Mitos y desmitificaciones del modelo sistemico

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MITOS Y DESMITIFICACIONES DEL MODELO SISTÉMICO Por Marcelo R. Ceberio 2002
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  1. 1. MITOS Y DESMITIFICACIONESDEL MODELO SISTMICOPor Marcelo R. Ceberio 2002
  2. 2. MITOS Y DESMITIFICACIONES DEL MODELO SISTMICOPor Marcelo R. Ceberio Cuando se intenta describir a la psicoterapia sistmica, bien puede sercaracterizada por su gran efectividad en la produccin de cambios en tiempo breve.Tal es as, que muchos de los textos que se han constituido en baluartes de la teora yde la prctica, llevan la palabra cambio en sus portadas. De la misma manera, se habuscado la sinonimia entre la palabra crisis significndola como cambio y,paralelamente, redefinir el sentido pecaminoso que este trmino lleva montado sobres. A cualquiera que se encuentre enraizado con el modelo sistmico,seguramente le resultar familiar esta introduccin. Ms an, recordar textos comoCambio (1976), La tctica del cambio (1994), El lenguaje del cambio (1980), Estticadel cambio (1987), El arte del cambio (1992), Clnica del cambio (1990), entre otros.Libros, principalmente los primeros, que han signado un camino en la evolucin delpensamiento sistmico. Pero, en relacin a la psicoterapia sistmica, existen una seriede conceptualizaciones que han creado y recreado la estructura del modelo. Muchasde ellas han colaborado en definirlo y muchas otras en desvirtuarlo. Es decir, algunasde las caractersticas que describen al modelo, no hacen ms que introducirlo encategoras que se alejan de lo que en realidad desarrolla en la prctica concreta yesto, se constituye en caldo de cultivo de crticas de otros modelos.MITOS Y DESMITIFICACIONES 1 Una de las crticas ms descalificantes, principalmente de los crculospsicoanalticos ms acrrimos, consiste en reducir a la psicoterapia sistmica a unmanojo de tcnicas comunicacionales, algunas de las cuales, son blanco deridiculizaciones como las intervenciones o prescripciones paradojales. Estas tcnicas,que por sus efectos resultan casi mgicas, a propsito, son tildadas de solucionessintomticas y como tales temporneas para, por fin, el sntoma aparecer tiempodespus ya sea bajo la misma funda o transformndose en otro tipo de conductaanmala, como ms adelante especificaremos. El problema, no solo radica en la ignorancia de otras corrientes teraputicasacerca de los fundamentos epistemolgicos del modelo sistmico, sino de quedarsevarados en la variable epistemolgica clsica de la linealidad y enmarcarabsolutamente cualquier maniobra teraputica sistmica en tal perspectiva. Opinar
  3. 3. desde el desconocimiento, lleva a adjudicar la invalidacin de la tctica sin apelar aavales que justifiquen adecuadamente la crtica. Entre otras cosas, para entender lasintervenciones o prescripciones paradojales, hace falta entender una parte de laindagacin sistmica que se remite a los intentos de solucin del problema, por tanto,indagar no la esfera de lo intrapsquico sino el contexto y las interacciones. Unainversin de 180 grados de la solucin empleada, implica caminar por el territorio de loabsurdo e ilgico, aunque poco de estos adjetivos tiene, ya que resulta lgico que si laaplicacin de la lgica racional no result efectiva, se aplique lo contrario. Entender la aplicacin de tareas de cualquier tipo, no consiste en reducirlas aconsejos banales, tal cual podran ser ofrecidos por un amigo o un familiar delpaciente. Las tareas estn dirigidas a obturar soluciones intentadas convencionales yen gran medida condenadas al fracaso, colocando en su lugar accionesverdaderamente correctoras ya sea por efecto negentrpico ya sea por entropa. Paradar una opinin fundamentada acerca de este recurso, es necesario ingresar en elterritorio de las interacciones y aceptar, convencerse, en fin, creer, que la pragmticade la comunicacin humana es una de las claves del cambio. Es cierto que cuando se tilda de mgicas a estas maniobras, nada mas alejadode la magia cuando se conoce La teora de los tipos lgicos o la Teora General de lossistemas o la Ciberntica. La misma crtica descalificante recibe la connotacin positiva, comosimplemente una edulcoracin en el vnculo teraputico o -en el peor de los casos- latentativa de seduccin hacia el paciente. Se desconoce as, la pura cepa de laredefinicin que reformula la atribucin de significados por sobre el sntoma, elproblema o la situacin, cambiando de categorizacin el contenido, lo que implica unaprofunda redefinicin cognitiva. Aunque tambin, existen otras connotaciones mssuperficiales que ayudan a valorizar al paciente. Por ejemplo, cuando el terapeuta loapoya en sus esfuerzos por asistir a la consulta y desear salir del problema en que seencuentra. En sntesis, lo que se intenta valorar son sus ganas de crecer y progresaren la vida. Sea cual fuere el nivel de la connotacin, se constituye en una tilherramienta tcnica que estimula el proceso teraputico. Resulta hasta cmico, cuando el desconocimiento llega a tal punto queaventura que si simplemente con el hecho de contar cuentos, historias, fbulas, noresulta una forma infantil de concebir el tratamiento del paciente. Puede, inclusive,rotularse de contaminante si las historias son personales o de otros pacientes (aunquesean inventadas o reales manteniendo en anonimato al protagonista). Estas ligerasopiniones, no conocen los fundamentos ericksonianos y el uso de analogas como vaindirecta de introduccin de informacin. Adems, de que el contar cuentos es un arte
  4. 4. que lleva sus dificultades, ya que exige formacin en literatura, teatro, expresincorporal, entre otras disciplinas. Otra de las crticas hacia el modelo, se centran en acusar la actitud delterapeuta sistmico de demasiado preguntn e intervencionista. Esta crtica sefundamenta en la comparacin con los modelos clsicos que, en nombre de laneutralidad, participan lo menos posible, limitndose a escuchar y dejando el discursodel paciente a la libre asociacin. Ms all de las disputas de poder que se enfundan en las teoras y en lossaberes adquiridos, disputas que defienden a ultranza monopolios de verdad y laconsecuente efectividad, cabe pensar qu hacemos los sistmicos para sostenerestas crticas. En principio, el modelo se caracteriz (desde sus inicios) por su vetapragmtica, tanto en las intervenciones como en las prescripciones, la focalizacin delproblema y el aprendizaje pragmtico a travs de sesiones en vivo con supervisindirecta (detrs del espejo unidireccional), sesiones en vdeo, familias simuladas yobservacin de los estudiantes detrs de la cmara Gessel. Pero, tambin, con nimode identificar el perfil de personalidad de los terapeutas sistmicos, podra inferirse suveta prctica en sus vidas cotidianas, de all que elijan un modelo de se delimita enesta caracterstica. En numerosas ocasiones, este exacerbado inters y centralizacin en laprctica opera en desmedro de la teora. Este fenmeno se observa con claridad enrelacin a la bibliografa de Terapia familiar. Si algo describe a los textos sistmicosclsicos, son las escasas pginas destinadas al desarrollo de la teora y las muchaspginas en donde se transcriben y analizan seguimientos de casos clnicos. Si bien, esimposible generalizar, idntica es la actitud que toman los docentes en estaespecialidad. En las clases abunda el material clnico, las maniobras teraputicas, lastcnicas, etc., en desmedro de la teora que las avala. Estos elementos,conjuntamente, llevan a que se reduzca el modelo al tecnicismo y se le adjudique elmote de poco profundo. Es importante especificar qu es lo que se quiere decir con profundidad de unmodelo, ya que tildarlo de ms o menos profundo, pone en juego disquisiciones decorte epistemolgico. Las personas hablan de profundidad en funcin de unaexploracin diacrnica y lineal, es decir, analizando experiencias infantiles con elobjetivo de buscar causas de produccin sintomtica en el pasado. Esta minuciosidaden la indagacin que, por otra parte, es una propiedad del mtodo analtico, se hallaasociada a lo que llaman profundo y, por contraposicin, se atribuye el mote desuperficial (que trabaja con el aqu y ahora del paciente) a cualquier modelo que nosiga esta variable.
