Monterrey. Correo Literario de Alfonso Reyes

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textos de José Emilio Pacheco, Cecilia Laura Alonso, Alberto Enríquez Perea y Héctor Perea

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Monterrey. Correo literario de Alfonso Reyes.José Emilio Pacheco, Cecilia Laura Alonso, Alberto Enríquez Perea y Héctor PereaFondo Editorial de Nuevo León, Universidad Autónoma de Nuevo León, Capilla Alfonsina, Comité Regional Norte de Cooperación con la UNESCOMéxico, 2008Pasta suave, 78 pp.ISBN: 978-970-9715-64-4

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t e x t o s d e

José Emilio Pacheco,

Cecilia Laur a Alonso,

Alberto Enríquez Perea

y Héctor Perea

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Gobierno del Estado de Nuevo León

GobernadorJosé Natividad González Parás

Jefe de la Oficina Ejecutiva de la GubernaturaHéctor Gutiérrez de la Garza

Coordinador de Asuntos InternacionalesCarlos F. Almada López

Universidad Autónoma de Nuevo León

RectorJosé Antonio González Treviño

Secretario GeneralJesús Ancer Rodríguez

Secretario Académico Ubaldo Ortiz Méndez

Directora de la Capilla AlfonsinaBiblioteca UniversitariaMinerva Margarita Villarreal

Fondo Editorial de Nuevo León

Directora GeneralCarolina Farías Campero

Directora Editorial Dominica Martínez Ajuria

Comité Regional Norte de Cooperacióncon la UNESCO

Director GeneralEmbajador Roque González Salazar

Secretaria General EjecutivaCarmen Carrión Carranza

Secretaría de Relaciones Exteriores

SecretariaEmbajadora Patricia Espinosa Cantellano

Cónsul General de México en Sao PauloEmbajador Salvador Arriola y Barrenechea

Conaculta

PresidenteSergio Vela

Directora del Instituto Nacional deBellas Artes y LiteraturaMaría Teresa Franco

Directora de la Capilla AlfonsinaAlicia Reyes

Universidad Nacional Autónomade México

RectorJosé Narro Robles

Coordinadora de HumanidadesEstela Morales Campos

Directora del Instituto de Investigaciones FilológicasMercedes de la Garza Camino

Coordinador del Centro de Estudios LiterariosHéctor Perea

Universidad Federal Fluminense

RectorRoberto de Souza Salles

Coordinadora de HumanidadesCecilia Laura Alonso

C O N L A C O L A B O R A C I ó N D E

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t e x t o s d e

José Emilio Pacheco,

Cecilia Laur a Alonso,

Alberto Enríquez Perea

y Héctor Perea

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Comité editorial

Carmen Carrión CarranzaAlberto Enríquez PereaCarolina Farías CamperoHéctor PereaMinerva Margarita Villarreal

Textos

José Emilio PachecoCecilia Laura AlonsoAlberto Enríquez PereaHéctor Perea

Coordinación editorial

Carolina Farías Campero

Diseño editorial

Florisa Orendain Cantú

Agradecemos a Alberto Enríquez Perea y a Alicia Reyes por permitirnos utilizar ejemplares de sus colecciones para esta edición facsimilar de Monterrey. Correo literario de Alfonso Reyes.

A las siguientes personas e instituciones les agradecemos el permiso para reproducir las imágenes incluidas en esta obra:Capilla Alfonsina-INBA

Alicia Reyes

Projecto Portinari

João Cândido Portinari

A los herederos de

Gabriel Fernández LedesmaTsugouharu FoujitaDimitri Ismailovitch

D.R. © 2008 Fondo Editorial de Nuevo León

D.R. © 2008 Monterrey. Correo literario de Alfonso Reyes Alicia Reyes

D.R. © 2008 Traducción de los textos que acompañan la edición Marilene Marques de Oliveira Regina Crespo Rodolfo Mata

ISBN 978-970-9715-64-4

Impreso en México

Reservados todos los derechos. Queda prohibida la reproducción parcial o total de esta obra, por cualquier medio o procedimiento, incluidos los electrónicos.

Zaragoza 1300

Edificio Kalos, Nivel C2, Despacho 202

C.P. 64000, Monterrey, N.L., México

(81) 8344-2970 y 71

www.fondoeditorialnl.gob.mx

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Alfonso Reyes en la Embajada mexicana. Río de Janeiro, hacia 1930.

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Un balcón para la

mUltiplicidad cUltUral

José natividad González parásgobernador del estado de nuevo león

en 1930, en medio de profUndas fractUras económicas, políticas y

sociales en todo el territorio de Iberoamérica, pero al mismo tiempo con una no menos

profunda seguridad en sus posibilidades humanas y su abundancia natural, Alfonso Reyes,

desde Brasil, inició la publicación de Monterrey. Correo literario. Han pasado casi ochenta

años, nuestro ahora, para los latinoamericanos, está cumpliendo con algunas de las propuestas

de aquella publicación, o solucionando ya las preocupaciones establecidas entre líneas.

La edición, concebida por el propio Reyes como “poco menos que una revista o un pe-

riódico”, se hacía con su intervención en el diseño, su selección de material de intelectuales

contemporáneos, y prosa o verso de su pluma. Asimismo la distribuía desde la Embajada de

México en Brasil, cuya cabeza ocupó el primer lustro de la década de los treintas. Para ese

momento tenía Reyes una experiencia de dos décadas como embajador y fino diplomático en

países de habla hispana.

Reyes llegó al Brasil proveniente de Buenos Aires, y su cielo, su luz, su frondosidad,

su complejidad lo sedujo al punto de escribir asombrado una y otra vez sobre la realidad

que vivía, una realidad olorosa a especias y artesonada por la amistad y lealtad que son

proverbiales en los brasileños. Recorrió el país con ojos admirados, lo ponderó y trabajó a

conciencia tratando de establecer comunicación directa –básicamente eso era su Correo

literario…– entre dos pueblos cuyo dinamismo convergía, cada uno conforme a su decurso

histórico, en inversiones de todo tipo: en educación, en cultura, en fábricas, en agricultura,

en pesca, en tener una posición en la reunión de naciones, en democracia, en su existencia

en general.

Hoy nosotros, regiomontanos como lo fue Alfonso Reyes, llegamos de nuevo al Brasil,

ahora como embajadores de buena voluntad. Nuestra comitiva, nutrida por la universidad y

la empresa, quiere estrechar lazos de intercambio en cualquier horizonte. Sentimos respon-

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em 1930, em meio a profUndas fratUras econômicas, políticas e sociais

em todo o território ibero-americano, mas ao mesmo tempo com uma não menos profunda

segurança em suas possibilidades humanas e sua abundância natural, Alfonso Reyes iniciou,

no Brasil, a publicação de Monterrey. Correo literario. Passados quase oitenta anos, nosso

agora, para os latino-americanos, está cumprindo algumas das propostas daquela publicação,

ou solucionando as preocupações estabelecidas entre linhas.

A edição, concebida pelo próprio Reyes como “pouco menos que uma revista ou um jornal”,

se fazia com a sua intervenção no desenho, sua seleção de material de intelectuais contemporâ-

neos, e prosa ou verso de sua própria pena. Além disso, Reyes a distribuía a partir da Embaixada

do México no Brasil, cuja direção ocupou durante os primeiros cinco anos da década de 1930.

Nesse momento, Reyes possuía uma experiência de duas décadas como embaixador e fino di-

plomata em países de língua espanhola.

Reyes chegou ao Brasil proveniente de Buenos Aires, e sua luz, céu, frondosidade e

complexidade o seduziram a ponto de escrever assombrado várias vezes sobre a realidade

que vivia, uma realidade perfumada por especiarias e abrigada pela amizade e lealdade que

são proverbiais nos brasileiros. Percorreu o país com olhos admirados, ponderou sobre ele e

trabalhou de forma consciente, tratando de estabelecer comunicação direta –basicamente

isso era o seu Correo literario…– entre dois povos, cujo dinamismo convergia, cada um de

acordo com seu decurso histórico, em investimentos de todo tipo: em educação, em cultura,

em fábricas, em agricultura, em pesca, em possuir una posição na reunião das nações, em

democracia, em sua existência em geral.

Hoje, nós, regiomontanos como foi Alfonso Reyes, chegamos novamente ao Brasil, agora

como embaixadores de boa vontade. Nossa comitiva, nutrida pela universidade e pela em-

presa, quer estreitar laços de intercâmbio em qualquer horizonte. Sentimos responsabilidade

Um balcão para amUltiplicidade cUltUral

Page 10: Monterrey. Correo Literario de Alfonso Reyes

sabilidad por las generaciones que nos seguirán, por eso queremos dejar, como parte de la

heredad, el tesoro de una amistad fuerte y leal.

Brasil y México son pueblos hermanados por un mismo y parecido pasado, por un presen-

te emprendedor y decidido, y por un futuro promisorio. Nuestro grupo de empresarios, eje-

cutivos, académicos y especialistas tiene como misión convertir en realidad, para hoy mismo,

relaciones comerciales y culturales ya valoradas por Reyes en su publicación. Traemos entre

nuestras manos mucha energía dispuesta para la colaboración y el intercambio.

Parte de la riqueza de nuestros pueblos ha sido y es el respeto por la multiplicidad cul-

tural, el aprecio por el quehacer del otro y la ponderación y retribución justa del esfuerzo

propio y compartido. Llegamos, como Alfonso Reyes al inicio de los treintas del siglo

pasado, con proyectos que esperamos sean tan exitosos como aquel otro del Regiomon-

tano Universal que ahora hemos reeditado en edición facsímile. Vaya como un presente

de nuestra amistad y nuestra admiración por el Brasil.

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pelas gerações que nos sucederão, e por isso queremos deixar, como parte de nossa herança, o

tesouro de uma amizade forte e leal.

Brasil e México são povos irmanados por um mesmo e semelhante passado, por um

presente empreendedor e decidido, e por um futuro promissor. Nosso grupo de empresários,

executivos, acadêmicos e especialistas tem como missão converter em realidade, hoje mesmo,

relações comerciais e culturais já valorizadas por Reyes em sua publicação. Trazemos em

nossas mãos muita energia disposta à colaboração e ao intercâmbio.

Parte da riqueza de nossos povos tem sido e é o respeito pela multiplicidade cultural,

o apreço pelo trabalho do outro e a ponderação e retribuição justa do esforço próprio e

compartilhado. Chegamos, como Alfonso Reyes no início dos anos trinta do século passado,

com projetos que esperamos sejam tão bem-sucedidos como o do Regiomontano Universal

que agora reeditamos em edição fac-similar. Que este seja um presente de nossa amizade e

nossa admiração pelo Brasil.

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monterrey en río de Janeiro

serGio velapresidente del consejo nacional par a la cultur a y las artes

en la larGa y exitosa vida diplomática de alfonso reyes, sU misión en el

Brasil ocupa un lugar aparte, por su duración y por su significado en las relaciones entre México y

la gran nación sudamericana. Antonio Gómez Robledo, unos años después también representan-

te mexicano en Brasil y también notable humanista y erudito, llegó a decir: “Alfonso Reyes ha sido

el Embajador de México en Río de Janeiro; el que encarnó plenamente la función representativa,

y no tanto por las imputaciones jurídicas convencionales, como por haber sido él mismo imagen

viva de la patria, y en aquello que tiene de mejor, o sea en el orden de la creación y del espíritu”.

El propio Reyes, se dijo satisfecho por sus oficios de aquellos años, que habían hecho, por

ejemplo, que el gobierno brasileño se reconciliara con el mexicano tras ciertos desencuentros,

o que se abriera al petróleo mexicano el mercado del Brasil. “Cumplí la misión que se me

confió”, dirá al despedirse de ese país que representó en tantos sentidos la culminación de su

carrera diplomática y de sus avatares en naciones de dos continentes.

A la importancia de esa etapa la historia literaria habrá de sumar, además, la significación

del Brasil como escenario de uno de los más singulares empeños de Alfonso Reyes como

escritor: la publicación de Monterrey, su “correo literario”. Monterrey iba a ser una forma

de comunicación alrededor de los libros en la circunstancia de un escritor mexicano

temporalmente injertado en la cultura brasileña: Monterrey en Río de Janeiro. Tan útil y leído

a lo largo de los siete años de su estancia en el Brasil, sigue siendo una lectura igualmente

emotiva en los nuestros, pródiga en descubrimientos y en estímulos y respuestas a la curiosidad

intelectual, a la reflexión sobre América y su concierto de pueblos, lenguas y culturas.

Recuperar una vez más esta ya mítica publicación es recuperar la fusión intelectual, cultural

y afectiva que con ella intentó el escritor de dos ciudades, dos países, dos culturas. Es dar a los

lazos que hoy mantienen y construyen Brasil y México la fuerza de su gran tradición, labrada

en el pasado por la imaginación y la obra de sus hombres de cultura.

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monterrey em rio de Janeiro

na lonGa e bem sUcedida vida diplomática de alfonso reyes, sUa missão

no Brasil ocupa um lugar à parte, por sua duração e por seu significado nas relações entre o México e

a grande nação sul-americana. Antonio Gómez Robledo, alguns anos depois também representan-

te mexicano no Brasil e também um notável humanista e erudito, chegou a dizer: “Alfonso Reyes

foi o Embaixador do México no Rio de Janeiro; foi quem encarnou plenamente a função represen-

tativa, e não tanto pelas imputações jurídicas convencionais, mas sim por haver sido ele mesmo ima-

gem viva da pátria, e naquilo que ela tem de melhor, ou seja, no âmbito da criação e do espírito”.

O própio Reyes se considerou satisfeito com suas gestões daqueles anos, que haviam feito,

por exemplo, que o governo brasileiro se reconciliasse com o mexicano depois de certos

desencontros, ou que o mercado do Brasil se abrisse ao nosso petróleo. “Cumpri a missão que

me foi designada”, dirá ao se despedir desse país que representou em tantos sentidos o apogeu de

sua carreira diplomática e de seus avatares en nações de dois continentes.

À importância dessa etapa a história literária deverá somar, ademais, o significado do Bra-

sil como cenário de um dos mais singulares empenhos de Alfonso Reyes como escritor: a

publicação de Monterrey, seu “correio literário”. Monterrey seria uma forma de comunicação

em torno dos libros na circunstância de um escritor mexicano temporariamente enxertado

na cultura brasileira: Monterrey no Rio de Janeiro. Tão útil e lido ao longo dos sete anos da

seu permanência no Brasil, continua sendo uma leitura igualmente emotiva nos nossos, pró-

diga em descobertas e em estímulos e respostas à curiosidade intelectual, à reflexão sobre

América e seu concerto de povos, línguas e culturas.

Recuperar uma vez mais esta já mítica publicação é recuperar a fusão intelectual, cultural e

afetiva que com ela tentou o escritor de duas cidades, dois países, duas culturas. É dar aos laços

que hoje mantêm e constróem o Brasil e o México a força de sua grande tradição, lavrada no

passado pela imaginação e pela obra de seus homens de cultura.

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José antonio González treviñorector de la universidad autónoma de nuevo león

monterrey. acUse de recibo

para merecer la patria hay qUe conqUistarla. y conqUistarla desde

las “guardias de la pulma”, como nombró el regiomontano universal una de las secciones de

Monterrey. Correo literario de Alfonso Reyes, no es otra cosa que echar los cimientos y poner

los ladrillos, día con día, de su edificación. “Guardias de la pluma” es una metáfora de lucha.

Quien escribe la Patria, la defiende. Allí asienta los bienes de su ideal de nación. Y en este ideal

cifra la esperanza de un futuro digno. Éste fue el propósito de vida de don Alfonso Reyes: ir

construyendo, día tras día, como quien pone una carta al mundo en el correo, el puente entre

México y las demás naciones; el puente entre México y el mañana desde el recorrido hacia el

ayer. Pero la carta, el correo literario, es el presente por el que cruzan todos los puentes. En su

nombre quedó inscrito el origen: Monterrey, la ciudad natal.

El regiomontano dio lustre a su cuna en cada uno de los catorce números de esta publica-

ción. Y con ella, inscribió a la ciudad de Monterrey en el terreno de la posteridad. Son grandes

los aciertos de esta revista-periódico-misiva. El primero quizás es dignificarnos con el ejemplo.

Saber que existió un escritor -y nada menos que la figura literaria más importante de la primera

mitad del siglo XX mexicano- que siendo embajador de Brasil, al entregar el monumento del

dios Xochipilli como obsequio del gobierno mexicano al pueblo brasileño, tuvo la iniciativa de

acudir personalmente al Jardín Botánico para plantar cactus y crearle la atmósfera debida.

Durante su misión diplomática en Brasil, Reyes publicó este correo literario que le permi-

tía agradecer a los amigos por los libros que le enviaban, informarles el avance de sus propios

No todos mis amigos han comprendido el sentido que quiero dar al título “Guardias de la pluma”, título que vengo usando en todos los números de este Correo.Algunos suponen que empleo la palabra “guardia” como equivalente de “guarda” o de “guardián”. La verdad es que yo quiero referir al manejo de la pluma el vocabulario de la esgrima, y digo “guardias de la pluma” como se dice “guardias de la espada”, para sugerir, en las notas que llevan este título, una intención polémica.

Alfonso Reyes, Nuevo discurso sobre las armas y las letras

Page 15: Monterrey. Correo Literario de Alfonso Reyes

monterrey. aviso de recebimento

Nem todos os meus amigos entenderam o sentido que quero dar ao título “Guardias de la pluma”, título que venho usando em todos os números deste Correo.

Alguns supõem que emprego a palavra “guardia” como equivalente de “guarda” ou de “guardião”. Na verdade, quero referir ao manejo da pena o vocabulário da esgrima, e digo “guardas da pena” como se diz “guardas da espada”, para sugerir, nas notas que levam este

título, uma intenção polêmica.

Alfonso Reyes, Nuevo discurso sobre las armas y las letras

para merecer a pátria é preciso conqUistá-la. e conqUistá-la a partir

das “guardias de la pluma”, como o regiomontano universal designou uma das seções de

Monterrey. Correo literario de Alfonso Reyes, não é mais que fixar os alicerces e colocar

os tijolos de sua edificação, dia após dia. “Guardias de la pluma” é uma metáfora de luta.

Quem escreve a Pátria, a defende. Ali deposita os bens de seu ideal de nação. E neste ideal

cifra a esperança de um futuro digno. Este foi o propósito de vida de dom Alfonso Reyes: ir

construindo, dia após dia, como quem envia uma carta ao mundo pelo correo, a ponte entre

o México e as demais nações; a ponte entre o México e o amanhã, do percorrido em direção

ao passado. Porém, a carta, o correio literário, é o presente pelo qual cruzam todas as pontes.

Em seu nome permaneceu inscrita a origem: Monterrey, a cidade natal.

O regiomontano deu brilho ao seu berço em cada um dos catorze números desta publi-

cação. E com ela, inscreveu a cidade de Monterrey no terreno da posteridade. São grandes os

acertos desta revista-periódico-carta. O primeiro, talvez, seja dignificar-nos com o exemplo.

Saber que existiu um escritor -e nada menos que a figura literária mais importante da primeira

metade do século XX mexicano- que, sendo embaixador no Brasil, ao entregar o monumento

do deus Xochipilli como obséquio do governo mexicano ao povo brasileiro, teve a iniciativa de

acudir pessoalmente al Jardim Botânico para plantar cactos e criar-lhe a atmosfera propícia.

Durante sua missão diplomática no Brasil, Reyes publicou este correio literário que lhe

permitia agradecer aos amigos pelos livros que lhe enviavam, informá-los sobre o avanço

Page 16: Monterrey. Correo Literario de Alfonso Reyes

proyectos, comentar obras nuevas y esbozar estudios de variados temas. Reproducía cartas

que le mandaban sus amigos y lectores para contribuir a las investigaciones del regiomontano.

Por ello él describía Monterrey, ese periódico literario personal, como una “carta circular”.

Si en los libros de Alfonso Reyes encontramos una escritura fina y una erudición sorpren-

dente, su periódico literario, sin dejar de tener esas virtudes, nos muestra además al hombre

que hay detrás de esa obra, el que persigue un ideal y aplica su esfuerzo constante en su con-

secución. Monterrey es una carta que Reyes le dirige a todo aquel que ha sentido curiosidad

y ha tenido voluntad suficiente para llevarla a la acción; es una misiva dirigida a los amigos,

donde explica qué nuevos hallazgos, qué trabajos difíciles y qué recompensas ha tenido en la

aventura del estudio. Pero la seriedad de la labor no impide que haya entretenimiento, y por

ello es tan amena la lectura de este Correo, que regala al destinatario, sin perder en ningún

momento el rigor de la investigación, temas curiosos y divertidos, como las “jitanjáforas” y

los “estornudos literarios”; obras artísticas: dibujos, fotografías que quizás él mismo tomó,

pinturas históricas y poemas.

Estos folios son también el espacio de una reflexión que ocupó de manera permanente a

Reyes: privilegiar la identidad de América como un universo cuya riqueza cultural, diversa

y vigorosa, tenía que manifestarse en el mundo. De ahí que también haya discusión y debate

en estas páginas. Y de ahí también su grandiosa idea de crear una Biblioteca Mínima, en cada

país de América Latina, que contara con los títulos esenciales de literatura, historia y ciencia.

Aportaciones en bien de la humanidad que cada embajada debería presentar al mundo.

La lectura es una actividad individual que al enriquecerse con la conversación produce un

placer duplicado. Si para el lector común es grato el intercambio de ideas sobre un libro nuevo

o recién descubierto, en el caso de aquéllos que se dedican a la escritura, la crítica y el estudio,

las conversaciones sobre libros además de un placer son una constante necesidad. De la nos-

talgia que produce el exilio, pero sobre todo de la necesidad de continuar una conversación

sobre libros nace Monterrey, el correo literario de Alfonso Reyes.

Aquí lo presentamos de nuevo, como él mismo escribió: “sale hoy a desandar la trayectoria

de todos mis viajes, en busca del tiempo y del espacio perdidos, para limpiar las veredas de la

amistad y atarme otra vez al recuerdo de mis ausentes: a toda rienda, a todo anhelo, todo él

galope tendido, ijar latiente, y redoble de pezuñas y espuelas.”

Page 17: Monterrey. Correo Literario de Alfonso Reyes

de seus próprios projetos, comentar obras novas e esboçar estudos de temas variados.

Reproduzia as cartas que lhe mandavam seus amigos e leitores para contribuir nas pesquisas

do regiomontano. Por essa razão, ele descrevia Monterrey, este jornal literário pessoal, como

uma “carta circular”.

Se nos livros de Alfonso Reyes encontramos uma escritura fina e uma surpreendente eru-

dição, seu jornal literário, sem deixar de possuir estas virtudes, nos mostra, ademais, o homem

que existe atrás dessa obra, que persegue um ideal e aplica seus esforços constantes em sua

consecução. Monterrey é uma carta que Reyes dirige a todo aquele que sente curiosidade y

tem vontade suficiente para levá-las à ação; é uma missiva dirigida aos amigos, onde explica

os novos achados, os trabalhos difíceis e as recompensas que tem encontrado na aventura do

estudo. Mas a seriedade do trabalho não impede que exista diversão e, por isso, é tão amena a

leitura deste Correo, que presenteia o destinatário, sem perder em nenhum momento o rigor

da investigação, com temas curiosos e divertidos, como as “jitanjáforas” e os “espirros literá-

rios”; com obras artísticas: desenhos, fotografias que talvez ele mesmo tirou, com pinturas

históricas e poemas.

Estas páginas também são o espaço de uma reflexão da qual Reyes se ocupou de maneira

permanente: privilegiar a identidade da América como um universo cuja riqueza cultural, di-

versa e vigorosa, tinha que se manifestar no mundo. Daí que também exista discussão e debate

nessas páginas. Daí, também, sua grandiosa idéia de criar uma Biblioteca Mínima em cada país

da América Latina, que contasse com os títulos essenciais de literatura, história e ciência. Con-

tribuições para o bem da humanidade que cada embaixada deveria dar ao mundo.

A leitura é uma atividade individual que, ao enriquecer-se com a conversação, produz um

prazer duplicado. Se para o leitor comum é grato o intercâmbio de idéias sobre um livro novo

ou recém descoberto, no caso daqueles que se dedicam à escritura, à crítica e ao estudo, as

conversas sobre livros, além de um prazer, são uma constante necessidade. Da nostalgia que

produz o exílio, mas sobretudo da necessidade de continuar uma conversação sobre livros,

nasce Monterrey, o correio literário de Alfonso Reyes.

Aqui o apresentamos novamente, como ele mesmo escreveu: “sai hoje a desandar a tra-

jetória de todas as minhas viagens, em busca do tempo e do espaço perdidos, para limpar as

veredas da amizade e atar-me outra vez à lembrança de meus ausentes: a rédea solta, a todo

desejo, a todo galope, ilharga pulsante, rufar de cascos e esporas”.

Page 18: Monterrey. Correo Literario de Alfonso Reyes

refleJo de lUz

embaJadora patricia espinosa cantellanosecretaria de relaciones exteriores

para la secretaría de relaciones Exter ior es es un pr ivilegio la

presentación en Brasil de la obra de Alfonso Reyes Monterrey. Correo literario, edición

realizada por el Fondo Editorial de Nuevo León, la Universidad Autónoma de Nuevo León y

el Comité Regional Norte de Cooperación con la UNESCO.

No cabe duda: Alfonso Reyes siempre reflejó la luz del sol que desde niño lo seguía. En la

década de los años treinta, como Embajador de México en Brasil, logró estrechar las entonces

tenues relaciones políticas, económicas y culturales entre ambos países. Su entrañable Río de

Janeiro, Riojaneiro, como él llamaba a esta ciudad, lo vería iniciar la planeación de su Correo

literario.

En Río nacieron, además, profundas amistades que mantendría a lo largo de toda su vida.

Baste mencionar, por ejemplo, a Manuel Bandeira, en quien Reyes reconocía a una de las voces

más singulares de la poesía de Brasil. El impulso de Reyes fue decisivo para que Bandeira pu-

blicara en México, a principios de los años cincuenta, su Panorama de la Poesía Brasileña.

Reyes mantuvo correspondencia con Bandeira, con Cecilia Meireles y con otros impor-

tantes autores brasileños, lo cual fue de enorme beneficio para la relación literaria entre los

dos países. Brasil reconoció su gran labor y decidió concederle la Orden Nacional del Cruce-

ro del Sur, en la categoría Gran Cruz, además de invitarlo a ingresar a la Academia Brasileña

de Letras.

Monterrey. Correo literario muestra tres de las grandes pasiones de este hombre de letras:

Monterrey, la literatura y Brasil. Estoy segura de que la reedición de esta obra contribuirá al

fortalecimiento de los estrechos vínculos de amistad que unen a Brasil y a México.

No cabe duda: de niño,a mí me seguía el sol .

Alfonso Reyes

Page 19: Monterrey. Correo Literario de Alfonso Reyes

reflexo de lUz

Não resta dúvida: quando criança, o sol me seguia.

Alfonso Reyes

para a secretaria de relações exteriores é um privilégio apresentar

a obra de Alfonso Reyes, Monterrey. Correo Literario, no Brasil, na edição realizada pelo

Fondo Editorial de Nuevo León, pela Universidade Autônoma de Nuevo León e pelo Comité

Regional Norte de Cooperación con la UNESCO.

Não resta dúvida: Alfonso Reyes sempre refletiu a luz do sol que desde criança o seguia. Na

década de 1930, como Embaixador do México no Brasil, conseguiu reforçar as então tênues

relações políticas, econômicas e culturais entre os dois países. O seu querido Rio de Janeiro

-Riojaneiro, como ele o chamava- veria o escritor iniciar o projeto de seu Correo literario.

No Rio nasceram, ademais, profundas amizades que o escritor manteria ao longo de

toda sua vida. Basta mencionar, por exemplo, Manuel Bandeira, em quem Reyes reconhecia

uma das vozes mais singulares da poesia do Brasil. O impulso de Reyes foi decisivo para que

Bandeira publicasse no México, a princípios dos anos cinqiienta, o seu Panorama de la Poesía

Brasileña.

Reyes manteve correspondência com Bandeira, Cecília Meireles e com outros importantes

intelectuais brasileiros, o que representou um enorme benefício para a relação literária entre

os dois países. O Brasil reconheceu o seu grande trabalho e decidiu conceder-lhe a Ordem

Nacional do Cruzeiro do Sul no grau de Grã-Cruz, além de convidá-lo a ingressar na Academia

Brasileira deLetras.

Monterrey. Correo Literario mostra três das grandes paixões deste homem de letras:

Monterrey, a literatura e o Brasil. Tenho certeza de que a reedição desta obra contribuirá ao

fortalecimento dos estreitos vínculos de amizade que unem o Brasil e o México.

Page 20: Monterrey. Correo Literario de Alfonso Reyes

Presentación de credenciales al presidente Washington Luis. Río de Janeiro, Palacio de Catete, 6 de mayo de 1930.

Page 21: Monterrey. Correo Literario de Alfonso Reyes

Monterrey de A lfonso R eyes 22José Emilio Pacheco

Un paseo por Monterrey.Correo literario de Alfonso Reyes 32

Cecilia Laura Alonso

Monterrey: pliegos filosos 44Alberto Enríquez Perea

Monterrey ilustrado.Comentarios al margen 62

Héctor Perea

Í n d i C E

Page 22: Monterrey. Correo Literario de Alfonso Reyes

Paul Morand, Murilo Mendes y Cícero Dias. Al fondo, el Pan de Azúcar. Río de Janeiro, 4 de septiembre de1931.

