Ortega y Gasset

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PERSPECTIVISMO Y RACIOVITALISMO: JOSÉ ORTEGA Y GASSET

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PERSPECTIVISMO Y RACIOVITALISMO:

JOS ORTEGA Y GASSET

NDICE

1. CONTEXTO HISTRICO-CULTURAL Y FILOSFICO DE ORTEGA Y GASSET

2. EL CONCEPTO ORTEGUIANO DE FILOSOFA

3. PERIODO PERSPECTIVISTA

3.1. CRTICA AL REALISMO

3.2. CRTICA AL IDEALISMO

3.3. EL PERSPECTIVISMO COMO TEORA DEL CONOCIMIENTO

4. PERIODO RACIOVITALISTA

4.1. CRTICA AL RACIONALISMO

4.2. CRTICA AL VITALISMO

4.3. LA VIDA COMO REALIDAD RADICAL

4.4. LA RAZN VITAL

4.5 EL HOMBRE COMO SER HISTRICO: LA RAZN HISTRICA

4.5.1. LA CIRCUNSTANCIA

4.5.2. IDEAS Y CREENCIAS

5. TICA

6. POLTICA

7. COMENTARIO DE TEXTO: EL TEMA DE NUESTRO TIEMPO

8. RELACIN CON OTRAS POSICIONES FILOSFICAS

8.1. RELACIN CON DESCARTES

8.2. RELACIN CON NIETZSCHE

9. ACTUALIDAD DE LA FILOSOFA DE ORTEGA Y GASSET

10. BIBLIOGRAFA

1. CONTEXTO HISTRICO-CULTURAL Y FILOSFICO DE ORTEGA Y GASSET

Jos Ortega y Gasset nace en Madrid en 1883. Est inserto en la tradicin regenacionista de intelectuales que ya desde fines del XIX miraban con preocupacin la situacin del pas. La idea central de esta tradicin es la de la necesidad de insertar a Espaa en un contexto europeo y moderno. Denunciaron el arcasmo de las estructuras sociales (caciquismo) y econmicas (produccin econmica latifundista)que latan bajo la aparente apacibilidad del rgimen de la Restauracin borbnica de 1874, en la figura de Alfonso XII, a cuyo reinado hasta 1885 se aadira la regencia de Mara Cristina hasta 1902. A partir de entonces, Alfonso XIII da continuidad a este sistema poltico separado de la sociedad, impidiendo la participacin del resto de fuerzas: socialistas, sindicalistas, anarquistas, republicanos, regionalistas...

Sntoma de la crisis es el desastre del 98: la liquidacin del imperio espaol sume a la sociedad en el pesimismo. La situacin socioeconmica de principios del siglo XX tambin muestra la inoperancia poltica: una esperanza de vida de 34 aos, una gran mortandad infantil y un altsimo analfabetismo. La escasa industria se concentra en el Pas Vasco y Catalua, mientras el 70% de la poblacin vive en el campo en condiciones mseras. La nica salida es la emigracin.

La Gran Guerra (1914-18) traumatiz a Europa. Aunque Espaa no particip y el conflicto benefici a las empresas, la demanda europea encareci los productos, lo que perjudic a obreros y campesinos. As, aument la conflictividad social, huelgas generales, atentados anarquistas... A esta tensin poltica se suma el desastre de Annual en 1921.

Esta situacin provoc la desconfianza hacia los partidos tradicionales y abon el terreno a los totalitarismos. En Espaa se produce el golpe de Estado de Primo de Rivera (1923), que abre una dictadura de casi ocho aos. Ortega se enfrent a la dictadura de Primo de Rivera, lo cual le llev a dimitir en 1929 de la Universidad y continuar sus clases en un teatro. Estas clases se publicarn posteriormente bajo el ttulo Qu es filosofa? Contribuy al advenimiento de la Segunda Repblica espaola (1931-1936), para cuya primera presidencia incluso se baraj su nombre. Pero Ortega se desencant pronto tambin del rgimen republicano: la democracia liberal por l soada pareca imposible, acosada por las ideologas comunistas y fascistas.

Sin embargo, este periodo de crisis socio-poltica coincide con la Edad de Plata de la cultura espaola: Picasso y Sorolla en Pintura, Gaud en arquitectura, Albniz y Falla en msica, Eugenio DOrs, Prez de Ayala y el propio Ortega en el campo del pensamiento, y Ramn y Cajal en ciencia, componen una riqueza solo comparable al Siglo de Oro.

La labor filosfica llevada a cabo por Ortega se vio truncada por la tragedia de la Guerra Civil espaola. Hasta 1936, el panorama de la filosofa espaola no poda ser ms positivo: en Madrid enseaban filosofa figuras como Garca Morente, Zubiri y Gaos, rodeados de discpulos tan brillantes como Mara Zambrano y Julin Maras. Todo este repertorio de figuras fue desmantelado con la guerra y la mayora de sus miembros tuvieron que huir al exilio.

Entre 1940 y 1960 la filosofa acadmica sigui los ritmos que marcaban los ganadores de la Guerra Civil, y en esos rumbos no tena cabida el orteguismo. Los intelectuales adictos al rgimen y algunos eclesisticos trataron de desprestigiar la figura de Ortega. Los ataques disminuyeron a partir de los aos cincuenta, cuando la dictadura de Franco intent dar una fachada de liberalizacin, necesaria para reclamar un lugar entre los pases industrializados de Occidente. En 1955 regresa definitivamente a Espaa. Se le diagnostica un cncer gstrico y tras una operacin sin esperanzas, muere en Madrid, el 18 de octubre de 1955.

En cuanto al contexto filosfico podemos destacar que nuestro autor es considerado como uno de los filsofos y ensayistas espaoles ms importantes del siglo XX. Influye poderosamente en su estilo al escribir el pertenecer a una familia de periodistas (su familia, liberal-burguesa, regentaba la edicin del peridico El Imparcial en la capital de Espaa. Estudia la carrera de filosofa en Madrid (1898-1902) y ser la filosofa griega su primer objeto de inters intelectual. Marcha a Alemania en 1905 huyendo del achabacanamiento de su patria, como dira luego. Sus etapas sucesivas en Leipzig, Berln y Marburgo son una etapa fundamental para tomar conciencia del desfase cultural espaol con respecto a Europa. En Marburgo estudia con los neokantianos Cohen y su discpulo Natorp. Pero pronto abandonar este modelo, basado en el idealismo trascendental kantiano, considerando que su sustitucin por la idea de razn vital abrir una nueva poca.

