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    POLTICA Y CULTURA EN LA POCA MODERNA

    (Cambios dinsticos. Milenarismos, mesianismos y utopas)

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  • Alfredo Alvar Ezquerra

    Jaime Contreras Contreras

    Jos Ignacio Ruiz Rodrguez

    (Eds.)

    POLTICA Y CULTURA, ,-EN LA EPOCA MODERNA

    (Cambios dinsticos. Milenarismos, mesianismos y utopas)

    Universidad de Alcal

  • Universidad de Alcal Servicio de Publicaciones

    ISBN: 84-8138-587-5 Depsito Legal: M-5.473-2004 Fotocomposicin e Impresin: Solana e Hijos, A.G., S.A.

  • POLTICA E IGLESIA. LOS PREDICADORES DE FELIPE IV

    Fernando Negredo del Cerro Dpto. Historia Moderna. Universidad Complutense

    La presente comunicacin tiene como objeto dar a conocer el fruto de nuestras investi-gaciones que, bajo la direccin de D.Enrique Martnez Ruiz, catedrtico de Historia Moder-na de la U.e.M. venimos realizando hace ms de seis aos y que esperamos en breve tiempo -primer trimestre del curso 2000-2001- sean expuestas en la defensa de nuestra tesis doc-toral. Por ello a continuacin proponemos un resumen de la misma haciendo especial hinca-pi en los objetivos, las fuentes y el desarrollo de la misma.

    1. Objetivos de la investigacin

    El objetivo del estudio fue, en un principio, intentar mostrar la trascendencia del discur-so eclesistico en el desalTollo poltico del reinado, del cuarto de los Felipes. Para ello, y siendo conscientes de la amplitud de enfoques y diversidad de fuentes, decidimos centrarnos en un grupo de clrigos que, corno tal, pareca desconocido para la historiografa espaola: los predicadores nombrados por el rey. Tal eleccin acot6 el marco de actuacin y nos im-puso una serie de prioridades en la investigacin; por un lado era necesario saber quines fueron estos hombres cuantificando su nmero e individualizndolos, y por otro se haca ne-cesario rastrear tanto su produccin literaria como su actuacin poltica en cualquiera de sus dimensiones. Pero el objetivo 'eal que subyaca debajo de estos ms visibles era intentar uti-lizar el recurso de la biografa colectiva como forma de abordar la evolucin poltica entre 1621 y 1665. As las cosas, las figuras de los hombres del plpito se convertan en una ex-cusa para abordar los diferentes aspectos, orden interno y externo, con los que tuvieron que enfrentarse los gobernantes del siglo XVII. Las especiales caractersticas de algunos biogra-fiados, miembros de juntas, consejos etc. parecan abonar la idea adems de indicar los de-rroteros por los que debamos iniciar la investigacin.

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    Estos planteamientos sirvieron ya para esbozar un primer esquema sobre el que trabajar que con el tiempo se desarroll y perfeccion y que muy sucintamente es el siguiente:

    1.- Aspectos historiogrficos y metodolgicos. 2.- Los predicadores reales como inslitucin: antecedentes, nombramientos, estadsti-

    cas (por aos, por rdenes ... ) y su integracin en la Real Capilla. 3.- La actuacin poltica: las can'eras ms relevantes, 4.- Su produccin literaria: oratoria sagrada y panfletstica poltica. De esta manera iniciarnos una investigacin que hemos realizado en los siguientes archi-

    vos y bibliotecas:

    H. Fuentes

    - Archivo General de Palacio, en donde se localizan los expedientes personales de to-dos los designados (un centenar y medio) con sus cOlTespondientes informaciones de lim-pieza de sangre y en algunos casos memoriales de recomendacin o similares. Asimismo, tanto en el fondo de Real Capilla como en la seccin Administrativa se revisaron un nmero importante de legajos tanto para encuadrar a nuestros protagonistas dentro del marco de la iglesia palatina, -en especial el econmico- cuyo funcionamiento para el siglo XVII to-dava no est suficientemente documentado, como para vislumbrar posibles conexiones con otras instancias de poder (patriarca, confesores ... ).

