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Grijalva 1 Octubre, 2014 9. Feminismos transnacionales, hermenéutica y políticas de identidad La paridad de género: el símbolo incómodo de la clase política LLE. Nabil Mariana Grijalva Hinojos Facultad de Filosofía y Letras, UACh. Maestría en Humanidades. [email protected] // [email protected] La paridad de género: el símbolo incómodo de la clase política El hecho y la situación de qué, a pesar de que las disposiciones legales en las que siempre nos hemos mostrados tan avanzados y generosos, las mujeres siguen viviendo y actuando como seres inferiores dentro de nuestra sociedad”. Rosario Castellanos Feminismo a la Mexicana La distinción entre la mujer y el hombre marca los anales de la historia desde el primer esbozo de la existencia de éste último: cuando nace un varón en la familia, la madre quien acaba de parir siente que ha hecho las cosas bien; en tanto que el hombre y señor de la casa respondiendo fielmente a su pensamiento de proveedor y procreador, se vanagloria por la sucesión y continuidad de su descendencia, según cita la escritora Rosario Castellanos en su ensayo “Feminismo a la Mexicana”. 1 Esta realidad no está lejos de lo que vivimos hoy. Como una tipología ancestral de las primeras habitantes en el mundo, las féminas se encuentran fieles en su papel de madres respondiendo a dicha encomienda, mientras que los hombres se saben amos y señores de su grey. Esta creación cultural por siglos establecida obedece a la misión y distinción en México entre ambos sexos, es 1 Reyes, Andrea. “Feminismo a la mexicana”. Mujer de palabras. Artículos rescatados de Rosario Castellanos. Vol. I. México DF: CONACULTA, 2003. Impreso.

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    Octubre, 2014

    9. Feminismos transnacionales, hermenutica y polticas de identidad

    La paridad de gnero: el smbolo incmodo de la clase poltica

    LLE. Nabil Mariana Grijalva Hinojos

    Facultad de Filosofa y Letras, UACh. Maestra en Humanidades.

    [email protected] // [email protected]

    La paridad de gnero: el smbolo incmodo de la clase poltica

    El hecho y la situacin de qu, a pesar de que las disposiciones legales en las que siempre nos

    hemos mostrados tan avanzados y generosos, las mujeres siguen viviendo y actuando como seres

    inferiores dentro de nuestra sociedad.

    Rosario Castellanos

    Feminismo a la Mexicana

    La distincin entre la mujer y el hombre marca los anales de la historia desde el primer esbozo de

    la existencia de ste ltimo: cuando nace un varn en la familia, la madre quien acaba de parir

    siente que ha hecho las cosas bien; en tanto que el hombre y seor de la casa respondiendo

    fielmente a su pensamiento de proveedor y procreador, se vanagloria por la sucesin y

    continuidad de su descendencia, segn cita la escritora Rosario Castellanos en su ensayo

    Feminismo a la Mexicana. 1

    Esta realidad no est lejos de lo que vivimos hoy. Como una tipologa ancestral de las primeras

    habitantes en el mundo, las fminas se encuentran fieles en su papel de madres respondiendo a

    dicha encomienda, mientras que los hombres se saben amos y seores de su grey. Esta creacin

    cultural por siglos establecida obedece a la misin y distincin en Mxico entre ambos sexos, es

    1 Reyes, Andrea. Feminismo a la mexicana. Mujer de palabras. Artculos rescatados de Rosario Castellanos. Vol. I. Mxico DF: CONACULTA, 2003. Impreso.

    mailto:[email protected]:[email protected]

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    decir, la asignacin de responsabilidades en la sociedad mexicana se sujeta a las mismas

    tradiciones que a pesar de los avances continan cavando la una acequia cultural.