Page 23: Monterrey. Correo Literario de Alfonso Reyes

José emilio pacheco*

Monterrey de Alfonso Reyes

Monterrey de Alfonso Reyes

* José Emilio Pacheco es poeta, ensayista, traductor, novelista y cuentista. Figura central de la literatura y miembro de El Colegio Nacional, en los últimos años ha sido galardonado con los premios García Lorca, Pablo Neruda, Octavio Paz, Ramón López Velarde y Alfonso Reyes, entre otros.

* José Emilio Pacheco é poeta, ensaísta, tradutor é romancista. Figura central da literatura e membro de El Colegio Nacional, recebeu, nos últimos anos, os prêmios Garcia Lorca, Pablo Neruda, Octavio Paz, Ramón López Velarde e Alfonso Reyes, entre outros.

Una naveGación antes del bloG

En Monterrey y en varios de sus libros, como los dos tomos finales de Las

burlas veras, Alfonso Reyes aparece como antecedente y precursor del blog,

un espacio a la vez público y privado.

El blog reconcilia a Gutemberg con Bill Gates en una alianza inestable e

impredecible. Une también el block, el cuaderno de apuntes y notas sueltas,

con el log, la bitácora de viaje por el mar siempre desconocido. Antes se na-

vegaba en el océano, ahora se navega por Internet.

Al comenzar el siglo XVIII la revista y el periódico fueron tan nuevos

como lo es hoy el blog con sus fugaces letras de luz que pueden llegar a un

infinito público virtual o no ir a ningún lado.

La revista se ideó como un libro colectivo. Aún quedan algunas que con-

servan este formato. En las revistas florecieron el poema, la narración breve, el

ensayo, la reseña crítica y la polémica. Unida a la conversación en los salones,

la revista fue decisiva para crear la prosa moderna en las lenguas europeas.

Como los libros, las revistas eran caras y llegaban nada más a lectores

privilegiados. El periódico, en cambio, fue el libro del pueblo. Por un centavo

la gente recién alfabetizada tenía acceso a las noticias del mundo, a las doc-

trinas políticas y a una gran variedad de temas y asuntos.

La historia literaria conserva ejemplos de revistas escritas por una sola

persona: el Teatro Crítico Universal del padre Benito Jerónimo Feijoo o El

Espectador de José Ortega y Gasset. A ellas habría que sumar, para no salir-

nos del ámbito español, la revista personal de doña Emilia Pardo Bazán y, ya

más cerca de nosotros, la Sala de Espera de Max Aub.

Un sUplemento personal

Más difícil será encontrar periódicos de un solo autor. G.K. Chesterton com-

paraba el diario con la catedral de la Edad Media, suma unánime de muchos

Uma navegação antes do blogEm Monterrey e em vários de seus livros como os dois tomos finais de Las burlas veras, Alfonso Reyes aparece como antecedente e precursor do blog, um espaço simultaneamente público e privado.

O blog reconcilia Gutemberg com Bill Gates numa aliança instável e imprevisível. Une também o block, o caderno de anotações e notas soltas, com o log, o diário de bordo pelo mar sempre desconhecido. Antes se navegava no oceano, agora se navega na Internet.

No início do século XVIII, a revista e o jornal foram tão novos como o blog é hoje, com suas fugazes letras de luz que podem chegar a um público virtual infinito ou não ir a lugar nenhum.

A revista foi idealizada como um livro coletivo. Ainda restam algumas que conservam este formato. Nas revistas floresceram o poema, a narrativa breve, o ensaio, a resenha crítica e a polêmica. Unida às conversas nos salões, a revista foi decisiva para criar a prosa moderna nas línguas européias.

Como os livros, as revistas eram caras e só chegavam aos leitores privilegiados. O jornal, ao contrário, foi o livro do povo. Por um centavo as pessoas recém alfabetizadas tinham acesso às notícias do mundo, às doutrinas políticas e a uma grande variedade de temas e assuntos.

A história literária conserva exemplos de revistas escritas por uma pessoa só: o Teatro Crítico Universal do padre Benito Jerónimo Feijoo, ou El Espectador de José Ortega y Gasset. A elas seria conveniente adicionar, para não sair do âmbito espanhol, a revista pessoal da senhora Emilia Pardo Bazán e, já mais perto de nós, a Sala de Espera de Max Aub.

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Alfonso Reyes en el Palacio de Catete, Río de Janeiro, 6 de mayo de 1930.

esfuerzos colectivos. Sin embargo, entre 1930 y 1937 Alfonso Reyes publicó

en Río de Janeiro y en Buenos Aires catorce números de su periódico uni-

personal Monterrey.

Las páginas a las que dio el nombre de su ciudad natal y adornó con su

propio dibujo del Cerro de Silla son un diario (un newspaper) y un “diario”

(un journal), pero sobre todo se acercan al hoy amenazado modelo del

periódico cultural.

Este modelo en México encarnó de manera insuperable en los suplemen-

tos creados y dirigidos por Fernando Benítez en el medio siglo que transcu-

rrió entre 1949 y 1999. No es casual que durante la primera década de Méxi-

co en la Cultura, el gran suplemento de Novedades, Benítez haya tenido en

Reyes su más ilustre y constante colaborador. Quien los revise ahora encon-

trará que los suplementos México en la Cultura y La Cultura en México

cuando los dirigió Benítez (1949-1961 y 1962-1971), tienen un aire de familia

con Monterrey, o mejor dicho son sus descendientes casi lineales.

La significación de México en la Cultura queda resumida en una sencilla

anécdota que cuenta Sergio Pitol. Hacia 1950, de viaje entre Córdoba y la

capital, el autobús hace un alto en Tehuacán. En la estación el adolescente Pitol

compra México en la Cultura y descubre un cuento, “La casa de Asterión”,

Um suplemento pessoal Mais difícil será encontrar jornais de um só autor. G.K. Chesterton comparava o diário com a catedral da Idade Média, soma unânime de muitos esforços coletivos. No entanto, entre 1930 e 1937, Alfonso Reyes publicou no Rio de Janeiro e em Buenos Aires 14 números de seu jornal unipessoal Monterrey.

As páginas às quais deu o nome de sua cidade natal e adornou com seu próprio desenho do Cerro de la Silla são um diário (um newspaper) e um “diário” (um journal), mas sobretudo se aproximam do modelo de jornal cultural, hoje ameaçado.

No México, este modelo se materializou de maneira insuperável nos suplementos criados e dirigidos por Fernando Benítez durante o meio século transcorrido entre 1949 e 1999. Não por acaso, durante a primeira década de México en la Cultura, o grande suplemento do jornal Novedades, Benítez teve em Alfonso Reyes o seu colaborador mais ilustre e constante. Quem os revise agora verá que México en la Cultura e La Cultura en México, durante a década em que o dirigiu Benítez (1962-1971), possuem um certo parentesco com Monterrey, ou, melhor dizendo, são seus descendentes quase diretos.

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Del bestiario de las Laranjeiras, sin escoger y a lo que acude solo a la pluma: abejas, alacranes, avispas; baratas (correderas o cucarachas); borrachudos: unos mosquitos que, en los campos de tenis, atacan a los que andan sin calcetines blancos; maribondos, suerte de avispones; canarios, cardenales y anexos; ciempiés o milpiés, que hay para todos los gustos; cobras; conejos, allá por los fondos ya montañosos de la casa; “cupines” en nubes y en ráfagas; gambás (parientes de nuestro cacomixtle), gatos (encerrados o no), garzas; gallináceas de varios órdenes: comunes, gigantes Leghorn, Plymouth Rock o Rhode Island y miniaturas de pelea; hormiguitas, hormigas y hormigazas; irerés, loritos disertos y discretos; mosquitas, moscas, moscotes y moscardones…

Alfonso Reyes, Notas varias

de un desconocido autor argentino llamado Jorge Luis Borges. Un hecho

en apariencia tan insignificante como adquirir un periódico en un lugar de

paso decide la vida y la obra de Pitol. Esa capacidad de descubrimiento se

halla siempre en los textos de Reyes.

Al comenzar la segunda mitad del siglo XX mexicano aquel suplemento

de Novedades tenía en Reyes un colaborador excepcional que armonizaba

en su persona y su trabajo los saberes y elementos más disímiles: las obras

clásicas de Grecia y Roma, la literatura nacional del otro siglo (Manuel José

Othón fue protegido del general Bernardo Reyes y visitante continuo en su

casa de Monterrey), el Modernismo hispanoamericano (Reyes fue corres-

ponsal de Rubén Darío y amigo de Leopoldo Lugones), la novela y el ensayo

anglosajones (su generación, la de 1910 o del Ateneo de la Juventud fue la pri-

mera en México que supo inglés), las letras francesas (de Mallarmé a Marcel

Proust y Jean Cocteau) y toda la literatura española, desde el Arcipreste de

Hita y los clásicos de los siglos de oro hasta las generaciones del 98 y del 27, y

las letras de Argentina y Brasil, gracias a la afortunada experiencia recreada

en Monterrey y en muchas otras de sus páginas.

las naveGaciones de reyes Los hombres que hicieron la Independencia no pensaron en términos

nacionales, dirigieron todas sus proclamas a los “americanos”. Por desgracia,

el sueño de Bolívar fracasó. El inmenso país que hubiera hecho contrapeso a

la pujanza de los Estados Unidos se fragmentó en muchas naciones.

O significado de México en la Cultura se resume em uma história singela que conta Sergio Pitol. Em 1950, viajando entre Córdoba e a capital, seu ônibus faz uma parada em Tehuacán. Na estação, o adolescente Pitol compra México en la Cultura e descobre um conto, “La casa de Asterión”, de um desconhecido autor argentino chamado Jorge Luis Borges. Um fato aparentemente tão insignificante como adquirir um jornal em um lugar de passagem decide a vida e a obra de Pitol. Esta capacidade de descobrimento sempre se encontra nos textos de Reyes.

Ao começar a segunda metade do século XX mexicano, aquele suplemento de Novedades tinha em Reyes um colaborador excepcional que harmonizava em sua pessoa e em seu trabalho os saberes e elementos más dessemelhantes: as obras clássicas da Grécia e de Roma, a literatura nacional do outro século (Manuel José Othón foi protegido do general Bernardo Reyes e visitante contínuo em sua casa de Monterrey), o Modernismo hispano-americano (Reyes foi correspondente de Rubén Darío e amigo de Leopoldo Lugones), o romance e o ensaio anglo-saxões (sua geração, a de 1910 ou do Ateneo de la Juventud, foi a primeira no México que soube inglês), as letras francesas (de Mallarmé a Marcel Proust e Jean Cocteau) e toda a literatura espanhola, do Arcipreste de Hita e os clássicos dos séculos de ouro às gerações de 98 e de 27, e as letras da Argentina e do Brasil, graças à afortunada

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Dimitri Ismailovitch, Barca, Capilla Alfonsina-INBA

Bolívar pensó abarcarlas a todas bajo la designación de Gran Colombia.

Pero el continente debe su nombre a Américo Vespucio y no al Almirante

de la Mar Océana. También es triste que el término americanos haya sido

expropiado por los anglosajones. Hablar de Hispanoamérica parece excluir

a Brasil, un continente en sí mismo, es cierto; pero sin Brasil no se concibe la

América que Luis Napoleón Bonaparte llamó Latina en su intento de frenar

el avance de la otra.

Reyes es un caso excepcional porque, como demuestra este periódico

irrepetible, une en su obra la Lusitania y la Hispania, las dos partes ibéricas

de América, y habla de una unidad y diversidad más allá de los discursos y las

conferencias internacionales.

México quedó al norte, aislado de los demás países de su cultura por los

océanos, los ríos, los desiertos, las selvas y las montañas. En el otro cambio

de siglo el Diario del novelista Federico Gamboa describe las inexpresables

dificultades para viajar entre puntos tan cercanos como las ciudades de Gua-

temala y México. A fin de ir de aquí a Buenos Aires, recuerda también Gam-

boa, era necesario trasladarse a Nueva York y a Francia y de allí a Dakar en el

Senegal antes de alcanzar el Río de la Plata.

Como la otra, la historia de las relaciones culturales está llena de opor-

tunidades perdidas. Pensemos por ejemplo cómo hubieran sido nuestras

literaturas si en 1839 al Buenos Aires de Esteban Echeverría y la Asociación

de Mayo, los iniciadores del romanticismo en Hispanoamérica, hubiese lle-

gado Ignacio Rodríguez Galván, el primer escritor mexicano que ya no se

forma dentro de las instituciones coloniales. Por desgracia, el autor de “La

experiência recriada em Monterrey, e em muitas outras de suas páginas.

As navegações de ReyesOs homens que fizeram a Independência não pensaram em termos nacionais, dirigiram todos os seus proclamas aos “americanos”. Infelizmente, o sonho de Bolívar fracassou. O imenso país que poderia haver feito contrapeso à pujança dos Estados Unidos se fragmentou em muitas nações.

Bolívar pensou abarcá-las todas sob a designação de Gran Colômbia. Mas o continente deve o seu nome a Américo Vespúcio e não ao Almirante do Mar Oceano. Também é triste que o termo americanos tenha sido expropriado pelos anglo-saxões. Falar de América Hispânica parece excluir o Brasil, um continente em si mesmo, é verdade; porém, sem o Brasil não se concebe a América que Luís Napoleão Bonaparte chamou Latina em sua tentativa de conter o avanço da outra.

Reyes é um caso excepcional porque, como demonstra este jornal irrepetível, une em sua obra a Lusitânia e a Hispânia, as duas partes ibéricas da América, e fala de uma unidade e diversidade muito além dos discursos e das conferências internacionais.

México permaneceu ao norte, isolado dos demais países de sua cultura pelos oceanos, rios, desertos, selvas e montanhas. Na outra mudança de século, o Diario do romancista Federico Gamboa descreve as indizíveis dificuldades para viajar entre pontos tão próximos como as cidades da Guatemala e do México. A fim de ir da cidade do México a Buenos Aires, recorda também Gamboa, era necessário transladar-se a Nova York e à França e dali a Dakar no Senegal, antes de alcançar o Rio da Prata.

Como a outra, a história das relações culturais está cheia de oportunidades perdidas. Pensemos, por exemplo, em como seriam nossas literaturas se em 1839 à Buenos Aires de Esteban Echeverría e à Associação de Maio, os iniciadores do romantismo na América Hispânica, houvesse chegado Ignacio Rodríguez Galván, o primeiro escritor mexicano que já não se formou dentro das instituições coloniais. Infelizmente, o autor de “La Profecía de Guatimoc”, nomeado secretário da legação na América do Sul, morreu de febre amarela durante sua passagem por Cuba.

Talvez por essa razão, uma das primeiras tentativas de Reyes como embaixador foi criar

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Profecía de Guatimoc”, nombrado secretario de la legación en Sudamérica,

murió de fiebre amarilla a su paso por Cuba.

Tal vez por esto una de las primeras tentativas de Reyes como embajador

fue una línea de barcos que viajaran de Buenos Aires a Veracruz, pasando por

Río de Janeiro, La Guairia, Barranquilla y La Habana. Por desgracia esos bar-

cos nunca surcaron nuestros mares pero gracias a Reyes hubo otras navega-

ciones y la intercomunicación artística e intelectual quedó bien afirmada.

monterrey en sU tiempo y en sU maltiempo

Monterrey es el intento de reparar tantas omisiones, abrir muchas ventanas,

tender una gran variedad de puentes, sustituir el monólogo por el diálogo.

Todo parece grato y amable en su vida si ensayamos una cronología de

Reyes en estos años:

1927 Deja de ser ministro plenipotenciario en Francia y pasa como

embajador a la Argentina. Vuelve a ver allí a Pedro Henríquez Ureña,

su amigo y maestro de juventud. Hace amistad con los escritores

argentinos y emprende con ellos varias empresas editoriales. Su

cercanía influirá en que Jorge Luis Borges supere el estilo de su

juventud y se encamine a la gran prosa de sus libros clásicos.

Recepción en la Embajada de Polonia. Río de Janeiro, años treinta.

uma linha de barcos que fossem de Buenos Aires a Veracruz, passando pelo R io de Janeiro, La Guaira, Barranquilla e Havana. Por desgraça estes barcos nunca sulcaram nossos mares, mas graças a Reyes existiram outras navegações e a intercomunicação artística e intelectual ficou bem consolidada.

Monterr ey no seu tempo e no seu m au tempoMonterrey é a tentativa de reparar tantas omissões, abrir muitas janelas, estender uma grande varieda-de de pontes, substituir o monólogo pelo diálogo. Tudo parece agradável e amável em sua vida se ten-tamos construir uma cronologia de Reyes durante esses anos:

1927 Deixa de ser ministro plenipotenciário na França e passa como embaixador à Argen-tina. Volta a ver ali Pedro Henríquez Ureña, seu amigo e mestre da juventude. Estabelece amizade com os escritores argentinos e empre-ende com eles várias empresas editoriais. Sua aproximação influirá para que Jorge Luis Bor-ges supere o estilo de sua juventude e se enca-minhe à grande prosa de seus livros clássicos.

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Alfonso Reyes, Capilla Alfonsina, Ciudad de México, 1956.

1930 Embajador en Brasil. Inicia Monterrey, su correo literario (1930-

1937). Amistad con Manuel Bandeira, Cecilia Meireles y muchos

otros escritores brasileños.

1931 Participa con Victoria Ocampo en la revista Sur.

1932 Polémica sobre el nacionalismo literario con Héctor Pérez Martínez

(A vuelta de correo).

1933 Delegado a la VII Conferencia Internacional Americana en Monte-

video. Firma por México el pacto antibélico Saavedra Lamas.

1936 Es de nuevo embajador en la Argentina.

1938 Comisionado especial en Brasil.

1939 Regreso definitivo a México. Es uno de los organizadores de La

Casa de España que acoge a los intelectuales republicanos.

1940 Fundador y primer presidente de El Colegio de México.

Su actividad literaria en los años cercanos a Monterrey no conoce reposo.

Escribe en español y portugués para dar a conocer a su país en Sudamérica

(“México en una nuez”) y a Sudamérica en México (“Brasil en una castaña”,

“Salutación a Brasil”, “Palabras sobre la nación argentina”). No se limita a su

visión nacional ni diplomática sino intenta hablar sin la menor arrogancia

desde una perspectiva abarcadora (“Notas sobre la inteligencia americana”,

“Posición de América”, “El sentido de América”) o bien indaga en la relación

europea con nuestro continente: “Discurso por Virgilio”, “Virgilio y

1930 Embaixador no Brasil. Inicia Monterrey, seu correio literário (1930-1937). Amizade com Manuel Bandeira, Cecília Meireles e muitos outros escritores brasileiros.1931 Participa com Victoria Ocampo na revista Sur.1932 Polêmica sobre o nacionalismo literário com Héctor Pérez Martínez (A vuelta de correo).1933 Delegado à VII Conferência Internacional Americana em Montevidéu. Firma por México o pacto antibélico Saavedra Lamas.1936 Novamente é embaixador na Argentina.1938 Comissionado especial no Brasil.1939 Regresso definitivo ao México. É um dos organizadores da Casa de Espanha que acolhe os intelectuais republicanos.1940 Fundador e primeiro presidente de “El Colegio de México”.

Sua atividade literária nos anos próximos a Monterrey não conhece descanso. Escreve em espanhol e português para dar a conhecer seu país na América do Sul (“México en una nuez”) e a América do Sul no México (“Brasil en una castaña”, “Salutación a Brasil”, “Palabras sobre la nación argentina”). Não se limita à sua visão nacional nem diplomática, e sim procura falar sem a menor arrogância a partir de uma perspectiva abrangente (“Notas sobre la

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Ya sé que en los últimos años la ciudad carioca

muestra insignes ejemplos de la arquitectura

ultramoderna. En otra parte, habría el riesgo de que

el suelo y el cielo fueran marchitándose poco a poco:

no aquí. La misma vitalidad del ambiente, las auras y

los jugos, han de mantener el buen equilibrio. Triunfó

hasta hoy de todos, y de todos seguirá triunfando en

Río la virtud terrestre, la Deidad Ctónica, haciendo

entre el árbol, la piedra y el hombre una mezcolanza

generosa.

Alfonso Reyes, Ubérrima urbe

América”, “Goethe y América”. Es quizá la etapa más pródiga de su poesía

gracias a los Romances del Río de Enero, Minuta, A la memoria de Ricardo

Güiraldes, Cantata en la tumba de Federico García Lorca y los poemas

en prosa de Tren de ondas y Las vísperas de España. Un sector de lo que

escribe en estos tiempos no saldrá en libro hasta muchos años después como

la Historia natural das Laranjeiras y algunos de los cuentos incluidos en

Quince presencias.

Pero la vida está en otra parte, no en el currículo ni en la bibliografía. Los

datos anteriores contribuyeron a la impresión, dominante a lo largo de mu-

chos años, de Reyes como un amable escritor desprovisto de lumbre y dra-

ma que halló en la diplomacia una especie de beca para trabajar en lo suyo.

Las excelentes investigaciones de los últimos años –es una lástima no

poder hablar de ellas aquí–, la publicación todavía parcial de su inmensa co-

rrespondencia y su Diario, que ya pronto aparecerá, proporcionan el revés de

la trama y muestran la maraña de zozobras; quebrantos; penurias; angustias

e intrigas en medio de las cuales pudo escribir tanto y tan bien y aun darse

tiempo y fuerzas para un periódico personal que redactó, imprimió y envió

por correo con sus propios recursos sin ningún subsidio gubernamental.

Un lUGar de conversación

Los ocho años que dura Monterrey son, entre tantas otras cosas, los años de

la gran crisis desatada en Wall Street en 1929, el asalto de Hitler al poder, la

inteligencia americana”, “Posición de América”, “El sentido de América”) ou indaga acerca da relação européia com nosso continente: “Discurso por Virgilio”, “Virgilio y América”, “Goethe y América”. É, talvez, a etapa mais pródiga de sua poesia graças aos Romances del Río de Enero, Minuta, A la memoria de Ricardo Güiraldes, Cantata en la tumba de Federico García Lorca e os poemas em prosa de Tren de ondas e Las vísperas de España. Um setor do que escreve nestes tempos não sairá em livro até muitos anos depois como a Historia natural das Laranjeiras e alguns dos contos incluídos em Quince presencias.

Mas a vida está em outro lugar, não no currículo nem na bibliografia. Todos os dados anteriores contribuíram à impressão, dominante ao longo de muitos anos, de Reyes como um escritor amável, desprovido de lume e drama, que encontrou na diplomacia uma espécie de subvenção para trabalhar em suas próprias coisas.

As excelentes pesquisas dos últimos anos –é uma pena não poder falar sobre elas aqui--, a publicação ainda parcial de sua imensa correspondência e seu Diário, que será lançado em breve, proporcionam o avesso da trama e mostram o labirinto de dissabores; desalentos; penúrias; angústias e intrigas em meio às quais pôde escrever tanto e tão bem e ainda dar-se tempo e forças para um jornal pessoal que redigiu, imprimiu e enviou por correio com seus próprios recursos sem nenhum subsídio governamental.

Um lugar de conversaçãoOs oito anos que dura Monterrey são, entre tantas outras coisas, os anos da grande crise desatada em Wall Street em 1929, o assalto de Hitler ao poder, a guerra da Espanha, a invasão da Etiópia, os primeiros processos de Moscou, a crise de Munique que é o prelúdio da Segunda Guerra Mundial.

E já na experiência imediata de Reyes, estes anos vêem o assassinato do caudilho Álvaro Obre-gón, que poderia haver-se reeleito até 1968, o poder do general Plutarco Elías Calles que, como Chefe Máximo da Revolução e Homem Forte do Méxi-co, funda o partido único que finalmente, depois de várias mudanças de nome, se chamará PRI; a derrota do callismo pelo general Lázaro Cárdenas e a Expropriação Petroleira. Na Argentina e no Brasil são tempos de golpes de Estado e intensas lutas políticas. O grande tema sul-americano do momento é a guerra do Chaco entre a Bolívia e

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guerra de España, la invasión de Etiopía, los primeros procesos de Moscú, la

crisis de Munich que es el preludio de la Segunda Guerra Mundial.

Y ya en la experiencia inmediata de Reyes, estos años ven el asesinato del

caudillo Álvaro Obregón, que hubiera podido reelegirse hasta 1968, el poder

del general Plutarco Elías Calles que como Jefe Máximo de la Revolución

y Hombre Fuerte de México funda el partido único que al fin, tras varios

cambios de nombre se llamará PRI; la derrota del callismo a manos del gene-

ral Lázaro Cárdenas y la Expropiación Petrolera. En Argentina y Brasil son

tiempos de golpes de Estado e intensas luchas políticas. El gran tema sud-

americano del momento es la guerra del Chaco entre Bolivia y Paraguay. En

la zona del Caribe se consolidan las dictaduras de Rafael Leónidas Trujillo

y Anastasio Somoza.

Se dirá que nada de esto se refleja en Monterrey. No olvidemos que hace

este periódico un embajador de México a quien le está vedada toda manifes-

tación política excepto la que dicte su cancillería. Además Reyes ha querido

preservar durante y después de la batalla un espacio de serenidad cuando

todo, como hoy, es violencia y agresión, un lugar en que se conversa mientras

los demás hablan a gritos, una sala en que se puede discutir en tanto que los

demás combaten.

La familia Reyes con algunos miembros del cuerpo diplomático mexicano. El segundo a la izquierda es Rafael Fuentes, con su hijo Carlos en brazos. Embajada de México en Río de Janeiro, 1930.

o Paraguai. Na zona do Caribe se consolidam as ditaduras de Rafael Leónidas Trujillo e Anastasio Somoza.

Dir-se-á que nada disso se reflete em Monterrey. Não esqueçamos que este jornal é produzido por um embaixador do México a quem está proibida toda manifestação política exceto as que lhe dite sua chancelaria. Além do mais, Reyes quis preservar durante e depois da batalha um espaço de serenidade quando tudo, como hoje, é violência e agressão, um lugar em que se conversa enquanto os demais gritam, uma sala em que se pode discutir enquanto os demais combatem.

Os cereais e os livrosA função diplomática de Reyes não era, em si mesma, um mar de rosas. O sul da América olha-va a Inglaterra e não tinha o menor interesse no México. Talvez o único que desejava comprar do México era sisal para amarrar suas colheitas. Tampouco se interessou em vender-lhe carne e cereais, que eram sua grande força e a base mate-rial de seu nível de vida europeu. O Velho Mundo resultava ser um cliente mais que ávido por esses produtos.

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31los cereales y los libros

En sí misma la función diplomática de Reyes no era un lecho de rosas. El

sur de América miraba a Inglaterra y no tenía el menor interés en México.

Acaso lo único que deseaba comprarle era henequén para atar sus cosechas.

Tampoco se interesó en venderle carne y cereales que eran su gran fuerza y

la base material de su nivel de vida europeo. El Viejo Mundo resultaba un

cliente más que ávido por esos productos.

Ante el fracaso comercial Reyes apostó por la cultura. El México de esos

años no era ni podía ser bien visto. Potencialmente subversivo, tal vez no

quería exportar su enigmática revolución pero asustaba al perseguir a los

católicos hasta el pacto de 1929 que terminó con la guerra cristera.

La presencia de Reyes convenció hasta a los más escépticos de que había

otro México distinto del que aparecía en la prensa y en los noticieros de

cine. Un triunfo indiscutible del escritor mexicano fue lograr que, sobre

el notable sustrato que ya existía, las casas españolas que se trasladaron a

Buenos Aires a raíz de la guerra crearan una poderosa industria editorial

argentina que trabajó en combinación con la mexicana.

Así, mientras allá el círculo en torno de Borges traducía la gran literatura

de los siglos XIX y XX, aquí el Fondo de Cultura Económica se ocupaba de

las ciencias sociales. El último gran golpe editorial de Buenos Aires fue la

publicación en 1967 de Cien años de soledad.

monterrey para el siGlo xxi

Ochenta son demasiados años y sería imposible que todo en Monterrey se

conservara fresco y nuevo como el primer día. Si muchos de los libros y au-

tores que menciona siguieron el camino plural de la desintegración y ya no

interesan a nadie, hay gran cantidad de cosas que no han cambiado como el

hecho de que el noventa y nueve por ciento de las citas españolas en un libro

extranjero siempre salgan equivocadas, o bien de que fuera de aquí sólo inte-

rese la literatura iberoamericana que sea “pintoresca”.

De Monterrey queda también la idea, originada en José Enrique Rodó,

de que toda esta América forma una sola nación cultural. Y sobrevive, en el

salón, en el periódico o en el blog, la prosa de Alfonso Reyes, hoy como en-

tonces modelo inalcanzable de naturalidad, velocidad, armonía y precisión.

Diante do fracasso comercial, Reyes apostou na cultura. O México desses anos não era e nem poderia ser bem visto. Potencialmente subversivo, talvez não quisesse exportar a sua enigmática revolução, mas assustava ao perseguir os católicos até o pacto de 1929, que terminou com a Guerra cristera.

