Monseñor Óscar A. Romero. Su p .Con ocasión de recibir monseñor Chávez, de parte de la Asamblea

download Monseñor Óscar A. Romero. Su p .Con ocasión de recibir monseñor Chávez, de parte de la Asamblea

If you can't read please download the document

  • date post

    07-Oct-2018
  • Category

    Documents

  • view

    233
  • download

    0

Embed Size (px)

Transcript of Monseñor Óscar A. Romero. Su p .Con ocasión de recibir monseñor Chávez, de parte de la Asamblea

  • scar A. Romero

    Monseor scar A. Romero. Su pensamiento

    2003 - Reservados todos los derechos

    Permitido el uso sin fines comerciales

    http://www.biblioteca.org.ar/
  • scar A. Romero

    Monseor scar A. Romero. Su pensamiento

    Volumen IV Introduccin Muy lejos estuvo de la mente de Jess, una Iglesia as. No es as la Iglesia del Evangelio, ni la Iglesia de los Apstoles, ni la del Concilio, ni la de Medelln y Puebla. No era tampoco la Iglesia que monseor Romero formaba y predicaba. Puebla, entre otros, lo dej bien claramente expresado: La Iglesia requiere ser cada da ms independiente de los poderes del mundo, para as disponer de un amplio espacio de libertad que le permita cumplir su labor apostlica sin interferencias... As, libre de compromisos, slo con su testimonio y su enseanza, la Iglesia ser ms creble y mejor escuchada. De este modo el mismo ejercicio del poder ser evangelizado, en orden al bien comn. La Iglesia asume la defensa de los Derechos Humanos y se hace solidaria con quienes los propugna (Puebla, 144-146). Por eso, hermanos, no nos debe extraar, que una Iglesia tenga mucho de Cruz, porque si no, no tendr mucho de resurreccin. Una Iglesia acomodaticia, que busca prestigio sin el dolor de la Cruz, no es la Iglesia autntica de Jesucristo. El 19 de febrero de 1978, a un ao de haber empezado su arzobispado, predicando sobre Cuaresma y Pascua hablaba as monseor Romero. Un ao antes, el 22 de febrero, haba sido su toma de posesin. No en Catedral, sino en la parroquia de San Jos de la Montaa. Improvisada y precipitadamente. Monseor Chvez, anterior y muy querido arzobispo, haba determinado entregar casi de repente. Los acontecimientos eran ya muy dolorosos y sus hombros de Pastor, despus de 39 aos, no podan ya sostener las cruces que se avecinaban. Un captulo aparte de nuestra historia eclesistica la podran constituir las razones que movieron a monseor Chvez para esa entrega tan sbita. Con ocasin de recibir monseor Chvez, de parte de la Asamblea Legislativa, el ttulo de Ciudadano Meritsimo, monseor Romero se refera a ello, en una de sus homilas: Soy testigo de sus lgrimas y de su dolor en los ltimos das de su arzobispado. Hasta me dijo: 'Vngase pronto a tomar esto porque esto est terrible'. Se le estaba expulsando

  • sacerdotes, no se le atenda por telfono... Por eso, creo que el honor que ahora se le hace, si no es una verdadera reparacin, es una falta de sinceridad si no se lleva a sus consecuencias, el homenaje a un hombre que proclam con mucha valenta la situacin social de nuestro ambiente. La Asamblea no llev ese ttulo a las consecuencias necesarias, pero s monseor Romero. Su sinceridad caractersticas, su dura franqueza le llev a las ltimas consecuencias. No resulta fcil evitar hacer paralelos con la vida de Jess. Como l predic tres aos. Como l fue acusado de Hemos encontrado a ste alborotando a nuestro pueblo (Lucas 23, 2), como l fue condenado a muerte. A Jess le hicieron un juicio amaado en un Tribunal. A monseor Romero -sin juicio- lo mandaron a matar. Estas homilas que ahora presentamos arrancan en el primer aniversario de su toma de posesin. Ningn obispo sufri tanto, trabaj tanto y goz en un solo ao. Monseor Romero predicaba con pasin. Pero, ninguna cosa dijo que no partiera de la fe, del Evangelio, del magisterio, de la vida. Esa fue su pasin. La verdad sobre Cristo y la verdad sobre el hombre, desde la verdad sobre la Iglesia. Nunca pudo pensar que los documentos de la Iglesia fueran slo para ser atesorados, guardados en bibliotecas, privadas o pblicas, o para ser llevados solemnemente en procesiones. Siempre quiso realizarlos, vivirlos y hacerlos vivir, aun a costa de su tranquilidad -qu agradable y cmoda es la tranquilidad-, de su fama y de su vida. Por eso deca el 12 de febrero del 78, hablando de las tentaciones en el desierto: No es propiamente la persona divina de Cristo que va a ser tentada en esa forma tan descarada por el demonio, pero s va a ser la prolongacin de Cristo en la historia que es la Iglesia, ella s va a sufrir estas tentaciones. Obispos, sacerdotes, religiosos, instituciones catlicas, vamos a tener que sufrir estas tremendas tentaciones del poder, vamos a querer convertir nuestra misin mesinica salvadora en la humildad, en la austeridad, en el sacrificio y quererla apoyar en el poder, en el dinero, en el bienestar. Cuntas veces ha cado la pobre Iglesia en estas tentaciones!. Ningn eclesistico atrajo nunca tantas multitudes y tantos oyentes con su predicacin. Ninguno tampoco se conquist tantos insultos en tan distintos tribunales, nuevos Sanedrines. Ninguno fue tan querido, ni tan odiado. Fue, en realidad, un Obispo hecho pueblo, como alguien escribiera. Porque era siempre el pueblo el centro de sus preocupaciones. Acaso no eran ovejas sin Pastor?