  5. 5. Pero, toda postura denuncia la epistemologa clsica desde donde se elaborala crtica. Si se intenta evaluar un modelo sistmico desde una concepcin lineal delconocimiento, se parte de un error epistemolgico. Desde esta posicin, es rotuladade superficial cualquier tipo de terapia que no aluda a esta categora de exploracin yanlisis.Hay dos metforas que ejemplifican claramente tal disquisicin. La primera esla del pozo: hay que cavar muy profundo para encontrar la causa, no se trata dequedarse en la superficie reacondicionando el suelo. La segunda es la que planteacambios cosmticos o ir a las profundidades de los verdaderos cambios internos. Eneste sentido profundo se asocia con pasado. Tanto una como otra analoga, aluden ala epistemologa lineal tomada como baremo absoluto y bajo este marco no dejan deser certeros en la crtica. El problema (el error de esta perspectiva), radica en no involucrarse en otromodelo de conocimiento para desarrollar adecuadamente el planteo. Sino se entiendeque la linealidad es un tramo o secuencia parcial de procesos circulares superiores, talplanteo es equivocado. Podra crearse otra semntica, en donde la profundidad nosolo aludira al eje diacrnico de la historia, sino tambin, existira una profundidad delanlisis de la comunicacin humana, en la sincrona de la interacciones, de laatribuciones de significados con que se invisten y decodifican las palabras.Profundidad que implica reflexin, introspeccin y accin. En cambio, la lectura crticadel modelo sistmico -lectura superficial- describe una psicoterapia que focaliza en elaqu y ahora y que proporciona recetas y consejos simplistas. Exploracin que se cie al aqu y ahora. Este resulta otro caballito de batalla delas adjetivaciones del modelo sistmico. El rtulo de trabajar en tiempo presente,resulta nuevamente una comparacin que utiliza como referente al modelopsicoanaltico que centra su tratamiento en el anlisis del pasado. Si bien es real, quela terapia sistmica focaliza en el problema en el aqu y ahora, cabra repreguntarsecmo es posible actuar tan delimitadamente en un permetro de tiempo que resulta tanacotado como es el tiempo presente.Sin nimo de introducirnos en debates ultrafilosficos, el tiempo presente esuna nimiedad, un rapto, en el sentido de que rpidamente se constituye en historia y,en su misma instancia, se aventura un proyecto. Es decir, el presente es un gerundioen donde converge el pasado y el futuro. Razn por la que cuando un terapeutainterviene lo hace en el aqu y ahora, trabajando el all y entonces y labrando objetivospor venir. Entonces, cmo es posible pensar un sujeto en tiempo presente, si somossujetos a la historia (la nuestra, la compartida, la tcita, la oficial) y nuestras acciones
  6. 6. poseen objetivos mediatos e inmediatos. Esta, resulta otra de las mistificaciones delmodelo, descripciones que se dicen a la ligera, con poca reflexin de por medio. En esta misma lnea, se inscribe la fama de que los sistmicos nos remitimos ala focalizacin del problema. Si nos ceimos a la ortodoxia de los modelos pioneros(Estructural y principalmente el paloaltino), la terapia sistmica se caracteriz por eldinamismo de un modelo que no se aparta del foco y que remite toda gama demaniobras para resolver el problema. Tal es claramente explicitado en la pregunta queinicia el desenvolvimiento de una primera entrevista: cul es el problema?; hasta JayHaley (1980) identific al modelo como una Terapia para resolver problemas, comoversa el ttulo de su clebre obra. Pero lejos de esta ortodoxia, pensar nicamente en un problema resultadificultoso si se entiende que un problema involucra varias reas de la vida de lapersona y se introduce y crea una red de varios sistemas. Son numerosas las formasde focalizar, tanto trabajando en simultaneidad de problemas o colocando un ordenjerrquico a sabiendas que resolviendo o puntualizando algunas de las reas de lapersona es factible que por efecto rebote se modifiquen otras, despus de todo nofuncionamos por compartimentos estancos. Esto quiere decir, que el modelo no solose remite a trabajar de manera absoluta un problema, sino que son varios los temasque pueden desarrollarse en un espacio teraputico, aunque el terapeuta sistmico esimplacable: no olvida cual es el motivo de consulta y a veces hasta se constituye enresultadista. Puede dejar que el paciente se explaye, pero retorna al punto que aqueja,no lo pierde de vista. Tambin la corcet que cie al modelo a la focalizacin, no es solamente elmodelo mismo sino la comparacin con los modelos clsicos que bregaban por laasociacin libre y que permitan el alejamiento del motivo de consulta inicial y admitantodo tipo de filosofar del paciente. Las comparaciones, si bien resultan odiosas, a lavez como categorizaciones que son, rigorizan posturas y delimitan rgidamentepermetros semnticos. En sntesis, la terapia sistmica focaliza pero de maneraflexible. Una persona trabaja su problema, pero avanzar sobre otros puntos de suvida que desea pulir. El leit motiv de la focalizacin lleva a otro mito de la terapia sistmicaenmarcada como una terapia breve. Cabe preguntarse, qu se considera breve?:nuevamente la comparacin. El contexto de nacimiento del modelo sistmico enpsicoterapia, se encuentra bajo el patrimonio de los tratamientos que se prolongan enaos, con una frecuencia de dos y tres o ms sesiones por semana. Entonces, unmodelo que focalice y que rpidamente ayude a resolver el conflicto de la persona,nada ms apropiado que considerarlo breve.
  7. 7. Pero la brevedad (ms all del modelo breve del MRI que se ajusta a las 10sesiones -el ms breve de los breves-), no implica corto. O sea, el modelo sistmicoser irremediablemente mas reducido en nmero de sesiones y en la frecuencia de lasmismas que la terapias tradicionales. No es cierto que los terapeutas sistmicos no trabajen por aos con lospacientes. A veces, entre el trabajo con subsistemas, sesiones individuales yresolucin de diferentes niveles de problemas, la terapia puede prolongarse por aospero con una frecuencia de sesiones muy diferente a las terapias tradicionales.Tambin, lejos de generalizar y ante la imposibilidad de particularizar, deber tenerseen cuenta numerosos factores en pos de la longitud de los trabajos teraputicos. Unfactor primordial tendr que ver con el contexto. Por ejemplo, de cara al pragmatismoamericano la terapia de resolucin de problemas calza de manera ptima. De cara alcontexto argentino y ms especficamente porteo -melanclico y quejoso- ser dedifcil aplicacin sino se deja espacio para la filosofa y las reflexiones rumiadoraspropias del habitante de Buenos Aires. No obstante, el tiempo denominado breve, se debe principalmente alpragmatismo de un modelo que busca la efectividad cortoplasistamente pero no aultranza. Parte de este pragmatismo radica en actuar de manera inmediata, recortar elproblema y trabajar con los miembros involucrados, adems de no solo quedarsevarado en intervenciones que se reducen a la sesin propiamente dicha sino enprescribir acciones que se desarrollarn fuera del espacio de la sesin. Pero dichopragmatismo, no implica accionar como un ingeniero frente a un circuito. Si bien, estaes la imagen heredada de los primeros tiempos del nacimiento de la terapia familiar, elterapeuta sistmico debe amoldarse a los contextos y tipos de pacientes, por tanto,resulta anacrnico manejarse con un criterio de tamaa ortodoxia. Ni siquiera el modelo del MRI o el Estratgico, actualmente no se conducen tanframente en la conduccin de las entrevistas, de lo contrario, podra pensarse que losmodelos son rgidos y no se adaptan a las diferentes sociedades donde se aplica.Como tambin, los modelos evolucionan y adquieren variantes que los enriquecen.Esta evolucin tambin tiene que ver con la adaptacin. Son los modelos teraputicoslos que deben amoldarse al contextos y no a la inversa. El mismo fenmeno sucedecon las teoras o con las hiptesis: un profesional se monta sobre una hiptesisdeterminada (construye el caso) y luego adapta las conductas y sntomas de lasituacin a dicha construccin. Este calzamiento, adapta los hechos a la idea inicial sincuestionarla y as suceden graves errores en la direccin de los procesos teraputicos.Errores que llevan a prolongar el padecer, tanto a los pacientes como a los integrantesdel sistema afectados por el problema.
  8. 8. Los modelos teraputicos nacen como emergentes de los contextos de supaternidad, razn por la que expresan el perfil de la sociedad y la situacin que los vionacer. En este sentido, se identifican con las particularidades de su contexto tal cualcomo un hijo con sus padres. De la misma manera, que los hijos influencian a susprogenitores, los modelos tambin ejercen su factor de correccin de desviacin ycobran relevancia, en tanto pueden ser considerados agentes al servicio de lahomeodinamia. Es, por esta razn, que resulta imposible aplicar un modelo teraputico demanera ortodoxa. La traspolacin de un modelo a otro mbito diferente al de su origen,deber tomar en cuenta las reglas de juego de ese contexto nuevo, de lo contrario eindefectiblemente, terminar en fracaso. Ya en otros artculos (R. Ceberio, Moreno,Deschamps. 01), hemos mostrado que resulta hasta absurdo tal traslado de modelossin la plasticidad adecuada. Imaginemos el Psicoanlisis freudiano de la Vienavictoriana de finales del 800 aplicado a Bs. As. de 2002; o al modelo Estructuralsistmico de la dcada del 60 a Londres de la actualidad. No solo que seraninefectivos sino que rayaran en el absurdo.MITOS Y DESMITIFICACIONES 2 Otra de las desmistificaciones, que van ms all del modelo sistmico, es lasuposicin de que el nico canal de comunicacin e intervencin que se utiliza en lapsicoterapia es el verbal propiamente dicho. No es equivocado entender que lassesiones transcurren mediante el dilogo y, ms an, en los modelos psicodinmicos.Pero, actuar una nueva psicoterapia implica no apelar solamente a las herramientasde la palabra: las vas de introduccin de informacin que posibilita el cuerpo, porejemplo, hacen que el Psicodrama o cualquier otra tcnica corporal, sea la puesta enmarcha del lenguaje analgico. Esto coloca en un plano de relevancia al lenguaje de lagestualidad y, por tanto, puede constituirse en otro recurso de intervencin. Realizar una intervencin verbal fuera del silln del terapeuta, acercarse oalejarse creando cierto clima en la sesin, mirar la mirada, instrumentar un gestointencionadamente frente al relato de un suceso del paciente, pueden ser algunas delas maniobras que exceden la herramienta verbal y que hablan por s mismas.Mensajes que redefinen la perspectiva que se tiene acerca del problema. De la mismamanera,comosealbamos anteriormente,el uso de prescripciones decomportamiento -contrariamente a privilegiar la explicacin para generar el cambio-delimitan acciones alternativas que son pautadas con antelacin y que posibilitanmodificar recursividades que actuarn sobre el mapa cognitivo y las emociones delobservador.
