mistura nº10

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mistura publicación de cultura y pensamiento Abril de 2008
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    14-Mar-2016
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  • misturapublicacin de cultura y pensamiento

    Abril de 2008

  • mistura

    Una de las acepciones del verbo dispersar dice as: fig. Dividir el es-fuerzo, la atencin o la actividad, aplicndolos desordenadamente en mltiples direcciones. A veces me pregunto cmo y cundo, bajo qu insondable pretexto terminar este estado de dispersin en que me en-cuentro. Obviamente, nadie sabe nada acerca de mi situacin y dudo que a alguien pueda interesarle. Pero oigo rumores que confirman mi temor. Alguien espera algo y yo debo dar respuesta. Me pregunto, una vez ms, de dnde proviene este ingenioso filn que me ha sacado de ms de un apuro a ltima hora.

    Llegado el momento de actuar, aqu y ahora, flaco favor me hago si no logro disipar mi inquietud, mi preocupacin. Acaso no se puede estar disperso? Quitmosle hierro al asunto, al fin y al cabo nadie me paga por lo que escribo, ni obedezco a ideologas, ni a asociacionismos superfluos. Lo que me mueve es el compromiso. Y con eso basta. El impulso crea-tivo, cuando nace de dentro, no necesita aprobacin ni justificantes.

    Quiz pueda parecer que trato de argumentar de algn modo cierta falta de creatividad. Me explicar mejor: estar disperso no significa nec-esariamente no en este caso- estar falto de ideas. Pero s puede llegar a afectar a stas cuando lo que se persigue son fines de periodicidad mensual. Esta maana se me ocurrieron, mientras trabajaba en otros asuntos, unas lneas que hubieran resultado idneas en este editorial. Pero en mi oficina se viven momentos de tensin, las cuentas no salen y los nmeros me vuelven loco. Cierto es que la dispersin, como las heladas, ha ido dejando, da tras da en las postrimeras del invierno, finas capas de escarcha sobre mi jardn. Ante este panorama, me asaltan las dudas y ya no s si sera conveniente o no abandonar mi puesto de trabajo en la oficina.

    N10_Abril_2008

    Fundadores:Jorge pacheco, Ruben Lpez,

    Santiago Gorgas y Vernica Rincn

    Editor: Santiago Gorgas

    Redactor jefe: Jorge Pacheco

    Diseo artstico: Rubn Lpez

    Tcnico informtico: Marcos Lpez

    Colaboradores de este mes:Santiago Gorgas,

    Martn Sueldo, Jorge Herrera, Miguel Pacheco, Charlotte,

    Vernica Rincn y Jaime Thierry

    Foto Portada:Rubn Lpez

    Web: www.mistura.cat

    Correo electrnico: [email protected]

    misturarevista de cultura y pensamiento

    Convocatoria monogrfic reflexos Blanes Cultural

    La dispersin Editorial

    Amb la intenci dimpulsar la participaci artstica des de tots els mbits de la creaci Mistura convoca a escriptors y artistes a manifestar-se en torn un mateix tema. El tema proposat per locasi s Reflexos i la finalitat daquest monogrfic s brindar la possibilitat de publicar, ja sigui amb un suport imprs o digital, promovent el dileg i la interacci entre les diferents aportacions dels participants.

    participa al monogrfic reflexos

    Si tagrada escriure, dibuixar, la fotografia, ani-maci o qualsevol altre manifestaci artstica.

    Bases completes a www.mistura.cat

  • n10_abril_2008

    por CharlotteSilencio!

    Silencio! Has sido mi peor pesadilla durante aos y por fin he decidido olvidarte. S, yo tambin s que no es la primera, ni la segunda vez que me opongo a tus pensami-entos, pero te puedo asegurar que es la ltima. No has aportado nada a mi existen-cia.

    No representas nada para m. Oigo tu voz una y otra vez, sin control y atormentada. No tienes criterio propio. Tus fundamentos son mis pequeas dudas, esas que poco a poco vas exaltando, que deterioras incesantemente.

    Slo eres la voz de la rabia acumulada, de los sueos imperfectos que habitan mis entraas y se pierden. T, en esa engreda realidad en la que justificas hallarte, no anhelas la presencia de nadie ms, crees que puedes valerte por ti misma.

    Realmente lo crees? No eres nadie para m y sin embargo, no puedes vivir sola. Necesitas mi fuente de alimento, ese sustento de inseguridad e incertidumbre para en-gordar tu prepotencia, tu ego desmesurado. Y slo yo puedo ofrecrtelo sin reparos.

    Por eso, me propongo terminar con nuestra estrecha relacin, los problemas se han acabado para los dos y no hay ms que hablar. Nadie ms podr acosarme. Nadie ms podr acosarnos.