    En las familias como en las instituciones sociales, culturales, acadmicas y polticas, los

    contrastes entre hombre y mujer son innumerables. Los paradigmas siguen un mismo patrn

    difcil de romper acuado en la lnea del tiempo. La propagacin de cdigos y normas culturales

    en Mxico, datan desde la imposicin de la Colonia en la Nueva Espaa en donde se tena

    especial rigurosidad en el comportamiento sexual, las caractersticas de cada individuo y las

    prcticas que deban seguirse y ante su desobediencia, castigarse por la autoridad eclesial

    equiparable en los siglos XVII y XVIII, a la autoridad poltica.2

    Esta cadena prevalece con ligeras modificaciones. El mismo Estado ha convenido conservar, pero

    tambin, diversificar y adaptar.

    Ante este panorama cultural que llama al estudio filosfico y particular de las comunidades

    expandidas por todo el mundo, se pone en el plano analgico y controversial el tema de gnero,

    posicin e identidad. Ms all de cimentar una razn de ser en esta condicin diferencial a partir

    de la ciencia, de los cnones y las mismas ideas interpretadas de manera unilateral por las

    autoridades y la vida institucional constructora-deconstructivista, es preciso acercarnos a un

    proceso hermenutico en el que si bien retoma a la tradicin, recupera la funcin de la praxis del

    intrprete tal como reta Apel a Gadamer.3

    La cuestin de gnero implica este proceso de la aceptacin de las construcciones sociales

    producto de la imposicin ineludible (leyes y convenciones sociales completamente arraigadas),

    as como del carcter hermenutico de adaptacin y comprensin a propsito del dinamismo

    global. Las reglas cambian segn se conciba la idea, en este caso, en la dialctica obligada entre

    explicacin que data de causas, y la comprensin que es producto del anlisis especfico de cada

    sociedad.

    2 Lavrin, Asuncin Coord. Sexualidad y Matrimonio en la Amrica Hispnica Siglos XVI-XVIII. Mxico D.F: Editorial Grijalbo, 1991. Impreso. Pg. 56. 3 Fernndez Armendriz, Eduardo. Cultura y Globalizacin ensayos filosficos. Chihuahua, Mxico: Textos Universitarios UACh, 2002. Impreso. Pg. 76

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    El tema de gnero y apropiacin de espacios resulta similar a esta nueva crtica de la crtica que

    en su momento surgi en la filosofa. Ir contra corriente no es el objetivo, sino clarificar y

    decodificar un nuevo intercambio de saberes.

    La misma comunidad contempornea, dice Apel, debe ser un elemento indispensable para la

    discusin, no sin antes aadir lo que la comunidad histrica ha dicho plasmado en un papel lejos

    de cualquier ideologa. 4El tema de gnero, entonces, se convierte en ese punto medio que declara

    en su integridad y de manera explcita un dilogo hermenutico controversial sin importar el

    tiempo o el lugar.

    La propuesta va en funcin de desarrollar cmo el sujeto mujer es nada menos que el ejemplo

    vivo de la tradicin anquilosada de un constructo social- histrico difcil de revertir, y que como

    consecuencia de una lucha frontal contra el sistema, se apodera de los sitios que comnmente

    correspondan al varn, qu tan incmodo resulta su figura en un espacio de dominio macho?

    qu lectura le da el resto de los espectadores, el resto de la sociedad? qu significa el

    desplazamiento de papeles?

    El tema es una oportunidad de dilucidar este choque intenso de propuestas, discursos y formas de

    interpretacin. Las ideologas tendrn que quedarse detrs y guardadas por temporada mientras

    ocurre el debate entre los rostros contrarios.

    1. El problema metafsico y el analogismo necesario

    La construccin de sujetos inicia a partir del objeto preconcebido. Las ideas surgen de una

    sociedad dedicada a agrupar segn su espacio, tiempo y antecedentes.

    Para Nietzsche todos () vivimos en una nube de opiniones impersonales, difusas y

    envolventes que se desarrollan y viven con toda independencia entre los individuos5. Con ello

    confirma, desde su visin de finales de siglo diecinueve, el desencanto de una sociedad erigida en

    de apariencias, de las migajas que encabezan una cultura real pero difusa y pragmtica.

    Los roles entre hombre y mujer forman parte de esta idea funcional pues existe una configuracin

    hecha y valorizada por una sociedad que distingue a superiores y subordinados. Este

    4 bid Pg. 77. 5 bid Pg.88.