  9. 9. La distincin entre el lenguaje analgico y digital, nos muestra que nosolamente es la diferencia entre los verbal y lo gestual, sino que los aspectos verbalesofrecen una coreografa que baila entre analogas, metforas y literalizaciones. Estees el juego maravilloso que muestra el rico devaneo de la palabra. El uso de la tcnicade hablar el lenguaje del paciente, permite introducir metforas que circulen por elcanal que ms utilice el consultante (si es verbal, auditivo, tctil, etc.). O, si el discursodel paciente se halla demasiado impregnado por metforas, colocar digitalizaciones deconductas en el intento de terrenalizar ms el lenguaje y, por ende, sus pensamientosy acciones. Entonces, el lenguaje en la psicoterapia encuentra varios canales o vas deenvo de informacin: una dinmica verbal y el manejo del cuerpo en movimiento en elespacio de la psicoterapia. En esta direccin, un giro en la evolucin del modelosistmico ha sido la introduccin y revaloracin de las emociones en el trabajoteraputico. El congreso de Terapia Familiar europeo realizado en la ciudad deSorrento (Italia), centr su temtica central en las emociones y se constituy en laexplicitacin-denuncia de un perfil de la terapia familiar que fue descalificado desdesus inicios: los afectos, sentimientos y emociones. Pero esta marginacin del territorio emocional, encuentra sus argumentoscuando se piensa la historia de la creacin de la psicoterapia sistmica. La traduccinde las ideas y conceptos de la Teora General de los Sistemas y la Ciberntica,ciencias que devienen de la fsica -considerada hasta el momento como una de lasciencias duras- a la comunicacin humana, impedan, por as decirlo, introducir lossentimientos en el modelo. Sentimientos por ambas partes: tanto del terapeuta comode los pacientes. No porque se impidiera manifestar las emociones a los personas queconsultaban (sino bien podra imaginarse al terapeuta castigando al paciente porquellora o se angustia, o porque abraza a cualquiera de los integrantes de la familiadurante la sesin), sino porque conceptualmente se las consideraba, tal lomanifestaba Gregory Bateson (1976), un concepto dormitivo (un concepto dormitivo!)y por tanto, inefectivo en el trabajo teraputico. El terapeuta, y ms en la Ciberntica de primer orden, devena un ingenierofrente a una maquinaria y si se quiere ms precisamente, una caja negra en donde sereconocan outputs e inputs que, como informaciones de entrada y de salida,precisaban decodificarse para entender los feed back de comportamientos. Ya con laCiberntica de 2 orden y la involucracin del observador en el campo de lo observado,se relativiz la acertividad de las hiptesis y las construcciones de realidadesteraputicas. No obstante, siempre la preeminencia estuvo centralizada en las reascognitiva y pragmtica en desmedro de la emocional.
  10. 10. Ms an, resulta hasta coherente que Virginia Satir siendo una de las pionerasdel modelo sistmico en las ciencias humanas y cofundadora de la meca de lacomunicacin humana como lo fue el MRI (Mental Research Institute), haya terminadoseparndose del grupo y fundando la comunidad Esalen (California), donde profundizsu modelo para el desarrollo del potencial humano. Satir se caracteriz por utilizar elpsicodrama en las sesiones familiares, adems de crear un modelo individual, familiary grupal que centraba sus objetivos en el crecimiento de la autoestima y la valoracinpersonal. Mientras que el resto de los terapeutas sistmicos -principalmente de PaloAlto- renegaban del uso del cuerpo, ella daba preeminencia a la lectura de posturascorporales, tocaba a los pacientes, los mova de su lugar, los haca dramatizar, jugar,cambiar de posicin, etc. Pero Satir no fue la nica. Carl Whitaker, entre otros, llev adelante un estilopersonal en donde utilizaba estratgicamente sus resonancias personales y lastraduca en intervenciones. Aos despus, Mony Elkaim acu el concepto de laresonancia, versin adaptada al modelo sistmico de la contratransferencia o, msclaramente, como sealaba el maestro Pichon Riviere (1995): transferencia recproca -en el intento de erradicar la distincin entre transferencia y la contratranferencia-. Laresonancia resulta un baremo de los efectos que produce la interaccin con ciertospacientes y, su explicitacin, puede resultar una intervencin efectiva porquereproduce, en el seno de la sesin, otros juegos relacionales de otros sistemas dondese hallan involucrados los pacientes. Es decir, puede constituirse en la denuncia deuna pauta de isomorfismo de otras estructuras comunicacionales. Actualmente, introducir las emociones en la terapia sistmica ha dejado de seruna irreverencia hacia el modelo. Autores como Juan Luis Linares (1996) hadesarrollado los conceptos de nutricin emocional y D. Coleman ha constituido de susestudios acerca de la inteligencia emocional (1996) un verdadero best seller. Estosconceptos demarcan la evolucin del modelo y su difusin e incorporacin a contextosnuevos que lo obligan a mutar.Parece dificultoso hablar de estmulo (transferencia) y reaccin (contratransferencia). Msan, hablar de estas polarizaciones es sostener un punto de vista lineal, aunque desde unmetanivel la linealidad solamente queda reducida a un tramo o secuencia parcial de un procesosistmico. Ms an, podramos quedar entrampados e inmviles buscando descifrar laprimaca. Con este sentido, E. Pichon Riviere (1995) prefiere utilizar el trmino transferenciarecproca, dejando intil el de contratransferencia: En cuanto a la transferencia recproca,inadecuadamente llamada contratransferencia o conjunto de reacciones inconscientes deloperador frente al grupo, la tarea y los procesos transferenciales que en l se cumplen,constituyen un elemento de trabajo de inestimable valor, ya que alimentar en el operador lacapacidad de fantasa para establecer hiptesis acerca del acontecer implcito del grupo.
  11. 11. En direccin a la evolucin del modelo, resulta hasta un reduccionismoadherirse de manera ortodoxa y considerar al sntoma, por ejemplo, solamente comouna denuncia de las anomalas del sistema familiar. De acuerdo a las concepcionesiniciales, el sntoma fue entendido desde su objetivo -el para qu-, contrariamente a lateora psicoanaltica que intentaba resolverlo analizndolo desde la bsqueda de susorgenes. Es as que, desde la investigacin emblemtica de la Terapia familiar dondese desarroll la teora del doble vnculo, la mayora de las lecturas sistmicasexplicaron al sntoma como la expresin y resultado de las disfuncionalidades delsistema familiar, destino unidireccional donde iban a parar todas las hiptesis. Actualmente, la incertidumbre, la complejidad y la conceptualizacin de redessociales, entre otras teoras, hacen un todo ms complejo que tal destino familiar delsntoma.Las viejas generacionesdeterapeutas, deben deconstruir estasistematizacin de estructuracin de casos y las nuevas y venideras, aprender aconstruir hiptesis ms sofisticadas queananelementos de la biologa,neurofisiologa, contextos de grupos secundarios, escolares, etc. Hoy por hoy, se entiende que es sumamente difcil alcanzar acertividad en losorgenes de las gestas sintomticas. Tal tamaa complejidad, marca multiplicidadesde causas que se interconectan sinergizndose: el terapeuta podr construir unahiptesis que articular muchas de estas pautas, a sabiendas que esa suposicin noes la verdad sino solo una versin del suceso que se ver si calza o no en el curso deltrabajo teraputico. Tal vez, lejos de la certeza y de la bsqueda de su policausalidad, lo msimportante es comprender que un comportamiento sintomtico influencia y modificapautas familiares, pero tambin, en los diferentes sistemas donde el protagonistainteracte. De cara a un sntoma, depositar la mirada automticamente en la pareja depadres en el intento de encontrar la denuncia del sntoma, constituye una ingenuidad,no porque no se pueda hallar una conyugalidad disfuncional sino porque se pierdenotros registros de otros contextos donde la conducta sintomtica tiene su gesta y suincidencia. En torno al sntoma, una crtica -muy ignorante- de parte de otros modelos,seala que la supresin o suspensin del efecto sintomtico -fruto del trabajo defocalizar y con resultados efectivos en tiempo breve- implica que el sntoma puederetornar en cualquier momento bajo la misma esttica o ser sustituido por otro sntomade igual intensidad pero de diferente forma. Esta posicin supone que el sntoma eseliminado de manera conductista, sin el menor trabajo desde las races msCon otros contextos me refiero tanto a mbitos de grupos secundarios (de amistades,escuela, clubes, etc.), como biolgicos, neurolgicos, etc.