A su vuelta a Espaa, obtiene la ctedra de Metafsica en Madrid y comienza su etapa perspectivista (1910-1923). Escribe Espaa invertebrada (1921). La idea fundamental de la obra es que Espaa necesita de una mayor vitalidad social. Ortega contribuy a esa revitalizacin social con proyectos como la fundacin en 1917 del peridico El Sol y en 1923 de la prestigiosa Revista de Occidente, que an sigue publicndose en la actualidad.

Desde 1923 el pensamiento del filsofo espaol entra en su madurez, la etapa raciovitalista (1923-1955) con obras como El tema de nuestro tiempo (obra sta cuyo captulo X hemos de comentar), Historia como sistema, Ideas y Creencias y La rebelin de las masas (1930). En esta ltima obra critica al comunismo y al fascismo, por cuanto pretenden ahogar a la sociedad en un Estado totalitario.

Del vitalismo de Nietzsche asumir su concepcin perspectivista de la verdad y la defensa de los valores vitales, aunque evitando su irracionalismo y su relativismo.

De Husserl hered la preocupacin por hacer que la filosofa descansara en un fundamento firme, sin embargo para la fenomenologa de Husserl ese fundamento ser la conciencia y para Ortega la vida.

La filosofa de Heidegger guarda una clara afinidad con la de Ortega. Su concepcin de la vida y de cmo el conocimiento es algo siempre inserto en ella. La diferencia fundamental consiste en que mientras para Heidegger la existencia humana es entendida desde la angustia y la mortalidad, el filsofo madrileo tiene de sta una concepcin vital, festiva y ldica.

Ortega comparte con el existencialismo de Sartre la idea de que el ser humano carece de naturaleza, puesto que la vida es un quehacer. Tambin coinciden al afirmar que el hombre es un nufrago en la existencia, y que continuamente tiene que decidir la vida que ha de vivir. No obstante, Ortega se separa de la angustia vital del existencialismo.

Finalmente, la influencia del historicismo de Dilthey fue decisiva en el concepto orteguiano de razn vital e histrica: El ser humano es incomprensible fuera de su vida y su historia.

2. EL CONCEPTO ORTEGUIANO DE FILOSOFA

La Filosofa no nace por razn de utilidad, pero tampoco por capricho. La filosofa es constitutivamente necesaria al intelecto, y tiene como nota radical el afn de buscar y capturar la verdad de todo como tal.

Sera una empresa ms sencilla si nos propusiramos un objetivo ms comn: contentarnos con lo que sin filosofar hallamos ante nosotros. Es decir, contentarnos con lo que tocamos, somos o calculamos. Pero la razn de la Filosofa no es sino la rebelda radical frente a esa pretendida inmediatez de la conciencia que se contenta con lo que est ah como patente y dado. Nada ms alejado de la actitud filosfica que toma lo dado de forma problemtica, pues el filosofar consiste en buscar al mundo su integridad, completarlo en universo, construirle un todo donde se aloje y descanse (Qu es filosofa, V).

El concepto orteguiano de filosofa tambin queda claramente delimitado con respecto a las ciencias:

La Filosofa es un saber radical (de raz) y lo es porque se plantea los problemas ltimos y primeros. Este radicalismo le distingue de otros modos de conocimiento, sobre todo de las ciencias porque estas no admiten ms problemas que los que son, en principio, susceptibles de solucin, por tanto, problemas mansos, como animales domsticos, problemas que ya estn por anticipado medio resueltos y entran en la investigacin como en la pista del circo los leones amaestrados, es decir, previamente morfinizados. Pero los problemas de la filosofa son los problemas absolutos, sin limitacin alguna de su bro pavoroso, son los problemas feroces que acongojan y angustian la existencia humana, de que el hombre es portador y sufridor permanente y que no ofrecen garanta alguna de ser solubles, que acaso no lo son ni lo sern nunca (Sobre la razn histrica. Alianza, Madrid, 1979, pag. 210).

Lo dado, que para otro tipo de conocimiento aparece como suficiente en s, es considerado insuficiente y fragmentario por la Filosofa, cuyo objeto de conocimiento es todo cuanto hay.

Filosofar supone plantearse un problema absoluto, es decir, no partir tranquilamente de creencias previas, renunciar a apoyarse en nada anterior a la Filosofa misma.

Filosofa tambin es un conocimiento terico, un conjunto de conceptos expresable e intersubjetivo, no como el misticismo. Para ortega, lo que no se puede decir, lo indecible, ser de todo menos Filosofa. Si la hora de mstico es la noche, la hora del filsofo (que aspira a emerger de lo profundo a la superficie) solo podr ser la del gran medioda.

La Filosofa es un enorme apetito de transparencia, de desvelamiento (altheia) o manifestacin de algo, es decir, de hablar (logos): un hablar que nos desvele el ser de las cosas.

Segn Ferrater Mora, se distinguen dos periodos claramente diferenciados en la filosofa de Ortega:

Perspectivismo: periodo que va desde el ao 1910 hasta 1923, en el que hace una crtica al realismo y al idealismo.

Raciovitalismo: desde 1923 hasta 1955, en l niega ser racionalista o vitalista puro.

3. PERIODO PERSPECTIVISTA

3.1. CRTICA AL REALISMO

El realismo (equivalente a objetivismo) es una actitud que supone que la verdadera realidad son las cosas en s mismas, que la realidad existe con independencia del sujeto, es decir que las cosas son independientes de mi pensar.

El realismo, propio de la filosofa antigua y medieval, cree que la realidad radical son las cosas y que el protagonismo del conocimiento lo tiene lo conocido, el fundamento del conocimiento est en el objeto, el sujeto no aporta nada en el conocimiento. Conocer se limitara a copiar lo ms fielmente posible una realidad. La verdad se definira como la adecuacin del intelecto a la cosa.

Ortega critica el realismo antiguo ya que parte de la existencia del cosmos, de las cosas, y no duda de ellas para nada. Sin embargo, esto es una ingenuidad filosfica, porque da a la conciencia un papel muy secundario. No se puede admitir que el sujeto sea un simple trozo de la realidad, una cosa ms del cosmos. El sujeto es el que recibe todas esas impresiones, es el que las selecciona, el que las vive. El realismo no ha sabido dar importancia al yo pensante y ha quedado absorbido por el mundo exterior.

3.2. CRTICA AL IDEALISMO

La alternativa histrica han sido tradicionalmente las filosofas espiritualistas o idealistas, que han contrapuesto el espritu a la naturaleza. Pero esto es otro error, ya que trata las ideas, los conceptos, como realidades independientes, perennemente constituidas.

El idealismo (equivalente a subjetivismo) pone la verdad de las cosas en el yo, considera la realidad como una construccin del sujeto.