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    posicionamiento Nietzscheano concuerda con la visin de una cultura dispuesta a sobrevivir entre

    lo etreo, entre las nuevas formas de explicar la misin de los dispositivos sociales que se dan

    entre el varn y la hembra y que se funden en esa amalgama de conciencias en la lnea del

    tiempo.

    El reconocimiento entre uno y otro comulga con esta vida cultural que los apropia y les asigna un

    lugar en la esfera. El rompimiento de la modernidad para dar surgimiento al posmodernismo, que

    proclama una nueva metafsica y una forma distinta de mirar al hombre, abre la posibilidad de

    entender un progreso que trasciende la prdida o permanencia de los valores y de Dios mismo.

    Independientemente de tomar lo anterior como un hecho, cierto es que la metafsica y la

    posmetafsica, el ser humano va desenvolviendo su propio existir no sin antes recurrir al pasado

    con la intencin de dar solucin y un vuelco diferente al comportamiento individual y colectivo.

    El hombre atrado por la ciencia y la tecnologa as como de la dependencia de las ideas

    cannicas que le van formando, tienen oportunidad de despegarse y revelarse para lograr una

    realidad diferente lejos del nihilismo abrasivo o del relativismo imperante.

    Los seres humanos tienen la capacidad de constituir un nuevo ser respetando sus diferencias e

    inquietudes con afn de cubrir sus necesidades idetntitarias y de convivencia, revirtiendo las

    figuras por aos establecidas. Una metafsica que pueda universalizar sin destruir las

    diferencias, es decir, que no sea unvoca o equvoca sino analgica6, tal como lo seala Mauricio

    Beuchot. Agrega la imperiosa recuperacin del ser sin caer en el fatalismo nihilista o el

    relativismo moderno, sino, en consideracin de lo que la fusin y punto medio ofrecen.

    El posmodernismo critica fuertemente la modernidad. En l se elimina la verdad como evidencia

    as como esa capacidad del sujeto para auto conocerse, por lo tanto tambin aquello de conocer e

    involucrarse con el Otro, de comprender su mundo y reconocer la moral en su sentido muy

    particular- evitando el bagaje sin sentido, un llamado al apocalipsis que arroja tanto la

    modernidad como la posmodernidad en potencia. En efecto, si el hombre ya ha sufrido los

    golpes de tal condicin moderna tambin se enfrenta a una definicin posterior de vacuidad, ergo,

    de incomprensin.

    6 bidem.

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    Desde ah la urgencia por recurrir a una universalizacin que promueva la realizacin humana, a

    los derechos humanos y a la democracia;7 a la atencin en la alteridad, la deconstruccin de los

    trminos y las figuras por mucho tiempo establecidas. Ver al Otro lejos del carcter personal y

    nico; ver al Otro como el Otro mismo dando la oportunidad de desenvolvimiento y construccin

    en la vida individual y colectiva: mujer y hombre, ambos como entes distintos pero parte del

    mismo escenario poltico y social.

    Renovar el sentido existencial y de pertenencia forman parte de este entendimiento, del

    reconocimiento del hombre y la mujer como indispensables en este proceso dialgico cultural.

    Acuar una metafsica entera, no causal, se convierte en una tarea indispensable para comprender

    la existencia y el equilibrio entre ambos. Beuchot afirma que en la analoga domina la

    equivocidad, por lo que se requiere marcar un camino igualitario en el que habite univocismo sin

    llegar al carcter absoluto de pensamiento.

    La hermenutica analgica que presenta Beuchot semeja ese estado social al que es preciso llegar

    para reinventar las condiciones ecunimes no slo en la vida filosfica, sino en la vida y el

    dinamismo convencional del ser humano.