    Nos espera un largo viaje

    La locura Reflexiones Compartidas

    Anoche tus palabras tomaron formas y caminos inesperados, mostrndome lo que nunca se me habra ocurrido ver. Te quedaste abrazada a mi hombro, yo miraba el techo, t dormas. Me solt de tus brazos y sigilosamente me levant de la cama. Me dirig a la cocina a buscar el cuchillo ms filoso, y lo afil an ms. Me introduje en el bao con un juego extra de toallas. En el reflejo entre el cuchillo y el espejo: mi rostro. pens. Me sent en el borde de la baera y servido de un cuchillo y dos toallas me reban el dedo meique mi pie izquierdo. Un sonido monstruoso sali qued atrapado entre mis dientes. Los mantuve apretados son todas mis fuerzas. Al levantar la mirada te encontr abriendo la puerta del bao. Como si ya supieses lo que ibas a encontrar, tus ojos llenos de lgrimas, tus labios temblorosos. Intentaba frenar la hemorragia con la misma mano con la que sujetaba el cuchillo. Mientras que con la otra, buscaba en el suelo la prueba que acreditara mi ltimo logro. Te acercaste lentamente y con los espasmos tpicos de las personas que han llorado durante demasiado tiempo. Abrazaste mi cabeza y acariciaste mi pelo con devocin. Me estrujaste entre tus brazos. Levant la vista buscando ver tu cara en el espejo y te ves preciosa. Verdaderamente un ser encantador. Anoche comprend que solamente t podras hacerme sentir tanto, y usando tan poc-as palabras. Tanto vale esto que yo no valgo nada. Te odio con toda mi alma, porque haces que me pierda. No s donde estoy? No s quien soy? No soy ms yo. Te odio y no me avergenza decirlo.Soy injusto, lo s, yo no tenda fuerzas suficientes para encontrarte en el bao con el cuchillo ms filoso.

    Una parte por el todopor Santiago Grogas

  • mistura

    El caminopor Jorge Herrera Letras

    Desde lo alto del promontorio el perfil de la ciudad se adivina como un contorno difuso y gris con sus murallas fortificadas recortadas, al parecer, segn el capricho de una tijera gigante y torpe. Algunas edifi-caciones compactas de tres o cuatro plantas sobre-salen como parte del paisaje ciudadano desde el que gruesas fumarolas trepan al cielo escupidas pesad-amente por chimeneas altsimas. Aqu y all, como flechas locamente disparadas, bandadas de pajarra-cos oscuros revolotean subiendo y bajando alternati-vamente, como vigilantes suspendidos en el espeso aire. De vez en cuando alguno se descuelga en suave planeo para posarse parco en el nico camino tor-tuoso que se arrastra desde la ladera de la montaa. Se arrastra este da, como todos, desde vaya a saber qu pocas y va esforzadamente haciendo equilibrio sobre los barrancos abruptos que caen en picado a su izquierda, mientras a la diestra va dando empellones a la montaa para abrirse paso dificultosamente a travs de su brava orografa. Por momentos se es-trecha tanto que parece que va a desaparecer em-pujado al vaco por aquel bloque descomunal. Pero cuando esto est por suceder recupera el resuello como un animal primitivo y furioso y se abre paso otra vez amontonando a su vera cantidad de piedras, pedruscos, cascotes y malezas polvorientas y opacas. Parece en esa instancia que vuelve a respirar para seguir reptando enfermo cuesta abajo, henchido el vientre por no se sabe qu raro complejo eterno que tienen los caminos de franquearse el paso hacia al-gn sitio. Porque, es sabido, a todo sitio lleva algn camino, y ste no era menos que ningn otro. Tran-sitando as, con denodado esfuerzo, regado de alter-nativas crueles, al final se sosiega y va a toparse con un portal all abajo igual que l de rudo. El portal de entrada a la ciudad inmenso y rstico, que en su bru-talidad da sentido a tanta voluntad. Slo un camino as podra haber llegado hasta all. Los remaches del portal son de hierro ennegrecido y sellan con rabia los barrales que atenazan sus tron-cos yuxtapuestos, que as apretados parecen a punto de estallar como solucin nica para librarse de ese cors que les provoca un dolor, en apariencia, in-menso. Un tormento que se hace patente donde el cors metlico aprieta tanto que machaca la madera reventndola en gruessimas astillas. Tiene la apari-encia de una gigantesca mano vieja y agrietada, seca por el fro de la montaa y marca un alto infranquea-