    - Archivo Histrico Nacional. La riqueza y variedad de las fuentes aqu contenidas es impresionante. La seccin de Consejos, con su serie de Patronato Regio nos proporcion6 nutrida informaci6n sobre prebendas y dignidades, mientras que los libros de Cmara de Castilla recogan todos los nombramientos lo que nos permiti cotejar la documentacin de Palacio. En otras coordenadas, los memoriales elevados a la Cmara, las consultas del Con-sejo de Castilla (dentro de la serie conocida corno Archivo Antiguo del Consejo), papales sueltos de la seccin de Estado y la abundante documentacin de Clero e Inquisicin, nos propici aumentar considerablemente la informacin sobre nuestros biografiados, entre los que no olvidemos se encontraban confesores de validos, prncipes, aristcratas, o en otro or-den de cosas agentes secretos, e idelogos del rgimen.

    - En Simancas documentamos, no slo la actuacin diplomtica y poltica fuera de Castilla de alguno de los predicadores reales (Flandes, Italia, Polonia ... ) sino que tambin encontramos parte de los memoriales elevados a la Cmara y datos dispersos sobre financia-cin, sueldos y similares.

    - La Academia de la Historia nos ofert una valiossima informacin sobre todo en lo que a los jesuitas se refiere, (recordemos el fondo de esta orden aqu custodiado) pero tambin interesantes documentos sobre la Real Capilla (en la coleccin Salazar y Castro) y otros predicadores sobre los que los miembros de la Compaa de Jess no tuvieron ningn recato en despacharse a gusto, en especial si eran dominicos.

    - La Biblioteca Nacional de Madrid se convirti, una vez realizado lo ms grueso de la labor de archivo, en el gran centro de investigacin. Entre sus fondos impresos y varios especiales localizamos una gran parte de las obras de nuestros biografiados; repertorio que

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  • PRESENTACIN DE PROYECTOS DE INVESTIGACIN 821

    se aument con visitas ms espordicas al fondo antiguo de las bibliotecas de filologa, de-recho y Central dc la U.C.M., al colegio de Santa Cruz en Valladolid, a la Biblioteca de Ca-talua, la R.A.E.L. y otras bibliotecas menores donde pudiera haber alguna obra del siglo XVII escrita por los protagonistas de la investigacin. Por otro lado, la seccin de manuscri-tos de la B.N. no slo ofrece la posibilidad de encontrar cartas, sermones y similares de los predicadores reales, sino que tambin, gran parte de la documentacin de aqu extrada sir-vi para contextualizar una parcela importante de nuestras investigaciones. La lectura de todo ello (slo en sermones ms de dos centenares) nos permiti hacernos una idea bastante aproximada del mensaje vertido desde los plpitos.

    III. Desarrollo

    Los resultados de la investigacin, concentrados en algo ms de seiscientas pginas (es-pacio y medio, letra tahoma, tamao 11 ms unos apndices de los que luego hablaremos), podemos resumirlos de la siguiente manera:

    En cuanto a sus aspectos formales, hemos intentado reconstruir el trmite administrativo que llevaba a un clrigo a ocupar el plpito regio. En l, la figura del Patriarca de las Indias-Capelln Mayor (cargo asociado durante el perIodo que nos ocupa a la familia Guzmn-Me-dina Sido ni a) se configuraba como la pieza clave, aunque no la nica, pues todo tipo de recomendaciones se documentan a la hora de pretender la merced; sin embargo, corno deci-mos, la ltima palabra era la del jefe de la Real Capilla, y la que podIa desestimar, por tanto, cualquier peticin no deseada.

    La elaboracin de diferentes tablas y cuadros estadsticos nos proporcion interesantes conclusiones. Quiz la ms significativa sea el continuo incremento de nombramientos (18 en la dcada 1621-30; 25 en la siguiente; 31 entre 1641-50; 36 en 1651-60 y nada menos que 40 en los ltimos aos de reinado), dato que alcanza una especial significacin si tene-mos en cuenta que bajo el valimiento de Olivares tan slo se concede la merced a cuarenta y seis pretendientes, (dos por ao aproximadamente) disparndose hasta ciento cuatro, las concedidas en los veintids aos siguientes. En esta misma lnea, los diez nombramientos de 1635, nos hablan del inters demostrado por el equipo gubernativo para encumbrar a per-sonas fieles a sus dictados a uno de los lugares privilegiados de difusin de mensajes, justo en el momento de mxima tensin para el rgimen, al producirse la ruptura de hostilidades con Francia; tesis que se refuerza al comprobar las carreras y fidelidades de los elegidos.