  12. 12. profundas. Por tanto, al no ser analizado y encontrar las fuentes de su produccin ysolamente ser suturado de manera superficial -una modificacin cosmtica-, es lgicoque la conducta anmala vuelva a aparecer despus de cierto tiempo. La base de este tipo de razonamiento lgico (y eso es lo que es: unrazonamiento lgico) tiene su soporte en la linealidad y el mtodo analtico. Desdeesta ptica la apreciacin es certera. Pero resulta falaz, puesto que para comprenderla envergadura del cambio, se necesita entrar, como sealamos anteriormente, en unaepistemologa ciberntica. El ingreso en este modelo de conocimiento, implicareconocer que existe otra forma de construir el objeto de estudio, sugiere una renunciaal narcisismo y a la omnipotencia de manipular como nicos a modelos que sientansus bases en lo lineal. Esta renuncia implica aceptar, tambin, que el sntoma no es analizado endireccin a la bsqueda de los orgenes, sino, muy por el contrario, el sntoma poseeun objetivo dentro de los diferentes sistemas en donde opera. Una finalidad enrelacin a las interacciones, jugando papeles decisivos en las diversas dinmicasrelacionales. El sntoma o la conducta disfuncional, resulta funcional en tanto est alservicio de mantener cierta unin y cohesin del sistema. Si se trabaja con la personasintomatizada, es necesario trabajar con el resto de miembros implicados que ejercenfunciones complementarias a los comportamientos sintomticos desarrollados. Entonces, los efectos de las intervenciones y prescripciones generan una seriede cambios no solo en el protagonista, sino en las funciones que ejerce cadaintegrante del sistema. Es cierto que el sistema se puede resistir (la persistencia de laconducta anmala crea tal sistemacin en el tiempo que produce resistencia alcambio) e inclusive el sntoma puede desplazarse a otros integrantes o al mismo,variando el comportamiento sintomtico, pero no por la causas que los detractores delmodelo argumentan. Por semejante sistemacin, adems, no solamente se utilizan lasintervenciones semnticas como nica va de entrada al cambio, sino dentro delcampo de lo pragmtico, las prescripciones bloquean circuitos rigidizados.MITOS Y DESMITIFICACIONES 3 Una de las frases ms estereotipadas de los sistmicos, es que el modelo nobusca encontrar el porqu del problema. Es decir, el imaginario indica que ningnterapeuta que se diga a s mismo sistmico, emplear en su discurso teraputico laexplicacin causal del porqu sucede lo que le sucede al paciente. Esteenfervorizamiento por la ortodoxia de la aplicacin del modelo, no conduce a nadasino que limita su accionar, o sea, no resulta efectiva por la ortodoxia misma, ni
  13. 13. tampoco por la ultra rigidez de la creencia de que est prohibido explicar el motivo queocasiona el malestar actual del consultante. La implementacin en algunas oportunidades de explicaciones clarificadoras,ayudan a bajar los niveles de ansiedad y pisar suelo firme, principalmente despus denavegar por la incertidumbre de no saber cul es el motivo o el origen del problema.Es til, por ende, introducir explicaciones causales que acomoden al paciente a unestado de mayor normalidad como va de entrada a suministrar nuevas informacionesque redefinan su problema. Pero el terapeuta no deber creerse que las hiptesis queexpresa en estas maniobras son la verdad, sino solamente un instrumento que calceen la cognicin del paciente o una informacin que el paciente pueda comprar paraabrir un nuevo juego. La explicacin causal lineal, no es ni ms ni menos que el recorte de unasecuencia parcial de la compleja recursin del problema. Aunque tambin, dentro dela lnea de la explicacin, es factible desarrollar grficos de circuitos recursivos quemuestran y aclaran porque surge, se reproduce y afianza, por ejemplo, un sntoma. Yaen otros textos (La construccin del universo.1998), hemos sintetizado dos tipos deexplicaciones: las reestructurantes y las dormitivas. Las primeras se constituyen enverdaderas reformulaciones cognitivas que, introduciendo informacin nueva,redefinen marcos semnticos. Mientras que las segundas son ansiolticas, es decir,paliativas de la ansiedad que genera el no saber, la confusin, la incertidumbre, etc. yse constituyen, como sealamos anteriormente, en puertas de entrada para el inicio deprocesos de cambio. Ms all del porqu, tal vez una de las maniobras iniciales en direccin a lacomprensin es plantear claramente qu es lo que sucede. Cuando el problema haalcanzado tal nivel de complejidad y de complicacin, se ha desdibujado en su diseooriginal. Se han construido multiplicidad de abstracciones por sobre ste, que hancolocado un manto de confusin y entropa. Desde esta perspectiva, el terapeutadeviene un reductor de complejidades que baja a lo concreto y simplifica -pero no poresto menosprecia- el problema. Por esta razn, el qu sucede puede constituirse enuno de los primeros tramos para ingresar en el territorio de lo cognitivo -medianteredefiniciones- o en lo emocional -provocando fuerte en trminos de la angustia o labronca, etc.-, o en lo pragmtico -a travs de acciones que desestructuren laciberntica desarrollada hasta el momento-. En la lnea de la explicacin, tampoco la terapia sistmica busca el insight pormedio de sus intervenciones. El hacer consciente lo inconsciente, es un factor decambio en la teora del Psicoanlisis que se elabora mediante el mtodo de lainterpretacin. Interpretar, es construir una hiptesis sobre el origen del problema y
  14. 14. suministrarla en el tiempo adecuado. Epistemolgicamente, consiste en unaredefinicin, una nueva versin de la historia o simplemente una nueva perspectiva delproblema. Pero adscribir el insight solamente al Psicoanlisis, es quedar en deuda conotros modelos de psicoterapia. Por ejemplo, la Gestalt a lo largo de sus textos habladel darse cuenta, ttulo del clebre libro de ejercicios gestlticos (John Stevens.1978).La Logoterapia, el Transaccional, tambin emplean la interpretacin de hechos comova de comprensin-reflexin y posterior solucin del problema. Despus de todo,estos modelos tienen sus races ms profundas en la filosofa y encuentran en lamayutica, claros signos de esta forma de introspeccin y toma de consciencia. Los sistmicos no confan que, nicamente mediante tal intervencin cognitivalogre efectuarse cambios en las acciones. La ortodoxia sistmica, seala que si larealidad se construye a travs de la accin (Piaget.1937), es una conviccin nofundamentada afirmar que la reflexin o el darse cuenta son elementos indispensablespara el cambio. Por tanto, se hace necesario el uso de las prescripciones paradeconstruir soluciones fracasadas o intentar generar una modificacin cognitiva yemocional desde el marco pragmtico. El inconveniente de ceirse unvocamente a las intervenciones cognitivas -y elinsight podra considerarse una de ellas-, posee el riesgo de pensar casi de manerautpica, que solamente una reflexin puede llevar al cambio. El riesgo de esta formade elucubracin, es descuidar el contexto y las interacciones, es decir, cuando elproblema lleva aos de reverberancia en el sistema, crea una realidad propia, realidadcompuesta por diversos miembros, funciones y pautas. Con lo cual, es demasiadacarga y poder semntico el que se le atribuye a la intervencin cognitiva, para creerque logre la modificacin total del sntoma y del sistema con lo que ello implica. Sin llegar a tal rigidez, una manera plstica de funcionar en psicoterapia esconsiderar que el uso del insight puede ser un concepto que calce en la cognicin delpaciente y que ayude a restaurar parte del complejo entramado cognitivo que seentreteji en torno al problema. Puede tomarse como un puente hacia un cambio msefectivo cuando se refuerza con prescripciones. Razn por la que sobre mltiples vasde acceso, se opera sinergizando reas en el intento que conjugar reflexin y accin y,por supuesto, las consecuentes emociones. Uno de los elementos que constituy una hereja en el nacimiento de la terapiafamiliar, fue el romper con el dogmatismo de que las sesiones se deban desenvolvernicamente de manera individual, ya que cualquier involucracin de otros miembros enla misma consulta era rotulada como una contaminacin del vnculo teraputico. Hoy,la terapia de pareja o familiar es uno de los recursos teraputicos que alcanzan mayor
  15. 15. aceptacin y prcticamente se hallan incorporados a la masividad de los modelosteraputicos. Es interesante haber llegado a esta apertura, si bien algunas lneasultraortodoxas mantienen (todava) la concepcin de lo individual. No obstante, muchos de los actuales modelos teraputicos trabajan con lafamilia y la pareja pero no con el sistema que constituyen. O sea, observan a cualquiergrupo social con quien intervengan teraputicamente, desde una ptica analtica ysumativa. Desarrollan una psicoterapia individual pero con el grupo, escotomizandouna serie de datos que proporcionan las interacciones y cindose a los fuerosindividuales (histricos y de caractersticas de personalidad) en la explicacin de lasconductas. Desde esa posicin, construyen las hiptesis que sern el soporteepistemolgico de las intervenciones que, a su vez, tendrn su impacto en lopragmtico y, de forma indirecta, ensean a los pacientes cmo deben entender losproblemas humanos. As, se reproducen (en el pensamiento cotidiano) tanto unmodelo de conocer lineal e individual, como el no asumir responsabilidades en lainfluenciabilidad de la interaccin de conductas. Lo que resulta un hueso ms duro de roer (lo que la tradicin teraputica queno puede aceptar), es que un mismo profesional trabaje con amigos ntimos oparientes en terapia individual. La ortodoxia, tilda de contaminante el vnculoteraputico que se establece con personas de cercana afectiva entre s. Pero elmodelo sistmico no elije indiscriminadamente la atencin de esta clase de pacientes.Explora el vnculo, analiza si realmente no existe mezcla de sentimientos poco claros oemociones que lindan con la envidia, la rivalidad, los celos, emociones que, de seguro,perturbaran el libre curso de la terapia. O sea, no se acepta la derivacindeliberadamente, existen una serie de pruritos ticos y tericos que acotan el admitir ono a un paciente en consulta cuando existe otro cercano en el vnculo. Lejos de lacontaminacin, puede considerarse un hecho positivo atender pacientes quepertenecen al sistema del paciente que se haya en atencin teraputica. El terapeutarecibe informacin de otras personas, as construye otras versiones de la historia quecuenta el paciente -amplia el mapa que posee de l-, acrecentando la verosimilitud dela experiencia narrada y devuelta como intervencin. De la misma manera, otro de los temas casi prohibidos en el mundo sistmicotiene que ver con el diagnstico. El diagnstico, epistemolgicamente, consiste entipificar lgicamente una serie de signos y sntomas. Esta agrupacin permite delimitarun perfil y describir fenomnicamente las patologa, cuya pera mxima se halla en elfamoso DSM en su ltima versin. Pero esta clasificacin de trastornos mentales, observa a las personas demanera individual, sin tomar en cuenta contextos e interlocutores. Es decir, el
  16. 16. diagnstico est fundamentado en el ser individual. La versin ms ortodoxa delmodelo sistmico dice, la persona es en relacin a... Tanto es as, que se hizodemasiado hincapi en la relacin y se descuidaron los aspectos cognitivosindividuales que, como un tronco central, avalan las conductas de las personas y quepuede brillar ms o menos de acuerdo con quien se interaccione. Esta versin es laque defiende el no uso del diagnstico. La versin ms flexible, sostiene que esnecesario observar las caractersticas de la persona y ver como inside su rangocaracterial en las interacciones o como las interacciones modifican el rangocaracterial. En este ltimo planteo, se incluyen algunos autores sistmicos, como Linares(1996), Nardone (1996), quienes han desarrollado los cuadros relacionales de algunasentidades psicopatolgicas especficas y sus correspondientes abordajes. De ladepresin mayor y distimias, de la mano del primero, mientras que el segundo, de lostrastornos fbicos, de pnico y obsesivos. Si bien estas investigaciones resultaninnovadoras, no debemos olvidar que la terapia sistmica germin alentada por lapsicosis -ms precisamente la esquizofrenia-, estudios que posibilitaron trazar unaplanificacin de trabajo familiar. Uno de los elementos con que se acusa, acerca del uso del diagnstico, es lalimitacin y estrechez de mirada que se produce al etiquetar al paciente. Una vez quese categoriza, resulta dificultoso salir del permetro que muestra el rtulo. En estesentido, es una trampa que encasilla tanto al paciente como al profesional, dado que,si el diagnstico puede ser tomado como una hiptesis, una vez nomenclado elpaciente, todas sus actitudes y las de su sistema tratan de enmarcarse en lasemntica de la hiptesis diagnstica y no a la inversa. Este ha sido uno de losmximos errores en los trabajos teraputicos, cuando, por ejemplo, dolores de cabezason tomados como sntomas psicosomticos para determinada situaciones y no serealizan los correspondientes anlisis clnicos y neurolgicos. O cuando ms de unsntoma fsico es construido como un trastorno de ansiedad y es una enfermedad deneta etiologa orgnica. Aunque hay un uso correcto del diagnstico: cuando se lo utiliza comoestrategia teraputica. Cuntos pacientes llegan a consulta no solo con su problema,sino con la incertidumbre de saber qu es lo que le sucede. Esta incertidumbre,genera tal nivel de ansiedad que acelera el proceso sintomtico. Entonces, si elprofesional expresa un rtulo que condensa y enmarca el malestar de la persona, eldiagnstico opera como un primer paso hacia la disminucin de la ansiedad queacelera la produccin sintomatolgica. Este uso debe ser entendido como estratgicoy merece el sumo cuidado en su introduccin.