A presença de Reyes convenceu até os mais céticos de que havia outro México distinto do que aparecia na imprensa e nos noticiários do cinema. Um triunfo indiscutível de Reyes foi conseguir que, sobre o poderoso substrato que já existia, as casas espanholas que se transladaram a Buenos Aires devido à guerra criassem uma poderosa indústria editorial argentina, que trabalhou em combinação com a mexicana. Assim, enquanto lá o círculo em torno de Borges traduzia a grande literatura dos séculos XIX e X X, aqui o Fondo de Cultura Económica se ocupava das ciências sociais. O último grande golpe editorial de Buenos Aires foi a publicação em 1967 de Cien años de soledad.

Monterrey para o século XXI

Oitenta são anos demais e seria impossível que em Monterrey tudo se conservasse fresco e novo como no primeiro dia. Se muitos dos livros e autores que menciona seguiram o caminho plural da desintegração e já não interessam a ninguém, há uma grande quantidade de coisas que não mudaram, como o fato de que 99% das citações espanholas em um livro estrangeiro sempre apareçam com erros, ou que fora daqui só interesse a literatura ibero-americana que seja “pitoresca”.

De Monterrey permanece também a idéia, originada em José Enrique Rodó, de que toda esta América forma uma só nação cultural. E sobrevive, nos salões, no jornal, ou no blog, a prosa de Alfonso Reyes, hoje como naquele então, modelo inalcançável de naturalidade, velocidade, harmonia e precisão.

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Alfonso Reyes y señora con asilados políticos víctimas del golpe de estado de Getúlio Vargas. Río de Janeiro, exterior de la Embajada de México, 10 de noviembre de 1930.

Page 33: Monterrey. Correo Literario de Alfonso Reyes

cecilia laUra alonso*

Un paseo por Monterrey. Correo literario de Alfonso Reyes

alfonso reyes ideó monterrey -nombre escoGido

como homenaje a su ciudad natal– al terminar su período como embaja-

dor de México en Argentina (1930). El subtítulo –Correo literario de Al-

fonso Reyes– expresa el fin de la obra. La intención, la encontramos en

una página de su Diario, un mes antes de llegar a Brasil, su nueva misión

diplomática: crear un “pliego suelto, periódico, que sea menos que revis-

ta y menos que periódico literario al tipo de Les Nouvelles Littéraires:

un contacto con los colegas, y una recopilación de apuntes y flecos de la

obra”1. El “Propósito”, lo expresó en la primera página del primer número

de su Correo al aclarar que no se trataba de un manifiesto estético, “mala

costumbre, ésta, en mala hora importada de la política a la literatura”,2 sino

que se asemejaría a una revista por la diversidad de su contenido, y sus

textos irían más allá de una sucinta antología de obras literarias en verso y

prosa y de artículos teórico-críticos.

Asimismo en sus páginas se podía encontrar paso libre a las investiga-

ciones de orden literario, diálogo entre amigos que quieren aclarar dudas o

intercambiar erudiciones e incluso mensajes de agradecimiento por obras

obsequiadas. Alfonso Reyes aún resalta en su “Propósito”:

Quiero decir, que [un autor de periódico literario] se atreverá a bajar el tono poético, un poco más que si se encontrara en un periódico hecho entre varios. Lo cual no significa que se prive de la libertad de publicar fragmentos de la obra pura, propia o ajena, cada vez que le plazca. Y siempre habrá de placerle, a menos que se produjera el absurdo de un literato sin bellas letras, de un poeta sin poesía. Usará pues, de su periódico, ante todo, como de una herramienta para su taller artístico. También podrá ser que lo use a modo de museo privado, para exhibir en él esas notas o curiosidades que todos

* Cecilia Laura Alonso es catedrática de la Universidad Federal Fluminense, en Niteró, Río de Janeiro, donde dirige un seminario dedicado a Alfonso Reyes.1 Alfonso Reyes, Diario (1911-1930), prólogo de Alicia Reyes, nota del Dr. Alfonso Reyes Mota, Guanajuato, Universidad de Guanajuato, 1969, pp. 302-303.2 Monterrey. Correo literario de Alfonso Reyes, Rio de Janeiro, número 1, junio de 1930, p. 2.

Um passeio por Monterrey.

Correo literario de Alfonso Reyes

Alfonso Reyes ideou Monterrey –nome escolhido em homenagem à sua cidade natal– ao terminar o seu período como Embaixador do México na Argentina (1930). O subtítulo –Correo literario de Alfonso Reyes– expressa a finalidade da obra. A intenção, a encontramos em uma página de seu Diario, um mês antes de sua chegada ao Brasil, sua nova missão diplomática: criar um “caderno solto, periódico, que seja menos que revista e menos que periódico literário ao estilo de Les Nouvelles Littéraires: um contato com os colegas, e uma recopilação de anotações e fragmentos da obra”.1 O “Propósito” foi expresso por ele na primeira página do primeiro número do seu Correo, quando esclareceu que não se tratava de um manifesto estético –“mau costume, este, em má hora importado da política à literatura”– 2 mas que deveria se parecer a uma revista pela diversidade de seu conteúdo e de seus textos, elementos que vão além de uma sucinta antologia de obras literárias em prosa e verso e de artigos teórico-críticos.

Em suas páginas também havia livre circulação para as pesquisas de tipo literário, diálogos entre amigos que queriam esclarecer dúvidas ou inter-cambiar erudições e inclusive mensagens de agra-decimento por obras obsequiadas. Alfonso Reyes ainda ressalta em seu “Propósito”:

Quero dizer, que [um autor de jornal literário] se atreverá a baixar o tom poético, um pouco mais do que se estivesse em um jornal feito entre vá-rios. O que não significa que tenha que se privar da liberdade de publicar fragmentos da obra pura, própria ou alheia, quando lhe aprouver. E sempre

* Cecilia Laura Alonso e catedrática da Universidade Federal Fluminense, em Niterói, Rio de Janeiro, onde dirige um seminário sobre Alfonso Reyes.1 Alfonso Reyes, Diario (1911-1930), prólogo de Alicia Reyes, nota do Dr. Alfonso Reyes Mota, Guanajuato, Universidad de Guanajuato, 1969, pp. 302-303.2 Monterrey. Correo literario de Alfonso Reyes, Rio de Janeiro, número 1, junho de 1930, p. 2.

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34 gustamos de juntar, aun cuando dudemos que nos sirvan de nada.

Hará de él un órgano de relación, de relación social, con el mundo de los escritores: un boletín de noticias del trabajo, casi una carta circular. En suma: un correo literario.3

La variedad de temas que se encuentran en Monterrey puede dar una im-

presión equivocada de ser éste una compilación aleatoria de asuntos inco-

nexos. El Correo cumplía las reglas establecidas por su autor: los textos se

relacionaban con las secciones que no estaban necesariamente presentes

en todos los números, y las colaboraciones deberían ser de corta o mediana

extensión sobre asuntos literarios o culturales. Fueron escritos en su mayo-

ría por Reyes o por algún escritor o investigador invitado por él, empleando

el español como lengua preferencial sin ser obligatoria. Por la proximidad

entre la lengua portuguesa y la española se produjeron muchos errores ti-

pográficos que le causaron grandes disgustos, como lo cuenta en Sobre la

crítica de los textos:

La probabilidad de corrección de una copia hasta puede decirse que está en razón inversa del interés subjetivo del texto. Más le interesa al copista (o al tipógrafo) lo que lee, menos se cuida de la exactitud ma-terial con que lo está copiando. Se ha dicho que los tipógrafos ideales son los extraños a la lengua del texto por imprimir. Y el peor caso, el del tipógrafo que habla una lengua semejante, pero diferente, a la del texto, donde hay lugar a contaminaciones continuas. ¡Lo que yo he podido sufrir para mis publicaciones españolas en las imprentas del Brasil! A cada instante se me confundían “Luiz” y “Luis”, “disfarzado” con “dis-frazado”, etcétera.4

Además, los tipos y la tinta no le parecían de buena calidad. Hasta el número

tres los ejemplares fueron impresos en la gráfica La Raza, en Rua do Senado,

nº 8. Del cuarto al décimo tercero en Rua da Misericórdia, nº 38. Esta im-

prenta figura con nombres diferentes dependiendo del número: del cuarto

al noveno, Fernández & Rohe; el décimo, Apollo; el undécimo, Fernández

& Irmão; el duodécimo, Apollo nuevamente; y el décimo tercero, Fernán-

dez & Irmão, una vez más.

Con el cambio de imprenta el tipo del título de la revista y de los subtítu-

los se alteró reflejando más elegancia y suavidad. Su timbre informal era el

Cerro de la Silla, de su natal Monterrey, representado por un dibujo senci-

llo de una montaña y casas. A continuación constaba el número de páginas,

3 Monterrey. Correo literario de Alfonso Reyes, Río de Janeiro, número 1, junio de 1930, p. 2.4 Alfonso Reyes, Obras completas, tomo XIV, México, Fondo de Cultura Económica, 1962, p. 181. [Letras mexicanas].

haverá de aprazer-lhe, a menos que se produza o absurdo de um literato sem belas letras, de um poeta sem poesia. Usará, pois, o seu jornal, antes de mais nada, como uma ferramenta para seu ateliê artístico. Também poderá ser que o use como um museu privado, para exibir nele essas notas ou curiosidades que todos nós gostamos de juntar, mesmo quando duvidamos que sirvam de algo. Fará dele um órgão de relação, de relação social, com o mundo dos escritores: um boletim de notícias de trabalho, quase uma carta circular. Em suma: um correio literário.3

A variedade de temas que se encontram em Mon-terrey pode dar a impressão equivocada de que este seja uma compilação aleatória de assuntos desco-nexos. O Correo cumpria as regras estabelecidas por seu autor: os textos se relacionavam com as se-ções que não estavam necessariamente presentes em todos os números, e as colaborações deveriam ser de curta ou média extensão sobre assuntos lite-rários ou culturais. Foram escritos em sua maioria por Reyes ou por algum escritor ou pesquisador convidado por ele, usando o espanhol como lín-gua preferencial sem que fosse obrigatória. Pela proximidade entre a língua portuguesa e a espa-nhola, ocorreram muitos erros tipográficos que lhe causaram grandes desgostos, como ele mesmo conta em Sobre la crítica de los textos:

A probabilidade de correção de uma cópia pode-se até dizer que está em razão inversa ao interesse subjetivo pelo texto. Mais lhe interessa ao copista (ou ao tipógrafo) o que lê, menos se cuida da exatidão material com que o está copiando. Diz-se que os tipógrafos ideais são os estranhos à língua do texto por imprimir. E o pior caso, o do tipógrafo que fala uma língua semelhante, mas diferente, da do texto, onde há lugar a contaminações contínuas. O que eu sofri para minhas publicações espanholas nas gráficas do Brasil! A cada instante eles me confundiam “Luiz” e “Luis”, “disfarçado” com “disfrazado”, etc.4

Além disso, os tipos e a tinta não lhe pareciam de boa qualidade. Até o número três os exemplares foram impressos na gráfica La Raza, na Rua do Senado, nº 8. Do quarto ao décimo terceiro, na

3 Monterrey. Correo literario de Alfonso Reyes, Rio de Janeiro, número 1, junho de 1930, p. 2.4 Alfonso Reyes, Obras completas, tomo XIV, México, Fondo de Cultura Económica, 1962, p. 181. [Letras mexicanas].

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Alfonso Reyes en los jardines de la Embajada de México en Río de Janeiro, años treinta.

Dos palmeras reales, revestidas de viciosa

parásita, hacen guardia frente a mis ventanas,

y me llega desde el jardín el canto tembloroso

del ireré. El ireré es un ave acuática que tiene

una timidez de perdiz, un color dorado a fuego

oscuro, una mascarita blanca, unos redondos

ojos extáticos, unas espaciosas sandalias de goma

azul, y un canto que remeda exactamente un

frotar de espaldas.

Alfonso Reyes, As Laranjeiras

Rua da Misericórdia, nº 38. Esta gráfica aparece com nomes diferentes dependendo do número: do quarto ao nono, Fernández & Rohe; o décimo, Apollo; o décimo primeiro, Fernández & Irmão; o décimo segundo, Apollo novamente; e o décimo terceiro, Fernández & Irmão, mais uma vez.

Com a mudança de gráfica, o tipo do título da re-vista e dos subtítulos foi alterado refletindo mais ele-gância e suavidade. Seu timbre informal era o Cerro de la Silla, de sua natal Monterrey, representado por um desenho simples de uma montanha e casas. A seguir constava o número de páginas, o endereço da Embaixada do México e os dados da gráfica na qual foi impresso cada número. Na última página do nú-mero onze, publicado em setembro de 1934, figura a seguinte nota:

Durante muitos meses tive que interromper a saída deste correio por razões alheias à minha vontade. Mas, se a vida me deixar, hei de con-tinuá-lo ao longo dos anos, apesar das possíveis interrupções futuras.

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la dirección de la Embajada de México y los datos de la gráfica en que fue

impreso cada número. En la última página del número once, publicado en

septiembre de 1934, figura la siguiente nota:

Durante muchos meses debí interrumpir la salida de este correo por razones ajenas a mi voluntad. Pero, si la vida me deja, he de continuarlo a lo largo de los años, a pesar de las posibles interrupciones futuras.El presente número cierra una época. El próximo, si tengo tiempo como espero, lo publicaré en la ciudad de México, donde me ofrezco a las órdenes de mis amigos en la 5ª calle del Ciprés, nº. 150.5

Esto explica el intervalo de tiempo cada vez mayor entre las publicaciones, y

demuestra también la indefinición con relación al rumbo que su vida estaba

tomando, visto que un año después, aún en Río, se estampa un aviso en la

tercera página del número trece informando a los lectores que a partir del

próximo número el Correo será publicado en Buenos Aires, aprovechando

para despedirse cariñosamente de Brasil. De hecho, el número catorce fue

impreso en la gráfica López, ubicada en la calle Perú, nº 666, a causa de su

regreso a la Embajada de México en Argentina.

Su esmero no se percibe solamente en la búsqueda de una imprenta

más adecuada a su Correo, sino también en el arrobamiento de perfec-

cionismo que lo llevó a quemar todos los ejemplares del segundo nú-

mero en virtud de un equívoco: el nombre de Ermilo Abreu Gómez fue

alterado por el de Herminio Pérez Abreu. Frente a esta falta de delicade-

za los destruyó y ordenó que se imprimieran nuevamente. Sin embargo

el problema más grave se concentraba en el hecho de que el embajador

5 Monterrey. Correo literario de Alfonso Reyes, Río de Janeiro, número 11, septiembre de 1934, p. 16.

Recepción en Río de Janeiro, años treinta.

O presente número encerra uma época. O próxi-mo, se eu tiver tempo como espero, o publicarei na Cidade do México, onde estarei às ordens de

meus amigos na 5ª rua del Ciprés, nº. 150.5

Isto explica o intervalo de tempo cada vez maior en-tre as publicações e demonstra também a indefinição com relação ao rumo que sua vida estava tomando, visto que um ano depois, ainda no Rio, estampa-se um aviso na terceira página do número treze infor-mando aos leitores que,a partir do próximo número, o Correo seria publicado em Buenos Aires, aprovei-tando para se despedir carinhosamente do Brasil. De fato, o número catorze foi impresso na gráfica López, situada na Calle Peru, nº 666, devido ao seu regresso à Embaixada do México na Argentina.

Seu esmero não se percebe somente na busca de uma gráfica mais adequada para seu Correo, mas tam-bém no arroubo de perfeição que o levou a queimar todos os exemplares do segundo número por causa de um equívoco: o nome de Ermilo Abreu Gómez foi alterado por Herminio Pérez Abreu. Frente a esta falta de delicadeza, os destruiu e ordenou que fos-sem impressos novamente. Porém, o problema mais grave concentrava-se no fato de que o embaixador estava custeando a revista com seu dinheiro: ante este imprevisto, os gastos aumentaram.

A distribuição também era feita por ele, com o apoio de sua esposa e de seu filho. O trabalho era realizado com denodo. Três dias depois da publica-ção do primeiro número, o trio repartiu aproxima-damente trezentos exemplares destinados somente

5 Monterrey. Correo literario de Alfonso Reyes, Rio de Janeiro, número 11, setembro de 1934, p. 16.

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37estaba costeando la revista con su dinero: ante ese imprevisto los gastos

aumentaron.

La distribución también era hecha por él, con el apoyo de su esposa e

hijo. El trabajo se realizaba con denuedo. Tres días después de la publicación

del primer número, el trío repartió aproximadamente trescientos ejemplares

destinados nada más que a los amigos, en Brasil o en el exterior. La edición

no fue comercializada ni compartida con extraños. Algunos de sus lectores

adoptaron una actitud más activa con respecto a la publicación, llegando

muchas veces a participar en las secciones, ora escribiendo un artículo o

proponiendo un asunto, ora enviando obras inéditas o cuestionando alguna

afirmación.

Con relación a su estructura interna, Monterrey se compone de diecisiete

secciones. Excluyendo “Publicaciones recibidas”, ninguna de ellas está

presente en todos los números, figurando unas más que otras. La sección

“Guardias de la pluma” contiene asuntos considerados polémicos por

Alfonso Reyes, como por ejemplo el libro de Max Daireaux que pretende

trazar en trescientas páginas el cuadro de la literatura hispanoamericana

sin mencionar la zona de México, las Antillas y la América Central. En un

determinado momento Reyes pregunta:

Pero, entonces ¿por qué llamar el tomo: Littérature Hispano-Américaine, en vez de llamarle –hubiera sido lo propio– Littérature Sud-Américaine? [...] ¡Y no que ahora vamos a complicar más esa tradicional arcanidad de México! ¡Ya no sabemos dónde ponerlo! ¿Dónde está México, amigo mío, si el mundo sólo le llama Norteamérica a los Estados Unidos y usted ahora nos lo excluye del orbe hispanoamericano?6

Una vez más se verifica la preocupación de Alfonso Reyes en relación con la

concordia americana, resaltando la necesidad de una comprensión y colabo-

ración continentales más expresivas.

“El aseo de América” surge por primera vez en el número siete, incorpo-

rado a la sección Guardias de la pluma, y retorna independiente en los nú-

meros ocho, nueve y diez. La idea de hacer “El aseo de América” proviene

del deseo alfonsino de que los europeos realmente conocieran América.

Muchos son los libros americanos que pueden ser leídos por los escritores

de Europa, pero ¿cuáles de ellos muestran realmente el pensamiento y la

historia latinoamericana? Partiendo de esa indagación hizo la siguiente

propuesta:

6 Monterrey. Correo literario de Alfonso Reyes, Río de Janeiro, número 1, junio de 1930, p. 3.

Salas anchurosas para que

se pose el aire, se despliegue,

se alivie y –si puede– se

refresque un poco. La luz

colma de una vez la inmensa

estancia y se queda sola en sí

misma. Por la lente de cada

ventana se acercan, enfocadas

y nítidas, las cumbres verdes,

azules y negras del contorno.

Nos envuelve el sueño de la

iluminación, esa modorra

leve y dorada tan distinta del

espeso sueño de las sombras.

El recinto tiene la aseada

claridad de un ojo perfecto:

casi.

Alfonso Reyes, Fragmentos

de Río de Janeiro

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Si yo tuviera elementos para ello, ahora mismo convocaría a toda nuestra América a toque de campana, para convidar a las veinte literaturas a decidir sobre este punto de vital importancia: la creación, para cada una de nuestras repúblicas, de una Biblioteca Mínima Representativa. Esta Biblioteca Mínima será la que ofreceríamos al viajero ilustre. Ella podría consultarse en todos nuestros consulados, legaciones y embajadas. Cada comisionado oficial llevaría una en su maleta, como la dotación reglamentaria que el soldado carga en la mochila. La ofreceríamos a las bibliotecas públicas extranjeras y aun a las escuelas de los países amigos. Difundiríamos en nuestro propio país el conocimiento de la respectiva Biblioteca Mínima como un deber cívico ineludible. La B. M. sería nuestro pasaporte para el mundo, sería nuestra moneda espiritual.7

En el número diez, Reyes comenta que los escritores cubanos fueron los

primeros en escuchar su llamado para la creación de la Biblioteca Mínima

y publica la lista individual de los ocho colaboradores, finalizando con

una pregunta: “¿Cuándo llegarán las respuestas de otros países?”.8

Desafortunadamente no obtuvo respuesta –por lo menos en las páginas de

Monterrey– toda vez que la sección no figuró más.

Tras “Publicaciones recibidas”, la sección más constante en el Correo es

“Investigaciones”. En ella Alfonso Reyes propone el estudio de uno o varios

temas, estimulando a sus lectores a que participen. En el número uno, por

ejemplo, explica que el escritor Léon Pierre-Quint está publicando una bi-

bliografía sobre la literatura extranjera relativa a Marcel Proust, sin embargo

prácticamente no posee información sobre lo que fue escrito en América

Latina y España. Reyes les pidió a sus correspondientes latinoamericanos

7 Monterrey. Correo literario de Alfonso Reyes, número 7, diciembre de 1931, p. 3.8 Monterrey, número 10, marzo de 1933, p. 6.

Para ventura y gloria suyas, en

Río de Janeiro el campo chorrea

por la ciudad, una ciudad

húmeda todavía de naturaleza,

mal enjugada por el desecador

implacable que es el hombre.

Alfonso Reyes, Ubérrima urbe

aos amigos, no Brasil ou no exterior. A edição não foi comercializada ou compartilhada com estra-nhos. Alguns de seus leitores adotaram uma atitu-de mais ativa com respeito à publicação, chegando muitas vezes a participar nas seções, ora escrevendo um artigo ou propondo um assunto, ora enviando obras inéditas ou questionando alguma afirmação.

Com relação à sua estrutura interna, Monterrey compõe-se de dezessete seções. Excluindo “Publi-caciones recibidas”, nenhuma delas está presente em todos os números, figurando umas mais que outras. A seção “Guardias de la Pluma” contém as-suntos considerados polêmicos por Alfonso Reyes, como por exemplo o livro de Max Daireaux que pretende traçar em trezentas páginas o quadro da li-teratura hispano-americana sem mencionar a região do México, das Antilhas e da América Central. Em um determinado momento Reyes pergunta:

Mas, então, por que chamar o tomo de: Littérature Hispano-Américaine, em vez de chamá-lo de –te-ria sido próprio– Littérature Sud-Áméricaine? [...] E não vamos agora complicar mais ainda essa tra-dicional arcanidade do México! Já não sabemos onde colocá-lo! Onde está o México, meu amigo, se o mundo só chama de América do Norte os Estados Unidos e você agora nos exclui do orbe hispano-americano?6

Uma vez mais, verifica-se a preocupação de Alfonso Reyes na relação com a concórdia americana, ressal-tando a necessidade de uma compreensão e colabo-ração continentais mais expressivas.

6 Monterrey, número 1, junho de 1930, p. 3.

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que le enviasen alguna información, visto que los escritores españoles se

hicieron cargo de investigar las obras de su país. La solicitud fue atendida

y muchos datos fueron publicados en los números posteriores del Correo.

Otro tema propuesto se refiere a un posible estudio más profundo de la van-

guardia hispanoamericana por parte de los filólogos, pero ese asunto no fue

retomado de forma debida.

En la sección “Cuaderno de apuntes”, Alfonso Reyes vuelve a textos pro-

pios ya publicados anteriormente, aumentando muchas veces su contenido.

Algunos de ellos se refieren a dos comedias de Ruiz de Alarcón, al Fraile

Servando Teresa de Mier y al soliloquio del personaje Segismundo en La

vida es sueño, de Calderón de la Barca: de éste, bajo su punto de vista, sur-

gieron obras que nada son además de una “mera imitación”.9 “Vida literaria”

contiene noticias de ámbito literario, anunciando más detalladamente la pu-

blicación de algunos libros, el proceso de escritura de otros, sobre los cuales

se les pide información pertinente a los lectores, e incluso la sugerencia de la

candidatura del filólogo Ramón Menéndez Pidal al premio Nobel de 1931.

En “Jitanjáforas” se reúnen y publican juegos de palabras creados por el

9 Monterrey, número 7, diciembre de 1931, p. 5.

Visita al presidente en funciones Getúlio Vargas, primero a la derecha, sentado. Río de Janeiro, octubre de 1933.

“El aseo de América” surge pela primeira vez no número sete, incorporado à seção “Guardias de la pluma”, e retorna independente nos números oito, nove e dez. A idéia de fazer o “El aseo de América”, provém do desejo alfonsino de que os europeus re-almente conheçam a América. Muitos são os livros americanos que podem ser lidos pelos escritores da Europa, mas quais deles mostram realmente o pensamento e a história latino-americana? Partindo dessa indagação Reyes fez a seguinte proposta:

Se eu tivesse elementos para isso, agora mesmo convocaria toda a nossa América a toque de sino, para convidar as vinte literaturas a decidirem so-bre este ponto de vital importância: a criação, para cada uma de nossas repúblicas, de una Biblioteca Mínima Representativa. Esta Biblioteca Mínima seria a que ofereceríamos ao viajante ilustre. Ela poderia ser consultada em todos os nossos con-sulados, Legações e Embaixadas. Cada comis-sionado oficial levaria uma em sua mala, como a dotação regulamentar que o soldado carrega na mochila. Nós a ofereceríamos às bibliotecas pú-blicas estrangeiras e também às escolas dos países amigos. Difundiríamos no nosso próprio país o conhecimento da respectiva Biblioteca Mínima

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poeta cubano Mariano Brull. Reyes los define como jitanjáforas, es decir,

enunciados carentes de sentido que pretenden conseguir un resultado

eufónico. Al inicio de la sección Reyes menciona algunos ejemplos:

[...] señalo la aparición de un precioso artículo del provenzal Jean Giono: “L’Eau Vive”, Nouvelle Revue Française, mayo de 1930, donde se trata de las canciones sin sentido con que un matador de reses se hacía seguir por los animales. Otra canción servía para alejar el mal tufo cuando se destaza el jabalí: evoca toda la colina y sus aromas, y hasta el perfume de las virtudes de María. Pero, sin sentido todo, sin sentido y como soñando.Esto hace pensar en la fuerza natura –es decir en la fuerza mágica– de las palabras. Y esto nos llevaría a los ensalmos y a los rezos de brujería. 10

10 Monterrey, número 1, junio de 1930, p. 7.

como um dever cívico inevitável. La B. M. seria o nosso passaporte para o mundo, seria a nossa moeda espiritual.7

No número dez, Reyes comenta que os escritores cubanos foram os primeiros a escutar seu chama-do para a criação da Biblioteca Mínima e publica a lista individual dos oito colaboradores, finalizando com uma pergunta: “Quando chegarão as respostas de outros países?”.8 Infelizmente a interrogação não obteve resposta –pelo menos nas páginas de Mon-terrey– uma vez que a seção já não apareceu mais.

Depois de “Publicaciones recibidas”, a seção mais constante no Correo é “Investigaciones”. Nela, Alfonso Reyes propõe o estudo de um dos vários temas, estimulando os seus leitores a participarem. No número um, por exemplo, explica que o escritor Léon Pierre-Quint está publicando uma bibliografia sobre a literatura estrangeira relativa a Marcel Proust, porém praticamente não possui informações sobre o que foi escrito na América Latina e na Espanha. Reyes pediu aos seus correspondentes latino-americanos que enviassem alguma informação, visto que os escritores espanhóis se encarregaram de pesquisar as obras de seu país. A solicitação foi atendida e muitos dados foram publicados nos números posteriores do Correo. Outro tema proposto se refere a um possível estudo mais profundo da vanguarda hispano-americana por parte dos filólogos, mas esse assunto não foi retomado de forma devida.

Na seção “Cuaderno de apuntes”, Alfonso Reyes volta a textos próprios publicados anteriormente, au-mentando muitas vezes seu conteúdo. Alguns deles se referem a duas comédias de Ruiz de Alarcón, ao Fraile Servando Teresa de Mier e ao solilóquio do persona-gem Segismundo em La vida es sueño, de Calderón de la Barca: deste, do seu ponto de vista, surgiram obras que nada são além de uma “mera imitação”.9 “Vida literaria” contém notícias de âmbito literário, anun-ciando mais detalhadamente a publicação de alguns livros, o processo de escrita de outros, sobre os quais é pedida informação pertinente aos leitores, e inclusive sugestões da candidatura do filólogo Ramón Menén-dez Pidal ao prêmio Nobel de 1931.

Em “Jitanjáforas” são reunidos e publicados jo-gos de palavras criados pelo poeta cubano Mariano Brull. Reyes define como “jitanjáforas” enunciados

7 Monterrey, número 7, dezembro de 1931, p. 3.8 Monterrey, número 10, março de 1933, p. 6.9 Monterrey, número 7, dezembro de 1931, p. 5.

Reyes con el ministro de Relaciones Exteriores del Brasil J. C.de Macedo Soares, en la entrega de la presea Gran Cruz del Crucero del Sur al embajador mexicano. Palacio de Itamaraty, 26 de junio de 1936.

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41carentes de sentido que pretendem conseguir um

resultado eufônico. Ao início da seção, Reyes men-ciona alguns exemplos:

[...] destaco a aparição de um precioso artigo do provençal Jean Giono: L’Eau Vive, Nouvelle Revue Française, maio de 1930, onde se trata das canções sem sentido com que um matador de reses se fa-zia seguir pelos animais. Outra canção servia para afastar o mau cheiro quando se esquarteja um javali: evoca toda a colina e seus aromas, e até o perfume das virtudes de Maria. Mas, tudo sem sentido, sem sentido e como sonhando.Isto faz pensar na força natura –ou seja, na força mágica– das palavras. E isto nos levaria às benze-duras e rezas de bruxaria.10

“Epistolario” e “Estafeta” são seções destinadas às cartas trocadas entre inúmeros escritores destaca-dos da América Latina, da Europa ou dos Estados Unidos, agrupando sempre temas relacionados à literatura. Ainda que a divisão entre as duas seções não seja muito definida, a primeira se inclina a reve-lar os remetentes, enquanto a segunda não sempre o faz.