    De ah que se reconozcan los extremos, resaltando un punto cntrico en el que ambos y que pese

    a sus diferencias o lejana, sean vlidos y tomados en cuenta. Algo similar con lo que Derrida

    realiz con la escritura y la aclaracin de la metafsica de la presencia en donde critic el

    logofonocentrismo por tratarse de un absolutismo pleno en la palabra y la exclusin de la

    escritura. Lo traigo a colacin tratando de ser ms calara en el carcter impositivo que la

    academia legitim en cuanto a aprendizaje, nuevas formas de saberes y en consecuencia, de su

    comprensin.

    En sntesis, y como colofn de este primer apartado, para el pensamiento tanto de Beuchot como

    de Derrida, habra que eliminar las intenciones de centralidad y anular las diferencias

    diferenciadoras en nombre de una diferencia original denominada la diffrance8. Comprender la

    oposicin, en este caso palabra/ escritura, hombre/ mujer, significado/significante; acudiendo a

    7 bid 79. 8 Aragn Gonzlez. La Dimensin poltica de la deconstruccin. Revista Internacional de Filosofa, num.54, 2011. Pg. 88.

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    una renovacin y un nuevo entendimiento de los rasgos distintivos sin minimizar, sino,

    concentrar pese a los rasgos opuestos.

    2. El significado a partir de las diferencias

    Para Yui Lotman, precursor de la Escuela Semitica de Tartu, la semitica de la cultura refiere a

    la disciplina que examina a la interaccin de sistemas semiticos diversamente estructurados, la

    no uniformidad interna del espacio semitico, la necesidad del poliglotismo cultural y

    semitico.9

    Lotman arguye que las diferencias encontradas en el espacio denominado como semiosfera

    habitan lo propio y lo ajeno filtrado a partir de la frontera semitica.10 Sin acudir al lenguaje o a

    la versatilidad en los mismos textos que maneja el terico, es vlido considerar la semiosfera

    como esa burbuja abstracta en el que conjugan diversos trminos y formas de actuar e

    identificarse.

    La semiosfera cultural, si es posible denominarla en este apartado, concuerda con un principio de

    autenticidad y de sentido. Lo dems no existe en tanto falte el reconocimiento y la significacin

    de lo ajeno y las diferencias que a partir de ste surgen; la homogenizacin en la semiosfera11

    ser posible siempre y cuando convivan diversas estructuras, en este caso, las distinciones de lo

    establecido y del discurso de sus opositores.

    La semitica adoptada por Lotman deja clara la existencia de diferencias para una nueva

    traduccin no slo de textos, sino de realidades. Por ello hablar de semitica obliga a evidenciar

    las particularidades del smbolo y signo como un compuesto operativo diacrnico-sincrnico de

    los fenmenos culturales, afirma la semiloga, Julia Kristeva.12

    As como para Lotman la semitica de la cultura es una construccin que diferencia y que al

    mismo tiempo puntualiza, para Kristeva la semitica o semiologa adquiere un carcter

    translingstico totalmente opuesto a la designacin de Saussure, este ltimo que da por hecho a

    9 Fernndez Armendriz, Eduardo. Cultura y Globalizacin ensayos filosficos. Chihuahua, Mxico: Textos Universitarios UACh, 2002. Impreso. Pg. 89. 10 bid Pg.90. 11 bid. 12 Kristeva, Julia. El Texto de la Novela. Trad. Jordi Llovet. Espaa: Lumen, 1981.Impreso. Pg. 34.

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    la lingstica como parte de la ciencia de los signos.13 Krsiteva menciona la existente

    axiomatizacin de los sistemas significantes sin dejarse confundir por su relacin estructural con

    el texto14, lo que arroja una semitica alejada de la visin estructuralista para dar pie a una

    semitica humana e interpretativa.

    De esta manera se pone en la mesa de qu manera la significacin da sentido a la cultura, de

    cmo trasciende el lenguaje y cmo aparece renovada luego de su filtracin inasible entre las

    fronteras designadas por Lotman.

    La mujer y su presencia en una nueva significacin de las culturas se convierte en especie de

    monema inesperado que impregna un discurso diferente y apabullante en la esfera poltica, social,

    econmica y acadmica de cualquier parte del mundo.