  17. 17. Tambin es correcto el uso del diagnstico, cuando se implementa como unagua para el profesional, con el objetivo de trazar la tctica de tratamiento adecuada,para arribar a una efectiva solucin del problema. Una funcin prctica es lainterconsulta entre profesionales, en donde se abrevian las descripciones en el pasede informacin en las derivaciones, siempre y cuando, el profesional (al cual se deriva)no se sobreinvolucre en la mirada del derivador y limite su propia construccinpautando su mirada en la interaccin de la primera entrevista. La finalidad del diagnstico no debe quedar en la accin de diagnosticar en smisma, desde este aspecto es limitante y coartador del trazado de distincionesalternativas, convocando a entrampar al profesional y al paciente en un crculocerrado, del cual resulta difcil escapar. El diagnstico como apertura, es la va deentrada para la planificacin de un tratamiento teraputico eficaz, que lleve a destruirel estigma y no a construir una realidad que lo confirme. (Ceberio y Watzlawick.1998)MITOS Y DESMITIFICACIONES 4 Otro de los bastiones que se enarbolan acerca de las bondades del modelosistmico, es sealar sus capacidades para desarrollar una conversacin teraputica -horizontal y simtrica-, en contra de la asimetra con que se identifican las sesiones deotros modelos. El modelo sistmico concibe a la relacin terapeuta-paciente como un dilogo,en el intento de suprimir el juego de poderes que hace del profesional una posicin porarriba frente a una posicin por debajo del paciente. Este interjuego, que raya con unaconcepcin no solamente terica sino ideolgica, permite establecer un compromisoms slido por ambas partes y un dilogo ms distendido y afectivo. Pero de cara aesta humildad ecolgica del terapeuta sistmico, se debe reconocer que, desde laprctica clnica, la relacin entre el profesional y el consultante siempre est teida deuna asimetra comunicacional por mltiples razones. Esta diferenciacin de niveles,est sostenida por un juego de dos en donde existe un adjudicatario (el paciente) y unprofesional que acepta este lugar otorgado. Entre las razones que justifican tal asimetra relacional se hallan, por ejemplo,la figura del mdico o del psiclogo como profesionales universitarios, motivo queimplica atribuirles mayor capacidad que el comn de la gente, actitud que se traduceen idealizacin del profesional. Tambin, la urgencia de ser ayudado del que consulta,lo posiciona en el lugar del necesitado frente a otro ayudador de profesin. De lamisma manera, que uno de los interlocutores es el que presenta el problema y el otrolas herramientas para solucionarlo.
  18. 18. No cabe duda, entonces, que la asimetra es natural al vnculo de lapsicoterapia, quiz el tema se centre en el uso de tal asimetra y no caer en suincentivacin como paso a la omnipotencia profesional. Esta diferenciacin de niveles,se refuerza, por ejemplo, con el trato de Ud. como toma de distancia rgida, uso deguardapolvo para trazar una distincin con el paciente, gesto impertrrito cuidndosede no reaccionar alevosamente o de manera muy espontnea ni siquiera con unamueca que altere la neutralidad, negarle al paciente ir al bao si lo solicita, falta depermiso para el humor, etc. Esta supuesta neutralidad -supuesta, en el caso que fuese posible: unobservador participante nunca puede creerse neutral- forma parte de la tiranateraputica que seala como opcin nica a la palabra y mensaje del profesional endesmedro de la del paciente. Esta posicin, que raya con la omnipotencia, integra uncircuito complementario en donde el paciente deposita todo el poder en el terapeuta.Su palabra es convertida en sentencia. Tal vez, el problema no radique en este punto,siempre y cuando el terapeuta aproveche esta depositacin y la transforme en recursoteraputico, cuestin de hacer ms efectivo el mensaje que intenta transmitir. Elproblema radica, en que el terapeuta se crea todopoderoso y haga de susintervenciones geniales y objetivas, parbolas incuestionables. Es esta misma omnipotencia, la que lleva a atrincherarse en el modelo depsicoterapia tradicional y dignificarlo como el nico y, simultneamente, descalificarcualquier otro modelo. Esta descalificacin (en el mejor de los casos, en otros, esdesconfirmacin), tiene su base en la ignorancia y el desconocimiento del soporteterico y la forma de actuacin de cualquiera de las otras lneas teraputicas. Estasactitudes, son las que impiden una convivencia armnica de modelos y llevan a jugarluchas de poderes que impiden capitalizar para s, herramientas clnicas demultiplicidad de corrientes teraputicas. Solamente algunos -osados y flexibles-,intentan producir este acople de modelos y son tildados de eclcticos, en esa afanosatendencia de incluir bajo algn rtulo las acciones que se desarrollan en psicoterapia. No obstante, debe entenderse que no adjudicamos un juicio de valor negativo ala asimetra relacional. Ms an, es la misma asimetra la que permite que el efecto dela palabra del profesional est revestida de un mayor caudal persuasivo. La atribucinsemntica que el paciente le otorga al mensaje de su terapeuta, posee un nivel dejerarqua que produce un mayor resultado en direccin al cambio. Un punto clave en la relacin teraputica sistmica, refiere a la funcinpedaggica. Pero no la pedagoga pertinente a la explicitacin de un consejo, unagua, una orientacin (elementos y actitudes que estaran contravenidos en otrosmodelos), sino aquella que implica a una forma de conocer.
  19. 19. La preeminencia y convencionalidad de la epistemologa social, radica en lalinealidad. Todos los juicios lgicos, las explicaciones causalistas, la tendencia arefugiarse en el porqu, tienen su basamento en la linealidad. Cuando el terapeutasistmico interviene, paralelamente esta enseando a pensar y a construir la vida deuna manera circular. Cuando explica o realiza lecturas de los problemas, estaenseando a pensar sistmicamente. En este sentido, posibilita incrementar el mapacognitivo del paciente pero no en forma directa, sino adjunta a los mensajes quetransmite. Esta pedagoga tambin se acompaa de directividad. La directividad es unade las mximas crticas negativas que recibe el modelo sistmico. El cotejo con laasociacin libre de los modelos tradicionales vs. trabajar un foco y dar poco rangopara apartarse de ste, dibujan a un modelo en cierta manera riguroso y metdico enel alcance de objetivos mediatizados por metas mnimas. Pero hablar de directividad sugiere explicarla desde dos niveles lgicos. Elprimero demarca el territorio epistemolgico. Desde este nivel todos los modelosteraputicos son directivos, puesto que cualquier relacin o dilogo que se lleveadelante se pauta por las intervenciones de los interlocutores. En este caso, larelacin la lidera el terapeuta y sus palabras llevan a trazar distinciones que, comopuntuaciones del discurso, construyen en los pacientes nuevos elementos semnticos.Esta es la directividad de todos los dilogos humanos, ms se acenta en lapsicoterapia por el investimento de poder que se le atribuye a la figura del profesional. El segundo nivel tiene que ver con la maniobrabilidad teraputica, es decir, conla tcnica. Sin duda, que el modelo sistmico es el ms directivo de los modelos, peroesta directividad se homologa con direccionabilidad en relacin a la planificacin delproceso teraputico. Esta directividad no tiene que ver con una actitud del terapeutaque raye en lo desptico o tirnico, sino con diferentes estticas teraputicas que, enla comunicacin, buscan obtener las respuestas deseadas con acciones estratgicas.Muchas de estas maniobras, son parte del repertorio de las tcnicas de hipnosisericksoniana sin trance. Llaves de one down y one up, provocaciones y connotacionespositivas, entre otras tcnicas, alientan a describir (como tantos autores han descriptoa la terapia sistmica): como una danza o una coreografa. Es necesario, entonces,crear una nuevo significado entorno al trmino directividad, ya que en el territorio de lapsicoterapia se asocia con coartacin de libertad y manipulacin. Manipulacin, es otro de los conceptos mal avenidos en el mundo de lapsicoterapia y una de las mximas acusaciones hacia al modelo sistmico. Pero nadams cierto que los sistmicos son manipuladores.