El racionalismo cartesiano, verdadero iniciador del idealismo subjetivista, disuelve el mundo exterior en funcin del yo, de la sustancia pensante.

El yo, el sujeto, se traga el mundo exterior, de tal modo que ste desaparece, y slo queda el yo. La verdad radical (la primera, la indudable) es el yo, mi pensamiento. El ser de la cosas depende del yo.

El idealismo de la filosofa moderna (post-cartesiana) piensa, que el protagonismo lo tiene el sujeto que, para conocer, somete lo conocido a sus propias estructuras. El Idealismo entiende la conciencia como un recipiente, como un molde, independientemente de cual sea la realidad que se deposite en el, lo importante ser la forma del molde, que ser la forma que adopte el contenido. Para el Idealismo la verdad sera la adecuacin de la cosa al intelecto.

Cuenta la mitologa griega como Procusto (el estirador), era un bandido y posadero del tica. Se le consideraba hijo de Poseidn. Procusto tena su casa en las colinas, donde ofreca posada al viajero solitario. All lo invitaba a tumbarse en una cama de hierro donde, mientras el viajero dorma, lo amordazaba y ataba a las cuatro esquinas del lecho. Si la vctima era alta, Procusto la acostaba en una cama corta y proceda a serrar las partes de su cuerpo que sobresalan: los pies y las manos o la cabeza. Si por el contrario era ms baja, la invitaba a acostarse en una cama larga, donde tambin la maniataba y descoyuntaba a martillazos hasta estirarla (de aqu viene su nombre).

Pues ese es el comportamiento del Idealismo. Es la realidad la que debe plegarse a las exigencias del sujeto.

Lo que critica Ortega del idealismo es que el pensamiento no es independiente de las cosas. El idealismo tiene razn al afirmar que yo no puedo saber de las cosas ms que en cuanto son pensadas por m. Pero las ideas no posen realidad considerada aparte (este es el concreto error de todo idealismo), salvo funcionando en una vida humana. No puede afirmar la independencia del sujeto respecto a las cosas: no existe el yo pensante sin cosas, sin mundo. Yo soy inseparable de las cosas. Por tanto, el dato radical del Universo no puede ser el pensamiento, sino el pensamiento y las cosas, el yo con las cosas. El pensamiento es una relacin: un sujeto que piensa una cosa.

En resumen, el pensar y lo pensado, la conciencia y el objeto, yo y el mundo inseparablemente unidos. Hay que concluir que ni el idealismo ni el realismo: ni el yo solo ni las cosas solas. La realidad radical no puede ser el pensamiento aislado (sujeto) ni las cosas solas (objeto), sino el pensante con las cosas, el yo viviendo con las cosas. Solamente existe un yo que coexiste con el mundo. Ese hecho radical, fundamental, es lo que se denomina mi vida.

3.3. EL PERSPECTIVISMO COMO TEORA DEL CONOCIMIENTO

Para Ortega la verdad ser definida en relacin a esa coexistencia del sujeto y el objeto que es la vida. Pero vidas hay tantas como sujetos, por lo que tambin habr tantas verdades como sujetos. A esta doctrina de la multiplicidad de verdades se la denomina perspectivismo.

El perspectivismo lo desarrolla Ortega en El tema de nuestro tiempo y resume su etapa filosfica de 1910 a 1923. El perspectivismo es una teora del conocimiento de la realidad: no hay un solo punto de vista absoluto sobre la realidad, sino diversas perspectivas complementarias.

El yo es un punto de vista sobre el Universo. Hay tantas perspectivas como individuos. La vida es circunstancia y por eso, la circunstancia, lo que est alrededor de cada sujeto vivo, constituye la perspectiva concreta desde la que se le muestra la verdad de las cosas.

En todo ver hay un ngulo muerto, que no vemos, ya que nuestro ver se centra en aquello que nos interesa, y, a su vez, ese inters nace del conjunto de nuestras necesidades, deseos y apetencias, emociones, sentimientos, intereses, etc.

Ocurre como en un paisaje; lo veremos segn el lugar en el que nos situemos para contemplarlo. Nadie puede captar el paisaje en su totalidad: las perspectivas, los distintos puntos de vista son infinitos, y cada uno contempla la realidad que le ha tocado vivir. Imaginemos que uno es un lugareo que ha vivido en ese sitio toda su vida. El otro pudiera ser un turista, o un ingeniero que pretende construir all algo. Literalmente estaran viendo cosas diferentes. Ninguno puede salirse de su punto de vista y ver las cosas utpicamente desde ningn lugar.

La estructura de la realidad solo se nos presenta desde distintos puntos de vista. La perspectiva, a pesar de ser nica e intransferible, no aspira en modo alguno a absolutizar el mundo, sino que, como sabe que el mundo es precisamente una pluralidad de perspectivas, solo se considera un punto de vista ms. El mundo es as, su estructura nos viene dada de forma perspectiva y parcialmente verdadera.

No es vlida la postura del dogmtico, para el que la verdad es eterna, una, la suya, y pretende imponerla a los dems, ni tampoco es vlida la del escptico que, ante la variedad de opiniones, concluye que ninguna verdad puede pretender el carcter de tal.

Tampoco debemos confundir la posicin de Ortega con el relativismo, es decir, la tesis que mantiene que no hay una verdad, sino que la verdad es relativa a cada sujeto, nada es verdad ni es mentira, todo es segn el color del cristal con que se mira. El relativismo mantiene que las estructuras cognitivas de cada sujeto deforman la realidad conocida. Cada individuo tiene su visin subjetiva de las cosas en la que est clausurado, lo cual le impedira acceder a la autntica realidad que permanece as desconocida. Pero lo que el perspectivismo niega es precisamente esa realidad oculta ( objetiva) que estara ms all de las diferentes perspectivas. La verdad tiene muchas caras, y dependiendo de la perspectiva desde la que la miremos, nos ofrecer aspectos distintos. El sujeto funciona como una retcula interpuesta en una corriente que deja pasar unas cosas y retiene otras. El sujeto no deforma la realidad, sino que la selecciona desde su circunstancia.

Debemos aceptar nuestra propia perspectiva, sin rechazar las visiones de los dems, porque cada perspectiva es una visin que capta una parte de la verdad y es preciso integrarlas y asumir la multiplicidad de ellas. Cada vida es un punto de vista sobre el Universo. La autntica realidad es la que se da en perspectiva. Nadie puede salirse de su punto de vista y ver las cosas utpicamente, desde ningn lugar. La sola perspectiva falsa es la que pretende ser nica y ver las cosas sin localizacin, desde lugar ninguno.