    De esta manera la mujer no solo forma parte como objeto de estudio, por el contrario, se acude a

    su participacin en el engranaje y el significado que proyecta dentro del globo cultural;

    significado que le da identidad dentro y fuera del carcter formal e institucional concebido, inicia

    a partir de las diferencias. El pensamiento particular e individualista de ellas, la voz que retumba

    ms all del margen semiolgico dado por los grupos de poder, otorga a su vez el propio

    empoderamiento femenino. Necesario pues ver al Otro, urgir la presencia y hallar distinciones en

    el mismo acto limtrofe entre la empata y la oposicin.

    3. La mujer y el smbolo a que disgusta

    Reconocer a la persona es parte de los principios de una sociedad humanista, el problema es que

    para la mayora esto se ha perdido. El sentido que ofrece cada elemento que vive en la semiosfera

    Lotmantiana o el smbolo que representa cada uno de ellos que superan la estructura como lo

    hace ver Kristeva, es la parte medular de una convivencia entre iguales.

    El comportamiento de la humanidad es la consecuencia de un entretejido cultural creado por el

    imaginario colectivo, por las convenciones y percepciones de lo que se considera correcto

    teniendo por ello un aparato poco aceptable. Para Antonio Caso, filsofo mexicano, [] el

    13 bid. Pg. 12. 14 bid. Pg. 13.

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    sumo error de la civilizacin contempornea es su falta de respeto a la persona humana, su

    consideracin preeminente de los conjuntos, de las sumas, de lo annimo, lo colectivo comn15.

    En este sentido critica a la sociedad actual ya que se preocupa por su bsqueda permanente por

    uniformar al mundo en lugar de aceptar las desigualdades16. As pues reconoce que existe desde

    siempre una estructura social inaceptable que desconoce los polos opuestos y que adems tiende

    a desecharlos.

    La mujer ha sido siempre el smbolo del sobejo, del servilismo y de sometimiento del sistema

    patriarcal. A pesar de las acciones logradas por hombres y mujeres para poner en la balanza un

    tratamiento igual y una comunin personalsima de cada uno, habr que reconocer que falta

    mucho por hacer para completar esta visin del bien comn en el prjimo.

    Rosario Castellanos seala firmemente que el feminismo a la mexicana es todo menos ese dogma

    puro de la mujer y su dignidad, ya que la sociedad se ha encargado de aislar los intereses propios

    de sta para atribuirle otros que segn se cree, son mejores. El matrimonio es prueba de ello tal

    como cita la misma Castellanos a M. Loreto: El matrimonio mexicano es un crculo vicioso en

    que el hombre y la mujer se perjudican mutuamente, porque no hay entre ellos comprensin ni

    semejanza de ninguna especie. l vive aislado en su superioridad, ella se ve condenada a no ser

    jams comprendida, a no recibir del otro ni compaerismo ni apoyo moral17.

    Es claro que su rol social se da, al menos en el matrimonio, en funcin de Otro, no como

    complemento sino como resignacin existencial. Pese a las trabas que tienen en el desempeo de

    su vida intelectual y fsica, la mujer ha dado un salto brutal que deshace al simbolismo socio-

    cultural impuesto, expresando su pensamiento en la ocupacin de espacios en el mbito poltico

    que no ha dejado de ser, pese a todo, un puente superpuesto con el sello viril.

    En el caso especfico de Mxico las cifras hablan por s mismas. Las mujeres cuentan con 43 de

    128 escaos en la Cmara Alta as como 184 lugares en la Cmara Baja, es decir, poco ms del

    36 por ciento del total en ste ltimo. En el mbito del poder Judicial, nicamente dos de los once

    15 Caso, Antonio. Antologa Filosfica. Mxico .Pg. 182. 16 bidem. 17 Reyes, Andrea. Feminismo a la mexicana. Mujer de palabras. Artculos rescatados de Rosario Castellanos. Vol. I. Mxico DF: CONACULTA, 2003. Impreso. Pg. 248.

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    magistrados de la Suprema Corte son mujeres, segn la Radiografa de la Mujer Mexicana en la

    Poltica del INEGI.