    Otras conclusiones significativas en relacin con la elaboracin de tablas estadsticas son el comprobar que casi todas las rdenes religiosas asentadas en Castilla tuvieron repre-sentacin en la Real Capilla -tan slo se echa en falta a los cartujos-, aunque como es l-gico con diferente incidencia, oscilando su nmero de los veintitrs frailes franciscos (ms del 15% del total) o diecisiete dominicos a un nico representante en el caso de los basilios o los premostatenses.

    Los orgenes geogrficos, su ascendencia social y la posibilidad de promocin cien'an este apartado estadstico en donde el predicador real es tratado en conjunto, corno un nme-ro, dejando para los captulos siguientes su estudio individualizado.

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    A continuacin nos sumergimos de pleno en la participacin poltica de los hombres elegidos para el plpito regio. En este sentido, la figura del predicador contina la tradicin de los ltimos aos del reinado de Felipe lIT, potencindola. Esto quiere decir que su actua-cin entre la bambalinas del poder en la corte fue en aumento por lo que se hizo necesario un mayor control sobre los individuos para impedir su militancia en corrientes de opinin contrarias al valido. Como es fcil suponer Olivares, consciente de los tremendos resultados que para Lerma haban tenido las campaas orquestadas desde los plpitos, se apresur a ro-dear al Rey de un corifeo de personajes fieles a su persona. Pero, precisamente, esta estrate-gia de defensa vino a demostrar a todo aquel que quisiera hacerse or por Felipe IV la importancia del canal para conseguirlo, de ah la continua presin que sobre el monarca y el Patriarca se desatara por parte de particulares y rdenes religiosas para que admitieran a sus candidatos en la Real Capilla. A pesar de los esfuerzos de D. Gaspar de Guzmn, poco a poco las voces disonantes empezaron a encontrar eco entre las paredes del Alczar, y junto a la actuacin en otros foros semialicos (Descalzas, Encarnacin .. ,) fueron una de las causas de la cada del valido como bien recuerda el autor annimo del Nicandro.

    No obstante, la defenestracin de Olivares, no acall la importancia del plpito regio como altavoz de diferentes opciones polticas, El vaco de poder dejado por la marcha del otrora todopoderoso privado, fue aprovechada por diferentes predicadores para intentar con-vencer al Rey, bien de que eligiese un nuevo ministro, bien para que abandonase el hbito de compartir el poder. Ambas corrientes estn documentadas y parecen estar encabezadas por predicadores alicos como, por ejemplo, los jesuitas Castro y Herrera, este ltimo, con-fesor del Almirante de Castilla.

    Lo que si parece constatable, por el contrario, es la prdida de influencia de nueslros protagonistas en los aos cincuenta y sesenta del siglo, quiz por la inflacin de cargos, o quiz por que las facciones que luchaban por hacerse con el poder prefirieron otros canales por los que intentar mover la voluntad del monarca, el caso es que habr que esperar a la lle-gada de Nithard y D. Juan Jos de Austria para que de nuevo se potencie la actuacin de los predicadores reales.

    Una vez trazada de forma general la actuacin poltica del colectivo nos centramos en uno de los captulos ms extensos de la tesis en el que, siguiendo el objetivo propuesto de utilizar al predicador como pretexto para investigar diferentes aspectos de la Espaa ban'o-ca, investigamos las carreras ms significativas, De esta forma trazamos la biografa porme-norizada de doce predicadores de muy diferente condicin que nos permitan, siguiendo su trayectoria vital, ilustrar alguno de los problemas que nos parecan ms interesantes del rei-nado de Felipe IV.