En consecuencia, podemos decir que no puede haber un enfrentamiento entre las perspectivas, ya que stas son todas igualmente verdaderas Pero entonces, cmo ser posible la convivencia si cada uno est encerrado en su propia perspectiva? La solucin quiz se encuentre en la sntesis de perspectivas; sntesis que en el plano moral, poltico o religioso se puede resumir con el trmino de tolerancia, trmino que viene a significar la aceptacin de que las posiciones del otro tienen el mismo derecho a existir que las mas porque unas y otras son parciales y complementarias, al ver la misma realidad desde una perspectiva distinta e insustituible. La tolerancia tiene un valor positivo puesto que aumenta la convivencia tanto a nivel individual como cultural.

La perspectiva, por tanto, nos coloca ante la verdad desde el punto de vista de la individualidad, pero compatible y susceptible de adicin a la verdad de los dems. Mi finitud solo me deja abarcar lo abarcable desde mi circunstancia, que es nica e intransferible, pero estoy obligado a transferir a los dems mi trozo de verdad y as, uniendo las distintas visiones particulares en una visin global, podremos articular el gran cuerpo de la verdad total, la verdad integral.

4. PERIODO RACIOVITALISTA

El raciovitalismo es el segundo periodo de la vida filosfica de Ortega. Esta etapa (1923-1955) es una maduracin y concrecin de su perspectivismo anterior. Establece la necesidad de superar la falsa dicotoma en la que se ha entrado al concebir la razn como fundamento de la verdad, del conocimiento, frente a la vida, que representara lo particular, lo mutable, el deseo, la pasin, lo irracional. Estos dos polos, no es que sean irreconciliables, sino que, al contrario, son inseparables.

4. 1. CRITICA AL RACIONALISMO

El descubrimineto griego y ms concrtamente de Scrates, dice Ortega, fue el de la razn pura, la razn aparte. El racionalismo supedita la vida a la razn. El mejor ejemplo de esta actitud es Descartes. El filsofo francs confiaba en que todos los asuntos de la vida humana pudiesen ser tratados con el mismo rigor y exactitud con el que podemos resolver un problema matemtico.

Ese es el ideal racionalista y el de la razn fsico-matemtica propia de la modernidad. Es la vida la que deber doblegarse, adaptarse, plegarse a las exigencias de la razn. Lo cual implica forzar la interpretacin de las cosas. Esta arbitrariedad nace con Parmnides al identificar el logos (pensamiento racional) con el ser, e impregna todo el pensamiento occidental (Descartes, Hegel, etc.). En la Modernidad, el conocimiento verdadero es el que se tendr cuando se convierta totalmente en conocimiento matemtico.

Pero el hombre moderno se ha visto desilusionado por este racionalismo fsico-matemtico, porque se da cuenta de que a la razn pura lo humano se le escapa como el agua por una canastilla. Por ejemplo, el amor es un tema del cual la razn del racionalismo, la razn matematizante, solo nos dir que an no lo ha conseguido explicar, pero que llegar un da en que se explicar en base a reacciones fsico-qumicas, realmente se comprender qu es el amor de ese modo?

Al racionalismo tiene que recriminarle el no admitir la existencia de zonas irracionales, de reas de la realidad opacas a la razn. Los racionalistas han abrazado la creencia en el uso ilimitado de la razn. Ortega no critica el uso mismo de la razn, sino este exceso.

Ortega le reprochar al racionalismo su pretensin de creer que la vida tienen que adaptarse a la razn. Para Ortega, esta postura es intolerable. Es la razn la que tiene que ponerse al servicio de las urgencias de la vida. La razn solo es una funcin de la vida, un instrumento suyo.

4.2. CRITICA AL VITALISMO

Ortega tambin se desmarc del irracionalismo (vitalismo), entendiendo como tal la consideracin del conocimiento como un proceso biolgico ms y que convertira la filosofa en un simple captulo de la biologa.

Lo caracterstico del irracionalismo (vitalismo) sera admitir que la realidad no es cognoscible por la razn, y tener que establecer por ello otros cauces, ajenos a la razn, para poder acceder a ella, bien sea el instinto, la intuicin potica, etc.

4.3. LA VIDA COMO REALIDAD RADICAL

El error del racionalismo es anteponer la pureza de la razn a la vida, pero nada puede ser antepuesto a la vida. Al contrario, es la vida la que est antepuesta a cualquier otra realidad. Por eso hay que considerarla como la realidad radical (raz), es decir, la realidad en la cual puede estar inserta, radicada cualquier otra, la ms indudable, la fundamental.

A lo largo de la historia de la filosofa se ha venido considerando el fundamento de diversas maneras. Los presocrticos consideraban que ste consista en un principio material (el agua, el aire...); para Descartes era el yo pensante; para Nietzsche, consista en voluntad de poder. Para Ortega, sin embargo, el fundamento ltimo de todo, en lo que consiste todo en el fondo, no es sino la propia vida de cada cual. Nada hay ms primario que eso y todo lo dems brota de ah. Cualquier teora, cualquier creencia, cualquier especulacin es algo que ocurre siempre en el seno de la vida de cada cual, como algo previo a cualquier teora. No hay nada anterior a ello. Es la base o suelo de todo conocimiento posible.

Lo que Ortega entiende por vida, la de cada cual, no es la vida que estudia el bilogo. No vida como una realidad resultado de reacciones fsico-qumicas, que apareci sobre el planeta tierra en determinadas circunstancias. Ese concepto de vida es demasiado terico. Ortega no dice que sea falsa ni verdadera, dice que es solo una teora, producida por determinados hombre en el seno de sus vidas. Y esas vidas concretas de la que emana esa teora es algo ms bsico, es de hecho lo ms bsico, tras lo cual nada previo puede pensarse.

La realidad radical es nuestra vida, la de cada uno en particular. No existe otra realidad ms indubitable. Ni el pensar es anterior a la vida: el pensamiento es un fragmento de un sujeto determinado que, sencillamente, vive. La vida estaba ah antes de que el ser humano se dedicase a llenar su ocio filosofando.

Hay que someter a la razn a una cura de humildad y, lejos de crear un mundo artificial a la medida de la razn, lo que debe hacer esta presuntuosa razn es dar cuenta de aquello que le precede: la vida. Tomar la vida como realidad radical; pero, a la vez, hay que teorizar, y esta es la tarea del filsofo. Pienso, porque vivo. El pensamiento viene despus y debe abordar esa esa vida que le preexiste con el objeto de mejorarla.

El carcter radical de la vida implica en Ortega un cierto neopaganismo, es decir, valoracin de la vida de cada cual en s misma y no como medio para legar a un fin trascendente distinto a ella. La vida antigua se hallaba menos penetrada de valores transvitales que la iniciada por el cristianismo y su secuencia moderna. En el cristianismo, la vida perdera valor por ser lugar de paso hacia Dios, y todas las penalidades y sufrimientos de esta vida estaran compensados en el cielo.

