Mensajero 178

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Periódico Católico de la Provincia Eclesiástica de Tlalnepantla.

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  • Ao 6 No. 178 Provincia Eclesistica de Tlalnepantla Domingo 26 de abril de 2015 Donativo: $5.00

    TLALNEPANTLA CUAUTITLN IZCALLI ECATEPEC TEOTIHUACN TEXCOCO NEZAHUALCYOTL VALLE DE CHALCO

    MensajeroAo Internacional de

    la Vida Consagrada

    Pg. 3

    Sin conanza y

    participacin no se avanza!

    Mensaje de la XCIX Asamblea Plenaria del Episcopado Mexicano

  • 2 MensajeroVoz del PastorDIRECTORIO

    Excmo. Sr. D. Carlos Aguiar Retes

    Arzobispo de Tlalnepantla

    Excmo. Sr. D. Ricardo Guzar Daz

    Arzobispo Emrito de Tlalnepantla

    Excmo. Sr. D. Guillermo Orz Mondragn

    Obispo de Cuautln

    Excmo. Sr. D. Francisco Gonzlez Ramos

    Obispo de Izcalli

    Excmo. Sr. D. Oscar Roberto Domnguez

    Couolenc, M.G

    Obispo de Ecatepec

    Excmo. Sr. D. Onsimo Cepeda Silva

    Obispo Emrito de Ecatepec

    Excmo. Sr. D. Guillermo Francisco Escobar

    Galicia

    Obispo de Teohuacn

    Excmo. Sr. D. Juan Manuel Mancilla Snchez

    Obispo de Texcoco

    Excmo. Sr. D. Hctor Luis Morales Snchez

    Obispo de Nezahualcyotl

    Excmo. Sr. D. Vctor Ren Rodrguez Gmez

    Obispo de Valle de Chalco

    Excmo. Sr. D. Francisco Ramrez N.

    Obispo Auxiliar de Tlalnepantla

    Excmo. Sr. D. Efran Mendoza Cruz

    Obispo Auxiliar de Tlalnepantla

    DIRECTOR GENERAL

    Mons. Vctor Ren Rodrguez Gmez

    Presidente de la Comisin Provincial para la

    Pastoral de la Comunicacin

    DIRECTORA EN TURNO

    Abril Villanueva

    SUBDIRECTOR

    Mons. Luis Marnez Flores

    DIAGRAMACIN Y DISEO

    Samuel Njera

    COLABORADORES

    Equipo de la Pastoral de la Comunicacin de

    la Provincia Eclesisca de Tlalnepantla.

    Registro en trmite.

    Mensajero Es una publicacin catorcenal de la Provincia

    Eclesisca de Tlalnepantla. Se distribuye en la

    Arquidicesis de Tlalnepantla y en las Dicesis de

    Cuautln, Izcalli, Ecatepec, Texcoco,

    Teohuacn, Nezahualcyotl y Valle de Chalco.

    periodicomensajero@gmail.com

    Una vez ms estamos ante el gran momento de participa-

    cin en nuestra vida social, con la oportunidad, deber ciu-

    dadano, de votar.

    Muchos aspectos de la vida se convierten en tradiciones,

    y no slo nos referimos a la religiosidad, sino a todo lo que

    implica la cultura: relacin consigo mismo, con los dems,

    con el mundo, y la ya cada vez ms oculta referencia a

    Dios, porque no siempre hay una relacin con l.

    Es bueno que haya tradiciones, porque implican una

    conducta social aceptada y que pude ayudar a conservar

    valores e identidad. Lo malo es cuando estas tradiciones

    daan a la persona y a la sociedad misma, entre las que se

    encuentra la corrupcin y la prepotencia.

    Ante las tradiciones est la libertad de las personas, su

    evolucin. Es tradicin, por ejemplo, que las personas se

    casen, pero una pareja no se une por tradicin, sino por

    decisin personal, sabe que es para toda la vida.

    Ir a votar no es una tradicin propiamente, pues implica

    una responsabilidad, es algo para la vida. Supone conocer

    la propia realidad e interesarse por ella, a cada candidato y

    su programa y la visin de su partido, mirar si conviene

    conarle decisiones para la vida social: desarrollo y servi-

    cios urbanos, seguridad y armona social, atencin a los

    pobres y ms necesitados, uso responsable y transparente

    de los recursos, cuidado de los valores de la familia, el

    ambiente sano para la vida y desarrollo de adolescentes y

    nios...

    Votar es una grave responsabilidad para los jvenes, pues

    se unirn a personas y, sin aliarse, a partidos los que

    conarn su futuro inmediato, del cual depende el logro de

    sus proyectos.

    Votar es grave responsabilidad para los padres de fami-

    lia, pues de los candidatos electos depender que sus hijos

    tengan escuelas dignas, seguridad, servicios.

    Votar es grave responsabilidad para los empresarios,

    educadores, profesionistas, promotores de la cultura y los

    valores, pues necesitan mantener el dilogo con quien

    gobierne para que se alcancen logros urgentes para la

    sociedad.

    Dejar de votar, bajo cualquier pretexto, es perder una

    oportunidad de crecer en la democracia, de fortalecer las

    instituciones, de superar la impunidad, la corrupcin, pues

    tendr cada votante derecho a pedir a su elegido que cum-

    pla y trabaje por la superacin de la sociedad.

