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HISTORIA DE LA POESA HISPANO-AMERICANA I [p. 169] II : AMRICA CENTRAL Bajo este nombre se incluyen, como es sabido, las cinco Repblicas de Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica, cuyo territorio corresponde al de la antigua Audiencia y Capitana General de Guatemala, separado de la Madre Patria, sin violenta excisin ni lucha en 1821: vasta regin, de inmensa importancia geogrfica, que se extiende como un puente gigantesco levantado entre los Ocanos Atlntico y Pacfico para unir los grandes continentes del Norte y del Sur del Nuevo Mundo. [1] La historia literaria de estos pases ha sido mucho menos estudiada hasta el presente que su historia poltica: los ms antiguos escritores guatemaltecos andan revueltos con los mexicanos en la Biblioteca de Beristain, y por mexicano pasa en el concepto de muchos el ms importante de todos ellos, contribuyendo a tal confusin el ttulo mismo de su obra. [2] [p. 170] El conquistador Pedro de Alvarado; el Obispo de Chiapa, Fray Bartolom de las Casas; el Muntaner de la conquista americana, Bernal Daz del Castillo; el apostlico varn Fr. Pedro de Betanzos, y el incomparable prelado D. Francisco Marroqun, dan [p. 171] honrossimo y calificado principio a la cultura literaria de Guatemala en sus obras catequsticas e historiales. Pero de los orgenes de la poesa y de la amena literatura tenemos muy escasas noticias. [1] El ms antiguo poeta, cuyo nombre hallamos, es D. Pedro de Libana, den de la catedral de Guatemala, de quien se leen dos sonetos en el manuscrito de la Silva de poesa , de Eugenio de Salazar, que antes de ir de Oidor a la Audiencia de Mxico, haba sido Fiscal de la de Guatemala, por los aos de 1580, y que fecha desde all algunas de sus composiciones. Una de ellas es cierto soneto encomistico al libro de las obras llenas de doctrina, erudicin y gala del ilustre poeta D. Pedro de Libana, de quien sentimos no poder dar ms individual noticia, si su mrito corresponda a los extraordinarios encarecimientos de su panegirista: Jardn de mil lindezas adornado, Floresta llena de preciosas flores, Pintura de vivsimos colores, Joyel de esmaltes ricos esmaltado: Palacio donde se han aposentado Las Musas con sus dotes y primores; Torre donde Minerva sus valores Y sus tesoros ha depositado. [p. 172] De otro ingenio, al parecer andaluz, que residi en Guatemala a fines del siglo XVI, nos ha dejado memoria Miguel de Cervantes en el Canto de Calope y en el Viaje del Parnaso . Llamse Juan de Mestanza; de l se lee en el primero de estos poemas laudatorios: Oh t, que al patrio Betis has tenido Lleno de envidia, y con razn quejoso De que otro cielo y otra tierra han sido

Testigos de tu canto numeroso! Algrate, que el nombre esclarecido Tuyo, Juan de Mestanza generoso, Sin segundo ser por todo el suelo Mientras diere su luz el grato cielo. El otro cielo y la otra tierra a que se alude, eran el cielo y tierra de Guatemala, segn se declara en el Viaje del Parnaso (1614). Lleg Juan de Mestanza, cifra y suma De tanta erudicin, donaire y gala, Que no hay muerte ni edad que la consuma. Apolo le arranc de Guatemala , Y le trujo en su ayuda, para ofensa De la canalla en todo extremo mala. [1] De los 131 escritores centro-americanos (en su mayor parte guatemaltecos, y muchos de ellos franciscanos) que, salvo error, hemos contado en la Biblioteca de Beristain, slo hay unos quince poetas; escaso numero para tres siglos; mucho ms si se considera que la mayor parte no son ms que versificadores de circunstancias. [p. 173] Pertenecientes casi todos a los peores das de los siglos XVII y XVIII, fcil es imaginar cul ser el gusto predominante en sus composiciones. La obra potica ms extensa y curiosa que sali de las prensas de Guatemala es la Thomasiada , poema en loor del ngel de las Escuelas Santo Toms de Aquino, publicado en 1667 por el vascongado Fr. Diego Senz Ovecuri. [1] Uno de los aprobantes del libro. Fr. Josef Monroy, formula de este modo su elogio: En lo medido de versos dexa atras al Petrarcha, en las diferencias excede al arte de Rengipho, imitando la ternura y devocin del grande Gayrasco. La Thomasiada , en efecto, es un [p. 174] Rengifo en accin, donde se apuran todas las combinaciones mtricas del habla castellana. En su Isagoje a los lectores , dice el P. Ovecuri: Cuantos han escrito la vida de nuestro Santo, la han escrito de una manera: yo la tengo de escrevir de muchas y en muchas diferencias de verso, en 150 (!)... Los Poetas Castellanos, sin necesitar de Rengipho, hallarn en este libro, casi toda la Theorica y practica de la poesa Castellana, pues solo en el libro primero, segundo y parte del tercero, encontrarn con diferencias de versos, que los admiren. Cundo les pedirn villancicos que no hallen el diseo. Dcimas, quintillas, endechas, cuartetas, romances, glosas? Los cmicos hallan el campo abierto, pues para cada passo hallarn su variedad de metro. Tambin nos declara quines fueron los poetas que se propuso imitar, aunque la verdad es que de la mayor parte de ellos no se encuentra rastro en su estilo. Imito a los mejores Poetas, o a lo menos lo procuro; de los Latinos a Virgilio, Ovidio y el tarraconense Marcial: de los castellanos, el antiguo Juan de Mena, a Garcilaso, al clebre Lope en su Jerusalen Conquistada y su Centuria de sonetos, a todo D. Luis de Gngora, muchas veces al Conde de Villamediana, a D. Francisco de Quevedo en su Parnaso , a Fernando de Herrera, a D. Garca de Salcedo, al insigne Montalvn, a D. Agustn del Hierro, al maestro Silvestre, a mi seor el Conde de salinas dulcissimo sin disputa cisne....

