos de enunciar de forma clara y escueta la conclusin a la que hemos llegado sobre el libro de Pagola: sencillamente, esta no es la fe de la Iglesia ni la fe de la Escritura. Dice con toda claridad: en ningn momento manifest Jess pretensin alguna de ser Dios: ni Jess ni sus seguidores en vida utilizaron el ttulo de "Hijo de Dios" para confesar su condicin divina (379). Para Pagola Jess no es Dios. Es un profeta itinerante que crea en el Dios del Antiguo Testamento y que descubri su rostro de Padre compasivo. El Reino de Dios, en consecuencia, no es la llegada de la salvacin de Dios que coincide con la persona de Cristo y que nos trae la

filiacin divina y el perdn de los pecados; un Reino que obviamente tiene que luchar tambin contra el mal y la injusticia. Para l, el Reino de Dios es solamente esta dimensin humana y social como liberacin del dolor y de la injusticia. Las curaciones de Cristo (a las que nunca llama milagros) no son tampoco obras que trasciendan la capacidad humana y que puedan probar la divinidad de Jess; no van ms all de curaciones que se deben al hecho de que Jess suscitaba en los hombres el surgir de la fe que despierta capacidades escondidas, un curandero religioso. El poder de perdonar los pecados no es propio de Cristo sino de Dios. Jess anuncia con su cercana a los pecadores el perdn de Dios, en la medida en que se abren a su misericordia, pero sin la condicin y el compromiso de cambiar de vida. En la Pasin de Cristo tampoco ve un misterio de salvacin querido por el Padre que enva a su Hijo para que ofrezca su vida para la redencin de nuestros pecados; es sencillamente el rechazo que Jess tuvo por anunciar la bondad misericordiosa de Dios. La Eucarista es simplemente una cena de despedida en la que se recordar la llegada del Reino y la muerte de Cristo y se evocar la victoria final del Reino. Es un recuerdo y una evocacin. Nada ms. Y, como hemos visto, la Resurreccin no tiene ninguna dimensin histrica. Todo se reduce a una "experiencia" de fe (as interpreta las apariciones) por la que llegaron los discpulos a creer que Jess segua vivo. El hallazgo del sepulcro vaco no es lo decisivo. No sabemos si (Jess) termin en una fosa comn como tantos de los ajusticiados o si Jos de Arimatea pudo hacer algo para enterrarlo en un sepulcro de los alrededores (431). Lo decisivo no es eso sino la revelacin que se hace: Jess de Nazaret, el crucificado, ha sido resucitado por Dios (431). La categora que domina en esta jesuologa (que no cristologa) es la de una "experiencia" inmanentista sin capacidad de confesar que el Verbo, segunda persona de la Trinidad, ha entrado verdaderamente en la historia para divinizarnos en Cristo y liberarnos de la esclavitud del pecado y de la muerte de la que no nos podamos liberar. El cristianismo no tendra otra originalidad que habernos descubierto el rostro de Dios como Padre bueno y compasivo por medio de un profeta itinerante llamado Jess. Jos Antonio Says

UNA PALABRA DE ALIENTO Comunicado de Jos Antonio Pagola sobre los escritos contra su libro Jess. Aproximacin histrica JOS ANTONIO PAGOLA SAN SEBASTIN (GUIPUZCOA). ECLESALIA, 07/01/08.- En los primeros das de este nuevo ao de 2008, han aparecido publicados en la pgina web de la dicesis de Tarazona diversos escritos contra mi libro Jess. Aproximacin histrica y contra mi persona. Son cinco firmas diferentes, pero repiten al unsono la misma condena utilizando incluso las mismas frases y expresiones. Como es natural, son muchos los que me preguntan cmo estoy, cmo lo estoy viviendo y qu est sucediendo. A todos los que, en estos momentos, se interesan por m y sufren conmigo les quiero decir una palabra de aliento. 1. Lo primero que quiero expresaros es que, en el fondo, todo esto me est haciendo bien. Me purifica, me obliga a agarrarme a Jess y me est llevando a identificarme un poco ms con l. Si acierto a vivirlo desde Jess, esto puede ser una gracia grande para m, la gran oportunidad de entregarme totalmente a l y seguirle fielmente hasta donde sea necesario. 2. Estoy tratando de vivir todo este proceso desde dentro. Pocas veces haba orado con tanta verdad ciertos salmos. Pocas veces haba celebrado la eucarista tan identificado con ese Jess entregado por los dems. Estoy repitiendo mucho el salmo 86: en estos momentos me parece escrito especialmente para m. Durante el da, repito esas invocaciones breves que aparecen en los evangelios y que me ayudan a vivir unido a Jess. Seor, t lo sabes todo. T sabes que te quiero. Te seguir adonde vayas. Padre, a tus manos encomiendo mi espritu. Padre, si es posible, pase de m este cliz. Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres t En fin, hago lo que puedo. En Jess encuentro fuerza y paz. Qu importa que me consideren hereje y arriano? Slo Dios, ese Dios encarnado en Jess, conoce lo que hay en mi corazn. 3. Algo que estoy trabajando mucho dentro de m estos das son los sentimientos hacia quienes me condenan. Estoy escuchando desde dentro las palabras de Jess a sus seguidores: No juzg uis a nadie No condenis a nadie. Perdonad. Conozco bien los sentimientos de Jess. Por eso rezo por los que me rechazan. Lo hago con nombres y apellidos. Pienso de verdad que, en el fondo, no saben lo que estn haciendo. No quiero dejar entrar en mi corazn reacciones, sospechas, prejuicios o sentimientos que nunca saldran del corazn de Jess. Le pido a l que me ayude a poner un poco de luz, de cordura humana y de sensatez evanglica en este tipo de conflictos que, en buena parte, brotan a causa de la profunda crisis que estamos sufriendo todos, sin saber exactamente cmo caminar hacia un futuro ms fiel al Evangelio. 4. Quiero vivir todo esto desde una actitud de conversin a Dios. Con ser muy importante, creo que nuestro problema principal no es la precisin teolgica en la formulacin de la doctrina de la Iglesia. Lo primero es despertar y potenciar nuestra conversin a Dios, siguiendo de cerca los pasos, las actitudes y el espritu de ese querido Jess en el que se ha encarnado y revelado. Creo que, alimentando entre nosotros la mutua descalificacin y condena, no estamos caminando hacia la conversin que necesitamos en la Iglesia. 5. Naturalmente, estoy sufriendo. Es normal. Sufro, sobre todo, al ver sufrir a las hermanas con las que vivo, a mis seres queridos, a mis amigas y amigos. A veces, no s que decirles, ni cmo explicarles lo que est sucediendo. A algunos los veo desconcertados y apenados. Se me parte el alma. Pienso tambin en lo que pueden sufrir pronto el obispo de Tarazona y quienes me condenan, al menos si leen y escuchan lo que se est diciendo contra ellos. Es necesario este tipo de sufrimiento? Es el sufrimiento exigido por nuestra conversin a Jess? No lo s. Yo lo quiero vivir tratando de humanizarlo y orientarlo hacia la bsqueda de una Iglesia ms fiel al evangelio. 6. Sufro al vivir en estos momentos una experiencia extraa que nunca antes haba conocido. Siento que algunos sectores de la Iglesia quieren acallar mi voz y apagarla. Segn ellos, hace dao a la Iglesia. Quiero escucharlos sinceramente para ver si me ayudan a ajustar mejor mi mensaje al espritu del evangelio de Jess. Por ahora, todo esto no me desalienta sino que me estimula. Jess me est llevando a amar cada vez ms a la Iglesia. Por eso, no me contento con una Iglesia cualquiera. La quiero ver cada da ms fiel a Jess, ms llena de su Espritu. Por eso, seguir empeado en esta tarea, escuchando a quienes me ayuden a vivir de manera ms evanglica y aportando, por mi parte, mi pequeo grano de mostaza. Por fin, Jess me est dando fuerzas para amar ms a la Iglesia que a mi propia tranquilidad, mi imagen o mi prestigio personal. 7. Mientras tanto, estos das voy preparando mi espritu para responder a tanto ataque y condena. Quiero encontrar el tono evanglico adecuado y palabras buenas, claras, constructivas y esperanzadoras. Lo importante para m no es defender mi libro. Es fruto muy querido de muchos aos de reflexin y meditacin, pero no deja de ser una aportacin modesta dentro de la ingente tarea de conversin que le espera a la Iglesia en los prximos aos, si quiere sobrevivir entre nosotros. Lo que busco es que no seamos los telogos ni los obispos los que cerremos a la gente sencilla las puertas para encontrarse con Jesucristo, el nico que puede salvar a nuestra Iglesia. Me esforzar por mostrar mi verdad humana, cristiana y teolgica con mi vida, ms que con mis escritos. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusin de sus artculos, indicando su procedencia). Jos Antonio Pagola Fiesta de la Epifana del Seor