    As las cosas, al investigar al P,Hernando de Salazar (S.!.), confesor de Olivares y pre-tendida materia gris de sus reformas, pudimos ir explicitando la gestacin de mucho de los planes hacendsticos propuestos en los primeros aos del reinado, el porqu de sus fracasos y las redes clientelares que los desarrollaron. Salazar, personaje importantsimo en su mo-mento, se nos aparece as como algo ms que una sombra desdibujada tras el valido. Ad-quiere una dimensin propia y sirve de COITea de transmisin entre un grupo de expertos sobre todo en materia financiera y Olivares, legitimando moralmente una serie de opiniones muchas de las cuales su discpulo de confesin intentar llevar a la prctica, Testimoniar

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  • PRESENTACiN DE PROYECTOS DE iNVESTIGACIN 823

    que no sea el instigador del impuesto del papel sellado no ha sido tan importante como el ubicarlo en una red junto con Pedro Valle de la Cerda, tambin conquense, el protonotario Villanueva, emparentado con aqul, Quevedo, familiar del anterior, Toms de. Cardona, L-pez Pereira etc. Sus relaciones sociales, su formacin acadmica, su devocin por el valido, sus voluntad de medro -recurdese el asunto de la concesin del arzobispado de las Char-cas-, la bsqueda de un prestigio intelectuaL .. todo se conjuga y es necesario tenerlo en cuenta a la hora de analizar su comportamiento tanto en juntas (del velln, del desempeo, de minas etc.) como cuando se dedica a escribir amplios memoriales en los que recoge y sis-tematiza las opiniones sobre gobierno y hacienda que se discurren por la Castilla de princi-pios de los aos veinte. A este respecto el manuscrito 904 de la Biblioteca Nacional, que creemos que no ha sido estudiado hasta ahora, es bsico y a l dedicamos una parte sustan-cial en lo que al apartado de Salazar se refiere.

    En la misma lnea que con el p, Rernando hemos trabajado con otros dos jesuitas ms l : el P. Francisco Aguado, sucesor en el confesionalio de Olivares de Salazar y el P. Antonio de Castro. A travs de sus biografas hemos prestado especial inters a dos cuestiones singu-lares: las relaciones entre la Compaa y la sociedad, y en especial con sus correligionarios de diferente hbito, y la cada de Olivares. Aunque los dos enfoques pueden parecer a pri-mera vista muy distantes, su desan'ollo los hilvana.

    Pero si los jesuitas nos permitieron introducirnos en diferentes facetas de la poltica inte-rior de la primera mitad de reinado, el seguimiento de otros individuos nos otorg la posibi-lidad de pergear algunos aspectos de la poltica exterior. As por ejemplo, a travs de la carrera de FI'. Alonso Vzquez de Miranda, mercedario, fuimos conociendo las difciles re-laciones entre Madrid y los poderes territoriales perifricos encarnados, primero, por el du-que de Feria, D. Gmez Surez de Figueroa, de quien nuestro biografiado fue confesor, y ms adelante por su actuacin junto al marqus de Legans cuando ste era gobernador de Miln. Entre medias, una curiosa embajada a Polonia. La documentacin referente a todos estos aspectos, junto a su correspondencia y las diferentes noticias que de su vida dieron en su momento sus compaeros de hbito, empezando por Tirso de Malina, contextualizan un comportamiento muy propio de la poca en el que se muestra a un clrigo al servicio de la monarqua desde sus instancias polticas. Fr. Alonso, tambin conocido por el cargo de Abad de Santa Anastasia, desde su posicin privilegiada se constituye en una atalaya per-fecta para vislumbrar el complejo entramado que supona gobernar los telTitorios de Felipe IV y las contradicciones que muchas veces se producan en una prctica poltica que tena que luchar, adems de contra cuantiosos enemigos, contra el tiempo y el espacio.

    Similar en mltiples aspectos, pero ms localizada espacialmente, se nos presenta la fi-gura de FrJuan de San Agustn (O.S.A.). Acompaante del marqus de Flores Dvila en su embajada a Inglaterra, todava en tiempos de Felipe TII, su entrada en la Real Capilla se ver pronto remarcada con el nombramiento de confesor del infante D. Fernando. Con l mar-char a Catalua, despus a Italia y le asistir en las duras jornadas previas a Nrdlingen. De su estancia en los Pases Bajos, tenemos nutrida informacin gracias a la documentacin de

    I El haber elegido a tres jesuitas responde a su importancia y a la mayor documentacin que poseemos al respecto.