Frente al cristianismo, Ortega reivindica el valor inmanente de la vida, haciendo suya la frase de otro gran neopagano como Goethe: Cuanto ms lo pienso, ms evidente me parece que la vida existe simplemente para ser vivida. La vida no tendra, por ello un valor, como lugar de paso, de transicin. La vida no es un camino hacia algo mejor y por ello solo un medio para otro fin. La vida, nuestra vida, la de cada cual, tiene por ello un valor inmanente, intrnseco. En esta exaltacin orteguiana de la vida vemos el claro antecedente nietzscheano.

Si el cristianismo sita ese cielo en un futuro lejano, utpico, en el que todos los males se habrn resuelto, en la Modernidad, es en la cultura, donde se sita una meta para la vida fuera de ella misma ya, por lo que esta cultura no es ms que religin disfrazada. La vida de los hombres se convertira en mero vehculo para el desarrollo en el tiempo de la ciencia, de la moral, el arte... Para el hombre de la poca Moderna, la ciencia, por ejemplo, se convierte en un fin en s misma. La investigacin para el conocimiento de la Naturaleza es lo realmente importante, y las vidas humanas solo sirven en tanto que puestas al servicio de ese ideal. Es el culturalismo de la Modernidad -esa supeditacin, consagracin, de la vida humana a algo extrnseco a ella: la cultura- reduce la existencia real a mero trnsito hacia un futuro utpico. Pero la vida, dice Ortega, como realidad radical es un fin en si misma y la cultura es un producto de ella y no su finalidad.

4.4. LA RAZN VITAL

Es con la introduccin del pensamiento racional como la vida humana puede diferenciarse de cualquier otra vida. La del humano es la vida de quien tiene conciencia de ella. La vida humana est regida por un previo distanciamiento, por la contemplacin, por una teora. Esto responde a la necesidad que tiene el ser humano de ensimismarse. El ser humano necesita de la razn para su propia supervivencia. Existe una relacin dialctica entre razn y vida.

La razn tiene que ser una razn vital, de ah la defensa de Ortega de un raciovitalismo, es decir, una razn al servicio de los temas y problemas que nos preocupan en nuestro cotidiano vivir.

El concepto de razn vital no es en modo alguno una reduccin de los lmites de la razn, sino una ampliacin de su horizonte cognoscitivo. Ortega no va contra la razn sino contra el racionalismo, porque se pone al margen de la vida. El racionalismo entiende por razn la razn pura, es decir, la razn pura y aparte.

La dialctica de la razn viviente consiste en que el hombre va siendo y de-siendo. El ser humano se da cuenta de que es un proyecto inacabable, comprende que la vida consiste en ir descubriendo nuevos horizontes.

El pensar humano es una labor en continua ampliacin. El conocimiento es una conquista. No hay peor ignorante que el que cree saberlo ya todo, que aquel que no es consciente de su ignorancia. Sin embargo, aquel que es consciente de su ignorancia, con cada nuevo conocimiento se le abren nuevas incgnitas, nuevos horizontes que precisan ser atendidos. Ortega nos propone cambiar la definicin del ser humano como homo sapiens por la de homo insipiens (ser humano ignorante).

4.5. EL HOMBRE COMO SE HISTRICO: LA RAZN HISTRICA

La razn vital funciona desde el sujeto en su totalidad, dentro de su circunstancia, en una determinada realidad social e histrica, y nunca como un entendimiento desarraigado del sujeto; se supera as la postura realista de los antiguos. La razn vital aparece realizada en la vida del ser humano, pero mi vida es circunstancia y, por tanto, circunstancia histrica. La razn vital se concreta en la razn histrica. No se trata de dos razones distintas, sino que la razn vital es, a la vez histrica, porque la vida es temporeidad y, en consecuencia, comprende la realidad en su devenir.

El hombre, no tiene naturaleza, lo que tiene es historia; porque historia es el modo de ser de un ente que es constitutivamente, radicalmente, movilidad y cambio. (Ortega, Sobre la razn histrica, pgs. 121-122).

La vida es imprevista, no est prefijada, tenemos que decidir. Nuestras decisiones no se las podemos pasar a otro, lo mismo que no puedo transferirle mi vida. En este sentido, mi vida es anticipacin y proyecto.

Decidimos porque vivir es hallarse en un mundo no hermtico, sino que ofrece posibilidades para elegir. Y si puedo elegir es porque tengo libertad para....

Si nuestra vida consiste en decidir, quiere decir que en la raz misma de nuestra vida hay un atributo temporal: decidir lo que vamos a ser. Nuestra vida es futurizacin.

La semilla heracliteana ha dado su fruto: el ser no es esttico, sino movimiento continuo. Toda nocin referida a la vida humana lleva incluida una fecha, es funcin del tiempo histrico.

Mi vida es primariamente ese escoger mismo, ese encontrarse en el mundo tenindose uno que inventarse a s mismo en cada instante. La vida es una historia que tenemos que inventar en la medida en que elegimos, como un escritor inventa una novela. Somos escritores de una novela que es nuestra propia vida.

La historicidad de nuestra vida est dada en nuestro mismo presente, que obligatoriamente est preado de planes y proyectos. Ese estar el futuro ya presente es seal de como el tiempo, la historicidad, nos es constitutiva. Incluso aunque no quisiramos tener proyecto alguno, eso ya es un proyecto, aunque escogiramos no escoger nada, ya estaramos escogiendo algo.

Esta misma idea la expresara ms tarde el filsofo existencialista francs, Jean Paul Sartre, diciendo que estamos condenados a a ser libres. Podemos escoger en nuestras vidas, pero lo que no podemos escoger es el no escoger. Paradgicamente, la libertad es algo obligatorio.

Pero las posibilidades de eleccin no son ilimitadas. Esto lo expresa Ortega con la categora de circunstancia.

4.5.1. LA CIRCUNSTANCIA

El trmino circunstancia procede etimolgicamente de circunstare e incluye tanto las realidades fsicas que nos circundan, como el momento temporal que nos ha tocado vivir, la sociedad que nos rodea, etc. La circunstancia es todo lo que interviene en la vida del ser humano y es utilizado por l para hacerse a s mismo. De esta forma la vida es un continuo intercambio entre el yo y las circunstancias, un intercambio dirigido por la razn. Yo soy yo y mi circunstancia.

La circunstancia por s sola no es nada, solo adquiere consistencia cuando la emparentamos con el sujeto que la vive. Es el personaje el que confiere carcter de mundo, a lo que, sin l, no sera otra cosa que naturaleza. El mundo consiste en todo aquello de lo que me ocupo y en nada ms.