  • Tambin el pueblo se siente en Cuaresma, se siente en camino de un va crucis, y por eso, no podemos prescindir, al explicar la Palabra de Dios, de la realidad histrica por donde va pasando este va crucis de nuestro pueblo (5-marzo-78). Es el ao en que celebra el primer aniversario de su toma de posesin, de los sacerdotes Rutilio Grande y Alfonso Navarro. Somos una comunidad que la muerte no puede detener (En el aniversario de Alfonso Navarro). El ao en que recibe el doctorado Honoris Causa, en que denuncia la actitud de la Corte Suprema de justicia: Dnde est el papel trascendental en una democracia de este poder (el judicial) que deba estar por encima de todos los poderes y reclamar la justicia a todo aquel que la atropella? (30-abril-78). La fuerza, el dinamismo de esta Iglesia no est en los hombres que podemos ser muy frgiles y pecadores. No me asusta cuando me critican de pecados porque los tengo (30-abril-78). Lo criticaron de pecador y lo criticaron de maldades. Su nombre sonaba en todo el pas y sonaba en el mundo entero. Para muchos -los ms- para contento. Para otros -los menos- para ira y clera. Los obispos asistentes a sus funerales y uno de los obispos de El Salvador firmaron lo siguiente: Hemos visto en l al ejemplo de obispo que soamos en Medelln y en Puebla... un hombre de oracin.... Y seguan: Tres cosas admiramos y agradecemos en el episcopado de monseor scar A. Romero: -Nunca rehuy decir la verdad y decirla con valenta evanglica... Siempre dijo, arriesgando su vida, la verdad sobre la situacin de opresin y represin que viven los ms pobres... -Fue... un acrrimo defensor de la justicia... trabaj y luch por una verdadera solidaridad de hermanos. -Fue el amigo, el hermano, el defensor de los pobres y oprimidos. [...] -La muerte de monseor Romero no es un hecho aislado, forma parte del testimonio de una Iglesia que en Medelln y Puebla opt, desde el Evangelio, por los pobres y oprimidos. Y terminaban diciendo: Queremos finalmente comprometernos nosotros los obispos y nuestras Iglesias en la lnea de monseor Romero.

  • El Evangelio, el Concilio, Medelln y Puebla nos piden a todos ese compromiso. La doctrina es clara. Los hechos no son siempre claros. Las tentaciones asaltan siempre a la Iglesia. LOS EDITORES 24 de marzo de 1981 Primer Aniversario de la muerte de monseor scar Arnulfo Romero [1] La historia de la Salvacin encuentra su culminacin en Cristo, pero tuvo su origen en Adn y tiene su prolongacin de Adn y de Cristo en nosotros 1.er Domingo de Cuaresma 12 de febrero de 1978 Gnesis 2, 7-9; 3, 1-7 Romanos 5, 12-19 Mateo 4, 1-11 Queridos hermanos: INTRODUCCIN: LA GRAN PROCESIN CUARESMAL ROMANA ... Desde el mircoles de esta semana nos encontramos en el ao litrgico, una temporada densa que se llama la Cuaresma. Para comprenderla, remontmonos un poco a aquellas celebraciones cuaresmales de la era de oro de la liturgia. All en Roma se organizaba la gran procesin cuaresmal compuesta por tres grandes grupos de cristianos, el principal era el de los catecmenos, o sea, de los que se estaban presentado para recibir el bautismo en la solemne noche del Sbado Santo, para resucitar con Cristo a la vida cristiana, y la Cuaresma se aprovechaba para intensificar esa preparacin. El segundo grupo lo formaban los penitentes, gente que tomaba [2] conciencia de su pecado pblico grave y buscaba el perdn de Dios y la reconciliacin con la Iglesia, y durante la Cuaresma estaban cumpliendo la penitencia para recibir en Semana Santa la absolucin e incorporarse otra vez al pueblo santo de Dios. Y el tercer grupo, los fieles, los que gracias a Dios, a pesar de las deficiencias ordinarias humanas, no lamentaban ninguna traicin a la Ley de Dios en sentido grave y le pedan al seor la gracia de la perseverancia. Y encabezando esta procesin de catecmenos, de penitentes y de fieles, el Papa y el Clero, que tambin forman parte de esa humanidad pecadora, vestidos de ceniza y de penitencia todos, recorran los diversos lugares donde se inspiraba ms esta renovacin

  • cristiana del pueblo de Dios. Por eso, el Concilio Vaticano II nos dice que aprovechemos este tiempo cuaresmal y explotemos esos ricos elementos de la liturgia de estos cuarenta das, sobre todo esos elementos bautismales y penitenciales. Sintmonos, pues, en esa procesin de quienes se preparan para el bautismo, aunque gracias a Dios ya somos bautizados, pero el Sbado Santo vamos a renovar, en una nueva liturgia, nuestros compromisos bautismales. En la Cuaresma debemos aprovechar para estudiar e incorporarnos ms en este cristianismo al cual entramos por nuestro bautismo. Y si tenemos algo que lamentar de pecados, de desobediencias a la Ley de Dios, de traiciones a nuestra moral cristiana, aprovechemos la cuaresma para purificarnos y para