  20. 20. Manipulacin significa obrar con las manos, moldear, articular. Entonces (endireccin a crear nuevas terminologas que se acerquen ms a una epistemologasistmica), el terapeuta sistmico que moldea con su palabra, ms que manipular,hablipula. Siempre en el marco de las limitaciones que no transitan en el terreno de lapsicopata, la hablipulacin permite apropiarse del problema para ayudar a moldearlo yerradicarlo cambindolo de status lgico por la categora de dificultad. Los terapeutas breves de Palo Alto son los que reciben las ms cidas crticasen relacin a la hablipulacin. Son verdaderamente hbiles y genios hablipuladoresque buscan en corto tiempo definir las soluciones apropiadas y resolver el problema. Para los terapeutas estratgicos, el arte de la terapia se convierte en el arte dela retrica, y en realidad los terapeutas estratgicos tienen la misma mala reputacinque tuvieron los sofistas en la antigua Grecia. No importa dicen nuestros amigos dePalo Alto, si creemos o no en la ingeniosa razn que dimos al cliente para hacerlecambiar de costumbres; mientras las cambie, nuestra misin est cumplida. A estaposicin han objetado los terapeutas ms tradicionalistas, quienes sienten que el usode tales trucos rebaja la profesin. Se han odo acusaciones de manipulacin y deingeniera social, que han sido alegremente aceptadas por los estratgicos. Ellosslo afirman ser hbiles artesanos que resuelven los problemas de la gente de lasmaneras ms expeditivas (y menos costosas). [L. Hoffman.1981]. Con nimo de justificar las crticas de directividad y manipulacin, otrosmodelos han utilizado como ejemplo a las prescripciones de conductas. Y es acertado:hace falta el artilugio de estas dos condiciones para mandar a realizar tareas quetocan ilgicas racionales y rayan con el absurdo. Solamente con los recursosericksonianos y toda la gama de acciones persuasivas, es factible llegar a desarrollaren la accin concreta el cometido. El terapeuta sistmico si es directivo y hablipulador es porque, entre otrascosas, sus intervenciones estn orientadas a reformular la perspectiva de la realidaddel paciente, realidad generadora del problema/queja. En este sentido, la co-construccin que se ejecuta en el contexto de la sesin es tendenciosa, puesto quebajo la apariencia ingenua de ciertas intervenciones se encuentra el objetivo de unaplanificacin clnica delimitada por las hiptesis surgidas de la interaccin, queapuntan a revertir el problema por el que se consulta. La directividad y hablipulacinllevada a cabo a travs de formas lingsticas sugestivas, ejercen un grado deinfluenciabilidad tal que asegure anticipadamente la ejecucin de las prescripciones.Las intervenciones del terapeuta se hallan pautadas por la interaccin desarrollada con lospacientes. Pero a la vez, y de manera recursiva, las intervenciones tambin pautan lainteraccin. Un terapeuta no es el mismo con cada paciente.
  21. 21. M. Andolfi (1994) seala que: Impartir directivas parece ser un comportamiento tan antiguo como el conceptode curacin. Ms complejo es reconocer y a veces aceptar que hay que impartirlas enuna relacin teraputica: no hay duda de que toda forma de terapia es, en su esenciamisma, directiva. [...] Tambin es directivo prescribir psicofrmacos a una personapresa de un estado de ansiedad, mantener silencio hasta que el paciente comienza aasociar libremente, aconsejar la colonia de vacaciones para un nio inhibido, enseara una pareja el modo de llegar al orgasmo, prescribir un comportamiento paradojal, yhasta negar una terapia cuando los componentes del problema no son de naturalezapsicolgica. [M. Andolfi.1994]. Indudablemente que todos estos ejemplos, proporcionan sendas imgenes afavor de la directividad, al mismo tiempo que la desmitifica, mostrndola como nadaperniciosa, adjetivo conque se la define. Si es cierto que bajo la influencia del Psicoanlisis, de la terapia rogersiana yde la terapia psicodinmica en general se ha llegado a la conviccin de que debe serel paciente que determine todo lo que ocurre en la sesin, tambin es cierto que elcontexto teraputico, las reglas implcitas en la relacin, la disposicin espacial misma,la actitud y las intervenciones del terapeuta, indican una relacin en la que ladirectividad y el poder por parte de este ltimo son innegables y oficialmenteaceptados por el paciente. [M. Andolfi.1994]. Por otra parte, la actitud intervencionista y el estilo conversacional quecaracterizan al modelo sistmico hacen, tal vez, ms evidente o ms explcita ladirectividad durante la relacin teraputica. Pero no es ms ni es menos, que la actitudde los terapeutas de otros modelos que ms solapadamente o de manera implcitadirigen y hablipulan a sus pacientes. Otro de los puntos a desmitificar, es el dogmatismo que cie al desarrollo de lapsicoterapia al espacio de la sesin propiamente dicho. Quiere decir que el trabajoteraputico se reduce a un espacio semanal o quincenal sin otra relacin que lapautada por los horarios. La convencin del da y la hora fijos, forman parte del clasicismo de losmodelos teraputicos que terminan constituyndose en una limitacin a la creatividadde otros modelos de intervencin ms innovadores. No se trata de descartar laposibilidad de horarios fijos, se trata de no aplicar la regla de manera rgida. Enalgunos casos, puede ser beneficioso como parte de la tctica del tratamiento. Enotros, es importante la diversificacin de los horarios y de la frecuencia, de acuerdo ala planificacin de los objetivos, metas mnimas y grados de urgencia. Por ejemplo,cuando se implementan prescripciones de comportamiento hacen falta, para realizar
  22. 22. controles y chequeos, seguimientos telefnicos e intercalar sesiones desde 2 das dediferencia como tambin distanciadas en 15 das. Estos controles permiten un trabajoms intenso, en pos de desestructurar circuitos rigidificados.En otras oportunidades, con el objetivo de chequear niveles de emergencia,resistencia o de inters en iniciar un trabajo teraputico, en las primeras entrevistas elterapeuta puede colocar horarios poco convencionales como las 7 de la maana omuy nocturnos, o un horario en un da sbado (siempre estar la sorpresa de que elpaciente acepte y el terapeuta tenga que asistir a esos horarios bizantinos o, almenos, cambiar el horario de una manera elegante y sutil). Tambin la discontinuidadde horarios permite, en la negociacin de turnos, observar en la escala de valores eintereses del paciente cul es el lugar que ocupa la terapia. Si se halla al mismo gradode la asistencia a otros encuentros banales o si se llegan a dejar compromisosimportantes para asistir a la sesin.Del punto anterior se infiere, que la terapia tradicional no admite incorporar,como parte de la actividad teraputica, el uso del telfono. En el modelo sistmico, nosolamente se implementa en los casos de urgencia, tambin despus de sesiones congrandes movilizaciones, orientacin de pasos a seguir en una tctica planificada enuna sesin o contencin en situaciones crticas. Mediante los llamados puedengestarse consejos, reflexiones, nuevos planteos e ideas. En sntesis, el uso deltelfono es una prolongacin de las sesiones terapeticas fuera de los horarios desesin.De esta manera, el trabajo teraputico no queda remitido al da, hora y lugarprefijados, sino que se expande ms all de los lmites impuestos por el encuadretradicional. El ejercicio del telfono determina que el profesional agudice su audicin ypueda captar va telefnica, sin ms que la cadencia de la voz y el contenido delmensaje, el humor y el tenor del problema del paciente. De igual forma, l mismodeber colocar sus intervenciones con sutileza y cautela, cuestin que logre transmitirclaramente lo que intenta comunicar.Cuando, por ejemplo, se trata de chequear las prescripciones, la utilizacin deltelfono es fundamental y principalmente el mvil. En las tareas de ataques de pnicoy trastornos fbicos, el telfono posibilita trabajar en el lugar de la accin: si la tarea estrabajar la fobia a subir los ascensores, el paciente puede ensayar con el mvilencendido y con el terapeuta en la lnea pasando y recibiendo informacin. Este essolo uno de los tantos usos del telfono, cuando no en el llamado telefnico para elpedido de consulta. Fuera de lo tradicional, en donde el primer llamado se remiteestrictamente a conocer quin lo deriva y pautar da y hora del primer encuentro, el
  23. 23. terapeuta sistmico puede iniciar una breve comunicacin con la finalidad de recabarmayor informacin y realizar un joining anticipado. En esa comunicacin inicial -artsticamente y de manera no persecutoria- podrconocer algunos datos de relevancia (cul es el problema, los miembros involucrados,la constitucin de la familia, las ocupaciones, edades, etc.), hasta confeccionar unpequeo genograma y determinar a quien invitar a la primera sesin. Otro dogmatismo, es el que se refiere al lugar donde la psicoterapia debedesenvolverse. La concepcin tradicional indica que las consultas se realizannicamente en el espacio de un consultorio. Es decir, es la oficina privada delterapeuta, o cualquier consultorio pblico (por ejemplo, de un hospital, una institucin,etc.), el espacio oficial para desarrollar las sesiones. Cualquier otro lugar que se elija,constituir una hereja o contaminacin a lo que verdaderamente se considerateraputico. Tal vez, si el paciente se halla imposibilitado a concurrir por sus propiosmedios a la consulta, la asistencia domiciliaria podra ser una de las acciones queentraran en la concesin admitida, pero realizar una caminata por un parque, sentarseen un da de sol en un bar o el banco de una plaza y todo lo que se desarrolle fuera dela oficina del terapeuta, son plasticidades del profesional que no deben ponerse enjuego. Esta prohibicin tcita, han dilapidado mltiples y creativas posibilidades deabordaje. Solamente algunos terapeutas atrevidos, han realizado sesiones de terapiafamiliar con las familias en su hbitat, observando el contexto y su forma original defuncionamiento. Otros, han capitalizado el sedentarismo u obesidad de algunospacientes, desarrollando conversaciones teraputicas mediante caminatas reflexivas.Otros profesionales, haciendo -ocasionalmente- sesiones en otros lugares como bareso plazas, han destrabado situaciones de ensimismamiento, fobia social o bloqueocomunicacional. Con estas propuestas, no se plantea desarrollar otros dogmatismos, sino crearel permiso interior de utilizar otros espacios alternativos, como forma de dinamizar lassesiones y facilitar el emergente del material a trabajar. No se trata que el terapeutaabandone su consultorio (como espacio fsico) y se constituya en un errante de lapsicoterapia realizando sesiones aqu y all, se trata que este tipo de estrategiastrabajen a mltiples niveles. El primero es el tradicional acerca de los contenidos:cuando el terapeuta trabaja fuera de su mbito, con su tctica introduce otrainformacin en forma paralela. Cuando le dice a su paciente -fumador y hastiado de susedentarismo- necesito caminar un poco, moverme, estuve mucho tiempo sentado ydeseo respirar aire puro... no te molesta si realizamos la sesin caminando?, est