Las circunstancias nos ofrece diversas posibilidades de hacer y ser lo que queramos en nuestra vida, pero no son ilimitadas. El repertorio de posibilidades es amplio pero no infinito, estamos constreidos por el marco de las circunstancias en que nos desenvolvemos, aunque podemos elegir dentro de los lmites definidos por ella.

Conforme vivimos vamos cerrando esas posibilidades abiertas, y vamos concretando nuestra vida en un proyecto determinado. Ese ir cerrando lo que en principio es algo abierto no es algo negativo. Tenemos que aceptar que nuestra vida es algo limitado y que solo podemos llevar a cabo una vocacin.

La vida puede, pues, elegirse dentro de unos lmites. El ser humano no tiene una esencia previa, no tiene una naturaleza totalmente prefijada. El hombre no es un eterno Adn, no es como los otros animales que s empiezan de nuevo en cada individuo la historia de la especie. El hombre parte de unas circunstancias constituidas en gran medida por el pasado de nuestra sociedad, que nos definen y constituyen el marco de nuestras elecciones. El hombre no tiene naturaleza, sino que tiene historia.

La circunstancia es lo que nos limita, nuestra propia peculiaridad histrica dentro del mundo. El conocimiento de este hecho debera hacernos olvidar los valores hierticos que nos brindan perspectivas eternas.

4.5.2. IDEAS Y CREENCIAS

Este carcter histrico del hombre hace que en su relacionarse con el mundo cuente con un poso de interpretaciones de ste que adoptamos sin ms, como si fuese la realidad, y que sin embargo son el producto de la acumulacin de experiencias del pasado en nosotros mismos. Por ejemplo, interpretaciones cientficas o religiosas con las que miramos la realidad, pero sin tomar conciencia de que no son ms que interpretaciones, llegando a identificrlas con la realidad misma.

Percibimos no la realidad tal cual es, sino la realidad interpretada histricamente.

Ortega llama a esas interpretaciones preconcebidas de las que no tomamos conciencia, pero desde las que interpretamos el mundo, creencias, diferencindolas de aquellas otras interpretaciones de las que s tomamos conciencia y hacemos nuestras o rechazamos, como algo que podemos cuestionar, las ideas (Ideas y creencias, 1940).

Las ideas constituyen las coordenadas con las que los hombres y las mujeres se orientan en el mundo. Por idea, Ortega entender aquellos pensamientos que construimos y de los que somos conscientes. Las ideas las construimos, las tenemos y podemos discutirlas, no nos sentimos inmersos en ellas. Las creencias, en cambio, son una clase muy especial de ideas, que tenemos tan asumidas que no tenemos la necesidad de defenderlas, son nuestra realidad, estn tan pegadas a nuestra piel que en la mayora de las ocasiones no reparamos en ellas. Deca Albert Einstein: Qu sabe el pez del agua en que nada toda su vida?

Todos tenemos un estmago, cuando algo no funciona bien en l sentimos dolor y reparamos en su existencia, pero cuando est sano no pensamos en l. Algo similar ocurre con las creencias, mientras vivimos en ellas no las sentimos y cuando las sentimos es que algo va mal en ellas, pasan a ser ideas que pueden ser discutidas y necesitamos defenderlas o abandonarlas por otras. Las creencias son nuestra vida, la realidad en la que estamos inmersos y de la que partimos y las ideas son aquello con lo que pensamos la realidad.

Llega un momento en que no hacemos pie en nuestras creencias, empiezan a fallarnos y aparece la duda. Entonces nos afanamos en buscar alguna certeza que ocupe el lugar vaco que han dejado nuestras antiguas creencias. La funcin de la filosofa es inocularnos la duda, para que seamos capaces de salir de nuestras creencias y ponerlas en tela de juicio. Cuando conseguimos apartarnos crticamente de las creencias en las que vivimos, estas pueden ser rechazadas o aceptadas, pero en cualquier caso, dejan de ser creencias para convertirse en ideas.

Cada generacin recibe una herencia de sus predecesores formada por una serie de creencias e ideas. El partir de cero es sencillamente imposible, somos historia y nuestra conciencia histrica consiste en darnos cuenta del conjunto de creencias que hemos recibido, ser conscientes de ellas y poderlas conservar, transformar o aniquilar. Para caer en los mismos errores del pasado y no repetirlos, es preciso saber por qu se lleg a errar; solo desde el conocimiento de la historia es posible encarar el futuro con la pretensin de que este sea mejor que el pasado. Olvidar la historia sera el error ms peligroso que se pudiera cometer para con los de la generacin siguiente, estaramos matando una parte de nuestra razn, de nuestra vida, de nosotros mismos. Razn, vida e historia son inseparables, porque en el caso del ser humano vienen a ser una misma cosa.

Ortega aport asimismo como herramienta conceptual para la comprensin de esa nueva razn histrica el concepto de generacin.

Las distintas pocas histricas se caracterizan por una sensibilidad determinada, y estas variaciones de sensibilidad se presentan bajo la forma de generacin: zona de unos quince aos, segn Ortega, en las que las forma de vida (creencias, ideales, formas, usos, etc.), son estables. Habra generaciones decisivas con variaciones decisivas mucho mayores y que articularan las variaciones histricas, por ejemplo, generacin del 98, del 27, etc.

En un mismo momento histrico coinciden varias generaciones: jvenes, adultos y viejos. Son generaciones contemporneas, pero no coetneas (en el sentido de tener la misma edad y la misma sensibilidad). En esta diferenciacin generacional radica la posibilidad de innovacin, ya que cada generacin recibe lo vivido por la anterior, pero, por otro lado, deja fluir su espontaneidad, su creatividad. La rebelda en las generaciones jvenes es algo natural y necesario ya que las generaciones jvenes estn llamadas a otras tareas y misiones diferentes a las de sus antecesores.

5. TICA

Si la vida es quehacer, aventura, creacin, es buena vida la que est guiada por la ilusin, la alegra del proyecto y la realizacin del mismo. Esa es la tesis central de la tica de Ortega.

Frente a la tica kantiana o cristiana de deberes que se nos imponen costosamente, Ortega reivindica la aristotlica magnanimidad como la virtud fundamenta, la virtud de hacer grandes cosas, de tener grandes metas, la sobreabundancia...(frente a las virtudes de la pusilanimidad como la honradez o la templanza).

El nico criterio para valorar la vida humana es la coherencia con que mantenemos nuestro propio proyecto, nuestra vocacin. El nico criterio es nuestra autenticidad (actuar como pensamos, ser fieles a nosotros mismos).