    Sucede hay un movimiento lento en el empoderamiento poltico- electoral. La mujer que nunca

    dej de ser parte de la construccin social, ahora es emblema de sin nmero de tareas que

    complementan y presiden la vida institucional y poltica cueste a quien le cueste, o al menos esas

    son las aspiraciones.

    La paridad de gnero no siempre fue generosa o plausible como ahora se ve. La aceptacin de las

    fminas en el mbito poltico permite diversificar las voces o hallar complicidades nunca vistas

    que hacen de la sociedad un tejido multiforme y preciso para la toma de decisiones; la semiosfera

    propuesta por Lotman sera ese espacio real de convivencia.

    Es precisamente la cultura dominada por los varones lo que han mantenido por siglos,

    amordazada a la poblacin mayoritaria. En los trabajos para la construccin de una filosofa para

    la paz, se menciona al patriarcado como uno de los motivos ms patentes en la generacin de

    violencia, ya que a partir de este esquema de poder se ha infravalorado y explotado de manera

    abusiva el curso natural de la vida. Es en l que se han controlado diferentes escenarios:

    religiosos, laborales, sistemas econmicos, sicolgicos, familiares, corporales, en materia de

    leyes, sexualidad entre otros18 que han permitido marcar modelos de autoridad y podero en todos

    los tiempos.

    La estructura ha sido sencilla y la frmula simple. Los hechos violentos como signo de

    perpetuidad y podero, concentran las relaciones humanas entre hombre y mujer. Pareciera que el

    estigma de mayor y menor es una sombra continua y que se mantiene pese a los esfuerzos por

    ganar empoderamiento, independencia, equilibrio y justicia en un sistema de dos sexos, dos

    mentes que llaman a la diversidad.

    3.1 La semiosfera local

    Un ejercicio interesante se present en Chihuahua hace poco ms de un ao. El sentido cobr

    vigor cuando el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federacin (TEPJF) orden al

    Instituto Estatal Electoral (IEE) el respeto a la paridad de gnero de un 50-50 por ciento en

    18Fisas, Vicen. Cultura de paz y gestin de conflictos. Cap. XI Una cultura de paz. Barcelona: Icaria, Ediciones Unesco, 1998. Impreso. Pg. 353.

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    candidatura para el proceso electoral en curso, en la cual obligaba a los partidos polticos a

    modificar sus criterios de eleccin aprobados, segn public el portal de la revista Proceso.19

    Lo anterior se da como respuesta a la pugna del Movimiento Estatal de Mujeres en Chihuahua

    que viendo la violacin a los derechos humanos en cuanto a la equidad de gnero, present la

    querella. La inconsistencia encontrada por dicho movimiento refiere al prrafo 3 del artculo 131

    de la Ley Estatal Electoral ya que no obligaba a los partidos a presentar cuotas de gnero a los

    partidos; adems de aprobar la suplencia en la lista de regidores sin alternancia.

    La situacin se ha modificado sin embrago la lectura intertextual es preocupantes pues en pleno

    siglo XXI se impide, y la ley en sus artilugios pareciera experta, a las mujeres ser parte y generar

    ese espacio de convivencia e intercambio de ideas en la poltica.

    Las limitantes son vastas desde en las representaciones de los diversos poderes hasta en quienes

    tienen la posibilidad de acercarse para hacer valer la opinin de ste sector. El rezago permanece,

    Cmo se explica entonces la alteridad y la construccin de culturas con una opinin univostista?

    Lo que los filsofos intentan (o intentaron) elaborar es justo lo que apenas se intenta esbozar.

    Los principios de igualdad se nombran sin ser una realidad palpable. La lucha por que se plasmen

    y ejerzan es misin de una sociedad bien informada, participativa y analtica que rompa el

    esquema y filtre a partir de las fronteras de la semiosfera, lo ajeno y lo propio, as como los

    discursos encontrados.