Algumas seções somente figuram em dois nú-meros de Monterrey. Em “Museo” se encontra uma carta do ex-presidente mexicano general Mariano Arista e um retrato do poeta mexicano Aurelio Luis Gallardo, como uma contribuição gráfica à cele-bração do centenário do Romantismo na América. “Rayas de lápiz” ressalta fragmentos aleatórios de obras sobre os quais se fazem breves comentários. Em “Los ojos de Europa”, Alfonso Reyes pede a viajantes europeus que dêem seu depoimento so-bre lugares e aspectos estéticos latino-americanos, ainda que se restrinjam em alguns casos a meras curiosidades.

Alfonso Reyes, comentarista pioneiro do poeta inovador do barroco espanhol, Luis de Góngora, reúne na seção “Boletín gongorino” estudos de sua própria autoria sobre este autor e publica notas re-lacionadas à pesquisa de gongoristas em diferentes países. “Noticia mexicana”, presente do primeiro número ao nono, destaca revistas e livros mexica-nos examinados e/ou lidos pelo embaixador. Para melhor visualizá-los, estes são separados a cada número, porque as obras mencionadas compreen-dem assuntos diversos, como podemos observar no número oito, em que figuram os tópicos: geografia e

10 Monterrey, número 1, junho de 1930, p. 7.

“Epistolario” y “Estafeta” son secciones destinadas a las cartas intercambiadas

entre innumerables escritores destacados de América Latina, Europa o

Estados Unidos, agrupando siempre temas relacionados a lo literario.

Aunque la división entre las dos secciones no sea muy definida, la primera se

inclina a revelar los remitentes mientras que la segunda no siempre lo hace.

Algunas secciones solamente figuran en dos números de Monterrey. En

“Museo” se encuentra una carta del ex-presidente mexicano general Mariano

Arista y un retrato del poeta mexicano Aurelio Luis Gallardo, como una

contribución gráfica a la celebración del Centenario del Romanticismo en

América. “Rayas de lápiz” resalta fragmentos aleatorios de obras sobre los

cuales se hacen breves comentarios. En “Los ojos de Europa” Alfonso Reyes

les pide a viajantes europeos que den su testimonio con relación a lugares y

aspectos estéticos latinoamericanos, aunque se restrinjan en algunos casos

a meras curiosidades.

Alfonso Reyes, comentarista pionero del poeta innovador del barroco

español, Luis de Góngora, reúne en la sección “Boletín gongorino” estudios

de su propia autoría respecto a este autor y publica notas relacionadas a

la investigación de gongoristas en diferentes países. “Noticia mexicana”,

presente del primer número al noveno, destaca revistas y libros mexicanos

examinados o leídos por el embajador. Para mejor visualizarlos éstos son

separados en cada número, visto que las obras mencionadas comprenden

asuntos diversos, como podemos observar en el número ocho, en que figuran

los tópicos: geografía e historia, historia diplomática, asuntos sociales, arte,

folclore, arqueología, literatura y viajes.

En “Miscelánea”, el lector encuentra textos relacionados con el título de

la sección –fragmentos de variadas obras literarias y de diversos autores– y

notas de los lectores sobre artículos publicados en números anteriores de

Monterrey. La sección “Publicaciones recibidas” fue el espacio destinado

al acuse de recibo de obras obsequiadas, que está presente en todos los

números. Por el volumen cada vez mayor de revistas y libros mencionados,

el correo que al principio tenía ocho páginas llegó a doce, cinco de ellas

destinadas a esta sección. Tal crecimiento amenazaba el tamaño de los otros

sectores de la publicación. A partir del noveno número el contenido de la

sección recibe una subdivisión más detallada, separando las revistas y los

libros provenientes de México de aquéllos oriundos de países extranjeros.

Puede ser definida como una destacable bibliografía de la época, indicando

de esta manera la divulgación y el prestigio logrado por Monterrey.

Es importante resaltar que la publicación del Correo literario de Alfonso

Reyes, además de divulgar aspectos de la cultura y de la literatura mexicanas

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42 entre los brasileños, pudo tornar públicas las preocupaciones intelectuales y

literarias del embajador-escritor con relación al continente. En Monterrey

los temas mexicanos estaban acompañados por el análisis de cuestiones

referentes a América Latina como de temas y autores vinculados a la literatura

occidental.

Sobre Brasil mucho se ha revelado a los lectores hispanoamericanos y

europeos. En los artículos y cartas presentes en Monterrey se pudo cono-

cer un poco de su cultura, naturaleza y pueblo, aunque hayan sido pocas las

menciones a la literatura brasileña. El camino establecido por las páginas de

Monterrey, en las cuales la multiplicidad cultural fue pieza importante en la

construcción de la identidad latinoamericana, aún es recorrido por ilustres

estudiosos como António Cândido, Ángel Rama y Ana Pizarro.

A través del pensamiento de Alfonso Reyes es posible percibir la necesi-

dad de entendimiento respecto al movimiento articulatorio de nuestras cul-

turas, sea realizado por los individuos o por la sociedad. La mutua mirada

entre ellos permitirá por consiguiente la producción de este conocimiento.

Monterrey. Correo literario de Alfonso Reyes propició una de las prime-

ras contribuciones para que el desconocimiento entre América Hispánica y

Brasil no represente un lugar común.

história, história diplomática, assuntos sociais, arte, folclore, arqueologia, literatura e viagens.

Em “Miscelánea”, o leitor encontra textos inse-ridos na proposta descrita pelo título da seção – fragmentos de variadas obras literárias e de diversos autores – e notas de correspondentes sobre artigos publicados em números anteriores de Monterrey. A seção “Publicaciones recibidas”, foi o espaço desti-nado ao agradecimento de obras obsequiadas, que está presente em todos os números. Pelo volume cada vez maior de revistas e livros mencionados, o correio que a princípio tinha oito páginas chegou a ter doze, cinco delas destinadas a esta seção. Tal cres-cimento ameaçava o tamanho dos outros setores da publicação. A partir do nono número, o conteúdo da seção recebe uma subdivisão mais detalhada, separando as revistas e os livros provenientes do México daqueles originários de países estrangeiros. Pode ser definida como uma destacável bibliografia da época, indicando desta maneira a divulgação e o prestígio alcançado por Monterrey.

É importante ressaltar que a publicação do Correo literario de Alfonso Reyes, além de divulgar aspectos da cultura e da literatura mexicanas entre os brasileiros, pôde tornar públicas as preocupa-ções intelectuais e literárias do embaixador-escritor com relação ao Continente. Em Monterrey, os temas mexicanos estavam acompanhados pela análise de questões referentes à América Latina como por te-mas e autores vinculados à literatura ocidental.

Sobre o Brasil, muito foi revelado aos leitores hispano-americanos e europeus. Nos artigos e car-tas presentes em Monterrey foi possível conhecer um pouco de sua cultura, natureza e do povo, ain-da que tenham sido poucas as menções à literatura brasileira. O caminho estabelecido pelas páginas de Monterrey, nas quais a multiplicidade cultural foi peça importante na construção da identidade latino-americana, ainda é percorrido por ilustres estudiosos como António Cândido, Ángel Rama e Ana Pizarro.

Através do pensamento de Alfonso Reyes, é possível perceber a necessidade de entendimento com respeito ao movimento articulador de nossas culturas, seja ele realizado pelos indivíduos ou pela sociedade. O mútuo olhar entre eles permitirá, por conseguinte, a produção deste conhecimento. Mon-terrey. Correo literario de Alfonso Reyes propiciou uma das primeiras contribuições para que o desconhe-cimento entre a América hispânica e o Brasil não represente um lugar comum.

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Gabriel Fernández Ledesma, Saudade do Brasil, colección Capilla Alfonsina-INBA

Gabriel Fernández Ledesma, Botafogo, colección Capilla Alfonsina-INBA

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Alfonso, Manuela y Alfonso hijo en un salón de la Embajada de México en Brasil. A sus espaldas, biombo de Dimitri Ismailovich. Río de Janeiro, octubre de 1931.

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alberto enríqUez perea*

Monterrey: pliegos filosos

Gabriela mistral calificaba monterrey. correo

literario de Alfonso Reyes como una “novedosa hojita de prendas”.1 Enrique

Díez-Canedo decía que como Reyes quería comunicarse con todos y que

todos lo escucharan inventó una “correspondencia literaria”.2

Roberto F. Giusti, uno de los dos directores de la revista argentina No-

sotros, creía que el regiomontano en su “personalísimo” correo exprimía “el

zumo de sus lecturas, mezclando la acidez rancia del seiscientos español y lo

colonial mejicano con la ‘sinfonía’ de valores y gustos de los cocteles recién

inventados”.3 Y Karl Vossler escribía:

Algunas personalidades singularmente enérgicas tienen el poder de crearse a sí mismas el recinto espiritual en que encuentren eco. Así el bri-llante crítico e historiador de la literatura […]. Edita un boletín personal al que le ha puesto como título el nombre de su ciudad natal, Monterrey, boletín que él mismo distribuye y en el que publica valiosos estudios.4

Estas hojitas fueron desde su primer número, Río de Janeiro, junio de 1930,

todo eso y más.

Monterrey cuenta entre sus varias secciones la llamada “Guardias de la

pluma”, y como su nombre lo indica, tiene una “intención polémica”.5 Pues

bien, en su primer Correo y en la sección citada, Reyes publicó su carta

* Alberto Enríquez Perea. Profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores.1 Gabriela Mistral, “Monterrey. Correo literario de Alfonso Reyes”, en Páginas sobre Alfonso Reyes, segunda edición, volumen I, primera parte, México, El Colegio Nacional, 1996, p. 184.2 Enrique Díez-Canedo, “El correo literario de Alfonso Reyes”, en Páginas sobre Alfonso Reyes, segunda edición, volumen I, primera parte, cit., p. 225. 3 Una amistad porteña. Correspondencia entre Alfonso Reyes y Roberto F. Giusti, compilación de Serge I. Zaïtzeff, México, El Colegio Nacional, 2000, p. 97. 4 Karl Vossler, “El Monterrey de Alfonso Reyes”, en Páginas sobre Alfonso Reyes, segunda edición, volumen I, segunda parte, México, El Colegio Nacional, 1996, p. 379. 5 Reyes escribió en su Monterrey: “No todos mis amigos han comprendido el sentido que quiero dar al título ‘Guardias de la pluma’, título que vengo usando en todos los número de este Correo. Algunos suponen que empleo la palabra ‘guardia’’ como equivalente de ‘guarda’ o de ‘guardián’. La verdad es que yo quiero referir al manejo de la pluma el vocabulario de la esgrima, y digo ‘guardias de la pluma’ como se dice ‘guardias de la espada’, para sugerir, en las notas que llevan este título, una intención polémica” (Monterrey. Correo literario de Alfonso Reyes, Río de Janeiro, número, 4, abril de 1931, p. 2).

Monterrey: folhas afiadas

Gabriela Mistral considerava Monterrey. Correo literario de Alfonso Reyes uma “original folhi-nha de prendas”.1 Enrique Díez-Canedo dizia que, como Reyes queria comunicar-se com todos e que todos o escutassem, inventou uma “correspondên-cia literária”.2

Roberto F. Giusti, um dos diretores da revista ar-gentina Nosotros, acreditava que o regiomontano,** em seu “personalíssimo” correio, espremia “o sumo de suas leituras, misturando a acidez rançosa do século XVII espanhol e o colonial mexicano com a ‘sinfonia’ de valores e gostos dos coquetéis recente-mente inventados”.3 E Karl Vossler escrevia:

Algumas personalidades singularmente enérgi-cas têm o poder de criar para si mesmas o recinto espiritual em que elas encontrem eco. É o caso do brilhante crítico e historiador da literatura […]. Edita um boletim pessoal que recebeu dele o nome de sua cidade natal, Monterrey, boletim que ele mesmo distribui e no qual publica valio-sos estudos”.4

Estas folhinhas foram, desde seu primeiro número, Rio de Janeiro, junho de 1930, tudo isso e mais.

* Alberto Enríquez Perea. Professor catedrático da Faculdade de Ciências Sociais e Políticas da UNAM. Membro do Sistema Nacional de Investigadores.** Regiomontano. Originário da cidade de Monterrey, capital do estado mexicano de Nuevo León (N. T.).1 Gabriela Mistral, “Monterrey, correo literario de Alfonso Reyes”, em Páginas sobre Alfonso Reyes, segunda edição, Volume I, primeira parte, México, El Colegio Nacional, 1996, p. 184.2 Enrique Díez-Canedo, “El correo literario de Alfonso Reyes”, em Páginas sobre Alfonso Reyes, segunda edição, Volume I, primeira parte, cit., p. 225. 3 Una amistad porteña. Correspondencia entre Alfonso Reyes y Roberto F. Giusti, compilação de Serge I. Zaïtzeff, México, El Colegio Nacional, 2000, p. 97.4 Karl Vossler, “El Monterrey de Alfonso Reyes”, em Páginas sobre Alfonso Reyes, segunda edição, Volume I, segunda parte, México, El Colegio Nacional, 1996, p. 379.

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46 dirigida a un “hombre de dos tierras, argentino y francés”, Max Daireaux,

conocido suyo desde hacía muchos años, colaborador de la Revue de

l’Amérique Latine, de Ernest Martinenche, y uno entre tantos personajes

de la vida intelectual parisina que lo agasajaron cuando llegó como

Ministro de México en Francia.6 En dos palabras le dijo que apreciaba “el

esfuerzo verdaderamente colosal: ¡presentar en trescientas páginas legibles

el cuadro de la literatura sudamericana”. Y más adelante, en una posdata

intitulada, “In cauda venenum”, se encuentra la parte más interesante de la

misma, el objetivo de la carta, que es la defensa de México y de sus hombres

de letras.

Reyes entendía y comprendía que el editor francés de Panoramas de

las literaturas contemporáneas considerara “materialmente imposible”

reunir en un solo volumen toda la literatura hispanoamericana. Por ello la

parte sudamericana se la encargó a Daireaux, dejando para otra persona o

personas el volumen correspondiente a México, las Antillas y Centroaméri-

ca. Pero, ¿por qué el amigo entrañable “llevado sin duda por la elegancia de

su pluma” se deslizó al “querer dar justificaciones de orden espiritual a este

nuevo arreglo práctico, a esta nueva comodidad editorial”? ¿Por qué presen-

taba a México como un “hermano díscolo y alejado”? Ningún americano

iba a creer que México fuera “turbulento, inquieto, lírico, a la vez positivista

y visionario, realista y quimérico, elegíaco y cruel”; y que se había separado

“voluntariamente de la familia latinoamericana, y no consentiría en unírsele

sino para reclamar, en el dominio espiritual, las prerrogativas inherentes al

derecho de mayoría”.

No, no podía estar de acuerdo con esas palabras, por lo que le recordó al

autor de Le poète et l’infidele que México abrió la era de intercomunicación

americana enviando a Sudamérica a sus hombres más representativos: Luis G.

Urbina, José Vasconcelos, Antonio Caso, Amado Nervo, Jesús Urueta, Enrique

González Martínez e incluido él mismo. Lo que hicieron y lo que les pidieron

que hicieran fue recordarles a “nuestros hermanos del continente la profunda

6 La primera carta que se conserva de Daireaux a Reyes es del 4 de septiembre de 1921, en donde lo trata como su “muy querido amigo”. Y a continuación le dice: “Hace bien de retarme, por mi imperdonable silencio. Cada vez que encuentro algún amigo con quien puedo recordarlo, lo hago, ‘hasta por los codos’. Y los meses pasan sin que le diga a usted, mi admirado y querido amigo, con qué afecto lo leo y cuánto lo extraño. Y hoy recibo un ajuar, lleno de joyas, de las que usted sólo sabe hacer tan relucientes. De ellas hablaré. Y hablaremos, pues me parece que ya es tiempo que dé una vuelta por Europa, si lo quiero ver antes que por completo se derrumbe. Lo que no ha de tardar, si siguen las cosas en el camino peligroso donde van puestas ¡Ay del arte! Sólo, en la América pueden y podrán vivir los poetas. Aquí, pasarían por locos, si alguien les hiciera caso. Pero están como si no estuviesen, y la gente que leía ahora no habla más que de guerra, revoluciones y crisis. Feliz usted amigo de mi corazón, que canta” (Carta de Max Daireaux a Alfonso Reyes. 4 de septiembre de 1921, en Archivo Particular de Alfonso Reyes. Capilla Alfonsina/Instituto Nacional de Bellas Artes. Expediente 652); Paulette Patout, Alfonso Reyes y Francia, traducción de Isabel Vericat, México, El Colegio de México/Gobierno del Estado de Nuevo León, 1990, p. 275.

Monterrey conta, entre suas várias seções, com a denominada “Guardias de la pluma”, que, como o nome indica, tem uma “intenção polêmica”.5 Pois bem, em seu primeiro Correo e na seção citada, Reyes publicou uma carta dirigida a um “homem de duas terras, argentino e francês”, Max Daireaux, conhecido seu há muitos anos, colaborador da Re-vue de l’Amérique Latine, de Ernest Martinenche, e um entre tantos personagens da vida intelectual parisiense que o acolheram quando chegou como Ministro do México na França.6 Em duas palavras, disse-lhe que apreciava “o esforço verdadeiramente colossal: apresentar em trezentas páginas legíveis o quadro da literatura sul-americana”. E, mais adiante, em um pós-escrito intitulado “In cauda venenum”, encontra-se a parte mais interessante da mesma, o objetivo da carta, que é a defesa do México e de seus homens de letras.

Reyes entendia e compreendia que o editor fran-cês de Panoramas das literaturas contemporâneas con-siderara “materialmente impossível” reunir em um só volume toda a literatura hispano-americana. Por isso, encomendou a parte sul-americana a Daire-

5 Reyes escreveu em seu Monterrey: “Nem todos os meus amigos compreenderam o sentido que quero dar ao título ‘Guardias de la pluma’, título que venho usando em todos os números deste correio. Alguns supõem que uso a palabra ‘guardias’ como equivalente a ‘guarda’ ou ‘guardião’. A verdade é que eu quero referir ao manejo da pena o vocabulário da esgrima, e digo ‘guardias de la pluma’ como se diz ‘guardas da espada’, para sugerir, nas notas que recebem este título, uma intenção polêmica” (Monterrey. Correo literario de Alfonso Reyes, Rio de Janeiro, No. 4, abril de 1931, p. 2).6 A primeira carta que se conserva de Daireaux a Reyes é de 4 de setembro de 1921, em que o trata como seu “mui querido amigo”. E a seguir lhe diz: “Faz bem em desafiar-me, pelo meu imperdoável silêncio. Todas as vezes em que encontro algum amigo com quem posso recordá-lo, o faço, ‘até pelos cotovelos’. E os meses passam sem que lhe diga, meu admirado e querido amigo, com que afeto leio os seus trabalhos e quanto tenho saudade de você. E hoje recebo um enxoval, cheio de jóias, que somente você sabe tornar tão brilhantes. Delas falarei! E falaremos, pois me parece que já é tempo de que dê uma volta pela Europa, se o quero ver antes que, por completo, se desmorone. O que não há de tardar, se continuam as coisas no caminho perigoso por onde vão. Ah de arte! Somente na América podem e poderão viver os poetas! Aqui, passariam por loucos, se alguém lhes prestasse atenção. Mas estão como se não estivessem, e as pessoas que antes liam, agora só falam de guerra, de revoluções e crises. Feliz você, amigo do coração, que canta”. (Carta de Max Daireaux a Alfonso Reyes. 4 de setembro de 1921, em Arquivo Particular de Alfonso Reyes. Capilla Alfonsina/Instituto Nacional de Bellas Artes. Prontuário 652); Paulette Patout, Alfonso Reyes y Francia, tradução de Isabel Vericat, México, El Colegio de México/Gobierno del Estado de Nuevo León, 1990, p. 275.

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solidaridad que siempre los ha unido”. Tampoco debería olvidar que toda la

juventud americana “contemplaba con interés los empeños de México en sus

indagaciones y sondeos del alma americana”. Y más de un hombre podía decir

que recibió de México el “bautismo continental” que merecía, no porque se

tuviera una delegación especial o prioridad sino simplemente porque el entu-

siasmo por la Idea Americana se daba en México “en todo su vigor”.

Por otra parte, el escritor argentino-francés creía que nuestro país no re-

conocía “ninguna aportación extranjera”, que se aislaba, que se concentraba

sólo en su “original pureza” y en las tradiciones aztecas y españolas. Mas,

¿cuáles eran las tradiciones aztecas? ¿Se refería a los “monumentos arqueo-

lógicos”? “Porque de aquella vetusta civilización sólo hemos heredado las

piedras”, respondió Reyes, y agregaba inmediatamente para decir que exa-

geraba con esta afirmación. Lo que quería decir era que faltaba lo único que

generaba tradiciones: la “representación moral del mundo”.

Reyes volvió al proyecto Panoramas. México se quedaba fuera “porque

era materialmente imposible abarcarlo en las dimensiones de un volumen,

a riesgo de tratar la vasta materia en una forma demasiado sumaria que hu-

biera sido indigno” de su nombre. ¿No le parecía?, le preguntó Reyes. Enton-

ces, ¿por qué le puso a su libro Littérature hispano-américaine en lugar de

Littérature sudaméricaine que era más propio? La exclusión de Brasil, “por

respeto lingüístico”, se hubiera entendido. Pero México, ¿dónde quedaba?

¿Dónde lo iba a poner? ¿Dónde? Si el mundo llamaba Norteamérica a los Es-

aux, deixando para outra pessoa ou pessoas o volu-me correspondente ao México, Antilhas e América Central. Mas, por que o íntimo amigo “levado, com certeza, pela elegância de sua pena” deslizou ao “que-rer dar justificações de ordem espiritual a este novo arranjo prático, a esta nova comodidade editorial”? Por que apresentava o México como um “irmão díscolo e distante”? Nenhum americano iria acredi-tar que o México fosse “turbulento, inquieto, lírico, ao mesmo tempo positivista e visionário, realista e quimérico, elegíaco e cruel”; e que se havia separa-do “voluntariamente da família latino-americana, e não consentiria em unir-se à mesma, a não ser para reclamar, no domínio espiritual, as prerrogativas inerentes ao direito de maioria”.

Não, não podia estar de acordo com essas pala-vras, por isso recordou ao autor de Le poète et l’infidele que o México abriu a era de intercomunicação ameri-cana, enviando à América do Sul seus homens mais representativos: Luis G. Urbina, José Vasconcelos, Antonio Caso, Amado Nervo, Jesús Urueta, Enri-que González Martínez e inclusive ele mesmo. O que fizeram e o que lhes pediram que fizessem foi recordar aos “nossos irmãos do Continente a pro-funda solidariedade que sempre os uniu”. Também não deveria esquecer que toda a juventude ameri-cana “contemplava com interesse os esforços do México em suas indagações e sondagens da alma

Homenaje a Alfonso Reyes en la Academia Brasileña de Letras. Discurso de Rodrigo Octavio. Río de Janeiro, 30 de agosto de 1934.

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tados Unidos y ahora Max Daireaux lo excluía del orbe hispanoamericano,

¿dónde quedaba México?7 Pregunta sin respuesta ante el inviolable silencio

del escritor argentino-francés.

Poco tiempo después, el 16 de julio de 1930, Reyes recibió una carta de

Philippe Soupault, director literario de Éditions Kra, diciéndole que segura-

mente recibió el Panorama de la Litératture Hispanoaméricaine, por Dai-

raux y, por otra parte, le comentaba que para el año en curso querían editar

una nueva serie de Panoramas des Littératures Contemporaines. Y les sería

muy grato que pudiera firmar un contrato para el volumen Panorama de

la Littérarture Mexicaine-Antillaise.8 Esperaban su respuesta y ya le envia-

rían el contrato.

Días más tarde, Léon Pierre-Quint, de la misma casa editorial, le escribió

largamente, para decirle que sería para ellos un honor que aceptara definiti-

vamente el proyecto de un Panorama de la Littérature Mexicaine. Volu-

men en el cual podría incluir otro país fuera de los que estudió Daireaux ni

7 Monterrey. Correo literario de Alfonso Reyes, Río de Janeiro, número 1, junio de 1930, p. 3.8 Carta de Philippe Soupault a Alfonso Reyes. París, 16 de julio de 1930, en Archivo Particular de Alfonso Reyes. Capilla Alfonsina/Instituto Nacional de Bellas Artes. Expediente 1344.

americana”. E mais de um homem podia dizer que recebeu do México o “batismo continental” que merecia, não porque tivesse uma delegação especial ou prioridade, mas porque simplesmente o entu-siasmo pela Idéia Americana dava-se no México “em todo o seu vigor”.

Por outro lado, o escritor argentino-francês acreditava que nosso país não reconhecia “nenhu-ma contribuição estrangeira”, que se isolava e se concentrava somente em sua “original pureza” e nas tradições astecas e espanholas. Mas, quais eram as tradições astecas? Referia-se, por acaso, aos “monu-mentos arqueológicos?” “Porque daquela vetusta ci-vilização só herdamos as pedras”, respondeu Reyes, e acrescentava imediatamente para dizer que exage-rava com esta afirmação. O que queria dizer era que faltava o único que gerava tradições: a “representação moral do mundo”.

Reyes voltou ao projeto Panoramas. O México ficava fora “porque era materialmente impossível abarcá-lo nas dimensões de um volume, com o risco de tratar a vasta matéria de uma forma dema-siado sumária, que teria sido indigna” de seu nome.

Primer Baile del Carnaval de los Artistas. Río de Janeiro, Teatro João Caetano, 27 de enero de 1934.

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49tampoco Brasil ni Portugal, pues para estos dos países se estaba preparando

otro volumen.9

Justo en este verano, Mathilde Pomès, la querida y admirada traductora

de la obra de Reyes al francés, le escribía para recordarle el compromiso ad-

quirido con Paul Hazard, director de la Revue de littérature comparée,10 de

darle un manuscrito. Ella era la más interesada en este asunto, pues fue la que

le pidió a su maestro y amigo que al dedicar un número especial a la Amé-

rica Latina en la revista que dirigía, no olvidara a Reyes. Necesitaba pues su

colaboración, ya que la calificaba el editor la mejor de ese número especial.11

Petición a la que el mismo Hazard se sumó en estos días veraniegos.

El tiempo pasaba y al finalizar el año de 1930 sólo quedaba el siguiente

compromiso con Éditions Kra, hacer el volumen dedicado a la Literatura

Mexicana, de la América Central y de las Antillas, en colaboración con Pedro

Henríquez Ureña. Y la colaboración con Hazard quedaba pendiente. Meses

después, Pomès le sugirió a Reyes que iba a traducir su carta a Daireaux pu-

blicada en Monterrey para que figurara en la Revue de littérature comparée.

Reyes estaba sumamente “contento de figurar en el número, y más aún de

aparecer de la mano de Mathilde”.12 Como bien lo dijo Paulette Patout, Reyes

quería que esta carta no sólo la conocieran sus amigos, sino un público más

amplio, los que fueran a adquirir o se interesaran por el Littérature hispano-

américaine.13 ¿No sería ésta la razón para que no se hablara más de un Pano-

rama de la Literatura Mexicana, de la América Central y de las Antillas?

Cuando el primer número de Monterrey. Correo literario de Alfonso

Reyes iniciaba su viaje hacia varios puntos de dos continentes, en Argentina

aparecieron las colaboraciones de Ramón Doll, abogado de profesión, si-

tuado políticamente entre el socialismo y el anarquismo libertario, autor de

tres libros: Críticas y ensayos (1929), El caso Rodowitzky (1929) y Crítica

(1930). Era redactor de la revista socialista Claridad y colaborador del diario

La Vanguardia. Este oriundo de La Plata, escribió en Nosotros, “El intelec-

tual ante la realidad social Argentina”, junio de 1930; en La vida literaria,

“Patricios y plebeyos”, julio de ese mismo año; y concedió una entrevista en

La literatura argentina, igualmente en julio.

9 Carta de Léon Pierre-Quint a Alfonso Reyes. París, 7 de agosto de 1930, en Archivo Particular de Alfonso Reyes. Capilla Alfonsina/Instituto Nacional de Bellas Artes. Expediente 1344.10 Carta de Paul Hazard a Alfonso Reyes, París, 8 de marzo de 1930, en Archivo Particular de Alfonso Reyes. Capilla Alfonsina/Instituto Nacional de Bellas Artes. Expediente 1165.11 Carta de Mathilde Pomès a Reyes. París, 30 de enero de 1930; y, Mathilde Pomès a Alfonso Reyes, Paris, 30 de julio de 1930, en Archivo Particular de Alfonso Reyes. Capilla Alfonsina/Instituto Nacional de Bellas Artes. Expediente 2049. 12 Carta de Alfonso Reyes a Mathilde Pomès. Río de Janeiro, marzo 12 de 1932, en Archivo Particular de Alfonso Reyes. Capilla Alfonsina/Instituto Nacional de Bellas Artes. Expediente 2049.13 Paulette Patout, Alfonso Reyes y Francia, cit., p. 547.