  24. 24. colocando en primera persona lo que le sucede a su paciente y generando unaidentificacin que podr tener sus efectos a posteriori, si el paciente la adopta para s.En otras oportunidades desgraciadas, es el contexto el que obliga a adecuarsea desarrollar sesiones de manera no ortodoxa. Catstrofes, en las que se debetrabajar en el lugar del hecho, emergencias o crisis en donde el paciente es atendidoen su domicilio, infraestructura hospitalaria decadente donde (como siempre la saludmental se encuentra relegada en los presupuestos del Estado) se inventanconsultorios en la cafetera del hospital, salas de espera, bancos del parque internodel hospital, etc.MITOS Y DESMITIFICACIONES 5Otro de los grandes mitos que tergiversan el real significado de ciertosconceptos, se observa en la absurda distincin entre Psicoanlisis y Psicoterapia.Parece increble que todava en los inicios de este tercer milenio, se continerepitiendo dogmticamente esta diferenciacin. Diferencia que no tiene absolutamenteningn tipo de aval terico que la justifique de manera idnea. Aunque, la raznparece hallarse no en motivos de teora sino en los juegos de poder que semanifiestan enfundados en falsos fundamentos epistemolgicos.La defensa acrrima que se erige en torno al Psicoanlisis, de cara a lapresencia cada vez ms slida de otros modelos en el mercado teraputico,desestructura la hegemona y socava poder al monopolio de la ciencia freudiana. Estaamenaza, lleva a que sus seguidores (es una cuestin de hombres y no de teoras)ubiquen el modelo al mismo nivel o por arriba que las psicoterapias.Semejante disquisicin es una confusin de niveles lgicos. Las psicoterapiaspueden ser definidas como terapias de la psique y, de hecho, eso es lo que son: unrea de la teraputica -del arte de curar- que tiene por objetivo trabajar con la mentehumana. Por ende, se encuentran en un nivel lgico superior. El Psicoanlisis, al igualque tantos otros modelos teraputicos tales como la Gestalt, Transaccional, Cognitivo,Logoterapia, Sistmico, etc., es uno de los tantos modelos que se instrumentan. Portanto, cualquiera de estas lneas se encuentran ubicados en un nivel lgico inferior a lapsicoterapia. Esta pulseada de rivalidades cimienta, en parte, la descalificacin deeste modelo clsico hacia el resto de nuevos modelos alternativos, calificndolos yreducindolos a terapias del yo. Hasta el trmino alternativo revela la asimetra pordebajo, puesto que muestra otras opciones a la opcin principal.Todas estas, para nosotros, infortunadas posiciones, todava cobran vigenciaen algunos sectores que representan la ortodoxia teraputica. Sectores que defiendena ultranza criterios que bien pueden llamarse anacrnicos, en relacin a que cien
  25. 25. teoras elaboradas en los comienzos del siglo pasado e intentan hacerlas subsistir,imponindolas sin pulir adapativamente ninguna de sus aristas. En la misma direccin de confusin, se encuentra el homologar la Psicoterapiacon Psicoanlisis o la Psicologa. Renglones arriba, hemos desarrollado la distincinde niveles lgicos entre Psicoterapia y Psicoanlisis, en este caso, lo que se observaes que la gente no involucrada con el quehacer psicolgico llama al desarrollo de unapsicoterapia como el hacer un Psicoanlisis. Desde ya que es perdonable, dado que latradicin psicoanaltica hace honor a su antigedad en la exploracin psicolgica, portanto, es lgico que se produzca tal sinonimia. Pero, por otra parte, la Psicologa en general se ha homologado conpsicoterapia, es decir, la Psicologa clnica, ha relegado otras especialidades delquehacer psicolgico tales como el rea forense, penal, Psicodiagnstico,organizacional, educacional, de investigacin, etc., Por ende, cuando se habla dePsicologa se habla de clnica y esto es un error radical en la concepcin de unaciencia tan basta como la psicolgica. En sntesis, la Psicologa es una ciencia que seencuentra en una categora superior y dentro de ella se encuentra la disciplina clnicay, a su vez, dentro de sta se encuentra el modelo psicoanaltico. Otra de las situaciones que resultan extremadamente absurdas, es laconcepcin de ciertas personas acerca de la psicoterapia (especialmente maridosrgidos, personas resistentes y negadoras, mdicos biologistas a ultranza), que seresumen en la expresin: Yo no creo en la Psicologa. Este es otro de los grandesmitos en torno a la psicoterapia, en el cual la psicologa clnica es entendida ms queuna ciencia como una religin en la que se cree o no se cree. Puede ser comprendido como fenmeno resistencial, en algunas personas que,temerosas de explorar el andamiaje defensivo que se han montado en la vida, niegany descalifican a la invitacin del terapeuta del partenaire para realizar una sesinconjunta. Reticentes, arriban a consulta con una postura de desconfianza yescudriando de reojo al terapeuta como el agresor y destructor de la estabilidad de lafamilia. Pero no se admite tamaa ignorancia, principalmente en los mdicos, quienesen pleno siglo XXI realizan semejante negacin o semejante confucin de niveleslgicos, tergiversando a lo que da en llamarse ciencia en diferencia con una creenciareligiosa. Principalmente, sucede en mdicos de larga data en su profesin, que todoslos sntomas del psiquismo (desde tensin nerviosa hasta la esquizofrenia) losreducen a factores bioqumicos, orgnicos o somticos, entre otros. Debemos reconocer que la epistemologa sistmica, en la actualidad, todavano se ha erigido como paradigma de modelo de conocimiento en la sociocultura. Esto
  26. 26. si somos estrictos con el trmino paradigma, en el sentido kunteano de la prevalenciade un modelo de conocimiento nico. Esta posicin, seala que solamente el cambiode paradigma se produce en simultaneidad con la aceptacin del poder cientfico, deque el modelo de conocimiento imperante ya no provee las respuestas adecuadas alas preguntas que el mundo de la ciencia demanda (Kunt.1975). No obstante, N.Caparrs (1980) seala que la Psicologa -contrariamente a las ciencias duras(aunque no tanto)- es la nica ciencia en donde existen convivencia de paradigmas.Ms precisamente en la psicoterapia, donde conviven en paralelo, una serie demodelos teraputicos con las mismas posibilidades de efectividad. Atenindonos al sentido de Kunt, despus de 40 aos del traslado de las ideascibernticas a las ciencias humanas, nos hallamos en un perodo de transicin, dondeunos pocos son los que se han acoplado cognitivamente al modelo sistmico. Hastaahora es la linealidad la que ejerce preeminencia a la hora de desarrollarconstrucciones de realidades, hiptesis y hasta simples razonamientos. Si socioculturalmente contina teniendo vigencia una epistemologa causalistalineal y objetiva, no son menos los profesionales que sostienen esta posicin en favorde la objetividad. Estn convencidos, entre otras cosas, que en la relacin teraputicaes posible que el profesional tome distancia -se disocie, como se diceespecficamente- e intervenga sin poner en juego sus creencias, valores, historia, ensntesis, su estructura conceptual, de la cual, el modelo teraputico es solamente unaparte. Es decir, un observador no involucrado en el campo de lo observado. En sentido contrario se encuentra la subjetividad que, como concepto, todavaen la actualidad, se haya desvalorizado asocindoselo con contaminacin y falta deprofesionalismo. Pero este entendimiento va ms all de la gente comn, sino son losmismos profesionales de la salud mental quienes solventan estas ideas. El trmino subjetividad, en algunos circuitos de vanguardia de la ciencia, bienentendido por algunos filsofos (I. Kant, G. Vico, L. Wittgentein) y desafiado por laciberntica de 2 orden, se postula en plan reivindicador y se entiende a la objetividadcomo una utopa. Los lmites de objetividad se demarcan en la subjetividad, o sea, sepuede ser ms objetivo dentro de la subjetividad. En este planteo, la subjetividad sehalla en un nivel lgico superior que la objetividad. Entonces, todos los hechos sonsubjetivos: se puede estar ms o menos involucrado, pero siempre nuestra presencia -en funcin de la ciberntica- pauta el objeto observado, como nuestra percepcin -enfuncin de nuestra estructura cognitiva- influye nuestra perspectiva del objeto. Es lgico, que el profesional sea ms objetivo que el paciente involucrado en laproblemtica de la familia, pero ms objetivo dentro de la subjetividad del vnculo que