    Las diferencias encuentran su lugar como diferencias, as tal cual, de modo que la igualdad en el

    trato debe preponderar en toda la estructura instituida como cultura que lleva en ella a la alteridad

    por delante, como aceptando su personalidad y su parte colectiva, tal como lo dijo en su momento

    Antonio Caso, Toda persona lo es en cuanto a que precisamente es ella misma y no las dems, y

    la personalidad es una presencia sui generis que estriba en un modo de ser singular en cada sujeto

    nico en su ser.20

    La construccin cultural, su interpretacin y comprensin, tiene forma a propsito de una

    afinidad de ideas y de la inclusin en muchos aspectos, difcil. Por ello la convivencia absoluta de

    19 Mayorga, Patricia. Ordena TEPJF atender paridad de gnero en Chihuahua. Proceso. Web. 16 mayo de 2013. 20 Caso, Antonio. Antologa Filosfica. Mxico. Pg.182.

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    quehaceres y pensamientos que surgen de una propuesta analgica, una necesidad de ver lo que

    hay detrs en ese ejercicio de supuestos y tradiciones para explicar lo que se vive hoy.

    Es ah en donde entra el papel de la mujer en ese principio de participacin y equidad- equilibrio,

    no slo porque as lo citan los documentos generales de carcter internacional como aquel en el

    que se establece un respeto igualitario hombres o mujeres ya que por ningn motivo, ya sea por

    su sexo, estado civil, cultura, profesin, condicin social u origen tnico se encuentren en

    desventaja (Ley General para la Igualdad entre Hombres y Mujeres), pueden atentar en contra de

    sus derechos, en este caso, dentro del proceso democrtico.

    La civilidad y el poder propio tanto de la mujer como del hombre se consagran en una sociedad

    formada a partir de sus constructos propios; el problema deviene cuando estos constructos son

    violentados para dar lugar a quienes osan tener el poder. Los discursos cambian rpidamente sin

    esperar a tener un mejor escenario.

    La premura por alcanzar el reconocimiento lanza con vehemencia el aturdido, yo cuento!

    Improvisando nuevas acciones, asumiendo las antes establecidas y rompiendo con aquellas

    posturas hierticas que en lugar de construir han segregado en afn de consolidar en la cultura

    una semitica codificada por unos cuantos.21

    21 Se autoriza el contenido del presente ensayo para uso del Comit Organizador del II Congreso de Estudios Poscoloniales/ III Jornadas de Feminismo Poscolonial, delegndole la responsabilidad de su publicacin en el formato que mejor convenga.

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    Referencias

    Aragn Gonzlez. La Dimensin poltica de la deconstruccin. Revista Internacional de

    Filosofa, num.54, 2011. Pg 45-59.

    Caso, Antonio. Antologa Filosfica. Mxico. Impreso.

    Derechos Humanos de las Mujeres, Marco Jurdico Bsico Nacional e Internacional. Ley General

    para la Igualdad entre Mujeres y Hombres. Secretara General de la Cmara de

    Diputados, Mxico, 2007. Impreso.

    Fernndez Armendriz, Eduardo. Cultura y Globalizacin ensayos filosficos. Chihuahua,

    Mxico: Textos Universitarios UACh, 2002. Impreso.

    Fisas, Vicen. Cultura de paz y gestin de conflictos. Cap. XI Una cultura de paz. Barcelona:

    Icaria, Ediciones Unesco, 1998. Impreso.

    Kristeva, Julia. El Texto de la Novela. Trad. Jordi Llovet. Espaa: Lumen, 1981.Impreso.

    Krauze de Koltenuik, Rosa. Persona y cultura. Antologa Filosfica, Mxico DF: UNAM,

    1985. Impreso.

    Mayorga, Patricia. Ordena TEPJF atender paridad de gnero en Chihuahua. Proceso. Web. 16

    mayo de 2013.

    Rojas Gonzlez, Gerardo. Radiografa de la Mujer Mexicana en la Poltica, INEGI. e-consultas.

    Web. 22 de marzo 2013.

    Reyes, Andrea. Feminismo a la mexicana. Mujer de palabras. Artculos rescatados de Rosario

    Castellanos. Vol. I. Mxico DF: CONACULTA, 2003. Impreso.