Não lhe parecia? – perguntou Reyes. Então, por que chamou seu livro Littérature hispano-américaine em lugar de Littérature sudaméricaine como era mais apropriado? A exclusão do Brasil, “por respeito lingüístico”, teria sido compreendida, mas o Mé-xico, onde ficava? Onde iria colocá-lo? Onde? Se o mundo chamava os Estados Unidos de América do Norte e, agora também, Max Daireaux o excluía do orbe hispano-americano, onde ficaria o México?7 Pergunta sem resposta diante do inviolável silêncio do escritor argentino-francês.

Pouco tempo depois, em 16 de julho de 1930, Reyes recebeu uma carta de Philippe Soupault, diretor literário de Éditions Kra, dizendo-lhe que certamente havia recebido o Panorama da Littéra-ture Hispanoaméricaine, por Daireaux e, por outra parte, comentava que para o ano em curso queriam editar uma nova série de Panoramas des Littératures Contemporaines, e lhes seria muito grato que pudes-se assinar um contrato para o volume Panorama da Littérature Mexicaine-Antillaise.8 Esperavam sua res-posta e já lhe enviariam o contrato.

Alguns dias mais tarde, Léon Pierre-Quint, da mesma casa editorial, escreveu-lhe detalhadamente para dizer que seria para eles uma honra que aceitasse definitivamente o projeto de um Panorama de la Litté-rature Mexicaine, volume no qual poderia incluir ou-tro país que não fosse um dos que estudou Daireaux, nem tampouco o Brasil e Portugal, porque para estes dois países estava sendo preparado outro volume.9

Justamente neste verão, Mathilde Pomès, a querida e admirada tradutora da obra de Reyes ao francês, escrevia-lhe para recordar o compromisso adquirido com Paul Hazard, diretor da Revue de Littérature Comparée,10 de dar-lhe um manuscrito. Ela era a mais interessada neste assunto, pois foi quem pediu a seu mestre e amigo que, ao dedicar um número especial à América Latina na revista que dirigia, não esquecesse Reyes. Precisava, portanto, de

7 Monterrey. Correo literario de Alfonso Reyes, Rio de Janeiro, Núm., 1, junho de 1930, p. 3.8 Carta de Philippe Soupault a Alfonso Reyes. Paris, 16 de julho de 1930, em Arquivo Particular de Alfonso Reyes. Capilla Alfonsina/Instituto Nacional de Bellas Artes. Prontuário 1344.9 Carta de Léon Pierre-Quint a Alfonso Reyes. Paris, 7 de agosto de 1930, em Arquivo Particular de Alfonso Reyes. Capilla Alfonsina/Instituto Nacional de Bellas Artes. Prontuário 1344.10 Carta de Paul Hazard a Alfonso Reyes, Paris, 8 de março de 1930, em Arquivo Particular de Alfonso Reyes. Capilla Alfonsina/Instituto Nacional de Bellas Artes. Prontuário 1165.

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50 En su Diario, Reyes anotó que estaba “pergeñando respuesta a la polémi-

ca” que abrió Doll, sobre la idea de José Ortega y Gasset y suya, de que había

en Buenos Aires patricios y plebeyos pero, “en qué sentido”.14 Para dar esa

respuesta consiguió aquellas colaboraciones y la entrevista concedida, y en

cada una de ellas puso sus líneas a raya. Las primeras fueron cuando el abo-

gado socialista preguntaba: “¿Qué es lo que le pasa al intelectual argentino

que no ve claro, no quiere ver claro en este momento de transición del país,

en que la masa migratoria está ocupando los últimos reductos de la política

y todos los instrumentos culturales argentinos?” Y esta idea la reiteraba más

adelante señalando que los intelectuales de su país no podían, ni querían ni

les interesaba ni les convenía comprender que en Argentina se estaba produ-

ciendo “un enorme hiatus entre las nuevas formas de la sociedad nacional y

la de hace un cuarto de siglo”.

Hay otras partes del artículo de Doll no subrayadas por Reyes que son

interesantes. En una de ellas señalaba que en manos de qué “abyectos dema-

gogos, de qué hábiles camanduleros electorales” estaba cayendo Argentina,

pues había hombres que tenían una “visión general inteligente del país”, pero

que sólo sabían “abominar, irritarse o reírse de él, pintándolo como perdido

o enajenado”. Si la inteligencia argentina empezaba por “despreciar al país”,

¿qué podía esperar éste de aquélla? “Ayer era Loncán quien hablaba del ar-

quetipo porteño encarnado en Mansila; otro día es Cancela que descubre el

helenismo en la Pampa; después Ortega y Gasset y Reyes quienes encuen-

tran en Buenos Aires, patricios y plebeyos”, frase que puso en guardia al en-

tonces embajador de México en Brasil.15

Fue en La vida literaria en donde Doll encaró las opiniones dichas

por Reyes y Ortega y Gasset sobre “las luchas seculares de patricios

y plebeyos” en su tierra. Según su entender Reyes creía que en su país

había un “duelo entre los patricios y el pueblo de procedencia extranjera”

y también que la clase patricia era la que mantenía “las normas y los

símbolos de la nacionalidad” argentina. En tanto que el filósofo español

pensaba que había “un núcleo perfectamente nacionalizado y en torno de

él una periferia de la reciente emigración”. Por lo que a partir de ahí, Doll

escribió:

En síntesis, digamos que para ambos observadores, habría aquí un pa-triciado criollo, un núcleo de ‘gens’ descendientes de los fundadores de la nacionalidad; y ese núcleo, esas ‘gens’, formarían cuadros inaccesibles

14 Alfonso Reyes, Diario. 1911-1930, prólogo de Alicia Reyes, nota del Dr. Alfonso Reyes Mota, Guanajuato, Universidad de Guanajuato, 1969, p. 322.15 El artículo de Doll, “El intelectual ante la realidad social argentina” se puede consultar en el expediente 718. Archivo Particular de Alfonso Reyes. Capilla Alfonsina/Instituto Nacional de Bellas Artes.

Estos grabados de Marguerite Barciano sirvieron para ilustrar Minuta. Juego poético, 1935. Capilla Alfonsina-INBA

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La verdad es que en Río y sus alrededores no tuve el

desagrado de encontrarme con muchas tarántulas.

Eran el miedo y la obsesión de mi infancia en aquellas

mis montañas del Norte, donde las tempestades las

hacían brotar de sus escondrijos. Yo creía oírlas piar

y me parecía que tenían los ojos luminosos; gordas

arañas de pelo en pecho, “arañas pollitos”, que dice

la gente; las patas siempre contraídas como para

saltarnos encima –y esa cara de niños impertinentes

que nos espían con extraña fijeza.

Alfonso Reyes, Notas varias

al elemento inmigrado extranjero, especie de ‘peregrini’ que serían las clases plebeyas argentinas.

Doll siguió soltando la pluma y concluyó que esas ideas eran caprichosas

y superficiales. Sin embargo, ¿qué era lo que en realidad habían querido

decir estos dos escritores? Nada nuevo, respondió el redactor de Claridad.

Repetían la vieja lección de la tradición intelectual argentina que no

correspondía “al pensamiento popular, al sentimiento y el instinto, la voluntad

y el subconsciente” que anidaba la masa, ayer “gaucha” y ahora “inmigratoria”.

Esa tradición intelectual no hacía otra cosa que falsificar grotescamente la

historia de Argentina. Y ahora el mexicano y el español dibujaban un país

en el papel que no tenía “nada que ver con la auténtica” Argentina. Escritores

que frecuentaban la alta sociedad en donde ciertamente había “algunos

símbolos, normas del patriciado criollo”, pero no el alma argentina.16

En la entrevista que Doll concedió a La literatura argentina hay que

destacar estas declaraciones:

Nuestra generación es la primera en la historia argentina que ha hecho un esfuerzo americano y nacionalista por definirse y encontrarse. Esa es su vo-cación. Está constituida en su mayor parte la primera hornada de hijos de in-migrantes que ha llegado o está llegando a la seria edad de los 30 ó 35 años.

16 El artículo de Doll, “Patricios y plebeyos” se puede consultar en el expediente 718. Archivo Particular de Alfonso Reyes. Capilla Alfonsina/Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura.

sua colaboração, que já era considerada pelo editor como a melhor desse número especial.11 Petição a que o mesmo Hazard se somou nestes dias de verão.

O tempo passava e, ao finalizar o ano de 1930, só restava o seguinte compromisso com a Éditions Kra, de fazer o volume dedicado à Literatura Me-xicana, da América Central e das Antilhas, em co-laboração com Pedro Henríquez Ureña, sendo que a colaboração com Hazard continuaria pendente. Alguns meses depois, Pomès sugeriu a Reyes que poderia traduzir sua carta a Daireaux, publicada em Monterrey, para que figurasse na Revue de Littérature Comparée. Reyes estava sumamente “contente de estar incluído no número e, ainda mais, de aparecer junto com Mathilde”.12 Como bem disse Paulette Patout, Reyes queria que esta carta não somente fosse conhecida pelos seus amigos, como também por um público mais amplo, o que fosse adquirir ou se interessasse pelo livro Littérature hispano-améri-caine.13 Esta não seria a razão para que não se falasse mais de um Panorama da Literatura Mexicana, da América Central e das Antilhas?

Quando o primeiro número de Monterrey. Cor-reo literario de Alfonso Reyes iniciava sua viagem a vários pontos de dois continentes, na Argentina apareceram as colaborações de Ramón Doll, ad-vogado de profissão, situado politicamente entre o socialismo e o anarquismo libertário, autor de três livros: Críticas y ensayos (1929), El caso Rodowitzky (1929) e Crítica (1930). Era redator da revista socia-lista Claridad e colaborador do diário La Vanguar-dia. Este oriundo de La Plata escreveu em Nosotros, “El intelectual ante la realidad social argentina”, em junho de 1930; em La vida literaria, “Patricios y plebeyos”, julho desse mesmo ano; além de ter con-cedido uma entrevista em La literatura argentina, igualmente em julho.

Em seu Diario, Reyes anotou que estava “esbo-çando uma resposta à polêmica” que abriu Doll, sobre a idéia de José Ortega y Gasset e sua, de que havia em Buenos Aires patrícios e plebeus, mas “em

11 Carta de Mathilde Pomès a Reyes. Paris, 30 de janeiro de 1930; e Mathilde Pomès a Alfonso Reyes, Paris, 30 de julho de 1930, em Arquivo Particular de Alfonso Reyes. Capilla Alfonsina/Instituto Nacional de Bellas Artes. Prontuário 2049. 12 Carta de Alfonso Reyes a Mathilde Pomès. Rio de Janeiro, 12 de março de 1932, em Arquivo Particular de Alfonso Reyes. Capilla Alfonsina/Instituto Nacional de Bellas Artes. Prontuário 2049.13 Paulette Patout, Alfonso Reyes y Francia, op. cit., p. 547.

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Y sin embargo quién sabe qué fatalidad quería que la Argentina se formara

“sin la colaboración de la inteligencia, de la idea”. Pues reconocía que la his-

toria de esa inteligencia era la historia de la “abdicación, del ausentismo, del

egoísmo y del anti-argentinismo”. El país evolucionaba, las masas de inmi-

grantes suplantaban a “la población nativa” y transformaban la Pampa. La

inteligencia argentina daba la “espalda a la realidad y al pueblo, a la tierra y a

la Nación”. Además, había mucha gente que pensaba que Argentina era una

idea que se estaba realizando, que era un logos. Entre ellos estaba Reyes que

quería decirlo “¡todavía! en un libro”; y, él y Ortega y Gasset descubrieron

“que aquí, como en la primera Roma” había patricios y plebeyos.17

La respuesta de Reyes se encuentra en el rehecho número dos de su Correo.18

Desde su Monterrey le dijo al periodista argentino que recogía “con deferencia

sus objeciones” a un artículo suyo publicado en Nosotros, “Palabras sobre la

17 Roberto Doll. Expediente 718, en Archivo Particular de Alfonso Reyes. Capilla Alfonsina/Instituto Nacional de Bellas Artes. 18 El anterior Monterrey lo quemó por los numerosos errores contenidos y que en gran parte se debieron a las imprentas brasileñas (Alfonso Reyes, Diario. 1911-1930, cit., p. 323).

Amigos de Alfonso Reyes hijo en Brasil. Photogr aphia Plus Ultr a.

que sentido”.14 Para dar essa resposta, conseguiu aquelas colaborações e a entrevista concedida, e em cada uma delas colocou suas linhas dentro dos justos limites. As primeiras foram quando o advo-gado socialista perguntava: “O que acontece com o intelectual argentino que não vê claro, não quer ver claro neste momento de transição do país, em que a massa migratória está ocupando os últimos redutos da política e todos os instrumentos culturais argen-tinos?” E esta idéia a repetia mais adiante, afirman-do que os intelectuais de seu país não podiam, nem queriam, nem lhes interessava, nem lhes convinha compreender que na Argentina estava sendo pro-duzido “um enorme hiatus entre as novas formas da sociedade nacional e a de 25 anos atrás”.

Há outras partes do artigo de Doll, não subli-nhadas por Reyes, que são interessantes. Em uma delas, assinalava em mãos de que “abjetos demago-gos, de que hábeis hipócritas eleitorais” estava cain-do a Argentina, porque havia homens que tinham uma “visão geral inteligente do país”, mas que só sabiam “abominar, irritar-se ou rir-se dele”, pintan-do-o como perdido ou alienado”. Se a inteligência argentina começava por “desprezar o país”, o que este poderia esperar dela? “Ontem era Loncán que falava do arquétipo portenho encarnado em Man-sila; outro dia é Cancela que descobre o helenismo nos Pampas; depois Ortega y Gasset e Reyes que encontram patrícios e plebeus em Buenos Aires”, frase que alertou o então embaixador do México no Brasil.15

Foi em La vida literaria que Doll encarou as opi-niões emitidas por Reyes e Ortega y Gasset sobre “as lutas seculares de patrícios e plebeus” em sua terra. Segundo seu modo de entender, Reyes acre-ditava que – em seu país – havia um “duelo entre os patrícios e o povo de procedência estrangeira” e também que a classe patrícia era a que mantinha “as normas e os símbolos da nacionalidade” argentina. Por outro lado, o filósofo espanhol pensava que ha-via “um núcleo perfeitamente nacionalizado e, em torno dele, uma periferia composta pela recente imigração”. Por isso, a partir daí, Doll escreveu:

14 Alfonso Reyes, Diario. 1911-1930, prólogo de Alicia Reyes, nota do Dr. Alfonso Reyes Mota, Guanajuato, Universidade de Guanajuato, 1969, p. 322.15 O artigo de Doll, “El intelectual ante la realidad social argentina”, pode ser consultado no prontuário 718. Arquivo Particular de Alfonso Reyes. Capilla Alfonsina/Instituto Nacional de Bellas Artes.

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nación argentina”.19 Pero en realidad lo que hacía era apoyarse en él “como en un

pretexto para lanzarse a la exposición de nuevos puntos de vista”. En cuanto a

que “¡todavía!” preparaba un “libro para repetir por extenso” sus “errores” le dijo

que se tranquilizara, que eso no lo había ofrecido. En cuanto a lo de patricios

y plebeyos, era una metáfora. Roma quería decir Estado; patricios, pueblo;

plebeyos, palabra que nunca mencionó, era la periferia. Nada más.

Con respecto a que la clase privilegiada conservaba “algunas caracterís-

ticas de tradición” y que entre esta clase y la otra había un duelo, Doll mismo

lo demostraba “con el ejemplo, hasta por la virulencia de sus ataques contra

los privilegiados”. Que estos privilegiados los engañaron, a Ortega y a Re-

yes, haciéndoles creer que eran “verdaderos aristócratas” siendo “unos co-

merciantes y trabajadores que por la noche” se vestían de frac y “en horas

de ocio” gastaban “el remanente del porteñismo suspirando por Europa”, le

respondió Reyes: que no debía suponerlo ni por un instante. Su experiencia

en la vida argentina fue “un poco más ecléctica” de lo que podía sospechar. Y

sus amigos podrían decírselo.

19 Vale la pena citar estos dos fragmentos de “Palabras sobre la nación argentina”: “He pensado que las impresiones de un extranjero (que no lo es tanto) sobre ciertos rasgos fundamentales de la nación argentina podrían ofrecer, cuando menos, alguna curiosidad. Los escritores de España han confesado que la visión extranjera de Théophile Gautier les ayudó a abrir los ojos sobre los aspectos y perfiles de su propio paisaje. Y Gautier era mucho más extranjero para España de lo que este mexicano pueda serlo para la Argentina. El nuevo escorzo, la desviación que produce el mirar las cosas viniendo de otra parte, ayuda a rodearlas y abarcarlas mejor. Aunque yo no quiera, aunque suprima un término de la comparación, mis impresiones sobre la Argentina tienen que fundarse en un trabajo comparativo de la mente. De aquí, creo yo, todo el valor de tales impresiones, si alguno tienen. En nuestro caso, la comparación posee un interés singular, porque no se establece entre dos países cualesquiera de nuestra raza, sino entre México y la Argentina, los dos países polos, los dos extremos representativos de los dos fundamentales modos de ser que encontramos en Hispanoamérica. Y definir un fenómeno por sus extremos es la manera de abreviar” (Alfonso Reyes, selección y prólogo de Alberto Enríquez Perea, México, Ediciones Cal y Arena, 2007, p. 200. [Los Imprescindibles]).

Em síntese, digamos que para ambos os obser-vadores, haveria aqui um patriciado crioulo, um núcleo de ‘genes’ descendentes dos fundadores da nacionalidade; e esse núcleo, esses ‘genes’, formariam quadros inacessíveis ao elemento imigrado estrangeiro, espécie de ‘peregrini’ que seriam as classes plebéias argentinas.

Doll continuou dando rédeas à pena e concluiu que essas idéias eram caprichosas e superficiais. No entanto, o que – na verdade – estes dois escritores tinham querido dizer? Nada de novo, respondeu o redator de Claridad. Repetiam a velha lição da tra-dição intelectual argentina que não correspondia “ao pensamento popular, ao sentimento e ao ins-tinto, à vontade e ao subconsciente” que habitava a massa, ontem “gaucha” e agora “imigratória”. Essa tradição intelectual não fazia outra coisa que falsifi-car grotescamente a história da Argentina. E agora o mexicano e o espanhol desenhavam um país no papel, que não tinha “nada a ver com a autêntica” Argentina. Escritores que freqüentavam a alta so-ciedade em que, com certeza, havia “alguns símbo-los, normas do patriciado crioulo”, mas não a alma argentina.16

Na entrevista que Doll concedeu a La literatura argentina é preciso destacar estas declarações:

Nossa geração é a primeira na história argenti-na que fez um esforço americano e nacionalista por definir-se e encontrar-se. Essa é sua vocação. Está constituída, em maior parte, pela primeira fornada de filhos de imigrantes que chegaram ou estão chegando à séria idade de 30 ou 35 anos.

Entretanto, quem sabe que fatalidade queria que a Argentina se formasse “sem a colaboração da inte-ligência, da idéia”, porque reconhecia que a história dessa inteligência era a história da “abdicação, do absentismo, do egoísmo e do antiargentinismo”. O país evoluía, as massas de imigrantes suplantavam “a população nativa” e transformavam o Pampa. A inteligência argentina dava as “costas à realidade e ao povo, à terra e à Nação”. Além disso, havia muita gente que pensava que a Argentina era uma idéia que se estava realizando, que era um logos. Entre eles estava Reyes, que queria dizê-lo “ainda em um livro!”; e, ele e Ortega y Gasset descobri-

16 O artigo de Doll, “Patricios y plebeyos”, pode ser consultado no prontuário 718. Arquivo Particular de Alfonso Reyes. Capilla Alfonsina/Instituto Nacional de Belas Artes y Literatura.

Reunión del cuerpo diplomático con el presidente Getúlio Vargas. Río de Janeiro, Palacio de Guanabara, 28 de julio de 1936.

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54 Y que Ortega trajera “en los ojos la visión de su aristocracia española” y la

de él la aristocracia hispanoamericana, podía ser cierto. “Pero precisamente

ese módulo de comparación” les sirvió “para apreciar el contraste, y no para

inventar semejanzas que no existen”. Ni en España ni en México se daba el

“fenómeno típica y agudamente aristocrático” que se daba en Argentina.

Aquí [dijo Reyes en su respuesta a Doll] el núcleo ejerce una verdadera fascinación sobre la periferia, a través precisamente de ese conjunto de ideales, hábitos, maneras de ser y de obrar, trajes y ademanes que se llama la mundanidad. Hasta el trabajo intelectual y artístico, una vez aceptado como uno de los caminos de acceso a la mundanidad, se ha visto, por eso, desarrollado en términos de verdadera superproducción, de oferta mayor que la demanda, como lo saben bien todos los editores, libreros y críticos argentinos. Que el núcleo no esté formado por aristócratas verdaderos, no es obstáculo para que ejerza verdaderas funciones de aristocracia. ¡Al con-trario!

Y si en el duelo entre clases Doll tomaba partido “por la periferia contra el

núcleo”, como lo hizo, confirmaba la verdad del fenómeno. Y ésta no era la

razón para que atacara “una definición objetiva de un estado de cosas” que

estaba “lejos de recomendar como el mejor”. Y repetía lo que había dicho:

que la supremacía del núcleo era un “milagro cívico”, el cual, “si la clase

privilegiada diera en abandonarse, no podría mantenerse ya por muchos

años”. Antes escribió las siguientes palabras que debieron merecer toda su

simpatía:

Creo honradamente que todavía a orillas del Plata tiene que liquidarse la cuenta histórica que ya conocemos por el ejemplo de Roma: el duelo entre los patricios y el pueblo de procedencia extranjera, que acaso acabe por dar otro carácter inesperado a la nacionalidad del Sur.20

Asimismo, le decía Reyes a Doll, había partes en sus artículos en donde lo

mezclaba en una guerra que no era suya, sino de él, contra los intelectuales

que creían que Argentina era una idea y se desesperaba con la intelectualidad

que le había precedido por europeizante y descastada. “¡Sin pensar que esta

generación ha debido trabajar con los instrumentos de la cultura europea,

únicos que hasta ahora se encuentran en plaza, aun para atacar a la misma Eu-

ropa, y para penetrar en los misterios de la India!”, le revira Reyes y aun le dice

que si no había pensado que sin esa generación de “europeizadores de Amé-

rica, nunca se hubiera obtenido la cosecha de los actuales americanizadores

20 Monterrey. Correo literario de Alfonso Reyes, Río de Janeiro, número 2, agosto de 1930, p. 4.

ram “que aqui, como na primeira Roma” havia pa-trícios e plebeus.17

A resposta de Reyes se encontra no refeito nú-mero dois de seu Correo.18 Em Monterrey, afirmou ao jornalista argentino que recolhia “com deferência suas objeções” a um artigo seu, publicado em No-sotros, “Palabras sobre la nación argentina”;19 mas, na verdade, o que fazia era apoiar-se nele “como um pretexto para lançar-se à exposição de novos pontos de vista”. Quanto a que “ainda!” preparava um “livro para repetir por extenso” seus “erros”, disse-lhe que se tranqüilizasse, que não havia oferecido isso. No que se refere a “patrícios e plebeus”, era uma metá-fora. Roma queria dizer Estado; patrícios, povo; ple-beus, palavra que nunca mencionou, era a periferia. Somente isso.

A respeito de que a classe privilegiada conserva-va “algumas características de tradição” e que entre esta classe e a outra havia um duelo, o próprio Doll o demonstrava “com o exemplo, até pela virulência de seus ataques contra os privilegiados”. Que estes pri-vilegiados enganaram Ortega e Reyes, fazendo-os acreditar que eram “verdadeiros aristocratas”, sendo “uns comerciantes e trabalhadores que – de noite – se vestiam de fraque e em horas de ócio” gastavam

17 Roberto Doll. Prontuário 718, em Arquivo Particular de Alfonso Reyes. Capilla Alfonsina/Instituto Nacional de Bellas Artes.18 Reyes queimou o anterior Monterrey pelos numerosos erros contidos, os quais, em grande parte, se deveram às gráficas brasileiras (Alfonso Reyes, Diario. 1911-1930, op. cit., p. 323).19 Vale a pena citar estes dois fragmentos de “Palabras sobre la nación argentina”: “Tenho pensado que as impressões de um estrangeiro (que não é tanto) sobre certas características fundamentais da nação argentina poderiam oferecer, pelo menos, alguma curiosidade. Os escritores da Espanha confessaram que a visão estrangeira de Théophile Gautier ajudou-os a abrir os olhos sobre os aspectos e perfis de sua própria paisagem. E Gautier era muito mais estrangeiro para a Espanha do que este mexicano poderia sê-lo para a Argentina. O novo escorço, o desvio produzido por olhar as coisas vindo de outra parte, ajuda a rodeá-las e abarcá-las melhor. Embora eu não queira, embora suprima um termo da comparação, minhas impressões sobre a Argentina têm que estar fundamentadas em um trabalho comparativo da mente. Aqui está, creio eu, todo o valor destas impressões, se algum valor tiverem. Em nosso caso, a comparação possui um interesse singular, porque não se estabelece entre dois países quaisquer de nossa raça, mas entre o México e a Argentina, os dois países pólos, os dois extremos representativos dos dois fundamentais modos de ser que encontramos na América Hispânica. E definir um fenômeno por seus extremos é a maneira de abreviar” (Alfonso Reyes, seleção e prólogo de Alberto Enríquez Perea, México, Ediciones Cal y Arena, 2007, p. 200. [Los Imprescindibles]).

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de América” o que aspiraban a serlo. “Las culturas no se improvisan: quieren

tiempo y abono, como toda semilla para llegar a fruto”, le recordó Reyes.

Para terminar, Reyes dijo: pertenecía a “un pueblo entregado con singu-

lar y visible esfuerzo a la renovación de sus módulos de vida y a la busca de su

sentido autóctono o, por lo menos, autonómico”, que le era muy grato “tener

que hacer la investigación” por su cuenta y “muy placentero saber” que ha-

bía de llevar “su existencia ese hermoso afán. Es bueno merecer las patrias,

ganarlas, conquistarlas. Vamos, señor y amigo: felicitémonos de que no se

haya inventado hasta hoy un comprimido Bayer que nos permita ingerir, de

un trago, toda la conciencia nacional. Usted me entenderá. Usted que parece

amar, muy de veras, y hasta rabiosamente, a su tierra argentina”.21

En el mismo número y en la misma sección citada también apareció la

carta de Alfonso Reyes a Waldo Frank. Estaba sumamente conmovido.

No hacía mucho tiempo recibió el Primer mensaje a la América Hispá-

nica, edición de la Revista de Occidente, que lleva al frente la siguiente

dedicatoria:

A mi primer amigo de Hispano AméricaAlfonso Reyes,que llevó mi primer mensaje a mis hermanosde Hispano América–un mensaje inspirado por él– en 1924,dedico este libro con fraternal cariño.22

21 Monterrey. Correo literario de Alfonso Reyes, Río de Janeiro, número 2, agosto de 1930, p. 8. 22 Waldo Frank, Primer mensaje a la América Hispana, Revista de Occidente [1930]

Dibujo de Cândido Portinari dedicado a Alfonso Reyes, 1932. Capilla Alfonsina-INBA

o “remanescente do portenhismo, suspirando pela Europa”, lhe respondeu Reyes que não devia supô-lo nem por um instante. Sua experiência na vida ar-gentina foi “um pouco mais eclética” do que podia suspeitar, e seus amigos poderiam comprová-lo.

Que Ortega trouxesse “nos olhos a visão de sua aristocracia espanhola” e a dele a aristocracia hispa-no-americana podia ser certo. “Mas, precisamente, esse módulo de comparação” lhes serviu “para apre-ciar o contraste e não para inventar semelhanças que não existem”. Nem na Espanha, nem no Méxi-co se dava o “fenômeno típica e agudamente aristo-crático” que se dava na Argentina.

Aqui [disse Reyes em sua resposta a Doll] o nú-cleo exerce uma verdadeira fascinação sobre a periferia, através precisamente desse conjunto de ideais, hábitos, maneiras de ser e de agir, trajes e ademanes que se chama mundanidade. Inclusive o trabalho intelectual e artístico, uma vez aceito como um dos caminhos de acesso à mundanida-de, tem-se desenvolvido, por isso, em termos de verdadeira superprodução, de oferta maior do que a demanda, como bem sabem todos os edi-tores, livreiros e críticos argentinos. Que o núcleo não esteja formado por aristocratas verdadeiros não é obstáculo para que exerça verdadeiras fun-ções de aristocracia. Muito pelo contrário!

Se no duelo entre classes, Doll tomava partido “pela periferia contra o núcleo”, como o fez, confirmava a verdade do fenômeno; e esta não era a razão para que atacasse “uma definição objetiva de um estado de coisas” que estava “longe de recomendar como o me-lhor”. E repetia o que havia dito: que a supremacia do núcleo era um “milagre cívico”, o qual, “se a classe pri-vilegiada se abandonasse, não poderia se manter por muitos anos mais”. Antes escreveu as seguintes pala-vras que com certeza mereceram toda sua simpatia:

Creio honradamente que ainda nas margens do Plata tem que ser liquidada a conta histórica que já conhecemos pelo exemplo de Roma: o duelo entre os patrícios e o povo de procedência es-trangeira, que acaso acabe por dar outro caráter inesperado à nacionalidade do Sul. 20

Também, dizia Reyes a Doll, havia partes em seus artigos em que o envolvia em uma guerra que não era a sua, mas a dele, contra os intelectuais que

20 Monterrey. Correo literario de Alfonso Reyes, Rio de Janeiro, número 2, agosto de 1930, p. 4.

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En esta carta quería recordar su “afortunado encuentro” con él en Madrid,

que contribuyó a convencerlo de que “su sueño de una más vasta América

era una intuición de realidad”.