    ble. Pero un camino, un camino de verdad, no se de-tiene ante nada, y as, transformndose de repente, de la misma manera que se negara antes a desapa-recer en la estrechez, se escurre fino por debajo de aquel titn monoltico a modo de una cinta flaca y lisa como de polvo de tiza. Se ha convertido de repente en un camino humilde. Penetra dulcemente, como si para l no existiera impedimento, demostrando una vez mas cuan dctiles son los caminos, y una vez adentro avanzaba sereno, ramificndose a los pocos metros a partir de la plaza principal de planta oval coronada de altos rboles de copa frondosa y va for-mando un delta gris que rodea las casas como si de islas se tratara. Surca por entre el mercado inactivo a aquellas horas ltimas de la tarde, los comercios de los artesanos con sus productos y enseres reposan-do; deja las escalinatas, del templo a la derecha de loza clara y pulida, ese lugar santo hecho de piedras civilizadas que, en franca contraposicin a tanta roca ordinaria que raj sus flancos montaa abajo, le mi-man. Poco ms all, acaricia manso la fuente donde durante los das de sol abrasador de verano se alivian los hombres, las mujeres y los nios que ahora estn en sus casas y cenan o aman o duermen. Lnguido, va a remontar una cuesta suave y trepa ceniciento y cansino hasta los pies de una pared rojiza, que por su apariencia pudiera ser el hogar de un noble, o de una familia acaudalada, o quiz, por que no, el de un hombre de leyes o el de un alto cargo militar y llega luego al solar vecino, algo ms bajo, en cuya entrada un nio olvid, por descuido, seguro, un objeto que hubo de tener en alta estima: una talla, un caballo largo al galope con sus crines tiesas y sus tensas fi-bras musculares de madera. Prosigue suavemente, como si ya nada le recordara las fatigas de su trn-sito y atraviesa una reja de hierro forjado y roza en ese momento sagrado el verde de la hierba tierna que lo vuelve an ms manso y se deja seducir y se convierte en vereda para adentrase en un jardn fra-gante, se humedece al pasar pegado a los surtidores y el agua le vuelve franco y deja de ser polvoriento y cambia su andar en una cadencia decididamente dcil y se diluye convirtindose lentamente en fango y empiezan a crecer en l plantas y se desdice de ser camino, renuncia a seguir andando, y se convierte en tierra negra, en huerto, en flor, en frutos, y al fin, ha llegado.

  • n10_abril_2008

    AGUAFRIAp0r Martn Sueldo Columna

    1.Ya lo dijo Batman (el ltimo, del director Chris Nolan): no es lo que soy debajo [del traje] sino lo que hago, que me define (It is not what I am underneath, but what I do, what defines me). Adems de salvar a Ciudad Gtica, Batman permanece oculto, en el anoni-mato. Nadie sabe quin es realmente. Tal vez esa no sea la pregunta adecuada. No es cuestin de quin, sino de qu. Qu es realmente?

    2.Ms que hablar de anonimato, podramos hablar de solitarios. Esos que son represen-tados una y otra vez desde el romanticismo. As se puede ver en El caminante sobre el mar de nubes (1818), del pintor Caspar David Friedrich. El caminante solitario llega a la cima de la montaa vestido de impecable traje oscuro y bastn. Desde all mira y nosotros lo vemos slo de espaldas. Los romnticos no transpiraban, se entregaban a la pasin pero no transpiraban.

    3.Otro solitario clebre, tambin relacionado al romanticismo alemn, aunque sin serlo, es Harry Haller, el protagonista de El lobo estepario (1928). Mucho de l se explica si se conoce la vida de su autor, Hermann Hesse. Pobre Hermann, realmente le costaba eso de relacionarse con el mundo exterior. La soledad es ms soledad si se transforma en una soledad fctica. Es decir, si uno no ve a ninguna otra persona durante das, tal vez semanas. La de El lobo estepario es una de las peores soledades, la que deviene de un momento de claridad. Ese es el tipo de soledad que generalmente se transforma en locura.

    4.El que poco tiene de romntico es el desconocido ms famoso de la literatura brasilea, Dalton Trevisan. Se sabe muy poco de l. No hace entrevistas ni tiene vida pblica. Una foto circula, una foto que alguien le sac por la calle al reconocerlo. Es de los aos se-tenta. Lo que s se sabe es que es abogado, y que cre esa obra maestra-rareza que es O vampiro de Curitiba (1965). Nelsinho, su protagonista, acosa mujeres por las calles de Curitiba. Una de ellas, sonre durante el coito (en un depsito de colchones) y deja ver su lengua a travs del diente que le falta. Ay, Dios mo, quin es en realmente la vctima?, pregunta Nelsinho. 5.De este tema, los solitarios en el mundo del arte, habl con una colega mexicana. Lo hablamos distendidamente, tomando unas chelas cerca de la frontera entre Mxico y Estados Unidos. Ella estaba preparando un libro de ensayos sobre solitarios. La soledad es un tema recurrente, acordamos. Su obra tambin est habitada por la soledad y por personajes ruines. Uno de ellos es una vieja prfida y delatora que vive frente al aparta-mento de la protagonista de su ltima novela. En un momento se devela: la vieja es juda. La novela me ha gustado mucho, le escrib despus de leerla. Me hubiera gustado que no dijeses que la vecina era juda. Creo que no era necesario. Nunca ms me escribi.