6. POLTICA

En La rebelin de las masas Ortega encarna dos tipos de hombres: los que se exigen mucho y acumulan sobre s mismos dificultades y deberes, los que piensan por s mismos y mueven a los dems (lite), y los que no se exigen nada especial, sino que para ellos vivir es ser en cada instante lo que ya son, sin esfuerzo de perfeccin sobre s mismos, boyas que van a la deriva (masa).

Cada generacin engloba a una lite y a una masa. La lite encarna la creatividad, la libertad, tiene la misin de dirigir a las masas. La misin de las masas es obedecer las directrices marcadas por la lite.

El primer tipo es minoritario y el segundo el de la gran masa. El problema actual consiste en que esa gran masa no acepta funciones que son de aquella otra minora y se vuelve indcil.

Ortega considera que en su poca se ha dado una confusin entre quin manda y quien tiene que obedecer. Las masas se han rebelado y no quieren obedecer las directrices marcadas por las lites, y, fundamentalmente, en esto consiste la invertebracin de Espaa.

El hombre masa ha resuelto gobernar (gobierno que no es solo ni principalmente gobierno poltico, sino intelectual y moral).

El espritu de mediocridad y el odio a la excelencia que define al hombre masa hace que ste pretenda que el motor de la sociedad sea la instancia annima que es el Estado. La inflacin del Estado aplasta as la misin de cualquier minora creadora (en cualquier orden: poltico, ideolgico...). La espontaneidad social quedar violentada una y otra vez por la intervencin del Estado.

A estas problemtica responden dos de sus obras ms interesantes: Espaa invertebrada y La rebelin de las masas, donde nos da una visin pesimista de Espaa, de una Espaa desvinculada de Europa.

Ortega pone nombre claro a fines de los aos veinte al estatalismo propio del hombre-masa: comunismo y fascismo. No har falta mucho tiempo para que la historia certificara el diagnstico de Ortega, al menos en lo que respecta al carcter siniestro de esas ideologas que han sembrado el mundo de un horror como jams se haba conocido.

7. COMENTARIO DE TEXTO: EL TEMA DE NUESTRO TIEMPO

El texto seleccionado se titula "La doctrina del punto de vista", pertenece a su libro El tema de nuestro tiempo, cap. X.

Este captulo X es la leccin inaugural del curso que Ortega y Gasset dio en la Universidad de Madrid en el ao acadmico 1921-1922. El tema central de la obra podra quedar expuesto en dos apartados:

1) Es necesario, imprescindible, superar el racionalismo que busca un conjunto de verdades con carcter de eternas e inamovibles. Pero al propio tiempo es necesario dejar bien claro que tampoco es posible adherirse a un relativismo, tambin en vas de superacin cuando afirma que la funcin selectiva es propia del sujeto que deforma la realidad que le llega.

2) El perspectivismo afirma: no hay un solo punto de vista absoluto sobre la realidad, sino diversas perspectivas complementarias.

Las caractersticas de la teora del conocimiento perspectivista, podramos resumirlas de la siguiente forma:

a) La supuesta realidad inmutable, absoluta y nica, no existe. Hay tantas realidades como puntos de vista.

b) Las cosas no son sino valores o interpretaciones que cada uno hacemos desde nuestra situacin vital. Por ello, la idea de perspectiva va unida a la de la vida.

c) La verdad no es una y nica, sino la complementacin de los distintos puntos de perspectivas con que se contemple. En este sentido somos insustituibles, necesarios para completar el cuerpo de la verdad total.

Toda perspectiva supone una estructura u ordenacin de planos. Entre el primero y el ltimo se halla una multiplicidad de otros, que son intermediarios.

Los tipos de perspectivas son diversos. Primero, visual o espacial; segundo, temporal o histrica; y tercero, afectiva o perspectiva de valores.

El punto de vista individual es el nico desde el cual puede mirarse el mundo en su verdad; cada uno contempla la realidad que le ha tocado vivir desde su propio yo en el mundo concreto que vive.

Desde ah deberemos buscar la verdad como misin fundamental de nuestro vivir.

8. RELACIN CON OTRAS POSICIONES FILOSFICAS

8.1. Relacin con el racionalismo de cartesiano

La realidad (ontologa). Para Descartes la nica existencia cierta es lo percibido con certeza por la razn. Se trata de una realidad que es idntica y la misma para todos los sujetos que apliquen correctamente el mtodo. Es, en palabras crticas de Ortega, un mundo ultravital y extrahistrico: nada material y sensible que tenga vinculacin con la vida y con la historia es real. Tal realidad racionalista no es perspectivista ni histrica; es absoluta. Frente a Descartes, Ortega propone una realidad perspectivista. En palabras del autor: la perspectiva es uno de los componentes de la realidad. Lejos de ser su deformacin, es su organizacin. La realidad se muestra en tantas perspectivas cuantos sujetos.

El conocimiento (epistemologa). Para Descartes ser verdadero lo que la razn, cualquier razn, pertenezca al lugar o momento histrico al que pertenezca, perciba con claridad y distincin. La razn que alcanza la claridad y distincin es, nuevamente, una razn separada y sin ningn contacto con el cuerpo: la sustancia pensante. Precisamente cuando la sustancia pensante se deja llevar por los sentidos y entra en contacto con lo sensible, con la vida, pierde la posibilidad de alcanzar la verdad.

Para Ortega, el conocimiento es siempre conocimiento desde una vida, desde unas condiciones corporales, socioculturales e histricas concretas, es decir, desde un punto de vista. La circunstancia de cada sujeto determina la parte de realidad a la que tiene acceso. Por tanto, ningn sujeto ni ninguna poca histrica podrn alcanzar el conocimiento absoluto y definitivo. Sin embargo, la parte de verdad alcanzada es precisamente eso, una parte de la verdad.

EI ser humano (antropologa). Descartes defiende un dualismo antropolgico. Propone que lo nico indudable es la existencia del yo pienso, una sustancia que se define como pensamiento. Lo corporal es una sustancia extensa, distinta y separada del yo. Por eso, la razn de los seres humanos de todas las pocas y lugares es la misma.

Para Ortega, lo que define al ser humano es su vivir. La vida no es una cosa o sustancia que se pueda definir como pensamiento o como cualquier otra cosa. El hombre no tiene naturaleza, tiene historia. Es un ser que se est haciendo incesantemente a s mismo, decidiendo desde el marco de libertad que le ofrece su circunstancia. La definicin de cualquier aspecto humano que olvide que nace de lo vital es una abstraccin.