Reyes sentía que las juventudes americanas estaban conformes en reco-

nocer que los viajes de Frank por Sudamérica y las conferencias que aho-

ra reunía en este volumen eran el “paso efectivo hacia la realización de esa

América potencial”, en la que esperaba que “la raza de hombres” gozaría “ín-

tegramente y por igual la misma luz de alegría y de belleza”. Frank creía que

América era “el terreno más propicio históricamente para heredar y fundir

acreditavam que a Argentina era uma idéia e se desesperava com a intelectualidade que o havia precedido, por ser europeizante e desnaturada. “Sem pensar que esta geração teve de trabalhar com os instrumentos da cultura européia, únicos que até agora se encontram na praça, até mesmo para atacar a própria Europa e para penetrar nos mistérios da Índia!”, e Reyes ainda lhe contesta se não tinha pensado que, sem essa geração de “europeizadores da América, nunca se teria obtido a colheita dos atuais americanizadores da América” ou que aspiravam a sê-lo. “As culturas não se improvisam: querem tempo e adubo, como toda semente para chegar a ser fruto”, recordou-lhe Reyes.

Para terminar, Reyes disse: pertencia a “um povo entregue, com singular e visível esforço, à renovação de seus módulos de vida e à busca de seu sentido autóctone ou, pelo menos, autonômico”, que lhe era muito grato “ter que fazer a pesquisa” por sua conta e “muito prazenteiro saber” que havia de levar “sua existência esse formoso afã”. É bom merecer as pátrias, ganhá-las, conquistá-las. Vamos, senhor e amigo: parabenizemo-nos de que não tenha sido inventado até hoje um comprimido Bayer que nos permita ingerir, de uma só vez, toda a consciência nacional. O senhor me entenderá. “O senhor que parece amar de verdade, e até mesmo raivosamente, a sua terra argentina”.21

No mesmo número, e na mesma seção citada, também apareceu a carta de Alfonso Reyes a Waldo Frank. Estava sumamente comovido. Não fazia mui-to tempo que havia recebido o livro Primer mensaje a la América Hispánica, edição da Revista de Occiden-te, que leva à frente a seguinte dedicatória:

Ao meu primeiro amigo da Hispano AméricaAlfonso Reyes,que levou minha primeira mensagem ameus irmãos da Hispano América–uma mensagem inspirada por ele– em 1924,dedico este livro com fraternal carinho.22

Nesta carta queria lembrar seu “afortunado encon-tro” com ele, em Madri, que contribuiu a convencê-lo de que “seu sonho de uma mais vasta América era uma intuição de realidade”.

Reyes sentia que as juventudes americanas es-

21 Monterrey. Correo literario de Alfonso Reyes, Rio de Janeiro, número 2, agosto de 1930, p. 8. 22 Waldo Frank, Primer mensaje a la América Hispana, Revista de Occidente [1930]

Alfonso Reyes en El Colegio de México, 1951. Helen J. Pierce.

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57todas las culturas anteriores, con un sentido de universalidad que hasta hoy

ninguna” había alcanzado. Y si nunca había de llegar esa hora no era menos

cierto “que en procurarla y solicitarla” estaba “nuestra única norma evidente

de conducta”.

Éste era el mejor momento para hacer una vez más una declaración ame-

ricana. Por ello, Reyes expuso:

No creemos que América sea un acaso de la Geografía. Estudiando los orígenes del descubrimiento, encontramos que América fue un presagio, casi una invención o una necesidad de las almas, antes de ser la zona de arribada forzosa para unos navegantes aventureros. Contemplando después la efervescencia mental que el descubrimiento produjo, nos damos cuenta de que, en su sed de felicidad, los hombres convirtieron al instante el Nuevo Mundo en campo de elección para ensayar una vida más llevadera, una república más justa, una utopía. No importa que la idea

vacile como una llama en el viento: conservarla es nuestro cometido.23

Reyes era un historiador nato. Sabía de la importancia de la historia y le gus-

taba hacer su propia historia intelectual. Por esto no fue ninguna casualidad

que insertara en el citado número dos de Monterrey, las palabras de saludo

a Waldo Frank, escritas a bordo del Voltaire, el 22 de septiembre de 1929,

cuando el escritor estadounidense salía de Uruguay a Buenos Aires. Saludo

que contiene el “compendio” de su amistad, en cuatro actos, sucedidos en

cuatro ciudades distintas.

Fue en Madrid, entre 1923 y 1924, el primer encuentro. Frank estaba re-

cogiendo impresiones y documentos para su libro España virgen.24 Traía

una carta del pintor mexicano Ángel Zárraga. De este encuentro salió “un

mensaje a los escritores de México”. El segundo se efectuó en Nueva York.

El tercero en París, donde los dos sintieron que su amistad había “madurado

rápidamente” y fraguaron “algunos planes encaminados al mejor conoci-

miento mutuo entre las literaturas de las dos Américas”.

Pero he aquí lo que hace el destino. Cuando se encontraron por primera vez,

“estaba por salir de España”. La segunda, “iba de paso para Europa”. La tercera,

estaba “a punto de regresar de París a México”. Siempre habían hablado “casi

entre maletas, en esos instantes del viaje en que toda conversación se parece

tanto a un testamento, a una última voluntad”. Acaso por eso se apresuraban

a decirlo todo, de una vez, pues los acercaban los “viejos ideales de cordialidad

23 Monterrey. Correo literario de Alfonso Reyes, Río de Janeiro, número 2, agosto de 1930, p. 2.24 Véase las líneas que escribió Frank sobre su amistad con Reyes, en Memoirs of Waldo Frank , editado por Alan Trachtenberg, introducción de Lewis Mumford, The University of Massachusetts Press, 1973, p. 122.

tavam de acordo em reconhecer que as viagens de Frank pela América do Sul e as conferências que agora reunia neste volume eram a “passagem efetiva para a realização dessa América potencial”, em que esperava que “a raça de homens” gozaria “integra-mente e por igual a mesma luz de alegria e de be-leza”. Frank acreditava que a América era “o terreno mais propício historicamente para herdar e fundir todas as culturas anteriores, com um sentido de universalidade que até hoje nenhuma” havia alcan-çado. E, se nunca havia de chegar essa hora, não era menos certo que “em procurá-la e solicitá-la” estava “nossa única norma evidente de conduta”.

Este era o melhor momento para fazer, uma vez mais, uma declaração americana. Por este motivo, Reyes expôs:

Não acreditamos que a América seja um acaso da Geografia. Estudando as origens do descobri-mento, encontramos que a América foi um pres-ságio, quase uma invenção ou uma necessidade das almas, antes de ser a zona de chegada forçosa para uns navegantes aventureiros. Contemplan-do depois a efervescência mental que o desco-brimento produziu, nos damos conta de que, em sua sede de felicidade, os homens transformaram num instante o Novo Mundo em campo de elei-ção para ensaiar uma vida mais tolerável, uma república mais justa, uma utopia. Não importa que a idéia vacile como uma chama ao vento: conservá-la é nosso dever.23

Reyes era um historiador nato. Sabia da importância da história e gostava de fazer sua própria história intelectu-al. Por isso, não foi nenhuma casualidade que inserisse, no citado número dois de Monterrey, as palavras de saudação a Waldo Frank, escritas a bordo do Voltaire, em 22 de setembro de 1929, quando o escritor estadu-nidense saía do Uruguai para Buenos Aires. Essa sauda-ção contém o “compêndio” de sua amizade, em quatro atos, que aconteceram em quatro cidades distintas.

Foi em Madri, entre 1923 e 1924, o primeiro en-contro. Frank estava recolhendo “impressões e docu-mentos para seu livro sobre Espanha virgem”.24 Trazia uma carta do pintor mexicano Ángel Zárraga. Deste encontro saiu “uma mensagem aos escritores do Mé-xico”. O segundo, deu-se em Nova York. O terceiro,

23 Monterrey. Correo literario de Alfonso Reyes, Rio de Janeiro, número 2, agosto de 1930, p. 2.24 Ver as linhas escritas por Frank sobre sua amizade com Reyes, em Memoirs of Waldo Frank, editado por Alan Trachtenberg, introdução de Lewis Mumford, The University of Massachusetts Press, 1973, p. 122.

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humana y la fe en el sentido propio de América”. Los acercaba “esa misteriosa

implantación en la misma cifra del tiempo, superstición” que siempre había

hecho caso: los dos eran del 89. Cedía ahora la “palabra a los astrólogos”.

El cuarto contacto fue en Buenos Aires. En donde hacía “palpable

la posibilidad de una inteligencia americana, mucho más allá de todas

las ramplonerías de la política”. Precisaba “un poco los contornos de esa

inquietud que todos sentimos por hacer de nuestra América algo que debe

ser y que todavía no es: Cofradía del Deber Americano. Abrir la esperanza”,

eso era lo que hacía Frank.25

Reyes volvió a los mensajes de Frank. El primero fue “una declaración de

propósitos, una orientación de esperanzas”. Era el ofrecimiento de acercarse a

América. El segundo, era la obra que preparaba con la experiencia de sus viajes

y que contendría su interpretación y hasta su “objeción ante las respuestas

que nuestra América te haya ido proponiendo”. Mas, “¡Atención, Waldo, que

entre el desconcierto de doctrinas y dogmas que andan tronando por el cielo

de América” había “lugar para todo lo bueno y lo malo!” Sabía “que entre la

agitación del alumbramiento, nuestras juventudes” se apresuraban “muy

25 Monterrey. Correo literario de Alfonso Reyes, Río de Janeiro, número 2, agosto de1930, p. 2.

em Paris, onde os dois sentiram que sua amizade tinha “amadurecido rapidamente” e idealizaram “al-guns planos encaminhados ao melhor conhecimento mútuo entre as literaturas das duas Américas”.

Mas, eis o que faz o destino. Quando se encon-traram pela primeira vez, “estava saindo da Espanha”. A segunda, “de passagem para a Europa”. A terceira, estava “a ponto de regressar de Paris ao México”. Sempre tinham falado “quase entre malas, nesses instantes da viagem em que toda conversação se parece tanto com um testamento, com uma última vontade”. Talvez por isso, tinham pressa em dizer tudo, de uma vez, pois os aproximavam os “velhos ideais de cordialidade humana e a fé no sentido pró-prio da América”. Aproximava-os “essa misteriosa implantação na mesma cifra do tempo, superstição” que sempre tinha considerado: os dois eram de 89. Cedia, agora, a “palavra aos astrólogos”.

O quarto contato foi em Buenos Aires, onde se fazia “palpável a possibilidade de uma inteligência americana, muito além de todas as vulgaridades da política”. Especificava “um pouco os contornos dessa inquietação que todos sentimos por fazer de nossa América algo que deve ser e que ainda não é:

Río de Janeiro, 1º de enero de 1931.

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59desordenadamente hacia el bien, y más de una vez” hacían “alardes de rudeza,

de violencia, de auto-negación si vale decirlo”. Esto lo sabía mejor que nadie y

“la historia de tu periplo hispanoamericano” sería “tal vez la historia de una fe

que crece en la pugna y se alimenta con el obstáculo”. Finalmente, le daba las

gracias a Frank porque había querido arrastrarlo en su “peregrinación hacia la

mejor América”. Y se preguntaba entre “avergonzado y sobrecogido” si no haría

“la figura de la mosca que decía, desde el testuz del buey: andamos arando”.26

Waldo Frank al leer esta carta estaba conmovido frente a lo dicho por su

hermano Alfonso. No sabía cómo agradecerle. No tenía palabras para ello.27

En la respuesta a esta carta, Reyes le dijo que entendió muy bien el sentido

que quería expresar, es decir, con qué inmensa emoción lo había acompa-

ñado y que entendía sus luchas y sus penas. Y a veces le parecía que desde

esta parte del mundo dialogaban, y que él le correspondía con su “generoso

ánimo”.28 Hermandad y amistad entrañable. Símbolo y seña de ese america-

nismo que llevaban en la sangre.

En Río de Janeiro se imprimió y se difundió Monterrey. Correo literario

de Alfonso Reyes. Y desde la entonces capital de Brasil salieron esos pliegos

buscando nuevos destinatarios y nuevas amistades, que florecieron tanto

como nuevos proyectos. Uno de ellos lo contó el escritor mexicano en

su correo literario. Fue en aquellos días que pasó con Efrânio Peixoto

conversando sobre los escritores europeos que pasaban por Río, y que los

ponían en un aprieto al preguntarles cuáles eran los libros fundamentales

para saber de Brasil.

Alfonso Reyes quería ofrecer a los europeos algo con lo que no les

costara tanto trabajo entendernos. Había muchos libros. Pero había que

mostrarles no las “canteras y sillares” sino “edificios ya construidos”. “De

lo contrario” tendríamos que “resignarnos” a que por allá nos hicieran el

edificio y lo que sería peor era que lo hicieran “los más mediocres de entre

ellos”, los que ya no encontraban “lugar dentro de su propia literatura”.

Había que cuidarle a nuestra América la “silueta”, ponerla a “régimen”,

depurarla “de toda ociosidad adiposa”. Estaba llegando la hora de América,

de nuestra América y esta América debería dar al mundo, “algo como un

gran golpe de Estado”. Convenía entonces estar “ágiles y bien entrenados”.

Recomendaba a los seminarios y academia de letras como mejor ejercicio

el despojarse de la tradición. Había pues, “que jardinear un poco el campo”.

26 Monterrey. Correo literario de Alfonso Reyes, Río de Janeiro, número 2, agosto de 1930, p. 3.27 Carta de Waldo Frank a Alfonso Reyes. Croton on Hudson, N.Y., 3 de noviembre de 1930, en Archivo Particular de Alfonso Reyes, Capilla Alfonsina/Instituto Nacional de Bellas Artes. Expediente 896.28 Carta de Alfonso Reyes a Waldo Frank. Río de Janeiro, 8 de diciembre de 1930, en Archivo Particular de Alfonso Reyes, Capilla Alfonsina/Instituto Nacional de Bellas Artes. Expediente 896.

Confraria do Dever Americano. Abrir a esperança”; era isso o que Frank fazia.25

Reyes voltou às mensagens de Frank. A primeira foi “uma declaração de propósitos, uma orientação de esperanças”. Era o oferecimento de aproximar-se à América. A segunda era a obra que preparava com a experiência de suas viagens e que iria conter sua interpretação e até mesmo sua “objeção diante das respostas que nossa América lhe tenha proposto”. Mas, “Atenção Waldo, que entre o desconcerto de doutrinas e dogmas que andam trovejando pelo céu da América” havia “lugar para tudo o que há de bom e de mau!” Sabia “que entre a agitação do sucesso, nossas juventudes” se apressavam “muito desordenadamente para o bem e, mais de uma vez,” faziam “alarde de rudeza, de violência, de autonegação, se é válido dizê-lo”. Isto o sabia melhor que ninguém e “a história do teu périplo hispano-americano” seria “talvez a história de uma fé que cresce no combate e alimenta-se com o obstáculo”. Finalmente, agradecia a Frank porque tinha desejado arrastá-lo em sua “peregrinação rumo à melhor América”. E perguntava-se, meio “envergonhado e sobressaltado”, se não faria a “figura da mosca que dizia, da testa do boi: vamos arando”.26

Waldo Frank, ao ler esta carta, estava comovido diante do que tinha dito seu irmão Alfonso. Não sabia como agradecer-lhe, nem tinha palavras para isso.27 Na resposta a esta carta, Reyes lhe disse que entendeu muito bem o sentido que queria expressar, isto é, com que imensa emoção o havia acompanha-do e que entendia suas lutas e suas penas. E, às vezes, parecia-lhe que desta parte do mundo dialogavam, e que ele lhe correspondia com seu “generoso ânimo”.28 Fraternidade e amizade entranhável. Símbolo e sinal desse americanismo que levavam no sangue.

No Rio de Janeiro, Monterrey. Correo literario de Alfonso Reyes se imprimiu e difundiu. E, a partir da capital do Brasil de então, saíram essas folhas de papel, procurando novos destinatários e novas

25 Monterrey. Correo literario de Alfonso Reyes, Rio de Janeiro, número 2, agosto de 1930, p. 2.26 Monterrey. Correo literario de Alfonso Reyes, Rio de Janeiro, número 2, agosto de 1930, p. 3.27 Carta de Waldo Frank a Alfonso Reyes. Croton on Hudson, N.Y., 3 de novembro de 1930, em Arquivo Particular de Alfonso Reyes, Capilla Alfonsina/Instituto Nacional de Bellas Artes. Prontuário 896.28 Carta de Alfonso Reyes a Waldo Frank. Rio de Janeiro, 8 de dezembro de 1930, em Arquivo Particular de Alfonso Reyes, Capilla Alfonsina/Instituto Nacional de Belas Artes. Prontuário 896.

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amizades, que floresceram tanto como novos proje-tos. Um deles, contou o escritor mexicano em seu correio literário, foi naqueles dias que passou com Efrânio Peixoto, conversando sobre os escritores europeus que passavam pelo Rio, e que os deixavam em um aperto ao perguntar-lhes quais eram os li-vros fundamentais para conhecer o Brasil.

Alfonso Reyes queria oferecer aos europeus algo que não lhes desse tanto trabalho para nos entender. Havia muitos livros, mas era preciso mostrar-lhes não as “cantarias e silhares”, e sim “edifícios já cons-truídos”. “Do contrário” teríamos que “nos resignar” a que por lá nos fizessem o edifício e, o que seria pior, que o fizessem “os mais medíocres entre eles”, os que já não encontravam “lugar dentro de sua própria literatura”. Era preciso cuidar da “silhueta” da nossa América, colocá-la de “regime”, depurá-la “de toda ociosidade adiposa”. Estava chegando a hora da América, de nossa América e esta América deveria dar ao mundo “algo como um grande golpe de Es-tado”. Convinha então estar “ágeis e bem treinados”. Recomendava aos seminários e academia de letras despojar-se da tradição como o melhor exercício. Havia, portanto, “que ajardinar um pouco o campo”. Havia “que tentar já, de modo consciente e constan-te, submeter à razão tanta matéria-prima, e submeter tanto movimento disperso a um ritmo inteligente”.

Por outra parte, perguntava-se quais eram os dez livros fundamentais que deveria ler sobre o Brasil. Onde encontrar, “em sua melhor expressão, o sabor de nosso pensamento e o espetáculo de nossa história”. Se o embaixador do México no Brasil tivesse todos os elementos para isso, convocaria toda a América à criação de uma Biblioteca Mínima Representativa. Esta seria oferecida aos visitantes ilustres, levada nas malas diplomáticas, oferecida às bibliotecas públicas estrangeiras e, também, “às escolas dos países amigos”.

Había “que intentar ya, de modo consciente y constante, el someter a la

razón tanta materia prima, y el someter tanto movimiento disperso a un

ritmo inteligente”.

Por otra parte, se preguntaba, cuáles eran los diez libros fundamentales

que debería leer sobre el Brasil. Dónde encontrar, “en su mejor expresión, el

sabor de nuestro pensamiento y el espectáculo de nuestra historia”. Si el em-

bajador de México en Brasil tuviera todos los elementos para ello convocaría

a toda América a la creación de una Biblioteca Mínima Representativa. Esta

sería la que se ofreciera a los visitantes ilustres, la que se llevaría en las ma-

letas diplomáticas, la que se entregaría a las bibliotecas públicas extranjeras

y aún a “las escuelas de los países amigos”. “La BM sería nuestro pasaporte

para el mundo, sería nuestra moneda espiritual”.

Como el embajador y escritor mexicano carecía de “fuerzas para tan-

to” se conformaba con sugerirle a sus amigos “este juego de sociedad que

algún día” podía “tener trascendencia: que cada uno, en el ambiente que

cultive, en el periódico donde escriba, provoque la cuestión de la Bibliote-

ca Mínima Nacional” y ponga a “discusión entre sus colegas el índice de

libros” que se le ocurriera. El criterio debería ser amplio. La Beme, como

la llamó, “no debe ser una colección puramente poética, ni siquiera pura-

mente literaria, aun cuando todas las obras escogidas deben tener el de-

coro artístico esencial”. La Beme “debe juntar los libros fundamentales de

la República. Y si hubiera un editor que le interesara esta idea mucho que

mejor.” Pero con la condición de que no siguieran después pegándole co-

las y apéndices. No había “ningún esfuerzo más digno de la inteligencia

que aquél que se traza de antemano sus propios límites”. Había “mucho

de sacrificio en él, pero también sacrificamos todos algo de nuestra gene-

rosidad natural en eso de uñas y cabellos, y no los dejamos crecer como

ellos quisieran. Todo para “El aseo de América”. Ésa sea nuestra divisa”.29

El llamado de Alfonso Reyes fue atendido. La revista Cervantes, de

La Habana, y El Universal Ilustrado, de México, estaban haciendo cam-

paña por la Beme, en la primera, su director, Féliz Lizaso; en la segunda,

Antonio Acevedo Escobedo.30 Se enteró que la Revista Bimestre Cubana,

reprodujo su artículo “El aseo de América” y L’ Amérique Latine le dedi-

có un cometario a la Biblioteca. Y desde Cuba Jorge Mañach, José Antonio

Ramos y Emilio Roig de Leuchsenring proponían su Biblioteca Mínima

Cubana.31

29 Monterrey. Correo literario de Alfonso Reyes, Río de Janeiro, número 7, diciembre de 1931, p. 3.30 Monterrey. Correo literario de Alfonso Reyes, Río de Janeiro, número 8, marzo de 1932, p. 8.31 Monterrey. Correo literario de Alfonso Reyes, Río de Janeiro, número 9, julio de 1932, p. 7.

Dibujo de Toño Salazar que aparece en la carta de Kiki de Montparnasse a Alfonso Reyes, París, 1929.

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61“A BM seria nosso passaporte para o mundo, seria

nossa moeda espiritual”.Como o embaixador e escritor mexicano carecia

de “forças para tanto”, conformava-se em sugerir aos amigos “este jogo de sociedade que algum dia” po-dia “ter transcendência: que cada um, no ambiente que cultivasse, no jornal onde escrevesse, provo-casse a questão da Biblioteca Mínima Nacional” e “discutisse entre seus colegas o índice de livros” que considerasse pertinente. O critério deveria ser amplo. A Beme, como a chamou, “não deve ser uma coleção puramente poética, nem sequer puramente literária, embora todas as obras escolhidas devem ter o decoro artístico essencial”. A Beme “deve juntar os livros fundamentais da República. E se houvesse um editor que ficasse interessado por esta idéia, se-ria melhor ainda, mas com a condição de que não contiuasse depois “acrescentando complementos e apêndices”. Não havia “nenhum esforço mais digno da inteligência do que aquele que traça de antemão seus próprios limites”. Havia “muito de sacrifício nele, mas também sacrificamos todos algo de nos-sa generosidade natural nisso de unhas e cabelos, e não os deixamos crescer como eles gostariam. Tudo para o asseio da América. Seja esta a nossa divisa”.29

O apelo de Alfonso Reyes foi atendido. Da re-vista Cervantes, de Havana, e do jornal El Universal Ilustrado, do México, estavam fazendo campanha pela Beme; na primeira, seu diretor, Félix Lizaso; na segunda, Antonio Acevedo Escobedo.30 Soube que a Revista Bimestre Cubana reproduziu seu artigo “El aseo de América” e L’ Amérique Latine dedicou um comentário à Biblioteca. Em Cuba, Jorge Mañach, José Antonio Ramos e Emilio Roig de Leuchsen-ring propunham sua Biblioteca Mínima Cubana.31

Já na década de 1930, a voz de Reyes era bem co-nhecida no mundo americano e europeu. A proposta da Beme foi um eco longo e sustentado. Repertorio Americano, de García Monge, recolheu a proposta e, em um de seus números, publicou todas as opiniões que até esse momento haviam sido dadas sobre a Bi-blioteca Mínima Nacional. Como será observado, as pequenas páginas ou folhas do Correo literario de Al-fonso Reyes eram algo mais do que seus contemporâ-neos disseram, folhas afiadas, com toda certeza.

29 Monterrey. Correo literario de Alfonso Reyes, Rio de Janeiro, número 7, dezembro de 1931, p. 3.30 Monterrey. Correo literario de Alfonso Reyes, Rio de Janeiro, número 8, março de 1932, p. 8.31 Monterrey. Correo literario de Alfonso Reyes, Rio de Janeiro, número 9, julho de 1932, p. 7.

Alfonso Reyes en la Capilla Alfonsina, Ciudad de México, 1954.

Para estos años treinta la voz de Reyes era bien conocida en el mundo ame-

ricano y europeo. La propuesta de la Beme fue un eco largo y sostenido. Re-

pertorio Americano, de García Monge, recogió la propuesta y en uno de sus

números publicó todas las opiniones que hasta ese momento se habían dado

sobre la Biblioteca Mínima Nacional. Como se observará, las paginitas o plie-

gos del Correo literario de Alfonso Reyes era algo más de lo que sus contem-

poráneos dijeron, pliegos filosos, sin la menor duda.

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Comida en homenaje al pintor Cândido Portinari, por haber obtenido el premio de la Exposición Internacional de Pittsburg en 1935. Entre otros, de pie y de izquierda a derecha, el también pintor Guignard, el crítico Antonio Bento, los poetas Murilo Mendes y Manuel Bandeira, y Heloisa Graça Aranha. Sentados, Alfonso Reyes, junto a María y Cândido Portinari.

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héctor perea*

Monterrey ilustrado. Comentarios al margen

Monterrey ilustrado.

Comentários à margem

cUaderno de apUntes

Toda aventura editorial es aventura en muchos sentidos. Crear una publica-

ción no es sólo echarla a andar. Más allá de esto, que es ya de por sí un hecho

significativo, seguirá el acto cotidiano de mantenerla viva, dinámica, con un

rostro original en cada nueva entrega.

A lo anterior habría que sumar las dificultades particulares de cada caso.

Un ejemplo de limitante sería el tener que hacer la publicación prácticamen-

te solo, con apenas alguna ayuda más bien marginal. Otra condicionante

sería el tener que imprimir la publicación en un país con otra lengua y una

cultura en buena medida diferente de la propia. Y ni qué decir del espinoso

asunto de los dineros necesarios para poder hacerla y distribuirla. Resuel-

tas las dificultades anteriores se podrá pasar entonces a la segunda etapa:

el diseño físico y el del carácter que se buscará imprimir y conservar en la

publicación.

Se entiende desde luego que no estoy hablando en el vacío, sino que me

refiero muy concretamente a la historia de Monterrey y de su obstinado edi-

tor: Alfonso Reyes.

Reyes logró por sí mismo todo lo descrito. Aunque en realidad lo hizo

solo –o casi– en la parte de la talacha, y con la ayuda de un pequeño ejérci-

to de colaboradores y amigos en el campo determinante de los contenidos,

tanto escritos como gráficos. Paso a paso, detalle a detalle, el regiomonta-

no logró publicar –según consideremos o no la destrucción del primer nú-

mero 2– los catorce o quince números brasileños y argentino de su Mon-

terrey. Correo literario.

A lo largo de poco más de un lustro, entre Río y Buenos Aires, Monte-

rrey se convirtió, a nivel personal, en el medio más vivo de contacto literario,

bibliográfico, artístico y anecdótico entre Reyes y el mundo exterior que se

había venido construyendo, modelando a su gusto y circunstancialmente

* Hectór Perea es investigador y coordinador del Centro de Estudios Literarios del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM.

Caderno de anotações

Toda aventura editorial é aventura em muitos sen-tidos. Criar uma publicação não é somente deixá-la andar. Além disso, que por si já é um fato significati-vo, seguirá o ato cotidiano de mantê-la viva, dinâmi-ca, com um rosto original em cada novo número.

Ao anterior haveria que somar as dificuldades particulares de cada caso. Um exemplo de fatores limitantes seria ter que fazer a publicação pratica-mente sozinho, com apenas alguma ajuda ocasional. Outro condicionante seria ter que imprimir a publi-cação em um país com outra língua e uma cultura – em boa medida – diferente da própria, sem falar do espinhoso assunto do capital necessário para poder fazê-la e distribuí-la. Resolvidas as dificuldades ante-riores, passar-se-á então à segunda etapa: o desenho físico e do caráter que se buscará imprimir e conser-var na publicação.

Entende-se, com certeza, que não estou falando no vazio, mas que me refiro concretamente à história de Monterrey e de seu obstinado editor: Alfonso Reyes.

Reyes conseguiu por si mesmo tudo o que foi descrito. Embora, na verdade, tenha realizado sozi-nho – ou quase – as tarefas que se referem ao traba-lho pesado e, com a ajuda de um pequeno exército de colaboradores e amigos, o relacionado ao campo determinante dos conteúdos, tanto escritos quanto gráficos. Passo a passo, detalhe a detalhe, o regiomon-tano* conseguiu publicar –segundo consideremos ou não a duplicidade de exemplares e a destruição do primeiro número 2– os 14 ou 15 números brasi-leiros e argentino (houve um único número publi-cado na Argentina) de seu Monterrey. Correo literario.

* Hectór Perea é pesquisador e coordenador do Centro de Estudios Literários do Instituto de Investigaciones Filológicas da UNAM.** Regiomontano. Originário da cidade de Monterrey, capital do estado mexicano de Nuevo León (N. T.).