  • mistura

    Drets socialsper Vernica Rincn Conductes humanes

    Durant la segona meitat del segle XIX, apareixen els conflictes entre les classes amb poder i les classes pobres que havien estat excloses en els inicis del capitalisme industrial. En aquell moment comencen a aparixer els anomenats drets socials, el drets a la cobertura de les necessitats bsiques que permeten una vida digna amb autono-mia. Encara que les intervencions de lestat en aquell moment sn mnimes, aquests sn els inicis de les reivindicacions populars que ja en el segle XX comencen a prendre forma, multiplicant-se les lluites socials i de treballadors i, dins daquest context, sestableix lestat social, per dins dun acord asimtric, en el que es permet al capital-isme gaudir duna expansi a canvi de negociar certa distribuci de lexcedent social. Duna banda, sintenta regular el capitalisme i de laltra, eliminar els conflictes de les lluites de classes.Desprs de diverses crisis del capitalisme industrial, el fracs del comunisme i les transformacions degudes a les noves tecnologies, canvia el panorama. Entren en conflicte laugment dels drets del treballador amb les necessitats capitalistes del moment. s llavors quan comena a sorgir la deslocalitzaci de les grans corporacions a altres pasos de m dobra barata, per tal de poder reduir costos, augmentant la precarietat laboral i la desocupaci. Daquesta man-era, tamb sincrementen les desigualtats socials.Una societat abocada a una poltica social de mnims, assitencialista i, per tant, creadora de dependncia. Davant daquesta situaci es fa evident la necessitat daturar lacumulaci de poder i fer viable la solidaritat entre tots els membres de la societat. Cal una reforma de les institucions, tant pbliques com privades, amb la exigncia de democrcia interna, controls e informaci del que es fa, per tal de garantir els drets socials de les persones.Les poltiques socials sn cada vegada ms focalitzades i precries. Una renta bsica incondicional, que aparentment sembla ms costo-sa, a la llarga permet ampliar ms lautonomia de les persones, que les ajudes puntuals condicionades que noms posen pegats sobre els problemes per no els solucionen, i a ms, estigmatitzen al grup com excls. Tenim una poltica social de mnims per uns ciutadans que noms poden arribar al mnim, obligant-se a acceptar el treball tot i la baixa qualitat i la inestabilitat daquest.El dret a un treball estable i de qualitat es fonamental com a dret so-cial. I es fa evident la necessitat dun repartiment de les riqueses, en el que es podria arribar a la possibilitat duna reducci de la jornada laboral i, per tant, un repartiment del treball.La protecci del drets socials passa per promoure un model en el que es crea una xarxa normativa a travs de lopini i la participaci dels interessats. Les organitzacions socials poden subministrar informaci que no t lEstat sobre les necessitats de les persones. Per tamb s adient utilitzar els mitjans de participaci ciutadana. En definitiva, es tracta dafavorir la possibilitat de que les persones puguin arribar a aquells mbits poltics i jurdics. Aix podem oferir als ciutadans la possibilitat daccedir a espais que normalment noms sels hi permet als juristes. Ja existeixen exemples de participaci com els frums cvics o els referndums, i per tant, es tracta noms dintroduir aquests models. I si no els trobem, exigir-los com a ciutadans.

  • n10_abril_2008

    Me dicen que estoy locoPor tomarme las cosasCon excesiva parsimonia,Por no atormentarmeYa con nada,Por tratar un tema Que otros consideranDemasiado crudoY sin duda poco apropiadoEn este momento de risas.Pero esta inquietud latenteY esta crudeza no son slo mas.Estn ah para todos.

    SE PIERDE FUELLEpor Jaime Thierry Letras

    LO IMPORTANTEpor Miguel Pacheco Letras

    Importante es que se digaSin pudor, la ternura.Siquiera levemente,Apenas murmurada,Palabra o gesto,Abrazo o caricia,Calor de unas manos,Luz de una mirada.Importante es el signoQue no se reprime,Que no se retiene,Que no se posterga,Fraternal, amorosoA raudales, alegre,Confiado, desnudoEl corazn, sin vestido.Importante es la entregaMltiple de los afectos,Besos que se sumanA ms besos y besosPara cuando no los tengamosSaborear su recuerdo.

    No estoy loco, slo soy unCuerpo que se desmoronaSin tiempo ya para caerEn frivolidades: cierto esQue se pierde fuelle Con esto del cncer.Me dicen que estoy enfermoY no entiendo por qu tieneQue ser precisamente ahora.Pido algunos aos msY slo t sabes escucharme.Ya no querr ver a nadieCuando hayas cruzado esa puertaY te hayas ido para siempre.