8.2. Relacin con el relativismo y vitalismo de Nietzsche

La realidad (ontologa). Segn Nietzsche, no hay ms realidad que la vida. Los conceptos con los que la filosofa ha descrito el mundo, como ser, Idea, sustancia, causa... son vacos, no recogen nada de lo real, que se caracteriza por ser devenir, cambio, movimiento... La realidad para cada hombre es su vida, por lo que esta realidad es perspectiva, relativa e irracional.

Ortega acepta el perspectivismo de Nietzsche despojndolo de su relativismo e irracionalismo. La perspectiva es el principio organizador de la realidad, por lo que esta ofrece a cada sujeto una vertiente o parte de s misma.

El conocimiento (epistemologa). Nietzsche defiende que la razn nos engaa porque nos presenta un mundo esttico, inexistente. Cualquier intento por superar lo concreto y particular a travs de la conceptualizacin supone una aniquilacin de la realidad (irracionalismo). Los sentidos nos muestran el mundo real que es devenir. Ellos son el nico instrumento de conocimiento vlido. Por tanto, el conocimiento es relativo a cada sujeto (relativismo).

Frente a este irracionalismo y relativismo, Ortega propone una concepcin perspectivista. Es cierto que cada sujeto conoce desde su punto de vista, desde una razn inscrita en su circunstancia (razn vital). Sin embargo, esa circunstancia no le imposibilita acceder a la verdad. Lo que conoce es verdadero, aunque no toda la verdad. Por tanto, la realidad completa nunca ser conocida porque presenta tantas perspectivas cuantos seres humanos.

El ser humano (antropologa). Para Nietzsche la vida humana es esencialmente inconsciencia e instinto. El ser humano tiene que tener la suficiente valenta para ejecutar sus instintos. Los nicos valores que debe alimentar son los vitales (vitalismo). El hombre, definido como un ser que busca valores absolutos (la Verdad, el Bien, la Belleza), es una ilusin del racionalismo y del cristianismo, que niegan los rasgos propios de la vida. Se condena al ser humano a que viva de un modo antivital. La filosofa occidental ha definido al hombre por lo que no es: intelecto, razn, pureza, quietud, contemplacin de lo trascendente...

Ortega critica este vitalismo: el ser humano no puede prescindir de la cultura: de querer conocer la verdad, actuar bien y contemplar lo bello. Ortega define al hombre como un devorador de verdades: se alimenta de verdades porque necesita saber a qu atenerse. Sin verdad no hay hombre, pero esa verdad slo es accesible y til desde y para un ser humano que es razn vital (raciovitalismo).

9. ACTUALIDAD DE LA FILOSOFA DE ORTEGA Y GASSET

Se enumeran algunos temas de La doctrina del punto de vista cuya actualidad es ms evidente con la intencin de que reflexiones e introduzcas otros.

El papel de la cultura y de la educacin

Ortega ha argumentado una crtica al culturalismo, es decir, a la concepcin racionalista de la cultura. Segn el pensador madrileo, o la cultura surge de las preguntas, inquietudes e intereses vitales de los hombres, o se convierte en un elemento vaco, extrao, ajeno a la vida y que, por tanto, los individuos abandonarn. El racionalismo se ha empeado en perpetuar la vigencia de unos contenidos culturales olvidando que esos contenidos elegidos como perennes son fruto de una sensibilidad concreta y que, a medida que se alejen de ella, se vacan de sentido. La cultura tiene que ser un contenido vital que el hombre de cada poca sienta como fruto de su tendencia a la verdad, al bien y a la belleza.

Actualmente se oyen muchas voces que denuncian un alejamiento de la sociedad de los contenidos culturales tradicionales, una especie de embrutecimientoPor qu se puede estar produciendo tal proceso? Probablemente el anlisis orteguiano ofrezca pistas sobre las razones de ese alejamiento: no se estarn ofreciendo unos contenidos culturales anquilosados? No deberamos analizar la vida del hombre actual e identificar cul es el tipo de preguntas que surgen de ella? No deberamos reformular esos contenidos calificados de fundamentales para comprobar si, conectados con la vida, resultan significativos? El inters orteguiano sobre el lugar de la cultura y su relacin con la vida sigue vigente.

El papel de la vida poltica

La filosofa de Ortega se propone como una solucin a la crisis de la modernidad. La vida poltica de su tiempo, oligrquica y fundada en un sistema caciquil, expulsa de s a la sociedad a la que ni ofrece respuestas ni deja participar. Actualmente se ha difundido la expresin clase poltica: se reconoce la existencia de unos profesionales de la poltica que parecen ocuparse ms de sus propios asuntos que de los que preocupan a la sociedad.

La consecuencia suele ser el desinters de los ciudadanos por todo lo que huele a poltica. Los bajos ndices de inscripcin en los partidos polticos o sindicatos, y la baja participacin en muchas consultas electoral, es prueban ese desinters. El auge de los totalitarismos que Ortega vivi tambin se produjo en un ambiente de crisis poltica. Por eso, una vez ms, las crticas de Ortega a la poltica de su tiempo, una poltica alejada de la vida concreta, permanecen actuales.

La diversidad cultural

La doctrina del punto de vista se convierte en un antdoto para cualquier etnocentrismo que niegue el valor de las otras culturas. Cada ser humano es una perspectiva que accede a una verdad parcial. Precisamente por estar en una circunstancia, ningn ser humano puede acceder a toda la verdad: la intersubjetividad y el dilogo se imponen. Slo con la participacin de todos se podr llegar a una verdad intersubjetiva lo ms completa posible: las verdades parciales se complementan. No hay una verdad que pueda despreciar a las otras, pues realmente no hay una verdad, sino infinitas partes de la misma. Nuevamente, los argumentos de Ortega son aplicables al complejo marco de las relaciones entre grupos, partidos, organizaciones cvicas, culturas, etnias, Estados... Cada uno desde su perspectiva tiene derecho a participar en el dilogo y en la toma de decisiones. El perspectivismo es, por tanto, un instrumento vigente para articular la convivencia en sociedades cada vez ms multiculturales.

El valor de la historia

El debate en torno al valor del estudio y enseanza de la historia encuentra en el perspectivismo un enfoque interesante: en todo momento histrico el ser humano ha captado una parte de verdad a la que posteriores momentos histricos no han tenido acceso. El conocimiento de estas pocas nos acercar a esas partes de la realidad. La historia es, por tanto, un medio privilegiado para el enriquecimiento.

10. BIBLIOGRAFA

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GARCA MERCADO, M.., RODRGUEZ SNCHEZ, R., ROMERO YSERN, A. y GALLARDO LPEZ, J. M. : Estudios sobre Historia del Pensamiento. Ilustre Colegio de Doctores y Licenciados en Filosofa y Letras y en Ciencias. Cdiz. 1996.