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64 desde los años de adolescencia. Y sobre todo, a partir de su entrada en el uni-

verso de la alta cultura americana y europea. Monterrey correspondió fun-

damentalmente a los tiempos de su inmersión en los ámbitos de la lengua

portuguesa de América. Pero también, en cuanto a Brasil, a un momento

brillante de la cultura y conflictivo en cuanto a la política del país sudame-

ricano. El correo literario arrastró asimismo, a manera de cauda, a veces en

forma obsesiva, toda la experiencia recogida a lo largo de años de una vida

de exilio y diplomacia, de práctica y gustos literarios y periodísticos. Hay que

recordar que para entonces el regiomontano había coordinado la sección de

Geografía e Historia en El Sol de Madrid, lo que le daría un cierto conoci-

miento del trabajo de producción editorial.

En el presente artículo abordaré dos aspectos sensibles en la determina-

ción del carácter que Alfonso Reyes imprimió a Monterrey. Dos aspectos

muy distintos y que, de hecho, poco o nada tuvieron que ver entre sí. Me

refiero a la presencia del arte en la publicación. Pero además, a las huellas ma-

nuscritas que, en forma de indicaciones o comentarios, dejó Reyes a partir

de la lectura de los números publicados.

tarJeta postal

Quisiera abrir este apartado con la cita de un pequeño y delicado poema

que, bajo el título de “Tarjeta postal”, envió Eugenio d’ Ors desde España a

Río, y que figuró en el número 5 de Monterrey. La fecha puesta en la tarjeta

es el II/1931, y por lo mismo corresponde al año en que Reyes comenzó a

sentirse más adaptado al entorno carioca.

El texto es de hecho un pequeño perfil en broma del regiomontano. En

él Reyes, en temperamento y en nombre, no podría haber aparecido más

artístico; ni más renacentista y barroco virreinal. En “Tarjeta postal” se ve

a la perfección al americano que al ir pasando por el viejo mundo se ha im-

pregnado de lo europeo, sin llegar a perder sus raíces. ¿Y no era ésta, en cierta

forma, la propuesta de la corriente antropofágica promovida por Oswald de

Andrade, su amigo brasileño de París? Como sea, el cuarteto decía:

Entre la exuberancia del indiano arabescoConserva, Alfonso Reyes, tus normas de latino.Tú, cuyo nombre es ya tan plateresco,No pases más allá del manuelino.

La Capilla Alfonsina conserva dos ejemplares encuadernados, y en muy

distinto estado de conservación, de la serie de fascículos que dieron cuerpo

al Correo literario de Reyes. Ambos ejemplares sirvieron al regiomontano

Ao longo de pouco mais de um qüinqüênio, entre o Rio de Janeiro e Buenos Aires, Monterrey se transformou, em nível pessoal, no meio mais vivo de contato literário, bibliográfico, artístico e de fatos curiosos entre Reyes e o mundo exterior, que estava sendo construído, modelado a seu gosto e, circunstancialmente, a partir dos anos de adolescência e, sobretudo, da sua entrada no universo da alta cultura americana e européia. Monterrey correspondeu fundamentalmente aos tempos de sua imersão nos âmbitos da língua portuguesa da América; mas também, no que se refere ao Brasil, a um momento brilhante da cultura e conflituoso quanto à política do país sul-americano. O correio literário levaria também, em seu rastro, às vezes em forma obsessiva, toda a experiência recolhida ao longo de anos de uma vida de exílio e diplomacia, de práticas e gostos literários e jornalísticos. É sempre bom lembrar que o regiomontano já havia coordenado a seção de Geografia e História no jornal El Sol, de Madri, o que lhe daria um certo conhecimento do trabalho de produção editorial.

Neste artigo, abordarei dois aspectos sensíveis para a determinação do caráter que Alfonso Reyes imprimiu a Monterrey. Dois aspectos muito distin-tos e que, de fato, pouco ou nada tiveram a ver entre si. Refiro-me à presença da arte na publicação, mas além disso, também às marcas manuscritas que, em forma de indicações ou comentários, Reyes deixou a partir da leitura dos números publicados.

Cartão postal

Gostaria de abrir esta seção citando um pequeno e delicado poema que, sob o título “Cartão postal”, Eugenio d’Ors enviou da Espanha ao Rio, e que fi-guraria no número 5 de Monterrey. A data colocada no cartão é II/1931 e, portanto, corresponde ao ano em que Reyes começaria a sentir-se mais entrosado no ambiente carioca.

O texto é, de fato, um pequeno perfil (de brin-cadeira) do regiomontano. Nele, Reyes, em tem-peramento e em nome, não poderia ter aparecido mais artístico, nem mais renascentista e barroco colonial. Em “Tarjeta postal” vê-se à perfeição o americano que, ao ir passando pelo Velho Mundo, impregnou-se do europeu, sem chegar a perder suas raízes. E não era esta, de certa forma, a pro-posta da corrente antropofágica promovida por Oswald de Andrade, seu amigo brasileiro de Paris? Seja como for, o quarteto dizia:

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para expresar acuerdos, señalamientos y enojos frente al resultado, que no

siempre correspondía con lo que se había querido imprimir.

Al lado de muchas indicaciones de erratas y acciones tomadas –como

el detalle de haber mandado quemar el número dos1–, Reyes también dejó

consignado en estos dos juegos a dónde habían pasado, con diversas mo-

dificaciones, algunos de los textos escritos en su origen para Monterrey. A

lápiz,2 principalmente, pero también Norte y sur, Última Tule, Tentativas

y orientaciones y La experiencia literaria, libros de los cuarenta, figuran en

las indicaciones manuscritas del correo como los principales beneficiarios

de la distribución posterior de muchos de los materiales. Lo anterior, así

como el uso al principio de su pluma fuente con tinta oscura frente a la apli-

cación de lápiz bicolor al final; e incluso el tipo de letra, rápida y descuidada

en los cuarenta, indican que las anotaciones fueron hechas en el lapso de

varios años, en Brasil y en México. Lo que también traslucen ciertos co-

mentarios y tachaduras es que algunas de las páginas de los suplementos

fueron editadas por Reyes, desde las propias páginas del Correo, para facili-

tar el traslado y adaptación de los textos a libro.

1 Hecho que llevaría a Reyes a escribir al margen del ejemplar, y dirigida a alguien próximo, la siguiente leyenda, que corresponde en cierta forma al sentir del escritor cuando aún mantenía bastantes reticencias frente a una casi imposible adaptación a la vida en Brasil: “Compadézcame: los obreros de imprenta no entienden aquí ni su propia lengua”. Recordemos que a Reyes las erratas lo ponían más que nervioso. En particular se nota en el caso de aquel gazapo que, justo en el primer número dos, equivocaba los apellidos de Abreu Gómez.2 Título muy similar al de una sección de Monterrey, como veremos.

Ilustración que acompaña el artículo “Goethe y América”. Monterrey. Correo literario número 9, julio de 1932.

Entre la exuberancia del indiano arabescoConserva, Alfonso Reyes, tus normas de latino. Tú, cuyo nombre es ya tan plateresco,No pases más allá del manuelino.

A Capilla Alfonsina conserva dois exemplares en-cadernados, e em estado de conservação muito diferente, da série de fascículos que deram corpo ao Correo literario de Reyes. Ambos os exemplares serviram ao regiomontano para expressar acordos, indicações e aborrecimentos diante do resultado, que nem sempre correspondia com o que teria gos-tado de imprimir.

Ao lado de muitas indicações de erratas e ações tomadas – como haver mandado queimar o número dois1 –, Reyes também deixou indicado nestes dois exemplares para onde tinham ido, com diversas mo-dificações, alguns dos textos escritos originalmente para Monterrey. Principalmente A lápiz,2 mas tam-bém Norte y sur, Última Tule, Tentativas y orientacio-nes e La experiencia literaria, livros da década de 1940, figuram nas indicações manuscritas do Correo como os principais beneficiários da distribuição posterior de muitos dos materiais. O que foi anteriormente citado, assim como o uso de sua caneta tinteiro com tinta escura no princípio, frente à aplicação de lápis bicolor no final e, inclusive, o tipo de letra, rápida e descuidada nos anos quarenta, indicam que as ano-tações foram feitas no lapso de vários anos, no Bra-sil e no México. Também é possível observar, por certos comentários e riscos, que algumas das pági-nas dos suplementos foram editadas por Reyes nas próprias páginas do Correo, para facilitar o traslado e adaptação dos textos a livro.

Monterrey é uma mostra dos interesses literários e relacionamentos que Reyes estabeleceu na Améri-ca do Sul ou procurou continuar à distância, durante aqueles anos de estadia ao sul do continente. Foi o meio de projetar as inquietações de sua vida inte-lectual e o devir de sua vida cotidiana aos amigos de outros países e outro continente. Também, através

1 Fato que levaria Reyes a escrever à margem do exemplar, e dirigida a alguém próximo, a seguinte legenda, que corresponde de certa forma ao sentir do escritor quando ainda mantinha muitas reticências diante de uma quase impossível adaptação à vida no Brasil: “Compadeça-me: os operários da gráfica não entendem aqui nem a sua própria língua”. Recordemos que as erratas deixavam Reyes muito nervoso. Em particular, nota-se o caso daquele deslize que, justamente no primeiro número dois, alterava os sobrenomes de Abreu Gómez.2 Título muito similar ao de uma seção do Monterrey, como veremos.

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Monterrey es una muestra de los intereses literarios y relaciones que

Reyes estableció en Sudamérica o procuró continuar a la distancia durante

aquellos años de estancia al sur del continente. Fue el medio de proyectar las

inquietudes de su vida intelectual y el devenir de su vida cotidiana a los ami-

gos de otros países y otro continente. También, a través del periodiquito bus-

có atraer las letras y existencias de esos amigos a su realidad del momento.

En un nivel más sutil, en la publicación el regiomontano fue dejando

pistas sobre sus inclinaciones y gustos más diversos, adaptados al o modi-

ficados por el nuevo contexto en que el escritor-diplomático se desenvolvía.

Una de estas vías alternativas que, a partir del acercamiento a lo recogido en

Monterrey, permite un conocimiento más redondo de su personalidad, se

manifiesta tanto en el detalle velado del arte como en el argumento contun-

dente de la expresión literaria. O, con más precisión, a partir del complemen-

to de ambos. Visto como un trazo artístico, más que como sólo la ilustración

del texto literario, el arte terminó definiendo buena parte de la personalidad

de Monterrey.

do jornalzinho, procurou atrair as letras e existências desses amigos a sua realidade do momento.

Em um nível mais sutil, na publicação, o regio-montano foi deixando pistas sobre suas inclinações e gostos mais diversos, adaptados ao ou modificados pelo novo contexto em que o escritor-diplomata se desenvolvia. Uma destas alternativas que, a partir da aproximação àquilo que foi recolhido em Monterrey, permite um conhecimento mais redondo de sua personalidade, manifesta-se tanto no detalhe vela-do da arte, quanto no argumento contundente da expressão literária. Ou, com mais exatidão, a partir do complemento de ambos. Visto como um traço artístico, mais que como somente a ilustração do texto literário, a arte terminaria definindo boa parte da personalidade de Monterrey.

Um exemplo sobre o que foi dito antes é a for-ma como Reyes entitulou algumas colunas. Umas por ele escritas; outra, em particular, concebida expressamente para situar determinados materiais valiosos. Este último caso foi o da seção “Museo”, vitrine de papel em que, sob a idéia de resguardo de tesouros, o Reyes editor mostrou cartas e ilustrações comemorativas. Os primeiros casos referidos, colu-nas sem assinatura e irmãs de outra, chamada “Guar-dias de la pluma”, Reyes intitulou-as “Cuaderno de apuntes” e “Rayas de lápiz”. Em ambos os casos, os títulos resultariam realmente perfeitos, porque neles o autor conseguia a fusão do literário com o plástico. A convivência de ambos os mundos, atingida graças às puras manchetes, lembra as velhas crônicas reco-lhidas em Cartones de Madrid. Mas, também e sobre-tudo, as delicadas anotações paisagísticas de viagem, tão ao gosto de seu admirado Goethe, como de Die-go Rivera ou do próprio Reyes.

O jornalzinho do regiomontano permitiu ou-tras vias de acesso à arte, que foram a comunicação concisa de atualidades biblio-hemerográficas que, penso, foram redigidas pelo próprio Reyes, e duas manifestações de maior envergadura e maior peso. Estas manifestações foram, por um lado, as ilustra-ções que acompanharam alguns artigos ou as que, às vezes sem lógica aparente, figuraram com vida autônoma em lugares destacados da publicação, em um estranho jogo de espelhos ou sinais pessoais. E, por outro lado, os ensaios sobre arte escritos por Reyes, e as notícias que, ao gosto do escritor, ins-pirariam pesquisa coletiva ou provocariam réplica, esclarecimento e reflexão.

Como indiquei acima, algumas seções em que se misturavam a informação biblio-hemerográfica

Carta de Emiliano Di Cavalcanti a Alfonso Reyes, 5 de febrero de 1931.

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Sea la antigua Rua das Laranjeiras; sea, en ella, el

palacete imperial –con su aire todavía soledoso– en que

nos ha tocado vivir y en cuyo espaciosísimo comedor

Paul Morand me aconseja que haga atender mis

banquetes por servidores a caballo. Sin salir de aquí,

viene hasta nosotros la historia natural. Las flores de

la Nochebuena –las Estrellas Federales que, en Buenos

Aires, se pagan a precio de oro– entran hasta la cocina,

y hay que cuidarse de no mezclarlas en la ensalada.

Alfonso Reyes, As Laranjeiras

Un ejemplo de lo anterior es la forma como Reyes cabeceó algunas co-

lumnas. Unas por él escritas; otra, en particular, concebida expresamente

para ubicar determinados materiales valiosos. Este último caso fue el de la

sección “Museo”, vitrina de papel donde, bajo la idea de resguardo de tesoros,

el Reyes editor mostró cartas e ilustraciones conmemorativas. Los primeros

casos referidos, columnas sin firma y hermanas de aquella otra de nombre

“Guardias de la pluma”, Reyes las tituló “Cuaderno de apuntes” y “Rayas de

lápiz”. En ambos casos, los títulos resultarían de hecho perfectos, pues en

ellos se lograba la fusión de lo literario con lo plástico. La convivencia de

ambos mundos, lograda gracias a los puros encabezados, recuerda las viejas

crónicas recogidas en Cartones de Madrid. Pero también, y sobre todo, los

delicados apuntes paisajísticos de viaje, tan del gusto de su admirado Goethe

como de Diego Rivera o del propio Reyes.

Otras vías de acceso al arte que permitió el periodiquito del regiomon-

tano fueron la comunicación escueta de actualidades bibliohemerográfi-

cas que, me parece, redactaba el propio Reyes, y dos manifestaciones de

mayor envergadura y mayor peso. Éstas fueron, por un lado, las ilustracio-

nes que acompañaron algunos artículos o las que, a veces sin lógica apa-

rente, figuraron con vida autónoma en lugares destacados de la publica-

ción, en un extraño juego de espejos o guiños privados. Y por otro lado,

los ensayos sobre arte escritos por Reyes y las noticias que, al gusto del

escritor, inspirarían una pesquisa colectiva o darían pie a la réplica, la acla-

ración y la reflexión.

com pequenas anotações ensaísticas foram uma porta de acesso aos gostos artísticos de Reyes. Tal-vez não a entrada mais chamativa nem profunda às suas preferências, mas sim tão pessoal quanto os en-saios de grande fôlego.

A seção “Publicaciones recibidas. Libros y folletos” e algumas outras similares foram o veículo informativo que permitiu que o leitor seleto do Correo literario ficasse sabendo das publicações nos diversos contextos geográficos e culturais, aos que Reyes havia estado ou continuava vinculado. Entre informações literárias e de disciplinas as mais variadas, Reyes deixou nestas páginas o dado conciso de novidades editoriais referentes à arte em geral. Ele também mencionaria críticos e historiadores do campo, assim como artistas que exerceram a criação plástica. Desta forma, nas páginas da mencionada seção de Monterrey era freqüente a referência a nomes e a temas como Jean Cassou, Roberto Montenegro, escultura colonial dos séculos XVII e XVIII, Manuel Rodríguez Lozano, monumentos mexicanos, ferreiros mexicanos, José María Velasco, arte do antigo México, as tábuas da conquista,3 o tesouro de Monte Albán, a arte e a revolução mexicana, Fermín Revueltas, a arquitetura do Palácio de Belas Artes, as figuras mexicanas de cera, a arquitetura colonial em geral, o plateresco mexicano, as arqueologias espanhola e brasileira, Chichén Itzá, Leonardo Da Vinci, o Palácio Nacional, a pintura contemporânea do México, a arte hispano-americana ou a arte argentina, em particular.

Pois bem, em trabalhos pequenos e curiosos da seção “Rayas a lápiz” de Monterrey, número 3, de maior extensão do que os anteriores, o regiomonta-no divulgou o livro de Gerhard Hauptmann, La pro-digiosa Isla de las Damas. Historia de un archipiélago imaginario. Neste volume, publicado pela Revista de Occidente, em 1925, informava-se sobre o inquieto arquiteto Stradmann, quem havia tentado chegar ao México para estudar a arquitetura mexicana in loco, e falecido em um naufrágio depois de uma estadia de estudos no Japão.

Quase a seguir, em carta de resposta a J. Montes sobre uma presumível novela russa, em que se des-crevia o roubo do Gulf-Stream por parte de Diego Rivera, o redator anônimo –Reyes, com certeza– re-feria-se aos dois livros que, misturados seus conteú-

3 Assunto que, além da simples citação bibliográfica, daria motivo para a continuação do tema e para a polêmica.

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68 Como indiqué arriba, algunas secciones en que se entremezclaba la

información bibliohemerográfica con pequeños apuntes ensayísticos fue-

ron puerta de acceso a los gustos artísticos de Reyes. Quizá no la entrada

más llamativa ni profunda a sus preferencias, pero sí tan personal como los

ensayos de gran aliento.

La sección “Publicaciones recibidas. Libros y folletos” y algunos otros

apartados similares fueron el vehículo informativo que permitió al lector

selecto del Correo literario enterarse de lo que aparecía publicado en los

distintos contextos geográficos y culturales en los que Reyes había esta-

do o seguía vinculado. Entre informaciones literarias y de disciplinas de

lo más variado, Reyes dejó consignado en estas páginas el dato escueto de

novedades editoriales referentes al arte en general. Pero también mencio-

nó a críticos e historiadores del campo, así como a artistas que ejercieron

la creación plástica. De esta forma, en las páginas de la mencionada sección

de Monterrey se hizo frecuente la referencia a nombres y a temas como Jean

Cassou, Roberto Montenegro, escultura colonial de los siglos XVII y XVIII,

Manuel Rodríguez Lozano, monumentos mexicanos, herreros mexicanos,

José María Velasco, arte del antiguo México, las tablas de la conquista,3 el

tesoro de Monte Albán, el arte y la revolución mexicana, Fermín Revueltas,

la arquitectura del Palacio de Bellas Artes, las figuras mexicanas de cera, la

arquitectura colonial en general, el plateresco mexicano, la arqueologías es-

pañola y brasileña, Chichén Itzá, Leonardo Da Vinci, el Palacio Nacional, la

pintura contemporánea de México, el arte hispanoamericano o el argentino

en particular.

3 Asunto que, más allá de la simple cita bibliográfica, daría pie al seguimiento del tema y a la polémica.

Monumento a Ricardo Güiraldes en San Antonio de Areco (República Argentina) tierra de “Don Segundo Sombra”. Monterrey. Correo literario número 2, agosto de 1930.

dos, teriam podido criar esse curioso engendro sem sentido. Um deles era Les aventures extraordinaires de Julio Jurenito et des disciples, que contém o famoso retrato ficcional do muralista guanajuatense,* amigo de ambos, por Ilia Ehrenbourg. Reyes descreveria o livro como as

peripécias de um reformador mexicano que se propõe mudar a sociedade humana. Ehrenbourg, russo de Paris, conheceu de perto Diego Rivera, e a lembrança de nosso grande pintor não é estra-nha à concepção de seu herói.

Outra referência literária, com certa pátina de arte, é a que Reyes fazia do romance La Sérénade de Toselli, em que seu autor, Jean Cassou, ao falar de um presu-mível mexicano que tinha chegado a ser presidente de seu país, punha em boca de um pintor a seguinte frase: “¡Ah, sim! […] Era um mexicano: Il mangeait sa soupe avec ses clefs…”

do arquivo e do álbum

Sobre as obras artísticas usadas por Reyes em função de ilustração caberia assinalar algumas que, por suas características plásticas ou de sentido, destacam-se com relação ao restante dos trabalhos.

Dentro da denominação de ilustrações de arqui-vo, muito própria de todas as publicações, e que são obras mais neutras, de enquadramento e conteúdo, de sentido geral e aproveitamento amplo, Monterrey exibiu panorâmicas como a do monumento dedica-do a Ricardo Güiraldes em San Antonio de Areco, Argentina. Esta fotografia foi repetida por Reyes na primeira página dos dois números distintos do 2, com a única variante do tamanho. Outras fotos des-tas características foram as que ilustraram o artigo “Algunos datos sobre el teatro en México durante los últimos años”, a do Cemitério de Sète, vinculada ao poema de Paul Valéry, ou a que acompanharia a sentida lembrança de Graça Aranha, e à qual Reyes colocou como crédito o nome de Nicolás.

Outra foto, esta muito mais interessante, tanto pela referência do fato como pela possível autoria, é a que retrata o autor do livro Venezas, grande amigo do regiomontano, em caminho a Petrópolis. Esta imagem serviu de ilustração ao artigo de Reyes “Paul Morand en Río”, capa do número 7, de dezembro de

1931. Mas antes –e nisso se descobre uma das facetas

* Guanajuatense. Originario do estado mexicano de Guanajuato. (N. T.).

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Ahora bien, en trabajos pequeños y curiosos de la sección “Rayas a

lápiz” de Monterrey, número 3, de mayor extensión que los anteriores, el

regiomontano dio noticia del libro de Gerardo Haupmann La prodigiosa

Isla de las Damas. Historia de un archipiélago imaginario. En este

volumen, publicado por la Revista de Occidente en 1925, se informaba sobre

el inquieto arquitecto Stradmann, quien había intentado llegar a México

para estudiar la arquitectura mexicana “sobre el terreno” y que falleció en un

naufragio después de una estancia de estudios en Japón.

Casi enseguida, en carta de respuesta a J. Montes sobre una presunta

novela rusa en que se describía el robo del Gulf-Stream por parte de Die-

go Rivera, el redactor anónimo –Reyes con seguridad– se refería a los dos

libros que, mezclados sus contenidos, habrían podido crear ese curioso en-

gendro sin sentido. Uno de ellos era Les aventures extraordinaires de Julio

Jurenito et ses disciples, que contiene el famoso retrato en ficción del mura-

lista guanajuatense, amigo de ambos, por Ilia Ehrenbourg. Reyes describió

el libro como las

peripecias de un reformador mexicano que se propone cambiar la socie-dad humana. Ehrenbourg, ruso de París, conoció muy de cerca a Diego Rivera, y el recuerdo de nuestro gran pintor no es extraño a la concepción de su héroe.

Otra referencia literaria con cierta pátina de arte es la que Reyes hacía de la

novela La Sérénade de Toselli, en la que su autor, Jean Cassou, al hablar de

un presunto mexicano que había llegado a ser presidente de su país, ponía en

boca de un pintor la siguiente frase: “¡Ah, sí! […] Era un mexicano: Il man-

geait sa soupe avec ses clefs…”

El cementerio de Sète que inspiró el poema de Valéry. Monterrey. Correo literario número 6, octubre de 1931.

mais íntimas e fascinantes de Monterrey– o mexicano tinha colocado esta lembrança fotográfica, referida a um dos passeios narrados no artigo, em um dos ál-buns de fotos do Rio de Janeiro, o correspondente ao período outonal do ano mencionado. Este álbum mostra a vida cotidiana dos membros da família Reyes. Nele, são retratados entre amigos, em exterio-res do palacete da Rua das Laranjeiras e realizando trabalhos de jardinagem; ou de passeio por Copaca-bana, em algum cruzeiro e no Jardim Botânico. Tam-bém, ao pé do Cristo Redentor, ou com a Baía da Guanabara no fundo ou a perspectiva do Rio a seus pés, como se aprecia das alturas do Pão de Açúcar.

A foto em que Morand aparece inclinado para frente, em uma postura simpática, embora rara, per-deu muitos de seus detalhes na reprodução do Cor-reo. Mas, na cópia do álbum, podemos apreciar, no fundo da imagem, as suaves colinas da paisagem e a vegetação frondosa que rodeia a estrada. Também aparece a parte traseira do carro e o detalhe que explica a curiosa inclinação do corpo do francês. Morand está de pé sobre a valeta, com problemas de equilíbrio, quase descendo em direção à estra-da. A foto do lado, no álbum, dá mais pistas sobre o passeio. Nela, aparece uma mulher (esposa de Morand?) e o pintor brasileiro Cícero Dias, com o chapéu usado em outras fotos do passeio e colocado sobre as orelhas. A foto de Morand rumo a Petrópo-lis poderia ter sido tirada por Reyes, em um ato ab-solutamente comum de sua vida cotidiana no Rio.

Outra foto que poderia ser de autoria de Al-fonso Reyes é a da águia e da serpente que decora uma fonte diante da prefeitura da cidade visitada na ocasião: Petrópolis. Esta foto, colocada ao lado do escudo do México, serviu de complemento a uma das edições do artigo “Virgilio y América”, capa do número 10 de Monterrey, de março de 1933. Algumas ilustrações mais, digamos, de circunstância, figuram nos números finais do Monterrey. Três fotografias emotivas, sobretudo porque apoiavam aconteci-mentos singulares na vida de Reyes e quanto à pre-sença imediata e futura de seu país no Brasil. Estas fotos, publicadas no número 13 do Correo literario, exemplar com o qual o escritor se despedia do Bra-sil, complementaram a reprodução do discurso com que Alfonso Reyes entregou ao Jardim Botânico do Rio a reprodução escultórica de Xochipilli, o deus mexica das flores.

O texto apresentaria, no espaço de duas colunas do peculiar tablóide, a ainda hoje famosa escultura de Cuauhtémoc, levada ao Rio em 1922 por José

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del archivo y el álbUm

Acerca de las obras artísticas usadas por Reyes en función de ilustración ca-

bría señalar algunas que, por sus características plásticas o de sentido, desta-

can sobre el resto de los trabajos.

Dentro del calificativo de ilustraciones de archivo, muy propio de todas

las publicaciones, y que son obras más bien neutras de encuadre y contenido,

de sentido general y aprovechamiento amplio, Monterrey exhibió panorámi-

cas como la del monumento dedicado a Ricardo Güiraldes en San Antonio

de Areco, Argentina. Esta fotografía Reyes la repitió en la portada de los dos

números distintos del 2, con la única variante del tamaño. Otras fotos de estas

características fueron la que ilustró el artículo “Algunos datos sobre el teatro

en México durante los últimos años”, la del cementerio de Sète, vinculada al

poema de Paul Valéry, o la que acompañaría el sentido recuerdo de Graça

Aranha, y a la que Reyes puso como crédito el nombre de Nicolás.

Otra foto, ésta mucho más interesante tanto por la referencia anecdótica

como por la posible autoría de la misma, es la que retrata al autor del libro

Venecias, gran amigo del regiomontano, de camino a Petrópolis. Esta ima-

Discurso de entrega de la escultura del dios Xochipilli al Jardín Botánico de Río de Janeiro, 2 de octubre de 1935.

Vasconcelos e colocada diante da praia do Fla-mengo. Além dela, no meio e no final do discurso, o leitor pôde apreciar, em outras duas imagens, um detalhe da “região mexicana” do Jardim, dedicada em particular à flora do deserto, e uma última foto do próprio deus; nela, Xochipilli aparece solitário, sentado sobre o pedestal, em um lugar privilegiado do Jardim Botânico e com a acostumada expressão inescrutável. No arquivo de Reyes, conserva-se uma fotografia irmã da anterior, tirada no mesmo dia da cerimônia; nela aparece o autor no momento da leitura do discurso. Enquanto isso, coberto pelo que pareceria ser uma bandeira do México, o deus aguarda o momento de ser desvelado. Como pode-se apreciar outra vez, a intercomunicação entre Monterrey e outros meios de registro da vida diária do regiomontano foi total.

Entre as ilustrações de apoio, gostaria de desta-car o retrato a bico-de-pena do autor do Fausto, que acompanharia o ensaio “Goethe y América”. Mas, sobretudo, a formosa caricatura que retrata Valery Larbaud e foi o complemento da crônica “Viajes Morrocotudos”, de Reyes. Esta imagem do salva-

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El Cuauhtémoc posee su leyenda que ya he contado en otra parte. Es una superstición

popular de que he tenido noticia por el poeta Murilo Mendes:

Cuauhtémoc es un inmenso amuleto, una mascota, una imagen propiciatoria de la buena suerte. Hay que dar tres vueltas en torno al monumento y hacerle una pequeña reverencia quitándose el sombrero; eso basta: ya están conjurados los peligros… La estatua de Cuauhtémoc es dispensadora de bravura y de resistencia ante los desastres y contrariedades del mundo. Y esto, por generoso ministerio del gran Poeta Desconocido; es decir, el pueblo.