LA VERDAD NOS HAR LIBRES Jos Antonio PagolaEn los primeros das de enero de 2008 en la pgina web de la dicesis de Tarazona han hecho su aparicin diversos textos comentando y juzgando mi libro Jess. Aproximacin histrica, PPC, Madrid 2007. Se trata en concreto de una Carta de Monseor Demetrio Fernndez que lleva como ttulo: El libro de Pagola har dao; una breve nota de Luis J. Argello, Vicario de la ciudad de Valladolid, titulada A propsito del Jess de Pagola; un escrito de Jos Rico Pavs, director del Secretariado de la Comisin Episcopal para la Doctrina de la Fe (CEE) con el ttulo, Un Jess irreconocible; una recensin del telogo Jos Mara Iraburu que titula Pagola. Aproximacin histrica y un extenso trabajo del telogo Jos Antonio Says, Jess, aproximacin histrica de Jos Antonio Pagola, que haba aparecido ya en un espacio de Internet en noviembre de 2007. Aunque se trata de cinco textos firmados por autores diferentes, en realidad en todos ellos resuena una voz anloga y han sido presentados por la dicesis de Tarazona formando un bloque. No slo el enfoque y el tratamiento de las diversas cuestiones es prcticamente idntico, sino que se utilizan en diversas ocasiones las mismas expresiones y frases de manera casi literal. El obispo de Tarazona los presenta como un conjunto de textos con cuyo contenido se identifica, lo aprueba y lo recomienda a sus fieles. Este hecho permite estudiar de manera conjunta su posicin, perfectamente definida dentro del pluralismo teolgico actual, considerando, al menos, las cuestiones ms importantes y decisivas. Este es mi propsito en este escrito. Lo importante para m no es defender mi libro. Al fin y al cabo, es un hecho menor e insignificante en la historia de nuestra Iglesia. Lo que busco es que no seamos los telogos ni la jerarqua los que cerremos a la gente sencilla las puertas para un encuentro vital y renovador con Jess y con su Evangelio. No quiero juzgar a los autores de estos escritos ni a quienes se afanan por difundirlos. Quiero escuchar en estos momentos la llamada firme de Jess a sus seguidores: No juzguis a nadie No condenis a nadie. Perdonad (Lucas 6, 37 38). Me limitar a constatar algunos hechos y a plantear algunas preguntas. En cualquier caso, mi disposicin ahora y en el futuro va a ser la de estar dispuesto a mejorar mi libro teniendo en cuenta las crticas y sugerencias que se me puedan hacer. Slo quiero ayudar a la gente a conocer, amar y seguir ms fielmente a Jesucristo. 1. PUNTO DE PARTIDA Me parece importante constatar tres hechos que nos permitan aproximarnos al punto de arranque y a la orientacin de estos estudios. Omisin de la verdadera intencin Pagola Comienza J. A. Says su trabajo de esta manera: Deca J. A. Pagola en una entrevista concedida al Diario Vasco (16-10-07) que a l le interesa Jess porque es el hombre compasivo, que se acerca a los ltimos, que busca la dignidad de la mujer. Los rasgos ms importantes de su perfil retratan a un hombre compasivo, un defensor de los ltimos, que se interes sobre todo por la salud de la gente y que, frente a una visin legalista introduce la compasin como principio de actuacin. sta es la bsqueda que hace Pagola de Jess. Lo que dice Pagola. En realidad, las palabras de Says son una utilizacin de lo que yo respondo al entrevistador cuando me hace la tercera pregunta: Cmo era Jess?. Says oculta a sus lectores lo que yo respondo al entrevistador cuando me hace la primera pregunta precisamente sobre qu es lo que me ha impulsado a escribir el libro. Esto es lo que respondo literalmente: Lo hice por una exigencia de mi fe en un Dios encarnado. Me interesa el hombre en el que Dios se ha encarnado, cmo es, a quines se acerca, qu critica, cmo trata a la mujer, cmo desenmascara una determinada religin. Es la nica forma que tengo de conocer a Dios. Si Jess es un hombre compasivo, que se acerca a los ltimos, que busca la dignidad de la mujer, estoy descubriendo lo que es el Dios encarnado. Me sorprende que haya entre algunos cristianos un deseo muy grande de afirmar la divinidad de Jess y que luego no se preocupen en absoluto de cmo se ha encarnado. Preguntas: Por qu omite Says a sus lectores mi verdadera motivacin? Es se el camino ms adecuado para ayudarles a comprender mi libro? Puede ser ste el mejor punto de partida para intentar un anlisis objetivo de mi libro? Ausencia de la benevolencia inicial pedida por el Papa En el prlogo de su obra teolgica (no magisterial) Jess de Nazaret, J. Ratzinger pide con una humildad admirable a los lectores y lectoras esa benevolencia inicial, sin la cual no hay comprensin posible (p.20). Esta recomendacin del Papa no se

respeta en estos escritos. Iraburu dice: Tengamos claro desde el principio que Pagola, a travs de esta aproximacin histrica a Jess, difunde innumerables doctrinas de teologa dogmtica y moral, que ha fundamentado en el libre examen de las Escrituras y que son inconciliables con la fe catlica. Lo iremos comprobando. Argello dice: se debe prescindir de la fe para reconstruir la figura histrica de Jess, viene a decirnos el autor, que manifiesta querer escribir desde la Iglesia catlica. (Evidentemente nunca digo yo que, para aproximarnos a la figura histrica de Jess, se