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    Simancas y a la correspondencia editada de los archivos belgas y toda ella parece confirmar la importancia, dentro del consejo privado del gobernador, de la figura de su confesor, mu-chas veces enfrentado a otra criatura del valido, el presidente P. Roose. Y decimos otra criatura de! valido, porque hay muchas pistas que apuntan al servilismo con que Fr. Juan sir-vi al de Olivares, dndole puntual cuenta, al menos hasta 1635 de todas las andanzas de! Cardenal Infante. En el sonado enfrentamiento previo a su viaje a Italia, hacia donde se ne-gaba a embarcar D. Fernando sino era con el ttulo de Vicario General de Italia, su actuaci6n fue fundamental para convencer a su joven discpulo de confesin de que aceptara las cosas tal y como se haban decidido en la cOIte. Ms adelante, sobre todo cuando la situacin de Flandes se torne delicada, San Agustn iniciar un ligero despegue de las directrices oliva-ristas sin que por ello se le pueda ubicar, ni mucho menos en la faccin deseosa de ver la cada del de Olivares. Su longevidad le permiti sobrevivir al desdichado infante y regresar a la corte en donde aport sus conocimientos sobre el Pas Bajo obediente en diferentes jun-tas formadas al respecto.

    Continuando con los personajes que decidimos biografiar de una forma ms detenida, y que en la tesis se encuentran ordenados alfabticamente, toparnos con otros cuantos ecle-sisticos cuyo seguimiento nos condujo por nuevos derroteros. As por ejemplo el tambin agustino Fr. Jos Lanez, nos permiti ilustrar las intensas relaciones entre los legos y el mundo clerical y las intervenciones de la Monarqua en las elecciones de provinciales. De-fensor absoluto del valimiento, FI'. Jos puede ser considerado como uno de los ms fervien-tes paltidarios del Conde Duque, a quien no slo defiende con la pluma, sino que sirve, a modo de espa, en diferentes asambleas de su orden siendo premiado con un obispado que le ocasionar graves problemas que nosotros hemos utilizado para intentar esclarecer un tanto las relaciones entre los prelados, Su cabildo y la actuacin de la Cmara de Castilla.

    Otras consecuencias diferentes se desprenden al tratar de la vida de FI'. Michael A velln, fraile franciscano que logra su reconocimiento a la sombra del confesionario de las Descal-zas, tradicional refugio de COlTientes antigubernamentales en tiempos de Lerma. A velln, que alcanzar el ttulo honorfico de Obispo de Siria y servir como prelado auxiliar de la dicesis toledana, ilustra una can'era tipo dentro de la orden de San Francisco hasta lograr su encumbramiento en el mundo cortesano. Una vez a l vinculado, diversas actuaciones, con una clara defensa de la dignidad episcopal, muestran la peculiar manera de entender la rela-cin entre los mitrados y el consejo de Castilla y la firme voluntad por ambas partes por no entrar en polmica,

    Si Fr. Michael Avelln presenta una trayectoria bastante asptica dentro de lo que cabe, no podemos decir lo mismo de otros dos de los predicadores reales elegidos. El domi~ nico FI'. Juan de Lerma, antes de ser elegido para el plpito regio, tuvo graves enfrentamien-tos con obispos y agentes del poder central (oidores de la Chancillera) por su incontinencia verbal. Adems, a partir del breve esbozo de su vida que hemos podido hacer, tambin divi-samos algunos de los ms acres enfrentamientos ocunidos en los aos treinta del siglo y el comportamiento de casta adoptado por los hijos de Santo Domingo, que 11 pesar de contar con la ayuda inestimable del confesor regio e Inquisidor General, Fr. Antonio de Sotoma-yor, debieron plegarse ante la ofensiva del resto de las rdenes en asuntos tan delicados como la polmica inmaculista.

  • PRESENTACIN DE PROYECTOS DE INVESTIGACIN 825

    Pero si de Lerma sabemos que utiliz el plpito corno plataforma para criticar costum-bres y actitudes, mucho ms 10 debi hacer Fr. Francisco Bol, (O.M.) pues logr ser el pri-mer predicador desterrado por Felipe IV por lenguaraz. Claro que la posterior investigacin en la seccin de Consejos y de Inquisicin del A.H.N., as como la lectura atenta de crni-cas de poca, nos situaron la represalia en su justo contexto, y nos permitieron trazar con cierto detalle los graves conflictos en que se hallaban inmersos los mercedarios durante la primera dcada del reinado. Esta situacin enlazaba directamente con las presiones que des-de los crculos olivaristas se haCan sobre los hijos de la Merced entre las cuales, la, actua-cin de la Junta de reformacin sobre Tirso de Molina no es la menos importante. Destaquemos que tanto Bol como el genial dramaturgo se situaban en la misma faccin, no demasiado proclive a los Guzmanes. Por el contrario, otro predicador real, Fr. Marcos Sal-mer{)n, realiz toda su carrera a la sombra del poder, de ah que fuera el instrumento preciso para poder castigar a los dscolos, labor que emprendi con especial saa una vez ascendido al provincialato y que continu ejerciendo cuando, corno premio a su fidelidad, fue poten-ciado para general de la orden. Su labor poltica, en este caso, complementa la tarea religio-sa ya que se le documenta en Catalua al servicio de su Rey, al que ms adelante se encargar de lisonjear y apoyar en las cortes valencianas.