Pero ya Cuauhtémoc, carioca honorario desde el año de 1922, no está solo. Otro símbolo

mexicano parece saludarlo desde el Jardín Botánico, y es el Xochipilli, dios floreal, cuya

estatua tuve la honra de ofrecer a Río de Janeiro en el año de 1935.

Alfonso Reyes, Aguja de las playas

gen sirvió de ilustración al artículo de Reyes “Paul Morand en Río”, portada

del número 7, de diciembre de 1931. Pero antes, y en esto se descubre una de

las caras más íntimas y fascinantes de Monterrey, el mexicano había colocado

este recuerdo fotográfico, referido a uno de los paseos narrados en el artículo,

en uno de los álbumes de fotos de Río de Janeiro, el correspondiente a la tem-

porada de otoño del año mencionado. Este álbum muestra la vida cotidiana

de la familia Reyes. En él se ven entre amigos, en exteriores del palacete de

Rua das Laranjeiras y realizando trabajos de jardinería; o de paseo por Copa-

cabana, en algún crucero y en el Jardín Botánico. También, al pie del Cristo de

Corcovado; o con la Bahía de Guanabara a sus espaldas o la perspectiva de Río

a sus pies, según se aprecia desde las alturas del Pan de Azúcar.

Esta toma, la de Monterrey, en que Morand aparece echado hacia de-

lante, en una postura simpática aunque rara, ha perdido en la reproducción

del Correo muchos de sus detalles. Pero en la copia del álbum podemos

apreciar, al fondo de la imagen, las suaves colinas del paisaje y la vegetación

frondosa que rodea la carretera. También aparece la parte trasera del coche

y el detalle que explica la curiosa inclinación en el cuerpo del francés. Mo-

rand está de pie sobre la cuneta, con problemas de equilibrio, a punto de

bajar a la carretera. La foto de al lado, en el álbum, da más pistas sobre el

paseo. En ella aparece una mujer –¿esposa de Morand?– y el pintor brasi-

dorenho4 Toño Salazar, discreta, encantadora em seu comentário do temperamento do autor francês, remete aos melhores tempos parisienses do regio-montano.

Mencionei, no início, um tipo especial de ima-gens. São aquelas que, sem ser ilustrações do texto que as circunda, tampouco parecem ter relação, aparente ou real, com alguma das colaborações pró-ximas. No entanto, pelo menos em alguns casos, a força contida pelas estampas teria ressonância com material publicado anteriormente, ou então com a própria vida de Reyes.

No número inicial de Monterrey, justamente abaixo do “Propósito” da publicação e rodeado pelo corpo tipográfico do “Boletín Gongorino”, Reyes colocou a reprodução da pintura Tennis, do modernista pernambucano, animador cultu-ral, poeta e editor Vicente do Rego Monteiro. A imagem referia-se à exposição Arte Francesa Mo-derna, montada no Palace Hotel do Rio, em cujas salas, exatamente em frente à praia de Copacabana, fariam exposições muitos pintores brasileiros do momento.

4 “...e penso que também mexicano”, escreveu Reyes

em um artigo de Monterrey.

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72 leño Cícero Dias, con el sombrero usado en otras fotos del paseo echado

sobre las orejas. La foto de Morand rumbo a Petrópolis podría haber sido

tomada por Reyes, en un acto absolutamente común a su vida cotidiana

en Río.

Otra foto que podría ser de la autoría de Alfonso Reyes es la del águila y

la serpiente que decora una fuente ante la prefectura de la ciudad visitada en

aquella ocasión, Petrópolis. La misma, puesta al lado del escudo de México,

sirvió de complemento a una de las entregas del artículo “Virgilio y Améri-

ca”, portada del número 10 de Monterrey, de marzo de 1933. Unas cuantas

ilustraciones más, digamos, de circunstancia, figuran en los números fina-

les de Monterrey. Tres fotografías emotivas, sobre todo porque apoyaban

acontecimientos singulares en la vida de Reyes y en cuanto a la presencia

inmediata y futura de su país en Brasil. Estas fotos, aparecidas en el número

13 del Correo literario, ejemplar con el que el escritor se despedía de Brasil,

complementaron la reproducción del discurso con que Alfonso Reyes en-

tregó al Jardín Botánico de Río la reproducción escultórica de Xochipilli, el

dios mexica de las flores.

El texto luciría, en el espacio de dos columnas del peculiar tabloide, la

aún hoy famosa escultura de Cuauhtémoc, llevada a Río en 1922 por José

Vasconcelos y puesta frente a la playa de Flamengo. Además de la anterior,

en medio y al final del discurso el lector pudo apreciar, en otras dos imá-

genes, un detalle de la “región mexicana” del jardín, dedicada en particular

a la flora del desierto, y una última toma del propio dios. En ella Xochipilli

Rego Monteiro, Tennis. Exposición de Arte Francés Moderno, Monterrey. Correo literario número 1, junio de 1930.

Valery Larbaud por Toño Salazar, Monterrey. Correo literario número 4, abril de 1931.

Rego Monteiro, como depois Cícero Dias em relação com El Guernica, tinha sido há muito tempo um importante introdutor do cubismo europeu no Brasil. Com um pé na França e outro em seu país natal, Rego Monteiro figurava agora como parte da escola francesa; mas seria necesário um trabalho minucioso para descobrir o possível significado da publicação desta obra de Rego Monteiro en Monter-rey e suas repercussões, no passado e no presente, na vida carioca del mexicano. Em sua primeira estadia parisiense, o brasileiro havia freqüentado o ambien-te boêmio que Reyes tanto apreciava. E o fez justa-mente durante os meses de 1913, que antecipariam a grande guerra. Além disso, tanto em Paris quanto no Rio, o pintor se encontrou com amigos brasileiros muito próximos também de Reyes, como Ronald de Carvalho, Tarsila do Amaral – mulher de Oswald de Andrade – e Emiliano Di Cavalcanti. Já no Rio, em junho de 1930, mês em que apareceu este primeiro número do Correo literario, a maioria deles ia e vinha da França ao Brasil, mas também freqüentava com toda liberdade a Embaixada mexicana da Rua das Laranjeiras.

Em relação à outra destas ilustrações singulares, Alfonso Reyes, como mencionei antes, contou no número 7 de Monterrey a história de vários passeios feitos com Paul Morand, nos que – em companhia de diversos amigos cujos nomes Reyes omitia – o francês tinha conhecido a Barra da Tijuca, o Pão de Açúcar e dois lugares com conteúdo social verda-deiramente fora de série. Reyes concentraria sua colorida crônica nos dois últimos lugares: o bairro do Mangue, no Rio, e um percurso mágico e aci-dentado, cruzando a Baía da Guanabara rumo a

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73aparece en solitario, sentado sobre el pedestal en un lugar de privilegio del

Botánico y con la acostumbrada expresión inescrutable. En el archivo de

Reyes se conserva una fotografía hermana de la anterior, tomada el mismo

día de la ceremonia. En ella se capta al autor en el momento de la lectura del

discurso. Mientras, cubierto por lo que pareciera una bandera de México, el

dios aguarda el momento de ser develado. Como se puede apreciar de nueva

cuenta, la intercomunicación entre Monterrey y otros medios de registro de

la vida diaria del regiomontano fue total.

De entre las ilustraciones de apoyo quisiera destacar el retrato a líneas del

autor del Fausto, que acompañaría al ensayo “Goethe y América”. Pero sobre

todo, la hermosa caricatura que retrata a Valery Larbaud y fue el complemen-

to de la crónica “Viajes Morrocotudos”, de Reyes. Esta imagen del salvadore-

ño4 Toño Salazar, discreta, encantadora en su comentario del temperamento

del autor francés, remite a los mejores tiempos parisinos del regiomontano.

Mencioné al principio un tipo especial de imágenes. Son aquéllas que

sin ser ilustraciones del texto que las circunda, tampoco parecieran tener

relación, aparente o real, con ninguna de las colaboraciones próximas. Sin

embargo, cuando menos en algunos casos, la fuerza contenida por las es-

tampas tendría resonancia con material publicado anteriormente o bien con

la propia vida de Reyes.

En el número inicial de Monterrey, justo debajo del “Propósito” de la pu-

blicación y rodeada por el cuerpo tipográfico del “Boletín Gongorino”, puso

Reyes la reproducción de la pintura Tennis, del modernista pernambucano,

animador cultural, poeta y editor Vicente do Rego Monteiro. La imagen re-

fería a la exposición Arte Francés Moderno, montada en el Palace Hotel de

Río, en cuyas salas, justo frente a la playa de Copacabana, exhibieron mu-

chos pintores brasileños del momento.

Rego Monteiro, como más adelante Cícero Dias en relación con El

Guernica, había sido desde tiempo atrás un importante introductor a Brasil

del cubismo europeo. Con un pie en Francia y otro en su país natal, Rego

Monteiro figuraba ahora como parte de la escuela francesa. Pero habría que

hilar fino para descubrir el posible significado de la publicación de esta obra

de Rego Monteiro y las repercusiones, hacia el pasado y el presente, en la

vida carioca de Reyes. En su primera estancia parisina, el brasileño había

frecuentado el ambiente bohemio tan del gusto de Reyes. Y lo había hecho

justo durante los meses de 1913 que anticiparían la gran guerra. Pero ade-

más, tanto en París como en Río, el pintor se vio con amigos brasileños muy

4 “... y pienso que también mexicano”, escribió Reyes en un artículo de Monterrey.

Paul Morand en el alto de la Indepencia, camino de Petrópolis, Monterrey. Correo literario número 7, diciembre de 1931.

Niterói, para presenciar “os bailes sagrados”, ou seja, o ritual da macumba.

Desta maneira, seis meses depois do passeio, a reprodução de um desenho de Foujita acompa-nharia outra edição de “Virgilio y América”, sem ter, na verdade, nada a ver com o tema do ensaio, pois tratava-se da representação do “baile sagrado”. Esta cerimônia foi representada por Foujita durante seu périplo sul-americano; o motivo da visita ao Rio havia sido visitar Cândido Portinari. Reyes publi-cou esta imagem em Monterrey no ano seguinte ao passeio, sem mais explicação que o título, que era La Macumba. Algum sinal aos amigos?

A última destas imagens sui generis que gostaria de comentar é, de fato, mais texto que imagem, ou tão ilustração quanto conteúdo escrito. O fato é que na seção “Investigaciones”, do exemplar de Monterrey de março de 1933, Reyes publicou em três colunas, divididas em duas páginas, uma colaboração de Camille Pitollet que põe em dúvida o presumível desinteresse do regiomontano por outras vertentes da vanguarda que não fossem o cubismo de seu amigo Rivera. No Correo literario, sob o título “La poesía tipográfica”, apareceram as divertidas silhuetas de duas garrafas, um cálice e uma cruz, com o correspondente texto explicativo.

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Tsugouharu Foujita, La Macumba, Monterrey. Correo literario número 8, marzo de 1932.

Caligramas não de Apollinaire, mas de autoria de Rabelais e outros escritores de língua francesa.

esboço de Colibri

No tomo IX das Obras completas de Reyes, que apa-receu no ano da morte de seu autor, 1959, recolhe-se Norte y Sur (1944), livro dedicado a impressões variadas sobre a Argentina e o Brasil. Este tomo inclui o artigo “Maximiliano descubre el colibrí”, publicado originalmente no mesmo número 13 de Monterrey, de junho de 1936, em que Reyes se despedia do Brasil.

Nesse tomo de Obras completas, entre o título e o corpo do ensaio, aparece, reproduzida da im-pressão do Correo, a versão de um destes passari-nhos, realizada pelo pintor de formatos médios e muralista Cândido Portinari.

Enquanto que nas Obras completas anota-se que o colibri de Portinari é “um desenho”, a edição de Monterrey diz que se trata de “um esboço”. De fato, a seção pouco freqüente em que se incluiria tan-to o que foi referido a Maximiliano quanto outro pequeno ensaio dedicado à papoula e à amizade entre o México e o Brasil, é a já mencionada “Cua-derno de Apuntes”.

O paulista Portinari, assim como Reyes, mo-rou na Europa alguns anos, mas, a partir de 1931, encontrava-se já instalado definitivamente no Rio de Janeiro. Era então professor de artes plásticas e pintor incipiente.

O belo retrato escrito de Maximiliano foi con-cebido por Reyes a partir de duas das facetas mais esquecidas do imperador: suas atividades como naturalista e suas práticas de escritor. Maximiliano havia passado pelo Brasil no final de 1859. Ali, como Reyes muitos anos depois, encontrou-se –entre outras muitas coisas da natureza– com o colibri ou beija-flor, como é conhecido em português. O im-perador descreveria desta forma o também conhe-cido, somente no México, como chupamirto: “Era uma vibração incessante, um zumbido, uma osci-lação mil vezes repetida. Dir-se-ia um pensamento preso ao vôo e encerrado em uma palpitação de asas, flutuante e suspensa no espaço”.

Como reflexo da experiência do próprio Ma-ximiliano, a ilustração de Portinari se concentrava na imagem de um só colibri. Fred Ellison acha que, com certeza, o desenho foi um presente do artista. É quase certo que Reyes não tenha pago nada por ele, mas acho que, como acontece habitualmente no âmbito editorial, o colibri foi feito à petição expressa

próximos también a Reyes, como Ronald de Carvalho, Tarsila do Amaral

–mujer de Oswald de Andrade— y Emiliano Di Cavalcanti. Ya en Río, en

junio de 1930 cuando apareció este primer número del Correo literario, la

mayoría de ellos iba y venía de Francia a Brasil. Pero también frecuentaban

con toda libertad la Embajada mexicana de Rua das Laranjeiras.

En relación con otra de estas ilustraciones singulares, Alfonso Reyes,

como mencioné antes, contó en el número 7 de Monterrey varios paseos

realizados con Paul Morand en los que, en compañía de diversos amigos

cuyos nombres Reyes omitía, el francés había conocido Barra de Tijuca, el

Pan de Azúcar y dos sitios con contenido social verdaderamente fuera de

serie. Reyes centró su colorida crónica en los dos últimos lugares: el barrio

de Mangue, en Río, y un recorrido mágico y accidentado, cruzando la bahía

de Guanabara, a Niterói, para presenciar “los bailes sagrados”. O sea, el ritual

de la macumba.

Y bueno, seis meses después del paseo, la reproducción de un dibujo de

Foujita acompañaría otra entrega de “Virgilio y América”, sin tener en reali-

dad nada que ver con el tema del ensayo. Pues se trataba de la representación

del baile sagrado. Esta ceremonia fue trazada por Foujita durante su periplo

sudamericano. El motivo de la visita a Río había sido ver a Cândido Portina-

ri. Reyes publicó esta imagen en Monterrey al año siguiente del paseo, sin

más explicación que el título de La Macumba. ¿Algún guiño a los amigos?

La última de estas imágenes sui géneris que quisiera comentar es, de

hecho, más texto que imagen; o tan ilustración como contenido escrito.

Y es que en la sección “Investigaciones”, del ejemplar de Monterrey de

marzo de 1933, Reyes publicó a tres columnas y en una parcial doble pla-

na, una colaboración de Camille Pitollet que pone en duda el presunto

desinterés del regiomontano por otras vertientes de la vanguardia que no

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Cândido Portinari, Colibrí (apunte). Monterrey. Correo literario número 13, junio de 1936.

de Reyes. Isto explicaria por que este delicado pas-sarinho não nasceu solitário, mas pertenceu a um pequeno bando de aves.

Portinari deve ter feito várias tentativas para chegar à ilustração definitiva. Como acontece mui-tas vezes na pintura ou na literatura, o resultado fi-nal desbancou os produtos prévios ou paralelos de elaboração. O “esboço” viria a tornar-se assim, para o leitor de ontem e de hoje -segundo a versão dada em Obras Completas-, o “desenho” último e defini-tivo. Não obstante, Reyes e Portinari sabiam que este resultado plástico, como o estudo de Maxi-miliano e o próprio ensaio sobre este personagem, eram apenas bosquejos – embora completos – ela-borados em torno a um objeto central de estudo. O colibri, “a coisinha pequena e volátil”, continu-ava sendo “intocável”, “semelhante às imagens do sonho”. Além disso, no caso do trabalho de Porti-nari, uma versão a mais, dentro de um conjunto de desenhos hoje conhecidos.

Maximiliano considerava o colibri uma singu-lar “jóia do paraíso”. Perdido, talvez, no ateliê em que Reyes imprimia o Monterrey, o tão conhecido e solitário original de Portinari, junto com os ou-tros estudos de colibris, resultaria posterior, em não mais de um ano, ao famoso quadro Café, que projetou internacionalmente o pintor brasileiro.

de grande fôlego

Dentro dos poucos trabalhos dedicados expressa-mente à arte, existe um interessante e outro bastante significativo em Monterrey. O primeiro, texto inicial da seção “Investigaciones” do número 3, de outubro de 1930, é “Rousseau el aduanero y México”. Nele, sem abandonar a lembrança de Paul Morand, agora de viagem pelo México, Reyes considerava a pos-sibilidade de que Henri Rousseau nunca houvesse estado no México e que, para os motivos presumi-velmente mexicanos de seus últimos quadros, tives-se se inspirado nas estampas de algumas histórias naturais baratas.

A segunda colaboração, não tão breve e de maior qualidade que a anterior, na qual Reyes projetava também algumas de suas inclinações como escritor, foi “Vermeer y la novela de Proust”, artigo escrito ori-ginalmente em Madri, para a revista Social de Havana e reproduzido no número 14 de Monterrey, o último do Correo literario, impresso em Buenos Aires.

O trabalho, considerado por Paulette Patout “talvez o seu melhor ensaio” e, sem dúvida, “outra obra prima!”, pertence aos textos que, mesmo

fueran el cubismo de su amigo Rivera. Bajo el título de “La poesía tipográ-

fica” se vieron aparecer en el Correo literario, con el correspondiente texto

explicativo, las divertidas siluetas de dos botellas, una copa y una cruz. Ca-

ligramas no de Apollinaire, sino de la autoría de Rabelais y otros autores

de habla francesa.

bocetos de colibrí

En el tomo IX de las Obras completas de Reyes, aparecido en el año de la

muerte de su autor, 1959, se recoge Norte y Sur (1944), libro dedicado a im-

presiones varias sobre Argentina y Brasil. Dicho tomo incluye el artículo

“Maximiliano descubre el colibrí”, publicado originalmente en el mismo nú-

mero 13 de Monterrey, de junio de 1936, en que Reyes se despedía de Brasil.

En ese tomo de Obras completas, entre el título y el cuerpo del ensayo,

aparece, reproducida de la impresión del Correo, la versión de uno de estos

pajarillos realizada por el pintor de medianos formatos y muralista Cân-

dido Portinari.

Mientras en las Obras completas se anota que el colibrí de Portinari es

“un dibujo”, en la edición de Monterrey dice que se trata de “un apunte”. De

hecho, la sección poco frecuente donde se incluyó tanto el referido a Maxi-

miliano como otro ensayito dedicado a la amapola y la amistad entre Méxi-

co y Brasil, es la ya referida “Cuaderno de Apuntes”.

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sendo breves, estariam entre os de grande fôlego que se publicaram em Monterrey. Dois pequenos ensaios, apêndices deste, foram “La última morada de Proust”, de 1928, e “Proust y los gusanos de cuatro dimensiones”. Este último, publicado na seção “Miscelánea” do Correo, na última página do número

6, de outubro de 1931, apareceu en Monterrey, antes, de fato, que o dedicado à proximidade entre o escritor francês e o artista nascido em Delft.

“Vermeer y la novela de Proust” foi ilustrado com uma reprodução do retrato hoje conhecido como A jovem do brinco de pérola, do Rijksmuseum de Amsterdã. Reyes o denominou, então, como A moça do turbante. Esta imagem de Vermeer, conhecida em alguns círculos como a Gioconda do norte, foi tão apreciada pelo regiomontano que ele chegou a pendurar na Capilla Alfonsina uma reprodução do quadro de tamanho semelhante ao orignal.

Neste trabalho, concentrado essencialmente no caráter de Proust e de sua personagem, Swann, Reyes exibiu, inclusive, muitas de suas inclinações e características como escritor. Por tal razão, não poderia ser considerado como um trabalho a mais dentro da obra total de Alfonso Reyes.

Por outro lado, neste pequeno grande ensaio, o autor do Romance del Río de Enero se permitiu uma aproximação livre e prazenteira à obra de Vermeer. Uma aproximação de amador, claro; mas também – e, sobretudo – de um conhecedor sensível e preciso da pintura barroca holandesa.

El paulista Portinari, como Reyes, vivió en Europa algunos años. Pero

a partir de 1931 se encontraba ya instalado definitivamente en Río. Era por

entonces profesor de artes plásticas y pintor incipiente.

El bello retrato escrito de Maximiliano, Reyes lo había concebido a par-

tir de dos de las facetas más olvidadas del emperador: sus actividades como

naturalista y sus prácticas de escritor. Maximiliano había pasado por Brasil a

finales de 1859. Allí, como Reyes lustros después, se topó, entre otras muchas

cosas de la naturaleza, con el colibrí o besaflor, como se le conoce en portu-

gués. El emperador describiría de esta forma al también conocido, sólo en

México, como chupamirto: “Era una vibración incesante, un zumbido, una

oscilación mil veces repetida. Se diría un pensamiento atrapado al vuelo y

encerrado en una palpitación de alas, flotante y suspensa en el espacio”.

Como reflejo de la experiencia del propio Maximiliano, la ilustración de

Portinari se concentraba en la imagen de un solo colibrí. Fred Ellison consi-

dera indudable que el dibujo fue un regalo del artista. Es casi seguro que Re-

yes no haya pagado nada por él, pero creo que, como sucede habitualmente

en el ámbito editorial, el colibrí fue hecho a petición expresa de Reyes. Lo

cual explicaría el por qué este delicado pajarillo no nació en solitario, sino

que perteneció a un pequeño conjunto de aves.

Portinari debe haber requerido de varios intentos para conseguir la ilus-

tración definitiva. Como sucede muchas veces en la pintura o en la literatura,

el resultado final desplazó los productos previos o paralelos de elaboración.

El “apunte” se convertía así, para el lector de ayer y de hoy, según la versión

que se da en Obras completas, en el “dibujo” último y definitivo. No obstan-

te, Reyes y Portinari sabían que este resultado plástico, como el estudio de

Maximiliano y el propio ensayito sobre éste, eran apenas bocetos –aunque

redondos– elaborados en torno a un objeto central de estudio. El colibrí, “la

cosita pequeñita y volátil”, seguía siendo “inasible”, “semejante a las imáge-

nes del sueño”. Pero además, en el caso del trabajo de Portinari, una versión

más dentro de un conjunto de tintas hoy conocidas.

Maximiliano consideraba al colibrí como una singular “joya del paraíso”.

Perdido quizá en el taller donde Reyes imprimía Monterrey, el tan conocido

y solitario original de Portinari, junto con los otros estudios de colibríes, re-

sultaría posterior en no más de un año al famoso cuadro Café que proyectó

internacionalmente al brasileño.

de Gran aliento

Dentro de los pocos trabajos dedicados expresamente al arte hay uno intere-

sante y otro bastante significativo en Monterrey. El primero, texto inicial de

La moza del turbante, Rijksmuseum, Amsterdam. Monterrey. Correo literario número 14, julio de 1937.

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77la sección “Investigaciones” del número 3, de octubre de 1930, es “Rousseau

el aduanero y México”. En él, sin abandonar el recuerdo de Paul Morand,

ahora de viaje por México, Reyes planteaba la posibilidad de que Henri

Rousseau nunca hubiera estado en México y que para los motivos presunta-

mente mexicanos de sus últimos cuadros se hubiera inspirado en las estam-

pas de algunas historias naturales baratas.

La segunda colaboración, no tan breve y de mayor calidad que la anterior,

en la que Reyes proyectaba además algunas de sus inclinaciones como escritor,

fue “Vermeer y la novela de Proust”, artículo escrito originalmente en Madrid

para la revista Social de La Habana y reproducido en el número 14 de Monte-

rrey, el último del Correo literario, con pie de imprenta en Buenos Aires.

El trabajo, considerado por Paulette Patout “quizá su mejor ensayo” y,

eso sí, “¡otra obra maestra!”, pertenece a los textos que, aun en su brevedad,

serían de los de gran aliento en Monterrey. Dos ensayitos apéndices de éste

fueron “La última morada de Proust”, de 1928, y “Proust y los gusanos de

cuatro dimensiones”. Este último, publicado en la sección “Miscelánea” del

Correo, en la última página del número 6, de octubre de 1931, apareció en

Monterrey, de hecho, antes que el dedicado a la cercanía entre el escritor

francés y el artista nacido en Delft.

“Vermeer y la novela de Proust” fue ilustrado con una reproducción del

retrato hoy conocido como La joven del arete de perla, del Rijksmuseum de

Ámsterdam. Reyes lo tituló entonces como La moza del turbante. Esta ima-

gen de Vermeer, referida en algunos círculos como la Gioconda del norte, fue

tan apreciada por el regiomontano que llegó a colgar en la Capilla Alfonsina

una reproducción del cuadro de tamaño cercano al del original.

En este trabajo, centrado en lo esencial en el carácter de Proust y de su

personaje, Swann, Reyes exhibió además muchas de sus características

como escritor. Por lo mismo, no podría considerarse como un trabajo más

dentro de la obra total de Alfonso Reyes.

Por otro lado, en este pequeño gran ensayo el autor del Romance del Río

de Enero se permitió un acercamiento libre y gustoso a la obra de Vermeer.

Un acercamiento de amateur, desde luego; pero también, y sobre todo, de

conocedor sensible y puntual de la pintura barroca holandesa.

tablas y viñetas

A lo largo de siete colaboraciones, que abarcaron del número 8 de Monte-

rrey, de marzo de 1932, al 12, de agosto de 1935, se desarrolló en el Correo

literario una suerte de foro abierto con el tema de La Conquista de México

en tablas de González.

La Conquista de México en tablas de González. Monterrey. Correo literario número 12, agosto de 1935.

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78 Echada a andar por el propio Reyes, comenzó entonces la pesquisa de

esta serie de pinturas con incrustaciones de nácar que, localizadas en un pri-

mer grupo en Buenos Aires, con el correr de los meses mostró su amplitud

y aprecio en otras ciudades de América y Europa. Trabajo de colaboración

intercontinental y multidisciplinario, en el sentido más actual del término,

esta forma de correspondencia indagatoria, intelectual y artística representa

en mi opinión la mayor aportación de Monterrey al futuro de la comunica-

ción a través de los medios. Sin importar cuáles sean éstos.

Por último, quisiera mencionar en este artículo un producto de Monte-

rrey que con el tiempo se convirtió en emblema de las ediciones de Alfonso

Reyes. Me refiero a la viñeta del Cerro de la Silla por él trazada, que vuelta

eco en la leyenda “el cerro cae en la página…” del Correo literario, acom-

pañó casi todos los libros finales del regiomontano. Libros tan personales

como el propio dibujo, y que no podrían haber sido impresos sino en edicio-

nes de autor, como lo fue la producción completa de Monterrey.

pintura sobre madeira e vinhetas

Ao longo de sete colaborações, que abarcaram do número 8 de Monterrey, de março de 1932, ao núme-ro 12, de agosto de 1935, desenvolveu-se no Correo literario uma espécie de fórum aberto, com o tema da Conquista do México em tablas de González.

Impulsionada pelo próprio Reyes, começou então a pesquisa desta série de pinturas com in-crustações de madrepérola que, localizadas em um primeiro grupo em Buenos Aires, com o passar dos meses mostraria sua amplitude e apreciabilidade em outras cidades da América e da Europa. Traba-lho de colaboração intercontinental e multidiscipli-nar, no sentido mais atual do termo, esta forma de correspondência indagativa, intelectual e artística representa, em minha opinião, a maior contribuição de Monterrey ao futuro da comunicação através da mídia, sem importar de que tipo seja.

Por último, gostaria de mencionar neste artigo um produto de Monterrey que, com o tempo, tornar-se-ia um emblema das edições de Alfonso Reyes. Refiro-me à vinheta do Cerro de la Silla (Monte da Sela), por ele traçada, que, como eco lema “o mon-te cai na página...” do Correo literario, acompanhou quase todos os livros finais do regiomontano. Li-vros tão pessoais como o próprio desenho, e que não poderiam ter sido impressos a não ser em edi-ções de autor, como se deu a produção completa de Monterrey.

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Esta obra se terminó de imprimir en septiembre de 2008,en los talleres de Gráfica, Creatividad y Diseño, S.A. de C.V.

en papel Ab cream de 90 gr, con un tiraje de 1000 ejemplares.

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EntrE 1930 y 1937 Alfonso rEyEs publicó cAtorcE

números, más uno que tuvo que repetir, de Monterrey, su correo literario.

Ahora, a casi ochenta años del primer número y en fechas cercanas a la

conmemoración de los 120 años de su natalicio los reproducimos en

edición facsimilar acompañados del análisis y los comentarios de autores

que siguen admirando su trabajo.

El propio Reyes expresó que se trataba de «un órgano de relación, de

relación social, con el mundo de los escritores: un boletín de noticias del

trabajo, casi una carta circular.» José Emilio Pacheco, por su parte, señala

que estas páginas a las que Reyes dio el nombre de su ciudad natal son

«un diario (un newspaper) y un “diario” (un journal), pero sobre todo se

acercan al hoy amenazado modelo del periódico cultural».