  27. 27. establece con la familia y desde su percepcin reglada por las estructurasconceptuales, sistema de creencias y escala de valores. Una de las confusiones que ocurre cuando se tratan de asociar o superponermodelos, es homologar ciertos conceptos. Error, si se tiene en cuenta que poseen unadiferente base epistemolgica. Unos de los trminos que suele mal interpretarse es elde la resistencia. Cuando un paciente no cambia a pesar de que reconoce -calza- elmotivo de su problema, los terapeutas, en general, le colocan el mote de resistente alcambio (ms all de que sera importante que los terapeutas se cuestionaran si fueronacertadas o no sus intervenciones y no descargaran toda la responsabilidad en elconsultante). Pero el concepto de resistencia, desde la teora sistmica, esradicalmente diferente al que hace referencia el Psicoanlisis. Con base en la teora del aparato psquico, el hecho de que se logre interpretary develar el origen del sntoma del paciente y se contine repitiendo, implica queactan resistencias inconscientes que sabotean la posibilidad de revertir el sntoma.Son numerosas las oportunidades en que los estudiantes en formacin de terapiafamiliar atribuyen, de cara al no cambio, las resistencias del paciente, sea familia,pareja o individual. Pero las resistencias a las que se remiten, son las que hacenreferencia el modelo freudiano y no las cibernticas. Adems de no usar el mtodo interpretativo de acuerdo al marco freudiano,(aunque cuando se explica, se est construyendo una versin del hecho, se interpretalo que sucede), la terapia sistmica entiende las resistencias como resistencias de lossistemas. Es decir, cuando un problema lleva aos en un sistema crea un circuitopropio con pautas particulares, funciones, normas y todo un cdigo determinado por elrigor del sntoma. Ya hemos explicado anteriormente, que la perdurabilidad de laconducta disfuncional en el tiempo, sistematiza y resistematiza cristalizandohomeostticamente el juego. Por ms acertada que pueda considerarse la hiptesis ysu correcta explicitacin en el tiempo adecuado, es ingenuo pensar que unaintervencin cognitiva, por ejemplo, pueda hacer variar casi de manera mgica ladinmica desarrollada. Por tanto, adems de considerarse y focalizarse el problema se observar supersistencia en el sistema. La intervencin deber estar dirigida hacia estos dosflancos: el problema propiamente dicho y su insercin en el sistema. Se debe tener encuenta el grado de afianzamiento en el sistema del comportamiento anmalo, de locontrario, la intervencin teraputica puede convertirse en una solucin intentadafracasada ms dentro de todo el cmulo de frustraciones del paciente. En direccin a romper con las ortodoxias, la nmina de mecanismos dedefensa heredados del Psicoanlisis, son interpretados por los sistmicos como una
  28. 28. transgresin a la teora. La identificacin, proyeccin, negacin y el desplazamiento,forman parte del glosario de defensas desarrolladas por Ana Freud (1974) y biendefinidas en el famoso diccionario de Psicoanlisis de J. Laplanche y J. Pontalis(1981).Ms all de su raigambre con este modelo, estos mecanismos no dejan lugar aduda de su intervencin en dinmicas cognitivas que se articulan con lasinteracciones. Por ejemplo, es el caso de los isomorfismos. Los juegos isomrficos, noson ni ms ni menos que proyecciones que coligen juegos interaccionales pasadoscon el aqu y ahora. En este proceso de proyecciones, se identifican personajes,funciones, pautas, etc. propias del juego pasado en concomitancia con el actual. De lamisma manera y con igual sentido, se desplazan emociones y sentimientos dirigidoshacia un destino que, para conservar el vnculo, se depositan en otro. La negacin, asu vez, sirve para preservar relaciones, anular o postergar o ms precisamenteamortiguar sentimientos desagradables.Todos estos mecanismos, han sido vetados por el mundo sistmico alcorresponderse con otra corriente teraputica. Sin embargo, son conceptos que calzanclaramente con las interacciones ya que tienen su anclaje tanto en la cognicin comoen el universo de interacciones de la persona.Un trmino a desmitificar y que se presta a confusiones es el de Terapiafamiliar. Si bien, la terapia familiar es una especialidad que corresponde al trabajoteraputico con la familia especficamente, tambin le da el nombre con que llega elmodelo sistmico al mundo de la psicoterapia. Cuando se habla de psicoterapiasistmica se est hablando de Terapia familiar. La confusin se presta, cuando lagente entiende que conditio sine qua non para poder trabajar con el modelo sistmicose necesita la total presencia de la familia.La herencia de este rtulo, radica en los orgenes del modelo. Prcticamentecuando comenzaron a trasladarse las ideas cibernticas a las ciencias humanas. Lasprimeras investigaciones que realiz el equipo liderado por G. Bateson, fue analizar lacomunicacin en los pacientes esquizofrnicos, cuyos primeros resultados fue lateora del doble vnculo (Hacia una teora de la esquizofrenia.1962). Se explor a lasfamilias de los pacientes, detectando disfuncionalidades en ellas, principalmente, enlos mensajes que se transmitan en la relacin madre/hijo. Fue la primera vez que setrabaj con los integrantes de una familia en una sesin, y se incorpor el espejounidireccional al trabajo teraputico y un equipo detrs de ste.Todas estas experiencias positivas e innovadoras (fundamentalmente laincorporacin de ms miembros al espacio de la sesin) fueron definidas, aos atrs,por los tericos de Palo Alto, como una hereja. Y no era para menos, en tiempos
  29. 29. donde solamente era admitido el modelo psiquitrico o psicoanaltico que indicabanque la introduccin de ms de un miembro en la terapia era contaminante. Esta conservacin del rtulo Terapia familiar en honor a la historia, lleva a quese desconozca que existe, bajo el patrimonio del modelo sistmico, la terapia depareja, individual, grupal, diferentes recortes de subsistemas familiares como la fratray pareja de padres, anlisis organizacional, entre otras aplicaciones. Ms all queexisten otras terapias que trabajan con familias, pero no desde una ptica sistmica. Desmitificar, implica desestructurar las atribuciones errneas acerca de ciertascreencias que se han instaurado slidamente tanto en el imaginario popular como enalgunos sectores correspondientes a otros modelos. Pero nada ms difcil que intentarromper con creencias afianzadas en la sociocultura. Estas implican crearconceptualizaciones rgidas que, como tales, se hallan sistematizadas en el tiempo ygeneran resistencias a su modificacin. Muchas de las ortodoxias teraputicas, forman parte de numerosos mitos que ala hora de cuestionarlos no poseen los suficientes avales tericos para sostenerlos.Apelar a un modelo ortodoxamente, puede considerarse un tronco rector y organizadordel trabajo teraputico, pero la adherencia extrema, conduce al camino de laanticreatividad. Es all, cuando los terapeutas se clonifican con sus maestros ysupervisores o siguen al pie de la letra los manuales de psicoterapia, en el intento desocavar las inseguridades y hacer el trabajo correctamente. Cercenar la creatividad, es ceir el modelo a pautas que no permiten armar unacoreografa plstica y manejarse con una serie de recursos fijos que no dan posibilidadde otros movimientos que los previstos por el modelo. Creer en el estilo teraputico delprofesional, sugiere tomar de los modelos o del modelo lo que se considera potablepara s y para la situacin con cada caso en particular. La ecuacin entre formacin terica-prctica y creatividad, parecen la frmulaadecuada de funcionamiento en el arte de la psicoterapia. De la primera, surgen laspremisas epistemolgicas trasladadas a la praxis clnica con el debido sustentoterico; mientras que la segunda, aporta la cuota de plasticidad, originalidad yamoldamiento vincular. Ambas dos, conjugan los dos aspectos que se mancomunanen la psicoterapia: la ciencia y el arte. Entonces, el terapeuta -cientfico y artista- resume en estos dos flancos, lasposibilidades de ejercitar su profesin de manera idnea, siempre dentro de loscanales que le indica la tica y la responsabilidad que implica guiar la vida de un serhumano en situaciones de crisis.
  30. 30. BIBLIOGRAFA Andolfi, Mauricio Terapia familiar. Paids. Bs. As. 1994. Bateson, Gregory. Pasos hacia una ecologa de la mente. Carlos Lohl, Bs. As.,1976. Caparrs, Antonio. Los paradigmas en psicologa. Sus alternativas y sus crisis. Ceberio Marcelo R.; Deschamps C. y otros. Clnica del cambio - Teora y tcnicade la terapia sistmica. Nadir. Bs. As. 1990. Ceberio, R., M.; Moreno, J.; Deschamps, C. La formacin del estilo teraputico.Revista Perspectivas Sistmicas. Bs. As. 2001. Ceberio, R., M.; Moreno, J.; Deschamps, C. La formacin del estilo teraputico.Revista Mosaico de terapia familiar. Espaa. 2001. Ceberio R. M., Watzlawick, P. La construccin del universo. Herder. Barcelona.1998. Coleman, David. La inteligencia emocional. Javier Vergara. Bs. As. 1996. Fisch, D, Weakland, J, Segal, L. La tctica del cambio. Herder. Barcelona. 1994. Freud. Anna. El yo y los mecanismos de defensa. Paids. Bs. As. 1974. Haley, Jay Terapia para resolver problemas. Amorrortu. Bs. As. 1980. Hoffman, Lynn. Fundamentos de la terapia familiar Paids. Espaa. 1981. Jackson, Donald (Comp). Communication, Family, and Marriage. Science andBehavior Books, Inc., California, 1968. Versin cast. Comunicacin, familia ymatrimonio. Nueva visin. Bs. As. 1984. Kriz, Jurgen. Corrientes fundamentales en psicoterapia. Amorrortu. Bs. As. 1985. Kuhn, Thomas. La estructura de las revoluciones cientficas. Fondo de CulturaEconmica, Mjico, 1975. Keeney, Bradford. Esttica del cambio. Paids. Barcelona. 1987. Laplanche, J. y Pontalis, J. Diccionario de Psicoanlisis. Labor. Barcelona. 1981. Linares, Juan. Identidad y Narrativa. Paids. Barcelona. 1996. Nardone G., Watzlawick, P. El arte del cambio. Herder. Barcelona. 1992. Nardone Giorgio. Miedo, pnico, fobia. Herder, Barcelona,1996. Horsori, Barcelona, 1980 Satir, Virginia. Psicoterapia familiar conjunta. Prensa Mdica Mejicana, Mjico,1989. Stevens, John. El darse cuenta. Cuatro vientos. Chile. 1978. Watzlawick, Paul. El lenguaje del cambio.Herder, Barcelona, 1980.
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