    No obstante lo dicho, no todos los predicadores alicos son tan sencillos de enmarcar dentro de las facciones en lucha por el poder en torno al valimiento. PI'. Juan de Almoguera, trinitario, parece, en primera instancia, alejado de tales devaneos Y por encima de ellos se nos representa Pr. Angel Manrique, interesante cisterciense, profesor de Salamanca, brillan-te orador y ms que aceptable escritor cuya dignidad e independencia parecen demostrar los diferentes acontccimientos en los que particip. Tanto en su polmica antijesutica, como en su defensa de las contribuciones eclesisticas o su posible participacin en la idea del dona-tivo de 1625, Fr. ngel siempre acta con una coherencia que destaca aun ms al comparar-la con la hipocresa de alguno de sus compaeros de plpito. De ah que sus sermones sean uno de los mejores filones en los que bucear rastreando lneas de adoctrinamiento moral o social.

    y precisamente de estas cuestiones es de 10 que tratarnos en la tercera p:ute de la tesis. Analizamos el discurso homeltico, contextualizndolo dentro de la pastoral barroca en un captulo que hemos titulado teora y prctica de hi predicacin. Una vez realizada esta la-bor para la cllal nos hemos servido de las abundantes retricas eclesisticas publicadas por estas fechas y eJe diversos manuscritos referentes a la predicacin, nos centramos en analizar el mensaje que desde los plpitos vertieron nuestros hombres y que conservarnos. Dentro de este enfoque prestamos primordial atencin a lo que denominarnos la configuracin de un horizonte vilal de creencias detenindonos especialmente en los mensajes morales que pu-dimos exlraer de los sermones y las consecuencias sociales implcitas. Siguiendo con la misma lnea interpretativa, en el penltimo captulo realizamos una labor similar pero esta vez destinada a sacar a la luz las implicaciones polticas de la predicacin. La legitimacin de la poltica exterior, la adhesin inquebrantable a la idea de catolicismo militante repre-sentado por la Casa de Auslria, la defensa de unos valores que en puridad trascienden la di-mensin religiosa y se perpetan en lo poltico ctc. todo ello es considerado gracias a los textos de poca que escribieron los predicadores de Felipe IV. La importancia de es le anli-

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    sis no estriba en la pretendida novedad del discurso, sino en constatar su forma de explicita-dn. El plpito y sus usuarios pueden as ser definidos corno los autnticos modeladores de una conciencia colectiva que se ve impregnada por unas directtices que son las que hemos intentado perfilar en nuestra investigacin. Por ello no desdeamos ni las conientes ms legiti-mistas ni la posible oposicin entorno a ellos creada como pudo ser la desobediencia fiscal.

    En el ltimo capitulo continuamos con el estudio de las obras de los predicadores, pero abandonamos la oratoria sagrada para fijarnos en su produccin puramente poltica, profun-dizando ms en la panfletstica vertebrada alrededor de dos temas que nos parecan de inte-rs: la guerra de Catalua y la figura del valido.

    Las conclusiones, bibliografa y fuentes, y los apndices completan la: tesis. En los apn-dices nos hemos abstenido de reproducir ningn documento y hemos preferido dedicarlos a mostrar una serie de tablas con los nombramientos de predicadores organizados por aos, rdenes y apellidos, una somera biografa de los ciento cincuenta hombres de plpito nom-brados por Felipe IV y una recopilacin de todas sus obras documentadas, con su respectiva signatura topogrfica.

    Como decimos, la tesis doctoral, prcticamente ultimada a la hora de redactar estas pgi-nas, creemos que estar dispuesta para su defensa pblica antes de que se inicie el ao 2001.

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