En la formacin de los versos no he sido tan repentino, que no haya hecho reflexin sobre el furor primero, ni tan tardo como el Apologista sin razn [1] de los mejores ingenios de Espaa, don Francisco de Trillo y Figueroa, que en pocas ms de quatrocientas octavas consum el dilatado curso de ocho aos... Digo, pues, que no he sido tan tardo como el dicho Apologista, por que los versos que ves en los nueve libros desta obra, aun no me han consumido un ao entero. Sobre la mtrica da tambin curiosas explicaciones, que reducen a su verdadero sentido la fanfarronada de las 150 maneras de versos. Digo, pues, que el verso castellano consta de pies, [p. 175] consonancia, asonnacia y disonancia. Segn lo primero, no slo son nueve sus diferencias, sino que pueden multiplicarse hasta infinitas, como se sepan multiplicar (digo infinitas especulativamente, no prctica, porque no se puede practicar verso de infinitos pies). Segn lo segundo, tantas diferencias de versos habr consonantes, cuantos tuvieren la consonancia en distintos lugares, como lo vemos en mis sonetos, que en tanto se varan en cuanto su consonancia se muda. Tantas diferencias habr tambin de asonantes cuantas fueren las asonancias puestas de distinto modo. En el libro donde se ponen los Romances vers que estn hechos con tal arte, que encierran en s a todas las asonancias, de suerte que es imposible hacerse Romance cuya asonancia no se reduzca a alguna de las de mis romances, con que estn demostradas cuantas asonancias hay dellos. Acerca de los disonantes digo que hay tantas disonancias cuantas son los versos. Llevo esta orden en los primeros libros, que de cada diferencia de versos, pongo a lo menos una plana, para que con eso el estudiante, no solo la aprenda, sino la sepa proseguir hasta el cabo. En las dems, como en las canciones, etc., pongo las estanzas bastante siempre, y me alargo ms o menos, segn que me parece la accin lo pide. Y aunque el libro Rengifo exceda en mucho al mio, has de confessar por mayores mis desvelos, porque los de aquel son trabajos de otros, esparcidos por diferentes volmenes y en el suyo juntos, y los mios executados por mi y historiando, y va mucha diferencia de componer un retablo de imagines de diferentes artfices a artificiarlo uno solo. A todos los metros que tienen algo de nuevo llamo de diferencia, como a aquellos cinco romances, que el suyo se fabrica sin A, el otro sin E, el otro sin I, el quarto sin O, y sin U el quinto. Lo mismo a los laberintos y los otros que van notados de nmeros, porque todo lo que se aade a una cosa la diferencia de otra, y porque con ello se tenga ms cuidado en la lectura. Aprovechan estas curiosidades grandemente para los certmenes donde se bizarrean los genios. El P. Ovecurri se haba lucido mucho en estos certmenes, tan frecuentes en Amrica, y cita con fruicin varios anagramas [p. 176] suyos. Tambin alude a otras piezas poticas, fruto de su ingenio, que se han perdido: mi Esfera en verso, que no se ha dado a la estampa, y una Cancin a la entrada del Conde de Santiago en la Ciudad Real de Chiapa. La Thomasiada es un monumento de mal gusto, pero de increble paciencia y de mucha erudicin. Su autor quiso que fuese, no slo una Arte prctica de la versificacin, sino una enciclopedia rimada: A todas las materias Lgicas, Filosficas, Metafsicas, Teolgicas, Especulativas y Morales, las puedes nombrar Thomecentonas , porque son sacadas de las obras de nuestro Santo... En su historia sigo al

Maestro Fr. Fernando del Castillo, dominicano, en la Cronologa al Padre Fr. Alonso Fernndez, dominicano tambin, a Jacobo Gualterio, de la Compaa de Jess, y al Zamorano; en la Astronoma a Apiano. Acaso en estos das de extravagancia modernista, tendra xito en nuestros cenculos literarios y en los de Amrica la exhumacin de este poema, donde hay sontes de ochos pis, romances mudos compuestos de figuras solas que hablan, laberintos esfricos, poniendo la letra por centro de donde salgan los versos como lneas, y de sus catorce letras ahorrars las trece, si eres avariento , y otros mil diablicos primores. Y nada de eso procede de Pars: todo se lo sac de su cabeza el buen Padre all en Guatemala, sin ms ayuda que la de su Rengifo. Si el autor de la Thomasiada mostr ingenio aunque mal aplicado, no puede decirse lo mismo de otros autores que apenas llegan a los confines de la mediana. El jesuta Alonso de Arrivillaga escribi Certamen potico latino-castellano en honor del re