    Como catlicos no podemos dejar esta oportunidad de

    ser fermento para una nueva sociedad, provocar el acerca-

    miento para el dilogo que inspire caminos de concordia y

    participacin y suscitar acciones corresponsables en bien

    de la familia y el cultivo de los valores que reconocemos

    desde la fe.

    La realidad del Municipio, el Distrito, el Estado, la

    Nacin, no depende slo de los gobernantes, tambin de

    cada ciudadano que en un da vota y en la vida cotidiana

    participa activa, corresponsable y constructivamente.

    Ayudemos a nuestras autoridades y a todos los votantes

    con la oracin para que descubramos lo que Jess dice a

    Pilatos: No tendras ninguna autoridad sobre m si no te la

    hubieran dado de lo alto. La responsabilidad del gober-

    nante es ante la ciudadana y ante Dios.

    Guillermo Ortiz Mondragn

    Obispo de Cuautitln

    26 de abril de 2015

    Campaas y votantes

  • 3Mensajero Editorial

    Por: Norberto Zurita Mena

    Quien es capaz de sentirse amado es

    capaz de amar y, quien es capaz de

    amar, conoce el amor y quien conoce el

    amor, ha encontrado a Dios en su vida y

    lo comparte con los dems.

    A veces pensamos que lo fundamental

    es tener fe, y tal vez nos estancamos en

    esa creencia, pensando que es sucien-

    te para nuestra vida espiritual asistir a

    la Eucarista y hacer nuestra oracin

    diaria. Sin embargo, esta es una idea un

    tanto pobre, ya que la Fe nos debe lle-

    var a la Esperanza. Una fe sin esperan-

    za es una fe que no tiene futuro, que se

    estanca y no nos permite ver la razn de

    aquello que creemos. Finalmente, la Fe

    y la Esperanza en conjunto nos llevan a

    la Caridad, ya que una fe que tiene espe-

    ranza se proyecta. Por lo tanto, el cami-

    no de la fe, es el camino del encuentro

    con el Amor mismo. Alguna vez

    alguien me deca que el amor no se

    esconde, es algo que debe mostrarse,

    porque de otro modo estamos actuando

    contrarios a su naturaleza y su sentido.

    Jess nos ensea que la fe no es algo

    privado, no es la vivencia solo del mi

    encuentro con Dios, dejando a un lado

    al otro. Si bien, Jess es el Maestro

    Misionero, que por amor vino al mundo

    y dio la vida por nosotros, y antes de

    subir a los Cielos nos deja esta tarea:

    Id por todo el mundo proclamando la

    noticia a toda la humanidad (Mc 16,

    15), en estas palabras nos deja la res-

    ponsabilidad de ser continuadores de

    su accin misionera. La misin no es

    otra que llevar a los dems la alegra de

    habernos encontrado con Dios, con el

    Amor. Tal vez piensas que para llevar a

    cabo esta tarea, es necesario dejar nues-

    tra casa, nuestros bienes e ir a lugares

    lejanos, viajar otras tierras y predicar

    all el mensaje del Evangelio; y qu

    crees, tienes razn, es necesario salir de

    nosotros mismos, no estar atados a los

    bienes terrenales e ir a las tierras lejas,

    esas tierras que son la casa del vecino al

    que saludas pero que en realidad no

    conoces, del personaje que trabaja

    junto a ti y tal vez ni su nombre sabes, o

    aquel que todos los das durante varios

    aos ha estado contigo esperando el

    transporte y que te es indiferente y aun

    no logras saludar. Misionar es hablar de

    las maravillas del amor de Dios, un

    amor que en principio se reeja en el

    rostro, un rostro que aunque cansado o

    abatido por las vicisitudes de la vida, no

    deja der ser signo de la presencia de

    Dios en su vida. La fe se fortalece com-

    partindola!

    Los obispos de Mxico somos cons-

    cientes del creciente reclamo de los

    ciudadanos que, cada vez con mayor

    insistencia, piden ser escuchados y

    atendidos, sobre todo por quienes se

    han comprometido a servir al pueblo.

    No hay razn para odos sordos.

    Como sucede en familia, incluso en

    las crisis, lo que se necesita para salir

    adelante es la conanza. Conanza que

    brota de tener la seguridad de que se

    est buscando el bien de todos, no slo

    de algunos. Lo mismo sucede con nues-

    tro pueblo mexicano. Necesita saber

    que sus instituciones y autoridades

    trabajan responsable y honestamente

    por el bien de todos, particularmente

    por los que menos oportunidades han

    tenido.

    Un pueblo sin conanza alimenta la

    indiferencia, el desaliento o la agresivi-

    dad. No podemos negar la crisis actual

    de nuestra querida Patria. Si no recono-

    cemos que el mal se est extendiendo,

    hasta en las instituciones que deberan

    erradicarlo, no podremos solucionarlo.

    El mal no tiene la ltima palabra. Nos

    urge la honestidad!

    No nos acostumbremos a lo que des-

    truye la dignidad del ser humano y el

    valor de la vida: la injusticia, la corrup-

    cin, la violencia, la impunidad

    Todo e